A oscuras

Crítica de Paraná Sendrós - Ámbito Financiero

La primera película de Victoria Chaya Miranda, “Eso que llaman amor”, reunía tres historias de amores tóxicos sufridos por otras tantas mujeres. La que ahora vemos, “A oscuras”, también reúne tres historias, pero con amores aún más inasibles, por la tendencia de sus protagonistas a la autodestrucción: una actriz declinante encerrada en sí misma, una pequeña prosti tuta enamorada de su proxeneta, un “public relations” también encerrado en sí mismo. Y los tres viven de noche, ayudados por el alcohol y las pastillas.

El fulano rehúye cualquier contacto con la madre y sólo se afloja con su perro, aunque sin prestarle suficiente atención. Así le va, pobre perro. La pequeña quiere fantasearle a su madre un éxito legal que no tiene, pero ahí sigue, cariñosa, obediente y explotada. Y la actriz no tiene éxito de ninguna clase, pero sí una farmacéutica que la controla y dos viejos admiradores que intentan ayudarla.

Uno de ellos parece ser el único taxista que hay en Buenos Aires. Vemos sólo un puñado de personajes bastante crispados y todo se resuelve casi de golpe.

Una mañana alguien tendrá el aliciente del amor, alguien decidirá arriesgarse a cambiar, y alguien seguirá igual o peor. Intérpretes, Ester Goris, bien contenida, Guadalupe Docampo, Francisco Bass, Alberto Ajaka, Arturo Bonín, Germán Da Silva y Carla Scatarelli.

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