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V.D.G.
  • Cantidad de críticas: 47
  • Promedio: 63%
  • Críticas favorables: 41/47 (87%)
  • Críticas desfavorables: 6/47 (13%)
  • Diferencia absoluta: 12%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: Cine & Medios
  • El príncipe del desierto
    Príncipe de dos reinos

    En las modernas discusiones y perspectivas sobre la ambición occidental por el petróleo de medio oriente, casi siempre quedan soslayadas las históricas contiendas tribales por el espacio vital y el dominio que han sostenido los clanes del desierto desde hace miles de años. En este contexto casi tangencial para el cine mainstream se desarrolla (o al menos esa ha sido la intención) la historia del príncipe Auda (Tahar Rahim), que desde su más tierna infancia quedó al cuidado del sheik rival de su familia, Nasib (Antonio Banderas) como prenda de paz. Alejado de su padre, el sultán Amar (Mark Strong), el joven príncipe se revela más bien como un intelectual que como un hombre de acción. Pero esto va a cambiar drásticamente a raíz de una serie de eventos que en cuestión de pocos años invertirán el precario equilibrio de poderes.
    La ambición de Nasib ante la probabilidad de que las tierras neutrales en litigio puedan ser explotadas por empresarios petroleros norteamericanos, con pingües beneficios para su pecunio, es tan fuerte como para pasar por encima de años de tradición y honor tribales. Y Auda quedará en medio de un conflicto de ribetes que exceden el aspecto personal, involucrándose cada vez más en el aspecto político a la par que se reencuentra con su envejecido padre y crecen sus perspectivas de convertirse en el nuevo líder de las naciones árabes.
    Jean-Jacques Annaud sostiene una larga tradición de cine contemplativo, moroso, con gran apoyatura en la fotografía y una afición por los espacios abiertos que también encuentran lugar en esta, su producción más moderna. No sólo por la contemporaneidad y vigencia del argumento, sino porque su marca personal (como quedó demostrado en "Enemigo al acecho", lo último que estrenó comercialmente en nuestro país) mejoraba con la inclusión de las relaciones y pasiones humanas en un contexto de conflicto, en este caso bélico.
    El guión es sólido y hace de esta una película que puede verse desde la perspectiva cinéfila más conservadora, pero también como un entretenimiento con contenido. Si bien se nota en su factura los aires a superproducción, "El príncipe del desierto" no es un blockbuster ni busca serlo (como sí sucedió con la fallida "Cruzada", de Ridley Scott) y esta aparente contradicción entre el espíritu épico y un trasfondo interpretativo más bien aséptico (en el que no colaboran las tibias interpretaciones de Antonio Banderas y Freida Pinto, que se llevan bastante metraje) hacen que la propuesta se revele por momentos incierta, descuidada en su narrativa.
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  • Enter the Void
    Enter the Void
    Cine & Medios
    El vacío que te habita

    Entre la vida y la muerte hay un lugar que las religiones han definido de manera diversa. En ese lugar está destinado a habitar por tiempo indefinido el joven Oscar, drogadicto y dealer insignificante, portador de una traumática infancia y obsesionado con proteger a su hermana Linda, de quien estuvo separado gran parte de su corta vida. De la forma más absurda, Oscar muere en el baño de un antro llamado The Void y, de alguna manera, esta muerte signa su camino al próximo plano. A través de un viaje delirante, onírico y pesadillesco, el pasado remoto e inmediato de Oscar se mezclan con el presente donde él ya no está, con su hermana definitivamente huérfana de toda familia, con los conflictos de sus amigos y conocidos. Y él, testigo enmudecido, no parece capaz siquiera de controlar el devenir de ese viaje alucinado.
    Sólo hay un lugar donde semejante delirio psicodélico podía transcurrir: la Tokyo nocturna, llena de leds y luces fluorescentes, con el ritmo vertiginoso de un videoclip. Sólo allí el espíritu de Oscar puede sobrevolar entre dimensiones de tiempo y espacio, meterse en la cabeza del hombre que fornica con su propia hermana y revivir un pasado enterrado en lo profundo de su inconsciente. Y sólo allí encuentra Gaspar Noé el terreno para explayar su fantasía visual, espiritual y onírica, si bien la exploración siempre apunta más a lo sensorial que a lo metafísico.
    Noé muestra en esta nueva película por qué se toma su tiempo entre producción y producción. Su afán estético es tan inmenso que se apodera no sólo de la pantalla sino de los sentidos del espectador: es un provocador visual, sensitivo, que explora sus temas predilectos desde cada ángulo posble. Así, el sexo, la violencia, las complejas relaciones familiares, los recuerdos y los sueños truncos de una juventud que podría ser bella y feliz (en "Irreversible" ya planteaba con mucha madurez algunos de estos tópicos) se cruzan en medio de un complicado background de luz, color, sonidos, por momentos monótono y tedioso.
    Si bien la trama es interesante y las actuaciones cumplen, el ritmo y la sobrecarga visual atentan contra espectadores dispersos o aficionados a una narrativa más clásica. Pero ya se sabe: el cine de autores como Noé no es para cualquier público.
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  • Canciones de amor
    Canciones de amor
    Cine & Medios
    Musical romántico a otro nivel

    En la moderna Paris, Ismael (Louis Garrel) y Julie (Ludivine Sagnier) son dos jóvenes que se adoran y llevan adelante una relación aparentemente sana y sin fisuras. Sin embargo, un día se ofrece la posibilidad de realizar un trío con Alice (Clotilde Hesme), la secretaria de Ismael, y esa firmeza aparente comienza a tambalear. Las inseguridades de Julie, la inestabilidad de Ismael se vuelven puntos de desequilibrio importantes y la pareja enfrenta una crisis aparentemente irreversible.
    La increíble performance del trío protagónico, el equilibrio entre lo dramático y lo musical y un timing que delata el pulso de un verdadero profesional, alcanzan a subsanar las mínimas fallas del guión en la segunda mitad del filme, redondeando un producto para destacar en una cartelera bastante mediocre y uniforme.
    Si bien este tipo de filmes... y nos referimos a comedia dramático-musical francesa, no tiene demasiado atractivo para un público masivo (recordar el estreno bastante limitado de "8 mujeres", que se impuso a fuerza de elenco y de un director en boga como era Francois Ozon), no hay justificativo para un estreno tan tardío. Estamos frente a una cinta que tuvo su debut europeo en 2007 (¡se van a cumplir cinco años!, nada menos) y que pasó al menos en dos ocasiones por pantallas del circuito no comercial argentino. Que, por caso, se puede conseguir en versiones alternativas (DVD, BluRay, otros formatos de distribución "popular", guiño-guiño) y cuyo mayor boca a boca fue decayendo desde su primera proyección no comercial, agotando la posibilidad más fuerte de sacarle algún rédito económico.
    Es una pena que apuestas de tan alta calidad y originalidad estética queden relegadas a paupérrimas condiciones de exhibición porque el criterio general no sostiene al Cine como prioridad.
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  • Amanecer - Parte 1
    Amanecer - Parte 1
    Cine & Medios
    Un final que es principio (parte 1)

    Bella (Kirsten Stewart) le cumple finalmente el sueño a su muy chapado a la antigua novio vampiro Edward (Robert Pattinson) y se convierte en su esposa en una ceremonia larga y clichosa que será muy del agrado del fandom local. Lo bueno comienza cuando Jacob (Taylor Lautner), el mejor amigo de Bella y tercero en discordia, se percata del peligro real que corre una frágil humana como su amada en la inminente luna de miel. Desoyendo las advertencias de sus dos amores, la joven se empeña en llevar la vida de una recién casada "normal" (es decir, sexo incluído) y al salirse con la suya, desata la reacción biológica más inesperada: después de todo, ¿quién pensaría que algo podría gestarse de la relación carnal de un ser humano y un vampiro?
    Con Bella de regreso en estado de salud crítico, Jacob y su manada de licántropos enfrentan nuevamente la posibilidad de entrar en conflicto con el clan vampírico de los Cullen, que protege a su nuevo miembro con celo. ¿Se quebrará finalmente la tregua entre estas especies antagonistas? Y si Bella finalmente se enfrenta a una nueva existencia inmortal, ¿qué será de sus relaciones humanas?
    Pocos fenómenos cinematográficos le deben tanto al marketing, y se explican tanto por la misma razón, como la saga Crepúsculo. Si no, sería difícil creer en el éxito rotundo de una serie de filmes que tiene como protagonistas a una chica torpe e inexpresiva y a un vampiro casto. Justo un vampiro: el epítome de la sensualidad. Bien, Stephenie Meyer y sus adaptadores cinematográficos se tomaron su tempo para darle a la saga la cuota terrenal de sexo, violencia y dramatismo que se espera habitualmente de estas propuestas. La espera terminó y aquí se podrán ver con algún detalle, los entresijos de la accidentada vida conyugal de Bella y Edward.
    Si la adaptación arruinó por completo el segundo mejor libro de la tetralogía ("Eclipse"), en esta ocasión Bill Condon se esforzó por conseguir una mayor fidelidad al original tanto en lo narrativo como en lo tocante a tensión dramática. El resultado es un filme cuyos personajes adolecen del mismo problema que en las anteriores entregas (poca profundidad y menos convicción a la hora de transmitir sus emociones), pero al menos ahora la espera de que pase algo está matizada por un factor moral nunca antes planteado, aunque bastante más interesante que los conflictos entre la parejita (o trío: no olvidemos al buen Jake) protagónica.
    La trama avanza muy lentamente en el principio, sólo para regodeo de las fanáticas: promediando la accidentada luna de miel de Edward y Bella la acción crece progresivamente y ya no decae hasta unos muy bien logrados veinte minutos finales.
    Definitivamente, si había una cinta de "Crepúsculo" que mereciera atención y cuidado, era esta. Vienen bien: ahora habrá que esperar a la segunda parte.
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  • Las nuevas aventuras de Caperucita Roja
    Casi final feliz

    Ha pasado un tiempo desde que Roja y su pandilla (el Lobo no-tan-feroz, la ardilla Twitchy y la superespía encubierta Abuela Abigail) mandaron al villano Conejo a su encierro final en el loquero. Mientras Roja entrena en un lugar lejano junto a la Hermandad de la Caperuza, su pandilla sufre una importante pérdida cuando la Abuela es secuestrada por una nueva supervillana, una poderosa Bruja que vive en una casa de caramelo y galletitas y que amenaza comerse a dos niños, Hansel y Gretel.
    Al regresar junto a su equipo, el desafío de Roja es descubrir cuál es el vínculo entre la misteriosa nueva criminal con el malvado Conejo, y para qué necesita a su Abuelita. Eso, si el torpe Lobo no arriesga nuevamente toda la operación.
    Roja está de regreso y si bien el factor sorpresa ya no es una variable a tener en cuenta, los productores consiguen una trama simpática, sencilla, con anclaje en varios cuentos clásicos a los que subvierte con guiños tan rápidos que pueden pasar desapercibidos.
    Si bien la primera de estas películas ofrecía un planteo fresco y original que superaba (o por lo menos desviaba la atención de) la poca calidad de la animación, en esta segunda parte que no evolucionó nada en lo cualitativo los chistes quedan por momentos fuera del alcance del entendimiento de los más chicos. Sin embargo, la acción sigue siendo la misma, dinámica y bien lograda, con un buen timing para atrapar la atención.
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  • Gigantes de acero
    Gigantes de acero
    Cine & Medios
    El corazón (detrás) de la máquina

    Charlie (Hugh Jackman) es un boxeador. O solía serlo, hasta que las peleas dejaron de ser cosa de humanos y se convirtieron en territorio de robots. Ahora, es una especie de entrenador de máquinas de luchar, aunque sin suerte. Se podría decir que a fuerza de desengaños y del puro trato con la chatarra (humana y robótica), Charlie ha perdido parte de su humanidad. Por eso no es de extrañarse que un hecho absolutamente demoledor en lo emotivo, como la irrupción de un hijo al que abandonó sin más y que acaba de quedarse huérfano de madre, signifique apenas la posibilidad de un nuevo negocio para él.
    Lo que Charlie no espera es que Max (Dakota Goyo) tiene más de él de lo que esperaba. Del Charlie que supo ser, el que enfrentaba a los mejores adversarios en el ring cuando el boxeo como lo conocíamos llegó a su fin. Obstinado y noble, Max guía a su padre a pura intuición hacia el robot que puede cambiarles la existencia: Atom, un sparring abandonado por inservible en medio de un lodazal. En medio de luchas épicas que tienen muy poco que envidiarle a la parafernálica "Transformers", crece una historia de profunda humanidad que es el verdadero sustento de esta película, un hallazgo inesperado en la casi siempre previsible cola de los blockbusters.
    Como exponente del cine de entretenimiento al que acostumbran Spielberg y Zemeckis (aquí productores ejecutivos del filme), "Gigantes de acero" es uno de los mayores aciertos de este dúo en los últimos tiempos. Cumple en su cadencia fílmica, en sus premisas de entretener sin golpes bajos. Shawn Levy (responsable de "Una noche en el museo", pero también de su lamentable secuela y de la remake de "La Pantera Rosa") se resarce como director y puede sacar adelante sin tropiezos un buen exponente del cine de acción y ciencia ficción.
    Sí, es menester decirlo: no hay guiño ni homenaje al "Rocky" de Stallone, sino una muy obvia referencia en todos los niveles. Por momentos el relato pierde potencia y si bien Jackman es un actor convincente en este tipo de roles, no es el tosco y cuasi arrabalero Balboa, sino una especie de reo "cool", estereotipado, que va encontrando el tono a medida que la historia progresa. Le acompañan en su justa medida sus dos pilares, Dakota Goyo y Evangeline Lilly, un poco de sensibilidad en medio de tanta ingeniería mecánica. Para ir a entretenerse sin pretensiones y salir más que satisfecho.
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  • La quise tanto
    La quise tanto
    Cine & Medios
    No hay amor sin dolor

    Esta es una historia de amor que empieza y termina con dos corazones rotos, pero... (y en el pero subyace la clave de estas historias). Pierre (Daniel Auteuil) y su nuera Chloe (Florence Loiret Caille) coinciden en una casa de campo mientras ella hace el duelo de su relación fracasada. En las noches, cuando las niñas duermen, Chloe llora y Pierre piensa en Mathilde (Marie-Josée Croze), la mujer que fue el amor de su vida y por la que habría dejado todo, pero...
    En clave dramático-melancólica, la directora Zabou Breitman toma una exitosa novela como punto de partida para reconstruir el contrapunto entre dos personas de distintas generaciones, pero sufriendo a causa del final de un amor. Para Pierre hay regusto a fatalidad casi desde el comienzo; a última oportunidad para amar, y luego simplemente transcurrir hacia la rutina, hacia la muerte. Para Chloe, aún desengañada, queda la esperanza de un mañana más firme, afianzado en la experiencia personal y en el relato de su (ahora ex) suegro.
    "La quise tanto" tiene ese qué se yo que atrae a las personas que gustan del cine intimista y de los amores ñoños, contrariados. Pero... se queda a medio camino, redondeando apenas una propuesta donde Auteuil brilla, como siempre o casi siempre, opacando a sus coprotagonistas. La historia de amor del título, la química entre los personajes, es lo mejorcito de la película y ofrece momentos de auténtica belleza que interpelarán a más de un espectador.
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  • Splice
    Splice
    Cine & Medios
    ¡Engendro mutante!

    Clive (Adrien Brody) y Elsa (Sarah Polley) son científicos genetistas y también pareja. Llevan juntos casi tantos años como los que tienen invertidos en su experimento más ambicioso: una criatura que combine las características de varias especies animales. Cuando consiguen el objetivo, la ambición los impulsa más allá; a instancia de Elsa, añaden ADN humano a la mezcla y pronto el resultado está a la vista. Al cabo de algunas horas, nace una criatura inestable, de rápido desarrollo físico y cognitivo, a la que llaman Dren y que presenta características femeninas. Pronto, revelará ser algo más que un experimento peligroso.
    Si bien el objeto argumental es interesante, es el guión lo que hace que la idea vaya perdiendo peso y se convierta en un pastiche difícil de digerir. Lo que aparenta ser una vuelta al mejor subgénero de la ciencia ficción (el experimento que sale mal, y para el caso tenemos "La Mosca" como excelente ejemplo) queda varado a medio camino entre el mensaje moralizante que suele rodear a este tipo de filmes y un homenaje muy tibio al género.
    Cuesta imaginar qué llevó a dos actores de la talla de Sarah Polley y Adrien Brody a protagonizar este fallido thriller, donde no hay una sola línea de diálogo que los salve. Sus personajes, a fuer de estereotipados, son poco convincentes; lo peor es que ni siquiera se permiten jugar con un registro paródico (por momentos, algunas escenas remiten a "Evolución", pero tomado en serio... o sea, no funciona) para intentar una vuelta de tuerca a una trama que se hunde. Es una pena, porque la media hora inicial es indudablemente promisoria y queda claro que allí es donde el director Vincenzo Natali puso toda la carne al asador... después, se quedó sin nada.
    Elsa es tan fría y calculadora que es el paradigma de la científica necia, atolondrada, la carne de cañón de una profecía de autocumplimiento. Para equilibrarla, Clive es cauteloso in extremis, de carácter maleable y víctima fácil de cualquier manipulación, sea por parte de su pareja o de la criatura en cuestión.
    Con el crecimiento de Dren, la acción se torna previsible. Todo es explicable por algún deus-ex-machina; la criatura tiene un potencial inmenso, tan inabarcable que puede hacer prácticamente todo lo que quiera, aún al precio de que el filme se vuelva repetitivo o incoherente. El final es tan obvio que la película bien podría durar una hora menos y nadie extrañaría el remate.
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  • Apollo 18
    Apollo 18
    Cine & Medios
    Rocas vivas

    Una vez más el género del falso documental se pone al servicio del cine en una historia que se toma de una teoría conspiranoica clásica: ¿Por qué el hombre no volvió a la Luna? ¿Cuál fue la verdadera causa de la cancelación del proyecto Apolo después de la misión número 17? Una serie de imágenes "de archivo" intentan dilucidar el misterio planteado por la última misión, que fue tan secreta que incluso los astronautas no podían contársela a sus seres queridos.
    Así, abordamos el módulo tripulado por los astronautas Walker y Anderson. Los vemos iniciar sus relevamientos en el primer día de alunizaje, los vemos dormir y escuchamos esos extraños sonidos que no se sabe si vienen de fuera o dentro de la nave, pero que son (lo sabemos) la antesala del espanto. Lo que no podemos ver venir, o no queremos, es ese momento que tan difícil es de manejar para los realizadores del cine de suspenso-terror: la revelación de "la criatura" (o criaturas).
    Porque ese momento suele ser el definitorio para que la cinta se sostenga o se venga abajo. Mayormente, se viene abajo... y "Apollo 18" no es la excepción.
    En esta floja producción dirigida por el español Gonzalo López Gallego, sin dudas lo que más se destaca es la impecable técnica de rodaje. Los actores tampoco están mal, pero el guión es errático y poco ganchero, demasiado apegado a los clásicos golpes de efecto que prometen más de lo que finalmente se ofrece en la resolución.
    La propuesta, está claro desde el trailer, no es original. La premisa es interesante, pero como suele suceder (y efectivamente, sucede) termina desbaratándose en obviedades y resoluciones muy berretas. Casi, casi una marca de agua del productor detrás del filme, Timur Bekmambetov, responsable de "Guardianes de la noche" y "Se busca". Un comienzo bastante ganchero que se desliza hacia un final previsible y flojo, redondea una película que sólo apreciarán los muy (MUY) fanáticos del nuevo sub-género.
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  • El amante
    El amante
    Cine & Medios
    Qué cosa es el amor, medio pariente del dolor

    En el seno de una muy tradicional familia de la alta burguesía italiana, Emma (Tilda Swinton) es una rara avis. Sociabilizada con los años, aunque no asimilada totalmente, a causa de su matrimonio previsible y fructífero con Tancredi (Pippo Delbono), es una anfitriona perfecta y una madre dedicada. Pero en su interior languidecen los sueños rotos y anhelos de desestructura que ve, algo frustrada, realizarse en sus hijos. Su preferido, y el elegido para ser el sucesor de su abuelo, es Edoardo (Flavio Parenti); pero últimamente no está generando una buena impresión en la familia, ni hablar de los celos de sus hermanos.
    Es gracias a Edoardo que Emma llega a conocer a Antonio (Edoardo Gabbriellini) y cuando este joven y excéntrico cheff demuestra ser un espíritu afín, no tarda en caer en la más clásica de las aventuras amorosas. Otra marca más en una trama familiar que lo tiene todo: secretos, sentimientos reprimidos, y una obsesión enfermiza por el status y el dinero.
    Luca Guadagnino (responsable de la versión cinematográfica de "Cien cepilladas antes de dormir" de la precoz Melissa P.) intenta aquí brindar una película a la altura de un buen clásico. Lo hace buscando el efectismo de una puesta en escena ambiciosa, preciosísima fotografía, una estructura narrativa lineal y comprensible; incluso desde el diseño de los títulos iniciales, se puede intuír de qué va la cosa.
    Lamentablemente y pese a sus innegables méritos técnicos, todo este esfuerzo sirve mayormente para realzar la enorme figura de Tilda Swinton, una mujer con todos sus dobleces y misterios a la vista que constituye casi la única gratificación para el espectador. Su Emma, solitaria pese a la aparente plenitud de su vida como matriarca de una poderosa famila, es la típica criatura de destino trágico que a fuerza de correr contra su naturaleza sólo contribuye a precipitar ese destino del que escapa. A su lado, el resto de los personajes (incluído el Antonio que interpreta Edoardo Gabbriellini, adecuada contraparte de Emma y su objeto de deseo lógico) palidece bastante, y sobre el final, el clímax es anticipado por un crescendo intenso que deviene inexplicablemente moroso, arruinando en parte el efecto de lo que podría haber sido un poderoso final para este drama familiar.
    No obstante, teniendo en cuenta la falta de propuestas verdaderamente cinematográficas (de esas que nos hacen recordar cada tanto qué bueno que era el cine antes de la era de los candybares), "El Amante" es una muy buena opción para reencontrarse con la mística de la pantalla grande.
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  • Larry Crowne
    Larry Crowne
    Cine & Medios
    Si la vida no te da ni los limones...

    Larry (Tom Hanks) se queda sin trabajo de la noche a la mañana. Habituado a una rutina sin sobresaltos, ni tampoco demasiados momentos especiales, decide dar un giro a su vida ingresando a la Universidad, algo que jamás pudo hacer ya que comenzó a trabajar tan pronto tuvo la baja en la Marina. Como todo camino de mil millas comienza con un solo paso, Larry pronto descubrirá que, una vez tomada una decisión fundamental, es cuestión de tiempo (a veces, muy poco) para que lluevan nuevas encrucijadas interesantes. Por ejemplo, su profesora Mercedes, "Mercy" (Julia Roberts).
    A esta desencantada profesora de oratoria, el alumno a destiempo le causa intriga, fastidio y una cuota de admiración. Si bien sus interacciones son más bien acotadas al principio, sobre la mitad del filme encontrarán la tónica para llevar la historia a buen puerto. Lejos de sus mejores roles, Tom Hanks y Julia Roberts se las arreglan para ofrecer un filme básico, por momentos lento, pero de buena progresión y desenlace previsible, con moraleja incluída.
    Gracias al poco ambicioso guión que co-escribió junto a Nia Vardalos (cuya única gema, y de dudosa reputación, ha sido "Mi gran casamiento griego"), Hanks consigue una propuesta sencilla y eficaz, con todos los condimentos para entretener a la familia sin mayores pretensiones. Los actores no se esfuerzan demasiado y el guión funciona: es suficiente. Quizá uno se acostumbró a pretender algo más de actores premiados y taquilleros como Hanks y Roberts, y pese a las decepciones ("La Terminal", o "Comer, rezar, amar" respectivamente) siempre tiene la esperanza de que regresen con gloria. Pero para Hanks, claramente, dividirse en un rol triple tiene sus costos.
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  • Copia certificada
    Copia certificada
    Cine & Medios
    Amor verdadero

    James (William Shimell) es un escritor que presenta su libro ante un nuevo público, luego de varios desengaños previos. En ese lugar conoce a Elle (Juliette Binoche), galerista francesa y madre soltera, que le invita como quien no quiere la cosa, a compartir una caminata y quizás algo más. A medida que el día transcurre, el espectador comienza a dudar sobre la exacta relación de los personajes. ¿Son conocidos ocasionales? ¿Son una pareja en ciernes? Lo cierto es que el título del filme tiene mucho que ver con las reflexiones que les surgen a los personajes, y conviene no revelar mucho más para dejar que el espectador haga su propio camino.
    El iraní Abbas Kiarostami regresa a los paisajes devoradores y las pasiones enigmáticas, sutiles, en esta película que tiene el valor de retomar un tema ya conocido (la intimidad y los entretelones de una relación de pareja), dándole un toque personal que vuelve a la película una experiencia única no sólo en lo argumental, sino en lo visual. Un fascinante juego de personalidades, un laberinto espejado donde cada cabo de la trama revela nuevas facetas.
    Si la estrella innegable de este dúo protagónico es Juliette Binoche (este rol le valió el galardón como mejor actriz en Cannes), no hay que omitir de ninguna manera a William Shimell, que debuta cinematográficamente justo en una película como ésta. Y su debut está a la altura de lo esperable, si no más. La sintonía entre los dos es la que hace que esta historia funcione de manera lógica y armoniosa, como una danza ejecutada de manera precisa.
    Asimismo, y si bien el tema es lo suficientemente universal para encajar en cualquier escenario, la Toscana italiana constituye un ingrediente fuerte en un plato que tiene tanto de clásico como de novedoso.
    Quizá lo menos destacado de esta película es su dificultad para encontrar un público que le haga justicia. Aún si tuviera cincuenta salas más, hay que estar muy en sintonía con el cine de Kiarostami (o de otros que se le parecen, tampoco hay que irse muy lejos) y, más bien, con el Cine en sí. Ese Cine con mayúsculas que hoy por hoy, paradójicamente, ocupa espacios cada vez más reducidos.
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  • Cars 2
    Cars 2
    Cine & Medios
    Rápido y melindroso

    Desde que los estudios Pixar se unificaron con Disney Pictures se produjo un cierto descalabro en la calidad de sus filmes. Al menos hasta "Los Increíbles" el liderazgo de Pixar era casi indiscutible, ya que a la siempre creciente evolución de su equipo de animadores y técnicos se sumaba un desarrollo de personajes y tramas inusual para una industria como la norteamericana, donde se suele (o se solía) encasillar al género en compartimentos estáticos: un cine animado para niños, otro para jóvenes, otro para adultos. El equipo Pixar había conseguido mantener la atención de una familia promedio en la pantalla, durase lo que durase la película. Pero luego llegó "Cars". Y con "Wall-E" y "Up: Una película de altura" Pixar se afianzó como estudio de éxito, pagando el costo más alto: producciones de calidad errática, con un público bastante indefinido, que no llegan del todo a los adultos ni a los niños. Más imperdonable aún: con la excepción de "Toy Story 3" y, quizá, "Ratatouille", los últimos siete años han resultado en películas pasatistas, casi olvidables.
    El Rayo McQueen no es, ni será nunca, un equivalente motorizado de Woody ("Toy Story") o de Mike Wasowski ("Monsters Inc"). Tom Mate está a años luz del carisma y la genuina simpatía que generan un Buzz Lightyear o la Dory de "Buscando a Nemo". Ni hablar de los innumerables personajes secundarios, acotados a funcionar dentro del clisé de ocasión (los "asistentes" Guido y Luigi, la camioneta hippie Fillmore y tantos otros etcéteras), o de los protagonistas colaterales de esta secuela (un auto espía a la manera de James Bond y su respectivo archivillano).
    Ninguno de los personajes reviste, por más líneas de diálogo que tengan, demasiada importancia. Cuando se va a ver una película como "Cars 2" hay que ir pensando en mucho color, velocidad, sonido y un 3D que tampoco es nada del otro mundo. Sobre todo si lo comparamos con "Kung Fu Panda 2", una verdadera sorpresa frente a esta otra propuesta.
    Una recomendación a tener muy en cuenta, es que los niños menores de 8 años posiblemente encuentren la película demasiado rebuscada y su atención se disperse. Aún cuando este producto está alejado de ese target múltiple al que Pixar acostumbró a su público, es innegable su calidad técnica y tiene buen ritmo. Hay que ser justos: que sea una película de mediana trascendencia no le quita méritos.
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  • Aguas turbulentas
    Aguas turbulentas
    Cine & Medios
    Perdonar lo imperdonable, rehacer lo deshecho

    Han pasado ocho años desde que Jan Thomas (Pal Sverre Valheim Hagen) entró a la cárcel a purgar su responsabilidad en la muerte de una criatura. Sale de prisión convertido en un hombre taciturno, introvertido, con apenas la recomendación para un trabajo que al menos le da un poco de paz. En la iglesia donde le contratan como organista, conoce a Anna (Ellen Dorrit Petersen) y casi de inmediato surge entre los dos una atracción que, como pulsión de vida, promete sanar el alma atormentada de Thomas. Pero Anna tiene un hijo y el fantasma de sus pecados pasados no le permite vivir totalmente tranquilo, por más que se empeña en no exteriorizarse afectado.
    El flamante organista intenta rehacer su vida ocultando por completo ese trágico suceso que lo llevó a prisión. Pero ese pasado lo alcanza cuando menos lo espera: la madre del niño muerto, maestra de escuela, lo reconoce durante una excursión a la iglesia donde Thomas trabaja y ambos sufrirán las consecuencias del reencuentro.
    El realizador noruego Erik Poppe desembarca en las pantallas argentinas con un filme donde obsesión, perdón, remordimientos y amor se combinan en un drama cuyo impacto, inicialmente fuerte, va diluyéndose conforme transcurren los minutos. El protagonista se nota cómodo en su rol y consigue un personaje controversial, que generará emociones encontradas en el espectador a medida que se presentan las distintas perspectivas de su delito.
    Técnicamente impecable y novedosa en su perspectiva, "Aguas turbulentas" se cae un poco sobre el final, con una resolución más bien tibia y que roza la correción política más tradicional, esquivando apenas la moraleja chata. No es una película para recomendarles a quienes sufren cuando un niño sufre.
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  • Rompecorazones
    Rompecorazones
    Cine & Medios
    Robarle (el corazón) a un ladrón...

    Alex Lippi (Romain Duris) y su hermana Mélanie (Julie Ferrier) han hecho de la infelicidad ajena un negocio sumamente redituable. Se dedican a romper parejas por dinero, pero con la condición de que sean personas desgastadas, insatisfechas, infelices: una pareja feliz es máximo tabú, y por encima de todo, Alex no empleará el sexo para conseguir sus objetivos.
    Todo marcha viento en popa y Alex y su equipo hermana-cuñado recorren el mundo seduciendo mujeres, hasta que un magnate del negocio de las flores los contrata para que deshagan la pareja de su hija, Juliette (Vanessa Paradis). La oferta es irresistible, ya que los gastos del equipo rompeparejas es mayor que su ingreso promedio. Por supuesto, hay un par de inconvenientes a tener en cuenta. Juliette y su novio parecen amarse con locura y están decididos a casarse, así que el tiempo apremia. Pero otro imponderable se presenta cuando Alex comienza a conocer a su "víctima": sus sentimientos se ponen en juego y por primera vez corre serio peligro de enamorarse.
    En la tónica de la comedia de situaciones, con toques de humor simple principalmente a cargo de la pareja de laderos (hermana y cuñado del protagonista) y un guión que se sostiene sin mucho esfuerzo o apelación al verosímil, el debutante Pascal Chaumeil consigue una propuesta ligera, obvia y simpática para espectadores que gusten de un entretenimiento simplón, pero que a la vez no subestime a su público, se podría decir que conjuga lo mejor de ambas orillas: el ritmo y la estructura del guión hollywoodense, con los diálogos y la cadencia de la comedia romántica europea.
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  • Mis tardes con Margueritte
    Sensible y previsible

    La vida está hecha de causalidades que justifican anécdotas para ser contadas. Una anécdota común podría ser: hombre de edad mediana, simplón y analfabeto (Gérard Depardieu) conoce a ancianita culta, simpática y un poco metida (notable actuación de la nonagenaria Gisèle Casadesus) que le abre la cabeza y transforma su vida. La superación, el aprendizaje emocional y el desarrollo intelectual son una meta dura, pero posible para el palurdo de Germain, que es consciente de sus limitaciones y sufrimientos pero no se rinde a ellos, y menos cuando advierte que su querida amiga eventualmente dependerá de él cuando ya no tenga fuerzas para alimentarse de lo que más le gusta: la lectura.
    De Jean Becker nos llegó oportunamente una pequeña joyita llamada "Conversaciones con mi jardinero", y de esta suerte podríamos deducir que, al menos en esta etapa de su filmografía, al director le gustan las historias intimistas, idealmente con personajes que se contrapesan de alguna forma.
    No hace falta aclarar que el espectador que va a ver este tipo de filmes sabe de antemano (o al menos intuye) cuál va a ser el final de la historia. Dentro de estas premisas, las películas funcionan o no. Esta es una de las que funcionan, pero aunque las actuaciones son destacables el guión no consigue movilizar emociones genuinas a través de la empatía, sino más bien a fuerza de golpes emotivos y obviedades.
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  • Cacería de brujas
    Cacería de brujas
    Cine & Medios
    Cruzados contra el demonio

    Behmen (Nicolas Cage) es uno de los más eficientes y sanguinarios ejecutores de la Iglesia en Oriente Medio, durante las Cruzadas. Su compañero Felson (Ron Perlman) no le va en zaga y juntos han disfrutado pelear todas las batallas que Dios mandó, hasta que un día se dan cuenta, casi como si despertaran de un sueño, que están masacrando indiscriminadamente a niños y mujeres por la Fe que dicen profesar. Asqueados de esta felonía, Behmen y Felson reniegan de la Iglesia (aunque no de Dios, bueno es aclararlo) y, desertando de su batallón, regresan rapidito a una Europa que está siendo diezmada por la Peste Negra.
    Por supuesto, poca chance tienen como desertores de tener una buena recepción y es así que son atrapados, aunque el Cardenal D´Ambroise (Christopher Lee) les propone un trato a cambio de su perdón: llevar a una joven acusada de brujería (Claire Foy) al lugar donde deberá ser juzgada y ejecutada. A desgana, aunque iluminado por la idea de que la joven no es en realidad la hechicera que dicen que es, Behmen decide aceptar la misión y se pone en camino acompañado de Felson y de una escolta reducida, que incluye a un ex caballero, a un sacerdote y al joven hijo de un cruzado fallecido. Claro que el camino no será sencillo, llevando como prisionera a una muchacha que parece atraer sobre sí una fuerza sobrenatural increíble, a quien parecen seguir todo el tiempo la enfermedad y la muerte.
    En esta película que le calza mejor al juguetón Perlman que al inexpresivo Cage, Dominic Sena ("Swordfish", "60 segundos") insiste con una historia que pretende asustar o al menos inquietar desde un supuesto verosímil, aniquilado casi desde el comienzo. Es que es muy difícil entrar en códigos de solemnidad cuando los Cruzados chicanean entre sí como ya vimos que hacían un elfo y un enano en "El Señor de los Anillos". Otra cuestión que tiene que ver con lo que esta película promete y no cumple es la escena de apertura: está muy bien lograda, pero queda prácticamente invalidada con el resto de la trama, a fuer de inconexa y por haber servido simplemente como muestra efectista de lo que vendrá.
    Sólo quienes disfruten de un cine de ficción con ligera base histórica, con actores conocidos en una trama bastante trillada aunque eficaz en términos de acción, encontrarán algún solaz en esta propuesta.
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  • Biutiful
    Biutiful
    Cine & Medios
    Precioso marginal

    El supersticioso y carismático Uxbal (Javier Bardem) sobrevive en un suburbio barcelonés mientras sueña una vida mejor para sus hijos. Las peripecias que debe atravesar a lo largo de un solo día ya acobardarían al mejor plantado. Sin embargo, con su extraño sentido de la obligación y la moral, Uxbal se podría definir como un hombre dispuesto a todo, incluso a su propia degradación, con tal de que aquellos a quienes verdaderamente ama salgan adelante. Los métodos pueden ser cuestionables, y los destinatarios de su afecto igualmente variables.
    Como todo lobo solitario, Uxbal cree que el mundo puede estar en su contra, pero igualmente se doblegará a su voluntad y su modo de hacer las cosas. Como a muchos otros personajes de su catadura desde que el cine es cine, le llegarán la epifanía y la posibilidad de redención, pero nada es gratis. Y menos si estamos frente a una nueva historia del director de "Babel" y "21 gramos".
    Destino cantado, podría decirse, el de Alejandro González Iñárritu: un director que prometía y se perfilaba como uno de los grandes del cine latinoamericano emergente, pero que desde hace tiempo eligió ceñirse a la ¿sana? costumbre de fustigar a sus personajes. El director de "Amores Perros" no parece conformarse bajo ningún punto de vista con la posibilidad, siquiera remota, de la redención. Puede que deje una puerta entreabierta, pero el haz de luz resultante apenas alcanzará para iluminar una escena de pesadilla.
    Sus personajes son repetidamente castigados, humillados y derrotados; en el mejor de los casos, resultan seres atormentados que buscan una salida de por sí improbable. Y aquí es donde entra a tallar un actor como Javier Bardem, cuya versatilidad para lo oscuro lo hacía ya destacable en la olvidada "Perdita Durango" y que tuvo su punto culminante en "Sin lugar para los débiles" (su rol de Anton Chigurh le valió un Oscar).
    La película de Iñárritu sin Arriaga termina confirmando que el ex tándem se llevó un gusto por el drama sólo explotado en su veta cínica por este último; Iñárritu no es capaz de perder la solemnidad ni siquiera en el momento más emotivo, ese en que la sutileza de una sensación debe saltar de la pantalla sin que el actor necesite gritar o volverse desmesura.
    Con una calidad fílmica indiscutible, "Biutiful" se impone finalmente por la fuerza de un enorme Bardem y no por la solidez de un guión que no escatima golpes bajos.
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  • El ganador
    El ganador
    Cine & Medios
    La sangre duele

    Años ´80. En todo el tiempo que lleva en el boxeo, el welter Micky Ward (Mark Wahlberg) no ha podido sacarse de encima la sombra de su entrenador y medio hermano, Dicky Eklund (Christian Bale). Dicky ha sido el boxeador estrella de la familia y, hasta el momento, Micky no ha estado a la altura de aquella leyenda. Poco parece importar a su neurótica madre (Melissa Leo) que Dicky sea hoy apenas una sombra de aquél retador, hundido como está en un infierno de drogas. Al hermano mayor se le perdona todo y para el benjamín sólo hay exigencias, reproches y peleas mal concertadas, con un pésimo final.
    Todo parece cambiar cuando Micky conoce a Charlene (Amy Adams), una ex atleta devenida en camarera, que le ayuda a pensar mejor y replantearse sus objetivos. Mientras Dicky cae más y más bajo, Micky comienza a buscar la manera de hacerse su propio camino, tomando cierta distancia del nocivo núcleo familiar e incluso del boxeo. Pero queda claro que no sólo la sangre es fuerte, sino la propia ambición de Micky por alcanzar un lugar en este competitivo deporte.
    En un trabajo conjunto de buenos actores, sólido guión y notable trabajo de dirección y edición, "El ganador" se constituye como una de las grandes sorpresas de los últimos festivales. Su estreno comercial fue limitado hasta que comenzaron a llover los reconocimientos no sólo para el siempre notable Christian Bale (sin excesos, el mejor personaje del filme) sino para el elenco a pleno. Melissa Leo personifica a la déspota madre de familia, cabeza de un clan dominado justamente por las mujeres, y su rol resulta fundamental para una comprensión acabada de la trama. En torno a ella y sus dos hijos, los demás personajes se vuelven corpóreos, verosímiles; la historia discurre sin tropiezos y más allá de los vaivenes de interés que la temática podría suscitar, consigue entretener sin embrutecimientos ni simplificaciones.
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  • Lazos de sangre
    Lazos de sangre
    Cine & Medios
    Más espesa que el agua

    Ree (Jennifer Lawrence) es una adolescente contemporánea bastante atípica, endurecida por la responsabilidad y por el ámbito en el que se crió. Desde la desaparición de su padre Jessup, fabricante de drogas, lleva adelante la ardua tarea de criar a sus dos hermanos menores y cuidar a su madre demente. Mientras tanto, planea su ingreso en el ejército para tener un salario que le permita sacar a la familia de las penurias en que la sumió ese padre ausente y buscado por la ley.
    Cierto día, el sheriff del pueblo le comunica que si su padre no se presenta a una audiencia por su libertad bajo palabra, perderán la casa y la maderera que Jessup puso como fianza. Es entonces que, sin perder la sangre fría e intentando llevar adelante una vida cotidiana normal, Ree sale a buscar ayuda para encontrarlo. Todas las puertas se cierran, incluso la de su propio tío Teardrop (John Hawkes), el único hermano de su padre y, paradójicamente, el único que puede mantenerla a salvo de la cofradía que maneja la droga en la región. Con un único objetivo en su cabeza, la adolescente arriesgará su integridad física y emocional para salvar a la familia del derrumbe completo.
    La traducción del título, además de (muy) repetida, es pobrísima a los efectos de avisarle al espectador de qué va exactamente la trama. Sí tiene sentido a medida que el argumento va revelando los códigos del submundo en el que Ree debe internarse para conseguir información sobre su padre. Ese inframundo poblado de criaturas sectarias, parcas y viciosas, con un código de convivencia tan rígido como el del mismo poblado de las montañas Ozark, es junto a Ree el plato fuerte de una película que empieza a desvanecerse con los días una vez que se dejó la sala.
    Las actuaciones son excelentes, en especial la de la jovencísima Jennifer Lawrence, que se echa al hombro su rol y convence sin atosigar. Sin embargo, los actores se encuentran de pronto con una trama que no les acompaña de forma natural, no fluye con verosimilitud; algunos diálogos quedan forzados, clichosos por demás, y Teardrop, encarnado por el también nominado John Hawkes, por ejemplo (incluso la reacción que genera en los demás personajes), se torna artificial y arquetípico. Una pena, ya que por sus méritos esta cinta valía la pena un mejor esfuerzo en la adaptación.
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  • El retrato de Dorian Gray
    Pobre niño rico (y apuesto, y perverso)

    El joven Dorian Gray (Ben Barnes) acaba de heredar a su abuelo fallecido, y debe hacerse cargo del patrimonio pasando de una apacible vida campesina a los fastos de la gran ciudad. Inmaduro, tímido y sin experiencia, no tarda en caer en el círculo frívolo de Lord Henry Wotton (Colin Firth), con alguna asistencia ocasional del artista Basil Hallward (Ben Chaplin) que lo adora en secreto y pretende balancear la influencia del nefasto Lord sobre Dorian. Es el propio Hallward quien le regala al joven Gray en su cumpleaños un retrato sumamente fiel. En la tela resplandecen las principales cualidades del heredero: juventud, belleza, fortuna e inocencia. Pero todas estas virtudes, auténticas armas de doble filo, se tambalean cuando el joven se vuelca definitivamente a una vida licenciosa.
    En su obsesión por tenerlo todo sin renunciar a su apariencia de incorruptibilidad (la que le facilita notablemente el acceso a cualquier placer que se le ocurra), Dorian invoca una maldición para sí mismo: que toda huella de vicio y libertinaje, de crimen y lujuria, se traslade al lienzo de Hallward. Así, el joven heredero conservará su apariencia fresca y cándida, mientras el retrato se convierte en el reflejo monstruoso de su alma. Las consecuencias de su elección lo llevarán a recorrer un camino sin retorno posible.
    La novela "El retrato de Dorian Gray" es un texto inquietante y desusado del escritor irlandés Oscar Wilde, y sin dudas una de las mejores novelas escritas durante el siglo XIX, además de un exponente del terror gótico tan en boga en aquellos días. La forma en que Wilde trata a los personajes y los hace transitar la historia ha sido casi completamente dejada de lado en esta adaptación lavada y bastante pobre, que se centra más que nada en lo estético y efectista antes que en el núcleo de interés o la evolución de los protagonistas.
    El despliegue de secuencias de un erotismo banal y ligero como muestrario de la evolución del personaje en su camino de corrupción y vicio se roban minutos preciosos de la trama, que si bien en un principio se sostiene, decae inevitablemente cuando llega el momento de fractura (coincidente con la primera escena del filme). A partir de allí, todo es previsible; incluso el camino inverso que recorre Dorian para intentar redimirse, algo que es sutil y muy progresivo en el texto original, y que en esta adaptación aparece terriblemente forzado.
    Ben Barnes (el Príncipe Caspian de la anteúltima "Crónicas de Narnia") no es un actor que se luzca, precisamente, ni por sus dotes actorales ni por su presencia escénica. Con lo justo llega a dar el tipo de joven que la trama requiere, aunque resulta sencillo intuir cuál será su evolución ya que el estereotipo naif que pretende reflejar en el inicio de la película resulta tan forzado como inverosímil.
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  • Cosa voglio di più
    Cosa voglio di più
    Cine & Medios
    La fractura en el cristal

    No son tiempos auspiciosos para Italia en lo económico y social. En la incertidumbre diaria se mueven Anna (Alba Rohrwacher) y Alessio (Giuseppe Batiston), una joven pareja de moderado éxito que convive en un piso cosmopolita en relativa armonía. Hasta que aparece Domenico (Pier Francesco Favino) y la estructura aparentemente estable se resquebraja. Anna pronto manifiesta ser el punto de fuga obvio, cuando la gana la pasión por este hombre casado y con dos hijos, dispuesto a su vez a arriesgar a su propia familia en pos de una pasión que no los llevará a buen puerto.
    Es de destacar la cuidadosa puesta en escena y el gran trabajo de Alba Rohrwacher en la piel de una protagonista en la que, por momentos, se enfoca demasiado la atención en detrimento de otros personajes y situaciones que merecían ser mejor explotados, como el de Alessio (Batiston), que es de una calidad notable y suficiente, que le permite remar en secciones turbulentas de la trama.
    Con esta película sucede algo curioso cuando se pone en perspectiva. Si nos remontamos a "Mi familia", por ejemplo, notamos que el abordaje de ambos directores apunta a la revelación de determinadas pautas de comportamiento sociales, morales, sexuales y familiares. Sin embargo, la cinta de Lisa Cholodenko no falla prácticamente en su registro e intenciones, en cambio la de Soldini sí lo hace. ¿Por qué? Por un exceso de confianza en el espectador, quizá, o por la pretensión implícita en las escenas de sexo, en los conflictos filmados de forma tal que deja poco lugar a la sutileza o la reflexión. Algo que era más esperable, en definitiva, y que constituye la gran flaqueza del filme.
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  • Actividad paranormal 2
    Un demonio persistente

    Kristi y Dan son un matrimonio apacible hasta el día en que un misterioso incidente los deja sumidos en la inquietud. Su casa ha sido totalmente revuelta, con el único faltante de un collar de Kristi, regalo de su hermana Katie (la misma Katie de la primera parte). A raíz de esta irrupción doméstica, Dan decide colocar un sistema de cámaras para velar por la seguridad de su familia. Además de su hija Ali, fruto de un matrimonio anterior, Dan tiene un bebé con Kristi llamado Hunter y le preocupa que alguno de ellos sufra daños.
    Pero nada los prepara para lo que vendrá. Muy pronto, los incidentes violentos e inexplicables en la casa se multiplican y todo parece apuntar a un demonio que acosa a Kristi por alguna razón. Con ayuda de su hermana, Kristi llega a admitir que estos incidentes se remiten de alguna forma a su infancia. ¿Qué es esta misteriosa y demoníaca entidad y qué es lo que pretende de esta familia?
    Si hay que remitirse por comparación a la propuesta original, es conveniente dejar en claro que estamos frente a un producto mucho más profesional, mainstream si se quiere, manejado con un pulso narrativo y una intencionalidad diferentes de la cinta de Oren Peli. La tensión sigue basada en los sobresaltos y golpes de efecto producidos por la intervención de la entidad sobrenatural que deambula por la casa, aunque en esta ocasión la mejor parte de la historia pasa por el conflicto familiar subyacente.
    No cuesta anticipar una tercera entrega de esta redituable franquicia, y si se mantiene en esta tónica conseguirá los adeptos que no logró captar en la propuesta de Peli. A riesgo, claro está, de perder poco a poco todo lo que la había hecho originalmente interesante: el manejo más verosímil y por ende más dramático del registro de falso documental. Aire nuevo para un tema viejo. Veremos cómo resulta de aquí en más.
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  • Los Indestructibles
    Los Indestructibles
    Cine & Medios
    Derrapante derroche de acción sin magia

    Todo está dicho en el trailer. Un grupo de mercenarios unidos por la afinidad personal, dirigidos por un veterano (Sylvester Stallone), acepta un trabajo especialmente complicado: infiltrarse en una isla caribeña para deshacer la intriga política y económica que un ex agente de la CIA (Eric Roberts) mantiene en esa región a fin de obtener réditos económicos. La historia se pone un poco más compleja cuando el veterano mercenario encuentra en una joven idealista, hija del dictador de turno, un incentivo para regresar a la isla y, hablando mal y pronto, volarla hasta los cimientos.
    Al menos se hubieran preocupado por conseguir un puñado de extras hispanoparlantes (abundan, no jodamos) en lugar de actores norteamericanos con aspecto latino y malísimo manejo del castellano. Todas las escenas que transcurren en la falsa isla de Vilena son una oda al lugar común en que la parafernalia yankee ha colocado a los latinos en los filmes, a saber: republiqueta bananera bajo el control de un gobernante de facto, militar por supuesto, títere del verdadero poder en las sombras... un gringo con mucha plata y espurios intereses que nunca se aclaran.
    Pobres de nosotros, los que esperábamos de este elenco una bizarreada mucho más a la altura de lo que prometía. Pobres de los fans de los íconos de acción. Viejitos, mejor que la próxima los agarre Tarantino: la dupla Callaham-Stallone apesta a la hora de escribir y dirigir. Los planos cortos y rápidos con los que Stallone director pretende dinamizar las escenas de acción (en una suerte de homenaje o parodia a las películas de Luc Besson y su pollo, Louis Leterrier) agotan y fastidian en lugar de entretener. Casi se agradece la entrada en escena del moreno Terry Crews, cuyo único interés es precipitar la voladura de cráneos y edificios, verdadero punto fuerte de esta trama sin sentido.
    Lo más triste de todo es que habrá quienes piensen que toda esta parafernalia es meritoria en tanto pretende parodiar al cine de acción tipo zeta, de bajísimo presupuesto (excepto en lo que hace a los efectos especiales: explosiones, sangre y peleas coreografiadas al por mayor) cuando en realidad no se trata más que de un filme autorreferencial, casi masturbatorio, de un grupo de estrellas más o menos vigentes según el caso, más o menos legendarias, invariablemente desperdiciadas y con poquito y nada de la autenticidad del género del que provienen. No hay mérito cinematográfico alguno en "Los indestructibles"; puro lío, tiros y cosha golda. Si está clara la premisa, adelante: desafiamos al espectador a abandonar la sala sin esta sensación abrumadora de vergüenza ajena.
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  • El hombre solitario
    El hombre solitario
    Cine & Medios
    El emperador desnudo

    Ben (Michael Douglas) no tiene ningún problema. Ninguno. Bueno, así lo ve él, por lo menos: lo que no le gusta, simplemente no lo escucha. No lo ve, lo borra. Ben transita hacia la sexta década de vida con las mismas mañas que tenía a sus treinta años, despreciando los buenos consejos de su familia, su ex esposa (Susan Sarandon) y cualquiera que lo aprecie, ya no digamos que lo quiera.
    En un chequeo de rutina, le revelan que tiene una afección cardíaca en progreso a la que hay que ponerle atención. Apenas impresionado por la novedad, Ben sigue con su ritmo de vida habitual. No obstante, algo ha cambiado; como si la sombra de esa enfermedad inminente hubiera desatado una serie de fatalidades, sus negocios y su vida personal comienzan a declinar. Así las cosas, Ben no podrá negarse por mucho tiempo más a enfrentar las consecuencias de sus acciones pasadas y presentes. También descubrirá que, contra lo que siempre ha creído, no puede enfrentarse solo al último tramo de su existencia y que tiene que tomar medidas urgentes para revertir el proceso de aislamiento en el que quedó atrapado.
    Esta es la clase de filmes en los que Michael Douglas destaca como los grandes actores pueden hacerlo: trascendiendo la pantalla, haciéndola brillar. No es casual que de sus últimos filmes, más de la mitad abordan el tono de comedia ("El rey de California", "Los fantasmas de mis ex", por ejemplo) y en uno de ellos, puntualmente (la notable "Wonder Boys", de Curtis Hanson) se revela tal cual lo hace aquí: a veces insufrible, a veces brillante, con esa opacidad que le saben dar los años a un diamante en bruto. Justamente, como es el personaje de Ben Kalmen.
    Sin embargo, la sucesión de situaciones en las que el personaje no hace sino reafirmar una idea central puede jugarle en contra, dejando al espectador a la deriva en algunas escenas por la monotonía de esa repetición. No hablemos de la inevitabilidad de un desenlace bastante anunciado, aunque con el beneficio de una incertidumbre final que lo levanta un poco.
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  • Hansel & Gretel
    Hansel & Gretel
    Cine & Medios
    El lado oscuro del cuento

    Un hombre de negocios llamado Eun-soo (Chun Jeong-myoung) sufre un percance durante un viaje en coche y se ve de pronto atrapado en un bosque oscuro y misterioso. A través de este paisaje onírico encuentra a una niña que lo lleva a su casa, en la que vive junto a su familia, y muy pronto Eun-soo advierte que detrás de una cierta apariencia de apacibilidad, tanto la casa como el bosque ocultan sus propios misterios.
    Aislado, sin señal en su teléfono celular y preocupado por su novia embarazada, Eun-soo trata de encontrar la forma de lidiar con esta particular situación, para eventualmente escapar. No tardará en darse cuenta que ese sitio y sus habitantes forman parte de una trama macabra de sucesos que su presencia contribuye a precipitar.
    El trabajo de Yim Phil-sung podría considerarse un punto de convergencia entre fantasía, drama y suspenso; una mixtura que se ha explorado en otros filmes y que, al modesto entender de quien escribe, tiene a Guillermo del Toro como el más claro exponente en estas latitudes. Si a esta combinación, en la que invariablemente la proyección infantil tiene un peso específico y relevante, le sumamos el terror, entonces se podría hablar de un nuevo ángulo para explorar el cine. En ese sentido la literatura infantil (sobre todo la medieval y neogótica) abunda en relatos plausibles de ser llevados al cine como si de un lado B se tratase.
    Este cuento clásico de los hermanos Grimm abarca, para más detalles, todos los aspectos más oscuros de la infancia: la ausencia de los padres, la amenaza de lo desconocido, lo extraño como fuente de perturbación y la pérdida de la inocencia. La eficaz puesta en escena, la belleza escalofriante de los ambientes y escenarios, la expresividad justa en sus personajes, constituyen una revisión interesante de dichos aspectos, con la suma de algunos factores más inmediatos y modernos, que enriquecen visual y narrativamente el relato.
    Este podría ser uno de los filmes con mayor atraso estrenados en nuestras pantallas, pero merece ser tenido en consideración por los afectos a un género que, lejos de su apogeo, aún puede ofrecer interesantes sorpresas. El terror oriental quizá no vuelva como la ola que alguna vez supo ser, pero cada tanto ofrece una pequeña perla. Es el caso de esta versión de "Hansel y Gretel".
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  • El último maestro del aire
    No la salva ni un Avatar

    Corren tiempos difíciles, vientos de guerra como suele decirse. Las naciones místicas representadas por los elementos (Aire, Agua, Tierra, Fuego) se encuentran sometidas al arbitrio de una sola de ellas, la del Fuego (por supuesto) y de alguna manera el equilibrio roto podría restaurarse si reapareciera el Avatar, único maestro capaz de controlar todos los elementos. Llevan echando de menos a este maestro algo así como un siglo, cuando de repente dos hermanos del reino del Agua encuentran a Aang, un niño en animación suspendida. Cuando advierten que Aang puede ser el Avatar largamente esperado, los tres se convierten en presas y mientras escapan de sus perseguidores (entre los que se encuentra el propio príncipe del Fuego) van liberando aldeas a su paso.
    El director de origen hindú M. Night Shyamalan es una rara avis a quien se ha llegado a definir alternativamente como "genio personalista e incomprendido" y "estafador mediocre", sin grises. En sus primeros filmes dejaba entrever un talento cuidado y una buena muñeca para lo retorcido, descalabrando a sus espectadores con finales inesperados que, defendibles o no, le ganaron un cierto respeto por parte de la crítica. Sin embargo en los últimos tiempos venía derrapando con filmes que prometían una cosa y terminaban siendo otra; no satisfecho con esa "traición", ni siquiera se podía rescatar un dinamismo en la trama que la hiciera disfrutable.
    Shyamalan, cada vez más despreciado por la crítica (y buena parte de un público que, fiel pese a todo, seguía / sigue acudiendo a las salas para ver su último trabajo), parece haber querido imprimir en "El último maestro del aire" un giro significativo a su filmografía, una suerte de exorcismo para la mala racha. No lo consigue: sus defectos siguen allí, sus virtudes parecen haberse esfumado sin esfuerzo alguno, detrás de una cortina de efectos especiales y una mala adaptación de una serie animada que es, lejos, mejor que el largometraje que pretende recrearla. Una aberración del cine de fantasía, con todos los clichés del género pero sin nada de su espíritu.
    Como sucedió con "Dragon Ball: Evolución", aunque sin los bochornosos desaciertos estéticos y de registro (en aquel caso no se podía hablar de drama, comedia, aventuras, parodia: nada, para definir semejante pastiche), la adaptación falla al querer resumir toda una temporada de argumento y desarrollo de personajes en menos de dos horas. Si la única apoyatura van a ser los magníficos escenarios generados por computadora y los efectos especiales en la batalla, no habrá hombre ni mujer, anciano o niño que se resistan al bostezo.
    La premisa en cine es tan universal y clara que Shyamalan, a quien se intuye cinéfilo pese a todo, no debería haber pretendido dejarla de lado como lo hizo. Si una historia no es interesante, ni está bien contada, ni alcanza tan siquiera a generar un personaje inolvidable, no vale demasiado la pena. Una historia que además subestima al espectador (desde los diálogos hasta las actuaciones no hay una gota de empatía que se eyecte de la pantalla) por obvia, morosa, sobreexplicada y sin alma, no tiene justificación posible.
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  • Vincere
    Vincere
    Cine & Medios
    Tonta, pobre tonta

    Corren los años ’20 y la Italia de Vittorio Emmanuele está convulsionada. Preñada de fracasos políticos y miseria, la unificación está engendrando monstruos insospechados. Uno de ellos es el anarco comunista Benito Mussolini (Filippo Timi), joven y lleno de ímpetu, cuya militancia y convicciones pronto deslumbran a una joven, Ida Dalser (Giovanna Mezzogiorno), que se convierte en su amante.
    Obnubilada por su amado, Dalser tarda en comprender que Mussolini está muy lejos de ser quien aparenta. Tiene su propia familia, y cuando ella le revela que está a punto de ser madre de un hijo suyo, la repudia rápidamente. Pero la joven no se arredra. Una y otra vez busca acercarse al cada vez más prominente político, sin darse cuenta de que su empecinamiento la está llevando a la ruina. Con su salud mental comprometida, forzada a una reclusión en instituciones cada vez más cerradas y separada de su hijo por tiempo indefinido, Ida insiste en ser reconocida por el Duce mientras Italia se sumerge en el momento más sombrío de su historia reciente.
    Con oficio y buena síntesis visual, el director Marco Bellocchio reconstruye los años del ascenso sociopolítico de Benito Mussolini, pero a través de la mirada de la mujer y el hijo a los que desconoció y despreció públicamente, llegando inclusive a borrar los registros de su existencia. En este sentido, es la historia de Ida Dalser como una representación femenina y antropomórfica de la propia Italia la que toma la posta, dando un vago aire documental al filme mediante imágenes de archivo bien combinadas con la historia principal.
    La historia de Ida Dalser es, en definitiva, la de cientos de miles de italianos deslumbrados y finalmente traicionados por la megalomanía de un hombre carismático y fatal. Con algunos minutos de exceso en el metraje y muy pocos baches, “Vincere” es una propuesta digna de ser considerada en la oferta de la cartelera actual para quienes consideran al cine un poco más que entretenimiento.
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  • Las hierbas salvajes
    Del amor y otros efectos colaterales

    Una tarde cualquiera en París puede cambiar dos vidas. O más. Así parece al menos para George (André Dussollier), que por obra y gracia de un hallazgo inesperado deja volar su fantasía para ir detrás del misterio que para él entraña una mujer ignota, arriesgando todo lo que ya tiene. En tanto, Marguerite, la mujer (Sabine Azéma) se deja arrastrar por este factor novedoso en su existencia, por más que la paulatina obsesión de George y los grises de su pasado enturbian la incipiente relación.
    Aunque ya roza los noventa años, Alain Resnais demuestra que puede seguir siendo uno de los directores más vigentes y frescos (si cupiera el término) de la cinematografía francesa. Combina diferentes elementos de géneros como el thriller, la comedia negra, el policial y el romance clásico, más un giro moderno para insertar la trama en la actualidad. Y así, en poco más de hora y media, desarrolla su relato sin prisas, con el pulso de un buen narrador.
    El trabajo de André Dussollier y Sabine Azéma en los roles principales es correctísimo, sin brillanteces pero con toda la solvencia que es de esperar en dos veteranos de buenas batallas cinematográficas. Los secundarios, a cargo de Mathieu Amalric y Emmanuelle Devos, son las auténticas marcas de agua de una historia donde la mano del director realza verdaderamente el libro en que se basa.
    Lo más flojo: algunos de los meandros narrativos hacen que se pierda un poco el interés en la trama, aunque las imágenes y el virtuosismo visual contribuyen a mantener enganchado al espectador. También, que el mejor estreno de la cartelera para este jueves sea tan limitado en cuanto a su exhibición y se haya demorado tanto, comercialmente hablando.
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  • Veronika decide morir
    Segundas oportunidades se ofrecen

    No se puede decir que a la vida de Veronika Deklava le falte algo, pero realmente le falta todo. Pese a su excelente presencia, su buen temperamento y un trabajo que le permite darse todos los gustos de una buena vida burguesa, Veronika sufre depresión y este estado le brinda momentos de lucidez reveladora que no le gustan nada. La gran epifanía llega el día en que le recetan antidepresivos y se da cuenta que la vía farmacológica la llevará a un tobogán de conformismo al que no está segura de querer subirse. Entonces, decide suicidarse. Y como la película no tendría sustancia sin un “pero…”, esta tentativa le abrirá la puerta de otra oportunidad.
    La nueva vida es Villette, una clínica psiquiátrica privada; y puede que sea una existencia más bien breve. No bien despierta de su coma en la cama de la clínica, le advierten que su intento de suicidio le ha debilitado el corazón y que su vida depende del capricho de un aneurisma. Sumida en la incertidumbre de los días, semanas o meses que le quedan, Veronika ronda el neuropsiquiátrico buscando y no buscando adaptarse, pero sobre todo aprendiendo el valor de una existencia que estaba echando en falta.
    Esta adaptación de la británica Emily Young aborda situaciones que primero rozan la sensiblería, y que con el correr de los minutos se vuelven decididamente sosas, muy poco jugadas. Es cierto que la novela original de Paulo Coelho no es un dechado de situaciones de riesgo, o de imágenes provocadoras, pero el argumento en sí, la historia de fondo, permitía una apuesta mayor a la hora de trasponerla al cine. Ya que los guionistas se tomaron el trabajo de re-ambientar al personaje principal, su historia de vida y su entorno, bien podrían haber ido un paso más allá de la propuesta original.
    Sin embargo, hay ráfagas de belleza en algunas secuencias (la agonía de Veronika al comienzo)
    Sarah Michelle Gellar se desenvuelve bien en una trama que le es amigable y funcional, aunque sin particulares brillos. Tampoco los encontraremos en el resto del elenco, y no porque se trate de malos actores; están convincentes en su gestualidad David Thewliss y Erika Christensen, pero no hay vuelo en sus personajes. Son figuras planas, desprovistas de motivación y funcionales a una trama que los quiere para el tiempo y lugar de la acción. Sin historia, o al menos sin una historia interesante; pero sobre todo, sin futuro.
    Una película para asomarse, mirar, encontrar la dosis justa de amor a la vida que pretende insuflarle su argumento original, y olvidársela al volver a casa.
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  • New York, I love you
    Historias playitas en la Gran Manzana

    Hace tres años, una película mosaica sobre la Ciudad Luz se apoderó de las pantallas ofreciendo dieciocho historias sumamente breves, exquisitas en su mayoría. Hablamos, por supuesto, de "Paris je t´aime", y a la luz de su éxito de crítica y público a lo largo del mundo no faltó un cráneo que decidiera hacer un correlato ambientado en otra megápolis igualmente promisoria a los fines narrativos. No en vano New York ha sido ciudad cinematográfica desde que el cine es cine, por lo que una fórmula probada y una sarta de directores notables, más el elenco ganchero, auguraba buenos resultados.
    Lo cierto es que esta experiencia resulta despareja y tibia al lado de la propuesta que le dio origen. A diferencia de su inspiradora, algunos de los segmentos de "New York, I love you" se entrelazan con otros, brindando un respiro oportuno ya que no todos están a la altura en calidad o interés. El costumbrismo intimista de Mira Nair convive con la mirada sensiblera de Natalie Portman (concentrada en lo minimalista pierde interés y se banaliza), y se cruzan el japonés Shunji Iwai con Fatih Akin con resultado dispar, que favorece al extremo-oriental. Y una historia tibiamente audaz sostenida por el diálogo de dos personajes, a cargo de Yvan Attal, queda un poco descolocada junto a la fresca bofetada de Brett Rattner.
    Los actores tienen poco para lucirse en lo tocante a los diálogos, aunque está claro que los guionistas y directores dieron preponderancia a éstos por encima de aquéllos. A diferencia de las historias parisinas, hay mucha morosidad y se pierden minutos valiosos en la pretendida profundidad de los guiones, que terminan restándole fuerza a la ciudad como protagonista escénico, visual.
    Eso sí; quienes por vivencia personal o por admiración a la distancia sientan por esta ciudad una fascinación chauvinista, se verán recompensados con la abundancia de imágenes, travellings y panorámicas que funcionan como escenarios, transiciones e inserts. Por lo demás, queda claro que muchas historias podrían transcurrir en Bombay, Buenos Aires o Río de Janeiro. Posiblemente, con más gracia y gancho.
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  • Cartas a Julieta
    Cartas a Julieta
    Cine & Medios
    Otra película de amor a la italiana

    A los WASP los vuelven locos los paisajes mediterráneos. Los seducen los viñedos, las campiñas de la Europa profunda, el exotismo del entorno rural y sus habitantes. Si no, no se explica la proliferación desde que el cine es cine (sobre todo sonoro, con premios a la fotografía y un largo etcétera) de películas como "Bajo el sol de Toscana", "Un buen año", "French Kiss" y demás. La fórmula nunca falla; basta hacerse con un par de estrellitas jóvenes, algún peso pesado de la industria y voilá: una nueva comedia romántica lista para lucirse en los complejos multisalas, entre la última de acción y la última de animación 3D.
    Ninguno de los actores desentona en esta historia, aunque bien poco pueden hacer con el guión de Rivera y Sullivan. Seyfried se foguea como joven heroína en este tipo de propuestas, dejando atrás el lamentable papel de adolescente ciclotímica en "Mamma Mía!" y escapándole al melodrama de "Querido John"; en este sentido, ofrece un joven contrapunto a la siempre impecable Vanessa Redgrave, que ilumina la pantalla con su cualidad expresiva. Los hombres quedan un poco desteñidos, pero es bastante lógico si se piensa a qué público apunta esta propuesta, pletórica de hermosos paisajes y previsibles intrigas románticas.
    Si se la compara con la otra oferta de estreno que involucra amor y desencuentros (la notable "El refugio", de Francois Ozon) sale perdiendo por goleada. Pero si salió desencantada de "Sex and the city 2" y quiere una revancha menos insultante, "Cartas a Julieta" es una decisión lógica, de vuelo bajo, aunque atrayente.
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  • Dioses
    Dioses
    Cine & Medios
    Decadencia fashion

    Mantener el status quo significa muchas veces transgredir las propias limitaciones de pensamiento en función del qué dirán, y en esto es un experto el paterfamilias, Agustín (Edgar Saba). Incapaz de ver más allá de los conflictos inmediatos, se le escapa el amor febril que su hijo Diego (Sergio Gjurinovic) siente por su propia hermana, Andrea (Anahí de Cárdenas) y el secreto ya no tan inocente que la propia Andrea esconde. Está demasiado pendiente de su nueva pareja, la jovencísima y hermosa Elisa (Maricielo Effio). Sintiéndose demasiado afortunada con su nueva vida, ella dedica sus días de ocio a intentar pulirse para encajar en la superficial alta sociedad peruana, permanentemente acomplejada por su humilde origen.
    En este entramado de relaciones complejas, aunque bastante estereotipadas, el director Josué Méndez recrea la hipotética vida de una familia de clase alta, en este caso limeña, aunque con conflictos absolutamente comunes a los de cualquier otro clan en similar situación socioeconómica. Lo mejor dentro de esta trama es el tiempo que se toma Méndez en esbozar la situación de los miembros de clase humilde (las empleadas de la casa de don Agustín, Elisa), que resulta escaso en relación al resto, aunque mucho más rico y próximo a la realidad. Sobre todo, la escena final resume bien el espíritu de la historia.
    En un elenco que no descolla particularmente, los jóvenes Sergio Gjurinovic y Anahí de Cárdenas se lucen mejor en su tramo de la historia y consiguen captar lo más sórdido y oscuro de la alta sociedad a la que pertenecen. Las contradicciones, dudas y rebeldías propias de la edad quedan bastante bien plasmadas.
    Los personajes están lejos de ser los dioses del título, pero si se trata de definirlos de acuerdo a una doble moral hipócrita, en función de la cual actúan y se desenvuelven, sugieren un cierto paralelismo con esas divinidades paganas, caprichosas e impunes.
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  • Sangre y amor en París
    Oh, la lá: tiros, líos y cosha golda

    Para el desvaído y hastiado agente de inteligencia James Reece (Jonathan Rhys Meyers) la rutina está a punto de cambiar. Destinado de manera eventual e inesperada a una misión de lucha contra el terrorismo, abandona su puesto laxo en la embajada norteamericana en Francia y se empareja con el muy peculiar agente Charlie Wax (John Travolta). Más allá de los sobresaltos con que se encuentra el novato al lado de semejante redneck de gatillo fácil, pronto quedará claro que la trama oculta detrás del caso que rastrean es más complicada de lo que parece, y estos "talentos" poco ortodoxos de Wax se revelarán útiles para salvar, ya no el mundo, sino el pellejo.
    Sí, sabemos que John Travolta es un tipo raro y que dos por tres se zarpa con una aberración como "Rebeldes con causa". Pero es bueno recordar que esa rareza también lo hace figurar, con mucha más soltura, en películas como esta que nos ocupa. No va a sorprendernos con algo más elaborado que el Vincent Vega de "Pulp Fiction", pero nos vamos a divertir un rato viéndolo desconcertar a Jonathan Rhys Meyers, una digna pareja en esta película de acción light.
    En cuestiones de género y con mucha más sutileza que tiros, se podría considerar a "Escondidos en Brujas" un antecedente posible de esta cinta, pero no está ni de lejos tan elaborada en lo argumental, sino que se ajusta a las más básicas fórmulas de las películas de duplas (Jackie Chan-Chris Rock, Nick Nolte-Eddie Murphy), aunque sin el componente interracial como el plus que exacerba las risas por parte del público.
    Sin demasiadas pretensiones, con un ritmo que no agota (cosa que sí nos pasa con el bueno de Jason Statham, por ejemplo) pero que es llevadero y entretenido, el director Pierre Morel desembarca en Hollywood con un retrato atípico del crimen en París. A la yankee, eso sí.
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  • Recuérdame
    Recuérdame
    Cine & Medios
    Edulcorada pulsión de muerte

    Tyler (Robert Pattinson) está atormentado por distintos conflictos. Por un lado, no sabe exactamente qué es lo que quiere hacer o con qué talentos cuenta. Por el otro, atraviesa un duelo intenso a raíz de la muerte de su hermano mayor, que se suicidó por motivos no muy claros aunque pudo haberse visto desbordado por la exagerada presión paterna. A Tyler le quedan sus padres divorciados y una hermana estigmatizada en el colegio por su excéntrico temperamento de artista precoz; pobre contención para un muchacho conflictuado. Pero algo cambia cuando un giro del destino lo acerca a Ally (Emilie de Ravin), hija única de un policía, que también alberga un dolor inmenso y su propia pérdida.
    En el dolor, estos personajes se acercan buscando una salida que los aleje de esa sensación agobiante que les dejaron las muertes de sus más queridos, y en el proceso construyen algo parecido a una relación convencional. Sin embargo, la comunicación interferida y algunos problemas externos se combinan para recordarles a cada paso que sus peores temores están más allá de su control, al igual que las tragedias.
    A través de la interacción de los personajes y de la evolución de su relación, queda claro que la historia es, en definitiva, la de uno de los más atávicos conflictos del ser humano, como es la pulsión de muerte. A ambos protagonistas (con sus contracaras más entrañables: padre en el caso de la chica, hermana en el del chico) les desespera la imposibilidad de arraigarse a la vida, ambos han sufrido pérdidas desgarradoras y las subliman a su manera. Detrás de sus instintos positivos o negativos subyace el peligro de autodestrucción latente. Con esta premisa, podría haberse conseguido algo más que esta diluída y almibarada película, que coquetea con el bostezo en varios tramos y con la obviedad en tantos otros.
    Seguramente el mayor mérito de este filme es poner a sus conocidos y carilindos protagonistas en una situación inusual (ambos son figuras con gran exposición masiva en los últimos años) y ofrecer así un contraste ganchero para un drama fácil, ambientado en estos tiempos.
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  • Contactos de cuarto tipo
    Que viene el Alien

    En el pequeño pueblo de Nome, en Alaska, algo está sucediendo para poner en alerta a un psiquiatra reconocido. Sus experimentos se truncan con su propia e inesperada muerte; es su mujer, también psiquiatra, quien decide retomar el trabajo de campo inconcluso. Y en plena sesión de hipnosis con uno de los tantos pacientes.
    En cuestión de días (no; de horas), la pequeña localidad es avasallada por sucesos frenéticos y violentos que tienen como protagonistas a los pacientes de la doctora Tyler, que pasa a estar en la mira de la policía en calidad de sospechosa. De nada sirve que la doctora esgrima su condición de víctima de las circunstancias (incluso tiene a su hija menor psicológicamente ciega, desde la muerte del padre); con la prosecución de las sesiones de hipnosis, se multiplican los incidentes y pronto queda al descubierto para Abby una realidad terrible: seres de otro planeta están abduciendo pobladores en Nome para sabe Dios qué experimentos.
    Sí: hay demasiados nuevos productos de género (terror) en danza, con pretensiones de cinema verité. La cámara oculta en "Actividad Paranormal" era apenas una reedición de aquella otra, más movida y espontánea, en "El proyecto Blairwitch". Diez años después de esta última, incluso los grandes directores se vieron tentados de incursionar en un nuevo estilo de cine realista. El espectador difícilmente se deje engañar; a tal efecto, y para filtrar esa susceptibilidad inicial, el director Osunsanmi divide la pantalla y a su personaje principal, la doctora Abigail Tyler, en dos. Por un lado, la "auténtica" doctora; por el otro, su intérprete en la ficcionalización de los supuestos hechos reales, Milla Jovovich.
    El resultado es una propuesta de crescendo interesante, con base en el impacto de las imágenes "de archivo" y en la posibilidad de sugestión del espectador. Si este segundo factor falla, el producto se revela endeble y por momentos, ridículo. Sin embargo, hay algo muy inquietante en la elección de la figura protagonista y la forma de encuadrarla, alternativamente en el tiempo real del relato (una entrevista conducida por el propio director del filme) y en el ficticio. Con unos minutos de menos y algo de crédito por la inteligencia del espectador promedio, sería un filme ideal para quienes se interesan en las más modernas variantes del género.
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  • Amante accidental
    Amante accidental
    Cine & Medios
    Si el amor fuera (tan) fácil...

    A Sandy (Catherine Zeta-Jones), una tranquila ama de casa de los suburbios neoyorkinos, aficionada a los deportes y devota de sus hijos, la existencia le cambia de un momento al otro cuando descubre que su esposo le ha sido infiel. Decidida a conseguir una nueva vida y recuperar el tiempo que perdió sin ejercer su profesión (¿periodista?), se muda a la city y consigue nuevo hogar y un trabajo excepcional en tiempo récord. Lo que no parece salir tan bien es la búsqueda de un nuevo compañero, esta vez ocasional; un "rebote", una especie de sucedáneo afectivo y sexual hasta que el nuevo "para siempre" aparezca.
    En eso están ella y su amiga cuando el tipo menos pensado se mete en la escena: el joven vecino y asistente de la cafetería del barrio, Aram (Justin Bartha). Judío, semi-empleado y recientemente divorciado, se convierte en el inesperado niñero de Sandy cuando ella comienza a transitar su camino al éxito laboral. De ahí a la complicidad y el romance parecen haber pocos pasos, pero también algunas complicaciones a las que son incapaces de sustraerse del todo, como el prejuicio ajeno y las diferencias inherentes a sus respectivas edades y situaciones laborales.
    En una historia que puede presumir de lineal, y predecible, pero que no carece de encanto, el director Bart Freundlich toma a dos personajes arquetípicos (la mujer que está de vuelta y el pibe que recién empieza a despegar en la vida), los reúne en lo más emblemático del mundillo nocturno neoyorkino y ... voilá. Le sale bien porque la fórmula ya está hecha y probada, pero en este caso hay una cierta frescura en algunos aspectos del guión que suman en lugar de restar. Ya es un gran avance que no haya pretensión de ocultar la inobjetable frivolidad de la protagonista tras una capa de inesperado (y poco verosímil) esnobismo.
    Acá las cosas son como son: la cuarentona atractiva, enérgica y con suerte, siente que se las sabe todas y en medio de un ataque de angustia muy middle age lo manda al pibe a madurar, cuando evidentemente, y pese a las condiciones objetivas de vida del susodicho, éste le da diez vueltas en claridad mental. Esto es un poco la vida misma, sólo que con protagonistas lindos y, a su manera, exitosos. Donde el conflicto es mínimo y se puede resolver con dosis de corrección política y buena conciencia. Disfrutable sólo en términos de sí misma, la película no promete más de lo que está a la vista. Y está bien.
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  • Un sueño posible
    Un sueño posible
    Cine & Medios
    Tócala de nuevo, Sandra

    Sin entrar en el debate sobre la justicia de un premio Oscar otorgado a la clarísima protagonista (el pobre Quinton Aaron, por central que sea su personaje, es una excusa para el lucimiento de la verdadera estrella blockbuster de este filme), hay que reconocer que Bullock consigue en este filme de sencillo planteo y obvia resolución uno de sus puntos más altos, si no el más alto de su carrera.
    En el panorama cinéfago actual hay lugar en taquilla para un acotado número de filmes, agrupables en categorías más o menos diferenciables por género y público. Cada tanto surgen joyas que rompen con la estructura de lo previsible, pero no es este el caso del filme de John Lee Hancock (esta es la primera de sus películas como director que llega a Argentina). Dentro de las películas que pretenden ser joyas y se imponen a fuerza de simpatías del público sí hay un lugar para "Un sueño posible", basada en una historia real que, con poco de verosimilitud y mucho de coherencia cinematográfica, deriva rápidamente de las asperezas de los dramas cotidianos a una suerte de comedia amigable, digerible y rápidamente olvidable.
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  • Los últimos días de Emma Blank
    La tiranía de los débiles

    Emma (Marlies Heder) está a punto de morir. En la casa donde pasa sus últimos días se corta el ambiente con un cuchillo. El personal a sus órdenes (un particular perro incluído) la rodea al mismo tiempo de las más serviles atenciones y de la más profunda hostilidad. Esto no sería tan raro, dado que Emma les hace la vida imposible con la impunidad de quien se sabe acabado. Lo curioso es que este personal de servicio es... su propia familia, que secretamente espera heredarla cuando esa misteriosa enfermedad terminal la liquide de una buena vez.
    En medio de esta situación cada vez más tensa, Emma se revela por momentos vulnerable y asustada, sin por eso dejar de torturar a su esquizoide familia. Como es de prever, hay varios cabos sueltos en la historia y conviene decir poco al respecto. Con una destreza notable para hilvanar el guión, el realizador Alex Van Wammerdam transita de manera no siempre omnisciente esta trama de personajes abrumados, siempre al borde del estallido y con algo que perder u ocultar.
    Aunque la temática que se aborda es un poco ríspida (y por momentos la acción se estanca en las rispideces perdiendo un poco de dinamismo), el enfoque buscado y conseguido por su director lleva al público al verdadero plano donde las situaciones se desarrollan: el ámbito de la comedia negra. Dentro del género se la puede asociar muy vagamente a "8 femmes", de Francois Ozon, y si bien el elemento bizarro pasa por un lugar bastante diferente al de aquella cinta, su presencia asegura al espectador momentos de buen cine. Claramente, una de las mejores propuestas dentro de los estrenos que se ofrecen esta semana.
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  • Loco corazón
    Loco corazón
    Cine & Medios
    Toca otra vez, viejo perdedor

    Bad Blake (Jeff Bridges) ha visto tiempos mejores. Otrora exitoso cantante country, ahora debe pelear desde el llano por un lugar en los humildes escenarios que antes no pisaba ni de casualidad. Perdido por su creciente problema de alcohol, derrotado por una vida que se lo llevó puesto a fuerza del karma de sus malas decisiones, conoce en una gira improvisada a la periodista Jean Craddock (Maggie Gyllenhaal) y algo vuelve a él. Llámese fuego sagrado, llámese inspiración; el viejo Blake está encontrando su centro y esta historia es, en parte, la de sus esfuerzos por reencontrarse con la chispa vital que lo hizo leyenda. Modesta leyenda, es cierto, pero...
    Bridges está inspirado y brillante en este rol que le va como anillo al dedo, ya desde la actitud en el primer escenario que le vemos pisar. Y puede cada quien preguntarse... ¿es inspiradora, es atractiva para el público argentino una cinta (más) que aborda la hipotética vida de un redneck norteamericano? La respuesta remitiría casi de inmediato a "El Luchador"; una película que se impuso por la potencia de su personaje protagónico. Las historias bien contadas, con un sólido respaldo actoral, son las que merecen ser vistas y recomendadas, independientemente de cuán aficionado sea el espectador a la música country, a la música en general, al drama humano o a las cintas "personalistas".
    Esto sucede, justamente, con "Loco Corazón". Una película para, ahora sí, enamorarse locamente de Jeff Bridges.
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  • Un hombre serio
    Un hombre serio
    Cine & Medios
    Demasiada presión

    Los hermanos Coen, acostumbrados a dar vuelta la página cada dos por tres, se despegan de dos distinguidos filmes seguidos, como "Sin lugar para los débiles" y "Quémese después de leerse" para internarse en un mundo que conocen bien. La estructura familiar judía de fines de los ´60 y principios de los ´70 se cita con una buena recreación para darle cuerpo a la historia de lo que llamaríamos un "desgraciadito", el pusilánime y buenazo de Lawrence Gopnik (Simon Helberg), profesor universitario del que todos están dispuestos a aprovecharse sin el más mínimo asomo de consideración.
    Ventajeado por su aún más pusilánime hermano Arthur, por sus hijos adolescentes e incluso por algún que otro alumno, Larry recibe el golpe de gracia cuando su mujer le anuncia que quiere divorciarse para casarse con uno de los hombres más respetados de la colectividad; no sólo eso, sino que debe correr con todos los gastos imaginables. Problemas de salud, conflictos con vecinos y un inminente Bar Mitzvah todo se confabula en contra del pobre Larry, que a medida que pasan los días comienza a manifestar el stress que lo invade. Entre tanto, su familia y entorno derivan en sus propias historias pequeñas y mezquinas, sin percatarse de lo que pasa por su cabeza o las preocupaciones con las que él debe lidiar. Se genera así un clima asfixiante, a medida que el espectador siente subir su propio émbolo de tolerancia al ritmo del nerviosismo del protagonista.
    Sin ser "El quinteto de la muerte", esta particular comedia negra (negrísima por momentos) no pasará a la historia como lo más destacado en la filmografía de los Coen. No hay que achacarle el escaso interés o los baches al elenco (que consta de varios desconocidos, si comparamos las figuras que suelen convocar Joel y Ethan para sus últimas producciones), sino a algunas chaturas de un guión que es tan elíptico y lleno de trampas como las sentencias de los sucesivos rabinos a los que consulta el protagonista.
    Con un arranque y un final muy buenos, la flojera de algunas situaciones troncales y ciertos fallos un poco molestos de continuidad perturban el buen ritmo de una historia que, si bien contiene una moraleja, se las arregla para eludir a su espectador generando expectativas que no llegan a cuajar. De todos modos sigue siendo una buena opción para quienes encuentran en el cine no sólo la excusa de un entretenimiento o un pasatiempo, sino el goce de una escena bien filmada, resuelta con acierto desde lo visual.
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  • Percy Jackson y el ladrón del rayo
    Que se mueran los dioses

    Hay que ser caradura para intentarlo de nuevo. Después del fracaso (previsible) de la saga embrionaria basada en "Los seis signos de la luz", y del no tan previsible fiasco de "La brújula dorada" (lo cual nos privará para siempre del desenlace de una de las mejores sagas de ciencia ficción fantástica jamás escritas), los grandes estudios vuelven a intentarlo, esta vez con un desgastado Chris Columbus que, liberado del lastre de haber sido el director de las primeras "Harry Potter", se hace cargo con muy pocas ganas de una nueva epopeya fantástica.
    En esta ocasión, el héroe es Percy Jackson (Logan Lerman, tan poco carismático como Daniel Radcliffe, aunque más fachero y con menos cara de angustia), un adolescente disléxico y sin suerte en el colegio que, de buenas a primeras, se entera de que es el hijo del dios de los mares, Poseidón. La revelación viene acompañada de no pocos peligros, ya que Zeus (Sean Bean), su "tío celestial", está furioso porque cree que él ha robado el rayo, su instrumento de poder y a la vez un arma tan peligrosa que, en manos incorrectas, puede arriesgar a la Tierra a una batalla sin cuartel por el dominio del Olimpo.
    Todo esto no sería nada, e incluso se podría construir una saga pasable con los elementos antemencionados, pero desde el momento en que Percy atraviesa las puertas del campamento de los semidioses (Hogwarts al aire libre) y se produce una serie de escaramuzas con sus pares, lo endeble de la utilería, las pésimas coreografías de batalla y las lastimosas situaciones "de peligro" que sufren el protagonista y sus secuaces ponen de manifiesto la pobreza de este producto. Promisorio en los avances, y decepcionante casi al instante de comenzar.
    Con chistes y guiños ridículos para el espectador mayor de doce años, enigmas que no son tales y un sospechoso evidente desde el inicio, "Percy Jackson..." rompe con todas las premisas que hicieron de "Harry Potter" o "Crónicas de Narnia" sagas exitosas y entretenidas. Sólo para chicos aburridos, que consumen cualquier saga pretendidamente fantástica, con dinero y tiempo libre. Y que no conozcan a ninguno de los notables actores (Catherine Keener, Pierce Brosnan, Uma Thurman) que se prestaron a semejante esperpento.
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  • Preciosa
    Preciosa
    Cine & Medios
    Triste princesa de Harlem

    Corre el año 1987. Precious (Gabourey Sidibe) es una adolescente de Harlem, obesa y huraña, que parece haber llegado a un punto muerto en su vida. Lo único que la motiva ligeramente es el colegio; le gusta escuchar atentamente a sus profesores y sentarse al final de la clase, sin hacer caso de las burlas y la brutalidad de sus pares tanto en la calle como en las aulas. Es que a sus dieciséis años ya ha pasado por todos los círculos del infierno y vive en la más aberrante de las miserias, víctima de una madre abusadora en lo físico y lo psicológico, y violada por su propio padre.
    Al momento en que la historia comienza, Precious espera su segundo hijo y acaban de expulsarla del colegio, dándole la posibilidad de reinsertarse en una escuela alternativa. Sin mucha esperanza pero con una necesidad enorme de escapar de su propio espanto, la jovencita ingresa al programa "Each one teaches one" (Uno enseña a uno) y encuentra con el correr de las semanas una motivación para salir adelante. Sin embargo, hija del drama, la tragedia la acecha, todavía, de maneras inimaginables.
    En esta historia de esperanza en medio de la marginalidad extrema, con actuaciones notables, se destaca muy, muy lejos la interpretación de Mo´Nique como la psicótica y abandónica madre de la protagonista. Un retrato tan bien compuesto desde lo emocional que por sí mismo justifica la película y el único personaje en toda la historia que sostiene una coherencia interna, desafiando los saltos temporales y la progresión de los acontecimientos. Es una pena que Precious, destinada por mérito de su historia intrínseca a ser uno de esas interpretaciones inolvidables, se quede a medio camino entre transiciones inexplicables, que se dejan libradas a la imaginación del espectador.
    Con una puesta y dirección algo esquizofrénicas, Lee Daniels parece coexistir con varios espíritus artísticos en sí mismo; de una escena de violencia y evasión absolutamente coherente con la trama y el tipo de narración (el momento de la violación de Precious) pasa a otro que no sólo rompe con la armonía propuesta en este sentido, sino que deviene incómodo y anticlimático (un espantoso montaje de fotos en el momento más álgido de la película). Este tipo de incoherencias atentan contra una historia que podría haber sido mejor contada, sin tantos golpes bajos y escapándole un poco a lo que se espera de este tipo de filmes.
    Es necesario decirlo: cine independiente no tiene por qué ser cine improvisado, o refritado. "Preciosa" es una especie de epítome del cine norteamericano de bajo presupuesto con temática marginal, y como tal cae en todas las aberraciones que debería evitar. Por supuesto, estos detalles pasan inadvertidos a la hora de nominar un producto de tinte sensible y efectista, pensado (oh, ironías) para certámenes de alto vuelo.
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  • Andrés no quiere dormir la siesta
    Nunca se es demasiado pequeño para que el dolor del mundo te toque. A Andrés le cae en suerte experimentar una de las pérdidas más dolorosas que puede sufrir un niño, y casi de inmediato pasa a manos de una abuela de escasa empatía con la que se enfrenta de manera sorda. Sin embargo, la guerra subterránea no es sólo doméstica. Un día cualquiera, Andrés ve lo que no debe y pronto queda inmerso a su pesar en una cadena de sucesos que introducirá finalmente un (otro) cambio fundamental en su vida.
    Con la muy buena performance del niño protagonista, Conrado Valenzuela, el espectador se va introduciendo en la historia de Andrés y de su hermano, las realidades de su padre, su abuela y el vecindario con su secreto a voces. Sin embargo, al abandonar por momentos la óptica del niño, se revelan algunos hilos sueltos de esta trama que si peca de algo, es de la audacia de querer abarcar mucho en poco tiempo. Pasando del drama familiar al thriller de tintes político-policíacos, tiene por momentos baches incomprensibles donde la atención (y la tensión) se pierden.
    Si bien no presenta más que sutiles modificaciones a un tema ya clásico del cine, como es el de la perspectiva infantil sobre el conflicto (el más inmediato y el otro, el que lo cerca y lo influye sin él saberlo), se podría decir que este filme es un buen debut para Daniel Bustamante. No es para menos, con el elenco que consigue reunir y los temas ambiciosos que aborda el guión. Quizá le ha faltado un poco de horno (madurez artística, algo de sensibilidad sutil en pasajes que lo requerían) para convertirse en una película referencial, pero dentro de sus propios márgenes es disfrutable.
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  • Astro Boy
    Astro Boy
    Cine & Medios
    Allá va Astroboy

    Hace cincuenta años, la imaginación de Osamu Tezuka (inflamada de inspiración asimoviana, sin dudas) parió a un cyber-niño, nacido de la tragedia más dolorosa a la que puede enfrentarse un padre. Tenma, un científico que trabaja para el gobierno, no puede con el dolor de la pérdida de su Toby y lo regenera a través de una tecnología que combina lo más avanzado de la robótica con la inteligencia artificial. Así surge Astro, el robot-niño con (auto)conciencia, creado para aliviar un corazón dolido y destinado a servir a un propósito mayor.
    Si bien la historia remite al original en una parte muy pequeña (la muerte de Toby en los cartoons de los ´60 y los ´80 es mucho más prosaica y cruento: un accidente de coche), la omisión de algunas cuestiones que podrían volver al producto no apto para todo público se hace necesaria para que la historia llegue a buen puerto en poco tiempo. Hay una rauda pasada por la historia de Pinocho (otra fuente necesaria de la historia de Tezuka), por los conflictos emocionales de los personajes centrales, y un enfoque mucho más marcado en la acción. Quizá el demérito está más asociado con el formato largometraje, que nunca sentó bien a personajes de animé seriado.
    A nivel animación, este filme no ofrece ninguna novedad. A los aportes indiscutibles de la animación japonesa en que se inspira, se suman otros (gráfica de personajes similar a la de Dreamworks, pequeños robots secundarios como los de Pixar o Blue Sky) y si bien a Imagi le queda un largo camino por recorrer en materia de originalidad, está mucho mejor rumbeado que otras empresas aprovechadoras del nicho que generaron las nuevas tecnologías al servicio de la animación.
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  • Eden Lake
    Eden Lake
    Cine & Medios
    Trillando thrillers

    Una pareja feliz, eso son Jenny (Kelly Reilly), maestra de jardín de infantes de aspecto y actitud a su vez aniñados, y su prometido Steve (Michael Fassbender). Con la intención de proponerle matrimonio, Steve lleva a Jenny en una aventura campamentera a un paradisíaco lago, lejos de la saturación informativa de las ciudades y de sus peligros, por qué no. El problema es que, a poco de llegar, se topan con una pandilla de adolescentes que han hecho de ese lago maravilloso su lugar. Y son ferozmente territoriales. Tanto, que desprecian a los forasteros hasta el punto de comprometer su integridad física, aunque no medie ninguna provocación.
    Como suele decirse en estos tiempos de poca imaginación cinematográfica, donde el refrito de fórmulas exitosas se vuelve la regla y la excepción brinda perlas que serán, a su vez, copiadas, "esto ya lo vi". Quizá debido a ese atisbo del cine de Neil Marshall ("Dog Soldiers", "El Descenso") es que esta película, también del Reino Unido y también conformada por un elenco de figuras más bien indies, llega tan bien precedida de críticas, sobre todo de cultores del género.
    Algo de esto hay. Me refiero a la calidad técnica y los ambientes opresivos, envenenados, que van ganando en intensidad a medida que la trama progresa; esto se logra. Por lo demás, el guión es predecible y en su intento por generar tensión, el director debutante y escritor James Watkins (responsable del libreto de la inminente "El Descenso 2") va derrapando hacia el facilismo gore, un terreno que manejan con más audacia y sin asco cualquiera de los directores de "El Juego del Miedo". Claro, a diferencia de "Eden Lake" estas películas no tienen ya pretensiones de séptimo arte.
    A lo sumo funcionará como una especie de metáfora de reproducción de la violencia en tiempos actuales, pero incluso los personajes son tan estereotipados en su rol de lobos y de corderos que la metáfora se estanca en moraleja de fábula y luego de tan buen arranque el desenlace resulta, por lo largo y predecible, decepcionante.
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  • Actividad paranormal
    Un demonio en mi placard

    Si hay algo que el mockumentary ha aportado al cine de género es la posibilidad de exploración de la resistencia psicológica de los espectadores a la tensión cinematográfica del tiempo real, de la situación verosímil. Todo esto apela a las más primigenias emociones del ser humano, básicamente el instinto de supervivencia y el temor a lo desconocido... Hasta Werner Herzog ha sucumbido a la tentación de protagonizar su propio mockumentary, un curioso proyecto dirigido por Zak Penn y que se tituló "Incident at Loch Ness". Lo cierto es que desde "The Blair Witch Project" hasta "REC", pasando por obras más independientes sin estreno comercial mundial ("Alien Abduction", "The Last Broadcast"), ha habido una explosión exponencial del cine de género hecho por fanáticos; porque está claro que toda esta camada de nuevos directores, más apegados a lo digital y, por ende, más desafiantes con los límites de la tecnología aplicada al cine "real", son fanáticos del terror, el gore y el cine bizarre o "cine Z".
    A nuestras salas, como a muchos otros lugares del mundo, está llegando ahora "Actividad Paranormal", una dignísima exponente del género: sin originalidad (parte de las mismas premisas de "Blair Witch", una cinta que acaba de cumplir diez años de vida; y con eso ya está todo dicho), con un arranque aparentemente cansino pero que a la vez preanuncia momentos de álgida tensión (siempre demasiado cortos) y con un par de actores eficaces, engañosamente novatos, desenvolviéndose en una suerte de recreación de situación de misterio del cuarto cerrado.
    Lo mejor de esta película es sin duda el tercer y más importante personaje: la entidad que habita la casa, con todo el esfuerzo puesto en los efectos especiales que hacen verosímiles y aterradoras las situaciones en las que se manifiesta a la cámara de Micah. Sin embargo, estas apariciones son breves y se dilatan bastante en el principio; cuando llegan a su clímax hacen pensar en un final bien arriba... que termina siendo levemente decepcionante si tomamos en cuenta el pico previo de tensión.
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