3 rostros

Crítica de Rolando Gallego - El Espectador Avezado

Jafar Panahi vuelve a subirse al cine en un automóvil para dirigir y co protagonizar “3 rostros” un film que a partir de una premisa simple construye un fresco acerca de la vida en Irán, sus costumbres y sus pintorescos paisajes. Al recibir una estrella de cine un mensaje con un dramático testimonio, ésta y el propio Panahi, se embarcarán en la búsqueda de la joven que envió el video.
La pesquisa los llevará a lugares inimaginados, siempre arriba de la camioneta del realizador, quien aprovecha los recovecos de la ruta, la aridez de algunos paisajes y la aparición de ritos y costumbres a la vera del camino, para hablarnos de la identidad de un pueblo que resiste.
“3 rostros” alude a la concatenación de personas que protagonizarán esta trip movie, en la que la cámara pasará a ser un pasajero más (junto con el espectador) registrando todos los pasos de Panahi y Behnaz Jafari, la actriz que ha sido objeto de creación del video misterioso.
Con algunos manierismos de Abbas Kiarostami, sus tempos laxos, su profundidad para reflejar y acercarse a los lugareños, construyen un sentido film sobre decisiones en tiempos en los que la tecnología apremia la ansiedad y las respuestas. En el video en cuestión la joven reclama a Jafari su falta de respuesta, su poca solidaridad con ella aun habiéndole enviado varias comunicaciones asociadas a sus deseos de ser actriz y de ver cómo podría insertarse en el mundo del cine.
La sorpresa de Jafari es reflejada en una primera escena a oscuras en el auto, en donde escucha azorada las palabras de la joven que ha tomado una drástica decisión y que sin saberlo la involucra a ella.
La búsqueda de la joven, los cuestionamientos sobre la solidaridad y, principalmente, el desnudar cierto trasfondo cinematográfico, más allá de ubicar “3 Rostros” en ese cine que habla del cine, se despega de esa subcategoría al pensar en la identidad de un pueblo que ha conocido más desgracias que beneficios.
Jafar y Panahi, favorecidos por su condición, desandan los pasos de la joven recorriendo su lugar de origen, y en ese volver a Irán, de manera clandestina, ya que desde 2010 tiene prohibido filmar y salir del país, hay un camino de recuperación folclórica, en el que además reforzarán un vínculo entre ellos a pesar de los posibles reclamos que surjan en el camino.
Panahi vuelve a narrar aquello que más le gusta, el mundo de detalles de Irán, en Irán, alejado de las problemáticas que rodearon su detención y también en la transgresión de rodar y de incorporar a una actriz que no puede actuar también por prohibición, sigue bregando una lucha por la libertad de expresión desde la pantalla iluminando a todos sus espectadores.

El Prode de los Oscars