Déjame entrar
  • Cantidad de críticas: 2
  • Críticas favorables: 2/2 (100%)
  • Críticas desfavorables: 0/2 (0%)
  • Desviación: 0%
  • Puntaje IMDb: 7.2/10
  • Puntaje RottenTomatoes: 89%
  • Nombre original: Let me in
  • Director: Matt Reeves
  • Países de origen: Estados Unidos, Reino Unido
  • Clasificación: Aún sin resolución
  • Fecha de estreno: La película pasó directo a DVD.
  • Distribuidora: UIP
Abby es una misteriosa chica de 12 años que se muda al departamento de al lado de Owen, un marginado social, asediado por sus compañeros de escuela. Acostumbrado a vivir en soledad, la vida de Owen cambia cuando establece un vínculo profundo de amistad con su nueva vecina pero se da cuenta que Abby es distinta a todos. A medida que una serie de asesinatos espeluznantes asolan el invernal poblado de Nuevo México, en donde viven, Owen se ve enfrentado a una realidad difícil de asimilar, esta chica de apariencia inocente es en realidad un salvaje vampiro. Remake norteamericana de Criatura de la noche.
  • Benjamín Harguindey
    Benjamín Harguindey
    EscribiendoCine
    Hemofilia pop

    Al largo tren de películas como Crepúsculo (Twilight, 2008), sus secuelas y demás series televisivas (True Blood, The Vampire Diaries) se suma Déjame entrar (Let Me In, 2010), segunda adaptación de la novela del sueco John Ajvide Lindqvist, Deja entrar al indicado, publicada en el 2004.

    El mito vampírico, bajo tal o cual nombre, es universal; en occidente predata la cultura griega. El modelo canónico del siglo XX fue el de Bram Stoker y su elegante Drácula: a él le debemos los crucifijos, el ajo y los espejos, pero por sobre todo la sensualidad de su figura. La hemofilia no es ninguna moda, ni como figura poética ni como vehículo romántico, pero en una cultura de masas obsesionada con fetichizar la sexualidad del adolescente, la pulsión de la hemofilia se convierte en pulsión sexual, y nada mejor la encarna que la flor de la pubertad.

    La versión norteamericana de la novela mueve la acción a los nevados suburbios de Nuevo México a comienzos de los ‘80 para seguir los movimientos de Owen (Kodi Smit-McPhee), un joven púber socialmente inadaptado en la escuela, y Abby (Chloe Moretz), la “niña” vampiro que se muda al vecindario junto a su guardián (Richard Jenkins). La sed de ella desata una serie de crímenes cuya investigación constituye un blando eje policial recorrido por uno de esos solitarios detectives de película (Elias Koteas).

    Los vampiros deben ser invitados por el dueño de casa para entrar en un hogar, y esto es lo que hace Owen con Abby. El la “deja entrar”. El acto da título a la película e invierte notoriamente los roles de género arquetípicos del hombre y la mujer. Al dejarse penetrar simbólicamente por su interés romántico, el masculino entra en relación de dependencia con lo femenino, y será ella quien lo saque de apuros a él, cual damisela en peligro. Esta relación (y la química entre los actores que la interpretan) es el eje central del film, mezcla peculiar de asco, fascinación, cariño y amor, con todos los problemas que ello implica.

    El romance entre dos adolescentes es inevitable. Entre dos niños con cuerpos de doce años, es una incógnita; y ya con tendencias caníbales y asesinas, es un problema. El texto base de Lindqvist propone incesto, pedofilia, homosexualidad y la formación de identidad sexual como temas a tratar a través de la figura del vampiro. La adaptación sueca atenúa algunos de esos aspectos, mientras que la norteamericana, tantos otros. Aquí se removió el estupro de la novela y se cambió el sexo de Abby (en el original, Eli, un niño castrado) para sortear el tabú de la homosexualidad.

    Las remakes hollywoodenses de exitosos films extranjeros suelen ser anticipadas con resentimiento desde el vamos. El film de Matt Reeves consiguió lo que pocos intentan y menos logran: fidelidad a la trama y el espíritu de sus fuentes. Es, quizás, demasiado fiel –a pesar de su supuesta “nueva interpretación” del texto base, el film es idéntico en casi todo a la primer adaptación, salvo en cuestiones de comercio y censura. Felizmente, por su cuenta, el film recupera en el proceso lo que el género ha perdido en los últimos años: miedo, horror y cántaros de sangre.

    Matt Reeves se aleja de la prosa púrpura de Stephenie Meyer y su clónica saga para presentar una relación humano-vampiro con toda la brutalidad problemática que implica. La diferencia ideológica entre Meyer y Lindqvist (compararlos es un buen ejercicio) es que, para Meyer, el amor todo lo puede; para Lindqvist, el amor puede algunas cosas, y la contingencia de una violenta realidad puede las otras.
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  • Julieta Aiello
    Inocencia corrompida

    Al parecer, en estos últimos años nos han bombardeado con historias de vampiros, sobre todo adolescentes, valga como mayor exponente la Saga Crepúsculo, además de la serie de Warner Crónicas vampíricas. Y también parece que la temática del vampiro como ese ser nocturno capaz de producir terror se ha tornado a tomarlo como un integrante más de la sociedad que, por amor, hace lo posible por adaptarse a ella. Tomando a este mítico personaje como ser anacrónico, que vive todas las edades, que no puede enamorarse de un mortal sin lastimarlo, que contiene en sí una maldad congénita y que lidia con estar muerto en vida. Son estos son aspectos que también comparte Déjame entrar (Let me in, Matt Reeves, 2010), remake del film sueco Let the right one in (Tomas Alfredson, 2008). Pero el curioso desplazamiento que tiene esta película de la línea vampiro-adolescente-amor, es que se trata de niños; sí, tenemos una historia de amor entre un vampiro y un mortal, pero representados por niños. Así que ya nos salvamos del problema que reviste la famosa Twilight Saga: que Bella y Edward no pueden tener sexo porque a él le dan ganas de meterle un mordisco en el cogote. Bueno, por suerte todavía los niños de doce años no tienen esos problemas.

    Sólo me voy a limitar, hoy, a hablar de la remake hecho en USA. Historia bastante simple: Owen (Kodi Smit- McPhee) vive con su madre que prácticamente no le presta atención. En sus múltiples momentos de soledad, conoce a una extraña niña, Abby (Chloe Moretz), con quien entablará una relación. Pero ella esconde un secreto que no la deja seguir esta amistad: es un vampiro.

    Si se piensa que estamos ante una historia sosa, pues se está en una gran equivocación. Más allá de la sencillez del argumento el desarrollo del film se da una forma sumamente profunda: desde el comienzo las imágenes son poesía pura, la acertada iluminación acompañada de la nieve que dota de una atmósfera invernal y algo terrorífica a toda la película, cómo se construye la relación de ambos y el carácter de cada uno es particularmente interesante. Partiendo desde el planteo que los dos niños llevan vidas diametralmente opuestas pero que aún así quieren y creen que pueden vivir juntos, el film desarrolla esta problemática de una manera impecable con el plus (no menor) de las bellísimas actuaciones de los niños. Si bien, nos encontramos ante un amor infantil, los planteos, las discusiones y la problemática en general se presentan como sumamente complejas: es la condición de natural de uno, que no concuerda con la del otro lo que imposibilita la relación; y como tópico que sustenta la narración encontramos la puja entra la inocencia y la monstruosidad. Déjame entrar aborda una temática desconocida, por lo menos, para mí como central en un film sobre vampiros: la inocencia. En el cuerpo de una niña pero en edad avanzada, Abby lucha contra sí misma y contra su entorno. Ya el poster nos muestra un fondo rojo, homologando la sangre, por supuesto, una niña en posición fetal vistiendo un camisón blanco. ¿No se presenta acaso como contradictorio?: la sangre en relación con la muerte, lo macabro, el pecado, incluso y aquella niña de cabellos rubios, angelical que pelea con su naturaleza, en posición de un bebé en el vientre.

    Déjame entrar: Inocencia corrompida cine

    Como decía antes, la estética del film es casi perfecta, ambientes densos y oscuros que retratan lo turbio de las vidas que lideran la historia pero que permiten resaltar el brillo de esta verdadera historia de amor. Imágenes poéticas que hacen de lo monstruoso algo bello. Y con un agregado de imágenes verdaderamente terroríficas. Todo esto resumido en la noche, como una protagonista más de la historia, que encierra todos los secretos y los momentos más importantes… siendo el horario de encuentro de los pequeños amantes.

    En fin, considero a Déjame entrar una nueva forma de mirar los tan usados relatos de vampiros. Si bien sí se lo toma como ser mítico, pero se lo encuadra más en lo que es la realidad contemporánea, característica que comparte con Crepúsculo y Crónicas vampíricas, y que los aleja del legendario y fundante Conde Drácula. Es decir, se plantea que si los vampiros existen también viven en nuestra época y se adaptan a ella. Y creo que en este film y en los anteriormente nombrados, se focaliza más en el lado humano de este ser y se toma la parte monstruosa como aquel impedimento que lo diferencia del resto de la sociedad y que, en este caso lo obstruye en el amor.
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