Diablo

Crítica de Agustín Neifert - La Nueva Provincia

Comedia de excesos y humor negrísimo

"Dejé que su cara conociera mi puño". La frase es de Jim Thompson y fue extraída de su novela Libertad condicional. Aparece en el inicio de este filme y se justifica porque el protagonista es un ex boxeador.
El director de este proyecto es Nicanor Loreti, quien nació en Buenos Aires en 1978, estudió en la década de 1990 en la Universidad del Cine y ejerció el periodismo en revistas especializadas en cine de género (terror, fantástico y afines). Por caso, en "La Cosa", creada por el periodista y productor Axel Kutchevasky.
La "segunda escuela" de Loreti fue el videoclub bizarro Mondo Macabro y el Festival Buenos Aires Rojo Sangre. Estos datos sirven para caracterizar las inquietudes intelectuales y cinematográficas de Loreti y de Diablo , su salvaje ópera prima de ficción, porque previamente dirigió algunos documentales. También es autor de los libros Cult people y Cult people 2.
El protagonista es Marcos Wainsberg (bien interpretado por Juan Palomino), apodado "El Inca del Sinaí" porque nació en Perú y es de ascendencia judía. Se retiró del boxeo, traumatizado por la muerte de un rival sobre el cuadrilátero.
El mismo día que su ex novia lo llama para proponerle un reencuentro, Marcos recibe la visita de su primo Hugo (Boris), un delincuente de poca monta y "oveja negra de la familia", que parece buscar refugio en su casa. Y con él llegarán los problemas.
Los primeros en arribar son dos matones que lo identifican como "peruano, peronista, judío y maricón". Y desde ese momento la historia estará dominada por la violencia, los golpes, los tiros y las torturas, lo que derivará en una verdadera carnicería humana.
Nadie de los numerosos visitantes que llegan a la casa de Marcos dice la verdad, porque el que lo hace muere, como suele ocurrir en el cine policial negro.
Las influencias cinéfilas más notorias que Loreti incorporó a su filme provienen del inglés Guy Ritchie ( Juegos, trampas y dos armas humeantes), Quentin Tarantino (Perros de la calle) y Robert Rodríguez ( Machete).
Diablo es una comedia de excesos y humor negrísimo, inverosímil, delirante, absurda y sangrienta, para consumo de los fans del cine de horror, el mismo que inquieta y motiva a su director. Un filme técnicamente aceptable, pero para estómagos fuertes y por ende de difícil inclusión en el circuito comercial.
La diferencia con relación a otras propuestas similares es que se trata de una producción sin aportes oficiales. Un exponente del denominado Cine Independiente Fantástico Argentino (CIFA) y que puede encajar muy bien en el ya mencionado Festival Buenos Aires Rojo Sangre.