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Imagen del crítico Silvina Herrera
Silvina Herrera
  • Cantidad de críticas: 6
  • Promedio: 70%
  • Críticas favorables: 5/6 (83%)
  • Críticas desfavorables: 1/6 (17%)
  • Diferencia absoluta: 7%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: Nuestros actores
  • Un mundo misterioso
    Un mundo misterioso
    Nuestros actores
    El ser y la nada

    Un mundo misterioso, el nuevo film de Rodrigo Moreno se presenta en la competencia argentina del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires 2011.

    El segundo film del director de El custodio, Rodrigo Moreno, había generado grandes expectativas dentro de la competencia argentina de la 13° edición del BAFICI. Un mundo misterioso había pasado ya por la competencia oficial del Festival de Cine de Berlín con respuestas contradictorias.

    La película de Moreno vuelve a transitar los ritmos lentos y los silencios, pero esta vez no cuenta con la experiencia actoral de Julio Chávez, que deslumbraba en El custodio. El film comienza con el momento en que Ana (Cecilia Rainero) le anuncia a Boris (Esteban Bigliardi) que quiere separarse, tomarse un tiempo para pensar. "¿Cuánto tiempo?", pregunta él. "Un tiempo, no puedo medirlo", contesta ella. La solidez y el interés que provoca la escena no logran mantenerse en el resto de la película que mostrará el deambular del personaje de Boris por un hotel deprimente y por fiestas con viejos amigos con quienes no parece tener nada en común.

    El relato parte todo el tiempo desde ese hombre treintañero que de un día para otro tendrá que aprender a vivir con su soledad. Una vida simple, sin momentos de tensión ni algún hecho que pueda cambiar la estructura narrativa, que se vuelve lineal de principio a fin. Boris es un hombre que no tiene nada que hacer, su mayor acción es comprarse un auto usado que lo dejará en la ruta cada vez que quiera emprender un camino hacia alguna parte. El protagonista está aburrido de su libertad, no tiene a donde ir, no tiene un trabajo para mantenerse, no tiene nada y la película cae desesperadamente en esa nada.

    Un mundo misterioso se refiere de alguna forma a Buenos Aires y tal vez ese sea su mayor hallazgo. La película muestra las calles de la ciudad, las más reconocibles y las olvidadas, las internas, las que no se transitan todos los días pero que forman parte de la gran urbe. Se detiene también en sus bares antiguos, en sus portones y sus adoquines gastados, en una ciudad que poco a poco está dejando de ser. El personaje es lo que es en esa búsqueda por encontrarse también porque vive en Buenos Aires. Un escenario que de por sí genera nostalgia.

    El film no toma postura ni juzga a sus protagonistas, los deja ser, los muestra en su cotidianeidad, los libera de las redes de la vida laboral, descarnados, pero sin mucho que revelar. La trama recuerda a los primeros pasos que dio el llamado nuevo cine argentino, sumando elementos de humor y reminiscencias del absurdo.
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  • Los Marziano
    Los Marziano
    Nuestros actores
    Secretos familiares

    La tercera película de Ana Katz, Los Marziano, muestra a Arturo Puig y a Guillermo Francella en personajes muy atípicos.

    Los Marziano es una rareza dentro del cine argentino, a pesar de su cartel de estrellas o tal vez justamente por eso. Es un gran placer como espectadores tener la oportunidad de poder ver a Arturo Puig y a Guillermo Francella, actores tan reconocidos, tan queribles para el gran público, nuestros actores; no sólo interpretando personajes atípicos, sino también dentro de una película que por su trama, guión, ritmo y estética escapa al cine argentino convencional.

    El tercer largometraje de Ana Katz cuenta las historias cruzadas de tres hermanos que tienen vidas distintas pero paralelas. Luis (Puig) es un hombre malhumorado que vive en un country con su mujer Nena (Mercedes Morán) y no tiene necesidades económicas, su única preocupación es descubrir quién está haciendo pozos en la tierra en los que muchos vecinos y él mismo terminan cayendo. Juan (Francella) es un cincuentón perdedor, que vive en Misiones sin trabajo y que viaja a Buenos Aires para hacerse análisis porque de un día para otro perdió la capacidad de leer. En el medio está Delfina (Rita Cortese) la hermana que lleva a Juan a los médicos y se hace pasar por su mujer. Luis y Juan no hablan hace tiempo y la visita a la ciudad parece ser un buen momento para reencontrarse.

    La directora de El juego de la silla y Una novia errante tiene una virtud casi desconocida en el cine argentino, que es la sutileza, la contención y el poder decir con imágenes y expresiones actorales mucho más que con discursos eternos e innecesarios. En Los Marziano las situaciones no están expuestas, se dejan entrever, se adivinan a través de atmósferas y climas logrados por medio de un guión medido e imágenes de gran belleza. Sin embargo, el film está lejos de resultar tedioso, aunque los que vayan esperando un Francella con su clásico humor argento saldrán decepcionados. Acá no hay nada de eso, hay un humor extraño, poco condescendiente, más cercano a la agudeza del cine indie norteamericano que al costumbrismo nacional.

    Los cuatro actores se destacan, pero el que más sorprende por su trabajo impecable es Arturo Puig, haciendo un personaje de jefe de familia que puede considerarse antagónico de su clásico Grande pa!. Francella interpreta a un hombre al que no le fue bien en la vida, lo que le brinda al film un aire melancólico, pero nunca angustioso, y a la vez humorístico pero nunca banal.

    La película se detiene más en los momentos, lo que deja abiertas algunas situaciones sin desenlace, pero que no afectan al desarrollo total de la trama. Se trata de una obra plena de talento creativo, difícil de encontrar en la cartelera local.
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  • Sin retorno
    Sin retorno
    Nuestros actores
    Sin grietas ni sutilezas

    Vidas que se cruzan a partir de un accidente fatal en Sin retorno, del debutante Miguel Cohan.

    Sin retorno es una película sobre la injusticia, sobre cómo los errores de un sistema inhumano pueden destruir la vida de un individuo común.

    Se trata de tres historias que se cruzan a partir de un hecho fundamental para los destinos de los protagonistas: un accidente de autos, con un conductor que huye sin dejar rastro dejando a la víctima muerta en el asfalto. Una historia que puede leerse todos los días en la sección policiales de los diarios, pero entrelazada con dosis justas de melodrama.

    Federico Samaniego (Leonardo Sbaraglia) aparece en el lugar y el momento equivocados, y le arruinan la vida tras enviarlo a la cárcel por un homicidio que no cometió. Matías Fustiniano (Martín Slipak,quien el año pasado fue el hijo de la pareja protagónica de Tratame bien) interpreta a un joven sin cargos de conciencia y con una vida sin preocupaciones económicas, totalmente incapaz de experimentar algún tipo de sensibilidad por el otro. En el medio una vida perdida y un padre (Federico Luppi) que lucha por lo que considera justo, sin mirar más allá.

    La opera prima de Miguel Cohan tiene la ventaja de la simpleza, pero el vicio del lugar común. Una película sin demasiadas pretensiones pero muy cuidada, como para llegar al gran público con dignidad. La selección de actores, que se completa con Bárbara Goenaga, Luis Machin, Ana Celentano, Agustín Vázquez y Arturo Goetz, es tal vez lo más destacable de un film que plantea desde el título todo el camino de la historia: ya no se puede volver cuando las casualidades marcan la vida, ya no se puede volver cuando las cuestiones éticas dejan de importar para que la tragedia no arruine las comodidades preestablecidas.

    Una película sin grietas y sin sutilezas.
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  • El baile de la victoria
    El baile de la victoria
    Nuestros actores
    Mi chanta favorito

    Darín vuelve a interpretar a un canchero poco ingenuo en la nueva película de Trueba.

    Llevar al cine una obra literaria siempre es un desafío, porque las imágenes no son el punto de partida, sino el resultado del proceso de traducir lo que estaba sólo en palabras. A veces el cambio de registro deriva en un nuevo enfoque, otras en una copia fiel del texto y otras se queda a medio camino y no logra crear una historia que se sostenga desde la impronta cinematográfica. Eso es lo que parece pasarle a El baile de la Victoria, la nueva película de Fernando Trueba- director de Belle Epoque y La niña de tus ojos- basada en el texto de Antonio Skármeta, que ganó el Premio Planeta en 2003.

    La narración arranca cuando los personajes de Nicolás Vergara Grey, interpretado por Ricardo Darín, y de Ángel Santiago, en la piel de Abel Ayala, dejan la cárcel gracias a una amnistía en Chile, tras la dictadura de Augusto Pinochet. Mientras Vergara Grey quiere sólo recuperar a su familia, Santiago desea dar un gran golpe y cruzar Los Andes para comenzar una nueva vida.

    En el medio aparece Victoria, Miranda Bodenhöfer, una joven que perdió el habla de niña cuando los militares asesinaron a sus padres. Su forma de expresarse es la danza, un baile que intenta convertirse en una metáfora de la importancia de no perder nunca las esperanzas. El problema es que a partir de ahí los géneros comienzan a mezclarse y ninguno se define, thriller, comedia romántica, historia política, costumbrismo. No hay un hilo que lleve a la historia por un camino seguro y la fábula aparece cargada de escenas inverosímiles, que no llegan a ser creíbles.

    Si la película logra algún tipo de éxito en la Argentina, será seguramente por la presencia de Ricardo Darín, que una vez más hace el personaje que viene repitiendo en los últimos films de su carrera. El canchero gracioso, sentimental, bueno pero poco ingenuo, que tanta respuesta popular despertó con las películas de Juan José Campanella. Nadie duda de que Darín sea un gran actor, pero desde la pantalla se espera que pueda buscar otros caminos, como aquella inolvidable actuación, oscura y con matices, que ofreció en El Aura, de Fabián Bielinsky, tal vez su mejor trabajo hasta ahora.

    Abel Ayala tiene grandes momentos, pero en otros exagera hasta la incomodidad. Y Bodenhöfer logra transmitir cierto encanto, pero queda la sensación de que no está aprovechado.

    Así y todo, la película tiene un punto a favor que es el manejo de la atención del espectador. No deja de ser entretenida, a pesar de las imprecisiones.
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  • La mirada invisible
    La mirada invisible
    Nuestros actores
    Alegoría de la represión

    En La mirada invisible, Diego Lerman se sumerge en la tensión de un país reprimido y opresivo.

    Sin vacilación, sin apartar los ojos, sin mostrar la sensibilidad agazapada, María Teresa (Julieta Zylberberg) quiere imponer su mirada invisible, pero se olvida que detrás de ella, alguien más está mirándolo todo. La nueva película de Diego Lerman, el director de la recordada Tan de repente (2003)y de Mientras tanto (2006), basada en la novela Ciencias morales de Martín Kohan, teje un juego de símbolos para dar cuenta de la dualidad entre una forma de ser represora y reprimida que oprime a la única protagonista, una preceptora del Colegio Nacional Buenos Aires durante los días previos a la guerra de Malvinas.

    La trama del La mirada invisible avanza a través de la vida vacía de María Teresa, la joven que pasa sus días intentando mantener el orden perfecto entre los alumnos del colegio a quienes persigue hasta el baño para descubrir si fuman a escondidas, y las noches aburridas en la vivienda que comparte junto a su madre y su abuela. De esta forma, la película se vuelve una gran alegoría de los años de la Dictadura, que tiene los mayores aciertos en el cuidado y sutil manejo de las imágenes.

    Hay escenas de gran belleza de los patios y pasillos del colegio, que se asemejan al panóptico que describió Michel Foucault y transforman al film en un manifiesto sobre las relaciones de poder y el control sobre los seres humanos. También se destaca la actuación de Zylberberg y la reconstrucción de una época que está por adentrarse en los primeros años de democracia. El manejo de la tensión que genera la relación entre María Teresa y el jefe de preceptores Biasutto -interpretado por Osmar Núñez- mantiene al espectador siempre expectante.

    La película también juega con la argentinidad a través de los himnos escolares, ciertas costumbres nacionales y algunas imágenes documentales de los años del Proceso. La historia es fiel a la novela de Kohan, pero Lerman decidió cambiar la escena final, dándole a la trama una vuelta mucho más violenta y un desenlace que no deja lugar a sutilezas y se contrapone demasiado con el tono contenido que venía desarrollando la película hasta el momento. Este cambio lleva a preguntarse por qué una gran parte del cine argentino suele tener la necesidad de no dejar finales abiertos ni dubitativos, hasta en un film lleno de matices. Pero más allá, de esta posible e innecesaria exageración final, La mirada... aborda el pasaje más oscuro de la historia argentina desde un lugar inusitado, repleto de logros estéticos.
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  • Carancho
    Carancho
    Nuestros actores
    Retrato de la soledad

    En Carancho, la nueva película de Pablo Trapero, dos almas se encuentran en el desamparo de la nocturnidad más densa.

    En Carancho, su sexta película, Pablo Trapero muestra una vez más las miserias de un submundo social. En Mundo Grúa retrató la vida sórdida de un trabajador, en El Bonaerense se metió en las bajezas de la policía de la provincia, en Leonera describió el universo de la cárcel de mujeres y en su último film describe a través de sus personajes principales dos espacios que se contraponen pero se parecen por su decadencia: un hospital público y un estudio de abogados que se dedica a conseguir o generar víctimas de accidentes de tránsito para quedarse con el dinero de los juicios contra las compañías de seguro.

    Martina Gusman interpreta a una médica joven con poca experiencia que debe trabajar sin dormir para hacerse un lugar en un hospital donde el poco personal que queda perdió su último resabio de humanidad. Sorprende la introspección del personaje y una actriz llena de matices que da vida a una mujer solitaria con una necesidad de amar conmovedora. Su vida se cruza con la de Sosa, el personaje que le toca encarnar a Ricardo Darín: un abogado inescrupuloso, que perdió su matricula y cualquier tipo de ética ligada a la profesión. Alejado de su impronta costumbrista, Darín logra crear a un hombre contradictorio pero creíble.

    El tercer protagonista de la historia es la noche oscura y desolada, las calles vacías cubiertas de miedo, donde reinan la incomunicación y el desamparo. Trapero tiene ese don para narrar ficciones artísticas en un contexto tan reconocible como conocido, un cine social necesario, pero lleno de vetas estéticas. Completan su filmografía las menos interesantes Nacido y criado y Familia rodante.

    Policial negro y drama romántico son los géneros que transita Carancho, con escenas de sangrienta violencia y sexo contenido. Tal vez lo único cuestionable sea una exagerada necesidad de crear impacto, sobre todo al final de la película, pero la estructura narrativa lineal permite seguir la trama sin perder el hilo argumental, lo que da cuenta de la genialidad del director para contar historias simples y profundas.
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