Adopción

Crítica de Marcelo Pavazza - Crítica Digital

Retrato de (otra) familia

Adopción parte de un caso real: el de Juan, adoptado por Ricardo, un profesional soltero y gay, a los ocho años. Los dos temas, adopción y homosexualidad, entran en combustión cuando se tiene en cuenta que Juan, nacido en 1976, permanecía en un orfanato al que había llegado con una historia confusa. Por un lado, se decía que su madre militaba en una organización armada y había sido asesinada en Tucumán, por otro, que había sido abandonado. Ricardo, por su parte, debía enfrentar la burocracia que no le puso las cosas fáciles al conocer su homosexualidad y su vida en pareja.

Ante la imposibilidad de contar con testimonios de los protagonistas reales, el realizador, David Lipszyc, optó por el falso documental. Esto es, actores que personifican a Ricardo y a Juan en cámara. La película mezcla esas entrevistas con filmaciones que dan cuenta del origen de Juan, sus recuerdos difusos, la indefinida relación con su madre y su padre, además de animaciones y otros elementos que hacen a la narración.

Ricardo fogonea en Juan la inquietud por conocer su verdadera identidad, mientras trata de amarrar su homosexualidad al derecho a armar una familia. Esa tensión está en el centro del film, que a partir de su segunda mitad se acerca a lo ficcional, revelando qué sucedió con los padres de Juan y cómo Ricardo pudo articular su realidad con la misión de una vida familiar sin ocultarle nada al niño.La elección formal de Lipszyc constituye un punto a favor ante la manipulación que un tema como éste puede sufrir. Pero le resta fuerza al relato. La película evidencia una bienvenida falta de énfasis –el director expone sin juzgar ni opinar–, pero no puede evitar cierta hibridez. De todos modos, el acercamiento respetuoso al tema y la nobleza de la realización hacen de Adopción una película valiosa.