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Imagen del crítico Paraná Sendrós
Paraná Sendrós
  • Cantidad de críticas: 791
  • Promedio: 60%
  • Críticas favorables: 607/791 (77%)
  • Críticas desfavorables: 184/791 (23%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: Ámbito Financiero
  • Soy mucho mejor que vos
    Soy mucho mejor que vos
    Ámbito Financiero
    Una comedia amarga demasiado hablada

    Un problema grave tiene esta película chilena, y es la falta de subtítulos. Cuando al fin el espectador acostumbra el oído, ya se perdió algunos diálogos, empezando por el de dos mujeres poco agraciadas en un bar, acerca de sus necesidades sexuales. Hablan con tanto desparpajo que en la mesa de al lado cualquier vedetonga chismosa de programas vespertinos quedaría como una catedrática de la Real Academia. Bien, a esas dos mujeres se acerca el protagonista. Que si fuera policía sería un Torrente subdesarrollado. Pero no es torrente, es apenas una ínfima vertiente de miseria humana perdida en la noche santiaguina. Aunque se crea mejor que nadie.

    Esto es una "mumblecore", vale decir, una de esas películas "indies" donde la gente habla y habla todo el tiempo, sólo que no es norteamericana, sino chilena. O una "walk movie urbano", para quien guste de esos términos. Su autor, José Manuel Sandoval, alias Che Sandoval, ya había filmado una muy exitosa tiempo atrás: "Te creís la más linda, pero erís la más puta", que a lo largo de tres meses superó los 10.000 espectadores en una sola sala. Una comedia propia de tardoadolescentes, que pegó bien en su público. Pero "Soy mucho mejor...", sin ser mejor, llega parcialmente al borde de lo profundo. Hay amargura en su comicidad malsana, y un doble sentido en el subtítulo: "Lo peor de Chile".

    Eso, porque el personaje protagónico es un tal Cristóbal Fröhlich, alias Naza, ya visto en la película anterior. Un empresario de medio pelo que se va quedando calvo, fastidiado porque la mujer logró más éxito profesional y se mandó mudar, y porque los hijos tampoco lo quieren mucho que digamos, ni tienen por qué quererlo. Ridículo engrupido, pretende ser el macho sudaca y en esa pretensión lo vemos vagando por el barrio Bellavista, el subte y el borde del Mapocho. Nos causa mediana gracia, nos provoca natural desprecio, pero ciertas actitudes suyas, ciertas valoraciones que son desvalorizaciones, también nos hacen pensar. Ese es el paso que va de la noche hacia el alba, y de la comedia guaranga a la comedia amarga.

    Algunas limitaciones técnicas, el habla inhabitual para nuestros oídos, ciertas reiteraciones, afectan sus alcances. Con todo, puede gustar especialmente a cierto público "indie" adicto al Bafici, y al femenino adicto al discurso de la crisis de la masculinidad y todo eso. En el equipo destacan la productora ejecutiva Soledad Santelices, la jefa de producción Macarena Baeza, la directora de arte Javiera Espinosa, las montajistas Manuela Piña y Andrea Chignoli, la asistente Elisa Eliash. Flojo el de la fotografía.
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  • La Paz en Buenos Aires
    La Paz en Buenos Aires
    Ámbito Financiero
    Retrato de un inmigrante fuera de su ambiente

    Se llama Erasmo Chambi, como el gran fotógrafo Martín Chambi Jiménez, y, a su manera, él también es artista. Del pugilato, donde alcanzó mantenida fama en su tierra. Y es artista también de la sastrería, la joyería, el comercio, la organización de espectáculos populares, la docencia. Y la conducción de una familia en tierra ajena.

    Aquí él es un inmigrante sin fama alguna fuera de su ambiente. Un hombre que se las rebusca trabajando de sol a sol, como tantos. Pero antes fue El Ciclón, campeón de lucha libre en los cuadriláteros de Bolivia, donde la lucha libre no es para cualquiera. Eran famosas sus peleas con El Conde, los niños coleccionaban figuritas y muñecos con su estampa. Pero él no enseña demasiado sus recuerdos. Más bien enseña sus habilidades, analizando viejos combates conservados en video, u orientando a los jóvenes de ambos sexos que suben a aprender y practicar en el ring instalado en una esquina del patio, bajo el cielo gris de Buenos Aires. Uno de esos jóvenes es hijo suyo, y pronto habrá de debutar en un espectáculo bajo el nombre de Ciclón Junior. Pero, cuando no hay nadie, sube la mujer a colgar la ropa.

    No es falta de respeto, simplemente es la vida, y la convivencia que permite a la familia tirar todos juntos para adelante. Eso es lo que muestra este documental, reciente ganador del Festival Mendoza Proyecta: la familia, donde la nena más chiquita tiene sus propios sueños ajenos a los del padre, y éste, típico inmigrante que se las rebusca para seguir luchando. En vez de envolverse en el recuerdo de viejas glorias, él las usa como trampolín para los suyos. No hay discurso, ni subrayado. Simplemente es lo que la cámara registra y expone en breves trazos.

    Autor, Marcelo Charras, que ya había trabajado en otro documental, "Maytland", sobre la figura del hombre que quiere pelear contra el posible ocaso, tras haber descollado en lo suyo (y lo suyo nunca es fácil, ni siquiera es del todo respetado por algunos que miran de afuera). Y el hijo que lo mira de cerca, y puede seguir sus pasos.
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  • Antes del frío invierno
    Antes del frío invierno
    Ámbito Financiero
    Film calmo y poco emotivo a tono con su protagonista

    Philippe Claudel vino en septiembre al 6° Filba, Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, donde sostuvo una charla pública con Hugo Salas y Claudia Piñeiro. Acá se conocen sus novelas "El informe de Brodeck", "Almas grises", "La nieta del señor Lihn", y también "Hace mucho tiempo que te quiero" (Il y a longtemps que je t'aime, 2008), destacada película sobre el conflicto entre dos hermanas, una de las cuales ha vuelto de la cárcel.

    Ese fue su debut como realizador, que lo llevó a ganar el César a mejor opera prima. Después se probó en una comedia sentimental no tan comedia, "Tous les soleils", y ahora reaparece entre nosotros con una historia en sordina. El título viene a ser "Antes del invierno", pero acá alguien le agregó "frio", para acentuar un poco el clima. Hizo bien, porque la obra de por sí es demasiado templada. Estable como el otoño, no se percibe su intensidad hasta después que llegamos al desenlace, como en ciertas relaciones no se percibe lo que está muriendo hasta que ya es tarde para calentar el fuego.

    Hay un neurocirujano en crisis. Antipático, distante y rutinario, cerca de la jubilación y del estrés, solo sonríe con su asistente, suerte de hija deseada que habrá de sucederlo. Con su familia real no demuestra mayor afecto. Suponemos que también están en crisis su nuera con el hijo, y sobre todo su esposa con él, que la tiene abandonada. Un amigo de la familia, psiquiatra, quisiera cobijarla. Siempre quiso. De pronto, una jovencita rara se mete como un soplo inquieto e incierto, que él rechaza y requiere alternativamente, quizás en busca de una sensación lejana que las tomografías no pueden registrar. Solo podría ayudarlo su amigo psiquiatra, pero no piensa decirle nada. Se lo dirá, quizás, a los oficiales de policía que llamen a su puerta.

    La intriga policial es mínima y de resolución apurada y algo antojadiza. Claudel no es autor de policiales. Eso lo aleja de Claude Chabrol, con quien pretenden asociarlo. Más bien se acerca al cine calmo, elegante y reflexivo de Claude Sautet. Pero todavía le falta emoción, y le sobran circunloquios. Aún así, la obra entrega suficiente material como para salir pensando, sobre todo si el espectador ya tiene sus años y ha ido al cine con su señora. Además, Daniel Auteuil, Kristin Scott Thomas (protagonista de "Hace mucho tiempo...") y Richard Berry son intérpretes de primera línea. Rodaje en Soleuvre, Schuttrange y otros lugares lindamente parquizados de Luxemburgo.
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  • Minúsculos
    Minúsculos
    Ámbito Financiero
    Historia candorosa y animación exquisita

    Un auto recorre hermosos lugares hasta llegar al costado del bosque. La pareja de ocupantes prepara todo para el picnic. La mujer está embarazada y de pronto parece que el bebé quiere salir, él también, a disfrutar del día. Chico inoportuno. En el apuro por correr al hospital, abandonan parte de la vianda sobre el pasto. Las dulces hormigas negras se acercan a investigar. Allí hay un auténtico tesoro para ellas. Pero las malvadas hormigas rojas acechan. Pronto habrá una guerra entre dos auténticos ejércitos. ¿Quién podrá ayudar a las más débiles? ¿Quizá la vaquita de San Antonio?

    A juzgar por los esfuerzos de las negras, las persecuciones, los enfrentamientos, la heroica defensa del hormiguero sitiado, el sentido de amistad entre dos de las especies, el gracioso empleo de armas impensadas, las estrategias de combate, etc., bien podría decirse que es una película de género épico. Se vive como tal. Y como un juego sin palabras.

    Quien haya descubierto los micros de "Minúsculos" que pasan por Canal Encuentro, ya sabe de qué se trata: una deliciosa combinación de dibujos sobre fondos reales, siguiendo las aventuras, sustos y picardías de diversos bichitos en su búsqueda de comida, todo sin que se oiga una sola palabra en idioma humano. El humor es fino, sutil, delicioso. Los protagonistas son encantadores aunque casi nunca pongan carita de animalitos tiernos. Y aunque muchas veces los miremos medio de lejos, para no pisarlos.

    Son 178 micros de producción francesa, realizados entre 2006 a 2011 con un buen gusto exquisito. Y ahora vino la película, de técnica fascinante, cinemascope a todo lo largo y en 3D, nada menos, fruto de cuatro años de trabajo y varias visitas a los parques nacionales de Mercantour y Ecris, que es donde, supuestamente, se ambienta la historia. Creadores y directores, Hélène Giraud y Thomas Szabo. El venía de hacer unos cortos de fama en festivales. Ella, de elaborar el concepto gráfico para "El quinto elemento" y también para unos videojuegos de éxito. Habrán visto "Microcosmos", o habrán ido de paseo al campo, quién sabe, la cosa es que inventaron esta delicia. Dicho sea de paso, el padre de ella también supo hacer otra clase de delicias. Se llamaba Jean Giraud, alias Moebius, fue responsable del diseño gráfico de "Alien, el octavo pasajero". A su memoria está dedicado el candoroso "Minúsculos".
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  • El muerto y ser feliz
    El muerto y ser feliz
    Ámbito Financiero
    José Sacristán emprende travesía repleta de clichés

    Tardío estreno de una road-movie hispano-franco-argentina dedicada a la Cinemateca Uruguaya y protagonizada por el veterano José Sacristán en rol de killer achacoso, tumoroso, que huye desde el Hospital de Clínicas donde está internado, hasta los límites con Bolivia, donde quizá logre enfrentar la muerte con algún decoro. ¿O será que ni siquiera pueda cumplir un último encargo, y su única víctima sea un perro que se cruza en el camino de su también achacoso Ford Falcon? Lo acompaña una mujer que ocasionalmente le hace de guía, conductora, y buscadora de calmantes. Sólo dopado funciona ya el pobre hombre.

    La obra tiene ya dos años, pasó por varios festivales y justificó un par de premios para Sacristán. En Mar del Plata la presentó su propio director, Javier Rebollo, excusándose un poco: "Me da vergüenza presentarla entre ustedes, porque soy un español mirando a la Argentina con insolencia, pero adviertan que también con ternura". Más que ternura, se percibe una mirada medio sobradora, con frases comunes tipo "los santiagueños tienen relación con la muerte y con la hora de la siesta" y cosas parecidas.

    Pero ni eso, ni el viaje por lugares muy poco turísticos, ni la cantidad de perros flacos o de personajes medianamente curiosos llegan a ser demasiado molestos. Lo que realmente molesta, y en grado sumo, es el uso abusivo de la narración en off a cargo de dos personas (el director y su habitual coguionista), anticipando lo que los personajes harán o dirán a continuación, contradiciendo lo que vemos, o informando cualquier cosa, a veces para mitificar un poco al infeliz con algún pasado novelesco, y siempre para agotar creyéndose vivos un recurso que Alain Robbe-Grillet ya había empleado con mayor discreción y sentido del humor en "El hombre que miente", de 1968. Y es cierto, éstos agotan el recurso, y también la paciencia de muchos espectadores.

    A algunos puede gustarle. Rebollo es autor de dos películas muy apreciadas entre los snobs ("Lo que sé de Lola" y "La mujer sin piano"), y cabe reconocer que algunas cosas le salen bien. Por ejemplo, algunas contradicciones juguetonas, la propuesta de dos finales, la inserción de unas chacareras, el desafío de un mozo malambista, o el entusiasta huayno que acompaña el último tramo: "Cien muertos y sin culpa, cien fernets y sin resaca". Deplorable, en cambio, la canción de los créditos.

    En el reparto, los orientales Roxana Blanco y Jorge Jellinek, este último como figura misteriosa, acechante y graciosa, y los locales Valeria Alonso, Pascual Condito, Horacio Maldonado, Cristian José Jiménez, Juan Carlos Díaz, Carlos Lecuona y Vicky Peña. Hechas las advertencias, más o menos se pasa el rato.
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  • Bienvenido León de Francia
    Bienvenido León de Francia
    Ámbito Financiero
    Irregular homenaje a un radioteatro legendario

    "Soy como rosa encarnada que sin preguntarles nada a todos da su fragancia. De acero por los caminos, va dibujando el destino de mi lastimada Francia". Con esos versos empezaba sus emisiones "El León de Francia", popularísimo radioteatro de Roberto Valenti y Adalberto Campos, que Federico Fábregas, Alfonso Amigo, Armando de Oliva y otros artistas tomaron como caballito de batalla a su paso por las salas teatrales y emisoras del interior. Pariente de la novela de Alejandro Dumas "El tulipán negro" (que también inspiró al autor de "El zorro"), se trataba de una fantasía de capa y espada con enorme efecto en nuestro público, que silbaba al malo, sufría por sus víctimas, y aplaudía la habilidad del héroe para defender a los débiles, humillar al poderoso y hacerse el tonto.

    En 1978, mezclando los recuerdos de Fábregas con sus propias experiencias al frente del Teatro Arteón de Rosario, Chiqui González y Néstor Zapata estrenaron una pieza de éxito equivalente: "Bienvenido, León de Francia", homenaje a esas viejas compañías capaces de atornillar a los radioescuchas en cada capítulo, y llevar una versión escénica por pueblos y ciudades de todo nivel, parando en fondas de relativo mérito y soportando a veces la prepotencia de alguna autoridad de pocas pulgas.

    La película que ahora vemos adapta dicha obra con buen criterio cinematográfico, pero con varias resoluciones poco felices. Ambientada a mitad de los 50, va alternando la representación de la novela con la vida de los artistas, lo que incluye amores, envidias, ambiciones, una excelente escena entre la cabeza de la compañía y el interventor de una radio (Raúl Calandra, Luis Machin), otra con la vieja actriz y el joven arribista (Sara Lindberg, Matías Martínez), otra en una sala de radio (toda la compañía junto al relator, el locutor comercial y el especialista en efectos sonoros), muy elogiables departamentos de fotografía, vestuario y casting (cada rostro, aunque sea para un único y brevísimo plano, está bien elegido y por suerte bien registrado), una música melancólica debidamente colocada, la canción final, la recuperación de un micro de 1947 para mostrar los incómodos viajes de la compañía, y un registro de teatros de Rosario, Pérez, Las Rosas, Cañada de Gómez, que inmediatamente colocan a esta película en la lista de piezas de interés cultural.

    Principales puntos en contra, la forzada inserción de un noticiero sobre el bombardeo a Plaza de Mayo, recurso que luego tampoco tiene continuidad, una noche de conflictos internos francamente tomada de los pelos, una seguidilla de tres resoluciones poco inspiradas, por no decir otra cosa, y el desperdicio de una linda idea, también algo fantasiosa, confrontando la ilusión de nobleza y justicia del teatro con la prepotencia de un mandamás y las limitaciones y mezquindades de los propios artistas. Más lindo era el final del radio-teatro, que por suerte también aparece representado.
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  • Force Majeure: La traición del instinto
    Acidez escandinava que regocija maliciosamente

    Primer día de vacaciones. Una hermosa familia: joven de aire ganador, linda esposa, un par de hijitos rubios, todos suecos. Un hermoso lugar cerca del Mont Blanc, en los Alpes franceses, ideal para esquiar y relajarse juntos. Un día memorable.

    Segundo día de vacaciones. La hermosa familia está en un restaurante con vista a la cercana ladera toda cubierta de nieve. El personal de la pista de esquí está cumpliendo sus tareas. De pronto, nace una avalancha y se viene derecho sobre los turistas del restaurante. Impresionante. Hay que tomar a los hijos y correr hacia un lugar seguro. Pero el padre de familia parece que no lleva esa consigna en la sangre. O no la entendió. En vez de los hijos toma su smarphone y sale corriendo solo. Hacia un lugar del que nunca se vuelve: el ridículo.

    Tercer, cuarto, quinto día de vacaciones. ¿Seguirá siendo una hermosa familia? ¿El tipo aceptará que estuvo mal, y que la mujer no es la única que debe ocuparse de los hijos? ¿La mujer dejará de verduguearlo y de contarle a los demás el papelón de su marido? ¿Retomarán la vida cotidiana cuando vuelvan a casa? ¿Qué confianza se le puede tener?

    Ruben Ostlund se especializa en plantear los problemas que surgen tras la experiencia de alguna situación límite. Y los plantea con un sentido del humor bastante ácido, mucha habilidad para describir comportamientos diversos, hábil comprensión de las aspiraciones y reclamos del público (mayormente femenino), y una mala leche escandinava respecto al género humano. Primero se toma su tiempo, pero después atrapa, regocija maliciosamente, aviva nuestra inquietud sobre lo flojas que vienen las nuevas generaciones, y deja el conjunto listo para discusiones y reinterpretaciones a la salida del cine.

    Película presentada en la sección Un certain regard del Festival de Cannes, donde ganó el premio del jurado que presidía Pablo Trapero, ahora va por los premios a mejor film y director de la Academia Europea del Cine, y por el Oscar al mejor film extranjero. Mientras esto último se define, Ostlund se va a esquiar. Esa es otra de sus especialidades. Y la tercera, consiste en mejorar todo con Photoshop, After Effects y otros programas. La terraza del restaurante que vemos fue construida en estudio, la gente miraba una pantalla verde, luego a ésta le adosaron una avalancha registrada en la Columbia Británica, la polvareda de nieve es digital, incluso las montañas del fondo fueron "mejoradas" digitalmente, etc. etc. Lo real es el miedo, el egoísmo, la torpeza, el malestar, los instintos mal llevados. Y la calidad de los intérpretes: Johannes Kuhnke, Lisa Loven Kongski, el noruego Kristofer Hivju, Fanni Metelius, Bradi Corbet, los chicos Clara y Vincent Wettergren. Rodaje en Les Arcs, cerca de Bourg-Saint-Maurice, Saboya, y en el Copperhill Mountain Lodge, que queda en Suecia.
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  • Madres perfectas
    Madres perfectas
    Ámbito Financiero
    Una delicada historia de complicidades

    Alguna vez pasó algo semejante. Fue en Rodhesia, un país del Africa que ya no existe, donde vivían pocos blancos, generalmente aislados en sus granjas. Una mujer enganchó al hijo de su vecina, y ésta al hijo de la primera, con pleno conocimiento y conformidad de ambas. Alguien se lo contó a Doris Lessing, que creció en esos lares y años más tarde escribió un cuento con esa base.

    En el mismo, desliza su mirada sobre la amistad femenina, los vaivenes del deseo y el amor, los permisos secretos y los grupos cerrados, el paso del tiempo, la conciencia de lo provisorio, el ejercicio de la discreción, y la natural adaptación a cada etapa de la vida, algo que cierta gente no acepta, sin saber lo que se pierde. El cuento se llama "Las abuelas", y encabeza un libro con relatos de ensoñaciones, frustraciones, y resignaciones, o no.

    Anne Fontaine, que ya había filmado historias de afectos poco recomendables ("Cómo maté a mi padre", "Nathalie X", luego recreada por Atom Egoyan en "Chloe", etc.) charló con la propia Doris Lessing, acordó interpretaciones, y encargó el guión a Christopher Hampton, que ya había adaptado una pieza de Colette, "Cheri", sobre cierta señora puesta a darle cariñosas enseñanzas al hijo de su amiga, con plena anuencia de ésta.Solo que se trataba de colegas de la noche, y no había reciprocidad, ni riesgo de reproche social.

    En la historia que ahora vemos, la transgresión y los riesgos son mayores, y también la simbiosis entre las dos mujeres e incluso entre los dos muchachos, al punto de hacernos pensar en la posible concreción indirecta de otra clase de deseos.

    La adaptación muestra unos pocos cambios: profesiones, lugares, el modo en que las cosas se revelan. La esencia, las tentaciones, torpezas y angustias siguen siendo las mismas. También las satisfacciones.

    Asimismo, Naomí Watts y Robin Wright siguen siendo hermosas, tentadoras, y además son excelentes actrices, capaces de mostrarse a cara lavada en las escenas dramáticas. Y los partenaires son jóvenes de linda facha y escaso nivel actoral, detalle que seguramente las espectadoras pasarán por alto.

    La historia se completa con un marido en retirada, un aspirante maduro que casi acierta en el secreto, dos chicas que podrían aportar unas tijeras para cortar los cordones, y un protagonista impresionante: el paisaje, de lindas casitas con vistas a un mar de playa blanca, solitaria, y aguas verdes transparentes, en la costa australiana. Así cualquiera se tienta.
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  • Planta madre
    Planta madre
    Ámbito Financiero
    Historia atrapante, que alterna viejas épocas y fiebres actuales

    Todavía lo registran como Diamond Santoro, en ese lugar lejano al que ha llegado. Al que debió haber llegado muchos años atrás, cuando era realmente Diamond Santoro, figura de la música progresiva de fines de los 60. Y cuando vivía su hermano menor, el verdadero artista de Los Hermanos Santoro, que soñaba con ese viaje. El mayor hoy es sólo un hombre amargado, embotado en una resaca de juventud. En cambio, quien fuera novia del otro mantiene recuerdos lindos, y sigue viva. Ella lo ha mandado llamar.

    El lugar de encuentro es Iquitos, puerta del Amazonas peruano, puerta del misterio de la selva, último eslabón de la cumbia, de las muchachitas complacientes, los hombres violentos, la droga, las noches fatigosas. Ahí ha ido a parar. Cuando estaban en el entusiasmo juvenil de los descubrimientos, su hermano supo de la ayahuaska y quiso ir a probarla en un viaje espiritual, equivalente al viaje de los de Liverpool a la India. Ahora él quiere ir ahí a probarla en un intento más bien medicinal, para sacarse la angustia y la culpa que tiene encostrada en el alma. Unidos desde niños, en los días finales él había empezado a fastidiarse del otro.

    Ese es el conflicto. Alrededor del cual giran algunos más, como gira la cintura de las bailarinas en la fiesta, el tambor de un revólver, las vueltas de la vida. Hay sangre a su alrededor, y también hay gente tranquila, capaz de ejercer una curación chamánica. El asunto es encontrarla. Historia atrapante, que alterna viejas épocas y fiebres actuales, la ciudad y la frontera, el egoísmo y la bondad, y entremezcla músicas y costumbres distintas, y valores. Película quizás irregular, pero atractiva, la segunda del peru-argentino Gianfranco Quattrini, que no vivió los 60 pero sabe de ayahuascas y chamanes, y de impulsar buenos equipos de trabajo.

    A señalar, Lucía Puenzo y Leonel D' Agostino, coguionistas, otros Puenzo, equipo de producción, Iván Gierasinchuk, fotografía, y el actor de viejas vanguardias Robertino Granados, protagonista, en un debut otoñal sugerido por Pipo Lernaud, que además escribió uno de los temas musicales. Lo acompañan Camila Perissé, de retorno con muy precisa actuación, Manuel Fanego, Rafael Ferro, y los peruanos Lucho Cáceres, Magdyel Ugaz, Cindi Díaz, Manolo Rojas, junto a Doña Cotrina y Agustín Rivas Vásquez, músicos, pero en especial auténticos curanderos
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  • Elsa y Fred
    Elsa y Fred
    Ámbito Financiero
    No está mal pero el original era mejor

    Quien haya visto "Elsa y Fred", de Marcos Carnevale, con China Zorrilla y Manuel Alexandre, ya sabe de qué se trata, y sabe además que no puede haber una versión mejor, aunque la dirija Michael Radford y la interpreten Shirley MacLaine y Christopher Plummer. Ahora, quien no haya visto la versión original, no la recuerde, o prefiera a los intérpretes norteamericanos, seguramente disfrutará con esta adaptación ambientada en Nueva Orleans.

    La historia es prácticamente la misma, salvo el final distinto y algunos leves injertos que no molestan y a veces hasta rematan bien (por ejemplo, la escena en la guardia de hospital, y otra entre hija y yerno). Distinto también, el momento en la fuente, con más uso del blanco y negro pero un montaje innecesariamente cruel con Shirley MacLaine. De todos modos, la mayor diferencia está en el carácter de Fred, que de viejito apocado e hipocondríaco se convirtió en viejo gruñón y menos formal. Sólo en la escena del vernissage Plummer parece actuar como Alexandre. Es una buena demostración actoral, que no pega con el resto de sus apariciones, ni con su famosa cara de capitán austríaco retirado.

    Tampoco pegan los "has been" George Segal como el amigo médico, y James Brolin como el ex marido. El primero, más que médico parece Emilio Disi haciendo de boticario, y el otro actúa de modo intrascendente, a diferencia de las dos apariciones que hacía Federico Luppi. Menos objetable es la inclusión de Erika Alexander como un ama de llaves que ninguna hija contrataría para cuidar de su anciano padre, sobre todo cuando por ahí replica maliciosamente "No soy hermosa pero hago que funcione". Coproductoras, una firma canadiense, cuatro de EE.UU., entre ellas Creative Andina, y otra mexicana, Rio Negro, culpable de una remake titulada "No eres tú, soy yo", que acá solo trajeron los manteros, sin mayor éxito. Se pasa el rato, y suponemos que Carnevale tendrá doble motivo para festejar a fin de año: algo le habrán pagado, y no lo habrán superado.
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  • El triángulo rosa y la cura nazi para la homosexualidad
    Interesa, pero faltó investigar

    Este breve documental habla del doctor Carl Peter Vaernet, médico nazi que, sin trayectoria alguna en la investigación científica, se puso a probar la inoculación de testosterona en una veintena de homosexuales presos en el campo de Buchenwald, con resultados, digamos, poco satisfactorios para ambas partes, sobre todo para los pobres presos. Tras la guerra viajó de Dinamarca a Suecia y de allí a la Argentina, donde murió en 1965.

    El film sintetiza su biografía, los curiosos experimentos genéticos de su contemporáneo Knud Sand sobre gallos y gallinas, su participación con los SS, y muestra su contrato de trabajo en el Ministerio de Salud de la Nación, firmado por el doctor Ramón Carrillo. Eso es interesante. ¿Pero qué hizo Vaernet en el Ministerio? ¿Le pusieron algún equipo a su disposición? ¿Qué sabía sobre este hombre el doctor Carrillo, el mayor sanitarista que tuvo nuestro país, y también uno de nuestros primeros neurobiólogos, con estudios en la Alemania de los 30? En 1955 los de la Revolución Libertadora escarbaron todo para difamarlo, sin encontrarle relación alguna con ése o cualquier otro nazi llegado hasta estas tierras. ¿Será tema de otro documental? Este tampoco menciona los contactos de Vaernet con laboratorios norteamericanos interesados en sus teorías para curar la homosexualidad inyectando testosterona, ni los experimentos que al respecto hizo uno de sus hijos en EE.UU., Kjeld Vaernet, junto al famoso lobotomizador Walter Freeman (que, dicho sea de paso, llamaba lobotomóvil a su auto).

    Aparece en cambio uno de sus nietos, también médico del mismo nombre, Kjeld, pero con otra filosofía de vida, en compañía de investigadores que refieren detalles sobre la mentalidad de aquel entonces, y explican que recién en el 2005 los presos con triangulito rosa recibieron la definición de víctimas del nazismo a igual nivel que los presos judíos, gitanos, políticos y religiosos (testigos de Jehová, curas y pastores opuestos al régimen, etc.). Antes, se los consideraba al mismo nivel que los presos comunes. Y se pensaba que eran "enfermos curables".
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  • Ensayo de una nación
    Ensayo de una nación
    Ámbito Financiero
    Historia ejemplar que merecía más difusión

    Del 2012, es este documental sobre sucesos desarrollados en el 2010. ¿Por qué la demora en estrenarlo? ¿Quizá porque sólo tiene buenas noticias, o noticias más o menos buenas, o como se quiera, total igual no se entiende la demora? A lo largo del 2010 Alexis Roitman fue registrando el trabajo de varios maestros de música, decididos a organizar un coro de 1.800 chicos representantes de 20 escuelas públicas y otros tantos establecimientos privados, de diversas religiones, ascendencias y clases sociales, para cantar todos juntos por el sueño argentino de una tierra de paz.

    Buenos maestros

    Esto se lo explican a los escolares, y es gracioso cuando una maestra dice que vendrán niños ricos y una nena pregunta "¿cómo, ricos?", porque espera que sean lindos. Algún atisbo de seducción se alcanza a ver entre criaturas de distinto grado, y también algún intercambio de información entre ellos acerca de judíos y musulmanes, pero no mucho más. Las cámaras no siguen tanto a los educandos sino a los educadores. Algunos se nota que son excelentes. A otros se los ve más en tareas organizativas. Sufren bastante, porque a cierta altura descubren que no todas las escuelas tomaron el mismo nivel de compromiso, que la Comisión Nacional del Bicentenario les dio una fecha para un gran recital en La Plata y luego se las cambió por otra, más adelantada, en Plaza de Mayo, que encima llueve y no hay solución, salvo que busquen por su cuenta (y la buscan por su cuenta y la consiguen), etcétera.

    Los chicos tienen sus preocupaciones, por ejemplo el atisbo de miedo escénico de una criatura. Los mayores tienen otras, más cansadoras, seguramente porque arrastran años de postergaciones y frustraciones. De algún modo, sin ínfulas pero con esfuerzo, están representando a toda una nación que trata de ensayar su canto.

    Y están ensayando cómo llevar adelante una nación. Ambas interpretaciones caben en el título de la película, y ambas se presentan ante nuestros ojos.

    El registro tiene buen ritmo, y momentos hermosos. Una niña comenta con placer la letra del tema idealista que acaba de cantar. Cuatro revoltosos se quedan quietos apenas la maestra les dice seriamente que piensa llamar a sus padres. Todo un grado canta con entusiasmo. A todos los chicos se los ve atentos, enganchados con la propuesta de sus maestros. Parece ficción, o Argentina del pasado, pero es un documental de tiempos recientes y muestra lo que puede alcanzar un docente que es de veras docente y no empleado público. Diego Balán, Muriel Bourgeois, el recordado Carlos Gianni, encabezaron el proyecto de este gran coro ecuménico, y también aparecen Bracha Waldman, María Celeste Abbas Mahmoud, Betty Rodríguez, Maillo, Kalaidjian, y otros cuantos maestros anónimos, representantes de lo mejor del país que somos. En suma, una obra que merecía mayor difusión.

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  • Forajidos de la Patagonia
    Forajidos de la Patagonia
    Ámbito Financiero
    Tendrá sus limitaciones, pero entretiene

    Empieza como un spaguetti-western de bajo presupuesto, sigue como un corto maleta, descubrimos que ese corto es el final del segundo largo de un joven director maleta, pasamos a caricatura de abuelo discursero que manda de viaje al nieto gandul que quiere ser director no tan maleta, de ahí a sátira provinciana sobre funcionario jetón con subordinada inteligente, y ahí, al momento, intriga policial, comedia de enredos, ladrones torpes y persecusiones a pie, caballo y camioneta, amores no correspondidos, secuestros, desafíos, confesiones familiares (que sólo por etapas se van confesando del todo), más enredos y persecusiones, y, de pronto, llegamos al primer curanto-western, o sea, el primer western filmado en la Patagonia.

    Así, precisamente, lo vieron y saludaron en el International Western Film Festival 2014 realizado en Almería, la patria de los paella-western. Paisajes de Los Alerces, Lago Puelo, Esquel, Cholila, El Maitén, Piedra Parada y El Hoyo sirven de marco a la historia, que empieza con otra historia: la de Santiago Ryan y Enrique Place, dos amables ganaderos norteamericanos, residentes en Cholila, a quienes sus padres bautizaron como Robert Leroy Parker y Harry Alonzo Longbaugh, pero son más recordados como Butch Cassidy & Sundance Kid. Un cuadro de Ryan/Parker/Cassidy descubierto por la chica inteligente (aunque el jefe jetón se atribuya el mérito) pone todo en movimiento, y ya que hay movimiento lógicamente también empieza a largar humo el viejo tren apodado La Trochita, con ladrones, secuestradores, desafiantes, director maleta, etc. a bordo. Y pasajeros también, claro.

    El asunto es entretenido, el tono paródico salva limitaciones de algunos actores amateurs, se pasa el rato y se ven lindos lugares. Autor, Damián Leibovich, habitual editor y ocasional director de unas cuantas producciones televisivas (la más reciente, "Eber Ludueña. El puntapie final"). Revelación masculina, Adrián Garavano, en rol de enamorado metepata que salva la plata, el honor, quizá también el cuadro.
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  • Pelo malo
    Pelo malo
    Ámbito Financiero
    Pequeño film con una gran fuerza emotiva

    He aquí una producción pequeña, de pocos personajes, rodada en ambientes reales poco envidiables, y de asunto aparentemente sencillo. En suma, una película chiquita. Pues bien, esta película chiquita tiene buena fuerza emotiva, mucho para hacernos pensar, dos interpretaciones de mérito indiscutible, y hasta el día de hoy, once premios internacionales, empezando por la Concha de Oro de San Sebastián 2013, otorgada por unanimidad del jurado que integraban David Byrne, Diego Luna, Todd Haynes y otros que saben. En Mar del Plata, un mes después, se llevó los premios a mejor dirección y mejor guión, ambos para la misma persona, Mariana Rondón.

    ¿Qué tiene esta película? Ya lo dijimos, fuerza emotiva. Que consigue sin ostentaciones, pero con mucho sentido de la observación, mucho cariño a cada personaje, un buen manejo de las tensiones, y unos conflictos que vistos de afuera pueden causar risa o fastidio, pero dentro de una casa desconciertan e incomodan a los personajes y a los espectadores casi por igual. Una mujer joven, todavía linda, quiere recuperar su trabajo en una empresa de seguridad. Paradójicamente, su hombre murió en algún episodio de inseguridad. La vida es cruel, es dura, y ella tiene dos hijos que alimentar. Para colmo, el mayor de ellos no pinta como muy hombrecito que digamos.

    La historia se centra en este chico. Un mulatín de pelo mota, que él se obstina en alisar con métodos caseros. El quiere salir de pelo lacio en la foto escolar. Y luego ser cantante como Henry Stephen, aquel de "Mi limón, mi limonero". Quizás esos gustos se los inculcó la abuela, que quiere tenerlo a su lado. La madre, lo que quiere, es que el chico no sea blandito, porque en el barrio los blanditos lo pasan mal. Se pone nerviosa cuando lo ve así. Bah, ella vive nerviosa. Para colmo el pibe es medio contestador. Difícil quererse, en esos casos. O, mejor dicho, difícil hacerse querer, mostrar cariño del modo en que la otra persona espera. Pero no imposible.

    Todo esto transcurre en los monobloques 23 de enero y Simón Rodríguez de Caracas, frente a los cuales Lugano I y II son Puerto Madero. Para más detalles, transcurre justo en la época en que los muchachos se rapaban la cabeza en solidaridad con Hugo Chávez, que estaba sufriendo la quimio. Y de paso se sacaban fotos de uniforme, con algún arma en ciertos casos. Pero no se trata de una obra política, ni tampoco de propaganda homosexual. Más bien, se trata de un llamado de atención al entendimiento y la paciencia dentro de la familia, y la sociedad. Sin decirlo, sin separar a la gente en buena o mala, políticamente correcta o incorrecta, ni nada de eso. Por supuesto, habrá quienes ya vayan predispuestos a darle su interpretación. Pero la película es menos terminante, más compleja, más humana, y ahí radica su riqueza, y su belleza. Vale la pena.

    Intérpretes, Samantha Castillo, Samuel Lange, la veterana Nelly Ramos, y la nena María E. Sulbarán como la vecinita que juega con el nene y sueña con ser Miss Venezuela. Detrás de cámaras, Marité Ugás, productora, Micaela Cajahuringa, directora de fotografía, y, por el lado de coproducción argentino, La Sociedad Post, Alan Borodovsky, Roberto Migone, Francisco Pedemonte y Lena Esquenazi en el equipo de sonido, Ignacio Gorfinkiel, Ezequiel Villanueva, en efectos visuales, Matías Kamijo, colorista, y algunos otros.

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  • Refugiado
    Refugiado
    Ámbito Financiero
    Pesadillas reales contadas a ritmo de película policial

    Un niño juega bastante solo en medio de un cumpleaños infantil. Sólo ese niño queda después esperando que lo pasen a buscar. Cuando alguien lo lleve a casa, empezará a descubrir otras formas de la soledad. Todavía muy chico, le toca ser compañero de la madre en una aventura peligrosa: la huida del hogar. Por ahí no sabe cómo acompañarla, le cuesta la idea de abandonarlo todo, juguetes, escuela, grupo de fútbol, papá. Que a él nunca le pegó.

    A ella también le cuesta desprenderse de su hombre, por más que a veces él le deje el ojo en compota. Prácticamente ni lo vemos, pero lo percibimos como una amenaza constante, pisándoles los talones, y sabemos que puede encontrarlos. O que alguien puede pisar el palito. Aunque tres asistentas sociales la arrinconen para que diga lo que quieren oír, ella no va a decirle después "sos un enfermo", sino "estás enfermo". Todo esto, y otras cosas de similar importancia, muestra "Refugiado", y lo hace mediante situaciones propias de la realidad, contadas a ritmo de película policial, sin caer en exhibición de golpes y gritos, y sin que nadie detenga la acción para dictaminar sobre "violencia de género". Lo que vemos es más que suficiente para comprender lo que muchas veces pasa en la vida real, y, sobre todo, lo que pasa por la cabeza de una mujer confundida y por la cabeza de un chico empujado a la intemperie.

    Hay una escena de excelente, insoportable suspenso. Hay otra, rumbo al final, que nos permite respirar un poco. Y siempre hay un celular, una puerta, que pueden descubrir quién sabe qué mala sorpresa. El director Diego Lerman hace un trabajo excelente, respaldado por una investigación previa en refugios de mujeres golpeadas y mesas de asistentes. A subrayar, las composiciones de Julieta Díaz, el niño Sebastián Molinaro, Marta Lubos, la nena Valentina García Guerrero, aporte colombiano, la coguionista María Meira (la misma de la comedia "El karma de Carmen"), las locaciones en Lugano, Conurbano y Delta, y el director de fotografía Wojciech Staron, aporte polaco. Que, dicho sea de paso, es también autor de "La lección argentina", delicioso documental sobre las andanzas del hijo de una maestra de la selva misionera. Otra forma de vivir la infancia.
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  • Cantinflas
    Cantinflas
    Ámbito Financiero
    Jaenada, razón excluyente para recomendar “Cantinflas”

    Dos héroes evoca esta película: el gran cómico Mario Moreno, alias Cantinflas, a quien los mexicanos deben la conquista del mercado hispanohablante, la Casa del Actor, y la presencia del verbo cantinflear en el diccionario de la Real Academia, y el empresario Michael Todd, a quien los norteamericanos deben varios aportes al show business, la pantalla Todd-AO para no pagar el uso del Cinemascope, y, en especial, la creación del cameo, yeite que permite acrecentar el número de estrellas sin vérselas negras después, para pagarles. Ambos hicieron brillar "La vuelta al mundo en 80 días", un suceso internacional de los años 50, que los conocedores todavía aprecian.

    Ese proyecto fue posible gracias al cómico. Por eso, la anécdota que une a ambos héroes sirve para recordarle al mundo entero que, sin mexicanos, más de un norteamericano estaría perdido. Viceversa, gracias a ese suceso, Moreno fue el primer mexicano que ganó un Globo de Oro en el Hollywood todavía desdeñoso de los "hispanos" como él. Y les ganó a Yul Brinner y Marlon Brando, nada menos, que eran los actores de moda.

    Pero ahora surge acá un tercer héroe, indispensable para que todo esto pudiera contarse: el grandioso camaleón catalán Oscar Jaenada, un flaquito que años atrás vino a Pantalla Pinamar con el biopic de Jaime Chávarri "Camaleón". Ahí él era, auténticamente, Camarón de la Isla. Acá es Mario Moreno, en pose, voces, todo, sin error alguno. Para más, lo representa con toda naturalidad a lo largo de 26 años de vida: el muchachito que llega a una carpa de variedades en 1930, los intentos de boxeador y novillero, las sátiras, el origen del personaje Cantinflas, la evolución, su forma de plantarse y hablar según fuera el público o el escenario, la vida sentimental, las crisis y reconciliaciones matrimoniales, las luchas gremiales, que llegaron al uso de las armas, la inauguración del Teatro de los Insurgentes con un enorme mural de Diego Rivera, la consagración de 1956, etcétera.

    Y cuando uno cree que Jaenada ya se lució de todos los modos posibles, ahí aparece en los créditos finales, recreando el famoso baile de Cantinflas con Elaine Bruce en "El bolero de Raquel". Un actor admirable, pero que (lamentablemente esto también hay que decirlo) es lo mejor y lo único irreprochable de la película. El estilo medio anticuado, las libertades históricas innecesarias, la discutible elección de ciertos intérpretes para encarnar figuras famosas, son limitaciones graves, aunque menos que la ignorancia de las nuevas generaciones.

    Por ejemplo, es muy buen guiño cuando Rafael Amaya gira en su taburete tal como hace Frank Sinatra en "La vuelta al mundo...". Lástima que no se parece a Sinatra, y que los espectadores actuales nunca vieron "La vuelta al mundo..." Tampoco saben quién era Cantinflas. Bueno, eso les pasa por llegar tarde. Pero están a tiempo para saber quién es Jaenada.

    Idea y producción, Adolfo Franco y Vidal Cantú, de Kenio Films, Monterrey. Investigación y libreto con licencias dramáticas, Edul Tijerina. Dirección, Sebastián del Amo, autor de "El fantástico mundo de Juan Orol", sobre el histórico director de cine popular que hizo "La mesera coja del café del puerto", "Gangsters contra charros" y "El fantástico mundo de los hippies". Puro México.
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  • Un amor en tiempo de selfies
    Mirada superficial sobre los “tiempos de selfies”

    El gancho es el habitual. Dos personas jóvenes, lindas y muy capaces, cada una en lo suyo, se conocen, se tantean, se amagan, sintonizan una misma onda, se van a la cama y se enamoran. Hoy día esa meta se alcanza fácil, al menos en las comedias románticas a la americana, donde además todo brilla que es una paquetería. Acá San Telmo brilla de tan bonito que fue fotografiado, brilla el departamento de un artista de teatro independiente, soltero, brilla el pelo de su perro, que ni pulgas tiene, brillan hermosos y felices los dientes y los ojos azules de su enamorada, y brilla el smartphone que ella le regala para estar siempre comunicados. Ahí, justo ahí, por esa porquería de regalo, todo empieza a opacarse.

    Y todo empieza a ponerse más interesante, a medida que la historia se suelta del modelo inicial de film hollywoodense y se anima a transitar rumbos extraños e inciertos, donde el comediante Martín Bossi nos descubre que también tiene altura de actor dramático, y la sociedad se descubre tan ajena al romanticismo que da miedo. Hipercomunicada, superentrometida, sobresaturada de intermediadores reales, virtuales y electrónicos de toda clase convertidos en lastre, o en bombas de tiempo. Antes, el tanguero cantaba "He recibido una cartita tuya, donde me dices que ya no me amas". Si él no lo cantaba, nadie más se enteraba. Ahora, el sucedáneo de la cartita es una cosa terrible que encima se viraliza y se entera todo el mundo. Y de ahí parece no hay vuelta atrás.

    Por ahí va la historia. Que culmina en un episodio onírico de buen mérito, acaso arruinado por los últimos planos. O salvado, según cada espectador/a quiera verlo. Despareja, esta opera prima de Emilio Tamer señala varios problemas de actualidad, aunque de modo superficial e incompleto. Su propuesta daba para más. Bossi, muy preciso con tiradores a lo Robin Williams, es secundado adecuadamente por María Zamarbide, Manuel Wirtz, Luis Rubio (todos por primera vez en roles cinematográficos de primera línea) y el veterano Roberto Carnaghi, este último a la cabeza de un grupo casi circense de vocacionales, antídoto porteño de las americanadas antedichas. También antídotos, los bienvenidos cameos de Carlitos Balá y Graciela Borges.
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  • El último amor
    El último amor
    Ámbito Financiero
    Michael Caine justifica film que naufraga a la mitad

    Dicen que la novela en que se basa esta película es muy agradable, y muy delicada: "La douceur assassine", de Francoise Dorner. Por esa novela transitan Armand, profesor jubilado, viudo reciente, una colega también jubilada, y una joven empleada de tienda que ha perdido a sus padres. La cordialidad de la joven reanima un poco al viudo, que la ve como a una hija. O algo así. Ella lo ve como a un padre. O algo así. De su familia, él apenas recibe unas llamadas ocasionales del hijo, y más ocasionales aún de la hija que vive en el extranjero. Es un tema delicado, cuando alguien piensa reparar o reemplazar ciertos vínculos familiares.

    La adaptación que ahora vemos mantiene básicamente esas características. Pudor, suavidad, melancolía, son palabras que pueden definirla casi hasta el final. Solo cabe observar algunas variantes, tal vez necesarias para financiar la obra: el profesor es norteamericano, Mr. Morgan, la joven enseña bailes latinos y country. Quien hace de norteamericano es un inglés de pura cepa, que encima mantiene la entonación, pero eso no molesta para nada, porque se trata de Michael Caine, que, con 80 años a la fecha de rodaje, impone su excelencia y su presencia por encima de todo, y justifica la visión de la película. Pero, ay, el último tercio de la misma se desbarranca mal.

    Eso es cuando cae la familia del profesor, es decir, el hijo resentido y la hija que justifica plenamente la ilusión de tener una hija distinta. Ellos vienen con exigencias, quieren decidir sobre el padre. De por medio también hay unas propiedades inmobiliarias y unos ajustes de cuentas. Y todo deriva a unas situaciones teatrales alimentadas con viejos conflictos de repertorio. Y, de remate, un inesperado brote sentimental con alguien que no merece sentimientos serios, ni tampoco de otra clase. Una resolución absurda, que tira media película por la borda. Queda en el haber la actuación de los protagonistas, la visión de calles parisinas y de un lago en otoño, la belleza de un par de diálogos (en un banco de plaza, en una casita de campo), y la participación de Anne Alvaro como la colega y de Jane Alexander como la esposa que reaparece cada tanto en los recuerdos, como una presencia momentáneamente viva (una sensación que bien conoce quienquiera que acaba de perder un ser querido). Realización, Sandra Nettlebeck, que venía de hacer dos sencillas comedias de ambiente culinario.
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  • Barroco
    Barroco
    Ámbito Financiero
    Al film y su bonus les falta ritmo y sustancia

    Un joven se consigue una novia, lo que no le impide visitar a otra. También consigue trabajo en una librería con doble sistema de vigilancia, lo no le impide robarse libros a gran escala. Fuera de eso, está entusiasmado con hacer una fotonovela al estilo de las viejas "Killing" (o "Kiling", como dice un experto). No vemos que la termine, pero eso no impide que la misma aparezca después como un bonus al final de la película. No insertada, sino agregada, a modo de consuelo para los espectadores.

    Ni la película ni el bonus son la octava maravilla, lo que tampoco impide que los exégetas del Nuevo Cine Argentino línea Universidad del Cine se llenen la boca de elogios, hablen de autor promisorio, grandiosos actores, infinidad de referencias ocultas o semiocultas, espíritu lúdico, etcétera. Algo de eso hay, pero no es para tanto. Le falta más ritmo, y sangre en las venas (y más sangre fuera de las venas en la supuesta parodia de "Killing"). Se aprecian, eso sí, unos momentos bien logrados, como la escena del primer robo en la librería, o la figura del enmascarado rasposo imaginada para la fotonovela.

    A propósito, la revista aludida no era pornográfica, como aseveran los personajes de "Barroco", sino apenas morbosa. Siempre aparecían unas cuantas mujeres tiradas por ahí en ropa interior, y el tipo las dejaba tiradas del todo, directo para el forense, pero lo de porno es una exageración. Algo tan falso como la música de Vivaldi que anuncia otro personaje, y que en realidad fue compuesta por Gabriel Chwojnik, "a la manera de". Buena música, dicho sea de paso.
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  • El amor y otras historias
    El amor y otras historias
    Ámbito Financiero
    Sobre el ABC de toda comedia romántica

    Plaza del Sol, vísperas de Año Nuevo. Miles de madrileños esperan, con doce uvas en la mano, las doce campanadas. La cámara se acerca a una parejita: ella feliz, él con mirada incierta. Al mismo tiempo, una rubia espera con sus uvas, pero solita y tristona en su departamento. De pronto, el tipo de mirada incierta abandona a la chica feliz y se larga a correr por las calles. Qué duda cabe, sabemos adónde va. Surge ahí la voz de un relator que nos sintetiza las reglas básicas de toda comedia romántica. Ahora también sabemos cómo será la historia de esos dos uvícolas. Lo que no sabemos es cómo terminará la propia historia amorosa del relator, que es el verdadero protagonista de la película.

    El fulano es profesor de la UBA, con pasado literario y presente mercenario: su amigo productor le encargó una comedia romántica para salvar la plata a medias con unos españoles. ¿Pero cómo inspirarse, cuando justamente está sufriendo una tormentosa crisis de pareja? Así es la cosa: paralelos, contraposiciones, idealizaciones, agotamientos, tentaciones, soluciones más o menos mágicas en la parejita de ficción y acaso también en la otra. O no.

    En la vida real de veras, lo que estamos viendo también es el trabajo de un guionista, Alejo Flah, para una romántica en coproducción argento-española. No conocemos su vida sentimental, pero sí la profesional: integró el cuerpo de guionistas de la serie "Vientos de agua", se lució con Patxi Amezcua en el guión de "Séptimo", y ahora se animó a dirigir. Lo hace bien, avanza sobre seguro, sin pretensiones de cambiar la historia del cine, más bien con la responsabilidad de aprender y entregar un buen producto. Cumple así con sus productores y con el público, aunque bien pudo darle más riqueza y sabor, y mayor ritmo, a los diversos episodios de su historia. O escarbar algo más en un tema que deja picando, ese de las tentaciones sin consecuencia (salvo que la pareja las descubra).

    En tal sentido, el título de rodaje de esta obra era bien explícito: "Sexo fácil, películas tristes". Lo primero todavía se advierte, aunque no demasiado. Lo otro está presente en la cara del protagonista Ernesto Alterio, y en algún bache narrativo. Para alegría, las breves apariciones de Luis Luque como el amigo productor, un optimista cargado de deudas y de mujeres, incluyendo hijas y nietas de sucesivos amores. Quizás algún día podamos saber en quién se inspira Flah para este personaje.
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  • La esposa prometida
    La esposa prometida
    Ámbito Financiero
    Creencias, leve intriga y una actriz estupenda

    Más que prometida, como dice el título, la futura esposa de esta película está comprometida, con su religión y su madre, antes que con su futuro esposo, si es que se casa. En otros lados, el título es "Llenar el vacío". Que es el compromiso impuesto a la pobre chica. Su hermana mayor ha muerto, dejando un viudo y un chiquito recién nacido. Para evitar que estos pobres se alejen en busca de un nuevo nido, la mater familias impulsa un nuevo casamiento: el viudo con su cuñada. Así seguirá habiendo un hombre en la familia, y el nietito permanecerá con su abuela y sus tías.

    Cosas semejantes ocurrían, y quizá todavía ocurran, en las aldeas más apartadas de algunos países perdidos. Pero en este caso sucede en plena Tel Aviv, entre gente de clase media. Se explica: todos son judíos ortodoxos, jaredíes, como se dice, ajenos al mundo exterior, absortos en sus creencias, cumplidores sin objeciones de antiguas normas. Una de esas normas es que los mayores deciden con quién se casa la hija, o el hijo. La persona afectada puede hacer algunas objeciones, eso sí.

    Y por ahí va la leve intriga de este drama. ¿Ella aceptará la imposición materna, o insistirá en que le presenten el candidato que tiempo atrás le habían mostrado de lejos, más joven y sin niño? ¿O surgirá de a poco un acercamiento afectivo entre los cuñados, como puede ocurrir en cualquier lugar del mundo en circunstancias similares? ¿O seguiremos toda la película las indecisiones de la criatura, llevada al obediente sacrificio de su primera ilusión y el temor a una intimidad para la cual todavía no está preparada?

    La gordita Rama Burshtein, neoyorquina conversa que vive allí atendiendo marido y cuatro hijos, hace filmaciones sólo para las mujeres de su colectividad. Los varones ortodoxos hacen filmaciones para los hombres de su colectividad. Así son las cosas. Pero ésta es una película de equipo mixto hecha para los heterodoxos de cualquier lado. La primera, y hasta ahora la única. Está aprobada por su rabino, lo que garantiza la verosimilitud de todo lo que vemos: conflicto, costumbres, ceremonias, vida cotidiana. Pero también garantiza la limitación argumental, la representación controlada, la exposición aséptica. Pasada la curiosidad inicial, buena parte del público puede aburrirse con absoluto derecho. Otra, acostumbrada al minimalismo, a las pequeñas sugerencias y las dramatizaciones contenidas, la apreciará un poco más. Como sea, todos coincidirán en aplaudir la labor de Hadas Yaron, ganadora de la Copa Volpi del Festival de Venecia a la mejor actriz debutante. Venía actuando desde niña, pero este rol protagónico le trajo reconocimiento internacional. Su siguiente película es una producción canadiense, "Felix et Meira", donde también hace de esposa ortodoxa. Pero adúltera. Para colmo con un "goi". Parece interesante.
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  • El libro de la vida
    El libro de la vida
    Ámbito Financiero
    Mucho más que dibujos animados para chicos

    Admirable ostentación de artes plásticas, entretenimiento sólo medianamente previsible, notable mezcolanza de criterios y culturas, amplio juego de paradojas, "El libro de la vida", referido a una aventura entre los muertos, es algo más que un dibujo para chicos. Mucho más.

    Vamos a la historia. Niños molestos son introducidos en la parte desconocida de un museo, donde una agradable rubia les descubre el rico y colorido encanto del arte mexicano, y les cuenta una historia. La historia del desafío de Catrina, señora de la Tierra de los Recordados, donde todo es fiesta, y Xibalba, señor de la Tierra de los Olvidados, inframundo gris de tristeza y depresión. Ellos apuestan sobre el futuro de tres niños, amigos entre sí: el decidido hijo de un héroe militar, el sensible guitarrista obligado a ser torero como sus ancestros, y la hermosa y adelantada niña por cuyo corazón suspiran ambos chicos. ¿Quién lo conseguirá, cuando sean grandes?

    Cuando la historia termine, todos habrán aprendido algo, salvo Catrina y la niña, que de entrada se las saben todas, como, ya tradicionalmente, pide el actual público femenino. Otras son, en cambio, las tradiciones que enriquecen esta obra: las leyendas del "Popol Vuh", el viaje de Orfeo en busca de su amada, la celebración popular del Día de los Muertos, los muñecos de madera y las calaveritas de caramelo, los dibujos de Guadalupe Posada y sus colegas, también los dibujos Disney de cuatro dedos y duende bromista y bonachón (en este caso, un grandote de cera y algodón), amén de siglos de enriquecedora mezcla de indigenismo, hispanismo y gringuería, la propia tradición de caricaturas cariñosamente burlonas y coloridas del autor de todo esto, y un largo etcétera.

    El autor es Jorge R. Gutiérrez, el de "Mucha lucha", "El Tigre: las aventuras de Manny Rivera" y otras mezclas de pop latino, ilustrador que aquí luce imágenes de maravillosa elaboración gracias a un equipo encabezado por su esposa Sandra Equihua, su paisano Guillermo del Toro, gran fantasioso acá en rol de productor junto a los capos de dos empresas chicas (Reel FX y Chatrone), Doug Langdale, coguionista, Paul Sullivan y Vladimir Varela, diseñadores de arte y producción, y Gustavo Santaolalla, que armó unos lindos temas con Paul Williams e insertó otros anglosajones de diverso mérito, a veces dándoles un toquecito ranchero, como aporte a la mezcla de culturas, y a la penetración cultural mexicana en el mercado yanqui. Primera victoria: lograron que 20° Century Fox pusiera la plata y asumiera la distribución mundial.

    Al respecto, allá se escucha en inglés, acá en español. Diego Luna y Kate del Castillo actúan en ambas versiones, Sandra Echeverría es tan buena como Zoe Saldaña, así que nada de qué quejarse. Igual sería interesante escuchar al tenor Plácido Domingo haciendo en inglés la voz de un bisabuelo español. No faltará oportunidad. Más difícil será conseguir a bajo precio el libro con las preciosas ilustraciones de la película (y totalmente fácil, ver en la web un hermoso corto sobre ese asunto de los muertos fiesteros: "Hasta los huesos", de René Castillo). Ultimo dato: si se lee con atención la lista de créditos finales, se descubrirá la presencia de una tal Catrina en el equipo. Curiosamente, es la encargada de Recursos Humanos.
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  • UAHAT: El Padre Rio negado para sus hijos
    Razones de un piquete gentil

    Demián Santander, Julián Borrel y Franco González, los autores de este documental, estaban registrando labores indígenas a pedido de la Fundación Silataj, que procura ayudar a los artesanos en su lucha por el precio justo, cuando se encontraron con el más civilizado de los piquetes habidos y por haber en una ruta argentina.

    El hecho ocurrió en las afueras de Santa Victoria Oeste, allá donde Salta y Formosa se confunden. Señores de la comunidad wichi, muy cordiales, de voz suave y tranquila, hacían cortes de una hora en un camino de tierra, pidiendo disculpas por las molestias ocasionadas, e incluso haciendo algunas excepciones para evitar conductores demasiado nerviosos. La razón de los cortes: la escasez de agua y de peces en el Pilcomayo Medio, problema que se agrava cada año. La causa del problema, la falta de limpieza y mantenimiento del lado argentino. El lado paraguayo está lo más bien.

    Corresponde explicar. El Pilcomayo, en su parte de llanura, ya no viaja por su cauce original. Para salvar décadas de acumulación de sedimentos y mantener la regularidad en tiempos de sequía, tiempo atrás se abrieron dos canales. Un grupo wichi muestra entonces, in situ, el canal del país vecino, que corre fluidamente, el cauce original, que es apenas un rastro, y el canal nuestro: un hilo de agua perdido en la arena barrosa. Se hace difícil la vida para los pobres sábalos, y, en consecuencia, también para los pescadores y sus familias. Una máquina una sola- trata de paliar el problema.

    Los documentalistas suben hasta la comunidad weenahayek de Capirendita, Chaco Tarijeño, y aún más allá, hasta el nacimiento del Pilcomayo a 3.900 metros de altura, en Churoco Pampa. Y más acá, a la confluencia con el Paraguay. En esas puntas todo se ve idílico. Y en el medio, bueno, vemos a la gente haciendo una colecta para enviar a sus delegados a hablar ante una comisión trinacional permanente reunida en Asunción. Vemos a los miembros de dicha comisión, en una mesa con papeles, vasos de agua y chipacitos, también muy cordiales. De ahí salen luego los indios. Esperanza y paciencia, son las palabras, pero ya sabiendo que este año no habrá solución. ¿La habrá el año que viene?

    Buen documental, cuyos autores no bajan línea, solo cargan el equipo, viajan kilómetros y kilómetros, y ponen sus cámaras para que esos otros argentinos de lejanas fronteras nos muestren cómo se la bancan. Y atención, que esos otros no son gente bruta de arco y flecha, ni compran espejitos. Tienen antena satelital, taller cultural, redactan muy bien sus reclamos, usan filmadora, saben explicarse y escuchan atentamente.
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  • Las chicas del 3º... un consorcio felíz
    Casi un sainete, sin la gracia suficiente

    Tiempo atrás, Maximiliano Pelosi había llamado la atención con dos documentales de temática homosexual: "Otro entre otros", sobre prejuicios dentro de la comunidad judía, y "Una familia gay", este último con fragmentos ficcionales, sobre los propios conflictos de quienes lucharon por el casamiento igualitario pero dudan ante la posibilidad de casarse. Ahora se prueba directamente en la ficción, con una comedia medianamente hetero, y medianamente lograda.

    El lugar, un edificio de departamentos, lo que empieza a ser casi un subgénero entre nosotros. Protagonistas, dos hermanas jubiladas, autoconvocadas para ocuparse de las expensas, así de paso chusmean un poco a los vecinos. Bueno, decir "un poco" es un eufemismo. Una es viuda, y su hija quiere llevarlas a vivir con ella en Canadá. La otra sigue soltera, y está entre irse con la hermana o quedarse con el portero que le tira los galgos. Ambas se presentan como "las chicas del 3°". Los vecinos las llaman de modos menos amables.

    Se trata de un gordo odioso de vida íntima desconocida (hasta que la conocemos y larga su discurso recriminatorio), una flaca amargada con su matrimonio, que busca despejarse marihuaneándose con el vecino joven (otro odioso vigilado por su hermana), una búlgara rubia, alta, que trabaja de noche, una profesora de piano cuya ocupación adivinamos antes que las chusmas, y un nene que a cada rato queda a cargo de la viuda porque la madre amargada quiere desamargarse o mandarse mudar. Todos estos personajes están caricaturizados de modo bastante básico, casi a modo de sainete pero sin suficiente gracia, ni ritmo, ni riqueza argumental. A señalar, la actuación de Lucrecia Capello, la resolución de un episodio con Emilia Paino, Carlos Kaspar y Mariano Bertolini, que confronta de paso los prejuicios de las hermanas contra la trabajadora nocturna que hace Ingrid Grundke, la música de Pablo Sala (que además aprovecha para meter una parodia de ciertos cantores románticos), los dibujos de presentación de Matías Donda. No mucho más, lo que es una lástima.
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  • El karma de Carmen
    El karma de Carmen
    Ámbito Financiero
    Ingeniosa comedia romántica “single”

    Se luce Malena Solda en su primer protagónico para el cine, que además es una comedia, el género contrapuesto a lo que habitualmente le piden en teatro, o en otras películas. Y también se luce el resto del elenco. Rodolfo Durán, el director, le da espacio a cada uno, y antes de los créditos finales le dedica un plano con su nombre, como para que el público lo aplauda o al menos confirme quién era y lo retenga en su memoria.

    Esa es una atención que pocos tienen, y se agradece. ¿Cómo no agradecer, además, la aparición de María Rosa Fugazot y Ana María Castel como dos jubiladas disfrutando del sol y el vino blanco en la playa marplatense? ¿O el personaje de mantero paraguayo que compone Daniel Valenzuela? ¿Y los de Oski Guzmán, Gustavo Pardi, Laura Azcurra, Manuel Callau, et al, todos ellos tirando buena onda, al menos en comparación con la loca de Carmen? Pobre Carmen, su vida amorosa es un fracaso, y eso, y la vida en general, la ponen de mal humor. Con decir que en Navidad se gana una rifa para ir cinco días de vacaciones todo pago con quien quiera, y no tiene quien quiera, ni quien la quiera. Y si aparece, lo espanta.

    Justo ahí es donde aparece un posible peor es nada, a cargo del ascendente Sergio Surraco. Y empieza el tire y afloje, la expectativa y el rechazo, el gataflorismo y el arrojo a la pileta sin agua, en escenas que otros malhumorados desdeñarán por costumbristas, pero el público festeja precisamente porque reconoce costumbres y actitudes que le tocan de cerca y le causan gracia. No cualquiera hace costumbrismo. Para eso hay que saber mirar, y querer a los demás. Ese es uno de los varios méritos que muestra en esta ocasión la guionista María Meira, y que Durán y los intérpretes aprovechan.

    Otro, es la originalidad. Se trata de una comedia romántica "single". Ya dijimos que el personaje de Carmen espanta a quien se le acerque, así que Malena Solda se mueve casi todo el tiempo sin pareja, graciosamente angustiada como la Delphine de "El rayo verde". Y lo bueno es que al final no habrá un haz de luz sobre el mar, como en la película de Rohmer, sino algo más concreto. Porque tiene que ser concreto el interés de un tipo, para bancar a una mujer tan propia de estos tiempos. Veremos qué pasa. Tiene que haber una segunda parte.
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  • Alexander y un día terrible, horrible, malo... ¡Muy malo!
    El mal día del Alexander de Viorst se disfruta en cine

    El cuento original de Judith Viorst es muy sencillo. El pequeño Alexander despierta con el pelo pegoteado de chicle (culpa suya, por dormirse mascando) y sigue de mal en peor. Mufado, piensa irse hasta Australia, pero la mamá le explica que también allí la gente tiene días malos, así que al mal tiempo buena cara. Siguiendo esa anécdota se han hecho varios cortos, incluso hay uno del argentino Alejandro Chomski, de cuando estudiaba en el American Film Institute. Pero estirar eso a un largo sonaba peligroso. Podía ocurrir que las pequeñas molestias infantiles se convirtieran en hiperbólicos accidentes con preponderancia de efectos especiales, desnaturalizando el valor del cuento.

    Por suerte entre los productores está la Jim Henson Company, que todavía es bastante garantía en asunto de historias para niños, incluso más que la Disney, de modo que la conversión a largometraje termina obrando en beneficio de todos. Surgen unas cuantas libertades, por supuesto. Ahora el día horrible, etc. se duplica y afecta a cada uno de los miembros de la familia de Alexander: su fiesta de cumpleaños al borde del fracaso, el padre en busca de empleo, la madre jugándose un ascenso, el hermano a punto de sacar su licencia y llevar al baile a una novia pretenciosa, la hermana a punto de protagonizar una obra escolar, el bebé sin su chupete preferido. Y al final de una serie de peripecias que ponen a prueba hasta el concepto de familia, es el propio niño quien brinda la debida moraleja a su familia, como una expresión de madurez propia de un niño que cumple años. Y, como esto es una película, todo conduce a un final feliz y pum para arriba.

    Unico fastidio, para nosotros, el inútil doblaje. ¿Será que los niños de ahora leen los subtítulos más despacio de lo que leían sus abuelos? ¿Quién dijo, entonces, que ahora vienen más inteligentes? A propósito de abuelos: hay un cameo de Dick Van Dyke, hecho una arruga colorada. También, una alusión a "El señor de las moscas" (que no es precisamente un libro infantil), y una ironía sobre las madres americanas que vigilan extremadamente los modales y el lenguaje. En sus obras para niños Viorst supo eludir esa vigilancia. Más aún cuando escribió para grandes sus best sellers "Pérdidas necesarias" y "El precio de la vida", y cuando en 1968 firmó un famoso manifiesto contra la Guerra de Vietnam. Para muchos, ésos fueron días todavía más terribles.
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  • Dos disparos
    Dos disparos
    Ámbito Financiero
    ¿Humorada? Sobre gente aburrida contagia al público

    Catorce intérpretes, cuatro países, tres directores de casting, posiblemente un entrenador de perros (animal que inteligentemente huye al comienzo de la película y al final ni figura en los créditos) fueron necesarios para hacer "Dos disparos". Que comienza con dos minutos largos de baile ruidoso y luz estroboscópica, sigue con cinco minutos de un pibe medio dormido que viaja, llega a su casa, nada en la pileta del fondo, corta el pasto (lo que incluye medio minuto de desenfoque), busca algo, encuentra un arma y se pega dos tiros. Uno en la cabeza y otro en la panza, en ese orden.

    Pero parece que las balas eran de fogueo, porque el chico sigue vivo, y por tanto, desgraciadamente, la película también sigue. Ahora, ¿por qué se los pega? Quién sabe, parece que de puro aburrido. En esta película casi todos parecen aburridos a nivel zombi, estado de ánimo que rápidamente se traslada al público, salvo aquellos espectadores preparados que saben que ésta es una nueva comedia de Martín Rejtman, autor venerado por los cultores del Nuevo Cine Argentino, y entonces festejan. Los recursos del autor para que esto sea una comedia son algo minimalistas, por decirlo amablemente. Es cierto que Pierre Etaix, Otar Iosseliani y Aki Kaurismaki han usado similares recursos, pero a ellos les sale bien, probablemente porque se preocuparon de darle carnadura, intención y gracia a sus personajes (algo que aquí sólo demuestra Fabián Arenillas, en breve aparición) y, además, porque sus guiones conducen a algo.

    En fin. Hay algunas frases dignas de mediano festejo, situaciones que quizá causen gracia cuando uno se las cuente a sus amigos y entonces advierta el absurdo de las mismas, no mucho más. Ah, también hay un recurso notable. Para mantener el tono zombi, y quizá para ahorrarle plata a sus productores, cuando el tipo se pega los dos chumbos, en vez de una puesta en escena con la familia desesperada, sangre en el piso, y demás, simplemente vamos a pantalla en negro y la voz del fulano contando que no fue nada. Lo siguiente que vemos es la familia volviendo de la clínica, el herido sin siquiera una curita en la cabeza, y la madre llamando al delivery como todos los días. (¿acá habría que poner: Risas?)
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  • Magia a la luz de la luna
    Magia a la luz de la luna
    Ámbito Financiero
    Deliciosa comedia romántica de Allen con ecos de Wilde

    Corre 1928. El famoso mago chino Wei Ling Soo, que no es chino, recibe el pedido de un colega que lo admira: debe acudir en ayuda de unos incautos americanos fascinados por una dulce y hermosa mentalista. Esa chica es capaz de leerles la mente, adivinarles pasado y futuro, convocar a los espíritus y, sobre todo, vaciarles la billetera. Ella está en ascenso social, tomándole el gusto a la buena vida, ellos son unos nuevos ricos instalados en el sur de Francia, él es un inglés descreído y muy inteligente. Será fácil mostrar el engaño. De paso podrá visitar a su querida tía Vanessa, que vive por ahí cerca.

    Pero, ¿será de veras tan falsa esa linda chica? ¿No será que, de veras, hay otro mundo rodeando este que vemos? El mago conoce todos los trucos, a él no van a engañarlo unos ojitos hermosos. Ni esas percepciones que lo dejan perplejo. Ni esas charlas filosas donde, muy educadamente, ella y él se sacan chispas y se tiran lances. Ni eso que en algún momento le sugiere su encantadora y anciana tía: "El mundo puede tener lógica o no, pero no está exento de un poco de magia".

    Y está en lo cierto. La prueba, es que esta comedia romántica tiene magia. Encanto. Fascinación. E ingenio, elegancia, gracia, belleza, precisión y demás virtudes que sólo se alcanzan con trabajo, dedicación, buen gusto, experiencia e inspiración. Woody Allen tiene todo eso, y aquí lo aplica, casi diríamos, mejor que nunca. En su ayuda tiene también un elenco perfecto encabezado por Colin Firth y Emma Stone, una música que nos hamaca con suaves melodías, como "You do something to me", o nos hace guiños con Ute Lemper cantando a Kurt Weill en un cabaret berlinés, y también hogares exquisitos, jardines preciosos y otros atractivos que un buen director de arte puede conseguir y diseminar, etcétera. Y, por si alguien cree en esas cosas, diremos también que lo acompaña el espíritu elegante, irónico y fino de un buen teatro a lo Oscar Wilde. Eso es fundamental.

    Y si no cree en esas cosas, diremos simplemente que Woody Allen ha sabido releer a Oscar Wilde. Nada como los clásicos para rejuvenecer el alma y alegrar delicadamente los corazones.
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  • Pichuco
    Pichuco
    Ámbito Financiero
    La película que se le debía a Pichuco

    Nuestro cine le debía una película como ésta. Que en vez de ser puramente biográfica, evocativa, es, ante todo, una revelación de la presencia actual de Pichuco, a través de músicos que lo siguen, lo estudian, y demuestran su importancia de enorme compositor e intérprete argentino. La obra se centra en ellos, ante lo cual más de un espectador primero se desconcierta y después agradece. No estamos ante la estatua del prócer, sino ante la presencia viva de su obra.

    Por eso Martín Turnes, autor de un hermoso corto sobre los jóvenes que hasta hace poco todavía cruzaban a la gente en bote por el Riachuelo, empieza "Pichuco" mostrando el trabajo de Juan Carlos Cuacci y Javier Cohen, profesores de la Escuela de Música Popular de Avellaneda, Empa, dedicados a digitalizar los 487 arreglos originales que se conservan de la Orquesta Típica Aníbal Troilo. Ellos evitan que se pierda el tesoro, lo pulen, y lo hacen brillar de nuevo ante sus alumnos y ayudantes. Un trabajo de mucha dedicación, y de hermosas satisfacciones musicales y espirituales.

    A partir de allí, vendrán también los recuerdos y comentarios de otros tangueros más reconocidos, de Raúl Garello, Leopoldo Federico, Ernesto Baffa y Horacio Ferrer en adelante, los varios temas, hermosamente interpretados, la propia voz del Gordo, esa "voz de papel de lija", como él mismo decía, y su imagen en un puñado de películas y apariciones televisivas (la primera, todavía de pantalones cortos y ya tocando el bandoneón, en un bar de "Los tres berretines").

    Inevitable, surge aquella histórica noche en el enorme Teatro Colón, cuando se despidió con una frase que ya anticipaba su partida: "Gracias, Buenos Aires, aguantame un poco más". Era 1975. Había empezado en 1926, en el Petit Colón, el cine de su barrio, en Córdoba y Laprida. La cámara camina veloz de contramano por la Corrientes de ahora, se desvía, cruza Córdoba, y llega hasta una placa que señala el lugar de su casa natal, en Cabrera al 2900. Casi nada queda de aquel entonces en el barrio. Pero todavía queda mucho del artista y de su música por los rincones de toda la ciudad. Y esto la película no lo dice con nostalgia, sino con juvenil energía. Vale la pena.
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  • Borrando a papá
    Borrando a papá
    Ámbito Financiero
    Una vindicación de los padres excluidos

    El primer documental de Ginger Gentile y Sandra Fernández Ferreira, "Mujeres con pelotas", sobre fútbol femenino y discriminación por género, gozó de amplio apoyo femenino. Pero su segundo documental sobre discriminación por género, "Borrando a papá", fue tempranamente atacado por grupos feministas, amén de alguna funcionaria pública y abogadas especialistas en pleitos de divorcio, que quisieron impedir su estreno. Previsto para el 28 de agosto en la sala grande del Gaumont, el Incaa le terminó asignando ahora las salitas del Artecinema de Constitución y Altos Hornos Zapla, de Palpalá, Jujuy.

    ¿A qué se debe esa inquina? Sencillamente, a que expone el drama de muchos padres separados que no pueden ver a sus hijos, debido a prejuicios sexistas de jueces, asesores y legisladores que favorecen a las madres, en algunos casos contra toda evidencia. Peor aún, expone el pensamiento terminante de varias señoras encargadas de organismos de protección familiar, que confesamente aplican la máxima "al enemigo, ni justicia". El padre es culpable hasta que demuestre su inocencia, dice a cámara, muy suelta de cuerpo, una psicóloga mediática, formadora de opinión. La denuncia se amplía a juzgados y comisarías que se desentienden del caso cuando alguna madre ignora la orden judicial de visita paterna o encuentro de reconciliación.

    Hacia el final surgen cuatro detalles muy interesantes: La declaración de Erin Pizzey, creadora del primer refugio para esposas golpeadas en Inglaterra: "De las primeras 100 mujeres que fueron al refugio, 62 eran tan violentas como sus maridos". Sin embargo, también allá la ley favorece a los sectores feministas. "Debe entenderse que ésta es una industria millonaria. Y las mujeres que la controlan no van a tolerar ninguna evidencia que afecte su financiamiento a través del Tesoro Público". La aparición de grupos de padres y abuelos que reclaman ver regularmente a sus hijos, acá (Apadeshi, Afamse, Padres del Obelisco) y en Inglaterra, Francia, Brasil, EE.UU., Italia y España. "Los padres no somos delincuentes ni cajeros automáticos", dice una pancarta madrileña. La aprobación de la ley de tenencia compartida en Chile, en agosto del año pasado, llamada Ley Amor de Papá, bajo impulso de la senadora demócrata cristiana Soledad Alvear Valenzuela. Y, en los créditos finales, la amplia mayoría de jóvenes mujeres que componen el equipo de realización de esta película. Sobre ellas arriesga caer ahora la acusación de machistas o mercenarias.
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  • Feriado
    Feriado
    Ámbito Financiero
    Rito de pasaje tratado con especial sutileza

    Los dos adolescentes se llaman Juan Pablo. Uno es blanquito, delicado, solitario, escribe pensamientos de confusa poesía en una libreta, y le dicen Juanpi. El otro es mestizo, bien moldeado, sociable, trabaja en un taller mecánico y le dicen Juano. Un fin de semana, el primero va a la hacienda de los tíos, en las afueras de Quito, y conoce al otro. De algún modo confuso lo salva de ser apaleado por unos matones que cuidan los autos. Más adelante el otro lo lleva a una cascada escondida en la selva. Y el primero lo lleva a su edificio.

    En realidad no pasa nada. El chico es bastante confuso y el otro prefiere las chicas. Lo que no impide que, hasta por ahí nomás, le tenga cierta consideración. El conflicto es tratado con especial sutileza, y entremezclado con varios personajes aledaños: una jovencita pícara, La Flaca, que no debe estar tan flaca (Manuela Merchán, a tener en cuenta), un primo gordo y prepotente de pocas luces, un criollo viejo capaz de meterse donde no conviene para rescatar de los matones a un preso apaleado, una morochita bien dispuesta que elogia el cabello del Juanpi diciéndole "pareces argentino, o algo así, pero apenas advierte que no tiene nada más para elogiarle ya le dice otra cosa medio fea, y unos tíos poco agradables.

    Estos últimos están pintados de forma demasiado esquemática. Solemnes hasta en una fiesta de carnaval, haciéndose las víctimas, representan lo peor de la clase alta, justo en uno de los peores momentos de la historia ecuatoriana: el del feriado bancario de marzo de 1999, cuando la crisis financiera sepultó al sucre en beneficio del dólar. La ambientación en esa fecha, sin embargo, no tiene ningún peso en los protagonistas, y casi ninguno en el conjunto de la historia, salvo, quizá, como metáfora de un mundo patas para arriba. Así lo ve el chico, de puro gusto, en lo alto de su terraza, así pasa en lo íntimo de sus sentimientos, y así queda para los tíos, al menos hasta que puedan reacomodarse.

    Opera prima de Diego Araujo, egresado de San Francisco, Florida y Bergen, y durante varios años editor de MTV en EE.UU., "Feriado" cuenta con participación argentina a través del Cepa, Centro de Estudios para la Producción Audiovisual, que proveyó un puñado de técnicos. Entre ellos, el editor Julián Giulianelli, la maquilladora Cecilia Larrea, y, en el área de sonido, Miren Begoña Cortázar, Martín Litmanovich, Lucas Page, Francisco Pedemonte, Sebastián Sonzogni. En buena sala, se oye bien.
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  • Delirium
    Delirium
    Ámbito Financiero
    Desparejo catálogo de defectos nacionales

    El tráiler lo anticipa. Tres jóvenes bastante torpes están dirigiendo a Ricardo Darín en una película evidentemente berreta, pasa algo terrible, y todo el país empieza a inquietarse. La idea es buena, original, delirante. De ahí el título. Que, según dicen, en un principio era "Delirium Argentinum".

    Lo que pasa al comienzo, representa el muy argentino sueño de salvarse improvisando cualquier cosa a costillas de alguien que sepa, un asunto que Roberto Lino Cayol denunció hace ya más de un siglo, en su sainete criollo "El debut de la piba". Así seguimos. Lo que viene después borrar las evidencias, creer que todo se olvida, pretender algún provecho de las macanas cometidas- también es muy argentino. Y lo otro. La pérdida de una ilusión como detonante del malestar general, y como excusa para el vandalismo sin límites. Lo hemos sufrido, sin haber visto castigo alguno, a mediados de julio último. Eso también es muy argentino, y tan absurdo que parece un delirio.

    Tal es el trasfondo de esta comedia con apuntes de grotesco, que a veces bordea el humor negro y otras hace un guiño festivo, con la participación de unas cuantas figuras conocidas de nuestros noticieros. Buena idea, también, toda la escena de Susana Giménez, aunque, para mayor efecto, hubiera sido preferible que su cameo se mantuviera en absoluto secreto. El tráiler ya hace perder la sorpresa.

    Desgraciadamente, como ése hay otros cuantos borrones. Faltó acaso un asesor de guiones, un tirador de diálogos, mayor aporte a las situaciones de sátira. Era la oportunidad de tomar en solfa a los opinólogos y desastrólogos de la tele, a los actores que harían cola para reemplazar al astro ausente, a la gente que malinterpreta las cosas más fáciles y encima molesta, en fin, la lista es larga. Son tantas nuestras taras. Se destacan la idea, la dirección de arte, y, por supuesto, la participación del propio Darin haciendo de Darin. El siempre salva su parte, aunque le tiren un hueso flaco.
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  • Aprendiendo a volar
    Aprendiendo a volar
    Ámbito Financiero
    Un cuento para chicos cargado de realidad

    Por voto del público infantil, esta película resultó ganadora del anterior Baficito. Algo similar ocurrió antes en Berlín (Premio de la Juventud) y luego en toda Europa (Premio del Jurado Joven de la European Film Academy). Los adultos no la hubieran votado para sus hijos. Es angustiosa, triste, aunque termine bien. Pero a veces los chicos quieren, necesitan sentir angustia y tristeza. Intuyen lo que ya decía José Hernández, "porque nada enseña tanto como el sufrir y el llorar".

    El personaje, un flaquito de aproximadamente diez años, vive gran parte del día solo, en una casa sencilla rodeada de verde, cerca de alguna autopista. Su padre trabaja afuera y le gruñe cuando está adentro, su madre directamente no está. El fantasea largas charlas telefónicas con ella, le dice que lo pasan muy bien y que la extrañan, todo eso. En la escuela es buen deportista, pero tiene arranques de violencia que los demás deben aplacar. Un día encuentra un pichón de cuervo caído en el suelo. Deduce que la madre cuerva lo rechaza, y lo cría a escondidas. Su papá no quiere mascotas, no quiere encariñarse más con nadie.

    Así avanza la historia, a través de pequeños episodios, hasta desembocar en un final que, por suerte, alivia los corazones. Por suerte, y porque el padre puede ser un ogro pero también es un ser humano, como la mayoría de los hombres a cargo de un niño problemático. Esto no es una fábula, es un cuento cargado de realidad, y de soledad, donde el chico debe hacerse fuerte por sí mismo, así como el pequeño cuervo debe aprender a volar por sí mismo (y a veces, lamentablemente, es medio pavote igual que el chico). Así es como se aprende.

    Boudewijn Koole, se llama el autor, un documentalista holandés que de este modo debuta, con pie derecho, en el cine de ficción. Lo ayuda Jolein Laarman, guionista y productora de mayor experiencia. Su personaje, muy bien interpretado por el niño Rick Lens, tampoco está solo. En el cuadro de honor de películas con niños como éste, lo anteceden el escolar temeroso de su hosco padre en "Pelo de zanahoria" (Julien Duvivier, 1932), y el vaguito maltratado por su hermano en "Kes" (Ken Loach, 1969). Ese vaguito criaba un halcón, y los dos terminan mal. El pelirrojo termina bien, no así su protagonista, Robert Lynen, que en 1944, miembro activo de la Resistencia, fue fusilado por la Gestapo. La Cinemateca de la Ville de Paris lleva su nombre.
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  • El manto de hiel
    El manto de hiel
    Ámbito Financiero
    Daba para cuento no para un film

    Surgido hace ya 24 años, Gustavo Corrado ha hecho apenas tres largometrajes: "El armario" (2000), "Garúa" (2005), y recién ahora "El manto de hiel". Los tres de asunto algo abstracto, hombres empeñados en algo difícil de compartir, bajo costo y gusto amargo.

    Esta vez, un tipo joven, de traje negro, está detenido en medio del desierto. Un ave carroñera ya empieza a explorar el auto. El tipo toma una valija pequeña y llega hasta un caserío para pedir nafta. Hubiera sido más lógico quitarse el saco y llevar un bidón, pero eso no es lo más raro. Apenas llega, una mujer, sin decirle agua va, le cruza la cara de un sopapo que le deja sangrando el labio.

    Los hombres del lugar no le pegan pero tampoco le dan la mano. Lo miran como burlonas aves de presa. No son campesinos ni serranos. Más bien suenan como porteños escapados. Misteriosos. Solemnes. Con un tornillo de menos. Raros hasta para cantarle el "Cumpleaños feliz" a la única nena del lugar. Y viven de algo raro. Con odios entre algunos de ellos, a causa de alguien que se fue y nunca más volvió.

    El relato tiene ciertos puntos en común con "Una mujer en la arena" (Hiroshi Teshigahara, 1964). En otros, amaga con el cine de terror (a señalar, la escena de un grito en la noche). En ese ambiente, es lógico que el tipo tenga sueños poco saludables. La realidad tampoco es saludable, ni para los turistas ni el pianista ni siquiera para los lugareños. El final, en cambio, podríamos decir que es feliz. No diremos para quién es feliz, pero sí que esto daba para un cuento y no para una película de hora y media. Rodaje en La Planta (Caucete, San Juan), un pueblo minero abandonado cuyas taperas volvieron a ser casas en manos del director de arte Leandro Illescas. Fotografía, Gustavo Corrado e Ignacio Torres.
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  • Yo, mi mamá y yo
    Yo, mi mamá y yo
    Ámbito Financiero
    Notable tour de force del francés Gallienne

    Cuando llegaba la hora de comer, la mamá de Guillaume Gallienne y sus hermanos los llamaba diciendo "Los chicos y Guillaume, ¡a la mesa!". El tenía 12 años. Parece que no entraba en la categoría de chico. ¿Entraría en la de chica? Así lo criaron. Ya grande, se definió por el teatro. Logrado el buen manejo del oficio, armó con esa frase y los recuerdos familiares un unipersonal impresionante, donde contaba su vida representando, él solo, 52 personajes, desde los padres y tías hasta los muchachos que se le acercaron. También chicas. Es todo un tema, ése de la identidad sexual no resuelta, y los modelos de identificación, en una persona confundida por los condicionamientos sociales y familiares. Un tema que Gallienne sabe manejar con agudeza y simpatía.

    La obra ganó el Moliere 2010 a mejor revelación. El llegó a miembro de la Academia Francesa, nada menos. El año pasado hizo la versión cinematográfica. Y se ganó cinco de los principales premios César 2013, es decir algo así como los Oscar del cine francés: mejor film, actor, opera prima, adaptación y montajista. Con semejantes galardones, no se entiende cómo, ahora, la película se estrene aquí de un día para otro, sin difusión previa, pero es lo que acaba de ocurrir. Suena tonto, por no decir otra cosa. El título también parece tonto, aunque responde al que le pusieron en EE.UU.: "Me, Myself and Mum".

    Vayamos a la obra. Por supuesto, en la pantalla Gallienne no hace los 52 personajes, sino dos: él y su madre, y es gracioso ver cómo ambos comparten muchas veces el mismo plano. Los demás personajes están a cargo de otros tantos intérpretes, sorprendiendo la otoñal Francoise Fabian en rol de abuela maligna. Destacables también, la eficaz convivencia de teatro y cine, franqueza y engaño, humor y reflexión, ensoñación y realidad (lo mejor, una regocijante caracterización de la madrastra de Sissi emperatriz), y, particularmente, el desenlace. Aparece ahí una inesperada vuelta de tuerca, que disgustará a la gente adicta al discurso único, pero ha de gustar a los amables reaccionarios y los progres de mente abierta, que también existen. Para bochorno de algunos exquisitos, se oyen además dos versiones de "Pobre diablo" en francés: una a cargo de Julio Iglesias (la difundió como "Vous les femmes") y otra reventada por el rockero Arno. A elegir, o quedarse con las dos, como ante otras cosas de la vida.
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  • El cerrajero
    El cerrajero
    Ámbito Financiero
    Entre lo sagrado y lo indiferente

    Años atrás, Natalia Smirnoff supo contar en su opera prima "Rompecabezas" el proceso de autodescubrimiento de una agradable señora con habilidades especiales, que se siente bien entre los suyos y también fuera de casa. Linda historia, que definimos de apariencia sencilla, precisa, con suave mordacidad, actuaciones exactas y un mantenido medio tono. Para su segunda película, que ahora vemos, mantuvo el medio tono, el nivel de actuaciones, la precisión, y la sencillez sólo aparente. Y se animó a probar fondos casi abstractos para algunos, espirituales para otros.

    Ante esto último simula quedarse en la puerta, como su personaje, que quiere mantenerse ajeno a sentimientos y responsabilidades mayores. Hombre todavía joven, soltero, para familia le basta con visitar a su hermana y sobrinos, y alguna vez al padre. Pero su amigovia queda embarazada, y ni él ni ella saben qué hacer. Esto transcurre en el 2008, el año de la famosa neblina de ignoto origen que durante buen tiempo perturbó a la población de Buenos Aires y alrededores. Con ella, precisamente, empieza el relato. Con ella y con la noticia del embarazo, que curiosamente despiertan en el cerrajero una inesperada percepción extrasensorial. Ahora, en el instante de abrir una puerta, llega a percibir algún secreto de su cliente. El problema es que se lo dice y acto seguido pierde al cliente.

    Para el tipo eso es un problema equivalente a mostrar un repentino brote de alergia frente a una persona. Para una jovencita peruana que se le pega, en cambio, eso es un don que puede ayudar a las personas. De hecho, ella se siente ayudada. La historia bordea entonces los campos de la fe y el descreimiento, lo sagrado y lo indiferente, la entrega a los demás y el egoísmo. La niebla con sus olores se irá sin que sepamos de dónde vino. Los dones que uno tiene, pueden irse sin que hayamos sabido usarlos. Nada de eso se dice en la película, sólo queda en el aire, para percepción de quien observe atentamente.

    La parábola es singular, casi etérea. Sólo el remate puede fijarla por unos instantes. Para expresarla están Esteban Lamothe, Erica Rivas, y, en un personaje de desarmante inocencia y vitalidad, Yosiria Huaripata, una revelación. También el recordado Arturo Goetz, como un padre que intenta transmitirle al hijo alguna comprensión de los secretos de la armonía y el misticismo. En breves apariciones, Sergio Boris, María Onetto, Germán de Silva, Luis Ziembrowski, Nahuel Mutti. Rodaje en Garín.
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  • Dos vidas
    Dos vidas
    Ámbito Financiero
    Fuerte testimonio de crueles hechos reales

    El estilo es convencional e incluye un par de recursos fáciles, de esos que la gente se pregunta por qué Fulana no va primero a la policía, o Mengana no vino acompañada. En cambio, la historia es fuerte, el trasfondo es terrible, el desarrollo dramático es impresionante. Se trata de la candidata alemana a los Oscar, una historia que expone los ocultos métodos de la Stasi, como "La vida de los otros", pero en un campo menos esperado: el espionaje exterior a cargo de jovencitas infiltradas en Noruega y países vecinos.

    Dicho así, podría suponerse que estamos ante una película más de espionaje durante la Guerra Fría, con algo de "Operación Telefon", donde los malos eran los rusos infiltrados en EE.UU.. Pero acá hay varios malos. Por empezar, Noruega. Durante la II Guerra, muchas mujeres tuvieron hijos con soldados alemanes. El reino las obligó a darlos en adopción. No fue el único. El Estado nazi se hizo cargo. Luego, varios de esos orfanatos quedaron en manos de la RDA. Y el régimen comunista hizo que algunas de esas criaturas volvieran a sus países de origen convertidas en agentes secretos.

    La acción transcurre en 1990. Por aquella separación de madres e hijos, un cuerpo de abogados pretende levantar juicio a Noruega ante el Tribunal Europeo reunido en Estrasburgo. Necesita la anuencia y colaboración de las víctimas. Así es como llegan a la casa de una familia que pudo ser reconstituida. En 1969, la hija logró escapar de la RDA y reunirse con su madre. Ahí están la madre, la hija con su marido oficial de aviación, la nieta estudiante de Derecho, la pequeña biznieta, la casita en las afueras de Bergen. ¿Para qué escarbar viejas heridas? (¿O para qué activar una posible bomba de tiempo? La Guerra Fría ha terminado, pero sus hombres no quieren ser descubiertos).

    No estamos anticipando nada. Todo esto se sabe en los primeros minutos de la historia. Pero hay cosas que no hemos contado. Asuntos de carácter puramente humano. Y cuando pareciera que no puede descubrirse nada peor, pues descubriremos algo todavía peor. La última media hora es realmente dolorosa. Y hermosa. La mirada intensa de la veterana Liv Ullmann, el dolor en el rostro de Juliane Köhler y demás intérpretes, son memorables.

    Dicho sea de paso, la película se inspira vagamente en una novela de Hannelore Hippe basada en hechos reales. Hay diferencias, aceptadas por la escritora. El protagonista masculino da paso a cuatro generaciones de mujeres, surge la figura del abogado joven, la red de espías tiene mayor peso. Lo demás, incluyendo un asesinato nunca aclarado, transcurre tal como lo dijeron la realidad y el libro. Terribles ambos.
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  • ¿Qué ves? Ecos de lo invisible
    Interesante reflexión sobre la ceguera

    "¿Cómo se percibe el mundo a través del oído, el olfato y el gusto, sin involucrar la visión?" Sofía Vaccaro hace esta pregunta a un puñado de personas obligadas a percibirlo sin la vista, y por diversos medios procura hacernos sentir, aunque sea un momento, la sensación de miopía, incluso de ceguera. Imágenes vacilantes, sobreimpresas, fuera de foco. Sonidos abundantes, orientadores. Sensación de mareo, de esfuerzo permanente.

    Entre quienes responden, está Verónica González Bonet, una de las dos únicas periodistas ciegas que hay en la televisión mundial (tiene un espacio semanal por Canal 7), a quien vemos usando la computadora con un software de voz robótica. También está Silvia Gurfein, artista plástica de quien oímos un texto sobre visibilidad y vemos un óleo titulado "Un parecido que se deja atrás sin ser visto". Y el formoseño Mateo Terrile, joven bandoneonista de tango, miembro del grupo Quantum, que en cierto momento va caminando tranquilamente por la calle con Andrés, su hermano gemelo, ambos discapacitados visuales. ¿Cómo se imagina a sus pequeños hijos una madre ciega, mientras les da el desayuno y los vigila con admirable atención? ¿Y en qué momento advertimos que ese niño que corre por la plaza, y juega una cinchada en el recreo, no ve como los demás niños que lo acompañan? Pero igual le brilla la alegría, como cuando aprende a deletrear una frase en el sistema Braille que le enseña pacientemente la maestra.

    La idea es interesante, y ofrece descripciones y reflexiones poco transitadas por el espectador común, aunque el esquema expositivo (una sucesión de fragmentos dispersos, como asomos de percepción) puede cansar un poco. Y da la sensación de haber desaprovechado un poco a los entrevistados. Por cierto, varios de ellos se merecen una película propia.

    El trabajo remite directamente a un impresionante trabajo de Werner Herzog en su juventud, "El país del silencio y la oscuridad". Y permite recordar, de paso, dos hermosos documentales: "El último hombre", de Jaime Rest, sobre algunos miembros de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos (la primera de esas características que hubo en el mundo) y el reciente "Gabor", de Sebastián Alfie, sobre un director de fotografía que perdió la vista pero no la memoria visual, ni la habilidad, ni el sentido del humor. Un recuerdo más lejano, pero presente en eso de tratar de entender cómo percibe el otro las cosas: el actor negro Sidney Poitier, caminando unos pasos con los ojos cerrados, tras advertir el amor que siente por él una blanquita ciega, en el relato antirracista "Cuando sólo el corazón ve" ("A Patch of Blue", 1965).
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  • Arrebato (2014)
    Arrebato (2014)
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    Drama de celos con buenos climas y un elenco preciso

    Conviene atender el comienzo de este drama de celos, donde un hombre explica ante su auditorio ciertas razones que autorizan a creer que algo es verdadero cuando viene expuesto con modos aprobados por la ficción. Un relato es más creíble que un informe, puede pensarse.

    Ese hombre es, básicamente, un novelista experto en el género policial. Lo vemos en la presentación de un libro suyo, urgido por el editor, que requiere otro libro más para aprovechar el éxito, festejado por el público, acompañado por su esposa con aire cómplice. Pronto sospechamos que ella gusta mucho de la complicidad. Con otros tipos. El problema es que el marido también lo sospecha. Hay gente molesta. Y también hay un personaje raro, una viuda alegre que acaso mató a su marido, de profesión dentista. El escritor debe sonsacarle alguna confesión para su nuevo libro. En esa parte ciertos ecos en el accionar de uno y otro sugieren algo detrás de lo que vemos. Suele ocurrir que las personas reales se vuelvan personajes propios, representaciones ocultas de sí mismo, en la mente de un narrador.

    A esa altura, ciertas licencias argumentales, algunos gestos y jadeos excedidos, se equilibran e integran con un fondo sonoro muy trabajado, inquietante. El clima logrado es bueno, lo que en este caso no significa que haya buen clima. La segunda parte del relato incluye crímenes, sospechas policiales, inocencia judicial, verdad revelada. La escena de la verdad es terrible, y deja a mucho público en estado de comprensible desazón. A veces los narradores escuchan el relato de alguna persona medio tocada, le dan estilo, lo hacen propio, y en ocasiones hasta lo sacan del ámbito de la imaginación al de la realidad. Esto último no siempre conviene.

    Tal es lo que parece exponer Sandra Gugliotta, autora del film. También expone otras cosas de orden práctico, como la conveniencia de no olvidar el celular, borrar las huellas de actividades extraoficiales en beneficio de la paz hogareña, evitar obsesiones, etcétera. Lo hace respaldada por un elenco preciso en cada momento, encabezado por Pablo Echarri y Mónica Antonopulos (a destacar, la escena de enfrentamiento entre los ex cónyuges en un restaurant: parece fácil, pero hay que saber tocar una copa, mover un bolso, para dar la sensación de estar al borde del estallido sin caer en estridencias). Otro respaldo de primera línea lo conforman el director de sonido Vicente D' Elia y el compositor Sebastián Escofet. Por ahí también anda Julián Gándara.
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  • Winter: el delfín 2
    Winter: el delfín 2
    Ámbito Financiero
    Linda historia mal contada

    Dos fastidios impiden que este film para niños sea disfrutado por los niños locales: su duración (le sobran, mínimo, 26 minutos) y su doblaje insulso. Aunque, puestos a oír, el doblaje es apenas tan insulso como los intérpretes originales. Excepto Cozi Zuelhdorff y Ashley Judd, los demás son monocordes, y los dos actores de más renombre actúan como diciendo "yo no soy". El único "comic relief" de mérito es un pelicano, pero puede que parte de dicho mérito le corresponda a un equipo de animatronics que contribuyó con sus toquecitos a la producción.

    La historia gira alrededor de ciertos problemas importantes para cualquier chico: la salud o la muerte de un animal, los primeros síntomas de inquietud sentimental, la disyuntiva entre irse becado en velero por el Caribe o quedarse cuidando a los seres queridos, esas cosas, lástima que expuestas sin mayor fuerza dramática.

    Por lo demás, la realidad es superior a la ficción. Winter es de verdad, la encontraron en el 2005 con la cola lastimada por una trampa para cangrejos y desde entonces nada con una prótesis. Hope es de verdad, tenía menos de tres meses cuando lo salvaron y Winter lo adoptó. Bethany Hamilton, la rubia surfista hawaiana, tiene el brazo izquierdo de veras limpiamente amputado por un tiburón tigre, y no esconde su muñón. Todos los chicos lisiados que aparecen al final, son reales. El Clearwater Marine Aquarium existe de veras, su misión es rehabilitar a los animales marinos y así estimular también a los niños con discapacidad motriz. También de veras, los registros documentales que se ven al final, donde aparecen los auténticos empleados del acuario. Lo que parece mentira es la pequeña ciudad de Clearwater, en el condado de Pinellas, Florida. Limpia, tranquila, de aguas transparentes. Dan ganas de irse a vivir ahí apenas baje el dólar.
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  • Seré millones, el mayor golpe a las finanzas de una dictadura
    Ensayo sobre recuerdo y representación

    No es un documental. Es un docudrama. Y empieza como el making de una película que nadie está haciendo. Y que bien podría hacerse, porque cuenta una historia con grandes posibilidades de humor, suspenso e ironía, basada en hechos reales.

    Se trata del mayor asalto a un banco argentino, hecho sin tiros, muertos ni heridos, y, curiosamente, sin enriquecer a sus autores. Ocurrió la noche del sábado 29 de enero de 1972, cuando un grupo del ERP copó el Banco Nacional de Desarrollo, pasó seis horas sopleteando barras y puertas blindadas, cargó, al cambio de entonces, el equivalente a 10 millones verdes, y escapó justo 15 minutos antes que llegara el cambio de guardia. Todo eso en 25 de Mayo 145, pleno microcentro vecino a la central de la Side y otros organismos de Seguridad.

    Los entregadores fueron el sereno y un empleado a quien un gerente capturado preguntó "¿Entonces el lunes vos no venís a trabajar?". Pues no. Los dos huyeron a Chile ese mismo día. Con el tiempo, uno se jubiló como profesor de Bellas Artes en Cuba. Otro, siempre con su esposa, llegó a luchar en la Revolución Sandinista, y hoy cumple labores barriales en el Conurbano, donde vive sencillamente.

    Se llaman Oscar Serrano, Angel Abus y Laura Zona de Abus. Frente a la cámara se sienten de nuevo veinteañeros. Pero los realizadores, en vez de hacer un documental clásico, seguro y seguramente entretenido, acometen, o cometen, un ensayo sobre recuerdo y representación. Así vemos lo que cuentan los protagonistas, sus compañeros del Banco y los medios de la época, lo que ellos les cuentan a los actores, y lo que éstos escenifican y reflexionan. La idea calza muy bien, por ejemplo, en una parte donde los viejos discuten cómo conviene representar una despedida, pensando en la verdad escénica antes que en la histórica. Otras partes, en cambio, sufren mucha bajada de línea, bajo rendimiento actoral, falta de ritmo. Una lástima.

    Bonus insertos, fragmentos del "Espartaco" producido y protagonizado por Kirk Douglas con guión de Douglas Trumbo, y de dos Comunicados Cinematográficos del ERP, hechos en la clandestinidad. Su autor, Raimundo Gleyzer, desapareció en 1976 en un cuartel. El jefe del robo, llamado "Operación Chauchas", murió en 1973, y Roberto Santucho, líder máximo del ERP, en 1976, ambos en auténtica acción de combate, como corresponde. En cuanto al dinero, se usó para solventar la medianamente fallida fuga de presos de Rawson, el establecimiento de la guerrilla en Tucumán y la ayuda a grupos amigos de Chile, Bolivia y Uruguay. Malas inversiones, diría uno, pero aquellos viejos empleados no piensan lo mismo.
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  • Que extraño llamarse Federico
    Festín para amantes del cine de Fellini y de Scola

    Llegan mis cosas esenciales./ Son estribillos de estribillos./ Entre los juncos y la baja tarde,/ ¡qué raro que me llame Federico! ("De otro modo", García Lorca). La película comienza con ese texto, recitado en español. No es la voz del autor. ¿Será la de cierto personaje de "Giulietta de los espíritus"? Advertencia, e invitación: ésta es una película para fellinianos y "scolanianos". Un rico juego evocativo e invocativo, donde afloran recuerdos, citas de toda clase, reelaboraciones, confesiones, guiños, trayendo al presente fragmentos de tres vidas.

    Esas tres vidas son la de Federico Fellini, desde su llegada a "Marco Aurelio" hasta su quinto Oscar (y algo más), la de Ettore Scola, desde su niñez leyendo el "Marco Aurelio" hasta el rodaje de "Nos habíamos amado tanto" (y algo más), y, sin decirlo, sin subrayarlo, la vida de Italia (que se fue viniendo a menos). Tampoco dice nada, ni lo precisa, cuando en un archivo de pruebas vemos que Vittorio Gassman quiere contar algo y advierte que la memoria empieza a fallarle. "La memoria te restituye la vida, embellecida", dice entre confundido y abochornado (sabemos cómo terminó esa vida).

    Libremente se entremezclan fragmentos de películas, representaciones de la juventud, creaciones muy logradas "a la manera de" Fellini (el narrador, caricaturas, colores particulares, fondos pintados, cortes abruptos seguidos de un largo silencio, carreras a los saltitos, cosas que se dicen fácil pero hay que saber hacerlas), y recuerdos de la noche. De la cantera de humoristas como Attalo, Steno, Maccari, Marchesi, Metz, Age y Scarpelli, hasta personajes de esos que uno encuentra a la noche, o dice que encuentra, "e se non é vero, é ben trovato". Por ejemplo, una mujer que nos recuerda las de Cabiria y "La dolce vita". O un pintor callejero de santos con tizas de colores, un "madonnaro", que se planta fijo frente a los cineastas.

    Así, de a poco, el público va sintiendo la rica amistad que hubo entre esos artistas, y la emoción de las imágenes que surgen al recuerdo. El final es casi con toda la compañía, incluyendo las aguas que inundan el barco de "E la nave va", y la bola de demolición de "Ensayo de orquesta". Y, sí, no todos deben ser recuerdos alegres. Pero Fellini sigue vivo, y es capaz de fugarse en calesita. Así de suelta, de creativa, emotiva y evocadora es esta película. "Un álbum que recoge fotografías, recortes, flores secas, y quizás una mosca que quedó apretada entre las páginas", dijo el propio Scola.

    Ettore Scola estaba apartado del cine. En los últimos diez años apenas aceptó grabar un episodio para una serie documental sobre el Lincoln Center. Pero se cumplían 20 de la muerte de su amigo y maestro, y volvió al ruedo, sólo por esta vez. Lo acompañan sus hijas Paola y Silvia, coguionistas y asistentes, sus sobrinos Tommaso y Giacomo Lazotti, que hacen de Federico joven y Ettore niño, el fotógrafo Luciano Tovoli, el director de arte Luciano Ricceri, que trabajó para los dos y ahora sigue con "El comisario Montalbano". Todos, en el estudio número 5 de Cinecittá, por supuesto. Vale la pena. Claro que vale la pena.
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  • Locos por las nueces
    Locos por las nueces
    Ámbito Financiero
    Buen entretenimiento para chicos

    Se pasa el rato con este dibujo donde los animalitos de un parque quieren penetrar en un depósito de alimentos, subterfugio de unos boqueteros que quieren penetrar en el depósito del banco vecino. Las cosas no son tan fáciles, porque además los bichos pelean ciertas internas entre ellos. Está el individualista, que se corta solo, apenas con la ayuda de una pobre rata fiel como un perro (y también con la ayuda de una perra medio pavota). Está la heroína que baja línea sobre el compañerismo, y detrás el langa que se cree héroe pero es un quemo, el chicato, tres gordos flatulentos, y hasta el líder maquiavélico que, al revés de lo que dice, planea dejar a todos con hambre, porque de ese modo los gobierna mejor.

    El porcentaje evidente de fábula político-sociológica se combina con un porcentaje mayor de entretenimiento, carreras, peleas y caricaturas, todo envuelto en un ámbito estilo años 50, donde los maleantes, y la chica del jefe, remiten al cine policial de aquel entonces. Con un detalle "políticamente correcto": la chica del jefe será todo lo rubia de pollera ceñida que corresponde, pero es buena y quiere que el otro se corrija. Sean ardillas o rubias naturales, ahora las féminas sólo se representan como impolutas, decididas, y más inteligentes que nadie.

    En un principio, el mundo era otro. Ese principio está en Youtube, y es el regocijante corto "Surly Squirrel", donde dos especies de ratas enfrentan a un mapache, decenas de palomas y un pájaro alcahuete en medio de un tiroteo (actual balacera) de asaltantes y policías, todo por una porción de pizza. El autor es el mismo, Peter Lepeniotis. Ganó premios con ese corto, y lo convencieron de hacer un largo. Como ensayo preliminar, hizo otro corto regocijante, "Nuts & Robbers Teaser" (también en Youtube), donde la pelea es directamente entre una ardilla, una rata y dos chorros, por una bolsa de maníes. También ganó premios con ese otro corto. Con el largo sólo ganó plata, que no está mal, pero pierde mucho en la extensión y comparación (y también está, pero con subtítulos en ruso).
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  • Un viaje de diez metros
    Un viaje de diez metros
    Ámbito Financiero
    Choque de culturas en simpática fábula gastronómica

    Lasse Hallstrom es autor de excelentes melodramas. Los mejores: "Mi vida como un perro", "¿A quién ama Gilbert Grape?", "Las reglas de la vida", "Siempre a tu lado" (la del perro Hachiko). También es autor de buenas historias románticas, a punto de caramelo: "Querido John", "Un amor imposible", "Un lugar donde refugiarse". Y de un agradable documental sobre Abba, una película para niños, un policial bastante curioso y otras cositas, de atendibles para arriba. Encima lleva 20 años casado con Lena Olin, una sueca impresionante.

    Otra cosa: también hace fábulas gastronómicas. Empezó con "Chocolate", dulzona delicia donde una intrusa altera la vida y la dieta de un pueblito francés, y el hígado de su mandamás, sulfurado ante las tentaciones que provoca y las licencias que se toma la buena y hermosa repostera. Quince años después, Hallstrom ofrece algo relativamente similar: una familia intrusa, un pueblito francés, otro tipo de tentaciones y licencias, gente buena y hermosa, y una mandamás sulfurada, por cuestiones de paladar, clase, oído, y otros detalles que queda mal decir en público. A lo que se suma otro asuntito enojoso: la rivalidad comercial. Ella maneja un restaurant de clásica comida francesa, los otros instalan una cosa colorinche y barata justo en la vereda de enfrente. Ella cultiva la sutileza del sabor, los otros practican la exaltación del sabor. Etcétera.

    La distancia entre ambos negocios, entre la señora muy aseñorada y el jefe de la tribu vecina, es la que dice el título. Alguien deberá cruzarla, en beneficio de la convivencia, el respeto mutuo y el enriquecimiento espiritual y cultural. Y la variedad de los menúes. Linda fábula, con la inglesa Helen Mirren, nada menos, enfrentándose al veterano actor indio Om Puri, y el chico Manish Dayal, neoyorkino hijo de inmigrantes, ganándose el aprecio de la vieja y de la auténtica francesita Charlotte Le Bon, de cuyo nombre y apellido evitaremos hacer comentarios, aunque el tema los deje picando.

    Como alcalde, el siempre adecuado Michel Blanc. Música, Allah Rakha Rahman. Fotografía, Linus Sandgren, sueco como Hallstrom. Productores, Steven Spielberg y Oprah Winfrey. Se recomienda no ir con el estómago vacío, ni tranquilizarlo con pochoclos.
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  • Historias de Cronopios y de Famas
    Cortázar en unas viñetas dispares

    Surgido del cine publicitario -su trabajo durante años-, Julio Ludueña hizo en su juventud dos originales divertimentos políticos: "Alianza para el Progreso" y "La sociedad está haciendo masa y no deja oir". Fue entonces que el propio Julio Cortázar le autorizó la adaptación de sus "Historias de cronopios y de famas", ese libro de pequeñas fantasías con gente bohemia y soñadora, y gente estructurada y controladora. Pasó el tiempo, muchos otros hicieron cortometrajes inspirados en diversas páginas del libro pero Ludueña tardó un poco más. Ahora, por fin, estrena su versión: un compilado de diez historias adaptadas por él con imágenes animadas, provistas por otros tantos reconocidos plásticos argentinos.

    Algunos son históricos de los 60, como Carlos Alonso, Luis Felipe Noé, Antonio Seguí, Ana Tarsia, que mediante ilustraciones feístas reviven el disgusto cortazariano con la sociedad de su época. Impactan, en ese sentido, los famas encarnados en hombrecitos de Seguí, burgueses decididos y decididamente dañinos, que ilustran muy bien el cuento "Fama y Eucalipto". Los otros artistas reelaboran "Conservación de los recuerdos", "Pequeña historia tendiente a (...)" y "La cucharada estrecha". A ellos se suman, entre otros, la joven Luciana Sáenz, desarrollando "Propiedades de un sillón" en modo tétrico.

    Renglón aparte, en estilo propio y como un respiro, se destaca Crist, con una fiel y atrapante adaptación en gris de "Apuntes para un tapiz" (para que salga en verso, aunque se trate de un cuento). Luego, Daniel Santoro, que aprovecha "Negocios" para poner alusiones a Figari y Della Valle, una "casita del tiempo" con el Líder y su señora en vez del viejo y la vieja, y demás evocaciones peronistas por donde los cronopios marchan muy trabajadores a ritmo de milonga candombera. Se ignora si Cortázar hubiera aprobado esto, pero el resultado es bastante simpático.

    En resumen, en esta selección de textos pesa más la parte amarga de Cortázar, que la lúdica. Se desproporciona la mirada, pero así es como muchos difusores interpretan hoy esa obra.
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  • Sonidos vecinos
    Sonidos vecinos
    Ámbito Financiero
    Retrato del medio pelo con errores de amateur

    Este film ganó premios del público en festivales de Rio de Janeiro, San Pablo y Gramado. La gente apreciaba en esos lugares la presentación verista de unas formas de vivir y de tratarse, y un estado de ánimo perceptible en el aire de la sociedad brasileña. Se reconocía. Pero en Mar del Plata 2012, sobre 14 participantes por el voto del público, salió décimo. La gente apreciaba lo mismo. Y se aburría. No es igual reconocerse, que mirar de afuera. Sobre todo cuando la obra carece deliberadamente de nervio, ritmo y variedad, y abunda en extensión.

    Veamos los méritos. Caracterizaciones representativas del medio pelo de cualquier ciudad, exposición de la confusa geografía barrial, típica de un crecimiento desordenado (para el caso, barrio Setúbal, de Recife), comportamientos de natural desconfianza o silencio frente a posibles ilícitos callejeros, retratos de personas supuestamente respetables con malos hábitos y demasiado tiempo libre, observación atenta de las relaciones entre dueños de casa y personal doméstico, a veces más práctico que los patrones, latente explosión de la violencia alimentada durante largo tiempo. Todo eso está presente y bien representado.

    Destacables, la escena de los niños jugando en la terraza enrejada, rodeados de padres y empleadas vigilantes, o el chico solo, la mujer que reacciona con odio cuando ve que su hermana se compró un televisor más grande, la reunión de consorcio donde piensan prejuiciosamente que el viejo portero próximo a jubilarse se duerme sólo para hacerse echar cobrando una buena indemnización (y nadie quisiera pagar una expensa extraordinaria), el vigilante que recuerda el cuerpo de una chica destrozado por decenas de autos que no se detuvieron, la joven a quien devuelven un estéreo robado. Descubre que no es el suyo, pero se lo queda porque es más lindo. Como ésa, hay otras cuantas observaciones sobre el referido medio pelo, incluyendo al canoso dueño de varias propiedades, resabio de los llamados coroneles del Nordeste.

    Pero también se van sumando incomodidades. Figuras poco desarrolladas, situaciones discontinuas, cortes abruptos, planos de razón inexplicable, un numerito de actuación a la americana que no se corresponde con el estilo general (el niño rico que se da por ofendido cuando le observan algo), un par de fantasías y un momento de homenaje al cine que tampoco se corresponden, y otros detalles que delatan falta de rigor, o "rigurosidad", como dicen ahora los extensores de la lengua. Se entiende. Es la opera prima de un crítico y programador de cine arte, fogueado en el amateurismo. De pronto, faltando apenas cinco minutos para el final, aparece una excelente vuelta de tuerca que involucra al coronel con los vigilantes locales. Pero el autor no quiere o no puede ajustarla, y además ya nos agarra cansados.
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  • Viva la libertá
    Viva la libertá
    Ámbito Financiero
    Las tribulaciones de un político opositor en fuga

    Pasa en Italia, pero algunas cositas bien pueden pasar entre nosotros. Enrico Oliveri es el secretario general del mayor partido de oposición del país. El presidente de la nación lo estima mucho, no así los votantes, ni los demás miembros directivos de su propio partido. El secretario general se banca agresiones y menoscabos como un duque. Pero una noche se toma el olivo como un duende. Se esconde en Paris, en casa de una antigua novia, ahora ya casada y con hija. El marido de la antigua novia tiene además la profesión que él hubiera querido tener cuando joven.

    Entretanto, el asistente del secretario general ("il portaborse", el que figuradamente, le lleva el portafolios) está desesperado. Buscando a su jefe llega hasta la casa del profesor de filosofía Giovanni Oliveri, su hermano. Descubre que son gemelos. Que hace 25 años que no se ven. Y que en viejos tiempos practicaban un juego propio de gemelos: hacerse pasar por el otro. Al asistente se le prende la lamparita. ¿Podrá este hermano cubrir públicamente la ausencia del titular? El tipo es simpático, canchero, no sufre depresiones como el otro. Unico detalle en contra: acaba de salir del manicomio.

    "Estará loco pero tiene método", se justifica el desesperado. Y el loco se divierte, da réplicas formidables a los políticos y periodistas, suelta haikus de Matsuo Basho en la reunión directiva, un poema de Bertolt Brecht en un discurso público ("A quien duda", que empieza "Dices que nos va mal. La oscuridad/ crece. Las fuerzas flaquean"), tararea por cualquier lado "La forza del destino", hace bailar a su gusto a la canciller alemana, da opiniones terminantes que son del gusto público.

    Por ejemplo, "En el Congreso, no hay un solo cretino que sepa que lo es", o "Si los políticos roban, es porque sus electores roban o les gustaría robar". ¿Será que los locos siempre dicen la verdad? El asunto es que ahora el partido, gracias a él, crece en las encuestas. Ahora podrá ganar. Pero ciertos profesionales de la oposición tienen miedo de ganar.

    A cierta altura, las peripecias de los hermanos se muestran en montaje paralelo. Cada uno está logrando algo. "El genio y el engaño coexisten", dice alguien en cuya casa se encuentra el libro "L' illusione di vivere", de un tal Giovanni Ernani. Y un hermano dice que el otro "nunca logró ser él mismo". ¿Los políticos son realmente ellos mismos? También a cierta altura empezaremos a dudar quién es quién. Y a pensar cómo es que la gente ve en los demás lo que quiere ver. Comedia fina, inteligente, sustanciosa, pasa en Italia pero...

    Autor, Roberto Andó, que empezó como asistente de Francesco Rosi, Giacomo Battiato, Fellini, Cimino y Coppola, hizo ya varias películas interesantes ("Sotto falso nome", "Il cineasta e il labirinto", etc.) y también puestas teatrales y novelas. "Viva la libertad" adapta su propia novela "Il trono vuotto", vacío. Y está protagonizada por un grande que llena toda la pantalla haciendo los dos papeles: Toni Servillo, el elegante sesentón de "La grande bellezza". Ejemplar, su rostro mientras espía a la antigua novia en baby doll. No es un rostro de lascivia. Es el de quien se está diciendo, resignada, melancólicamente, "Mirá vos qué tonto, lo que me perdí. Ese personaje está encarnado por Valeria Bruni Tedeschi, lo que alcanza para darle la razón. También hay, en otra parte más risueña, un bonus inesperado: "Arrabal amargo", de Gardel y Lepera, por Leopoldo Federico. Claro que vale la pena.

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  • Aprox
    Aprox
    Ámbito Financiero
    Curioso ensayo de divulgación

    He aquí un ensayo de divulgación bastante curioso, liviano, con algo de instructivo y mucho de lúdico. Se nota que los participantes se soltaron a gusto durante el rodaje. El tema es el conocimiento del lenguaje corporal como herramienta de dominio sobre los demás, según los manuales y según alguna gente que sospecha de los manuales.

    Todo parte de unos textos del zoólogo Desmond Morris, el de "El mono desnudo", que algunos vendedores confunden con Dale Carnegie, el de "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas" y "Cómo hablar bien en público e influir sobre los hombres de negocios". Mención al paso, la serie relativamente reciente "Lie to me", sobre cómo captar a los mentirosos (y mentir a las personas para hacer negocios o esquivar reclamos).

    Morris y la serie son mencionados rápidamente, para contar luego lo lentamente que se gestó la película. De ella vemos, como primer gancho, la representación de una escena típica de las agencias de publicidad. Por si el lector no lo sabe, no sólo en las oficinas públicas tratan mal a la gente. Y acá viene lo singular: tras esa representación, un comentarista vuelve sobre la misma, señala posiciones del cuerpo de los personajes, retracciones de los pies, "el encantamiento de una estilográfica en la era cibernética", y otros detalles de interés. Ya alertas, observamos mejor ciertas charlas de mujeres al teléfono o al acecho, o unos juegos sexuales con mujer al mando y el Dúo de los Gatos, de Rossini, como fondo. El chiste suena atractivo, o al menos entretenido, pero se desperdiga demasiado en una sucesión de tomas a modo de cortinas inconducentes e interminables sin mayor sustancia. Eso es todo, o poco menos, aunque se reconoce lo antedicho: éstos se soltaron a gusto.

    Responsable del crimen, Victor Kesselman, creativo publicitario, miembro del colectivo que actualmente expone en la Embajada Argentina en París, director de teatro, autor de "Los sexos (caso número 3)", "What the Hell is Patagonia", y de unos documentales sobre los caballos y la vida silvestre.

    Al respecto, acá se incluye de pronto el registro de un paisano quitándole las cosquillas al animal. Muy lindo, pero peligroso: podría darle ideas a la mujer de los gatos.

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  • Relatos salvajes
    Relatos salvajes
    Ámbito Financiero
    Regocija Szifron con un dechado de virtudes perversas

    Hubo que esperar nueve años, desde la comedia de acción "Tiempo de valientes", y también hubo que esperar una semana más de lo previsto para su estreno, pero valió la pena. La nueva película de Damián Szifron es un dechado de virtudes perversas, un entretenimiento de primer nivel, ejemplar en casi todos los detalles, lleno de eficaces recursos cinematográficos, casi ostentoso en calidad y cantidad de intérpretes, y en mano directiva, con un guión que destila ingenio y malicia, que sorprende, divierte y también espanta, y deja pensando.

    A esta altura, ya muchos están enterados. Se trata de seis cuentos de diversa duración y similar regocijo con el espectáculo de gente aparentemente normal perdiendo los estribos de forma ridícula y estrepitosa en ocasión de enojo o de venganza, o mostrando la hilacha sin medir las consecuencias. Humor negro y hasta escatológico, crítica mordaz del carácter humano, catarsis del espectador en algunos casos. Atención, que uno de los relatos es bastante áspero, amén de filoso, por así decirlo (recordemos que Szifron escribió varios capítulos de "Mujeres asesinas"). Y también hay otro que, poniendo el dedo en la llaga de la corrupción, va del humor sarcástico al drama irremediable dejando al espectador con la risa congelada en la boca.

    Este efecto, y el método de presentar una suma de cuentos temáticos, emparenta "Relatos salvajes" con dos grandes y sangrientas humoradas italianas: "Los monstruos" y "Los nuevos monstruos". Algo menos, con el serbio "Barril de pólvora". Más lejos, con un personaje radial de Augusto Codecá, que todo lo quería solucionar con "una linda bombita". Y entre medio, el personaje de Pepe Soriano en "Las venganzas de Beto Sánchez", formidable retrato de un hombre que creció entre gente castradora y humillante y un día dijo basta, según texto de Ricardo Talesnik llevado al cine por Héctor Olivera (dicho sea de paso, después en Jerusalén hicieron una remake: "Las venganzas de Isakito Finkelstein").

    Darin, Martínez, Sbaraglia, Rivas, Cortese, Zylberberg y Grandinetti son las figuras principales. Junto a ellos, Nancy Duplaa, Andrea Garrote, Noemí Ron (episodio "Bombita"), María Onetto, Osmar Núñez, Germán da Silva, Diego Velázquez ("La propuesta"), César Bordón, Juan Santiago ("Las ratas"), Diego Gentile, Paula Grinzpan ("Hasta que la muerte nos separe"), Walter Donado, Carlos Moya, Miguel Angel "Platinado" Grando ("El más fuerte"), Mónica Villa, Diego Starosta ("Pasternak"), y un largo y hermoso etcétera. Todos buenos.
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  • Amancio Williams
    Amancio Williams
    Ámbito Financiero
    Recuerdo de un arquitecto clave

    Gerardo Panero, egresado y docente de la Enerc, no quiere llamar la atención sobre sí mismo. No pretende hacer un "documental de autor". Su trabajo está al servicio del tema y del espectador que quiere informarse, es "convencional" para ciertos gustos, y eso se agradece. Porque el tema es muy rico, lleno de información y de propuestas de reflexión: se trata de la vida de un arquitecto, la descripción de su obra más famosa, y la denuncia de un mal típicamente nuestro, fruto de la ignorancia, la desidia, el vandalismo y la impunidad.

    Se trata de Amancio Williams, figura clave de la moderna arquitectura argentina, autor de la famosa Casa sobre el Arroyo, vecina a Mar del Plata, y de otros cuantos trabajos que inspiraron a sus continuadores pero sin alcanzar la suficiente difusión. Aún más: fue venerado, respetado a nivel internacional, pero la mayoría de sus proyectos quedaron en el tablero. Para conocer su pensamiento, y sus ideales, basta escuchar su voz en una vieja grabación que la película recupera:

    "Las ciudades deben devolver a los hombres lo que les quitaron. La luz, el aire, el sol, el goce del espacio y el tiempo, lo que necesita para su salud física y mental. Las horas que hoy pierde estérilmente en el transporte, y que podría aprovechar para la producción, el descanso o el placer." ¿Quién no podría estar de acuerdo? ¿Qué intereses o desintereses impiden ese sueño?

    Tras una búsqueda de material que le llevó cerca de cuatro años, Panero nos cuenta la vida de Amancio Williams, su paso por la ingeniería y la aviación, su trabajo con el famoso Le Corbusier (él y Simón Ungar concretaron la Casa Curutchet de La Plata, aportando además algunas ideas), el aprecio que el genio suizo le mostraba, otros proyectos en los que trabajó sin que después se llevaran a cabo (los hospitales para Corrientes, el aeropuerto sobre pilotes en el Rio de la Plata, una sala de conciertos de igual nivel de acústica en cada uno de sus rincones, etc.) y la Casa sobre el Arroyo.

    La pensó para su padre, el músico Alberto Williams. El mismo condujo su construcción, vigiló cada detalle, hasta su inauguración en 1945. Una casa en medio de un parque, con las copas de los árboles a la altura del ventanal. El padre la habitó, escuchaba los pájaros, tocaba el piano. Por alguna razón, muchos años después, quedó deshabitada. Llegaron los depredadores, hubo un incendio, el Estado, que la reconocía como monumento, tardó en hacerse cargo. Recién hace dos años la compró la intendencia, y ahora empieza, quizá, la recuperación. Al menos hay visitas guiadas.

    Todo esto, expone la película de Panero, despertando el interés y también las inquietudes. Están la compañera y colega Delfina Vázquez de Williams, los hijos Claudio (a cargo del archivo) y Pablo, colegas como su amigo Juan Manuel Boggio Videla y Graciela Di Iorio, hoy vigilando la recuperación de la Casa, y muchos otros conocedores, todos ellos de expresión clara. Se aprende mucho con esta obra. Sobre planeamientos, construcciones, y también destrucciones. Sobre Argentina, en síntesis.

    La música, hermosa y muy adecuada, es del maestro Alberto Williams, interpretado por Valentin Surif. La película debería darse en todas partes. Solo se da dos días por semana, en el Centro Cultural San Martín.
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  • El día fuera del tiempo
    El día fuera del tiempo
    Ámbito Financiero
    Tan solemne y confusa que mueve a risa

    Al comienzo de esta historia alguien (luego sabremos quién) explica que en el calendario maya había cinco días de mal augurio. No queda claro a cuento de qué vienen los mayas ni en cuántos días exactamente transcurre la historia, pero el comienzo no augura nada bueno.

    La vieja cultura pagana, la voz de una niña, sotanas, latines, detalles de las manos sangrantes de Cristo, pasillos de un colegio religioso, el cádaver en cruz de una mujer, música ominosa, predisponen a una película de terror. Para más, parece que la referida niña es la única criatura que hay en la escuela. Quizá sus compañeritas ya son fantasmitas.

    Sorprende de pronto el portero sucio y tuerto que esconde en su covacha libros de Lovecraft, Lobsang Rampa, Allan Kardec, la cábala ¡y el método Silva!, y practica sacrificios animales en plena parroquia. El hereje debe estar medio tocado. Lo mismo, un grandulón neurótico que dice ser monaguillo, y un cura que se lo pasa barriendo como Fray Escoba. Puede ser una película de locos.

    O tal vez sea un reclamo contra el celibato, ya que dos curas del colegio son demasiado cariñosos con el personal docente femenino, y entre las hileras de la biblioteca asoma una revista con una chica de espalda descubierta en la tapa. Por ahí alguien menciona que con los asesinos sueltos "todos estamos en peligro", así que también puede ser una película de actualidad. Pero no, porque se ambienta en 1987, año de la Ley de Obediencia Debida, razón por la cual la madre de la nena sufre crisis nerviosas, se niega a decir de quién es hija, y la tía se ocupa de todo. En gacetillas, esto se anuncia como una reflexión sobre el ocultamiento de identidad, el tema del doble, la naturaleza del tiempo, la diferencia entre lo real y lo imaginario, y otras cosas que tampoco alcanzamos a distinguir.

    A resolver el caso del cadáver en cruz (que era catequista) llega el supervisor Morgan, un petiso que debe ser mago, porque le da y le da a la petaca y nunca se le termina. Sus investigaciones lo enfrentarán a dos criminales, varios cómplices involuntarios y un marido rabioso que por su culpa perdió el juicio de divorcio. Hacia el final hay una sorpresa medio ridícula pero sorpresa al fin, la cosa se enreda y oscurece, luego parece que los días de mal augurio pasan y sale el sol y todo eso.

    Intérpretes, Gonzalo Urtizberea, el veterano platense Mario Vedoya, que ha hecho toda su carrera en España y acá hace bien su parte de padre superior y secreto picaflor, y el sevillano Bernabé Rico, que parece Enrique Pinti cuando era joven y flaco. ¿Fue flaco alguna vez Enrique Pinti? ¿Hay escuelas de una sola alumna? ¿Y vendedores de garrapiñadas a la salida de una escuela con una sola alumna? ¿De quién es la revista? ¿Por qué el inspector saca a relucir la sospecha del amor fraterno entre

    Ariadna y el Minotauro? ¿Por qué todo tiene un aire tan solemne, confuso y amenazante que mueve a risa? ¿Por qué hacen este tipo de películas? Otra tarea para el supervisor Morgan.
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  • Tortugas ninja
    Tortugas ninja
    Ámbito Financiero
    La acción se hace esperar demasiado

    Se pasa el rato con esta nueva aparición de los alegres mutantes adolescentes con nombre de pintor renacentista. No al comienzo, donde sólo está Megan Fox enteramente vestida haciendo de April O'Neil, notera televisiva ansiosa de pasar a investigadora audaz, meterse en problemas y convertirse en heroína. El público adulto también está ansioso, espera que se saque de una vez la tradicional campera amarilla de su personaje, y los niños están ansiosos a la espera de acción.

    Empieza la acción, pero ella sigue vestida, y lo demás es todo rutina y ruido a lata con agobiante fondo orquestal. Es que el productor de peso en todo esto es Michael Bay, el de los "Transformers", que impone su fórmula de aturdimiento favorita. Las cosas mejoran recién mucho más adelante, cuando la notera, que no conoce a las tortugas (a diferencia de la April de la serie) descubre su existencia, quiénes son, cómo adquirieron ese físico y por qué se llaman como se llaman. Se lo explica el maestro rata, que también tiene nombre de artista (Splinter en inglés significa Astilla, del italiano Scheggia, que era el apodo de un maestro pintor del Renacimiento). Esa escena es muy simpática, reveladora, y quizá la única enteramente original de la película. Después siguen las patadas, líos, cosha golda, incluyendo una buena persecusión en la nieve, el destrozo de una torre y del enorme robot cuchillero, la desaparición en acción de una china mala y un científico traidor, etcétera.

    No es lo de siempre, porque esta vez no es una de dibujos, como la serie, ni de actores disfrazados, como la trilogía de los 90, sino una superproducción ostentosa con acróbaticos actores que hacen los movimientos, posproducción digital que los convierte en ágiles tortugones, y otros actores más tranquilos que ponen las voces. Todo un trabajo, donde cabe señalar la participación del director de fotografía Lula Carvalho, el mismo de "Tropa de élite" y de nuestra "Felicitas", y un estilo de guión y dirección de arte más cercano a la historieta original de Kevin Eastman y Peter Laird, que tenía partes medio amargas. Igual hay chistes adolescentes, un tema pop y una pizza. Una sola.
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  • Escuela de sordos
    Escuela de sordos
    Ámbito Financiero
    Testimonio de un modelo a imitar

    Surgida de la Escuela Spilimbergo de Artes Aplicadas, y el Departamento de Cine de la Universidad Nacional de Córdoba, discípula de José María Hermo, Ada Frontini viene trabajando desde hace ya varios años como colorista, camarógrafa, directora de fotografía. Puntal de equipo de variadas experiencias, ha rodado en Formosa, su provincia (la primera comedia de Néstor Montalbano, los policiales de Ezio Massa y Atilio Perin), las Malvinas (el relevante "Locos de la bandera", de Julio Cardoso), y se ha lucido particularmente en los documentales de Matilde Michanié "Licencia número 1", sobre la Tigresa Acuña en sus variadas luchas, y "Judíos por elección".

    Ahora eligió hacer con tranquila sencillez su primera película, dedicada al particular trabajo de una amiga y compañera de la secundaria. Para dejar de quejarnos por nimiedades, esta película es lo que se llama un documental de observación, el registro a cámara tranquila de una maestra en actividad, además especializada en algo muy difícil: ella es maestra de sordos y sordomudos.

    Así vemos su paciente diálogo con cada chico, el modo en que le enseña a cada uno según su edad y capacidad, las salidas al aire libre, el seguimiento a los mayores que quieren estudiar alguna carrera o conseguir trabajo, los traslados en un viejo autito por el campo cuando el chico está más lejos, las entusiastas charlas a pura seña con un docente de mayor nivel, que la ayuda a perfeccionarse (escenas subtituladas, por supuesto).

    Así, viéndolos conversar animadamente con las manos, aprendemos sobre la conveniencia o no de los implantes cocleares, los alcances fonéticos de quien se empeña, y también ciertos detalles de la Lengua de Señas Argentina, LSA, que ya lleva más de un siglo y hasta tiene sus variaciones y "tonadas" de acuerdo a cada provincia, amén de sus continuas actualizaciones, como toda lengua. Si observamos atentamente, capaz que hasta aprendemos a decir alguna mala palabra, que también las dicen. Pero hay que estar atento. Eso permite comprender que el sordo no es tonto, sólo tiene que desarrollar una forma de comunicación para no quedarse ensimismado, como le pasaría a cualquier persona en circunstancias parecidas.

    Película pequeña, agradable y además muy necesaria, rodada en Bell Ville, vale la pena conocerla, y conocer el esfuerzo de esa maestra y tantas otras como ella. Su nombre es Alejandra Agüero, su guía es Juan Druetta, reconocido entre los principales docentes argentinos en la materia y desconocido por el resto del magisterio, la escuelita fue creada por ella misma junto a un grupo de padres, y, según ha trascendido, ya va para 25 años que espera el necesario reconocimiento oficial. Como en todo, hay gente sorda y otra que se hace la sorda. Conviene escuchar lo que nos dicen Agüero y Frontini.
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  • La ballena va llena
    La ballena va llena
    Ámbito Financiero
    Viñetas de un simpático proyecto

    Las inquietudes que profesan los miembros del Círculo Social, Artístico, Deportivo y Cultural Estrella del Oriente son muy loables. Reunidos en una mesa de café (un café de los de antes, no cualquier cosa), ellos elucubran con feliz entusiasmo (salvo uno) un proyecto que permita crear un concepto artístico simultáneamente útil a la sociedad, a los museos europeos, y a los pobres del mundo, que esta vez se pondrán de pie en un viaje transatlántico.

    Entre algunas de las muchas apoyaturas teóricas que elucubran los miembros del Estrella del Oriente, podemos anotar el mito mediterráneo de la ballena portadora de profetas, carpinteros y muñecos de madera, el principio de las dosis homeopáticas oportunamente expuesto por el coctor Samuel Hahnemann, el concepto extendido de la obra de arte, proclamado por Marcel Duchamp (que, dicho sea de paso, allá por 1918 vivió en un conventillo de calle Alsina al 1700, según consta en placa todavía libre de ladrones), y la provocadora exposición "La familia obrera", de Oscar Bony en el Di Tella, temporada 1968.

    Dicha obra consistía simplemente en una tarima sobre la cual pasaban el rato un señor con su señora e hijo, mientras el público pasaba frente a ellos y se agachaba a leer la siguiente nota explicativa: "Luis Ricardo Rodríguez, matricero de profesión, percibe el doble de lo que gana en su oficio por permanecer en exhibición con su mujer y su hijo durante la muestra".

    Pues bien, los miembros del Estrella planean crear un enorme barco con forma de ballena (hasta piden el asesoramiento de un ingeniero naval), lanzarlo a los mares, recorrer los puertos, cargarlo de pobres, y descargarlos en Europa, convertidos en piezas artísticas móviles, o vivientes, o como quiera llamárseles, según sea el museo o la fundación que los acoja. No se trata de simples inmigrantes. Esto es arte. Y chantada nacional. Por ahora, y mientras espera el aporte de diversos organismos como la Fundación Marcelino Botin (que existe de veras y debe tener una santa paciencia), el proyecto ha fecundado en una linda exposición, con la maqueta y los planos del barco-ballena, que se exhibió en el C.C. Recoleta durante el Bafici, y es una lástima que no se exhiba junto al estreno de la película.

    La misma se apoya en la simpatía del artista plástico Daniel Santoro y otros artistas y pensadores nacionales, el entusiasmo y los conocimientos que demuestran haciéndose los serios, la gracia de algunas escenas (la mejor, la del especialista de un museo neoyorquino que se toma la broma en serio), y la experiencia previa de otra película con Santoro a la cabeza, "Pulqui, un instante en la patria de la felicidad", que era más linda, quizá porque tenía menos charlas de café.

    Igual se aprecia. Hay hallazgos inesperados, como el fragmento de unos nativos de Nueva Guinea cantando como suizos, y otros menos felices. No predispone bien escuchar con pantalla en negro todo el cuento de Kafka "Ante la ley" cuando ya se lo escuchó en la voz de Orson Welles frente a las ilustraciones de Alexeieff en "El proceso", pero la ficha cae cuando más adelante alguien comenta sobre los norafricanos que impiden el paso a Europa de los subsaharianos, como fieros porteros de la ley que impiden cruzar la puerta del paraíso. Así las cosas.
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  • Tierra de María
    Tierra de María
    Ámbito Financiero
    Sobre rarezas y enigmas de la fe

    Juan Manuel Cotelo era un actor y circunstancial director español de cine y TV, que se iba de montañista los fines de semana. Así conoció al padre Domínguez, un cura de enorme carisma, sencillez y simpatía, también deportista. Cotelo quiso dedicarle un homenaje con los recuerdos de quienes lo conocieron. Así surgió "La última cima", documental digno de aprecio.

    Fascinado por algunos testimonios que recopiló en esa obra, y por lo que a él mismo le estaba pasando, hizo entonces otro documental de testimonios: "Te puede pasar a ti", serie de micros televisivos donde personas de diversa experiencia relatan su proceso de conversión al cristianismo. A todos les hacía la misma pregunta: "¿Seguro que estás bien de la cabeza?".

    Ahora vemos el siguiente paso: "Tierra de María" nos da a conocer a unos cuantos seguidores del culto mariano, totalmente convencidos de sus creencias, y hasta de la posibilidad cierta de hablar con la Virgen. Ahí también aparece esa pregunta, como una guía que culmina en el santuario de Medjugorje, y el conjunto se hace realmente atractivo. Pero no tanto por su parte ficcional (un investigador, suerte de Abogado del Diablo, va enlazando las charlas), ni por su aliento propagandístico, su música enfática, sus ediciones al estilo del cine protestante. Esos más bien son defectos. Lo interesante está en la calma, la seguridad y la profundidad que ofrecen en sus respuestas algunos de los entrevistados. Esos momentos dejan pensativo al espectador, y justifican la película.

    Críticos agnósticos dirán que el único cine espiritual válido es el de Dreyer, Bergman y Bresson. Cierto, Cotelo es medio payaso. Pero vale recordar lo siguiente. Rudyard Kipling conoció al pastor metodista William Booth, fundador del Ejército de Salvación. "¿Por qué sus miembros se disfrazan y hacen esas cosas ridículas para salir a predicar?". "Señor, si tuviera que pararme de cabeza para que la gente común se acerque a escuchar la Palabra de Dios, me pararía de cabeza". Así lo cuenta Kipling en su bellísimo libro de memorias "Algo sobre mí mismo".
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  • La cárcel del fin del mundo
    Interesantes postales de una cárcel mítica

    Nacido en 1895 como Cárcel y Taller de Reincidentes, luego cárcel militar de 1902 a 1911, el Penal de Ushuaia tuvo tanta mala fama como el penal de la Isla del Diablo, en la entonces Guyana Francesa, y el Sing Sing Correctional Facility de Nueva York. Este último sigue parcialmente en actividad. Los galos desactivaron el suyo en 1938, Perón cerró el nuestro en 1947. Lo que no impidió que algunos de sus leales, como el diputado Héctor Cámpora y el comodoro Luis A. Lapuente, pasaran allí el invierno de 1956, víctimas de la Revolución Libertadora.

    El régimen entre esas tenebrosas y húmedas paredes ha sido largamente investigado, entre otros, por el pastor bautista Arnoldo Canclini, miembro de la Academia Nacional de la Historia, y el licenciado Carlos Pedro Vairo, alma mater del destacado complejo museológico que hoy reemplaza al penal. Cabe citar, por puro gusto, el tango "La hija del presidio", que José Corrado dedicó hacia 1925 a la hija del entonces director del establecimiento, y una película muda, "El evadido de Ushuaia", filmada en Buenos Aires. En cambio, cuando Eduardo Mignogna quiso describir en "La fuga" un episodio de la Cárcel de calle Las Heras, tuvo que llevarse todo el elenco a la de Ushuaia.

    El documental de Lucía Vasallo que ahora vemos elude estos datos inútiles, y aporta otros: el relato en primera persona de las torturas sufridas por José Berenguer, la carta de Simón Radowitzky a la Federación Obrera, los dolorosos versos del preso Enrique Arnold ("porque hay vivos sepultados,/ como hay muertos que caminan"), las singulares visitas guiadas del presente, las charlas entre las hijas ya ancianas de algunos guardiacárceles que pasaron allí buena parte de sus vidas, los comentarios de Olga Bronzovich sobre los menores que también estuvieron allí condenados.

    También, referencias a ciertos inquilinos ilustres, como los asesinos seriales Mateo Banks y Santos Godino, y el poco confiable Miguel Ernst, a quien, dicho sea de paso, los porteños le dedicaron una coplita con música de "La verbena de la Paloma": "¿Dónde vas con el bulto apurado?/ A los lagos lo voy a tirar./ Es el cuerpo de Augusto Conrado,/ al que acabo de descuartizar". Condenado a muerte, Yrigoyen cambió la pena por reclusión. En la cárcel lo rebautizaron Serrucho y lo pusieron de carnicero. Ironías nacionales, en su mesa terminaron comiendo unos cuantos yrigoyenistas condenados por el general Uriburu, como los doctores Honorio Pueyrredón y Ricardo Rojas. Por suerte, ellos más que la cárcel vivieron el destierro en la cercana población civil, situación que Rojas aprovechó para investigar y escribir un excelente libro sobre los últimos indios fueguinos.

    Si el penal contribuyó a la economía, la luz eléctrica y las comunicaciones regionales, o si tendría que volver el famoso artículo 52, que mandaba a Ushuaia a los reincidentes de condenas superiores a los tres años, esos son temas que alguna gente suele comentar con mayor o menor conocimiento. La sola visión del lugar envuelto en nieve, las fotos de los penados, proponen otra cosa.
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  • Gabor
    Gabor
    Ámbito Financiero
    “Gabor” devuelve el placer del cine

    He aquí una de esos pequeños placeres que justifican la existencia del cine y el precio de la entrada. Injustamente, no se da todos los días. Hay que aprovechar la oportunidad, como viene enseñando el cine de Sebastián Alfie, un joven profesional surgido del taller de Martínez Suárez y ahora instalado en España, donde tiene una pequeña empresa de cine publicitario.

    Antes de irse, el muchacho había dejado el buen recuerdo de un cortito delicioso, "Abrázame así, donde su abuelo contaba cómo conquistó a la abuela. Un compendio de originalidad, gracia, homenaje a los mayores y habilidad narrativa. Ahora volvió, con un "making off" también delicioso y de similares méritos, donde un veterano cuenta, o más bien muestra, cómo conquista a la vida aún en medio de su desgracia.

    Ocurre que Ojos del Mundo (Ulls del Món), una Ong catalana dedicada a prevenir la ceguera, y eliminarla si es posible, le había pedido a Sebastián Alfie un corto relativo a operaciones de la vista en un hospital boliviano. Para rodarlo, fue a alquilarle equipos a un técnico húngaro de nombre Gabor Bene, un trotamundos lleno de experiencias no siempre recomendables pero generalmente disfrutables, que llegó a ser un calificado director de fotografía. El hombre ya tenía su lugar conquistado, y su hogar, hasta que una repentina ceguera, de la que nunca pudo recuperarse, lo obligó a dejar la profesión, hace de esto ya diez años largos.

    Ahora Gabor alquila equipos, ejercita la memoria, hace chistes, pasea con su perro, y de vez en cuando comenta, sin darse lástima, "A veces sueño que todavía ilumino". ¿Adivina el lector a quién contrató Alfie para que haga la fotografía de una película sobre ciegos que recuperan (o no) la vista?

    Increíblemente, el corto se hizo. Y también el film que muestra cómo se hizo. La aventura del rodaje, los desafíos cotidianos, los otros ciegos a la espera, la joven doctora en cuyas manos está la posible solución, como en las manos del viejo operador está la posibilidad de mostrar al mundo esa operación. Lo que pudo ser simple disparate, locura irresponsable, ha fructificado en una hermosa obra, pintoresca, divertida, y finalmente emotiva, sobre la capacidad humana de aceptar desgracias, superar limitaciones, mantener la alegría. Y ahora el espectador va con esta gente por el altiplano, de sorpresa en sorpresa, admirado y regocijado, aprende unas cuantas cosas, y termina agradecido. Vale la pena.
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  • Violette
    Violette
    Ámbito Financiero
    Sobre Violette Leduc, sin maquillaje ni exaltaciones

    De moda incluso entre nosotros promediando los'60, seguida y reeditada hasta bien entrados los 90, después olvidada y hoy ignorada por las nuevas generaciones, reaparece con esta obra la escritora Violette Leduc, una persona, digamos, sincera hasta lo chocante para hablar de sus asuntos personales, nerviosa, agresiva, que vivió profesionalmente ofendida con la vida y con la sociedad. Era manejadora, egocéntrica, rápida para ofenderse, nada fácil para convivir, pero tenía innegable talento, era leal con quienes admiraba (y envidiaba), y, en el fondo, sólo quería alguien que supiera amarla.

    Buscaba justo a quien ella sabía que no iba a poder amarla como ella quería, ese era el problema. Muchas mujeres incurren en lo mismo, e insisten haciéndose daño y causando fastidio y dolor en quien trata de acercarse. Lo supo expresar en sus páginas, a veces a pesar de sí misma, y expresó también otras varias cosas que las mujeres, hasta ese momento, no habituaban publicar en sus libros. Cosas que despertaron polémica, le dieron la fama mundial, el aprecio de los existencialistas, la ponderación de las feministas, y el actual aplauso irrestricto de comentaristas que quizá nunca hasta ahora habían leído "La asfixia", "La cacería del amor", "La locura ante todo", "La mujer del zorrito", ni siquiera "La bastarda", que es su obra mayor (todo eso editó aquí Sudamericana, y también "Therese e Isabelle", que en 1968 tuvo una versión cinematográfica semiporno).

    Martin Provost describe a Violette Leduc sin maquillajes ni exaltaciones, haciéndonos sentir, entremezcladas, la mezquindad y la angustia de su persona, tal como ella nos hace sentir la ansiedad de la carne y la desazón del alma en sus escritos. La presenta con todo lo malo, desde sus negocios de estraperlista durante la guerra, y también con lo bueno, hasta sus años de paz consigo misma. Emmanuelle Devos contribuye haciendo una encarnación impresionante, llena de fuerza, de veras convincente. A su lado, Sandrine Kiberlain es poco más que una tiesa representación de la estirada Simone de Beauvoir. Otras representaciones están a cargo de Olivier Goumet (el mecenas), Catherine Hiegel (la madre siempre culpable que hace lo que puede), Olivier Py (su primer impulsor aunque no pudieran soportarse) y Jacques Bonnaffé (Jean Genet con pinta de pícaro a bordo de un regio auto deportivo). En breve aparición, Nathalie Richard, como la veterana que sufre los reclamos amorosos de la incipiente escritora, ajena al daño que ya le había causado.

    Detalle curioso: cuando estas dos mujeres se encuentran, Violette la llama Hermine. En realidad se llamaba Denise Hergés. Ocurre que la experiencia sentimental con Denise le inspiró a Violette casi todo lo atinente al personaje de Hermine en "La bastarda". Se trata, en suma, de un guiño al público lector. No hay muchos otros. Provost no se apoya en juegos literarios, sino en la sinceridad de la escritora. Película interesante, quizá medio larga, pero no alargada. Para apreciar a una actriz y un buen realizador, y rastrear después las novelas por las librerías de viejo.
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  • Avanti popolo
    Avanti popolo
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    Elegía de un sueño familiar

    Uruguayo criado en Israel, Michael Wahrmann vive desde 2004 en San Pablo. Artista plástico, fotógrafo, cuentista, videasta experimental, autor de "Avós" y "Oma", dos cortos sobre el dificultoso entendimiento entre ancianos sobrevivientes de la Shoah y nietos incapaces de entenderlos, por cuestiones de edad, idioma, o paciencia, presenta aquí su primer largo, una pieza de apenas 72 minutos, elenco reducido, planos largamente fijos, y varios toques de humor y pesadumbre.

    El argumento es mínimo. Un tipo fracasado en su relación sentimental vuelve a la casa paterna, donde el tiempo sólo se hace notar en la corrosión de las paredes y el embotado agobio de su anciano ocupante, que pasa los días en vana espera de otro hijo, desaparecido hace ya largos años. Su única distracción es una perra más o menos compañera, que en algunas escenas es también la módica distracción de la platea.

    A cierta altura el hijo presente recupera unos casetes y un proyector de S8 con imágenes familiares que también para el público resultan evocativas, igual que algunas canciones contestarias que estuvieron de moda hace décadas, junto a ciertas frases e ilusiones de cambio. Pero nada cambia. "Avanti, Popolo", dice una canción, pero nadie avanza. Se quedan padre e hijo ligados a la figura del ausente, los tres contra una pared descascarada. Elegía del sueño familiar que se fue, y del otro sueño que nunca llegó, la película incluye también, por suerte, algunos momentos de relativo humorismo, y otros pocos personajes que airean levemente la angustia.

    Tres datos anexos. La canción que da título al film nació en 1908 como "Bandiera rossa", himno de batalla de los socialistas lombardos, rápidamente apropiado por el Partido Comunista Italiano y otros grupos, cada uno de los cuales le fue cambiando la letra original. Dentro del film también se menciona el "Avanti, popolo" de Rafi Bukai, 1986, excelente comedia israelí donde un actor egipcio que sueña con encarnar al judío de "El mercader de Venecia" en el teatro cairota termina perdido en medio de la Guerra de los Seis Días. Quien hace de padre murió poco después del rodaje. Se llamaba Carlos Reichenbach, y fue muy conocido en la calle Lavalle de los 80 como autor de "Las libertinas", "La isla de los placeres prohibidos", "Las zafadas", "Extremos de placer", y otras de igual nivel artístico. Curioso, verlo ahora en esta despedida.
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  • Tótem
    Tótem
    Ámbito Financiero
    Doble programa de buenos documentales

    Doble programa de estreno: "Al fin del mundo" y "Totem", documentales de una hora y pico cada uno, y de la misma autora, Franca González. Cada uno luce preciosa fotografía, está hecho en una isla del extremo del continente (Tierra del Fuego, Vancouver), muestra a sus respectivos habitantes en labores cotidianas vinculadas con la madera, incorpora lenguas nativas (guaraní de Corrientes, kwakiutl de la Columbia Británica), y adhiere al "documental de observación", una escuela que deliberadamente priva de información al espectador. A veces, ver una obra de esas es como pararse en un lugar desconocido sin que le expliquen ni confirmen nada de lo que está viendo. Por suerte González matiza un poco dichas pautas.

    Así, dentro de su estilo, "Totem" es bastante informativo. Pero hay una historia previa. Para el Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, 1960, Canadá nos regaló un auténtico totem de 22 metros de cedro rojo, tallado por indígenas. Burócratas locales tardaron en disponer del lugar adecuado, y el regalo pudo instalarse recién en 1964. Durante años lo vimos en la Plaza Canadá, de Retiro. Acá lo vemos lozano en fotos de 1978 y años posteriores. Lo sacaron en 2011 por falta de mantenimiento. El gobierno porteño pidió un reemplazo, y el encargado de hacerlo fue el hijo del primer tallador. "El trabajo más importante de mi vida", dice con voz grave, calma y orgullosa en su taller muy bien instalado.

    Interesante, ver algunos detalles de la tarea, las amplias casas de los isleños, la preparación del salmón dorado en "cruz" de madera, viejos fragmentos documentales, la conservación de la lengua y las creencias pese a una larga etapa de prohibiciones, la coexistencia de totems, lápidas y cruces en una leve colina, el esfuerzo de empleados locales para colocar esa mole de 4 toneladas en el lugar que corresponde y que pocos miran.

    "Al fin del mundo" propone algo distinto. Acá vemos cómo se banca el invierno la gente de Tolhuin, con viento fuerte de veras, nieve por donde quiera se mire y se hunda bajo las botas, pocas horas de luz, gente que saca bloques de hielo cortando con motosierra la capa congelada del agua, y que para otras tareas se las arregla en instalaciones precarias, obreros madereros trabajando a la intemperie sin quejarse ni perder la buena predisposición, niños que se deslizan en gomón, en vez de trineo, mujeres que manejan camiones o van al colegio nocturno, y hasta un entusiasta que propone hacer carnavales de invierno, sin amedrentarse por el frío reinante ni la baja convocatoria. Por lo menos van cuatro locos, varios niños con sus madres y perros, y hasta dos o tres lanzallamas.

    El paisaje es amplio, imponente (se lo aprecia muy bien en una sala calefaccionada), y el final es decididamente agradable, a puro e inesperado chamamé. Los Lengueros, se llama el dúo de intérpretes, en referencia a los árboles de lenga predominante en la zona. Son inmigrantes "venidos y quedados", como se dice. Sus hijos serán "nacidos y criados", otra categoría de poblador, para la cual hay que tener la piel curtida desde chicos. El trabajo anterior de Franca González era "Liniers, el trazo simple de las cosas", retrato del dibujante durante su estadía en un invierno canadiense. A esta mujer no le tiembla el pulso.
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  • Al fin del mundo
    Al fin del mundo
    Ámbito Financiero
    Doble programa de buenos documentales

    Doble programa de estreno: "Al fin del mundo" y "Totem", documentales de una hora y pico cada uno, y de la misma autora, Franca González. Cada uno luce preciosa fotografía, está hecho en una isla del extremo del continente (Tierra del Fuego, Vancouver), muestra a sus respectivos habitantes en labores cotidianas vinculadas con la madera, incorpora lenguas nativas (guaraní de Corrientes, kwakiutl de la Columbia Británica), y adhiere al "documental de observación", una escuela que deliberadamente priva de información al espectador. A veces, ver una obra de esas es como pararse en un lugar desconocido sin que le expliquen ni confirmen nada de lo que está viendo. Por suerte González matiza un poco dichas pautas.

    Así, dentro de su estilo, "Totem" es bastante informativo. Pero hay una historia previa. Para el Sesquicentenario de la Revolución de Mayo, 1960, Canadá nos regaló un auténtico totem de 22 metros de cedro rojo, tallado por indígenas. Burócratas locales tardaron en disponer del lugar adecuado, y el regalo pudo instalarse recién en 1964. Durante años lo vimos en la Plaza Canadá, de Retiro. Acá lo vemos lozano en fotos de 1978 y años posteriores. Lo sacaron en 2011 por falta de mantenimiento. El gobierno porteño pidió un reemplazo, y el encargado de hacerlo fue el hijo del primer tallador. "El trabajo más importante de mi vida", dice con voz grave, calma y orgullosa en su taller muy bien instalado.

    Interesante, ver algunos detalles de la tarea, las amplias casas de los isleños, la preparación del salmón dorado en "cruz" de madera, viejos fragmentos documentales, la conservación de la lengua y las creencias pese a una larga etapa de prohibiciones, la coexistencia de totems, lápidas y cruces en una leve colina, el esfuerzo de empleados locales para colocar esa mole de 4 toneladas en el lugar que corresponde y que pocos miran.

    "Al fin del mundo" propone algo distinto. Acá vemos cómo se banca el invierno la gente de Tolhuin, con viento fuerte de veras, nieve por donde quiera se mire y se hunda bajo las botas, pocas horas de luz, gente que saca bloques de hielo cortando con motosierra la capa congelada del agua, y que para otras tareas se las arregla en instalaciones precarias, obreros madereros trabajando a la intemperie sin quejarse ni perder la buena predisposición, niños que se deslizan en gomón, en vez de trineo, mujeres que manejan camiones o van al colegio nocturno, y hasta un entusiasta que propone hacer carnavales de invierno, sin amedrentarse por el frío reinante ni la baja convocatoria. Por lo menos van cuatro locos, varios niños con sus madres y perros, y hasta dos o tres lanzallamas.

    El paisaje es amplio, imponente (se lo aprecia muy bien en una sala calefaccionada), y el final es decididamente agradable, a puro e inesperado chamamé. Los Lengueros, se llama el dúo de intérpretes, en referencia a los árboles de lenga predominante en la zona. Son inmigrantes "venidos y quedados", como se dice. Sus hijos serán "nacidos y criados", otra categoría de poblador, para la cual hay que tener la piel curtida desde chicos. El trabajo anterior de Franca González era "Liniers, el trazo simple de las cosas", retrato del dibujante durante su estadía en un invierno canadiense. A esta mujer no le tiembla el pulso.
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  • Los insólitos peces gato
    Los insólitos peces gato
    Ámbito Financiero
    Escapó del melodrama buena historia de mujeres

    Un gato de la suerte en una pecera y un mísero pececito perdido justifican para un niño la categoría de insólitos. El pobre está necesitado de sonrisas, lo mismo que el resto de la familia. Menos mal que son animosos, empezando por la madre. Y eso que se está muriendo. Se trata de una mujer atenta a sus cinco crías, cada una de distinto padre y casi todas mujeres: la mayor, seria y responsable, la gorda gruñona y fisgona, la nena que ya entra en la etapa de obsesionarse por su imagen (y se nota que va a ser muy linda) y un pichoncito que recién empieza la secundaria. Pero vamos a tardar un tiempo en conocerlos.

    La película se abre con otro personaje: una empleada de comercio decididamente insulsa. Nos quedamos cortos: es voluntaria, obtusa, vocacionalmente insulsa. Insípida. Sin gracia alguna. Flaca, fea, flácida y otras cosas con efe. Muy poco sociable. Pasa el día en un supermercado que parece una cueva, descansa en una covacha, y cuando tiene un ataque de apendicitis termina en un hospital que parece una pensión vieja mal reformada. Pero corriendo la cortina junto a su cama, hay un grupo familiar. Será disfuncional, de pobretones medio impresentables, pero es un grupo familiar. Y la jefa de esa manada capta la soledad de la otra y se hace cargo. No lo dice, pero hace lo que seguramente espera que otros hagan con alguna de sus criaturas, cuando les toque sentir bien adentro la orfandad que les anda rondando.

    Por ahí va la historia, entre sonrisas, pesares, confusiones y rezongos. Historia de mujeres, aguantes, aceptaciones. Cuando termina, la fea sigue fea y desabrida, pero ya nos cae un poco mejor, y miramos a todos medio con simpatía y hasta con una puntita de emoción. Muere la madre, por supuesto, pero eso se expone de un modo suave, sin griteríos ni llantos inconsolables. Su ejemplo de vida ocupa mucho más espacio. Asuntos como la hospitalidad, la pertenencia, el crecimiento, nos tocan más fuerte. Y todo está dicho con buen ánimo, hasta con buen humor, de un modo natural, reconocible. Otra persona hubiera hecho un melodrama de pañuelo en mano. Si fuera mexicana, un melodramón. Pues bien, la autora de esta película es mexicana, veracruzana para más señas, Claudia Sainte Luce, y prefirió darnos una comedia realista. Salvo por un detalle: la obra se dice inspirada en una experiencia que ella misma tuvo cuando veinteañera, y ella no es fea ni tan retraída que digamos. Del resto, una obra pequeña pero original, sincera y digna de aprecio. Más aún cuando vemos que es su primera película, y que casi todos los intérpretes son "no actores", muy bien dirigidos. Al principio no lo parece, pero vale la pena.
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  • Lore
    Lore
    Ámbito Financiero
    Una comprensiva mirada sobre los vencidos del 45

    Algún lugar de la Selva Negra, 1945. Una muchachita ve llegar a su padre, tipo afable, de uniforme. Pero la madre está nerviosa, malhumorada. Las imágenes se suceden como recuerdos dispersos. Los niños que juntan la vajilla, un ciervito de porcelana característico del "heimat", el terruño, una fogata en el fondo, algo feo con el perro. Una cabaña alejada, un momento de sexo y rencor entre los mayores, luego el padre se ha ido, la madre se despide para presentarse en algún lado "antes de que vengan a buscarme". Eso es lo que realmente alcanzamos a ver.

    Los vecinos no quieren tenerlos cerca. La chica, llamada Lore por Hannelore, y sus pequeños hermanos deberán encarar un viaje de 900 kilómetros cruzando bosques hacia la casa de la abuela cerca del Mar del Norte, al otro lado de Alemania. En el camino habrá gente atontada o aprovechativa, poca comida, taperas, refugios de viejos, un cuerpo recorrido por hormigas, una granjera firme en su fe política, muchachones que descreen de las fotos de Auschwitz que han empezado a circular. Nadie quiere creer esas "propagandas de los Aliados". Pero Hannelore empieza a sentirse perpleja. Su mejor ayuda en el viaje se la está dando un joven de buena presencia y número tatuado en el brazo. Ayuda, y complicidad, porque él también está cruzando tierra enemiga. Complicidad, y confusa atracción y repulsión.

    Esto es como la parte final de "Lacombe, Lucien", pero en reverso. Y con un desenlace muy distinto. Esto, extraño, a veces inquietante, que sugiere más de lo que muestra, desarrollado a través de episodios sueltos a lo Terrence Malick pero sin divagues, está hecho por Cate Shortland, una directora australiana que filma cada nueve años. Y se inspira en un libro de la británica Rachel Seiffert, "El cuarto oscuro". Mejor dicho, se inspira en el segundo cuento. El primero transcurre a comienzos del nazismo y el tercero varios años después. Juntos pintan el desarrollo de un sentimiento de culpa de los alemanes: la ilusión, la confusión, la recriminación. La película no es mejor que el libro, pero lo representa bastante bien, hace comprender ciertas sensaciones, y deja pensando. Dicho sea de paso, Seiffert es nieta de un alto oficial de la Gestapo.

    Los sentimientos de los vencidos del 45, y sobre todo de sus hijos, que llamaban cariñosamente "mutti", "vati", "omi" a sus mamitas, papitos y abuelitas nazis, y a veces tardaron en entender ciertas cosas, son abordados comprensivamente en muy pocas películas. Digamos, "Hijos, madres y un general", "El puente", "Madre, estoy vivo", "Alemania, madre pálida", y unas pocas más, todas ellas alemanas. Ahora se agrega ésta, que es una coproducción australo-germano-inglesa, de elenco enteramente alemán. A la cabeza, la debutante Saskia Rosendahl (mayor de lo que dice el libro, pero muy buena), el joven Kai Malina, la señora Ursina Lardi, ambos vistos en "La cinta blanca", y los niños André Frid y Mika Seidel, que cantan el infaltable "Ich hatte einen Kameraden".
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  • Todo lo que necesitas es amor
    Temas serios con la ligereza de una buena comedia

    Los amargados pueden acusarla de previsible. El público general agradecerá ese "defecto", tanto como los hermosos paisajes costeros, los jardines, de placentera visión que, por suerte, matizan el relato. Es que acá se tocan temas serios con ligereza de comedia bien vestida y muy bien actuada por excelente elenco. Y son todos invitados a una boda, donde el romance que nos interesa puede darse entre los consuegros.

    El es un empresario inglés, viudo, especialista en el cultivo de limones previamente injertados en naranjos, lo que algo sugiere acerca de su carácter. Ella es una peluquera danesa, simultáneamente enfrentada a la quimioterapia y la crisis conyugal. Se casan sus hijos, llevados por inexperto entusiasmo. Se junta toda la familia en la hermosa Sorrento, donde el hombre, buen anfitrión, tiene sus dominios. Hay cena, brindis, fiesta, etcétera. Y confesiones públicas y privadas, de las que nadie vuelve fácilmente. Pero volver, al menos en el cine, se vuelve, porque el público quiere salir contento y porque (he aquí la moraleja) la vida sigue aunque nunca sepamos por cuánto tiempo, así que más vale vivirla.

    Autora, la danesa Susanne Bier, afortunadamente cada vez más alejada del Dogma. Reconocida por los dramáticos "Hermanos" y "En un mundo mejor", Oscar al mejor film extranjero, ella sabe exponer los frágiles vaivenes del amor, la necesidad de afecto y sostén de la gente. Lo hizo en "Asuntos de familia", "Corazones abiertos" y "Después del casamiento", y lo hace ahora de un modo más amable y supuestamente ligero. Contribuyen a esa sensación de incierta ligereza los protagonistas Pierce Brosnan y Trine Dyrholm. El recita bien, ella es actriz de abundantes recursos, y la escena de desnudo absoluto es muy singular y algo perturbadora.

    Invitados y colados a la boda, Paprika Steen (la cuñada bonachona pero impresentable), Kim Bodnia (el marido aún más impresentable), Sebastian Jessen Patrick y Molly Blixt Egelind (los novios), Micky Skeel Hansen (el hijo varón), Christiane Schaumburg-Müller (la encantadora loquita de contabilidad, que tiene unos bocadillos de risueña lógica), y Ciro Petrone (el catalizador). Rodaje en Sorrento, Salerno, Herlev y Copenhague. Fotografía, Morten Soborg. En la banda sonora, "Tintarella di luna", por Mina, "Sará perche ti amo", de Ricchi e Poveri, y "That's amore", por Dean Marti (de cajón) pero al final también por Jonas Winge Leisner a dúo con Alice Carreri, linda versión.

    Un pequeño detalle, que nos vuelve a la seriedad. En 1987 Pierce Brosnan perdió a su esposa, tras cuatro años de lucha contra el cáncer y apenas un día después de recordar el aniversario de bodas. El año pasado perdió a su hija, también tras larga lucha contra el cáncer. Pero la chica, dos semanas antes, se dio el gusto de casarse, y él la llevó del brazo hasta el altar. "Afrontaron la muerte con elegancia, coraje y dignidad", dijo el actor en su momento. "He abierto muchos sobres con el resultado de los exámenes. Yo sé lo que es, de verdad", dijo cuando la presentación de esta película en Venecia.
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  • A vuelo de pajarito
    A vuelo de pajarito
    Ámbito Financiero
    Retrato de un periodista poco común

    Ese hombre de bastón, ya octogenario, que va detrás de su esposa con el perro, es todavía, como lo definió "Primera Plana" en 1964, "un peligro que camina o que escribe, porque además es periodista. Basta que se lea su firma, Rogelio García Lupo, para que el artículo adquiera un interés poco común, el de la cosa inédita, el interés de lo prohibido, de lo que se pronuncia en voz baja..."

    Ahora el hombre relata diversas anécdotas de su vida, en una biografía hecha a vuelo de pájaro, o de Pajarito, porque así le dicen, y así lo pintan las fotos y caricaturas animadas que intercalan cada capítulo. Su hijo Pablo hizo los dibujos, y Santiago el documental, que agrega anécdotas y pareceres en boca de viejos amigos, de su esposa Gabriela Courreges, y del propio realizador. Algunos hacen la debida valoración profesional, otros alguna broma, y el muchacho la mirada de entrecasa que contribuye al tono amable del relato. Como es un vuelo de pájaro, no vemos los comienzos en 1952, el libro de 1968 "Contra la ocupación extranjera", con su lista de militares en actividad vinculados a empresas norteamericanas, y otras cuantas perlas, pero, en cambio, surge un lindo retrato del viejo periodista y sus colegas, que es también el retrato de un grupo de argentinos de otra época.

    Así pasan el Zeppelin sobre Buenos Aires, el tío Miguel, entrenador de la nadadora argentina Jeanette Campbell en Berlín 1936, la incorporación a la Alianza Libertadora Nacionalista ("el nacionalismo fue lo que me atrajo del peronismo, el nasserismo y la Revolución Cubana"), el puesto de auxiliar noveno de un juzgado en lo criminal (apenas mencionado), los estudios de Derecho, la habilidad como redactor publicitario y jefe de empresa constructora, el gangsterismo post-peronista, el caso Satanowsky (y el carnet de la Side de un imputado, que RGL consiguió para la tapa de un libro), la experiencia de Prensa Latina en Cuba, hasta que el Partido Comunista desplazó a los fundadores, el plomazo de Allen Ginsberg, el trabajo gratuito en la CGT de los Argentinos, la dirección ejecutiva de Eudeba, donde logró éxitos de venta pero no pudo sacar las obras completas de Lugones, y los años de abstinencia obligada cuando "el único nexo con el periodismo era taparse la cara con un diario para dormir la siesta", hasta que la confidencia de un marino le permitió enviar un rápido mensaje a dos posibles empleadores: "Parece que estos tipos van a invadir las Malvinas y supongo que ustedes van a necesitar un corresponsal, ya".

    Se incluye hasta su reciente investigación sobre la mafia china a partir de unos curiosos avisos clasificados. Varias de sus investigaciones nacieron de la paciente lectura de clasificados, avisos fúnebres, el Boletin Oficial, etcétera. Y de su enorme capacidad de asociación y deducción, por supuesto. Gran parte de su archivo y su biblioteca hoy están en la Biblioteca Nacional, junto a los archivos de César Tiempo, Arturo Frondizi, Eduardo Cúneo y otros pocos intelectuales que enriquecieron los fondos públicos. El documental muestra cómo fue la donación, y toma nota de algunas cajas con material para investigaciones: Logia P-2, Secta Moon, Al Kassar, Menem (dos cajas). En algún momento estarán a disposición para consulta pública.
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  • La forma exacta de las islas
    Sobre Malvinas, sin guerra ni geopolítica

    Tras diversas demoras se estrena este documental filmado en las Islas Malvinas. No se vincula, el estreno, con alguna fecha oficial evocativa de la Guerra. Y sólo por casualidad coincide con el actual impulso al Mapamundi de Arno Peters, que reconfigura el clásico (y colonialista) de Mercator. Esta no es una película sobre la Guerra, aclaran sus autores al comienzo. Ni es sobre geopolítica. Según vemos, es sobre personas que viven o vivieron en ese lugar lejano y desolado, y personas que quisieron ir a conocerlo, para confrontar la realidad con la fantasía, encontraron las huellas del dolor ajeno, sintieron las propias, y confirmaron que la vida sigue, siempre sigue.

    Se alternan dos viajes. El primero, de Julieta Vitullo, 2006, estudiante de Literatura en Eetados Unidos que quiso hacer una tesis sobre las Malvinas en la narración literaria, desde Charles Darwin y Julio Verne hasta Rodolfo Fogwill y Carlos Gamerro. La chica fue a confrontar imágenes y se encontró con Carlos Enriori y Dacio Agretti, veteranos que volvían a rendir tributo a los suyos, 25 años después de la Batalla del Monte Dos Hermanas. Ella los acompañó con su camarita.

    El segundo, 2010, lo hizo con Daniel Casabé y Edgardo Dieleke, documentalistas que la fueron filmando. Ahí se oye a la estudiante leyendo páginas literarias, y se la ve charlando con varios lugareños. Entre ellos, un holandés cuya esposa murió en Trelew, otro que recuerda las caras de aturdimiento postbélico y la vecina que vivió la II Guerra Mundial y ahora se le mezclan las contiendas, y el viejo John Fawler, del "Penguin News", conocedor, criterioso, humorista (después alguien nos contará de su tristeza).

    La cámara aprovechó entonces a registrar diversos lugares bastante agradables, de atractiva calma, y los rostros atentos, a veces cordiales, de los isleños, como no se veían, por lo menos, desde "Argentinísima 2", de Fernando Ayala y Héctor Olivera, 1973. Habituada al viento y la soledad, si a esa gente se le preguntara por qué vive en ese rincón perdido del mundo quizá respondería como el viejo poeta cuando hablaba de su campo: "porque no es como aparenta, sino como yo lo quiero".

    Pero en ese viaje de 2010 ya no eran los veteranos, sino Julieta quien volvía, con sus propios recuerdos. Casabé y Dieleke, hábilmente, entremezclan los registros, dejan para casi el final una toma clave, sin sonido, un recuerdo amargo dicho casi a cámara, y, después de un pequeño fondo negro, rematan con un registro de 2007, en otro lugar y con otra voz. La forma exacta nunca es exacta, ni objetiva. La historia personal se relaciona con la de los otros. Y nadie vive enteramente aislado, aunque a veces se sienta muy solo.
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  • Socios por accidente
    Socios por accidente
    Ámbito Financiero
    Pese al guión básico, un producto entretenido

    Un traductor de ruso disfruta el estudio de la lengua como la mayor pasión de su vida. Su hija preadolescente no comparte ese entusiasmo. Su ex mujer, menos. Y el actual de la ex directamente domina otra clase de pasiones. Es agente de Interpol. Cuando, por un antojo del libreto, el traductor se ve forzado a colaborar con gente que dice ser de Interpol, todo pasará a mayores, con abundancia de tiros, huidas, competencia por el amor de la hija y acuerdos forzados. Tal, en síntesis, el argumento de esta película.

    Considerando a los protagonistas, no cabía esperar mucho. Pero, considerando a los autores, había cierta esperanza. Fabio Forte y Nicanor Loreti son dos cultores del cine clase B, que ya tienen bastante práctica y bien podían aprovechar un hueso con carne. Así nos encontramos con un guión básico pero cumplidor, un ritmo sostenido, actores bien controlados, correcto despliegue en exteriores (Puerto Iguazú y alrededores) y detalles cuidados, como el matecito laqueado y pintado a mano cerca de las matrioskas, el chiste que termina justificando los "carteles" indicadores de lugar, la leyenda del abuelo heroico bien resuelta, etcétera. En suma, un entretenimiento atendible para los chicos, y un producto llevadero, bastante bien hecho y medianamente simpático para los mayores. O sea, más de lo que uno esperaba.

    A señalar, un diálogo regocijante entre José María Listorti e Ingrid Grudke (lástima que sea una sola escena), y una sabrosa composición de Edward Nutkiewicz como mafioso ruso que casi se roba la película, sobre todo en una escena como "negociador". También hay algunas picardías que pueden inquietar a ciertos padres, pero, la verdad, en la tele a las diez de la mañana se ven cosas peores.
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  • El color que cayó del cielo
    Meteoritos, entre lo sagrado y lo profano

    Hace mucho tiempo un meteorito causó un incendio tan grande en el monte, que los hombres debieron refugiarse en el agua. Tanto duró el incendio, y tanto debieron estar en el agua, que muchos se fueron transformando. Ese fue el origen de los yacarés y los carpinchos. Así lo cuenta la mitología mocoví, según recuerda en esta película el estudioso chaqueño Juan Carlos Martínez, que también muestra parte de su mediometraje "La nación oculta en el meteorito", sobre la influencia de las piedras celestes en su pueblo. Más adelante el científico William Cassidy, de la Universidad de Pittsburgh, evoca sus valiosas investigaciones en el Chaco y la Antártida, y rescata unos rollos en 16 mm. que tenía olvidados. Por último Robert Haag, rico coleccionista de Tucson,Arizona, alegre profanador y solicitado vendedor en ferias japonesas, relata su loca aventura juvenil, cuando logró levantar con una grúa un meteorito de 37 toneladas y cargarlo en un camión rumbo a algún barco, y exhibe un video de aquel día, que terminó con su detención en la comisaría de Charata.

    Esos son tres de los interesantes personajes que encontró Sergio Wolf en su nuevo documental, cuyo título remite al de H.P. Lovecraft, "El color que cayó del cielo". Sólo que el escritor imaginaba que algo malo se iba expandiendo a partir del agujero dejado por un bólido en su caída, y acá vemos gente que concentra su vida alrededor de esos misterios y siente algo bueno, cada cual a su manera. Vemos al hombre de ascendencia indígena, mirando lejos, de camisa a la vera del campo. Al viejo científico, todavía lúcido, recostado entre sus armarios de madera. Y al arriesgado coleccionista y comerciante, feliz en su amplia mansión con metegol incluido. Hay alguien más. El cabo primero Alberto Chaparro, que impidió el robo y rechazó la coima. El sigue en su puesto, y no tiene ningún video. Y, por supuesto, tampoco está en la foto que sus compañeros se sacaron junto al preso, no en la comisaría sino en el hotel con pileta donde Haag pasó sus días tras pagar la fianza. Haag, con su sonrisa a toda prueba, se roba ahora la película. Pero, al menos, su picardía hizo apurar la legislación que considera a los meteoritos como patrimonio provincial.

    Todo esto, y otras personas y cositas igualmente atractivas, nos presenta Sergio Wolf, ayudado en el guión por los veteranos Jorge Goldenberg y Alejandro Carrillo Penovi, que también hizo el montaje. Un trabajo realmente disfrutable.
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  • 7 cajas
    7 cajas
    Ámbito Financiero
    Para no perderse: “7 cajas”, policial impecable y gozoso

    "No te aflijás, una confusión nomás fue", le dice el carnicero a uno de sus socios. Mientras, como la policía está cerca, mandó que un changarín saque de paseo siete cajones por la feria, hasta que vuelva la calma. Y ahí viene la segunda confusión: el changarín equivocado.
    Este no es el habitual, sino un simple chico que se detiene fascinado cada vez que ve su imagen en las pantallas de los negocios o el celular de una amiga. Seguramente sueña con verse en la tele. Pero, más que un sueño, puede vivir una pesadilla cuando empiecen a buscarlo unos colegas mal entrazados, la policía, los carniceros, la hermana, un coreano que sigue a la hermana, y encima una muchachita cargosa pero más inteligente. ¿Qué hay en esas cajas? ¿Quizá 250.000 dólares, fruto de un trabajo sucio? ¿Qué clase de trabajo y quién lo hizo? ¿Lo hizo bien, o confundió los elementos de la ensalada?
    Gozoso thriller paraguayo hablado en yopará, o guarañol, con subtítulos, "7 cajas" es un entero disfrute de asunto singular, entretenido, de intriga mantenida, ritmo preciso, enredos bien equilibrados e interesantes, personajes memorables, actuaciones impecables, dirección segura, comentario social implícito y final perfecto, que deja al público sonriente, enternecido y admirado. En resumen, un peliculón, del que están por hacer sendas remakes en EE.UU. y la India, y que, paradójicamente, acá se estrena con dos años de atraso y en una sola sala, quizá sólo porque es paraguayo. Pero realmente vale la pena.
    Autores, Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori, con diálogos de Tito Chamorro. Intérpretes, Celso Franco, Lali González, Mario Toñanez (el policía gordo) y la rubia Liliana Alvarez, Víctor Sosa y Nico García como los malos junto a Paletita y Roberto Cardozo (los carniceros), Nelly Dávalos y Johnny Kim en la parte romántica, y el misionero Beto Ayala.
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  • AB
    AB
    Ámbito Financiero
    Momentos de sencilla hondura entre largas y tediosas planicies

    Se estrenan en forma conjunta dos películas de Ivan Fund, prolífico autor de un cine más raro que bueno, donde aparecen momentos de sencilla hondura entre largas planicies poco atractivas. Siempre piezas breves, filmadas con no-actores en las afueras de Crespo.

    "Me perdí hace una semana" muestra a una parejita medio abúlica, una señora joven que suponemos madre y policía, y un tarotista amanerado que busca a su perro perdido quién sabe dónde. Este es el único personaje con algo de fuerza, los otros son unos desvaídos. Detalle curioso: cada tanto, los intérpretes ofrecen sus impresiones respecto al trabajo que están haciendo, y la sintonía que encuentran con sus propios estados de ánimo. El problema es que, según les oímos decir, "la vida es intensa a tu alrededor pero uno se queda mirando a donde no hay nada".

    La misma película incorpora un ejemplo de lo dicho: la cámara sigue por la calle a una de las actrices que camina en la tarde nublada con cara de nada, y se cruza con unas niñas que están jugando y gritan, felices, "¡Nos filmaron!", "¡Nos filmaron!" Ese momento intenso en la vida de las niñas, una panorámica nocturna al comienzo, y un breve capítulo del tarotista en un quincho, con su posterior expresión de soledad, son lo más destacable.

    Más llevadera es "AB", por Arita y Belencha, dos muchachas ya medio creciditas. Se presentan a cámara, se abrazan, y recorren el pueblo ofreciendo en adopción siete perritos todavía lactantes. Hay escenas simpáticas, medianamente improvisadas, con gente tranquila, cordial, que vive con la puerta abierta sin problemas, y evoca sus perros anteriores. De ahí quiere irse una de las chicas, rumbo a la gran ciudad, aunque el novio no pueda acompañarla. La otra visita un monasterio. Hacia el final surge un costado a lo Terrence Malick, con resumen de imágenes mientras una voz en off recita un largo poema sobre la unión del ser en el universo y en la figura amada, la ternura divina, y otros asuntos en forma sentenciosa, alternando con particulares silencios. Esa última parte está en 3D, tal vez para darle al texto mayor profundidad, recurso que alcanza cierto atractivo durante una breve toma a lo largo del túnel subfluvial.

    No hay mucho más para contar.
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  • Me perdí hace una semana
    Me perdí hace una semana
    Ámbito Financiero
    Momentos de sencilla hondura entre largas y tediosas planicies

    Se estrenan en forma conjunta dos películas de Ivan Fund, prolífico autor de un cine más raro que bueno, donde aparecen momentos de sencilla hondura entre largas planicies poco atractivas. Siempre piezas breves, filmadas con no-actores en las afueras de Crespo.

    "Me perdí hace una semana" muestra a una parejita medio abúlica, una señora joven que suponemos madre y policía, y un tarotista amanerado que busca a su perro perdido quién sabe dónde. Este es el único personaje con algo de fuerza, los otros son unos desvaídos. Detalle curioso: cada tanto, los intérpretes ofrecen sus impresiones respecto al trabajo que están haciendo, y la sintonía que encuentran con sus propios estados de ánimo. El problema es que, según les oímos decir, "la vida es intensa a tu alrededor pero uno se queda mirando a donde no hay nada".

    La misma película incorpora un ejemplo de lo dicho: la cámara sigue por la calle a una de las actrices que camina en la tarde nublada con cara de nada, y se cruza con unas niñas que están jugando y gritan, felices, "¡Nos filmaron!", "¡Nos filmaron!" Ese momento intenso en la vida de las niñas, una panorámica nocturna al comienzo, y un breve capítulo del tarotista en un quincho, con su posterior expresión de soledad, son lo más destacable.

    Más llevadera es "AB", por Arita y Belencha, dos muchachas ya medio creciditas. Se presentan a cámara, se abrazan, y recorren el pueblo ofreciendo en adopción siete perritos todavía lactantes. Hay escenas simpáticas, medianamente improvisadas, con gente tranquila, cordial, que vive con la puerta abierta sin problemas, y evoca sus perros anteriores. De ahí quiere irse una de las chicas, rumbo a la gran ciudad, aunque el novio no pueda acompañarla. La otra visita un monasterio. Hacia el final surge un costado a lo Terrence Malick, con resumen de imágenes mientras una voz en off recita un largo poema sobre la unión del ser en el universo y en la figura amada, la ternura divina, y otros asuntos en forma sentenciosa, alternando con particulares silencios. Esa última parte está en 3D, tal vez para darle al texto mayor profundidad, recurso que alcanza cierto atractivo durante una breve toma a lo largo del túnel subfluvial.

    No hay mucho más para contar.
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  • Transformers 4: La era de la extinción
    Ruido, persecuciones y una trama incomprensible

    La cosa es simple. Como otras veces en la historia del mundo, un gobierno se salva de la destrucción gracias a los soldados extranjeros puestos a su servicio, y luego los mata para evitar riesgos. O investiga su naturaleza, incorpora sus técnicas, y los termina superando. Al menos eso pretende, pero la historia tiene sus vericuetos.
    Así, en este capítulo de los transformers los fierros buenos son traicionados por gente desagradecida, una empresa contratista estudia cómo desarrollar aparatos superiores pero más controlables para formar un ejército robótico, las autoridades pretenden usar lo que todavía no es seguro, y encima las diversas máquinas antropomórficas tienen cuentas que saldar entre ellas, y humanos capaces de hacer acuerdos espúreos con los fierros malos. Al menos eso parece, porque la película tiene sus confusiones.
    Lo que queda más o menos claro es que hay un noble americano, de oficio inventor, cuenta bancaria nula y bandera de barras y estrellas ondeando al frente de su casa, que salva la vida del líder de los fierros buenos, entabla con ellos una alianza, y vive con su hija adolescente y otro fulano una sucesión de aventuras adrenalínicas, que nadie sabe cómo se hilvana una con otra pero tampoco a nadie le importa. Quien vio las anteriores ya sabe de qué se trata y saldrá empachado de tantas persecuciones, destrucciones, bravuconadas, latas ruidosas y música de alto volumen que se le ofrecen a lo largo de 165 largos minutos. Acá pelean Autobots, Decepticons, Galvatron, Megatron, Optimus Prime, Bumblebee, Santa Milonguita y el Topolino, y hasta hay ratas y dinosaurios, aviones y drones, dragones, científicos bobos, chinas karatecas, la mitad del mercado asiático dispuesto para el desastre, y hasta un chiste alegórico: el héroe alienígena se oculta en un cine abandonado.
    Otros chistes pueden pasar inadvertidos, como el robot estilo Number 5 de "Cortocircuito" que está arreglando el inventor. Del resto, apenas hay un actor, Stanley Tucci, que hace de empresario cínico sin mayor esfuerzo, y un guionista, que también es coproductor y probablemente escribió media película con unas copas de más porque seguro que ni él la entiende. Dicho sea de paso, ¡qué lindo era el dibujito "Transformers"! Para las voces de la película estuvieron Orson Welles, Leonard Nimoy, Robert Stack y Lionel Stander.
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  • Amor a la carta
    Amor a la carta
    Ámbito Financiero
    La importancia de un buen plato

    He aquí una linda historia de origen inhabitual, con personajes compradores, intérpretes precisos e intensos, y alguna que otra licencia argumental fácilmente perdonable. En esa historia, todo parte de un error ajeno. La joven esposa prepara la comida para el marido, se la envía al trabajo mediante una empresa de reparto, la vianda se confunde y termina en la mesa de otro tipo. Que sabe apreciar la comida. El hecho se repite. Se impone una esquelita aclarando las cosas. Y esquela va, cartita viene, es de imaginar cómo termina este asunto y cuál puede ser el postre.

    Imagine uno lo que quiera. Imagine también lo que hubiera sido una versión americana (o lo que puede ser, si hacen la remake). Pero aquí el asunto va por carriles sorprendentes. Lo del marido no lo sabremos enseguida. Tampoco la verdad del afortunado. Primero parece un solterón seco, a punto de jubilarse pero todavía atendible si no fuera tan seco. ¿Y de qué modo se contactan? Es uno medio riesgoso. ¿Y si el marido se da cuenta? Para eso las mujeres tienen una respuesta inmediata que lo deja a uno como culpable, amén de imbécil. Acá la dice una tía que es como una asesora espiritual, gastronómica y sentimental de la joven esposa. Pero alguna vez alguien se dará cuenta. O quizás el otro no sea solterón. Por lo pronto, vamos de novedad en novedad, cada vez más complacidos, y eso que no comimos nada de lo que allí se cocina.

    La hija del matrimonio, dos parientas cercanas atendiendo solícitamente a sus maridos ya decrépitos, un empleado nuevo medio entrometido, su bonita mujer, el jefe, enriquecen todavía más la trama, y las cartas sorprenden a veces con unos pensamientos inesperados, más tocantes de lo que podía esperarse. ¿Qué pasará en este enredo? Lo que sea, pasa en la enorme ciudad de Bombay, actual Mumbai, la gente es hindú, la comida es hindú, los condimentos de la vianda son picantes y coloridos, los de la pantalla son incisivos, se paladean con gusto, dejan buen sabor de boca y satisfacen plenamente. Así es, uno sale del cine totalmente satisfecho, paladeando todavía sabores nuevos.

    Autor, Ritesh Batra, debutante que con esta película se ha ganado 15 premios en festivales asiáticos y uno en Chicago. Hay quienes la asocian con "El bazar de las sorpresas", del maestro Lubitsch, o con "Nunca te ví, siempre te amé, de David H. Jones (pero acá ese nunca no existe). En todo caso, se trata de parientes lejanos, con los que vale la pena relacionarse. La película entera vale la pena.
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  • El inventor de juegos
    El inventor de juegos
    Ámbito Financiero
    Una fantasía criolla a lo Hollywood

    No diremos "no parece argentina", porque en estos días esa expresión puede sonar mal (sólo en estos días). Pero es cierto, más que argentina parece una gran proproducción hollywoodense de 60 millones de dólares. Lo interesante es que costó apenas la décima parte de esa cifra. Se trata de una coproducción argen-ítalo-canadiense, pensada para el público preadolescente, y realizada gracias al Royal Bank of Canada y otros amables contribuidores, grandes cabezas de varios lados del mundo, y, sobre todo, mucho ingenio y empeño argentinos. Bien, tampoco diremos "empeño". Tenacidad y sudor de gota gorda, entonces.

    La historia, ya se sabe, está basada en una novela de Pablo de Santis para chicos. Este hombre ya hizo decenas de novelas para chicos y grandes, fue libretista de televisión, guionista de las historietas de Max Cachimba, etc. Y en "El inventor de juegos" puso drama, intriga, acción, aventura, un posible huerfanito, un colegio tétrico, una niña cómplice, odiosos enemigos, un secreto de familia, un juego retorcido con reglas ocultas elaboradas por un canalla que, a fin de cuentas, es solo otro huérfano en busca de su posible espejo y heredero, rescates en el último minuto, en fin.

    Para ilustrar todo eso Juan Pablo Buscarini ("Cóndor Crux", "El arca", "El ratón Pérez", y otras varias como productor, adaptador o creador de efectos) se juntó con unos cuantos buenos: Dimitri Capuani, que estuvo en el diseño de "La invención de Hugo", "Corazón de tinta", etc., Roman Ozin, fotografía de "Mr. Magorium's Wonder Emporium", Marcela Bazzano, arte de "Chiquititas", Chris Munro, sonidista de "Maléfica", Federico Cueva, supervisor de efectos, Fernando Brun, de "Lucky Luke", el músico Keith Power y la Sinfónica de Bratislava, el editor Austin Andrews, Axel Kuschevatzky, los productores italianos De Angelis, y siguen las firmas. No cualquiera.

    Y así la Ciudad de los Niños luce virtualmente como nueva, un centenario orfanato de Pilar, el interior del Colegio San José, el Club Español, una esquina de Coghland, se transformaron en lugares de cuento, aparecen tiburones, un barco, un enorme cerebro mágico, globos aerostáticos, y fondos montañosos que parecen hechos con pintura completiva, un recurso propio de la época añorada de fantasías inocentes y juegos de mesa en que se ambienta el relato. El pibe David Mazouz, el viejito Edward Asner, Joseph Fiennes, están al frente del elenco. Alejandro Awada y Vando Villamil, al medio. Y hay unos cuantos atajando.

    Acaso falte algún guiño que nos identifique, como "El estanciero", quizá la tensión previa de algunas situaciones quede superada por la ilustración de sus resoluciones, nadie es perfecto y el trabajo era inmenso. Eso se nota y se aprecia. La película se arrima a productos tipo "Charlie y la fábrica de chocolates", se mete entre ellos, no parece argentina. Y de paso estimula la fantasía, el amor a la familia y los juegos de mesa, y la lectura.

    Postdata. Hay versión en inglés y en castellano. El narrador de esta última es Ricardo Alanis. Y doblando a los actores principales, Thomas Lepera, Kike Porcellana y Mariano Chiesa.
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  • Maxi Kosteki, constructor de caminos
    Documental rinde buen homenaje a Maxi Kosteki

    Hace ya 12 años, una represión policial en los alrededores de la Estación Avellaneda causó 33 heridos y dos muertos. También, la cadena perpetua para un comisario y un cabo, varios años de cárcel para otros siete uniformados, y condenas menores para tres funcionarios por falso testimonio. Algunos aseveran que aquel episodio aceleró además la retirada política de Eduardo Duhalde, aunque eso quizá sea algo discutible. Lo innegable, es que hubo dos muertos: Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.

    Sobre ellos se han erigido discursos, homenajes y pancartas. El cine los ha evocado de variadas formas. Muy noble, la escena de "La dignidad de los nadies", de Pino Solanas, donde una muchachita pecosa evoca a su novio Darío, y el primer beso de ambos en la biblioteca pública que él había levantado en una villa. Mientras, de fondo, el piano de Gerardo Gandini va desgranando la melodía de "El día que me quieras".

    Hay varios trabajos sobre Santillán, que era un activo militante político. Pero éste es el primero sobre Kosteki, que más bien era un artista bohemio. La gente de un canal comunitario de Villa Soldati quiso dedicarle un bloque de diez minutos y eso es lo que encontró, y desarrolló en este largometraje, a partir de charlas con sus hermanas y otras personas que lo conocieron de cerca: un muchacho de 21 años, buen vecino de clase media baja, simpatizante de los grupos sociales y gestor de soluciones prácticas en asuntos tales como la organización de un comedor o un taller de dibujo para niños. Alma desprendida, quizás hubiera podido avanzar como artista, y como ejemplo concreto de buena persona, pero no le dieron tiempo.

    Barrio TV, En Movimiento TV, y Movimiento Popular La Dignidad son las organizaciones que firman este trabajo. Elisa Adler, Danila Berger, Leonardo Bianchi, Julieta Cabrera, Ximena González, Hernán Loiacono, Hernán Ouviña, Belén Revolo, Lucía Roux, Matías Sastre, los autores. Un buen retrato, apenas afectado por ocasionales minutos de gente contando a cámara lo que ya sabemos sobre el 2001. Más interesante es lo que no sabemos sobre esta persona.
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  • Bajo la misma estrella
    Bajo la misma estrella
    Ámbito Financiero
    Otra “Love Story” que repite sin pedir perdón

    El público adolescente y tardoadolescente al que va dirigido este melodrama puede salir satisfecho. Gustará a los fanáticos del lacrimógeno libro en que se basa, y también a aquellos que hasta hoy ignoraban su existencia, pero saben todo sobre la parejita protagónica, Ansel Elgort y Shailene Woodley, es decir, los hermanitos de "Divergente", que aquí hacen de amigos en las malas hasta que terminan conociendo lo que es la buena. O sea, se enamoran y deciden concretar.

    El detalle es que tienen ciertos problemitas físicos. El perdió una pierna y ella respira con dificultad. Pero eso no es nada comparado con sus problemitas de salud. Ambos tienen cáncer.

    Cierto que ella disfruta de una eficaz droga experimental, él tiene un carácter ostentosamente positivo, y ambos son brillantes, divertidos, consentidos, y hasta pueden darse el lujo de viajar hasta Holanda a conocer al escritor preferido de la chica. Pero la vida no les sonríe ni les canta así como así, y encima el otro ni siquiera los recibe bien. La sombra de la muerte cae sobre ellos demasiado pronto. Y después de la sombra, lo más probable es que venga la muerte.

    ¿Conviene alentar el cariño del ser amado, sabiendo que habrá de quedarse solo y dolorido? Amor propio, amor al otro, declinación física, despedida, evocación, etc. Por ahí va la historia. Que, entre otras cositas, abusa de fondos musicales, momentos para la foto y frases para el poster.

    Y con todo eso engancha muy bien a su público, nieto natural de aquel que hace casi medio siglo lagrimeó con "Love Story". Dicho sea de paso, en ambas historias hay un adulto que se arrepiente tarde, y otros detalles parecidos. Pero "la vieja" tenía música de Francis Lai, y era comparativamente más realista. En fin, cada generación se emociona como mejor le gusta. Director, Josh Boone. Libretistas, Scott Neustadter y Michael H. Weber, sobre best-seller de John Greene, que hoy, con esa novela llevada al cine, se pone a la altura de Erich Segal. Pero no más arriba.
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  • Ismael
    Ismael
    Ámbito Financiero
    Una comedia sentimental de noble cuño

    La trama es sencilla, y la puesta en escena también aparenta sencillez. Pero igual provoca expectativas e inquietudes, entretiene sin pausa, estimula reflexiones y se hace disfrutable a todo lo largo. Un negrito se ha escapado de su casa y toma el tren de Madrid a Barcelona para conocer a su padre blanco, que hasta ese día ignoraba su existencia. Como la ignoraba, y se desayuna de golpe, la abuela, una señora rubia, fina, elegante, pequeña empresaria del rubro gastronómico. Pobre mujer, cuando encima, buscando al hijo, deba tratar con un señor de pelo negro, medio grasa, pequeñísimo pero feliz empresario del rubro hotelero, que le hace un lindo trabajito de seducción. Pobre, también, la mamá del nene, que viaja desesperada a buscarlo. Y más pobre todavía, su nuevo novio, que se hizo cargo del chico y ahora arriesga perderlo todo frente al viejo amor de la morocha, que ahí está, con cara de "yo no sabía nada, pero qué linda te veo". Encima es un profe fachero que vive en una casita a orillas del mar, en las afueras de un hermoso pueblito de la Costa Brava.

    Pobre también él. Ocho años sin saber que tenía un hijo y que la negrita seguía tan divina como antes. Pero así son las cosas, la gente tiene sus pesares (los errores, la lucha cotidiana, una renguera, el miedo a quemarse nuevamente, etc.), pero también tiene su segunda oportunidad. O su consuelo. La película expone esto y otras cosas de interés, y pone para nuestro disfrute un elenco sin fallas: Mario Casas, Ella Kweku y Botto jugando el conflicto dramático, Rueda y López luciéndose con un momento distendido a gusto del público de la segunda edad (digamos, segunda y media), el nene Larsson do Amaral y el flaco Mikel Iglesias en representación de las nuevas generaciones que juzgan (y aprecian) a las anteriores, cada cual luciéndose como corresponde, todo en un tono amable, con hermosa música de fondo a cargo de Javier Limón, rodaje en Atocha, Sitges, Palamós, Llafranc, Terrassa, Lloret de Mar, Mataró, Vilassar y El Prat. En alguno de estos últimos están la casita y el hotel fuera de temporada donde transcurre la historia. Hay que ver bien dónde quedan, y sacar pasaje.
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  • Cae la noche en Bucarest
    Cae la noche en Bucarest
    Ámbito Financiero
    Cae la noche sobre una forma de filmar

    Un joven director con aires de engrupido concentrado en cosas profundas se está charlando a una actriz con el clásico verso "quisiera que hagas un desnudo", ella responde planteando la clásica frase de la "justificación dramática", y, como corresponde, se juntan en un lugar discreto para hacer el clásico ensayo. Demoras de rodaje, excusas médicas, y el agravante de un actor borracho que destrozó una habitación, agotan la paciencia de la productora. El director se las verá con ella.

    En manos de cualquier otro, este resumen daría lugar a una clásica historia de cine dentro del cine, de esas que exponen el fascinante entrelazado entre realidad y ficción, los vericuetos de una filmación, y las picardías de los artistas. Pero, lamentablemente, el autor es Corneliu Porumboiu, el de "Policía, adjetivo", que la va de moderno y es un clásico del aburrimiento.

    Así, modernamente, filma desde el asiento trasero una larga charla de dos personas en un auto, recurso de la Nouvelle Vague que ya pasa el medio siglo, o distribuye todo el relato en largos planos-secuencia, como han hecho grandes maestros, cada tanto, desde 1948. Sólo que éstos lo hacían con alguna historia inquietante o movimientos asombrosos, y él lo hace con un mínimo desarrollo argumental, cámara casi inmóvil, actuaciones frías y planos distantes. Se supone que esto último sirve para acompañar las teorías de su personaje acerca de los diferentes modos en que el fílmico y el digital condicionan el pensamiento. Vaya uno a saber.

    Del resto, asistimos a una charla vacua sobre la diferencia entre la cocina oriental y la occidental, usnsiste en ver, para confirmar si el director dice la verdad respecto de una supuesta úlcera que le hizo alterar el plan de trabajo, y no mucho más. Según exégetas, "el argumento es un pretexto para una reflexión acerca del hecho de hacer cine", el autor "construye un cuento metanarrativo sobre la inspiración y la vida", "que celebra el espacio cinematográfico como una entidad dramática", y la película es "rigurosa y provocativa, sobre una forma de hacer cine que está en vías de extinción". Ojalá esto último sea cierto.
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  • Pasión inocente
    Pasión inocente
    Ámbito Financiero
    Una “Lolita” de más de 30 y con Chopin

    A grandes rasgos, se podria definir a esta "Pasion inocente" como una "Lolita" sin los diálogos y la ironía brillante de Vladimir Nabokov, y que en cambio llena de escenas relacionadas con la música clásica para tratar de darle un carácter más serio a una historia poco sostenible. Un punto a favor es la actuación de un contenido Guy Pearce, verosímil en el papel de un profesor de música e intérprete de cello en una orquesta sinfónica, cuya mujer lo convence de tener estudiantes de intercambio en su hermosa casona de las afueras de Nueva York.

    Felicity Jones es la adolescente inglesa que seduce a su anfitrión y también profesor en la escuela de música, obviamente no sólo con sus dotes como pianista. En efecto, el principal problema de todo este planteo es que Jones no aporta adolescencia sexy en absoluto al film, empezando por el detalle de que todo el tiempo luce como una mujer casi en sus 30, edad que de hecho es la que tiene, por lo que el espectador debe hacer un enorme esfuerzo para creer en lo que está ocurriendo.

    Por otro lado, el director Drake Doremus intenta darle el estilo de cine "indie" a un historia romántica bastante obvia y esquemática, con el énfasis en los pasajes musicales, como si Chopin pudiera convertir un folletín en un drama serio o un film de arte.

    Durante un par de escenas hay cierta tensión romántica que genera interés, cosa que se va disipando a medida que en la película sucede poco y nada en cualquier sentido, teniendo en cuenta que, para que haya algún atisbo de consumación de romance prohibido, pasan 50 minutos, es decir más de la mitad del metraje de esta mediana película que no ofrece auténtico erotismo, pero sí muchas escenas de celos con montaje sincopado con música clásica.
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  • Cómo entrenar a tu dragón 2
    Entretenida secuela del dragón animado

    Ya pasaron cinco años, y los habitantes de Berk disfrutan compartiendo sus juegos y trabajos con los dragones, otrora bestias feroces y ahora cariñosas mascotas. La vida es idílica, la nueva generación de navegantes vikingos se ha vuelto de aeronavegantes, y solo las ovejas tendrían que hacer algún reclamo, por una pequeña cuestión de maltrato deportivo. Hipo y Astrid ya son jovencitos. Ella ha mejorado su carácter, él es todo un explorador avezado, practicante del vuelo en caída libre y otras delicias a lomo de su fiel Furia Nocturna.


    En suma, todo es lindo, hasta que en uno de esos viajes el muchacho descubre una flota de amenazantes cazadores, que no son nada comparados con el terrible, incombustible Drago Manodura, asesino de dragones. Una cosa lleva a la otra, y, aunque el pibe diga que hablando se entiende la gente, acá va a haber guerra, con muertos y todo. Es bueno que los más chicos sensibles vayan precavidos. Pero hay alguien más, que es toda una sorpresa. Una Figura Protectora que reina en un santuario espectacular, Jinete de Dragones con movimientos de guerrera oriental o surfista ártico, y que provee además otra bienvenida sorpresa, de índole canora: un dueto dramáticamente bien colocado. Cierto que tiene una terminación más bien celta, pero nadie es perfecto.

    Todo eso, acompañado por bichos de variados tamaños y colores, paisajes imponentes, vuelos rasantes, una historia que no aburre ni cansa para nada, animación y coloreado excelentes (mano de obra hindú), música orquestal casi constante, toques de buen humor, aventuras en grupo, un solo chiste para adultos, final emotivo y un solo chiste para adultos (y solo para adultos suspicaces, cuando el amigo herrero explica porqué no se casó). Ahora, atención spoilers: hay una licencia argumental, referida a un funeral vikingo en barco ajeno y sin el debido conocimiento de la población. Lo demás, sin quejas.

    Autor, el quebequense Dean DeBlois, un gordo casi tan macizo como el padre de Hipo. Formado en Otawa, pasó por los estudios de Hinton (series de TV), Don Bluth ("Pulgarcita", etc), Disney ("Atlantis", etc.), llegó a coguionista de "Mulan", codirector de "Lilo & Stich" y la serie consecuente, etc. Un día, Dreamworks le encargó adaptar un librito de Cressida Powell. A partir de ahí, DeBlois tiene el dragón atado, y doña Cressida también. Y ya están preparando la tercera película.

    Postdata: Ninguna oveja fue lastimada durante el rodaje de este dibujo.
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  • Boca de pozo
    Boca de pozo
    Ámbito Financiero
    Tedio dentro y fuera del film

    Según conocedores, se llama boca de pozo a la instalación que regula la salida de fluidos en medio de un campo petrolero (generalmente ubicado "en medio de la nada"), y también al peón que la atiende. Así quedan asociados ambos en una misma rutina, muy necesaria, muy redituable, pero muy poco entretenida que digamos. La soledad, la aridez del paisaje y el clima, la lejanía, y, claro, la enorme responsabilidad del trabajo hacen que éste sea debidamente compensado. Además, las licencias son de quince días seguidos, más o menos como los navegantes de mar adentro y otros profesionales obligados a vivir largo tiempo lejos de sus hogares. La película se concentra en uno de esos peones. Está bien retribuido, tiene un buen auto, indispensable para transitar el desierto patagónico, y bastante tiempo disponible como para desarrollar alguna inquietud. Pero no se prepara en busca de un ascenso, o de otro oficio, porque dice que la cabeza "no le da". Ni se va construyendo su casita los fines de semana. Ni se alegra un poquito cuando, otra rutina, hace su habitual itinerario por las respectivas casas de juegos, de bebidas, de la madre, de la amiga cariñosa, y de la esposa con un hijo chico y otro en camino. Ni siquiera se va a pescar por ahí alguna tarde. En síntesis, este tipo representa una marca líder en el rubro del aburrimiento.

    Puede hablarse de alienación, de falta de oportunidades en las poblaciones apartadas, del carácter taciturno que el puesto y/o el paisaje imponen en el hombre, etcétera. Pareciera, eso sí, que este tipo se siente mejor en el trabajo que entre los suyos. Porque entre los suyos, y disponiendo de tiempo libre (y encima se le agrega una huelga) es como si estuviera al borde de otra boca de pozo: la de los afectos familiares, que vienen sin equipo de regulación, ni tabla de instrucciones, pero con obligaciones más profundas, a las que no se quiere acercar demasiado. Tales son los personajes y el conflicto esbozado. No hay mayor desarrollo, quizá porque los guionistas no le vieron mayor solución.

    Esta es la tercera película sobre el personal petrolero de nuestro país. Las anteriores fueron "Plaza Huincul (Pozo Uno)", epopeya de geólogos, y "La reconstrucción", drama de un ingeniero bloqueado por los malos recuerdos.
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  • Love punch
    Love punch
    Ámbito Financiero
    Pasatiempo sin mayores exigencias

    Este es un pasatiempo dispuesto para amable satisfacción de divorciados a la expectativa de reincidir, jubilados que anhelan vengarse de quienes se quedaron con sus aportes, padres de hijos que ya crecieron y les dejaron la casa vacía, tipos maduros y señoras maduritas con ansias y capacidad de aventura, y espectadores gustosos de pasear por bonitos suburbios de Londres, orillas del Sena y otros lugares de Paris, y riberas de la Costa Azul, con parada en el Hotel Carlton de Cannes y el club náutico de la Croisette.

    La excusa argumental es medio agarrada de los pelos, pero igual sirve: nuestro protagonista, de 60 años pero todavía medio fachero, pensaba retirarse a gozar de la pensión, el golf y otros placeres tranquilos, pero resulta víctima de una quiebra fraudulenta junto al resto de los empleados de la empresa en que trabaja. Detrás de esto hay un joven tiburón de las finanzas (gestor de fondos, le dicen), que, cuando los damnificados le reclaman, contesta muy suelto de cuerpo: "Arruino un montón de compañías, ¿cuál de ellas?".

    Contra ese sujeto inimputable se lanzarán el sesentón fachero y su ex esposa también damnificada. Ellos están dispuestos a perseguir al enemigo por las calles, y hasta invadirle su fastuosa boda y robarle del cuello de la novia el lujoso brillante que el tipo acaba de adquirir en un remate con la plata malhabida. Y como esto es una comedia, y estos héroes de la mediana edad están a cargo de Pierce Brosnan (James Bond R.E.) y Emma Thompson, qué duda cabe, todo saldrá bien para los buenos.

    La excesiva gesticulación en las escenas iniciales, la música de fondo también excesiva y pasteurizada, no son tan buenas. Lo mismo, la trama facilonga, que abusa de las casualidades. Pero algunos diálogos cizañeros entre los ex, los lugares simpáticos, el tono general, la incorporación de Timothy Spall y Célia Imrie como vecinos cómplices, Louise Bourgoin como una jovencita elegante de buen corazón y malos amores, y otros aderezos, permiten que la gente pase un rato agradable sin mayores exigencias.

    Autor, Joel Hopkins, de quien suele verse en cable una linda historia sentimental con Dustin Hoffman y Emma Thompson (no importa que ella sea más alta), llamada "Last Chance Harvey". "Tu última oportunidad", según dicen los programas.
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  • Ida
    Ida
    Ámbito Financiero
    Con el espíritu del mejor cine polaco

    Quien acceda a esta película polaca sin saber nada de ella, fácilmente podría creer que es de comienzos de los 60, de esa época notable de Andrzej Munk, Jerzy Kawalerowicz, Rosewicz, Skolimowski, Zanussi, cuando la brecha abierta por el gran Andrzej Wajda permitió dejar atrás el "realismo socialista" y mostrar, o al menos sugerir, con un tono propio ciertas cosas hasta entonces imposibles de decir. Y ese tono era, en varios casos, de una enorme y fascinante tristeza, una amargura cargada de reproches que sólo podían deslizarse en voz baja y frases breves, una desconfianza de soledades vigiladas. Con una impresionante fotografía en blanco y negro.

    Ocurre que esta película se ambienta en esa época, tiene ese mismo nivel y estilo de fotografía, con un formato propio de aquel entonces, y recoge su espíritu. No lo hace por experimentalismo ni mero antojo. Lo hace para meter al público más de lleno en el drama que quiere contarnos. Un drama de unas pocas personas, con un asunto que apenas parece trascender. Y del que poco se habla. Todo comienza en un convento. La madre superiora envía a una novicia al mundo exterior. Antes de tomar los votos, ella debe conocer a su única parienta, una tía que la dejó vivir olvidada en el orfanato, pero que tiene algo que decirle. Algo relacionado con su origen, y con el destino de los suyos.

    La tía es una jueza medio alcohólica y viciosa, ya curtida, que como fiscal de Estado supo mandar al cadalso a varios "enemigos del pueblo", como llamaban los comunistas a los opositores ("al enemigo, ni justicia", decía por aquí un general, pero esa es otra historia). La tía es eso que vemos. Pero tiene cierta dignidad. Y la novicia, es judía. Recién se entera. Cuando chiquita, alguien la salvó del Holocausto. El asunto es saber entonces qué fue de sus padres, y de su hermano. El asunto, en esta historia, es ver cuánta cola de paja tuvieron los propios polacos en eso del Holocausto, y cuánto de esa mentalidad mantuvieron los comunistas durante su largo regimen.

    Casi todo está sobreentendido, o dicho en voz baja. Incluso las confesiones de los culpables, que son confesiones a medias y medio desafiantes. Y envolviéndolo todo, el silencioso invierno. Película de climas, de evocaciones, de dolor aceptado pero injusto. Intérpretes, la jovencita Agata Trzebuchowska y Agata Kulesza (cuyo protagónico en el drama posbélico "Rosa" bien recordarán los habitués de Pantalla Pinamar y otros ciclos especiales). Fotografía, Ryszard Lenczewski, maestro. Coguionista, Rebecca Lenkiewicz, dramaturga. Realizador, Pawel Pawlikowski, un tipo que emigró a Oxford como estudiante, dirigió documentales durante diez años en la BBC, e hizo "Mi verano de amor" y otras historias inglesas. Curiosamente, ésta es su primera película polaca. Tremendamente polaca.
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  • Ramón Ayala
    Ramón Ayala
    Ámbito Financiero
    Bello retrato-homenaje de una leyenda viviente

    Allá por 1957 públicos y radiooyentes de Argentina y Paraguay empezaron a vibrar con un enérgico tema de la selva misionera, rico de imágenes, formidable canción de denuncia en tiempos en que las canciones de denuncia no estaban de moda en absoluto. "El mensú, era esa obra con ritmo de galopa. Marcos López nació un año más tarde, a orillas del Colastiné. Habrá ido y venido en sus gustos y sus búsquedas, mientras se perfilaba como artista plástico y fotógrafo afecto a las representaciones populares. Pero esa canción se crió con él, y también las otras del mismo autor. La película que ahora vemos habla de ese autor, de esas músicas ("El jangadero", "Posadeña linda", "Mi pequeño amor", "El cosechero", etc.) y de la gente común que las atesora, junto a expresiones que los entendidos llaman kitsch, y otros directamente grasa.

    Por ahí el documental se distrae en dichas expresiones, pero ellas contribuyen al contexto. "Ramón Ayala" no es una biografía de Ramón Ayala, sino el retrato de alguien que sigue caminando por el país (y por lo que se ve también sigue bailando), maravillado del mundo y de la vida, con su guitarra de diez cuerdas y la voz todavía firme. Lo vemos en Misiones, Capital, Asunción, Cosquín, con la esposa que recuerda cómo se le declaró, las tejedoras de ñandutí, las chicas jóvenes que corean sus temas, Charo Bogarin que lo invita al escenario. Lo definen Juan Falú, Liliana Herrero, Tata Cedrón, lo difunde por los trenes un editor de compactos caseros, lo elogia un publicitario que creció fascinado por sus metáforas y recién de grande pudo entender su entero significado. Estos últimos son muy importantes. Representan la comprensión desde otro nivel cultural y social, y el laborioso mantenimiento de un acervo nacional. Esos discos pueden ser piratas, pero el trabajo que el hombre se toma para rescatar y divulgar, por ejemplo, un longplay del desaparecido sello Redondel, lo exime de culpa y cargo y revierten la crítica en elogio. A destacar, las explicaciones del texto de "El mensú mediante un fragmento de "Las aguas bajan turbias" y la aplicación de este tema y de "El cachapecero" sobre la selva de la gran ciudad. Similitud, contraste, ironía, surgen de inmediato. Los ideólogos pueden discutir esas imágenes. La emoción es la misma, desde hace más de medio siglo.
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  • Tutti I Santi Giorni
    Tutti I Santi Giorni
    Ámbito Financiero
    Enredos bien de comedia italiana

    Como en aquella historia medieval de los amantes que por un hechizo quedan transformados en animales de distintos hábitos, y sólo pueden verse en el breve paso de la noche hacia el día, los tortolitos Guido y Antonia tienen horarios laborales inversos, y sólo alcanzan a verse una hora al día, cuando él vuelve del trabajo y la despierta para un café y un rapidito antes de echarse a dormir mientras ella corre a su empleo. Vida moderna. ¿Cómo pueden pensar en tener un hijo? Sin embargo, anhelan llegar al embarazo.

    El está contento con su empleo de conserje, que le permite estudiar textos antiguos sobre los primeros cristianos. Ella se siente harta de su trabajo de ventanilla en la terminal de trenes. Cuando están libres, ella canta composiciones propias, que él ama, y él la lleva a cenar con su familia, que ella admira, gente educada, cordial, tan distinta a las bestias peninsulares que dejó en su pueblo. Y siguen pensando en tener un hijo.

    Como puede preverse, las cosas se complican, las visitas a especialistas se multiplican, y a cierta altura los ánimos se desatan. Intervienen en todo esto unos vecinos con lindas criaturas, una ginecóloga, un ginecólogo estilo Adolfo Celi pero con morisquetas y más pelo (el veterano Franco Gargia), personal de hospitales y laboratorios, un dueño de bar con sus muchachos fornidos, los padres de ella que caen como peludo de regalo, pero tan bestias no son, unas dulces azafatas alemanas, un japonés pervertido, y un viejo amor de las épocas en que ella se daba a la bohemia rockera. Ese viejo amor sigue tan bohemio y chanta como entonces. Es decir, la pasa mejor que Guido.

    Por ahí aparece un homenaje (digamos, un calco light) a cierto esquicio de "Sexo loco", donde Giancarlo Giannini joven hacía trabajar a la imaginación en circunstancias algo incómodas. Por ahí también la película se pierde un poco, igual que se pierden los miembros de la pareja. Pero la parte final recupera la gracia, cierra bien cada intriga abierta, satisface a todo el mundo y culmina con la resolución de una intriga: ¿cómo se conocieron estas dos criaturas? Autor, Paolo Virzi, el mismo de "La prima cosa bella", ahora inspirado en una novela de Simone Lenzi. Intérpretes, Luca Marinelli y Federica Victoria Johanna Caiozzo, más conocida como Thony, cantante y compositora siciliana. Suyos son doce de los temas musicales que se oyen en la banda sonora. El otro es de Beethoven, pero apenas se escucha.
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  • Amapola
    Amapola
    Ámbito Financiero
    Fantasía, romance y esplendor visual

    Debuta como realizador cinematográfico el consagrado director de arte, puestista y artista plástico Eugenio Zanetti. Y lo hace con todo su bagaje, con una de esas obras que se aman o se rechazan sin términos medios. Almitas de juvenil sabihondez la despreciarán a pleno, y gente habituada a las convenciones del teatro, la opera, el espectáculo en general y el cine de fantasía romántica en particular, la disfrutará a pleno, por encima de algunas irregularidades bastante comprensibles. Ante todo, es un trabajo digno de verse en pantalla grande, y un entretenimiento que dibuja en su público una sonrisa de simpatía.

    Detrás de esto surge el andamiaje del "Sueño de una noche de verano". Una familia de artistas -con todo lo que eso significa en materia de exaltados y lunáticos- representa anualmente esa obra en puestas a todo trapo. Esa gente vive literal y felizmente aislada en el esplendor de un regio hotel de su propiedad, ignorando los robos del gerente y otros hechos propios del mundo terreno, que podrían ser la pesadilla del futuro. Cada tanto, la radio y la televisión traen noticias penosas o inquietantes. Eso no puede cambiarse. Pero algo puede surgir, a favor del amor y la armonía de quienes por allí habitan, o siquiera están de visita.

    Personaje principal, es una una jovencita hermosa, dulce y sensible, que empieza a revelar dotes de "sensitiva", como llaman algunos estudiosos de fenómenos paranormales a las personas capaces de percibir visiones. Al comienzo ella no sabe interpretarlas, pero quizá con el transcurso de los acontecimientos puede aprovechar esas dotes para revertir ciertos hechos nefastos y hasta agendarse un novio. Su inefable abuela, reina de la noche, habrá de orientarla en esos asuntos.

    Es fantasía, ya lo dijimos, y romántica. Para envolvernos en ese mundo hay un apabullante trabajo visual, encabezado por Zanetti y su amigo de largos años, el director de fotografía Ueli Steiger. Lo que se ve es admirable, muchas veces delicioso (y, detalle harto plausible, se hizo con mucho menos presupuesto del que aparenta). Hay también un amplio elenco donde destacan Camille Belle, Geraldine Chaplin y el carilindo François Arnaud, pero casi todo el resto tiene su momento, y hasta aparecen algunos cameos, y dos cordobeses sintetizan graciosamente un argumento de Shakespeare.

    Se anotan asimismo la música casi constante de Emilio Kauderer y de Pablo Borghi, el dúo de "La Africana", un mambo de Pérez Prado que unos chicos bailan alegremente, el "We'll meet again" cantado por Elena Roger (que también actúa), y, lógico, el clásico tema que da nombre al film y al personaje principal.

    La trama es simultáneamente hábil e ingenua, como tantas otras del género. Eso es parte de su encanto, aunque pueda parecer uno de sus puntos débiles. Más objetable quizá sea cierto aire de imponencia, medio inhabitual en esta clase de historias. Hay algo de arrebatado en el conjunto, lo que hace a su carácter, que incluye algunos toques de comedia, y, como corresponde, hay un final feliz.

    Detalle final, para buscadores de datos. Geraldine Chaplin ya hizo cuatro films en Argentina: "Un amor de película" ("¡Hostias!", en España), "Entre dragones", de Roland Joffe, donde Zanetti fue director de arte, este "Amapola" y un documental sobre las mujeres de El Bolsón. Y Camille Belle, dos: la anterior fue otra fantasía, "El secreto de los Andes".
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  • Cuerpos de agua
    Cuerpos de agua
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    Evocación de desastres sin solución definitiva

    Hace más de un siglo, el sabio Florentino Ameghino propuso un detallado plan de trabajos de nivelación y excavación de canales de desagües en la Cuenca del Salado, para evitar el desborde de varios ríos bonaerenses y sus consecuentes inundaciones. Desde entonces hubo temporadas lluviosas como la de 1978, con sus nueve inundaciones seguidas de sequía intensa, y asuntos sucios, como la distracción de dineros del Fondo Hídrico Nacional originalmente destinados a un plan maestro de canalización y remoción de obstáculos, algo que hubiera salvado del desastre a San Antonio de Areco. Pero nunca, soluciones definitivas. Esta película evoca una patriada de pueblo chico, en medio de una de las peores catástrofes.

    Pasó en noviembre de 1985. En dos semanas, el agua de las lagunas "encadenadas" convirtió los campos en mar, arrasó Epecuén y asoló Carhué y Guaminí. Entonces algún inteligente mandó cerrar las compuertas de un canal, derivando el peligro hacia otro lado. Ese otro lado era la ciudad de Bolívar. Forzada por el terraplén de la ruta 226, cuyos constructores habían olvidado hacer los debidos pasos de escurrimiento, el agua no tenía otro camino. Un grupo de pobladores decidió entonces hacer una operación comando totalmente ilegal: consiguió dinamita y así abrió dos brechas en el terraplén. Eso permitió derivar parte del agua y reducir su velocidad, que de este modo apenas afectó algunas partes de Bolívar.

    Los chicos de entonces recuerdan el entusiasmo con que se pusieron a pescar mojarritas en la vereda. Esta película registra a los mayores, que recuerdan aquello como un drama. La desesperación de los días previos, la angustia de los productores rurales, la comprensión de algún acopiador y el aprovechamiento de otro, capaz de estafar a los que ya venían perjudicados, la depresión de quien perdió todo, el nerviosismo de las dos comisiones formadas para enfrentar la crisis, la discusión con el gobierno provincial que mandó recomponer la ruta y apresar a los dinamiteros, entre ellos el propio intendente, el apoyo inmediato del pueblo, y en medio de todo esto la muerte de un funcionario municipal, arrastrado por las aguas.

    Juan Felipe Choren, escritor, poeta y hombre de teatro, vivió todo eso cuando era chico. Acá lo evoca, y evoca a su padre agobiado por las pérdidas. Entonces, en sus manos, "Cuerpos de agua" entremezcla el registro documental, los testimonios de víctimas y protagonistas, y el poema melancólico de amor y tristeza por el ser querido que perdió la alegría. Agrega también la escenificación de un episodio cruel de cacería, y el llamado de alerta: las imágenes aéreas de vastas tierras inundadas que se ven en esta obra no son del 1985. Son actuales.
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  • I am mad
    I am mad
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    La mirada de un hijo

    Baltazar Tokman es el autor de "Planetario", donde padres de diversas partes del mundo siguen el crecimiento de sus hijos con una mirada tierna y a veces obsesiva. La película también es tierna, y atenta a todo lo que pasa.

    "I am MAD", en cambio, sigue el pensamiento de un hijo acerca de lo que hicieron sus padres, lo que hicieron de él sus padres, y lo que él puede hacer por sí mismo. Su mirada no es exactamente tierna, sino perturbadora, extraña, a veces lírica, o dramática, y a veces también un poquito risueña.

    "I am MAD", dice el tatuaje que muestra Miguel Angel Danna en la espalda. Es la sigla de su nombre, y también es una verdad. ¿Pero qué se entiende por loco? El creció en una familia, digamos, algo desordenada. Era niño cuando la torpeza causó una muerte espantosa de tan fácil y tan cercana, de esas que se graban en la memoria para siempre. Y era preadolescente, cuando lo integraron a una secta rarísima de guerreros en pos del bien universal, que acaso en algún momento le habrá aliviado el alma. Veinte años largos creció apartado con ese grupo. Ya pasaba los 34 cuando empezó una vida cercana al común de los mortales, sin renegar demasiado de la otra. Su mente sigue razonando dentro de un mundo fantástico, seguramente protector, donde también caben el pensamiento lógico y la reflexión sobre un padre hippie medio incomprensible para los demás, y una madre prófuga de la justicia junto al gurú de la secta.

    "I am Mad. Ensayo sobre la locura", es el título completo de la obra. Un acercamiento a los modos de destrucción de la familia y los modos de defensa del individuo. Su mundo, sus misterios, la conveniencia de hacer catarsis con un extraño que lo escucha y lo graba con todo respeto. Y que intenta representar ese mundo con recursos sencillos, totalmente adecuados, de estética medio psicodélica, como, por ejemplo, proyectar fotos familiares sobre el cuerpo del personaje. "Me encontré con un cineasta que además es un poeta", ha dicho Danna. Alguna gente cercana contribuye a dar otras perspectivas, y completa de diversos modos su retrato.
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  • Maravilla, la película
    Maravilla, la película
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    Excelente registro de una vida novelesca

    Se hace corto, este documental realmente bien hecho sobre el boxeador Sergio Maravilla Martínez, y eso que abarca vida, familia, trayectoria, entrenamientos, tratamientos, y, particularmente, entretelones del negocio y tensa lucha por la reconquista del título, que no le habían quitado en el ring sino en la oficina del mandamás de la CMB, casualmente padrino del otro boxeador. Por primera vez, un documental registra confesiones de los comerciantes del "pay per view" y discusiones de la asamblea del CMB, o WBC, en inglés, para que la reticente autoridad acceda a conceder la pelea de la reconquista. Y por fin, además de la pelea, vemos también lo que estaba pasando en cada rincón durante los intervalos entre cada asalto contra Julio César Chávez jr.

    Ahí están los pícaros del negocio: José Suleiman, Bob Arum, Don King. Los campeones que elogian a Maravilla, nada menos que Mike Tyson y Oscar de la Hoya. Y la gente que lo respalda: el manager Lou DiBella, los padres y hermanos, la fisioterapeuta que marcha a su lado cuando él entra al combate, doctora Raquel Bordons Cortázar, con la que parte del público femenino se sentirá naturalmente identificado. Hay algo erótico en las sesiones de masaje que la cámara registra. Otra parte se identificará con la madre, por supuesto. Maravilla tenía ya 37 años cuando recuperó ese título, y pronto habrá de defenderlo, con 39, una edad que sorprende a cualquiera.

    Ahí está, precisamente, el ejemplo de la otra lucha, la del chico metalúrgico que se volvía caminando hasta Quilmes después de sus primeros triunfos amateurs, el muchacho que debió emigrar cuando la crisis del 2001, el boxeador que fue enfrentando a rivales cada vez más jóvenes, y les fue ganando, salvo una temprana experiencia que la cámara también registra. Los años dejan huella, los huesos y tendones lanzan quejidos, pero él sigue bailando sobre la lona, con un estilo particular, casi único.

    Dato interesante, el autor del documental lo siguió a lo largo de tres años, seguro del resultado, y de la atracción que sus compatriotas empezarían a sentir algún día por Maravilla. El autor se llama Juan Pablo Cadaveira, y él también debió emigrar y hacer carrera en el exterior. Formado en la UBA, ya tiene su buena trayectoria en Nueva York con trabajos de edición y producción para "History Detectives", "Handsome Harry", Discovery, PBS, ESPN, etc., amén de cine publicitario. Este es su primer film como director, productor y guionista, y ya fue bien apreciado en Tribeca, Guadalajara y Mar del Plata. Coproductora, Suzanne Richiardone. Montaje, César Custodio, Alejandro Brodersohn, Ernesto Felder. Música, Ruy Folguera, que también está haciendo carrera en EE.UU. Sonido, Fernando Soldevila. Vale la pena.
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  • El objeto de mi amor
    El objeto de mi amor
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    Sobre el amor, con inocencia

    En "Viudas", Graciela Borges era una cineasta ocupada en desarrollar un documental sobre el amor. Lo hacía con un delicioso aire de señora que se inclina a recibir las variadas revelaciones de la gente a la vez común y maravillosa. En "El objeto de mi amor", Eloísa Tarruella (cineasta en la vida real) también desarrolla un documental sobre el amor. Pero lo hace con la ilusión de una joven que busca en la felicidad de otras parejas ese algo que está esperando para sí misma.

    Compone un personaje a la espera de un llamado. Mientras, pasea por la Verona de Romeo y Julieta con su balcón de dudosa pertenencia, Buenos Aires, San Nicolás, y París. El Pont des Arts donde los novios cuelgan sus candados a modo de promesa, costumbre ya citada en "Rayuela", la lleva hasta la tumba de Julio Cortázar en el cementerio de Montparnasse, sobre la cual los lectores dejan cartas y dibujos recordando a La Maga. Más adelante, un astrolabio y el facsímil de unas cartas medievales le recuerdan el romance oculto del monje Abelardo y Eloísa, cuyos cuerpos solo fueron reunidos en 1817, tiempos del romanticismo. La joven nos muestra el pequeño mausoleo, en la parte más boscosa del Père-Lachaise.

    Pero lo suyo, junto a los paseos, es la vida. Por eso charla con una argentina y un policía libanés que dejó todo por ella, una locutora y su discípula que hoy son madres de tres criaturas con derecho pleno, un mochilero que anda por el mundo y una oficinista que leyó su libro de viajes en el subte y ahora lo acompaña. Cada pareja cuenta su historia de amor, su primer beso, el riesgo que tomaron, y señala el objeto que simboliza su unión, entre ellos un cuadro del santo maronita Chárbel Makhlouf, dos anillos, etc. A lo que se suman el astrolabio, una clepsidra, dos cámaras... y un teléfono. Ya dijimos que nuestra Eloísa esperaba noticias de su Abelardo. En resumen: una pieza amable, bien cuidada, con algunos textos quizá más elaborados de lo necesario, pero que ayudan al amor. Que es el objeto de la película. Autores, Eloísa Tarruella y Gato Martínez Canto.
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  • Viaje a Tombuctú
    Viaje a Tombuctú
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    La violencia de modo indirecto pero franco

    Tombuctú, ciudad mítica del Africa Subsahariana. Lugar de calma y sabiduría. Tenía bibliotecas, universidades, reyes sabios. Los tuaregs y bereberes cruzaban el desierto para comerciar en sus mercados la sal a cambio de las frutas y el oro. Casi ningún viajero blanco pudo conocerla durante su esplendor. Leyendas, poemas, novelas y películas la sueñan todavía como un destino ideal e inhallable. Dicen algunos que Tombuctú, o Timbuctú, significa "lugar lejano". Como las utopías, siempre un paso más allá.

    Lima, años 80. Una parejita de niños disfruta de su infancia. Juegan, se quieren, fantasean, proyectan adónde vivirán cuando sean grandes. Crecen. Gozan un amor adolescente, disfrutan de la vida con sus amigos. El abuelo italiano, los padres, el hogar. Alrededor algunas cosas, solo algunas, parecen extrañas. El aire se enrarece. Hay bombas en la noche. Un viaje a las montañas será maravilloso. Debería serlo. Hay dos maneras de llegar a Tombuctú: arriesgándose a tierras lejanas, o metiéndose adentro de sí mismo.

    Sencilla, sincera, sentida, con los pequeños defectos propios de una obra primeriza, que en este caso la hacen todavía más sincera, Rossana Díaz Costa, la autora, viajó hacia el punto de partida. Su historia trata la Historia de modo indirecto pero franco, a través de las criaturas ajenas a la política y la violencia, obligadas al viaje. Buena historia, creíble, personajes tiernos, encarnados con naturalidad por un lindo grupo de chicos, buena ambientación, cuidando los detalles de época, como una Mafalda de tela, envases, canciones de Soda Stéreo, Charly García, Daniel F y otros, linda música original (también andina), mucho cariño, tristeza y melancolía.

    Aportes argentinos: Juan Palomino en rol de padre, muy adecuado, el director de fotografía Gabriel Di Martino, postproducción de imagen y sonido, coproductores Julieta Graffigna y Fernando Díaz, aquel de "Plaza de almas", que tan de cerca supo pintar ilusiones y dolores de los jóvenes sin maldad en este mundo. Se estrena una semana antes que en Perú, y llega con premios del público y de Latinuy, Chicago y otros lares, pero sin la necesaria difusión. Eso que vale la pena.

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  • El cielo otra vez
    El cielo otra vez
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    Ejemplo de dedicación a un salvataje admirable

    Según viejas reseñas, antes los cóndores también volaban sobre las sierras patagónicas cerca del mar. Entre otras cosas, ellos se encargaban de llevar al cielo las almas de los primitivos habitantes de esas tierras. Algún indio dice entonces que se fueron "cuando se fueron los antiguos". Lo cierto es que, con el tiempo, también desapareció una parte significativa de la fauna local, vale decir, empezó a escasear la comida. Lo cierto, también, es que ahora vuelan de nuevo.

    Esto no se debe a ningún cambio climático, ni al retorno de grandes manadas, sino al esfuerzo y dedicación de un biólogo y sus ayudantes, muchos de ellos voluntarios, todos imbuidos de un aliento espiritual bastante respetable. Entre la Fundación Bioandina y el Zoológico de Buenos Aires, el dr. Luis Jacome creó en 1991 un proyecto de crianza en cautiverio (a partir de nidadas de aves ya cautivas) y reinserción en la naturaleza, que hizo su primera suelta en 1997, en la sierra Paileman, Rio Negro, y a esta altura lleva más de cien cóndores liberados, que hoy miran desde arriba la admiración de los hombres.

    Este documental sigue la evolución del proyecto, desde el huevo respetuosamente retirado del nido y celosamente cuidado en la incubadora, la alimentación vigilando que el pichón no asimile la imagen humana como paterna, la vigilancia veterinaria, el traslado y aclimatación a una amplia jaula sobre la sierra, la suelta, celebrada por niños de la escuela cercana, grupos indígenas e indigenistas, y hasta algunos hippies europeos, y durante cuatro años más el monitoreo satelital mediante un transmisor puesto en una de sus alas. "Cuando se acaba la batería, el cóndor es definitivamente libre", dice una de las colaboradoras. Para ese momento, ya habrá aprendido a volar y buscará por sí mismo el alimento. Pero entretanto, hay gente que abandonó la ciudad para seguirlo desde tierra y dejarle cada tanto algunas piezas de carne, y así por un buen tiempo. Hay que tener entusiasmo, dedicación, resistencia y un ánimo especial, para semejante trabajo. Pero el placer de haberlo criado, y de mirar su vuelo sobre el desierto, es casi indescriptible. Máxime, para quienes vuelcan en el cóndor una serie de interpretaciones místicas, a las que el autor del documental brinda un amplio espacio.

    Dicho autor es Gustavo Alonso, hasta ahora especializado en documentales políticos y de derechos humanos ("La vereda de la sombra", sobre el periodista televisivo Fabián Polosecki, es su trabajo más apreciado).
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  • La bicicleta verde
    La bicicleta verde
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    Simpático film (y también casi épico) de una directora saudita

    Una nena quiere tener su bici para jugar con su amiguito. La historia es ésa. Un día una nena, graciosa, despabilada, un tantito irrespetuosa, ve, casi como una revelación, una bicicleta verde en el negocio cercano a su casa. Y quiere comprarla. Al cambio actual, sale poco más de 2.000 pesos argentinos. La madre no quiere saber nada. No hay plata, y además el asiento de las bicicletas puede ser un peligro para la integridad de las niñas. La mamá, además, tiene sus propias aflicciones, porque parece que el marido quiere casarse con otra.

    Pero la nena se las va a ingeniar, ya veremos cómo. Qué duda cabe, ella se dará maña, fingirá con artes infantiles, comerciales y femeninas, no va a parar hasta tener su bicicleta. Y después, por la carita que pone, no va a parar hasta meterle la primera a un auto. El mundo es suyo.

    Esa es la anécdota, pequeña, sencilla, simpática, tan agradable como la pequeña intérprete, y tan linda como la actriz que hace de madre. El detalle, que la vuelve casi épica, y le da categoría de símbolo sin restarle encanto, es que la historia transcurre en los suburbios de Ryad, capital de Arabia Saudita, donde las mujeres no pueden manejar en público, y es indigno y deshonroso que una nena ande en bicicleta, encima con lo peligrosos que son esos asientos. Tampoco pueden hacer muchas otras cosas, pero algunas lo hacen, aunque sea a escondidas y bajo serios riesgos. Y tampoco pueden filmar, pero hay una que se las ingenió, y seguro que después vendrán otras cuantas, porque ésta que vemos es la primera película hecha por una mujer saudita. Y es muy simpática.

    Pequeño detalle: la autora, Haifaa (con doble a) Al-Mansour, es de buena familia, que la mandó a estudiar literatura a El Cairo y artes combinadas a Sydney, mujer de 39 años, casada con un diplomático norteamericano, dos hijos, casita en El Quatar, cortometrajista aficionada y documentalista ocasional. Hizo "La bicicleta verde" gracias a un príncipe saudí que puso la plata, una empresa alemana que aportó los técnicos, y otras de Abu Dhabi, Munich y Dubai que le dieron respaldo. El gobierno no quería saber nada, pero cuando empezaron a llover premios internacionales terminó aceptando los hechos y hasta la anotó como representante oficial a los Oscar. Así se avanza en la vida.
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  • Aire libre
    Aire libre
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    Berneri inquieta y obliga a reflexionar

    El es un joven arquitecto, serio, con trabajo. Ella también es arquitecta, a juzgar por el trato que le da un albañil, y es linda, alegre, animosa, creativa, impulsiva, y todas esas cosas que iluminan un hogar y el marido apaga con su mal humor. Visto desde otro ángulo, es linda pero cargosa, desatenta, manejadora, muy desordenada, medio gataflora, bastante inoportuna, y egoísta. ¿Pero cuál de los dos es más desatento, desconcertante y egoísta?

    Anahí Berneri viene de hacer esa pieza tremenda titulada "Por tu culpa", prácticamente una mujer atormentada por sus dos hijos hiperkinéticos en un departamento, hasta que llega el marido y pasamos a otro grado de malestar. Ahora nos muestra a una pareja de profesionales bien instalados, con un hijito que es un amor y se banca todo (es un decir), los abuelos paternos muy cordiales, la abuela materna medio hippie, muy afectuosa. Esos chicos están refaccionando una casa vieja con arboleda y pileta para irse a vivir. Podrían dar envidia. Pero esos chicos ya son bastante grandecitos y todavía no saben madurar, ni llevarse bien, ni separarse del todo. Pareja tóxica, muestra de la actual generación, cada uno la calificará según la mire, y más de uno, suponemos, habrá de reconocer sus propios caracteres. Berneri es una observadora aguda, que sabe pintar situaciones, tensarlas, hacerlas bien creíbles, reconocibles y al mismo tiempo novedosas. Nos da pistas y deja que completemos la idea, como quien asiste a la casa de los vecinos y va deduciendo lo que no piensan decirle, ni siquiera decirse entre ellos, que es el mayor problema para alguna gente. Y nos va inquietando, cada vez más. Hace que todos necesitemos aire, no sólo los personajes, que Celeste Cid y Leo Sbaraglia representan muy bien, sin apelar a ningún recurso histriónico de mala novela (y jugando un par de escenas íntimas que todavía no se ven en ninguna novela). Equilibrando los malhumores, están el pibito Máximo Silva, debutante de natural simpatía, y sus dos abuelas en la ficción: Fabiana Cantilo y Marilú Marini, lástima que aparezcan menos de lo deseado. Coguionista, Javier Van de Couter. Fotografía, Hugo Colace. Sonido, Catriel Vildosola. Para ver en pareja (si se animan a ir juntos).
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  • Rey Milo
    Rey Milo
    Ámbito Financiero
    Una visión integral del artista Milo Lockett

    Así, familiares y amigos recuerdan sus tempranos impulsos empresariales y artísticos, la vocación del trabajo continuo, y la habilidad para vender sus creaciones. Colegas, críticos, un marchand, una galerista, historiadores, destacan su estilo suelto, personal, su peso en el mercado y su filosofía de ventas al alcance de todos. Y todos destacan su espíritu de colaboración. La Casa Garrahan de Resistencia, la campaña contra la deserción escolar "Yo puedo, vos podés", subastas a beneficio alentadas por el marchand Alvaro Castagnino, trabajos con Juan Carr en la Red Solidaria, impulso a una bienal provincial, padrinazgo de nuevos artistas, la oportunidad de pintar brindada a niños y discapacitados, ayudas a escuelas de El Sauzalito, El Vizcacheral, El Potrillo y otros lugares perdidos para la gente cómoda, etcétera.

    El mismo ha señalado varias veces el ejemplo que tomó de su familia, y de su comprovinciano, el arquitecto Carlos Alabe, impulsor de la Casa Garrahan, Padres de la Ruta y Ciudad Limpia. En ambos casos se trata de iniciativas puramente privadas, hechas por artistas exitosos de mente empresaria y sensibilidad social. Se suma en Lockett otro mérito: el esfuerzo autodidacta, como lo tuvo el escultor Juan de Dios Mena, según recuerda un conocedor en el venerable Fogón de los Arrieros.

    Detalle curioso, quien menos habla es el propio Milo. Los otros lo hacen por él. Renglón aparte, los comentarios de sus colaboradores, del carpintero y personal training que le arma los bastidores, y, en particular, el único que dice algo en contra: un amigo que reclama por dos vinos en deuda desde hace años. Hasta hay un graffitti al respecto.

    Autor, Federico Bareiro (ere, no erre), de larga trayectoria en registros para cine alternativo y televisión cultural.
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  • Muerte en Buenos Aires
    Muerte en Buenos Aires
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    Afectada de falta de humor y de experiencia


    Bien actuada por Chino Darín, Damián Bichir y con un buen elenco desaprovechado, los descuidos argumentales de “Muerte en Buenos Aires” hacen perder respeto e interés por una trama de larvada malicia, que en principio resultaba entretenida.
    "Muerte en Buenos Aires" (Argentina, 2014). Dir.: N. Meta. Guión: N. Meta, L. Farhi, L.O. Brennan. Int.: D. Bichir, C. Darin, C. Casella, E. Disi, H. Arana, J. Aruzzi, L. Kuliok.

    Tras hacer de inocente futbolista en la comedia hispano-argentina "Fuera de juego", Chino Darin compone ahora un policía inocente, sospechoso y perverso, todo a la vez, para perplejidad del inspector que lo tiene a cargo en un molesto caso de asesinato. Damián Bichir compone al mencionado inspector, hablando un porteño tieso al que sólo en una brevísima ocasión se le escapa el acento mexicano. Buenos actores ambos, y buen elenco de apoyo, donde se luce particularmente Carlos Casella, en tanto Jorgelina Aruzzi y Luisa Kuliok parecen algo desaprovechadas.

    El asunto resulta entretenido, con diálogos iniciales de gracia solapada, un juez bien caricaturizado, cierta sintonía con aquel Jean-Francois Casanovas del policial de Emilio Vieyra "Todo o nada", referencias indirectas a la historia nacional (en la reproducción de un cuadro de Angel Della Valle y el doble apellido del primer occiso, Copito para los íntimos, etc.), y, sobre todo, una larvada malicia en la trama que a varios interesa: ¿el joven policía seducirá a su superior? ¿aflojará éste con el susto que tiene? Hay algo de Almodóvar en este asunto.

    Cabezas de arte, fotografía, vestuario, maquillaje y peinado, música, se lucen a pleno ambientando la historia a fines de los 80, y el trabajo de producción es realmente elogiable, destacando una escena antológica con una estampida de caballos de raza en plena Diagonal Sur, después de lo cual puede venir cualquier cosa. Lamentablemente, el problema es que viene cualquier cosa. Varios descuidos argumentales hacen perder respeto y/o interés por la trama, que ya venía coleando. Quizás eso se hubiera evitado aplicando más humorismo, mayor dinámica, o más descaro. Y teniendo más experiencia. Esta es la primera película de Natalia Meta.

    Para atender, en los créditos finales, unos cuantos fragmentos de descarte, una toma de filmación donde compañeros y extras aplauden a Hugo Arana, que hace de comisario viejo, y otra donde el inspector y su esposa leen una revista "Gente" de enero de 1989 que anuncia el nacimiento... del hijo de Darin.
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  • Un día gris, un día azul, igual al mar
    Moroso docudrama sobre un amor triste

    Lo que vemos no es exactamente un documental, sino más bien una especie de docudrama minimalista, de planos largos, detenidos, siguiendo la historia de un amor triste: el de una muchacha que vive en un monobloc con sus padres viejos, con otra que viene a visitarla ocultamente por las noches. Ambas sueñan vivir juntas, lo que resulta difícil ya que la chica debe cuidar de sus padres. Además, no tiene trabajo, ni oficio para conseguirlo.

    Así la vemos, para colmo desganada, dejando currículums, asistiendo a una clase de cocina, y a otra de lectura para "ni-ni" becados, que es la parte más risueña. El maestro busca que alguien lea más o menos decentemente un poema de Yolanda Castaño ("Si no sé escribir mi nombre", etc.) y termina reclamando a las alumnas que no vuelvan, así "los demás no pagamos nuestros impuestos para que perdais el tiempo".

    La acción transcurre en el barrio gitano de Almanjáyar, Granada, lo que permite una boutade notable. Ante la estatua de Isabel la Católica (1451-1504) una de las jóvenes dice "es la que mandó a que fusilaran a todos los gitanos", agregando "que eran esclavos". Y la otra, para completarla, pregunta "¿Está muerta, no?". El maestro todavía se debe estar tirando de los pelos.

    Lo curioso es que, paulatinamente, éstas y demás criaturas que por ahí vemos acaban despertando en el público un sentimiento de piadosa comprensión. Contribuyen a ello la indefensión de la piba, el tempo de la obra, el clima invernal en que mayormente transcurre, los paréntesis de llovizna y tristeza. En algún momento las chicas canturrean un tema de Roberto Ternán y Cuti Carabajal, que da título a la obra: "Igual al mar son para amar tu amor y el mío, un día azul, un día gris, igual al mar". Lo desentonan de manera aflamencada, pero hasta eso se les perdona.

    A propósito, el mismo Cuti es productor asociado de la obra, y Florián Carabajal le ha hecho la música. Autoras, Melina y Luciana Terribili. Productoras, Gema Juárez y Mayra Bottero.
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  • Mujeres con pelotas
    Mujeres con pelotas
    Ámbito Financiero
    Sobre el fútbol femenino con mirada inteligente

    Con el mismo título de este documental, se conoció tiempo atrás una antología de cuentos y recuerdos de 23 escritoras amantes del fútbol, varias de ellas desde niñas ("Mujeres con pelotas", Ed. del Dragón, Bs.As, 2010). Aquí, lo primero que vemos es una nenita con el biberón en una mano y la redonda a sus pies, avanzando a pataditas por algún parque público. Lo lleva en sus genes, pero la madre toma sus recaudos. No sea que se entusiasme demasiado y le salga medio machona.

    Sobre ése y otros prejuicios habla esta película, que ofrece además un primer panorama sobre el fútbol femenino en nuestro país. Ya varios clubes tienen su equipo y se hacen campeonatos. Hay un departamento en la AFA, un buen espacio en el campo de deportes de Ciudad Universitaria, donde concurren casi 200 criaturas de 8 años para arriba, y hay también varias escuelas privadas, pero falta organizar mejor los semilleros, las infantiles y sub-20, interesar al público y la TV, convencer a las comisiones directivas, etcétera. Los "machistas" reacios deben saber que hay cosas todavía peores: en otros países ya están teniendo peso las árbitros, y en Francia hay una DT al frente de un equipo de hombres (la portuguesa Helena Costa, en el Clermont Foot, de la B). Esto es lo que se viene, y Joseph Blatter lo propicia.

    El documental se centra en las chicas de la cancha Güemes de Villa 31, Retiro, un sector de tierra seca rodeado de murales religiosos, donde juegan diversos grupos entre los cuales el auto de la policía pasa despacito, como para mirar un poco el partido. Se muestra el trabajo de la entrenadora Mónica Santino, el desarrollo de un espíritu de equipo, un picadito contra un equipo visitante de rubias noruegas (escena bastante desperdiciada por darle espacio a una lugareña xenófoba), hasta la conformación de un seleccionado entre las de 31 y las de Villa Martelli que participaron en el Homeless World Cup 2010, lo que permite ver de paso unas lindas escenas en las playas de Rio de Janeiro.

    Todo esto se alterna con comentarios de Bettina Stagnares, DT de las mujeres de Estudiantes de La Plata, periodistas (Poggi, Morales, muy ecuánimes, Recondo, asimilando el de las mujeres al fútbol "de hace 70 años", justo el de La Máquina), Juan Bava, director del Instituto de Arbitros, otro réferi y una estudiante, Salvador Stumbo, director de Fútbol Femenino de la AFA, jugadoras de clubes (Huracán ya tiene su colombiana) y directoras de escuelas. Una de éstas se llama La descosemos. Pensar que antes las mujeres iban a la escuela a aprender a coser.

    Detalle curioso: un material de archivo busca la polémica contra un programa de Gerardo Sofovich, pero una chica que mostró allí sus habilidades haciendo jueguitos lo recuerda agradecida. Autores, Ginger Gentile y Gabriel Balanovsky, cabezas de San Telmo Productions, pequeña empresa que brinda servicios de producción al National Geographic, History Channel y similares. Música, Ramiro Gutiérrez, más un tema de Kumbia Queers que embarra un poco la cancha.
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  • La gran noticia
    La gran noticia
    Ámbito Financiero
    Una “gran noticia” humorística, breve y entretenida

    Recientemente presentada por el propio embajador suizo en Pantalla Pinamar, esta comedia se ríe amablemente de cuatro suizos en el exterior, de unos cuantos en su país, y de la reacción ante un hecho muy singular que ocurrió hace ya cuarenta años, y que hoy se recuerda con nostalgia. Más aún, se recuerda con la necesidad de encontrar ahora algo aunque sea medianamente parecido.

    La acción, en 1974. Radio Suisse necesita difundir alguna nota amable sobre la ayuda que la Confederación Helvética les brinda a los países pobres. Por ejemplo, Portugal, que queda ahí nomás y está gobernado por un tirano. Así es como manda a una periodista feminista, un viejo machista que fue corresponsal de guerra, un técnico que ya está para el retiro, y un joven. Ni qué hablar de cómo se llevan, ni de lo que encuentran. Pero en medio de tanta mala onda, de pronto las ondas radiales empezarán a difundir una extraña y feliz noticia. Una gran noticia: la Revolución de los Claveles. Hay algo nuevo y hermoso en la Vieja Europa, algo que despierta esperanzas en una sociedad mejor, y en un futuro mejor. Alguno no entiende nada pero igual se prende. Y algunos se prenden a su manera, por el lado de la Revolución Sexual. Bueno, se supone que por algún lado se empieza.

    El director Lionel Baier cuenta todo esto reproduciendo a su manera el estilo de las comedias populares francesas de los años 70, tal como en el 2001 hizo Maurizio Sciarra en el risueño "A la Revolución en un 2CV", precisamente sobre el mismo hecho (en ese caso, unos vagos quieren llegar a Lisboa en un viejo autito y se pierden por España; en el que ahora vemos unos laburantes medio torpes deben llegar en una Combi VW y se pierden entre la multitud). Sí, por lo menos el estilo de los 70 puede imitarse bastante bien. Lo otro es más difícil, o quizás ya sea imposible. Pero la parte nostálgica de esta reflexión ya queda a cargo del espectador. Si quiere hacerse cargo, por supuesto.

    Intérpretes, Valerie Donzelli ("Declaración de vida"), Michel Vuillermoz, Patrick Lapp, Francois Belard. En el papel circunstancial de reporteros belgas, los directores Lionel Baier y Ursula Meier ("La hermana"). Película curiosa, breve, entretenida, que nos hace pasar el rato y nos deja pensando. Vale la pena.
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  • Madam Baterflai
    Madam Baterflai
    Ámbito Financiero
    Cómo interesar sin bajadas de línea

    Carina Sama, sanrafaelina de origen, empezó como asistente de Teo Kofman en "El jardín de los infiernos", una miniserie de ambiente carcelario realizada en Mendoza hacia fines de los 80. Integró luego varios equipos, incluso de extranjeros que vinieron a rodar al país, como Marc Evans, Jaime Chávarri, Jordi Frades y Marco Risi (la simpática "Tres esposas", que aquí nunca llegó a estrenarse). Bien asentada, recién hace poco empezó a realizar una obra propia. Este es su primer largometraje.

    Se trata de un documental de entrevistas, centrado en cuatro travestis y un transexual de su provincia. Gente distinta al común de los demás, ya se sabe, distinta entre sí, lo que ayuda a ampliar la perspectiva, pero, sobre todo, gente distinta a lo que podría esperarse, o temerse, de un documental donde se plantea la famosa identidad de género, la construcción de lo femenino, etc. Acá no hay cabezas parlantes que bajen línea, opinólogos que orienten al público respecto a lo que se está viendo, ni hay jueces o políticos haciendo declaraciones sobre la discriminación, la igualdad ante la ley, los derechos conseguidos en estos últimos años, ni nada de eso. Lo que hay son unas personas muy sencillas, sinceras, que cuentan sus vidas con franqueza, y en algún caso con buen humor, sin victimizarse ante las crueldades de la sociedad, y sin lucir tampoco algún orgullo militante por su elección de vida. La directora hace que las apreciemos como personas, ahí está la clave. Contenida, y por eso mismo más tocante y reveladora, la sorpresiva información sobre el destino de quien parecía haber llegado tan cerca de su sueño. En resumen, un documental interesante, hecho por una mujer que realmente sabe cómo lograr que la gente se sincere ante la cámara, y cómo seleccionar después lo más significativo de cada persona. Esperamos con interés su siguiente obra.
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  • Casi un gigolo
    Casi un gigolo
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    Comedia melancólica de sabor agridulce

    Una persona medio cínica pero simpática convence a un buen tipo, cercano suyo, para que se convierta en seductor profesional. Hay muchas mujeres solas que pagan por un poco de ilusión y consuelo. Por lo pronto hay una, después ya veremos. A fin de cuentas, el tipo no parecerá un galán de moda pero tiene cierto atractivo como hombre, buena mano bien aplicada cuando corresponde, y, sobre todo, presta oídos a las aflicciones y esperanzas de cada criatura que lo requiere. Por supuesto que puede surgir algún peligro. El amor, por ejemplo.

    Dicho así, esto parece la síntesis de "El hombre de tu vida", la miniserie de Campanella con Guillermo Francella y Mercedes Morán, difundida en la temporada 2011. Pero es una comedia melancólica de y con John Turturro, hecha a mediados del 2013. Con varios parecidos, como puede verse, y algunas diferencias. En síntesis, sus personajes, el tierno Hugo Bermúdez y el sentimental Fioravante son como primos. Descendientes naturales del feo, narigón y exitoso Bertrand Morane que hacía Charles Denner en "El hombre que amaba a las mujeres", de François Truffaut (sólo que no cobraba por dar esos amores). Tipos que realmente aman a las mujeres, de a una, pero a todas. Y que saben escucharlas, atenderlas, adorarlas y contenerlas. Y, si se puede, dejarlas contentas, que es lo más difícil.

    Atención, ya dijimos que es una comedia melancólica. A cierta altura el gigoló empieza a "fading", a desvanecerse, algo que la fotografía representa muy bien con sus "fades" y sus tonalidades, y también se desvanece la vieja ciudad de Nueva York en que viven el amante y su asesor letrado (no por abogado sino por ser, digamos, "hombre de letras"). Un sabor agridulce envuelve todo esto, como a cada mujer la envuelve una música especial, una canción. En la banda sonora están Dean Martin, Dalida, Trombone Shorty, Gene Anmons y otros, y el "neotango" español que hace Alacrán no desentona demasiado. Y en la pantalla están Turturro, Woody Allen como el susodicho asesor, Sharon Stone, Sofía Vergara y otra gente, y sobre todo Vanessa Paradis, en un personaje singularísimo, delicioso. Su versión de "Tu si' 'na cosa grande", con una voz pequeñita, puede derretir a más de uno.
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  • La mirada del hijo
    La mirada del hijo
    Ámbito Financiero
    Fuerte cuadro de una sociedad inmoral

    El título de este inquietante drama rumano es "La mirada del hijo", pero la que mira más fuerte es la madre, una profesional de peso, acostumbrada a imponer su voluntad y contrariada porque el desamorado de su hijo decidió hacer rancho aparte y llevar adelante su vida con una chica que no es precisamente como ella quisiera. Pero de pronto el hijo, que ya es un tamaño gandul, atropella a un pibe y corre el riesgo de ser condenado por homicidio culposo. Ahí es donde la mujer saca las uñas y apela a todos los recursos que sabe usar, y otros más, en el esfuerzo por evitar que el nene vaya a donde le corresponde. Esos recursos podrían ser corrupción de testigos, alteración de pruebas, intento de "arreglo extrajudicial" con los padres de la víctima, en fin, nada es suficiente, y encima el sujeto no colabora ni agradece como corresponde. Sólo la burocracia colabora, con sus resabios de cinismo e indiferencia cívica. Y con su capacidad para cobrar en exceso lo que sea.

    Fuerte cuadro de una sociedad inmoral, duro retrato de una relación enfermiza, buena historia con un final contundente y amargo, El film se concentra en el accionar de la madre, y tiene para ello una intérprete brillante, Luminita Georghiu, ya vista en "4 meses, 3 semanas, 2 días" y "La muerte del señor Lazarescu". Lástima que tenga a un muerto de frío en el manejo de la cámara, que se mueve todo el tiempo y termina cansando más que la mujer y el ingrato del hijo. En fin, ser moderno tiene sus desventajas.
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  • El otro Maradona
    El otro Maradona
    Ámbito Financiero
    Emotivo documental sobre “El otro Maradona”

    La gente conoce una parte de la historia. En Villa Fiorito hubo dos pibes, amigos toda la infancia. El día en que uno fue seleccionado para jugar como cebollita de Argentinos Juniors, fue tan compañero que soltó aquella frase hoy famosa entre la gente del fútbol: "En mi barrio hay uno que la rompe". No quería jugar sin su amigo. Así, jugando de 9 y 10, ganaron decenas de partidos. Ya iban para primera división. Hasta que una fractura separó sus destinos.

    ¿Cómo fue, a partir de entonces, la vida de Goyo Carrizo? ¿Cómo es? ¿Quién le tendió una mano? Esta es la otra parte de la historia. Ezequiel Luka y el rosarino Gabriel Amiel nos muestran a este hombre ya cincuentón, de alma noble y corazón generoso, que en sociedad con Guillermo Peloche hoy orienta a los chicos de las inferiores de todo el país, les busca alguna ubicación a los más prometedores, recibe el homenaje de muchachos que disfrutaron sus enseñanzas cuando pequeños, y el agradecimiento de los padres de los chicos. En cierto momento, una madre le explica cómo ella ve la razón de su destino. Y es una hermosa explicación. Y un consuelo.

    Porque Goyo Carrizo se quedó en Villa Fiorito, en una casa a medio hacer con su familia, frente a lo que él define como su Tierra Santa: el espacio de la canchita donde jugaba de niño con el Diego, y que ahora ya ni existe, porque se la fueron ocupando. Y así el documental es también como su vida, con momentos de alegría, de bajoneo, de aceptación, de seguir adelante. Jamás un reproche. Siempre un buen ejemplo. Para interesados, hay también un plus invalorable: unas cuantas tomas de los dos chicos luciéndose en pleno partido, conservadas por un aficionado y especialmente restauradas para la película.
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  • Buscando al huemul
    Buscando al huemul
    Ámbito Financiero
    Lección que se alarga demasiado

    Parcialmente documental, esta película desarrolla el largo viaje de dos jóvenes conocedores por la precordillera rionegrina, rastreando en esas inmensidades las huellas de la naturaleza y también de los ancestros. Siglo y medio atrás, los indios se replegaron a esas tierras semiáridas, desplazados por la arremetida del Ejército. Ahora se han replegado los huemules, empujados por el ganado, los ciervos colorados y la deforestación. En ambos casos, criaturas introducidas quitaron su espacio a las naturales del lugar, obligándolas a la paulatina extinción.

    Tal es lo que se infiere de las charlas entre los jóvenes, o de algún programa radial, en escenas que casi tienen carácter de adoctrinamiento del espectador. El inmenso paisaje de los cerros es otro atractivo, pero a cierta altura la obra se hace un tanto larga, y el animalito sigue sin aparecer. De hecho, se alerta sobre su extinción, ya que, pese a varias leyes que decretan su título de monumento natural nacional y monumento provincial de Rio Negro, Chubut y Santa Cruz, apenas existe un proyecto de hacer una reserva de huemules en las orillas del Lago de la Plata. Se trata del venado más austral del mundo, pero, si no se toman debidos recaudos, sólo vamos a verlo en dibujitos, o en el escudo de Chile, donde comparte espacio con el cóndor (dicho sea de paso, está en marcha una coproducción chileno-argentina, "Huemul, la sombra de una especie", de Diego Canut).
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  • Fermín
    Fermín
    Ámbito Financiero
    Emotivo Alterio y lindos bailes for export

    Esta película se hizo gracias al sistema crowdfunding, vulgo suscripción pública; 505 personas creyeron en ella y dieron algunos dinerillos. Con esa base pudo rodarse. El asunto incluye un viejo tanguero recluido en el pasado, el psiquiatra que lo atiende, y unos números de baile for export. Esto último pega mal, pero la pegó entre los aportantes, ya que "Fermín" inauguró el reciente Latino Film Festival de Chicago, con función de gala y fiesta posterior a cargo de nuestro consulado, y tuvo además buena respuesta de público en Pantalla Pinamar.

    Don Héctor Alterio encarna al viejo tanguero. Luciano Cáceres lo interpreta en su juventud y madurez (ambos calzan la misma mirada), dentro de un buen elenco donde se lucen dos comediantes de reducida pero efectiva participación: Emilio Disi e Iván Steinhardt, este último en rol de enfermero de manicomio. Es que el viejo está loco. Quedó muy traumado por las consecuencias de sus propias mezquindades respecto a un amigo y a su hijo no deseado. Tan traumado, que sólo puede expresarse con palabras ajenas. Tardará mucho en decir con sus palabras qué cosas le carcomen el alma. Resulta tocante la escena en que esto pasa, el monólogo casi final de Héctor Alterio.

    El detalle es que las palabras ajenas que usa el hombre son de letras de tango. Como Pepe Novoa en la comedia de José Santiso "De mi barrio con amor", sólo que ahí se trataba de un personaje gracioso, y acá debe ser dramático, pero a veces la cosa chirria un poco. Donde mejor funciona es en una escena de pasajera complicidad con el médico frente a la nieta insoportable, y en el diálogo de reencuentro con el ex amigo que encarna Emilio Disi. Uno confiesa su error con definiciones de González Castillo y Luis César Amadori ("envidia que me condena a vivir con esta pena, porque no hay mayor dolor que la envidia por amor") y el otro justifica su vida y su amargura con fragmentos del olvidado "Consejo de oro", de Arquímedes Arci: "fui creciendo a la bartola y en mis años juveniles agarré por el camino que mejor me pareció (...) y el mejor de mis amigos cuando pudo me vendió.

    Es elogiable el conocimiento y empleo de textos hermosos, varios de los 30, dignos de alguna obra de Alejandro Dolina en sus mejores tiempos. Lástima que esto no disimule varios desaciertos argumentales más tolerables en el teatro que en el cine, sobre todo en las escenas evocativas de los años 1945, 1955 y 1976 (y por suerte los autores evitaron casi todas las referencias politicas). Tampoco conviene sacar cuentas acerca de la edad de los personajes en cada época. Mejor sería sacar a bailar a alguna de las muchachas que van a las tanguerías, como hace el guionista y codirector de la obra Oliver Kolker, en el rol de "Ciempies joven". El otro director es Hernán Findling, que rima con crowdfunding. En la pista, Carlos Copello, Chicho Frumboli, Juana Sepúlveda, Silvina Valz y otras jóvenes glorias. "Fermin. Tango glories", casualmente, se llama la película en el mercado norteamericano.
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  • El secreto de Lucía
    El secreto de Lucía
    Ámbito Financiero
    Sobre un secreto, con la precisión de un cuento

    Un buen cuento debe tener un comienzo atractivo, causar intriga, envolver a quien lo sigue, llevarlo a aceptar por unos momentos la lógica de su mundo, y rematar todo con una sola frase, una sorpresa, bien contundente. Y que además, si es posible, produzca regocijo y satisfacción. "El secreto de Lucía" cumple con esas pautas, y con varias otras.

    Buenos Aires, capital y provincia, y ciudad de Chacabuco, hace menos de medio siglo. Ya alguien nos introducirá en el asunto. Digamos que, básicamente, intervienen un falso ventrílocuo, su falso muñeco, y una mujercita, cantante de cierto mérito, que no será falsa pero algo esconde. Participan también algunos dueños de salas, un antiguo enamorado (buen partido) con su empleado cómplice, un padre vigilante, público de diversos niveles. A partir de toda esta gente, la cosa se va complicando y tensando. Hasta que al final, en apenas cuatro palabras y una linda escena, se nos revele lo que más queremos saber, precisamente para nuestro regocijo, aunque quizás algunos personajes no compartan igual sentimiento.

    No corresponde contar más. Becky Garello, experto en servicio de cámaras y trabajos en alta definición con años de experiencia, para probarse como director decidió tener buenos respaldos. Primero y principal, una buena historia y un libreto sin fisuras. Pocas personas más indicadas para eso que Graciela Maglie, que fue coguionista de "Nueve lunas", "El viento", y varias otras piezas de Mignogna, Jusid, Bauer, el sello Aries. Y así cada rubro, con Ivan Wyszogrod en la música, Eugenia Levin como directora de casting, etcétera. Del buen ojo de esta última salió la fórmula del elenco, donde destacan, por justas razones, Emilia Attias y un muchacho que trabaja mayormente en España y, de seguir así, va para Actor con mayúsculas: Tomás Pozzi.

    Podría objetarse, seguramente, la altura del muñeco, la contradicción entre el flojo repertorio del ventrilocuo y su inesperado éxito, y alguna otra cosita, pero cabe recordar que estamos frente a un cuento que tiene su propia lógica, nos intriga, nos envuelve, y termina como debe. Vale la pena.
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  • Blancanieves
    Blancanieves
    Ámbito Financiero
    Admirable versión de “Blancanieves”

    Admirable, emocionante, disparatado melodrama español, tremendamente español y también tremendamente original, libremente inspirado en el cuento de los hermanos Grimm, y otros cuentos que no diremos. No hay nieves, pero hay madrastra, enanos y manzana. Y la niña no es Blanca, sino Carmencita, hija de Carmen de Triana y un torero famoso, pero la madre muere en el parto, el padre es víctima de un toro y de una enfermera perversa que logra conquistarlo, la niña sufre bajo el poder de la perversa madrastra, sufre a más no poder, y cuando crece, bueno, sigue sufriendo, huye, es salvada ya sabemos por quiénes, le pasan cosas tremendas hasta el último segundo, y también cosas fantásticas, que la hacen famosa.

    Todo eso, ya se sabe, ambientado en los años 20, mudo y en blanco y negro, aunque lo de mudo es un error. Acá hay música a todo lo largo, con orquesta, guitarra y palmas, y hasta un tanguillo de buena letra. Hay nervio, exaltación, sorpresa contínua, tragedia, ironía, grotesco. El autor la ha definido como "melodrama gótico-cañí", en referencia a la cultura hispánica más meridional, gitana y sanguínea. Y oscura, cruel y atrasada. Domina, a veces, el patetismo. Y el desenlace, acongojante, inesperado, de un arte impecable, tiene la precisión, la belleza, y el estremecimiento de una lágrima. Lejos de los Grimm, lejos de Disney, cerca del alma.

    ¿Pero realmente nada que ver con Disney? No exageremos, acá también hay lugar para el guiño: el toro que hará justicia se llama Ferdinando. ¿Posibilidad de final feliz, entonces? Solo diremos que el público puede quedar fascinado, aunque quizá con unos minutos menos la obra sería todavia mucho mejor. De todos modos, cabe disculpar al director, Pablo Berger, que literalmente hace una película cada diez años. Y esta viene con Maribel Verdú como la madrastra (tan moderna que no quiere matar a la chica porque sea más linda, sino porque es más famosa), con Macarena García y la niña Sofía Oria, Angela Molina y Daniel Giménez Macho, Inma Cuesta en rol de madre añorada, y una cohorte de actores en rol de olfas, cómplices o salvadores, de los cuales sobresale Sergio Dorado, por una cabeza apenas y por sus ojos tiernos, que son clave en este asunto.

    Pequeña aclaración: la "Blancanieves" muda no se hizo aprovechando el suceso de "El artista", como aseguran los mal informados. La película ya estaba en rodaje cuando la otra hizo su primera presentación pública en Cannes. Por otro lado, "El artista" tiene el estilo del cine mudo norteamericano, y ésta se inspira en el cine mudo europeo. Y en las fotografías de Cristina García Rodero, y en el torero Juan Belmonte, el Pasmo de Triana. Rodaje en la plaza de toros de Aranjuez y cortijos cercanos.
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  • Los dueños
    Los dueños
    Ámbito Financiero
    Curiosa comedia de humorismo larvado

    En el casco de una estancia pueden verse la casona de los patrones, el hogar de los caseros, que no es ningún rancho, la piscina, una pelopincho grande, el chiquero, etcétera. Por el monte hay unas cuantas vacas, que el administrador y los caseros venden a espaldas del dueño, y por ahí andará el dueño, un viejo que ha cambiado el caballo por la bici deportiva, y la legítima por una jovencita. La cosa se dirime entre las hijas del dueño, sus cónyuges (el administrador y un gordo que ni corta ni pincha), y los caseros. Y la cosa, es la casa.

    Es sencillo. Cuando los patrones no están, los ratones se divierten. Entran, ocupan los sillones y las camas, desocupan la heladera, y a cierta altura, cuando el juego es descubierto, podrían disponer hasta de las mujeres ajenas. Ellas están más que disponibles. La famosa lucha de clases acepta variantes que sus teóricos desconocen. El asunto es que los peones lo sepan y obren en correspondencia, o solo aprovechen los demás bienes de consumo, en cuyo caso serían unos maleducados.

    Curiosa, bien actuada, de humorismo larvado, "Los dueños" pudo ser una comedia picaresca, un vodevil neosocialista, pero prefirió arriesgarse y convertirse en expresión tucumana del Nuevo Cine Argentino, con el cartel que eso implica, el permiso para eludir pautas narrativas clásicas, la empatía de su público y hasta una mención especial en la Semana de la Crítica, de Cannes 2013. Agustín Toscano y Ezequiel Radusky, los autores, supieron elegir. En el reparto, Rosario Blefari, Germán Rosario Blefari, Germán de Silva, Sergio Prina (revelación), Cynthia Avellaneda, Liliana Juárez. Rodaje en Famaillá, Tucumán.
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  • El grito en la sangre
    El grito en la sangre
    Ámbito Financiero
    Un drama campero con todo lo que corresponde

    ¿Cuánto hace que nuestro cine no nos regalaba un drama campero? Un buen drama campero, con sus amaneceres y atardeceres, los arreos, los floreos, el gauchaje en sus tareas y descansos, la formación bajo la guía del viejo hombre de campo, el criollito tímido frente a la muchacha que lo mira, los modos de hablar, la vida de familia y de galpones, las cuadreras, los desafíos de boliche, el malentendido entre los hombres, el entripado que conlleva la tragedia, y, sobre todo, la verdad, la poesía, la reflexión que emocionan a su público. Es difícil reunir y conjugar tantas cosas de buena manera.

    Si esto ha sido posible, sólo se debe a la buena mano y dedicación del director Fernando Musa y su equipo, y a lo que él mismo ha definido como dos fuerzas de la naturaleza: Horacio Guarany y Abel Ayala. La idea nació de Guarany, que tiempo atrás le acercó a Leonardo Favio su novela. El artista se entusiasmó, pero ya estaba enfermo, y sugirió entonces el nombre de Musa, que había sido su asistente y director de segunda unidad en "Gatica el mono" y otras tareas, y además ya tenía obra propia, con piezas singulares que acreditaban buen oficio y habilidad para embellecer el pequeño mundo de las gentes comunes.

    La película se filmó hace ya unos años. Es la última que filmó Ulises Dumont, que encabeza dos escenas clave. Guarany tenía ya 82 años, pero igual andaba a caballo. El hizo que le enseñen a montar al pibe Ayala, inmenso actor que venía de hacer "El polaquito" y "El niño de barro". Así los vemos, juntos al tranco sostenido y, en una escena, el chico llegando hacia la cámara al galope y saltando para una atropellada, antes que el caballo se detenga del todo. No cualquiera lo hace, y se trata de detalles importantes para la credibilidad de la puesta. Después, cada uno siguió su camino, y la obra se fue demorando en las islas de edición, sonido y copia final, que recién este año se ha logrado.

    Lo que al fin vemos, es prácticamente una pieza única, que los entendidos y el público general, sobre todo el que ha vivido en provincias, sabrán apreciar. Ambientada en los 50, lo que permite la presencia de algún auto, un ómnibus de entonces, en el que viaja la hija del patrón, y algunas prendas, la historia describe las andanzas de un muchachito en busca del asesino de su padre. No lo conoce, ni siquiera sabe quién fue. En sus averiguaciones irá desde algún lugar de toponimia guaraní hasta el pie de las sierras puelches y hallará por ahí trabajo, un viejo capataz que lo ha de querer como a un hijo, una solícita criatura que le clavará dulcemente los ojos, y un enemigo más alto y más fuerte que él. Es realmente creíble la pelea, y es muy fuerte la resolución. Fuerte, inesperada, muy bien representada y con una línea final que sólo Guarany podía decir, con su manera tan musical y sentida de ir glosando los relatos.

    Además de Dumont, completan el elenco Roberto Vallejos, Florencia Otero, Luisa Calcumil, Emilio Bardi, María Laura Cali, Enrique Liporace y la recordada Carmen Vallejo (también para ella ésta fue su última película). Ellos, y hasta el último extra, todos exactos para esta historia campera. Otros tantos a favor son la dirección de arte del veterano Pepe Uría, la música del joven maestro Ivan Wyszogrod, nada menos, y la hermosa fotografía de Jorge Crespo, equiparable a la que hizo Juan Carlos Desanzo para "Juan Moreira", lo que es decir mucho y puede sostenerse. Rodaje en el sureste de San Luis, y en el impresionante Parque Nacional Las Quijadas.
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  • Ella se va
    Ella se va
    Ámbito Financiero
    Alegre vagabundeo de una regocijante Deneuve

    El título es bien claro. Ella se va. Ella, es una señora viuda bastante bien conservada, dueña de un pequeño restaurante de provincia, con leves problemas económicos, familiares y sentimentales. Leves, comparados con otro problema inmediato: es domingo, todo está cerrado y no tiene cigarrillos. Impulsada por una bronca se ha ido a tomar aire, y ahora recorre los pueblos en busca de un pucho.

    Así, como una cosa lleva a la otra, va por los campos de Francia, desde Bretaña hasta la Alta Saboya, se cruza con variedad de gente amable (y de la otra también, pero menos), despierta bien acompañada en un par de camas, se desvía en ayuda de una hija díscola y de paso hace amistad con su nieto, al que apenas conocía (como cabe imaginar, no es una relación inmediatamente buena), y en una de tantas vueltas se termina reencontrando con sus viejas compañeras del certamen de Miss Francia 1969. Ahí aparecen nada menos que Milene Demongeot, Valerie Lagrange y otras glorias bien conservadas, algunas de ellas auténticas participantes de aquel encuentro. Y en su casa había quedado otra gloria, la casi nonagenaria Claude Gensac, que hizo de esposa de Louis de Funes en por lo menos diez comedias, y que ahora actúa solo de sentada, pero no da ninguna lástima. Maliciosamente regocijante, la escena que tiene con Deneuve.

    Relato pequeño y agradable, disfruta la colaboración del guionista Jérome Tonnerre, veterano de muchos trabajos más exigentes con Lelouch, Yves Robert, Claude Sautet, Leconte, etcétera. Este lo hace de taquito. Por su lado, la directora Emmanuelle Bercot agrega dos buenos aportes: el marido Guillaume Schiffman, director de fotografía, y el chico que hace de nieto, Nemo Schiffman, que resultó candidato al Cesar como revelación masculina por esta película. Un poco larga, pero simpática.
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  • El crítico
    El crítico
    Ámbito Financiero
    Comedia inteligente que se ríe de los soberbios

    Buena sorpresa, la de esta comedia donde, entre otras, se aplica la feliz y prudente moraleja "Nunca digas 'de esta agua no he de beber'". El personaje protagónico es un neurótico amargado, crítico profesional de cine que piensa en francés, porque venera a la Nouvelle Vague, y se solaza en destrozar con graves epítetos las simples películas comerciales. En especial, las románticas. Su grupo selecto de colegas, y hasta los mozos del bar, lo festejan. El jefe de redacción, un tipo feliz, le pone límites. Pero él sigue firme. Hasta que algo pasa en su vida. Hasta ese momento, la única vez que lo vimos fugazmente excitado fue por una flaca que estaba exponiendo un aburrido galimatías de pretensiones teóricas. Pero de pronto se le aparece una extraña y hermosa mujer de otro palo, indiferente a sus gustos exquisitos. Y esta desconocida lo baja del pedestal y lo empuja a terreno también desconocido. ¿Cómo es que el sabelotodo se engancha? ¿Qué le pasa? ¿Se estará, torpemente, enamorando? ¿Le tocará sentir dentro de sí, como algo hermoso, esas debilidades humanas que considera cursis? ¡Qué dirán sus amigos!

    Comedia inteligente, "El crítico" se ríe de los soberbios, juega con los clichés, envuelve ese mundo con un toque de ambigüedad temporal (clave de ciertas películas de amor), y logra rápidamente la complicidad de toda clase de público, tanto el común que gusta de las románticas como el snob que las desprecia. Rafael Spregelburd hace que sigamos con piadosa simpatía los desvelos de su antipático personaje. Dolores Fonzi combina la esfinge inescrutable con la criatura vivaz y tentadora, siempre elegante, tipo Romy Schneider. Los acompañan, proveyendo subtramas necesarias, la flacucha Telma Crisanti, Ana Katz, e Ignacio Rogers como un joven director agraviado que prepara su venganza mientras escupe contra un grupito de opinólogos la mejor de las definiciones: "¡Ustedes no son directores frustrados! ¡Son críticos frustrados!".

    Autor, Hernán Guerschuny, codirector de la revista "Haciendo cine", que desde hace por lo menos veinte años conoce bien adentro el mundillo de la crítica. Sabe de lo que habla. Y sabe reír con altura. Su película vale la pena.
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  • Una dama en París
    Una dama en París
    Ámbito Financiero
    Bello film a la medida de Jeanne Moreau

    Es una enorme lástima que esta pequeña pieza sentimental, lindamente interpretada, se haya estrenado prácticamente sin difusión, para colmo en un día muy poco propicio. Jeanne Moreau está justa, en un personaje ideal para ella, gran dama del cine francés, y Laine MTMgi es una revelación en estos lares, una actriz en la madurez de su oficio, que maneja con fina sutileza, y que quién sabe si podremos verla alguna otra vuelta. Esta es la única película que hizo fuera de su país, Estonia.

    Lo mismo, el autor, Ilmar Raag. Es gente de su casa. Pero acá se hacía necesario salir al exterior. La anécdota parte de un episodio familiar. Años atrás, la madre de Raag quedó viuda y bajoneada. Alguien le propuso que vaya a cuidar a una connacional viejita, que vivía en Paris. Volvió cambiada, hecha casi una lady. ¿Qué habría pasado? Aquí el autor imagina la posible evolución de una estoniana en esas circunstancias. Una señora de mediana edad, llevada a cuidar a una vieja con cierto estilo. Pero con un tremendo carácter, odiosa full time. Y ya tan alejada de su tierra, que ni se molesta en recordar el idioma (buena justificación para poner a doña Moreau encabezando el reparto).

    Lo que viene a partir de ahí, ya puede imaginarse: fuerza, aceptación, paciencia, insistencia, lento acercamiento, hasta que la odiosa y su empleada terminen paseando del brazo por Paris, y el público sonría satisfecho, habiendo accedido, de paso, a ciertas apreciaciones sobre dolores y rencores de la emigración, historia europea, tratamiento de la tercera edad, casi cuarta, y revitalización femenina, dentro de lo que cabe. Lo dicho, una pequeña pieza sentimental, que merecía mejor estreno.
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  • Gato negro
    Gato negro
    Ámbito Financiero
    Irregular pero atractivo elogio de los “malos”

    Gastón Gallo, reconocido artista de grandes espectáculos pirotécnicos, vencedor de las principales competencias del mundo en la materia, quiso ampliar sus horizontes y los del cine argentino con una película "que alumbre la bondad de los malos", según sus palabras, a través de la historia de un tipo cualquiera, que empezó mal en la vida, luego se fue encauzando como vendedor para salir de pobre, entendió que trabajando honradamente se hace más difícil llegar a rico, llegó a rico, pero siempre hay alguno que quedó abajo y lo odia por eso. El también odiaba todo, cuando chico.

    Quizá los momentos más objetables de la película sean, precisamente, los referidos a la infancia en Tucumán y Buenos Aires allá por 1956. Estiran el comienzo, provocan rechazo hacia el personaje -un pibe resentido, respondón y dañino-, son un gasto enorme, y hubieran podido reducirse, o incorporarse como flashbacks del segundo capítulo. Cuando éste al fin llega, y tras algunas vueltas el personaje se asume como un joven buscavidas en un conventillo de malandras y quiere salir más o menos por derecha, la historia empieza a caminar y logra llevarnos, cada vez más ligero.

    El ascenso comercial y social de quien hasta entonces fuera el Tito Pereyra, y pasa a ser el dueño de Tito Pereyra SA, el modo tramposo en que hace sus primeros negocios fuertes, enseñado por dos pícaros comerciantes, la cancha para intercambiar más adelante, con los militares, un favor por otro (nada menos que la vida de una joven de Acción Católica, "buena, lo que pasa es que es un poco solidaria"), la pulseada con los sospechosos directivos de la Aduana, ya en democracia, los acuerdos con los chinos, la presión a la justicia apelando a viejos métodos, en fin, todo eso es atractivo y está contado con nervio y buen poder de síntesis.

    Paralelamente, corren otras dos historias. Una es la familiar, con el odio hacia los padres, la paciencia del hermano, la mediana cordura y la reconciliación que trae el tiempo. Esa también se plantea mal, pero va mejorando cada vez que reaparece. Y la otra, es la historia con El Familiar, temible monstruo de los ingenios tucumanos, que es donde empieza todo, y donde la Salamanca promete y cumple, pero también cobra. Nadie se puede quedar tranquilo sabiendo que un día habrá de pagarle.

    La película es irregular, ambiciosa, excedida, con varios defectos que incomodan al espectador, pero también se hace atractiva, y hacia el final también atrapante, con destacable esfuerzo de ambientación, y un amplio elenco haciendo caracteres vivaces, creíbles, para pintar además un costado poco visto de nuestra historia, sin caer en maniqueísmos. Evoca a veces el espíritu de otro realizador tucumano, Gerardo Vallejo, y lo hace bien, con un paso adelante en algunas cosas.
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  • Río 2
    Río 2
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    Fiesta carioca con aire Broadway

    Volvió a la pantalla la parejita de ararinhas azules, acá rebautizadas como guacamayos, él siempre pegado a las herramientas y comodidades de la civilización, ella muy cambiada, dulcificada (se nota que el matrimonio le hizo bien), pero siempre inclinada a la vida salvaje.

    Ya tienen tres hijos, y está en discusión la vida que han de llevar. Justo ahí, una noticia parece decidirlos. Como sabemos, se los consideraba casi únicos en su especie. Pero ahora la parejita de humanos (la chica de Minnesota y el ornitólogo carioca) ha encontrado evidencias de más guacamayos azules en una zona perdida del Amazonas.

    Pues bien, allá va nuestra familia. Allá van también el canario y el cardenal, buscando nuevas voces y talentos para el espectáculo. Allá están los buenos, soñando convertir esa zona en un santuario de aves. Pero también va el peligroso dueño de una empresa de desmonte, para quien lo del santuario suena sacrílego. Y encima se agrega el vanidoso y "shakespeárico" cacatúo australiano, ansioso de venganza. Lo acompañan una rana venenosa y un oso hormiguero bailarin de tap. ¿Más peligros? Si: los mosquitos, las víboras, un suegro y un competidor canchero.

    Quien no sufre peligro alguno, es Carlos Saldanha, el director de estas películas. Si alguien le dijo que las segundas partes nunca son buenas, él demuestra lo contrario. "Rio 2" no tiene las sorpresas ni el encanto de la primera, pero tiene igual simpatía, humorismo, ingenio, colorido y riqueza musical.

    Claro, se trata de música brasileña a la norteamericana, y los grandes números coreográficos parecen una especie de sambódromo a lo Busby Berkeley, pero suena lindo, y los números tienen todo el despliegue de un Año Nuevo en la playa de Río, un festejo en la selva, o un final "por toda la compañía".

    Amén de un número a lo musical de Broadway a cargo de la ranita, y otra sorpresa a cargo del cacatúo. Y un partido de fútbol en el aire, una batalla campal contra los depredadores humanos, digna de algún cuento de Horacio Quiroga, y otras atracciones.

    Cabeza de animación, Joseph Antonuccio, el mismo de la primera. Argumento inicial, Don Rhymer, a cuya memoria está dedicada esta película. La anterior estaba dedicada a la madre de Saldanha.
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  • Betibú
    Betibú
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    Entretenida intriga en un country

    Ana y Miguel Cohan, también director, escribieron en 2010 un buen relato de planteo ético, "Sin retorno", centrado en el peso de acusaciones falsas o merecidas, según se mire. Ahora escribieron, y él vuelve a dirigir, una interesante adaptación de la novela de Claudia Piñeiro "Betibú, donde tres investigadores buscan las verdaderas causas de una muerte y descubren, entre otras cosas, algunos planteos muy actuales sobre los alcances de la justicia sin testigos, sea por mano propia o por encargo. El relato sabe atrapar al espectador, lo obliga a estar atento, teclea sólo en el mismo lugar donde también lo hace la novela, y deja pensando.

    La intriga empieza en un country. Tiempo atrás una de sus habitantes apareció muerta. Siempre se sospechó del marido. Ahora él aparece muerto. ¿Alguien se tomó venganza, se vengó de otro daño, o fue sólo torpeza de unos rateritos, como dice la versión oficial en trámite? La inspección periodística descubre un marco vacío. Acaso alguien se robó la foto. ¿Qué foto? ¿Cuándo? ¿Por qué? A partir de allí, más noticias de muertes dudosas, y, como pasa cada vez que la verdad está peligrosamente cerca, empezamos a temer por la suerte de los investigadores.

    Hay un trío de investigadores, otro de amigas, otro de cómplices de ya sabremos quién. Y se repite tres veces el verbo de la canción de Benny Goodman que da comienzo al relato: "Sing, sing, sing". Y hay varias parejas de perros, entendido esto en un sentido amplio. Muy graciosas, las dos escenas con perros de veras, aunque acá hay menos humor que en la novela. Sólo unas rápidas pinceladas, como los guardias que de pronto quedan del lado de afuera de la barrera, o el comisario que saca de la biblioteca del muerto un libro a título de (imposible) regalo postmortem, y ahí nomás lo hace autografiar por su autora, que estaba "de visita".

    Los diálogos, incluso, parecen menos agudos, pero tienen un elogiable manejo de la síntesis. Por ejemplo, el siguiente de apenas dos líneas. El tipo, directivo español que la va de langa: "¿Te acuerdas lo bien que lo pasábamos nosotros?". La mina, tras echarle brevemente una mirada de irónico desprecio: "¿Y cómo está tu mujer?" Suficiente para entender toda una historia entre ellos dos. Otras partes, en cambio, requieren mayor atención. Este es uno de esos policiales que después uno quiere rever en su casa, para apreciar mejor el entramado, o humillar a otro espectador que no terminó de entenderlo. Pero es bastante claro, y, dicho sea de paso, ya que estamos, también tiene que ver con los sentimientos de humillación y vanagloria.

    Intérpretes principales, Mercedes Morán, Daniel Fanego, Alberto Ammann (años trabajando en España y todavía le asoma cada tanto el tonito cordobés). Soportes destacados, dentro de un largo elenco, Lito Cruz en plan de Malevo simpático, Osmar Núñez, José Coronado, y en especial Norman Briski, que desliza una curiosa sospecha: los descensos de River, Palmeiras e Independiente fueron provocados como parte de una operación inmobiliaria. Bueno, acá alguien tiene una hermosa oficina con vista al Monumental, pero no se distraiga el espectador con este dato. Productores principales, Haddock, Telefé, y la española Tornasol, el trío de "Las viudas de los jueves" (también sobre novela de Claudia Piñeiro), "Sin retorno", "Tesis sobre un homicidio".

    Asunto lateral, pero regocijante para veteranos de la investigación periodística: la primacía de los archivos de papel, e incluso los de U-matic, sobre las informaciones bajadas de Internet, que pueden "reeditarse" fácilmente. Asunto mucho más lateral, en el que algunos pondrán un acento distractivo: la compra de una editorial de autoayuda por parte de un diario de capitales extranjeros. Intriga sin resolver ¿por qué ciertos personajes tienen apellidos tradicionales, como Chazarreta, Echagüe, Bengochea, Saravia, y hasta hay un establecimiento educativo Urquiza?
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  • Fabricantes de mundos
    Fabricantes de mundos
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    Registros de una antigua vocación

    Néstor Mancini vuelve por última vez a su pueblo natal, ya ciudad, con la intención de dirigir un nuevo grupo de teatro vocacional. Pero quizás sea de esos que todos los años vuelven por última vez, y lo seguirán haciendo, porque la llama de la vocación artística nunca se apaga, y el amor al terruño y a sus gentes de lindas ilusiones y posibles talentos sea siempre más fuerte que la necesidad de descanso. Uno vive para eso, y vive, sobre todo, en esos momentos.

    Así lo deja entender este agradable registro documental que sigue al protagonista y cada tanto lo abandona para escuchar a sus alumnos. Está el muchacho que una vez por semana falta a la nocturna para ir al ensayo, el hombre de campo que tres veces por día se queda en Saladillo para participar en los ensayos del coro y del teatro, la muchacha que sueña con instalarse en Buenos Aires, que queda a menos de dos horas de viaje en combi (la única, porque todo el resto sueña con tener nietos y envejecer en su querido pueblo). También están las teatristas de otros tiempos, cuando había que escaparse al ensayo por los fondos para que el padre no se diera cuenta. Y el álbum de fotos y programas, el dueño de la vieja sala de cine-teatro, la fascinación que provocaba la llegada del circo y la inmediata amistad de los chicos del barrio con los hijos de los cirqueros, la huella de los grupos vocacionales de inmigrantes, la expectativa de una nueva obra.

    Mancini transitó todo eso, fue además actor de fotonovelas, cine y televisión, conductor de grupos como "Elías Alippi", Taller de Teatro Contemporáneo y "La Escalera", maestro. Son 60 años de labor y de entusiasmos, los que acá se registran. Y habrá que hablar de 62, porque el material se grabó entre 2010 y 2012 y el hombre sigue. Diego Braude, especializado en registros de actividades teatrales, hizo este documental. Más que biografía, un retrato, una pintura de gentes de corazón abierto y entusiasmo compartido, una obra sencilla que despierta ternura, ilusiones y buenos recuerdos (se presenta sólo los jueves en el Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543).
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  • Algunos días sin música
    Algunos días sin música
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    Agradables viñetas de ritos de pasaje

    Después del delicioso "Road July", de Gaspar Gómez, con la nena Federica Cafferata (toda una revelación) que se estrenó el año pasado tras larga espera, se estrena ahora, simultáneamente acá y en su provincia, un nuevo film mendocino sobre niños. De similar simpatía y humildad de espíritu, lo que es un mérito, pero también de menor nivel actoral, desarrollo más disperso y mayor riesgo, esto último debido a su intención abarcativa: se trata de pintar cómo evolucionan tres chicos de grados superiores frente a temas tan complejos como la muerte, la culpa, la responsabilidad que acompaña el cumplimiento de cualquier propósito, la conciencia de las propias limitaciones, la crueldad de otros niños, la mente de los mayores, los sentimientos de amistad y la sensación de enamoramiento.

    Todo eso, amén del paso del pensamiento mágico al pensamiento lógico, dentro de lo posible ya que son chicos, en fin, todo eso, en apenas unos pocos días de melancólico vagabundeo debido a la suspensión de las clases. No por huelga, sino por la inesperada muerte de la profesora de música. De qué modo ocurrió, y por culpa de quiénes, eso no lo diremos. Dejemos que estos atorrantes que charlan mientras los demás cantan el Himno Nacional se sientan culpables, al menos por algunos días. Ya vendrá luego el alivio, un poquito de crecimiento, la afirmación de la amistad. El desenlace también es agradable.

    Dato risueño, el título de rodaje de esta película era "Adiós, mundo cruel", como cantaba Enrique Guzmán a comienzos de los 60, mucho antes de que el director naciera. Matías Rojo, se llama el director, y ésta es su primera película. Jerónimo Escoriaza, Emilio Lacerna y Tomás E. Araya, los tres niños amigos. Luján de Cuyo, Las Heras, Guaymallén y Godoy Cruz, las locaciones registradas por Máximo Becci, que también fue director de fotografía de "Road July". Productoras, Zeco Darte, de Brasil, que puso el sonido, y sobre todo Cinematres ("Buenos Aires 100 kilómetros", sobre chicos de igual edad pero de San Andrés de Giles). En resumen: una pieza chiquita, imperfecta, pero singular, bastante tierna, con algo para decir. Y lo dice en mendocino.

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  • Tan cerca como pueda
    Tan cerca como pueda
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    Serie de situaciones hilvanadas provisoriamente

    Si nos atenemos a ese refrán que dice "bien está lo que bien acaba", podríamos decir que esta película está bastante bien, porque termina con una linda fiestita familiar, tierna y agradable, donde el protagonista al fin sonríe contento de veras, y todo cierra con una hermosa imagen de un bebé en el regazo de una dulce anciana. Que no tiene que ver con nada, porque a la mujer es la primera vez que la vemos y no sabemos ni qué parentesco luce ni qué pito tocaba, así que mejor dejemos el refrán para otra clase de situaciones.

    Lo que hemos visto hasta ahí, es bastante flojo. Una serie de situaciones que el autor hilvana provisoriamente y deja sólo en hilván, donde parece que alguien trabaja en algo relacionado con la construcción, pero realmente no lo vemos trabajando, y la ex lo llama reclamándole plata para los chicos porque "ya estamos a 20", y como dos veces escuchamos lo mismo podemos suponer que ya pasó un mes, o que el tipo se masoquea oyendo el mismo reclamo, quién sabe.

    Lo que se sabe, es sólo porque lo dice la gacetilla: el hombre vuelve a su pueblo, es un fracasado, pero la hermana lo elige como el padrino de su chiquito. Si no fuera por la gacetilla entenderíamos menos. El resto incluye escenas de un sobrino haciendo un par de changas y luego jugando a los naipes, otra con un tipo interesante, habilidoso, animoso, pero desaprovechado, una masajista de veras, unas niñas de jardín bailando para algún número, una reunión religiosa donde alguien pone el casete de un predicador electrónico, un paseo hasta un arroyo con lindo arenal para pasar la tarde, y otras cosas sueltas, de donde emerge, casi al final, una linda rubia que se lleva al tipo a su casa, le habla en susurros y le ceba un mate frío.

    Esto último no se entiende muy bien, pero debe ser un problema de puesta en escena. Todo acá diálogos, situaciones, relación de una cosa con otra- parece improvisado sobre la marcha, y el tipo marcha con la cámara siguiéndolo de cerca, que quizás a eso se refiere el título. Eso es todo. Autor, debutante, Eduardo Crespo, habitual editor, cámara y operador de HD, y colaborador general de las películas de Santiago Loza y sus paisanos Ivan Fund y Maximiliano Schonfeld, que aquí lo secundan. Rodaje en Crespo, antigua Capital Nacional de la Avicultura, hoy apenas conocida como ciudad natal del gringo Gabriel Heinze.
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  • Condenados
    Condenados
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    Contenida evocación de hechos atroces

    Las historias que aquí se cuentan están basadas en hechos verídicos, sufridos por el propio autor, Carlos Martínez, el músico Héctor Vilche, y otros responsables de la producción, todos ellos sobrevivientes de los llamados Pabellones de la Muerte de la Unidad Penal 9 de La Plata. En el Uno estaban los montoneros, en el Dos los del Erp. Entre estos últimos, los civiles ya juzgados bajo el gobierno peronista por el asalto a Sanidad en 1973 y otras causas. Es decir, presos legales. A los que se sumarían unos cuantos más a partir de 1976.

    También se restarían unos cuantos, a partir de ese año, mediante torturas, fusilamientos, simulacros de fuga y permisos de salida seguidos de "desaparición" en la vía pública. Y de algo peor: el secuestro y desaparición de familiares "sospechosos" de hacer campaña internacional por sus parientes presos (a uno de ellos, Elizalde Leal, le mataron la madre, la esposa y los dos hermanos). Pero la campaña igual tuvo sus frutos, cuando "The New York Times" y "Le Monde" publicaron listas completas de detenidos, y la OEA se vio obligada a interceder, salvando así la vida de unos cuantos.

    La película refiere todo esto, ambientándolo en el propio lugar de los hechos (hoy Pabellón Universitario, para presos que estudian). Detalle curioso, el tono general no es truculento, como pudiera temerse, sino más bien discreto, contenido, tipo docudrama de los 70, como para que el público general, incluso escolar, pueda soportar lo que allí se muestra. La idea es respetable, aunque deja afuera la posibilidad de escenificar algunos episodios seguramente muy cinematográficos, como el que protagonizó el propio Martínez, que, según cuentan, una noche recibió tres balazos a quemarropa (cuello, cabeza y estómago) y siguió tranquilo, causando tal asombro en los fusiladores que ellos mismos terminaron llevándolo al Fernández.

    La obra tampoco exalta a ningún sector, ni cae en agregados de actualidad política, ni siquiera en el desenlace, cuando vemos el registro documental de la condena a cadena perpetua para el jefe de la Unidad Penitenciaria de aquella época y dos de los torturadores, en un juicio donde también recibieron condena otros doce acusados (y uno de ellos, de anteojos oscuros, entra al juzgado haciendo la V de la victoria).

    En la representación de los años 76 a 79, participaron Alicia Zanca, también directora de actores, Ingrid Pelicori, Horacio Roca, Raúl Rizzo, Horacio Peña, Enrique Dumont, Diego Spíndola, Facundo Espinosa, Guido Massri, Nicolás Pauls, y largo elenco. También, en carácter de extras, varios presos comunes que hoy habitan el lugar con menos preocupaciones que sus antecesores.
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  • Lo mejor de nuestras vidas
    Lo mejor de nuestras vidas
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    Sólo simpático “puzzle” chino

    El título "Lo mejor de nuestras vidas" ya se aplicó aquí, en 2007, a la exquisita "Fauteuils d' orchestre", de Daniele Thompson, donde Cécile De France era una mesera de provincia fascinada por el vecino Theatre des Champs Elysées y sus artistas. Con uno muy parecido, "Lo mejor de nuestra vida", se estrenó entre nosotros en 1947 el gran film de William Wyler sobre tres veteranos de guerra que vuelven a sus respectivos hogares, uno de ellos con dos ganchos en vez de manos. Basado en la novela de MacKinlay Kantor "Best years of our lives", es natural que ahora la película se consiga en video como "Los mejores años de nuestras vidas". Menos comprensible es que algo llamado "Rompecabezas chino" se convierta en lo mejor de la vida de varias personas. Si así fuera, caramba, qué maravilloso será ese rompecabezas, o qué vida de miseria habrá tenido esa pobre gente.

    Pero sabemos que esa gente tuvo épocas de mucho disfrute juvenil en una pensión catalana y tiempo después en una gran fiesta de casamiento sobre un barco navegando por el Volga, y gozó también de otras cuantas excentricidades cosmopolitas con eje en París. Se trata de los personajes principales de "Piso compartido" (título original, "L' auberge espagnole"), que era muy simpática, y "Las muñecas rusas" ("Les poupées russes"), que ya era medio floja. Es decir, el carilindo e inmaduro Xavier Rousseau, estudiante de economía metido a escritor, y las tres mujeres de su corazón: Isabelle, Martine y Wendy. Que acá se juntan para hablar mal de él delante suyo, como diría algún machista menoscabado. Y bueno, él se lo buscó.

    Casado finalmente con Wendy, ahora debe afrontar la separación y la mudanza de ella con los hijos a Nueva York. Incapaz de soportar la lejanía, allá va nuestro antihéroe, sin habilidad para el inglés pero sí para meterse en enredos laborales, migratorios y matrimoniales. Ahí entran a tallar las amistades, una pareja lesbiana con inquietud maternal, una bonita chino-americana, el barrio entero de Chinatown, etc., todo pintado con ligereza, como haciendo apuntes rápidos, caricaturas a la pluma, medio a las apuradas pero con linda iluminación, lugares agradables para ver en foto, y rostros ya cercanos a los cuarenta pero bien cuidados. En suma, se pasa el rato y se sale con ganas de ver o rever la primera de la trilogía. Intérpretes, Romain Duris, Kelly Reilly, Cécile de France, Audrey Tautou, ahora también Li Jun Li), Sandrine Holt, y, palabra mayor en un rol menor, el realizador de "Adiós a la reina", Benoit Jacquot, como padre del protagonista. Autor de las tres comedias (la buena y las dos siguientes), Cédric Klapisch.
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  • Tarzán
    Tarzán
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    Tarzán revisionista en una animación no muy lograda

    He aquí, y por poco tiempo, una versión truchona y modernosa de la vieja historia a la que pocos se acercan. Esta vez el señor y la señora Greystoke mueren en un accidente de helicóptero mientras rastrean el lugar dond hace millones de años cayó un meteorito cuyo contenido podría aliviar notablemente los problemas energéticos del mundo. Sólo se salva el pequeño, que es criado por los gorilas, etcétera. Ya grande, se le aparece la confianzuda Jane Porter, rubia ecologista en malas compañías. En efecto, la acompaña un tal William Clayton, actual Ceo de la compañía Greystoke, lógicamente interesado en la buena fama del meteorito.

    Lo que pasa es previsible, de entretenimiento mediano, calidad técnica muy standard, acabado irregular y humor tedesco. Su responsable es el ya veterano Reinhard Klooss, hombre que empezó su carrera a comienzos de los 90 como guionista, productor y ocasional director de comedias familiares (alemanes de vacaciones por Italia, Mallorca, Ibiza) y aventuras para chicos, hasta recalar últimamente en la producción de dibujos animados de consumo interno, como "La isla maravillosa de Impy" o "Animals United" (título original, "Konferenz der Tiere"), cuyos bichos están dibujados a imitación de los de "Madagascar".

    Comparado con los anteriores, el "Tarzán" que hoy vemos significa un paso adelante, al menos en algunos aspectos. Por ejemplo, el personaje protagónico luce bastante bien hecho y tiene cierta plasticidad (está construido sobre los movimientos del figurín Kellan Lutz, uno de los plomazos de "Crepúsculo"). Y los paisajes selváticos están bastante bien. Pero otras figuras y otras partes resultan menos presentables. Y del guión mejor ni hablemos. La culpable es Jessica Postigo, también guionista de "Cazadores de sombras".

    Ya lo dijimos, una versión medio truchona. Digamos ahora, para compensar, algo bueno de Reinhard Klooss: él también produjo "Comedian Harmonist", fuerte drama de Joseph Vilsmaier sobre un sexteto que realmente existió y que fue muy popular a comienzos de los 30. Hasta que en 1934 alguien los miró feo: tres de los seis miembros del grupo eran judíos. Pero ésa es otra historia.
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  • Nacidos vivos
    Nacidos vivos
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    Registro de un drama extendido y eterno

    Corresponde aclararlo de entrada: este documental no se refiere a los casos de niños nacidos en cautiverio bajo el régimen militar, sino a otros casos mucho más extendidos y eternos: los de aquellos chicos que fueron dados en adopción ilegal con anuencia o por ignorancia o temor de sus madres, la mayoría de ellas pobres adolescentes, o adolescentes pobres, que es casi lo mismo. A veces les dicen que el bebé nació muerto, o que murió a las pocas horas, que "ellos" se encargan, que para qué quiere el cuerpito, y la infeliz se va sola, con la ropita que había preparado.

    Pasa sobre todo en provincias, como lo describe "Nordeste", de Juan Solanas. Pasa en muchas otras naciones también, como vimos recientemente en "Philomena", de Stephen Frears, o como señala Bertrand Tavernier en "Holy Lola", sobre los trámites de una pareja francesa para llevarse una criatura de Camboya. Las leyes de adopción, con todas sus vueltas y demoras disuasivas, también las hacen "ellos".

    La documentalista Alejandra Perdomo no se demora en denunciarlos. Las autoridades ya deberían conocerlos. Ella prefiere descubrirnos el trabajo quijotesco de una mujer que, casi desde la nada, está ayudando a mucha gente a conocer su verdadero origen y en algunos casos, si es posible, a conocer a su madre biológica. La mujer se llama Mercedes Yánez y está al frente de una dependencia mínima, sin mayor equipo ni presupuesto, desempeñando un trabajo detectivesco casi superior a sus fuerzas y sus posibilidades, pero aun así está al frente, y muchas veces logra resultados positivos. El lugar se llama Oficina de Derechos Humanos y desde hace 16 años funciona en el Registro Civil Central de la Ciudad de Buenos Aires. No da abasto, y no hay nada parecido en las provincias.

    La película muestra un poco de su labor, agrega explicaciones de especialistas reconocidas, se apoya en historias, a veces resueltas, muchas veces no, de diversas personas que buscan saber algo muy importante para ellas. Algo tal vez fundamental, que sólo unos pocos Estados avanzados consideran. Los otros suelen perder sus archivos, o mezquinarlos al interés ciudadano. Es cierto, Yánez no tiene el carisma ni el sentido del espectáculo que tenía Franco Bagnato con su programa dedicado al reencuentro de familiares ("Gente que busca gente", creación de Rosita Sueyro), pero su labor es cotidiana, firme, indeclinable. Al menos hasta que la jubilen. Lo que pase después, habrá que ver quiénes se encargan. Perdomo enciende el alerta con esta película, e impulsa a la coordinación de grupos interesados. En eso las redes sociales suelen ayudar en las búsquedas, y en el reclamo de leyes útiles, equipos, presupuestos, examen obligatorio de Adn para la parturienta y el bebé. Según cálculos, en Argentina hay más de tres millones de personas robadas y vendidas a poco de nacer.
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  • Inevitable
    Inevitable
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    Como de Borges, pero con lágrima y reproche

    Mario Diament, antes periodista, luego dramaturgo, tiene escasa participación cinematográfica. En 1977 colaboró en el guión del melancólico film "¿Qué es el otoño?", de David J. Kohon. En 2003 fue motivo del documental "Recóndita armonía", de Eduardo Montes Bradley (que se ocultó tras el seudónimo de Lupita Vélez, sólo reconocible por los viejos espectadores de cine). Eso era todo. Pero en 2013 Diament fue llevado al cine, no en una, sino en dos películas, ambas basadas en la misma pieza teatral: "Cita a ciegas".

    Protagonizada por Víctor Hugo Vieyra, dicha pieza disfrutó dos temporadas de éxito en el Cervantes, años 2005 y 2006. El año pasado la repusieron en el Colonial, con Gerardo Longo. Es una obra de reducido elenco, cuyos personajes, tristemente vinculados entre sí, charlan ocasionalmente con un viejo escritor ciego sentado en el banco de una plaza. El ciego ve lo que los demás no pueden, y a veces sugiere algún consejo fácil de dar, o juega con alguna excusa metafísica para soñar que un romance imposible se esté concretando en otra dimensión paralela. Pero en cierta ocasión alguien se toma demasiado de sus palabras, y varias cosas se desbarrancan.

    Las versiones cinematográficas se llaman "Puzzle", de Andrei Zinca, Rumania (con dinero de EE.UU., donde se estrenará como "Puzzle for a blind man"), e "Inevitable", del autor de "El niño de barro", Jorge Algora, coproducción hispano-argentina que se estrena hoy entre nosotros. En ambas, el ciego apoya las manos sobre el bastón igual que Borges. Sólo que en la rumana usa un moñito estilo Jorge Asís, y en ésta habla con la respiración entrecortada como Borges, pero con la voz todavía firme de Federico Luppi, que sale de su estilo habitual para componer mejor su personaje.

    El y Darío Grandinetti son los protagonistas. Antonella Costa, la antagonista que despierta la "inevitable" pasión de un señor casado, al que también vemos sentado en otra especie de banco (es gerente de inversiones). Hay algo de provocación y sexo. Pero las mejores actuaciones femeninas están a cargo de Mabel Rivera y Carolina Peleritti, de admirable caracterización como víctimas laterales del drama pasional. Muy buena, la escena sin palabras donde ambas se enfrentan a la desgracia. Escena elogiable, además, porque altera el tono uniforme de la representación. También altera un poquito la obra original, y lo hace para bien.

    Otros cambios, bastante menores, sólo afectan al precio de un cuadro y a la escalera mecánica de la estación Saint Michel de Paris, cambiada por la tristona y romántica rúa do Villar, de Santiago de Compostela. Se incluye además una reunión de directivos para lucimiento de Néstor Zacco en carácter de cruel financista y Carlos Kaspar como fusible en cargo intermedio. Los créditos finales juegan con la consoladora idea de una realidad alternativa. Se mantienen las referencias a "La educación sentimental", de Flaubert. Y se agradece a la familia Pallarols el bastón labrado que usa el ciego. A fin de cuentas, a Borges también le habían regalado uno.
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  • El pasado
    El pasado
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    Excelente drama con actuaciones notables

    Bastaría con decir que esta película es de Asghar Farhadi, el autor de "Nadir y Simin, una separación". Excelente observador de la naturaleza humana, de las complejidades de cualquier relación, observador también de la capacidad de comprensión, empatía y reflexión del público, puestista minucioso, enorme director de actores. Pero eso no basta. Ahora corresponde agregar que no sólo hace piezas buenas en terreno propio, sino también en tierra ajena.

    La mayoría del elenco es de origen iraní como él, eso es cierto, pero Berenice Bejo es franco-argentina y la nena Jeanne Jestin y la adolescente Pauline Burlet son francesas, él no sabe su idioma ni ellas entienden farsi, y sin embargo las dirigió de tal modo que las hace brillar en cada escena, y Bejo hasta se ganó el premio a mejor actriz en Cannes con esta película. Que encima tiene una fuerte carga emocional y unas cuantas vueltas argumentales.

    Empieza fácil, despacio, y de a poco, inexorablemente, se va complicando. Un hombre vuelve al país de su ex mujer, para cumplir con el pedido de divorcio. Están de acuerdo. Pero hay algo raro, porque en vez de reservarle un hotel ella lo lleva de nuevo a la casa que fuera de ambos. ¿Qué quiere mostrarle? No precisamente el paraíso, porque ella ya tiene otro y el hijo de ese otro es un chico realmente sacado, insoportable. ¿Por qué está así? La hija adolescente, la mayor, no quiere saber nada con los nuevos, y explica sus razones: el tipo sigue casado, su mujer sigue viva. Pero en coma. Por intento de divorcio. Al enterarse de los amoríos del marido. Esas son sus razones. Pero atención: cada uno de los otros también tiene las suyas, y si la mujer se enteró es porque alguien se lo dijo. ¿Con qué finalidad?

    Se dice que en el fracaso de una relación nunca hay un solo culpable. Y en esta historia cada uno de los adultos, o semiadultos, carga con sus responsabilidades. Farhadi no dicta sentencia, sólo muestra cómo funciona a veces el corazón humano. O parte del cerebro, digamos. El enredo dramático está bien hecho, aunque por ahí se estira un poquito con nuevos aportes (como en la anterior, cuando todo parece encarrilado, el personal en situación de dependencia suele agregar complicaciones). Caracteres y situaciones son realmente creíbles. Y las actuaciones son notables.

    Aparte de Bejo, en un papel algo antipático, se destacan particularmente el niño Elyes Aguis, debutante, y la chica Burlet. Los varones son Alí Mosaffa, en rol de recién llegado, y Tahar Rahim, el franco-iraní protagonista del drama carcelario "Un profeta". Y el director de fotografía es conocido nuestro: Mahmoud Kalari, ganador de Mar del Plata 1997 como realizador del lírico cuento de ancianos "La nube y el sol radiante", y frustrado director de "Danza con los sueños", coproducción argento-iraní que empezó a filmar aquí en 2001 con todo entusiasmo hasta que alguien le esfumó el argento. Pero ésa es otra historia.
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  • El gran hotel Budapest
    El gran hotel Budapest
    Ámbito Financiero
    Un Anderson light, pero entretenido

    Existe un Gran Hotel Budapest en la capital de Hungría, pero es un hotel boutique. El que acá vemos es enorme, construído en lo alto de una montaña. Sólo se llega por funicular. Claro, la fachada vista en plano general y los accesos son digitales. El inmenso hall de entrada, los viejos baños termales y otras partes se levantaron en los estudios Babelsberg. El resto se filmó en un hotel mediano, elegante pero familiar, y bastante accesible: el Börse, sito frente a la plaza en la bonita ciudad sajona de Gorlitz. Así es el cine.

    La trama autoriza un amplio despliegue de figuras (algunas en rápido cameo y otras en estrafalaria caracterización) y una ambientación en cuatro tiempos. Una joven se sienta frente a la tumba de un escritor, para leer "El Gran Hotel Budapest", su novela más famosa, a juzgar por los llaveros que la gente deja allí como tributo. El escritor cuenta cuál fue su fuente de inspiración. La fuente de inspiración en persona se aparece en el agua, lo invita a una cena y relata su historia. Ha sido el dueño del hotel y otras propiedades, hasta que el régimen comunista lo expropió y convirtió el lugar en un cascarón vacío, refaccionado al gusto soviético. Pero eso casi ni se menciona. Lo realmente importante y maravilloso (el cuarto tiempo evocado) es lo que él vivió allí mismo cuando joven. Surgen así las venturas y desventuras del conserje Gustave H, elegante picaflor de viejas ricas falsamente acusado, y su joven botones Zero Moustafá, un aprendiz feúcho, que hoy llamaríamos extracomunitario.

    Ese es el núcleo del asunto. Lo demás es envoltura, pátina de sucesivas relecturas que permitirán cerrar felizmente la película. O más o menos felizmente. Anderson desarrolla todo esto con habilidad y variedad de recursos (aunque el de los formatos distintos para cada época no parece haber sido tenido en cuenta en todos los mercados). El resultado es bastante superficial pero entretenido, con apenas algún desvío inútil en la trama (el capítulo del monasterio y la carrera en la nieve) y gustará, sin dudas, a los devotos de este autor.

    Otros espectadores disfrutarán reconociendo influencias no reconocidas: los trucos visuales, deliciosos y muy exigentes, de Karel Zeman en "Una invención diabólica", el humor visual cargado de nonsense de Richard Lester en "Flashman el heroico cobarde", las discusiones filosas e inoportunas al modo de Mel Brooks en "Las doce sillas" (cuando conserje y botones distinguen entre inmigrante y refugiado), las puertas de Ernst Lubitsch (no su discreción y su manejo de sobreentendidos, claves del famoso "toque Lubitsch"), etcétera. También pueden remitirse a una comedia verdaderamente aguda, ingeniosa y hasta sensual sobre la carrera de un joven camarero en aquella misma época: "Yo serví al rey de Inglaterra", del maestro checo Jiri Menzel, sobre novela de Bohumil Hrabal.

    Al respecto, Anderson dice haberse inspirado en relatos de Stefan Zweig. Debe ser un chiste, porque el humor de Zweig era escaso y amargo. Su famoso cuento sobre un botones, "La estrella sobre el bosque", es tristísimo. Sus historias, su autobiografía "El mundo de ayer", sobre la Europa que él añoraba antes de suicidarse por el avance del nazismo, son angustiantes. Acá sólo se advierte el recurso del escritor que transcribe una confesión personal, como en "Amok". El resto, si existe, está americanizado, es alegre y superficial. Light, acorde a la época actual.
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  • El mejor de nosotros
    El mejor de nosotros
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    Cuando los quinieleros eran los villanos

    Atento a sus escarceos amorosos, un joven desatiende las reiteradas llamadas de su amigo, que le pide refugio en la noche. Al día siguiente le avisan que el infeliz ha sido muerto por la policía, supuestamente mientras intentaba robar un auto. La novia del infortunado sospecha de los demás amigos. Eran un viejo grupo: Adrián, que busca trabajo, Gustavo, que trabaja para el pesado del barrio, el Chino, mecánico también a las órdenes del referido sujeto, y Rafa, que ahora se llama Vanesa. "¿En qué trabajás?", le preguntan. "Underwear", responde, y parece más vivo que los otros. Por lo pronto, ya le compró el departamento a la vieja.

    En la lista de gente poco confiable cabe agregar una chica linda pero vueltera, un tío mal bicho, una Vanessa con dos eses y cobro por turno adelantado pero de buen corazón, si hemos de creerle, la referida novia viuda, el bebé que lleva en la panza pero no por mucho tiempo, el mafioso, sus adjuntos, que de chicos nunca tomaron la sopa pero igual son peligrosos, y dos viejos que vieron algo pero no quieren soltar prenda. La policía no cuenta, ni aparece.

    Tal es el planteo, versión libre y tucumana de la novela "Lanús", de Sergio Olguín. Amistades puestas a prueba, muchachos de estos tiempos, el asunto puede interesar. Lo benefician la problemática (que también toca el aborto como algo casi naturalmente aceptado), la fotografía en blanco y negro, la ambientación en Monteros y cercanías. Lo afectan la irregular calidad del elenco, algunos puntos sueltos del argumento, y cierta desactualización: el pesado es apenas un quinielero dueño de un desarmadero. En estos tiempos, frente a narcos y barrabravas, un quinielero es casi un angelito. Como sea, Rolo Andrada lo interpreta debidamente.

    A destacar, también, Joaquín Ferrucci (el Gustavo), la soltura de Claudinna Rukone como el Rafa Vanesa, y la breve participación de Alvaro Teruel, el más joven de Los Nocheros, como el amigo que pudo ser el mejor de todos, pero no lo dejaron.

    Realizador, Jorge Rocca, productor de Subiela, Mignogna, Alejandra y otros buenos, y director de un drama lejano y terrible, "Patrón" (1995), sobre texto de Abelardo Castillo.
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  • La tercera orilla
    La tercera orilla
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    Tenso drama familiar con puesta minimalista

    Un exitoso médico de provincia, dueño de una estanzuela y socio de una clínica, mantiene dos hogares: el de la mujer con quien tuvo tres hijos, y el que formó con otra mujer, con la que tuvo uno más, un varón. Vive con ésta, en buena situación económica, y visita y alimenta a la anterior. Digamos, casa con piscina en un hogar, pelopincho para los demás. También plasma y demás necesidades, pero vive con la otra.

    La historia se centra en el primogénito. El médico lo quiere, estimula su papel de hijo mayor, lo introduce al mundo del trabajo y de las responsabilidades del hombre de mando. También lo introduce a un puticlub, en una escena que termina siendo inverosímil por la actitud del chico y de la hetaira que lo comprende. El pibe es un varoncito, no tiene novia ni valor para matar un chancho pero enfrenta a cualquiera en defensa de su pequeño hermanastro. Pero tampoco tiene onda con el padre, ni sabe cómo enfrentarlo si algo no le gusta.

    Por ahí va la película. Se la puede ver siguiendo el discurso habitual contra el machismo, la hipocresía pueblerina, el peso del mandato paterno, etc. Pero no está prohibido ponerse a favor del padre, sobre todo ante la reacción filial, simbólica y dañina. O medianamente a favor de la madre, que depende de ambos varones y arriesga quedarse sin sostén alguno. El pibe también arriesga. Lo que grita entusiasmado (la única vez que lo vemos entusiasmado) en un baile, "y me abracé al dolor / y lo dejé todo por esta soledad", puede hacérsele realidad en plena y egoísta inmadurez. Todo depende.

    Celina Murga asume otro riesgo, artísticamente difícil: sugiere caracteres y conflictos a través de mínimos detalles, de leves expresiones que hacen percibir un estado mental de fastidio y rencor, algo latente, sin explicitar, ni explicar, casi nada, reservando el estallido para el final. Coherente con su elección, la desarrolla con buena mano. Gustará a quienes quieran apreciar eso que ciertas corrientes llaman rigor estilístico, y otras llaman simplemente "desinterés por el público", pero es imposible negar que tiene buena mano.

    Para descubrir, en la banda sonora, unos muy breves compases de viejas grabaciones de "El aeroplano" y el "Vals de los 15". Y en la pantalla, el destacable trabajo de Daniel Veronese como el padre. Aunque parezca mentira, el cine nunca hasta ahora lo había convocado.
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  • Ella
    Ella
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    “Her”: no es bueno que el hombre se conecte solo

    Alguna gente habla con las plantas. Otra, con el auto. Hasta le pone nombre y le atribuye estados de ánimo. Luego está el que le susurra al poster de una modelo, enloquece por una muñeca inflable con un puñado de frases en un disquito, o, más inocente, se envicia con ciertos videojuegos solo por escuchar una voz femenina que le instruye y lo alienta a seguir participando.

    Marco Ferreri contó en "I love you" el drama de uno que se compró un llavero con la imagen de una linda japonesita. El silbaba y ella respondía "I love you". ¡El tipo se enamoró! Pero se dio un tortazo en la moto, se rompió un diente y no pudo silbar más. Y encima la chica pasó a decirle cosas lindas a cualquier otro silbador que se le acercaba.

    El de "Her" tiene algo más que un llavero. El interpreta bien lo que sus clientes no saben cómo decir. Los entiende. Lo que no entiende es cómo manejarse con las mujeres. Su matrimonio fracasó. Se siente solo, mal. Hasta que instala un maravilloso sistema operativo de última generación programado para escucharlo, entenderlo, acompañarlo, dialogar amablemente, etc.

    Si, también Hal, memorable supercomputadora de "2001", era capaz de entender al viajero espacial y dialogar con él amablemente, pero tenía voz de robot, y malos hábitos. El sistema que se instala este tipo es otra cosa, un chiche, una geisha, se llama Samantha y habla con voz suave, sedosa, sensual, cariñosa. Un peligro. Y el pobre cae, gozosamente, en el peligro (la voz pertenece a Scarlett Johansson, preciosa, y por ahí también ronronea Kristen Wiig).

    Buena reflexión sobre la soledad humana, los sentimientos más delicados, la dependencia de la tecnología, la ilusión del amor virtual. Sensible retrato de un infeliz demasiado sensible. Inquietante advertencia sobre lo fácil que resulta meter la pata en materia de amores, cuando uno necesita sentirse enamorado.

    Irónica observación sobre nuestra creciente incomunicación real, recluidos en la comodidad de otro tipo de comunicaciones, dependientes y amantes de la tecnología. Eso, y otras cuantas cositas más, es la historia que aquí se cuenta. Un poco despacio y con final discutible para los técnicos de la cibernética, pero bastante original, incisiva, sugerente.

    El autor, Spike Jonze, provoca la sonrisa y la inquietud del espectador. E impulsa a releer a Isaac Asimov, Phillip Dick, Ray Bradbury, que habían anticipado algo de lo que él acá nos pinta. Y el protagonista Joaquin Phoenix, exigido, excelente, provoca simpatía, piedad, pena, dolor, tristeza, y otra vez simpatía. Y se pone a la altura de López Vázquez en "No es bueno que el hombre esté solo", o de Michel Piccoli en "De tamaño natural", grandes intérpretes de pequeños y patéticos infelices que buscaron una compañía artificial para sus males.

    A señalar, también, la dirección de arte de Austin Gorg, y la pancita de May Lindstrom, frente a la cual parece increíble que alguien prefiera una opción inasible y virtual. La historia transcurre en un futuro próximo, no muy lejano. Según especialistas y entusiastas, ya hay programas bastante similares al que imagina la película. Y clientes.
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  • Tras la puerta
    Tras la puerta
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    La Hungría gris en impecable rostro

    Con 75 años a sus espaldas e ilustrando una novela de la famosa Magda Szabó, reaparece el maestro István Szabó (ningún parentesco entre ambos), de "Mefisto", "Coronel Redl", "Encuentro con Venus", "Sunshine, el amanecer de un siglo" y otras joyas. Reaparece, y vuelve a tocar el corazón de su público.

    Reconozcamos que ya no enteramente es el de antes. Perdió un poco la mano y en algunas partes la película le sale un tanto forzada, defecto acá agravado por un doblaje anodino al inglés (y en otros mercados, por un doblaje al alemán). Pero aún así, con esas contras y limitaciones, el hombre vuelve a tocar el corazón.

    La obra cuenta sencillamente la conflictiva y a la vez afectuosa relación entre una joven señora, de profesión novelista, y la señora de la limpieza, de pocas letras y pocas pulgas pero más ducha en ciertas profundidades de la vida. Eso, simplemente "porque nada enseña tanto/ como el sufrir y el llorar", como decía el "Martin Fierro". Solo que esta mujer, demasiado orgullosa, no llora. Quizá lloró tanto cuando niña, que se hizo fuerte y ahora mira a los demás por encima del hombro. O no llora en público pero sí detrás de la puerta de su pieza, a la que nadie puede entrar. La novelista recibe el mayor premio que su país brinda a un intelectual, y aún así no sabe cómo tratarla. En el fondo, lo que se plantea concretamente es cómo entender y querer a otra persona, y que ese cariño se manifieste de modo concreto y oportuno.

    Helen Mirren es la mujer envejecida, urticante y admirable aún en sus gestos antipáticos. La linda munichense Martina Gedeck ("La vida de los otros") es la joven señora que debe aprender algunas cosas, y ponerle también límites a la gente que quiere. Son actrices excelentes, en papeles que alternan la extrañeza con el humor, la vergüenza, el espanto y el consuelo. Interpretan un asunto universal. Que en este caso transcurre en Budapest entre los '60 (fin de la ocupación soviética) y 1975, según se lee en un grabado de madera en la última escena. Lo cual nos permite apreciar no solo dos caracteres y varios sentimientos fuertes, sino también un trasfondo tácito pero evidente: el de la Hungría comunista de la "sociedad sin clases", con iglesias vacías, comentarios discretos aún dentro del hogar, vida privada sin dominio total de los bienes, tranquila pero sujeta a la simpatía de las autoridades, etc.

    Magda Szabó cumplió en esa época una resistencia callada. A diferencia de su personaje, el mismo día que le dieron un premio se lo sacaron. Se desquitó a fuerza de talento, y de traductores para el exterior. Luego, en 2003, escribió "Tras la puerta", ya sin rencores y con la sabiduría de los años (hay edición en español, como "La puerta"). Veinte años menor, István Szabó también sufrió lo suyo, y dedicó buena parte de su obra a pintar en detalle los conflictos de mucha gente que trata de entenderse con los otros aún a riesgo de ser mal comprendida. Lo hizo desde su primer film, "Mi padre", y lo hace ahora. También, dicho sea de paso, en ese notable "Taking Sides- Der Fall FurtwTMngler" que solo se vio en Mar del Plata 2001. Pequeña casualidad, entre el público de esa función estaba Helen Mirren, que había venido acompañando a su marido, el director Taylor Hackford.
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  • Luna en Leo
    Luna en Leo
    Ámbito Financiero
    Un español y una mujer pesada hablan y hablan

    Un español, de las nuevas camadas de inmigrantes, buen tipo, con experiencia de empleado bancario e ilusiones de ser periodista (por ahora escribe una Sección Horóscopos), se banca toda la noche a una mina sobradora, que la va de canchera, estilo mujer moderna. Él busca un corazoncito más o menos cercano al suyo. Ella parece que busca comprobar los límites de la paciencia humana.

    El fastidio incluye unos amigos aprovechadores, una mesera inoportuna, dos flacas agradecidas, una borracha estridente y otros seres inoportunos. Por suerte después las cosas cambian un poco y empiezan a mejorar. Como recordaba un viejo político argentino, "Todos los enfermos tienen cura, cinco minutos antes de la muerte". Traducido, todos los pacientes tienen recompensa, cinco minutos antes del final.

    Por su parte, la película incluye algun diálogo risueño, un viejo chiste atribuido a Calvin Coolidge, el Silencioso Cal de ejemplar paso por la Casa Blanca, evocaciones del viejo Chanquete que hacía don Antonio Ferrandis en "Verano azul", una graciosa descripción de Chewbacca ("es un señor de pelo en pecho"), lindas tomas de Buenos Aires nocturna y un tierno tema interpretado por Sophie Madelaine. Cosa rara, el protagonista es Ismael Serrano, pero no canta. Tampoco cantaba en la anterior historia romántica que hizo con el mismo director, la más arriesgada "El hombre que corría tras el viento", basada en su propio cuento "La dulce Carlota". Ahora, él y el director Juan Pablo Martínez prefirieron inspirarse en "Luke & Brie are on a first date", un film independiente, subgénero "mumblecore", de esas donde un reducido elenco bebe y habla pavadas desde que empieza hasta que termina. La verdad, sin mucho esfuerzo la que ahora vemos es mejorcita. Coprotagonista es la ascendente Carla Pandolfi, la Esmeralda de "Violetta" (donde también canta).
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  • En la casa
    En la casa
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    A veces es riesgoso conocer un desenlace

    "He escrito una obra sobre maestros y discípulos; sobre padres e hijos; sobre personas que ya han visto demasiado y personas que están aprendiendo a mirar. Una obra sobre el placer de asomarse a las vidas ajenas y sobre los riesgos de confundir la vida con la literatura. Una obra sobre los que eligen la última fila: aquella desde la que se ven todas las demás".

    Así definía el dramaturgo madrileño Juan Mayorga los asuntos de su pieza "El chico de la última fila", que entre nosotros adaptó y dirigió el veterano Leonardo Goloboff en buena puesta. Preciso, variado y prolífico, el realizador Francois Ozon hizo su propia adaptación, bastante libre y decididamente cinematográfica. Tercer éxito en su relación con el teatro, luego de las comedias "8 mujeres" y "Potiche". Solo que "En la casa" no es exactamente una comedia.

    Empieza el ciclo lectivo en una escuela secundaria de provincia. Empieza el fastidio anual para un profesor de literatura enfrentado a un lote de pelmazos uniformados y "desmotivados". Hasta que encuentra la redacción bien escrita, personal y algo maliciosa de un alumno. En un estilo algo morboso el pibe cuenta su visita a la casa de un compañero (y el olor de la madre de éste). Y termina su historia con un hipnótico "continuará. El profesor cae en la tentación y quiere saber cómo continúa.

    Así, refugiado en la excusa de unas redacciones escolares, el joven peligrosamente alentado se entromete cada vez más en la vida de ese hogar. Sus entregas reflejan espíritu voyeur, mirada cínica, humor ácido, una placentera (solo para él) manipulación a dos bandas: sobre la familia del compañero, y sobre el mismo profesor, que hasta empieza a verse incluido en la escritura, de una forma que puede comprometerlo más de la cuenta.

    El asunto empieza de modo claro. Se entremezclan de a poco realidad y fantasía. ¿Cuánto inventa, o "interpreta" y reelabora, el chico en sus escritos? ¿Cómo se desarrolla la relación con su lector privilegiado? ¿Y con la madre de su compañero? ¿Y cómo va incidiendo la mirada de la esposa del profesor, y las discusiones entre ambos? (ella maneja una galería de arte moderno). Sobre todo, ¿qué pasará con los involuntarios y bienintencionados conejillos de indias de una criatura talentosa y algo enferma que los ha tomado como fuente de inspiración?

    Buena mezcla de alusiones a la creación artística y críticas a la cultura, la educación, y las buenas o malas costumbres, la obra se va cargando hábilmente de intriga y suspenso, se vuelve un thriller psicológico un tanto incómodo, arriesga volcarse hacia el drama irremediable, consecuencia de la escritura irresponsable, aplica hábilmente sus vueltas de tuerca, revierte situaciones, deja pensando. Algunos se quedarán enganchados en el juego metaliterario y las parábolas sobre el proceso creativo. Otros se interesarán en cosas más concretas e inquietantes. François Ozon sabe cómo posar de inteligente con los snobs e intelectuales, satisfaciendo en primer lugar al gran público, que también es inteligente y gusta de los relatos refinados, entretenidos y con cierto trasfondo, como éste.

    Exacto como siempre, Fabrice Luchini en el papel de profesor. Figura inquietante, ideal para personajes de doble juego, Ernst Umhauer, un poquito estilo Helmut Berger adolescente. Denis Menochet y Bastien Ughetto, exactas pinturas de dos personas simples y bastante buenas, padre e hijo. Kristin Scott Thomas y Emmanuelle Seigner, respectivas esposas del profesor y del padre del amigo, no están mal. Ellas nunca están mal. Y Ozon es un excelente director de intérpretes.
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  • Mika, mi guerra de España
    Mika, mi guerra de España
    Ámbito Financiero
    Excelente documental con capitana republicana

    Durante la Guerra Civil Española, muchas mujeres lucharon codo a codo con los hombres del Ejército Republicano. Y una de ellas, pero solo una, llegó a convertirse en oficial al frente de las tropas. La capitana Mika Etchebehere. Odontóloga santafesina. Esta es su historia, y la del amor de su vida, el mecánico dental Hipólito Etchebehere, muerto al frente de los suyos apenas a un mes de comenzada la guerra. Juntos habían vivido las luchas por la Reforma Universitaria, el sueño anarquista, la amistad con José Ingenieros y Alfonsina Storni, la aventura de dentistas en la Patagonia, hasta Esquel y el Futalaufken, las simpatías troskistas, el viaje a Paris y Berlin, las indecisiones de la Internacional Socialista y la consecuente caída de la República de Weimar. Apenas empezó la guerra se integraron al Partido Obrero de Unificación Marxista, un grupo antiestalinista. Y salieron al frente de 150 hombres.

    "Me quedo aquí porque ésta es mi guerra", se dijo al quedar viuda, y enamorada para siempre de un recuerdo. Y se bancó lo peor, dando ejemplo de valentía y castidad, como ella misma lo dice: el sitio de Sigüenza bajo los bombardeos alemanes, la defensa de Madrid durante dos años terribles, la represión comunista del Poum, el fin de la 14° División del legendario Cipriano Mera, el exilio. Más adelante vendrían otras luchas, hasta la muerte en Paris a los 90 años.

    La película sigue las páginas de excelente prosa de su libro de memorias, que Cristina Banegas lee con voz apasionada, alternando con la propia Mika, tal como podemos verla en un par de reportajes, uno de ellos para Paolo Gobetti, ex partisano y periodista, creador del Archivio Nazionale Cinematografico della Resistenza. La abundante ilustración incluye fotos familiares, material del Archivo General de la Nación, Filmoteca Española, etc., y algunas recorridas por diversos lugares, bajo la guia del sobrino Arnold Etchebehere, que aporta sus comentarios. O, simplemente, nos acompaña a lugares que lo dicen todo con su sola existencia, como el Gedenkstatte der Sozialisten, el memorial de los socialistas, en el viejo cementerio de Friedrichsfelde, Berlin, donde, desde hace pocos años, también se ha levantado una lápida en honor de los izquierdistas muertos por el estalinismo. Quedan para el público la reflexión, la admiración y el íntimo dolor. La melancólica música de Alfonso Herrera Mora contribuye un poco a esto último.

    Autores, Fito Pochat ("Un tren a Pampa Blanca", sobre el tren sanitario) y Javier Olivera ("El visitante"), que además han impulsado la edición argentina del libro de memorias, con el prólogo que Julio Cortázar escribió especialmente para la primera edición de 1976 en Francia y España. En él, Cortázar define al libro como "bello, necesario y eficaz". Así también es este documental.

    Vale la pena saber también lo siguiente. El escritor conoció a Mika cuando él era un simple viajero, y ella lo ayudó dándole unos trabajos como traductor. Los directores conocieron el libro en el 2007, cuando alguien les reveló que son los sobrinos nietos de Mika e Hipólito. En toda la película esto ni se menciona. Mérito destacable, frente a tantos que en circunstancias similares aprovecharían a hablar de sí mismos (una moda actual). Aún más, ella fue cuñada de Alberto Etchebehere, histórico director de fotografía a quien, entre otras cosas, se debe la invención del subtitulado. Y pariente politica de Héctor Olivera, autor de aquel gran elogio del anarcosindicalismo llamado "La Patagonia rebelde" (y que también ignoraba el parentesco). Diseño del afiche y los títulos, bien estilo años '30, Martín Lehmann.
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  • Tinker Bell: Hadas y Piratas
    Una Campanita agotada

    Buena noticia para los tradicionalistas: ésta es la última película de la serie Tinker Bell, que en viejos tiempos llamábamos Campanita. Al menos, la empresa dijo que iba a hacer cinco, y acá estamos frente a la quinta, sin contar juegos y videos. De todos modos, si se despide, lo hace con el mayor daño posible (para los tradicionalistas, se entiende).

    Es que, de las cinco, ésta es la más cercana a lo que podría llamarse una precuela harto libre de "Peter Pan". Aparece un flaco alto, medio untuoso y enteramente hipócrita, que después se revelará como el joven Capitán Garfio. Hay un gordo con la ropa del Señor Smee, pero de diferente tamaño y carácter. Ya están el barco y la Isla de la Calavera. Y la segunda estrella. ¡Y asistimos al nacimiento del cocodrilo! Horrible, más feo que un teletubbie.

    El asunto es que le encargan cuidar unos polvos mágicos a un hada con cara y carácter de preadolescente sobradora, la chica se siente alquimista, hace desastre y después, cuando la retan, se ofende. Cuando vuelve, toda resentida, ya anda disfrazada de chica pirata ("¡qué lindas botas!", es lo primero que dice el hada de voz gangosa).

    Ahí empiezan los mayores líos, de los que se deduce la conveniencia de respetar consignas y reprimendas, desconfiar de los adultos extraños y melosos, trabajar en grupo, y aprender el uso de habilidades nuevas. Como corresponde, todo se resolverá debidamente, justo a tiempo para lucirse en la Fiesta de las Cuatro Estaciones. Falta la música de Vivaldi, y también falta algo más de ingenio, pero las nenas se quedarán quietas durante 78 minutos, y algunas hasta saldrán cantando la canción de los piratas, no esa de "nos vamos para el sauna" sino otra que dice más o menos "viajamos por el mundo y nos robamos todo".

    Directora, Peggy Holmes, que viene de "Tinker Bell y el secreto de las hadas". En el departamento de arte, Hank Tucker, que empezó pasando la tinta de Bernardo y Bianca y ya hizo más de 65 storyboards, desde la Taarna de "Heavy Metal" hasta "Encantada".

    Coproducción, Disney Toon Studios y la hindú Prana Studios, como en "Aviones". En la voz de Tinker Bell para el mercado latino, como siempre, Christine Byrd, californiana de origen mejicano. También como siempre, Gabriela Michel sigue doblando a la Reina Clarion, que en la versión original hace Anjelica Huston. Una sola vez, en la primera "Tinkerbell", la dobló Cecilia Roth.
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  • Dallas Buyers Club: El club de los desahuciados
    El pícaro redimido por su lucha

    En cine, los pícaros siempre son interesantes, sobre todo cuando enfrentan a los burócratas de la ley, que suelen ser torpes y mezquinos, necios y malvados. Ejemplos recientes, "El lobo de Wall Street", "Escándalo americano". Pero el pícaro de "Dallas Buyers Club" tiene un mérito mayor: su negocio fue, cada vez más, a favor de la gente.

    Dallas, octubre de 1985. Ron Woodroof es un flaco puro nervio, adicto a las minas reventadas, bares, peleas, drogas, apuestas, juerguero y fanfarrón. Le gusta la adrenalina de subirse al toro en una pista de rodeo. No hay nada que pueda llevarlo a la muerte en 30 días, proclama él mismo. Pero los médicos le han diagnosticado 30 días de vida. Tiene sida.

    En 1985 el sida es una peste sin remedio. Para colmo, "una enfermedad de putos". Los amigos se apartan, lo repudian, le escriben la pared. Homófobo convencido, debe soportar humillaciones de ambos lados. Pero se instruye, advierte que la droga que están aplicando en el hospital, la AZT, es solo experimental y de dudosos resultados, viaja a México, da con alguien que aplica un cóctel de vitaminas y remedios aprobados en otros países pero no en EE.UU. Y vuelve decidido a crear un negocio: el Dallas Buyers Club, para deshauciados como él. Contrabandea remedios mediante hábiles engaños. Viaja adonde sea. Elude inspecciones. Enfrenta a la industria farmacéutica, y al Estado. Llega a juicio. Se convierte en héroe. Con un socio transexual y la ayuda de una pareja de viejos homosexuales muy discretos.

    Se puede ver la película como la redención de un homófobo texano que termina siendo amigo de los gays. O el ejemplo del individuo que enfrenta problemas, Destino, stablishment o lo que sea, por su derecho a la felicidad. O como el típico self made man americano capaz de hacer negocios hasta en la peor situación de crisis.

    Ron Woodroof existió. Enfrentó la maquinaria y la muerte. Le diagnosticaron 30 días y duró siete años. Solo que era un electricista, simple espectador de rodeos, lo sostenían su hermana y su hija, jueces, médicos, personal de líneas aéreas y hasta policías de frontera, fue nota en "The New York Times", "Dallas Life Magazine" y otros medios, y nunca tuvo un socio transexual, ni una amiga doctora. Las pocas fotos suyas que circulan por internet muestran un rostro más bien amable.

    Matthew McConaughey lo convierte en un tipo fuera de norma que se mueve primordialmente solo, varón recio, decidido, pícaro indomable, bronco salvaje y cargado de energía hasta para caer al suelo sin fuerza alguna. Y levantarse y seguir dando pelea.

    Buena actuación, la de McConaughey. Buena también la de Jared Leto, incluso en la esquemática escena del encuentro con su padre rico, distante y (era de prever) homófobo. La película entera es esquemática, salvo una mirada en primer plano al comienzo, y una breve escena con mariposas de la noche, más adelante. Pero igual interesa.

    Tres nombres claves: Craig Borden, guionista que entrevistó al personaje real e impulsó la película, Melisa Wallack, coguionista que le impuso los lugares comunes necesarios para hallar fondos, Jean-Marc Vallée, director. Para interesados en la lucha de otros americanos contra la Food & Drug Administration y sus protegidos, en busca de remedios para el sida, se recomienda "Y la banda siguió tocando" (1993, Roger Spottiswoode). El verdadero Dallas Buyers Club no surgió de la nada.
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  • De trapito a bachiller
    De trapito a bachiller
    Ámbito Financiero
    Film que desaprovecha a su personaje

    El título es simpático. El subtítulo, "Tres años que conmovieron al Gonza", poco menos que conmueve al espectador. Pero la película, extensa, dispersa, desperdicia a su personaje y no llega al corazón. Por suerte, despierta el interés del público y brinda una nueva mirada sobre la gente de la calle, la educación para adultos, y el sentido de integración social, tal como lo viven, en forma concreta, diferentes personas.

    El Gonza es un joven macizo, de voz firme. Dice que fue criado por una familia desamorada. Una noche se mandó mudar sin mirar atrás. Un amor frustrado lo llevó al consumo de pastillas. Siente bronca consigo mismo porque no tiene nada que ofrecerle a la chica que le gusta. Alardea de algunas viejas peleas. Disfruta leyendo páginas policiales y comprobando sus avances en matemáticas. Nos muestra su casita burdamente levantada en un baldío "retranquilo". Vemos su quehacer cotidiano. Con ejemplar amabilidad se ofrece a lavar un auto. Luego lo veremos avanzar un poco en la vida, laboral y sentimentalmente. La escuela tiene bastante que ver en eso.

    La escuela es la municipal del bachillerato para adultos, turno tarde, que funciona en la Cooperativa Maderera Córdoba, de Av. Córdoba entre Gallo y Agüero. Los profesores hablan de "construir un espacio político educativo, no una escuela", promueven asambleas hasta para discutir si se puede fumar en el patio, y de paso enseñan lo que indica el programa. El bachillerato para jóvenes de hoy no es como la vieja escuela nocturna de cinco años, pero igual cuesta. Unos se enganchan, otros abandonan. La película retrata fugazmente a varios de ellos. El Gonza se pierde un poco, pero al final se recibe, ya lo dice el título, y eso espera el público. También la sociedad, aunque ignore su existencia.
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  • Errata
    Errata
    Ámbito Financiero
    Atractivo juego de literatura, cine trampas y mujeres

    Quizás "Errata" no sea una película enteramente lograda, pero es entretenida, curiosa, de buenos méritos. Acá hay amor al cine, a la experimentación, al juego, a los desafíos, a los guiños culturosos por puro gusto, y además hay amor al sexo débil no tan débil pero siempre hermoso: Guadalupe Docampo despliega sus gracias en el doble rol de Alma y su hermana gemela, por ahí anda Carla Quevedo, y además actúa Vanesa González, siempre encantadora, lástima que aquí esté un poquito desaprovechada. La intriga parece simple. Un joven fotógrafo recientemente abandonado encuentra a la mujer ideal, es feliz, luego ella se desvanece, en cambio aparece su hermana gemela, entre ella y el enamorado buscarán a la ausente. Parece que hubo un secuestro. Para rescatarla hay que conseguir un ejemplar doblemente raro de "El jardín de los senderos que se bifurcan". Se sabe dónde está. Hay que saber en qué momento se descuida su dueño.

    Y, si, parece simple. Es solo cuestión de recordar algunas bifurcaciones y sospechar de unos cuantos personajes, desde la propia novia en adelante hasta el propio Borges. Recordar cómo le gustaban los enredos laberínticos, las figuras especulares, las combinaciones de sueño y realidad en un mismo plano, los films policiales en blanco y negro. Esta es en blanco y negro, hecha con Super 16 mm, película vencida, y los debidos respetos a directores de fotografía como John Alton y Ricardo Aronovich (es decir, las intrigas argentinas y norteamericanas y la inhallable Aquilea, también borgiana). Hay algunas cositas del cine fantástico y del film noir, como las sombras y la mujer fatal, los tiempos extraños, cuando no se sabe bien en qué hora del día estamos, en suma, recordemos que es un juego de literatura, cine, trampas y mujeres. Un juego cuidadosamente presentado y enredado, con solución atendible, reparto excelente y duración apropiada: menos de 75 minutos. Lástima los muchos movimientos de cámara y la música rockera. Autor, Iván Vescovo, el del corto "Todos tienen algo que ocultar excepto yo". Guión, Fernando Regueira. Fotografía, Emiliano Cativa. Para tenerlos en cuenta.
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  • La paz
    La paz
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    Acierta Santiago Loza con film de tono calmo


    Liso recibe el alta médica. Problemas físicos parece que no tiene, a juzgar por el trato cariñoso que le dispensa la enfermera. Lo suyo es mental, por algo que el autor de esta historia, Santiago Loza, no nos explica. Pero nos deja datos suficientes como para que esbocemos nuestro propio diagnóstico.

    Afuera están sus padres, cada uno mirando para distinto lado. Ella sigue tratándolo como a un niño, se obsesiona en los recuerdos, quiere consentirlo. El pretende tratarlo como a un hombrecito, y después como a un hombre, que ya tiene edad para trabajar. Por cierto, el muchacho, a quien conocimos mordiéndose las uñas, revisa sus juguetes, anda en moto por el jardín. Se ha tatuado la figura del abuelo, porque el viejo no lo controlaba. Y se lleva bien con la abuela y con la doméstica boliviana, señoras cordiales que no le exigen nada y tampoco le están encima.

    Curiosamente, nadie le hace un seguimiento psiquiátrico. Un día tiene un brote. Otro día parece que va a hacer desastres. Por suerte en ambos casos alguna criolla lo reubica con una mínima dosis de un sano remedio manual, que ahora los especialistas políticamente correctos desaconsejan, pero parece que las antiguas culturas ancestrales todavía se practican con buenos resultados. Habría que estudiar ese asunto.

    Como sea, el muchacho finalmente mejora. El desenlace es inverosímil pero agradable. Como los paseos con la abuela, la música que acompaña esos momentos, los colores y el tono calmo del relato. Es agradable también la diferencia entre esta nueva película de Loza, y la primera que hizo, "El extraño", 2003, donde un tipo tomaba distancia de la gente, y de todo, y no había paz, ni luz, ni cómo ayudarlo.

    Principales intérpretes, bien registrados en primeros planos, Lisandro Rodriguez, Andrea Strenitz (la madre), Fidelia Batallanos (la doméstica). A señalar, Pilar Gamboa y Lorena Vega como las ex novias (una le recrimina, otra lo recibe con precauciones) y Beatriz Bernabé como la abuela. Qué curioso, el mismo apellido de una actriz gratamente recordada, Amalia Bernabé, que a los 18 años empezó haciendo de viejita en el teatro, y terminó a los 87 como la viejita más querida de la TV. Pero ésa es otra historia.
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  • Nebraska
    Nebraska
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    Emotiva comedia dramática con gran protagónico de Bruce Dern

    Alexander Payne es el autor de "Las confesiones del señor Schmidt", "Entre copas" y "Los descendientes", tres buenas comedias dramáticas de guiones muy cuidados y brillante elenco, sobre las inquietudes de gente común en conflictos familiares y personales algo fuera de lo común. Hizo otras cosas, pero esas tres son las mejores. Ahora suma una cuarta, de similares características y algunos toques distintos, dolorosa, tierna, despojada: "Nebraska".

    Nebraska es un Estado del Medio Oeste. Grandes campos, larga carretera, pueblos chicos con habitantes de ilusiones chicas y mentes reducidas. El es de ahí, aunque hijo de inmigrantes. Conoce el paño. Dakota del Sur es más o menos igual. El guionista Bob Nelson es de ahí. Parte de Montana también es más o menos igual. Desde Montana sale un día un viejo percudido por la edad, el trago y los fracasos. Está decidido a hacer 1.450 kilómetros cruzando las Grandes Llanuras con tal de cobrar un supuesto premio que lo sacará de pobre. Sólo él cree en ese premio. Quizá gane algo mejor: el mayor cariño de uno de sus hijos, un poquito de dignidad, y un desquite personal frente a los vecinos de mala entraña.

    Ese es el cuento, tan sencillo y con momentos tan hondos en su sencillez, y descansos tan graciosos en pleno relato, que sólo cabe acompañar sin más las andanzas, desgracias y malicias de sus personajes, y descubrir las sorpresas y enseñanzas que nos reserva el camino. Protagonista, en el rol de anciano que ha ido perdiendo las neuronas, Bruce Dern, 76 años al momento del rodaje, ese mismo Bruce Dern que en su juventud, con dientes de rata y mirada de loco, fue el malo preferido de "El clan Barker", "Trama macabra", "Los cowboys", donde asustaba a los niños y mataba al abuelo, "Regreso sin gloria", "Justicieros del Oeste", "Driver" (la versión buena). Ahora lo vemos como un pobre viejo infeliz, pero es un pedazo de historia, y un actor de los mejores. Ganó en Cannes con este personaje, y está entre los candidatos al Oscar.

    Robándole escenas en el papel de esposa gruñona y lengua larga, June Squibb, 74, candidata como actriz de reparto. Regocijante, su visita guiada al cementerio para hablar mal de los muertos. De apoyo, Will Forte, Bob Odenkirk, Stacy Keach, buena lista. Fotografía, Phedon Papamichael, que estuvo en las últimas de Payne y acá ilumina en hermoso blanco y negro, para redoblar la sencillez de la historia, y también para asimilarse un poco a Preston Sturges y Peter Bogdanovich, autores de recordadas historias sobre la América Profunda. El fotógrafo también va al Oscar, dicho sea de paso. Y el libretista, el director, y la película, por supuesto. Productores, Albert Berger y Ron Yerxa ("Pequeña Miss Sunshine").
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  • La grande bellezza
    La grande bellezza
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    Bella historia que cautiva de a poco

    Primera advertencia. Esta película es de las que enamoran despacio. Quizás alguno se enganche recién a la media hora, con la escena preciosa y penosa donde un viudo sesentón visita al novio de adolescencia de su mujer. O con otra, más adelante, donde un amigo fascinado por la energía de un clásico choca con sus propias restricciones creativas y afectivas. La obra dura lo suyo, y sinceramente dan ganas de apretarle varias partes. Pero quizá necesitaba ser así, para envolvernos y dejarnos medio fascinados.

    Carlo Verdone, cómico popular, asume aquí el dramático personaje del amigo. Luciano Virgilio es el viudo. Y Toni Servillo, el que conduce la obra, en la piel y la mirada irónica de un viejo periodista de sociales, un solterón mujeriego que ya está de vuelta de casi todo. El elenco es variado y excelente. El tono, tristón a veces, y otras veces despiadado. Se avanza por viñetas, recuerdos, comentarios de cara al público, diálogos ocasionalmente mordaces. Y por paseos públicos de antigua y descuidada belleza: la colina Gianicolo donde, desde 1904, se anuncia el mediodía con un cañonazo, la Fontana dell Acqua Paola, el Coliseo desde una vista privilegiada, el "Roma o muerte" del monumento a Garibaldi, la ribera del Tiber, los palacios discretamente ruinosos, con sus habitantes haciendo juego.

    Segunda advertencia. "La grande bellezza" es descendiente directa de "La dolce vita". No se compara, como no se comparan los grandes artistas con los sucesores. Coinciden la ciudad, algunos caracteres extravagantes, la figura del escritor talentoso que se dejó ganar por la vida fútil. Pero aquella Roma de 1960, desvariada en los entusiasmos del boom económico, cuando empezaba la fiesta, apenas puede recordarse en la de hoy, que sólo conserva la resaca, invadida por su propio vulgo. El joven nervioso, molesto, turinés, no se refleja en ese señor tranquilo, resignado, con aires y entonación de aristócrata napolitano. Los tiempos cambian. Entonces, la criatura simbólica que propiciaba el desenlace simbólico era una niña de rostro puro y luminoso. La que acá cumple un rol parecido es una monja vieja que masca raíces. Tampoco aparece una nueva Anita Ekberg, pero eso ya es otra cosa (eso si, por ahí aparece Serena Grandi, para nostálgicos del cine erótico italiano de los 80).

    Autor, Paolo Sorrentino, hombre irregular pero talentoso, en especial cuando trabaja con Toni Servillo, como en "El divo", cáustico retrato de un hombre fuerte de la política italiana, Giulio Andreotti. De regalo, un diálogo ilustrativo entre personajes de "La grande belleza": "No soy misógino, soy misántropo". "Bravo, para odiar hay que ser ambicioso". Y otro: "¿Tú en qué trabajas?" "No, yo soy rica". "Ah, un trabajo precioso".
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  • Rodencia y el diente de la Princesa
    Simpática aventura con linda moraleja

    El torpe ratoncito Edam quiere ser mago. Su amiguita Brie, hábil y segura de sí misma, le da ánimos. Juntos descubrirán los planes de las belicosas ratas para apoderarse del pacífico reino de los ratones. Ante el peligro, son enviados como acompañantes del noble Roquefort y el gordo Gruyere, en busca del arma secreta: un dientecito humano. Así más o menos empieza este dibujo animado. Que podría ambientarse en la cocina de una mansión, o los andurriales de una ciudad, pero transcurre en un lugar inhabitual de los dibujos para niños: la selva montañosa de los Andes.

    Tal es el paisaje. Por sus ancestrales caminos de piedra, una Rodencia que parece evocar el Cuzco, y alguna pirámide que, según dicen los conocedores, evoca las de Caral y Huaca Rajada, van nuestros héroes de ojitos aindiados, con sus alforjas, ropas medio incaicas y el típico chullo, el sombrero de lana con orejeras. Y como la historia está ambientada en un tiempo impreciso, tanto podemos ver algún chiste sobre la futura construcción y el destino de un lugar que reconocemos con la forma de Machu Picchu, como podemos disfrutar las andanzas de los ratones asustados entre humanos gigantes, de extrañas costumbres modernas. O considerar a las ratas ansiosas de tesoros como una forma alegórica de la invasión española, allá en tiempos de la Conquista. Con las licencias del caso, todo es posible.

    Y todo es entretenido, simpático, ingenioso y de buen nivel técnico, conceptual y narrativo, con animación standard y atinada mezcla de aventuras, fantasía, gracia y moraleja en ambientes inhabituales. Coproducción peruano-argentina, para lograr este resultado se juntaron Red Post, de Milton Guerrero, y Vista Sur ("Magazine for fai"), de Alvaro Urtizberea, y apelaron a cuatro que realmente saben. El primero, David Bisbano, que acá es director general, director de arte, coguionista y montajista.

    De formación fotógrafo, Bisbano se inició construyendo escenografías en Pol-Ka, hizo las maquetas de "Adiós, querida luna", realizó el experimental "B corta" (blanco y negro, con una Bolex 16 mm.) y el sencillo "Juan y María (no se conocen y simpatizan)", se fogueó en publicitarios, y se fue al Perú. Allí el cine de animación había hecho, con más empeño que gracia, "Piratas del Caribe" y "Dragones, destino de fuego", ambas de Alpamayo Entertainment. El completó la trilogía de dicha empresa haciendo "Valentino y el clan del can". Con mejores programas de animación computada, más chispa en todos los rubros, y una buena historia, podía hacer algo mejor y lo hizo.

    Luego, Raquel Faraoni, coguionista con experiencia en la Disney Television. A los otros dos imprescindibles podemos verlos en la pantalla, son los soldados argentinos Muzzarella y Provolone, frescos y divertidos en las voces de Mex Urtizberea y Marcelo Chirinos. Hablando en serio: los otros importantes son Williams Mantari y Piero Vallebuona, directores de animación, Leonardo Yabiku Terukina, Henry Palomino Rojas, Marco Antonio Salas, Heidi Schiller, Leoncio Albán. Gente que recién empieza, pero empieza pisando con pie derecho.
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  • Un cuento de invierno
    Un cuento de invierno
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    Divague de amplia cursilería

    Con el cuento del Dia de los Enamorados, se cuenta aquí un "Cuento de Invierno" que no es el de Shakespeare, sino el de Mark Helprin, autor neoyorquino que se dice influido por Scott Fitzgerald, Dante, Melville, Mark Twain y el Bardo de Avon. Pero encontrar aquí alguna de esas influencias es más difícil que encontrar a Wally. Que tampoco está.

    Lo que encontramos es un divague new age astronómico milagrero de largo aliento, amplia cursilería, y, eso sí, unos lindos fondos digitales que nos permiten apreciar la Nueva York de 1916, con sus primeros rascacielos detrás del cementerio de Woodlawn, un puente de Brooklyn y unos paisajes diurnos y nocturnos del Lago de Coheeries totalmente congelado. Buen trabajo del equipo de efectos digitales. También podríamos elogiar la fotografía. Y el peso de Warner Bros para lanzar mundialmente esta película justo para esta fecha. Y la aparición de la histórica Eva Marie Saint, con 89 años muy bien llevados (y su personaje tiene 103, aprox.). ¿Pero qué más? Sinceramente, a los dos minutos de haber empezado el "Cuento de invierno" ya estamos ansiando que llegue la primavera. Y dura 118 minutos.

    En síntesis. 1895, una pareja de inmigrantes rechazados deja a su niño en un imposible moisés sobre las aguas del Hudson, para que al menos él tenga un futuro en América. 1916. Tras este dislate mosaico viene un dislate equino, cuando el hijo, ahora un ladronzuelo en peligro, es salvado por un precioso caballo andaluz, blanco y de alas plegables. Luego aparecen una bonita pelirroja de tuberculosis elegantemente sobrellevada y hermanita encantadora, un feo grandote con su corte de hampones y su extraño jefe, que no da miedo pero es el propio diablo. Con mayúsculas: el Diablo. Y 2014, donde el ladronzuelo, el malo, la hermanita, viven todavía, el amor vive todavía, y quizás haya algún público en la sala, todavía. Ahí se resuelve todo, nos dicen que estamos señalados para hacer un milagro de amor sobre alguna específica persona (la cuestión es encontrarla), que así es como se forman las estrellas, y a comer perdices.

    Director, guionista, productor, Akiva Goldsman, el libretista de "Soy leyenda", "El código Da Vinci", etc. Protagonista, Colin Farrell, que viene a ser el Gonzalo Heredia de los anglosajones. Revelación masculina, Listo, el caballo andaluz.

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  • Philomena
    Philomena
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    Brilla Judy Dench en un emotivo film

    La vieja foto de un pequeño. Una señora ya grande, su hija, y un dolor silenciosamente mantenido 50 años en el pecho, que al fin estalla. Una búsqueda tardía: la del hijo natural vendido en adopción cuando ella era apenas adolescente. Un periodista en desgracia. Un hombre que no se animó a salir del closet. Varias monjas dañinas, una peor que todas. Suficiente con eso, como para que el lector se haga buena idea de la historia y los personajes. E imagine lo que puede hacer Dame Judy Dench en el rol de madre. Pero hay que verla, cómo nos hace reir y emocionar limpiamente, y a veces hasta le creemos que tiene 65 años como su personaje, y no 79 como dice la libreta.

    Stephen Frears, director de buen pulso, y Steve Coogan, actor y aquí también productor y coguionista, la ayudan a lucirse. El resultado es una comedia dramática muy bien templada, con sus puntos justos de humor, dolor, angustia y emoción. Y un cuidado diálogo entre la filosofía cínica del periodista, y el sencillo cristianismo de la mujer, que distingue entre religión y seres humanos, y aún más: sabe perdonar. En el Festival de Venecia Judy Dench se consagró mejor actriz, y el jurado católico Signis premió la película "por su vibrante y conmovedor retrato de una mujer que busca la verdad y supera con el perdón el peso de la injusticia cometida contra ella". Pero hay algo más.

    Es que esto se basa en un caso real. En 1954, una nena de 14, Philomena Lee, quedó embarazada. Entonces la gente pensaba distinto. La echaron de su casa, la recibieron las monjas, pero a los tres años entregaron el chico a una rica pareja norteamericana. Con el tiempo, él se hizo abogado republicano, ocultando su homosexualidad por miedo al qué dirán. Justo le tocaron los 80 de la explosión del sida. Ella empezó a buscarlo cuando ya tenía 65 cumplidos. La ayudó un periodista en desgracia, Martin Sixsmith. Las monjas les retacearon información. Ahora dicen que no lo vendieron, simplemente aceptaron donaciones. Y que la mala de la película, la hermana Hildegarde McNulty, en su vejez ayudó a muchas madres a reencontrarse con sus hijos. Vaya uno a saber. Lo único comprobable es que, cuando empezó la búsqueda, doña Hildegarde ya hacía 9 años que estaba en el purgatorio (seamos clementes), así que la reunión que vemos en pantalla es una "licencia dramática" de los autores. No importa, si no fue con ella habrá sido con otra igual. Pero acá también hay algo más.

    La semana pasada, Philomena, su hija y Steve Coogan le pidieron en audiencia al papa Francisco que interceda ante el gobierno irlandés, por una ley que obligue a abrir los archivos de adopción. La película ha puesto el asunto en el candelero, y eso es bueno. Otra cosita, para equilibrar: esas monjas eran malas pero no quemaron los registros. Quien mandó destruir documentación pública fue el propio Martin Sixsmith, cuando integraba el gobierno laborista. Esto trascendió y tuvieron que echarlo. Buscando reivindicarse, conoció a Philomena Lee. Como vemos, no hay mal que por bien no venga, aunque se cuente cambiado.
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  • Deshora
    Deshora
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    Cómo sorprender a base de exabruptos

    Una finca salteña con plantación de tabaco al pie de las sierras, allá por Rosario de Lerma y Campo Quijano. Un matrimonio en crisis por el hijo que no llega recibe el pedido de la tía de la mujer para alojar un tiempo al nene, tamaño gandul recién salido de una internación por drogadicto, así el muchacho toma fresco y no vuelve tan fácilmente a las andadas. No sabe que los primos ya algo anduvieron, en otro tiempo. Él es un vago sobrador y dañino, ella tiene demasiado tiempo libre, el marido la va de recio.

    En síntesis. El lugar es atractivo, y lindamente fotografiado por Lucio Bonelli. El planteo es atractivo, y además bien actuado por Luis Ziembrowski, María Ucedo, y el fachero colombiano Alejandro Buitrago. Lo que para algunos/as también será atractivo, pero sospechoso para otros, es el detalle de los premios: esta película compitió por los Teddy Awards en la Berlinale del año pasado.

    No corresponde avanzar más sobre el argumento. Baste decir que cierta posición didáctica en el uso de las armas da mala espina, aunque sean armas de caza y no de pesca. Que luego alguien tiene un accidente incomprensible y ridículo, y la consecuencia es imprevista, inopinada y también medio ridícula, porque cae de pronto por el lado menos pensado sin decir siquiera agua va. Pero así son las cosas. Se dice que ciertos deseos surgen de golpe, incontenibles. Se dice también que en toda narración conviene ir preparando el terreno, para que las cosas exploten mejor y no a lo loco.

    Bárbara Sarasola-Day hizo esta película a su manera, con ganas de sorprender al espectador desprevenido, y lo sorprendió nomás. Desarrolló también un clima interesante, y una puesta en escena bastante propicia para exquisiteces, salvajismos, lentitudes y atropelladas. Pueden discutirse en cambio el estilo de relato con exabruptos que a veces parecen hechos por falta de tomas, alguna parte en que la película parece estancada, la resolución ambigua y abrupta, lo básico de algunas escenas (ppr ejemplo, la primera del matrimonio en la cama) y alguna otra cosita. Debuta como realizadora tras larga experiencia en cargos de producción para películas de Santiago Loza, Parés y de la Vega, Julia Solomonoff, Daniel Burman, Diego Lerman, Sergio Renán y otros buenos. Puede salir buena.
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  • El almanaque
    El almanaque
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    Sobre la memoria y la fragilidad de la vida

    Singular documental uruguayo (coproducción hispano-argentina) sobre la capacidad de resistencia humana en condiciones extremas. Autor, José Pedro Charlo, de quien acá ya se estrenó "El círculo", notable retrato de un tipo fuera de serie, Henry Engler, que pasó de líder tupamaro a preso de "tratamiento especial", y cuando ya estaba medio loco por los varios años de "tratamiento" se impuso un autocontrol que le permitió salir atendiblemente cuerdo, retomar sus estudios de medicina, disculparse con sus víctimas, y convertirse en un calificado neurólogo de fama mundial. Residente en Suecia. En el ámbito científico tienen particular peso los estudios del doctor Engler sobre el Alzheimer. ¿Cómo se va perdiendo la memoria? ¿Cómo puede ejercitarse cuando todo opera en contra? La película que ahora vemos nos presenta a otro ex tupamaro, José Carlos Tiscornia, que sufrió "tratamiento común" a lo largo de 12 años. Pero dia tras día, un día igual a otro, casi todo el tiempo aislado en su celda. ¿Qué día es hoy? ¿Cuándo fue que pasó tal cosa? Estaba prohibido, pero el hombre se las ingenió para ir llevando un registro apretado de la vida cotidiana en su celda, un registro muy sintético y críptico, en papeles ínfimos que ocultaba celosamente por las dudas cayera en alguna inspección.

    Hoy mira esos papelitos y a veces hace esfuerzos para recordar qué había detrás de tal o cual palabra. La película habla de la memoria, pero no con un sentido de revancha política. Ninguna de las dos es exactamente una película política, aunque, por supuesto, no pueden faltar ciertos recuerdos. Al comienzo, dos carteles nos dicen qué era el Penal Libertad, de Uruguay (apenas menos terrible que el Penal Paraíso, de Paraguay), y cuáles eran sus reglas. Lo que sigue, en un paisaje calmo y abierto, es el regreso del protagonista y el director a ese lugar. Para la misma época, Charlo pasó nueve años en el mismo pabellón, pero recién supo de Tiscornia al leer su libro "Vivir en Libertad", coescrito con Walter Phillipps-Treby. Uno de sus capítulos hace referencia al "almanaque". Sobre el mismo se expande la película, agregando alguna filmación histórica de peso emotivo, alguna imagen de intención poética, algunas sugerencias sobre la fragilidad de la vida.

    Tiscornia escibía con letra de arquitecto. Era lo que estaba estudiando. Hoy dirige una compañía de construcción, expone fotos, y participa en la digitalización de los archivos microfilmados que fueron encontrados recientemente en el Ministerio de Defensa de aquel país. Charlo prepara otra película: "Postales". No tiene nada que ver, pero entre nosotros hubo otro Charlo, que en "Puerto Nuevo" (nombre de nuestra primera villa miseria) supo cantar hermosamente el tango "Olvido": "Si pensara alguna vez en lo que fui, no tendría ya más fuerzas, pa' seguir". Son puntos de vista, diferentes ejercicios de supervivencia.
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  • La gran aventura Lego
    La gran aventura Lego
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    Los Lego debutan en cine con poca gracia

    Antes de la película, una breve información institucional. El nombre Lego surge de la reducción y unión de dos palabras danesas: "leg" y "godt", jugar bien. Ole Kirk Christiansen fundó la empresa en 1932, su hijo comenzó el formato de ladrillos en 1958, los años de mayor expansión fueron los 80, y así es como hoy el nieto dirige la mayor empresa mundial de juguetes de construcción, la tercera de juguetes de toda clase, tiene cerca de 10.000 empleados y peso en más de 130 países. Lo que no tiene es quien le escriba un buen guión para su película.

    Pautada para estrenarse casi simultáneamente en 75 naciones (acá y Bolivia un día antes que en EE.UU.), "La gran aventura Lego" surge como punta de lanza de un lindo movimiento comercial, que incluye la revalorización de muchos muñequitos e incorporación de otros, concursos mensuales de construcción, juegos on line relacionados con personajes y conflictos de la película, etcétera. En ésta, el héroe es un muñeco "genérico", un alegre trabajador que sigue de buen humor el manual de instrucción hasta para salir de la cama, un tipo tan común que ni los compañeros lo registran del todo. La mera casualidad hace que alguien lo crea un Elegido y lo conduzca hacia los Maestros Constructores para salvar el mundo, amenazado por el Señor Negocios, que quiere solidificar todo con pegamento para evitar que le desordenen "su" mundo.

    Ese pensamiento parece poco lógico en un ambiente de construcciones móviles, hasta que advertimos que, aparte de los abundantes mundos Lego también figura el mundo real, y que el referido malo de la película es, en la mirada de un niño, la transposición del padre coleccionista que no quiere que le toquen "sus" juguetes.

    Por ahí va la mano, pensada para reunir a quienes fueron niños en los 80, con los niños de ahora, que arman construcciones virtuales pero quizá también se fascinen con las auténticas (y las compren). Lo malo, ya dijimos, es el libreto. Sobreabundan las explosiones, persecusiones y peleas de muñequitos, que arman cosas con indiscutible rapidez y seguridad, hay unos impresionantes planos generales de edificios, autos, etc., y hasta hay como 20 minutos de más (la película entera dura 100), pero no hay mayor aprovechamiento de caracteres ni situaciones, ni tampoco hay suficiente gracia, nostalgia, suspenso ni emoción, ni tampoco un minuto de descanso para que los niños asimilen lo que pasa frente a sus ojos. En fin, esperemos que los animadores se hayan divertido durante la realización. Pero ellos también jugaron casi todo el tiempo con recursos digitales, más que con bloques y muñecos verdaderos.

    Para ver una auténtica animación de bloques, hay que retroceder 42 años, cuando el holandés Co Hoedeman hizo el corto "Tchu-chu", un trabajo impresionante, tierno y encantador, sólo moviendo piezas de madera. Está en YouTube, donde también pueden verse los cortos Lego, más entretenidos que el largo. Responsables de éste, Phil Lord, Christopher Miller, Dan Hageman (que vienen de las "Lluvia de hamburguesas"), Kevin Hageman (libretista de las dos "Hotel Transilvania") y, en algunas partes, el animador Chris McKay (autor de los "Robot Chicken").

    Se aguarda ahora la reacción del mundo de Pin y Pon, que viene marchando en una flota de Piluquis.
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  • El ojo del tiburón
    El ojo del tiburón
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    Lindos paisajes, pero nada más

    Cuando su lejana presentación en el Festival de Roma, una agencia dijo que este film "denuncia las condiciones de vida y las pocas perspectivas de futuro que tienen los jóvenes de una pequeña aldea de la selva nicaragüense que sólo ven como salida el narcotráfico". Quien escribió eso, directamente no vio la película. Gacetillas locales hablaron de "la aventura de dos adolescentes nicaragüenses que salen a pescar tiburones. Pero más que la pesca en sí, el film se enfoca sobre cómo la transmisión generacional de un saber puede servir como rito de iniciación". Esta gente la habrá soñado, pero arrima un poco el bochín.

    La verdad, sólo vemos una serie desarticulada de viñetas donde un niño y su amigo un poquito más grande cortan arbustos para hacer hondas, juegan con otros chicos en el río, miran una de acción en la tele, vagan y charlan sobre los atractivos de un pueblo más grande, o de una chica vecina, esas cosas. En cuanto a denuncia, no pueden considerarse tales unas leves referencias infantiles sobre monedas centroamericanas, soldados que nunca encuentran nada y jueces que lavan dinero narco. Por ahí se advierte un edificio alambrado, y pasa una patrulla donde un soldado medio tonto no se da maña para desenganchar la correa de su arma. ¿Qué más? Ah, eso de los ritos de iniciación. Quizás ahora se llame así la simple charla del más grande con una piba en la cocina, o las salidas del más chico junto a su padre en el lanchón, fugazmente registradas. Felizmente, casi al final surge una salida de por lo menos dos días a mar abierto, donde alcanzamos a ver que los grandes pescan una especie de cazón o barracuda. Con ojo incluido.

    Rodaje a unos kilómetros de Greytown, localidad turística rodeada de hermosa selva, que da gusto ver. Elogio aparte para el director de fotografía, que logra lindas imágenes pese a los fastidiosos resplandores de un cielo nublado.
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  • Agosto
    Agosto
    Ámbito Financiero
    Artificiosa pero entretenida historia de cuño teatral

    Calificado elenco y buenas actuaciones en el clásico estilo del teatro norteamericano, obra artificiosa pero entretenida, con un tantito de Eugene O'Neill (pero evitando su angustia trágica), otro tanto de Tennessee Williams casi con fecha de vencimiento, una generosa aplicación de Edward Albee, agua destilada, excipientes c.s., no mucho más. Tal es la fórmula que aplicó en Broadway Tracey Letts, dramaturgo exitoso.

    Para su traslación al cine, simplemente agregó una canción de los hermanos Followill para dar sabor medianamente local, fondo variado de Gustavo Santaolalla para compensar, y sólo dos minutos donde la imagen se impone a la palabra (llegada del comisario con la grave noticia, ajustes al último traje, una breve toma de la carretera). Y un buen director de actores, en este caso el gordo John Wells, tan bueno que deja que Meryl Streep haga lo que quiera.

    Así, su aparición histriónica imitando a Liz Tayor es de las que arrancan aplausos en los teatros y temores en el público de cine. En la escena central, donde su personaje se burla de casi todos los presentes, está igualita a Vittorio Gassman en aquel memorable esquicio de "Los monstruos", donde el divo, travestido de escritora pagada de sí misma, descalifica a cada uno de sus colegas masculinos. Y en el tercer acto se imita a sí misma, se desafía a ser expresiva y convincente hasta con los anteojos oscuros puestos, y gana.

    Su personaje, como otros de la obra, es un artificio que sufre cáncer de boca pero habla sin parar, vive empastillada pero al primer día de abstención está casi bárbara, y maneja una familia de desquiciados, cada cual con sus miserias, mezquindades y "ganas de gritar verdades", convocados en pleno verano por la desaparición del patriarca, que se tomó el buque, o más bien la canoa. La reunión de todos ellos sólo dejará en pie a los pocos seres humildes, serviciales y pacientes. Pero nos fascinarán los dos peores, es decir las hermanas más viejas, encarnadas por Streep y Margo Martindale.

    Bien Julia Roberts, cuyos primeros planos resaltan su buena transición a la madurez. Elogios también para el resto de la compañía: Chris Cooper (el cuñado grasa), Sam Shepard (el patriarca que se las toma), Julianne Nicholson (la hermana sufrida), Juliette Lewis (la hermana hueca), Dermot Mulroney (su nuevo novio), Benedict Cumberbatch (el hijo atolondrado), Misty Upham (la doméstica india), Ewan McGregor y la piba Abigail Breslin, medio desperdiciados estos dos últimos.

    Para memoriosos y amigos de las comparaciones: esta obra tuvo su versión local durante la temporada del año 2010 en el Lola Membrives, dirigida por Claudio Tolcachir e interpretada por Norma Aleandro, Mercedes Morán (que para algunos se lucía mejor que la Roberts), Lucrecia Capello, Antonio Ugo, Manuel Tenuta, Andrea Pietra, Eugenia Guerty, Esteban Meloni, Julieta Zylberberg y Vanesa González (alternaron el papel de hija adolescente), Gabo Correa, Fabián Arenillas (el socio y marido de "El misterio de la felicidad").
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  • Por un puñado de pelos
    Por un puñado de pelos
    Ámbito Financiero
    Asuntos serios en clave de parodia

    Siglo XVII. El comienzo de la leyenda. Los españoles arrasan con todo. Una indiecita de cabello impresionante resulta sorprendida por un soldado castellano de enorme pelambrera. Ella le pregunta "¿Chapí? ¿Chapí...?", él mueve su cabellera como para propaganda de champú, se enamoran, pero antes de comer perdices o mejor cosa los sorprenden los malos, y, en fin, esto hay que verlo, y escuchar al relator oficial mientras pasan los dibujos, los cabellos se entrelazan amorosamente y nace la leyenda del ollón de los enamorados, recopilada por Fray Malincho Coloso de Ortubia, y conservados en el Recinto Privado de la Biblioteca Municipal de Las Toribias. La "síntesis idílica que dio lugar a la raza criolla" está rodeada de inquietantes historias sobre espantosos peces pilíferos, viajeros muertos por extrañas razones, y el celoso culto de los lugareños a Santo Chapí, que les mantiene el pelo sano y abundante.

    Siglo XXI. El final de la esperanza. El Toti Turman arrasa con todo. Al menos, eso se cree él. Para el viejo es un clavo con oficina propia. Para las mujeres, uno a quien escaparle cuando llama. ¿Será que está perdiendo la pinta? Porque el pelo también se le escapa de la cabeza, sin nada que lo fije. Hasta que su amigo el portero le menciona la leyenda del ollón y la lozanía capilar de su pueblo. Solución inmediata. Negocio en puerta: "WaterHair". Campaña internacional. Recelo local (sobre todo del padre de una linda chinita). Y gran metida de pata con el primer cliente grande, que tendrá pelo sano y más que abundante, de eso no cabe duda, en tanto un misterioso y simpático cerdito peludo corre presuroso hacia, bueno, esto también hay que verlo.

    Así viene la mano con esta nueva comedia de Néstor Montalbano con guión de Damián Dreizik, vale decir, la dupla de "Pájaros volando". Humor bizarro pero de buen gusto, dentro de lo que cabe. Asuntos serios llevados seriamente al nivel del disparate y la parodia amable. Lindo paisaje puntano. Aires de western patay, buena música y efectos ad hoc, y un elenco nunca visto: Nicolás Vázquez en su primer protagónico de cine, Carlos Valderrama como el intendente del pueblo (garantía de pelo abundante), Rubén Rada haciendo el desconfiado (y con razón), Daniel Ferreyra (menos suelto que en Talento Argentino y sin guitarra pero siempre natural), Natalia Sánchez, a tener en cuenta, Ivo Cutzarida, Norma Argentina, Jaime Ramírez Navarro y otros peluqueros, Andrés Rey (el imitador de Luis Miguel), Juan Carlos Velázquez (el Mini haciendo de abogado petiso), etc., y la participación especial del cerdo Patricio.

    Hay que tener en cuenta al cerdo Patricio. Y atender muy atentamente una parte, que afecta al habla latinoamericana: cuando El Pibe Valderrama se refiere a lo que hay dentro de la cabeza, ¿dice "cerebro", o "celebro"? Coproducción San Luis Cine con Elegua Producciones de Colombia, Saltaunarana y otra gente con sentido del humor.
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  • Esto no es un film
    Esto no es un film
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    Llamativo “no film” del convicto Panahi

    Éste es el famoso manifiesto que Jafar Panahi hizo en su propio departamento, adonde lo redujo el Gobierno iraní con prisión domiciliaria para que no filme. Pues bien, el hombre filmó igual, ayudado por un amigo que luego, esquivando la censura, llevó la película a Europa en un pendrive. ¿Y qué filmó? Un curioso "no film", breve, llamativo, con un cierre de inesperado suspenso y grata emoción.

    En él recibe gente y cuenta con pelos, señales, puesta en escena y reparto de cintas cómo hubiera sido la película que estaba por hacer cuando lo arrestaron, la historia de una chica que quiere estudiar pero no la dejan, y que se enamora y piensa cosas tristes, y él la representa con lo que tiene a mano. La silla, por ejemplo, puede ser una ventana, y el almohadón una cama. Y escribe, mientras la mascota de la casa, una tremenda iguana, camina por la alfombra persa, se asoma a ver lo que hace el dueño, sube a su falda, sigue hasta el hombro y se acomoda sobre el respaldo del sofá, indiferente a las aflicciones humanas.

    La iguana es de sangre fría. Él no, y sabe demasiado de injusticias, arrestos y prisiones. No sólo porque haya investigado para rodar "El círculo", aquel formidable drama de cuatro mujeres en un solo día de desesperada libertad, sino porque iraníes y hasta norteamericanos lo han tenido a maltraer.

    Esto último ocurrió en 2007. Apenas llegó al aeropuerto de Los Angeles, invitado para un festival, fue inmediatamente esposado, vejado y expulsado "por las dudas", según recordaba, ya medio distendido, en su visita al Festival de Mar del Plata de ese mismo año, donde vino a presentar su comedia "Offside", sobre las mujeres que quieren ir a ver los partidos de fútbol en Irán (lo tienen prohibido).

    En julio de 2009 el Gobierno iraní lo detuvo unos días en Teherán, junto a su esposa, una hija, y otros manifestantes que habían ido al cementerio para rendir homenaje a las víctimas de la represión. En 2010 le prohibió ir al siguiente Festival de Berlín. En 2011 al de Cannes, donde iba a ser jurado. Y lo metió en la cárcel, acusado de actuar contra la seguridad nacional y contra el presidente Ahmadineyad. Con él cayó Mohammad Rasoulof, conocido por sus relatos de obreros en zonas inhóspitas, como "La isla de acero", y por un cuento alegórico sobre un recolector de lágrimas que aprovecha la tristeza de la gente, "Keshtzar haye sepid", lágrimas blancas.

    Para cada uno, el fiscal pidió seis años de cárcel y 20 (veinte) de inhabilitación para filmar, escribir, asesorar, dar entrevistas y salir del país. Hubo gran revuelo internacional, varios cancilleres reclamaron contra la medida, aquí el maestro Martínez Suárez armó una manifestación frente a la Embajada de Irán y Directores Argentinos de Cine sacó un comunicado a favor de su libertad, aclarando "más allá de sus ideas que pueden o no ser compartidas". En mayo, tras los reclamos mundiales, una huelga de hambre y el pago de una fianza, ambos realizadores pasaron a prisión domiciliaria. La condena fue suavizada para Raosulof, y confirmada para Panahi. Seis años sin salir de casa, veinte sin hacer nada. Tendrá 69 cuando quiera retomar su obra. Mientras esperaba la confirmación de sentencia, alcanzó a hacer este "no film". Cosa formidable, un pendrive. Más formidables todavía, la fuerza, la dignidad humana, y el respaldo internacional.
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  • Ladrona de libros
    Ladrona de libros
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    Sobre la lectura como consuelo ante el horror

    Los latinos imaginamos a la Muerte como una mujer de bromas pesadas, según vemos, por ejemplo, en "Brancaleone a las Cruzadas" y "Juan Moreira". Los anglosajones se imaginan un hombre cruel que cumple su tarea, a veces melancólico, como ese que en "Der Mude Tod" quiere comprarse un terrenito para descansar un poco. Así que acá escuchamos la voz de un hombre, contándonos recuerdos de una época en que le sobraba trabajo, y de cómo una huerfanita pudo crecer en esa época, y superarla. El triunfo consolatorio de una vida, entre tantas almas que se fueron. Curiosamente, acá Muerte no mata a nadie, solo se acerca a retirar las almas de los que expiran, víctimas de otros hombres.

    Muerte narra la historia. Y cada tanto hace observaciones filosóficas, tipo "Si lo hubieran matado esa noche, al menos habría muerto vivo". La novela original de Markus Zusak "La ladrona de libros" tiene varias de esas frases, y una descripción del cielo durante la larga Batalla de Stalingrado, blanco, luego crecientemente rojo hasta desplomarse sobre la tierra, y así cada día, que es todo un hallazgo poético. La novela también va y viene en el tiempo, para ponernos sobre aviso, tranquilizarnos, o explicarnos visualmente algún episodio. Lamentablemente, la película del mismo título que ahora vemos ordena la historia en forma lineal, reduce climas y tensiones, olvida líneas amadas por los lectores, se reduce a mera e insuficiente ilustración del libro. No le quita el alma, pero apaga bastante su riqueza.

    Aun asi, es una película de mérito. La historia sigue siendo atractiva. Una niña entregada en adopción a un matrimonio sencillo durante el régimen nazi, alguna gente de uniforme pero buena mezclada con otra de perversa uniformidad, un niño amigo y otro demasiado malo, las miserias de la guerra, la grandeza de algunos civiles que hicieron lo que pudieron, y en medio de eso la atracción de los libros, el ansia de leer y de escribir. Todo envuelto por la música del maestro John Williams, esta vez sin orquestaciones imponentes. Y los actores son buenos, empezando por Geoffrey Rush en rol de padre adoptivo, y la chica Sophie Nélisse, que ya se había lucido en "Profesor Lazhar". También Emily Watson, aunque para que ella actuara cambiaron el carácter de su personaje. Quien hace la voz narradora de la Muerte, en cambio, parece que da mejor para un publicitario.

    Un acierto de la adaptación, hay que reconocerlo: el libro salvado de las llamas no es "El hombre que se encogía de hombros", como dice la novela, sino "El hombre invisible", claro anticipo de la aparición de alguien obligado a hacerse invisible, un joven judío. Y otro mérito: el final no se estira tanto. Igual parece un poco por debajo del resto, pero lo mismo pasa con la novela. Rodaje en los históricos Estudios Babelsberg, donde rodaron Fritz Lang, Marlene Dietrich, los nazis, el productor antinazi Erich Pommer con "Los asesinos están entre nosotros", y más recientemente Román Polanski con "El pianista", sobre la misma guerra. Pequeño dato: el lugar donde viven nuestros personajes, Himmelstrasse, calle del cielo, es el nombre que le pusieron al camino de una cuadra hacia las cámaras de gas en el campo de Sobibor. El pueblo de Olching cerca de Munich, no existió nunca. Los bombardeos de los aliados sobre las poblaciones civiles, como acá se cuenta, esos sí que existieron. Munich, Dresde, etcétera. Pero ésa ya es otra historia.
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  • Dos pavos en apuros
    Dos pavos en apuros
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    Módica fórmula para divertir a los chicos

    Se ha querido relacionar este dibujo con "Pollitos en fuga", memorable joyita británica de plastilina y acción coral. Nada que ver. Esto va más bien por el tipo de humor, estilo y espíritu de "Open Season", que aquí se subtituló "Amigos salvajes". El protagonista principal, un pavo nada pavote, sospecha de las verdaderas intenciones del granjero, por más comida que reparta y cielo que les prometa a todas las aves del corral. Y otro, nada pacífico, encabeza el Frente de Liberación de Pavos, hasta el momento constituido por él solo, pero ya captará un adepto, aunque sea a la fuerza.

    Antes de seguir, recordemos un par de cosas. En 1621 los colonos de Plymouth, Massachusetts, inauguraron la sana costumbre de celebrar la cosecha anual con una linda reunión social y familiar alrededor de un pavo asado. A eso se llama Dia de Acción de Gracias. Y en 1969 George Bush instauró la tradición de otorgarle a un pavo el indulto presidencial. Así en vez de comerlo se lo llevan invitado a Mount Vernon para que viva la vida loca por unos meses.

    Pues bien. Al primer pavo lo indultan, le toma el gusto a la fresca vidurria viendo televisión y comiendo pizza del delivery, en suma, lo pasa bomba hasta que el otro lo convence de unirse a su Frente y viajar en la máquina del tiempo hasta las vísperas del primer Thanksgiving, como le dicen, y hallar a sus ancestros, que entonces eran salvajes y menos pavos. Había que cazarlos. Por eso, ayudarlos a escapar de los cazadores con alguna estrategia moderna podría hacer que la tradición del Dia de Acción de Gracias naciera con otro menú, lo cual salvaría además a todos los futuros pavos de América del Norte.

    De eso va la historia, la primer aventura ucrónica con dos héroes pavos. Superándolos fácilmente en inteligencia y valentía, se agrega una pavita muy resuelta y guerrera (no podía faltar la parte "políticamente correcta" del cuento). Hay suficientes disparates, animalitos de colores, voces alteradas, chistes, persecuciones, salvaciones, tiros, indios, y demás cosas que hacen que los chicos salgan contentos del cine, aunque probablemente ésta no sea la película que más recordarán de su infancia. Y eso es todo.

    Responsables, el director Jimmy Hayward, que ha hecho cosas mejores, los productores y guionistas Scott Mosier, especialista en comedias, John Strauss, libretista de las continuaciones de "Santa Cláusula", y David Stern, precisamente el libretista de las continuaciones de "Open Season".
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  • El tiempo de los amantes
    El tiempo de los amantes
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    Postales de una pasión otoñal

    El título original de este pequeño cuento semierótico alude al "tiempo de la aventura". Pero, considerando los hechos que aquí se narran, está bien haberle puesto "El tiempo de los amantes", e incluso resultan aplicables "el tiempo del touch and go and touch again", "el tiempo del levante express en un velorio" y "el tiempo de darse el gusto un día en que todo está saliendo mal".

    Quien se da el gusto es una actriz medio grandecita pero todavía atendible que está interpretando "La dama del mar" en Calais y se manda una escapada a París (poco menos que de Rosario a Capital) para grabar la prueba de un casting y volver cuanto antes. Pero una vez allí descubre que anda corta de fondos, el cajero automático la declara persona no grata, la hermana también, el celular está agotado, el peor es nada no está ni atiende las reiteradas llamadas desde teléfono público, en fin, lo único que falta es que llueva o se muera alguien.

    Se murió alguien. Ni sabe quién era. Pero ella justo se choca con gente que sale de la iglesia con el cajón al hombro, y entre los circunstantes reconoce a un inglés cara de perro apaleado al que ya le había echado el ojo en el tren que la llevó a París esa mañana. El resto -miradas expresivas, tanteos previos, piernas inicialmente indecisas caminando hacia donde una señora no debería concurrir tan apresuradamente, y otras cosas que pasan, no lo vamos a contar. Solo digamos que es una película muy didáctica y gratificante para señoras y señoritas de estos tiempos, y que el libretista hizo un tiempo de goma, por la cantidad de cosas que le pasan a la protagonista antes de tomarse el tren de vuelta, si es que alcanza a tomarlo.

    Emmanuelle Devos se llama la protagonista. Aquí la conocemos por "Lee mis labios", "La mujer de Gilles", "Reyes y reinas", "Cómplices", "Algún día comprenderás". La que ahora vemos la consagró como mejor actriz en el Cabourg Romantic Film Festival del año pasado, donde también, gracias a ella, se consagró la película. Autor, Jérome Bonnell. Inglés cara de perro apaleado, Gabriel Byrne. Lugares turísticos recorridos muy fugazmente, la Gare du Nord, la basílica Sainte Clotilde, algunas callecitas aledañas, un bistrot, el interior de un viejo hotel (bueno, esto último no tan fugazmente).
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  • El misterio de la felicidad
    El misterio de la felicidad
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    Burman, original y agudo como siempre

    A esta altura de su obra, ya puede preverse que cada nueva película de Daniel Burman: 1) casi seguramente habla sobre los singulares rinconcitos y vaivenes del alma humana en materia de relaciones afectivas; 2) lo hace con originalidad, precisión y agudeza, y 3) como mínimo, es buena.

    Esta es buena con ganas. Cuidada en cada detalle, muy bien actuada, bien llevada, con un guión excelente del director y Sergio Dubcovsky, el de la novela "Dos hermanos", y con un remate que parece sencillo pero hay que saber hacerlo, porque ahí está el clic que nos hace pasar de la sonrisa complacida a otra clase de sonrisa, esa que surge ante una revelación íntima y profunda, delicada, capaz de emocionarnos suavemente y dejarnos pensando.

    Cuando la película termina, ahí empieza la reflexión para el público, y acaso también la melancolía. Sobre la amistad, sobre los sueños, las expectativas, el amor, y sobre los alcances de la convivencia conyugal y societaria (ya sabemos que la historia gira alrededor de alguien que de un día para otro se desvanece en el aire sin dejar explicaciones ni al socio ni a la mujer, que se unen para rastrearlo, pero cada uno con intenciones distintas). Guillermo Francella, enternecedor como pocos sin apelar a ningún recurso lacrimógeno. Inés Estévez, excelente, volviendo a la actuación después de ocho años como si nunca se hubiera ido. Alejandro Awada y María Fiorentino en los roles graciosos, Fabian Arenillas y Sergio Boris en dos claves, Silvina Escudero en buen debut cinematográfico. Unico reclamo, siendo Claudia Ohana tan linda y buena actriz, apenas aparece.

    ¡Pero qué tipo original este Burman, y qué habilidad para caminar en la cuerda floja! Porque empieza con estilo de comedia reidera, y al ratito ya es de intriga, con recursos bastante particulares, y luego, sin perder la mano ni el sentido del humor, ya es sentimental, no romántica, y ya está uno queriendo recordar las cosas que se dicen, por ejemplo cuando la mujer sintetiza en pocas palabras la evolución de su matrimonio (de tantos matrimonios), o un tipo diferencia entre socios, amigos y cuñados, o las varias escenas donde percibimos lo que cada uno quiere y conoce del otro, aunque lleven años dándose los buenos días y coincidan en tantas cosas. Deberían vender el guión a la salida.
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  • Caminando con dinosaurios
    Caminando con dinosaurios
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    Dinosaurios algo inquietantes para los más chicos

    Los de la BBC deben estar muy necesitados, o demasiado confiados, para que una de sus mejores series de divulgación científica ceda el uso del título a esta película, que no es mala, y hasta enseña algo, pero también confunde a los niños.

    Es que "Walking with Dinosaurs", producción Tim Haines de 1999, responde a la tradición de documentales de la naturaleza donde, guiados por un narrador en off, seguimos vida y obra de un determinado animal (sólo que en este caso, por razones obvias, se usan animatronics), y los episodios más dramáticos son mostrados objetivamente, sin sentimentalismo ni mayor suspenso, apenas como un hecho más en la vida de las especies. En cambio "Walking with Dinosaurs 3D" dice ser adaptación del trabajo de la BBC pero se apoya más que nada en "Dinosaurio", aquel del huerfanito grandote adoptado por lemures. Encima tiene de comentarista una especie de loro cargoso, y los episodios dramáticos son remarcados casi hasta el borde de la desgracia misma. Por ejemplo, la muerte del padre y la escena de los más débiles acorralados sin salvación por bestias sanguinarias.

    Algo peor: mantiene el hábito americano de los chistes, comportamientos y comentarios "de actualidad" puestos en boca de animalotes de antes, y la moraleja muy de actualidad para niños y adolescentes pero ajena al sentido de divulgación responsable de la serie cuyo nombre toma (básicamente, el débil y sensible frente al macho rudo, cuestiones de amor y de familia, unión colectiva frente al peligro, esto último igual que en "Dinosaurio".

    Por suerte en otras cosas justifica el uso del título y la contratación de los asesores científicos que figuran en los créditos, toma sus buenos criterios, no entremezcla ostentosamente especies de lugares distintos ni les da características ajenas, como hacen habitualmente algunos dibujos, etcétera. Y hasta agrega un buen aporte: cada vez que aparece un bicho nuevo, la imagen se congela y una voz infantil detalla su nombre y características. Pero eso de llamar Patchi al pachyrhinosaurus protagónico, ¡qué falta de respeto!

    Dirección, Barry Cook, experto en largos exitosos, y Neil Nightingale, productor ejecutivo de "La familia suricata" y trabajos similares. Guión, John Collee, libretista de "Happy Feet", lo que en principio no auguraba nada serio. Malo de la película, Gorgo, un gorgosaurus que, eso sí, es más cercano a la realidad que aquel monstruo de la vieja película "Gorgo" con que los ingleses quisieron emular a "Godzilla". En resumen, producción objetable en algunos aspectos, bien hecha y medianamente entretenida, con escenas inquietantes para los más pequeños. Los medianos lo pueden ver con interés, y los más grandecitos ya pueden remitirse a la serie original, fácil de encontrar doblada al español en internet.
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  • La increíble vida de Walter Mitty
    Las puertitas del señor Mitty

    En literatura, el personaje de Walter Mitty es como el Señor López, un infeliz cuya frondosa imaginación lo protege de los sinsabores de la vida conyugal y laboral. Solo que López se refugia tras alguna puertita cada vez que quiere soñar un rato, en cambio Mitty fantasea perdido así vaya manejando por la ruta, y siempre se imagina como protagonista de grandes sucesos, genio de la medicina, etcétera.

    En cine, dicho personaje ha protagonizado algunos buenos cortos y dos largos, a cargo de sendos comediantes: Danny Kaye dirigido por Norman McLeod en 1947 (acá se llamó "Delirio de grandezas") y ahora Ben Stiller dirigido por... Ben Stiller. Y si aquel no fue lo mejor de Kaye-McLeod, éste es realmente lo mejorcito de Stiller. Ninguna maravilla, pero nos hace pasar un rato entretenido con lindos paisajes, efectos variados, muchas aventuras, y hasta sentir una leve, agradable emoción en alguna parte de la historia.

    Aclaremos, éste no es una remake del otro. Toma ciertos elementos, por ejemplo, Mitty trabaja en una editorial, es soltero, tiene una madre (aquí, Shirley MacLaine), e inesperadas circunstancias lo llevan a vivir aventuras reales, como las que se propuso vivir en su infancia. Pero el disparador de los cambios es más actual: su empleo corre peligro, ya que los nuevos dueños de la empresa han encarado una cruel "racionalización". Un acto heroico puede ayudarlo, e incluso instalarlo debidamente ante los ojos de la chica que él adora. Datos adjuntos. La revista "Life" existió de veras, cerró por la misma causa que se menciona en la película (pero con otra tapa) y buena parte de su archivo puede disfrutarse en http://images.google.com/hosted/life libremente. El cuento original "La vida secreta de Walter Mitty" pertenece al humorista James Thurber, también autor de "El unicornio en el jardín", "La vida secreta de James Thurber" y otras delicias. Existe en psicología el llamado Síndrome de Walter Mitty.
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  • La vida de Adele
    La vida de Adele
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    Aunque extensa, una atrapante historia de amor

    El franco-tunecino Abdellatif Kechiche es un director exquisito, exigente y notable, con una mano enorme para conducir roles femeninos. Acá lo apreciamos en "Juegos de amor esquivo", variación de la pieza de Marivaux "Los juegos del amor y del azar" aplicada a unos adolescentes en el colegio. Después vino el drama costumbrista "Cous cous, la gran cena", donde afloró su tendencia a estirar todo más de la cuenta. Lo que vemos ahora es su pieza consagratoria, la de mayor repercusión mundial, y también la más larga: 179 minutos.

    Pudo durar una hora menos. Confiemos entonces en que la sala tenga aire acondicionado y el público se enganche. Esto no cuesta demasiado, ya que se trata de una historia de amor en todas sus instancias, luminosas, dolorosas, de incertidumbre, de plenitud, desazón, ardor, soledad, aceptación, cariño, en fin, lo que cualquiera vive o ha vivido, y todo eso plenamente interpretado por dos actrices admirables, Lea Seydoux y la chiquita Adele Exarchopoulos. Con un agregado de actualidad: como en este caso se trata de personas de igual sexo, se agregan también, aunque muy poco, algunos conflictos sociales y familiares inherentes. Que se suman a los que puede tener la propia pareja. Emma es refinada, de pretensiones artísticas, capaz de deslumbrar y confundir a cualquiera. Adele es una menor, algo tosca, de procedencia común. La historia abarca unos seis años, siguiendo las evoluciones del amor y la maduración de la protagonista. No corresponde decir más.

    El asunto se inspira en un comic de la joven Julie Maroh, "El azul es un color cálido", cuyo final melodramático fue cambiado por otro menos terrible. También se cambiaron nombres, variaron título y situaciones (haciendo de paso un guiño a "La vida de Marianne", también de Marivaux), la estructura del relato, la proporción de algunas situaciones (las sexuales crecieron hiperbólicamente), se acentuó la diferencia social entre las dos jóvenes, volaron personajes claves, y, entre otras cosas, se desperdició el uso expresivo de los colores, que el comic aplica hábilmente con mínimos trazos. Si el director de fotografía quería lucirse con ese recurso, se quedó con las ganas. En "La vida de Adele" todo está hecho para que se luzcan solo el director de actrices, y las actrices, harto convincentes en la representación de cada matiz de sentimiento, y en el hiperrealismo de sus escenas íntimas (el gran gancho de la película, pero no lo más emotivo).

    Quedan para la salida del cine las discusiones sobre elección sexual, erotismo y pornografía, etapas de cualquier relación sentimental, etc. Y para literatura de poster, dos frases originales del comic: "Te quiero apasionadamente. Te quiero apaciblemente". Y "El amor no puede ser eterno, pero nos hace eternos". Reemplazarán por un tiempo aquel "Amor es nunca tener que pedir perdón", de la cándida y heterosexual "Love Story".
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  • Paraíso: Amor
    Paraíso: Amor
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    Paraíso incómodo y poco edificante

    Hace pocos años, cuando el Provincial de Mar del Plata todavía no había sido recuperado, el caminante que quería disfrutar de un paseo nocturno por la Rambla se arriesgaba a encontrar de pronto una larga fila de tipos parados a dos metros uno de otro, callados, expectantes frente a la parte posterior del hotel. Estaban ahí horas, esperando ser elegidos por algún cliente, cada tanto una clienta. Como aquellos, los morochos de esta película están a pleno día en la playa de los hoteles de lujo de Shanzu, Mombassa, al acecho de alguna clienta, o del tipo que venga, donde hay hambre no hay turista que se haga el duro.

    "Paraíso: amor" nos muestra la aventura sentimental de una señora austríaca, gordita ella, por no decir tirando a obesa pero de piel suave, que va de vacaciones a un hotel de esa región de Kenya sabiendo que puede gozar un servicio verdaderamente "all inclusive". Si se anima o no se anima con las amenities del establecimiento y sus alrededores, si espera encontrar algo más que sexo pago y en negro, eso ya forma parte de los enredos del argumento, que son pocos y alternan entre lo desagradable y lo entristecedor. Esto no es una comedia.

    El autor se llama Ulrich Seidl, vienés ajeno a los valses. Le gusta dar asco, es un auténtico provocador alentado por ciertos festivales (acá se vieron ésta y anteriores en el Bafici), y sabe atrapar a su público con imágenes incómodas y reflexiones obvias. Que la gorda se siente sola, que no se sabe quién se aprovecha de quién, que los europeos todavía se creen gran cosa, en fin, lo de siempre, dicho sin ninguna delicadeza. Y como ya lo han alentado, esta película es la primera de una auténtica trilogía, donde tres mujeres de la misma familia buscan de diversos modos la felicidad. Tras ésta "de amor", vienen "Paraíso: fe" (una loca se engancha con la religión, los manteros ya la venden) y "Paraíso: esperanza" (la gordita adolescente quiere bajar de peso, se vende en farmacias).

    Cabe una sospecha. Suele ocurrir que ciertos autores de obras decididamente amargas sean personalmente unos tipos muy divertidos. Así que este tal Ulrich Seidl debe ser un piola bárbaro. Capaz que lo pasó muy bien durante el rodaje, y hasta se fue sin problemas con una o dos morochitas. Protagonistas, Margarete Tiesel y Peter Kazungu, que tampoco tienen pinta de demasiado serios.
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  • Visiones
    Visiones
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    Involuntariamente navideña

    En lejanos tiempos, la cartelera siempre lucía para estas fecha una película de espíritu navideño. La que ahora vemos arrima el bochin de modo laico e involuntario. No tiene trineos ni está el Jojó vendedor de gaseosas (el único gordo que aparece es un matón), pero en cambio hay una bolsa de residuos llena de plata, que podría servir de regalo, y hay, finalmente, una moraleja similar a la que recibió el señor Elbenezer Scrooge en aquella Navidad de hace ya 170 años justos.

    Doña Marta no tiene el mismo oficio, ni desprecia tanto la felicidad ajena. Al contrario, como profesional del tarot, las ataduras de amor y demás envolturas consolatorias, le interesa que su clientela se vaya contenta e ilusionada. Pero un día ella también recibe unas visitas fantasmales. Primero una del pasado ajeno. Luego, las de su propio futuro, que procurará evitar de una y otra forma. Hasta que llegan las visitas del pasado. Ahí está la madre del borrego, ella misma ha preparado su destino. La fantasía, que altera los tiempos, podría entonces jugar a favor suyo y de otra gente a la que arruinó la vida, más o menos como el señor Scrooge.

    Por ahí va la historia. No conviene agregar más. Solo decir que la cosa tiene un comienzo algo teatral, poco auspicioso, ubicado hacia 1989, a juzgar por la cifra de australes que cobra la señora. Pero luego viene lo interesante. "No adivino, niña, tengo visiones", dice. Y bueno, ya que dice que tiene visiones, ahí empieza lo lindo. Visiones, especulaciones, reversiones, desesperaciones, revelaciones decisivas, armas y acciones, incluso la acción policial, etc.

    También aspirando a revelaciones, o al menos probándose en el cine, aparece un buen número de debutantes. Juan De Francesco, director que viene del campo de la producción. Nicolás Cisco, guionista probado en algunos cortos. Adrián Ero, coprotagonista. Dos chicos, varias jovencitas, parte del personal técnico.

    Debutante también, pero como protagonista de un film, Roxana Randón, conocida actriz de teatro, directora de su propia escuela, figura circunstancial de la televisión. Hasta ahora el cine le había sido esquivo. Apenas se la puede ver en "Made in Argentina", "Lo que vendrá y otras pocas películas, la última hace prácticamente 14 años. Ahora reaparece, y es figura principal. Ojalá que para la próxima no tarde tanto.
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  • Pequeñas diferencias
    Pequeñas diferencias
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    Agridulce visita a la fantasía infantil

    Acá se llama "Pequeñas diferencias". El título original es algo así como "el viento en mis canillas". El de distribución internacional en inglés, "The Dandelions", por esa plantita silvestre que en muchos lados llaman diente de león, y acá panadero. No importa, es igual. Como es igual en todas partes la costumbre de soplar la florcita seca del panadero, para ver cómo vuela, tan liviana, y se deshace, sabiendo que de ese modo transporta sus semillas.

    A veces el soplo va con un pedido, o un versito. Por ejemplo, aquel de la costarricense Carmen Lyra, bastante adecuado para esta historia: "Somos las semillas del diente de león/ unas arañitas de raro primor,/ que unidas nos puso la mano de Dios./Ahora viene el viento:/ -hermanas, adiós".

    Ambientada en 1981 en un pueblito típico, la película nos muestra a la pequeña Rachel Gladstein, de 9 años, toda tímida y bien educadita hasta que se hace amiga de otra nena más despabilada, Valérie, y las dos se desatan, se ríen de cualquier cosa, cometen picardías inocentes. Los padres de Rachel están perplejos. La madre y el hermano de Valerie las festejan sin problemas. Paulatinamente surge un acercamiento entre ciertas partes de ambas familias, pero eso no es lo principal (salvo, claro, para el señor y la señora Gladstein). Lo principal en esta película es su captación simpática, entusiasta y exacta de la vida de dos niñas, con sus alegrías y fantasías, su particular interpretación del mundo de los mayores, y también con un dolor que llega inesperado, aún cuando ya se lo anticipe por partida doble al comienzo mismo de la historia. Uno de esos anticipos es el dibujo animado que acompaña los títulos en preciosa síntesis.

    Dibujo, historia y personajes responden a la historieta original de Raphaelle Moussafir, que ella misma adaptó para novela, teatro y película, en este caso junto a la directora Carine Tardieu.

    Elenco, las nenas Juliette Gombert y Anna Lemarchand, que ojalá hagan carrera, Agnés Jaoui, Isabelle Carré, Denis Podalydès, e Isabella Rossellini, esta última en papel de psicóloga que parece salida de un cuento, porque así la ve la nena. Tierna, tocante, provocadora de recuerdos, "Pequeñas diferencias" también es más incisiva de lo que parece. Vale la pena.
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  • Un lugar para el amor
    Un lugar para el amor
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    Lo mejor es la casa playera de madera

    El "lugar para el amor" al que alude el título local es casi lo mejor de la película: una casona en la playa, de madera noble, con grandes ventanales, piso encerado y ambientes amplios que parece que se limpian solos (no hay personal doméstico a la vista).

    Para dar una idea, el armario de la cocina es tan amplio que cabe una parejita acostada. Está en Wrightsville Beach, North Caroline, por si alguien anda buscando alquiler para estas vacaciones.

    En cuanto al tema de la película, bien, su título original habla de gente atascada en el amor. El dueño de casa sigue obsesionado con la mujer que lo largó hace como dos años. La hija apenas joven, decepcionada por la experiencia de los padres, se hace la superada, descreída y degenerada, es decir que aflojará cuando se le cruce un buen tipo de cariño sincero (pasa en las películas, pasa en la realidad, pero sólo a veces). Y el hijo menor está bobo por una compañerita de la secundaria que anda con un grandote y apenas uno se descuida le mete a la cocaina con champán y hay que llevarla al hospital (él prefiere la marihuana "con filtro").

    ¿Y de qué vive esa gente? El título de rodaje era "Writers". De eso va la historia. El padre es novelista, la hija publica su primer libro, el hijo endereza para cuento y poesía, y todo pasa entre conversaciones (nada profundo), lecturas, estímulos, recomendaciones, una presentación muy paqueta al aire libre y un cameo telefónico (solo se oye la voz) de Stephen King.

    Una de las pocas personas que no lee ni escribe es la apetecible vecina rubia, muy comedida con el pobre hombre separado. Porque la ex mujer también lee. ¿Y qué lee la ex mujer? La novela del marido y el libro de la hija. Y eso que se llevan mal.

    En suma, sexo, droga y literatura. Y mucho cuidado de las formas, e interpretaciones a cargo de gente linda. Hay como una veintena de canciones de fondo y otros vicios del cine indie, pero se pasa el rato.

    Además, su autor tuvo una gratificación extra: es que, según dicen, él se inspiró en la separación de sus propios padres, y "reescribió la historia tal como le hubiera gustado que termine. Placeres de la ficción.

    Dicho autor es el virginiano Josh Boone (homónimo del basquetbolista), y ésta es su primera película. Luego reincidió con otras dos, también de base literaria.
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  • Diario de Ana y Mía
    Diario de Ana y Mía
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    Dos princesas que no son de Disney

    Desde sus 20 años Alejandra Martín, egresada de la Enerc, trabaja como directora de fotografía en videoclips, comerciales y películas que a veces la sumergen en mundos irreales, como los que volcó en "El vestido" y el corto "La leyenda del ceibo".

    Quizá navegando entre tantas imágenes que hay por internet será que empezaron a inquietarle ciertas siluetas, y ciertos epígrafes junto a diversos textos contradictorios y confesionales. Había entrado en los diarios de Ana y Mía, Aneami, Princess Ana y tantos otros blogs llenos de paisajes de cuento, mariposas, rebordes rosados, frases inocentes y consignas peligrosas.

    Enfrentándolas, también hay por lo menos una página, "Unidos contra las princesas de Ana y Mia". Se impone la aclaración, para quien recién se desayuna. Esos nombres aluden a dos males de nuestro tiempo: Ana, por anorexia, y Mia, por bulimia.

    En diversos blogs con esos nombres claves, muchas adolescentes vuelcan sus obsesiones, publican sus logros, se dan aliento, cuentan, como si fuera un tema aparte, algunos problemitas con sus padres, médicos y psicólogos.

    Se sienten princesas de un reino escuálido y hermoso. Alejandra Martín logra entrar en la vida real de cuatro chicas de esas chicas (dos de las cuales ya son más que adolescentes). No intriga, no las instiga, solo quiere conocerlas.

    No oímos su voz, ni tampoco interrumpe ningún especialista dando explicaciones. Solo escuchamos a las jovencitas, casi todas de voz quejosa y bastante tiempo libre, cuanto mucho oímos a la madre de una llevándola al consultorio, y al profesor de dibujo y pintura de otra, para colmo un gordo bastante exigente y parco para los elogios. El mundo real suele ser duro con ellas. Y ellas son aún más duras con sus propios cuerpos.

    En resumen, un acercamiento interesante, especial para comprender mentalidades, más que para discutir informaciones. Productora, Primaveral Cine, la de "AU3 Autopista Central", señalable registro de opiniones contrapuestas, y "Planetario", que es muy tierno.
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  • La esencia del amor
    La esencia del amor
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    El amor desafía al tiempo en bello film

    El inglés Paul Andrew Williams ha dirigido un par de películas de terror bastante solicitadas sobre hijos asesinos y cabañas macabras, y también "London to Brighton", drama medio fuerte sobre una chica metida en problemas superiores a su edad.

    Ahora, mostrando la amplitud de su registro, aparece con una historia sentimental de gusto popular. La misma luce buenos intérpretes, música llevadera, temas serios tratados con relativo optimismo y un ambiente tan creíble como sus personajes, que se van haciendo entrañables.

    Newcastle, distrito poco turístico de la isla. Un matrimonio ya entrado en años. Él es seco, medio agrio. Ella es de buen carácter, animosa, pero no como para tocar las castañuelas. Tiene cáncer. Su distracción es el coro de viejos al que pertenece, conducido por una joven también animosa.

    Causa gracia ver a los muchachos de la tercera entonando alegremente "Let's Talk About Sex" y temas similares. Ahí los viejitos se divierten, se integran, y solo cabe esperar que la Parca sepa apreciarlos y no haga sonar a nadie de mal modo. Y que el hombre acompañe a su mujer. Ella es su compañera, es el puente para entenderse con el hijo, ella significa mucho para él.

    Así es la historia, que tiene partes risueñas y de las otras, y que expresa controladamente las emociones, mientras en la sala el público aprovecha la oscuridad para dejar que los ojos se le humedezcan sin la menor verguenza. Sobre todo, cuando se aprecia el amor de la pareja en los difíciles tiempos de la vejez. Y se agradece que esto no sea "Amour", sino "tan solo una simple historia sentimental". Simple, sencilla, sentida, honesta, respetuosa, tocante.

    Terence Stamp, perfecto en la minuciosa caracterización de viejo amargo pero protector. Vanessa Redgrave, tan suave y luminosa como siempre. La chica Gemma Arterton, Christopher Eccleston (con una expresión parecida a la de Stamp) y demás miembros del elenco, jugando al clisé con todo esmero y buenos resultados.

    Algo despareja la trama, es cierto, con una ocasional salida de tono y algún remate innecesario, pero esos son defectos menores. En cambio, la escena en que ella le canta "True colors" es muy agradable, y, sin exagerar demasiado, esa parte del "Goodnight my angel, now it's time of dream" es impagable. Vale la pena.
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  • Tango en el Tasso
    Tango en el Tasso
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    Un tango que poco aprieta

    Ya lo dice el refrán sobre quien mucho abarca. En su debut como director y libretista de cine parece que Acho Estol, líder de La Chicana, quiso meter en hora y media todo el elenco estable del local donde actúa, varios músicos más, ya que estamos, un recitador acaso innecesario, imágenes abundantes de una Buenos Aires mugrosa y creativa, tomas también abundantes de cada intérprete, más un prólogo que desdeña retóricamente la comercialización para turistas. No se puede todo en la vida.

    Orquestado en cuatro capítulos (Las glorias, Las minas, Los nuevos intérpretes, Vuelve el tango) y mechado con idas y vueltas de material que parece sobrante, el registro permite apreciar diversos valores, y disfrutar algunos instantes memorables. Por ejemplo, el Marinero Montes ensayando con jóvenes guitarristas, Juan José Mosalini dando clase, Leopoldo Federico en sobremesa de anécdotas, Lidia Borda recordando a Luis Cardei, Adriana Varela cruzando por su viejo barrio, el guitarrista Hugo Rivas en su peluquería de Boedo.

    Aparece Horacio Salgán, muy poquito. También Ariel Ardit apenas canta hermosamente un tema y chau, desaparece sin hacer declaraciones. Otros aparecen y reaparecen demasiado. Algunos dicen cosas interesantes. A algunos otros/as no habría que dejarles hablar tanto. Igual puede apreciarse el trabajo del montajista Agustín Elgorriaga, y la calidad de unos cuantos artistas históricos o dignos de serlo, como el propio Estol (pero no como cineasta).
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  • A la deriva
    A la deriva
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    Con la amargura de Quiroga

    Seca, breve, creíble y concisa, como un cuento de Horacio Quiroga, tal es la película que ahora vemos. Y también, como un cuento de Quiroga, realista y a la vez un tanto extraña, ambientada en ese mundo subtropical, asfixiante y fascinante, de Misiones, de paisajes amplios, hermosos, pero de vida difícil, habitados por gente abierta, amistosa, pero cerrada para ciertos asuntos, a veces calladamente hostil, o ajena, como son ajenos los montes y traicioneros los ríos y los acuerdos con tramposos.

    Así es el mundo en el que viven nuestro protagonista y su familia, un empleado de aserradero en algún lugar vecino a la selva y la frontera. Don Horacio escribió un cuento con ese título: "A la deriva". "El hombre pisó algo blanduzco, y enseguida sintió la mordedura en el pie", así empieza. La película habla de otro hombre, de otra circunstancia. Pero ambas obras están emparentadas, y no solo por el ambiente. Al primero lo muerde una yararacusú, animal terrible. Al de ahora lo muerde la preocupación de llevar el pan a la casa, cuando pierde el trabajo y la única oferta laboral es el contrabando al servicio de un pequeño narcotraficante. Pequeño y naturalmente dañino.

    Hay una descripción de la realidad sin ornamentos, y un llamado de atención sin subrayados. ¿Cómo se siente, para dónde va, la gente que quiere seguir siendo trabajadora y honrada? A la deriva, el título es preciso. Buen relato, que se concentra en pocos episodios y termina donde debe, sin estirarse un minuto más. Final feliz, dentro de lo que cabe, que no es mucho.

    Rodaje en San Ignacio, Jardín América, Colonia Polanas, Aristóbulo del Valle, Colonia Primavera. Cine del interior con algunos actores (no todos) y técnicos que viven en la Capital: Daniel Valenzuela, el polaco Julián Stefan, Juan Palomino, todos exactos en sus personajes, igual que Mariana Medina y Mónica Lairana. Autor, Fernando Pacheco, posadeño. Conviene seguirlo. En la producción, Doménica Films, la misma de "Buenos Aires 100 km", "El último verano de la Boyita", "La cámara oscura", "María y el Araña".
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  • Esclavo de Dios
    Esclavo de Dios
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    Sólido thriller sobre fanáticos

    Atractivo, polémico thriller sobre el enfrentamiento de un terrorista libanés con un agente de inteligencia israelí en Buenos Aires, este relato se sigue de principio a fin con igual interés tanto en las escenas de diálogos como en las de tiros, que están bien hechas, suenan bien y son siempre inquietantes, a veces también indignantes por lo que pasa.

    Pero cuidado, ésta no es "una de tiros" entre buenos y malos. Acá los antagonistas rezan a la misma hora a un mismo Dios, cada uno a su manera, y cada uno se prepara para lo que va a hacer exactamente por el mismo motivo, "ad majorem Dei gloriam", como dicen los jesuitas. ¿Pero qué pasa, si la mayor gloria no fuera matar o morir por Dios, sino vivir y dejar vivir? Uno de los dos actuará con justa razón. O los dos, o ninguno, eso ya lo veremos.

    Además están los otros. Los que esperan que uno esté "a la altura de las circunstancias". El recuerdo de los seres queridos que fueron asesinados y quizá reclamen venganza. El riesgo de provocar deseos de venganza en otros más, que también tienen seres queridos. ¿Quién, que ame a Dios, no ama también a su familia? Parece que hay gente así. Inquietante, ver cómo cada uno de estos personajes encara su vida en el hogar. Y la breve pero contundente escena en que cada uno se enfrenta con la mirada y la voz de la esposa.

    Vidas paralelas, con similitudes y diferencias (uno de ellos ya sabe cómo es esto, se templó y se mantiene frío, el otro recién se está templando, se está moldeando). Vidas paralelas que se cruzan en más de una ocasión, desafiando las matemáticas y otras formas de armonía que debe haber en el mundo. No es un thriller americano, ni a la americana. Tampoco es una versión sobre el atentado a la Amia, como podría parecerlo. Los atentados a la Embajada de Israel y la Amia son dos disparadores del argumento, pero el tema es otro: saber qué pasa por la mente de quienes protagonizan esta lucha en nombre de Dios (y en lo que fuera Tierra de Paz).

    Vando Villamil como el agente, Mohammed Alkhaldi, de origen iraquí, César Troncoso en papel de comisario de vista gorda con la gente del piso alto de la Embajada, son las figuras principales. Música (casi otra protagonista) del maestro Emilio Kauderer. Director, Joel Novoa, venezolano que, famosamente, perdió el avión y así se salvó de morir aquel 11 de setiembre. Guión, Fernando Butazzoni, novelista uruguayo. Rodaje en Caracas, Buenos Aires, Montevideo fingiendo ser Buenos Aires. Una escena, una sola, frente a una sinagoga, puede parecer algo ingenua. No lo es, como símbolo dramático. Y ojalá en la vida real tampoco fuera ingenua. Para recordar: la advertencia al final de "Munich", de Steven Spielberg, frente a las Torres Gemelas, donde se pone en palabras lo que acá se muestra en hechos. Vale la pena.
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  • La boleta
    La boleta
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    Una noche demasiado interminable

    He aquí un largo sainete de malandras con señoritas de mínimo vestuario contando plata a lo loco, mientras el protagonista, infeliz de clase media baja, suda la gota gorda para recuperar una boleta de loto que unos pibes acaban de robarle. Es que el tipo contó las moneditas para comprarla y zafar de su vida miserable. ¿Hay final feliz para sus aflicciones? ¿La habrá para el espectador?

    Esto no es "El hombre señalado", donde Mario Fortuna gana la lotería pero justo la mujer ha vendido el sombrero donde él ocultaba el billete. Acá Damian de Santo no tiene sombrero, ni mujer, ni fortuna, ni ganó nada todavía, porque el loto recién sortea dentro de unas horas. Pero entretanto se cruza con chorros, travestis, variados capos, dos osos con metralleta, dos canas con maña, las señoritas antedichas y otras más, un pícaro de buen corazón, etc., etc., así hasta el otro día.

    Puede verse como una parábola religiosa, donde el simple pecador, guiado por un designio divino, u obsesión infernal, pasa la noche en el purgatorio, del que sólo podrían salvarlo sus pocas buenas acciones y la decisión de un hombre de Dios. O, más bien, como un mero pasatiempo donde el cualunque nacional, basado en una intuición quinielera, conoce lo peor y lo mejor de una villa, por ejemplo la decisión de un personaje agarrado de los pelos.

    En el elenco, Roly Serrano, de sentado, Claudio Rissi, avivando la estirpe de su Príncipe de la Noche con un color especial, Marcelo Mazzarello sacando jugo a una piedra y Ricardo Bauleo, conocido veterano de la gloriosa agencia de seguridad Acuario. Música, variada y risueña, Pablo Sala. Autor, Andrés Paternostro, debutante con larga experiencia previa en fotografía y otros rubros de cine y televisión.
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  • El otro hijo
    El otro hijo
    Ámbito Financiero
    El cambio de cuna, con peso político

    Pasa muy de vez en cuando en la vida real, pasa cada tanto en la literatura y el cine. Alguna enfermera atolondrada, cansada, o indiferente se confunde y entrega a unos padres el bebé recién nacido de otros padres, y viceversa. Cuando se comprueba el error, la gente ya desarrolló demasiados vínculos de afecto, y cada chico tiene incorporados unos valores quizá contrapuestos a los que pensaban inculcarle sus padres biológicos. Quizá, muy contrapuestos. En eso de los chicos cambiados al nacer, hay casi siempre seis personas afectadas. Amén de hermanos y abuelos, vecinos y maestros.

    "La vida es un largo rio tranquilo", de Etienne Chatiliez, o la reciente "Tal padre, tal hijo", de Hirokazu Koreeda, son dos historias muy buenas inspiradas en esos asuntos. A ellas se suma la que ahora vemos, de fuerte intensidad dramática y características muy especiales. Digamos solamente que todo empieza cuando Josef, hijo de Orith y Alon, va a hacerse la revisación médica para el servicio militar. Hay otro muchacho, Yacine, hijo de Said y Leila. Ambos nacieron en el mismo hospital de Haifa, pero después cada uno se crió de un lado distinto del muro. No anticipamos nada. La historia empieza ahí, y lo que puede pasar de ahí en más, ese es el tema.

    La ironía es fuerte. Intolerable para algunos. Por lo común, los relatos de chicos cambiados al nacer ponen el acento en detalles risueños, de diferencias culturales o de carácter adquirido. Este, en cambio, pone el dedo en la llaga de diferencias mucho más graves. Y lo hace bien. Con mesura y a la vez con hondura, tanto reflexiva como interpretativa. Da para pensar, está sinceramente bien escrito, tiene un elenco digno de ver, y emociona.

    Aplausos, para la directora Lorraine Lévy, mujer optimista, Noam Fitoussi, autor de la idea original, que propuso hacer un drama familiar antes que un alegato político, las actrices Emmanuelle Devos y Areen Omari, los jóvenes Jules Sitruk y Mehdi Dehbi, y la película entera, que atiende casi por igual la perspectiva de cada uno de los afectados. Vale la pena.
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  • Mujer conejo
    Mujer conejo
    Ámbito Financiero
    Barrio Chino sin Polanski pero con conejos villanos

    Una aclaración: los conejos de malos hábitos alimenticios que hay en esta película ya daban vueltas por el mundo mucho antes que los conejos de la superproducción "El Llanero Solitario", o Sanitario, como decía Susanita. Si alguien los copió, no lo sabremos. Y si ambas películas están copiando de la realidad, mejor que no lo sepamos. Como tampoco es agradable ver en la vida cotidiana lo que acá pasa en la pantalla con algunos personajes del Bajo Belgrano y aledaños.

    Por ahí, en pleno Barrio Chino, anda una joven de rostro chino, facciones chinas, ascendencia china, pero que no habla chino. Empleada municipal, se mete a hacer ciertas verificaciones donde no le conviene. Ahí es donde aparecen la mafia china, la mala yunta que medra en oficinas públicas, y los conejos que atienden nuevas ofertas gastronómicas. Todo lo cual encierra un intríngulis algo confuso donde también cae el novio médico (cara de no-chino) de la joven de ascendencia china. Para mayor enredo,el film entremezcla romance, drama policial, ciencia ficción berreta, gore a gusto, atisbos de denuncia político-social y dibujitos animados.

    El conjunto es entretenido, variado, de técnica cuidada y argumento medio descuidado, con intérpretes de nivel desparejo y, eso sí, con gran entusiasmo por la narración lúdica. Autora, Verónica Chen, más suelta y fantasiosa que en "Vagón fumador" y "Agua" (la del nadador de la competencia Santa Fe-Coronda). Protagonista, Haien Qiu, por la cual darían ganas de aprender mandarín, cantonés, dirección de actrices, en fin, lo que sea necesario. Pudo ser mejor, a veces resulta más rara que buena.

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  • Omisión
    Omisión
    Ámbito Financiero
    Confesiones eran las de antes

    Curas atrapados por confesiones de mala leche que los dejan en la lista de sospechosos y hasta los obligan a pagar culpas ajenas, el cine tiene varios, desde Arturo de Córdova en "El secreto del sacerdote" (antes de conocer a Zully Moreno) hasta Carlos Estrada en "Angustia de un secreto" (variante de "Labios sellados", de Fernando de Fuentes), pasando por Montgomery Clift en "Mi secreto me condena", de Alfred Hitchcock. Dos cosas llamaban la atención en esas películas: la intriga de saber hasta dónde arriesgarán su vida estos hombres de Dios, y la facha que tienen. Son todos pintones.

    Gonzalo Heredia cumple con la pauta. Es fachero, hace de cura, y su personaje está metido en un doble berenjenal. Alguien le confesó sus crímenes. Si lo denuncia, comete pecado contra el secreto de confesión. Si no lo denuncia, comete pecado de omisión, que en este caso lo hará cómplice, porque el tipo piensa seguir haciendo desastres. Caramba, si el otro dijo lo suyo pero no está arrepentido ni piensa enmendarse, ¿qué valor religioso tendrá esa confesión? Habría que averiguarlo.

    El asunto es que hay un asesino suelto en la parroquia. Es un raro moralista, de profesión psiquiatra, que aplica un tratamiento no convencional y decididamente definitivo para los traumas de varias señoras y señoritas, y señores también. ¿Por qué aflige al curita contándole sus cosas? Ahí va lo más interesante, porque hay otra forma de entender eso de la omisión. Y porque el loco es un resentido de aquellos, encima prejuicioso, se cree que los curas son todos hipócritas y cobardes, etc.

    La cosa se complica, se enriquece y se aclara a medida que vamos entendiendo el pasado y las motivaciones de cada personaje. El planteo es bueno, pero varios descuidos y efectismos y un desarrollo desprolijo, dificultan mayores logros. El momento decisivo, tras mucho estiramiento, se cierra en forma abrupta, impidiendo que el público aprecie lo suficiente el desconcierto moral de uno de los personajes claves. Tampoco es muy realista: el curita anda en una regia camioneta, la deja con la puerta abierta y cuando vuelve la camioneta todavía está donde la dejó. Señalable música de Osvaldo Montes, entretenida actuación de Carlos Belloso (otro loco para su colección), rodaje en Piedrabuena.
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  • El amor dura tres años
    El amor dura tres años
    Ámbito Financiero
    Beigbeder: humor y desencanto al estilo francés

    Fréderic Beigbeder, escritor y comentarista mediático, creador del Prix de Flore, libretista de "The Day All Women Love Me" y otras piezas simpáticas, debuta aquí como realizador de cine sin alejarse mucho de su ambiente, ya que sigue los desvelos amatorios de un crítico literario y "comentarista nocturno", divorciado como él, que escribe sobre sus desengaños y con eso se gana (oh, casualidad) el Prix de Flore, que lo lleva al amor de muchas y el desamor de una. Reconquistarla es parte de la historia.

    Como cabe esperar, abundan las frases singulares, guiños del negocio editorial, algunas figuras del actual panorama francés que hablan especialmente para este film, un viejo registro de Charles Bukowski haciéndose el cínico, una escena de reconocimiento a los diálogos de Roger Vailland, y un fragmento del Soneto 68 de William Shakespeare ("El amor no se deja engañar por las trampas del tiempo") sacado de la biblioteca del baño, porque esta gente tiene libros hasta en el baño.

    Pero si uno es iletrado igual disfruta, porque ésta es una comedia ligera, el protagonista Gaspar Proust explica su pensamiento a cámara (como Walter Reyna en "El pecado más lindo del mundo"), hay situaciones risueñas que a cualquier le pasan, mujeres apetecibles, sobre todo Louise Bourgoin en plan de rubia alegre y divertida con risa estentórea, dos paseos por Ghetary o Getaria, en lo mejor de la Costa Vasca, mucha música muy bien colocada del gran Michel Legrand, lindas reapariciones de tres viejos intérpretes de los '70: Anny Duperey, todavía linda, Bernard Memez, ahora gordo, y en especial Christophe Bourseiller como el cura harto de frívolos en medio de un funeral. Y un invitado especial, que aparece para culminar el cuento.

    Un detalle a tener en cuenta: Beigbeder escribió la novela en que se basa su película pero, sabiendo que una película no es un libro, tuvo el sentido común de apelar a dos coguionistas y dialoguistas, y un supervisor. No cualquiera lo hace.
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  • Memorias cruzadas
    Memorias cruzadas
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    La guerrilla y las cosas por su nombre

    Menos de lo que cabía esperar, pero mucho más de lo que aquí se hace, este film muestra cómo viejos izquierdistas brasileños se animan a la autocrítica y llegan a la duda, pese al amor y el orgullo por lo que hicieron cuando jóvenes. La directora, Lucía Murat, sabe de qué habla: ella integró el grupo guerrillero MR-18 cuando adolescente. Luego, tras la cárcel, fue periodista y cineasta.

    No habla aquí de las tremendas torturas sufridas en prisión. Eso ya lo hizo en el documental "Qué bueno verte viva", donde reencontraba algunas compañeras sobrevivientes. Lo que ahora ofrece es una ficción, inspirada en las reuniones de viejos amigos en el hospital, cada vez que una de las ex militantes más famosas era internada.

    Esa mujer, Vera Silvia Magalhaes, participó en el secuestro del embajador norteamericano Charles Burke Elbrick, a quien cambiaron por 15 presos, fue capturada, torturada, liberada con otros a cambio de un nuevo embajador secuestrado, ahora alemán, exiliada (pasó por la Argentina en 1973, huyendo de Chile a Suecia), y, tras unos años de trabajo, terminó jubilada por invalidez. Ya cuando la sacaron de la cárcel en silla de ruedas pesaba solo 37 kilos. Murió a los 53 años.

    Murat no la menciona por el nombre, sino por sus dolores, sus varios maridos pese a los dolores, su espíritu animoso, la tempranísima lectura del "Manifiesto Comunista" a los 12 años de edad (así quedó) y alguna otra anécdota. Y tampoco la representa en agonía. Al contrario, la muestra en una eterna juventud, sonriente, contrapuesta a los demás, que fueron acumulando canas, panza y desazones. Pero ahora está en coma y los viejos camaradas le hacen el último aguante, bromean, recuerdan, sienten más cercano el cierre de una época.

    En esas charlas de hospital, o en alguna reunión hogareña, cada tanto surgen recuerdos culposos, de crímenes cometidos por error o por fanatismo, incluso contra algún compañero que estaba flaqueando en sus ilusiones (algo que acá también se hizo pero pocos dicen). Surge además un raro agradecimiento: por suerte no triunfó la dictadura del proletariado. Y se advierte la falta de energía para defender a un "compañero de la revolución universal" cuando Brasil acepta el pedido de extradición de un viejo miembro de las Brigadas Rojas.

    Personaje especial, ajeno a esas reuniones, un ex militante, ahora ministro de Justicia obligado a moverse entre viejos reclamos y actuales posibilidades. En Brasil recién el año pasado Dilma Roussef (también ex guerrillera torturada) logró que el Ejército deje de celebrar el golpe de 1964, que lo mantuvo en el poder durante 20 años. Y recién hace poco empezó a funcionar un comité de investigación, no vinculante, por crímenes de aquel entonces. Ese ministro es, entonces, un personaje interesante, aunque aparece poco.

    Lo mismo, el Brigada interpretado por Franco Nero, con toda su máscara pero muy poca presencia y menos letra. En cambio, se pierde mucho tiempo con una trama secundaria, sin conflicto, que envuelve al hijo homosexual de una militante (quizá para atraer públicos nuevos). Aun así, una película que decide mencionar ciertas cosas por su nombre, y preguntarse si valió la pena tanta sangre, sin darle a esa pregunta una respuesta enfática. Para tener en cuenta.

    Participación argentina: coproductoras, Felicitas Raffo y Julia Solomonoff (las mismas de "Historias que solo existen al ser recordadas", de Júlia Murat, hija de Lucía) a través de Cepa Audiovisual, fotografía de Guillermo Nieto, acabado de imagen y efectos en Mandragora Producciones, y aparición de Pablo Uranga como notero en una escena.
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  • Diana
    Diana
    Ámbito Financiero
    En “Diana” prevalece la actual cultura del chisme

    No diremos que está mal hecha, pero se alarga demasiado esta película sobre un supuesto romance secreto de la princesa Diana con un médico de origen pakistaní, que encima pone al finado Dodi Al-Fayed como una especie de gancho para provocarle celos al otro. Se acabó la imagen de los dos enamorados, te usaron y encima te moriste como un zonzo, pobre Dodi con toda la plata que invertiste en la rubia aquella.

    Pero eso es porque los responsables de la película tomaron como palabra santa el amarillista libro "Diana. Her Last Love", de una productora televisiva, Kate Snell. Ahora ya es tarde, no importan las críticas y desmentidas de familiares y gente que sabe, la cultura del chisme prevalece y es más sabrosa, y con el tiempo se convierte en verdad revelada.

    Fuera de esto, la platea amiga de ricos y famosos tiene para entretenerse. Dentro del palacio de Kensington hay una joven rica que tiene tristeza, un morocho que la reanima, lujos y placeres, luego viajes a piacere, mucho ornato, la atracción del drama, etcétera. Las actividades filantrópicas de Diana (campañas contra los explosivos personales, apoyo a diversas entidades médicas solidarias, remate de su guardarropas con fines benéficos en Nueva York, etc.) se ilustran de modo colorido, apresurado y superficial, como en las revistas "del corazón", y para mayor empatía varios planos remiten hábilmente al recuerdo de ciertas fotos muy difundidas en su oportunidad. Con eso, mucha gente que ahora ve esta historia revive también su propia historia. Para ella va la película.

    Eso sí, mucho vestuario y reconstrucción de los 90 pero la muchacha sale un día rodeada de guardaespaldas y a la noche anda sola por la vía, sin nadie que la vigile. Eso suena a solución fácil del libretista, que se creyó que estaba haciendo "La princesa que quería vivir", donde Audrey Hepburn se escapa a pasear en motoneta con Gregory Peck. Encima, el actor que representa al susodicho médico más que hijo de ricos pakistaníes parece el hijo de Peter Sellers en alguna película tipo "La fiesta inolvidable. La segunda generación".

    Se trata de Naveen Andrews, el que hacía de Sayud Jarrah en "Lost". En cambio Naomí Watts está perfecta, sólo que innegablemente más linda y más vivaracha que la verdadera Lady Di. Guión, con vuelo televisivo, Stephen Jeffreys. Director, Oliver Hirschbiegel, el mismo de "La caída" y "Cinco minutos de gloria" (hombre capaz, ya vendrán tiempos mejores). Víctima sobreviviente, el doctor Hasnat Kahn, que existe de veras y que con tanto bochinche alrededor de su vida amorosa se tuvo que mudar a Malasia.
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  • Tanta agua
    Tanta agua
    Ámbito Financiero
    Una trama para reconocerse

    Sencilla, agradable, una historia pequeña de personas sencillas en circunstancias que podrían superarlas, todo contado sin que el agua llegue al río, y eso que hay agua por todas partes. Bajo la lluvia, el padre pasa a buscar a los chicos para llevárselos unos días de vacaciones. La madre los despide como si se los arrancaran. Llueve durante el viaje, llueve durante casi todos los días. Amontonados, aburridos. Pero la película no es aburrida, ni amontona los conflictos que naturalmente surgen, sobre todo los de la hija mayor, que está entrando en la adolescencia.

    Eso, más algunas andanzas de la chica con otra gente de su edad, y la simpatía del hijo menor, que todavía no amenaza con dar problemas serios, no mucho más. Ni menos, porque son cositas que hacen a la vida en familia, a la vida de cada personaje, y a la del propio espectador, que recordará, sin dudas, alguna salida pasada por agua, o algunas situaciones a veces un tanto embarazosas de la pubertad, que hoy evoca con una sonrisa. La película despierta esos recuerdos con un estilo amable, sin ostentaciones, con un humorismo asordinado típicamente uruguayo, y un casi permanente sonido de agua que cae, y cae, y sigue cayendo contra la ventana, justo en vacaciones.

    Autoras, Ana Guevara y Leticia Jorge, que debutan en el largo después de hacer juntas dos cortos casualmente también con criaturas en crecimiento: "El cuarto del fondo" y "Corredores de verano". Intérpretes principales, Néstor Guzzini, muy destacable, y los chicos Malu Chouza y Joaquín Castiglioni. A Guzzini lo veremos el año próximo en "El 5 de Talleres", nueva película de Adrián Biniez, el de "Gigante".

    Los chicos, es de esperar que aparezcan en otra, antes que los agarre el estirón. Rodaje en la parte más popular de Termas del Arapey, Salto, que es lindo por más que llueva y no haya TV en la pieza.
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  • El mayordomo
    El mayordomo
    Ámbito Financiero
    Personaje digno de una serie

    Seguramente, la vida de Eugene Allen, jefe de mayordomos y maitre de la Casa Blanca (el primer negro en alcanzar semejante cargo), hombre que a lo largo de 36 años tuvo el honor y el buen humor de servir a ocho presidentes, desde Harry Truman hasta Ronald Reagan, y ver desde su puesto cómo se iban desarrollando algunas decisiones históricas, daba para una buena miniserie. Son muy interesantes y a veces también sabrosas sus anécdotas, registradas por el Instituto Smithsoniano en la serie documental "White House Workers: Traditions & Memories". Pero lo que acá vemos es una película básicamente centrada en un tema: la dura lucha por la igualdad racial en EE.UU.. Y con un claro conflicto: la dispar visión de quien asciende sirviendo a los demás, frente al hijo que lo desprecia por eso mismo.

    La idea de hacer la película surge en el director Lee Daniels ("Preciosa") al reencontrar un artículo de Will Haygood publicado en el "Washington Post" poco antes del triunfo de Obama en las elecciones presidenciales del 2008: "A Butler Well Served by this Election". Haygood inventariaba allí la escasa presencia de los negros a lo largo de toda la historia de la Casa Blanca, salvo en la cocina. Por ahí entró precisamente Allen, de lavaplatos, y fue haciendo paulatina carrera. El artículo transcribía algunos lindos recuerdos de Allen y su esposa, y culminaba de forma emotiva, con un golpe de efecto digno de melodrama hollywoodense.

    Sí, daba para una miniserie, o una película que no quisiera abarcar lo que una miniserie, porque ya se sabe el refrán sobre el que mucho abarca, aunque ocupe más de dos horas. Sobre todo, si encima agrega la historia de su vida antes de llegar a Washington, problemas conyugales, el hijo díscolo, graves episodios de racismo en el Sur de EE.UU., y cambia el nombre del personaje principal, que en la ficción pasa a llamarse Cecil Gaines y tiene como 1.90 mt. y 120 kilos macizos, que lo hacen más apto para jefe de guardaespaldas que de mayordomos. Por suerte el intérprete es Forest Whitaker, capaz de transmitir un aire tan bonachón y servicial que le creemos todo. Lo acompaña un reparto lustroso, con Oprah Winfrey a la cabeza. Unas figuras se lucen, otras lucen bochornosas, y otras hacen un brevísimo cameo. Como cabía suponer (y temer) la historia tiene una perspectiva "obamista" "políticamente correcta", ignora prácticamente a Gerald Ford (Allen y él cumplían años el mismo día y lo celebraban juntos en el brindis del personal), es injusta con Ronald Reagan y señora (ni hablar de Ike Eisenhower), y en la segunda mitad se pierde un poco. Pero está bien hecha y a veces también emociona lo suficiente como para gustar al público y abrirse camino al Oscar. Música de Rodrigo Leao, vestuario de Ruth Carter.
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  • Sola contigo
    Sola contigo
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    Buen policial para no perderse detalle

    Dos desconocidos establecen por chat un contrato para acabar con la vida de una mujer, causándole el mayor pesar posible en los días previos a su muerte. No sabemos quién paga ni quién ejecuta, y la verdad es que alrededor de la víctima hay más de uno que podría desearle el mal. Ella es una ejecutiva de rango medio, fuerte en la oficina, frágil y angustiada en su casa y en la calle, sobre todo cuando empieza a recibir llamadas amenazantes de alguien que le habla con voz distorsionada, y que evidentemente la está siguiendo.

    Parece que los criminales la tienen fácil, porque ella ya viene quebrada y angustiada. Errores del pasado, el alcohol, una decisión judicial en su contra que afecta lo que más quiere, un homicidio culposo del que tardó en hacerse cargo, le pesan demasiado y la hacen ver como entregada, vencida por el destino y por la culpa. ¿Pero tanto como para dejarse matar? Eso ya lo veremos.

    Cuidado, conviene atender cada detalle desde el primer minuto, eso es fundamental. Desde el primero hasta el último. Comprender además que bajo las vestimentas del thriller, con todas sus intrigas, hay un drama auténtico, de esos que obligan a reflexiones posteriores. Ya a su debido tiempo descubrirá el espectador sobre qué pueden ser esas reflexiones. Y aunque le pique la curiosidad, también conviene negarse a escuchar o leer el más mínimo "spoiler" que pueda revelar la trama (quizá previendo ese peligro, los responsables han difundido unas síntesis informativas algo engañosas, pero ninguna precaución es suficiente).

    Sólo cabe anticipar que Ariadna Gil es protagonista absoluta y admirable, capaz de salir a cara descubierta mostrando la verdad de su personaje con impresionante fuerza actoral, que se trata de una obra de tensión interior y no de acción al gusto americano, que un asalto inesperado se representa tal como corresponde a la realidad, la música (casi otra protagonista) y la fotografia de tonos ominosos son de Federico Rivares y Carles Pedragosa, dos valores a tener en cuenta, y que otros personajes clave están a cargo de Sabrina Garciarena como empleada más que fiel, Leo Sbaraglia en rol de comisario intrigante, Gonzalo Valenzuela y Antonio Birabent.

    Cuando todo haya ocurrido, si sale bien alguien se verá en aprietos, alguien saldrá de un aprieto, y otros dirán alguna cosa graciosa (para nosotros) para descomprimir la situación. En cambio, la última escena puede oprimir el corazón. Pero algo antes, Sbaraglia habrá dicho como si nada una frase digna de cualquier antología policial argentina: "Cada bala tiene su dueño. Eso no se puede parar. Sale con fritas".
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  • Cuestión de tiempo
    Cuestión de tiempo
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    Comedia británica sencilla y placentera

    No hay pena de amor que no se cure con el tiempo. Sobre todo, si uno puede volver el tiempo atrás y arreglar alguna macana, o perfeccionar un acierto. A los 21 años, el protagonista de esta placentera comedia británica descubre que los varones de su familia pueden viajar en el tiempo. El padre, tan módico y discreto como cabe esperar de un buen inglés, aprovecha esa ventaja para leer a gusto. El hijo tiene otros gustos.

    La trama es simple y encantadora, en especial desde el momento en que nuestro personaje descubre a una chica deliciosa y se las ingenia para enamorarla a fondo. Pero al amor hay que alimentarlo, a los niños también, y eso no es todo. A esta altura, cabe aclarar dos cosas:

    Primero, se viaja mediante un recurso muy sencillo, y el destino es siempre retroactivo y personal. Sólo se puede volver sobre la vida de uno. ¿Y el efecto mariposa? "Hasta ahora nos hemos cuidado de no arruinar la civilización", dice el padre, con aire de viajero amablemente fatigado. Todo es amable, lindo y placentero en esta película. Baste saber que el autor de la misma es Richard Curtis, el guionista de "Cuatro bodas y un funeral", "Un lugar llamado Nothing Hill", "Realmente amor" (que también dirigió), en suma, un exquisito autor de agradables ensueños.

    Segundo, no habrá viajes para el común de los mortales, pero hay moralejas. Por ejemplo, a veces conviene dejar que pase algo malo (la experiencia es necesaria para corregirse). Y siempre conviene disfrutar a conciencia de esas cosas cotidianas que hacen "extraordinaria una vida ordinaria". Por ahí va la clave, aunque para decirlo la historia se alargue un poco más de lo conveniente.

    Intérpretes, el pelirrojo Domhnall Gleeson, Rachel McAdams, con su naricita respingada de chica buena hasta que se mete en la cama, los veteranos Bill Nighy, Lindsay Duncan y Richard Cordery, que hace de tío tonto. Rodaje en las costas pedregosas de Cornwall (qué linda casita encontraron), el distrito londinense St. John's Wood (mejor que Palermo Soho) y un restaurant de la cadena "Dans le noir?" que existe de veras, y de veras es atendido por camareros ciegos (lo que parece más increíble que un viaje en el tiempo).
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  • Mar del Plata
    Mar del Plata
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    Un viaje casi sin atractivos

    Suele decirse "la primera impresión es la que vale". La primera impresión es que los dos fulanos de esta película son unos pelandrunes de alta gama, chinchudos y antipáticos full time, cuya única muestra de amistad consiste en vivir discutiendo por pavadas entre ellos, como si fuera el encuentro de un hijo único recontramalcriado con otro hijo único igual de insoportable.

    La segunda impresión sólo confirma la primera. Estos tipos no triunfaron profesionalmente, fracasaron en la vida sentimental, no saben disfrutar, y uno incluso busca pelea con un tercero, quizá por envidia (ese tercero logró éxito en el campo que él hubiera querido), etcétera. La última impresión mejora un poco, porque ya estamos acostumbrados y hasta nos dan lástima.

    Consuelos

    Pero también suele decirse "una noche de vida es vida", "bien está lo que bien acaba", y otras frases consolatorias. O "se pasa el rato". Si al cabo de dos días de vacaciones logran pasar un rato de sano esparcimiento con respectivas señora (ajena) y señorita, dejarlas conformes y cambiar de cara, habremos cambiado también nosotros nuestra opinión sobre ellos.

    Para animarnos, los directores disponen de varios recursos viejos pero efectivos, como el personaje narrador que detiene la acción para hablar a cámara, la pantalla dividida para cotejar sus andanzas individuales, o los flashbacks evocando situaciones de infancia. Y recursos más nuevos, como un info televisivo en el ángulo superior derecho para mantenernos informados sobre las alternativas de un partido en la playa.

    Lo mejor en ese sentido es el episodio donde los amigos discuten hechos del pasado y el árbitro de esa discusión (el mozo de una parada en la ruta) se corporiza dentro de cada uno de los hechos recordados, como si hubiera estado allí en carácter de testigo presencial (y siempre con la servilleta al hombro). También agradables, los párrafos de unas composiciones escolares risueñamente imaginativas, la señora, la señorita, y otra señorita.

    Una curiosidad: la película se llama "Mar del Plata", dice transcurrir en dicha ciudad, pero no vemos absolutamente nada que la identifique. Misterios del nuevo cine argentino.
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  • Las brujas
    Las brujas
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    Regocijante regreso del Alex de la Iglesia “salvaje”

    Regocijo desde el primer minuto casi hasta el final, regreso de Alex de la Iglesia al espíritu de "Acción mutante" y "El día de la bestia", retrato de la España más reconocible y menos presentable, amplia humorada sobre la eterna guerra entre hombres y mujeres, eso es, en pocas palabras, "Las brujas de Zugarramurdi", cuyo solo título original ya suena excesivo, intransferible, imponiéndose a lo vasco a otro título más conocido, "Las brujas de Salem", que en comparación queda francamente insulso.

    Acá, por nuestra pereza para la dicción, lo hemos reducido a "Las brujas", con lo que pierde gracia y personalidad. Otras molestias que quizás afecten el entero disfrute de la comedia son algunos chistes muy locales que tiene de tanto en tanto. Por suerte, nada que nos deje afuera más de cinco segundos. Y una última: el final resulta menos brillante que el comienzo, pero esto porque el comienzo es de vértigo, y porque a cierta altura ocurre como en esas fiestas donde el dueño de casa ya se cansó de entretener a los invitados y está a punto de perder el hilo de su propia conversación. Aun asi, igual se agradece la regocijante noche que hemos pasado.

    ¿Y de qué trata la obra? De que las mujeres son mucho más inteligentes, astutas y rencorosas que los hombres, salvo excepciones. ¿Y cómo lo trata? Basta ver el afiche. Esto es disparate acelerado, caricatura de trazo grueso, diálogos sabrosos de salidas inesperadas, todo a partir de una banda de tremendos imbéciles que cometen un asalto loquísimo en plena Puerta del Sol y después huyen hacia Disneylandia perseguidos por la mujer de uno de ellos y dos detectives, con la mala suerte de pasar la noche justo en un pueblecito navarro donde damas y damitas de toda edad conservan las malísimas costumbres atribuidas a sus antepasadas (conviene saber que el atractivo turístico del auténtico Zugarramurdi es un Museo de las Brujas).

    No digamos más, esto es una sorpresa salvaje, misógina y contínua, con un elenco vastísimo y formidable donde casi todos se lucen, desde Carmen Maura y Terele Pávez hasta los partiquinos de menor cartel, el director está en su salsa, la música acompaña, y a nadie le importa demasiado que los efectos especiales de la noche de aquelarre sean medio berretas. E so también forma parte del chiste.

    Ahora, hablando en serio. La cacería de brujas de Salem, 1693, culminó con un lapidado, 19 ahorcadas y ahorcados, y 26 fallecidos en prisión, no sólo por la mala comida. La de Zugarramurdi, 1610, con 7 quemadas vivas, 5 muertas en prisión, y 19 arrepentidas que volvieron ese mismo día a sus casas. Parece que, estadísticamente, la Inquisición mató menos brujas que los protestantes, pero tiene una mala prensa que es de terror. Hay una película sobre esos hechos, "Akelarre", de Pedro Olea, 1984, con López Vázquez y el uruguayo Walter Vidarte.
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  • El loro y el cisne
    El loro y el cisne
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    Poco atractiva historia de un sonidista con su caña

    Lo primero que vemos es la reproducción a cámara de una carta de mujer ofendida con el novio. Salvo lindo, le dice de todo. Cuando al fin se despeja la carta y vemos al sujeto propiamente dicho, comprobamos que tiene razón.

    Ese tipo, irónicamente apodado Loro por lo poco expresivo, es un autista vocacional, un pelmazo desatento, el ser más inapropiado para la vida en pareja. Pero la recriminadora tampoco es la mujer ideal. Esa vendrá mucho después, con pinta de patito feo buena onda que ante sus ojos se convierte en Cisne.

    Y ahí el Loro habla, con ternura y lucidez inesperadas. Paradójicamente, no lo escuchamos. No importa. Lo escucha la interesada y ambos actuarán en consecuencia, o al menos eso es lo que cabe esperar.

    Eso, en cuanto a la historia. Respecto al modo en que está hecha, cabe esperar todavía menos, aunque los panegiristas la proclamen como una comedia de enorme virtuosismo, profundidad, audacia formal y cuanto otro calificativo elogioso encuentren en los catálogos de venta de los festivales snobs. La verdad, se trata de una sucesión de episodios sueltos y registros documentales que se van entremezclando sin mayor gracia hasta encontrar un tono medianamente atractivo recién cuando está terminando, eso es todo.

    Los episodios ilustran la vida sentimental y laboral del Loro, que es sonidista de un equipo de filmación y anda todo el día con la caña del micrófono, los auriculares puestos y demás parafernalia (suerte que no es montajista, sino andaría con la mesa de edición hasta en el colectivo). Los registros corresponden a ensayos de cuatro cuerpos de ballet: el Clásico del Teatro Argentino de La Plata, el Contemporáneo del Teatro Municipal General San Martín, el Folklórico Nacional, y unos modernosos medio raros.

    Lo mejor de esa parte es cuando el maestro Mario Galizzi, director artístico del Clásico, se pone a contar como de entrecasa el argumento de "El lago de los cisnes". Ahí, de veras, dan ganas de seguir escuchando. Pero la película no nos deja.

    Autor, Alejo Moguillevsky. Protagonistas, Laura Acuña (su esposa en la vida real) y Rodrigo Sánchez Mariño (sonidista en la vida real y en esta cinta en particular). En la banda sonora, Chaicovsky, Carl Orff, Pedro Maranessi con la hermosa marcha "Avenida de las camelias", Mariano Prietto, Fernando Tur, Gabriel Almendros y la Mona Jiménez, que se escucha muy poquito.
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  • María y el Araña
    María y el Araña
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    Un pequeño romance

    Una muchachita tímida, melancólica, que vende mapas en el subte, conoce a un chico apenas un poquito más grande, de buena apariencia, que hace malabares en el tren.

    Ellos son como tantos otros que vemos distraídamente todos los días. La directora María Victoria Menis, la misma de "El cielito", hace que ahora nos detengamos a mirarlos de veras.

    Su mansedumbre, los gustos sencillos, los anhelos, las alegrías compartidas, esos momentos hermosos de los primeros días de acercamiento entre dos que se están enamorando, la comprensión de la abuela, pero también la tristeza de lo incompleto, la felicidad que alguien se niega, las razones muy escondidas, vergonzosas, de una elección.

    Ella es una alumna aplicada. La maestra la aprecia tanto que le ha gestionado una beca en la secundaria de la parroquia, para que siga estudiando. Pero cuando otra alumna aplicada se hubiera alegrado, ella apenas esboza un gesto de aceptación, como quien siente que en el fondo no podrá disfrutar de ese regalo. La historia termina con sonrisas, esto conviene aclararlo. Y con algunas renuncias, y otro regalo.

    Ella vive en la Rodrigo Bueno, cerca de Puerto Madero y la Reserva Ecológica. El, con un poquito de suerte, ya podría ser de clase media baja. Pasean por ahí, visitan el Museo de Calcos y Esculturas de Costanera Sur, son inocentes. Linda, pudorosa como ellos, la escena de la primera tarde juntos.

    Cuidadosamente estilizado, el momento de choque del pibe con el novio de la abuela, que no sabemos en qué trabaja. Un choque vinculado a "códigos barriales", como se dice fácilmente. Así también hay otros momentos, que no corresponde anticipar. Y secretos, que la autora sugiere claramente sin decirlos, así de delicada es la obra.

    Intérpretes, María Florencia Salas, debutante, Diego Vegezzi, Mirella Pascual ("Whisky") en rol de abuela, Luciano Suardi. Para algunos tarda un poquito en arrancar. Pero vale la pena.
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  • La Guayaba
    La Guayaba
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    Duro retrato de la trata de mujeres

    Nuestro cine ha expuesto el negocio de la trata de blancas en varias ocasiones. Sin ir más lejos, "Mujeres perdidas" (1964, sobre historia de Dalmiro Sáenz), "La mala vida", "El camino del sur", "Frontera Sur" (estos tres, ambientados en tiempos de la mafia Zwi Migdal), el sexploitation "Las esclavas", donde Rodolfo Ranni resolvía el problema a lo Rambo, el sugestivo corto de Martín Salinas "Bajo un cielo azul", y sobre todo "La mosca en la ceniza", de Gabriela David, estrenado en 2009 pero filmado antes que se conociera la telenovela "Vidas robadas", de indiscutible importancia.

    "La guayaba" fue hecha por gente de Misiones, provincia castigada por la trata, según denuncia la Organización Internacional para las Migraciones. El título remite a los buenos momentos del hogar, cuando una adolescente y su hermanito se iban de noche a comer guayabas al pie del árbol, y contemplar estrellas. Más adelante, en su triste pieza, la chica dibujará estrellas en el cielorraso con la birome que le deja un cliente. No vale la pena usar esa birome para arrojar afuera pedidos de auxilio. Perla Pezelorska pudo hacerlo porque su ventana daba a una calle del Once, pero ella está encerrada en una mísera whiskería al costado de alguna ruta (la 14, km. 141, se oye por ahí).

    La explotación es reducida: la entregadora (la típica señora amable que convence a una inocente para ir a trabajar "a una casa de familia de Buenos Aires"), el cafisho, la madama joven que entró al negocio por gusto y por amor al hombre que la domina, como se deduce de una fugaz charla con la madre, y el barman, que vigila a las tres o cuatro cautivas de turno, y mensualmente les aplica una inyección anticonceptiva que interrumpe la menstruación (un modo de evitar que "se pierdan días de trabajo"). Maltrato inútil, sordidez, miseria moral y mental. Si alguna se enferma, ya traerán otra. Hay muchas whiskerías semejantes a lo largo de las rutas argentinas. También hay una ley nacional pero parece que todavía no está en plena vigencia.

    Para nuestro personaje, la salvación vendrá de un modo novelesco, a través de un viejo reblandecido y vicioso que no es tal. Ese, y otro personaje, tienen un pasado setentista que por suerte el guión apenas sugiere. Lástima que el guión tampoco incluya ciertos detalles que hacen a la continuidad dramática y la credibilidad general, pero igual es claro.

    Protagonista, Nadia Ayelén Giménez, la del corto "María", de Mónica Lairana, que también expone la sordidez en que se encuentran "las blancas". Autor, Maximiliano González, iguacense que en su obra anterior, "La soledad", había expuesto el problema del embarazo infantil en su provincia. Música, excelente, Raúl Barboza y Osvaldo Aguilar. En el reparto, Lorenzo Quinteros, Bárbara Peters, Marilú Marini en particular caracterización, Raúl Calandra, la rubia Gabriela Licht, Sandra Grandinetti como la madre de la madama, Tamara Garzón, María Lopategui, Paula Sartor.
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  • Vacaciones con Fidel
    Vacaciones con Fidel
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    Vacaciones, de Disneylandia a Castrolandia

    Tristán Noblia, creador de la productora Inquieto ("Bajada de línea", "Nietos, historias con identidad", etc.) cuenta en esta suerte de "home movie" unas particulares vacaciones que tomó con su familia. Los tres chicos querían ir a Disneylandia, pero él decidió otra salida: Cuba. No la de los "all inclusive", sino la de los propios cubanos.

    La idea era mostrar a los niños un país de gente pobre pero contenta, idealista y solidaria, como para que sepan que no todo es plata en la vida. Y pudo hacerlo, aunque por ahí uno sospecha que el tour estaba bastante programado. El mismo incluye la visita a una escuela donde los alumnos repiten anécdotas patrióticas de memoria, el Museo de la Revolución con su conductor como cicerone, una quinta cuyo director conoció hasta a los padres de Fidel y proclama que incluso los enemigos del régimen quieren abrazarlo, y el hospital donde trabaja Aleida Guevara, la pediatra hija del Che, que de paso atiende a los hijos del entusiasta productor.

    También, los festejos del Día de la Revolución, encuentro de viejos recitando consignas y Raúl Castro parafraseando el famoso discurso de Abraham Lincoln, cuando definió a la democracia como el gobierno "del pueblo, por el pueblo y para el pueblo".

    Castro, clasista, habla de un gobierno "de los humildes, por los humildes y para los humildes". La verdad, lo más interesante es el director de la quinta, hombre animoso de voz aguardentosa que por ahí saca unos revólveres e insiste en enseñarles su manejo a los niños, para espanto de la madre. ¿Qué pasaría si el gerente de una granja educativa hace acá algo similar?

    Otras postales: una morocha enseña a comprar con la tarjeta de racionamiento, una señora practica la pauta de "vivir como se presente el día", dos policías cargan un chancho en la moto de la repartición, una mujer se define más fidelista que revolucionaria, un camarógrafo habla vagamente de la necesidad de "romper el bloqueo interno, los muros mentales", y como él algunos más reconocen que hay cosas para corregir, sin entrar en detalles y resaltando de inmediato lo que ven de bueno, igual que algunos políticos de estos lares.

    Entre lo bueno, una madre destaca la seguridad de enviar a la hija caminando once cuadras a la escuela sin ningún peligro, y un hombre se muestra orgulloso de la costumbre de compartir la mesa, dos virtudes que a más de uno le traerá nostalgias de la vieja Argentina.

    En resumen, un registro amable, fresco, que convencerá a los convencidos y, con los mismos elementos, será usado por los escépticos como prueba de un lavado general de cabeza. Igual que en los foros de usuarios de cualquier lugar de vacaciones.
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  • Destino anunciado
    Destino anunciado
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    El penar de un chofer de larga distancia

    La idea parece buena. Un hombre solitario, de vida módica, chofer de ómnibus de larga distancia, sin mayores pasiones ni aflicciones, salvo algún sueño recurrente, llegado a su retiro se obsesiona por saber qué pasó con la empleada de un parador de la ruta, que un día desapareció de buenas a primeras.

    Dicho así, podría pensarse en el melancólico "Viaje a los senos de Duilia", hermoso cuento de Aníbal Machado que Carlos Hugo Christensen llevó al cine hace como 50 años. Pero acá no hay melancolía, hermosura, senos, ni tampoco cosenos o hipotenusas.

    Lo que hay es una básica y morosa descripción de personajes (el chofer, su compañero de dudosa catadura, ciertas rutinas), seguida por una intriga de creciente inquietud cuando nuestro personaje se mete donde nadie lo llama, para culminar confusamente en un fácil hallazgo y una fuga de mediano éxito con remate inesperado

    Según gacetillas, la historia refiere el intento de redención de un hombre que no ayudó a una mujer perseguida bajo el gobierno militar y ahora se juega por ayudar a una víctima de la trata de blancas. Lo cual explica la figura de una joven huyendo en la noche, revólver en mano, y las actitudes disuasorias con que los lugareños tratan a un tipo preguntón que llega al pueblo diciendo que viene a pescar pero no trae aparejos. Suerte que existen las gacetillas, porque también podría pensarse que la referida joven es una delincuente común y los del pueblo en vez de trata de blancas habrán hecho algún ritual diabólico, quién sabe.

    En fin. Luis Machin y Manuel Vicente salvan sus partes. Del resto, cabe apreciar fugazmente alguna vista del tricentenario pueblo de Cobos, en Salta, que en la película figura con otro nombre. Autor, Juan Dickinson sobre guión de Enrique Cortés (la dupla de "Un día en Constitución").
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  • La infiel
    La infiel
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    El adulterio, bajo una lupa irónica

    Se presenta como "La infiel", y en otros países como "Una joven y bella esposa", esta historia de título original más interesante, alusivo a ciertos pensamientos, sobre todo del marido, que raramente se manifiestan a la luz.

    El asunto es aparentemente simple y el conflicto se plantea de entrada. Un profesor de física astronómica de la Universidad de Haifa, tipo serio, casi sesentón, entra a sospechar de su esposa, treinta años menor. La sospecha es justificada.

    Por suerte, su madre le recomienda ignorar la aventura ("ella no dejaría a alguien como tú), pero de pronto pasa lo que pasa. Guardando las distancias, pasa algo más o menos como lo que Alvarez le contaba a Borges en sus disparatadas síntesis de películas. Uno soporta lo peor, y salta por una "pequeñez". Y ahí al espectador le cae la ficha: está viendo un drama sarcástico, el personaje sufre y la autora y el espectador se rien de él por lo bajo.

    La autora del guión se llama Edna Mazya, muy conocida en Israel por sus novelas y piezas de teatro. Lo que estamos viendo es, precisamente, la adaptación que ella misma hizo de su primera novela, conocida en inglés como "Love Burns", y en francés como "Radioscopie d' un adultere".

    Con una interesante evolución. En su origen, la asesora espiritual del cornudo era su vieja maestra del jardin de infantes. Y terminó siendo la madre, lúcida, controladora, hábilmente protectora, de una calma terrible y decisiones extremas tan admirables como inquietantes. Realmente, por ese y otros recursos doña Mazya parece la socia o la mejor discípula de la gran Patricia Highsmith, la de "Extraños en un tren", "Pequeños cuentos misóginos" y otras delicias en sordina.

    Al respecto, dos frases causan una gracia particular: "Después llegás a un acuerdo con tus escrúpulos" (la madre). "¿Con quién vas a hablar si no es conmigo?" (el policía). ¿Y la chica dice algo? Bueno, ella es muy discreta, observadora y cumplidora. Y hay cosas que vemos pero no se dicen.

    Tampoco se oye demasiada música. Hay silencios, planos algo distantes, sobreentendidos. Y buenas actuaciones. Intérpretes principales, aquí desconocidos, Yossi Pollak, Melanie Peres, rubia, suavecita, la veterana Orna Porat. Director, Eitan Tzur, debutante en cine pero de larga experiencia en series televisivas. Las empresas productoras son las de "Una misión en la vida" y "La visita de la banda", dos garantías. Y la película está dedicada a la memoria del productor Rafi Bukai, el de "¡Avanti, popolo!"
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  • Solo
    Solo
    Ámbito Financiero
    “Solo”, para un público específico

    Presentada en julio último en el Philadelphia International Gay & Lesbian Film Festival, distribuida en aquellos lares por una empresa de mercado específico, esta película de porno soft parece descendiente ignorada del teatro de Edward Albee y el viejo cine B anterior al levantamiento del Código Hays. Claro, entonces no podían mostrarse ciertas actividades, pero precisamente eso obligaba a trabajar mejor sobre las mentalidades (una gran ventaja sobre lo que ahora vemos).

    Lo que se cuenta es la eterna historia de dos infelices durante una noche en la que se entregan y se sospechan mutuamente. Uno es el joven bien empilchado de aire ingenuo, tipo pichón de George Peppard, que vive solo en un departamento muy arregladito, cuida su estampa, le sobra el tiempo libre y no parece cuidarse de ciertas compañías. Otro es el chongo evidente, mal entrazado y entrometido, imperativo, muy manejador y de aviesas intenciones. Entre ambos se abroquelan, se amartelan y martillan de forma variada, a veces con un rayo de locura no exenta de maldad.

    La trama no es del todo convincente, pero el final es sorpresivo y contundente. Es probable que satisfaga a su público específico. Después sobran unos diez minutos, cosa rara tratándose de una obra de apenas 77 contando créditos, reiterados flashbacks explicativos y bonus canoro, Inspirada y bien aplicada la música inquietante de Francisco Bendomir (también sonidista) y Tamara Moser. Deliciosa la única y harto breve presencia femenina, Laura Agorreca, vista en "El premio", de Paula Markovitch, de joven madre semiembotada. Autor, Marcelo Briem Stamm, el de "Porno de autor" y otras piezas de difusión under.
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  • La guerra del fracking
    La guerra del fracking
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    Con el fracking cierra trilogía de Solanas

    Esta obra cierra la trilogía de Pino Solanas iniciada con "Tierra sublevada: oro impuro" y "Tierra sublevada: oro negro", sobre la explotación incontrolada de nuestra riqueza minera. Y la cierra preguntándose "hasta dónde llegará la fiebre del oro público", en alusión a lo que denuncia como subsidios encubiertos, contratos cuya letra chica no fueron dados a conocimiento público, envío excesivo de ganancias al exterior, explotación abusiva, contaminación evidente, falta de seguros ambientales, irresponsabilidad e incumplimiento de los deberes de varios funcionarios nacionales y provinciales con nombre y apellido, etcétera. Él no tiene pelos en la lengua. Y la película es de veras independiente, sin logo ni apoyo del Incaa.

    Como en ésos y otros de sus trabajos, Solanas desarrolla una exposición en primera persona de controlado enojo, visitas a puntos perdidos del país donde gente valiosa trabaja y/o sobrevive, abundante material de archivo que más de un político quisiera borrar, una estructura en capítulos bien específicos, alertas puntuales y consultas a conocedores de larga experiencia. En este caso, los ingenieros en petróleo Félix Herrero y Víctor Bravo, el premio Nobel Pérez Esquivel, que plantea un problema de inseguridad jurídica, monseñor Virginio Bressanelli, obispo neuquino muy claro al hablar de conciencia ambiental y principios precautorios, miembros del Instituto de Propuestas de Proyecto Sur que comparan gastos y supuesta rentabilidad del fracking frente a los recursos renovables de energía solar termoeléctrica y aerogeneración, la investigadora Maristella Svampa, hija de fruticultores del Alto Valle, varios de estos fruticultores, con graves advertencias sobre la degradación del agua (la pera Williams local es la mejor del mundo pero su futuro está en riesgo inmediato, y la manzana ya tiene problemas para exportarse), y una comunidad mapuche que ya sufre contaminación de napas y amenazas de desalojo tras rechazar una propuesta de arrendamiento de ¡13.000 pesos en total!

    Según se explica, el fracking es una técnica de explotación consistente en inyectar, a 4.000 metros de profundidad, una gran carga de agua, arena, y compuestos químicos no declarados que hace emerger gas y petróleo pero al mismo tiempo desestabiliza el suelo y contamina el agua. Las imágenes del pantano de Assumption, en Bayou Corne, Lousiana, donde literalmente un sumidero se va tragando el bosque, y la del presidente Correa mostrando la mugre que quedó en la cuenca amazónica ecuatoriana, son harto elocuentes. A señalar, los rechazos preventivos de Zapala, Loncopué, Cinco Saltos y otros municipios, incluso de Entre Ríos, contra este sistema de extracción abusiva, ya prohibido en Francia, Holanda, Irlanda del Norte y hasta Bulgaria, y detenido en otros once países europeos, no precisamente "agoreros del subdesarrollo", como suele descalificarse a los ambientalistas.
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  • Pies en la tierra
    Pies en la tierra
    Ámbito Financiero
    Cómo contar una historia con sencilla emoción

    De las varias películas del interior que están apareciendo, alentadas por el Incaa a través de sucesivos concursos y talleres, ésta es una de las que valen la pena. Cierto que tiene sus imperfecciones y ganaría con un buen pulido, pero por encima de eso tiene una historia sensible, un protagonista digno de atención (Francisco Cataldi, premio Sagai al mejor actor de la sección nacional en Mar del Plata 2012), buen elenco de no-profesionales (el único actor profesional es Carlos Belloso, que aparece como un músico divertido, muy entrador), una serie de personajes y situaciones agradables, precisa pintura del ambiente en que la historia transcurre, y tiene, sobre todo, una particular y sencilla emoción.

    La historia es simple. Un hombre joven, lisiado, sumido en sus tristezas, vende la pesca del día al costado de la ruta provincial, en alguna isla del Ibicuy. La vida en esos lugares tiene sus partes lindas y feas, pero trasladarse por ahí en silla de ruedas siempre es un problema. Solitario ante la muerte de su madre, el muchacho recibe de pronto una carta de la prima, casi desde la otra punta de Entre Ríos. Es una invitación para la primera comunión de la ahijada. Ellas son las únicas parientas que le quedan. Pocos días después, tras discutirlo consigo mismo, nuestro héroe ha decidido salir de su cueva y está de viaje con su perro, no importa cuántos kilómetros sean. Va en silla de ruedas.

    Algunos asociarán "Pies en la tierra" con "Una historia sencilla", de David Lynch, donde un viejo va en cortadora de pasto a ver a su hermano. O con la española "El Rayo", de Fran Araujo y Ernesto de Nova, donde un inmigrante marroquí vuelve a su pueblo manejando el tractor de segunda mano que se compró y con el que piensa ganarse la vida de ahora en más. Pero uno es un viejo testarudo, y el marroquí se las está ingeniando para trasladar su nueva herramienta de trabajo. En cambio para este tipo la silla es su medio obligatorio de transporte. Está forzado a usarla de por vida, y ésa es una gran diferencia. Aparte, los otros vehículos levantan aunque sea 20 kilómetros por hora, y no hay que hacer fuerza en los cuesta arriba.

    Por ahí va la historia, pequeña, sentida, hecha de sucesivos episodios por el camino, linda gente y buena música de Carlos Páez. Autor, el debutante Mario Pedernera, natural de Villa María, Córdoba. Lo dicho, vale la pena.
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  • Caíto
    Caíto
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    La relación de cariño de toda una familia

    Caíto es el apodo familiar de Luis Pfening, hermano del conocido actor Guillermo Pfening. Que no es director de cine, pero era la persona indicada para hacer esta película. Que es, más bien, película y media, ya que reúne un documental con una ficción a medio hacer.

    El documental nos muestra la vida cotidiana de Caito, sus andanzas en auto y cuatriciclo por la ciudad de provincia donde vive, las reuniones con amigos, las sesiones diarias con la kinesióloga. Pequeño detalle, él tiene lo que se llama distrofia muscular de Becker (por el médico Peter Emil Becker), un mal que afecta gravemente las posibilidades de crecimiento y movilidad de su víctima. Fuera de eso, él es como cualquiera de sus amigos. Medio consentido, nada más.

    Asimismo, el documental nos muestra el making-off de una cinta amateur pergeñada entre los dos hermanos. Para la misma, algunos artistas, también amigos, representaron a las personas del entorno. Así, aparece como el padre el director Juan Bautista Stagnaro, para quien Guillermo protagonizó "Fontana, la frontera interior", y también están Marinha Villalobos, Lucas Ferraro, Romina Ricci, Bárbara Lombardo, a los que se suma la nena Franca Licata.

    En esa historia ficticia vemos los entreveros de Caíto con la Suzuki, la chica rápida del pueblo, y vemos también a una nena de diez años con una madre golpeadora. El joven toma cartas en el asunto, protege a la niña y se convierte en algo así como su hermano mayor, incluso tal vez como su padre adoptivo. Y la Suzuki lo secunda. Hasta ahí llega el cuento, que lo muestra como un héroe sencillo y creíble. ¿Por qué no? Lástima que no pudieron terminarlo, pero se nota que igual disfrutaron y demostraron lo que querían: una relación de cariño que incluye a toda la familia Pfening y medio Marcos Juárez, allá en la "pampa gringa" de Córdoba.

    Ahora sólo cabe esperar que cuando "Caíto" salga en DVD venga con el bonus de "Caíto", el cortometraje con que ambos hermanos ganaron el premio Mélies 2004, y que sólo se ve parcialmente al comienzo del largo. Muy tierno.
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  • El problema con los muertos es que son impuntuales
    Ritos fúnebres con respeto y bienvenido humor negro

    Contaba Susan Sarandon que, cuando el gran comediógrafo Billy Wilder yacía en su lecho final, su mujer se inclinó sobre él y le dijo: "Hay algo de lo que nunca hemos hablado. ¿Cómo quieres que sean tus funerales?". Se dibujó una sonrisita en los labios del moribundo, y con un hálito de vida respondió: "Sorpréndeme". El chiste pinta al hombre por completo, como algunos velorios pintan debidamente al finado, con flores del color de su cuadro favorito, brindis con champaña alrededor del cajón (el maestro del humor español García Berlanga), y entierros donde el ilustre se va al pozo rodeado de objetos queridos, como los carretes de películas en el caso de los viejos fotógrafos de la era analógica, o el carnet laboral en la regocijante sátira cubana "Muerte de un burócrata" (luego la viuda lo necesitaba para tramitar la pensión, pero sin el carnet tampoco podía hacer abrir la fosa), etcétera.

    La película que ahora vemos, suerte de exorcismo personal del productor y director Oscar Mazú, que en vísperas de una operación cardíaca empezó a pensar ciertas cosas, ofrece un buen paseo por lugares habituales de todo rito fúnebre, y también por otros no tan habituales. Al respecto, hay algunas imágenes poco indicadas para gente que acaba de almorzar (detalles cercanos de una incineración, succión de líquidos corporales antes de un embalsamamiento, no mucho más), pero por suerte predomina un tono respetuosa y amablemente humorístico. De humor un tantito negro, como cabe esperar, y se agradece.

    Así, las dudas y reflexiones del cineasta operado alternan con registros de una instructiva clase de maquillaje mortuorio, risueños antojos que incluyen el paseo de un ataúd por calle Florida, y, entre otras cosas, unas lindas charlas con una figura fundamental en estos temas: el licenciado Ricardo Peculo, que aparece con su agradable y comprensiva esposa.

    Los comentarios del licenciado son siempre memorables, y eso de comparar al cajón con un vestido de novia es de antología, así como lo de posar al lado del ataúd que ya tiene preparado para su propio entierro, destacando su espíritu tradicionalista. Tipo tan vital, sería una lástima que se muera, como es una pena que haya salido de la grilla su original programa sobre elaboración de pompas fúnebres "De aquí a la eternidad", que iba por "Utilísima". Suya es la frase del título, "El problema con los muertos es que son impuntuales", buen contrapunto de aquel verso de Emilio Carrere que culminaba diciendo "Y cual sarcasmo fatal, yo solo seré puntual / cuando me cite la muerte" ("La hora oportuna"). Coherentemente, la película se estrena ahora, antes del 2 de noviembre.
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  • La hermana
    La hermana
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    La marginalidad con ojos de entomóloga

    No hay peces en las pistas de esquí de Verbier, allá en los Alpes Suizos. Pero igualmente el más grande se come al chico, y el que se descuida queda bien limpio, listo para el horno. La historia nos muestra el modus operandi y los aguantes de un raterito de apenas 12 años, que se agenció un pase por toda la temporada y, mezclado entre los turistas, fisgonea por guardarropas y aprovecha cualquier descuido. Según él, a esos paseantes perder una campera "no les importa, van y se compran otra".

    Es difícil encontrar algo bueno en ese chico, salvo su habilidad para la venta de objetos robados. Sin embargo, a medida que lo conocemos le vamos teniendo lástima. Los mayores se aprovechan de él, empezando por la hermana, sucia, buscona, malhumorada y haragana. El se descarga con los más chicos. Y cuando trata de acercarse al cariño de una familia de veras, lo hace con malas artes. No conoce otra forma.

    Tampoco parece muy elogiable el comportamiento medio promiscuo que tiene con la hermana. Hay algo raro entre ellos, que un día tiene que saltar. Y salta, pero queda por verse si eso significa alguna mejora. Ursula Meier cuenta todo esto como quien describe a un insecto, o un par de lacras dignas de consideración. Sólo de vez en cuando unos acordes nos hacen saber que ella también se apiada de la criatura.

    Por el relato tenso y el conocimiento de seres marginales en medio de la sociedad bien alimentada, suele asociarse el cine de Meier con el de los hermanos Dardenne. Pueden enumerarse algunas otras coincidencias, pero este chico no tiene el esfuerzo agónico ni la redención que conceden a sus criaturas los hermanos belgas. Y la cámara, por suerte, no se mueve tanto (un punto a favor de la realizadora franco-suiza que en estos días nos visita).
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  • Los quiero a todos
    Los quiero a todos
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    En teatro, todo cerraba mejor

    Luciano Quilici traslada al cine una de sus obras, "Los quiero a todos", que se dio en 2009 en el Beckett Teatro. Lo hace prácticamente con el mismo elenco, que vuelve a lucirse, y con el mismo diseñador de la escenografía, Mauro do Porto, ahora como director de arte. Pero el resultado no es igual.

    La diferencia estaría en la extensión de la puesta, que parece haber aumentado sumando tiempos muertos, y en la chatura del entorno visual. Mientras en el escenario unas imágenes de fondo producían cierta novedad, acá el fondo y el entorno son siempre apagados, a tono con los personajes. Que para colmo son unos aburridos que se reúnen a charlar pavadas en una gris casa de campo un día frío y nublado. Interesante, en cambio, resulta la ocasional intromisión de anécdotas, cuentos y argumentos que algunos personajes parecen vivir en otros lugares, y en ciertos casos resultan ser sólo narraciones en reunión de grupo (en otros casos, la verdad es que no se sabe a título de qué aparecen, ni cómo siguen, pero a veces ayudan a entretener al público).

    Se mantiene la idea original de la obra: mostrar la vacuidad de una generación apagada, de poco espíritu aunque de muchas ínfulas y vocación de trauma. Hay algo que va camino hacia Michelangelo Antonioni en esa mirada, y hace que le prestemos atención. Además, el elenco es parejamente respetable
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  • Tlatelolco, verano del 68
    Tlatelolco, verano del 68
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    En la senda de los buenos films políticos de los 70

    Valioso aporte argentino tiene esta coproducción mayormente mexicana, que ilustra hechos reales, ocurridos hace justo 45 años. El 12 de octubre de 1968 se inauguró en la capital azteca la XIX Olimpíada Mundial, la primera organizada en un país del Tercer Mundo; 112 naciones, 5527 atletas, se dieron cita en esa oportunidad. La cifra no es tan exacta cuando se habla de lo que pasó apenas diez días antes, el 2 de octubre: la Matanza de la Plaza de las Tres Culturas, o Matanza de Tlatelolco.

    Según el gobierno, murieron sólo 26 personas. Otros calculan hasta diez veces más. John Rodda, corresponsal deportivo de "The Guardian", sumó 325. Muchos en la plaza, otros en casas vecinas, cárceles y comisarías. "Es la cifra más probable", consideró el escritor Octavio Paz, que al enterarse de los hechos renunció inmediatamente a su cargo de embajador. So pretexto de mantener el orden, Ejército, policía y paramilitares habían disparado contra manifestantes, paseantes y hasta vecinos del lugar. Arrestaron a los sobrevivientes, al otro día trajeron grúas para cargar los cuerpos, baldearon, se quedaron hasta el 9 en la plaza. Recién en 2005 la justicia acusó formalmente a 55 responsables, entre ellos Luis Echeverría, en aquel entonces secretario de la gobernación, luego presidente de la nación, pero en 2005 sólo un frágil anciano al que apenas le dictaron arresto domiciliario atenuado.

    La película que ahora vemos describe muy bien la época, los entusiasmos juveniles, las disenciones familiares, la incómoda situación de algún funcionario de rango medio, recto, formal y obsecuente, el aumento de señales previas de un lado y de otro, y entre medio un amor imposible, de esos que sólo se viven a los 20 años, contra viento y marea. Y el día 2, y el día después.

    Clara, con un suspenso bien llevado, alguna idealización de las víctimas y un capítulo final bien preciso, al estilo de las buenas películas políticas de los 70, "Tlatelolco, verano del 68" tiene también un personaje de espanto: el presidente que interpreta Roberto Sosa, tan exactamente igual al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, que a cierta altura la representación se ensambla con la reproducción documental y el espectador tiene dificultades para distinguir uno de otro. Pero es fácil: el que dice las mayores barrabasadas es el auténtico.

    Autor, Carlos Bolado, editor de "Como agua para chocolate", candidato al Oscar por el documental "Promises", realizador del éxito "Colosio, el asesinato", etcétera. ¿Y los argentinos? En pantalla sólo aparecen Juan Carlos Colombo como abuelo crítico y la rubia Lucía Blaksley. Pero también están los efectos visuales de balazos, etc., logrados en postproducción, el sonido de Matías y Nerio Barberis, la música, original, incisiva, del maestro Christian Basso, grabada en Buenos Aires por una pequeña orquesta de 15 profesores. Dos estudios digitales, cuatro de música y sonido, una treintena larga de especialistas argentinos hay en todo esto. A la cabeza, los productores Fernando Sokolowicz y Pablo Rovito, de Maiz SRL. Con todo lo impresionante que es la historia, si no tuviera el aporte local no impresionaría tanto. Hay que apreciarlo.
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  • Abril en Nueva York
    Abril en Nueva York
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    Fresco y entretenido “Abril en Nueva York”

    El tipo es un soberano pelandrún, por no decir otra cosa. No es que se sienta mal en una ciudad extraña, él es así de nacimiento. Puesta a considerarlo como posible pareja, cualquier mujer que se respete firmaría de inmediato al pie del conocido refrán "Más vale sola que mal acompañada". Pero ella lo ama.

    Ella es bonita, de buen carácter, enojos breves, enorme capacidad para olvidar lo malo, es un sol, es la mujer ideal. Un yanqui alto, rubio, de estampa atendible la ve y se queda flechado. La japonesa de nombre francés que lo acompaña pasa automáticamente a la sección Fuiste. Al otro día el yanqui se tira un lance con la bonita de buen carácter. Pero ella ama al pelandrún.

    Nada es eterno. Ni siquiera la infinita paciencia de la chica de enojos breves. Una noche, el injustamente amado sabrá lo que es sufrir. Al otro día también, y al otro. Deberá conseguir trabajo. Llorará por los pasillos en el trabajo, mientras el yanqui alto y rubio sonríe y se hace el chistoso, el buen amigo, y avanza sobre la mujer ideal. Que ahora no sabemos a quién ama, aunque sospechamos quién le conviene.

    Estos hechos terribles le suceden en Nueva York a una parejita de tórtolos argentinos rodeados de gente variada, amén de un patrón y una médica que parecen amargos pero luego resultan humanos, y todo eso que hace a una historia romántica de inmigrantes en la Gran Ciudad. La historia es sencilla, efectiva, simpática, los intérpretes actúan con una sensualidad natural y convincente, las calles y demás locaciones son lindas de ver, la música se acepta, y el conjunto es fresco y breve, apenas 77 minutos.

    Intérpretes principales, eficaces, Carla Quevedo, el debutante Abril Sosa, Matt Burns. Autor, el comediante Martin Piroyansky, que ya había hecho un corto delicioso sobre los padecimientos del corazón, "Ella no me ama", y acá se tira a la pileta con un largometraje hecho en menos de un mes, entre amigos (se repiten nombres de un lado y otro de la cámara), con un guión básico y diálogos escritos sobre la marcha. Hay frescura, un aire a lo Cassavettes pero sin neuras, y algunas evidencias de inocultable improvisación e irregular inspiración que no afectan el resultado. Al contrario, lo hacen más simpático.
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  • Blue Jasmine
    Blue Jasmine
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    Mujeres en crisis en el mejor estilo Woody Allen

    Tras haber disfrutado y compartido el disfrute con su serie de comedias turísticas, Woody Allen vuelve a la comedia dramática y el retrato de mujeres en crisis, esta vez con Tennessee Williams como fuente de inspiración. Williams (no corresponde explicar nada) y las páginas financieras, sociales y policiales de "The New York Times".

    "Blue Jasmine" desarrolla, en sucesivos flashbacks, la vida contrapuesta de una flaca laboriosa de mal gusto y mala suerte pero buen corazón, y su hermana rubia y elegante que lo tuvo todo como esposa legal de un inversionista con apenas dos pequeños defectos: era estafador y mujeriego. Sally Hawkins, la deliciosa protagonista de "La felicidad trae suerte", es la chica simple. Cate Blanchett es la complicada, la preferida de mamá, la figura central de todo lo que pase. Alrededor de ellas, entre la parte linda de Nueva York y la parte cualunque de San Francisco, circulan el financista, un constructor, dos barrilitos, un groncho sentimental, un sonidista, un diplomático, un dentista y un hijo ofendido. Como asunto de fondo, todo vinculado a los tiempos que se viven, desagradecimientos, lealtades, oportunidades, amores, figuración y muerte.

    De entre lo mucho memorable, una imagen impresiona más que otras: el primer plano de una mujer volcada hacia su propio mundo. La hemos visto antes. La mujer reanimada por la belleza de una fantasía en "La rosa púrpura del Cairo". La mujer en medio de la plaza, feliz con un momento espiritual de su vida en "Alice". La de ahora también parece estar en una plaza. Refugiada en el recuerdo de un momento feliz que se le va desvaneciendo. Es fuerte lo que acaba de ocurrirle. Pero la historia está tan bien hecha, la fotografía es tan luminosa y los diálogos tan inesperadamente graciosos que nos volvemos egoístas, ¡cómo nos impresiona en ese momento y sin embargo qué poco nos duele su dolor! (y cuánto podríamos aprender de ella, sin embargo).

    En resumen, buen relato, gran pintura de caracteres, ritmo preciso, elipsis y sobreentendidos propios de un maestro de la narración, casting de maravillas, un Woody Allen de primera y Cate Blanchett directo al Oscar. Y quizá también la inglesita Sally Hawkins, que además de lucir un encanto natural habla prácticamente como una californiana (y no es doblaje).
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  • 20.000 Besos
    20.000 Besos
    Ámbito Financiero
    Perdedores según el molde norteamericano

    Hará unos 50 años, días más, días menos, Adriano Celentano sacudía el mundo entero con sus "24.000 baci" y los jóvenes de "El club del clan" empezaban aquí una serie de exitosas y entusiastas comedias con específico destino generacional. Medio siglo después, 4.000 besos perdidos en el camino, también el entusiasmo perdido en el camino, aparece esta película que también se propone como "comedia generacional". Con tipos medio apagados de 30 y pico que mantienen actitudes tardoadolescentes, sin ganas de comerse el mundo ni tampoco mayor habilidad para otras cosa.

    Primer ejemplo: el protagónico, a cargo de Walter Cornas, es abandonado y en vez de cantar como Alberto Castillo "Victoria, cantemos victoria,/ ya estoy en la gloria,/ se fue mi mujer", le da un bajón y se refugia en la tristeza con un amigo igual de torpe en materia amorosa. En fin, es lo que hay, según parece, y lo bueno es que su público lo festeja. Los autores, Sebastián De Caro, panelista y realizador de películas indies locales, desde "Rockabilly" hasta "Recortadas", y Sebastián Rotstein, adaptador de "Casados con hijos", hicieron esta película según el molde actual americano. Caracteres nerds, humor geek y todo eso. Adaptados a un mejor espíritu: menos aceleración, cinismo reducido, un toque de melancolía y mucho sentido de la amistad y de la infancia perdida.

    El resultado es atendible para casi todas las edades y se supone que agradable para los treintañeros, con loosers inofensivos y tono generalmente amable, aunque bastante por debajo de "Días de vinilo", entre otras cosas debido a una historia que avanza en base a escenas sueltas y chistes insulsos. Pequeña ironía, los personajes simpáticos y entusiastas corresponden a otras generaciones: el jefe de oficina con impulsos motivacionales que hace Eduardo Blanco, y la empleada aniñada que compone Carla Quevedo, cuyo personaje parece haberse criado con "Chiquititas". Y ni hablar de sus amigas, las Hadas de Banfield, contra las cuales nuestro protagonista no encuentra respuesta.
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  • Romper el huevo
    Romper el huevo
    Ámbito Financiero
    La paternidad desde un ángulo original

    Acierta Maiocco en esta suerte de comedia absurda, casi una fábula, sobre las ironías de la vida. Ya en "Solo gente", describiendo los esfuerzos cotidianos de un médico residente, y "Un minuto de silencio", con el resurgir de un tipo venido a menos que cuenta lo suyo como si fuera payaso de circo, Roberto Maiocco había lanzado sus mensajes positivos y había jugado un poco, también, con lo irreal dentro de la transitada realidad de todos los días. Aquí ha perfeccionado la idea, ayudado eficazmente por la sola presencia del enorme humorista Hugo Varela poniendo cara de serio.

    La ironía que padece su personaje, y de la cual deberá reponerse, es bastante imaginable. El asunto es cómo evoluciona, y con cuánta gracia. Es que el sujeto quiere cumplir el sueño que tenía con la finada, quiere adoptar una criatura, hace 12 años que viene tramitando la adopción. Un día recibe el diagnóstico de una enfermedad terminal. Comprensiblemente, tira todo, se quiere tirar él también, etcétera. Esa misma noche recibe al niño esperado. Al otro día, comprensiblemente, quiere devolverlo. ¿Qué trámite hay que hacer, y dónde lo pongo mientras tanto?

    Manso Vital, se llama el personaje. Pollo, le dicen al pibe. Argentina, el país donde esto ocurre, detalle importante pero no exclusivo. Especialmente risueño, el viaje de instrucción que hacen en colectivo, donde el sufrido mayor explica al recién venido para qué sirven y cómo funcionan las diversas instituciones, desde bancos y policía en adelante. Risueña, asimismo, la vecina cordial que encarna la española Agatha Fresco. Graciosamente serio, el protagonista, que hará 30 años supo aparecer como cómico en "Los extraterrestres" y "Las lobas" (era lo mejor de la película, lobas aparte) y ahora compone un papel inesperado para muchos, digno de aprecio para todos. Lo mismo la película, que desde un ángulo original plantea algunas cuestiones clave acerca de la adopción, la paternidad, y las enseñanzas que, pese a todo, nos propone la vida.

    Posdata: El director sabe de lo que habla. Tras años de largos e infértiles trámites de adopción, justo en vísperas del estreno de esta película acaba de nacer su hija.
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  • Cassandra
    Cassandra
    Ámbito Financiero
    Inverosímil Casandra en tierra chaqueña

    Con esta película, Inés de Oliveira Cézar completa su trilogía de historias libremente (muy libremente) inspiradas en figuras de la mitología griega. Ifigenia en "Extranjera", Edipo en "El recuento de los daños", y ahora la vidente Casandra en este "Cassandra" con doble ese, al modo inglés. Pero a diferencia de los anteriores, este nuevo trabajo no pretende desarrollar una tragedia, sino más bien una crónica de viaje. Se entiende: la antigua Casandra caminó por el reino de Troya, percibiendo lo que podía pasar, trató de entenderlo y contarlo. Pero un dios la había maldecido: todas las verdades que ella dijera, todas sus advertencias, nadie se las iba a creer.

    La historia que ahora vemos, de excusa mínima pero con variados apuntes, describe el viaje de una egresada de Letras por el Impenetrable, haciendo notas y entrevistas para una publicación cultural. Resulta inverosímil que algún medio financie el viaje de una jovencita en su primera incursión periodística, sin pautas claras ni siquiera percepción del estilo de la revista, y encima con tendencia a hacer literatura y hablar de sí misma, pero así es el cuento. El resultado lógico es que al segundo envío su editor ya tiene una evidente mufa y nada de ella será publicado. Pero cuando no de más señales de vida, él mismo se molestará en ir hasta el Chaco a buscarla.

    En medio, hay varias charlas distendidas con pobladores del lugar, desde ancianas indígenas hasta una arquitecta rubia que dirige un centenar de hombres en la construcción de un hospital. Este costado de la película tiene interés y mediana frescura, lástima que resulte contaminado por un tono general de aburrida sabihondez, medianamente soportable en los diálogos de la redacción porteña, pero ajeno y contraproducente cuando se sobreimprimen reflexiones supuestamente sesudas encima de los diálogos con la gente real que está siendo entrevistada. Chiches como ese de ver a dos mujeres charlar de tinturas mientras en off una de ellas filosofa otras cosas referidas a otra gente, al final cansan un poco.

    Postdata intrigada: a cierta altura, alguien dice como si fuera la verdad revelada que los pobladores de un sitio muy pobre "solo pueden cazar víboras, vinchucas" ¿Cómo se cazan las vinchucas? ¿Las harán a la cacerola, a las brasas?
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  • De martes a martes
    De martes a martes
    Ámbito Financiero
    Cómo hacer brillar historia, intriga e intérpretes

    Hace prácticamente un año esta película ganó el premio mayor del Festival de Biarritz, los de mejor director y actor en Huelva, luego el de Cronistas de Cine en Mar del Plata, etcétera. Tardó demasiado, pero al fin se estrena. En pocas palabras, y con pocos elementos pero muy bien tensados, ésta es una de las mejores nacionales que hoy pueden verse en cartelera.

    La historia es aparentemente sencilla, pero tiene sus vueltas que nunca dejan de sorprender. Y que hacen que a cierta altura el propio espectador se sorprenda de sí mismo, cuando advierte que no sabe de qué lado ponerse. Para eso primero vemos a un buen tipo, paciente y macizo, objeto de burlas en un oficio que no parece el adecuado para su corpachón. Fisicoculturista, se ocupa del planchado y otros menesteres en una fabriquita textil. Pone la cara en la puerta de algunas fiestas, casi de adorno. Tiene mujer e hija que lo quieren, y un sueño que se le aleja. Pobre gordo, deseamos que algún día la suerte lo acompañe.

    Hasta que un día, más bien noche, pasa algo decisivo. Alguien se aprovecha de una kioskera. La escena es fuerte, deseamos que nuestro héroe intervenga. En una película estadounidense lo hubiera hecho. Pero aquí las cosas son distintas. El cerebro de este hombre trabaja de una forma que no podemos discernir de inmediato. Y luego actúa con un plan que no esperábamos. ¿Hace bien? ¿Qué pasa con su moral? Además, ¿está realmente capacitado para llevar adelante sus propósitos? ¿Podrá ser el más inteligente del juego? ¿Y nosotros? ¿Reprochamos su accionar o estamos de su lado? ¿Seguimos queriendo que le vaya bien, verdad?

    Esas y otras preguntas van surgiendo, mientras la historia avanza día tras día, con calma pero rápidamente, con un ambiente suburbano que no agobia ni distrae, personajes que aparecen como para sugerirnos algún pasado que pueda tranquilizarnos o inquietarnos del todo, y una tensión creciente, potente, precisa hasta el último plano.

    Autor, Gustavo Triviño, prestigioso cámara de multitud de films (entre ellos "Séptimo" y "Tesis para un homicidio"). Por su trayectoria, bien pudo hacerse notar con algunos brillos técnicos de su repertorio. Eligió en cambio hacer que brillen la historia, la intriga, y los intérpretes. En particular el protagonista, que agregó 30 kilos de masa muscular y algo de panza para este papel, el debutante Pablo Pinto, hermano del director Eduardo Pinto ("Caño dorado"). Sorprende la composición de Pablo Pinto, capaz de sostener un duelo de miradas con su antagonista Alejandro Awada, nada menos. Y de hacer totalmente creíble, querible, cuestionable, casi temible, de nuevo querible, etc, a su personaje. Vale la pena.
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  • Bella addormentata
    Bella addormentata
    Ámbito Financiero
    Mucho más que un film sobre eutanasia

    Con admirable fuerza operística, el veterano Marco Bellocchio vuelca en un puñado de historias las emociones contrapuestas que provocó en el pueblo italiano el caso de Eluana Englaro, muerta de forma natural tras haber pasado 17 años en estado vegetativo. El pedido de su padre para desenchufarla había transitado diversos estrados judiciales a lo largo de una década, hasta llegar a la Corte Suprema, en tanto se levantaban las polémicas entre sectores favorables y contrarios a la eutanasia. Médicos, jurisconsultos, familiares, políticos, gente común, cada cual tenía su propia opinión, incluso los propios religiosos disentían entre sí (la Iglesia es contraria a la eutanasia pero también al "encarnizamiento terapéutico" que sólo prolonga artificialmente la vida). La muchacha, finalmente, murió en momentos en que el primer ministro buscaba imponer un decreto obligando a la continuación del tratamiento, un modo de ignorar la decisión que la Corte Suprema había tomado meses antes.

    "Nos comentaron que se la ve bien, rozagante, y que de hecho estaría en condiciones técnicas de dar a luz", llegó a decir el inefable Berlusconi, para justificar ese decreto. La película de Bellochio no hace la crónica de esos hechos, ni se centra en la historia de los Englaro. La propuesta es otra: reflejar otros casos, diversas posiciones, brindar mayores perspectivas y recordar también los nervios de aquellos momentos, hace apenas tres años. Seguimos entonces la representación de algunos "casos personales" ambientados en distintos lugares de Italia: una actriz que abandonó su profesión para volcarse al rezo histérico, un senador puesto a obedecer a su conciencia o al partido, su hija que tiene razones personales para declararse "pro vida", un médico emperrado en salvar a una drogona que quiere suicidarse, etcétera.

    Bellocchio hace que cada uno exponga lo suyo. Cada cual siente y nos hace sentir lo que le pasa. El tema es demasiado grave como para imponer una única opinión. Y demasiado angustiante como para clausurar una posibilidad, de esperanza o de piedad, según cada cual vive su propio calvario. Excelente trabajo, angustiante. Liberador, también (dicho sea de paso, en Argentina, a partir del caso Herbón y otros, se impuso el año pasado la Ley de Muerte Digna, que permite a pacientes terminales, o sus familiares, rechazar tratamientos que prolonguen inútilmente sus vidas).
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  • Historias breves 8
    Historias breves 8
    Ámbito Financiero
    Mediana cosecha de “Historias breves”

    Buena noticia: tras diversos vaivenes, el ya histórico compendio anual de cortos que coordinan Bebe Kamin, Eddie Calcagno y Paula Rizzi afirma su regularidad. Si esto sigue así, volveremos a tener un "Historias breves" por temporada. Ya se sabe, hay concurso de guiones, el Incaa elige y ayuda a los que a juicio de un jurado parecen más interesantes y factibles de realizar, y se presentan luego al juicio del público, que alienta a algunos e ignora o perdona a varios otros.

    Mala noticia: la cosecha de este año no es de las mejores. Lo que no significa que sea del todo desechable. Hay por lo menos dos relatos bien destacables: "El conductor", de precisa resolución y buena advertencia (Maximiliano Torres, unos kilómetros en el viaje de una familia malhumorada por la ruta) y "Liebre 105" (Sebastián y Federico Rotstein, creciente angustia de una presumida en el solitario estacionamiento de un shopping, bien actuado pero medio alargado). Sergio Boris y Celina Font en el primero, Giselle Motta en el otro, se lucen debidamente.

    Un pasito más atrás están "Vida nueva" (Lucas Santa Ana, cordial pintura de un fin de año en familia), "Cuestión de té (María Monserrat Echevarría, un niño percibe como falsos muñecos Ken y Barbie a los mayores que falsean una buena relación de pareja) y "Superficies" (Martín Aliaga, dura representación de un proceso de bullying en una secundaria de varones). Acaso también "El ramal" (Mena Duarte, un crimen liberador en medio de una fiesta obligada). Señalable trabajo con gran cantidad de actores y locaciones tienen estos cortos, y el elenco de adolescentes buscapleitos de "El ramal" es muy atendible.

    Completan la lista "El olvido" (Fermín Rivera, un hombre reencuentra algo de su infancia perdida en los 70), "El desafío" (Andrés Arduin, variante de una historia campera de ánimas pendencieras) y "De cómo Hipólito Vázquez encontró magia donde no buscaba" (Matías Rubio, un cazatalentos de fútbol encuentra otra forma menos comercial de disfrutarlo).
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  • Hannah Arendt
    Hannah Arendt
    Ámbito Financiero
    Correcto retrato de la pensadora Hannah Arendt

    Quizá no sea ésta la mejor película de Margarette von Trotta, pero igual es muy interesante, porque su personaje lo es, porque sus reflexiones no dan tregua, porque además, sin simplificarlas demasiado, el guión ayuda a comprenderlas y describe el proceso de elaboración de su más famoso libro: "Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal". Y las reacciones que soportó, por no atenerse al pensamiento único sobre el Holocausto y la barbarie nazi.

    Como se sabe, Hannah Arendt también fue crítica con los propios líderes judíos e incluso con el propio secuestro de Adolf Eichmann y su juicio en Jerusalén. Correspondía, sostuvo, un jurado internacional como el que condenó a sus compinches en Nuremberg (precisamente, él era uno de los requeridos para Nuremberg, pero logró escapar a tiempo).

    ¿Cómo discutir esas posiciones, y analizar asimismo algo inesperado, a saber, la mediocridad del asesino? Un fulano que organizó el transporte de millones de víctimas, solo amparándose en la ley entonces vigente. Ni genio del mal, ni sádico criminal. Apenas un burócrata indiferente, complacido en la eficacia de su organización ferroviaria al servicio de su gobierno y de una ley que le parecía correcta, sin entrar en detalles.

    No es ése el único tema de la película. Se le critica la forma, cercana al telefilm. Pero la obra está bien hecha y dice lo suyo con claridad, que es lo importante. Y asimismo pinta un buen retrato de la pensadora (negaba ser filósofa), profesora, amiga y buena esposa, ella misma también sobreviviente, exiliada y calumniada por su comprensión de los mecanismos mentales de quienes pensaban distinto, desde sus maestros en el campo de la filosofía, hasta sus verdugos en el campo de exterminio.

    Otro motivo hace interesante a esta película. Su protagonista es Barbara Sukowa. Cuarta colaboración entre Sukowa y von Trotta, desde "Las hermanas alemanas", "Rosa Luxemburgo" (que recibió objeciones similares a las de ésta), y la aquí desconocida "Vision - Aus dem Leben der Hildegard von Bingen", sobre la monja benedictina consagrada como doctora de la Iglesia en la Baja Edad Media.
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  • Buscadores de identidades robadas
    Pasaron tantos años, y el asunto fue tan manoseado, que los viejos estremecimientos ante el hallazgo de fosas comunes y otras evidencias del horror a veces hoy parecen tamizadas por la política.

    Este documental de Rodríguez Arias revive aquellas emociones desde un lugar más noble y objetivo, el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, Eaaf.

    Aunque siempre se destacó su importancia, recién acá vemos la historia de esta organización. Cómo fueron sus primeros pasos, cómo surgió la idea que permitiría recuperar e identificar los cuerpos, el reemplazo de la pala mecánica por los delicados instrumentos de la investigación antropológica, el gran aporte de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, y la llegada de hombres providenciales, como el forense Clide Snow.

    Lo convocó el gobierno alfonsinista cuando el Juicio a las Juntas, y se quedó tres años, hasta dejar un equipo plenamente formado. Morris Tidball, Erin Stover y Mary-Claire King, son otros nombres claves de aquel momento. Patricia Bernardi, Luis Fonbrider, Mercedes Doretti, Víctor Penchaszadeh y Alejandro Inchaurregui, algunos de los que tomaron la posta, siguen en la lucha y hasta brindan asesoramiento en otros países, empezando por Filipinas y media Latinoamérica.

    No falta el recuerdo de desentendimientos con funcionarios políticos o empleados de la Morgue Judicial, los vaivenes de algunos gobiernos, el paso enorme que significaron desde 1991 los análisis de ADN, primero en laboratorios de EE.UU. y Gran Bretaña, que colaboraron gratuitamente, y ahora en un laboratorio de Córdoba.

    El doctor Carlos Vullo es la figura de esta nueva etapa. Se cuentan algunos casos puntuales, como el de la hija de Estela de Carlotto, y se suman fragmentos de la película de Pablo Ratto "El último confín" (de lo mejor en estos temas), el registro de la multitud de esqueletos amontonados en San Vicente, noticieros de CNN (cuando todavía se mencionaba la cifra de "más de 10.000 opositores desaparecidos"), y hay hasta un bloque de "Almorzando con Mirtha Legrand", donde un joven forense explica en el living, sin que nadie lo interrumpa, los detalles de su trabajo.

    Hasta el momento, la Eaaf recuperó más de 1200 cuerpos de desaparecidos. Al cierre de esta película, 577 de ellos ya habían sido identificados.
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  • Wakolda
    Wakolda
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    Otoño de 1960. Por la ruta desértica rumbo a Bariloche, para hacerse cargo de la hostería de la abuela alemana, una familia entabla relación con un médico veterinario experto en genética. La nena de la familia tiene problemas de crecimiento. El profesional se ofrece a tratarla. Hay quienes aceptan, y quien se muestra reticente. Bastante después empezarán a preguntarse algunas cosas.

    Tal es, básicamente, la intriga. La familia procura afianzarse en terreno hermoso pero exigente, la niña despabilada empieza a sentir curiosidad por ciertos misterios, el vecindario los provee a niveles peligrosos, en el colegio los alumnos mayores mantienen ideas y comportamientos inquietantes, el médico es afable y cerrado al mismo tiempo, seductor de comportamiento extraño pero resultados esperanzadores, con una rara inclinación por las muñecas. ¿Importa saber más, si la nena empieza a crecer? Ya bastante tiene la madre con su propio embarazo.

    ¿Importa saber también el nombre del médico? ¿Qué hizo quince años atrás en otro lugar? ¿Qué puede hacer todavía en éste, de bueno o de malo? La historia es ficticia, pero el personaje existió de veras, y en el espejo de esa familia podemos apreciar las diferentes etapas de una sociedad, desde el respeto y la admiración hasta el aprovechamiento y la discreta connivencia, y recién cuando la cosa cambia, el juicio moral. Sería tentador aplicarles el test de Milgram sobre deslindamiento de responsabilidades.

    En su novela "Wakolda", Lucía Puenzo nos dice desde el comienzo quién es el sujeto (un médico que abusó más que otros de la omnipotencia del título para hacer experimentos sin mayor respeto ni protocolo). Pero en su película, quien lleva la historia es la nena. Solo junto a ella, de a poco, iremos conociendo las cosas. El resultado es, en varios aspectos, mucho más interesante. En verdad, casi todas las variaciones fueron para bien. No vemos la perturbadora fascinación infantil que pinta el libro (para ciertos temas la literatura tiene más libertades que el cine) pero en cambio muchas situaciones y algún personaje lateral se hacen más convincentes.

    Ayudan a ello las excelentes actuaciones de la niña Florencia Bado, Natalia Oreiro, Diego Peretti, el catalán Alex Brendemühl y Elena Roger, la ambientación precisa y el vestuario sencillo pero cuidadosamente de época (respectivamente, Marcelo Cháves y Beatriz Di Benedetto), una fotografía que contrapone sin subrayados la inmensa belleza del lugar con la mísera ruindad de los hombres (no lo parece pero es el primer trabajo de Sebastián Puenzo como director de fotografía), el sonido y la penetrante música. Rodaje en Tunkelen y alrededores. Asesor, Carlos Echeverría, experto conocedor del nazismo en Bariloche ("Pacto de silencio", "Juan, como si nada hubiera sucedido").
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  • Sólo para dos
    Sólo para dos
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    Comedia picaresca de bajas calorías

    Al precio de arruinar su buena fama, un grupo de buenos artistas ha pasado una (esperemos que grata) estadía en la isla Margarita. La excusa fue filmar la película hispano-argentino-venezolana que ahora vemos, y que se anuncia como comedia romántica pero es más bien picaresca de bajas calorías, herencia del vodevil desteñida por el sol del Caribe.

    El argumento es nimio, aunque permite ilusionarse, porque hace convivir a un joven matrimonio en crisis dueño de un resort especializado en mieleros y similares, sus distinguidos clientes y amigos, la empleada más que apetecible y en dulce e insistente oferta, el cantante melódico berreta que hace el galán cada año con una enamorada distinta, y la bolilla que faltaba: un recién casado que viene solo porque se peleó en el viaje.

    Sorprende Martina Gusmán haciendo por primera vez una comedia. Pero no hace un personaje humorístico, sino una mujer cansada del marido. Se luce, sobre todo, cuando su rostro expresa esos instantes de sospecha o fastidio propios de una esposa a punto de dar el portazo. Nicolás Cabré se luce, en cambio como el chanta infeliz que llora su soledad viendo "Cristal" por enésima vez, y Paula Kohan también hace un buen aporte como aparición sorpresa. Doble sorpresa en este caso, porque le cae justito a quien no se la esperaba.

    El lado español es más flojo. El director Roberto Santiago seguramente se insoló, porque ha hecho cosas mejores, incluyendo "El penalti más largo del mundo", sobre cuento de Osvaldo Soriano. El animador Antonio Garrido salva su personaje de galán cantante (salvo cuando canta) pero daba para más. Dafne Fernández es una muñeca encantadora, pero le dieron menos. Y Santi Millán es para darle palo hasta que pague la estadía. En cambio hay otro lado de origen colombiano, ah, lado izquierdo, derecho, frente, derriere, que da gusto contemplar y encima sabe lucirse como comediante en una escena de enamorada triste y borrachita: la mulata María Nela Sinisterra. Un gusto, y vive en la Argentina.
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  • P3nd3jo5
    P3nd3jo5
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    De un cine artesanal de barrio a un esteticismo a la moda

    Raúl Perrone, proclamado cultor de un cine básico y directo, autor respetado entre los amantes del bajo costo y los habitantes de Ituzaingó, donde siempre ambienta sus pequeñas historias de viejos y adolescentes sin iniciativa ni mayor futuro, se ha dejado tentar por el esteticismo y la grandilocuencia. Su nueva película impresiona más por las formas y la larga duración, que por el contenido.

    Corresponde, quizás, explicar algo. Sus obras son habitualmente breves, y varias de ellas pueden ordenarse en trípticos. La que ahora vemos, con las rutinas de unos skaters de Zona Oeste someramente asediados por la fama de un dealer, los padres, la policía, y la muerte en accidente glorioso, dura 157 minutos, es decir más de dos horas y media, pero como se divide en tres partes y una coda fácilmente puede entenderse que estamos ante un tríptico de menos de una hora cada parte. Lo que no se entiende es el nivel exagerado de algunos elogios que ha recibido, y con los cuales sólo se puede coincidir enteramente en un punto: la película es realmente hipnótica.

    Quizá cierta tendencia a las reiteraciones y la mínima trama provoquen alguna pérdida de atención en el espectador. En compensación surgen momentos estilizados, envolventes y engañosamente calmos, que fascinan a más de un habitué del cine minimalista. Entre ellos, el famoso director tailandés Apichatpong Weerasethakul, ganador de la Palma de Oro en Cannes, que en carta al productor ejecutivo Pablo Ratto definió la experiencia "como una explosión de energía juvenil que poco a poco se desintegra y te deja con lágrimas fantasmales". Lo de explosión de energía es exagerado, pero este hombre sabe de lágimas y fantasmas, y hasta se ofrece a salir de garante en la difusión internacional de la obra.

    Quién sabe si Perrone esperaba algo semejante. Tampoco muchos seguidores esperaban que su cine casi casero, artesanal, se volviera tan cuidadoso de las formas y de los climas, e hiciera trascender más allá del naturalismo a sus criaturas. Porque esto último ocurre de veras. Sus retratos de chicos intimamente afligidos por algo inasible tienen más fuerza de lo habitual, gracias a una música enrarecida con dejos alternativos de ópera y cumbia, el uso de intertítulos de tipografia moderna en vez de diálogos sonoros, y el refinado blanco y negro que potencia el atractivo visual de un skatepark bajo autopista y otros lugares. Pero esos retratos apenas cuentan historias. Y la película es bastante larga.
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  • Girimunho, imaginando la vida
    Calma ancestral no apta para público ansioso

    Esta película puede ser un deleite inefable para unos, y motivo de una buena y profunda siesta para otros, y en ambos casos por la misma razón: la placidez ancestral que se desprende de sus imágenes y sus criaturas, registradas en uno de esos pueblos perdidos en el tiempo y en los montes, pueblos de viejos, donde todo transcurre en calma y las puertas permanecen abiertas sin problema. Apenas hay unos pocos jóvenes, también calmos, y muy de vez en cuando una noche de fiesta.

    La acción, si así puede llamarse, transcurre a las orillas del rio San Francisco, en el norte de Minas Gerais.

    Allí pasa sus días una viuda octogenaria, con la cercanía de quienes la aprecian y también la cercanía del espíritu del finado, que en cierto modo no la abandona. Nadie tiene mucho que hacer y casi nadie hace nada, salvo pasar el tiempo, charlar despacio, lanzar al aire un canto que viene de quién sabe qué abuelos, sentarse al fresco de la noche, fantasear un poco, preparar un viaje.

    "El tiempo no para. Quien para somos nosotros", reflexiona la vieja. Pero como algo natural, distinto al dramatismo de la portuguesa Argentina Santos cuando canta aquel fado que empieza pidiendo "Volta atrás, vida vivida", y culmina con la misma constatación: "Meu Deus, como o tempo passa / dizemos de quando em quando. / Afinal, o tempo fica (queda)/ A gente é que vai passando".
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  • Venimos de muy lejos, la película
    Buen registro de probada obra del Grupo Catalinas

    La epopeya de la Gran Inmigración y su crisol de razas, con todos aquellos que bajaron de los barcos, empezaron de cero e hicieron patria, ha inspirado gran cantidad de obras escénicas generalmente celebratorias o evocativas, y a veces también amargas. En 1990, con las heridas de una reciente debacle nacional, el Grupo Catalinas Sur, de esa esquina de la Boca, creó su propio homenaje, entre tierno y admirado, a sus ancestros. "Venimos de muy lejos" es, desde entonces, una pieza mayor de su repertorio de teatro callejero, y como tal se ha dado en diversos rincones y plazas de la ciudad, y de otras ciudades, y se sigue dando todavía en su galpón de calle Pérez Galdós.

    En el cincuentenario del barrio, los treinta de la compañía, y los ecos del Día del Inmigrante, que fue ayer, se estrena ahora la película. En ella vemos escenas principales de dicha obra, representadas en distintas partes de Catalinas, otras donde los teatristas discuten acerca de lo que debe mostrarse en la película, y unas más con el boceto de una hilación familiar (el abuelo, el hijo que lo banca y el nieto que está filmando).

    Enriqueciendo de veras el conjunto, aparecen cada tanto fugaces testimonios documentales de inmigrantes de la Segunda Posguerra e inmigrantes actuales, "cabecitas" que recién están empezando a forjar su propia gesta.

    Sainete y sátira

    Esto daba para más, pero al menos lo que hay está bastante bien. Hay partes emotivas, como la canción del comienzo ("Venimo a la Aryentina, queremo laborar"), o la otra sobre las cartas a la familia lejana. Y varias de sainete medianamente logradas. O con grandes títeres, satirizando a la empleada pública y "los milicos" a la manera de un circo político. Y una versión facilona y "políticamente correcta" de aquel raro episodio, cuando en 1882 unos genoveses crearon en serio la Repubblica Independente della Boca ("con amore e libertá, pizza e fainá, dice el cántico) y tuvo que intervenir el propio presidente de la Nación, general Roca. Pequeño detalle que no aparece en la obra: habían informado de la secesión al rey de Italia, al que juraban lealtad. Después otros la fundaron de nuevo, ya solo con intención cultural y humorística. También crearon la Orden del Tornillo, un club de fútbol, famosas cantinas, etcétera. Pero ésa es otra historia.
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  • Aviones
    Aviones
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    Cars con alas y módica originalidad

    Un avioncito fumigador sueña con participar en la gran carrera intercontinental de aviones ultra rápidos. Poco más que si un bote de los que cruzaban el Riachuelo se hubiera inscripto en una competencia de yates Buenos Aires-Punta del Este. Pero como el cine americano practica abundantemente ciertos estímulos tipo "queremos hacer más de lo que esperan de nosotros", "¡tú puedes!", etc, pues allá va nuestro avioncito a la carrera.

    Comentario corto. Es como "Cars" pero con alas. Comentario largo. Es como "Cars" pero con alas, relativa originalidad, algunos chistes memorables, una escena ideal para que luego los profesores de física desarrollen en clase la relación entre potencia y resistencia, otra escena copiada de una vieja película de guerra donde el piloto queda ciego en pleno vuelo, varios personajes simpáticos, aptos para llenar media estantería de merchandising hasta tanto venga algo mejor, un elogio a la solidaridad deportiva, un par de situaciones medianamente emocionantes y dos propagandas a favor de la U.S. Navy.

    Ah, también hay un fugaz diálogo de doble sentido para adultos ("sabes de qué hablo"), una historia oculta referida al pasado del instructor de vuelo, empleo adecuado del 3D, y, de vez en cuando, unos conceptos bastante risueños.

    Por ejemplo, en la India los aviones llaman reciclaje a la reencarnación, y en China comunista el avioncito fumigador es definido como "héroe de la clase trabajadora". Relator de la competencia en la versión doblada al castellano, Gonzalo Bonadeo (en neutro). Director, Klay Hall, conocido por varios capítulos de "El rey de la colina" y otras series. Guionista, Jeffrey Howard, director de arte y diseño de producción Ryan L. Carlson, animador principal Rajendra Praveen, todos ellos provenientes de la factoría "Tinker Bell". Argumento y producción ejecutiva, John Lasseter, garante. Socios, DisneyToon Studios y la hindú Prana Animation Studios. Se pasa el rato.
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  • Un piso para tres
    Un piso para tres
    Ámbito Financiero
    Sobre cómo afecta la crisis, con humor a la italiana

    Carlo Verdone debutó en la pantalla acompañando al gran cómico Totó en "Totó y las mujeres". El era el bebé, tenía apenas un año. Reapareció a los 26 como actor, le gustó, a los 30 ya estaba dirigiendo sus propios films, y ya lleva 25, casi todos exitosos. Es como una especie menor de Alberto Sordi, con quien incluso trabajó en un par de ocasiones, y a quien nunca habrá de alcanzar. No importa, no será como el gran Albertone, pero es Verdone y los italianos lo aman, le aplauden hasta los fallidos, y él los entiende.

    Un ejemplo de esa capacidad de entendimiento es esta comedia, más inteligente de lo que aparenta. Tres tipos de 50 y pico, distintos entre sí pero cada uno económicamente en baja por razones generalizadas, expulsado del hogar por haber sido pillado en falta, obligado a vivir pagando, y casi tan imbécil, ridículo y desafortunado como Fantozzi (¿recuerda el lector aquel personaje de Paolo Villaggio que solía verse por canal Europa?), deciden vivir juntos para ahorrar gastos. El resultado, si no se llama "Tres hermanos de Fantozzi" es porque esto es una comedia de situaciones, no un disparate cómico grotesco. Pero que los tipos a veces se sienten grotescos, eso es cierto.

    La diferencia es de tono, y también de hijos. Porque en este caso los hijos parece que salen mejores que los padres. Sea una nena de tres años, una adolescente o un joven que se recibe con honores, algo pueden enseñarles. El asunto es que aprendan y tengan oportunidad de salir del pozo.

    Por ahí va la mano. Mientras las demás películas muestran cómo la crisis económica afecta a los jóvenes, ésta atiende a los maduros que se cayeron del caballo y andan a pie en el paraíso, como sugiere el título original. "Somos los nuevos miserables", piensa uno, de viaje por la Paris de Victor Hugo. Si, miserables sin grandeza, pero risueñamente queribles. Verdone coescribe, dirige y coprotagoniza, haciendo lucir a sus compañeros (Marco Giallini como un mattatore de cuarta, Pierfrancesco Favino como fallido intelectual) y en especial a la rubia Micaela Ramazzotti, cardióloga de corazón grande y grandes problemas amorosos que todos quisiéramos inmediatamente solucionar. Da gusto, cada vez que aparece en escena.

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  • Reality
    Reality
    Ámbito Financiero
    Visión amarga y melancólica de gente que sueña con la TV

    Ya autor de unas cuantas películas, Matteo Garrone había sorprendido especialmente con "L' imbalsamatore" y con "Gomorra", nerviosa descripción de las mentes que adhieren a la mafia napolitana, la famosa camorra. Acá nos sorprende con una pintura ocasionalmente grotesca de otra clase de personas: esas que se fascinan con los brillos más vanos y chillones de la televisión. Su película es amarga y melancólica, precisa y angustiante. A veces también es divertida.

    La acción vuelve a transcurrir en Nápoles, una ciudad vieja, estentórea, colorida, cuyos habitantes parecen cultivar el mal gusto y las ostentaciones de alegría por partes casi iguales. Precisamente, para alegrar a todo aquel que pase y compre está nuestro héroe, o antihéroe, Luciano, con su negocito de pescados y sus otros pequeños negocios para llegar a fin de mes. Un tipo entrador, simpático, canchero entre los suyos, pero demasiado inocente en otros campos. La familia lo entusiasma con entrar al programa "Grande Fratello", él se entusiasma, la ansiedad lo trastorna.

    "Reality" no es exactamente una crítica al formato de "Gran Hermano" ni a su fauna, asunto ya debidamente abucheado en otras películas. Más bien, es una mirada llena de pena e ironía sobre las ilusiones y obsesiones de la gente que cree que ser un "famoso" debe sonar a gloria (clave en esto, el personaje de un ganador que se las rebusca en presentaciones y sirve de guía y modelo para el iluso). La película es también una observación sobre el modo en que el hombre simple acepta la existencia del otro Gran Hermano que puede registrarlo por la calle, y empieza a "actuar" para él. Así le va también a nuestro personaje.

    Asunto interesante, como puede advertirse, digno de visión y reflexión. Expuesto, además, con unos planos secuencia que dan sensación de vida (e impresionan por el trabajo que lleva hacerlos), y a cierta altura también con unos planos tomados deliberadamente del estilo televisivo. Y siempre, un elenco de artistas locales que son un hallazgo. Al protagonista, por ejemplo, Aniello Arena, lo encontraron en la cárcel. Ahí aprendió teatro. De ahí lo sacaban diariamente, con permiso especial para el rodaje. Ahí está todavía, cumpliendo una pena de 20 años por su participación en una masacre de la camorra. Uno lo ve tan simpático, haciendo de buen padre de familia, con semejante mirada de candorosa picardía, que no cabe ninguna duda: es un actorazo. Y seguramente después de esta película mucha gente de cine estará diciendo "ojalá nunca lo enganchen para trabajar en la tele".
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  • Declaración de vida
    Declaración de vida
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    Ejemplo de cómo contar un drama real

    En estos tiempos la gente suele escaparle a las películas sobre niños gravemente enfermos. Consciente de eso, la directora de "La guerre est declarée" (que acá se rebautizó inteligentemente como "Declaración de vida") empieza por el final: el pequeño de su historia pudo revertir la enfermedad que lo aquejó durante varios años.

    Tranquilizado así el espectador, surge el recuerdo de todo el proceso, un recuerdo optimista pero también realista, que no sólo muestra la aflicción materna, sino también las torpezas, egoísmos y desgastes de pareja que suele haber en experiencias semejantes, la pérdida de ahorros, y, casi al mismo nivel, los momentos de diversión y distracción con que se airea la mente y se recuperan fuerzas. El chico todavía era bebé cuando le diagnosticaron un tumor cerebral, y el tratamiento debía ser largo y de pronóstico inseguro.

    Los padres eran jóvenes, no sólo inexpertos sino también inmaduros. Nadie los preparó para la lucha. Por suerte encontraron buena ayuda médica y familiar, y tomaron buenas decisiones. Esa es la historia, que la directora, coguionista y protagonista Valérie Donzelli desarrolla con abundantes y variados recursos junto a su entonces marido Jéremie Elkaim. Y que tiene dos dedicatorias: a Gabriel, hijo de ambos, que pasó un trance similar cuando chico. Y a los médicos, enfermeras y hospitales públicos.

    Parte del elenco está integrado por el mismo personal que atendió a Gabriel. Y parte de la acción transcurre en hospitales de Paris y Marsella. Sin bajar línea, la película destaca su importancia. Como escribió el finado Roger Ebert cuando la candidatearon al Oscar, "la operación y la larga estadía del muchacho en el hospital son pagadas por Salud Pública de Francia. De ocurrir en Estados Unidos, ésta hubiera sido una historia muy corta".

    Donzelli era la mujer del preso que se enganchaba con un guardiacárcel en "7 años". Su primera realización es "La reine des pommes", o Cómo salir de la depre. Esta es la segunda. Tema musical del momento más grave, "El invierno", de Vivaldi. Tema final, "The bell tolls five", de Peter Von Poehl.
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  • Zambezia
    Zambezia
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    Debut en animación de artistas sudafricanos

    La historia es sencilla, colorida, y medianamente remanida. Un joven halcón peregrino vive aislado con su padre en algún lugar pedregoso de la gran sabana, hasta que se entera de la existencia de una ciudad de pájaros en pleno rio Zambeze. Hacia allá va, desoyendo toda advertencia. La ciudad es una maravilla organizada en el tronco de un enorme baobab que creció en un lugar inexpugnable, al borde mismo de la gran catarata. Allí hay aves de toda especie, fiestas, bailes, competencias, visitas guiadas, una linda pajarita blanca, una flotilla de "Hurricanes" integrado por los ejemplares más veloces para protección del lugar, etcétera.

    Sólo que aquello de inexpugnable es relativo: el lider de la defensa es un soberbio desquiciado, y, cerca de allí, un lagarto gigante está planeando toda una invasión en la que usará como punta de lanza a los impresentables, resentidos y nada lúcidos marabúes. No hay nada que hacer, el único Marabú como la gente era aquel de calle Maipú donde tocaba Aníbal Troilo.

    A propósito, la banda sonora de "Zambezia" suena bastante bien (Bruce Retief y Gang of Instrumentals a la cabeza), pero sin ningún tema realmente sobresaliente. Tampoco sobresale demasiado la película, salvo para los sudafricanos. Se trata del primer largo de dibujos animados sudafricano, casi enteramente hecho por artistas locales, desde el dibujante Lindsay Van Blerk y el director debutante Wayne Thorney en adelante, con un equipo donde se entremezclan Nkululeko Buthulezi, Hendrick de Villiers, Karen Botha, Mbongeni Mazibuko y, entre otros, un tal Mohamed Dreyer (¿resultado de la globalización o broma de conocedores?).

    En el dibujo, el padre solitario y otros animales comprenden el valor de la unión. La moraleja parafrasea una famosa frase del poeta John Donne, "Ningún hombre es una isla". Se aplica también a personas tan diversas que hasta hace pocos años, en ese país, jamás hubieran trabajado codo a codo.
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  • Road July
    Road July
    Ámbito Financiero
    Agradable historia de encuentro mutuo

    Al fin se estrena en Buenos Aires esta agradable comedia sentimental mendocina, que allá permaneció once semanas seguidas en cartel, pasando además por otras provincias y varios festivales. En Mar del Plata estuvo hace ya dos años. Conviene advertir esto para destacar su absoluta libre deuda: "Road July" es anterior a "Graduados" (en ambos Mirtha Busnelli compuso una abuela ignorante de su "abuelidad") y también es anterior a la película "Por un tiempo", que trata algo parecido pero en tono dramático.

    Esta es la historia. Un tipo cómodo, tranquilo y ajeno a cualquier compromiso, se ve en la obligación de llevar a una nena hasta San Rafael, donde vive la abuela materna. Pequeño detalle: la nena es hija suya, fruto de una lejana relación de la que nunca se hizo cargo. Otro detalle: la nena no sabe que él es el padre. ¿O si? En todo caso, ¿le gustaría que ese pelirrojo pachorriento con un autito fiel pero poco presentable fuera su padre? Mucha opción no tiene.

    El resultado es una linda historia de encuentro mutuo, que va decantando con naturalidad, sostenida por un tono siempre agradable, ternura sin afectación, simpatía general y buenas actuaciones. Francisco Carrasco es buen protagonista, y Federica Cafferata, entonces de 10 años, resulta todo un descubrimiento, una chica que llena la pantalla con su mirada observadora y suspicaz, y una sonrisa que en ocasiones deja asomar la burla amable y el fondo triste, tal como lo pide su personaje. Más sueltas, Mirtha Busnelli y Bettiana Blum, las dos abuelas, son las únicas actrices profesionales del reparto, y las únicas "importadas". Vale destacarlo, salvo ellas, dos sonidistas y el editor Alberto Ponce, todo el plantel artístico y técnico de la película es enteramente cuyano, empezando por el director Gaspar Gómez, siguiendo por la producción, la fotografía, la música, etcétera. Una grata demostración de talento que merece ser conocida, y una película deliberadamente pequeña que se va agrandando en el cariño de los espectadores. Postadata: Federica, ya de 13 años, acaba de filmar "Sea Child" en Colombia, dirigida por la rusa-americana Marina Shron, que la contrató apenas hubo visto "Road July" en el Festival de Cine Latino de Nueva York. Tiene posibilidades. Pero prefiere seguir pediatría.
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  • Habi, la extranjera
    Habi, la extranjera
    Ámbito Financiero
    Curioso y delicado film de una directora debutante

    Una persona está huyendo de algo. Encuentra azarosamente una comunidad de gente amable, a la que entra con un nombre falso. De a poco se va incorporando. ¿Hasta dónde puede escapar de su pasado y mantener su nueva imagen? El esquema ha sido bastante usado en películas de todo género, incluso en historias románticas bien recordadas. Pero en el caso que ahora vemos, el personaje, los pormenores inhabituales y el tono le dan un cariz de veras singular.

    Es que acá, tímidamente a disgusto con el futuro que le ha planificado su madre, una jovencita recién llegada a la Capital se encuentra de pura casualidad con los miembros de una pequeña mezquita, se siente cómoda, y, sin medir complicaciones ni consecuencias, dice ser una de ellos y hasta se inventa un nombre, tomado de una lista cualquiera. Gustosamente le creen y la incorporan entre los suyos. Por supuesto, surgirán complicaciones, a veces risueñas, y acaso también haya alguna consecuencia.

    La acción transcurre entre los musulmanes de Flores. Ahí será Habiba, huérfana libanesa deseosa de conocer la cultura de sus mayores. Y de envolverse en la ocultadora túnica y el colorido hiyab que resalta su carita dulce. Ahí encuentra mujeres muy distintas a las medio rayadas de la pensión donde vive. Y un trabajo. Y un lindo muchacho empieza a mirarla con particular ternura. Lindos ojos tiene el muchacho. ¿Qué es exactamente lo que quiere?

    Intriga, más que suspenso. Buena predisposición, en vez de prejuicios. La excusa argumental es muy pequeña. El mundo que se abre es amplio e interesante. Pero atención: uno de los mayores pecados para el Islam es la mentira. Curiosa y delicada opera prima de María Florencia Alvarez, hasta ahora una cortometrajista bastante galardonada. Muy buenas caracterizaciones de Martina Juncadella, Martín Slipak y Lucía Alfonsin. Y atractiva participación del sheij Moshen Gabriel Alí, director de la Casa para la Difusión del Islam en la Argentina, hombre sencillo, bonachón, y firme propulsor del diálogo ecuménico en estas tierras. Dan ganas de conocer más, y que a la chica le vaya bien en la vida (si puede salir del brete en que se ha metido).
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  • Sip'ohi - El lugar del manduré
    Para amantes de la cultura oral

    El comienzo es absorbente. Un largo plano fijo donde se ven las manos de alguien frotando un palito sobre otro en la noche, mientras oímos la voz de un anciano contando despaciosamente en su lengua cómo el tigre era el dueño del fuego, los hombres no podían cocinarse nada, y el cuis y el pichiciego trataron de robarle una brasa. Lo cual explica por qué el cuis tiene una manchita en la papada. El final de esa escena nos predispone muy bien para entrar en un mundo lejano y cercano a la vez, el de los viejos cuentos de tradición oral.

    Después, manteniendo el tono calmo, la exposición se expande hacia otras historias y personas. Un hombre de origen wichi ha vuelto en moto a su pueblo, y nos lleva en caminata por la plaza, la radioemisora bilingüe, el sendero donde solo se oyen los pájaros, el rincón donde otro wichi está grabando al viejo del primer cuento, y la orilla del Teuco, aparentemente calmo pero correntoso, de curso variable, como los propios habitantes.

    Los cuentos son pocos, y a veces se entremezclan los puramente indígenas con los de Juan el Zorro traídos de Europa, pero siempre es lindo escucharlos. Interesantes, además, los referidos al Takjoaj, que creó a los wichis y suele morir achurado (para resucitar a los tres días, según comprobaron diversos recopiladores). Interesante también, la decisión de hacerlos oír con pantalla en negro, evitando las dificultades de la ilustración y reforzando el atractivo de la sola y antigua voz.

    La propia película plantea algunos interrogantes teóricos sobre la transmisión de la cultura oral y nativa. Los interrogantes prácticos empezaron a ser respondidos hace ya tiempo. Para amantes de los cuentos, se recuerdan las recopilaciones de investigadores como Berta Vidal de Battini, Juan Carlos Dávalos o Augusto Raúl Cortazar (sin acento). Rodaje en El Sauzalito, El Vizcacheral y Tres Pozos. Instrumentos musicales, de sonido fascinante y primitivo, un latajkiaswole, consistente en dos arcos de cuerdas de caballo, y un trompe, también llamado trompa gallega. Dirección y fotografía, Sebastián Lingiardi. Guión, María Paz Bustamante. Producción de ambos.
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  • Aire de chacarera
    Aire de chacarera
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    Postales de un viaje que da gusto acompañar

    Mucha gente ubica a Diego Arnedo, el bajista de Sumo y Divididos. Poca sabe que es hijo de don Mario Arnedo Gallo, figura fundamental del folklore santiagueño, autor de joyas como "La amanecida", "De Santiago canto cosas", "Pelusita de totora", "Cuando el diablo anda en el vino" y varias otras, hombre culto y divertido que supo abrevar en la enseñanza directa de los Hermanos Díaz y reelaborar y enriquecer estilísticamente la música "rústica" que don Andrés Chazarreta había ido recopilando por los caminos y los montes.

    Curiosamente, nunca grabó un disco ni guardó copia de las grabaciones que le hacían sus amigos en peñas y diversos encuentros. Un día viajó hasta Hurlingham, donde terminó viviendo más años que en Santiago, un destino típico de tantos provincianos. Ahora Fernando Arnedo, su nieto, hace el camino contrario. Va a la Fiesta de la Madre Chacarera en La Banda, al Rio Dulce, a Salavina, Loreto y Atamisqui, recorre lugares polvorientos, cruza puentes de variada clase, se encuentra con amigos del abuelo y músicos también de distinta clase.

    Ahí están dos viejos cantando chacareras en quechua, el gran Vitillo Abalos, Froilán González luthier de bombos, Chingolo Suárez explicando el mito de la Salamanca y "la afinación del diablo", don Pedro Gómez, guitarrero de antes que sabe explicar las diferencias (una tarde hermosa en la puerta de su rancho, mientras la mujer permanece tranquila detrás suyo), y muchos otros de mayor o menor renombre, como Bravo de Zamora, Rodríguez Vilar, Elpidio Herrera, Beltrán Neirot, algunos Carabajal, otros Arnedo, en fin.

    ¿Qué tiene Santiago, para tanto orgullo y añoranza? En la cantidad de músicos y fiestas, en la misma sequedad de su tierra, en la sucesión de anécdotas que surgen sobre don Mario Arnedo Gallo, hay una respuesta. En el aire se la escucha con ritmo de zamba y de chacarera trunca. Viejos registros del pianista y compositor evocado matizan también este viaje. Cabe advertirlo: éste no es exactamente un documental biográfico. Más bien es el resumen de unas andanzas por la patria chica del abuelo, donde una noche de fiesta en el patio de tierra también caben el pasodoble, los disfrazados y hasta una gallina suelta. Postales de un viaje que da gusto acompañar.
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  • A La Cantábrica
    A La Cantábrica
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    Moroso deambular de chicos aburridos

    Cuatro chicos de séptimo en los bordes de una pequeña ciudad, frente al edificio de una fábrica. Según la síntesis difundida, uno cuida a su abuela enferma, otro manifiesta inquietudes sexuales, la chica del grupo se siente oprimida por sus clases ortodoxas de ballet, y el último se siente atraído por una ciega que asiste con él y otro ciego a la proyección de "Adiós, cigüeña, adiós". Según enviados del Festival de Rótterdam, el autor "invita a la audiencia a tener su propio viaje de descubrimientos", "la infancia marginal e infeliz es universal" y todo es "universalmente reconocible e increíblemente misterioso".

    Puede ser. La película está hecha de tal forma que cada espectador puede darle la interpretación que quiera. Y bien podría escribirse otra síntesis, ya que los personajes dejan muy pocas pistas de sus posibles intereses e inquietudes. A primera y segunda vista son sólo unos chicos aburridos que vagabundean por ahí después de la escuela. Si pasa algo de veras interesante debe ser fuera de la pantalla. Lo increíblemente misterioso, sin embargo, habrá de ocurrir.

    El ambiente, el relato a través de momentos sueltos sin causa ni consecuencia evidentes, la luz de estación fría, la tristeza suburbana, van construyendo ese clima. Lástima que sólo sea un clima de leve sugerencia, sin actuaciones convincentes ni historia que nos atrape ni personajes cuya suerte alcancemos a compartir. Rodaje en Haedo, Bragado y Morón, ambientación quizá nada gratuita- en 1998, a juzgar por las noticias que trae un televisor acerca del niño atrapado en un pozo en San Nicolás (un hecho trágico que en su momento provocó casi un duelo nacional, y hoy está prácticamente olvidado).
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  • Corazón de león
    Corazón de león
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    Querida, encogí a Francella

    La tenía difícil Marcos Carnevale, pero él parece buscarse las dificultades, como en "Anita", que hasta ahora ha sido la más riesgosa de sus películas, generalmente referidas a la comprensión afectiva del otro cuando ese otro es incómodamente distinto de uno. Esta vez, la trama presenta la perturbación de una hermosa mujer enamorada de un enano. Ni siquiera un petiso, sino un enano. Que tiene sus méritos, eso hay que decirlo.

    Primera dificultad: ¿debía contratar a uno de veras? Alejandra Podestá fue un excelente hallazgo de María Luis Bemberg para su excelente fábula "De eso no se habla". El norteamericano Danny Woodburn (el líder de los enanos en "Espejito, espejito") resultó inolvidable en el delicado episodio "Someone for Rose" del film de Rodrigo García "Con solo mirarte". Pero, ¿habrá alguno igual o mejor actor que Guillermo Francella?

    Tanto en las partes de comedia romántica, y en las simplemente graciosas, como en las otras, en la leve sombra que surge tras la sonrisa de alegría, o en el agrio reclamo del hombre herido en sus ilusiones, Francella es un actorazo de primera.

    Surgía entonces la segunda dificultad: ¿cómo achicarlo? Ahí van nuestros aplausos para dos cabezas de equipo: Ezequiel Cesana, director técnico, y Leandro Visconti, supervisor de efectos visuales, que empezó en la TV argentina, estuvo en la conversión estereoscópica de "Star Wars. Episodio I" y los efectos de más de 40 films de EE.UU., entre ellos "Scooby-Doo 2" y "Sr. y Sra Smith", y ahora brinda lo suyo al cine de la Argentina, desde "El ratón Pérez 2" en adelante, y México. El épico "Morelos" es su nuevo trabajo en esas tierras, antes de volver a éstas para achicar al protagonista. La ilusión es prácticamente perfecta.

    El resto no era pan comido. Y de nuevo Carnevale salió adelante. Ha hecho una historia entretenida, grata para todo el público, bien envuelta por la música del maestro Emilio Kauderer y el "Always On My Mind" a cargo de John McInerny (como corresponde), y con detalles propios de un buen observador, y por eso mismo buen director de actores, que además supo elegir muy bien. Julieta Díaz luce como pocas la evolución de sentimientos que debía tener su personaje. Mauricio Dayub, Jorgelina Aruzzi (que provee uno de los pocos chistes enteramente visuales al agacharse a hablar con el novio de su jefa), Nora Cárpena, de retorno, Claudia Fontán con su calificativo de moda, y en particular Nicolás Francella como hijo cómplice, forman un elenco ideal.

    Puede que alguien le reproche supuestas bajadas de línea, caídas en el sentimentalismo, o cualquier otra cosa. A nadie se le ocurrirá agradecerle, en cambio, su parte didáctica: este film enseña como pocos cómo levantarse una desconocida por teléfono, seducirla pese a una desventaja evidente, pararle el carro a dos pelandrunes en un restaurante, sostener una discusión de tránsito con un grandote sin perder la elegancia, y otras cosas. Y cómo hacer, además, una comedia romántica realmente distinta.
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  • La parte de los ángeles
    La parte de los ángeles
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    Drama y diversión con el sello del maestro Loach

    El veterano Ken Loach hace dramas sociales muy fuertes, como "Vida en familia", dramas históricos (no tan logrados pero bien claros) como "Pan y Rosas", y también comedias de costumbres, medio dramáticas, ambientadas en la clase baja británica.

    Cuando hace una de éstas, cada vez pierde menos tiempo en acusar a la burocracia o el gobierno. No puede. Está muy ocupado viendo cómo se las arreglan sus personajes, sean buena gente o inadaptados sociales. En el primer caso, se trata de laburantes que logran sacarse una molestia de encima, por ejemplo la familia enfrentada al prestamista en "Como caídos del cielo", o los vecinos hartos del mafioso que maneja a los chicos en "Looking for Eric". En el otro caso, el de los inadaptados, bueno, la molestia que deben sacarse ya está enquistada dentro de ellos. Por ejemplo, la tremenda agresividad del flaquito Robbie, llevado a la Justicia por haber destrozado a un pobre tipo una noche de copas. No es mal pibe, pero la mente le funciona torcida. Encima es desocupado y mal entretenido. Por suerte la Justicia le da una mano y lo deja a las órdenes de un tipo paternal y canchero. La novia le da un hijo y le hace aflorar sentimientos de ternura y responsabilidad. Y la nariz le ha dado un olfato con el cual podría conseguir un trabajo inesperado. Sólo debería cuidarse, entre otras cosas, de obedecer los controles, soportar o esquivar a cuantos lo buscan para romperle los dientes, y ser más derecho, o más vivo, que sus compañeros de castigo.

    La historia transcurre en Glasgow, Edimburgo, la costa de Argyll y las Tierras Altas, donde funciona (lugar clave) una destilería. La parte de los ángeles es el alcohol que con los años se va evaporando de los toneles de whisky. También, la que les toca a los angelitos como este del cuento y sus amigos. Hay drama y diversión entremezclados, todo con particular frescura y franqueza. Y hay picardía, para que uno pueda ayudarse a salir de la mala. Los actores son creíbles, los personajes son simpáticos, la historia es buena. Y Ken Loach, un maestro.
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  • Voyage, voyage
    Voyage, voyage
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    Simpática y con lindos paisajes

    Edouard Deluc debuta con esta comedia cuyo título original es "Voyage á Mendoza". Dos franceses llegan a Ezeiza rumbo a la provincia cuyana, pero primero quieren comprar vino en Cafayate y conocer el Valle de la Luna. Cosas del cine, la finca mendocina que terminan visitando es, inocultablemente, una finca salteña.

    Como acá es difícil pasar ese detalle por alto, la obra se rebautizó "Voyage, voyage". No está mal, porque hay dos viajes: el que hacen los franceses por estos lares, y el que hacen dentro de ellos mismos. Es que son hermanos, pero últimamente se conocen poco. El mayor cuida del menor, que sufre mal de amores. Pero él también tiene sus propios problemas. Cuando se hagan evidentes, ambos hermanos se entenderán mejor. Hay un momento de seriedad en la película, que la hace crecer, como crece uno de ellos ante esa circunstancia.

    El resto no es tan serio que digamos, no sólo por el aire de levedad propio del relato, sino porque parece estar hecho a los tirones, improvisado sobre la marcha, casi como una filmación amateur. Por suerte se va haciendo simpática, el protagonista nos cae bien y el director muestra simpatía y buena intención, aunque a veces la pifie, por ejemplo con un episodio muy fallido en un burdel porteño (cosa rara, porque con similar anécdota había hecho años atrás un corto muy logrado, "¿Dónde está Kim Bassinger?").

    En cuanto al director de fotografía, desperdicia la ocasión de lucirse con los paisajes, pero en cambio hace lucir muy bien a la coprotagonista Paloma Contreras, que compone una criatura libre y seductora, de brillantes ojos negros, piel preciosa, una voz que desarma a cualquiera, digamos, "una belle argentine" en toda su extensión. "No ha tomado los hábitos, todavía", dice alguien comprensivamente, cuando ve que se le escapa de las manos para coquetear con alguien nuevo. Por este personaje, Paloma se ganó el premio Orchidée Passion a la mejor actriz del Festival du Film Francais de la Réunion, allá en el Indico, y podría ganarse unos cuantos más acá, y varios corazones en todas partes.

    Elenco, Philippe Rebbot, comediante en ascenso, Nicolas Duvauchelle, actor y modelo, Gustavo Kamenetzky en rol de comedido, César Bordón, el músico Benjamín Biolay como fachero reflexivo, Poli Sallustro y Monique Sordre muy simpáticas en un bar, Sofía Wilhelmi, Bernarda Pagés. Locaciones, Cafayate, Coronel Moldes, Salta capital, y otros rincones de "la linda".
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  • Los amantes pasajeros
    Los amantes pasajeros
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    Almodóvar con el ingenio extraviado

    "Esta es mi película más gay", ha dicho Almodóvar. Es cierto, tiene un humor decididamente gay, de gustos ochentosos, un número estilo playback con tres actores que hacen de practicantes y machacantes, y está llena de gente ansiosa de ponerse las plumas.

    Dijo además que "La escritura del guión empezó como un capricho cómico y ha acabado como una comedia coral, moral, amoral, oral e irreal". Veamos. Caprichosa e irreal, eso forma parte de su estilo de siempre. Coral, también es cierto, porque todos llevan al unísono la misma melodía y los solistas apenas se distinguen con algunas líneas. Oral, sí, porque es toda hablada y por la cantidad de chistes inclinados a "esa" oralidad que el lector sospecha. Moral y amoral, ahí ya depende. Alguno, de solo enterarse, definirá esto como inmoral. Otro hablará de nueva moral. En todo caso, lo propio de muchos personajes almodovarianos es la amoralidad, y en este caso específico son tranquilamente todos amorales. Cada cual (incluso un banquero que dejó el tendal de víctimas) dice y hace lo suyo sin mayor cargo de conciencia y sin que nadie se espante.

    Lo más discutible es eso de comedia. Gustará, sin dudas, a quienes amen las zafadurías propias de adolescentes en el baño del colegio y la franca elección sexual del autor y sus criaturas. Gustará en particular a cierto sector del mercado norteamericano, para el que directamente se titula "I' m so excited". Pero se trata de chistes viejos, provocaciones que perdieron filo hace rato, simples guarangadas, reiteraciones abusivas, y encima carece totalmente de ritmo. Su famoso ingenio se perdió peor que una valija en Ezeiza. Quienes amaron "Mujeres al borde de un ataque de nervios" sólo encontrarán un aeropuerto, unos colores, no mucho más.

    Esa sí fue una comedia con todas las letras. "Kika" intentó acercarse pero quedó a mitad de camino. El resto, lo más elogiado de Almodóvar, lo que lo consagra como artista, son tragicomedias o melodramas muchas veces admirables con elementos graciosos para descomprimir. Ah, cierto, hace mucho, cuando era un jovencito recién llegado a "la movida", hizo cosas como "Folle, folle, folleme Tim", "Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón" y unos cortos para ver entre amigos, todo muy amateur. Ahora sorprendió diciendo "Me siento como en 'Pepi' pero con canas". Hombre grande.
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  • Renoir
    Renoir
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    Bella y apacible inmersión en el mundo de Renoir

    Provenza, 1915. En su casona de campo cerca del Mediterráneo, el viejo artista sigue pintando pese a una severa artritis. Rodeado de mujeres que lo cuidan, disfruta la belleza de una nueva modelo que acaba de llegarle, y la fugaz visita de los hijos mayores, heridos de guerra. El más chico es, por el momento, un salvajito resentido. Todos, cada uno a su modo, extrañan a la finada señora Renoir. Pero frente al paisaje bien cabe la reflexión del artista: el dolor pasa, la belleza perdura.

    Esa es, en parte, la filosofía del personaje y de la película. Una tranquila y hermosa inmersión en su mundo, con una fotografía digna de sus cuadros. Un deleite, el tratamiento de la luz, las composiciones y los colores de Mark Ping Bing Lee, el mismo que años atrás hizo la fotografía de esa joyita llamada "Con ánimo de amar". Su trabajo evoca perfectamente al Renoir postimpresionista de aquellos años, y se equipara al de Bruno de Keyser para "Un domingo en el campo", de Bertrand Tavernier, también sobre un viejo pintor de la Belle Epoque (en ese caso, ficticio) que recibe a su joven y moderna hija.

    La modelo de este caso no será tratada precisamente como una hija. Es una viborita de piel fascinante, desparpajo y arranques de histeria que las demás mujeres (modelos cuando jóvenes) deberán controlar. Por su parte, ella querrá manejar al hijo del medio, Jean, para que sirva a sus ambiciones: quiere ser estrella de cine.

    Gilles Bourdos, autor del film y natural de la zona, supo transmitirnos hermosamente el encanto y los tiempos de ese lugar al que llegaban solo los ecos del mundo en llamas que iba a cambiar casi todo. Lo ayudaron Jerome Tonnerre, veterano guionista, el venerable Michel Bouquet, que a los 87 años ha hecho su más hermosa actuación, Christa Theret, ella misma hija de pintor y modelo, y Vincent Rottiers, que compone a un Jean Renoir más bien parecido a Jean Gabin. Se entiende: Gabin fue en muchas películas el alter ego de Renoir, que era más gordito. El cine y cierta pintura embellecen a la gente.

    Algunos datos sobre la familia. La modelo, que en la vida real apenas tenía 15 años, pasó al cine como Catherine Hessling, dirigida por Jean. Cuando se pelearon, ella fue decayendo y él se convirtió en un gran maestro. Su hermano menor, Claude, alias Coco, fue héroe de la II Guerra Mundial y artista de la cerámica, como el padre cuando joven. El mayor, Pierre, se hizo actor y productor de cine. El sobrino, hijo de Pierre, también se llamó Claude, debutó como director de fotografía junto a su tio en "Un día de campo" (delicia donde ambos evocan paisajes del pintor) y alcanzó la cumbre con "Los amantes de Teruel", cine-ballet de Raymond Rouleau con Ludmila Tcherina y música de Mikis Teodorakis. El hijo de este Claude, Jacques, también fotógrafo, es quien recopiló las memorias familiares que sirven de base al "Renoir" que ahora vemos.
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  • Rosalinda
    Rosalinda
    Ámbito Financiero
    Programa doble en Sala Lugones y Malba, con los títulos "shakespereanos" de Matías Piñeiro, celebrado autor del ambiente de la Fuc, el Bafici y alrededores. Quien vive más lejos puede sentirse estafado por tantos elogios que le prodigan, pero sus méritos tiene, empezando por el de la brevedad, ya que presenta un mediometraje de 43 minutos y un largo de 63 (60 es el mínimo establecido).

    Otros méritos se relacionan con la habilidad para insertar textos de calidad literaria en diálogos cotidianos de ciertos personajes femeninos, entremezclar obras ajenas, adaptarlas a veces a nuestra forma coloquial, transmitir una frescura general, sorprender al espectador mediante inesperados cambios de planos y figuras conductoras, o cortes también inesperados, e ir mejorando algo de película en película.

    En ese sentido, ver ambas piezas juntas (siempre que haya aguante) nos permite apreciar los avances del autor, ya que ambas trabajan sobre el mismo "universo": jóvenes actrices que ensayan papeles de mujeres presuntuosas como ellas, dedicadas a charlas y juegos adolescentes, a veces crueles, para burlarse de sus enamorados, celebración o al menos aceptación del robo y la estafa, vaivenes amorosos que dependen del propio tedio, o de consejos vanos, todo llevando hacia finales medianamente insulsos a través de asertos, casualidades y coincidencias de su pequeño mundo.

    Una abreva en "Como gusteis", otra en "Noche de reyes", pasatiempos shakespereanos donde identidades y géneros se confunden, y una mujer se hace pasar por muchachito para que alguien practique en "él" lo que quisiera decirle a "ella", o viceversa. Esos chistes ingleses tal vez nacieron aprovechando la niebla de las islas. Piñeiro los traslada al Tigre, y a un departamento donde dos flacas repiten y repiten los diálogos con acercamientos suspicaces y miradas cada vez más cómplices.

    Eso es todo. Por cierto, los excesivos elogios del sector a "diálogos de gran encanto", "experiencia tan disfrutable", "largos, bellos y virtuosos planos-secuencia", "impecable", "fascinante y embriagador", "una puesta en abismo cuidadosamente descuidada" y demás, pueden irritar un poquito a cualquier espectador que haya pagado su entrada.
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  • Viola
    Viola
    Ámbito Financiero
    Programa doble en Sala Lugones y Malba, con los títulos "shakespereanos" de Matías Piñeiro, celebrado autor del ambiente de la Fuc, el Bafici y alrededores. Quien vive más lejos puede sentirse estafado por tantos elogios que le prodigan, pero sus méritos tiene, empezando por el de la brevedad, ya que presenta un mediometraje de 43 minutos y un largo de 63 (60 es el mínimo establecido).

    Otros méritos se relacionan con la habilidad para insertar textos de calidad literaria en diálogos cotidianos de ciertos personajes femeninos, entremezclar obras ajenas, adaptarlas a veces a nuestra forma coloquial, transmitir una frescura general, sorprender al espectador mediante inesperados cambios de planos y figuras conductoras, o cortes también inesperados, e ir mejorando algo de película en película.

    En ese sentido, ver ambas piezas juntas (siempre que haya aguante) nos permite apreciar los avances del autor, ya que ambas trabajan sobre el mismo "universo": jóvenes actrices que ensayan papeles de mujeres presuntuosas como ellas, dedicadas a charlas y juegos adolescentes, a veces crueles, para burlarse de sus enamorados, celebración o al menos aceptación del robo y la estafa, vaivenes amorosos que dependen del propio tedio, o de consejos vanos, todo llevando hacia finales medianamente insulsos a través de asertos, casualidades y coincidencias de su pequeño mundo.

    Una abreva en "Como gusteis", otra en "Noche de reyes", pasatiempos shakespereanos donde identidades y géneros se confunden, y una mujer se hace pasar por muchachito para que alguien practique en "él" lo que quisiera decirle a "ella", o viceversa. Esos chistes ingleses tal vez nacieron aprovechando la niebla de las islas. Piñeiro los traslada al Tigre, y a un departamento donde dos flacas repiten y repiten los diálogos con acercamientos suspicaces y miradas cada vez más cómplices.

    Eso es todo. Por cierto, los excesivos elogios del sector a "diálogos de gran encanto", "experiencia tan disfrutable", "largos, bellos y virtuosos planos-secuencia", "impecable", "fascinante y embriagador", "una puesta en abismo cuidadosamente descuidada" y demás, pueden irritar un poquito a cualquier espectador que haya pagado su entrada.
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  • Vino para robar
    Vino para robar
    Ámbito Financiero
    Lo tramposo no quita lo simpático

    De esta comedia llena de trampitas y juegos desde el mismo título, conviene adelantar lo mínimo. Apenas, que hay un ladrón de guante blanco, un hacker muy ligero, una habilísima estafadora, un coleccionista de buenos vinos y malas pulgas, otros cuantos tipos raros, lindos lugares mendocinos como el centro de toneles de Bodegas Salentein y la posada San Luis de Bodegas Luis Segundo Correas, y que también hay lujos y placeres, autos, pilchas y pelucas, una música que impulsa la acción, aire romántico y buen humor.

    El humor es tan bueno que no incluye la menor guarangada. El aire romántico es eso, no interfiere en la intriga, más bien le da brillo y sirve de aliciente. Y hay romances variados. El de los personajes protagónicos entre sí, que avanza a través de (y a pesar de) engaños, desconfianzas y admiración mutua. El de los protagonistas con el público (el femenino agradece especialmente los primeros planos). Y el triple romance del autor con ese mismo público (un cariño que empezó en "Cara de queso, mi primer ghetto" y se amplió ecuménicamente en "Mi primera boda"), con sus actores y su equipo, que en varios rubros ya vienen de la película anterior (y Hendler estuvo en las tres), y con las comedias elegantes del viejo Hollywood.

    En esto último no hay imitación, sino escuela. Maestros como Billy Wilder o Stanley Donen son inimitables. Pero sus lecciones son muy aplicables. Y en este caso, Winograd aplica en especial dos lecciones de don Alfred Hitchcock: la intriga respecto a una pareja sospechosa, y el "mcguffin". ¿Qué es un "mcguffin"? Puede ser un cuento del tío, una gambeta, eso que nos hace mirar para otro lado, creer que la jugada o el tesoro está allá cuando pasa delante nuestro, en fin. La verdad, el guionista, o las circunstancias del rodaje, abusan un poco de dicho recurso. Pero no importa. La comedia es tan ágil y llevadera que recién después se advierten sus pequeñas debilidades.

    A señalar, en el reparto, el trabajo de Martín Pirovansky hablando inglés con acento alemán, lo mismo que Luis Sagasti. Y una advertencia de Mario Alarcón, respecto a quienes comen pastas sin siquiera una copa de vino. A propósito, dos palabras sobre la histórica botella de 1845 que buscan nuestros personajes. Dicen los publicistas que el malbec era el vino favorito de Napoleón III. Pero acá fueron sus opositores quienes introdujeron las primeras cepas, ese mismo año en la Quinta Normal de Santiago de Chile, y en 1853 en la Quinta Agronómica de Mendoza. Ambas, fundadas por Sarmiento. Hay que brindar por todo esto.
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  • Sólo para payasos
    Sólo para payasos
    Ámbito Financiero
    Como prenuncia el título, documental solo para payasos

    De muchacho, Lucas Martelli estudió en la Escuela de Cine de Avellaneda y fue camarógrafo. Pero también estudió acrobacia, y en ella volcó buena parte de sus años fuertes, hasta que los huesos le aconsejaron volver al cine. Ahora presenta este documental, que hizo acompañado por viejos amigos del Grupo Boedo Films y por multitud de jóvenes dedicados al payaseo por esquinas, carpas y teatros.
    El ambiente y el entusiasmo son atractivos. Pero quizás el resultado sea solo para payasos, como dice el título. Le pesan muchos chistes internos, excesiva confianza en la improvisación de escenas a cargo de jóvenes que recién se están afianzando, demasiados planos de gente grande y malhumorada, y variedad de atracciones diseminadas a lo largo de 104 largos minutos sin un presentador cuyas intervenciones nos atraigan y orienten entre número y número, como era en el circo tradicional.
    Se agradece la participación de don Jaume Mateu, alias Tortell Poltrona, historiando el oficio mientras se pinta la cara. Luego dos veteranos rezongan sobre la evolución de la risa a dúo, y otro cuenta la historia política oficial, de seguir la cual parece que en cierta época levantar una carpa era algo clandestino, lo que se contradice con la memoria de cualquier niño de aquella época, y del padre que lo llevaba.
    Hay, más interesante, dos minutos enviados por payasos de Barcelona, Grecia, Nepal, Machu Pichu, Mar del Plata y otros muchos lugares, partiendo de viaje hacia una gran convención, un Encuentro Ancestral donde tal vez suceda El Acto, un momento mágico en que todo el mundo ríe y llora de alegría, y que pasa muy de cuando en cuando. Esa pequeña ficción se mantiene con el "viaje transcontinental" de un grupo en dirigible, se reaviva hacia el final, cuando surgen algunas tomas de la colorida 16a. Convención Argentina de Circo, Payasos y Espectáculos Callejeros, y remata de modo inocente y gozoso con una tribuna llena de narices rojas y un lindo clip "de toda la compañía" para los créditos finales.
    Hay también varias payasas de acá, Brasil, Suecia, etc., clowneras líderes, dos comediantes del Cirque du Soleil (uno argentino), y otros apenas entrevistos de Payasos sin Fronteras, el Club del Claun, Catalinas Sur, Circo Social del Sur (Barracas), Taller de Artistas del Borda, etcétera. Y, perdidas en el fárrago, unas líneas de aquellos versos mal entrazados pero efectivos del chileno Maturana que acá recitaba Chirolita mientras Chassman miraba para otra parte: "Al ver mi cara pintada,/ todos ríen con placer /¡Sin llegar a comprender,/ que mi vida es desgraciada!". Un clásico, junto al "Reir llorando" de Juan de Dios Peza. Y ya que estamos, valga mencionar otro clásico: el maravilloso "Los payasos", de Federico Fellini, de moderados 92 minutos.
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  • Lunas cautivas
    Lunas cautivas
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    Film que destila poesía

    Coincidieron en julio dos películas sobre los beneficios de talleres de expresión artística en las cárceles: "Cesar debe morir", filmada en Rebibbia, donde van los peores, y la que hoy se estrena, "Lunas cautivas, historias de poetas presas", registrada en la Unidad Penitenciaria 31 de Ezeiza. Teatro en un caso, escritura en otro. Varones y mujeres. Las diferencias no son terminantes, salvo una.

    Y es que los hermanos Taviani presentan a cada quien con su nombre completo, cargo y condena, como para que lo vayamos sintonizando con el personaje que le toca interpretar. En cambio, Marcia Paradiso, autora de "Lunas...", permite que sospechemos un solo cargo y nos da un solo nombre completo, el de Liliana Cabrera, que ya publicó tres libros. Del resto, apenas algunos nombres de pila y ciertas experiencias, como el fin de la pena o el dolor de ser madre en esa situación. Porque en este caso no necesitamos saber qué macana habrán hecho. El título ya lo sugiere: más que presas que escriben poemas, ante nosotros hay un grupo de poetas presas. Mujeres que encuentran en sí mismas unas frases musicales con las que expresar lo que viven, como aquellos otros las encuentran en un texto de Shakespeare.

    El ejercicio de la escritura ellas lo practican en reuniones conducidas por María Medrano y Claudia Prado, miembros de una asociación civil y cultural. Detalle simpático, las internas van a esas reuniones más acicaladas que sus profesoras. Será que ahí se sienten libres, otra vez dueñas de sí mismas aunque sea por un rato. Las vemos discutir algunos textos, hacer los suyos tomando como modelo el "Yo fui" de Luis Cernuda, leerlos en el salón ante otras compañeras, participar también en un taller de fotografía estenopeica, tomar algo de sol, y hasta salir a una pequeña fiesta de la mencionada asociación, siempre bajo vigilancia, por supuesto (para no desentonar, los agentes van de civil, pero permanecen todo el tiempo serios incluso cuando las llevan de regreso).

    Paradiso las sigue, deja que charlen y escriban, y cada tanto muestra también algunas imágenes de la Unidad, con el campo que la rodea, los atardeceres tranquilos, los silencios, los pájaros que vuelan de un lado para el otro sobre el alambrado. No agrega nada, ni falta que hace. La suya también es poesía.
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  • Algunas horas de primavera
    Algunas horas de primavera
    Ámbito Financiero
    Dura historia con grandes actores

    De Stephane Brizé, natural de Rennes, acá se estrenó "Une affaire d' amour", historia sentimental de un hombre casado enamorado de una mujer que solo espera su decisión (título original, "Mademoiselle Chambon"), y se vio en Pantalla Pinamar "Je ne sui pás pour etre aimé", no estoy hecho para ser amado, retrato de un tipo que ocupa sus horas libres en visitar al padre gruñón y visitar una peña de tango, donde intenta eludir a una mujer que espera verlo contento alguna vez. Dos relatos bien hechos, de un particular realismo en la pintura de caparazones y soledades.

    Ahora nos llega otra película suya de asunto similar e igual nivel, también con excelentes intérpretes como aquéllas, pero más dura y perturbadora. Esta vez el hombre es un casi cincuentón de mal carácter que vuelve de la cárcel, tiene apenas un trabajo mal pago y poco prestigioso, y un solo techo prestado: el hogar materno, que de hogar tiene poco y nada. La vieja es agria, buscapleitos, reprochadora full time. Ni siquiera comparten gustos en común. Para colmo, él ama a su perro, la vieja lo odia y es capaz de envenenarlo.

    Puede que haya para el hombre una posibilidad de respiro junto a una mujer que más o menos lo banca y también lo espera, y que tiene su vida más o menos hecha. Pero antes de cambiar de aire, él descubre que la madre está enferma y no le ha dicho nada. Todavía más grave, ha tomado una decisión que la pinta de cuerpo entero, que impresiona al hijo, y le hace ver otras cosas. Para ambos, no se trata de la pena por un cariño que se pierde, sino de la mortificación por un amor que no se dio. Que sin embargo todavía puede manifestarse. ¿Pero cómo, si madre e hijo son tan reticentes a las expresiones de afecto, y la película misma se mantiene ajena a cualquier sentimentalismo?

    El desarrollo puede resultarnos más o menos ajeno. Hemos visto tantas películas de gente común que se lleva mal. La última media hora, en cambio, nos tiene con el corazón apretado y la mente impresionada por lo que está pasando. Hasta que manteniéndonos a la debida distancia, respetuoso de sus personajes, Brizé nos deja ver lo que corresponde que veamos. Ahí podemos desahogarnos. Los otros, en fin, acá no vamos a contarlo. Tocante historia, pulso firme, excelentes actuaciones: Vincent Lindon (el mismo de "Une affaire d' amour"), la veterana Helene Vincent, Emmanuelle Seigner, todavía linda. Duele, sin golpes bajos. A alguno puede dolerle mucho. Pero vale la pena.
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  • Esos colores que llevás
    Esos colores que llevás
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    Festejan hasta en el cine volver a ser A

    "Esos colores que llevás/ son parte de la enfermedad/ de la que nunca me voy a curar", el cántico de la tribuna se hace contraseña inmediata de los simpatizantes de River Plate en este documental dedicado a exaltar el mayor acto de fe y cariño que tuvo la hinchada en el 2012, "cuando estábamos en la otra categoría", según dice un fanático, sin nombrarla. Ese acto fue la construcción colectiva de la bandera más larga posible, y su extensión y traslado desde Libertador y Tagle, donde estuvo el primer estadio, hasta Núñez, donde está el Monumental: 7.829 metros rojiblancos (la mitad cosidos por el Movimiento Corazón Millonario, de Zárate), decenas de voluntarios en casas y talleres, 2.500 kilos de peso registrados al envolverla y subirla a un camión, cerca de 120.000 personas llegadas de todas partes para llevarla desplegada a lo largo de varios kilómetros, el pasado 8 de octubre. A lo que se suman 4 toneladas de alimentos no perecederos donadas por los simpatizantes como parte de la fiesta, y unos 12.000 espectadores de esta película en las dos funciones de premiere que hubo en el Luna Park en abril último.

    Más difícil de calcular será la cantidad de gente que ya está comprando el dvd a los manteros. La película que hoy se estrena formalmente en los Espacios Incaa de San Telmo y La Banda, y se expande la semana próxima a otras salas de todo el país, es inversamente breve, mantenidamente ágil, y está sucesivamente contada por organizadores, costureros, transportistas, el escribano que se tomó largas horas para medirla, el cura que la bendijo y contó las donaciones (también él, hincha del club), y por varios jugadores bienamados como Orteguita, Francescoli, Amadeo Carrizo, Beto Alonso, Goycochea y Almeyda. Le faltan mayores planos de la culminación dentro del Monumental, algo que también faltó en los noticieros de aquel día.

    Graciosa curiosidad, entre los bonus del dvd hay un grupo de judíos argentinos poniendo papelitos de esperanza para volver a primera en el famoso Muro de Jerusalén. Autor, Federico Peretti, el de "El otro fútbol", sobre clubes de la B, la C y el resto del abecedario a lo largo del país, desde Ushuaia para arriba.
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  • Metegol
    Metegol
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    Gol olímpico de Campanella

    Juan José Campanella lo hizo de nuevo. Humor, emoción, leve nostalgia, identificación y reflexión, cultura popular y labor ejemplar, y el lucimiento de todos los participantes, incluso los actores aunque en esta ocasión no los veamos. También de nuevo hizo el triple salto mortal, se la jugó, y salió bien. Nunca había hecho un dibujo animado.

    Supo rodearse de los mejores, aprendió, proveyó a que los mejores crearan escuela, formó un ejército de animadores, les inculcó su espíritu, hizo que todos se tomaran su tiempo, y el resultado es una joya original de alto nivel técnico y gran nivel de entretenimiento.

    Nunca había partido de una idea tan apretada. El cuento en que se inspira, "Memorias de un wing izquierdo", de Roberto Fontanarrosa, tiene apenas cinco páginas, y recién en la tercera percibimos que es un wing de metegol. Pero con las promociones eso ya lo saben hasta los que nunca leyeron el cuento. Se perdió el factor sorpresa. ¿De veras? Maestro, su adaptación nos revela otras capas, reverbera en la canchita de metal el eco de otras historias, sentimientos, nostalgias, complicidades, jergas, anhelos y secretos, de esos que solo pueden ser dichos cuando el otro está en condiciones de entenderlos. La verdad, a Fontanarrosa le hubiera gustado muchísimo este dibujo. Y además, tal como está, va a gustarle también a quienes ni sepan qué es un wing, y odien el fútbol (hay gente así).

    Por último, Campanella nunca había reelaborado tan clara y a la vez tan disimuladamente una moraleja. Pequeña clave: ¿dónde habíamos visto a un tal Amadeo limpiando los muñequitos de un metegol? Si, señor, de nuevo pero de muy distinta forma nos dice algo que nos toca de cerca, nos plantea el desafío vital de una competencia desigual, y, cuando parece que el partido culminará de modo previsible, resuelve las cosas por donde menos imaginamos, y encima nos deja un buen sabor de boca.

    En la cancha, Eduardo Sacheri, principal coguionista, Federico Radero y Jorge Pablos, directores de animación, Mariano Epelbaum y Nelson Noel Luty, directores de arte, el prócer Félix Monti, de fotografía, Emilio Kauderer, música (con aportes de Strauss, Wagner y Morricone para algunos guiños, y la London Symphonic Orchestra para mejor disfrute), Jorge Estrada Mora, Gastón Gorali y Axel Kuschevatzky a la cabeza de los productores, y, con sus mejores voces y expresiones futboleras, David Masajnik, Diego Ramos, Lucía Maciel, Pablo Rago, Fabián Gianola, Coco Sily, Miguel Ángel Rodríguez, Horacio Fontova, este último en lo que él mismo ha definido como una mezcla de Walt Withman, Carlos Castaneda y José Narovsky con camiseta de Aldosivi. Un regocijo.
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  • El chef
    El chef
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    El cine francés de regreso en la cocina

    Desde "¿La pata o la pechuga?" y "Un loco lindo en el gran restaurante", ambas con el desaforado y memorable Louis de Funes, y tangencialmente "El restaurante", de Pierre Salvadori con Daniel Auteuil (2003), que los franceses no habían hecho otra comedia sobre una de sus artes más prestigiosas: la culinaria. Hasta que llegó ésta, que no pretende ser cómica pero provoca la sonrisa de principio a fin. El título original, debe aclararse, es "Comme un chef". Parece, tiene las características y el espíritu, pero todavía es "como un chef". Para serlo de veras, falta que lo descubran y lo contraten, nada más.

    El tipo es un aficionado talentoso, entusiasta, trabajador, y sigue a pie juntillas las enseñanzas de un cocinero famoso, al que admira hasta el fanatismo. ¡Qué no daría por cocinar a su lado! Y ocurre el milagro: el mayor chef de Paris con el mayor fana que podría tocarle en su vida. Pero es tan fana que, puestos a cortar y hervir el puchero, no le permite al maestro la menor innovación, el mínimo desvío, se ofende, parece la loca de "Misery". Para colmo, el otro necesita innovar. Se lo exige el grupo financiero que controla su restaurant. El yuppie conductor del grupo, un flaco mala leche, ya tiene planeado hacerle perder categoría, echarlo y reemplazarlo por un cocinero modernoso.

    Como si esto fuera poco, la hija del chef también tiene sus reclamos. Otro tanto, la mujer del aspirante a chef, que para colmo está embarazada y se cansa de verlo tan obcecado y purista que ningún restaurante lo toma. Así se desarrolla un suspenso doble, por el embarazo a término y el serrucho que amenaza a nuestros héroes.

    Habrá que ver cuál de ellos triunfa, y de qué modo, qué afectos se rompen o mejoran, y qué escuela de cocina se impone: si la tradicional, o la tan mentada molecular, que viene de afuera. Buenísimas, todas las escenas que se rien de este asunto.

    Y además, original y fresco el diseño de títulos, interesante el planteo sobre los distintos estadios de creación, rutina y renovación en la carrera de un chef, gozosos los resultados, graciosos los comediantes, lindas las mujeres, tremendamente apetecibles las comidas. Y toda la trama tan simpática, que al final enternece.
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  • Cirquera
    Cirquera
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    Cálidas memorias de una “cirquera”

    Es probable que el espectador medio cuarentón salga del cine evocando sus propios recuerdos de niño fascinado por algún circo. Pero acá en pantalla, quienes recuerdan con igual cariño no estuvieron sentados en las gradas, sino en el centro de la pista, los que se lucían, recibían los aplausos, y al otro día barrían la pista o iban a la escuela.

    En efecto, uno de ellos repasa sus cuadernos y se admira: dos días en la escuela de un pueblo, dos en la del siguiente, y así fue haciendo la primaria por los caminos. La casa era un carromato, el álbum de fotos lo muestra sentadito muy tranquilo entre los leones, a la noche los tíos le hacían vivir la emoción de hamacarse a cinco metros del suelo. Ese es el hermano mayor de la conductora de esta historia.

    Todo empezó cuando ella, Diana Rutkus, se puso a hacer memoria. Su temprana infancia no fue como la de otras niñas. No cualquiera tiene un padre domador y baterista, una madre equilibrista y trapecista, ni creció en el circo Rivero, derivado del histórico Flor América. Hasta que en 1969 los mayores decidieron vender la carpa y hacerse sedentarios, no por gusto ni cansancio sino por razones económicas.

    Admirable, muy simpática, la madre que todavía se cuelga de la barra y saluda a cámara, y muy lindo el reencuentro con "la casa natal" arrumbada en el fondo de la casita de material, en un rincón de Los Plátanos, todo vergel donde cantan las aves y otros viejos cirqueros se acercan con anécdotas y sonrisas.

    Así, juguetona y evocativa, es esta película, que también da espacio a un circo actual, con una familia (en especial una estrella adolescente) que hoy está viviendo lo que aquellos vivieron. Pero esto es solo una parte.

    Antes hubo diez años de búsqueda y recopilación de fotos, afiches, programas, ropas, rollitos de Super8, visitas a viejos artistas, incluso una exposición de ese material en Berazategui, San Miguel y Buenos Aires en el 2009, el blog Familias de Circo, y el respaldo de la gran especialista Beatriz Seibel.

    Ahora, codirigida por el documentalista Andrés Habegger, "Cirquera" culmina la historia. Que empezó en tiempos de la Confederación, 1860, cuando el tatarabuelo levantó la carpa del Flor América en estas pampas. No cualquiera.
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  • Post Tenebras Lux
    Post Tenebras Lux
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    Mucha tiniebla y casi nada de luz

    Quizá lo mejor de esta larga y antojadiza película mexicana sea su primera escena, con una niñita rubia corriendo entre asustada y feliz por el campo abierto, muy cerca de los animales, enormes para ella, frente a las sierras oscuras y bajo un cielo cada vez más encapotado, que amenaza tormenta. Cualquier cosa terrible puede pasar después de semejante prólogo, y efectivamente después pasa cualquier cosa, pero esa primera escena es antológica.

    Aplausos por ella para el director de fotografía Alexis Zabe, joven que ya se ha lucido en videoclips, publicidades, y largos de Fernando Eimbcke, Alberto Davidoff, Harmony Korine y Carlos Reygadas, con quien trabajó en el corto "Este es mi reino", "Serenghetti" (raro paréntesis deportivo en la trayectoria de Reygadas) y, por supuesto, en "Luz silenciosa", donde logró imágenes notables gracias al inteligente uso de unos lentes viejos. Acá también consigue imágenes notables, pero por otra razón: el inusual diseño de encuadres biselados, como de espejo antiguo, que llama la atención, contribuye a poner en clima, pero también distrae y cansa un poco la vista.

    Para peor, la historia también cansa un poco, precisamente porque casi no existe. Lo que vemos es una sucesión de largas escenas a veces irreales, con malhumores y maltratos físicos y verbales de diversa especie, descargados sobre un animalito, parientes, empleados, vecinos pobres, etcétera. La cosa, mayormente, sucede en un lugar serrano adonde el protagonista, un neurótico egoísta, se mudó con su familia. Y todo irá confluyendo hacia el desafortunado encuentro de dicho sujeto con dos apacibles (pero no zonzos) ex alcohólicos en situación de robo. En el medio hay un larguísimo capítulo en un enorme baño turco de rincones literarios y concurrencia mixta y nudista, donde el personaje de marras entrega a su mujer, que en verdad se deja entregar sin quejas para uso público inmediato y en tiempo real, vaya a saberse a título de qué terapia de pareja.

    Tampoco se sabe a título de qué va todo esto, pero, a juzgar por el final, se supone que el autor ha hecho otra de sus "historias de redención", ya que, de pura casualidad, los apacibles logran que el neurótico se calme un poco. Ve la luz, como anticipaba el título en latín, o como exclamaba Jorge Guinzburg.

    Gustará, a amantes de la fotografía, obedientes cinéfilos a la orden de los gustos de moda, curiosos del swingerío más chocante, y traductores del mexicano más cerril captado con sonido directo.
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  • Calles de la memoria
    Calles de la memoria
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    Sobre las diversas formas de evocación

    Parece que cada país elabora su forma de recuerdo. Desde 2008, en el frente de los colegios parisienses, unas placas negras dicen, por ejemplo, "A la memoria de los alumnos de esta escuela, deportados de 1942 a 1944 porque nacieron judíos, víctimas inocentes de la barbarie nazi y del regimen de Vichy. Más de 300 infantes de este barrio fueron exterminados en los campos de muerte. Nunca los olvidemos". Con placas blancas se evoca a los mártires de la Liberación: el lugar de Gare du Nord donde los alemanes fusilaron a ocho ferroviarios como represalia por un atentado, el de la Opera donde un improvisado teniente de 21 años defendió una esquina hasta la muerte, etcétera.

    En Toledo, camino al Museo del Ejército, podía recordarse el emotivo diálogo de despedida entre el coronel Moscardó, defensor del Alcázar, y su hijo condenado a muerte por los sitiadores, hasta que en 2010 la Ley de Memoria Histórica estableció el retiro de toda placa de homenaje a los héroes del franquismo. Tampoco hay, todavía, placas en memoria de sus víctimas. Ni en calles, ni en fosas comunes, nada. Un modo raro de ejercer la memoria.

    Francesas, españolas, esas placas fueron puestas por sus respectivos gobiernos. Aquí, en cambio, han comenzado a florecer baldosas ajenas a cualquier gobierno. Eso es algo interesante. Dedicadas a las víctimas de la represión entre 1974-83, son fabricadas por los familiares, compañeros y amigos de cada homenajeado, y se colocan en la vereda de sus casas, o por donde caminaban en el momento de su desaparición. Responden, eso si, a un texto común, donde se habla de "militantes populares", sin agregar grupo de pertenencia. Interesante, también, que sean coloridas, y que sean baldosas. Una expresión de vida, y una justa ubicación para tantos argentinos que caminan mirando el suelo.

    Carmen Guarini ("Jaime de Nevares, último viaje") acerca hasta nosotros a los impulsores de la idea (Barrios por la Memoria), algún grupo que está fabricando el homenaje a un ser querido, estudiantes extranjeros que toman esas baldosas como tema de investigación, se involucran con sus historias y/o sacan disímiles conclusiones, gente que pasa, vecinos que a veces se dan por enterados y otras, las menos, se dan por ofendidos. Será tal vez por eso que las placas no se ponen en las paredes. En resumen, un documental de tema nuestro y actual, que informa y de paso proporciona buenas reflexiones sobre las diversas formas de evocar el pasado y elaborar recuerdos, aunque algunos los pisen con indiferencia. Empresa productora, El Desencanto.
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  • Paisajes devorados
    Paisajes devorados
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    Una feliz vuelta de tuerca de Subiela a sus temas favoritos

    Tres estudiantes de cine descubren en el Hospital Borda un director que se volvió loco. O un loco que dice haber sido director. Y que se llama o hace llamar Rémoro Barroso. Viejo, de chambergo, barba larga y desaliñada, habla tranquilo, controlando el tiempo y la expectativa de sus oyentes. Estos lo entrevistan, lo toman como objeto de un documental, lo sacan a pasear, le dan una mini-dv para que filme a gusto, sospechan de él, buscan sus datos por diversos lados, lo escuchan entre complacidos y perplejos.

    El hombre les regala extrañas, a veces agudas reflexiones sobre el oficio, la vida y la ilusión. Algunas saltan como brillantes greguerías a lo Gómez de la Serna, otras son salidas humorísticas de sana picardía, también las hay que dejan pensando. Aparece por ahí una pista, datos de un director físicamente parecido, con otro nombre, que hace tiempo gozó su cuarto de hora y sufrió una situación nunca aclarada. ¿Será la misma persona? ¿Lo fue alguna vez?

    El viejo es interpretado por un poeta, maestro, titiritero, dibujante y documentalista, el vagabundo patriarca Fernando Birri, en la mejor de sus contadas apariciones actorales. Los textos que dice, y la película misma, son de Eliseo Subiela, otro poeta, que hace de esta manera una feliz, aparentemente distendida vuelta de tuerca sobre algunos temas que lo ocuparon toda la vida.

    De hecho, con esta obra completa una trilogía iniciada a los 18 años con "Un largo silencio", corto documental poético y acongojante sobre los internos, sus sueños, y el abandono en que vivían. Veinte años después volvió, y todo estaba igual. Ahí hizo su famoso "Hombre mirando al sudeste", sobre los internos y el mundo en general, film rico de significados, orfandades y tristezas. Y ahora, casi 30 más tarde, hace esta obra, también rica, pero nada triste, sobre los internos y sus representantes externos, los artistas, en especial la gente de cine, desde la memoria de José Val de Omar, un español de otros tiempos, loco notable, pasando también por algunos atorrantes de nuestro cine comercial más rasca, hasta los propios Subiela y Birri, por supuesto, que ya pueden reirse de sí mismos. Pero con la risa siguen diciendo cosas serias. Una linda música valseada los acompaña.
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  • César debe morir
    César debe morir
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    Nueva obra maestra con el sello Taviani

    En la cárcel de máxima seguridad de Rebibbia, en el Lazio, el nene más bueno cumple 15 años de condena por "afiliado a la camorra", como decía el tango. Homicidas, narcos, "uomini d' onore". Casi todos grandotes macizos. ¿Qué fueron a hacer ahí Paolo y Vittorio Taviani, viejitos de 82 y 83 años respectivamente? Pasa que el amigo Fabio Cavalli, actor, dramaturgo, conduce un taller de teatro para los internos.

    La pieza que representarán ese año es el "Julio Cesar" de Shakespeare. Un drama de traiciones, venganzas, crímenes, reclamos de libertad, confusos sentimientos de patria y sociedad, peleas campales. De eso los reos saben bastante. Un detalle: como la sala de ensayos está en refacciones, deben practicar sus parlamentos por los diversos rincones de la cárcel. Y Cavalli les pide que mantengan sus dialectos y tonadas regionales para sonar más creíbles. Entonces hacen Shakespeare, si, con todo respeto y notable talento, pero a su manera y soltando la bronca del encierro.

    Lo que hacen entonces los Taviani es ir escenificando los ensayos en el mismo orden en que avanza la obra teatral, de tal modo que los reos parecieran estar preparando un verdadero ajuste de cuentas en el presidio. Cuando matan a César en el fondo de un pasillo, cuando Bruto se explica desde el patio ante los monos que gritan encaramados en las ventanas, y Marco Antonio los solivianta con su discurso emponzoñado, bueno, si no fuera porque están recitando a Shakespeare creeríamos que se trata de un auténtico drama carcelario. Para más, filmado en impactante blanco y negro como las viejas películas de cárcel, un blanco y negro que remarca las facciones de esos actores tan particulares.

    Pero luego, en colores, van a una sala, se caracterizan, actúan, reciben aplausos, César resucita, le tiende la mano a su asesino y juntos saludan al público. ¿Un llamado a la conciliación entre las gentes?, ¿la salvación por el arte? ¿U otra cosa? Depende cómo se entienda lo que dice a cámara el intérprete de Casio, cuando vuelve a su celda.

    Toda esa potencia y sugerencia que ofrece Shakespeare, los Taviani, y el elenco de Rebibbia-Cavalli, en apenas 76 minutos admirablemente editados por Renzo Perpignani, viejo montajista de los hermanos, con quienes hizo "Padre padrone", "La noche de San Lorenzo" y tantas otras. Dos detalles finales: Salvatore Striano, el que hace de Bruto, ya no estaba preso, pero allí aprendió a actuar, de eso trabaja ahora (lo hemos visto en "Gomorra"), escribió un libro, "Libero dentro", y se integró como refuerzo al elenco actual. Y el que interpreta a Decio, el que maliciosamente instiga a César a presentarse en la plaza donde lo esperan los conjurados, se llama Juan Darío Bonetti, porteño preso por narcotráfico. Es así, los argentinos tenemos buenos actores hasta en las cárceles italianas.
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  • Ritmo perfecto
    Ritmo perfecto
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    Infinitas canciones y escasa originalidad

    He aquí una comedia sobre jóvenes universitarias que se organizan para competir en un certamen de grupos a capella. A capella quiere decir que no habrá instrumentos estridentes.

    Eso en parte es algo atendible. Los seguidores de concursos televisivos y teleseries para adolescentes quizá puedan encontrarle otros méritos.

    Para ellos, precisamente, se ha hecho la película, aunque ni para ellos puede ser suficiente. Les permitirá pasar el rato, pero no es de las que dejen mayor recuerdo, salvo la cara de su linda protagonista, que parece estar todo el tiempo a disgusto y con dolor de estómago, una expresión habitual de ciertas actrices televisivas. Del resto, cabe constatar 58 canciones a lo largo de 112 reiterados minutos, varias de ellas con coreografías bastante rutinarias. Por suerte pocas se oyen completas. Cabe constatar además un par de vómitos sorpresivos, potentísimos y absurdos, la falta total de profesores y horas de clase en la universidad de marras, poca gracia, mínima originalidad, un mago desaprovechado y, peor aún, una rubia desaprovechada.

    Responsables, Jason Moore, director, Elizabeth Banks y Paul Brooks, principales productores, y Kay Cannon, buena actriz metida a libretista sobre novela de Mickey Rapkin, columnista de "Elle" y "Vanity Fair". Protagonista, Anna Kendrick. Figura singular del elenco, en rol secundario pero muy visible, Rebel Wilson, la gorda australiana, que ya acumula buen curriculum en comedias americanas e incluso ha producido algunas. Director de fotografía, Julio Macat, porteño afincado en EE.UU. que atendió las luces en las tres de "Mi pobre angelito" y otras cuantas de éxito, y probablemente también trabaje en "Ritmo perfecto 2". Si, señor, ya se anuncia otra de la misma especie, sabor y color.
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  • Antes de la medianoche
    Antes de la medianoche
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    Una pareja a la que se le acaba la química

    Hace añares, un matrimonio iba discutiendo en el tren, indiferentes a la presencia de dos pasajeros que los miraban con curiosidad: una francesita que venía de ver a la abuela, y un norteamericano que la iba de turista intelectual. Como para entrar en conversación, ella le preguntó, palabras más, palabras menos, "¿Usted se fijó que a medida que envejecen las parejas van perdiendo la capacidad de escucharse?". La conversación siguió, y siguió, y sigue hasta nuestros días, cuando esos jóvenes ya tienen la edad de aquel matrimonio. ¿Habrán perdido la capacidad de escucharse? Porque de hablar, todavía no se les cansó la lengua.

    Así es. Los veinteañeros que en "Antes del amanecer" se lo pasaron charlando un día y una noche mientras caminaban por Viena, y en "Antes del atardecer" se reencontraron ya treintañeros en Paris, con un plazo de menos de un día y salieron a caminar por los jardines públicos y la orilla del Sena, ahora en "Antes de la medianoche" ya son dos cuarentones que han formado familia y casi arruinan sus vacaciones en Mesenia, Grecia (no confundir con Mesina, Sicilia). Pasean menos, las conversaciones se hacen paulatinamente agrias, de lenguaje a veces ordinario, de humor sarcástico. Las antiguas charlas felices de la juventud van siendo desplazadas por los problemas cotidianos, el lastre de compromisos anteriores, pequeñas frustraciones y algunas concesiones que se recuerdan oportunamente para pasar factura. Sin embargo, antes que la noche se imponga enteramente, puede que uno de ellos todavía sepa cómo recuperar la fantasía y los cariños.

    De eso trata esta tercera parte. Quienes crecieron, pasearon y se enamoraron con estos personajes van a disfrutarla. Los que se acerquen por primera vez, bueno, probablemente se aburran un poco con tanta charla, y con una estructura en tres partes que recuerdan los tres actos de una obra teatral. El último transcurre prácticamente entero en una habitación de hotel. De todos modos es agradable ver las actuaciones, sobre todo la de Julie Delpy, que además al fin nos ofrece, aunque sea fugazmente, un semidesnudo. Tiene un cuerpito de veras natural, como corresponde, y da ternura ver sus primeras arrugas. En Ethan Hawke apenas nos fijamos. ¿Habrá una cuarta entrega dentro de nueve años, que es la distancia entre cada una de estas películas? Quién sabe. Sería interesante, porque de a poco el director Richard Linklater se va acercando a los grandes estudiosos de la vida en pareja. Es inteligente, agudo, y los diálogos que prepara junto con sus intérpretes son interesantes. Pero no exageremos. A su edad Roberto Rossellini ya había hecho "Viaje a Italia", e Ingmar Bergman ya estaba ensayando las "Escenas de la vida conyugal".
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  • La pasión de Michelangelo
    La pasión de Michelangelo
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    Inquieta drama casi buñuelesco

    Luis Buñuel la hubiera hecho de otro modo, pero también hubiera recomendado esta versión. Se trata de un interesante, incómodo e intenso drama psico-religioso basado en hechos reales: el caso de Miguel Angel Poblete, adolescente que en 1983 decía ver a la Virgen, congregando multitudes en las afueras de Peñablanca, un pueblito perdido no muy lejos de Santiago de Chile. El espectáculo que provocaba entre la gente crédula, el rédito que sacaban comerciantes y acaso también funcionarios, decidieron la condena de la Iglesia, cuya Conferencia Episcopal estaba enfrentada al gobierno militar. Pero ahí no terminó la historia.

    La película que ahora vemos revisa el asunto a través de diversos personajes: un cura jesuita enviado a investigar, el viejo cura párroco, crédulo pero no tonto, buscavidas ateos pero muy partícipes, sencillas pobladoras, untuosos señores que captan al "vidente" y le sugieren el texto de las "revelaciones", y el propio chico, de comportamiento ambiguo, que creció fascinado por la liturgia y perturbado por la carencia de una madre.

    Así se abre la posibilidad de diversas lecturas sobre los fenómenos religiosos populares de Sudamérica, el manejo de íconos y mensajes, la mecánica de investigación de la Iglesia, la fe de sus ministros, la sospecha de orquestación política (parte donde el guión peca de esquemático), la metáfora de una sociedad necesitada de ilusiones, la fe por encima de cualquier manejo o explicación, la naturaleza humana del supuesto mensajero. Ahí los autores realmente supieron analizar y exponer la psicología del personaje, y la última línea sobre el destino del auténtico Miguel Angel no es para cargar las tintas, sino para completar coherentemente su retrato. Por otra parte, lo que dice es cierto.

    Director, Esteban Larrain, de formación documentalista. Coguionista, el veterano José Román ("Valparaíso mi amor", "Ya no basta con rezar", donde la tenía más fácil, etcétera). Protagonistas, Patricio Contreras como el jesuita que, según sus mismas palabras, ya no ve "el rostro de Dios en la gente", el aún más veterano Aníbal Reyna, cuyo párroco confiesa en cierto momento que por amor a la Virgen ha "pecado de vanidad, orgullo y también lujuria" (aunque jamás haya tocado al "angelito", lo que hubiera sido un deleite para los anticlericales), y, por supuesto, el debutante Sebastián Ayala, a quien habrá que prestarle atención. No es una película perfecta, pero tiene fuerza y algo que decir.
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  • Guerra Mundial Z
    Guerra Mundial Z
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    Para los fans de grandes efectos y las de Brad Pitt

    Por enésima vez en la historia del cine la humanidad está en peligro y, para regocijo del público, un hábil, audaz y bonito norteamericano la salva. Sólo hay dos variantes principales: esta vez el hombre trabaja para las Naciones Unidas, y el peligro es una pandemia de zombies. Semejante multitud de tipos más angurrientos que la marabunta, encima feos, hediondos y difíciles de exterminar, nunca se había visto. Encima parecen los más ágiles de su especie.

    ¿Hay despliegue? Hay desde el comienzo, con el caos invadiendo las calles de Filadelfia (en verdad son las calles de Glasgow maquilladas para la película) pero después ya uno se acostumbra. Igual que a los anteojitos, las masas enloquecidas de uno y otro sector, apariciones sorpresivas, persecusiones, gritos, tiroteos, recuentos de víctimas y viajes a la disparada. Porque nuestro héroe va por todas partes en busca de un antídoto que debe conseguir cuanto antes. ¿Lo consigue? Y si no, ¿para qué pagamos la entrada?

    En síntesis: película que gustará a los amantes de grandes espectáculos en grandes salas, y a las novias de Brad Pitt, que luce ridículo con raya al medio y cara de pavo pero igual lo quieren. Pero hasta ahí llegamos. Gustará menos a quienes exigen cierta lógica en la pintura de caracteres y situaciones (se dice que el resultado inicial fue tan malo que obligó a tomar otros guionistas, filmar siete semanas más y cortar a como venga varias escenas anteriores, y así quedó). No gustará tampoco a los fanáticos del subgénero zombie-caníbal, porque no hay asquerosidades en primer plano. Eso está bien, el desasosiego del espectador se consigue sin recursos repulsivos, pero los fanas igual van a quejarse. Y, eso sí, no gustará a quienes hayan leído la novela original.

    Con toda sinceridad, esa gente se preguntará para qué Plan B Entertainment (la empresa de Pitt) y demás compraron los derechos del libro si después iban a filmar cualquier otra cosa. Y la razón es muy simple. El libro de Max Brooks se presenta como una serie de charlas con 58 sobrevivientes de una guerra que duró 13 años: el médico chino que advirtió el comienzo, el pícaro que vendió placebos, el funcionario que autorizó los placebos como si fueran remedios verdaderos, víctimas, burócratas, combatientes, estrategas, traficantes de órganos, el entrenador de perros (acaso el capítulo más tocante y doloroso), el monje ruso, la señora que propone un epitafio para su generación, algo así como "fuimos los que causamos el desastre", etc. Es un libro original, fuerte y acusador. Pero con demasiados personajes, dijeron las mentes brillantes de Hollywood. Entonces desecharon todos, crearon un protagonista único, ajeno al libro, y, por enésima vez en la historia del cine, hicieron la de siempre.

    Doscientos millones de dólares, dicen que gastaron en esto.
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  • Bárbara
    Bárbara
    Ámbito Financiero
    Suspenso latente y detalles sutiles

    Un pueblo de Alemania Oriental cercano al Mar Báltico, 1980. Tras las cortinas, la gente observa el arribo de una médica transferida desde la capital. No parece una persona muy sociable que digamos. Ni socialista. De a poco iremos sabiendo que llega castigada. Tiene quien la vigile. Y no tiene en quién confiar. Cualquier lugareño podría ser un alcahuete capaz de malinterpretar algún comentario suyo por banal que fuera. También de a poco iremos sabiendo de su amor clandestino, su capacidad como pediatra, la afectuosa dedicación a los enfermos, el plan de fuga.

    Entretanto, y sin bajar la guardia, empieza a mostrarse de otra forma. Y empezamos a ver otros ángulos de quienes la rodean, sobre todo su jefe médico, el vigilante, y una chica enferma procedente de un campo de castigo para menores. Un nocturno de Chopin (que pensó reunir sus nocturnos bajo el título "En el cementerio"), la lectura de "Huck Finn", una charla entre médicos a propósito del cuadro de Rembrandt "La lección de anatomía", las cambiantes miradas, son datos a tener en cuenta.

    Drama de suspenso latente y detalles sutiles, donde algunas personas resultan más complejas de lo que se piensa a simple vista, y la cámara nos descubre un paisaje amable aunque inicialmente hostil, "Barbara" avanza paulatina, minuciosamente inexorable hacia una resolución que podrá ser terrible o no, ya lo veremos. La cuidadosa elaboración de climas y personajes, la mano del director Christian Petzold, las excelentes actuaciones, empezando por Nina Hoss y Ronald Zehrfeld, respaldan la riqueza de la historia. Irónicamente, el germen de la misma es la novela corta "Barbara", de Hermann Broch, 1928, donde la médica llega al pueblo castigada por ser comunista.

    Observación final: "Barbara" no se contrapone a "La vida de los otros", más bien la complementa. "La vida..." describe al régimen comunista desde el centro mismo del control, ésta lo pinta desde uno de sus bordes apacibles.
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  • La huella del Doctor Ernesto Guevara
    Sobre el otro oficio del Che, para curiosos

    Jorge Denti es un documentalista político veterano de la agitación setentista, la revolución sandinista, la evolución de los argenmex y otras experiencias vividas en carne propia. A señalar especialmente, "Malvinas, historia de traiciones", 1983, con la perspectiva de obreros argentinos e ingleses respecto a la guerra. Lo que vemos ahora abre camino a un aspecto inhabitual en las biografías y hagiografías del Che Guevara: su labor específica como médico. Así hablan a cámara el hermano menor, los amigos y compañeros de viaje doctores Alberto Granado y Carlos Ferrer, los colegas Oscar Valdovinos, que supo de su interés por trabajar en la United Fruit, Federico Bresani, León Bessudo, que lo condujo al Popocatepetl, en cuya cumbre Guevara desplegó la bandera argentina, Myrna Torres, amiga del primer matrimonio, la periodista y biógrafa Julia Chiquita Constenla, y, entre otros, también sus compañeros del Gramma con quienes iba al gimnasio y el campo de tiro.

    Junto a esos testimonios, surgen además las cartas a la tía, la madre y la amiga Bertita Infante, leídas por Emmanuel Lover con un timbre similar al de Guevara joven. De este modo se va hilvanando su paso fugaz por el Instituto Pisani de Investigaciones Alérgicas, el leprosario de San Pablo, Perú, el Hospital Central y el Infantil de México, su idea de hacer un libro de medicina social, la publicación de un artículo sobre alergias en una revista especializada, pero también su reticencia a trabajar de médico en una mina de Bolivia o en el servicio público de Guatemala, aun cuando en ese momento dichos países estaban en efervescencia revolucionaria. "El rastrero procedimiento de revalidar el título", menciona en una carta como razón para una rápida renuncia. La película no investiga en archivos de personal, y es probable que no los haya, para saber cuánto tiempo estuvo exactamente en cada puesto. Tampoco alude a su trabajo de enfermero en la desaparecida Flota Mercante del Estado, cuando todavía era estudiante. Pero refresca con detenimiento y parsimonia su evolución ideológica, y de paso agrega datos poco mencionados, como su amistad con el poeta León Felipe, el gusto por recorrer ruinas arqueológicas, la protección del embajador en Guatemala Nicasio Sánchez Toranzo, o el trabajo de sereno (velador dicen los mexicanos) que le dio don Arnaldo Orfila, luego cofundador del Fondo de Cultura Económica. En estos detalles se pierde un poco, y en la historia de siempre se embelesa, pero igual abre un nuevo campo de investigación para los interesados.
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  • El gran casamiento
    El gran casamiento
    Ámbito Financiero
    Brilloso elenco anima unos módicos enredos

    Se pasa el rato con esta comedia de gran elenco y pequeñas aspiraciones. Remake norteamericana de una buena historia francesa, pinta alegremente los enredos de una boda medio engañosa. El hijo adoptivo se casa y a la ceremonia vendrá su madre biológica. El problema es que él siempre le pintó una familia sustituta ejemplar, y la realidad es un poquito distinta. Y para que la pobre mujer se vaya contenta, habrá que fingir.

    Así es como los padres adoptivos, malamente divorciados, vuelven a estar juntos por unos días, para lo cual deben desalojar a la tercera en discordia, que se ofende y muestra las garras, y la hilacha. Tampoco la hija es materia dispuesta. No acaban ahí los problemas, pero con este anticipo ya puede imaginar el lector cómo viene la mano. Hay enredos, posibilidades de lucimiento actoral, una casona hermosa en Conneticut, expectativas de fiesta con lindos vestidos, linda fotografía, posible reconciliación, en fin. Robert De Niro, Diane Keaton y Susan Sarandon parece que estuvieran rascando en la temporada marplatense, pero ya tienen tanta cancha que caen por demás simpáticos. Los secundan Ben Barnes (el príncipe Caspian), Amanda Seyfried, Robin Williams en rol de cura, Katherine Heigl, y Patricia Rae, neoyorquina nieta de colombianos que acá hace de madre. Su hijo en la ficción es Barnes, inglés de pura cepa que hace de colombiano con entonación mexicana.

    El responsable es Justin Zackham, cuyo mayor mérito hasta ahora es haber escrito el guión de "Antes de partir", la de Rob Reiner con Jack Nicholson y Morgan Freeman, y aquí oficia de director, coproductor, guionista y adaptador del texto original. No lo hace mal, simplemente lo americaniza a gusto, es decir lo vulgariza con cierto lujo. El original se llama "Mon frére se marie" (Mi hermano se casa, J.-S. Bron, 2006), el pibe es vietnamita interpretado por un vietnamita, Quoc Dung Nguyen, visto hace poco en "Le Havre", de Kaurismaki, y a la cabeza están Aurore Clément y Jean-Luc Bideau, buenísimos pero no tan carismáticos como la pareja Keaton-De Niro. Por quienes uno paga la entrada aunque la película sea solo para pasar el rato, ésa es la verdad.
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  • Samurai
    Samurai
    Ámbito Financiero
    Cruce de culturas en buen cine de género

    La nueva película de Gaspar Scheuer, original, fantasiosa, antojadiza y de apabullante fotografía (Jorge Crespo, ¡maestro!), cuenta la aventura de un joven aspirante a samurai, cabalgando por nuestras tierras en compañía de un gaucho sin brazos, allá por las últimas décadas del Siglo XIX. Condición sine qua non: si uno cree que un gaucho sin brazos puede montar por sí solo a caballo ya puede creer todo lo demás.

    Salvado este escollo, la anécdota es atractiva. En Japón, y en defensa de sus derechos de casta y su visión tradicional, los samurai desataron una revuelta rápidamente dominada por el ejército moderno del emperador. Su líder murió en el campo del honor, pero algunos dicen que se salvó y prepara la contraofensiva desde otro país. ¿Será acaso desde la naciente República Argentina? Hasta ahí llega uno de sus leales. Esperando la hora del combate, el hombre envejece. Su hijo elige dedicarse a la labranza. El nieto, en cambio, hereda la sangre guerrera del abuelo, y su arma bien filosa, que parece nacida para el consejo gaucho: "ansina si andás pasiando, / y de noche sobre todo, /debés llevarla de modo/ que al salir, salga cortando".

    El problema es que cuando sale provoca un daño gratuito e irreparable, todo por apresuramiento. Un arma hermosa, una katana que despierta la envidia de un coronel coleccionista, y termina en manos de quien no la quiere, pero entiende mejor los conceptos primordiales de familia y sacrificio. La escena en que esto ocurre también es bastante absurda, pero está muy bien hecha y la fotografía luce antológica.

    Y así es todo. En el fondo, el cuadro de enlace entre dos culturas antiguas, la del noble guerrero sin causa y la del gaucho malo que se pretende víctima. Y dos culturas nacientes, la del Japón que empezaba a salir del medioevo, y la argentina de la Generación del 80 representada por el coronel, con sus abusos pero también sus cosas buenas. Interesante este personaje, bien interpretado por el actor puntano Gustavo Machado. Muy bien los artistas "nisei" que debutan ante las cámaras, Nicolás Nakayama, Jorge Takashima, Kazuomi Tokagi y Graciela Nakasone. Inefable, Alejandro Awada como el criollo Poncho Negro, nombre que sorprende doblemente porque su poncho no es negro, y porque el personaje no tiene punto de contacto alguno con aquel heroico Poncho Negro de las historietas y la radio que alegró la vida de los niños allá por los años 50 (y su rápido caballo se llamaba Satán).

    Para curiosos, la Rebelión Satsuma ocurrió en el 1877 de nuestra era, y años después su conductor Saigó Takamori terminó reivindicado por sus propios enemigos. El cine lo elogia en la épica "Okami yo rakujitsu o kire", de Kenji Misumi, 1974, y lo transforma en cualquier cosa, hasta le cambia el nombre, en "El último samurai", con Tom Cruise. Pero ésa es otra historieta.
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  • Un lugar donde refugiarse
    Un lugar donde refugiarse
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    Nuevo traspié del gran director Lasse Hallström

    Una chica sale corriendo de su casa, toma un ómnibus de larga distancia, al otro día encuentra un lindo pueblito, se cambia el nombre, enseguida consigue trabajo, casa, y un pretendiente amable, pintón, viudo con hijitos agradables y negocio instalado. Inicia una nueva vida, los vecinos son encantadores y todo eso. Pero el marido, del que había escapado, es un violento que no para hasta encontrarla. Si, señor, esta novela reconoce, o debería reconocer, unos lindos ingredientes de "Durmiendo con el enemigo". Amén de todas las anteriores de Nicholas Sparks, que casi siempre se repite.

    Este hombre, prolífico escritor de novelas románticas, dueño de la Nicholas Sparks Productions y otros kioskos, es el responsable original de ésta y otras películas como "Mensaje de amor", "Un amor para recordar", "Diario de una pasión", "Noches de tormenta", "La última canción", "Querido John" o "Cuando te encuentre". Quien haya visto alguna, ya sabe de qué se trata. Y quien haya visto todas, ya sabe con quién se trata. Porque seguro que tiene diabetes.

    Sabe también que hay versiones más afortunadas que otras. No es lo mismo "Diario de una pasión", basada en "Diario de Noa", que el disparate de "Cuando te encuentre", que era mala de nacimiento. La que ahora vemos fue dirigida por Lasse Hallström, que ya se había encargado de "Querido John". Hallström es un señor director, autor de joyas como "El año del arco iris" (Mi vida como un perro), "¿A quién ama Gilbert Grape?", "Las reglas de la vida" y "Siempre a su lado", la del perro con Richard Gere. Pero ultimamente anda de capa caída. Y esta película no es de las que levanten su carrera.

    Quizá dentro de un tiempo ni siquiera los fanáticos la recuerden demasiado. Tampoco la desdeñarán demasiado. La parte policial refuerza bien a la romántica, que es previsible y adocenada, salvo una cursilería típicamente sparksiana con el espíritu de la finada esposa. El pueblito donde transcurre la historia, Southport, de North Carolina, es lindo. La chica Julianne Hough es linda. Los tipos no son feos, ni siquiera el que hace de malo. La fotografía es linda, y la música empalaga un poco, que es lo que cabía esperar. La verdad, nadie esperaba otra cosa. O si, pero queda mal decirlo: mucha gente espera que no hagan más películas basadas en novelas de Nicholas Sparks.
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  • TV Utopía
    TV Utopía
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    Buen registro de un entusiasmo de los 90

    Le preguntaron al viejo maestro Fernando Birri para qué sirve la utopía. Y respondió Es como el horizonte. Uno camina dos pasos, el horizonte retrocede dos pasos. Uno camina tres pasos, el horizonte retrocede tres. ¿Entonces para qué sirve? Sirve para caminar. Y cuando miramos una utopía vieja, seguramente servirá para no olvidar. Es lo que hace este documental recordando un entusiasmo de los 90 y una campaña que ya pasó.

    El entusiasmo es el de la gente que en los 90 hizo el Canal 4 de Caballito, una televisora vecinal instalada en el living de la casa de su fundador Fabián Moyano. Televisora gratuita, sin fines de lucro, por puro gusto, con avisos de comercios locales y participación de talentos diversos, o por lo menos comedidos de buena onda. Ahí se foguearon aspirantes a reporteros, animadores, locutores, un guitarrista que acompañaba a los espectadores que cantaban por teléfono, un viejo poeta que condujo su propio programa literario bajo la advocación de Nalé Roxlo (mi corazón eglógico y sencillo), un comentarista de cine que pasaba películas del videoclub barrial elegidas con criterio notable, y a veces también videofilms todavía sin difusión comercial. Algunos sólo probaron qué era eso, otros hicieron ahí sus primeras armas, como Sebastián Deus, hoy profesionalmente dedicado al cine documental.

    Es él quien rescata y digitaliza viejos archivos de vhs, y rastrea a televidentes y participantes de aquel entonces (el cronista Jorge Grez, un vendedor de discos viejos que tuvo su programa musical, etc.) que evocan la experiencia varias veces interrumpida por reclamos de los canales abiertos y de las nacientes cadenas de cable. Las denuncias iban seguidas de allanamientos (hubo 12), y éstos incluían robos de equipos. El cierre fue en 1999.

    Los registros incluyen un recital callejero, una campaña de firmas, la cobertura de manifestaciones de jubilados, etcétera. Y también, alternando con ellos, se registra la campaña por la Ley de Medios de 2010, con exposiciones en el Congreso, la interrupción a una diputada por parte de cierta gente metida entre los periodistas, y todo ese otro entusiasmo que culmina la noche de la aprobación en el Congreso, cuando un diputado anuncia su voto positivo porque ha venido mucha gente a pedirme que salga sin modificaciones. Euforia generalizada. Curiosamente, todavía no ha surgido ninguna otra experiencia independiente de similar inocencia e igual peso.
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  • Cristiada
    Cristiada
    Ámbito Financiero
    La trastienda de una guerra olvidada

    Es impresionante la cantidad de mártires mexicanos que ha consagrado la Iglesia Católica. Hace poco santificó a una monja enfermera que atendía por igual a perseguidores y perseguidos, cuando proteger a estos últimos se pagaba con tortura y muerte. Lo curioso es que no fueron muertos por los indios durante la Conquista, sino por los propios mexicanos hace menos de un siglo, durante la llamada Guerra Cristera, cuando el gobierno progresista pretendió acabar con el clero impidiendo hasta las misas, lo que provocó un espantoso enfrentamiento entre revolucionarios y opositores.

    Curiosamente, muy pocas veces el cine mexicano mencionó esta guerra, y cuando lo hizo fue generalmente con un tono anticlerical. Pero ahora, al contrario, vemos una superproducción enteramente mexicana cuyos héroes son los del ejército cristero. Y para mayor gloria de su causa y mejor suceso de boletería en su zona de influencia tiene al frente un gran elenco de estrellas hispano-hollywoodenses como Andy García y Eva Longoria, conducidas por Dean Wright, especialista en efectos especiales, sobre guión de Michael Love.

    Así vemos variedad de tiroteos, cabalgatas, martirios y figuras históricas como el general Enrique Gorostieta, que recobró la fe durante la campaña, los mártires Anacleto González Flores y José Sánchez del Rio, torturado y muerto a los 13 años, el padre Reyes Vega, uno de los cinco curas que tomaron las armas en esa guerra, Victoriano Ramírez, alias El 14 por los soldados que enfrentó él solo, etcétera. Y aparece también, cartel francés, el embajador norteamericano Dwight Morrow.

    Puede que en todo ese fárrago no se aprecie mucho el sentido espiritual ni el sentido político de tanta masacre, pero el sentido comercial queda clarito. La venta de armas, la protección de concesiones petroleras, y la intermediación posterior para terminar la guerra fueron misiones que Morrow cumplió admirablemente, y el film lo expone con dos buenos actores: Bruce Greenwood como el embajador y Rubén Blades como el presidente Plutarco Calles.

    Para interesados, cabe citar tres títulos: "El fugitivo", de John Ford, con Henry Fonda como un cura huyendo de la policía (basado en "El poder y la gloria", de Graham Greene), "Miércoles de ceniza", de Roberto Gavaldón, con María Felix que pierde la fe al ser mancillada por un cura lascivo pero la recupera al conocer un digno sacerdote clandestino (Arturo de Córdova) y "Los últimos cristeros", de Matías Meyer, sobre una novela de Antonio Estrada que imagina cómo habrán sido los últimos días de su propio padre.
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  • Héroes del espacio
    Héroes del espacio
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    Film ideal para que los chicos vean con sus abuelos

    Al centro de observaciones espaciales llega un pedido de auxilio enviado desde el Planeta Oscuro. Allá va el héroe intrépido, seguido en vivo por el telenoticiero de la tarde. Sorpresivamente, cae en una emboscada de seres amarillos. El sobrino lo ve por la tele y quiere volar en su ayuda. Más lógico, volará el hermano del héroe. Debe salvarlo y volver los dos juntos a casa. Más o menos así era el argumento de muchas historietas de anticipación de los años 50.

    Y más o menos así es el esquema de la película que ahora vemos. Sólo que el Planeta Oscuro es nuestro Planeta Azul, los amarillos son terrestres que quieren destruir todos los demás rincones habitados de la galaxia, y los buenos son los alienígenas. Salvo tres de ellos que parecen alcahuetes de los malos. El panorama incluye alienígenas de otros lares, un general ambicioso, dos terrícolas amistosos, tres mujeres disímiles: la jefa soberbia, agresiva, la locutora enamorada, y la esposa, madre y ama de casa (cuidado con las amas de casa). También, un par de conflictos familiares necesarios para la parte sentimental y formativa de la historia, unas cuantas escenas de acción, persecusión y diversión, y varios homenajes y guiños.

    Los chicos habrán de entretenerse con la acción y todo eso, y los abuelos, más que los padres, han de sonreir ante los guiños, que aluden a viejas películas carcelarias y de ciencia-ficción como "Llegaron de otro mundo" (escena del autocine), algún capítulo de "Viaje a las estrellas", los mitos colectivos del Area 51 y el incidente Roswell de 1947 que inauguró la paranoia americana por una supuesta invasión extraterrestre, la mentalidad también americana de guerra preventiva con su lema "nada más pacífico que un arma gigante", etcétera. Memorables, el cortometraje que da la bienvenida a los aliens capturados, el "plan de liberación asistida", la explicación sobre el "verdadero origen" de los celulares, buscadores, y hasta redes sociales, y un plano de homenaje al primer cine de Steven Spielberg, con un helicóptero irrumpiendo en pantalla detrás de los vehículos que transportan un secreto militar.

    Cal Brunker, que hizo los storyboards de "Mi villano favorito" y otros conocidos, debuta como realizador con esta película. Lo ayudan la empresa canadiense de efectos visuales Rainmaker, unos cuantos chinos y latinos en el pelotón de dibujantes, y los guionistas de "La verdadera historia de Caperucita Roja" (aunque acá están menos locos e inesperadamente sensibleros). En resumen: para niños y abuelos.
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  • Locamente enamoradas
    Locamente enamoradas
    Ámbito Financiero
    Sin texto por problemas en el online.
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  • Moreno
    Moreno
    Ámbito Financiero
    Se necesitaba tal modorra para apagar tanto fuego

    Los créditos de esta película no anuncian director, sino realización integral a cargo de Virna Molina y Ernesto Ardito. Lo cual es muy cierto: prácticamente ellos se ocuparon de todo, desde la idea original hasta la música, los sencillos efectos y las voces. De paso también hicieron participar a algunos miembros de la familia. La dedicación que han puesto es harto destacable, no así el resultado, lamentablemente, al que afecta una discutible elección de tono.

    Quizá por influencia de la tan ponderada dupla Straub-Huillet, eligieron un tono general monocorde, apagado, bastante contrapuesto al de la personalidad que toman para estudio:Mariano Moreno, el fuego de la Revolución de Mayo. Ilustrando su corta y poco discutida trayectoria, leen escritos suyos, cartas de su joven esposa (cuando se casaron él tenía 26 años y ella apenas 14), páginas del libro de su hermano Manuel y otros textos de época, matizados con aportes de Norberto Galasso, Noemí Goldman, Eduardo Durnhofer y similares.

    La visión expuesta ya estaba en los libros del historiador liberal Ricardo Levene, pero acá se exaltan como positivas todas las declaraciones morenistas de tolerancia cero a los opositores, sus órdenes de cárcel y fusilamiento, su negativa a discutir con los representantes provinciales, en fin, su espíritu "robespierriano". "La imitación de revolución francesa", decía Saavedra en una carta que acá, por efecto de montaje, parece confirmar la tesis de una conspiración criminal contra el secretario de la Primera Junta.

    Hay al respecto un momento atractivo, cuando un especialista del Museo de la Farmacia explica el posible uso de emético tártaro en el viaje final, que también habría causado la muerte de Napoleón a manos de los ingleses (algo que científicos italianos refutaron en 2008 tras un análisis de cabellos). También atractivas, las objeciones al académico Tulio Halperin Donghi por descreer del famoso plan secreto de operaciones supuestamente escrito por Moreno, y las diatribas de Hugo Wast en su novela "Año X" (también habla pestes de Moreno y Castelli en la deliciosa trilogía de aventuras "Myriam la conspiradora"). En resumen, un asunto interesante, lástima que expuesto con voz un tanto amodorrante.
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  • Ginger & Rosa
    Ginger & Rosa
    Ámbito Financiero
    Sobre el dilema entre ideal social y egoísmo personal
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  • Cuando yo te vuelva a ver
    Cuando yo te vuelva a ver
    Ámbito Financiero
    Historia de amor otoñal bien actuada

    Un hombre que hace rato emigró a Europa con un encargo de sus mayores y allá formó familia, vuelve ahora para ejercer de padrino en la boda de un viejo amigo. La jefa de catering de la fiesta de casamiento es una docente jubilada. No se cruzan ese día, pero él descubre su imagen mirando el video del casamiento. Y el corazón le da un vuelco: esa mujer había sido su gran amor de juventud. No podían vivir separados. Y quiere reencontrarla, solo que ahora ella se niega. Por lo menos inicialmente.

    Tal es el planteo de la agradable comedia sentimental que ahora vemos, hecha de diálogos risueños, momentos tiernos y buenas actuaciones a cargo de dos queridos intérpretes: Manuel Callau en su primer protagónico, y Ana María Picchio en el primero de los últimos 17 años. El anterior fue en 1986 con otra comedia sentimental, "Chechechela, una chica de barrio", de Bebe Kamin. Y antes, los memorables "Breve cielo", su debut en 1969, y "La tregua", de 1974. Actriz excelente que acá se luce a pleno, parece mentira que el cine la haya desaprovechado tantos años.

    Detalle risueño, ahora su galán quiere recuperar la juventud como Fausto ante Margarita, que así se llama su personaje, pero él es medio ganso, como el Paquito de "Breve cielo", y para mayor asociación encima le dicen Paco. Pero también es insistente, buenazo y confiable, como corresponde en estas circunstancias. Y otro detalle risueño: Delfina Peña, que hace de Margarita joven, es la propia hija de Picchio, y la nena Juana Dates, que hace de nieta, es su propia nieta. Ninguna de las dos sigue la carrera, pero no puede negarse que llevan el talento en la sangre.

    En fin, no corresponde agregar más, porque ésta es de esas películas que van de sorpresa en sorpresa. Autor, Rodolfo Durán, hombre formado en el cine popular de los buenos tiempos. En el reparto, Malena Solda, ideal para el necesario momento de crisis, Miriam Lanzoni como la socia dispuesta al amor, Alejandro Awada, Pascual Condito (el novio de la boda), Atilio Pozzobon y el joven Nicolás Condito. Se disfruta debidamente.
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  • Nosilatiaj. La Belleza
    Nosilatiaj. La Belleza
    Ámbito Financiero
    Sencilla metáfora de una etnia que se extingue

    A simple vista, todo pasa de modo tan tranquilo y sencillo que el valor simbólico de la anécdota corre el riesgo de pasar desapercibido. El asunto transcurre en un pueblo del Chaco Salteño, en el hogar de una familia de medio pelo con la mujer al mando, chicos, hija mayor próxima a cumplir los 15, una criadita y un marido "ocasionalmente ausente". Por ahí parece que fija residencia pero nada cambia demasiado. Lo importante para la mujer es la fiesta de 15 de la hija, que se hará en el patio de tierra de las casas. Lo importante para la hija es memorizar los pasos de un baile español con que la madre quiere que se luzca. Y más importante todavía, arruinarse el pelo con las tijeras.

    En eso andan estas mujeres, cuando se les da por arruinarle también el pelo a la criadita. Que lo tiene largo, renegrido, lindo sin ningún esfuerzo. No hay violencia, simplemente hay gente que se mete y decide por cuenta de otro. Y la chica es apagadita, no sabe negarse. Y para peor "no se halla". Toma un poco de fiebre. Las otras la cuidan, la atienden, pero no la entienden

    La chica tiene su mundo. Cada tanto entramos a él, con cuentagotas. Allí se conservan pequeños asombros de infancia, consignas transmitidas por generaciones, palabras dulces de seres queridos. Ella las evoca en voz baja, calma, pausada, musical. En wichi. En un país de 40 millones de habitantes, sólo quedan unas 25.000 personas que hablan wichi. La película nos da la oportunidad de escuchar algo de esa lengua, y acercarnos a lo que ella representa, antes de que todo eso se pierda.

    No hay mucho más. Nada está subrayado, nada pretende imponerse como visión única. Alguien puede ver el corte de pelo como alusión a la tala de bosques de esa región, un gesto inconsulto a la gente afectada. O puede encontrar ejemplos cotidianos del concepto de otredad y ajenidad dentro de un mismo espacio. Vislumbrar formas distintas de vivir una misma etapa de crecimiento. Percibir la disolución silenciosa de una cultura. O no ver nada de eso. Como la mujer de este cuento, cuando el cura lee en su sermón la primera carta de San Pablo a los corintios ("Si yo hablase lenguas humanas y angélicas pero no tengo amor") y ella sale y comenta, medio desdeñosa, "No sé lo que me quiso decir".
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  • Planetario
    Planetario
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    Planetario: delicioso álbum de familias

    En 2010, Canal Plus de Francia produjo una obra llamada "Bebés", que acá se vió fugazmente en cine: cuatro equipos siguieron el primer año de vida, y algo más, de otros tantos niños de Mongolia, Namibia, Tokio y San Francisco. Entre barro y animales los primeros, creciendo fuertes, y entre multitud de aparatos y colchones los otros. Buena película, de fotografía exquisita. Pero, mientras esto se presentaba, acá ya hacía años que un loco lindo venía armando material con la infancia de cinco niños de otros tantos países. Eso es lo que ahora se estrena, una delicia llamada "Planetario".

    El hombre es Baltazar Tokman. Algunos lo recordarán por el documental que hizo con su hermano Iván,"Tiempo muerto", sobre el gran seleccionado nacional de básket dramáticamente disuelto en 1955. Bien, parece que los Tokman vivieron desde chiquitos el asedio camarográfico del padre. Y Baltazar hizo lo propio con sus hijos. Hasta que un día se preguntó qué estarían haciendo otros padres. Y el primer año que apareció Youtube, y confirmó que la obsesión paterna por registrar a los niños es universal, tuvo una idea.

    Esa idea lo llevó a seguir miles de descargas, seleccionarlas, asegurarse traducciones, contactar gente, conseguir autorizaciones, volver a seleccionar, hasta decidirse por los cinco que finalmente vemos, registrados desde que nacen en adelante: un rusito con su padre duro y tierno a la vez, una egipcia que los padres llevan a las manifestaciones y sueña con ser presidenta, una estrellita del pop evangélico de Oklahoma cuyo hermano mayor va a la guerra (y ella le dedica una canción), un hindú, hijo de padre soltero que lo cuida como una madre, con una devoción que emociona, una polaquita, y un salteñito a caballo, nativo de Maimará.

    A algunos los conocemos desde la sala de parto, a todos los vemos crecer, al final ya son casi como de la familia. Pero sus verdaderas familias tienen algo que decir. Nos muestran cómo los crían, y explican por qué. Todos sonreímos ante las mismas caritas, pero cada padre tiene su librito, y ni qué hablar de las madres. En esas coincidencias y diferencias, y en sus diversas enseñanzas, está la variedad y la unión del mundo, y acaso también esté su futuro.

    Así de simple, y así de complejo para recopilar, seleccionar, traducir, ordenar, exhibir semejante álbum, brindándonos placer, comprensión y enseñanza. "Mirando y espiando familias por la web me sentía como Galileo Galilei con el telescopio, con ganas de llegar a lo inalcanzable de sus vidas", ha dicho Tokman. "¿Cómo es que podemos ser tan insignificantes y tan importantes al mismo tiempo?" La respuesta la dan Eather Dawn (aunque cante), Fatma, Kamod, Antoni, Zoffia Anna e Ignacio. Vale la pena conocerlos.
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  • El reino secreto
    El reino secreto
    Ámbito Financiero
    Para admirar la técnica y luego leer el cuento

    Cuando una buena viejecita se enferma, las plantas de su jardín se ponen tristes, las luciérnagas le escriben saludos, el grillo le toca serenatas para animarla, y alguien, de pronto, piensa en los Hombres Hoja. "Ellos pueden ayudar cuando pasa algo así. Pero la Reina Araña niega su existencia. Ella es la mala de este cuento infantil de William Joyce originalmente titulado "The Leaf Men and the Brave Good Bugs" (si, también hay pequeños invertebrados buenos y valientes, que se preocupan por las ancianitas).

    Lo que ahora vemos se dice inspirado en ese cuento. Sólo que, después que Joyce firmó el contrato, aparecieron cuatro guionistas, uno atrás de otro, y mandaron a la vieja fuera de su casa, al grillo a dar recitales a otro lado, piantaron a la araña, convirtieron el jardín en un bosque, a los Hombre Hoja en un ejército de guerreros verdes en lucha con un ejército de guerreros grises (unos montando colibríes, otros montando murciélagos), metieron una reina con poderes mágicos, un comandante que la protege, una babosa macho, un caracol, un orugo charleta, un sapo artero, un malo de nombre discutible (¡Mandrake!), un científico loco, un perro trípode, una hija adolescente que se hace diminuta y contacta con un adolescente de mente diminuta, etcétera.

    En síntesis, del cuento original apenas quedaron las lindas ilustraciones de algunas flores. En cambio se impusieron unas impresionantes batallas entre ambos ejércitos, carreras, persecuciones, el rescate de un capullo mágico capturado por los malos, y otras ágiles situaciones con trasfondo de mitología británica y referencias a la pérdida de seres queridos. Ya cuando se anunció el proyecto los de "Rotten Tomatoes" profetizaron que esto iba a ser como la unión de "Bichos" con "El señor de los anillos", y no se equivocaban.

    Por supuesto, la calidad no se discute. Esta obra lleva la firma de Chris Wedge, el director de arte Michael Knapp, y demás gente capaz de los Blue Sky Studios. Y también lleva la firma de William Joyce, que no puede quejarse. El ya conoce el negocio. Participó en la producción de "Robots", es el creador de "Rolie Polie Olie", "A Day with Wilbur Robinson", llevado al cine como "La familia del futuro", y "The Guardians of Childhood", que derivó en "El origen de los guardianes", y todo eso le permite llegar cómodamente a fin de mes. Para obras de clima artístico más personal, ya están sus libros, o el corto que él mismo hizo, con el que ganó el Oscar en su categoría: "The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore". Pero ése es solo para grandes.
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  • El gran Gatsby
    El gran Gatsby
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    La puesta se impone al texto de Fitzgerald

    En 144 largos minutos, Baz Luhrmann nos presenta la cuarta versión de la novela de Scott Fitzgerald sobre un nuevo rico que quiere recuperar a su novia casada con otro, romántico criminal destrozado por "esa basura hedionda que flotaba en la estela de sus sueños", su propia Dulcinea y el marido, "personas descuidadas que cuando dañaban las cosas y a las personas se refugiaban en su dinero o en su gran indiferencia". La primera versión, ya se sabe, data de 1926, acá se conoció como "La dicha de los demás", y está perdida.

    Al comienzo de la novela, el narrador evoca un consejo de su padre: "Cuando sientas deseos de criticar a alguien, recuerda que no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades que tú tuviste". En la película solo leemos "siempre intenta ver lo mejor de la gente". Siguiendo esa máxima, esta reseña apenas debería decir que los actores actúan bien, cada departamento creativo muestra sus enormes capacidades, hubo trabajo abundante para todos y todas, la plata entera del presupuesto se ve en la pantalla, hay partes de sorprendentes y admirables efectos hechas con técnicas de última generación, y, dentro de lo que cabe, la adaptación es bastante fiel a la historia original, incluso a varios de sus diálogos. Fin.

    El detalle es que la puesta se impone al texto, y además cansa. Apabulla el ostentoso catálogo de efectos digitales de toda clase, la sucesión de ampulosas escenografías, el despliegue de extras y música extemporánea, desde Cole Porter a U2 y más abajo, los antojos de baile y vestuario, los agotadores movimientos de cámara, las representaciones exageradas de fiestas y fiestitas, el disparate de poner al narrador escribiendo esta misma novela en una clínica de recuperación de alcohólicos, etcétera. Se salva el 3D, bien usado, aunque en la escena donde DiCaprio señala las estrellas, más que un enamorado parece un conferencista con diapositiva al fondo. La imposición de artilugios solo se detiene en ocasiones memorables, por ejemplo cuando al fin los personajes se reúnen a discutir en una habitación, y ahí cada intérprete luce su parte. Pero son sólo unos minutos en medio del fárrago.

    Recapacitando, esta película tiene otro mérito: nos hace valorar un poco la versión de 1974 con guión de Francis Ford Coppola en su mejor época, y hasta la versión de 1949 con Alan Ladd que además solo duraba 91 minutos. Y otro más: la primera fiestonga muy al gusto Ken Russell nos obliga a estudiar porqué Baz Luhrmann, con mayores posibilidades, alcanza menos fuerza dramática que Russell allá por los 70. Ultima observación: los subtítulos finales dicen que "Gatsby creía en el futuro orgásmico". La novela dice, más bien, "el futuro orgiástico que año tras año retrocede ante nosotros". Es cierto, muchas orgías incluyen orgasmos, pero Fitzgerald profetizaba una que culminaría en el crack de 1929.
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  • Leones
    Leones
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    Pudo ser buen corto; como largo, es insoportable

    Se nota que el paisaje es lindo, pero la mayor parte del tiempo sólo vemos las espaldas de cinco jóvenes que vagan sin rumbo fijo, particularmente de una chica que parece la única todavía sensible. La cámara los sigue, quién sabe para dónde. Por el camino van haciendo juegos de palabras. Los hacen de modo aburrido, con voces atonales. Lo mismo cuando alguien lee una confusa poesía u otros parecieran andar en amores. Quizá, con dotes de clarividente, el espectador se diga "éstos son unos muertos". Y también se diga y maldiga a sí mismo por haber elegido esta película, habiendo tantas de asunto similar y mayor desarrollo.

    En sus declaraciones, la autora, videoartista y docente de la Fuc, ha dicho, entre otras cosas, "Me interesa explorar, mover los límites entre la realidad y la ficción. La fantasía dentro de la realidad y viceversa", "tal vez un punto sin diseño que me deje mover la eternidad hacia el tiempo posible, tiempo del cine", "Es una película sobre la juventud y sus obsesiones, sobre la muerte y su belleza e incomprensión; sobre límites fantásticos del cine como lenguaje; y su objetivo es el de perseguir, el de llegar a ningún lado particular". Y "Quiero mostrar cuán débil puede ser el cuerpo en contraposición al discurso o a la construcción intelectual".

    Esto último se percibe muy bien. El cuerpo del espectador en la butaca no soporta los 82 minutos de duración de algo que bien pudo lucirse como cortometraje. Pero la autora también ha dicho "Mi película nunca fue pensada para un público masivo". Queda para los iluminados la fortuna de apreciar el desarrollo de un clima que marcha hacia lo fantástico usando elementos puramente realistas, 19 planos secuencia, momentos de silencio, fragmentos de poemas de suicidas famosos, la aparición de un revólver, un auto en ruinas, un juego de voley sin pelota, supuesto homenaje a "Blow Up". Y creer que esto es "como si David Lynch hubiera filmado 'The Cabin in the Woods'", como la promocionó algún inimputable. Premio especial del jurado del reciente Bafici.
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  • En otro país
    En otro país
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    Jacques Rivette lo hacía mejor hace cincuenta años

    Hace exactamente medio siglo, David J. Kohon presentaba entre nosotros un conjunto de tres historias llamado "Tres veces Ana", con María Vaner secundada por Luis Medina Castro, Walter Vidarte, Alberto Argibay, Rivera López, y también Lautaro Murúa, Javier Portales y Ovidio Fuentes. Todos jóvenes, y ella joven, hermosa, y con personajes y situaciones muy diferentes entre sí. La fotografía era de Ricardo Aronovich, que terminó haciendo carrera en Paris. Esa obra fue una de las más representativas de la llamada Generación del 60, que había surgido bajo la influencia de la Nouvelle Vague.

    Ahora, Hong Sang-soo, según dicen el más afrancesado de los miembros de la Nouvelle Vague coreana, presenta este conjunto de tres historias de otras tantas Anne, con Isabelle Huppert secundada por jóvenes coreanos, con personajes y situaciones muy parecidas entre sí. Primero (hay que aclararlo porque forma parte del chiste), aparece una jovencita dispuesta a escribir un guión para un posible rodaje. Así, de su invención, aparecen sucesivamente una mujer sola acompañando a una pareja que hace su vida, una casada que espera a su amante algo lejano, y una divorciada cuyo marido la dejó por otra. Para cada una, Huppert dispone pequeñas diferencias de expresión y un vestido distinto.

    Por suerte está lo del vestido, porque cada Anne va a parar a la misma pensión del mismo pueblo aburrido, y algunas escenas se repiten sin mayor problema. Lo que vemos es un juego entre monocorde y reiterativo de caminatas por la playa, largas charlas generalmente fútiles (salvo alguna excepción), chispazos de enojo inconducente, encuentros de cordialidad superficial, y, por suerte, ocasionales pátinas de risueña sutileza para hablar de la soledad de tres extranjeras con mal de amores. También por suerte, en algún momento cada Anne se cruza con un tipo de buen humor. El mismo tipo.

    En resumen, se pasa el rato, no es una película demasiado deplorable, pero parece una calesita sin mayor gracia. Según sus exegetas, el chiste para disfrutarla está en admirarse de los sencillos juegos de simetrías, pérdidas y encuentros, del relato dentro del relato, de la impresión de estudiado déjà vu a lo amateur, de algunos antojadizos movimientos de cámara, y, en ocasiones, del lejano parentesco de Hong Sang-soo con el Jacques Rivette juguetón y superficial de hace también medio siglo (pero lo que el francés desarrollaba entonces era más novedoso).
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  • Pensé que iba a haber fiesta
    De cómo valorizar una historia mínima

    Pasado un tiempo prudencial, ¿una mujer puede entrar en relación con el ex marido de su amiga, o se pudre todo? Tal es la pregunta gancho de esta película con ésa y otras inquietudes: cómo tratar a gente solitaria que se adhiere a un hogar ajeno, conceptos de lealtad y amistad femenina, interpretaciones distintas de un mismo conflicto familiar, criterios de propiedad y control aún terminado el vínculo conyugal, y, sin agotar la lista, surgimiento de los afectos más inoportunos con la consecuente alternativa entre absoluta discreción o sincericidio terminal. Sobre todo cuando una se engancha con el ex de la amiga durante la ausencia de ésta y en su propia casa, donde se había quedado para cuidarle a la hija adolescente.

    Al enterarse, la afectada también pregunta si, para peor, el hecho delictivo fue en su propia cama. La escena de la confesión e inmediato interrogatorio es graciosa y terrible al mismo tiempo. Lo que hasta ahí fue una serie de situaciones amables, formales, de apariencia intrascendente, donde había una sola persona afligida, implota (no explota) entonces como una crisis dramática para quienes la viven, y risueña para quienes la miran. Pero pronto la sensación de angustia y amargura entre las dos amigas se transmite a toda la sala. También, la admiración por las dos intérpretes, Elena Anaya y Valeria Bertucelli.

    Todo transcurre en una semana, tipo después de Navidad y comienzo de Año Nuevo, prácticamente en una sola locación de Vicente López (una linda casita para poner la cámara y pasar unos días), y apenas con un puñado de personajes: las amigas, el ex, el actual, la hija. A los que se suman el jardinero atento al motor de la piscina, lo que sugiere una metáfora maliciosa, y, justo el 31, el hermano, la cuñada y el sobrino del actual, con perro y problema propio, que también suena gracioso cuando alguien lo menciona pero es grave. O no tanto. La gravedad de cada cosa depende de quién la mira. En este caso, cuanto más cerca, menos grave.

    Victoria Galardi, la autora de "Cerro Bayo" y "Amorosa Soledad", confirma su notable habilidad para la pintura de personajes y relaciones familiares, los diálogos, las actuaciones, los detalles, y la ironía solapada. Ahora, con un desenlace tocante, bien verosímil, afirma también su capacidad de movilizar los sentimientos del público. Y eso que sólo nos ha contado una historia, como ya dijimos, en apariencia intrascendente.

    Fotografía, Julián Ledesma, el mismo de sus películas anteriores. Arte, Patricia Pernía. Montaje, hábil y desapercibido, Alejandro Brodershon. Música, el Niño Josele, que con Elena Anaya integran el aporte de la coproductora española de Fernando Trueba. Vale la pena.
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  • Simón, el hijo del pueblo
    Simón, el hijo del pueblo
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    Buen relato de una vida increíble

    "Soy hijo del pueblo trabajador, hermano de los que cayeron en la lucha contra la burguesía, y, como la de todos, mi alma sufría por el suplicio de los que murieron esa tarde, solamente por creer en el advenimiento de un porvenir más libre, más bueno para la humanidad". Así escribió Simón Radowitzky su recuerdo de los hechos que lo llevaron a la cárcel. Había vivido la represión del 1 de mayo de 1909, cuando "los cosacos americanos" mataron a cuatro manifestantes e hirieron a 45, y las represiones de días subsiguientes. Había esperado que el Presidente diera aunque sea un pésame a los deudos, y el Congreso pidiera explicaciones. Y harto de esperar, había hecho justicia por mano propia, matando al jefe de policía y su secretario.

    Nacido en Stepanice, a los 10 años empezó a trabajar. A los 15, herido de un sablazo, sufrió su primera prisión. A los 16, obrero metalúrgico, llegó a Campana, luego a Buenos Aires. Tenía 18 cuando mató al coronel Ramón L. Falcón y lo condenaron a cadena perpetua con castigos especiales cada aniversario del delito. 39, cuando Yrigoyen lo indultó y expulsó del país, tuberculoso. En Montevideo le sumaron otros dos años por indeseable. A los 44 se unió a las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española, ayudando en Aragón y Valencia lo que su poca salud le permitía. Sufrió la derrota, el cruce de los Pirineos a pie en pleno invierno, la detención en Saint Cyprien. Salvado por el poeta uruguayo Ángel Falco, terminó trabajando en una fábrica de juguetes del México DF. Murió a los 64, del corazón.

    Extranjero ingrato para unos, triste perejil para muchos, héroe que ejerció el derecho de matar a los tiranos, para los anarquistas que aún lo evocan. "Simón vive", dice un graffiti en el pedestal del monumento al coronel Falcón. La película que ahora vemos alterna dos ejes. En uno, el investigador Osvaldo Bayer, autor de varios libros sobre el anarquismo en Argentina, relata la historia. En otro, la sobrina nieta y sus hijos acompañan a un chico del mismo apellido por la Biblioteca José Ingenieros y otros sitios donde encontrar información. Ese chico es una figura ficcional, pero el relato sigue siendo interesante. Recortes, fotos, viejos panfletos, noticieros de Emelco y Sucesos Argentinos exponiendo el relato oficial de la construcción del país, aportan lo suyo. Con algo menos de ficción y un mejor aprovechamiento de la visita que hace Bayer al Museo del Penal de Ushuaia la película hubiera sido todavía más atractiva.

    Dicho sea de paso, la expresión que toma Radowitzky para definirse surge del himno anarquista "Hijos del pueblo". Lo cantan Tacholas, Brandoni, Soriano y otros en una hermosa escena de "La Patagonia rebelde", obra también basada en investigaciones de Bayer.
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  • El gran simulador
    El gran simulador
    Ámbito Financiero
    Retrato de un aristócrata de la ilusión

    En "El gran simulador", Néstor Frenkel visita al admirable, aristocrático y muy explicativo artista de una sola mano René Lavand. Ya la televisión lo ha entrevistado alguna vez en su cabaña de troncos rodeada de árboles al pie de un cerro tandilense. Pero el cine permite una visita con más tiempo, más tranquila, ideal para el caso.

    Así podemos verlo, ya de 88 años, calentando la mano en su laboratorio, según define a la mesita de carpeta verde. Explicando la evolución de sus actos y su naturaleza de lentidigitador, en contraposición al común de los prestidigitadores. Evocando a los grandes de la poesía, la música y el pensamiento, no para mostrarse ilustrado, sino por sincera inclinación hacia el aprendizaje y la enseñanza. O repasando viejas fotos, tarea que también hace su esposa con especial admiración y cariño. Y recibiendo al amigo Rolando Chirico, creador de las historias que habrán de envolver y sublimar sus actuaciones. Juntos estudian una de ellas.

    Lo vemos también manejando él solo su auto para hacer una compra muy particular, calentando la copa de vino y miel para su garganta, asistiendo a sus discípulos, visitando a la doctora que atiende los avances de su artrosis, justo donde más duele, soportando el fastidio cotidiano de un número equivocado y unos aduaneros que "pierden" los regalos. Tal vez una de estas cosas sea falsa. Sea una ilusión tramada para la cámara, o para los espectadores. ¿Pero cuál? ¿Quien lo registra es cómplice de la fantasía, o su primera víctima, como lo son todos los cámaras que graban sus rutinas sin quitarle la lente de encima y aun así nunca consiguen descubrir los artilugios del ilusionista?

    Pero tal vez sea todo cierto. Incluso, el juego de Lavand y Frenkel cuando organizan una partida de cartas entre las dos manos de alguien que tiene una sola, y la melancolía del anochecer en la casa apartada al pie del cerro, y las mismas historias que ese hombre cuenta con elegante y terminante ironía, mientras mueve las cartas o vuelca una taza para hacernos ver que todavía no sabemos mirar. En resumen, muy buen retrato de un hombre famoso por su manejo de la mano izquierda, sus relatos llenos de misterio, cultura y poesía, su ejemplo de superación personal tras el accidente que tuvo cuando niño, su altivo despojamiento camino hacia la esencia del engaño más sincero, y su frase desafiante: "¡No se puede hacer más lento! O tal vez se pueda".

    La película no es nada lenta, sino calma, estudiosa, y provoca unas cuantas inquietudes: ¿cómo mostrar la verdad de quien ha creado en sí mismo un personaje? ¿qué es mentira o fantasía? ¿Qué realidad sostiene a la ilusión, y viceversa? Y si tenemos aunque sea una respuesta provisoria, ¿cómo se la explicamos a los demás? En eso Lavand, que debió aprender solo porque no había ningún libro de cartomagia para mano izquierda, ya ha publicado cinco libros técnicos y una autobiografía.
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  • Rigoletto en apuros
    Rigoletto en apuros
    Ámbito Financiero
    Hoffman brinda bello elogio de la vejez

    La bonita Beecham House, nombre que recuerda al director de orquesta Sir Thomas Beecham, de mentada mordacidad, es en esta historia una casa de músicos y cantantes líricos retirados. Ya se sabe, no se retiraron del escenario por puro gusto. Los retiraron sus huesos, los achaques, la paulatina disminución de sus habilidades, el cambiante gusto del público y los balances de boletería. Allí pasan sus largas horas nuestros personajes. Pero nada de melancolía, ésta es una comedia, y ellos la pasan bastante bien, dentro de lo que cabe, cantando, bromeando y hasta bailando.

    Se trata de la versión cinematográfica de "Quartet", una comedia teatral de Ronald Harwood, el mismo de "El vestidor", que ha escrito cosas muy buenas para el cine, y también unas cuantas prescindibles, por decirlo de un modo amable, a tono con esta comedia, que es simplemente amable, pensada para lucimiento de un buen grupo de intérpretes, y para placer y esperanza del público, ya que ofrece una visión de la tercera edad como especie de segunda juventud.

    Por cierto, el esquema es casi el de una película de esas de adolescentes en un colegio: picardías, autoridades puestas para la broma, la llegada de una nueva, con aires, a la que hay que acostumbrar, la convocatoria a un espectáculo para recaudación de fondos, celos, rencillas, reconciliaciones, etcétera. Sólo que estas criaturas tienen más kilometraje recorrido, mayor cantidad de mañas, y, a veces, mayor cercanía con la decrepitud y la muerte. Pero sólo a veces. Ahí, con el kilometraje y la música elegida, es donde salimos ganando. Porque sus intérpretes están entre lo mejor de la guardia vieja de la escena británica, y sus personajes están concentrados en Verdi. El cuarteto al que se refiere el título original es el "Bella figlia dell' amore", de "Rigoletto". Y el elenco lo encabezan Maggie Smith, Tom Courtenay, Billy Connolly, Pauline Collins y Michael Gamblon, toda gente mayor, en el mejor sentido de la palabra. El director también es mayorcito. Aunque debutante como director de cine, ya ha dirigido algunas puestas de teatro con buenos resultados, y de actuación sabe mucho: Dustin Hoffman.

    Es probable que varios aspectos se los hayan manejado el asistente de dirección, el director de fotografía y/o la productora, cosa que suele ocurrir, pero a los intérpretes seguro que los dirigió él, de ahí probablemente que la puesta lleve un tono cercano al optimismo americano de risa franca, más que al refinado humor inglés de suave melancolía que podía esperarse por su origen. No podía esperarse, de todos modos, una pieza como la lejana "Pensión de artistas". Tampoco alcanza el equilibrio de sonrisas y aflicciones de "El exótico hotel Marigold" (también con doña Maggie Smith) o el sugestivo y doloroso final de la graciosa "¿Y si vivimos todos juntos?", pero tampoco era la intención alcanzarlos. Se disfruta, se pasa el rato, la gente escucha buena música aunque sea con arreglos, y sale contenta.

    Para su obra, Harwood se inspiró en un lindísimo documental del suizo Daniel Schmid, "Il baccio di Tosca", sobre los deliciosos habitantes de la Casa Verdi, de Milán, ninguno menor de 80 años, y todos de buen humor y notable afinación, también dentro de lo que cabe.
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  • De jueves a domingo
    De jueves a domingo
    Ámbito Financiero
    La niñez, con mirada sensible y melancólica

    Esta historia va de un jueves a un domingo, tal como lo dice su título. Y de Santiago de Chile hasta algún árido rincón del desierto norteño. Más claramente, desde la calidez del hogar hasta la sequedad y la intemperie. Así lo vive y lo percibe la pequeña protagonista, que viaja con su hermanito en la parte trasera del auto de la familia, jugando, mirando, aburriéndose kilómetros y kilómetros, y a veces captando ocasionales frases que la ponen en relativo alerta. Sus padres no parecen estar pasando por un buen momento afectivo.

    La historia es ésa, no mucho más, y la vamos registrando casi del mismo modo en que lo hace la niña, en ocasiones con su atención distraída, y su comprensión fragmentaria, a veces intuitiva, pero suficiente. Los niños no necesitan que les expliquen tanto las cosas (todavía no son adolescentes). Película pequeña, melancólica, un poquito amarga y algo distante, de cortometrajista que hace su primer largo sin preciso manejo del tiempo (le sobran unos minutos), tiene dos atractivos particulares. Uno técnico, hacer transcurrir gran parte de la película adentro de un auto en movimiento con dos niños encima, lo que no es nada fácil. Y el otro, narrativo: hacernos interesar por lo que pasa entre los padres, y por lo que pasa en general, que no es mucho pero puede tener algo que la niña recuerde "para siempre".

    La autora, Dominga Sotomayor, muestra sensibilidad y buen manejo de los intérpretes. La apuntalan, entre otras, la directora uruguaya de fotografía Bárbara Alvarez y la coach marplatense María Laura Berch. Para quien no la registre, Alvarez es una pieza clave de títulos como "25 watts", "El viaje hacia el mar", "Whisky", "El custodio", "La mujer sin cabeza" y "Rompecabezas". Y María Laura Berch es una de las más señaladas directoras de casting y preparación de elencos infantiles, algo que puede apreciarse particularmente en "Las mantenidas sin sueños", "Una semana solos", "El último verano de la Boyita" e "Infancia clandestina". En este caso estuvo solo en la preproducción, pero, a juzgar por los resultados, sus pautas fueron más que suficientes. Se exhibe por las noches en Sala Lugones, desde ayer jueves hasta el domingo 6 de mayo.
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  • Tabú
    Tabú
    Ámbito Financiero
    “Tabú” más raro que bueno para curiosos

    El portugués Miguel Gomes, figura mimada de la crítica snob internacional, es ese que ganó el Bafici 2011 con "Aquel querido mes de agosto", película de 147 minutos que parecía durar más que todo agosto con sus 31 días y el bonus de Santa Rosa (los informados del festival ya anticipaban su triunfo desde antes de la función inaugural), y presidió el jurado del Bafici 2012, ocasión en que además presentó el "Tabú que ahora se estrena, y que por suerte dura 29 minutos menos.

    En fin, la obra lleva el mismo título del clásico de Murnau y Flaherty, pero nada que ver. Acá alguien menciona apenas de pasada, un par de veces, un Monte Tabú de algún lugar de Mozambique, pero, la verdad, más importancia argumental y atávica tiene el Monte de Venus de una joven señora, rubia esposa de un colono a la que conocemos (lamentablemente no en el sentido bíblico) en la segunda parte del relato, o si se quiere, en la segunda película porque, más o menos como en "Aquel querido mes de agosto", acá hay dos películas al precio de una.

    La primera transcurre en Lisboa, gris, apagada, donde una vecina y una vieja doméstica negra, dos buenas personas, asisten a los últimos días de una vieja fastidiosa, jugadora y divagante desdeñada por su escasa familia. La segunda transcurre en Lisboa y Mozambique, porque un anciano les cuenta a esas dos mujeres la historia de amor que él vivió con la finada, cuando ambos eran jóvenes y disfrutaban "el exotismo y la vida fácil" de los blancos en el Africa Colonial. Dicho relato incluye al marido burlado, un embarazo, un amiguito del galán, personal doméstico negro cuya eficacia y discreción causan nostalgia, y algunos cocodrilos muy simpáticos y oportunos. Todo en blanco y negro de irregular mérito fotográfico y con triunfo absoluto de la narración oral monocorde, expuesta con entonación cansina, lusitanamente melancólica, ocasionales antojos de mudez, y repetidas emisiones del dulce tema "Be my Baby" a cargo de Les Surfs, un sexteto de hermanos nativos de Madagascar que allá por los 60 gozaron su cuarto de hora de cinco minutos.

    También, por suerte, hay algunas notas de humor, que es lo que salva al espectador común. Por ejemplo, el remate del prólogo y la mención a las prácticas de tiro al negro junto a las meriendas de té y bizcochos. Puestos a considerar, se trata de una obra más rara que buena, que hasta podríamos decir buena porque se hace ver con curiosidad y espíritu risueño, e incluso puede hipnotizar a más de uno que saldrá fascinado. Pero tampoco es la octava maravilla que proclaman sus exegetas.
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  • Por un tiempo
    Por un tiempo
    Ámbito Financiero
    Buen debut del Garzón director

    Al comienzo, nomás, se plantea directamente el conflicto: un tipo ve alterada su vida por una mujer que le impone hacerse cargo de una hija hasta entonces desconocida. Dicho desde otro ángulo: la hermana de una mujer enferma enfrenta al padre de su sobrina para que se entere y se haga cargo. La acompaña un hombre de mirada firme y pocas palabras, quizás un abogado, mejor no preguntar.

    La escena es simple y fuerte. El siguiente problema es contarle a la esposa lo sucedido, justo cuando ella está disfrutando su primer embarazo segura de la compañía de su marido. Y luego, conocer a la hija, que para colmo está encerrada en una crisis preadolescente. Tiene 12 años, la madre enferma, un padre distante, no es fácil. Nada es fácil.

    "Por un tiempo" expone los problemas de cada uno, los intentos de los mayores para afrontar los hechos, el acercamiento a la madre de la niña, que ni siquiera fue una novia lejana, la reticencia de la niña para salir un poco de su caparazón, el tanteo de alguna forma de entendimiento, la evolución del hombre que además tiene "otras cosas que hacer": es arquitecto a disgusto con un cliente grasa. Irónicamente, su hija se ha criado entre ese tipo de gente.

    Sin proclamas ni ostentaciones dramáticas, con sólo poner las cosas ante nuestra vista, la película dice mucho. Quizá pudo decirlas todavía más profundamente, pero eso también depende de hasta dónde el público está dispuesto a llegar. Por su parte, el autor le está abriendo un camino. Dicho autor es Gustavo Garzón, intérprete de nivel que se tomó su tiempo para debutar como realizador de cine, y acaba de hacerlo así, con una obra pequeña, sentida, precisa.

    Buena historia, creíble, sin melodrama, sin agachadas. Buenos intérpretes, sobresaliendo Mariana Katz como la esposa que se hace cargo hasta donde puede, un poco por espíritu maternal, y quizás otro poco para entender a su marido y cubrirlo hasta que él se asuma como padre. Más tarde podrá tener sus berrinches o superarse todavía más como persona, ya veremos. Otro mérito de la película es, precisamente, recordarnos la complejidad y los vaivenes del carácter humano. Vale la pena.
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  • El nombre
    El nombre
    Ámbito Financiero
    “El nombre” entretiene igual que en el teatro

    Justa coincidencia y refuerzo mutuo: la misma obra teatral que en estos momentos se representa en una sala porteña, según versión de Fernando Masllorens y Federico Gonzalez del Pino dirigida por Arturo Puig, aparece en cines locales según versión adaptada y dirigida por su propio autor, Matthieu Delaporte, junto a su socio Alexandre de la Patelliere, y con el elenco original casi idéntico. Vale decir, los papeles que acá hacen Germán Palacios, Mercedes Funes, Jorgelina Aruzzi, Peto Menahem y Carlos Belloso, los vemos representados en pantalla por, respectivamente, Patrick Bruel, Judith El Zein, Valérie Benguigui, Charles Berling y Guillaume de Tonquedec, sus creadores, salvo Berling que llegó después en reemplazo de Michel Dupuis.

    La película luce pocas diferencias respecto a la obra teatral. Un ejemplo, la introducción dicha por un actor de cara al público aparece en off y bien aireada por una rápida recorrida semiturística a través de fúnebres calles parisinas. Lo de fúnebres, porque están dedicadas a personas cuyo destino hoy trae malos recuerdos. Y ahí ya vamos entrando al tema, y a los personajes, que van a discutir, precisamente y apresuradamente, el futuro nombre de una criatura recién engendrada. ¿Cuál será su destino, a qué santos o demonios habrá de evocar su solo nombre?

    El final, que se rie de estas preocupaciones aunque sigue atado a ellas, tampoco está dicho por un actor frente al público, y tiene un lindo plus para el espectador veterano: la aparición especial de Francoise Fabian, todavía hermosa y elegante. Claro que el grueso del relato sigue concentrado en un living. Esto puede molestar a los quejosos, pero la amplia variedad de enfoques y la contínua seguidilla de réplicas graciosas hacen olvidar la supuesta "falta de esencia fílmica". Acá lo interesante es lo que dicen, cómo lo dicen, y en qué berenjenal se meten dos parejas y un colado que se conocen desde hace años, que cultivan las buenas maneras, y que un día dejan que salte la térmica, cargada de prejuicios y reproches, todo a partir de algo que ni siquiera es definitivo.

    En resumen: elenco impecable, puesta dinámica aun respetando el tiempo original de la obra, situaciones divertidas para quien las mira de afuera, más divertidas cuanto más serios se ponen los personajes, y un buen material de reflexión para todo el mundo. Para interesados también circula otra inteligente comedia francesa referida al peso de los nombres, "Le nom des gens", que acá se estrenó como "El significado del amor" (la del afiche de Sara Forestier con la colita al aire).
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  • Jugando por amor
    Jugando por amor
    Ámbito Financiero
    Sólo para tardes de zapping en el cable

    Esta es la clase de película que puede verse tranquilamente por televisión haciendo zapping. No es que sea mala. Está bien hecha, se hace bastante llevadera para públicos familiares y culmina con las debidas moralejas. Sólo que su historia es harto repetida, las instancias del argumento son siempre previsibles, la puesta en escena es rutinaria, la música es melosa y los intérpretes practican gestos inverosímiles de primer año de una mala escuela actoral (o de añares de mala escuela de televisión), salvo el protagonista, que mantiene la misma cara de cansancio y fastidio hasta cuando se le tiran encima Catherina Zeta-Jones y otras buenas señoras.

    Bueno, de vez en cuando tiene alguna sonrisita, por ejemplo cuando le avisan de un lindo trabajo de comentarista deportivo. En otros tiempos el hombre tuvo cierto cartel dentro del fútbol inglés, pero ahora está en algún pueblo de Louisiana como director técnico de fútbol infantil, todo para estar cerca de su hijo en edad de crecimiento, y, de paso, ver si recupera a su ex esposa que está por casarse con otro. En fin, ya más o menos se sabe lo que va a pasar con el equipo infantil, el trabajo de comentarista, el hijo, la ex y las demás. Quizás haya alguna inquietud respecto a las posibles reacciones del nuevo novio de la ex o el actual marido de alguna desesperada, un desubicado con plata que por suerte provee el único chiste bueno de toda la película, cuando los dos grandulones están peleando abrazados por el suelo y los niños creen que es un festejo y saltan formando una pila de alegría. Lo contamos, por si alguno ya se aburrió y quiere cambiar de canal.

    Intérpretes, el escocés Gerard Butler, Jessica Biel, Zeta-Jones, Judy Greer, simpática, Dennis Quaid y Uma Thurman. Director, Gabriele Muccino, que en Italia supo hacer comedias románticas de atendible nivel.
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  • La vida anterior
    La vida anterior
    Ámbito Financiero
    "Adagios" con instrumentos preciosos

    Irregular, imperfecta, pero sensible, con criaturas que viven intensamente, "La vida anterior" se inspira en la novela de Silvia Arazi "La maestra de canto", sobre tres jóvenes envueltos por el arte, aunque no todos tengan talento ni sepan usar con felicidad sus condiciones. Ahí está Ana, una chica tímida que quisiera ser soprano lírica pero cuanto mucho llegará a "soubrette", según le dice despectivamente su maestra. Un día la chica se siente deslumbrada por Ursula, rubia medio wagneriana con futuro de soprano dramática. Tanto la deslumbra, que quiere contactarla con un prestigioso maestro del Colón y hacerse su amiga. La invita a su departamento, le presenta a su pareja, un músico y pintor melancólico, y la otra se hace amiga de ambos, acude a ese hogar cuando se siente mal, comparte también sus curiosos entusiasmos.

    No corresponde contar más. Sólo advertir que el conjunto tiene un estilo singular, deliberadamente demodé, cercano precisamente a esas criaturas de romanticismo arcaico. Hay que aceptar esto, lo cual sería sencillo si esto fuera, por ejemplo, de 1957, como "Mompti", la comedia triste de dos jóvenes ilusos que el entonces ya experto Helmut Kautner desarrolló con recursos de estilo novedosos para la época, que la Nouvelle Vague divulgaría mucho tiempo después arrogándoselos como propios. Pero "La vida anterior" se hizo ahora con recursos similares (y menos experiencia), por eso desconcierta. En verdad, su mayor "defecto" es otro: las tres partes en que se divide, a la manera de un concierto, son tres adagios.

    Eso si, tiene tres instrumentos preciosos: Elena Roger, cantando a veces en una tesitura distinta a la habitual, y desarrollando su capacidad de actriz, Esmeralda Mitre, actriz que supo cumplir el desafío de cantar (aunque fuera doblada por Mirta Arrúa Lichi, igual debía cantar, para que pudiera notarse el esfuerzo en el rostro), y Adriana Aizemberg en el personaje deliciosamente histriónico de la maestra de canto. Las acompañan Sergio Surraco, Juanjo Camero, y, en muy breve aparición, Omar Calicchio y Paula Kohan haciendo los pintorescos Valerio y Mariucha, dos "internos del Colón" que se lo pasan hablando con frases de operas. Ojalá hubieran aparecido más veces. Una rareza, el cameo del crítico Angel Faretta en el papel de profesor. Una delicia, la música especialmente compuesta por Pablo Sala, incluyendo un lieder alemán supuestamente clásico. Y otra, el final a pleno de Elena Roger, que nos hace disculpar casi todos los problemas de la película.
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  • Tu amor, mi perdición
    Tu amor, mi perdición
    Ámbito Financiero
    El ego casi pierde a director debutante

    Cordial, bien plantado, sin ostentaciones ni falsa simpatía, Louis-Do de Lencquesaing estuvo hace tres años en Pantalla Pinamar, presentando "El padre de mis hijos". En esa ocasión contó fugazmente algo de sus cortometrajes. Son tres, y dos de ellos ya anticipan algo de lo que habría de desarrollar en éste, su primer largo. En "Mécréant", un hombre, su madre, la muerte de la abuela, una nueva vida en la familia. En "Méme pas un réve", la hija adolescente, su intimidad sorprendida por el padre. Y ahora, el largo, cuyo título original es "Au galop" aunque más bien parece que todo marcha al trotecito nomás.

    El mismo lo escribe, dirige y protagoniza, con los defectos naturales de casi todo actor debutante en la realización, empezando por el narcisismo. Según dice, la idea original fue mostrar los conflictos de tres mujeres: la señora grande que pierde a su esposo, la nieta que se desvela por su primer amor, la señora joven en pareja estable, atraída por otro tipo (lo que justifica el título de estreno local). Parece que al novel director lo venció el ego en la sala de montaje, y ahí su papel cobró mayor importancia. Incluso se volvió el narrador de la historia, pero aún así cada figura femenina alcanza a desarrollarse debidamente.

    Sus intérpretes son Valentina Cervi (nieta del comediante Gino Cervi), la jovencita Alice de Lencquesaing (hija del director pero buena actriz) y la reaparecida Marthe Keller, aquella flaca de los 70 que ahora está lógicamente más gordita y también tiene más peso actoral. Las tres se lucen, lo mismo que el resto del elenco y, por supuesto, el propio Louis-Do etc. componiendo un langa discreto, observador, atento, que deja fluir las cosas como naturalmente. Los diálogos son atractivos, en ocasiones un tantito pomposos, los conflictos serios son tratados con desenvoltura muy parisina, el tono general es amable, la vida pasa con sus alegrías, pesares y compensaciones y, vieja regla del espectáculo, la gente vive, ama y sufre en ambientes refinados. No está mal.
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  • Roa
    Roa
    Ámbito Financiero
    Indagación en la mente de un magnicida

    Esta es una película fuertemente colombiana. Donde, de pronto, aparecen Arturo Goetz haciendo de quiromántico alemán y Alberto Fernández de Rosa brindando trabajo a la gente honrada. Es que se hizo en coproducción con Patagonik Film Group, que además aportó a Iván Wyszogrod, excelente compositor, Bill Nieto, director de fotografía, Carrillo Penovi, editor, Martín Grignaschi, sonidista, Alejandro Cacetta y Juan Pablo Galli, coproductores, Gustavo Arnaudin, encargado de postproducción, y otros conocedores. No es por alardear, pero el buen acabado que tiene "Roa" es gracias a esta gente de la Argentina.

    Nobleza obliga, corresponde destacar con igual empeño el admirable trabajo de la colombiana Diana Trujillo, directora de arte que recreó para nuestros ojos la Bogotá de 1948, perfecta en todos los detalles de época, salvo uno donde la familia del personaje protagónico entra a la sala de cine con vaso y balde de pochoclo. Pero seguramente eso no es culpa suya sino de alguien que quiso quedar bien con las cadenas de exhibición. A propósito, en Colombia la película se estrenó el pasado 9 de abril, aniversario del asesinato del dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán, lo que provocó un sangriento caos recordado como El Bogotazo, donde murieron más de 500 personas y se incendiaron más de 140 edificios. Juan Roa fue, según dicen, el asesino de Gaitán.

    Se trata, entonces, de una película que indaga en la mente de un magnicida. Descuida el contexto, lo que es una pena, pero ofrece una hipótesis: el acusado no habría tenido espíritu criminal. Simple ambicioso de pocas luces, títere de quién sabe qué complotadores (porque nunca se supo qué mano hubo detrás), torpe resentido por la circunstancial desatención de su ídolo, ese día él también fue una víctima.

    Así al menos lo pinta Andrés Báiz, director caleño que de este modo cierra una trilogía de criminales bogotanos. Sus obras anteriores fueron "Satanás", sobre el caso real de un veterano de guerra que mató a su madre y luego hizo desastre en un restaurant, y "La cara oculta", donde el desastre lo causaron la vida conyugal, los celos y el afán de venganza.

    Acá el relato es algo convencional, pero tiene interés, tensión, buena factura, ilustra algo sobre la naturaleza humana (incluso la soberbia de los líderes populares y el aborrecimiento de sus parientes haraganes), y, ya lo dijimos, goza de un buen aporte argentino. Protagonistas, muy en papel, Mauricio Puentes, Santiago Rodríguez, Catalina Sandino. Puede objetarse que hayan elegido una mujer tan linda para esposa de un infeliz tan feo, pero así ocurre muchas veces en la vida real.

    PD.: hay una buena historia ambientada en pleno Bogotazo, "Confesiones a Laura", de Jaime Osorio, 1990, donde un tipo no puede volver a su casa y pasa la noche con la vecina, pese a los gritos de la esposa que quiere controlarlo desde la ventana. El final es un canto a la vida (y a la vecina).
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  • La esperanza de una nueva vida
    Agridulce historia de inmigrantes

    El título original de esta hermosa película es "Io sono Li". "Yo soy Li", dice una china, obrera textil en Roma que sus jefes mandan a Chioggia, ciudad véneta, como empleada de un bar de pescadores, propiedad de otro chino. Pero la frase "io sono lí" también puede entenderse como "yo estoy ahí", donde está su corazón, con el padre y el hijo en el pueblo lejano. Ella trabaja todo el día para pagarle a la mafia china sus deudas de viaje y el pasaje del niño, con quien anhela reencontrarse.

    La señora Lí habla un italiano duro, y encima, cuando pasa la cuenta, le responden en véneto. Pero ella tiene una paciencia china, y de a poco la van aceptando. Siempre que se mantenga en su lugar. Lo mismo le dicen sus jefes, de modo amenazante. Eso de "yo estoy ahí" cobra entonces otro sentido. El problema es que "allá" hay un cliente que la invita a salir. Un viejo viudo, venido hace treinta años del otro lado del Adriático. "Nosotros también éramos comunistas" le dice. Todavía se define yugoslavo, aunque los demás lo sienten tan italiano como ellos. Y, llegado el momento, quieren defenderlo de "la amenaza china".

    Por ahí va la historia. Pequeña, melancólica y agridulce historia de inmigrantes. Ella le habla de un gran poeta antiguo, Qu Yuan. El se reconoce un simple versificador, aunque los amigos lo llamen, justicieramente, poeta. Y ella siente la poesía, que le hace ver a la laguna como mujer y al mar como hombre, y expresa ese pensamiento con palabras hermosas. Lástima que la vida, en fin, tenga sus vaivenes.

    El lugar es de una triste belleza, con sus canales propios, las casas centenarias, los rostros suspicaces de sus habitantes, la marea que todos aceptan como habitual. Las notas de un piano, cayendo casi una por una, acompañan a esas dos almas solitarias. Protagonistas, Tao Zhao y el más popular Rade Sherbedgia, o Serbedzija, como se diga. Autor, con mano precisa y a la vez delicada,

    Andrea Segre, conocido documentalista de la zona. Parece mentira, pero ésta es su primera ficción. Completan el reparto Giuseppe Battiston en rol de mal tipo (siempre hace de gordo bueno), Marco Paolini, Roberto Citran, Giordano Bacci, Zhong Chen, Wang Yuan, y el niño Federico Hu. Música, Francois Couturier. Título optativo en otros países: "Shun Li y el poeta".
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  • Profesor Lazhar
    Profesor Lazhar
    Ámbito Financiero
    El maestro adecuado para afrontar un duelo

    No es exactamente una película para niños, pero no está nada mal que los niños la vean. Ellos también tienen algo que pensar o canalizar ante los varios temas que aquí se plantean: el contacto humano entre docente y alumno, la escuela como lugar de educación, la compresión de textos y el buen manejo de la lengua como forma indicada para comunicarse claramente, la entereza para llamar a las cosas por su nombre cuando hay que enfrentar duelos, penas o sentimientos de culpa o rencor.

    La maestra de una escuela de Quebec se ha suicidado en el aula. La directora procura que los niños no la vean. Luego, ella, la psicóloga y los padres procuran diluir la aflicción de los niños. El maestro suplente tiene una idea distinta. En realidad, él tiene ideas distintas acerca de varias cosas. Parece conservador, medio retrógrado. Hace poner de nuevo las mesas en fila, lee, dicta y hace analizar a Balzac, un clásico del Siglo XIX, aplica viejos conceptos gramaticales, impone amable pero firmemente el respeto por algunas normas. ¿Es el maestro adecuado?

    De a poco, no solo se gana el aprecio de los niños. También logra hacerlos avanzar en diversos órdenes. Y hacerlos hablar de lo que, hace rato, necesitaban hablar. El entiende lo que es una pérdida cercana. El también está cerrando heridas. Pero nada es fácil. El profesor Lazhar se llama Bachir Lazhar, es argelino, y afronta el riesgo de deportación en cualquier momento. Por suerte están los niños, y el trabajo en el aula. "Un aula es un lugar para la amistad, el trabajo y la cortesía. Un lugar lleno de vida al que le dedicas tu vida y en el que te dan su vida", dice el maestro. Que en una de esas ni siquiera tiene título habilitante.

    Todo, expuesto con altura, sencillez, naturalidad, precisas palabras, íntima emoción y excelente elenco. Film canadiense candidato al Oscar 2012, protagonizado por el comediante Mohamed Fellag, que trabajaba en su país hasta que los integristas le mandaron una bomba al escenario. Director, Philippe Falardeau, que ya se había lucido en otro film con niños, "Juro que yo no fui". Autora del texto original, Évelyne de la Cheneliere, que aparece casi al final como la madre de la nena más despierta de la clase (y por algo es la única madre que recibe un primer plano).
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  • Puerta de Hierro, el exilio de Perón
    Santo y todo, este Perón es verosímil

    1972, un barrio apartado de Madrid. En una casona similar a la de su añorada quinta de San Vicente, el general Perón orquesta su regreso, recibe fieles de diversos sectores, los alecciona, hace yoga, bromea, rezonga, y evoca algunos momentos del 55, el exilio centroamericano y el frustrado retorno de 1964, mientras advierte perplejo la creciente influencia de Lopecito sobre Isabel.

    Como cabe esperar, el argumento lo santifica un poco, lo exime de algunas cosas. Pero, atención, también destaca sus dudas, indecisiones y reticencias, sus consejos contra la violencia en ciertos casos, sus manejos a dos puntas, su indignación en el terrible momento en que le devuelven maltrecho el cadáver de Eva. Y le imagina un sentimiento de soledad que lo lleva al recuerdo de su madre frente a otra persona. Esa otra persona es una creación discutible pero eficaz de los guionistas: una joven española que el viejo exiliado visita en secreto, sólo para charlar con alguien que no espera nada de él.

    En verdad, poco puede objetarse. Una línea de diálogo ante el bombardeo de Plaza de Mayo (¿acaso era posible leer en ese momento la consigna que llevaban pintada los aviones?) se compensa con un buen párrafo de autocrítica frente a la cañonera paraguaya (aquel famoso de "Nuestros enemigos no nos han vencido. Hemos caído víctimas de nuestras propias debilidades internas"). Y ciertos recursos explicativos son necesarios. Hay toda una generación que conoce poco y mal esta parte de la historia.

    Víctor Laplace vuelve a encarnar al General, y lo hace todavía mejor que en "Eva Perón" o en la pieza teatral "Borges y Perón" que hizo con Duilio Marzio. La edad, incluso, lo beneficia. A igual nivel está el elenco. Javier Lombardo es el fiel amigo Jorge Antonio, Victoria Carreras la mujer que un día amanece junto al hombre y desde entonces lo asiste, Sergio Surraco el Rodolfo Galimberti todavía limpio (muy interesantes los diálogos del Viejo y el joven en el parque) y Fito Yanelli es El Brujo. El perverso de la película. De veras mete miedo. Párrafo aparte, Hugo del Carril hijo en breve pero hermosa aparición encarnando a su propio padre.

    Impresionan aquí las actuaciones, el meticuloso, impecable trabajo de la vestuarista Marcela Villariño y la directora de arte Adriana Mestri (han cuidado hasta el tamaño de los caniches "de antes"), la música de Damian Laplace, y, en especial, el libreto de Laplace y Leonel D' Agostino, autor ya reconocido por sus trabajos para series como "Tiempo final" y "El elegido". Codirector junto a Laplace, un joven en ascenso, Dieguillo Fernández, observador, minucioso. El resultado es sencillamente más que bueno, capaz de atrapar incluso a los "gorilas". Y por lo menos dos escenas son de antología: la última charla del Viejo con la joven, donde él parece quebrarse, y la fiesta de cumpleaños donde todos se juntan pero el homenajeado se aleja unos pasos, como para mirarlos "desde afuera".
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  • Tadeo, el explorador perdido
    Simpático émulo de Indiana Jones en 3D

    Apenas con un tibio precalentamiento llega a las salas este agradable dibujo español para niños, digno de mucha mayor difusión. Se trata del largometraje de aventuras de Tadeo Jones, un tipo singular que ya cuenta con dos cortos deliciosos, dos historietas regocijantes, y un centenar de premios para sus autores. Este largo, por ejemplo, ya ganó once, incluyendo los Goya de mejor guión, director debutante y, por supuesto, mejor animación.

    Los cortos, creados por Enrique Gato, se llaman "Tadeo Jones" (peleando con momias en el interior de una pirámide) y, el mejor, "Tadeo Jones y el sótano maldito". Las historietas, a cargo de Juan López Fernández, alias Jan, se llaman "Tadeo Jones y el secreto de Toaclum" y "Tadeo Jones en el Rally París-Paká. Todo, hecho un poco en la línea de fantasías y emociones en tierra exótica de Indiana Jones, Tin Tin, Alan Quatermain y otros prestigiosos personajes de conocimientos enciclopédicos, valor absoluto y amplio kilometraje recorrido por selvas, montañas, laberintos, bibliotecas y precipicios. Con una pequeña diferencia: Tadeo es sólo un noble bruto, un ingenuo medio asustadizo, obrero de una empresa constructora. Pero tiene un empeño ibérico absoluto, por no decir, al uso nostro, que es un gallego empecinado. El quiere ser como Indiana Jones y no hay quien lo calme.

    Ese empecinamiento, su entusiasmo a toda prueba, y una pequeña confusión, lo terminarán llevando a plena selva peruana junto a un perro, un loro que parece de los Angry Birds, un pícaro buscavidas local y una antropóloga de veras llamada Sara Lavrof, libre parodia de Lara Croft. Con ella enfrentará a perversos buscadores de un tesoro incaico, y acaso resuelva el misterio de la perdida ciudad de Paititi, supuesto El Dorado que en la actualidad congrega decenas de expediciones anuales por las fronteras de Perú, Bolivia y Brasil (dicho sea de paso, en la vida real parece que algunos exploradores se han perdido allí para siempre). Por ahí va el chiste, de dibujos amables, asunto entretenido, lindos fondos, personajes simpáticos, ritmo llevadero, y 3D para mayor disfrute. No será Pixar, pero igual se disfruta.
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  • ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?
    Anatomía de un asesinato aún irresuelto

    Probablemente esta obra basada en el libro homónimo de Diego Rojas convenza sólo a los convencidos, pero igual es buena idea haber hecho esta película y estrenarla en vísperas del fallo de la justicia, y es bueno que la hayan hecho, con toda dedicación, los compañeros de la víctima. Puede objetarse, eso sí, la mezcla de ficción y documental y el airecito canchero del personaje protagónico, un periodista metido a investigar -y hacer evidente al espectador- los mecanismos de tercerización laboral, la matufia sindical (semiocultamente patronal), y su necesaria connivencia con ciertos sectores de los poderes públicos. Esto ya lo había expuesto con gran fuerza y claridad Pino Solanas en su documental sobre los servicios ferroviarios "La última estación", pero nunca está mal insistir sobre el asunto.

    Lo nuevo y singular de "¿Quién mató a Mariano Ferreyra?" es, en cambio, la forma de tomar un desgraciado hecho particular para avanzar hacia lo general, y la puesta en escena del crimen, representada por los propios testigos y participantes del hecho ocurrido en diciembre de 2010. Se aclara, son los participantes de un solo sector. Pero es lógico, la misma limitación tuvieron "Roma ciudad abierta" y "La batalla de Argelia": los fascistas no colaboraron en la reconstrucción de los hechos históricos que allí se narran.

    Otra aclaración: ésas eran películas neorrealistas, hechas por gente de variada opinión. Esta es un derivado de los cortos de agitación y propaganda del grupo Ojo Obrero, cercano al Partido Obrero. Hecha la salvedad, sólo cabe señalar el buen pulso de la película, su lógica conceptual y expositiva, y su adecuada advocación al espíritu de Rodolfo Walsh. También, la participación de figuras ajenas al partido, como Martín Caparrós, Iván Moschner, Leonor Manso, Soledad Villamil y Enrique Piñeyro, que ya había participado en los "Videominutos por Mariano Ferreyra". Autores, Julián Morcillo y Alejandro Rath, participantes de aquel "Piqueteros, carajo" que sirvió a la justicia para identificar a los asesinos de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en el 2002. Rath, incluso, fue llamado a declarar como testigo en ese juicio.
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  • Verano del '79
    Verano del '79
    Ámbito Financiero
    Agridulce evocación de una infancia

    Julie Delpy no es solo la rubia linda de "Antes de amanecer", "Antes de atardecer" y "Flores rotas", que estuvo como jurado del Festival de Mar del Plata 2001 junto a José Luis Borau, David Bordwell, Daniel Burman y otros notables. Ella también es directora, y de las buenas, según lo demuestra esta obra, la cuarta que lleva su firma, y que es también la primera que hace en carácter de comedia coral, agridulce y para toda clase de público. La historia junta un montón de parientes de diversas edades y condiciones en torno al cumpleaños de la abuela, allá por 1979. Hay que tener mano para armar semejante casting de niños y grandes con aire familiar, construir el clima de la época, vigilar que cada intérprete tenga su momento y que todos los personajes puedan ser reconocidos y entendidos por el público, y la película sea agradablemente llevadera, simpática, equilibrada en todo sentido, y capaz de despertar evocaciones cariñosas y depositar reflexiones que parecen ligeras pero tienen lo suyo. Todo eso se percibe y se admira en esta película, agradable evocación de una infancia más o menos similar a la propia infancia de la autora, que en este caso interpreta además a la madre de la niña protagonista, es decir, indirectamente, a su propia madre (a la que dedica la película). Cuidado, decimos que la evocación es agradable, porque uno suele recordar con simpatía incluso los momentos malos que quedaron lejos. En cambio la niña está viviendo esos momentos malos "en ese momento". Ella está sufriendo inquietudes, despertares y decepciones propias de su edad, y encima es consciente del peligro que se abate sobre toda la humanidad, una conciencia que los demás niños no tienen.

    Ocurre que el Skylab está por caer en cualquier lugar del planeta. Y puede que sea en ese mismo lugar, encima de ellos. Sin embargo los niños juegan, los mayores se divierten pese a irreconciliables divergencias de todo orden, y por ahí hasta ella misma se distrae un poco de sus aflicciones.

    Por si el lector no lo recuerda, el Skylab fue una estación espacial que orbitó durante seis años, hasta que un día avisaron que iba a caer sobre algún sitio indeterminado de la tierra. Hubo bastante miedo en el planeta, y también bastante gente que siguió su vida como si tal cosa. Si le caía encima el Skylab, una maceta, o el inspector de réditos, eso no iba a amargarla antes de tiempo. Al final cayó en Australia, lo que paradójicamente alegró al gobierno australiano, que aprovechó a cobrarle a la Nasa una buena multa por arrojar basura en lugar público. Pero eso ya es otra historia. La que acá vemos, tiene su propio deleite y moraleja.

    Postdata: atención al viejo gagá de la familia, que aparece canturreando "La balada de la gente feliz", ese es Albert Delpy, padre de la directora. Y a las abuelas, Bernardette Lafont y Emmanuelle Riva, otrora respectivas representantes del ala derecha y el ala izquierda de la Nouvelle Vague. Rodaje en Saint-Malo y otros lugares de la costa bretona. Banda sonora con felices temas populares propios de los '70. Fotografía color medio "lavada", como una foto de aquellos tiempos que ha sufrido un poco la intemperie (una buena idea).
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  • La reconstrucción
    La reconstrucción
    Ámbito Financiero
    Drama asordinado de un hombre retraído

    Luego de tres exitosas comedias, Juan Taratuto se probó con un drama. Pudo haber hecho una comedia dramática, pero se jugó a pleno. Hizo un drama. Eso sí, con final "positivo". El dolor habrá servido para mejorar algo. Pero todo se cuenta de un modo asordinado, sin explosiones actorales ni situaciones subrayadas. Lo que pasa es demasiado fuerte como para subrayarlo. Y el desarrollo es lo bastante creíble como para exagerarlo. Cuanto mucho, sentimos un particular extrañamiento.

    Ese extrañamiento impresiona al comienzo, cuando recién conocemos al personaje protagónico, un posible ingeniero en hidrocarburos. Un técnico respetado, obedecido, que conoce su oficio, pero reservado, casi ermitaño, capaz de reacciones inesperadas, muy poco sociable, por decirlo amablemente. En vísperas de vacaciones ese hombre recibe el pedido de un amigo que debe internarse. Luego percibiremos que allí hay una amistad de otros tiempos. De cuando este tipo era normal y tenía familia.

    Ahora debe dar una mano en el negocio del amigo. Y por un tiempo también deberá hacerse cargo de la familia del amigo. Una mujer, dos hijas adolescentes. Nada fácil, sobre todo para quien se ha cerrado a las relaciones y las emociones. Nada fácil tampoco para ellas. No corresponde adelantar detalles. Solo decir que la acción transcurre en Rio Grande y Ushuaia (no precisamente la parte turística, pero el paisaje igual es atractivo), en meses de frío y nieve barrosa, que hay un par de canciones melancólicas en inglés, de Alexi Murdoch, un prólogo singular, y dos escenas todavía más singulares. La primera, de perturbadora emoción, es una despedida espiada detrás de la puerta. La otra, en la ducha, es un reencuentro que descubriremos simbólico y tremendo, pero necesario.

    Alguien dirá por ahí que ésta bien podría ser una película americana filmada en Alaska. Tono, circunspección y ambiente hacen pensar algo así. Pero esas dos escenas marcan la diferencia, y además, y sobre todo, comparada con cualquier americana de asunto y estilo parecido esta película le gana limpiamente por una nariz. Y acá actúa Diego Peretti. Un Peretti totalmente distinto, notable, con recursos inhabituales, que impresionan como si fuera otro, que vemos por primera vez. Y en cierto sentido es la primera vez. La escena donde empieza a aflojar, un primer plano con cámara quieta, palabras precisas y expresión contenida, es de antología.

    A su lado, Claudia Fontán, igualmente señalable, Alfredo Casero, y las chicas María Casali y Eugenia Aguilar. Música, Iván Wyszogrod. Fotografía, Nico Hardy. Sonido (esencial), Catriel Vildisola. Productora ejecutiva, Dolores Llosas. Temas de Murdoch: "Wait" y "Towards the Sun".
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  • Beirut Buenos Aires Beirut
    Beirut Buenos Aires Beirut
    Ámbito Financiero
    Tras las huellas de un bisabuelo enamoradizo

    Se estrena al fin este buen documental, fluido registro de una búsqueda, tres viajes y un encuentro. La búsqueda es sobre la verdadera historia del bisabuelo inmigrante. Grace Spinelli creía saberla, hasta que su tía abuela le contó la verdad: don Mohamed no murió en Argentina sino que dejó acá abandonada la familia y se mandó mudar, en busca de su novia de juventud. Los viajes son los del bisabuelo, inmigrante y emigrante, y de la bisnieta, que no para hasta llegar a la propia aldea libanesa donde empezó todo.

    Ahí tiene lugar el encuentro, o mejor dicho los encuentros, de ella con sus primos ignorados, y de uno de ellos, no diremos con qué, pero ese sí que es un encuentro inesperado, hermoso, que arranca lágrimas de emoción del modo más limpio y sencillo que alguien pueda conocer.

    Para llegar a ese momento, Grace hace todo un recorrido, empezando por conseguir un traductor para el manojo de cartas en árabe que estaban en casa de aquella abuela, y nadie, en años, había querido abrir y leer. Ahora, medio siglo después, una misteriosa madeja empezaba a verse y desenredarse. Y luego, el viaje. Argentinos a un Líbano con heridas de guerra, con gente pícara, desconfiada, o noble y amistosa, con caminos desconocidos y derechos de tránsito, hasta llegar a la aldea donde nació y volvió aquel hijo pródigo, para colmo una aldea en el borde mismo con Israel, detalle que tampoco facilitaba el tránsito. Y así y todo, ahí estaban esperándolos las cosas más hermosas, los cierres más precisos para su historia.

    La película es de Grace Spinelli, que pone la idea, la investigación, el texto, el cuerpo, la gracia y el entusiasmo para hacernos viajar junto a ella por lugares remotos y ancestrales, y de Hernán Belón, que pone su oficio, dedicación y buena mano para el documental.

    Esto ya lo había demostrado en el biográfico "Sofía cumple 100 años", en esa joyita que es "El tango de mi vida", emotivo seguimiento de un concurso de aficionados, y en varios otros trabajos, pero éste que ahora vemos tiene además el atractivo de la aventura, y la suerte de estar con la cámara encendida en el momento y el lugar exactos. Vale la pena.
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  • Una pistola en cada mano
    Una pistola en cada mano
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    Un dedo en la llaga de los cuarentones

    Advertencia necesaria: esto es algo muy cercano al teatro filmado. Dos hombres se encuentran en la puerta del ascensor y charlan como quince minutos. Una mujer charla en su auto con un tipo otros quince minutos, y asi sucesivamente hasta redondear, entre charlas y remate, cerca de 95 minutos. Es una sucesión de cuadros teatrales, cada uno a cargo de dos personas (con ocasionales variantes) y todos en escenarios naturales, salvo el episodio del auto, que está rodado en estudios, con un croma al fondo. Montaje y cámara apenas se ostentan.

    Dicho así, esto no suena demasiado atractivo. Por suerte lo salvan los intérpretes, los diálogos, el autor y la malicia. De los primeros, se lucen particularmente Ricardo Darin y Luis Tosar, que coinciden en un banco de plaza, y Javier Cámara que hace de infeliz en busca del reino perdido, vale decir, de marido que quiere volver a casa. Leo Sbaraglia está bien, y mejor aún considerando que debió salir "al toro", en reemplazo de otro actor.

    Los diálogos, sin llegar al nivel de las regocijantes páginas de Miguel Mihura o Alfonso Paso, favorecen el antedicho brillo actoral, ilustran el mal estado de unos cuantos varones, y regocijan especialmente al público femenino, que es su público principal. La intención es ésa, poner maliciosamente el dedo en la llaga de muchos cuarentones, llegando incluso a la burla vengadora en el episodio de dos oficinistas que parecen acordar un momento de sexo rápido en horario de trabajo.

    Autor, el catalán Francesc Gay i Puig, más conocido como Cesc Gay, niño mimado de cierta crítica, señalado director de actores, y hábil escritor de unos guiones muy singulares sobre problemas sentimentales e indecisiones existenciales de sus contemporáneos. "En la ciudad", "Ficción" y "V.O.S.(versión original subtitulada)" son sus películas más conocidas, y la primera es la mejor y menos pretenciosa.
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  • Matrimonio
    Matrimonio
    Ámbito Financiero
    La vida conyugal con melancólica ironía

    Es probable que sólo la fuerte presencia de Cecilia Roth y Darío Grandinetti en la pantalla pueda llevar adelante una película como ésta, hecha de pequeños detalles, alusiones sutiles, momentos absurdos, tono de irónica melancolía y recursos arriesgados (no siempre logrados). Los autores, Carlos Jaureguialzo y su guionista Marcela Silva y Nasute, describen con ellos un día más, o también puede ser un día especial, en la desgastada vida matrimonial de una pareja.

    El es un publicitario bloqueado en su crisis personal, ella una compositora depresiva tapada por las sábanas, pero todavía capaz de sobrevivir cuando se arma de cierto espíritu irónico. Esta variación anímica permite a Roth un mayor lucimiento, y al público un renovado interés en la historia cuando a cierta altura ya todo parece tan apagado como el fuego del amor en la pareja. ¿Pero estará del todo apagado? Al final puede que queden algunas brasas para reavivarlo, o quede simple y sinceramente solo el miedo al frío de la soledad cuando llegue la noche. ¿Qué irá a pasar?

    Antes de saberlo, y de apreciar mejor los variados sentimientos de estos dos personajes, pasan varias cosas, que cada uno vive por su lado, como la asistencia formal a un entierro, incomodidades laborales, vagabundeos, posibles coqueteos, la visita al analista, un accidente callejero, fastidiosas charlas con parientes cercanos, incluyendo una hija lejana, y otras situaciones naturales, de esas que habitualmente uno olvida al llegar a casa, pero dejan su marca. Y también hay un momento vivido entre los dos: la distendida espera de la noticia de un parto, ambos como recordando sensorial, emotivamente, otros tiempos.

    Pequeño detalle: lo de "emotivamente" se da dentro de las reticencias del caso. Cualquier matrimonio maduro entiende esto. Es en la pincelada fina donde la película consigue sus mejores logros. Y es en algunos antojos de estilo donde arriesga perderse. Por su parte, el espectador culturoso, el frívolo cinéfilo solo interesado en minucias de estilo y renombre, también puede perderse de otra forma, con los guiños que la libretista fue diseminando en su relato, y que interesan especialmente a esa clase de distraídos.

    Sucede que la reducción de la historia al transcurso de un solo día, algunas andanzas, algún escarceo, la estructura que nos hace ver primero lo de él y luego, volviendo en el tiempo, lo de ella, el uso del monólogo interior, el nombre de alguien, el desconcierto de ir por un lado y aparecer en otro, todo eso, y algo más, remite al "Ulises" de Joyce, que humildemente emplea Silva y Nasute como franca referencia y quizá también como chiste. También se relaciona con ese libro la canción de cierre, "Love's Old, Sweet Song", que puede ser enteramente triste o un poquito alegre, según se la interprete, y en todo caso es tiernamente consoladora, y enteramente hermosa. La versión que se escucha en la película es tierna, hermosa, y un poquito alegre.
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  • Villa
    Villa
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    Situaciones creíbles en un todo imperfecto

    Se estrena con años de demora esta película filmada en la 21 y alrededores, al calor del Mundial 2002 Japón/ Corea. El asunto es sencillo: se viene el Mundial y todos quieren verlo en colores. El cura trata de conseguir un aparato para que (atendiendo la diferencia horaria) la gente de trabajo pueda reunirse en la parroquia y ver los partidos bien temprano antes de irse a sus obligaciones. Y los que no son gente de trabajo, tratarán de darse maña para conseguir uno por las malas.

    En eso andan Lupin, de pelo teñido, y Cuzquito, que le roba el televisor al viejo y después tendría que robarse la antena. Un pícaro y un tiernito. El pícaro llegará a gozar su primer tiempo de piola, y casi en tiempo de descuento sacará a relucir habilidades ocultas. El otro tendrá la suerte de dar lástima. Tal vez eso lo salve, si puede darse cuenta. Pero hay uno más, torvo, mal orientado, el Fredy, que todavía charla con el cura pero ya en tono amargo. No le dice padre, sino "curita", en doble sentido, porque su ayuda es apenas como un parche. Le encarga que cuide a una chica que no supo querer. Y va a hacerse el macho afuera, sin suficiente perspicacia pero con todas las ínfulas. Y con un fierro.

    Hay otros personajes, peores o menos malos, en mayor o menor situación de riesgo, incluyendo un gordo al que arrestan porque, según declara el policía, "no se puede estar tan en pedo en la via pública". Y hay un partido que cada uno mira desde distinto lugar y con diferente fortuna: el Argentina-Nigeria del Burrito Ortega, Verón, Sorin, el Cholo y Batistuta dirigidos por Bielsa. No hay, qué lástima, un guión suficientemente elogiable. Lo afectan ciertos enlaces, varias simplificaciones. En cambio, hay mucha veracidad. Fredy podrá ser como un sucesor de Alias Gardelito, pero es más verdadero, menos literario. Y algo similar pasa con el resto.

    Es lógico. A ese personaje lo encarna Julio Zarza, que sabe de qué se trata (después hace de cura en "Elefante blanco", pero ahí no supieron aprovecharlo). A Lupin, Fernando Roa, el "Vieja" de "El polaquito", que también sabe desde chico cómo son las cosas y ya tiene creciente curriculum actoral, en vez de prontuario policial como alguna vez le habrán augurado. Y al Cuzquito, Jonathan Rodríguez, cabeza de familia desde chico porque al padre lo mató una bala perdida. Autor, Ezio Massa, un formoseño enorme, imponente y sensible, que ya tiene en su haber dos policiales de situaciones creíbles, "Más allá del límite" y "Cacería", y ahora está filmando una de fantasía sobre el Dia de los Muertos.

    A propósito, en la escena de un negocio de artículos del hogar aparecen tres autores locales de cine de terror: los hermanos Adrián y Ramiro García Bogliano (clientes) y Fabián Forte (vendedor). Y luego, Tetsuo Lumiere y Sebastián Tabany (proveedores).
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  • La nana
    La nana
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    Personal doméstico poco recomendable

    La primera parte de esta película chilena hace temer una tragedia, con los dueños de casa muy amables queriendo celebrar el cumpleaños de la empleada, y ésta rehuyendo con fastidio cualquier tipo de atenciones. Hosca, cerril, evidentemente resentida, parece prima hermana de esas criadas de Ruth Rendell que encarnaron Rita Tushingham en "A Judgement in Stone", e Isabelle Huppert y Sandrine Bonnaire en "La ceremonia". Digamos, un personal doméstico muy poco recomendable si se quiere llegar a viejo y despedirse con un entierro a cajón abierto.

    Como los acompaña desde hace largo tiempo y está mal de salud, los patrones deciden aliviarle el trabajo y contratan una segunda empleada. La otra lo ve como una invasión de territorio y se encarga de espantarla. Lo mismo con la siguiente. Y que pase la tercera.

    Pero la tercera es más viva, y ahí empieza la parte simpática. En resumen, no es una tragedia, tampoco un drama social, aunque tenga elementos, ni exactamente una comedia, aunque termine de modo simpático.

    Muy creíble la actriz, Catalina Saavedra, en una composición que le ha valido grandes elogios y abundantes premios. Y entrenida la historia, que hace pasar por alto algunos detalles solo para saber cómo termina.

    Autor, Sebastián Silva, que filmó esta película en apenas dos semanas, casi toda en la casona de su propia infancia, e inspirado en domésticas que allí conoció cuando chico. Coguionista, Pedro Peirano, que también supo trabajar en la serie infantil "31 minutos", y en la famosa "No", reciente candidata a un Oscar. No será perfecta, pero vale la pena.
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  • ¿Y si vivimos todos juntos?
    Sobre la vejez con mirada realista, pero sin tristeza

    Jane Fonda, de 74 años muy bien llevados, no actuaba en el cine francés desde 1972, cuando participó en el contestatario "Tout va bien", de Godard y Gorin. Entonces ella también era contestataria. ¿Y sus compañeros de esta película? Geraldine Chaplin, hoy de 69, estaba haciendo preciosas obras con Carlos Saura y apariciones de buen precio en el resto del cine europeo. Claude Rich, hoy de 83, secundario de oro, ya había sido solicitado por Chabrol, Truffaut, Resnais, Mizrahi, que ahora está olvidado, etcétera. Guy Bedos, de 68, seguía en el music-hall, que era su reino. A Daniel Bruhl todavía le faltaban seis años para nacer, y muchos más para protagonizar "Good Bye, Lenin". ¿Y Pierre Richard? El gran cómico, hoy de 78, estaba en la cúspide mundial, protagonista de aquel maravilloso "Alto, rubio, con un zapato negro" que había creado Yves Robert.

    Ahora lo vemos haciendo de marido de Jane Fonda. Por cierto, no había tenido partenaire más apetecible desde aquella Mireille Darc que le mostraba la espalda en "Alto, rubio...". El gesto de asombro que él hacía en esa escena, provocando la risa, es el mismo que ahora hace en otra clase de escena, provocando deliberadamente una sonrisa triste. Es que la obra habla de la vejez y sus varios males, y de la cercanía de la muerte. Atención, habla con franqueza, pero casi sin tristeza. Esta es una película liviana, donde los temas "densos" se diluyen francesa, amablemente, casi a todo lo largo.

    Conviene reiterar el "casi". Es que hay, por lo menos, dos situaciones que pegan fuerte. Y si no pegan más, es porque el autor, Stéphane Robelin, es mejor libretista que director. Su libreto necesitaba un puestista como Dino Risi, Ettore Scola, incluso Jaime de Armiñan. Lo asumió él, y por un lado fue para mejor, si no salíamos todos llorando.
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  • Elena
    Elena
    Ámbito Financiero
    Inquieta denso drama con gran actriz

    Lo universal de este relato se impone a sus circunstancias geográficas. Pasa en Rusia, más específicamente en Moscú, pero podría pasar en cualquier parte. Eso es lo más grave de este drama criminal sin muertos a la vista, sin acusados para castigar, pero tal vez con un evidente castigo natural en el futuro más o menos inmediato.

    Acá vemos el inquietante relato, solo aparentemente lento, de unos pocos días en la vida de una señora, madre y abuela de una familia de vagos, casada en segundas nupcias con el padre de una chica también vaga pero de categoría. Sabremos que ella ha sido enfermera, suponemos que él ha sido jerarca o empresario de algo. Tiene buena jubilación, departamento espacioso, tanto que duermen separados, y carácter agrio. Su hijastro es un parásito y punto, no merece ayuda. Tiene razón,+ y si la historia transcurriera acá, el tipo profetizaría que ese vago terminará levantando el parquet para hacer asado. Pero transcurre allá, donde el nietastro necesita plata para entrar a la universidad y salvarse del ejército.

    Si el pibe merece o no ayuda, es algo que nosotros mismos veremos, y confirmaremos hacia el final de la historia. ¿Será que la hija de él, una egoísta, merece que la mantengan? Un infarto, la decisión de hacer testamento, la falta de perspicacia para contar esa decisión a quien no conviene, y el drama se impone, denso, despacioso, definitivo.

    Todo en colores fríos, planos algo distantes, cuervos que enmarcan simbólicamente la acción, acciones rutinarias que marcan un destino bajo el frio moscovita, y la música perturbadora de Phillip Glass, tan perturbadora como la doble moral y los sentimientos contrastados del personaje protagónico. Muy buena actuación de Nadezhda Markina, con el respaldo del veterano Andrei Smirnov y la joven Elena Lyadova, en rico personaje. Autor, Andréi Petróvich Zviáguintsev, aquel que hace diez años hizo un drama de dos nenes en viaje con un padre al que recién conocen, que viene de estar en la cárcel y no parece trigo limpio, El regreso. Un señor director, y una historia con muchos aspectos para masticar detrás de su aparente simpleza.
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  • Anna Karenina
    Anna Karenina
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    Espectáculo visual con poco de Tolstoi

    Las diseñadoras de producción y el equipo de arte que logró esa extraña, imponente y cambiante representación teatral, alusiva a la representación de las vidas en sociedad, obligadas a guardar las formas y atentas al espectáculo indiscreto de los demás. El director de fotografía Seamus McGarvey, precedido en la planificación por Philippe Rousselot, ambos componiendo las escenas como si fueran cuadros de pintura de fines del S. XIX. El compositor Darío Marinelli, que cada tanto soñó elegantemente con Tchaicovsky. La diseñadora de vestuario Jacqueline Durran, ganadora del Oscar por este trabajo. Tales son los héroes y heroínas de esta ostentosa película.

    Ah, también la protagonista Keira Knightley, su antagonista Jude Law en rol de esposo al que se le acaba la paciencia, el adaptador Tom Stoppard, literato ilustre por mérito propio, pero no siempre, y el director Joe Wright, a cuyo servicio se pusieron todos los antedichos.

    Keira Knightley se luce. Clava los ojos, brilla más que las joyas que lleva, y logra el quinto puesto frente al recuerdo de las mayores intérpretes del mismo personaje, es decir la excelsa Greta Garbo, Vivien Leigh, Tatiana Samoilova y Sophie Marceau. En cambio Wright ostenta más genio y dominio que los respectivos directores de dichas actrices, vale decir los ilustres Clarence Brown, Julien Duvivier, Aleksandr Zarji, y el pobre Bernard Rose. Más genio, más dominio, y todo lo que se quiera. Pero mucho menos corazón y profundidad.

    Queriendo hacer algo soberbiamente original, personal y admirable, ha colocado sus antojos y artificios por sobre el espíritu de la obra. Se puso por encima de León Tolstoi, el autor de la novela, ignorando las profundas observaciones del alma humana que éste había escrito, y la mayoría de las subtramas, con lo que solo alarga la agonía sentimental de la protagonista sin enriquecernos demasiado. Por suerte la adaptación mantuvo en contrapunto la historia paralela de Konstantin Lyovin con la dulce Ekaterina, alias Kitty. No la profundiza lo suficiente, pero marcó la diferencia poniendo a este alter ego de Tolstoi casi enteramente fuera del teatro de vanidades, cosa que se aplaude.

    En resumen, otras versiones ofrecen mayor comprensión del texto, y una humilde fidelidad. Pero como espectáculo visual, esto de ahora es para ver en pantalla grande. El problema es que Wright, en su búsqueda de momentos admirables, camina todo el tiempo por una cuerda demasiado floja entre lo sublime y lo pretencioso, y a veces solo lo salva la red del pastiche, por ejemplo cuando impone movimientos de danza junto a las figuras teatrales agarradas de los pelos. Al respecto, y con todo respeto, para una Karenina bailada nada mejor, todavía, que la película de Maia Plissetskaya, cuando la gran diva llevó al cine el ballet de Rodion Shchedrin, encargándose de la coreografía, el papel principal con Aleksandr Godunov, y hasta el vestuario a medias con Pierre Cardin.

    Postdata: se dice que el papel del seductor Vronsky, que arruina la vida de los Karenin, fue inicialmente ofrecido a Robert Pattinson. Quedó en manos de Aaron Taylor-Johnson, que apenas lo representa con aire fatuo de modelo publicitario. Aún así, en comparación, este hombre es Jack Nicholson.
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  • Las edades del amor
    Las edades del amor
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    Salvo la “Juventud”, edades que entretienen

    Se pasa el rato con esta película en episodios, simple y sin mayores pretensiones. Es la tercera que Giovanni Veronesi ha producido bajo el título genérico «Manuale d amore». Y como presenta tres etapas en la vida amorosa del ser humano, acá y en otros lados se la rebautizó «Las edades del amor». Ese título no está mal, seamos sinceros. Lo que está medio mal es el primer episodio. Por suerte los otros son un poco mejores.

    Dicho episodio, «Juventud», nos muestra a un abogado treintañero que disfruta con su linda novia los preparativos de vida en común, aunque percibe la cercana pérdida de libertad. También percibiría algo interesante si logra que una familia de la maremma toscana venda sus tierras. En ese trámite se junta con los amables vagos del pueblo, y con una rubia más que amable. El humor también es amable, con un leve momento de vodevil, pero eso es todo.

    El segundo episodio, «Madurez», presenta a un presentador de noticiero, figura pública de peluquin que aprovecha la ausencia de esposa e hija para tirarse una canita al aire con una doctora muy discreta, que ni es doctora ni es discreta, sino una loca atracción fatal que puede llevarlo a la ruina. Ahí el humor tiene parejas dosis de sarcasmo, rídículo y esperpento, marca registrada de cierta comedia a la italiana que tiene sus propias y maliciosas leyes. Poco conocido entre nosotros, Carlo Verdone, el protagonista, es toda una institución en ese campo.

    Por último, el episodio con las estrellas convocantes Robert De Niro y Monica Bellucci, «Más allá», que en algunos lados se rebautizó «La edad de la razón». Es la que tiene un profesor norteamericano viudo y operado del corazón, que se instala en Roma, con la feliz desgracia de encontrarse una noche con la hija de su amigo y vecino, confirmando que el otro es un guardabosques cascarrabias, y que el amor no tiene edad. Humor tierno, romántico, bastante previsible pero comprador. Y eso es todo, o casi.

    Uniendo cada episodio hay un taxista efebo que dice ser Cupido, al que habría que alejar a flechazos, personaje inútil. Habría que advertir, asimismo, que Bellucci y Valeria Solarino (la novia del comienzo) se mantienen vestidas, la rubia Laura Chiatti muestra algo demasiado fugazmente, y Donatella Finoccharo (la atracción fatal) muestra lo mejor: que es de veras una buena comediante. Ahora sí, eso es todo.
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  • Antes
    Antes
    Ámbito Financiero
    Pintura amarga de una generación

    Desde aquel debut conjunto llamado «Hotel Room», que ambos hicieron en Nueva York 1998, el catalán Cesc Gay realizó nueve películas y ya tiene cierto cartel. En cambio, Daniel Gimelberg se ha tomado su tiempo. Mejor dicho, ha ido realizando su propia película en el tiempo que le dejaban libre sus trabajos como director de arte en obras de gran desafío formal como «La antena», ambientada en los 20, las dos de «El ratón Pérez», dos buenas comedias románticas, dramas, etc., hasta culminar por ahora con «El último Elvis». Eso, amén de hacer el diseño de producción en dos películas de su amigo y algunas otras cosas.

    Así, la película que ahora vemos empezó a rodarse allá por el 2009, tuvo una primera versión en 2010 y así se mostró en una sección informativa del Bafici, recién ahí empezó a trabajar la música definitiva, para la que Luis Alberto Spinetta reversionó un par de viejos temas suyos, a fines del 2011 hubo una segunda versión ya casi definitiva, en febrero del 2012 pasó lo que ya sabemos, siguieron corriendo los meses, siguió la lucha durante los ratos libres de su autor, y al fin ahora puede estrenarse. Sufrimientos del cine independiente, que le dicen.

    El resultado no es perfecto, pero es respetable. Historia partida en dos, presenta a un joven caminando en la noche, reclamando una dádiva mensual del socio de su padre, agarrando cada vez más bronca, incluso contra quienes lo aprecian. Para colmo es invierno. Con esas situaciones alternan otras, de un verano anterior. La familia completa, la noviecita, los juegos particulares con un amigo que piensa emigrar, el padre bueno que parece amar la música progresiva, punto de contacto con el hijo. La casa, antes y después. Y el pibe que debe soltar toda su desesperación para, tal vez, empezar de nuevo.

    Buen elenco, edición y fotografía debidamente trabajadas para provocar ciertos sentimientos, dos canciones bien colocadas («Todas las hojas son de viento» y «Bajan»), y la pintura amarga de una generación poco preparada para crecer en el mundo real. Adviértase al respecto la discusión con un profesor que se niega a aprobar al alumno que no sabe. Transcurre en algún lugar de Núñez o Belgrano, a juzgar por un graffiti que dice «Defe capo», y en zona centro. Dato al margen, hay dos tomas fugaces de la 9 de Julio con las plazoletas de antes.
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  • Los días
    Los días
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    Exactamente como los días de la infancia

    Según el mismo autor contó cuando la presentación de este pequeño documental, Ezequiel Yanco estaba trabajando en una obra de teatro para la que se hizo un casting de niños. Eso le despertó la idea de seguir las andanzas y argucias de alguna madre con su criatura. Lo hizo Luchino Visconti hace añares, con un drama que se llamó «Bellisima», pero acá la cosa era más sencilla y mucho menos terrible. En verdad, y por suerte, no le salió nada terrible, desazonante ni sombría. Tampoco nada de engañosa felicidad.

    Es que Yanco tuvo la suerte de fijarse en dos hermanitas gemelas, graciosas sin llegar a pizpiretas, de una simpatía natural y bastante indiferentes a la cámara. Ellas hacen su vida, que no va a cambiar por un par de presentaciones en respectivos castings. Y su vida consiste simplemente en remolonear, cambiarse, pelearse, hacer los deberes, ir a la clase de catequesis, hacer pucherito cuando el padre impide ver un programa, hacerse el puré cuando la madre está en horario de trabajo, en fin, esas cosas, que el documentalista registra sin entrometerse ni cometer indiscreciones. A fin de cuentas son niñas pero pronto les llegará la pubertad y ya querrán ser señoritas. Hay que verlas acicalándose después de haberse puesto, ellas solas, sus vestidos de comunión. Es muy significativa esa escena. Otras, en cambio, son un tantito reiterativas y medio anodinas.

    Se entiende. Así son los días de infancia. Asombros, juegos, aburrimientos, pequeñas obligaciones, y de a poco se van haciendo grandes. Todo mostrado en una sucesión de viñetas sin «intervención», hasta culminar de golpe en una especie de anticlímax bien pensado. Momentos impagables, la reunión donde se muestran sus dientecitos flojos con evidente expectativa, la noche en que estudian de memoria sentaditas en la cama, y el gag de dos «actrices invitadas»: la madre y la peluquera, cada una hablando con otra persona por celular en pleno trabajo de corte (y una le dice a su interlocutora «te dejo porque acá están hablando por teléfono»).

    Rodaje en un barrio de Quilmes donde parece que las nenas todavía pueden salir a andar solas en bicicleta por la calle. Película sencilla, y fotografía sencilla, con apenas un ocasional aporte del DF Diego Poleri que realza la escena.
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  • Villegas
    Villegas
    Ámbito Financiero
    Un viaje a Villegas sin mucho que contar

    Un muchacho recibe la noticia de la muerte del abuelo. Le avisa al primo, pasa a buscarlo con su auto y ambos parten de Buenos Aires a Villegas, un viaje de siete horas que ellos extienden con un desvío, cena y sobremesa en restaurante, alguna discusión, y un tiempito haciendo noche al costado del camino.

    Llegan a la casa paterna, saludan a la familia, se lavan, se cambian, total el muerto no tiene apuro, y una vez cumplido el trámite tampoco tienen apuro en volver. Para estar en sintonía, el público debe ver esta obra sin apuro alguno.

    La idea es buena. También es bueno el tono elegido para desarrollarla. Tranquilo, contenido, con ocasionales amagos de disrupción. Un personaje es medio formal, con novia oficial ausente, el otro es medio informal, sin novia, los dos son flacos de aspecto entre fastidioso, engrupido y aburrido, los demás parientes también son flacos y medio formales, y casi todos secos (de carácter). Más tarde se arriman unas flacas con ganas de guerra. A una la paran en seco (de mala educación) y del encuentro con la otra no veremos el resultado.

    Tampoco vemos mayores conflictos, aunque cabe sospechar que algo pasa por la mente de los protagonistas.

    Interrogantes

    ¿Pasa también algo entre ellos? ¿Será que nunca lo sabremos? Como sea, cada uno debe resolver su vida. En todo caso, la sangre no llega al río, y en muchos casos no llega ni siquiera a la superficie de la piel. ¿Tendrá consecuencias liberatorias la presencia de otra flaca más amable que vive a mitad de camino? Porque ella es la última esperanza de que pase algo.

    Eso es todo, y si el espectador no espera más, puede que disfrute de algo. Tal parece ser la idea del autor. Es linda la parte donde casi se chocan unas vacas en medio de la noche. También la figura del padre sugiriendo al hijo la posibilidad del regreso. En dos semanas querrá hacerlo volver a Buenos Aires de una patada.
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  • La extraña vida de Timothy Green
    Fábula más empalagosa que poética

    En su libro «Los viernes de la eternidad», María Granata imaginó una chica condenada a convertirse en vegetal por un maleficio más o menos transitorio. Silvia Kutica, entonces al comienzo de su carrera, interpretó ese personaje en la versión cinematográfica de Héctor Olivera, donde la criatura incluso florecía hermosamente. Mucho antes, al comienzo de «El señor doctor», Cantinflas recibía a un niño del que le brotaban plantas por las orejas. «No es tierra, son las plantas de los pies, que se le han subido», era el dictamen del galeno, y ahí nomás las arrancaba de raíz como cualquier jardinero.

    Lo que acá vemos quiere estar más cerca de la fantasía de Granata que del disparate cómico de Cantinflas, pero a veces resulta involuntariamente disparatado, y lo malo es que no causa mayor gracia, sino más bien vergüenza ajena. Una lástima, porque se supone que han querido hacer una fábula poética, y en parte casi lo consiguen.

    Este es el cuento. Una pareja quiere convencer a la autoridad sobre sus méritos para recibir un niño en adopción, y en el esfuerzo le cuentan la experiencia mágica que vivieron en su afán de ser padres. No podían serlo, estaban desconsolados, y tan afligidos que de pronto escribieron en unos papeles las virtudes del niño ideal que soñaban, y los plantaron en el jardín, donde, sin dudas, habría repollos encantados porque de otro modo no se explica. Esa noche llovió, y el chico apareció. Supuestamente con las virtudes soñadas, y claramente con unos cuantos vacíos informativos y volitivos, hojitas brotadas a la altura de las canillas, y aspecto de diez años cumplidos, pero no vividos. Le faltaba experiencia. Tampoco los padres tenían experiencia. Entonces hacían papelones públicos en trío, pero nadie se afligía demasiado. ¿Alguien soñó con un hijo futbolista? Pues ahí estaba en el campeonato infantil aunque fuera un tronco. Y como tal, en vez de seguir la pelota se paraba a gozar de la fotosíntesis. Pero como ésta es una película, entonces el chico de buenas a primeras se mandaba unas figuras mejor que Ronaldinho en sus tiempos mozos.

    En resumen, pasan esas y otras cosas similares, hasta que se le secan las hojitas, lo que significa que ya no está verde, y tiene que irse. Los tipos éstos, que son unos atropellados, le cuentan la historia a la agente de adopción que decidirá su destino, y asunto arreglado.

    En fin, como argumento hay cosas peores, el problema es que la productora enredó la historia con otros elementos y personajes, dejando demasiadas incoherencias a la vista, y encima le dio una pátina innecesariamente empalagosa. Eso sí, el lugar es hermoso, uno de esos pueblos rodeados de árboles de Georgia y Carolina del Norte dignos de almanaque, y la casita de los aspirantes a padres tiene un parque ideal para que cualquier criatura pueda retozar a gusto. Dato extraño: algunos observadores dicen que es la misma casa donde se filmó «Halloween II» (a propósito, quizás hubiera sido bueno contar esto como historia de terror, tipo «La pata de mono», y no como la ñoñería que se nos ofrece).
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  • Germania
    Germania
    Ámbito Financiero
    Cine de sugerencias para contemplativos

    Le falta fuerza al guión, y tensión a la historia, que casi no existe, pero tiene sus aspiraciones este cuadro de un último día en las afueras de un pueblo perdido. Fotografía bien cuidada hecha con mínimos elementos, edición sonora todavía más cuidada, clima particular, que en partes delata cierta influencia del mexicano «Stellet lich», vulgo «Luz silenciosa», sobre todo en los tiempos y la ambientación. Aquel se ubica en una comunidad menonita de Chihuahua y está hablado en plautdietsch. Y éste en una aldea entrerriana de descendientes de alemanes del Volga y alterna el castellano con el wolgadietsch.

    Durante mucho tiempo ésa fue la única lengua practicada en Aldea Spatzenkutter, Aldea Protestante, y otras nacidas en Entre Ríos a fines del Siglo XIX, y todavía hoy los viejos la hablan cotidianamente. Gente trabajadora pero cerrada, desdeñosa de los «schwartz» locales, se fue abriendo con los años e hizo crecer la ciudad de Crespo, convirtiéndola en Capital Nacional de la Avicultura. Pero después vino el declive y su único orgullo en los tiempos recientes ha sido el defensor Gabriel Heinze.

    Esta película se limita a darnos una pintura de ese declive. Advertimos los restos de una granja avícola venida a menos, parece que por algún virus. Los pollos y gallinas ya dan lástima. La madre está trabajando muy ocupada en su casa, que debe abandonar. El hijo adolescente está ociando desocupado en el campo, que también abandona. La hija adolescente tampoco hace nada útil. Deben despedirse y los vecinos se retraen, como suele retraerse la gente frente a los fracasados. No pasa mucho más, aunque se sospecha otro drama inmediato, el embarazo de la chica por un amor prohibido. Cine de sugerencias, de climas y desarraigo. Envuelve al público contemplativo, aburre al otro, que agradece su brevedad. Dura 75 minutos.
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  • Amour
    Amour
    Ámbito Financiero
    El dolor, con gran altura artística

    Reflexionaba François Truffaut sobre el éxito mundial de «Gritos y susurros», aquel drama bergmaniano de una mujer agonizando de cáncer ante sus hermanas, en tiempos aún más difíciles que hoy para la medicina. ¿Por qué la gente quería presenciar tamaño sufrimiento? Quizá, decía en su libro «Las películas de mi vida», porque el público intuyó que recibiría una experiencia artística capaz de sublimar la temida experiencia de la realidad. La curva ascendente del arte compensaría la curva descendente de la vida.

    El razonamiento puede aplicarse ahora al éxito mundial de «Amour», donde una anciana sufre una enfermedad degenerativa apenas auxiliada por su esposo también anciano. Dicho sea de paso, ambas obras recibieron igual cantidad de nominaciones al Oscar, cinco, entre ellas las de mejor film y mejor director. Claro que Michael Haneke no es Ingmar Bergman, pero tiene lo suyo, y esta vez también tiene algo de ternura. Su habitual escepticismo y sus escenas de crueldad dieron paso a una mirada piadosa sobre el compañerismo, el cariño, la paciencia, el dolor ante la decadencia del ser querido, la vergüenza de la persona enferma. La resolución, eso si, es «a lo Haneke». También lo es la distancia que evita la lágrima.

    La elección y dirección de los intérpretes, la ubicación inicial de los personajes en medio de una audiencia (son músicos jubilados asistiendo al concierto de un ex alumno que los admira), el detalle simbólico de la cerradura falseada como si un ladrón quisiera irrumpir en el hogar (y ese ladrón es la enfermedad), una pesadilla, la charla con la hija casada, típico «familiar ausente», el modo calmo con que se muestran avances y resignaciones, e incluso agotamientos, las recorridas por las habitaciones o por el álbum de fotos, la cámara discretamente alejada en ciertos momentos, los silencios, la relación con una paloma, permiten apreciar la mano del artista. Y soportar lo que vemos en la pantalla, aunque a fin de cuentas es poco comparado con lo que más de un lector habrá tenido que pasar en su propia familia.

    Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva encarnan a esos dos ancianos. Los dos solos en su refugio, y cada uno en su propia soledad. Sus actuaciones son soberbias, con unas miradas inolvidables. Que los hayamos visto a lo largo de años, desde que eran jóvenes y hermosos, y que los veamos ahora, tan cerca del momento de la despedida como sus personajes, también es impresionante. Pero ellos tienen acá la suerte de una hermosa despedida artística.
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  • El árbol de la muralla
    El árbol de la muralla
    Ámbito Financiero
    Un emocionante ejemplo de entereza

    Nacido Yankele Fuks en la vieja ciudad de Lodz, adoptó su nombre definitivo en Nueva York, adonde fue a vivir después de la guerra. A partir de entonces se llama Jack Fuchs. Diez años después vino a visitar unos tíos, y otros años después, ya cuarentón, vino, se enamoró, se casó y tuvo una hija. Más tarde enviudó, tiene tres nietas, fue a visitar Lodz y también Auschwitz. Ahí me dijeron que debía pagar la entrada. La primera vez que fui no me cobraron, dice, con típico humor judío.

    Así es Jack Fuchs al borde de los 90 años, alto, la voz firme, las réplicas inmediatas, llenas de lucidez y simpatía, buen cocinero, buen anfitrión, abuelo afectuoso, memorista que tardó lo suyo en elaborar todo lo que había vivido y empezar a contarlo. Primero pensó qué daño se hace, o hace a otro, y en qué contribuye recordar ciertas cosas. Pensó para adelante: recordar lo que uno ha pasado, pero no vivir en el pasado. Y recién después empezó a dar charlas y escribió un par de libros: Dilemas de la memoria y Tiempo de recordar

    La cámara lo sigue por la Facultad de Derecho, una escuela privada, otra estatal, recopila entrevistas televisivas, el acto de homenaje en la Legislatura de la Ciudad, algo de su regreso a Lodz con la hija, y también la visita de personas como Diana Wang, hija de sobrevivientes, y Elsa Oesterheld, a quien en los 70 le mataron al marido, sus cuatro hijas y dos yernos, y robaron dos nietos, mujer que en un gesto admirable se sobrepone a su tragedia y le dice con hidalguía El dolor en nosotros dos es esperanza, en otros es odio.

    Así vamos oyendo algunos breves relatos de Fuchs a sus diversos auditorios, sobre el momento en que la familia fue descubierta y entregada por la propia policía judía del gueto y otras situaciones terribles, pero no cuenta mucho, y no dramatiza nada. El habla en especial de los espacios vacíos que suele tener la memoria, acaso en defensa propia, de la tercera persona que a veces asume para no derrumbarse. Y observa que ya no puede llorar.

    Cuando llegó la liberación, y al fin se vio debidamente bañado y con ropa limpia, se dijo Ahora ya puedo morir. Morir dignamente, explica alguien. Pero siguió viviendo. Estamos condenados a vivir, sonríe con algún dolor. De su vida antes de 1940 solo tiene una foto que le llegó muchos años después. Allí están, gozando un día de sol, el padre, la madre, el hermano mayor, la hermanita, y había una hermanita más, que no salió en la foto. Solo él quedó vivo. De su viejo barrio, apenas hay unas casas abandonadas. La película ofrece allí un dibujo evocativo, agradable, de gente reunida ante los músicos ambulantes, un dibujo de lindos colores, que contrasta con las paredes descascaradas que quedaron. Pero ahí estaba el árbol del título. El hombre ve a ese árbol como una metáfora de sí mismo. Nosotros vemos a ese hombre como un ejemplo de entereza. Autor, Tomás Lipgot, documentalista sensible, sencillo, y sinceramente comprometido con sus retratados, como ya hemos visto en Fortalezas, Moacir, y Ricardo Becher, recta final. Digno de aprecio.
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  • Los miserables
    Los miserables
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    “Los miserables” de cine adolece de lo mismo que el musical

    Aclaremos: ni Victor Hugo ni Tom Hopper tienen la culpa. Esta no es una adaptación de la novela, sino una traslación del musical (en versión inglesa) de Schonberg, Boublil, Natel y Kretzmer. El mismo que se hizo en español en la temporada 2000 del Opera, traducido por Mariano Detry, dirigido por Ken Caswell, y cantado sobre un enorme disco giratorio por Carlos Vittori, Juan Rodó, Zenón Recalde, Silvia Luchetti, Elena Roger como Fantine y Pili Artaza como Eponine.

    Ahora aparece cantado por Hugh Jackman, Russell Crowe, Eddie Redmayne, Amanda Seyfried, Anne Hathaway, que se lleva las palmas, y Samantha Barks, que le pisa los talones pero tiene la desgracia de cantar cuando el público ya empezó a cansarse.

    En escena, la obra duraba 200 minutos más intervalo. En cine dura 158, pero parecen más. Es que metieron todas las canciones, que son largas, reiterativas, encima algunas detienen la acción, y para más agregaron otra, bonita pero también larga. Apretaron los números sin respiro, hicieron lo posible, pero ese musical ya nació con un problema insoluble: justo cuando el público está enganchado con el enfrentamiento de los protagonistas, se anuncia un paso del tiempo, surge una nueva generación que poco nos importa, y cuando volvió a engancharse empieza una larga serie de despedidas donde cantan hasta los muertos y lo único que falta es que toda la compañía termine bailando el pericón nacional.

    Aún así fue un suceso mundial y terminó llevado al cine, con todos sus méritos (algunas canciones son lindas y están muy bien cantadas) y sus deméritos: estiramientos, pompa, mínima información para quien ignore la tremenda historia original de redenciones y autopuniciones en medio de una sociedad cruel, mezquina y cambiante, etcétera. El director hizo lo suyo y se jugó bien: entre otros hallazgos acercó la cámara al rostro sufriente de cada intérprete (una ventaja sobre el teatro), marcó transiciones con símbolos de muerte y resurrección, reservó los grandes planos generales para impactar en muy específicos momentos, desplegó acción no solo teatral en el capítulo de la revuelta, y, según dicen, grabó a los intérpretes en directo para que trascienda más fuertemente su emoción. Como si estuvieran en público. Nada de regrabación en estudio, ni playback.

    Eso, con los buenos intérpretes seguramente funciona. Pero a Crowe hubiera sido mejor doblarlo directamente. Su canto es limitado y, peor aún, inexpresivo. Y justo le toca la parte de Javert, el de la terrible toma de conciencia. Algo mejor está Jackman en rol de Valjean, aunque por ahí nos distrae un pensamiento raro: lo vemos, y parece como si Coco Silly hubiera adelgazado. Y en una de esas, éste, bien dirigido, capaz que hace un Valjean más intenso.

    Postdata: para interesados, quizá las mejores adaptaciones de la novela sean las de 1934 (Harry Baur, Charles Vanel), 1935 (Fredric March, Charles Laughton), 1958 (Jean Gabin, Bernard Blier) y 1978 (Richard Jordan, Anthony Perkins). Párrafo especial, la hermosa paráfrasis de Claude Lelouch, 1995, con Jean-Paul Belmondo durante la II Guerra, evidenciando la eterna actualidad del relato de Víctor Hugo.
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  • Natal
    Natal
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    Registro que debió quedar en familia

    Poco antes de filmar la película estrenada en enero, «Graba», con sus francas y extensas sesiones de sexo y su pintura de una ciudad de Paris fria y vacía, Sergio Mazza filmó lo que ahora vemos, su registro más íntimo y más público al mismo tiempo. El más comprometido a nivel personal, y también, paradójicamente, el de estilo menos personal. Es probable que muchos otros en su misma circunstancia hayan conseguido el permiso y hayan hecho lo mismo. Pero es difícil que alguien lo hilvane y lo estrene, como hizo él.

    Es que Sergio Mazza nos presenta el parto de su mujer. Los días previos, la noche de la internación apurada, las visitas de las enfermeras, la partera y el médico, y (abreviados, por supuesto) los detalles del trabajo de parto. El esfuerzo, el agotamiento, la paciencia del personal, el placentero fruto. ¿Por qué la necesidad del registro? El mismo autor ha dado sus explicaciones, confesando, básicamente, que la cámara «me permitió observar todo tomando distancia (...). No sé si hubiese tolerado la sangre, las miradas de los médicos, el grito de mi mujer, los latidos del corazón de mi hijo, las horas con tanto riesgo si no hubiese tenido la herramienta que me saca de mí, que me permite mirar con otros ojos. Creo que toleré todo eso gracias a la cámara».

    Le tiembla un poco en varios momentos. Por suerte cuando llega lo más importante la deja firme en algún trípode y se va a acompañar a su esposa como corresponde. También, por suerte, la ubica de tal forma que el encuadre resulta suficientemente explícito pero decoroso. No como Naomí Kawase, que en «Tarachime», insultando públicamente a su abuela y desafiando gratuitamente a la familia y al público japonés, hizo filmar su propio parto de frente, y cuando el niño sea más grande que se arregle con su psicólogo.
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  • Cracks de Nácar
    Cracks de Nácar
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    Curiosos deportistas con anécdotas gozosas

    Esta película habla de 22 jugadores, amén de suplentes y colegas de otros equipos, y dos amigos. Los dos amigos son los directores técnicos de cada equipo en juego, y además son dueños de todos los equipos, la cancha, los arcos, los vasos y el whisky.

    A cada jugador lo eligen detenidamente, lo pulen, lo hacen rendir, lo conservan. En cajas. Se trata de botones de varias clases y tamaños, cuidadosamente lijados para responder mejor a la presión de la tarjeta que los impulsa, según su ubicación en la cancha, peso y tamaño. Los grandotes en la defensa, los de desplazamiento más ligero en el ataque. Con sus respectivos nombres, que evocan nombres de antiguos futbolistas. Antes los niños jugaban de esa forma, tirados a la siesta sobre pisos de portland o cerámica. Después se acabó la infancia, pero algunos siguieron jugando, ya sobre una mesa. En ciertos países hasta hay asociaciones locales (Esplugues Futbol Associació de Cataluña, Futmesa Brasil, donde además está oficialmente reconocido como deporte, etc.) y por acá también existe La Argentina de Fulbotón.

    Los dos hombres ya grandes que acá vemos tienen su propia asociación: una amistad de medio siglo y la yapa. Tienen también un similar sentido del humor, paladares cultivados, y el don, que también cultivan, de la conversación afable y la narración graciosa. Da gusto escuchar sus anécdotas y observaciones. Sin ellos no habría película, ni público: los conocidos periodistas Romulo Berruti y Alfredo Serra. Brillantes, distendidos, verlos y escucharlos es un regocijo, aumentado por la buena onda de los dos muchachos que hicieron la película, Daniel Casabé y Edgardo Dieleke, que agregaron separadores tipo "La cabalgata deportiva" y otros chistes y, sobre el final, se trajeron otros dos jugadores, de Brasil nada menos. ¡El clásico sudamericano reeditado en jugadores de nácar, madrepérola y galalita, salidos de los potreros de Perramus y Los 49 Auténticos! ¿Y el árbitro será el Botón Tolón? Un deleite.
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  • La chica del sur
    La chica del sur
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    Sólido documental de sabor agridulce

    Duele dulcemente, atrapa con una serie de intrigas y sorpresas, y no puede sino elogiarse por su búsqueda y elaboración, este nuevo documental de José Luis García, el segundo que hace. Siete años pasaron desde el primero, el notable "Cándido López, los campos de batalla", donde rehizo los caminos del soldado y pintor durante la Guerra del Paraguay, hallando a su paso los resabios que dejó esa lucha. Ahora García rehace, en lo posible, un viaje que él mismo había experimentado cuando jovencito, en 1989, hallando a su paso las cicatrices de la vida y los resabios de la juventud.

    Lo lleva la necesidad de encontrar una muchacha admirable de ese entonces. ¿Qué sería de su vida? Aquel viaje fue de pura casualidad. Un día él apareció como sapo de otro pozo suplantando a su hermano en una delegación de izquierdistas argentinos al XIII Festival Mundial de la Juventud organizado en Pyongyang, capital de Corea del Norte. Con una Super VHS registró fiestas, desfiles, carteles, Eduardo Aliverti y Hernán Lombardi (con otro look y seguramente otro pensamiento), representantes del Partido Comunista de Inglaterra declarando que las Malvinas son argentinas, rockeros europeos y norcoreanos alegres y coloridos como cualquier persona del planeta, aunque Hollywood nos haga pensar que todos ellos son circunspectos y visten uniforme gris.

    Y en plena fiesta apareció una chica surcoreana. Linda, fresca, sin ataduras mentales. Había cruzado medio mundo para entrar al norte de su propio país con un anhelo de unión nacional por encima de las ideologías. En las calles la gente la rodeaba de cariño, la adoraba, la llamaba Flor de la Reunificación. Pero ya debía volver a Seul. Un cura la acompañó para que no la mataran en la frontera. Se supo que la arrestaron apenas pasó el paralelo 38. ¿Y después?

    Tres semanas antes había sido la masacre de Tian Anmenn. Dos meses después fue la caída del Muro de Berlín, apurando, como piezas de dominó, la caída del Imperio Soviético y sus regímenes satélites. Y al mismo tiempo Corea del Sur se disparaba como semipotencia económica. Pasaron los años. Cada tanto, García se preguntaba qué habría sido de aquella chica linda y soñadora. Ya con una cámara digital, Internet, y un amigo coreo-argentino, pudo saber algo. Y decidió ir, y hablar con ella. ¿Seguiría siendo la misma?

    Así pudo ubicarla, hoy profesora universitaria. Pudo cruzar hasta la otra punta del mundo, charlar con sus padres, que la acompañaron, los monjes que le dieron consuelo, los amigos. Pero le costó hablar con ella. Sucesivos golpes, que culminaron con la muerte de un hijo, habían ido moldeando otra mujer. Una mujer de humor cambiante, desconfiada del curioso argentino, desolada en su ilusión juvenil, y volcada al recuerdo de una ilusión del hijo. Vamos viendo entonces sus contradictorias, conflictivas, instancias de acercamiento en Seúl y, sorpresivamente, en Buenos Aires. Y ahí nos cae la ficha, y entendemos, con pena y admiración, la complejidad de los corazones. Ella era la chica del sur, con un norte imposible. Hoy, por el recuerdo de un niño, mira hacia un sur inalcanzable, y por lo tanto limpio. Así es la vida, una ilusión. Pero la película es muy buena.
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  • La niña del sur salvaje
    La niña del sur salvaje
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    Potente fábula de crecimiento en un mundo apocalíptico

    Imagine el lector una pequeña comunidad casi primitiva, y orgullosa de serlo, en las afueras del Dock Sur, o en la tercera Sección del Delta, con el fondo no tan lejano, pero ajeno, de la vida urbana y fabril. Otro mundo, a pocos kilómetros del que transitamos cotidianamente. Para el caso, un villorio de cajunes y afines en una isla de Louisiana, frente a las refinerías y una represa que están allá en tierra firme, y las aguas del Golfo ahí nomás. Cuando se derritan los hielos polares ese pequeño mundo va a desaparecer. Quizá no falte mucho. Así más o menos lo enseña la maestra en la escuelita de la isla, y enseña también otras cosas, en ilustraciones escolares pintadas donde menos se espera.

    Tampoco uno espera, ni se imagina, que la niña de esta historia encienda la cocina del modo en que lo hace (no se recomienda llevar chicos inquietos al cine, no sea que luego quieran imitarla). Esa escena deja a cualquiera estupefacto, muerto de risa y espanto. Y no es la única. Los niños de un lugar semejante no se crían igual que los de otros lugares más civilizados. A propósito, el título de estreno local es bastante amable. El original habla de bestias, entendiendo por tales tanto a los enormes uros que la niña teme en sus fantasías, como a los propios habitantes del lugar. Que beben y hablan y se la aguantan a lo bestia, y se niegan al socorro de la Asistencia Civil. Pero en el fondo son unos tiernos.

    Potente fábula de crecimiento en un mundo apocalíptico, fuerte retrato de seres casi primitivos a pocos kilómetros del mundo moderno, intensa y singular historia de amor entre una niña y su padre enfermo. Eso, y todavía algo más, es en pocas palabras la película que acá vemos, asombrados, regocijados, ocasionalmente emocionados, y estremecidos, con un estremecimiento que sigue hasta el final, bajo los efectos de una música de raíces también primitivas. No corresponde contar más. Solo decir que es una obra singular, que seguramente exagera y estiliza la realidad del lugar pero no la traiciona, y que está hecha con intérpretes irrepetibles de la comunidad cajun de Louisiana, y con sus músicos (los Balfa Brothers, The Lost Bayou Ramblers y algún otro).

    Protagonistas, un taponcito de garra actoral impresionante y nombre enrrevesado, Quvenzhané Wallis, y un hombre que en la vida real es panadero, Dwight Henry, que para alivio de tantos troncos ya dijo que no piensa ser actor profesional. Autor, con todo el ingenio, el sentido artístico y la habilidad para dirigir no actores, el debutante Benh Zeitlin. Pero a este "Beast of the Southern Wild" conviene encontrarlo en la pantalla grande. Coguionista, Lucy Alibar. A ella le debemos el cuerpo básico del drama familiar que universaliza la obra.
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  • El fruto
    El fruto
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    Calmo ejercicio sólo para contemplativos

    «La muerte no siempre tiene tiempo de ocuparse de todos», reflexiona el protagonista de esta historia, y parece agregar «y eso que llega un ratito nomás». Ya algo encorvado por los años que doblegaron su altura, ya rugoso y acaso algo desdentado tras la pelambre del rostro, pero todavía capaz de hablar bien alto cuando se hace necesario, o de caminar unos cuantos kilómetros si corresponde hacerlo (y éste es el caso), nuestro personaje es un viejo solitario, pero no insociable, a quien vemos en una jornada bastante particular para él. Ha desplantado un arbolito y se lo está llevando a alguien del otro lado del pueblo.

    Así lo vemos caminar con paso mantenido, pedir siempre permiso para sentarse un rato, y cruzarse con perros que algún significado tienen, como iremos advirtiendo. Hay unos medio bravos, que salen de golpe y hacen tropezar a cualquiera, otro medio fantaseado y tal vez medio cierto, en el relato muy bien hecho de un paisano, y uno achacoso, casi como un espejo de sí mismo. Al verlo, indirectamente y con la dura aceptación del hombre de campo, el viejo le aconseja a un niño no acariciar tanto al pobre animal. «Ya no sirve como perro». Después dirá del niño «Se está haciendo hombre». Hacerse hombre es también aceptar que el perro «ya no sirve».

    No pasan muchas otras cosas. La calma de la pampa sigue siendo eterna, también los días, y las costumbres, aunque ahora haya camionetas y el viajero compre agua embotellada en el almacén en vez de pedirla y recibirla amistosamente en cualquier casa, fresca, recién bombeada. Miguel Baratta y Patricio Pomares iniciaron esta pequeña historia como tesis para recibirse cuando estudiantes. Con el tiempo, la vieron en Masa Latina (la pequeña productora de Sergio Mazza, el de «Graba») y armaron una sociedad para extenderla y estrenarla. Aunque el resultado final dura apenas 65 minutos, la extensión no la favorece demasiado. Al contrario, diluye un poco su pequeña metáfora, cercana en espíritu a «La mecha» de Raúl Perrone. Así como está, queda solo para el gusto de los contemplativos, de quienes suelen evocar los tiempos de antes y la vida en provincia, y, eso si, para placer de quienes saben apreciar la guitarra criolla que suena calma y hermosamente sobre el paisaje de la llanura. Rodaje en Carlos Keen, a pocos kilómetros de Capital Federal.
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  • Graba
    Graba
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    “Graba”: poco más que buenos climas

    Una franca sesión de sexo en diferentes posiciones, extensa, verosímil, bien cuidada, como nunca antes se vio en el cine argentino, fue lo más comentado de esta película cuando su presentación en la 26a. competencia oficial marplatense. Pero la película también tiene otras cosas para comentar.

    Su personaje protagónico es una joven taciturna que trabaja malamente en la capital de un país ajeno, donde no tiene parientes ni amistades, nadie la conoce y pocos la miran. Se nota que está huyendo de algo. Pero ese algo siempre la acompaña: es su propio pasado, es el recuerdo obsesivo de un hecho que alguna vez habrá de confesar al hombre que la alberga. También él tiene sus obsesiones. Son dos pobres amargos, fracasados sentimentales, y ahora parece que encima ella puede fracasar laboralmente, porque la visa se está demorando demasiado. Sin trabajo, todo estaría más al borde. Y peor todavía sin alguien que la escuche.

    Película de climas sobre dolores internos, y sobre la paradójica incomunicación de quienes supuestamente deberían entenderse mejor, la obra se apoya en el rostro reservado, semiagresivo, de Belén Blanco, enfrentando una Paris invernal, gris azulada, indiferente. La envuelve muy bien el director de fotografía Alfredo Altamirano. La acompaña debidamente Antoine Raux, periodista francés residente en Buenos Aires. Y la inventa Sergio Mazza, artista plástico que así llega a su tercera pelicula sin mayor preocupación evidente por las reglas de la narrativa. Le basta con describir, manejar actores, crear climas, y en este sentido logra su propósito. A propósito, al público le bastaría con unos minutos menos.
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  • El lado luminoso de la vida
    El lado luminoso de la vida
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    Comedia simpática y algo sobrevalorada

    Entretenida, bien actuada, previsible, quizá lo malo de esta comedia sea el peso de sus ocho candidaturas al próximo Oscar. La obra tiene sus méritos pero no es para tanto. Ahora, quien solo vaya a pasar un rato ameno viendo cómo el hijo loco de una familia de locos entra en amores con una loca, no digamos que lo pasará de locura ni mucho menos pero no se sentirá tan defraudado.

    La historia es sencilla. Un tipo tuvo severo raye cuando descubrió a su esposa muy dedicada al arte de tirar la chancleta. Ahora sale del psiquiátrico, se instala en casa de los padres (que tienen sus propios rayes), se aflige por la ex, y una gente amiga le presenta una opción más acorde a su actual estado mental. Y sucede lo imaginable. Que me das idea, que no quiero verte, que cuándo nos vemos, que quién sos, que no soy nada sin vos. Que se arreglen. Pero el elenco es bueno, sobre todo Robert De Niro (el padre) y Jennifer Lawrence. Bradley Cooper no actúa mal, pero, la verdad, a veces dan ganas de encajarle la medicación a la fuerza y que se calle de una vez.

    Según dicen quienes dicen saber de psiquiatría, él representa a un bipolar mayormente hiperactivo, con un padre jugador obsesivo compulsivo y una candidata neurótica, divagante y medio sexópata. Y no sabemos lo que dirá el psiquiatra del director, pero la película parece medio neurótica. Da para cómica, amaga ser dramática, pasa a comedia excéntrica, y acaba manoteando un final de film romántico donde toda chifladura se alivia con un cambio de actitud y dos almas enamoradas. En ese sentido, no resiste la comparación con «Mejor imposible», «Así habla el amor», la tierna «Corazones en conflicto» («Benny & Joon») ni con otras veinte mejores. Pero se pasa el rato.

    El autor es David Owen Russell, venerado por los snobs desde aquella película de soldados estadounidenses en Afganistán llamada «Tres reyes», que era menos que «El botín de los valientes». Al hombre lo asocian con Wes Anderson y Alexander Payne, y le va bien, tanto que los todopoderosos hermanos Weinstein vieron el filón, uno de ellos acá hizo de productor ejecutivo y el otro está ahora haciendo lobby entre los votantes de la Academia. Veremos qué pasa.
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  • Mi peor pesadilla
    Mi peor pesadilla
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    Huppert en historia al estilo Luis Sandrini

    De buenas a primeras, sin que el público sepa siquiera de su existencia previa, aparece en salas de estreno esta buena comedia francesa. Nada del otro mundo, pero bien hecha, bien actuada, con excelentes diálogos, criaturas pensadas cuidadosamente, desarrollo sutil, elementos para sonreir y reflexionar, y final más que atendible.

    Se trata de una comedia sentimental bastante irónica, que parte de una confrontación básica harto remanida, ya explotada por lo menos desde «El canillita y la dama», de Amadori, con Sandrini y Rosita Moreno, 1938, en adelante. En este caso el asunto parece más extremo, porque nos encontramos con la señora adinerada, cultivada, refinada, dedicada al negocio del arte. habituada a mandar pero no a resolver cuestiones prácticas, y el vago impresentable, bruto, inclinado al trago, habituado a eludir obligaciones, pero capaz de arremangarse y resolver un desperfecto cualquiera. Si quiere. Si se acuerda. Y si lo dejan.

    Hechas las presentaciones, ya se sabe qué rumbo tomará la historia. El asunto es ver primero cómo chocan esos seres tan contrapuestos, cómo y porqué cada uno va aflojando su actitud inicial, y de a poco deja de ver al otro como personaje chocante, lo ve como persona humana, e imperceptiblemente se deja «contaminar» por ella. Para eso han de tener algún punto en común. Bueno, por empezar ambos dicen lo que piensan, aunque tal vez eso no sea lo más conveniente. Y sus respectivos hijos se han hecho grandes amigos (un dato valioso que después se trabaja poco). El resto, es bueno que el público lo descubra por sí mismo.

    Intérpretes, Isabelle Huppert en una de sus escasas actuaciones de comedia, el belga Benoit Poelvoorde, excelente actor, André Dussollier como el marido que se las arregla fuera de casa, Virginie Elfira, desperdiciada, y el fotógrafo Hiroshi Sugimoto en un papel clave (no confundirlo con Hiroshi Fujimoto, cocreador del gato Doraemon). Autora, la ya veterana Anne Fontaine, de quien acá solo se han visto circunstancialmente «Nathalie X», «Cómo maté a mi padre» y «Cocó antes de ser Chanel». En fin, «Mi peor pesadilla» también se ve circunstancialmente.
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  • S.O.S: Familia en apuros
    S.O.S: Familia en apuros
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    Comedia con abuelos a cargo y chistes viejos

    Supongamos que Flanders y señora deben salir de viaje, ellos dos solitillos, y dejan a sus bien educadillos hijos a cargo de los Simpson. Bueno, más o menos ésto es lo que habrán pensado inicialmente los libretistas de lo que ahora vemos. Más o menos, pero les salió menos divertido, bastante distinto, y más largo. Por suerte también les salió menos guaranga que el común de las comedias americanas para público familiar.

    Los libretistas son Lisa Adario y Joe Syracuse, dos de las ocho personas que pergeñaron el libreto de «Los reyes de las olas». El director es Andy Fickman, el de «Entrenando a papá» y «La montaña embrujada», que esta vez no recurre al negro Dwayne Johnson sino al pálido Billy Cristal, que ya está en edad de ser abuelo, y ese es el papel que le toca. Lo acompaña Bette Midler. Entre ambos componen un matrimonio vulgarote de viejo estilo con chistes igualmente viejos.

    El detalle es que la hija sale unos días con el marido y ellos deben hacerse cargo de los nietos, que son tres criaturas bastante formales dentro de lo que cabe, programadas por sus padres políticamente demasiado correctos y encima cibernéticos, todo muy siglo XXI pero con chistes también igualmente viejos.

    ¿Y cuáles cree el lector que pueden ser las consecuencias de este choque generacional? Si señor, los abuelos aprenden medianamente algo de la vida moderna, los chicos aprecian el eterno placer de volverse medio salvajitos, la madre tal vez entienda mejor ciertos aspectos de su tarea educativa y sus vínculos parentales, y todos comprenderán felices que no hay nada mejor que «the united family».

    Cumpliendo la rutina de varias situaciones previsibles pero todavía efectivas, Crystal y Midler se ganan sus garbanzos sin mayor esfuerzo, y el chiquito Kyle Harrison Breitkopf se afirma como una promesa. El, y su canguro imaginario. Empezó a los cuatro años, va para siete, y ojalá no se quede empantanado en alguna teleserie para preadolescentes. En resumen, esta cose deja ver amablemente, y no tiene ninguna exigencia: uno puede esperar tranquilo hasta que la den por la tele.
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  • Tres
    Tres
    Ámbito Financiero
    Antiguas audacias con toque “posmo”

    La cosa es más o menos simple. Una pareja de agradables, cultos, progres, bien vestidos y lindos profesionales, más unidos que nunca pero aburridos como siempre, enfrentan la crisis de la mediana edad, la muerte de una madre, una operación de cáncer testicular y otras cositas, con un desahogo particular de ella al encontrarse un tipo muy amable, y un desahogo todavía más particular del operado al encontrarse con un tipo muy amable. Sí señor, se trata del mismo tipo la mar de amable. Y llegará el momento en que los tres deban reunirse.

    La historia puede atraer y entusiasmar a un buen sector de público amigo de las nuevas permisividades conyugales, que se sentirá ampliamente satisfecho con el tema y con su tratamiento, y fastidiar a otro sector también atraído por el tema pero repelido por el estilo posmo de la película, llena de chiches, pantalla dividida, cursilerías místico-pops, cámara movediza, composiciones ostentosas, pretendida profundidad, poesía existencial, imágenes quirúrgicas poco felices, final feliz y complaciente, y hasta una antojadiza referencia a «Milagro en Milán».

    El autor es Tom Tykwer, que desde su debut con la entretenida «Corre, Lola, corre» hizo una decena de obras ostentosas sin mayor acierto. Esta es la octava, con partes risueñas, otras de humor involuntario, unas rozando lo ridículo, unas dramáticas bastante atendibles y, eso sí, buenos intérpretes: Sophie Rois, Sebastian Schipper y David Striesow como el hombre orquesta, y la ya veterana Angela Winkler como la madre.

    En fin, vaya y pase. Para interesados, existe otra historia de triángulo con joven bisexual, el drama «Dos amores en conflicto», de John Schlesinger, 1971, con Peter Finch, Glenda Jackson y Murray Head. Sin chiches ni artificios, resulta más profunda.
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  • Tesis sobre un homicidio
    Tesis sobre un homicidio
    Ámbito Financiero
    Un sólido y atrapante rompecabezas policial

    De la novela de Diego Paszkowski en que se basa esta película, dijo en su oportunidad Tomás Eloy Martínez: «Para quien conoce el oficio, se nota mucho trabajo y mucha exigencia interna. Lo bueno es que el lector no se va a dar cuenta». Parecido elogio merece la película: está muy bien elaborada, y todo fluye de tal forma que el espectador no advierte los esfuerzos de su construcción, ni se detiene a admirar cuán inteligentes son sus responsables. Es que está muy ocupado disfrutando la historia y elaborando sus propias tesis a lo largo de la proyección, mientras le surgen sucesivas preguntas respecto al homicidio del título: ¿quién?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿para qué?, ¿y cómo lo van a agarrar?, ¿y ahora qué va a pasar?

    La intriga es contínua, con varios aportes que enriquecen psicológica y conceptualmente las situaciones planteadas por la novela. Ni qué hablar de la carnadura que le ponen los intérpretes. Darin hace un abogado que ya está de vuelta, medio escéptico hasta de sí mismo pero todavía idóneo para despabilar abogaditos en un seminario de posgrado, personaje muy distinto del oficial de justicia enamorado y ansioso de pelea de «El secreto de sus ojos», aunque alguno diga por ahí que se repite.

    Alberto Ammann es el alumno brillante que, por familia, formación y talento, se siente por encima de todos y parece desafiar a su profesor con un juego perverso: él plantea la inoperancia de la Justicia cuando no pueden reunirse pruebas concluyentes contra un evidente criminal. Reluce la soberbia en sus ojos. Y el resto del elenco también brilla.

    Hay un crimen gratuito a pocos metros del aula. Y hay una diferencia básica con la novela. En ésta vamos sabiendo alternadamente lo que hace y piensa cada uno. Ahora sólo seguimos al profesor, cada vez más desesperado mientras que el otro permanece burlón e inescrutable. Antes, y hacia el final, gira una moneda. ¿Se puede saber para qué lado caerá? No todo es azaroso, aunque el azar interviene más de una vez en las vidas, en los razonamientos, en la justicia. ¿Cuál de los dos rivales habrá de aprender esa lección?

    Realizador, Hernán Goldfrid, que empezó haciendo una buena comedia romántica con pequeña veta policial, «Música en espera», y acá se afirma con un drama policial sin ninguna veta romántica. Guionista, Patricio Vega, cuya firma, por algo será, se encuentra en «Los simuladores», «Hermanos y detectives», «Un año para recordar», la citada «Música en espera» y también «Mi primera boda». También él empezó con comedias y se afirma en un drama de risa irónica. Dos tipos dignos de aprecio.

    Postdata. Con la novela también hay otra diferencia, que no es básica pero sí esencial: la marca de whisky que consume el protagonista. Digamos que le da más calle.
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  • Mentiras mortales
    Mentiras mortales
    Ámbito Financiero
    Intriga que mantiene una expectativa constante

    Con el título engañapichanga de «Mentiras mortales» se estrena aquí este buen relato de intriga que en otros lados se llama «El fraude». Aunque en verdad hay más de un fraude, y más de un/a fraudulento/a. Cada cual quiere sacar su tajada burlando elegantemente las normas, o quiere tomar venganza con un chantaje mezquino, o sugiere traicionar una amistad en defensa de su propio pellejo. Pero, por supuesto, uno de esos personajes es un verdadero profesional del engaño. También es casi, casi, el más simpático de la historia.

    El título original es «Arbitrage», en referencia a ciertas operaciones de cambio de valores mercantiles. Hay un gestor de fondos de cobertura, muy agradable y pintón, que tiene su propia empresa, familia que lo espera toda reunida para festejarle el cumpleaños, personal doméstico muy servicial y personal de empresa sin quejas, contador cómplice, amante bien mantenida con trabajo y departamento, en fin. El único problemita visible en su vida es un fulano que nunca aparece para firmar un contrato. La cosa empieza a tener urgencia, ya veremos por qué. Otro problema: la amante se ha puesto muy fastidiosa. Tanto, que cuando inesperadamente pasa lo que pasa, no lo lamentaremos mucho por ella. Pero ahora empieza a fastidiar un detective. Y se confirman otros nubarrones en el horizonte.

    Más que suspenso, hay una continua expectativa. ¿Cómo hará nuestro buen hombre para zafar de todos los problemas que van asomando, uno tras otro y en diversos flancos? ¿Y será realmente un buen hombre? ¿Por qué no? Pero eso ya es materia opinable. Una pesa puede modificar nuestra balanza: el compromiso que sea capaz de asumir en ayuda de una persona que se jugó por él, una persona que valora la lealtad y el agradecimiento por encima de cualquier dinero. Del resto, bueno, «de las mujeres mejor no hay que hablar», como escribió Manuel Romero y cantó Gardel, sobre todo cuando se hacen las ofendidas. Un detalle interesante, evidencia de una moral americana más peligrosa que la moral de un financista.

    Muy bien Richard Gere, Tim Roth como detective, el morochito Nate Parker, la intriga y el desenlace. Primer film de ficción de Nicholas Jarecki, se hace apreciar debidamente.
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  • Lo imposible
    Lo imposible
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    Admirable ejemplo de melodrama épico

    Si ya en «El orfanato», Juan Antonio Bayona había lucido su talento, sensibilidad y vocación de cineasta internacional, en éste, su segundo trabajo, confirma la impresión y redobla sus méritos. Cierto que la obra se estira un poquito más de lo necesario, pero igual es impresionante, por su historia, su tratamiento, y sus desafíos.

    Se muestra acá la experiencia de una familia que fue de vacaciones a una isla tailandesa justo en Navidades del 2004. Viaje levemente «premonitorio», llegada a un lugar hermoso, cena feliz, lanzamiento, también «premonitorio», de decenas de globos iluminados hacia el cielo. Y después, la mañana del 26 de diciembre.

    La secuencia del tsunami es atroz, excelente, extensa. Unos diez minutos donde uno se siente arrastrado, golpeado contra quién sabe qué, aturdido, desesperado. Y todavía no vivió lo peor. La visión de los cuerpos, la conciencia del desastre, la aflicción por el destino incierto de los suyos, las infecciones, la dificultad para hacerse entender en tierra extraña, la impotencia. Más que cine-catástrofe, esto es cine post-catástrofe. Y en medio de un espanto difícil de soportar, es también una muestra notable de melodrama épico, donde se afirman la lucha, el amor y el milagro.

    Precisamente, lo que importa, es la historia de cómo pudo sobrevivir una familia, cómo un chiquilín debió crecer en pocos días para ayudar a su madre y también a cuánta gente pudo, y cómo tanta gente ha tratado de entender lo imposible: ¿por qué, en el mismo lugar, unos tuvieron suerte y otros perdieron tanto? Se sale del cine admirado por la excelencia del trabajo, y un poco acongojado por este pensamiento que sólo puede tener consuelos incompletos. Esa es la idea (y para eso aparece Geraldine Chaplin, en un diálogo casi poético).

    En emociones, reflexiones, retratos y relaciones, el cuidado por los detalles dramáticos y psicológicos, la dirección de actores infantiles (notable Tom Holland junto a Naomí Watts, que al fin se luce a pleno), en el uso de la música casi coprotagónica, y hasta algunos planos que parecen homenajes (pero simplemente son muestras de fidelidad al cine clásico), todo el film es digno de Spielberg. Si, en cierto sentido Bayona y su guionista Sergio Sánchez son dignos seguidores de los costados más inquietantes del cine de Spielberg. Con un mérito adjunto: ésta es una película enteramente española. Sólo las maquetas de un plano general son alemanas. Lo demás se hizo enteramente en estudios de Alicante, con toneladas de agua sucia y muy pocos efectos digitales, lo que permite mayor verosimilitud. Y con elenco internacional, es cierto, lo que permite mayores ventas. La australiana Watts y el escocés Ewan McGregor, cada uno hablando su tonada, conducen una familia, nadie sabe de dónde, que sólo quiere «volver a casa», como todas las demás. La original cuya historia real dio origen a la película se llama Alvarez Belón: María, Enrique, Lucas, Tomás y Simón, los mismos nombres que los personajes de la pelicula. Ellos pudieron volver.
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  • Piñón Fijo y la magia de la música
    Volvió Piñón Fijo con producción cordobesa

    No tiene sentido criticar las películas para niños pequeños comparándolas con superproducciones para los más grandecitos, como tantas veces suele hacerse, ignorando que cada edad tiene sus propios niveles de comprensión y sus gustos particulares. Como cabía suponer, «Piñón Fijo y la magia de la música» está pensada para los más chiquitos, y así cabe aceptarla y apreciarla. No es la octava maravilla pero cumple con su público específico y con las jóvenes madres que lo acompañan.

    Inocente y alegre igual que su personaje, la película es debidamente colorida, amable, fácilmente comprensible, se apoya en un atractivo sueño infantil (hacerse diminuto y hablar con los animales, meterse en un mundo de animales dibujados) y dura apenas 74 minutos. El problema es que más que película parece un especial televisivo de una hora larga, y se hace un tantito monocorde, por más bichos y canciones que le pongan.

    Por suerte el payaso de tonada serrana es simpático, va siempre adelante sin dejar de pedalear como bicicleta de piñón fijo (de ahí su nombre), y los chiquitos lo quieren. En cuanto a la historia, ya se ha difundido, empieza con un show, sigue con la visita de un grillo pidiendo auxilio para los invertebrados de su charco, y ahí va nuestro héroe a enfrentar el peligro, haciéndose diminuto para entendérselas con don José Cuis Mandoni, que, como su nombre lo indica, es un cuis, y es el malo de la película porque quiere imponer un tema de su autoría como único repertorio a escucharse en toda la región. Diríamos, un equivalente al discurso único. Para lo cual podría indicarse una solución de tres componentes: buen ánimo, entendimiento general y canciones. Y a lavarse los dientes.

    Detalle interesante, se trata del primer film cordobés que mezcla animación con acción en vivo. En efecto, es una producción cordobesa, básicamente armada por Francisco DIntino («Rita y Li», «Caicaras, los hombres que cantan» y otras de Orsay Cine), Luciano «Bunny» Croatto (miniserie «Córdoba hacia el S. XXI» y otras promociones de Malevo Films) y El Maltés SA (empresa publicitaria de diversos gobiernos provinciales), con guión de Javier Morello y Pina Di Toto (coguionistas de la comedia de Daddy Brieva «Más que un hombre»). Eso sí, detrás está la imprescindible participación porteña de la experta Encuadre SA, encargada de hacer nada menos que los dibujos, y Edgar Allan Post, empresa de postproducción de imagen. Para ellas, el mayor mérito junto al payaso y el chivo que lo acompaña.

    Para curiosos, un detalle raro: como productor asociado figura un homónimo del serio consultor político que ha sido dos veces decano de la Facultad de Ciencias Politicas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba. ¿O tal vez no sea el homónimo? Mario Riorda es su nombre. En fin, esto no interesa a los niños, ni tampoco a sus madres, pero no deja de ser un dato gracioso.
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  • Tengo ganas de ti
    Tengo ganas de ti
    Ámbito Financiero
    Nula comedieta juvenil española

    El pecado original es de un italiano, Federico Moccia, que años después de participar en «Holocausto Caníbal II» hilvanó dos novelas para jovencitas afiebradas: «Tre metri sopra il cielo» y «Ho voglia di te», puntualmente llevadas al cine con protagónico de Riccardo Scamarcio, el carilindo ojos claros de la gay movie «Tengo algo que decirles». Visto el éxito, los españoles hicieron las correspondientes e inmediatas traslaciones: «Tres metros sobre el cielo», que llevó a las salas un millón y medio de criaturas suspirando a los gritos, y lo que ahora vemos.

    Quiere decir que ésta es la segunda parte del cuento. Lo que no aflige a nadie, primero porque hasta las jovencitas entienden qué pasó en la primera (los personajes lo repiten a cada rato) y segundo porque ya con ésta es más que suficiente. Solo se trata de un fulano con pose de Macho Pura Pinta subido a la moto, que se fue a Inglaterra y ahora vuelve y da veinte vueltas entre una señorita medio insulsa de familia conservadora que fue su amor, una loca suelta y levantisca que apareció en su camino, unos desafíos entre motociclistas con memoria de un amigo que se mató, y auxilio económico de un hermano rico. Al respecto, el hermano tiene plata porque trabaja, algo que el protagonista todavía no considera como forma de vida.

    Retrato

    Según propaganda en boca del director Fernando González Molina, la historia «hace un retrato sobre las dificultades de convertirse en adulto, sobre lo complicado de volverse a enamorar cuando te han destrozado el corazón». Puede ser. Y parece que superar esas dificultades lleva años, porque el actor que las interpreta ya va para los 30 y se nota, lo que hace que muchas actitudes de su personaje suenen ridículas.

    Bueno, a fin de cuentas eso no desentona con la película, que es ampliamente ridícula, artificiosa, farolera, superficial y larguísima: 124 minutos. Unico punto a favor, la muy atendible y deliciosa Clara Lago en el papel de loca suelta. Naturalmente simpática y sexy, apenas superaba la edad legal cuando vino a Pantalla Pinamar 2009 con «El juego del ahorcado», donde hacía su primer desnudo.
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  • Fausto
    Fausto
    Ámbito Financiero
    Buen “Fausto” pero no al nivel Sokurov

    Con toda sinceridad, esta obra es buena y hasta muy buena, pero decepciona un poco, porque Aleksandr Sokurov, el autor, ha hecho cosas aun mejores y con menos palabras, y también porque, por primera vez en todo su cine, muchas veces se acerca al límite de lo desagradable. El hombre siempre fue un exquisito, un alma sensible de gran sentido estético, pero aquí, bueno, baste advertir que ya la introducción nos muestra en detalle un cuerpo humano medio purulento escarbado por un obsesivo científico del S. XIX.

    Se trata de una versión libre muy lejanamente inspirada en el «Fausto» de Johann Wolfgang Goethe, cumbre del romanticismo entendido en su sentido original, y el «Doctor Faustus» de Thomas Mann, alegórica descripción del ser alemán capaz de dejarse convencer por el nazismo en su afán de absoluto. En este caso queda claro que el hombre de estudios pacta con el Diablo no tanto para seducir a la muchacha, sino por un angustiante anhelo de conocimiento científico y moral, y que el mayor riesgo de ese conocimiento es el abuso de los otros.

    El camino lo lleva desde su búsqueda del alma dentro del cuerpo humano, hasta el vagabundeo por el lugar más árido, acaso con el propio Diablo (o con su propio diablo) dentro suyo. Y ese demonio no es un hábil y elegante seductor, como se lo representa casi siempre en otros «Fausto», sino un viejo usurero, burlón, deforme, de cuerpo repulsivo y cola de cerdo, como se representaba durante el nazismo a los usureros «de la raza impura».

    Algo más: acá ni siquiera Margarita se encuentra enteramente limpia de la mugre y la degradación. Lo que pasa entre estos personajes y algunos otros, como un ayudante medio imbécil y varios necios de aldea, parece la llamativa, perturbadora suerte de ilustración de alguna «Metafísica del Mal». Ciertamente, es un explícito y amargo comentario de asuntos ya expuestos implícitamente en tres famosas obras del mismo autor sobre otros tantos buscadores de lo Absoluto: Hitler, Lenin e Hirohito (respectivamente, «Moloch», «Taurus» y «El sol»). Pero, curiosamente, esos hombres terribles que alguna vez habrán tenido buenas intenciones aparecían envueltos en un halo de piedad. El autor les tenía un poco de lástima, provocaba nuestra conmiseración. No es éste el caso, y por algo será.

    Postdata para rastreadores de Youtube: el Fausto que reclama primeramente a Dios y se preguntá dónde está, no puede apreciarse en esta obra, pero sí, curiosamente, en un admirable videoclip del tango «Tormenta», de Enrique Santos Discépolo, cantado por Rubén Juárez e ilustrado ¡con tomas del «Fausto» de Wilhelm Murnau, 1926! Ese sí que vale la pena (y es de autor anónimo).
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  • Uno
    Uno
    Ámbito Financiero
    Sencillo relato con un malo de antología

    Luciano Cáceres, el pelo oscurecido y cuchillo al cinto, protagoniza este relato de esquema clásico, enfrentado a un malo de antología: Carlos Belloso, también de cuchillo al cinto pero dueño del terreno y sabedor de las leyes de juego que él mismo impone. La historia transcurre en un pueblo de campo, pero los protagonistas no son gente de campo. Uno es arquitecto, caído ahí de casualidad. El otro, ya veremos qué es.

    La cosa tiene un prólogo. Pendiente de una mujer, el hombre se privó de atender a otra. Eso le ha quedado en la cabeza, aunque sigue pendiente de aquella ingrata. La cuestión es que, sin querer, llega a un pueblo desconocido y también sin querer se hace cargo de una linda huerfanita, heredera de una propiedad abandonada que reclama el dueño del pueblo. ¿Suena como un western? Solo que no hay caballos, y la linda huerfanita es una preadolescente con un mambo bastante serio en la cabeza. La maestra, el cura y el vecino también parecen medio raros. Ni hablar del referido dueño ni de «la chica del bar», hermana gemela de la maestra, ambas a cargo de Silvina Bosco, siempre tentadora.

    En suma, el forastero no está en su elemento. Y el malo se le aparece iluminado tal como en las películas de antes, cargoso, moqueando (esos grandes aportes de Belloso), y le propone borgianamente «una muerte muy honrosa, a cuchillo. Morir con honor en estos tiempos sería un privilegio». Y el ómnibus de regreso a la civilización ya pasó, se perdió, lo dejó de a pie.

    También pasan otras cosas, por supuesto, antes que ocurra lo que tiene que ocurrir, y que remata con una línea inesperadamente graciosa, reveladora del espíritu lúdico del autor. No todo lo que pasa lleva el ritmo ideal, es cierto, pero la película es breve, sencilla y afable. La primera de ficción de Dieguillo Fernández, que después codirigió «Puerta de Hierro» con Víctor Laplace, premio adquisición de Movie City en Mar del Plata, y antes hizo con Juanca Andrade un buen documental carcelario, «No ser Dios y cuidarlos», y antes aún, con Diego Sabanés, un corto memorable: «¡Ratas!». Rodaje en Santa Isabel, Pontevedra y Uribelarrea, justo en la misma vereda de la iglesia donde Leonardo Favio rodó la fiesta de «Juan Moreira» que deriva en tiroteo, donde achuran a un tipo en una muerte, la verdad, muy poco honrosa. Pero ésa es otra historia.
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  • La delicadeza
    La delicadeza
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    Sobre las perplejidades del amor

    No se detendrá el mundo por esta pequeña película, pero bien puede uno detenerse ante ella. Lo que cuenta, aunque tiene sus vueltas, es sencillo y en parte previsible. No el final, que en vez de previsible solo podríamos calificar, precisamente, de delicado. Se entiende: los sentimientos de los personajes son delicados, y así los percibimos, aunque el esquema sea tan viejo como las historias de amor según las cuenta habitualmente el cine: chico encuentra chica, chica pierde al chico, chica encuentra otro chico.

    El detalle, es que en esta historia el primer paso se da como parte de un juego de enamorados, y el segundo se vive realmente como un drama, expuesto con cuidado pero triste de veras, con la angustia de lo que se perdió para siempre demasiado pronto. Y el tercer paso, bueno, cuando empieza a desarrollarse el tercero la chica ya es una mujer, que se ha refugiado en el trabajo, pero no puede refugiar, en un lugar donde se pierdan de vista, las penas ni los temores que la acompañan más tiempo que ninguna pareja.

    Ahí es donde aparece el otro. Extranjero en todo sentido, del país donde vive, del mundo femenino, y hasta del simple concepto de elegancia. El no está triste. Sólo está desconcertado, asustado. En circunstancias normales una joven fina y profesionalmente bien establecida no le daría ni la primera oportunidad. Pero la vida casi nunca nos ofrece circunstancias normales, y esta película tiene varias situaciones muy parecidas a la vida. Y otras, que son de película, lo cual también se agradece.

    Todo, bien expuesto, con buen uso de saltos y sugerencias en la descripción del paso del tiempo y los cambios de pareceres, sensible captación del dolor y de las perplejidades que causa el amor, incluso el temor de una amiga que no sabe cómo compartir una alegría, y, para la exacta interpretación de la historia, el grandote tierno de François Damiens, y los ojos enormes y negros, el cuerpito de junco, el sencillo encanto de Audrey Tautou. Realizadores, los hermanos David y Stéphane Foenkinos. Este último tiene larga trayectoria como director de casting, lo que garantiza un reparto bien armado. Y el otro, es novelista. Y en este caso, primero escribió la novela, la publicó con éxito, y luego, por suerte, supo adaptarla con criterios de cine (a propósito, para quien esté interesado, hace un año salió la edición en castellano).
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  • Blackie: una vida en blanco y negro
    Modelo de documental a la altura de una mujer extraordinaria

    Está tan extendida entre nosotros la costumbre de aplicar cariñosa y generosamente el calificativo «negra», o «negrita», que ni siquiera nos sorprende verlo aplicado a una blanca judía. La sorprendente era ella, a quien le decían «negrita». Con la paquetería de hacerlo en inglés: «Blackie». Y con el sello que la consagraba una auténtica negra honoraria de la mejor estirpe: Paloma Efron, alias Blackie, fue la primera mujer que nos hizo escuchar en vivo el jazz y los negro-spirituals.

    Pero ese es solo uno de sus múltiples aportes a la cultura general de los argentinos. Periodista, conversadora radial de las mejores, organizadora de conciertos, actriz, conductora y productora de radio y televisión, creadora de programas inolvidables, desde «Volver a vivir» y «Odol pregunta» hasta «Titanes en el ring», impulsora de variados proyectos, incluso eficaz vendedora de guiones argentinos en Hollywood, y, ante todo, buena persona, Blackie ha sido palabra mayor en la historia del espectáculo nacional. Digna de recuerdo y emulación, ya hay libros sobre ella, pero hacía falta un buen documental. Acá está, y es realmente bueno.

    Alberto Ponce, montajista de la miniserie de Favio, los documentales de Solanas, y varias películas de (entre otros) Caetano, Lerman, Szifrom, Michanié, de Luque y Diego Sabanés («Mentiras piadosas»), elaboró con este último una interesante estructura, que además «humaniza» el relato a través de una sencilla convención: una entrevista, el relato de una vida contado en primera persona por una voz similar a la de Efron, intercalando una impresionante cantidad de fotos, películas, afiches, programas, algunas reconstrucciones, y unos cuantos testimonios que enriquecen el relato principal.

    La que habla con una voz similar es Dora Baret. Los textos corresponden al libro «Memorias y recuerdos de Blackie», escrito por Ricardo Horvath. Y entre los testimoniantes aparecen Horvath, Hinde Pomeraniec (otro referente, su libro «La dama que hizo hablar al país»), Carlos Ulanovsky, Luis Pedro Toni, Martínez Suárez y otros, pero, sobre todo, cinco personas a las que ella dio especial rango de amistad: Marta Tedeschi, Tito Bainoff, Segismundo Holzman (pioneros de la TV que la acompañaron detrás de las cámaras), Leocadia Padilla y Ramona Díaz (sus «negritas», como ella les decía). Son estas últimas, quienes mejor nos hacen entender la altura humana de Paloma Efron.

    Para espectadores con algunos años, esta película también es un «volver a vivir». Para otros, es empezar a aprender. Cómo fue esa mujer extraordinaria, cómo fue dejando huella, cómo se la recuerda, y cómo antes se respetaba al público. Y también cómo se hace un documental. Lo dan los domingos en el Malba, lo darán recién desde el 27 en el Gaumont, pero, de veras, vale la pena.
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  • Elsa y su ballet
    Elsa y su ballet
    Ámbito Financiero
    Documental de estreno tardío

    Es una lástima que la programación del Gaumont pierda de vista el sentido de algunas fechas. Ayer, atendiendo al centenario de Paloma Efron, tendría que haber estrenado el documental de Alberto Ponce «Blackie. Una vida en blanco y negro», que, dicho sea de paso, es muy bueno, pero lo dejó para el 20. Y recién estrenó «Elsa y su ballet», que hubiera tenido más efecto presentándose antes del 30 de noviembre, fecha en que el mencionado grupo artístico terminaba su temporada en el Espacio Cultural Garrick, así de paso le hacía un poco de propaganda.

    En efecto, la compañía de baile de Elsa Agras existe de veras, pero puede verse pocas veces al año. ¿Y quiénes son doña Elsa y sus bailarinas? Bueno, digamos que la más joven confiesa 40 años, y la más grande luce como 90. La propia conductora tenía 87 cuando la filmaron. Y, lo más interesante, es que empezó con su cuerpo de baile recién a los 71.

    Chinchuda, trabajadora, inventiva, ella atiende desde la enseñanza y la coreografía hasta la infraestructura de sus espectáculos, maneja la computadora y, figuradamente, el látigo. Sus chicas son amas de casa, jubiladas, o profesionales de otra cosa, que se acercaron para hacer algo de expresión corporal, mover un poco las articulaciones, o entretenerse un rato por las tardes. Y se entusiasmaron, aceptaron la exigente disciplina y el mal humor de la conductora, sintieron que podían pisar un escenario sin hacer papelones, y lo pisan y bailan con todo gusto.

    Darío Doria y su habitual guionista Luis Camardella siguieron en «Grissinopoli» un proceso de rearmado y consolidación de empresa por parte de gente obligada a ocupar nuevos puestos cuando ya parecía que se iba a jubilar en los viejos. Ahora ambos cineastas siguen debidamente este otro proceso, de carácter artístico, registrando los preparativos de una temporada anterior, cuando el grupo se presentó en el Empire. Lo hacen con respeto, claridad y simpatia. Hay dedicación, está terminado desde hace meses, en fin, lo dicho: bien pudo estrenarse en plena temporada.
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  • Despedida de soltera
    Despedida de soltera
    Ámbito Financiero
    Llegó la hora de las groserías femeninas

    En este asunto de la igualdad de géneros, ¿por qué no iban a aparecer comedietas donde las mujeres fueran tan o más vulgares y guarangas que los hombres? En Estados Unidos ya las están haciendo, y éste es solo un botón de muestra. Un trío de grandulonas efervescentes debe asistir al casamiento de una antigua compañera de colegio. Ellas son flacas, vivas, zarpadas, les gustan los trapos finos y los tragos largos de variado envase. La otra es gorda, simple, pero se va a casar antes que ellas. Excitadas por el simple gusto de divertise a costilla de los otros, y también un poco envidiosas, las tres locas van a hacer desastre. Esa es la idea, y ésa es también la mayor diferencia: en una película de varones, la razón del mal comportamiento sería, en el fondo, la desazón de perder a un compañero de andanzas y tomar conciencia del paso del tiempo.

    Bueno, acá también estas mujeres toman conciencia de alguna que otra cosa, sobre todo cuando rompen el vestido de la novia faltando pocas horas para el casamiento. La intriga por ver cómo arreglarán el estofado y la agitación del relato aportan el necesario entretenimiento. Fuera de eso, y de una lluvia de diálogos procaces y chistes verbales, no hay mucho que apreciar. Ah, perdón, las protagonistas son apreciables. Kirsten Dunst es la tilinga conductora, harto perfeccionista, Isla Fisher la medio tonta, Lizzy Caplan la ninfo-melanco capaz de ciertas reflexiones, y Rebel Wilson es la gorda buena.

    Guión y dirección, tal vez con ilusión de convertir esto en el piloto de una serie televisiva de trasnoche, Leslie Headland, adaptando una pieza teatral de su autoría sobre el pecado de la gula. Productor, Will Ferrell, con lo que ya está todo dicho.
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  • Una mujer sucede
    Una mujer sucede
    Ámbito Financiero
    Demasiada literatura no le conviene al cine

    Algunos conocen San Carlos de Bolívar por las menciones mediáticas en un programa de entretenimientos. Algunos, por su presente deportivo, su pasado representativo de la colonización bonaerense, o simplemente porque está de paso. El Bolívar de unos puede no ser el de otros, como la mujer de esta historia no es la misma para ninguno de los tres hombres que hablan de ella a lo largo de una noche de lluvia en un velatorio.

    Pablo Bucca, nativo del lugar, cortometrajista autodidacta, durante dos años director del canal local de televisión, y ahora también creador de una muestra nacional de cine, hace su primera película en Bolívar mismo, adaptando una novela de su coterráneo Luis Alberto Lozano, finalista del premio Clarin 2002 y luego publicada en Sudamericana (dicho sea de paso, en 2011 ganó al fin ese premio con la novela «Lloverá sobre nosotros», que, curiosamente, era el primer título pensado para «Una mujer...»).

    La historia tiene su intriga. Una desconocida ha ido a pedir trabajo al municipio y al salir ha muerto de golpe en la calle. El organismo se ocupa del velatorio, y un empleado municipal hace guardia por si aparece algún pariente, pero en su lugar solo cae un infeliz buscando refugio de la lluvia, y luego un tipo algo misterioso. Cada uno cree reconocerla, y cuenta quién habrá sido, pero nadie concuerda. Periodista ligada a un guerrillero, sexualmente medio perversa, adúltera de vida confusa, enferma de leucemia o emigrada que formó otra familia, mujer sencilla que fue quedando ciega junto a un hombre simple y afectuoso, ¿quién habrá sido, realmente? ¿Habrá una sola respuesta? El desenlace es cortazariano, pero les ha permitido a esos hombres pasar la noche en vela, reflexionar un poco, y tal vez evocar ciertos afectos que han vivido.

    No funciona del todo en la pantalla, porque lo literario pesa sobre los diálogos y sobre algunas situaciones. Se pierde credibilidad. Por suerte se mantiene la curiosidad. También se reaviva el recuerdo: allá por 1942, inspirados en «El ciudadano», el director Carlos Borcosque, el comediógrafo Carlos A. Petit, y la gran Libertad Lamarque hicieron un melodrama muy interesante: «Yo conocí a esa mujer», donde diversas personas discutían sobre el pasado y las lejanas razones de una cancionista en desgracia, sin que nadie pudiera dar con la verdad. Aquel melodrama tenía defectos similares a los de esta película, y también unas cuantas virtudes. Pero ésa es otra historia.
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  • El décimo infierno
    El décimo infierno
    Ámbito Financiero
    Giardinelli es mejor como novelista

    Los protagonistas de esta película son Patricio Contreras y la neuquina Aymará Rovera en plan de amantes criminales. Tan criminales que el resto del elenco debería ser nombrado por orden de desaparición. Acá abundan los asesinatos, para colmo asesinatos a lo bestia, tanto que la calificación oficial es para mayores de 16 con reservas. La película es breve y contundente, como el libro en que se inspira, donde un agente inmobiliario, agobiado por el calor del Chaco, masacra a su socio, roba la caja fuerte y se va con la mujer del muerto, que es otra que sufre mucho el calor y poco y nada los remordimientos. Ese es el comienzo del film, que sigue prácticamente cada página del texto original, cosa lógica considerando que el novelista y el director son la misma persona.

    La diferencia, es que en el libro vamos apreciando mejor las reflexiones e impresiones del criminal contadas por él mismo: su desprecio al común de los mortales, sobre todo a los calmos, las razones de su metejón con la esposa del socio, el gusto de llevarse todo por delante («Chac, y a la mierda el asqueroso sujeto»), y su miserable justificación en la supuesta hipocresía de los otros, para quienes inventa un décimo círculo en el Infierno, ignorando que el Poeta ya les había asignado el octavo. Ignora, además, o lo pretende, que él y su cómplice también son duchos en el arte del careteo, y que ya se merecen también, ampliamente el segundo, el séptimo y el peor de todos, el noveno y último círculo.

    La película, en cambio, da vueltas sin mayor crecimiento dramático después de los primeros espantos, se queda en la mera ilustración de los crímenes y los actos libidinosos («empujándonos como tractores»), y es algo irregular en su expresión, defecto comprensible tratándose de una obra hecha por mayoría de principiantes. Sólo el codirector tenía experiencia previa en largometrajes.

    Bien pensado, el uso de imágenes de humo y fuego, alusivas al Infierno y también a los sentimientos que los protagonistas se profesan: «flama, llamarada, brasa, tizón. Queman como un demonio y te volvés loco a un punto tal que sólo querés apagarlos». Muy bien, Patricio Contreras y Aymará Rovera. Y para otra vuelta, la historia del dentista «que había sido diputado justicialista pero no ladrón», el estafador que amablemente infartó a un par de usureros, y otros pocos personajes del libro que milagrosamente quedan vivos.
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  • La inocencia de la araña
    La inocencia de la araña
    Ámbito Financiero
    Relato inquietante en tierra de “payés”

    La araña, una tremenda tarántula, es inocente. Tampoco percibe diferencias entre lo moralmente bueno y lo malo. La nena más chica todavía es bastante inocente. Pero con el tiempo quizá desarrolle alguna rapidez para la malicia. Su amiguita, levemente más alta, es bastante rápida, maliciosa, y mala. Ambas, con el resentimiento propio de las más chiquitas de la clase, se juntan a chusmear sobre las más grandes. Y la más grande es la profesora de gimnasia, bien desarrollada, rápida, maliciosa, mala y dominadora. Y de mala fama. El profesor de biología, un tremendo buenote, encima lindo, es inocente.

    Tales son los personajes, tales sus posibilidades. La araña en su casa de vidrio sin tapa, el profe en una casa vieja sin tomar precauciones, la acción en una localidad formoseña vecina al monte, tierra de payés, donde se juntan las alimañas, las tormentas, y los corazoncitos de extraños razonamientos. ¿Qué nena no se enamoró sanamente de algún profesor joven, y no hizo cosas insanas para que ninguna otra mujer se le arrime?

    Relato inquietante, protagonizado por dos criaturas. Medio perversas, eso sí. Y lo que podría jugar en contra de la realización, la actuación tipo lectura recitada de las nenas, nos desarma con la doble ingenuidad de los personajes y sus intérpretes. También hay dobles comentarios, de las chicas que idealizan al hombre, y de la música que nos advierte o nos divierte, según convenga a los sucesos en trámite. Que la película pudo ser mejor, es cierto. Pero apunta bien, sigue a los pequeños clásicos de la extrañeza, y cae simpática. Sobre todo cuando se advierte que tiene un único actor de experiencia, Juan Gil Navarro, y que todo el equipo y el propio director son debutantes. El susodicho director, también guionista, se llama Sebastián Caulier. Un nombre a tener en cuenta.
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  • 7 días en La Habana
    7 días en La Habana
    Ámbito Financiero
    Pocos días realmente buenos en La Habana

    Siete días que reflejen siete facetas del espíritu habanero, mostradas por siete directores de variado estilo y criterio, en otros tantos cortometrajes. La Fundación Havana Club, cara cultural del joint venture franco-cubano fabricante de ron, tuvo la idea. Una productora francesa y otra española se aliaron para concretarla. Un guionista cubano, el escritor Leonardo Padura, escribió y coordinó las historias, salvo en los casos de Gaspar Noé, que es pura improvisación y así le va, Pablo Trapero, que toma vuelo propio a partir de un cuento de Padura (no de un guión), y Elia Suleiman, que hace la suya. Vamos por orden.

    Lunes. «El Yuma», de Benicio del Toro. Josh Hutcherson como el típico joven americano envuelto en festicholas, tragos y enredos idiomáticos. Previsible pero no está mal. Martes. «Jam Session», de Pablo Trapero. Emir Kusturica en rol de Kusturica curda full time tipo «Toby Dammitt» del Tercer Mundo, pero capaz de lograr emotiva comunicación musical con un artista que se las rebusca como chofer, Alexander Abreu. Bien hecho, vamos mejorando.

    Miércoles. «La tentación de Cecilia», de Julio Medem. A la miércoles, qué bajo ha caído Medem, desde sus enredos de amor hasta este episodio de chica bonita jugándose la honra en manos de un productor discográfico europeo. Tan malo que dan ganas de irse.

    Jueves. «Diario de un principiante», de Elia Suleiman. Una joyita. Recién llegado, un palestino triste sale de paseo y sólo ve cubanos tristes mirando el mar, y cada vez que pasa frente a la tele está hablando Fidel. Eso es todo y ahí está todo, en planos bien armados de soledad y callada angustia, en las miradas y el absurdo que parece vivir su personaje, que es él mismo. Este corto se da la mano con la hermosa, acongojante y valiente «Suite Habana» de Fernando Pérez. Este corto nada turístico es, de lejos, lo mejor de la película.

    Viernes, «Ritual», de Gaspar Noé. Los padres descubren que a la nena le gustan las nenas, y todo deriva en un largo rito afrocubano de reorientación sexual cumplido en medio de la noche oscura. Si el espectador quiere ir al baño puede aprovechar este momento.

    Sábado. «Dulce amargo», de Juan Carlos Tabío, único autor cubano del grupo, en otro de sus relatos costumbristas sin pelos en la lengua. Para el caso, un héroe de guerra y una psicóloga, gente de edad y respeto, luchando por cumplir los pedidos de delivery con que hoy se ganan la vida. Cine popular, Mirta Ibarra, Jorge Perugorría, citas de «El cuerno de la abundancia», visto años atrás en Mar del Plata, y más amargura que risa. Para tener en cuenta.

    Y domingo, «La fuente», de Laurent Cantet. Pasatiempo pintoresquista de cubanos felices siguiendo los antojos de una vieja durante los preparativos de una fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre travestida en rito de Oshún. Otro que se viene abajo. Bien podrían decirle extranjero crédulo y paternalista, aunque en su defensa digamos que es medio entretenido. Y eso es todo, así que mejor será que la semana próxima nos agarre en otro lado.
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  • El Impenetrable
    El Impenetrable
    Ámbito Financiero
    Logrado documental sobre arduo trámite

    Autores de «Tierra de Avellaneda», «Fasinpat. Fábrica sin patrón», «La nación mapuce» (sin hache) y otros títulos, el matrimonio de Daniele Incalcaterra y Fausta Quatrini hace aquí un documental bastante arriesgado, no porque corran mucho peligro, sino por el desafío que implica contar de modo entretenido las alternativas de un trámite de propiedad de tierras.

    Claro, no son tierras comunes. Están en pleno Chaco Paraguayo. Peor aún, están en medio de un latifundio del mayor empresario agroexportador del Paraguay. Otra cosa: esas mismas tierras han sido vendidas más de una vez, así que tendrían más de un dueño para reclamar por sus derechos reales o supuestos.

    Cuánta molestia, y todo eso sin contar los mosquitos, jejenes, bichos colorados y otros habitantes naturales de esos campos perdidos. Y lo más raro, los dueños de esas posesiones no las quieren. Se trata de dos hermanos, Amerigo y Daniele Incalcaterra. El padre las compró para ellos, pero Daniele cree que las consiguió gracias a su posible amistad con el finado general Stroessner, aunque eso el film no lo demuestra. Entonces, viene tan sólo a corroborar su dominio, y donarlo para reserva natural. Y que dicha reserva sea administrada por los indios ñandevas de la región.

    Eso se dice fácil, y suena noble y desprendido. El detalle es que para desprenderse debidamente nuestro director y protagonista debe vérselas con administradores, fiscales, secretarios, abogados, topógrafos de parte, consejeros, funcionarios de Catastro, etcétera. Y con el susodicho gran empresario, el brasileño Tranquilo Favero, alias El rey de la soja. La escena en que ambos conversan inclinados sobre los mapas no tiene desperdicio. ¿Favero envuelve maravillosamente al recién llegado para justificar ciertos usos de campos ajenos, o es un productor sinceramente convencido de su misión en la Tierra, o sea, proveer alimentos a la creciente población del planeta?

    Otras escenas aportan pintoresquismo, asombro, medida gracia. Hay diversos animales, voces diversas (se habla mucho el yopará, o jopará, equivalente al portuñol de otras regiones), y, ofreciendo algo de claridad, también hay algunos biólogos, caciques, y expertos en medio ambiente. Y también está Fernando Lugo, entonces presidente del Paraguay. Esa parte es medio aburrida, pero redondea la película y hace culminar debidamente los esfuerzos del referido donante y protagonista. Puede advertirse alguna breve pérdida de ritmo, alguna pequeña puesta en escena, pero es un documental realmente logrado, entretenido, e instructivo. En ciertas partes también da miedo.
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  • Gricel. Un amor en tiempo de tango
    La verdadera Gricel de Contursi

    Circulan algunas leyendas acerca de la mujer que inspiró a José María Contursi varios de sus mejores temas, como «Cristal», «Como dos extraños», «Cada vez que me recuerdes», y otros, entre los que sobresale «Gricel». Con música del entonces llamado Marianito Mores, hoy el maestro Mariano Mores. Y una primera grabación a cargo de Aníbal Troilo, su orquesta y su cantor Francisco Florentino, 1942.

    ¿Pero de veras existió Gricel? ¿Es cierto lo que decían de ella? ¿A qué amor de su pasado dedica Contursi su tango-canción? ¿Y si no fue solo de su pasado, sino que se mantuvo a lo largo del tiempo como un amor oculto, y eso de «ni te acuerdas de mí» fue solo una figura poética, o una trampita para disimular ante la esposa del poeta? Porque él ya era casado, con lo que el comienzo del tango («no debí pensar jamás/ en lograr tu corazón») está hablando de dos pecados, uno explícito en la letra («y con mis besos te aturdí/ sin importarme que eras buena») y otro implícito y hogareño. «Seguía las pautas de la época», lo comprende alguien muy cercano.

    El documentalista Jorge Leandro Colás («Parador Retiro», «Más que amor es un sufrir») va en busca de la verdad. Lo hace a través de un joven cantante lírico que aporta su presencia y algún oportuno párrafo de su repertorio, como el «aprite un poquegli occhi» de «Las bodas de Figaro». A él, en Buenos Aires, le cuentan lo que saben José Gobello, Osvaldo Fresedo, Oscar del Priore y otros memoriosos. Le hablan de la rutina de «los claritos» a media tarde, el Marabú, el puchero de gallina en El Tropezón, las diferencias entre Pascual y José María, la culpa y la condición humana en los versos del hijo, los cantores que pretenden «mejorar» las letras, y cómo era ella. «Todos conocíamos a Gricel», le dicen.

    Pero alguien le cuenta algo más: Alicia Contursi, la hija que también conoció a Gricel. Y luego, en Capilla del Monte, los vecinos hoy viejitos que la conocieron como Susana, y la nieta, que supo del romance recién cuando murió la abuela y aparecieron los periodistas. Y entre medio, las cartas de amor, las fotos de época, el actor que hoy, por los pueblos serranos, presenta un unipersonal sobre aquellos amores, toda esa historia vivida en la mayor discreción, que se terminaría mostrando públicamente recién en la vejez. Y el miedo de Contursi a la locura. Y la visita del viajero a la capilla. ¿Sería ese que ahí vemos, «el Cristo aquel» que menciona la canción?). Y algunas otras cosas, que pocos habrán imaginado y aquí afloran, provocando interés y hermosos sentimientos.

    Buena búsqueda, conducida por Cristina Marrón Mantiñán. Buen armado, aunque uno por ahí se quede con ganas de escuchar las versiones de Goyeneche, Jorge Sobral, o el flaco Spinetta. Pero, seguramente, conseguir los derechos hubiera salido casi tanto como lo que salió hacer la película.
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  • Dulce de leche
    Dulce de leche
    Ámbito Financiero
    Sencillo romance destinado al público adolescente

    Mariano Galperín, fotógrafo y cineasta, va probando diversos géneros y riesgos. A primera vista, sus películas no se parecen entre sí. Pero, en todo caso, ni el chichoneo blanco y negro de «Mil boomerangs», la acción truculenta de «Chicos ricos», ni el grotesco de «El delantal de Lili» permitían imaginar este «Dulce de leche». Que se parece bastante al dulce de leche: bien representativo de nuestros gustos, sencillo de hacer, difícil de rechazar, y tan propio de la cocina que su presencia nos resulta lógica. Pero hay que saber hacerlo. Y paladearlo sin relajarse.

    Lo que vemos es así, una historia sencilla de un simple enamoramiento entre adolescentes de algún pueblo rodeado de campo chato y tranquilo. Pero ya se sabe que el primer amor nunca es simple, y cuando acontece nada queda tranquilo. Peor aún si se pretende separar a los enamorados.

    La directora, los padres, representan la incomprensión y represión, así lo sienten los chicos. No es cuestión de exagerar, por supuesto, comprenderemos luego al ver un padre que se hace el antipático pero también puede hacer (un poquito) la vista gorda. En todo caso, la atracción, el esfuerzo de seducción, la emoción de los primeros descubrimientos, la aflicción al ver el bien negado, la lucha por recuperarlo, son etapas que los protagonistas irán transitando, para deleite y complicidad del público adolescente al que aspira la obra.

    Los intérpretes son Ailín Salas, bonita, natural, y Camilo Cuello Vitale, jugando adecuadamente la figura del héroe desgarbado. Sus escenas de amor resultan creíbles, con química, como se dice, y también con delicadeza. El propio director ha participado en la fotografía. Del resto, también hay actuaciones naturales, un interior de provincia reconocible, y, medio básico pero logrado, un capítulo final de carreras, persecuciones, y decisiones firmes. No es un detalle menor, que la decisión más urgente vaya en contra del deseo de los padres, pero también en contra de lo que hoy suponen ciertos sectores progres, ajenos al amor adolescente.

    Marcos Rauch, Naiara Awada, y otros chicos completan el elenco juvenil. Luis Ziembrowski, Paula Ituriza, Florencia Raggi, Vivi Tellas, Martín Pavlovsky, el equipo de los veteranos. Duración: 86 minutos. Rodado sin créditos del Instituto.
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  • Las chicas de la banda
    Las chicas de la banda
    Ámbito Financiero
    Un volver a vivir bien contado

    Si uno solamente lee la sinopsis de esta película creerá que ya ha visto cuatro o cinco semejantes. Craso error. El punto de partida puede ser similar a otras.

    El empuje es bastante similar. Pero no el desenlace, y también hay otras cositas distintas en el camino.

    Una señora cercana a los 70 años sale del cementerio. Su marido bastante gruñón la está esperando, apurado por volver a casa antes que anochezca. Así le va. Ahora la señora está viuda, le sobra el tiempo, y en vez de arrinconarse en los recuerdos se le da por resucitar un trio musical que tuvo cuando adolescente con sus amigas, una de las cuales todavía está en la materia: dirige el coro de la iglesia. ¿Por qué no juntarse de nuevo y hacer incluso algunas presentaciones? «Tengo la misma edad de Mick Jagger» es una buena razón.

    Uno de los hijos es hombre formal, padre de familia, pero le da aliento. Piensa en términos de terapia. El otro es un tiro al aire, insociable, impresentable, un músico fracasado dedicado a remixar y sexualizar cualquier tema. Esas señoras, en cambio, amodorran devotamente el «Ne me quitte pas» que Jacquel Brel grabó allá por 1959, y sólo quieren «volver a los 17» en sus recuerdos. ¿Qué puede pasar si alguna vez se juntan? ¿Si ellas aprenden ciertos secretos vitales del rhytm & blues y el pop moderno? ¿Cómo se puede complicar esa experiencia? Y si llegaran a participar en algún certamen de aficionados, ¿cómo puede terminar su aventura? No crea el lector que van a ganar así nomás como si esto fuera un simple pasatiempo americano. De eso tiene el esquema básico y el gancho, pero no el corazón ni la mirada. Algo inesperado ha de ocurrir, y es natural que ocurra, pero está muy bien contado.

    Con dosis adecuadas y alternadas de realismo, sonrisas, entusiasmos, y melancolía, esta comedia dramática demuestra que no todo es «copie y pegue» en la vida, ni en la música, y que el cine belga no lo hacen solamente los hermanos Dardenne. Un nombre para anotar, aunque cueste memorizarlo, Jean-Claude van Rijckeghem, coguionista y productor, de quien acá se estrenó, años atrás, la sentimental «Moscú, Bélgica». Otro nombre más fácil, Marilou Mermans, la veterana y agradable protagonista.
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  • Las malas intenciones
    Las malas intenciones
    Ámbito Financiero
    Sólido film peruano merecía mejor estreno

    Candidata peruana al próximo Oscar, llena de galardones internacionales, incluyendo uno especial de Gramado por dirección de niños, y el de mejor film latinoamericano en Mar del Plata 2011, es una lástima que esta buena comedia dramática se estrene tan calladamente. Acida, inquietante, sugestiva, bien hecha, tiene además una característica particular: su personaje protagónico es tan odioso como comprensible, frágil y temible, egoísta y heroico.

    Se trata de una niña enfermiza de ocho a nueve años, carácter solitario e imaginativo, clase pudiente y padres separados (ella antipática, él medio frívolo) que le prestan escasa atención. Para peor, la madre va a darle un hermanito con su nueva pareja. Todo eso, justo en una etapa en que la criatura, llamada Cayetana de los Heros, está obsesionada con las muertes terribles de los próceres de su tierra, desde Tupac Amaru y el mensajero José Olaya, muerto bajo tortura por los españoles, hasta el almirante Miguel María Grau, El Caballero de los Mares, muerto en combate durante la Guerra del Pacífico. «De derrota en derrota, hasta la victoria final», clama uno de ellos delante de la niña, que en su cabecita charla con ellos, o con sus fantasmas.

    Ella puede ser heroína frente al asma, la soledad, o su propio egoísmo (recuérdese al historiador peruano Jorge Bassadre: el mayor acto heroico es el desprendimiento). A la vez, discreta pero claramente, la obra nos muestra la distancia entre personas y clases. Y nos descubre un telón de fondo: comienzos del acostumbramiento al clima de atentados y amenazas terroristas que abrieron el infierno en ese país en los 80. Aclaremos, la obra no es política.

    Pone ese fondo y esos mártires, y está en nosotros percibir acaso una continuidad histórica o ciertas características del espíritu andino. Pero lo importante es el conflicto de una niña frente a la llegada de su hermanito, porque, como le dijo el ambicioso Bolívar a San Martín, «Dos soles no pueden brillar en el mismo cielo». Y al final llueve.

    Autora con todas las letras, Rosario García-Montero. En el elenco, la niña Fátima Buntinx, muy bien, Melchor Gorrochátegui como el viejo chofer mulato, paciente y sabio (hermoso personaje), y la reaparición del argentino Fernando de Soria como el abuelo. Otros nacionales son Rodrigo Pulpeiro, director de fotografía, Rosario Suárez, editora, Guido Beremblum, Roberto Migone, Lisandro Rumeau en el departamento. de sonido, Bruno Fauceglia y el coproductor Stephen Akerman («Vendado y frio», «No te enamores de mi»).
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  • El rascacielos latino