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Imagen del crítico Ricardo Luque
Ricardo Luque
  • Cantidad de críticas: 23
  • Promedio: 59%
  • Críticas favorables: 19/23 (83%)
  • Críticas desfavorables: 4/23 (17%)
  • Diferencia absoluta: 8%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: La Capital
  • El oso Yogi
    El oso Yogi
    La Capital
    Travesuras al aire libre

    El cine en 3D, la gran esperanza de Hollywood, parece haber encontrado el rumbo. Después de coquetear con las grandes producciones, con buenos dividendos como en el caso de “Avatar”, se enfocó en las producciones de animación que, hasta ahora, han mostrado ser las que mejor pueden aprovechar los recursos que ofrece la nueva tecnología. Es más, la industria hizo foco en las películas dirigidas a los niños, sobre todo, a los más pequeños. “El oso Yogi” se inscribe en esa tendencia: es una película que pretende, con gran despliegue visual y una historia de corte ecologista, captar la atención de los niños. Poco y nada queda del Oso que hizo las delicias de los niños de ayer en la televisión. Y no podría ser de otra manera, si en la nueva versión hasta perdió la “u” de su nombre de pila. Ya no es Yogui sino Yogi. El resto si es chico, muy chico, divierte, sino no.
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  • Los viajes de Gulliver
    Un viaje sin sorpresas

    Jack Black es Jack Black. Ya no es más ese joven prometedor que soñaba con ser el rey de la comedia de Hollywood. Es el rey de la comedia, como alguna vez lo fueron Robin Williams y Jim Carrey y de tanto repetirse, de tanto hacer las mismas morisquetas, perdieron el trono y la corona, porque no hay nada que ahuyente la risa como un chiste repetido. Pierde la sorpresa. Y eso pasa con Jack Black, cuando se lo ve imitando a los pasos de baile de las grandes estrellas de la música, uno lo ve en “Escuela de rock”. Y eso fue gracioso esa vez, ya no. Pero no es eso lo único que fracasa en “Los viajes de Gulliver”, la historia es buena, quién puede dudar de las ideas de Jonathan Swift, pero el humor no. Es simplista, escatológico, y lo peor todavía, es previsible. Así y todo, los niños, que llegan al cine con la mochila ligera, disfrutan la película. A lo grande.
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  • La epidemia
    La epidemia
    La Capital
    El festival de la muerte

    “La epidemia” es una película de zombies, lo que, de por sí, define qué se puede esperar al verla. Sangre, muertos que vuelven a la vida, dentelladas, corridas y gritos de desesperación. El menú que sirvió por primera vez George A. Romero, allá lejos y hace tiempo, y que hoy es una marca de género. De hecho, “La epidemia” es la remake de “The Crazies”, la película que con poca suerte estrenó el propio Romero en 1973. Un accidente de un avión del ejército ocasiona el derrame de una sustancia tóxica que dispersa un virus que convierten a los infectados en asesinos piscópatas. La excusa, en aquel momento, para poner en la pantalla grande la paranoia de los norteamericanos antes la Guerra Fría. Hoy la historia es mero entretenimiento, morboso, pero entretenimiento al fin. Ideal para los amantes del género.
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  • Jackass 3D
    Jackass 3D
    La Capital
    La crueldad del humor.

    No es una experiencia apta para todo público. No lo fue en la televisión, donde nació con el envión de los años dorados de la MTV; tampoco en el cine, donde la saga suma su tercer capítulo, en 3D. Y es así porque el humor que cultivan Johnny Knowville y su pandilla es escatológico, repulsivo y delirante. Como las bromas de la secundaria, que hacen reír a todos menos a la víctima. Las situaciones que se plantean, que son protagonizadas por los mismísimos miembros del elenco, son extremas, al punto que suelen terminar con heridos, lesionados o simplemente con el espectador asqueado ante tanto derroche de violencia y fluídos corporales. Lo curioso es que provoca tanto rechazo como carcajadas, lo que revela que la crueldad humana puede ser divertida.
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  • Todo un parto
    Todo un parto
    La Capital
    Todd Phillis tiene buen ojo para el reparto. También para elegir en qué gastar el dinero, en este caso el que le cayó como una catarata con “¿Qué pasó ayer?”. A Zach Galifianakis, la revelación de la película que lo elevó a las ligas mayores de la industria del cine, le sumó a una gran estrella de Hollywood, un nombre que por sí solo calienta la taquilla y que, como si eso fuera poco, además tiene talento: Robert Downey Jr. Caro, pero el mejor. La historia es simple y efectiva. Un arquitecto tiene que volver contra reloj de Atlanta a Los Angeles porque su mujer está a punto de dar a luz, pero una serie de contratiempos, causada por su encuentro con un disparatado aspirante a actor que viaja a Hollywood, desatan el delirio. Hay química, guión y, sobre todo, un modo de hacer reír que no le escapa a la exceso. No se necesita más para pasar un buen rato.
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  • Comer, rezar, amar
    Un manual de autoayuda.

    Julia Roberts está de regreso. Después de ganar el Oscar, de ser mamá, de conquistar la taquilla aquí, allá y en todas partes. Su éxito la obliga a elegir bien. Y ella sabe cómo hacerlo. Por eso, para su reentrée en la pantalla grande, eligió un proyecto con “satisfacción garantizada”: la novela de Elizabeth Gilber “Comer, rezar, amar”, un best seller considerado por el New York Times como uno de los libros más influyentes del año. Una mujer recién separada se toma un año sabático para viajar a Italia, la India y Bali en busca de un sentido para su vida. Un manual de autoayuda novelado que, más allá del oficio del creador de “Glee”, Ryan Murphy, en la dirección, se reduce a un puñado de lugares comunes que todo aquel que ha atravesado el trance conoce. Ella es ella y su enorme y magnética sonrisa; él es Javier Bardem. El resto es amor.
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  • Gaturro
    Gaturro
    La Capital
    Un amor con siete vidas.

    Gaturro se ganó un lugar en el mundo de la historieta desde la contratapa del diario La Nación. Su éxito, que tiene como base de sustentación a los niños, hacía inevitable que tarde o temprano llegara a la pantalla grande. Así funciona la implacable maquinaria de la industria cultural. Canibaliza los contenidos que tiene suceso, reciclándolos para sacarle el máximo provecho. Así es como el gatito, sensible y simpático, se agiganta en una historia que en el cine se suma a la moda del 3D. Entretenida, la película gira en torno a las desventuras que vive el felino en su desesperado intento por seducir a Aghata, su eterna enamorada. La historia, claro está, está matizada con las ironías que hicieron famosa al personaje nacido de la pluma inquieta del dibujante Nick. Lo mejor: la escena inicial, que repasa la vida de los protagonistas de la película.
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  • Un loco viaje al pasado
    Recuerdos del futuro.

    Hace tiempo que John Cusack dejó de elegir bien las películas que filma. Atrás dejó su busqueda de calidad y diversión con “Alta fidelidad” para sumarse a proyectos industriales como “1408”, la historia de terror basada en el cuento de Stephen King, y la apocalíptica “2012”. “Una loco viaje al pasado” sigue la misma línea. Una historia mínima, un reparto eficaz, un zarpazo a la taquilla. Nada más. La película gira en torno a las peripecias de un grupo de amigos que viaja al lugar donde pasaban las vacaciones cuando eran jóvenes. Un viaje al pasado con el que esperan redimir sus vidas. La experiencia se conviedrte en real cuando descubren que el jacuzzi de la habitación del hotel donde paran es una máquina del tiempo. Idas y venidas, chistes tontos, una solución exagerada. En suma, un nuevo tropiezo en la carrera de John Cusack.
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  • Portadores
    Portadores
    La Capital
    Paranoia y terror al apocalipsis.

    De los miedos que más alimentaron las fantasías del cine, la destrucción de la humanidad provocada por un virus es uno de los más explotados por la industria de Hollywood.
    Si bien la tradición se remonta a las primeras películas de zombies, en las que los muertos volvían a la vida a causa de una intoxicación química, a partir de la difusión del HIV y, más tarde, de la gripe aviar y porcina, el tema cobró actualidad.
    “Portadores”, una creación de los cineastas catalanes Alex y David Pastor, sigue una tradición que, a partir del éxito de “Cuarentena”, que tuvo su taquillera versión norteamericana, “Rec”, se reafirmó en el cine español.
    Road movie con reminiscencias de “Mad Max”, la película cuenta las peripecias que vive un grupo de jóvenes que atraviesa el desierto de Estados Unidos huyendo de una epidemia que amenaza con diezmar a la humanidad.
    La historia juega con una idea que alimenta la pranoia del siglo XXI: tarde o temprano el hombre tendrá que combatir los virus que él mismo creó y que, fuera de control, se convierte en una enfermedad mortal.
    Con oficio más que creatividad, los hermanos Pastor llevan adelante la trama con una sola consigna: explorar hasta donde se es capaz de llegar con tal de seguir con vida. Lo hacen sin apelar a la truculencia, con acción, actuaciones correctas y buenas ideas les alcanza.
    El hilo conductor es el miedo al contagio, algo que en la reciente crisis de la Gripe A asoló al mundo.
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  • Cuentos de la selva
    La unión hace la fuerza.

    En la obra de Horacio Quiroga la naturaleza juega un rol protagónico. No es mero paisaje. En sus historias, el ensañamiento del hombre con el medio ambiente se paga caro. El precio es la vida. En la versión para niños de sus cuentos que llega a la pantalla grande de la mano de los realizadores de “Martín Fierro”, Liliana Romero y Norman Ruiz, y el guionista de TV Jorge Maestro su mirada feroz aparece atenuda. Amenazada por la tala indiscriminada del hombre, flora y fauna de un paraje paradisíaco se ven amenazadas y deciden hacer lo que sea necesario para salvar su hogar. Un niño, hijo de uno de los peones que trabaja en el obraje, los ayuda. La unión, claro está, hace la fuerza. La batalla es ardua, pero, como mandan las reglas del cine, el final es feliz. Esperanzador. Y eso es lo que importa.
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  • Eclipse
    Eclipse
    La Capital
    Bella Swan, la protagonista de “Eclipse”, es una heroína romántica de pura cepa y en esta tercera parte de la saga lo confirma. El personaje está dispuesto a morir por amor, a entregar, literalmente, su vida por consumar su romance con el vampiro Edward.
    Tanto Kristen Stewart (Bella), como Robert Pattinson (Edward) vuelven a interpretar con el mismo convencimiento los personajes de la pareja entre una humana y un ser sobrenatural, incluidos parlamentos casi susurrados y una gestualidad acotada.
    Mientras tanto, Taylor Lautner está a la altura de lo que se pretende de su personaje, Jacob, un hombre lobo enamorado, despechado y temperamental que sufre por Bella. Para colmo ella esta vez le da, y ya se lo merece a esta altura de la historia, una débil esperanza con lo que complica el trío.
    Stephenie Meyer, creadora del drama romántico en el que se basan las películas, no perdió de vista a sus potenciales legiones de lectores. Son millones de adolescentes que siguen desde hace años estas historias.
    Las dotó de los ingredientes necesarios de realismo y fantasía gótica, aunque le limó las aristas más espeluznantes. Así están algunos como Bella, con certificado de bondad; los villanos civilizados, como la casta vampírica de Edward, y los chupasangres más despiadados, al estilo de la vengativa Victoria y los poderosos y sangrientos Volturi.
    En la puesta en escena de la película, si bien hay algunos saltos de estilo con respecto a los capítulos anteriores de la serie, la esencia permanece. El mérito es del director David Slade, que aderezó los tópicos del género con un mayor ritmo, más escenas de acción y una narración menos formal que sus predecesoras.
    Slade junto a la guionista Melissa Rosenberg, autora de los libros de la saga, resolvieron dejar filtrar algo de humor en las figuras del padre de Bella y hasta en la misma heroína, que a pesar de su gesto de perpetuo desfallecimiento, se permite algunas líneas con ironías, inclusive sobre la misma condición de su novio inmortal.
    La trama del filme, cuya columna vertebral es nuevamente la relación de Bella y Edward y que avanza un casillero importante, de desarrolla en torno la aparición de una especie de vampiros novatos que están haciendo estragos en una ciudad vecina.
    Los Cullen, el clan al cual pertenece Edward, está en peligro. La manada de licántropos a la que pertenece Jacob también quedará envuelta en el conflicto en el cual intervienen además los Volturi, nuevamente con Dakota Fanning como Jane, su hierática y cruel líder. Todos inmersos en una batalla que tiene el amor como botín.
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  • Pesadilla en Calle Elm
    Una remake que suma escasas novedades

    Las remakes no siempre suman. La correcta recreación de la primera entrega de aquel fabuloso éxito que fue “Pesadilla” seguramente sorprenderá a las nuevas generaciones, pero no tanto a quienes pretendan superar el terror que generaba Robert Englund en el filme de Wes Craven de 1984. Allí vuelven los efectos que apuntan a generar espanto y hasta Freddy saliendo de la pared. Tampoco faltan los viejos recursos como las garras frotando paredes y metales y saliendo del agua. El recurso del sueño en este regreso ya no sorprende. Y aunque las razones de las cuales depende la supervivencia de los personajes o la profundización sobre la historia del nefasto protagonista son de las pocas cosas que tienen algunas variantes, no siempre alcanzan para superar el horror original. Lo cual no impide que los adolescentes de hoy la pueda disfrutar.
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  • Furia de titanes
    Hollywood busca desesperadamente fórmulas que le permitan seguir facturando sin correr riesgos. A lo largo lo probó todo, desde apostar a los creadores que persiguen la originalidad hasta rehacer películas que, a pesar de no haber sido éxitos de taquilla, con un buen elenco y efectos con figuras convocantes puedan atraer a los espectadores. Ahora le tocó el turno al 3D. A partir del suceso de “Avatar”, de James Cameron, que se erigió como la película más taquillera de la historia del cine, la mira de los grandes estudios está puesta los relatos en tres dimensiones. “Furia de titanes” sigue esa línea, al tiempo que rescata una historia clásica de la mitología griega y la convierte en una aventura de acción. Para hacerlo apuesta a un experto en el género, el director francés Louis Leterrier, responsable de la saga del “Transportador” y de la segunda versión, mejorada y aumentada, de “El increíble Hulk”. Su talento para hacer que las aventuras de Perseo, el hijo de Zeus que se resiste a vivir en el Olimpo, tengan el ritmo, la violencia y la emoción de las persecusiones automovilísitcas que lo catapultaron a la fama queda claro cada vez que le héroe se enfrenta a un nuevo desafío, ya sea enfrentar el ataque de alacranes gigantes como engañar a la mirada asesina de Medusa. Leterrier sabe cómo imprimirle el vértigo de los tiempos modernos a una historia archiconocida y por lo tanto carente de sorpresa como la que cuenta “Furia de titanes”. De hecho, se trata de la remake del clásico rodado en 1981 por Desmond Davis, una película que asombró al mundo por la calida de la animación cuadro por cuadro de los monstruos mitológicos, un trabajo del pionero Ray Harryhausen. Perseo es encarnado por Sam Worthington, un actor musculoso y mirada tierna que saltó a la fama al encarnar al robot con corazón humano de “Terminator Salvation” y que se consagró al encarnar al marine inválido que desembarca en Pandora en la piel de un Na’vi en “Avatar”. Con su correcta aunque inexpresiva actuación en “Furia de titanes”, Worthington se perfila como el sucesor de Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone. A pesar de sus pergaminos, sus compañeros de elenco, Liam Neeson, como Zeus, y Ralph Fiennes, como Hades, apenas si, envueltos en la pirotécnica de efectos visales, logran imponer sus voces, siempre vigorosas, siempre dramáticas, pero nada más. El mayor atractivo de la pelicula es la aventura que, matizada con algunos logrados toques de humor, resulta atrapante, sobre todo cuando los hombres, los dioses y lo semidioses desenfundan sus espadas y le ponen el cuerpo a la lucha que, como todo mundo sabe, es cruel y es mucha.
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  • Contactos de cuarto tipo
    Los ufólogos, los investigadores del fenómeno ovni, llaman "contacto del cuarto tipo" a las supuestas abducciones de personas por naves extraterrestres. Hay numerosos testimonios que dan cuenta de situaciones de este tipo y, en base a ellos, se construyó el guión de la película de Olatunde Osunsanmi. Una piscóloga investiga una serie de episodios extraños en la ciudad donde vive. Apariciones y desapariciones. Su trabajo no va más allá de lo normal hasta que empieza a sospechar que los habitantes del pueblo podrian estar siendo secuestrados por alienígenas para somerterlos a pruebas científicas. Pero eso no es todo, cuando está a punto de descubrir la verdad, ella misma se convierte en una víctima. Narrada como si fuera un documental, como “El proyecto Blairwitch” y “Actividad paranormal”, la historia pretende asustar, pero no lo logra. Apenas espanta.
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  • Número 9
    Número 9
    La Capital
    Desde que la ciencia ficción es lo que es uno de sus grandes temas es el enfrentamiento, hipotético, entre las máquinas y los hombres. De eso se trata la saga de “Terminator” y también la de “Matrix”, sólo por citar un par de las franquicias más exitosas de Hollywood. Como “Número 9”, la animación de Shane Acker que llega a la pantalla grande con la bendición de Tim Burton. La historia es simple, aunque no por ello menos efectiva: un científico inventa una máquina que ayudará al hombre a evolucionar, pero el engendro, que cobra conciencia propia, se vuelve contra su creador y se propone destruir a la humanidad. El creador busca revancha y crea un pelotón de muñecos de trapo para que destruyan a la máquina, su aventura es la razón última de la película. Oscura, sombría, asfixiante, “Número 9” intenta reflejar que pasaría si el hombre se abandona a su ambición. El futuro asusta.
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  • Loco corazón
    Loco corazón
    La Capital
    “Loco corazón” no es una pelicula más. La historia es pequeña, basta un par de párragos para resumirla, no deslumbra por los efectos visuale, no demandó un presupuesto millonario, no hace falta ponerse un par de lentes de cartón para ver su verdadera dimensión, y así todo no pasa inadvertida. Es así por la genial actuación de Jeff Bridges, que compone un Bad Blake, el cantante que ha perdido el rumbo ebrio de fama y whisky barato, conmovedor, tanto que le valió un Oscar. También, por la mirada tierna de Maggie Gyllenhaal y, sobre todo, porque la película, sin querelo, es aleccionadora. Y no es que el cine tenga que serlo para ser bueno, sólo que en este caso lo es y vale la pena. La moraleja, para ponerlo en términos fabulescos, es simple: los excesos pueden acarrear grandes pérdidas. Es bueno saberlo.
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  • Astro Boy
    Astro Boy
    La Capital
    “Astroboy” surge de un temor que anida en el corazón de todo padre: la irreparable pérdida que significa la muerte de un hijo. Es la esencia de “Pinocho”, la historia del titiritero que le da vida a un muñeco de madera para cumplir su sueño de criar a “un niño de verdad”. En esta reversión tecno del cuento clásico, creada por Osamu Tezuka en 1963, el sustituto es un robot, como en “Inteligencia artificial” de Steven Spielberg. Más allá de las disquisiciones filosóficas —¿se puede esquivar la muerte con un reemplazo mágico, tecnológico? —, el manga, la serie de televisión y la nueva película optan por la aventura. Sin el vuelo que tenía el orginal, la realización tiene un ritmo vertiginoso, peripecias atrapantes y un protagonista tierno y valeroso. Con eso le basta para entretener.
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  • Invictus
    Invictus
    La Capital
    "Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma". Esas son las últimas palabras de "Invictus", el poema de William Ernest Henley que inspiró, según él mismo, a Nelson Mandela durante los 27 años que estuvo en prisión en Robben Island. Esas también son las palabras que inspiraron a Clint Eastwood para llevar al cine la novela "El factor humano", de John Carlin. El libro, la película, cuentan la forma en que Mandela se aprovechó de la pasión que el rugby despierta entre los sudafricanos para unirlos más allá de las diferencias raciales. La historia es chiquita, apenas una anécdota en la vida política de Sudáfrica, pero su significación es enorme. Por eso y por el talento narrativo de Eastwood, "Invictus" conmueve. Y lo hace sin golpes bajos, sin ser apologética, apenas contando las cosas como son, o mejor, como deberían ser.
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  • Papás a la fuerza
    El cine se recicla todo el tiempo y no siempre las reescrituras de sus historias son felices. "Papás a la fuerza" es uno de esos casos. La película de Walt Becker vuelve sobre una cuestión que Hollywood ha abordado hasta el hartazgo: la paternidad a la fuerza. Narra la historia de un ejecutivo que cuando menos lo espera se entera de que tiene dos hijos y, lo más difícil, que se tiene que hacer cargo de ellos. Su mejor amigo, también soltero y cincuentón como él, se suma a la empresa. El conflicto está planteado, no la solución que, en la historia, se debate entre gags obvios y actuaciones apenas correctas. Ni siquiera se da la esperada química entre Robin Williams y John Travolta, por lo que todo queda librado al talento del director para que la empresa no naufrague. No lo logra, pese a su profesionalismo. La comedia no explota nunca; apenas, alguna vez, despierta una sonrisa piadosa.
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  • Sherlock Holmes
    Sherlock Holmes
    La Capital
    Guy Ritchie es un experto en cine de acción, formado en el cine independiente de Londres, una escuela que le permitió, además de mantener la libertad creativa, forjar un estilo. Sus películas, desde “Juegos, trampas y dos armas humeantes” hasta “Rocknrolla”, reconocen como marca de fábrica el talento del realizador británico para poner en imágenes la violencia. Lo hace con naturalidad, pero también descarnadamente, su cine es cruel, salvaje, impiadoso, como la vida misma y eso, como le gusta decir a su maestro, Quentin Tarantino, lo hace genial.

    “Sherlock Holmes”, la primera película que dirige por encargo para un gran estudio de Hollywood, tiene su sello. Es una película de época, con carruajes, miriñaque y galeras, y así todo el vértigo, la velocidad con que transcurren los hechos, no tiene nada que envidiarle a un Fórmula Uno. La fotografía, que combina en dosis exactas los decorados con el blue screen, sumado al montaje, que pasa del primer plano al plano secuencia de un golpe, le imprimen a la narración un ritmo que, enancado sobre el repiqueteo de los cascos sobre el empedrado, quita el aliento.

    El célebre detective creado por Sir Arthur Conan Doyle es encarnado en la película por Robert Downey Jr., uno actor tan singular como el propio Ritchie. Su Sherlock Holmes es muy distinto a las versiones anteriores del personaje que dio el cine y la televisión. Es reflexivo, claro está, si no lo fuera no sería Sherlock Holmes, el pensamiento lógico es su principal arma para combatir el crimen, pero no es reposado. Piensa y actúa. No teme ensuciarse las manos. No manda a hacer el trabajo sucio a su socio, el Dr. Watson, lo hace el mismo. Como corresponde.

    Este cambio, nada sutil, enciende un relato que, de por sí, crispasdo, casi nervioso. El misterio, obviamente, es el principal atractivo de la trama. Desde la primera escena se espera el final, el momento en que Holmes explique lo inexplicable. Sin embargo, la diversión está en el viaje no en el destino. La pareja que forman Downey Jr. y Jude Law, que encarna al Dr. Watson, se saca chispas, sobre todo cuando, como inevitablemente lo pide la historia, le dan descanso a la acción con repentinos toques de humor. Es una dupla que, si la franquicia tiene el éxito y la saga se prolonga, dará que hablar y mucho.

    Tan bien se llevan en la pantalla Downey Jr. y Law que resulta inevitable preguntarse por qué no habían trabajado juntos antes. Y no sólo eso, “Sherlock Holmes”, revelará a los que no lo conocían de antes a un gran director de cine: Guy Ritchie y se preguntarán por qué no lo conocían más que como el ex marido de Madonna. Una injusticia.
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  • Igor El bueno de la película
    Igor es un espíritu inquieto y, aunque su suerte haya sido echada mucho antes de su nacimiento, no está dispuesto a rendirse.
    Vive en Malaria, un reino donde los jorobados están condenados a vivir en un segundo plano. Las estrellas, que acaparan los flashes de las cámaras, son los científicos, locos, que pergeñan planes maquiavélicos para conquistar el mundo, vencer a la muerte o conquistar corazones. No importa. Son ellos quienes con sus locuras y sus experimentos demenciales tienen al mundo en un puño.
    Sin embargo, hay quienes se atreven a desafiarlos. A cuestionar sus normas. A reclamar su lugar en el mundo. Igor es uno de ellos. Dueño de un coraje singular y de una inteligencia envidiable, decide demostrarles a los científicos en su propio terreno que es capaz de mucho más. Su gesto, que entusiasma y asusta a sus semejantes, tiene el valor de una revolución. Con sus aciertos y errores. Claro está.
    Su entusiasmo es contagioso, tanto que después de su triunfo, si es que el triunfo es posible para aquellos a los que la sociedad les impone el fracaso, es inspirador. Ese carácter, el de Igor y el de la película que cuenta su historia, es aleccionador. Acaso más que las miles de horas que pasan en la escuela. Y es así porque para aprender la lección no hace falta estudiar, con ser libre es suficiente.
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  • Terror en la Antártida
    Una aclaración: “Terror en la Antártida” no es una película de terror. Si quiere ver una versión remozada de aquel clásico de John Carpetener “La cosa” no vaya al cine. La película de Dominic Sena es un thriller que narra la investigación de un crimen que lleva adelante una agente de policia, la encantadora Kate Beckinsale, en el continente blanco. La trama es de manual. Un cadáver, una enigma, varios sospechosos. Claro, el asesino es el menos esperado. El menú, la realización, justifican el entretenimiento. Nada más.
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  • Volver a amar
    Volver a amar
    La Capital
    El delicioso sabor del encuentro

    Que surja el amor ahí donde no se iamgine que lo pueda haber es una de las destrezas del cine. Que una mujer separada,cuarentona, con tres hijos, tenga un romance con un camionero, diez años menor que ella, a quien conoció en un choque en el estacionamiento de un supermecado, es inimaginable, salvo en una película. Ese es el punto de partida y el nudo de “Volver a amar”, la curiosa ópera prima del realizador belga Christophe van Rompaey. Una historia que vale la pena ver y hasta soñar con vivir

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CONCURSO: LOS PADRINOS DE LA BODA