Destrucción

Crítica de Laura Pacheco Mora - CineFreaks

La venganza no arranca el dolor

Una mujer dañada, que deambula como si arrastrara un ancla pesada, sin relaciones armoniosas, que se vale del dinero para conseguir cosas, madre de una adolescente perdida, cuyos intercambios con las demás personas son desagradables, no sólo no es admirable ni alguien que quieras conocer en la vida real; sin embargo, sólo ella conoce sus debilidades y fortalezas y el camino recorrido para llegar a esa instancia e intentará reparar algo de tanto daño ocasionado.

Destrucción (Destroyer, 2018), thriller policíaco de la directora Karyn Kusama, relata la historia de la detective de la Policía de Los Ángeles, Erin Bell (Nicole Kidman), quien en el pasado se infiltró en una pandilla criminal del desierto de California como agente encubierta del FBI en una misión que terminó en un desastre, dejándole consecuencias dramáticas e irreparables, tanto físicas como psicológicas. Cuando el líder de la banda reaparece -Silas (Toby Kebbell)-, Bell se ve impulsada a emprender una peligrosa odisea para encontrarlo y así ajustar cuentas; para lo cual, deberá remover ese tortuoso pasado, deshacerse de sus demonios y quizás, redimirse.

Nicole Kidman sobresale en un rol desafiante que la lleva a una variedad de lugares extremos, tanto físicos como mentales. Lo primero que vemos, es su imagen con un aspecto degradante, con la piel reseca y los ojos en blanco, como si mirara las profundidades del infierno o se encontrase allí. Navega por una atmósfera tóxica que la ha devorado y es probable que no pueda regresar a tener una vida normal. Carga con un tremendo dolor, por haberse rendido a sus fragilidades; no obstante, su mayor fracaso, es no poder evitar que su hija siga sus pasos.

Karyn Kusama nos ofrece un trabajo inquietante, ambicioso pero pretencioso que no encuentra equilibrio entre la forma y el contenido, sin novedades en cuanto a la temática de la naturaleza corrupta en la batalla entre el bien y el mal. Narra la historia con flashbacks, -en los que vemos a la otra Erin, que a veces se une con el oficial Chris (Sebastian Stan)- pero los guionistas no logran que el film funcione estructuralmente hablando, resultando poco armonioso, quizás confuso para al espectador y desalentador. Sin lugar a dudas, es una audaz actuación la de Nicole Kidman, pero en una película a veces intensa que no termina de fluir.

El Prode de los Oscars