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Imagen de la película Capitán Phillips
Capitán Phillips
  • Cantidad de críticas: 51
  • Críticas favorables: 46/51 (90%)
  • Críticas desfavorables: 5/51 (10%)
  • Desviación: 15%
  • Puntaje IMDb: 8.0/10
  • Puntaje RottenTomatoes: 93%
  • Puntaje Metacritic: 83
  • Nombre original: Captain Phillips
  • Director: Paul Greengrass
  • País de origen: Estados Unidos
  • Clasificación: Apta mayores de 13 años
  • Fecha de estreno: 17/10/2013
  • Distribuidora: UIP
Capitán Phillips relatará el drama de Phillips, el capitán del carguero Maersk Alabama, que decidió entregarse como rehén a los piratas somalíes a cambio de salvar a su tripulación ante las amenazas de los asaltantes. El cautivo fue posteriormente liberado en una arriesgada operación militar de la Marina estadounidense y regresó como un héroe a su país, donde recibió el reconocimiento popular y, entre otras cosas, las llaves de la ciudad de Nueva York. La odisea de Phillips será una de las aventuras cinematográficas que Hollywood planea llevar a la gran pantalla a raíz de la creciente piratería en el Cuerno de África.
  • Carla Cuesta
    Carla Cuesta
    A Sala Llena
    Capitán Phillips, dirigida por Paul Greengrass (responsable de la trilogía Bourne y Vuelo 93), es una producción a gran escala que narra el ataque de un buque mercante por parte de piratas en las aguas de Somalia. A excepción de las primeras escenas, la mayor parte de la película está filmada en el mar. Esto representó un desafío técnico para los actores y la producción, tanto por la falta de espacio dentro de barcos y esquifes como por los mareos producto del movimiento del mar y la necesidad de construir situaciones peligrosas -como el abordaje- de manera segura pero realista.

    El realismo es una obsesión de Greengrass, quien se formó en el documental y desarrolló extensivamente el docudrama. Decidido a no hacer sólo una película de género (centrada principalmente en los procedimientos del rescate), priorizó el retrato de los personajes y las situaciones de manera creíble por sobre el uso de efectos y el impacto visual.

    Al comienzo de la historia, se muestra la brecha económica que pone la situación en marcha: la vida de clase media en los suburbios de Vermont, donde vive Phillips (Tom Hanks), en contraposición a la aldea costera en Somalia donde viven los piratas. Greengrass quiso mostrar un conflicto más amplio, el que existe entre los que tienen y los que no, entre los que son parte del mundo globalizado y los que están afuera.

    Capitán Phillips se destaca también por la complejidad de sus personajes. Richard Phillips es un marino mercante, muy dedicado a su trabajo, que de pronto se encuentra en circunstancias extraordinarias. Pero la situación es nueva también para los piratas, un grupo de ex pescadores que atacan un barco por primera vez. Malnutridos y sin alternativas para su supervivencia, tienen la desesperación y audacia de quienes no tienen nada que perder. Liderados por Muse (Barkhad Abdi), acometen sin dudar y se ven inmersos en una situación que no saben resolver cuando la violencia comienza a escalar.


    La película evita la división entre héroes y villanos, y si bien no justifica a los piratas, nos permite entender la tragedia que los lleva a obrar así. Asimismo, cuando el conflicto se resuelve no hay una clara sensación de triunfo, a diferencia de muchas películas del género. El final parece indicar que, aunque esta situación particular haya llegado a su fin, otras similares pueden ocurrir mientras que continúe existiendo una distribución desigual de la riqueza.

    Si bien todo el elenco es impecable, el peso del relato recae en Hanks (siempre eficiente, transmite la angustia de su personaje de manera palpable), y en sus contrincantes. Los cuatro actores debutantes que interpretan a los piratas ofrecen caracterizaciones temibles, profundamente humanas y bien diferenciadas. Capitán Phillips no decepciona como entretenimiento y mantiene la tensión en todo momento. Se verá en la gala de apertura del festival.
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  • Emiliano Basile
    Emiliano Basile
    EscribiendoCine
    Piratas de Somalia

    Capitán Phillips (Captain Phillips, 2013) viene a retratar la situación dramática atravesada por el capitán Richard Phillips, sucedida en 2009 y plasmada en el libro "A Captain's Duty: Somali Pirates, Navy SEALS, and Dangerous Days at Sea" escrito por él mismo. Desde una narración clásica convencional, se destaca el trabajo de Tom Hanks como el capitán interceptado por piratas somalíes en aguas africanas al comandar el barco carguero estadounidense Maersk Alabama.

    Tom Hanks interpreta a un tipo común. Común para los parámetros occidentales claro: tiene un trabajo digno, una familia que lo quiere y principios morales que defender. De repente un episodio inesperado altera su vida cotidiana. Nadie mejor que el actor de Náufrago (Cast Hawai, 2000) y Larry Crowne (2011) para componerlo. En este caso particular, es un respetado capitán de un barco carguero que deberá transportar mercadería por aguas acechadas de grupos organizados que se dedican a robar los cargamentos. Phillips y su tripulación tratarán por todos los medios de persuadirlos, pero algo sale mal y el capitán cae rehén de los somalíes. El rescate del prisionero americano deberá producirse antes de que lleguen a tierras africanas.

    Dentro de una narración clásica como la que aquí se desarrolla, es imprescindible la identificación con el espectador. Que el personaje principal genere empatía con la platea. Y nadie mejor que Tom Hanks para lograrlo, componiendo una vez más, a ese personaje “común” alejado de cualquier acto de heroísmo. Este dato es fundamental porque toda la situación traumática basada en un hecho real, pierde verosimilitud al verse desde una óptica externa.

    Una tripulación de veinte hombres es apresada por cuatro somalíes en sandalias y con metralletas. Luego, secuestran al capitán del título del film, como ya dijimos, y la marina entra en el rescate: tres barcos militares y un helicóptero. Así y todo, no pueden rescatar fácilmente al hombre. Con estos datos algo deja en claro el film: primero que los cuatro africanos armados son bastantes pobres económica e intelectualmente, pues por más que porten armas son fácilmente engañados por el “hombre blanco”. Por otro lado, y quizás más preocupante, es que la marina estadounidense sea tan inoperante. Semejante arsenal para atrapar a cuatro tipos poco inteligentes –tal como la película demuestra- es demasiado. Un país que destina gran parte de su presupuesto a la producción de armas y educación militar, y así y todo ante una situación extrema como la planteada, no puede destrabar fácilmente un conflicto menor, habla de una falla de inteligencia grave que deberían atender.

    Pero Capitán Phillips tiene la salvedad de centrarse en su protagonista para desde él contar la historia. No intenta una reflexión a nivel macro en ningún momento. Por ende, vale decir que el film está bien narrado, tiene buen ritmo (aunque se torne un tanto extensa, dura 134 minutos) y cuenta con Tom Hanks para ser el núcleo sensorial del calvario relatado.
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  • Fernando Alvarez
    Terror a bordo

    Con el sello del director Paul Greengrass, llega esta historia real sobre Richard Phillips, el capitán de un buque de carga secuestrado por cuatro piratas somalíes en el año 2009. El film une los talentos de Tom Hanks (dos veces ganador del Oscar por Philadelphia y Forrest Gump) como el heroico personaje y del creador de United 93 y la trilogía Bourne en el tímón de una narración que nunca decae en sus dos horas y cuarto.

    La piratería, las responsabilidades en la cadena de mando y la falta de oportunidades son los tópicos que disparan esta historia muy bien narrada que aleja a Phillips de su familia a bordo del buque mercante Maersk Alabama de bandera estadounidense y que fuera secuestrado en el Índico a unas cuatrocientas millas de Mogadiscio.

    La cámara nerviosa salta permanentemente de la pequeña embarcación tripulada por delincuentes violentos al gigantesco buque que transporta containers con comida y sucumbe ante una amenaza inminente. La película también muestrta el punto de vista de los piratas somalíes como eslabones de una larga y compleja red delictiva.

    La película explota el suspenso al máximo (la toma del barco, la tripulación escondida, el corte de electricidad en la embarcación) y coloca al personaje central como rehén de una agotadora red de negociaciones ante las fuerzas militares norteamericanas. Si el espectador busca emociones en altamar las encuentra, sin dudas, en este relato intenso y con un Tom Hanks que muestra su lado más frágil ante la posibilidad de la muerte.
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  • Felipe Quiroga
    EN BUSCA DEL TESORO

    CAPITÁN PHILLIPS (CAPTAIN PHILLIPS, 2013) parece ser un intento de encontrar una nueva ARGO (2012) o una nueva LA NOCHE MÁS OSCURA (ZERO DARK THIRTY, 2012). Como sucedía con esas otras dos películas, el guión se basa en una historia real, tiene varias escenas de tensión y está filmada de forma realista, casi como si tratara de un documental, con la cámara siempre cerca de la acción. También incluye una actuación fuerte y con chances de aspirar a ese tesoro llamado Oscar: Tom Hanks se pone en la piel de Richard Phillips, el capitán de un buque de carga que es atacado por piratas somalíes. El relato es directo, intenso y descarnado. A pesar de que el desenlace es públicamente conocido, el ritmo de la narración se mantiene en la primera parte, en la que vemos la llegada de los criminales, y decae luego, en las escenas en las que se muestra el exagerado operativo montado por la Marina estadounidense para rescatar a Phillips. Es que, sin la chispa de ARGO ni la complejidad moral de LA NOCHE MÁS OSCURA, CAPITÁN PHILLIPS sufre ante su excesiva duración.
    Tampoco convence el trato que se le da a los personajes secundarios. Como el título indica, Phillips es el centro de atención, pero eso no alcanza: nunca llegamos a saber nada de ninguno de sus subordinados, algo que, de haberse explorado, hubiera enriquecido más la narración. Y cuando la cámara no está sobre Phillips, se posa, apenas, sobre el líder de los piratas, Muse (un muy expresivo Barkhad Abdi), aunque esto no significa que se profundice demasiado en sus motivos ni que se genere una pretendida ambigüedad. Por otra parte, resulta interesante ver el retrato que se hace del poderío militar estadounidense: ¿es el film una celebración seudopropagandística ante el despliegue de buques de guerra, helicópteros y soldados? ¿Es un regodeo ante la capacidad de castigar que tiene el país norteamericano? Por momentos parece que sí, pero en otras ocasiones, es risible ver en pantalla la burocracia y la respuesta militar desmedida, como si se tratara de un lento, pesado y tonto gigante que se toma todo el tiempo del mundo para estudiar cuál es la mejor manera de aplastar a una insignificante hormiga.
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  • Hugo Zapata
    Hugo Zapata
    Cines Argentinos
    Si creías que los piratas no podían ser aterradores en el siglo 21, el director Paul Greengrass puede hacerte cambiar de idea con este gran film que además representa un regreso contundente de Tom Hanks en el cine.
    Capitán Phillips es una excelente producción de suspenso que se desarrolla dentro de lo que es la gran especialidad de este realizador, es decir, la recreación de hecho reales.
    Desde que debutó en 1989 con su ópera prima Resurrected, sobre un soldado inglés que dieron por muerto en la guerra de Malvinas y luego del conflicto tuvo que volver solo a Inglaterra, Paul Greengrass demostró una maestría absoluta para contar historias reales apasionantes que resultaban atrapantes por la manera en que eran narradas.
    Aunque ya se conociera como terminaban los hechos los filmes capturaban la atención del espectador por el dramatismo y los momentos de tensión que tenían sus trabajos.
    Greengrass consiguió hacer esto luego con Bloody Sunday (2002) y Vuelo 93 (2006) y ahora lo logró una vez más con Capitán Phillips.
    Si bien esta historia es menos popular en esta parte del mundo, podés conocer con detalles como terminó este caso que la película se disfruta igual por la dirección y el trabajo de los actores.
    En este punto encontremos la mayor virtud del film.
    Con el ya clásico enfoque documentalista que caracteriza el cine de Greengrass el realizador recreó en esta oportunidad la odisea que vivió el Capitán Richard Phillips cuando fue tomado como rehén por piratas somalíes, mientras dirigía un buque de carga en el oceáno Índico.
    Si viste los filmes anteriores del director no te vas a asombrar por la maestría que tiene Greengrass para crear con su narración situaciones de tensión y suspenso, pero lo que impacta de ese trabajo puntual es la tremenda dirección de actores.
    Los piratas del film fueron interpretados por jóvenes somalíes que no tenían ninguna experiencia en el cine y Greengrass con su dirección logró sacarles actuaciones impresionantes que impactan por su realismo.
    Barkah Abdi, quien encarna al líder de los secuestradores, tienen momentos impresionantes que integran algunas de los mejores escenas de esta película.
    Sin un excelente director detrás de cámaras esto es muy difícil de conseguir.
    Por otra parte, Tom Hanks después de mucho tiempo logró con este proyecto encontrar un papel que le permitió sobresalir a lo grande y sería muy raro que no termine nominado al Oscar el año que viene.
    Buscarle defectos a este film es tratar de encontrarle la quinta pata al gato.
    Capitán Philips está impecablemente filmada y actuada y se destaca entre los grandes estrenos del 2013.
    Dentro de las novedades de la cartelera esta es una de las que no se puede dejar pasar.
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  • Pablo O. Scholz
    Gato y ratón, hombre común y pirata

    Tom Hanks vuelve a ser el ciudadano medio que afronta una experiencia extraordinaria en este filme con tensión.

    Los thrillers en los que los hechos reales trascienden a la película en sí se han vuelto la mejor carta de presentación para Paul Greengrass. Primero fue Domingo sangriento, sobre la matanza en Irlanda, en enero de 1970. Y luego Vuelo 93, con una mirada que petrificó a los estadounidenses sobre el fatal destino de uno de los aviones secuestrados el 11 de septiembre.

    La amenaza de que algo -por lo general, terrible- está por ocurrir es la base del cine de Paul Greengrass.

    Pero lo bueno de Greengrass es que sabe cómo acrecentar la tensión al cruzar a la gente común y en circunstancias extraordinarias con tipos mesiánicos, enceguecidos por el odio o los negocios.

    Capitán Phillips se basa en las memorias de Richard Philips, marino mercante que sufrió en abril de 2009 el abordaje de piratas somalíes en su Maersk Alabama, de bandera estadounidense. El navío transportaba comida y agua para africanos, y aunque por esas aguas se teme a diario la actividad pirata, los cargueros de esa índole no pueden transportar armas para defenderse.

    Y así las cosas, Greengrass plantea el filme como un juego de gato y ratón. Hasta que el gato y el ratón se conozcan.

    Darle el papel estelar a Tom Hanks fue el primer acierto del realizador de Bourne: el ultimátum. Tras algunos tropiezos comerciales, el actor de Forrest Gump, ya con barbita canosa, da con el personaje apenas arranca la película.

    No está en altamar, no se ve amenazado, ni debe disciplinar a su tripulación. Philips charla con su mujer (Catherine Keener) en su auto, rumbo al aeropuerto. Hablan de los hijos, y de cómo en el presente se hace mucho más difícil conseguir empleo que en sus buenos tiempos.

    La exposición de la reflexión de Philips no es, claro, gratuita. Greengrass lo introduce al espectador fuera del perímetro de su trabajo, pero demarca cuál es su pensamiento. Su moral. Su estilo de conducción, de vida.

    Pero Capitán Philips es un thriller, así que los ataques de los piratas se repetirán, habrá que esconder a la tripulación, jugar con lo oscuro, el suspenso. El manejo de la situación estresante cambiará de bando. Y habrá un duelo, personal y también actoral.

    No hay muchos actores que puedan expresar al norteamericano medio como Hanks. ya se lo comparó con James Stewart, pero aquí debe ser un poco más aguerrido que el intérprete de La ventana indiscreta. Y enfrente tiene a Barkhad Abdi, un somalí que nunca había trabajado en cine, y le juega de igual a igual. Hay que ver esos diálogos en los que plantean quién es el jefe, y cómo los principios del estadounidense no parecen ser muy distintos de los del pirata.

    Obviamente no hablaremos de la resolución, aunque se base en un hecho que fue público y difundido, pero es allí donde la mano del director se muestra manipuladora, de manera innecesaria.
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  • Diego Batlle
    Diego Batlle
    La Nación
    Pocos directores han logrado transmitir la sensación de veracidad y de urgencia, el espíritu del documental trasladado al cine de ficción, como Paul Greengrass. Ya sea en películas basadas en hechos reales Domingo sangriento, Vuelo 93 o ahora Capitán Phillips como en entretenimientos para la gran industria y destinados al consumo masivo -la saga de Jason Bourne, el director inglés hizo del vértigo y la potencia narrativa un culto para trasladar al espectador a tiempos y lugares muy precisos, y hacerlos partícipes de experiencias fascinantes y sobrecogedoras.

    Esta reconstrucción del caso del secuestro de un barco estadounidense por parte de piratas somalíes en abril de 2009 no es la excepción. Se trata de un tour-de-force emocional que mixtura de manera impecable la velocidad y la fuerza del cine de Greengrass con el aplomo y la bonhomía que transmite en cada uno de sus trabajos Tom Hanks, sobre todo cuando tiene que interpretar a un hombre común devenido héroe en circunstancias extraordinarias.

    Hanks es el capitán Richard Phillips del título, un veterano marino que se despide de su esposa enfermera (Catherine Keener) para emprender otro de sus largos viajes al frente de un enorme barco cargado de contenedores, el Maersk Alabama, por aguas africanas. Mientras la pareja habla de cuestiones familiares (como las preocupaciones por el futuro de sus dos hijos), en otro lugar menos favorecido del planeta mercenarios planean asaltar un barco y hacerse de un millonario botín. Esos destinos, claro, confluirán en este hecho que tuvo en vilo a los canales de noticias de todo el mundo.

    Pero Greengrass no se queda en la mera reconstrucción de los hechos (de por sí impactantes) sino que profundiza en la psicología de los personajes, sobre todo en la del Phillips de un Hanks convincente en cada uno de los planos y en la del líder de los piratas (gran trabajo de Barkhad Abdi). El realizador inglés sabe cómo generar suspenso y crear tensión, otra vez con la ayuda de su brillante director de fotografía Barry Ackroyd (ganador del premio Oscar por Vivir al límite ). La referencia a ese film de Kathryn Bigelow no es antojadiza: ella y Greengrass deben ser de los pocos realizadores contemporáneos capaces de trabajar la fisicidad del cine sin por eso descuidar la armonía del conjunto ni la carnadura de sus personajes. Directores ya maduros en la cima de su arte.
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  • Santiago García
    Santiago García
    Tiempo Argentino
    Aventuras en el mar, como las de antes

    Protagonizada por Tom Hanks, esta película basada en hechos reales narra la historia de un hombre que en 2009 fue tomado de rehén por piratas somalíes. Buenos ingredientes para un resultado a la altura de la historia.

    El capitán Phillips del título es el protagonista de esta historia basada en hechos reales ocurridos en el año 2009, cuando cuatro piratas somalíes tomaron su nave y lo retuvieron como rehén. El gran problema de las películas basadas en hechos reales es que desde que arranca la película uno tiene bastante información –o, al menos, adivina– acerca de la historia y su final. Tal vez porque el final no sea lo más importante, sino la reflexión que uno pueda hacer a partir de la historia narrada. Paul Greengrass, el director, tiene un demostrado talento para narrar historias que aquí confirma. A pesar de una enorme capacidad para utilizar recursos visuales impactantes, Greengrass no abandona nunca la narración clásica. Tal vez Capitán Phillips sea, de hecho, la más clásica de sus películas. Greengrass tiene por lo menos cuatro películas impactantes antes de esta: Vuelo 93, La supremacía de Bourne, Bourne: el ultimátum, La ciudad de las tormentas. En todas mostró un gran pulso para la acción y aquí, aunque se trate de otra clase de film, vuelve a hacerlo. Para que el clasicismo sea aún más claro, el capitán Phillips está interpretado nada menos que por Tom Hanks, uno de los más grandes y más clásicos y sobrios actores del cine actual. Su protagonismo es absoluto y por lo tanto gran parte de la película recae sobre sus hombros. Las ideas del mundo que tiene Phillips y su comportamiento a lo largo de la película encuentran en Hanks al rostro ideal para darle credibilidad. Y su sufrimiento se convierte en el nuestro. Actor de gran talento, Hanks ofrece acá una actuación obligadamente contenida y sobria que poco a poco va creciendo junto con el drama. Sin duda, figura entre lo mejor del actor. Las vueltas que va ofreciendo la trama, la tensión de los grandes momentos de suspenso, funcionan de punta a punta del relato. Aun conociendo la historia, aun sabiendo quién la ha contado, igual cada escena es vivida, una vez más gracias al director, con una enorme angustia, sin saber cuál será el siguiente paso que dará el protagonista y sus captores. Un buen director, un buen actor, una buena historia. Los tres pilares que sostienen Capitán Phillips a lo largo de más de dos horas. Verdaderas aventuras en el mar, como en los viejos tiempos, aun cuando la historia transcurra en el presente
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  • Diego Curubeto
    Diego Curubeto
    Ámbito Financiero
    Realismo, gran virtud de “Capitán Phillips”

    La odisea de un barco mercante atacado por piratas somalíes es algo demasiado presente y contemporáneo como para convertirlo en un thriller común y corriente o, mucho menos, una típica película de acción hollywoodense.

    Paul Greengrass es un director con el don del realismo. Las secuencias en las que unas lanchas miserables intentan tomar por asalto un buque enorme, simplemente no se parecen a nada visto en ninguna peíícula. Cada situación relativa al buque está filmada con la máxima minuciosidad, especialmente al principio, cuando no pasa nada grave y todo es rutina.

    El nivel de tensión que logra Greengrass cuando sí pasa algo grave es tan feroz como extraño. Es que lo que nos falta saber es qué es lo que realmente motiva a esos piratas modernos para enfrentarse a, si hiciera falta, la flota estadounidense.

    "Capitán Phillips" puede verse como un thriller de secuestro, original por la locación en el mar. También puede entenderse -sobre todo por lo que tiene que ver con el anunciadísimo desenlace-, como otra de las películas de propaganda de la era Obama, (más parecida a la de Kathryn Bigelow sobre la caza de Bin Laden que a las de ficticios atentados contra la Casa Blanca).

    Pero Greengrass, aun sin mucha ayuda del guión, logra dejar al espectador pensando sobre esos raquíticos piratas somalíes liderados por un gran actor: Barkhad Abdi. El detalle inusual de los diálogos en somalí entre los piratas da un toque más de realismo al film.
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  • Catalina Dlugi
    Una historia real, un actor que siempre es una garantía y conmueve, y un director inteligente que quiere escapar de mostrar un acto terrorista y establece con nervio y ritmo un paralelo del mundo opulento y el marginal. Y el encuentro y la convivencia forzada entre un capitán y el pirata somalí. Buenos climas , siempre creíbles, y un Tom Hanks inspirado que construye laboriosamente su personaje y conmueve.
  • Santiago Balestra
    Una película correcta que no debería ser sobredimensionada.

    Paul Greengrass es un director interesante de ver, principalmente por el estilo documental que posee a la hora de filmar. Esta firma autoral ha sabido encontrar cabida ––y por supuesto el interés del público–– en tanques de estudio como The Bourne Supremacy y The Bourne Ultimatum. Su experiencia con Jason Bourne le ha enseñado que el documento verídico y la narración con gancho no tienen por qué ser conceptos separados. Claros ejemplos de este aprendizaje son United 93 y Green Zone.

    La siguiente película de Greengrass, con Tom Hanks encabezando el reparto, es una película que tiene todo para llevar su sello autoral (hasta tiene ciertos puntos de contacto con United 93), y aunque es una muestra de certero talento narrativo e interpretativo, esta apenas unos peldaños debajo de la excelencia.

    ¿Cómo está en el papel?

    Unos piratas somalíes secuestran el barco carguero Maersk Alabama, a cargo del Capitán Richard Phillips (Tom Hanks). El se ofrece como rehén para salvaguardar la vida de sucaptain-phillips-01 tripulación. A partir de ahí, la peli se mueve entre la interacción de Phillips con los piratas, y los intentos de la Naval Norteamericana para salvarlo.

    Paul Greengrass insistió desde siempre que quería contar una historia con mucho gancho, pero que también hablara de la globalización en nuestra sociedad; que estos hombres se cruzan y se enfrentan debido a la misma. Dicha intención fue cumplida con mucha eficiencia, ya que durante los primeros minutos nos muestran los mundos en los que se mueven los protagonistas, y aunque sean países distintos y percepciones distintas del concepto, la idea movilizadora es clara: la supervivencia. Por un lado, tenemos al personaje de Hanks preocupado por su futuro y el de sus hijos, en un marco económico global totalmente despiadado en materia de contrataciones laborales. Por el otro, tenemos a los somalíes en un marco de constante presión, no solo por comida y agua, sino por los tiranos que amenazan sus vidas a punta de pistola constantemente. Redondeando: El contraste entre supervivencia en un sentido metafórico y en un sentido más literal. Establecimiento de tema más claro y más concreto imposible.

    Una vez establecido el conflicto, la película lleva bien el barco (cuac!); se muestra la inteligencia, humanidad y capacidad de liderazgo del protagonista y muestra la actitud sanguinaria de sus captores. Aunque basada en una historia real, esta es una narración que ya hemos oído con anterioridad. El pequeño detalle que la hace distinta es que los captores en cuestión tienen un perfil más humano de lo que esperamos ver en un antagonista, y si bien el espectador percibirá que esa actitud sanguinaria proviene incuestionablemente de la desesperación que llevan encima estos personajes, no podrá evitar notar la ingenuidad con la que llevan a cabo su accionar.

    El punto en contra que le encuentro a la narración, y que creo la ralentizo demasiado, fue la subtrama con la marina norteamericana estrategizando y preparando la misión de rescate. Esto hace de esta película la más reciente adición a la larga lista de películas que subtextualemente manifiestan “Estados Unidos salva el día”, con total independencia de si está basada en un hecho real. Hubiera convenido mas recortar el metraje y escindir esta trama alternativa, o bien ocupar ese espacio con una subtrama con los miembros de la tripulación del Maersk que tenían una historia más interesante.

    ¿Cómo está en la pantalla?

    9011326A nivel técnico la película está muy bien, una cámara en mano con mucha tensión y un montaje vertiginoso, como nos tiene acostumbrado Greengrass.

    Por el costado de la actuación, Tom Hanks entrega un buen papel, transmitiendo, como dijimos anteriormente, la inteligencia, la humanidad y la capacidad de liderazgo que exige su personaje. Aunque hace un gran despliegue de profesionalismo, no hay nada en esta interpretación ––sea en un aspecto singular o en su totalidad–– que justifique galardones (Hay una escena en el 3er Acto que larga un fuerte olor a Oscar moment; por lo que les pido que no se dejen embaucar).

    El resto del reparto entrega correctas interpretaciones, pero me veo obligado a señalar que Catherine Keener está completamente desaprovechada. Aparece 5 minutos, y no aporta nada transcendental a la trama, por lo que el rol, o al menos el rol que quisieron darle al personaje verídico dentro de la narración establecida, no necesitaba alguien del talento de Keener.

    Conclusión

    Aunque no es un paso errado, Capitán Phillips tampoco es la pieza de excelencia que muchos pregonan. Tenga en mente que si elige este título no va a ver una obra maestra sobre la supervivencia y la reafirmación de la vida, va a ver una película entretenida y muy bien hecha desde el punto de vista de la realización y la actuación. Pero no más que eso.

    - See more at: http://altapeli.com/review-capitan-phillips/#sthash.SSPEH1df.dpuf
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  • Fredy Friedlander
    Acierto en la elección de un experimentado realizador inglés

    La nueva película del inglés Paul Greengrass muestra como uno de sus mayores logros el acierto del “casting”, término aplicado generalmente a los actores. En este caso uno desearía extender ese concepto a su director, dado que los productores también acertaron al seleccionar al realizador de las dos últimas películas de la trilogía Bourne para dirigir “Capitán Phillips”.
    Retornando a los intérpretes es notable lo que se logra extraer del conjunto de cuatro debutantes africanos en el rol de piratas somalíes. Quizá no fue tan feliz la elección de Tom Hanks en el rol principal pese al atractivo que su nombre genera a la hora de atraer público. Hubiese sido quizás preferible que Matt Damon, que no sólo fue dos veces Jason Bourne con Greengrass sino que además estuvo en su penúltima “Green Zone”, no estrenada localmente, asumiera el rol del capitán del barco portacontenedores MV Maersk Alabama. La interpretación de Hanks sólo flaquea hacia el final al volverse melodramática, algo habitual en muchas películas estadounidenses. Es una pena porque él sostiene el relato durante tres cuartas partes de un film que no debió exceder las dos horas de duración
    Al estar basada en un hecho real que tuvo alguna difusión en su momento incluido su desenlace el suspenso es menor, siendo su mayor mérito la manera en que está contado. Algo similar ocurría con “Vuelo 93”, que también trataba un episodio verídico cuyo final era conocido y que muestra cierta predilección del director por hechos reales. Que el mismo se nutre a menudo de acontecimientos históricos lo certifica aún “Bloody Sunday”, otra de sus obras mayores, que ganó en 2002 el Oso de Oro de Berlin y nunca fue estrenado en nuestro país.
    Desde el inicio cuando Phillips se despide de su esposa, corto papel de Catherine Keener, para embarcarse en el barco de carga se percibe que todo girará alrededor del personaje que da nombre al film. Quien haya visto los avances (“cola”) del largometraje ya conocerá más de lo que sería deseable supiera. Cuando al poco tiempo aparezcan en el radar dos puntos acercándose a gran velocidad, el espectador ya sabrá que en algún momento el contacto entre tripulantes y piratas deberá producirse. Justamente una de las escenas más impactantes cinematográficamente será cuando se accionen las numerosas mangueras laterales tratando de hacer hundir o al momento impedir que los ocupantes del bote logren subir al navío.
    Habrá negación por parte de los somalíes de su pertenencia a Al Qaeda, pero no lograrán convencer a Phillips de que son simple pescadores. La parte central del relato será la más lograda, una vez que los invasores ingresen a bordo sin lograr capturar al grueso de los tripulantes, escondidos en la sala de máquinas.
    Si hasta aquí el relato parecía casi el de un documental novelado, la extensa parte final con la intervención de marinos de la flota norteamericana ya se acercará a una ficción del tipo “Bourne”. Aparecerán en escena helicópteros, barcos de guerra y comandos de “Navy Seals” con sofisticado armamento y se perderá algo del encanto que provocara la tensa relación entre los oficiales de a bordo del barco de carga y los africanos deseosos de obtener dinero, un bien tan escaso en su país.
    El balance muestra que “Capitán Phillipos” es una película de acción muy bien filmada con logrados aciertos de casting. No sería de extrañar que alguno de los hasta ahora desconocidos intérpretes africanos logre consolidar su futura carrera en alguna producción similar. En cuanto a Greengrass, se confirma que su nombre es usualmente garantía de un buen espectáculo.
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  • Amadeo Lukas
    Amadeo Lukas
    Revista Veintitrés
    Plasmada con impecable destreza por el notable cineasta Paul Greengrass, Capitán Phillips es una narración lineal de una intensa historia verídica en alta mar, y no mucho más que eso. Se trata de un hecho que tuvo lugar en 2009, en el que el MV Maersk Alabama se convirtió en el primer buque de carga estadounidense en ser secuestrado en doscientos años. El Capitán Richard Phillips, totalmente inexperto en enfrentamientos armados, tuvo que enfrentar prácticamente solo el secuestro de su navío por parte de piratas somalíes, y después ser el único rehén de sus atacantes en un pequeño bote acorazado, donde transcurre gran parte de la trama. Lo verdaderamente excepcional del film hay que buscarlo en su realización, en la que queda a las claras que fue rodada en el océano, con naves y vehículos de transporte acuático reales y con una casi nula utilización de efectos especiales y recreaciones digitales. Tan sólo un puñado de escenas transcurren en tierra firme, el resto de la película se desarrolla en aguas marinas, y el desafío técnico llevado adelante por sus artífices comprometió a la producción y especialmente los actores, que debieron interpretar sus papeles en espacios reducidos y hasta dentro del mar. En ese sentido Capitán Phillips guarda un realismo extraordinario, a la vez de mantener una tensión realmente angustiante. Greengrass, responsable de dos de los films del agente Bourne y de Vuelo 93 priorizó la verosimilitud por sobre cualquier otra cosa, logrando una pieza que atrapa en todo momento, aún a pesar de su extensión, pero que no deja demasiados resquicios para hacer algún otro tipo de formulación. Queda claro, sí, que pese a ser un film claramente norteamericano, los villanos no son sólo los desfallecientes piratas somalíes, sino los propios correligionarios del Capitán, que presuntamente desean rescatarlo. El sacrificado trabajo de Hanks es encomiable, pero los cuatro actores debutantes que interpretan a los somalíes ofrecen caracterizaciones fuera de serie, física, corporal y dramáticamente.
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  • Iván Steinhardt
    Iván Steinhardt
    El rincón del cinéfilo
    ¿Quién no se fija en los antecedentes cuando estos son muy evidentes a la hora de mirar un afiche y entrar al cine? Por un lado, Tom Hanks en su primera composición de personaje único desde “Larry Crown” (2011). Por el otro, Paul Greengrass quién además de “Vuelo 93” (2006) cambió el rumbo de la saga de Jason Bourne tiñendo de drama personal un argumento de espionaje con altas dosis de tensión y acción en “La supremacía de Bourne” (2004) y “Bourne: el ultimátum” (2007). El resto es casi desconocido, aunque también tengamos en Billy Ray al guionista de “La sombra del poder” (2009) y “Los juegos del hambre” (2012), o sea que escritor hay.

    La historia real del primer barco de bandera estadounidense secuestrado en más de 200 años pinta a priori como algo muy localista en términos de patriotismo. De todos modos el título, “Capitán Phillips”, sugiere una historia personal que por el sólo hecho de llevar un nombre propio con rango incluido uno piensa: Por algo se decidió contar la historia de éste hombre.

    En los títulos, el Capitán Phillips (Tom Hanks) tiene apenas algunos planos detalle en su casa como para intuir en él a un hombre metódico, ordenado, casi sistemático en la aplicación de las reglas. Durante los títulos lo vemos leer un mail que advierte de piratas somalíes amenazando las rutas comerciales de barcos cargueros. Luego de esos segundos, en los cuales también lo vemos charlar de sus hijos mientras conduce hacia el aeropuerto junto a su esposa, la trama se bifurca. Nos trasladamos a las costas de Somalía. Vemos una situación socio-económica diametralmente opuesta. Una comarca muy pobre con gente en situación de desnutrición e indigencia que es “copada” por un grupo armado que le exige dinero a los habitantes. Literalmente les ordenan secuestrar algún barco para, con el rescate, pagar tributo al “capo”, a quien nunca veremos. No hay explicación en el guión del porqué de esta situación. Como si se diera por sentado que el espectador sabe como viene la mano en el país. Total que salen dos lanchas y un lanchón. En una de ellas está Muse (Barkhad Abdi), hombre decidido a capturar a su presa a como de lugar, aunque sus compañeros decidan pegar la vuelta. Por supuesto tendremos montaje paralelo hasta que las tramas se unan.

    La realización de Paul Greengrass está sellada con su estilo “bourneiano” en el cual predomina una cámara en mano vertiginosa que velozmente nos va alejando o acercando el objetivo desde ángulos en los cuales parecería estar buscando algo con una mira telescópica. Esto funcionaba mejor en las multitudes entre las que se movía Jason Bourne para escaparse de sus perseguidores, como si el espectador fuese uno más de los que busca focalizar la acción en medio del tumulto o el tránsito. Aquí, todo ocurre en un barco o en una lancha dejando en evidencia el mismo recurso estético-narrativo. ¿Es efectivo?, sí. ¿Útil?, no tanto.

    Pero esta apreciación es sobre una cuestión de decisión estética. No hace a la buena construcción de momentos muy tensos y dramáticos donde el peligro está latente y los trabajos actorales (los africanos no son actores pero están muy bien) rinden al máximo para hacer creíble la situación. Toda la secuencia del abordaje es una buena muestra de armonía de rubros, es decir, está dirigida con solidez y seguridad.

    El problema de “Capitán Phillips”, más allá de resultar muy entretenida, es el desvío del eje. La paulatina transformación del foco de interés y del texto, es otra cosa. El personaje, su meticulosidad, personalidad, instinto, intuición para manejar la situación, su carácter de héroe al ofrecerse él como rehen a cambio de la seguridad de su tripulación, todo eso se va diluyendo para centrar la obra en el operativo de rescate de la marina de los Estados Unidos. El plano final le servirá al lector como ejemplo. Es cierto, el personaje está correctamente instalado y desarrollado cuando todavía faltan cincuenta minutos para el final, ergo, la redundancia está a la orden del día. Bien filmada, pero redundante al fin.

    Más allá de la falta de las omisiones del guión, estamos frente a un buen pasatiempo, con segura candidatura de relleno al Oscar a mejor película y dirección, y claramente una sólida nominación para Tom Hanks que con la improvisación de la escena final justifica el valor de la entrada.
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  • Isabel Croce
    Isabel Croce
    La Prensa
    Una de piratas del siglo XXI

    Con antecedentes que recuerdan el saqueo y secuestro del buque oceanográfico español Isla de Lanzarote, también por somalíes en 1981, en el Océano Indico; el incidente del buque Maersk Alabama, a las órdenes del capitán Richard Phillips, secuestrado en 2009, mantuvo en vilo a la opinión mundial. El incidente ha sido elegido para ser llevado al cine por un estupendo director como es Paul Greengrass, el mismo de "Bourne: El Ultimátum".

    Más allá de las condiciones que tiene la historia en cuanto a acción y suspenso, el hecho de estar dirigido por Greengrass, le da un tono más profundo en cuanto, a que el director alude a condiciones sociales de ambos sectores a los que pertenecen los protagonistas del secuestro. Así el director profundiza el retrato de los protagonistas y tensiona lo diálogos.

    VEDA DE ARMAS
    Tom Hanks hace una estupenda interpretación de Richard Phillips, el protagonista y de las acciones que debió enfrentar ante los piratas del mar, más aún teniendo en cuenta el hecho de la veda de armas de los buques mercantes.

    Sorprende también la actuación del inmigrante somalí Barkhad Abdi (Muse), que hasta ese momento fuera chofer de una compañía de limusinas y que se revela como un actor de temperamento.

    Las escenas del rescate final y previamente la situación de los protagonistas en los buques salvavidas, acentúan el suspenso y agudizan las tensiones de este filme entretenido e interesante de ver.
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  • Diego Brodersen
    Diego Brodersen
    Página 12
    Con más ambición que “una de piratas”

    El secuestro del buque mercante norteamericano Maersk Alabama por piratas somalíes en abril de 2009 es la base de este film que intenta conjugar los estremecimientos y placeres viscerales del cine de suspenso con la emoción del drama basado en hechos reales.

    No hay novedad alguna en la siguiente afirmación: existe una zona en el cine de Paul Greengrass que intenta conjugar los estremecimientos y placeres viscerales del cine de suspenso –e, incluso, del de acción– con la emoción del drama basado en hechos reales. Vuelo 93 y Domingo sangriento son dos ejemplos perfectos de lo antedicho. Para ello, el realizador británico afincado en Estados Unidos ha encontrado un juego de estilemas que repite película a película, más allá de los pormenores de la historia en cuestión: cámara nerviosa y en constante movimiento, imagen granulada y colores de bajo contraste (que remiten indirectamente a cierto tipo de textura típica de los años ’70), búsqueda de detalles narrativos usualmente desechados en la producción más estandarizada de Hollywood. Basada en el libro de Richard Phillips que narra, en primera persona, el secuestro real del buque mercante norteamericano Maersk Alabama por piratas somalíes en abril de 2009, Capitán Phillips insiste en esas líneas de búsqueda de “realismo” cinematográfico que, a fin de cuentas, no es sino otra forma del artificio.

    Luego de un breve prólogo en el cual Phillips (Tom Hanks) prepara sus bártulos para el próximo viaje en altamar, el relato se traslada sin demoras a Omán, en el sudoeste del continente asiático, con capitán y tripulación a punto de zarpar en viaje hacia Kenia. La primera escena será el único momento en el cual se verá a un miembro de la familia de Phillips: no hay aquí montajes paralelos que acentúen la carga emotiva a partir de las lágrimas de familiares y allegados, rasgo de inteligencia de un guion enfocado obsesivamente en los hechos puros y duros. De allí en más, el abordaje pirata, la resistencia, el secuestro del protagonista en un minúsculo bote salvavidas y la tensa y sangrienta resolución del conflicto luego de la aparición en escena de la Marina estadounidense. Vista como una narración de aventuras en altamar, Capitán Phillips entrega sus dosis de suspenso y emoción con efectividad, aunque no de forma expansiva: el film está más cerca de la claustrofobia de una película de submarinos que de los amplios horizontes de “una de piratas”. No hay muchos tiros ni puñetazos, pero la lucha por la supervivencia y el duelo de ingenios verbales y físicos entre tripulación y piratas tiene lo suyo.

    Las limitaciones comienzan a aparecer cuando se consideran otras ambiciones que el film despliega sin ambages, sus aristas sociales, políticas y humanas. Un diálogo entre Phillips y Muse (Barkhad Abdi), el jefe del cuarteto de secuestradores, un joven somalí empobrecido dispuesto a todo con tal de hacerse de algo de dinero, encuentra a la pregunta indirecta del primero (“Debe haber algo más que ser pescador o pirata”) la respuesta: “Tal vez en América”. En ese breve intercambio y en la presentación del grupo de bucaneros modernos en una escena temprana, en su claro empeño por “humanizar” lo que en otra clase de películas serían directamente los villanos de turno, Capitán Phillips termina cayendo en la trampa de otra clase de reduccionismo. Simplificación que limita notoriamente los alcances de cualquier reflexión posible, una suerte de culpa primermundista de la cual, paradójicamente, se ironiza en algún momento de la historia. El último tercio de la crónica está dedicado al rescate del capitán del Alabama, teñido por una embobada fascinación ante el despliegue logístico y tecnológico (el coraje y la eficiencia) del poderío militar norteamericano, casi una versión moderna de la caballería al rescate.

    Phillips será finalmente recuperado, no sin antes derramar necesariamente sangre (algo que no es celebrado ni representado de manera catártica). Y llegará el momento de la explosión emocional que no se le había permitido al personaje hasta ese momento, la clase de escena que sirve de señuelo para los premios Oscar. En el camino queda un film seguro del cómo contar la historia pero algo indeciso en cuanto a qué contar exactamente. ¿Es esta la odisea de un hombre común en circunstancias extraordinarias, una lucha por aferrarse a la vida sin traicionar los ideales? ¿O el retrato relativamente fiel de una consecuencia puntual de las complejidades políticas, sociales y económicas del mundo contemporáneo? Capitán Phillips quiere –y no puede– ser ambas cosas al mismo tiempo.
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  • Emiliano Fernández
    Disimetrías simétricas.

    Definitivamente Paul Greengrass es un artista no apto para todos los gustos. A pesar de un esquema narrativo por lo general sencillo y un dejo humanista en lo que hace al tono, su macro obra se puede catalogar como la “versión hollywoodense” de una combinación áspera de documentalismo militante, cine testimonial de barricada y aquel realismo proletario inglés que se impuso con fuerza en el panorama internacional durante las décadas del 70 y 80. A partir de títulos emblemáticos como Domingo Sangriento (Bloody Sunday, 2002), La Supremacía de Bourne (The Bourne Supremacy, 2004), Vuelo 93 (United 93, 2006), Bourne: El Ultimátum (The Bourne Ultimatum, 2007) y La Ciudad de las Tormentas (Green Zone, 2010), el director ha sabido construir una carrera extraordinaria transmitiendo con valentía sus criterios al mainstream y encarando proyectos de rasgos muy personales.

    No sólo la presente Capitán Phillips (Captain Phillips, 2013) continúa esta tradición, sino que se abre camino como otra de sus obras maestras. Si bien el británico ya era conocido por su capacidad para exprimir a nivel formal cada arista de esas historias provocadoras aunque fáciles de sistematizar, vale aclarar que hoy supera lo alcanzado con anterioridad al ofrecer una correlación exquisita entre la estructura de los thrillers de entorno cerrado y una dimensión ideológica que dispara reflexiones equidistantes, surgidas tanto del desarrollo dramático como de los intercambios verbales de los protagonistas. La cámara en mano, una escenificación aguerrida, un montaje hiperquinético, actuaciones despojadas y una fotografía contrastante son las herramientas de las que se vale Greengrass para plantear su batalla desde una izquierda autocrítica, capaz de señalar las lagunas retóricas eventuales...
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  • Luciano Alonso
    Luciano Alonso
    Hacerse la crítica
    ¿Cuándo dejamos que el cine de Hollywood se vuelva tan realista? A ver si nos entendemos: si quiero ver un documental, veo un documental. Si quiero ver una película de ficción, no quiero ver la angustia y la tristeza representadas de manera que no pueda distinguir si es representación o realidad. A menos que sea un poco sádico, claro. Y no lo soy.

    Estimado Tom Hanks, ya entendimos que sos un actorazo de la puta madre, no hacía falta que nos pongas esas caras tan convincentes de sufrimiento y angustia. A ver si nos entendemos: esas caras son tan convincentes, pero tan convincentes, que ya no estoy tan seguro de quién está sufriendo, si la persona o el personaje. Lo que quiero decir es que hay ciertos modos de representación, que tienen un límite que es mejor no cruzar. Si uno va al teatro y ve a un fulano que imita o representa la farsa del llanto, digamos que el arte sublima la tragedia y es lícito disfrutar del espectáculo. Pero si el actor está sufriendo de verdad, ya no hay arte. En su lugar, tendríamos una escena bastante ominosa.

    Capitán Phillips abusa del recurso del verosímil de manera innecesaria. El argumento, la historia que cuenta, no necesita tanto realismo. Yo entiendo que a veces el realismo opera como un llamado de atención, el shock que pueden causar en el espectador ciertas imágenes, a veces tienen un sentido o una finalidad que vehiculiza ideologías. Pero no es el caso. Y, si la intención era esa, está mal planteada, mal resuelta. Lo que quiero decir es que si Capitán Phillips fuera una película abiertamente política, si estuviera intentando poner de relieve las diferencias de clases y la hecatombe sociocultural y económica de Somalía, acaso las imágenes shockeantes estarían justificadas. Pero no es eso lo que tenemos acá. De hecho, el director se abstiene de hacer política. En su lugar, realiza una película que, con sus especificidades y originalidades, en realidad no hace más que reproducir cierto modelo de larga trayectoria. Ese modelo de relato, esa historia que cuenta Capitán Phillips, no necesita que veamos a Tom Hanks sufriendo. Entonces, ¿la película está malograda por su actuación?

    En realidad, no. Lo que sucede es que, en algún momento, dejamos que el cine de Hollywood se vuelva cada vez más realista -en el peor sentido- y creo que ese error es mucho más grande y antiguo que esta película. Así que, en el fondo, no es culpa de nadie. Simplemente es una película que suscribe a esa tendencia del “golpe bajo” que no me interesa y me aburre. De hecho, a mucha gente le encanta ese recurso, prefieren modos de representación más directos, más explícitos, más toscos. Yo prefiero las metáforas.

    Entonces. ¿No me gustó Capitán Phillips? Bueno, en realidad sí me gustó, pero con salvedades. La cosa es así: en su periplo, el capitán Phillips (Tom Hanks), tiene que atravesar con su enorme barco (y toda su tripulación) peligrosos mares en los que se corre el riesgo de ser asaltados por piratas. Y, efectivamente, eso es lo que sucede. Digamos que gran parte de la película relata esa situación y cómo se las ingenian los marineros de Phillips para sobrevivir a ella. Hasta aquí, la película me gusta. Me gustan las historias de piratas y mares embravecidos... la soledad del mar, el aislamiento, el abandono de la civilización... a veces siento que las mejores historias que transcurren en alta mar, en realidad transcurren en otro mundo.

    En fin, me parece muy bien cómo Capitán Phillips relata la rutina, la cotidianidad, la irrupción del conflicto en esa rutina. Incluso me gustan las escenas de “conflictos gremiales”, ya que todos son marinos mercantes y no están preparados para lo que les está pasando. Todo eso está perfecto. Pero después, el capitán Phillips es tomado como rehén y a partir de allí tenemos otra película, que me interesa mucho menos y que, seamos sinceros, tiene mucho menos atractivo que el de las historias de piratas. Es decir, mientras el barco fue asaltado por piratas, todo lo que sucedía o dejaba de suceder, era competencia de los involucrados. Una vez que el Capitán Phillips es tomado como rehén, la cuestión se vuelve un asunto de Estado. Por ende, se vuelve un asunto mediático, intervienen las autoridades navales y militares, y todo camina hacia “Terroristas vs. Norteamericanos: La venganza fatal”. Creo que ya la vi, sí. Es una en la que ganan los buenos.
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  • Beatriz Molinari
    Beatriz Molinari
    La Voz del Interior
    Rich Philipps tiene una conversación con su esposa antes de iniciar una nueva travesía por altamar. Al capitán lo espera un barco mercantil que lleva alimentos y agua a la región de Somalia. "El mundo se mueve muy rápido", coinciden ellos, en la introducción de Capitán Phillips, película de Paul Greengrass (Vuelo 93; la saga de Bourne) basada en un hecho real.

    Tom Hanks, en el protagónico omnisciente, realiza un trabajo que mantiene al espectador atento a cada músculo y gesto de su rostro. El comentario inicial, única reflexión en dos horas quince de película, de alguna manera explica el choque brutal entre la ética del capitán y el nuevo orden sin reglas. Los piratas somalíes llegaron para quedarse.

    Paul Greengrass ofrece un cóctel de acción, suspenso y violencia en el que, primero la tripulación, y luego solamente el capitán, enfrentan el riesgo en aguas internacionales. La película plantea el conflicto desde el punto de vista americano, con el capitán justo y de vasta experiencia que, aun precavido, vive una pesadilla inimaginable, a manos de cuatro muchachos mal alimentados y harapientos, pero armados y sobre-estimulados por el dinero que piensan que ganarán en el atraco.

    La trama de Capitán Phillips tiende hilos sutiles por debajo de la acción vertiginosa. El hombre que zarpó pensando en su familia, preocupado por el futuro de sus hijos, se encuentra con un presente desesperado en los rostros de los jóvenes somalíes que atacan el carguero.

    La película describe con eficacia el rumbo del buque de carga MV Maersk Alabama por el Océano Índico y los temores del capitán que al zarpar del puerto de Omán revisa las medidas de seguridad. El rostro de Hanks transmite incertidumbre, expresión que se instala cuando el buque toma el llamado Cuerno de África.

    Frente a la majestuosidad del barco con ayuda humanitaria y el mar inmenso, la ironía llega a bordo de las barcas de los piratas que cabalgan las olas. Durante el relato se mantiene el juego de la desproporción. La trama que ofrece el montaje pone el contraste como el material de una tragedia que excede la acción y los efectos.

    Hanks logra transmitir la angustia del personaje casi sin moverse del cubículo en el que transcurre más de la mitad de la película. Con la cámara encima de los cuerpos, primeros planos de los ojos enormes en caras al límite de la adrenalina, Capitán Phillips se parece a un documental de altísimo presupuesto. Al distanciar los hechos, la historia potencia su dramatismo. Sobre todo cuando comienza el operativo de rescate, las negociaciones y la galería de especialistas en temas bélicos.La miseria de ese mundo que el capitán no conoce, y del que su país es responsable; el odio racial, los buenos negocios con mano de obra barata; los idiomas del miedo y el universal, del dinero, hacen de la película, según Paul Greengrass, un ejercicio sobre la realidad.

    A pesar de la espectacularidad hollywoodense, el culto al despliegue de fuerzas militares estadounidenses, y de la Marina, en especial, Hanks parece un hombre como muchos, una capacidad del actor que adora los uniformes y los trasciende.
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  • Guillermo Colantonio
    Rescatando al capitán Phillips

    El hecho de que Capitán Phillips, el último trabajo de Paul Greengrass, esté basado en un caso real o manifieste una cierta voluntad de la cámara para acercarse al registro documental, no lo libera de ser un producto elegantemente empaquetado pero tan previsible en su esquema narrativo que podría ser una historia de robo con rehenes, una lejana película básica del oeste o una odisea donde hay que enfrentar o sobrevivir a algún oponente (natural o humano). Es decir, cualquier historia que no deje espacio para atisbo alguno de ambigüedad o una dosis de matices en la construcción de personajes, y donde lo que prevalezca sea un saber absoluto sobre quiénes son los buenos y quiénes los malvados. Es fácil tomar como excusa, en este sentido, un acontecimiento que sucedió verdaderamente para disimular la intención de repetir al infinito el mismo universo moral y narrativo (que algunos críticos llaman enseguida “clásico” con apresuramiento).
    Tom Hanks es el protagonista que encarna al capitán en cuestión y que es secuestrado por somalíes luego de que el barco que comanda es asaltado. El director maneja bien los picos dramáticos, la utilización de un único espacio casi asfixiante (el mar de noche sigue siendo aterrador) y la intriga; desde el punto de vista técnico es impecable. Hay que reconocerle la garra empleada para lograr determinados climas. No obstante, es casi imposible no detectar una galería de mecanismos para manipular las emociones a partir de ciertos ideologemas a los que nunca podrán escapar los americanos: el héroe que se sacrifica por la comunidad, que encarna los valores de la patria y la familia como ninguno. Y ese siempre va a ser el problema de esta clase de películas que, pese a ser efectivas narrativamente hablando, nunca relegarán la moralina. Dos o tres líneas de diálogo entre Phillips y sus secuestradores bastan para entender esto, del mismo modo que las escenas donde se evidencian las buenas intenciones del primero para con los otros aún en situaciones de riesgos y humillaciones (acá la verosimilitud que tanto seduce a deslumbrados críticos se va al diablo). Es tan noble Phillips que quiere curarles las heridas a los malhechores, que intenta persuadirlos de que abandonen la empresa y además les cuenta que lleva comida para los pobres de Africa en un gesto humanitario sin precedentes.
    Sin embargo, el momento de mayor desfachatez discursiva se produce en medio de una peripecia riesgosa y tensa cuando el capitán trata de convencer a uno de los piratas de que se entregue porque es demasiado joven para morir (¡!). Es acá cuando me acordé de Rescatando al soldado Ryan, de Steven Spielberg, y la escena del perdón al alemán; el filme de Greengrass adolece de los mismos defectos: se pretende seria, es pobre discursivamente y disfraza con entretenimiento una moral por lo menos cuestionable. El espectador que pueda digerir eso y se conforme, saldrá satisfecho del cine y aplaudirá el triunfo de la maquinaria estadounidense para vencer al enemigo (los balazos contra los somalíes en el rescate son festejados como las trompadas de Stallone al ruso en Rocky IV; cambian las figuras pero el circo es el mismo). Parafraseando a Borges, “esa película fue hecha para él”.
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  • Alejandro Castañeda
    EN AGUAS PELIGROSAS

    A veces la realidad sin querer va a la par de la ficción. Esta semana se supo que Bocazas, el más sanguinario y famoso pirata de Somalia, había caído preso por una infantil emboscada que le tendieron en Bélgica. Y justamente esta semana se estrena “Capitán Phillips”, un film que recrea un suceso real que tuvo por protagonista al capitán Richard Phillips, a su barco, el Maersk Alabama y a los piratas de Somalía. El inspirado Paul Greengrass (“Vuelo 93”, Domingo sangriento”) puso otra vez su estilo apretado, ultra realista, con aire documentalista, al servicio de una historia real cargada de acentos dramáticos. El barco navega por aguas peligrosas y los piratas de Somailía, unos mercenarios desarrapados, logran tomarlo. Allí empieza la odisea. Greengrass estira un poco el relato, pero la atención no decae. El terror ronda y el capitán encima será llevado como rehén cuando los piratas huyen. Hay golpes, negociaciones, desesperación. Es un encierro feroz que expone lo peor. Tom Hanks está otra vez impecable en la piel de un tipo bonachón, íntegro, valeroso y confiable. Y el pulso firme de Greengrass, siempre creíble y potente, sabe aprovechar cada gesto para subrayar con extremo realismo el horror de esos momentos. El final es de lo mejor, allí el film deja un lado el gran tema, para detenerse en el alma de ese capitán que estalla en un llanto que transmite ternura, desahogo, celebración y gratitud.

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  • Rodrigo Chavero
    Rodrigo Chavero
    El Espectador Avezado
    Lo primero que tengo que decir es que me gusta mucho Paul Greengrass. Dentro de mis favoritas de los últimos tiempos, le reconozco que "United 93" es una enorme película, y también tuvo mi voto positivo en su momento,"The Green Zone" (sin contar que hizo las "Bourne", o sea que de acción algo sabe el hombre).
    Los dos, thrillers con elementos y personajes reales, en situaciones políticas complejas donde los intervinientes debaten siempre temas de seguridad nacional (la de los Estados Unidos) y se enfrentan a los enemigos del gran imperio americano en escenarios físicos reconocibles.
    Llega ahora, aclamada por la crítica internacional, "Captain Phillips", adaptación cinematográfica del libro de "A Captain's Duty: Somali Pirates, Navy SEALS, and Dangerous Days at Sea" del protagonista de la historia real (el responsable del carguero americano) junto a Stephan Talty. Greengrass propone una extensa narración de todo el incidente en cuestión (un acto de piratería seguido de un secuestro) y el marco en que se da su resolución final.
    Es sabido que navegar por el Cuerno de Africa puede ser tarea compleja para un buque de valiosa carga. Rich Phillips (Tom Hanks), es el capitán que comanda ese barco. Tiene experiencia, convicción y conoce su trabajo y sus riesgos. En un viaje de transporte normal, será interceptado por un grupo de somalíes dispuesto a todo, comandados por Muse (Barkhad Abdi) quienes abordarán el Maersk Alabama y aterrorizarán a toda su tripulación. Qué buscan? Dinero. Autos. Televisores. Lo que sea.
    Viven en la miseria, eran pescadores devenidos en piratas amateurs y están dispuestos dejar su vida para no irse con las manos vacías del carguero.
    Si bien no conviene anticipar más de la historia, hay que reconocer que Greengrass nos tira todo su oficio desde el momento 0 de la historia. Hay 134 minutos muy bien filmados (en pleno mar, más de dos horas seguro) con el típico sello de este director: mucho primer plano, cámara nerviosa, tensión contenida, algunas escaramuzas con armas, alguna pelea cuerpo a cuerpo, gritos en somalí... Pero, extrañamente, el resultado final no es atractivo. Agota.
    La película está dividida en dos partes, la primera tiene lugar en el barco y la segunda, con el secuestro del Capitán. Bueno, de más está decir que se descarta la posibilidad de describir con más detalle la situación de los somalíes (apenas unos minutos explican su móvil) y la historia personal de cada uno de los piratas. Greengrass elige poner toda su atención en la sucesión de eventos y el heroísmo del líder, Phillips.
    Pero tampoco exploramos lo que le sucede a su crew con esto. Nada. Sólo tenemos claro, que Muse habla algo de inglés y sus compañeros son intimidantes y están re jugados.
    En definitiva, lo que ya sabemos que Paul hace bien, pero con excesiva extensión (agota) y un conflicto que nunca termina de parecer de la gravedad que presenta. Como dice Muse todo el tiempo "No somos Al Qaeda". Seguro. Nos damos cuenta rápido.
    Es más, cuando uno toma un poco de distancia, se da cuenta que el director utiliza tan bien los artilugios que nos olvidamos que el incidente puede resumirse en: 4 piratas africanos (con armas automáticas, eso sí, pero cuasi novatos) intentando sacar una gran tajada de su abordaje rústico a un buque que se encontraba desarmado a la hora del enfrentamiento.
    Incluso más, hay cuestiones que después de haber salido de sala, sigo pensando (ningún arma en el Alabama? ninguna? una tripulación de 40 no pudo contener el abordaje de 4 que llegan en una lancha frágil y cuyo motor en la primera persecusión, muere? ningun llamado que hace el capitán tiene respuesta aérea hasta un día después del primer ataque (y lo hace a los ingleses y a los americanos en sucesivas oportunidades?) y la verdad, no me cierran. Esta es una película de gestos ampulosos y poca acción real.
    No me alcanza que "Capitán Phillips" sea sólida en sus rubros técnicos. Tampoco que Hanks haga lo suyo correctamente. En ningún momento me atrapó la historia ni sentí que estuviera a la altura de los anteriores trabajos de este cineasta. Quizás llegue al Oscar, pero eso ni así cambiaré de opinión. Yo, a este barco, no me vuelvo a subir. Ni aunque me escolten los marines.
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  • José Tripodero
    José Tripodero
    A Sala Llena
    La amenaza pirata en el Cuerno de África ha puesto en vilo a la comunidad internacional en los últimos años. Prácticamente todos los casos tienen un mismo patrón: una pequeña embarcación con hombres armados toma el control de un barco extranjero que navega por las costas de Somalia para exigir el pago de un rescate. Hollywood se interesó en la historia del Capitán Phillips (el secuestro del buque carguero Maesrk Alabama en el 2009 en las costas de Somalia) porque no se acomoda en ninguno de los casilleros sobre esta problemática, es claramente un caso extraordinario con los ribetes necesarios para atraer la atención de los estudios de cine más poderosos del mundo.

    Si se necesita intensidad -a partir de inyecciones de realismo- el director apropiado es Paul Greengrass, el mismo de las dos películas del medio de la saga Bourne. Su propuesta inicial tiene la apariencia de querer transitar por el camino de la antítesis de los dos personajes principales: el Capitán Phillips (Hanks), quien vive en su hogar de clase media junto a su mujer e hijos, y Muse (debut de Barkha Abdi), reclutado por una red criminal que les presenta como única opción laboral -a los hombres de su comunidad- asaltar barcos que pasan cerca de las costas somalíes. Mientras que Phillips, camino al aeropuerto, reflexiona sobre el mundo que heredarán sus hijos, Muse debe ganarse el respeto de su comunidad obteniendo una presa importante en alta mar.

    El formalismo es la mejor carta que tiene Greengrass, esa supuesta capacidad de transferir las cualidades indentitarias del documental a la ficción, no por nada trabajó anteriormente con hechos verídicos (Domingo Sangriento, Vuelo 93). Tampoco es casual que el director inglés, a partir de los movimientos nerviosos de su cámara temblorosa, los zoom casi imperceptibles y los planos cortos, se haya convertido en la opción recurrente de los estudios de Hollywood para narrar estas historias reales. Desde su desembarco en la meca del cine, Greengrass utiliza estos recursos como anzuelo para gran parte de la crítica, la cual suele llamar “realista” a su obra. Lejos de ese sintagma se halla este cine mainstream, bien insertado en el star system (a excepción de Vuelo 93).

    Se pueden tomar dos caminos, ignorar los hechos reales y seguir Capitán Phillips por la senda del thriller angustiante o centrarse en los acontecimientos que verdaderamente ocurrieron. Algunos de los tripulantes reales han manifestado lo contrario de lo que se ve en el film sobre muchas de las situaciones que se vivieron, la mayoría relacionadas con actitudes del propio Phillips antes y durante el abordaje de los piratas. Aceptar o no lo que se ve en pantalla no legitima ni desacredita este thriller en clave nerviosa y urgente, a pesar de que la historia y la story no concuerden ciento por ciento entre sí.
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  • Susana Salerno
    Una historia basada en hechos reales, ideal para los amantes del suspenso, la acción y las pelis de tipo biográfica.

    La historia gira en torno al Capitán Richard Phillips, un marino mercante, casado con Andrea Phillips (Catherine Keener) de profesión enfermera. Aunque no los vemos, por los diálogos de la pareja sabemos que tienen dos hijos y como casi todos los padres se demuestran preocupados por el futuro de los mismos. Se encuentra ambientada en abril de 2009, se despiden y Richard viaja junto a su tripulación en el carguero " MV Maersk Alabama" con bandera de Estados Unidos. Dentro del recorrido de dicho buque, él analiza a través de los mapas que se encuentra expuesto a algunos peligros.

    Mientras por otro lado un grupo de somalíes está planeando asaltar alguna de las embarcaciones que pasen por la zona y llevarse un botín millonario. Emprenden un viaje en una lancha cuatro piratas somalíes fuertemente armados para secuestrar dicho buque en el Océano Índico, logran apoderarse de esta embarcación, que casualmente transporta comida y agua para africanos, no llevan armas para defenderse porque no está permitido.

    La tripulación y el Capitán Phillips intentan no ser atacados, pero estos finalmente abordan el barco, asustando primero a algunos hombres, además tiran tiros al cuerpo y luego amenazan a todos. El Capitán intenta en todo momento tranquilizarlos, hasta le entrega 30.000 dólares, pero es tanta es la ambición que terminan pidiendo 10 millones de dólares secuestrando al Capitán y llevándolo de rehén en un bote salvavidas. Quienes intenten salvarlos deberán armar una buena estrategia.

    El director inglés Paul Greengrass es responsable de: "Resurrected"; "Bourne: el ultimátum"; “Vuelo 93”; “La ciudad de las tormentas” entre otras, por lo tanto nos encontramos frente a un cineasta que filma como los dioses, gran parte de la película se encuentra realizada con cámara en mano, lo que le otorga mayor tensión, acción, dramatismo y emoción. Tiene un gran realismo, no resulta aburrida, requiere mucha atención del espectador, te hace vivir cada secuencia y maneja muy bien el suspenso.

    Es una historia intensa con una gran carga psicológica, cuenta con un gran montaje que viene de la mano de Christopher Rouse ("Bourne: El ultimátum Bourne"; "Vuelo 93"), brillante la fotografía de Barry Ackroyd (“Vuelo 93” y ganador del premio Oscar por “Vivir al límite”), el director trabaja con un equipo integrado por gente que ya se conoce hace bastante.

    Disfrutamos una gran actuación de Tom Hanks (57), el espectador percibe: el coraje, sus emociones, esa sensación de asfixia, miedos, la congoja y el ahogo, ya ha ganado dos Óscar consecutivos como Mejor Actor: " Philadelphia" (1993); "Forrest Gump" (1994) y por esta interpretación merece ser nominado; le deberían dar un Premio Revelación al joven actor somalí de 28 años Barkhad Abdi (es su debut cinematográfico) interpreta a Muse uno de los piratas y se luce.
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  • Leandro Arteaga
    Leandro Arteaga
    Rosario 12
    Un capitán para nada triunfalista

    Ver una película de Paul Greengrass se parece a ese placer (casi) perdido de disfrutar, ni más ni menos, de un buen relato. Greengrass es un gran narrador. Artífice fundamental de la tríada Bourne, responsable como lo fue de la segunda y tercera partes, absolutamente superiores a la primera así como definitorias de una delineación renovada dentro del cine de acción y espionaje.

    El eco se sintió en el nuevo Bond, mientras las películas posteriores del director -Vuelo 93, La ciudad de las tormentas- lo han envuelto de un aura que remite, por momentos, al estilo rudo, viril, nervioso, del mejor John Frankenheimer (El embajador del miedo, El tren). Capitán Phillips se suma como ejemplo notable.

    Desde una lectura apresurada, podría pensarse en una recreación patriota e insoportable de los hechos ocurridos en 2009, cuando el buque carguero del capitán Richard Phillips fuera abordado por piratas somalíes. Pero lo mismo pudo decirse -y nada de eso finalmente fue- de Vuelo 93 y su recreación del 11-S.

    Por eso, el espectáculo está servido. Es decir, si hay piratas, será porque Capitán Phillips es una película de piratas. Claro que somalíes, pobrísimos, indigentes. Armados hasta los dientes con lo que roban o encuentran. Y con una cadena de mandos tan fantasmalmente siniestra como a la que responde el mismo Phillips (Tom Hanks).

    Tales asociaciones, Greengrass las plantea desde diálogos sesgados, cuando los militares ordenan detener, como sea, el avance de la embarcación en la que escapan los somalíes. Allí dentro también está Phillips, su rehén. Y si bien el destino final se sabe, nada habrá de victorioso en su desenlace, menos aún cuando las fuerzas abocadas al cumplimiento de la misión estén graficadas -vía Greengrasss- desde un espesor estatuario, de mastodonte, como máquinas humanas sin sentimientos, que velan por la seguridad estadounidense. Que el pirata -escuálido, herido, muy pobre- quede en sus manos provoca, cuanto menos, escalofríos.

    Pero para llegar a tal instancia, primero el derrotero gradual, in crescendo, con una tensión que no duda en ser contrarrestada con reclamos sindicales, miedos personales, vidas en juego, egoísmos. En medio de todo ello, el gran Tom Hanks, aquí y por fin, en un papel que le sienta perfecto, con una presencia en pantalla que sabe cómo jugar miradas cómplices, sustos, la desesperación, las resoluciones.

    Aún cuando hay un lamento que pide por la familia, el Capitán Phillips de Greengrass no tendrá ninguna imagen final de reunión cálida, con banderas que flamean o cosa parecida (como sí lo hace Affleck en Argo), sino una intuición de desdicha, de escenario global desesperado, en donde unos piratas raídos y descalzos, saben de memoria cuál frase en inglés deben pronunciar: "No, Al Qaeda! No, Al Qaeda!".
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  • José Luis Cavazza
    Tensión sobre las olas

    Capitán Phillips" tiene grandes actuaciones (Tom Hanks y los jóvenes actores africanos), una correcta narración que incluye bastante suspenso aunque falte el factor sorpresa, porque desde el inicio del filme las escenas van anticipando lo que va a pasar. La única incógnita es si el siempre bien intencionado Capitán Phillips va a sobrevivir, tanto a sus secuestradores como a los comandos de la Armada estadounidense que llegaron para poner fin a la situación.

    Basada en un hecho real sucedido en 2009, el barco mercante estadounidense Maersk Alabama conducido por Phillips es interceptado por piratas somalíes en aguas africanas. Nadie mejor que el actor de "Náufrago" para interpretar a un tipo común aunque de principios morales sólidos y atrapado en una situación excepcional.

    Tomado el barco en alta mar por los jóvenes africanos, Phillips y su tripulación tratarán por todos los medios de persuadirlos, pero algo sale mal y el capitán cae rehén de los secuestradores, quienes más que delincuentes parecen ser un cuarteto de hambreados pescadores del continente postergado. El rescate del prisionero deberá producirse antes de que lleguen a tierras somalíes, y este es el punto que mantiene alerta a los espectadores, ya que los comandos profesionales de los Estados Unidos ( tres barcos militares y un helicóptero) tienen órdenes precisamente de que la embarcación no toque suelo africano. Por eso, la vida de Phillips pende de un hilo. Ritmo trepidante, aunque un tanto extenso, el filme tiene otra particularidad: el espectador puede identificarse tanto con Phillips como con sus secuestradores.
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  • Rosa Gronda
    Rosa Gronda
    El Litoral
    Los piratas se incorporan al presente

    La real odisea del capitán del carguero Maersk Alabama, quien decidió entregarse como rehén a piratas somalíes, tan inexpertos como peligrosos, a cambio de salvar a su tripulación, toma forma cinematográfica en un momento de creciente piratería en el Cuerno de África. El film recrea el episodio que en 2009 encendió el alerta mundial de que luego de 200 años, el peligro de los saqueos de piratas había retornado. Al basarse en hechos reales, la película dirigida por Paul Greengrass (responsable de la trilogía Bourne), toma el formato de un docudrama con un contenido hiperrealista y alta tensión dramática.

    Con excepción de las primeras escenas, la mayor parte de la película está filmada en el mar, lo que representó un desafío técnico para los actores y la producción, por lo reducido del espacio, la difícil estabilidad y los mareos producto del constante movimiento del mar.

    Los primeros cuarenta minutos construyen un clima de temor ante la irrupción de un peligro inminente pero no previsto. Para enfrentarlo, el barco no cuenta más que con mangueras de relativa potencia para desalentar el abordaje de eventuales asaltantes. Tampoco existen armas ni entrenamiento especial más allá de las rutinas marineras y la práctica comercial. Ese contraste entre un puñado de piratas descalzos pero con arsenal de guerra frente a una tripulación que no sale de su asombro, crea una extraña sensación ante la desigualdad de situaciones, que tampoco es constante sino variable. Cada pequeño paso de los piratas somalíes para subir al barco, incrementa la tensión dentro y fuera de la pantalla, en una narración que en su clímax apela a la cámara en mano y violentos planos contrapicados.

    Ni héroes ni villanos

    La perspectiva de Greengrass consiste en no centrarse exclusivamente en los procedimientos del rescate, sino en priorizar el retrato de los personajes y las situaciones de manera creíble por sobre el uso de efectos especiales y el impacto visual.

    Al comienzo de la historia, se muestra la brecha que pone la situación en marcha: la casa del capitán Phillips (Tom Hanks), sin lujos pero confortable, en un barrio suburbano que contrasta rotundamente con la costa africana, donde sobreviven los improvisados piratas en precarios campamentos. Éstos son pescadores desocupados, reclutados por caudillos mercenarios que los arman y mandan al abordaje de barcos para conseguir botines de los que se quedan con la mayor parte.

    El filme evita la estigmatización de los malos y los finales idealizados; si bien no justifica a los piratas, permite entender la tragedia que los lleva a obrar así, descorriendo la cortina de un conflicto más amplio, entre quienes son parte del mundo globalizado y los excluidos del mismo.

    Duelo de titanes

    El cine de Greengrass no necesita de ingredientes artificiales para funcionar, su fortaleza reside en las actuaciones potentes y la pericia en los planos que confiere contundente potencia a las imágenes. No hay muchas palabras: la secuencia inicial donde se presenta al capitán en su hogar, preparando su próxima misión, es prácticamente silenciosa. Recién en el auto, camino a embarcarse en su próxima misión, habla con su mujer acerca de la rutina riesgosa del oficio y de un mundo que se muestra cada vez más difícil y peligroso, manifestando su preocupación sobre el futuro que les va a tocar a sus hijos.

    Si bien todo el elenco es impecable, el peso del relato recae en Hanks y en sus contrincantes: los cuatro actores debutantes que interpretan a los piratas ofrecen caracterizaciones temibles, profundamente humanas y totalmente verosímiles.

    Tom Hanks siempre se ha destacado por dotar a sus personajes de una gran humanidad y de representar mejor que nadie al americano medio, por lo que resulta un acierto su elección en el casting, pero lo sorprendente es el aporte de los actores desconocidos que representan a esos piratas violentos y desesperados, famélicos y furiosos. Particularmente, es soberbio el trabajo de Barkhad Abdi (Muse, el líder) teniendo en cuenta que es su primer papel en el cine. Se agiganta en sus enfrentamientos con Hanks, un verdadero duelo de titanes que sostiene también con su mirada violenta y desconfiada, su gestualidad y sus desplazamientos.

    En un momento de guiones mediocres provenientes de la siempre poderosa factoría americana, “Capitán Phillips” sobresale por ser una inquietante historia de su tiempo, alertando acerca de una de las variantes de piratas que habitan el presente y dando pie a la reflexión de por qué éstos han renacido y se encuentran al acecho.
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  • Alexis Puig
    Alexis Puig
    24 x Segundo
    CAPITAN PHILLIPS nos presenta la historia real de Richard Phillips, el capitán de un buque de carga que fue asaltado en 2009 por varios piratas somalíes. El hombre se ofreció como rehén a cambio de que dejaran libre a su tripulación, de ahí que pasara varios días con sus captores en un pequeño bote antes de que fuera liberado por fuerzas militares estadounidenses. Estamos claro, ante una de las mejores películas del año, con una contundente, conmovedora interpretación de TOM HANKS en el rol principal. Una performance que genera empatía desde su primera aparición. Paul Greengrass, uno de los mejores realizadores de los últimos años, vuelve a recurrir a la cámara en mano, a la tensión en el montaje y a la fotografía granulada, para regalarnos planos cargados de tensión y crear una inquietante y lograda sensación de realidad documental.
    Sin dejar de lado el suspenso, la acción y el drama, los personajes, incluidos los piratas somalíes, se nos presentan humanos y retratados en profundidad, por un director tan interesado en el entretenimiento como en la cuestión socio-política. Es un filme imprescindible. Una película fundamental de visión obligatoria.
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  • Daniel Garabal
    Daniel Garabal
    Clave Noticias
    Un film con mucha acción y una tensa atrapante

    Muchos temas son llevados de la realidad a la pantalla y se le quiere dar un clima y un ritmo que a veces el guión o la mano del director no acompañan. Paul Greengrass no es la primera vez que realiza un film de estas características. Mas allá de dos filmes de la Saga Bourne (los dos mejores), ya había realizado “United 93” y “Domingo Sangriento”. Ahora toma entre sus manos la historia de un Barco Mercante copado por piratas somalíes y lo hace desde varias visiones. En el 2009 el barco mercante Maersk Alabama es tomado por una banda de piratas somalíes. A partir de allí comenzarán una serie de acontecimientos que pondrá frente a frente al Capitán Phillips del barco mercante con Muse, el líder de los somalíes.

    Las visiones de ambos bandos, las emociones, los motivos, la hombría de bien pero también el que esta convencido de lo que hace pese a que sabe que, quizás no es lo correcto. La relación entre ambos no va en detrimento de un filme con una tensión y un ritmo muy bien manejados por el director que logra que el espectador quede atrapado de principio a fin con un film que, pese a conocerse, quiere saber cual será el desenlace. Las maravillosas actuaciones de Tom Hanks como el Cap. Rich Phillips y de Barkhad Abdi como Muse, más una excelente producción, fantástica fotografía y soberbia mano de Paul Greeengrass en la dirección, hacen de “Capitán Phillips” un film que no se debe dejar de ver.
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  • Nicolás Viademonte
    Nicolás Viademonte
    Función Agotada
    Capitán de mar y guerra.

    Paul Greengrass y Tom Hanks se juntan en Capitán Phillips (Captain Phillips) para contarnos la historia real de Richard Phillips, un capitán de marina mercante cuyo barco fue tomado por piratas somalíes en el 2009.

    Si había un director adecuado para contar este tipo de historia ese era Paul Greengrass. Es que el director que en el pasado encumbró la saga Bourne (que recordemos fue abierta originalmente por Doug Liman) es un maestro a la hora de generar tensiones y otorgar un marco real por medio del lenguaje narrativo a una trama que podría tornarse demasiado patriótica y pretenciosa.

    El crack de Greengrass cuenta en Capitán Phillips una especie de relato intimista, con escenas filmadas mejor que en una super producción, de un tipo común y corriente que se ve envuelto en una terrible situación límite. El director sabe que para que esta historia funcione uno debe identificarse con el intérprete. Debe vivir su dolor y su angustia. La vida de ese ser de luz (?) tiene que correr un peligro palpable para apropiarse de nuestra completa atención (más allá de conocer o no su final, el relato debe convencer en plenitud) y con ese sentimiento al palo enfocar la cámara en que el destino de su protagonista sea el verdadero motor de la narración. También hay que desarrollar enemigos temibles y que en su sed de conquistar su objetivo sean capaces de todo. Y el gran Paul Greengrass se encarga de hacer todo eso en la primera hora y media de la película, pero encima a ese excelente desarrollo hay que sumarle una última hora asfixiante donde el mar y la costa de Somalia son la separación entre la vida y la muerte para Phillips.

    Si Greengrass era el director ideal para este tipo de relatos, Tom Hanks era ÉL actor a convocar para llevar adelante el rol de Richard Phillips.
    Hanks da perfecto ese tipo bonachón, de familia, con valores morales y también capaz de convertirse en un capitán de mar y guerra ante la violenta invasión de unos piratas a su barco. Tom fue Forrest Gump, Chuck Noland en Naúfrago, Mr. White en Eso que tú Haces!, Josh en Quisiera ser Grande y de paso le puso la voz al inolvidable Woody de Toy Story. Bueno, también fue Robert Langdon en las adaptaciones de los libros de Dan Brown, pero mejor enfoquémonos en lo extensa y cualitativa que es su filmografía con los trabajos que mencioné más arriba. Es esa excelsa unión entre Greengrass y Hanks lo que hacen de Capitán Phillips una propuesta para vivir, sentir y disfrutar en el cine.
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  • Pablo Manzotti
    Pablo Manzotti
    No Somos Nadie - Metro 95.1
    Escuchá el comentario. (ver link).
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  • Migue Fernández
    Migue Fernández
    Cinescondite
    Captain Phillips es una película necesaria en la carrera de muchos de los involucrados en ella. Es que con una premisa sencilla y sin demasiadas pretensiones permite barajar y dar de nuevo, especialmente para su director y su protagonista. Porque si bien es indudable que Barkhad Abdi, quien trabajaba como chofer al momento de ser elegido para interpretar a uno de los piratas somalíes, se ha encontrado frente a una gran oportunidad, la realidad es que tanto Tom Hanks como Paul Greengrass logran sacudir ese resentimiento en los músculos que les dejó haber hecho cosas similares durante tanto tiempo.

    El realizador se ha vuelto un sinónimo del "shaky cam" (cámara temblorosa), técnica que convirtió en fetiche y que ha llegado incluso a perjudicar su propio trabajo. Desde ya que la cámara no para de sacudirse en Captain Phillips, no obstante esto se siente correcto y se muestra como una variante interesante de explorar, su marca personal funciona a la perfección arriba de un barco, donde el movimiento es una constante inevitable. Hanks, por su parte, en los últimos años ha optado por una filmografía acomodaticia y libre de riesgos, una zona de confort que bien podría ser digna del directo a video (Extremely Loud & Incredibly Close, Larry Crowne) de no ser por el peso que su nombre aún tiene. El actor optó por dejar de abrirse hacia terrenos inexplorados y en casi una década no ha tenido roles destacados (su Viktor Navorski de La Terminal es el último), acercándose al Robert Langdon de los libros de Dan Brown que tampoco lo han ayudado. Y si Cloud Atlas fue un comienzo en la búsqueda de nuevos desafíos laborales, su interpretación del capitán Richard Phillips es una confirmación de que se dirige en ese sentido.

    El hombre no es un héroe, aunque las circunstancias lo hayan convertido en uno. Es quien lidera un buque de carga en su tránsito por las peligrosas aguas internacionales cercanas a Somalía y, como buen capitán de barco, es quien debe tomar responsabilidad frente a cualquier infortunio. Hace de tripas corazón y gana fuerzas al enfrentar una amenaza para la que no está preparado o para la cual los simulacros no ayudan. Y Hanks ofrece una actuación descarnada, sincera y emotiva como hace años no entrega, con un llanto desesperado, un quiebre del espíritu tan honesto y real que toca todas las fibras de nuestro ser. Esto lo hace en el marco de una historia muy bien llevada por Greengrass, con un ritmo notable que impide que esta se caiga aún con sus 134 minutos de duración. Estos, que parecen extensos a sabiendas de qué es lo que ocurrirá con el barco desde la sinopsis, no se sienten pesados, gracias a una conducción dinámica del realizador y a un guión como el de Billy Ray que elige no caer en solemnidades o golpes bajos.

    El patriotismo bien pudo haber hecho destrozos en este film y sin embargo no es así, dado que en ningún momento se percibe una parcialidad semejante. De hecho director y escritor se ocupan de mostrarnos las motivaciones del personaje que interpreta de forma excelente Barkhad Abdi –uno de esos no actores que la rompen en su primera prueba delante de cámaras-, enseñándonos que él también es preso de las circunstancias y haciéndonos mover como un péndulo ante dos individuos que, si bien están enfrentados, en cierto sentido son víctimas. Greengrass tomó distancia de Matt Damon y volvió a retratar un acontecimiento real de secuestro de un medio de transporte masivo como hiciera en United 93. Lo hace como él sabe hacerlo, con una narrativa tensa y apasionante, sostenida a lo largo de más dos horas y con el quiebre en el punto justo, cuando espectador y personaje ya no pueden tolerar una agonía que devuelve a su intérprete al centro de la escena.
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  • Cintia Alviti
    Cintia Alviti
    El Bazar del Espectáculo
    Capitan Phillips es un film vibrante, apasionante y muy bien realizado para disfrutar de punta a punta. La producción es impecable y la recreación de lo sucedido a través de una brillante dirección y edición hacen que te metas de lleno en la historia. Tom Hanks, que se luce en su personaje cargado de miedos y emoción a flor de piel, es acompañado por un...
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  • Karen Riveiro
    Karen Riveiro
    Cinemarama
    A Capitán Phillips se la juzga con el mismo criterio pero desde lugares opuestos: a la crítica a su excesivo realismo se le opone la de no ser fidedigna respecto de los hechos y, sobre todo, en relación a la construcción de personajes. Esto último es lo que sostienen los marineros que protagonizaron los sucesos verídicos sobre los que está basado el film, y que ven al heroísmo con que se retrata la figura del Capitán Phillips como una gran exageración. Lo cierto es que a la película de Paul Greengrass le preocupa mucho menos el realismo que lo humano dentro de los límites de su mundo; límites demarcados no tanto por la moral y la cultura como por el mar y sus (no) reglas. El gran cuidado de la continuidad de espacio y de tiempo no es, entonces, un fetiche realista sino la manera de llegar a ese núcleo de humanidad que, por cierto, poco tiene que ver con lo heroico.

    El Capitán Richard Phillips (un Tom Hanks inmejorable) y su tripulación viajan a bordo del Maesrk Alabama, un barco carguero estadounidense que al bordear la costa somalí es secuestrado por piratas. Greengrass aprovecha la idea del secuestro para narrar no tanto la tensión como el tedio y la angustia, y encara el género con una especie de frescura que se sostiene sobre la laxitud corporal y moral a la que son sometidos sus protagonistas en el mar. Así es que la lenta saturación de los personajes coincide a su vez con la de los tiempos y espacios en pantalla (las escenas en el bote salvavidas que comparten el capitán y los piratas llegan a volverse tan sofocantes y tediosas como para ellos es estar allí). La ausencia de todo lo que pueda interrumpir la tensión que se gesta en sus personajes y el contexto y especialmente el control sobre la elipsis y de la omnipotencia del montaje son, entonces, la gran prioridad. Capitán Phillips escapa así de suscribir a un cine que arriba demasiado pronto a las soluciones, que une sus hilos argumentales sin pensar en sus personajes y, hablando de Hollywood, que también suele utilizar maniobras de montaje para disertar sobre lo efectivo de sus fuerzas. Por el contrario, incluso el proceso de rescate se vuelve aquí un proceso desesperantemente lento y burocrático.

    Hacia el final, la película se topa con los límites: el Capitán Phillips pasa de la maniobra inteligente al shock, los piratas de la confianza a la violencia, y las fuerzas de rescate de la diplomacia a los disparos. Tras ese punto, Greengrass acierta en no perder a sus personajes entre las vueltas de la resolución sino que intenta retratarlos en lo inmediato. Así, y luego de un clímax sangriento, el director se detiene en el shock del capitán y las preguntas de rutina de la enfermera y de ese modo hace urgente la idea de contención, acaso el alma del final de un relato que esquiva por todos los medios la elipsis. Por eso es que no hay ceremonia, medalla de honor ni recibimiento del pueblo, lo cual podría haber sido ya que el verdadero Capitán Phillips recibió honores e incluso la llave de la ciudad de Nueva York (una vez más, la tesis del exacerbado heroísmo se cae). La verdadera resolución del film de Greengrass tiene en cambio la fuerza de no ser más que eso que sigue a todo fin de un secuestro y que es el sutil reencuentro con la confianza, el contacto y la falta de miedo, y acaso ese pequeño logro aún en medio del mar signifique ya el fin de una historia sobre lo humano.
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  • Luis María Fittipaldi
    Tensión en Alta Mar

    Bienvenidos a la gran aventura fílmica, basada en un hecho real del año 2009, donde un capitán de un buque carguero tuvo la desdicha de enfrentarse a genuinos piratas somalíes en lo que se denomina marítimamente como el "Cuerno de Africa".
    Genuina odisea que mantendrá al espectador al filo de su butaca aguardando las instancias de tensión que se llevan a cabo arriba del barco, y cuya línea más destacada está apoyada en una conjunción de brillantes actuaciones tanto el rol protagónico del regresado Tom Hanks -que nada debe envidiar a sus relevantes capolavoros en los ya clásicos "Forrest Gump" o "Náufrago"-, como quienes componen a sus exacerbados intrusos, especialmente el debutante Barkhad Abdi como Muse, líder nervioso del grupo hostil. Pero todo buen cimiente posee un responsable de armado del gran y a la vez complejo producto final, y es Paul Greengrass, realizador británico que se lleva las palmas.
    En 2006 lo destacamos en aquel filme inolvidable "Vuelo 93", sobre el avión que fué atacado en pleno vuelo y desviado para caer sobre la Casa Blanca en Washington en los atentados de Torres Gemelas, por ello este director sabe con nervio timonear una significativa historia real sin caer para nada en los desbordes típicos del otro cine hollywoodense, tan repetitivo como intrascendente. Aqui funciona al revés, funciona estupendamente, y así se deja ver una peli de acabado y eficiente realismo, absolutamente imperdible.
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  • Mauro Jacobo
    Mauro Jacobo
    Cinélico
    Las dos caras de un mundo

    Historia dramática con tintes de denuncia social centrada en un ataque de piratas africanos a un barco de carga con contenedores estadounidense. Típica película a la que no solemos darle mucha bolilla por estos pagos, ¿pero saben qué?, no deberían perdérsela por nada en el mundo, sobretodo por lo excelentemente bien que está planteada, con un uso magistral del drama y el suspenso, y por los últimos 10 minutos que son sublimes, en particular la actuación de Tom Hanks que realmente deja con la boca abierta y el corazón roto. Otro para destacar es el actor somalí Barkhad Abdi, que debuta en la gran pantalla con una fuerza y carisma increíble.
    Este nuevo trabajo del director Paul Greengrass ("The Bourne Ultimatum", "The Bourne Supremacy", "United 93") está basado en un hecho muy real, el secuestro en 2009 del navío de carga de contenedores MV Maersk Alabama por un grupo de piratas somalíes, que con perseverancia y desesperación lograron algo impensado para un monstruo de la seguridad militar como es Estados Unidos. La trama hace hincapié en dos pilares fundamentales, por un lado la historia de supervivencia del capitán Phillips, interpretado magistralmente por Tom Hanks, que deberá usar todo su ingenio y experiencia para tratar de sacar sana y salva a su tripulación y lograr que el robo se reduzca al mínimo posible, mientras que por otro lado Greengrass se mete con los escandalosos problemas sociales que se viven en los países pobres de África y las diferencias económicas abismales entre una superpotencia dotada de cómodos recursos monetarios y poderío militar en comparación con una nación sometida a mafias étnicas y pobreza brutal. Durante todo el film pareciera preguntarle al espectador ¿qué hacés para cambiar esta realidad?, si sabés que estas cuestiones pasan todos los días, ¿quién realmente se preocupa por las condiciones en las que viven otros seres humanos como nosotros obligados a subsistir bajo regímenes dictatoriales que los usan y descartan como papel higiénico? El mensaje es sombrío y duro, pero muy real. Finalmente remata su trabajo con 10 minutos finales tan impactantes como emocionantes.
    La película maneja muy bien la mezcla dramática y de suspenso, brindando momentos de tanta tensión que si uno mira hacia sus costados en la sala de cine, puede percibir el nerviosismo de sus vecinos dibujado en su cara de sufrimiento.
    Un verdadero entretenimiento cinematográfico que NO te dejará contento ni rebosante luego de haberlo vivido, pero seguramente te hará preguntarte cuestiones que poca veces reflexionamos por la comodidad en la vivimos habitualmente. Aplausos para don Greengrass y para el capo de Hanks que se merece una nominación a los próximos Oscars, sólo por los 5 minutos finales del film que le alcanzan y sobran para entrar en la terna.
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  • María Inés Di Cicco
    María Inés Di Cicco
    La Nueva Provincia
    Un Greengrass que conmueve

    Capitán Phillips es una película biográfica, basada en el libro A Captain's Duty, escrito por el marino mercante que en 2009 fue tomado como rehén por piratas somalíes, mientras dirigía un buque de carga por el océano Indico, en proximidades del denominado Cuerno del Africa.
    Con dirección de Paul Greengrass, la cinta llega a pantallas locales tras semanas de controversias acerca de la verosimilitud del relato, una cuestión que pusieron sobre el tapete los tripulantes del "MV Maersk Alabama", una inmensa nave cargada de containers y uno de los tantos blancos de la delincuencia en aguas internacionales.
    No obstante las discusiones desatadas acerca de las versiones "oficial" --la del libro y hasta del gobierno de los Estados Unidos que condecoró al naviero- y extraoficial, en lo que al relato atañe, se trata de un cuento elaborado con el estilo del británico que llevara a pantalla títulos como Domingo sangriento, United 93 o La supremacía de Bourne, entre otros.
    Greengrass logra esa clase de thriller en la que el héroe es un hombre común llevado por una mezcla de decisión personal y contexto a circunstancias extraordinarias.
    En este caso, un marino a quien ausentarse de su hogar le está pesando más de la cuenta en cada oportunidad, parte de un puerto en Omán para transportar su carga comercial y de ayuda humanitaria hasta Mombasa el Golfo de Adén.
    A sabiendas de que la actividad criminal acecha en la zona a zurcar, da órdenes de seguridad a sus oficiales y a una tripulación que no deja de protestar cuando un ejercicio se vuelve repentinamente real, ante el sospechoso acercamiento de dos lanchas con hombres armados.
    Liderados por Abduwali Muse (Barkhad Abdi), son somalíes hambreados, que solían desempeñarse como pescadores, y hoy subsisten en la actualidad con las migas semanales que reciben de un jefe mafioso que los somete por fuerza de comandos, y para quien asaltan buques cargueros que son liberados tras el cobro de los seguros de las compañías navieras.
    Seres humanos situados en bandos opuestos, llevados por distintas circunstancias a un terreno igualmente peligroso para ambos, donde ninguno quiere que el otro salga lastimado, pero donde cada quien deberá defender su "negocio", en un enfrentamiento de tensión creciente.
    La narración requirió, para obtener los resultados que se ven en pantalla, de un trabajo de cámaras --las secuencias cámara en mano ofrecen una adrenalina única-- y un duelo actoral que coloca a un Hanks de una madurez increíble y un debutante en cine como es un Abdi que lo desafía en altura con una honestidad admirable.
    El talento del realizador reside, además, en responder a las exigencias de Hollywood de subrayar el acto heroico, pero sin renunciar a la exposición abierta de las virtudes y limitaciones de su condición humana y social.
    Es una película que vale la pena ver con energía suficiente para sostener el desafío de acompañar a estos protagonistas en una travesía nerviosa hasta el mismo instante del desenlace.
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  • Diego Faraone
    Diego Faraone
    Denme celuloide
    Capitán Phillips (Captain Phillips, Paul Greengrass, 2013)
    Una carga excesiva
    No hay caso, en Hollywood hay una creencia de que el “prestigio” cinematográfico viene de la mano de la gravedad, la seriedad y la apariencia documental. De concebir ficciones con cámaras al hombro, montajes fragmentados, escenas confusas y dinámicas, con voces superpuestas y en un registro caótico por el cual la mitad de las cosas quedan fuera del cuadro o son captadas parcialmente. Varias películas de género son revestidas con esta apariencia de objetividad impersonal y de verdad indiscutible, y ciertamente se vuelven un tanto molestas cuando se centran en hechos “históricos”, como la caza de Osama Bin Laden desplegada por Katryn Bigelow en La noche más oscura. Incluso la nueva trilogía de Batman apela rotundamente a esa gravedad impostada, que a muchos nos resulta más soporífera que otra cosa. Entre los cineastas más apegados a esta estética, se destacan sobre todo Christopher Nolan, Michael Mann y, por supuesto, el británico Paul Greengrass (Vuelo 93, Domingo sangriento, Bourne ultimátum).
    En este registro de personajes rígidos y de gravísimo semblante, inmersos en situaciones hiperdialogadas, de frialdad casi burocrática y pretensiones de realismo, puede inscribirse esta película. La historia está basada en las memorias del Capitán Phillips, en las que relata sus desventuras a bordo del inmenso navío estadounidense Maersk Alabama. El buque transportaba un descomunal cargamento de contenedores con agua y alimentos para África, pero en el camino fue interceptado por una banda de piratas que lo abordaron y tomaron el control. Las cosas no salieron muy bien y culminaron en un secuestro. Entramos en el terreno de lo que a Hollywood le gusta más: el despliegue de uniformados perfectamente adiestrados, equipados, comunicados y sincronizados, con sus equipos abocados a un operativo de rescate. Más publicidad para la Armada de los Estados Unidos.
    Sin embargo, Greengrass sabe lo que hace. Hay un despliegue visual ciertamente poderoso, repleto de detalles, de las características y el funcionamiento del buque, de los procedimientos tomados, incluso se acompaña a los mismos piratas y a su trabajo esclavo sobre las costas de Somalía (saquean los barcos por encargo, recibiendo tajadas mínimas). Las actuaciones son notables: se destaca especialmente el somalí Barkhar Abdi, -por primera vez frente a cámaras- como el líder pirata, y Tom Hanks convence en una interpretación absolutamente sorprendente. También hay apuntes subyacentes que llaman a la reflexión, como la cercanía a la nulidad del valor de las vidas humanas en determinadas condiciones –para el protagonista, sin ir más lejos, llevar la carga a su destino parecería más importante que salvar la vida de su tripulación–. Pero 134 minutos quizá sean excesivos considerando que hay información redundante, un final que se hace esperar demasiado –aunque cuando llega, lo haga con una fuerza inusitada– y esa frialdad burocrática que impide la identificación con los implicados. El año pasado salió una película danesa bastante mejor llamada A hijacking, también centrada en un ataque pirata somalí a un buque de carga, con la salvedad de que la tensión era constante y la identificación con los protagonistas inevitable. La comparación vale la pena.

    Publicado en Brecha el 15/11/2013
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  • Facundo J. Ramos
    "El doble sentido de las cosas"

    El cine es el más elaborado de los mensajes que pueden presentar los medios masivos de comunicación, no solo hoy, sino a lo largo de toda su historia. Siempre lo fue. Y como mensaje de medio masivo es unidireccional, de emisor a receptor, y tiene por ende un objetivo.

    Dicho mensaje a veces suele ser muy explicito, otras ocasiones no tanto y rara vez está ausente dentro de una película. Todo film quiere decirnos algo. Al menos lo intenta, porque claro está, el emisor es el que le pone punto final a ese proceso de comunicación otorgándole sentido al mismo.

    El espectador dota de significado ese mensaje. Le da un sentido, muchas veces ayudado por el trabajo de los responsables de esas producciones, aunque a veces no nos demos cuenta.

    Paul Grengrass, a quien todos conocemos por su exitosa incursión en la saga Bourne, es uno de los directores modernos que mejor sabe hacer llegar al público sus distintos mensajes a través de sus películas.

    El realizador británico es un gran narrador de historias, no solo desde el punto de vista técnico ya que utiliza todos los recursos del cine, tales como la edición, la música, la fotografía y la iluminación de forma perfecta, sino también en materia de llegar al público.

    Dejemos de lado a Bourne: ¿Con qué nos encontramos dentro de su filmografía? Con un director que narró la travesía de un soldado ingles abandonado en Malvinas que debe volver a su tierra (Resurrected, 1989), que contó también los violentos e históricos hechos ocurridos en Irlanda durante una protesta de civiles (Bloody Sunday, 2002) y que además es responsable de la mejor película que se hizo sobre el mayor atentado que sufrió Estados Unidos en Septiembre del 2001 (United 93, 2006).

    A Greengrass le fascina contar historias ficticias sobre hechos reales y lo hace tan bien que podríamos denominarlo el Truman Capote del cine.

    Su principal arma es el non-fiction, es decir, narrar hechos reales de alto impacto en forma de ficción (porque resulta casi imposible saber con exactitud y objetividad lo que sucedió) aun contando con la desventaja de que el espectador sabe de antemano cual es el desenlace de lo que se le cuenta.

    Así y todo, Greengrass sale airoso siempre de estas incursiones y no solo recibe el apoyo del público a lo largo del mundo sino que también un espaldarazo tremendo de algunas personas dentro de la industria de Hollywood que le permiten seguir haciendo lo que le gusta.

    Y ahí viene la clave: No estamos frente a un realizador que cuenta historias por razones desconocidas, sino que nos encontramos cara a cara con uno de los directores más críticos y opositor de diferentes contextos, situaciones y conflictos internacionales.

    “Capitán Phillips” es la historia de Richard Phillips, capitán de la embarcación Maersk Alabama, que en el 2009 fue atacada por piratas somalíes en lo que representó uno de los primeros y más trascendentes ataques de estos grupos organizados a barcos de bandera norteamericana.

    Lejos de caer en el patriotismo que puede implicar contar una historia como esta, Greengrass se sacó de la manga un tremendo film de suspenso que no da suspiro y ofrece además una de las mejores actuaciones de Tom Hanks de los últimos tiempos.

    Ritmo frenético, acompañado por una soberbia banda sonora ejecutada por Henry Jackman (Kick-Ass, X-Men: First Class), una edición impecable de la mano del ganador del Oscar Christopher Rousse (con quien Greengrass trabaja habitualmente) y actuaciones secundarias que realmente sorprenden (todo el grupo de piratas somalíes está a la altura de las circunstancias y mucho más).

    Pero hay más detrás de todo eso, porque “Capitán Phillips” se sostiene también por el guión escrito por Billy Ray (State of Play, The Hunger Games) que deja todas las piezas acomodadas para que Greengrass se luzca y ofrezca, además de una dirección notable, un film con un doble sentido intrínseco que se agradece por estos días.

    Durante la primera parte de su película, Greengrass se encarga de presentar a los dos bandos protagonistas. Por un lado toda la tripulación del Maersk Alabama, mientras que por el otro todo el grupo de piratas que llevará adelante el ataque. Sin caer en subjetividades, en la evidencia de quien es bueno y quien es malo, lo que nos ofrece el director son las razones necesarias para entender porque nuestros grupos de personajes hacen lo que hacen.

    En la segunda parte, cuando ambos grupos finalmente se ven la cara y sacan a la luz sus distintas realidades nos empezamos a encontrar con el doble sentido que plantea Greengrass y que puede resumirse básicamente en una serie de líneas como “Todos tenemos un jefe” y en la pregunta que realiza el personaje de Hanks a uno de sus secuestradores: “¿Es este tu negocio?”.

    Es decir, aquí en esta historia, ninguno de los bandos puede torcer ese destino, el de dejar de depender de otros para poder hacer su vida y eso es algo que los define por completo.

    Narrar la historia de un laburante que ve amenazado su trabajo por otra persona que justifica sus actos porque su país no le da oportunidades no es a priori un panorama que incline la balanza hacia un solo costado. Al espectador le cuesta en cierto punto aclarar los grises y no sabe que postura tomar frente a lo que sucede en la pantalla.

    Sin embargo el director de “Capitan Phillips” al ingresar un tercer elemento clave termina cambiando por completo el relato y deja bien en claro su postura al respecto.

    Lamentablemente, ese tercer elemento clave es el ejército norteamericano.

    Digo lamentable, porque seguramente todos aquellos que no razonen dentro de una sala de cine saldrán a decir que estamos frente a una película pro-bélica y en realidad estamos frente a todo lo contrario.

    Greengrass con tan solo un par de escenas te describe de pies a cabezas un panorama triste y realista del mundo real: Todos somos prescindibles, todos somos marionetas de una estructura que nos mueve según su conveniencia y todos sabemos que la violencia es la solución favorita que brindan a nuestros problemas aquellas personas que están a cargo de mantenernos a salvo.

    El plano que muestra a los francotiradores abandonando su posición, sin música de fondo, sin muecas ni gritos de alegría, sino tan solo caminando como quien sale de su trabajo en una simple oficina es un retrato perfecto de la situación que atraviesa actualmente los Estados Unidos en materia bélica.

    La naturalidad con la que se asume la violencia como profesión e instrumento de poder para controlar todos sus problemas es apabullante y Greengrass remarca eso no para valorarlo, sino al contrario, para criticarlo abiertamente.

    ¿Por qué digo esto? Porque después viene la escena clave, donde la actuación de Tom Hanks se hace meritoria de ser reconocida por todos los miembros de distintos jurados que otorgan premios, y donde además Greengrass cierra de forma contundente su mensaje.

    La violencia en este caso sirvió para la resolución de un conflicto en particular, pero si se llegara a utilizar como una solución posible frente a un problema real como la pobreza y la falta de oportunidades, el resultado es desalentador, amargo y tan triste que emociona de forma genuina, sin golpes bajos.

    “Capitán Phillips” es una gran película, no quedan dudas. Y todo el éxito y reconocimiento que obtenga se deberá, sobre todo, a que detrás de esta producción hay un gran narrador de historias, a quien le basta con cambiar un mínimo detalle para ofrecer un mensaje solido e interesante.

    Recomiendo ampliamente su visionado, y una vez que finalicen el mismo, busquen en internet imágenes y secuencias sobre como terminó verdaderamente esta odisea para el Capitán Phillips.

    Solo así entenderán las palabras con las que abrí esta opinión: El cine es el más elaborado de los mensajes y todo tiene un objetivo y un sentido, nos demos cuenta o no.
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  • Leonardo M. D’Espósito
    La historia es real y seguramente el lector la recuerde: un barco de carga de tripulación estadounidense es abordado por piratas somalíes que mantienen a su capitán, Richard Phillips, como rehén hasta que una operación de rescate trágica acaba con el asunto. Transformar esto en una película es complejo y tiene dos riesgos: uno, transformar el asunto en una lección declamatoria respecto de las desigualdades del mundo; dos, centrarse exclusivamente en la actuación de la estrella del film (Tom Hanks, que está excelente pero eso ya casi no es novedad) y sentirse conmovidos exclusivamente por ella.

    Por suerte, detrás de todo está Paul Greengrass, uno de los pocos realizadores capaces de combinar la política y el apunte social con el gran espectáculo. Para darse una idea, ver “La ciudad de las tormentas”, gran film sobre la mentira de las armas de destrucción masiva en Irak que no se estrenó casi en ningún lado, o “Vuelo 93”, la sanguínea historia del avión que no llegó al blanco el 11-S. Aquí, Greengrass despliega su talento para el lenguaje casi documental en las secuencias –no demasiadas– de acción y el realismo en la relación entre Phillips y el jefe de los piratas. De lo que se trata el film es de la desesperación: la del hambre que lleva al delito, la de la urgencia por salvar la vida, la de la necesidad de comprender al otro para no morir en una situación compleja y laberíntica. Una metáfora sobre el naufragio de un modelo de sociedad.
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  • Emiliano Oviedo
    Emiliano Oviedo
    Hacerse la crítica
    “- Pero es un hecho que desde Tiki no se pudo viajar a la Polinesia porque su pueblo no tenía barcos.
    –Pero tenían balsas. Tenían balsas ligeras".

    En 1947, Thor Heyerdahl no puede publicar la tesis de su libro, porque se la considera ridícula, tan ridícula que uno de los editores -su última oportunidad de ser publicado- le suelta una ironía al pasar: "Ok, ¿querés que tu teoría sea aceptada? Hacela bien. Navegá desde Perú hasta la Polinesia en una balsa ligera”. Los ojos de Thor se iluminan en la epifanía, acaba de tener la ridícula idea de confirmar con una tesis de campo su teoría: como los Tiki lo hicieron antes (esa es su arriesgada hipótesis), él también cruzará el océano en una endeble balsa de madera, sin otra guía que las estrellas, para confirmar con el experimento que la Polinesia fue poblada desde el este por esa cultura preincaica.

    Joachim Rønning y Espen Sandberg se impusieron la difícil tarea de representar lo que vivieron personajes comunes, humanos que no bajaron del Olimpo ni de la imaginería heroica de la leyenda, en circunstancias épicas. Porque la reconstrucción de un suceso real considerado épico plantea una problemática a distintos niveles de la configuración del relato audiovisual.

    Desde Perú se hace a la mar una escueta tripulación de cinco hombres que apenas pueden dormir apilados uno junto al otro, como los troncos sobre los que flotan y que en la fricción pueden desgastar y cortar las sogas de la balsa. Es una embarcación donde no hay lugar para el amotinamiento, pero sí para la crisis de fe y la desesperanza que cuestiona el propósito de haberse adherido a esa expedición extrema. Ante cada atisbo de duda, Thor mira el estandarte en la vela donde ondea el Dios Tiki. En ese atado de troncos, durante 100 días, esos hombres no pudieron ver su propia sombra. “La moral está alta”, repite Thor –sin saber si es escuchado- por la radio, única tecnología moderna que permitió acoplar a su tesis de campo. Un día más sin que la balsa se haga añicos es un voto más de fe en el probable desembarco de los Tiki en la Polinesia, y en el suyo propio.

    Y aunque Thor no naufraga y alcanza la gloria, sucumbe como personaje. Ese es el tema con los biopic o las reality film (basadas en una historia real), que el personaje haya sido protagónico en la realidad no lo hará más interesante que otros en la ficción. El personaje del entomólogo o el del ingeniero devenido vendedor de heladeras son más auténticos que Thor. Aunque sea éste quien lo tiene todo para quedarse prendido de la retina del espectador, fracasa empantanado en el género. Thor deja atrás una mujer que ama y que le es compañera, deja hijos, deja un nombre en juego, tiene una misión suicida tan osada como la tesis antropológica que quiere probar, pero así y todo queda plano. Lo tiene todo para ser un personaje inolvidable, pero no lo consigue porque se acercó demasiado a una complexión rígida y convencional, sometido por el tono épico y el modelo de género, y lo que no es menor, por la destreza actoral. Pienso en su sonrisa de cara a la arena, a contraluz del sol imponente, que firma el logro de su hazaña, y se me hace excesivo ese subrayado, ese primer plano glorioso y exultante. Antes de ese primer plano Thor contempla, después de cien días, su propia sombra, cae de rodillas y se aferra con las uñas a la arena, después de haber sido expulsado del mar hacia la costa. Ver su sombra y aferrarse a la arena es un índice de consumación de la empresa y de alivio mortal que se eleva a la condición simbólica. Ese explorador está viendo la sombra de su empresa sobra la tierra que lo hará memorable. Era un plano no sólo más bello en elaboración, sino en toda su expresión, porque se revela también contradictorio. Todo, todo eso, para poder volver a ver su propia sombra, su proyección sobre la tierra, su huella visual, ¿su logro? ¿Es que antes no era capaz de ver su sombra o simplemente no valía la pena mirarla? Y esa es una contradicción que la película no trabaja porque se sume en el relato de la empresa épica con el tono de la aventura, limando las aristas de los personajes, que se hacen romas y se quedan sin ángulos dramáticos. Tampoco alcanza con añadir un llamado y una carta de la esposa al final.

    No hace mucho, el cine nos trajo otra historia épica de un hombre en alta mar. Se trataba del Capitán Phillips, cuyo barco primero y luego él fueron secuestrados por piratas somalíes. ¿Qué es lo épico en ese caso? Sobrevivir, que ya no es poco. Pero en la circunstancia y en el modo y la capacidad de su supervivencia reside el componente que eleva su condición de rehén a hazaña épica. Salvó su barco bajo esa consigna legendaria (y poco razonable) en la logia del hombre de mar: el capitán se hunde con su barco. Pero además de la responsabilidad ordinal del Capitán, Phillips asumió una responsabilidad humana y paternal (cargada en los hombros de Tom Hanks, al igual que en Rescatando al soldado Ryan) para con sus hombres a cargo, pero también con la coyuntura. En todo momento intentó evitar la irrupción de la violencia en una situación que se define en sí misma por la aplicación de violencia en el sometimiento del otro.

    El estilo de Greengras (del cual se ha dicho hasta en la venta de la película lo eficaz de su tratamiento realista, sello de la casa) evita el tono épico cuando tiene que evitarlo. Y si comparamos los dos finales, es superior el final de la película yanqui, aún ideológicamente, con marines y todo, porque la película va de Philips y no del ensalzamiento de la Marina, que debe ser de temer, seguramente, pero esa exhibición de la operatoria infalible del cuerpo de marines, no deja de exponerlos como lo que son, personas que le dedican la vida y el cuerpo a la precisión fría del combate, y si algo los humaniza (muy poco) es el agradecimiento que sentimos por Philips, y si algo los vuelve a deshumanizar es que no sabemos qué harán con Muse, el líder pirata somalí que tiene en su humanidad desgarbada, en su cuerpo famélico lleno de resentimiento, todo lo que falta en medios de entrenamiento frío y calculado. La mera presencia desvalida y torpe de Muse en el buque de guerra rodeado por soldados de musculatura y corporeidad desmesurada, bacteriza por sí misma ese estilo de vida: abocarse deliberada y premeditadamente (sus cuerpos son la evidencia de su febril vocación militar) a la guerra. No abogo el secuestro tercermundista de un barco primermundista, solamente apunto que en la puesta en escena, en el plano, hay contriciones y fricciones ideológicas que se mantienen irresueltas.

    En el caso de Kon-Tiki, la puesta en escena corre menos peligro de traspiés ideológico y a menor riesgo, menor probabilidad de una puesta jugada. Es una película que no cuestiona nada y que pone al nivel de la aventura (el género cinematográfico) una peripecia cargada de rispideces. Después de verla tuve la sensación de que me la podrían haber contado y hubiera escuchado menos violines. Pienso que la escena que delata toda la puesta en escena de la película es aquella en la cual la cámara se va literalmente a las nubes. Con la intención de dimensionar en su justa medida (que parece ser el universo mismo), el director elige alcanzar el plano más macro que puede, entonces la cámara se aleja en una toma cenital al cielo y no basta, debe alejarse todavía más. ¿Hasta dónde? Hasta el espacio, y todo modificado, en un sentido adverbial, por la música incidental que busca erizar la piel. Eso es épica manipulada. En esa decisión se lee la incapacidad técnica o la torpeza ideológica. O sea, no basta con cinco tipos (uno solo de ellos es verdaderamente marinero, el capitán no sabe nadar) en una balsa cruzando el océano; hay que irse por el carajo (en el sentido náutico) hasta la madre Dios para exponer cinematográficamente que la empresa que están haciendo esos hombres es gigantesca. El paradigma de comparación en literatura sería un poeta sin recursos que compara lo más pequeño del mundo con lo más grande del mundo. Más allá de que ese plano está habilitado por el productor y no por la diégesis, como espectador quiero ver qué pasa con esos cinco tipos y no sólo cómo hicieron lo que hicieron, sino como fue la cosa entre ellos, y quiero ver los demonios de Thor. Thor no se lanzó al mar por jodón, porque no sabía nadar porque de chico casi se ahoga. Thor tenía convicciones y contradicciones que friccionaban como los troncos de esa balsa que puede naufragar de un momento a otro con el mundo que le tocó vivir, con su vocación en ese mundo, con la necesidad de justificación a que lo compelía ese mundo, y con el oxímoron esquizoide de un explorador familiar.

    En el final, Kon-Tiki busca lo que en los manuales de guión se define como un final irónico, esto es, el personaje gana y pierde a la vez. Pero ese personaje poco perdió. Porque la figura de la esposa entra forzada por una licencia similar al plano estelar. La cámara salta al otro lado del mundo y nos muestra a la esposa que mira el mismo sol que Thor; digo 'el mismo' porque ese salto de montaje pretende hacernos creer (otra vez poéticamente) que los dos personajes, separados por medio planeta, están mirando en ese mismo instante el sol, ella en la nieve, él en la playa. Una de las prerrogativas del cine es no limitarse espacialmente, ya lo demostró y parodió Vertov en 1929 con El hombre de la cámara. Esa facultad omnívora del cine les juega una mala pasada a Joachim Rønning y a Espen Sandberg porque hacen exactamente lo que sus personajes no pueden hacer, lo que menos pueden hacer. Con su cámara domina el espacio a nivel planetario, mientras que sus personajes están a merced de un atado de troncos, sin ningún tipo de control sobre su entorno inmediato. Más aún, en el final Thor se impone definitivamente al firmamento, la puesta de sol se esconde detrás del personaje. Se sobredimensiona en un plano épico.

    El análisis de Kon-Tiki contrapuesto a Capitan Philips no pretende más que recordar una verdad ya demostrada con el mismo énfasis por Godard y por Serge Daney: todo plano es ideológico. No es necesaria su adscripción política evidente. Con marine o sin marine, encuentro más reprobable la puesta en escena de Kon-Tiki porque no subscribe al relato que intenta articular; es más, lo contradice fuertemente. Por otra parte, creo que el gran acierto de Greengrass en Capitan Phillips, algo que no sé si pasó un poco desapercibido, está el final de la película. Allí Greengrass trabaja el mecanismo estético del cine desde una elección narrativa, decide hasta dónde contar. La película no tiene -lo que en guión se denomina como- resolución, ese metraje que se añade luego del clímax, el momento más álgido de la trama, cuando el nudo del conflicto ya se desató. La resolución es una herramienta de guión que se utiliza para cerrar subtramas, para puntualizar el tema de la película, pero también tiene un uso paratáctico, un uso que excede, digamos, a la película en sí misma y que apunta a la emoción del espectador. En ocasiones la resolución se utiliza para apaciguar la turbulenta conmoción al término de una película intensa, a modo de descanso, para bajar decibeles y salir de la sala. No obstante, Capitan Phillips, siendo intensa, termina y termina a secas, el personaje de Tom Hanks es rescatado, confirman que está sano y salvo, que la sangre desparramada por todo su cuerpo no es suya, se lo asiste emocionalmente y ya. La cámara (pudiendo hacerlo como en Kon-Tiki) no salta desde la costa somalí hasta tierra firme, a Estados Unidos, hasta Catherine Keener, la mujer de Phillips, ni hasta sus hijos, tema de preocupación del personaje en el comienzo de la película. No. En Capitan Phillips ocurre todo lo contrario. Mientras el espectador sigue en shock y espera por el llamado de Catherine Keener o por las noticias en tv que le relatan al mundo el suceso, el director elige no distanciarnos de ese momento de conmoción emocional que sufre el personaje. Y entonces aviene un momento inverso y contrario a una resolución clásica: una paramédica chequea los signos vitales del capitán (y lo hace con la misma frialdad profesional con la que actuó la Marina, no hay un dejo de emoción, es pura técnica conductista) y comienza a tratarlo para que salga del estado de shock. Si la paramédica contesta “de nada” a las diez veces que Phillips agradece, es para seguir con su trabajo y hacerle sentir a través de ese mínimo contacto que acaba de ingresar a una zona segura (geopolítica y psíquica). Entonces, mientras ese ejercicio paramédico frío y preciso como un escalpelo, como un marine en el gatillo, trae desde la conmoción emocional a Phillips, el espectador no puede salir de ese estado. La película termina en shock con el personaje siendo tratado para que recupere un equilibrio que extravió en su peripecia, a la vez que esa regresión a la estabilidad emocional se le niega al espectador. Y ese es un acierto, porque el director no se corre de la posición que tomó durante todo el relato para contar la historia del secuestro de ese capitán. En el final, el estado de vulnerabilidad de ese personaje no puede ser mayor. Pero eso no desmerece ni atenúa el arrojo y la valentía de lo que hizo. Simplemente exhibe su humanidad. Demuestra que es un humano que se expuso a una dimensión que sobrepasa la media de las facultades y posibilidades humanas. Cuando le cortan con tijeras esa remera totalmente manchada de sangre y lo van desnudando, Philips tiembla en toda su humanidad, tiembla en cada terminal nerviosa, porque la parte emocional de su cerebro no puede asimilar la experiencia que acaba de vivir y por eso, en un mecanismo de protección, anula la comprensión. Esa tarea -la de elaborar la respuesta emocional una vez que el personaje finalizó la hazaña- es responsabilidad del espectador.

    En la butaca hay tiempo, tiempo emocional, tiempo mental para amortiguar el golpe, para aguantar el trauma. No puedo evitar pensar en dos finales de Hitchcock. En Vértigo veo a Scottie parado en el borde del campanario y veo que evidentemente superó y venció su acrofobia, pero que ahora mira con mirada alucinada el abismo. Y en el clímax de Psicosis ¡qué patadón (año 60), qué descarga eléctrica sobre las buenas intenciones de los espectadores moralmente desprevenidos, así y todo compensado luego con una resolución explicativa (escena que divide las aguas de la crítica: si el maestro debió o no haber quitado la disertación clínica sobre la condición ex-céntrica de Norman Bates)! Pienso en esos golpes eléctricos, esos rayos fulminantes que si no se aproximan al estado de shock, por lo menos sí a un desconcierto y extravío de coordenadas tan espontáneo que nos deja boyando en la salida del cine. El shock se define como un aflujo de excitaciones excesivo que resulta intolerable para el psiquismo. Un acontecimiento en la vida del sujeto, una experiencia vívida que produce en muy poco tiempo un aumento tan grande de excitación a la vida psíquica que fracasa toda posibilidad de elaboración. En el caso de Kon-Tiki el final no es menor, el cerebro de Hayerdahl debería estar dando chispazos cuando acaba de naufragar en la playa (el personaje no sabe nadar, secuela de un traumatismo ocurrido en su infancia, lo que no es para nada menor), acaba de lograr lo que parecía irrealizable y ya se sonríe para la foto. Va a leer la carta de su esposa buscando la intimidad del mar (puede ser, el mar es propicio a la soledad), pero el plano otra vez es el delator. La cámara lo toma otra vez en primer plano con una mirada entre melancólica y desafiante, incluso al sol. Y para dar punto final a su relato, parado de espaldas si bien con los brazos bajos, a los costados, rendidos después de leer la carta la que se lo abandona, su pose sigue siendo dominante aún frente a la inmensidad del océano. Lo que hizo Thor es épico pero los sentimientos que expresa están lejos de serlo. En todo la película sus emociones son retratables, modulables, ensayadas, programadas, la antinomia del gesto, del arrebato, del frenesí, del furor épico. De ese ardor psíquico que, por arrojarlo a la empresa heroica y sostenerlo en ella, es imposible de procesar.

    Bajtin encuentra la condición novelesca en la distinción con la épica. Según su tesis, las acciones épicas están separadas (y segregadas) del tiempo emocional presente por una línea divisoria ancestral, un tiempo perfecto, circular, sellado. Por lo tanto, las elevadas acciones de los héroes épicos enfervorizan pero no se comparten. En la novela, el protagonismo emocional del lector es mucho mayor porque es capaz de involucrarse en una intromisión empática, y la experiencia de cercanía con el personaje es mucho más intensa. La épica en el cine puede ser tendenciosa, cuando no manipuladora, eficaz y artera. La pantalla de cine es de por sí convocante, nos posee. Hay herramientas técnicas y estéticas de distanciamiento, pero también hay mecanismos que pretenden hacer pasar lo que sucede en la pantalla como una proyección sin mediaciones de la realidad, como una mera reproducción visual de lo que sucede en el entorno vital. Y no es así. Llevó décadas de aprendizaje perfeccionar ese artilugio narrativo. Y como espectadores, tanto ante la hazaña mayor como frente a la minúscula, disponemos de un lugar vicario, somos delegados en la aventura. Y a pesar de todo, activos. Aún en el cine tenemos que elegir a qué héroes (y a qué villanos) secundar.
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  • Shaoran Nox
    Shaoran Nox
    La Cinerata
    En el camino a la temporada de premios, el director Paul Greengrass (Bourne el ultimatum), llega fuerte a la competencia con una historia basada en hechos reales (ya saben como amamos esto de una película) en la que un capitán de un navío mercante actual, debe viajar por las costas de África para entregar su enorme mercancia y enfrentar el secuestro de piratas Somalíes, quienes sólo buscan un poco de dinero extra.

    Protagonizada por Tom Hanks, es quien lleva todo el peso dramático del filme. Rich Phillips es el personaje principal, y el que debe llevar todo el peso de la película. Y lo hace muy bien. Comienza lenta, y aunque falta hurgar mucho más en la vida personal del capitán para entender un poco más su psicología, de inmediato entramos a la misión y al problema que enfrentan: evadir los asaltos de pescadores del lugar que han asaltado barcos por los botines, tal cuál y lo hacía los piratas de antaño, aquellos de la época de Barbarroja y Barbanegra (si es que en verdad existieron). Aunque aquí, obviamente, equipados con tecnología y todos los aditamentos que un buen marino necesitaría.

    Tenemos una buena dosis de adrenalina, y pocos personajes en pantallas. No hay subtramas innecesarias y en general, es un buen thriller de drama con un poco de acción aderezada en los momentos adecuados. Hablando de historias reales, es lógico que magnifiquen/añadan algunas secuencias para hacer el arco dramático aún más poderoso pero es justificable. Con un final predecible y hasta cierto punto muy sencillo
    que deja con ganas de más, podemos estar casi seguros que Tom Hanks merece una nominación al oscar, aunque no podemos decir lo mismo de Greengrass, que, aunque hace un buen trabajo, su categoría es aún más peleada que la de actor principal. Recomendable para ver en familia.
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  • Ximena Brennan
    El 17 de octubre llegó a las salas argentinas Capitán Phillips (2013), dirigida por Paul Greengrass y protagonizada por el talentoso Tom Hanks a quien recuerdo mucho en sus mejores papeles en el cine: en Philadelphia (1993), Forrest Gump (1994), Milagros inesperados (1999), Náufrago (2000) y La Terminal (2004), entre otros. Este año se espera el estreno de El sueño de Walt Disney, donde interpreta ni más ni menos al genio de los dibujos animados.

    Esta película está llena de tensión. Tom Hanks interpreta a Richard Phillips, el encargado de comandar un buque de carga que se dirige hacia las costas de África, más precisamente a Somalía, una zona muy peligrosa por estar plagada de piratas.

    La suerte no estará de su lado porque luego de varias horas tratando de evadir a unos asaltantes acuáticos, éstos finalmente alcanzan el barco tomándolo a él como rehén. Por supuesto que el resto de la tripulación está escondida y estos ladrones desconocen dónde. Obviamente Hanks será el héroe que arriesgue su vida por salvar al resto, saliéndose un poco de sus papeles tradicionales de tipo común.

    Más allá de todo, el film soslaya una idea presente en la mayoría de las cintas de Hollywood desde hace varios años: las fuerzas del orden- la policía, el ejército, la armada e incluso el gobierno- siempre llegan tarde a todos lados o toman malas decisiones; los protagonistas de la historia son los que tienen que arreglárselas como pueden frente a una situación problemática.

    Ya está por demás comprobado este aspecto. Sólo basta con ver algunas películas norteamericanas actuales para deleitarse con las hazañas de los protagonistas totalmente desprotegidos. Pero no seamos ilusos; hay que entender además que si estas fuerzas del orden estuvieran presentes siempre y oportunamente, no existiría de ninguna manera dicha película.

    Lo más atractivo para el cine más conocido como "de acción" es justamente este elemento; tomar el conflicto, llevarlo a su máxima expresión y que la policía siempre quede como imbécil, inservible o corrupta. Aquí también se da esta ecuación y Dios sabrá por qué el cine estadounidense decide darnos constantemente este mensaje. Esto, señores, es otro motivo de discusión.

    Nos hemos topado también con el extremo opuesto: aquellas famosas películas norteamericanas cuyas tramas enfatizan la idea de que Estados Unidos siempre tiene el control sobre todo. Un ejemplo de ello es Día de la Independencia (1996) de Roland Emmerich, donde vemos que el ejército actúa rápidamente con toda su artillería, hecho que haría las veces de Tercera Guerra Mundial. Una parodia muy buena de este film es Marte Ataca, también de 1996, dirigida por Tim Burton.

    Otra punta bien clara y visible en Capitán Phillips la encontramos en una escena gloriosa: cuando uno de los piratas somalíes decide llamar "Yanqui" al capitán. Luego de un rato, el mismo sujeto le dice que no le gusta ese apodo, que mejor lo va a llamar "Irlandés", para luego terminar por ratificar su concepto sobre los Estados Unidos con un "I love America" ("Amo a América").

    Basada en un hecho real, la película de Greengrass tiene un relato sólido, coherente y una buena cuota de tensión, hecho que la hace sumamente atractiva en sus 134 minutos de duración.



    4/5
    SI


    Ficha técnica:

    Dirección: Paul Greengrass
    Guión: Billy Ray
    Duración: 134 minutos
    Género: Drama
    País de origen: Estados Unidos
    Año: 2013
    Estreno(Argentina): 17 de octubre de 2013
    Distribuidora: Sony Pictures
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  • Cristian Olcina
    "...Una película muy inteligente, y es sorpresiva [...] quizás cuando uno ve el tráiler dice: "bueno, como que está toda la película ahí". -No; la verdad que la película es mucho más que lo que está en el tráiler y vale la pena verla..." Escuchá la critica radial completa en el reproductor (ver link).
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  • Alan Echeverría
    Alan Echeverría
    Cinéfilo Club
    Tensión en el océano

    Basada en hechos reales y con una atinada dirección de Paul Greengrass, Capitán Phillips sorprende con un relato vibrante que crece en nerviosismo a medida que los minutos avanzan. El director despliega su gran pulso narrativo a la hora de trasladar los acontecimientos a la pantalla certeramente, cooperando con la suba de tensión al valerse de una amplia gama de recursos técnicos.
    El film nos remite a la historia de Richard Phillips (Tom Hanks), el capitán que comanda el buque carguero Maerks Alabama. En su expedición oceánica, el navío es interceptado por un grupo de piratas somalíes dispuestos a llevarse un buen motín de dinero. Se trata del primer asalto (exitoso) a un barco con bandera estadounidense desde comienzos del siglo XIX.
    Capitán Phillips porta la audacia aventurera de películas como Kon-Tiki, por remitirnos a un ejemplo reciente de odisea en las aguas, pero traspasa ese simple encasillamiento por encuadrarse mayoritariamente dentro del thriller. Y allí entran en juego elementos como el suspenso, la rigidez, la negociación, la toma de rehenes, entre otros.
    Tom Hanks es el principal sostén de la proyección. Nuestro protagonista expresa con total naturalidad y verosimilitud extrema sus sensaciones. Se preocupa, se incomoda, se angustia y se emociona. Con fruncir el ceño o con una mirada basta para comprenderlo. Y para creerle. Una fantástica actuación que le otorga un plus a lo que Paul Greengrass ya nos cuenta más que aceptablemente. Y los secundarios lo escoltan, colaborando gratamente para cerrar un producto redondo.
    El creador de The Green Zone sabe aportarle un grado de tirantez a la cinta que se mantiene, en líneas generales, uniforme durante todo el metraje. Quienes ocupan el rol de villanos llevan la característica de la peligrosidad casi impredecible de sus acciones. Sujetos nerviosos, poco fríos para manejarse, amenazando constantemente y en una postura firme-ciega en cuanto a la persecución de sus objetivos. Todo encaja perfecto en la creación de una atmósfera tensa que ocasiona y conserva la expectación del público.

    LO MEJOR: Tom Hanks. Cómo se narra la historia. Entretenida, con aires de buen thriller. Nerviosismo.
    LO PEOR: su duración, algo extensa.
    PUNTAJE: 8
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  • Juan P. Pugliese
    Como la vida misma

    Paul Greengrass dirige Capitán Phillips y vuelve a entregar una película realista que cuenta con grandes momentos de tensión sin descuidar la construcción de personajes basados en individuos ordinarios que se vieron inmersos en una situación extraordinaria.

    El inglés ya puede considerarse un experto en este tipo de películas: en Domingo Sangriento retrató la matanza de ciudadanos irlandeses durante una manifestación por parte del ejército y en Vuelo 93, las horas desesperadas que vivieron los pasajeros de uno de los aviones secuestrados el 11 de septiembre.

    La película está basada en el libro A Captain’s Duty: Somali Pirates, Navy SEALs and Dangerous Days at Sea escrito por Richard Phillips, un marino mercante que en 2009 sufrió el ataque de piratas somalíes en el buque Maersk Alabama.

    Desde los primeros minutos nos meteremos en la vida de Richard, la relación con su esposa y su creciente preocupación por el futuro de sus hijos. Mientras tanto, en las costas de África, un grupo de mercenarios prepara el ataque al barco con la esperanza de hacerse con un botín millonario. En estas dos escenas, Greengrass presenta a los personajes y muestra las diversas realidades que se verán enfrentadas de manera inminente.

    Tom Hanks es también un experto a la hora de representar a tipos comunes y corrientes y su Capitán Phillips no será la excepción. Si la decisión de darle este papel a Hanks es un gran acierto de Greengrass, también lo es la elección de Barkhad Abdi como el líder de los piratas. La labor de este actor es fenomenal, teniendo en cuenta que es su primera aparición en el cine y logra hacerle frente a un veterano como Hanks. Es interesantísimo el desarrollo del duelo que se irá dando entre estos dos personajes comunes que tendrán que tomar decisiones que podrían afectar no sólo su vida, sino la de las personas que lideran.

    Y en este punto es donde se hace presente la mano de Greengrass, uno de los pocos directores que, sin descuidar la creciente tensión de la trama, presenta a personajes corrientes que de manera inusitada se ven sumergidos en una situación de vida o muerte.
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  • Alberto Harari
    Alberto Harari
    MI CINE - por halbert
    "ELECTRIZANTE RELATO EN MAR ABIERTO" (por halbert)

    La película cuenta la historia real de Richard Phillips, el capitán del carguero norteamericano Maersk Alabama, que recorre una ruta comercial por el Cuerno de África, que fue asaltado en 2009 por varios piratas somalíes.

    Sin rodeos, el guión tiene una brevísima introducción (en la que aparece Catherine Keener como esposa de Phillips, casi como un cameo) y la travesía del barco arranca en pocos minutos.
    Con los maleantes ya en el barco, el capitán se ofrece como rehén a cambio de que liberen a su tripulación, y a partir de allí corre peligro su vida en todo momento, por el desequilibrio de sus captores.

    Electrizante historia, filmada con el nerviosismo de una cámara que capta sabiamente las acciones. Tom Hanks le da el toque de distinción, llegando a conmover a espectadores sensibles, logrando una emotiva composición, especialmente en los últimos minutos del filme, durante un clímax que hiela la sangre y, especialmente, en su desenlace. No es oscarizable ni el guión ni el filme, así como tampoco el actor que hace de principal antagonista, Barkhard Abdi, pero Hanks hace lo suyo, al igual que el resto de los actores que hacen de piratas.
    El director Paul Greengrass ("Vuelo 93" y dos filmes de la saga Bourne, entre otras) nos mantiene pegados a la pantalla con este intenso y entretenido filme.
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  • Fernando Herrera
    Fernando Herrera
    Mirar y ver
    Cómo decirle que no a la piratería

    Pocos directores actuales tienen la capacidad de tensar el relato, de imprimirle verosimilitud y vértigo a cada escena, como Paul Greengrass. Sus condiciones siguen intactas, lo que ha cambiado en su cine es el punto de vista. Su mejor película, Domingo Sangriento (2002), se valía de un montaje paralelo para contar como se organiza una protesta (en Irlanda y en los años 70) y a la vez como se organiza la represión de esa protesta. En este caso, sobreviven las buenas intenciones al principio, montaje paralelo mediante, al retratar la vida en un buque mercante y fugazmente mostrar las desesperantes condiciones de vida del reducido grupo de somalíes que intentará abordar el barco. Ese momento alcanza para no demonizarlos pero queda a la deriva cuando se produce el abordaje y la película se concentra en el heroísmo de su protagonista. Heroísmo de hombre común forzado por las circunstancias, interpretado a la perfección por Tom Hanks.

    Lo que se cuenta es una recreación de un caso real (una especie de moda en Hollywood últimamente) ocurrido en el 2009. Basta con ver algunas imágenes de noticieros de lo que pasó para constatar el grado de fidelidad en la reconstrucción. Pero lo que prima, más allá de los esbozos que intentan contextualizar lo ocurrido, es el espectáculo. La vocación de Greengrass es doblemente recreativa.
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  • Juan Pablo Bondi
    Juan Pablo Bondi
    Fuera de campo
    El director inglés Paul Greengrass vuelve a sus raíces de peliculas basadas en hechos reales (anteriormente hizo Bloody Sunday) con su nueva producción Capitán Phillips, junto a Tom Hanks y el novato Barkhad Abdi.
    Luego de que La Ciudad de las Tormentas ("Green Zone", con Matt Damon) fracasase, el director eligió cuidadosamente su siguiente proyecto, y para eso decidió adaptar el libro del propio Phillips sobre su odisea con piratas somalíes en el 2009.
    Una muy buena elección de del director fue centrar el relato en un periodo breve de tiempo, maximizando así el impacto de la historia, así como lo fue también presentar todos los puntos de vista involucrados en la misma, haciendo una presentación balanceada de dicho evento: el de los somalíes, el de Phillips y su tripulación, y por último, el de la Marina norteamericana.
    Utilizando recursos narrativos tipicos de autoría Greengrass como las cámaras en mano, música pulsante y tensa, imágenes granulosas o poco pulidas y una historia simple y directa, Capitán Phillips logra un intenso realismo que cautiva al público y le da a la pelicula una incertidumbre atrapante (a pesar de que la historia tiene un final ya conocido). Inclusive cuando el film pasa por sus momentos menos impactantes, es el buen trabajo de Hanks, Abdi y el resto del elenco que le dan energía al trabajo
    Capitán Phillips es un largometraje simple y directo, cuya pericia técnica e interesante historia hace que sea uno de los mejores films en lo que va del año.
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  • Nazareno Brega
    Publicada en la edición digital #256 de la revista.
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  • Fabricio Esperanza
    Los fanáticos de la saga del agente secreto Jason Bourne saben que gran parte del éxito de la misma se generó gracias a la buena interpretación de Matt Damon, pero también tienen claro que la cosa no hubiera sido lo mismo sin la mano y el talento del director Paul Greengrass. Experto para filmar escenas de acción y películas de ritmo trepidante, el realizador ofrece una estética que tiene la capacidad de llevar al espectador hasta el lugar donde están ocurriendo los hechos, con sus movimientos bruscos pero al mismo tiempo cuidados, sus persecuciones cámara al hombro y una edición ciclotímica.

    Greengrass volvió al ruedo, en esta oportunidad con los servicios de un actor más entrado en años dadas las características de su personaje, pero siempre eficiente como Tom Hanks. Capitán Phillips narra la odisea que debe atravesar Richard Phillips, el responsable del buque comercial Maersk Alabama, que es abordado por un grupo de piratas somalíes. Basada en un hecho real, que posteriormente llevó a formato libro el protagonista de esta historia, en la cinta se ve cómo el capitán es tomado rehén y posteriormente liberado en una compleja acción de las fuerzas estadounidenses. El realismo que ostentan algunas secuencias es admirable, y le dan al director un nuevo empujón en su currículum.

    La mar no estaba serena. Uno de los principales atractivos que tiene esta película es que gran parte de las escenas fueron rodadas sobre al agua (60 días los pasaron flotando), trabajo que significó todo un desafío para el equipo técnico, pero que dio sus frutos. El suspenso se apodera del espectador y en varios tramos se logran momentos de gran factura, que sostienen la performance de Hanks para llevarlo camino a una pelea por otra estatuilla, si hay que hacerle caso al periodismo estadounidense. Al actor le caen muy bien esta clase de papeles, donde tiene que ponerse en la piel de un tipo de lo más común, pero que se ve envuelto en situaciones extraordinarias.

    A lo largo de las más de dos horas de cinta, Greengrass se encarga no sólo de mostrar un acontecimiento puntual como es la toma del barco y el rescate, también se preocupa de contrastar los contextos desde donde provienen estos hombres. Los piratas, producto de un mundo ganado por la miseria y la violencia, y el americano promedio sin demasiadas complicaciones.

    Otro de los aspectos que llama la atención en este filme es el trabajo de los actores que interpretan a los piratas: nadie apostaría que se trata de novatos en estas lides. Barkhad Abdi se luce como uno de los invasores, y da la impresión de que estuvo toda la vida delante de las cámaras. Nada mal para un debutante, ex chofer de limusinas, encontrado en un casting realizado en Minneapolis (donde se concentra la mayor cantidad de inmigrantes somalíes en Estados Unidos).

    Capitán Phillips es un thriller altamente recomendable para los que buscan adrenalina y realismo.
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