Acusada

Crítica de Pablo O. Scholz - Clarín

Es un thriller, que buena parte de su trama transcurre en los espacios tribunalicios, pero muchos más en el trasfondo, en la oficina del abogado que defiende a Dolores (Lali Espósito), acusada de haber asesinado a Camila, una amiga de la infancia, hace dos años y medio. Y también bucea en la intimidad de una familia acomodada, que hará todo lo necesario para que la hija no termine purgando una posible condena de 25 años en el Penal de Ezeiza.

Acusada es el tipo de filme que le plantea al espectador la encrucijada A o B. Si Dolores es o no culpable de haber destrozado a tijeretazos limpios a Camila. El hecho sucedió luego de una fiesta algo descontrolada, y algo después de que un video de contenido sexual en el que aparece Dolores haya sido subido a las redes por Camila.

Para más datos, Dolores le había dicho a Camila que si alguien veía ese video, la mataba.

Así las cosas, el público duda y confía en la protagonista. La película se toma sus tiempos, y no siempre está balanceada. Hay escenas bien logradas -cuando el abogado (un impecable Daniel Fanego) realiza preguntas de adoctrinamiento a Dolores- y otras que denotan la preparación. Los flashbacks marcan una diferencia en tal sentido.

Pero también hay una mirada sobre la amistad en la juventud y el despertar sexual.

La protagonista casi absoluta es Lali Espósito. Que si bien sale airosa en sus momentos más dramáticos, no siempre resulta creíble en sus gestualidad.

Como la película debe mostrar ambigüedad, por aquello de que el espectador no sabe al inicio si Dolores está siendo acusada de algo que en verdad no cometió, son los personajes de los padres los que van ganando gravitación. Interpretados por Leonardo Sbaraglia e Inés Estévez, es más lo que dicen, y lo que el público intuye de sus dichos, que lo que aportan desde sus acciones.

A diferencia de Betibú, y otros exponentes recientes que sinuosamente abordaban el thriller en el cine argentino, Acusada no apela a volteretas de guión. Sí tiene a una alegoría, un símbolo con cierto animal perdido por el barrio que habitan Dolores y en el que también vivía la víctima que subraya, tal vez, de más.