Annie

Crítica de Diego Batlle - Otros Cines

Huérfana de cine

Casi 23 años después del film original y a casi tres décadas de su estreno como musical en Broadway (éxito que luego se diseminó por el resto del mundo), se estrena esta apenas discreta remake dirigida por Will Gluck (Se dice de mí, Amigos con beneficios). Sin llegar a ser el horror que tantos críticos estadounidenses destrozaron, hay que consignar que la película no alcanza a convencer del todo en ninguno de los terrenos (ni en la comedia, ni el drama familiar más emotivo ni, mucho menos, en el musical).

Gluck desaprovecha un elenco pletórico de figuras (ninguna con demasiados atributos para la danza), construye pálidas coreografías a-la-Stomp (a cargo de Zach Woodlee) que bien podrían verse en una muestra de fin de año de una escuela de arte y apela muchas veces a la fórmula más rancia para, de alguna manera, terminar traicionando un clásico que marcó, sobre tablas o en la pantalla, a varias generaciones.

Dicho eso, tampoco es para caerle brutalmente encima a Annie como tantos colegas lo han hecho. La película se sigue por momentos con cierto agrado, con una que otra sonrisa y, si bien nunca levanta vuelo, al menos queda como un subproducto menor, fallido, pero medianamente entretenido.

La historia original ambientada en la Depresión de los años ’30 es trasladada ahora a la Nueva York actual con la huérfana Annie (una muy simpática Quvenzhané Wallis, la revelación de La niña del sur salvaje) viviendo junto a otras niñas en un orfanato de Harlem manejado por la alcohólica, abusiva y despiadada Miss Hannigan (Cameron Diaz, lejos de sus mejores épocas, en el papel de una cantante frustrada). Casualmente, la pequeña es salvada en la calle de un accidente automovilístico por el multimillonario empresario de teléfonos celulares y candidato a alcalde Will Stacks (Jamie Foxx), cuya desvaída campaña empieza a repuntar cuando se conoce la noticia y la sonrisa de Annie empieza a acompañarlo en distintos actos. Ella terminará viviendo en su mansión y la vida de ambos ya no será la misma.

Esta Annie reciclada, modernizada (y pasteurizada) no se decide por –o no encuentra– un tono preciso: no es estrictamente un musical (me hizo revalorizar bastante la reciente En el bosque), ni una comedia de enredos, ni una historia sobre las diferencias de clase que apueste a la redención aleccionadora y lacrimógena. Es un poco de todo eso, pero sin demasiadas luces, brillo ni ingenio. Una película menor, inocua en el mejor de los casos, que genera más nostalgia (por los recuerdos de las incursiones previas del personaje) que genuino placer cinéfilo.