AninA

Crítica de Pablo E. Arahuete - CineFreaks

Las desventajas de ser especial

La buena recepción de esta coproducción animada entre Uruguay y Colombia, basada en el libro infantil de Sergio López Suárez, Anina, en festivales como Bafici y otros se puede explicar básicamente por dos elementos: solvencia narrativa y frescura en el planteo de una fábula orientada al público menudo.

Sin grandilocuencia ni espectacularidad, la textura plana de la animación otorga al film un aire artesanal que dista mucho de las limitaciones lógicas a nivel técnico como puede especularse en un principio para dejar establecido que lo importante no es el dibujo animado per se, sino la historia y su trasfondo, que transforma el universo de los adultos en un mundo gigante para la mirada de una niña de 10 años.

La impronta de la singularidad en la protagonista Anina Yatay Salas es su mayor conflicto con el entorno escolar, pues sus compañeros de clase se burlan de los tres capicúas que anteceden su nombre completo, elegido por su padre, quien no puede ocultar todavía su obsesión por los palíndromos (cifras o palabras que se leen igual tanto de derecha a izquierda con una correspondencia en las letras).

En ese sentido, la niña capicúa intenta resistir ante los embates burlones de los niños, así como expresa cierta rebeldía en sus apresurados actos de defensa. Pero todo se complica a partir de la rivalidad con una compañera de clase, Yisel, también objeto de las burlas de terceros y de la propia AninA por su apariencia física.

La pelea deriva en una visita a dirección y en un curioso castigo por parte de la directora, con una clara moraleja detrás.

La sencillez de esta propuesta cinematográfica dirigida por Alfredo Soderguit por un lado busca rescatar el mundo imaginario de los niños como respuesta ante las situaciones que atraviesan durante su proceso de crecimiento, y por otro el contexto y costumbrismo de una ciudad en la que no queda definido el tiempo cronológico en el que transcurre el relato.

Ese mundo imaginario que respeta el punto de vista de la protagonista (muy buen recurso la voz off) sumerge al espectador en una aventura entretenida y con subtramas más complejas relacionadas siempre con el entorno adulto y con la manera de entender la educación de los propios niños. Hay dos modelos educativos representados en la escuela, el viejo y disciplinario que se resume en la frase “la letra con sangre entra” y otro que busca la reflexión a partir de la experiencia, y que no ve el castigo como parte constitutiva de la propia enseñanza.

La fábula funciona de la A a la Z, la película adopta con criterio detalles y construcción de situaciones a la medida del punto de vista ingenuo y genuino de una niña, con sus miedos a cuestas y su curiosidad por lo prohibido en una constante tensión que hace del suspenso su principal recurso narrativo, con algún que otro apunte humorístico que busca exacerbar los estereotipos pero siempre desde la inocencia y no bajo una postura superior o cínica.