Migue Fernández
  • Cantidad de críticas: 155
  • Promedio: 62%
  • Críticas favorables: 106/155 (68%)
  • Críticas desfavorables: 49/155 (32%)
  • Diferencia absoluta: 9%
  • Email de contacto: No disponible
  • Twitter: @cinescondite
  • Medio donde critica: Cinescondite
  • Battleship: Batalla naval
    Es muy sencillo hacer una crítica negativa sobre Battleship por el simple hecho de que busca legitimarse como una realización de aquellos que trajeron Transformers. Una simple línea basta para provocar mala predisposición, al dar cuenta de una aspiración tan escasa a nivel producción y una ambición tan grande a nivel mercado. Si a esto se suma el hecho de que está basada no en una novela, un cuento o una historieta, sino en un juego de mesa, la combinación es irresistible para aquel que se dirige de antemano con el puntaje en la cabeza. Sin embargo hay un aspecto que no se podía prever y que lleva a que no pueda ser denostada sin más: su alto grado de autoconsciencia.

    Sabedora de sus limitaciones, hace estallar por los aires lo poco que tiene, y si bien durante buena parte ofrece un panfleto escrito por el Tío Sam, por otras deja de tomarse en serio y acierta el tono justo. Peter Berg ofrece una mejor propuesta de lo esperado por hacer exactamente el camino inverso que con su fallida Hancock. Si en aquella la comedia se hacía a un lado y abrazaba una ridícula historia de tono grave, en esta la solemnidad propia de la guerra naval se abandona en pos del humor y lo lúdico.

    Desde luego que la película funciona con el control remoto de producciones similares, con un desarrollo que se mantiene hasta cierto punto, cuando sencillamente se abandona todo a los expertos en efectos especiales. Cabe destacar que no se trata de una producción 3D, algo que llama poderosamente la atención, lo cual no significa que no esté bien provista de explosiones y del ya habitual slow motion exagerado al punto de la parodia. Con personajes delineados con brocha gorda y una historia sin mucho por destacar, el guión de los hermanos Jon y Erich Hoeber (Red) se guarda, de todas formas, algunas originales sorpresas.

    En primer término una vuelta de tuerca en el marco de la guerra conduce a que la Batalla Naval en sí se haga presente. Por si quedaban dudas acerca de la adaptación del juego de mesa, se trata de una inclusión literal que, si bien puede parecer forzado, a las claras se ve como un acierto. Ese respeto de la tradición, pero sobre todo del juego en sí, alcanzará su punto mayor con los soldados a los que se acabará recurriendo. Es que, como bien lo saben los niños, no hay juguetes descartables, aún rotos o viejos pueden seguir ofreciendo buenos momentos. En tiempos del culto a lo nuevo, una película como Battleship sorprende. Es que Peter Berg sabe, no en el mismo sentido que los Village People pero la frase sirve, que se puede encontrar placer en la Marina.
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  • 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas
    Durante décadas Nicolás Rubió ha pintado óleos de sus recuerdos del exilio, de sus años en un pequeño pueblo al que huyó junto a su familia durante la Guerra Civil Española. Su cotidianidad está anclada en su pasado, si bien pasaron más de 70 años de esa etapa, él la sigue retratando con la misma pasión, poniendo en cada cuadro el mismo esfuerzo que dedicó en los 600 anteriores. Con 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas, el director Fernando Domínguez reconstruye dos períodos de la vida del artista, el actual, obsesionado con un recuerdo que se ha desvanecido, y el de la infancia tan presente.

    Un detalle menor como la cantidad de ventanas del frente de su casa en Vielles, aspecto vital para Rubió que es el único que lo podría notar, impide que pueda seguir adelante con su último cuadro. El realizador documenta este bloqueo y las consecuentes llamadas del pintor a sus conocidos en el extranjero para que lo ayuden a rememorar. Allí reside uno de los platos fuertes del film de Domínguez, el retrato de la impersonalidad con que el otro se comunica con sus amigos, con su interés concentrado en nada más que su cuadro.

    El logro en ese sentido se contrarresta en parte con la otra cara de la película, que es la intención de contar la historia de Rubió a través de sus pinturas. La riqueza visual con sus óleos vivos, en movimiento, pierde fuerza por su modo de narrar, con un texto escrito y leído por el propio pintor. De esta forma, la historia contada a través de las pinturas se ve subordinada al relato del artista, subrayando con cuadros cada tema que aborda en su lectura.

    El trabajo de Rubió es vasto, incluso ha tenido un período como realizador de cortometrajes. El recorte de Domínguez permite un apreciable acercamiento a su obra, pero en la construcción del relato no se termina de compartir la fascinación por su pasado.
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  • Comando especial
    Comando especial
    Cinescondite
    "Verán, los tipos encargados de esto carecen de creatividad y están completamente sin ideas, así que todo lo que hacen ahora es reciclar mierda del pasado y esperar que todos nosotros no lo notemos".
    (Comisario Hardy, 21 Jump Street, 2012)


    El llevar a la gran pantalla una serie de televisión siempre supone un riesgo. El equilibrio que implica el realizar un producto nuevo, en este caso adaptado a otros tiempos, pero sin perder de vista el original, conduce a adaptaciones serviles que no llegan a los talones de aquellos que le dieron vida. 21 Jump Street funciona muy bien por conocer perfectamente esa situación y burlarse de ella. ¿Cómo criticar lo poco creíble que es un tipo como Channing Tatum pasando como adolescente, si todos los personajes de la película hacen ese planteo? ¿Cómo hablar de Hollywood y su apetito de remakes cuando un jefe de policía hace un reclamo similar y le guiña el ojo al espectador?. Tanto este aspecto como un conjunto de diferentes aciertos hacen de esta una muy buena comedia, que encuentra sus risas en lugares políticamente incorrectos, como las drogas, la delincuencia y el ridiculizado trabajo policial.

    Sorprende la química y el buen timing que comparte la dupla de Jonah Hill, quien ha perdido kilos pero ni un ápice de gracia, con Tatum, que aquí demuestra una capacidad para el humor que hasta el momento estaba oculta entre numerosas actuaciones de piedra. Al igual que con sus identidades cambiadas, 21 Jump Street tiene el buen tino de no mantenerlos en su zona de comodidad, con un Hill que más de una vez deberá recurrir a lo físico y un Tatum capaz de seguir el ritmo a los latigazos verbales del otro. Aquí será necesario destacar el guión explosivo y cargado de frases para el recuerdo de Michael Bacall, quien ha tenido un año exitoso con esta entrega y la de Proyect X, y se confirma como un portaestandarte de la agonizante comedia adolescente.

    Con tantos elementos a favor, los directores Phil Lord y Chris Miller, ambos detrás de Cloudy with a chance of Meatballs, terminan de redondear una muy buena propuesta dentro del género, capaz de manejar la amistad como tema central, en la tradición moderna de la Nueva Comedia Americana, junto al descontrol propio del cine de Todd Phillips. Si bien su primera mitad es mucho más inspirada que la segunda, en la que en más de una oportunidad se cae en resoluciones obvias, se trata de una muy buena película que, en el marco de las adaptaciones televisivas, es todo un logro.
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  • Los vengadores
    Los vengadores
    Cinescondite
    Por años el cine de superhéroes se preparó para este evento. Una de las grandes vertientes dentro del género que más ha crecido en el último tiempo ha estado orientada a una meta común, la puesta a punto de un ensamble en el que se vieran potenciados todas las figuras traspuestas desde los cómics. Con The Avengers, Marvel brinda por el objetivo cumplido, como lo hiciera con la mayoría de las entregas de X-Men, como no lo hizo con las pobres Fantastic Four. En marcha desde el 2008 con la primera Iron Man y The Incredible Hulk, ha supuesto que una serie de engranajes se pusieran en movimiento para desarrollar personajes e historias y establecer líneas argumentales, limpiando el camino de asperezas para que Joss Whedon demostrara sus capacidades, siempre reducidas al ámbito televisivo.

    Los años de experiencia en la pantalla chica han probado que el realizador es un enorme creador de protagonistas, capaz de enfatizar cualidades únicas que los convierten en parte de la memoria colectiva. La indiscutida genialidad de sus producciones, siempre condenadas a abruptos cierres por las demandas de la industria, han resultado en personajes inolvidables, sean cazadores, vampiros con alma o vaqueros espaciales. Las dudas en torno a qué podía generar a partir de trabajos ajenos se disipan con el correr de Los Vengadores, en la cual se da cuenta que explota las características del todo y de cada una de las partes. Para justificar este aspecto solo basta ir a los ejemplos: la entrega del mejor Hulk dentro de la serie, superior al de Eric Bana y, por mucho que pese, al de Edward Norton, de un Thor menos conflictuado y con lo mejor de la película de Kenneth Branagh, y a un Iron Man inspirado, más cercano al del film original que al de la secuela.

    Whedon y Zak Penn sostienen la historia en la tensión entre los miembros del equipo, en donde llevan la delantera Tony Stark, el Capitán América y su duelo de egos. El acierto central del director es el de lograr la unidad sin descuidar ni forzar a ninguno de sus integrantes, otorgando la oportunidad de que cada vengador tenga su desarrollo sin perder de vista el panorama general. Esta triunfa allí donde suelen tropezar ciertas producciones corales, llevando a que incluso personajes secundarios (con los que Whedon históricamente se ha anotado puntos) como Black Widow y Hawkeye, por naturaleza inferiores a los otros cuatro, estén a la altura de las circunstancias. Por esto pagará el precio de un lento arranque, con un ritmo calmo que se extiende durante buena porción de la primera hora, algo que se verá compensado con su explosiva segunda mitad, incapaz de tomarse un descanso.

    Las expectativas por The Avengers encuentran una producción cargada de altas dosis de acción y notables efectos especiales, a las que se suma aquel efectivo sentido del humor que ha caracterizado a las películas anteriores. Whedon elude tanto la artificialidad del mero impacto visual, en ningún momento hace a un lado a su historia, como el infantilismo de los diálogos, sin ambiciones reflexivas impulsadas por líneas "profundas". Al director no le tembló el pulso a la hora de llevar adelante una super-producción, y su resultado sin duda excede lo esperado. Con el visto bueno del público y la crítica, Whedon prueba estar listo para su demorado paso a las grandes ligas, ahora más que nunca con equipo confirmado.
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  • El líder
    El líder
    Cinescondite
    The Grey se ha caracterizado por una campaña publicitaria engañosa que, si bien le brindó ciertas dosis de atención, la volverá el blanco de feroces críticas por parte de los fanáticos. Todos los esfuerzos de marketing se orientaron a vender una película a la que nunca se llega, haciendo énfasis en esa atractiva secuencia de Liam Neeson armado con un cuchillo y un guante de cuellos de botella. Hay una clara intención de difundir el nuevo trabajo del director de Smokin' Aces y The A-Team, antes que jugarse por lo que puede resultar del nuevo trabajo de Joe Carnahan. De esta forma, The Grey supone una bienvenida sorpresa, no solo porque no se trata del film que auspiciaban sus avances, algo que no era ilógico viendo el prontuario de su realizador, sino porque se trata de un logrado drama de supervivencia dotado de buenos personajes y una historia sólida, constituyéndose en uno de los mejores proyectos del director hasta la fecha.

    Ottway, otro hombre con un particular conjunto de habilidades que lo hacen de temer, se convierte en el líder de un grupo de trabajadores petroleros que sobreviven a un accidente aéreo. Por si las heridas y las inclemencias del clima no fueran suficiente castigo, la muerte los acecha bajo la forma de una sanguinaria manada de lobos que elimina uno a uno a los supervivientes. Con la posibilidad al alcance de la mano de ofrecer otra entrega del héroe de acción más grande de los últimos años repartiendo puñetazos por doquier, Carnahan elude la predicción y elabora un intenso film que dialoga constantemente con la muerte.

    Se trata de un relato en el que sus personajes, enriquecidos por un grupo de buenos intérpretes entre los que sin duda se destaca su protagonista, deben lidiar con su fatal destino, aprender a aceptarlo y, sobre todo, encontrar los motivos para seguirla peleando. La muerte, cruel y socarrona, los hallará en todo momento y no distinguirá circunstancias. Habrá quienes la abracen en sus propios términos, otros que caerán luchando, a solo centímetros de la vida, y finalmente el que cae en la cuenta que el vivir o morir en ese día está en sus propias manos, en las de nadie más.

    Sin caer en lugares comunes, de hecho cuando parece que lo va a hacer acaba por esquivarlos, Carnahan conduce la historia con pulso firme, sosteniendo el suspenso hasta el momento del gran desenlace, el último as humeante que el director tenía bajo la manga.
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  • El conspirador
    El conspirador
    Cinescondite
    Desde que en 1957 Sidney Lumet entregó esa película perfecta y eterna que es 12 Angry Men, no se puede abordar un juicio de esos en los que se defiende lo indefendible sin sortear las comparaciones. The Conspirator, la última película de Robert Redford, no es la excepción. En ella se retrata la verdadera historia del asesinato de Abraham Lincoln y el juicio que se llevó contra los acusados, especialmente contra la madre de uno de los prófugos, juzgada por un tribunal militar carente de evidencias firmes. Con una intencionalidad educadora, se ofrece una lección sobre el respeto de los derechos civiles centrándose en un abogado con la titánica tarea de oponerse a un Gobierno que busca sanar las heridas de una Nación, fin para el que se justifica cualquier medio.

    Redford es cultor de una narrativa clásica y así conduce su historia, un duelo de alegatos en el que en todo momento se conoce la suerte de los involucrados, aunque los esfuerzos estén dispuestos a retrasarla. Sin música épica o armas, pero con una lograda ambientación, se lleva adelante una notable batalla entre dos puntos de vista legales, dentro de las cuatro paredes de una sala. Allí reside el plato fuerte de la realización, capaz de señalar a los culpables y de hacer luchar entre sí a dos facciones del "bien", incapaces solo de ponerse de acuerdo en cuestiones como la dureza de la condena y los tiempos del proceso. Con varios personajes muy desdibujados, la pareja protagonista que componen James McAvoy y Robin Wright funciona, generando empatía con un espectador que sigue la parábola propuesta y pasa del rechazo inicial hacia la comprensión de la necesidad de un juicio justo ante todo. The Conspirator dista de ser un clásico como 12 Angry Men, al igual que a todas las películas que le han seguido le falta su simpleza, contundencia y su porción de grandeza actoral, pero es una muy buena propuesta que entiende a sus antecesoras y se inscribe en esa tradición.
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  • Tenemos que hablar de Kevin
    Años han pasado desde el estreno de ese film pequeño y enigmático que I-Sat solía emitir, El Viaje de Morvern. Su directora, Lynne Ramsay, estuvo ausente de las pantallas cerca de una década y su auspicioso regreso llega de la mano de Kevin, un joven que dio y dará que hablar. Con él aborda una problemática propia de la época, enfocándose en una parte de la ecuación que hasta el momento era ignorada. En cualquier caso de violencia hay dos caras, la víctima, aunque aquí son muchas más que una, y el victimario. Pero qué ocurre con la familia del segundo, aquellos que se ven afectados por las consecuencias de los actos del primogénito, a la vez que son considerados culpables por dar origen a tan pernicioso mal. En esa fina línea se sitúa We need to talk about Kevin, película que sigue a Eva, la mamá de la bestia.

    Como si se tratara de un demonio, Kevin pareciera haber nacido siendo malo. No hay ningún acontecimiento que defina su existencia futura, no es víctima de abusos y vive junto a su familia acomodada en una gran casa de los suburbios. Hay cierta indefinición en torno al desarrollo psicológico de este joven, un psicópata desde su edad más temprana, capaz de ser un niño dulce y bueno a los ojos del ausente padre, a la vez que un diablo reencarnado para la cada vez más trastornada madre. Ramsay amaga con ciertas imágenes que dan cuenta de maltrato psicológico por parte de Eva, una mujer a quien el hijo pareciera haberle interrumpido sus planes de vida. La directora, no obstante, acaba por quedarse con cierto enfoque propio del terror, una semilla de maldad cuyo florecimiento se va gestando a lo largo de los años. La trágica ebullición adolescente de ese lado oscuro pareciera seguir un camino lógico trazado desde la infancia, un desenlace esperable al que solo le faltaba conectar ciertos circuitos para detonar.

    Entre los muchos aciertos de la película cabe resaltar la creación y el sostenimiento de una atmósfera asfixiante, impulsada por buenos manejos de los tiempos y los silencios, así como apreciables detalles de edición y sonido. Es destacable además la entrega plena de Tilda Swinton a su personaje, con el que ofrece una formidable interpretación que se ve complementada con la buena elección de casting con Ezra Miller, un joven de rostro afilado y mirada sombría al que el rol de Kevin le sienta bien. Con su narración no tradicional, Lynne Ramsay ofrece una de las grandes películas del último año, un retrato detallado, duro y visceral sobre la faceta olvidada de una tragedia.
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  • Extraños en la noche
    Extraños en la noche marca el paso de Alejandro Montiel al cine industrial tras años de producciones independientes. A este salto a lo masivo lo hace con una comedia romántica mezclada con policial negro en la que se reconocen elementos de sus anteriores trabajos, especialmente en lo que a humor respecta. Sin llegar al grotesco de Las Hermanas L., pero con sus buenas dosis de absurdo, se conduce esta historia irregular que no termina de amoldar ambos géneros, dedicándose a uno o al otro de acuerdo al avance de la trama, pero sin terminar de desarrollar del todo a ninguno.

    ¿Qué, quién, por qué?. Junto a los protagonistas, en los primeros minutos de metraje, tenemos una idea de qué es lo que ocurrió, a la vez que logramos saber cuál es la verdadera identidad de la víctima, algo que a ellos se les niega. Con estos datos e ignorando las causas, algo que como se revelará al final es lo de menor importancia, el espectador se encuentra varios cuerpos por delante de los "investigadores amateurs", algo que suele ocurrir en materia de suspenso al revelarse información a la que los personajes de momento no pueden acceder. El asunto es que, a ojos del público, el policial se ve suspendido prácticamente hasta el cierre, en un lento rastreo de pistas que conduce hacia aquello que sabemos desde el comienzo.

    Esto habilita la posibilidad de que se pueda desarrollar sin roces el aspecto romántico, un amor atravesado por la música, los problemas económicos y, desde luego, lo detectivesco. Entre Diego Torres y Julieta Zylberberg hay buena química, sostenida principalmente por la frescura y el talento que la joven aporta. Él por otro lado lleva un papel que no termina de cerrar en el contexto de la película, exagerando los gestos y reacciones de su músico snob causando cierto absurdo que no se condice con el resto de las interpretaciones.

    Más allá de que tenga sus momentos logrados, muchas referencias al cine, buen manejo técnico desde lo policial y algunos apreciables pasos de comedia, la historia transita por rutas bien conocidas que la llevan hacia desenlaces obvios. Después de todo, ¿alguien pensaba que Diego Torres solo iba a tocar el piano?.
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  • Espejito, espejito
    Espejito, espejito
    Cinescondite
    Tarsem Singh se ha hecho dueño de un estilo que pone de manifiesto en cada trabajo. Desde la visualmente impactante The Fall hasta la apenas aceptable Inmortals, el director indio ha hecho gala de una intencionalidad precisa en lo que a escenarios y vestuarios respecta, así como también de una amplia paleta de colores con los que sazona a gusto cada centímetro de la pantalla. En este sentido, Mirror, Mirror no supone una excepción a sus búsquedas estéticas, lo que sí se revelará como una grata sorpresa es su resultado final.

    Su recorrido por la mitología griega fue decepcionante porque se habían puesto expectativas que el realizador no fue capaz de cumplir. Se esperaba que un hombre de pretensiones artísticas ofreciera una alternativa al formato que con tanto éxito había fijado 300, sin embargo el producto entregado era solo una ligera variante del método Zack Snyder. Con su adaptación del cuento de Blancanieves se marca precisamente ese objetivo, ofrecer una vuelta de tuerca a la historia ya conocida. Sin llegar al extremo de la próxima Snow White and the Huntsman, se brinda a una protagonista de armas tomar, delicada y de buenas intenciones a la vez que indómita y combativa, más cerca de un punch line que de un discurso solemne.

    Es que si hay algo en lo que se destaca esta versión, es que se compone de abundantes dosis de comedia manejadas con el timing justo, bordeando la fina línea que separa al humor apto para todo público del infantilismo. Esto se verá sostenido con mordaces diálogos y juegos de palabras, espacios bien aprovechados para el slapstick y personajes de lograda caracterización (la Reina se devora la película), cada uno de los cuales tiene su momento para desplegar gracia. El hecho de que se trate de una película orientada al público menor traerá aparejado un doble lamento propio del doblaje: que no se pueda disfrutar en forma plena de la actuación de Julia Roberts, que acostumbrada como nadie a ser heroína juega ahora de visitante, así como también de muchos chistes idiomáticos, algo que se ya se veía venir desde el primer avance, que se pierden en la traducción.

    Tarsem Singh se ha ganado la categoría de director de culto con sus dos primeros trabajos, pero en su paso al cine más comercial no ha logrado estar a la altura, más allá de que tanto la anterior como Mirror, Mirror tengan elementos que los diferencian de la media. Con su nueva película sin duda mejoró la puntería que falló en Inmortals, aunque aún está lejos de ofrecer un nuevo hito en su filmografía.
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  • El príncipe del desierto
    "Lo que no saben es que estos minutos los impulsarán miles de años hacia adelante. Será un progreso en el vacío"
    (Werner Herzog, Ten Thousand Years Older, 2002)

    Sin la fuerza de sus producciones de fines de los años '80 a Jean-Jacques Annaud se le ha ido perdiendo el rastro, un desdibujamiento que se hace manifiesto solo con comprobar que su mejor realización de los últimos tiempos, Enemy at the Gates, ya lleva once años de estrenada. Con Or Noir el francés se adentra una vez más en una historia de época como aquellas que han sabido darle prestigio, aunque esta vez lo haga con menor tino y mayor infantilismo, algo que se ve potenciado por el título poco fiel que ha recibido en Argentina.

    Previo al boom del petróleo en los años '30, los estados árabes viven sumergidos en un retraso técnico que los ubica siglos por detrás de las potencias mundiales. En manos del realizador, este encuentro entre ambos hemisferios facilita una firme oposición entre tradición y progreso que no en todo momento es abordada con el mejor criterio. Para el caso, se abre la apreciada posibilidad de filmar a ejércitos árabes de vestimentas clásicas, portando armamento moderno e incluso conduciendo tanques. El problema es que el corazón del film de Annaud, el choque de culturas, implica solo una mirada parcial y tendenciosa, el mundo musulmán visto y juzgado a través del cristal de Occidente. Al mismo tiempo que hace avanzar a la película, esta elección simplista revela los hilos de la producción, dando voz a ciertos cuestionamientos a la Torá o a las costumbres que difícilmente pudieran tener origen en hombres anquilosados en la tradición.

    Las vastas extensiones desérticas y el uso de abundante luz natural, ofrecen una impecable fotografía, destacable aspecto al que se debe sumar el cuidado en el tratamiento de vestuarios y escenarios. Mark Strong, por otro lado, se impone como la cara más apreciable de una realización de interpretaciones irregulares, al mismo tiempo que se confirma como una presencia cada vez más convocante a la hora de dar vida a personajes complejos. Fuera de esto, el film sigue un lento derrotero de obviedades a lo largo de unos extensos 130 minutos, perdiéndose en algunas escenas estiradas, como la de los personajes al borde de la muerte por deshidratación, la cual tiene una resolución propia del más aniñado Disney, que no tienen ningún peso para la trama. Annaud ofrece un film de distintas líneas argumentales que conduce en forma desacertada, exudando un marcado optimismo y la certeza de que se podía haber entregado algo mejor con tantas herramientas a disposición.
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  • La sal de la vida
    La sal de la vida
    Cinescondite
    Luego de haber ofrecido una comedia pequeña pero muy interesante como fue Pranzo di Ferragosto, su actor, escritor y director Gianni Di Gregorio repitió ciertos ingredientes de la fórmula para su Gianni e le donne, film que como el título indica es una oda a las mujeres del protagonista. Las tribulaciones económicas del personaje persisten, aunque no dictan su rumbo en forma definitiva como en el film anterior. Aún preocupado por su porvenir y asfixiado por su demandante madre, se encuentra en un punto incierto de su existencia: jubilado por obligación, es lo suficientemente grande como para divertirse como un joven, pero no es tan mayor como para sentarse con los abuelos de la cuadra. Gianni se presenta más reflexivo que en la otra oportunidad, ha perdido la chispa de la vida y se ha distanciado de la compañía femenina, por lo que al ver que incluso los ancianos siguen disfrutando de ambas, ocupará todos sus esfuerzos en ser el hombre que alguna vez fue.

    Las arrugas del protagonista y los ojos achinados por el paso de los años cumplen una vez más, transmitiendo con todos sus gestos al espectador ese aire cansino, pero ya no tan jovial, con el que logró un buen efecto en el 2008. Pero Di Gregorio emula a Woody Allen y no emerge bien parado de la situación, con una película simpática que no termina de redondear a nivel historia o relaciones, y ni hablar del personaje central, para quien la idea de progreso es un tortuoso camino de humillaciones. Aún con sus momentos logrados se trata de una apuesta que queda a mitad de camino, repitiendo los pasos minimalistas de su primera propuesta pero con un dejo de frialdad y con menor encanto.
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  • Tiempos menos modernos
    “¿500 años de qué? ¿De qué?”
    (Payaguala, Tiempos Menos Modernos, 2012)

    Tiempos menos modernos es un film que invita a la reflexión en torno al alcance de la industria cultural, especialmente durante la década menemista. Payaguala vive en soledad en medio de la Patagonia y lleva un día a día tranquilo que se ve trastocado cuando, en el marco de un programa del Gobierno de inclusión a las fronteras, recibe un televisor y un teléfono. Los electrodomésticos marcan una forma de integrarlo al mundo, de sumergirlo en sus problemas, a la vez que hacen aflorar conflictos propios y plantean dos períodos bien diferenciados de la película.

    El film propone una suerte de crítica a la globalización que se ve algo opacada por la elección de Simón Franco en la forma de plantearlo. Los primeros 40 minutos no se llevan con facilidad, un pesado costumbrismo con algunos problemas de audio se hace difícil de digerir, aspecto que cambia radicalmente con la llegada de la caja boba a la vida del personaje. Aflora la idea del mal necesario, no para el hombre que vive aislado, sino para la película en general y el espectador en particular. El teléfono le abre una ventana al mundo distante, a un amor no correspondido, el televisor irrumpe su cotidianeidad y amenaza su armonía, lo vuelve “adicto” a su programación, lo lleva a comprar un reloj con alarma para seguir su novela. El film nace a partir de lo que critica, a la vez que depende de ello para funcionar.

    Cuando surgen estos conflictos, Tiempos Menos Modernos profundiza su crítica consumista a la vez que avanza como película, valiéndose de ciertos pasajes humorísticos que hacen posibles los falsos programas como Alma Mía, un reality de citas o el ridículo discurso sobre las naves espaciales del Presidente de turno. Como una esponja reacia, Payaguala absorbe aquello que denostaba, culminando en un enorme y muy logrado final en el que la transformación es plena. Simón Franco conduce una historia pequeña que deja una marca, una realización cuyo valor más grande es que se siga reflexionando, se la siga pensando, aún días después de haberla visto.
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  • El Lórax: en busca de la trúfula perdida
    En los últimos días El Lórax: en busca de la trúfula perdida fue declarada de interés cultural y medioambiental por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Esta acción pone sobre el tapete el principal objetivo al que parecieron apuntar los realizadores, un film de concientización con un mensaje pro-ecológico, más concentrado en aleccionar a los niños que en construir una historia con personajes de emociones reales. De los creadores de la muy recomendada Despicable Me, esta producción presenta una distancia con aquella, convirtiéndose más en un manual de biología, de hecho se amaga a dar una definición de lo que es la fotosíntesis, que en un film con corazón.

    De igual forma que antes, aquí se recrea nuestro mundo pero con marcadas diferencias. Si en el anterior trabajo la sociedad había tenido una suerte de regreso al espíritu de los años '30, con un reconocimiento del público y la prensa a los delincuentes de turno, aquí se presenta un mundo sintético en que los árboles han desaparecido y se los ha reemplazado con réplicas plásticas, a la vez que no solo el agua sino también el aire se vende en botellas descartables. Un futuro marcado por el capitalismo despreocupado que ha llevado a un olvido de lo que es el medio ambiente y a una desconexión total con la naturaleza. Esto abrirá la posibilidad de contar dos historias, la de las causas de tal desolado paisaje y la de un joven ya nacido dentro de esas consecuencias, en búsqueda de recuperar aquello que se ha perdido.

    Habrá oportunidades para las que Ken Daurio y Cisco Paul, guionistas de Mi Villano Favorito, retomen ese divertido rumbo, ofreciendo algunas secuencias de cierta comicidad, centradas en un cuidado importante sobre los detalles. Por demás nunca terminará de romper del todo con su mensaje infantil y sobradamente optimista en torno a la ecología, aunque destilará en una crítica menos superficial al capitalismo salvaje y al consumismo que funciona mejor. Entre tanto personaje vacío de emociones cabe resaltar la figura de Danny DeVito, hombre verdaderamente comprometido con la causa, quien puso su voz al Lórax en todos los idiomas. Escuchar al personaje pronunciar frases del mismo modo en que Pedro Almodóvar anunció que la ganadora del Oscar era "El secretou de sús ojous", es una locura que bordea la genialidad.
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  • La suerte en tus manos
    El cine de Daniel Burman, como el de muchos cineastas argentinos del último tiempo, ha seguido un camino de evolución que la mayoría puede considerar lógico. De las historias no convencionales, arriesgadas, se ha pasado a proyectos masivos, encabezados por actores con el reconocimiento del público. Este rumbo que el director eligió en el 2008 con El Nido Vacío y luego profundizó con Dos Hermanos, alcanza su punto más elevado con La Suerte en tus Manos que, si bien es su apuesta más comercial hasta la fecha, pone de manifiesto que la primera etapa de su carrera no está concluida definitivamente.

    Esperando al Mesías, El Abrazo Partido y Derecho de Familia conforman una trilogía dentro de su filmografía que ya se cerró, por lo que esos rasgos muy marcados que estas compartían ya no se perciben de la misma forma. Su cine ha "crecido", por eso no se encontrará a Daniel Hendler como alter ego del realizador en películas personales en las que se explora la relación con la figura paterna. Hoy Ariel, es Uriel. Y ese parecido que evoca el nombre se verá replicado en distintos fragmentos de su última película, los cuales provocan cierta cercanía con los trabajos de aquel período, a la vez que señalan la importante distancia que hay entre un Burman y otro.

    Uriel, un hombre de hablar atropellado como aquellos que el director sabe construir, es un sujeto que se plantea entre dos mundos, el de la primera etapa del realizador y el de la nueva, y es ese tironeo el que hará que la película se quede a mitad de camino. La historia que Burman sabe contar es la de un mentiroso, fanático de los albergues transitorios y gran jugador de póker, algo que nunca termina de plantearse en serio como una adicción. Se reconocen no obstante ciertos detalles que buscan la cercanía con la mencionada trilogía, a la vez que, por así decirlo, "traicionan" esas primeras búsquedas. Aspectos como la relación paterna o el judaísmo, claves en los films anteriores, se perciben como superficiales, en el primer caso como una excusa para favorecer una mentira del personaje, en el segundo como un cliché detrás de otro, más orientado al humor que al sentido profundo de sus comienzos.

    La Suerte en tus Manos se compone de una serie de platos fuertes que ponen en evidencia que el todo es menos que las partes. Hay una buena historia de reencuentro romántico entre Valeria Bertuccelli y Jorge Drexler (uruguayo también, "coincidencia" que refuerza lo de párrafos anteriores), cada uno con problemas familiares que el director ha demostrado sabe manejar. En medio de esto hay subtramas que no terminan de cerrar o integrarse a lo anterior, como el protagonista como una estrella del póker (literalmente no pierde nunca) o la forzada inclusión de La Trova Rosarina. Quizás sí se trate de un film con resoluciones azarosas que no demuestran lo mejor que el realizador tiene para ofrecer, pero el saber que las inquietudes primigenias no están del todo superadas es un premio más que suficiente.
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  • Los juegos del hambre
    "La lección del día es: mátense los unos a los otros hasta que quede solo uno. Nada va en contra de las reglas"
    (Kitano, Battle Royale, 2000)

    Una competencia mediatizada de vida o muerte ocupa la totalidad de las vidas de los distritos en los que se divide la nación de Panem. De igual forma, The Hunger Games nace y se extingue inmersa en aquel evento que le da título, ningún fragmento de la película escapa a él, y curiosamente son los Juegos del Hambre en sí el aspecto menos logrado de la realización. Battle Royale, enorme film de Kinji Fukasaku ambientado en un distópico Japón, marcará en ese sentido el rumbo de cualquier producción en la que jóvenes sean forzados a matarse entre sí en búsqueda de solo un sobreviviente, en el marco de un juego controlado por una fuerza autoritaria.

    Gary Ross tiene éxito en aquello de lo que la película japonesa no se ocupa por ser algo previo, el desarrollo del mundo nuevo y de los personajes antes de convertirse en las piezas asesinas de un tablero. De esta forma, si bien no se perciben tanto los valores profundos y la filosofía que por ejemplo están presentes en el film del 2000, hay una idea de revolución que puede plantearse con lo que se excede la mera supervivencia. El buen trabajo de los guionistas permite que la historia se conduzca con fluidez, sin dejar espacio a la interpretación y profundizando en cada etapa del desarrollo. Desde la presentación de la miseria y el hambre que se padece en el Distrito 12 hasta el lujo y el confort en los días previos a la masacre, el arco narrativo no da cuenta de fricciones y se hace disfrutable. Esta es también la etapa de mayor ritmo, el cual, por extraño que pueda parecer, comienza a mermar en las escenas dentro de la arena, las que deberían ser de mayor voltaje.

    En materia de actuaciones, cuenta con una Jennifer Lawrence que atraviesa un gran momento, con personajes complejos que maneja a la perfección, así como renombrados secundarios entre los que se cuentan Woody Harrelson, que desde el 2009 está acertando con todos sus papeles, Stanley Tucci, que da en el tono justo para ser el conductor del espectáculo de la muerte, y Donald Sutherland, con muy poca presencia en pantalla pero la suficiente como para transmitir frialdad con solo una mirada. A esto hay que sumar los logros respecto al estilo, en contraste a las manchas de carbón toda una ciudad cargada de glamour y purpurina, una sociedad convertida en diablo que viste a la moda, así como los propios de la dirección, con rápidos cortes y movimientos de cámara.

    Estos puntos a favor no logran soslayar el efecto negativo que se producirá en el transcurso de los juegos, con menor potencia de la necesaria pero a la vez con mayor honestidad que otros productos en torno a sangre y muerte, elementos negativos que trascenderán los límites de la película para situarse como fallas propias del libro original. No es la mano macabra de la autoridad del Capitolio la que queda en evidencia como controladora de los destinos de los participantes, sino la de su autora, quien recurre en repetidas oportunidades al camino más sencillo para evitar cualquier atisbo de complicación. La simple premisa de la competencia y de la novela en general, "entran 24, sale uno", es traicionada abiertamente en pos de facilitar una vía de escape al "enredo" de la escritora y favorecer el desarrollo de una nueva saga de amor adolescente, flagelo similar al que tuvo la pobre I Am Number Four. Del mismo modo es que se fuerzan situaciones o secuencias de combate en las que los buenos nunca se ensucian las manos, no por elecciones morales como en el caso de Battle Royale, sino por el solo hecho de que "la suerte está siempre de su lado". Y en este caso la suerte se llama Suzanne Collins, y necesita vender una trilogía.
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  • El precio de la codicia
    "Hay tres formas de ganarse la vida en este negocio, ser los primeros, ser los más inteligentes o hacer trampa".
    (John Tuld, Margin Call, 2011)

    La caída de los mercados en el 2008 abrió un abanico de posibilidades para el cine y la televisión del que, con resultados dispares, muchos han sabido valerse. Desde documentales, como el laureado Inside Job, hasta comedias como Tower Heist, un amplio cúmulo de realizaciones han explorado las causas y consecuencias de este tópico recurrente. Margin Call se centra en una ficticia firma financiera, ligeramente inspirada en un histórico gigante de los Estados Unidos como Lehman Brothers, el día previo al estallido de la crisis económica global. En su prometedor debut cinematográfico, J.C. Chandor aborda con tino los primeros síntomas del generalizado colapso económico, no por el lado de los millones de damnificados, sino por el de las escasas personas que lo provocaron.

    Con una ligereza y simplificación que pronto contrastará con el buen ritmo y suspenso in crescendo de la realización, esta ópera prima presentará a sus protagonistas de un rápido vistazo. Como para repetir a sus personajes de rango más elevado, quienes una y otra vez piden explicaciones sencillas a los problemas, se expone con trazo grueso a los principales involucrados, quienes, a medida que la trama avance, irán rompiendo estereotipos y cobrando dimensionalidad. Así, Margin Call pronto dará cuenta de su estructura empresarial, una pirámide en la que el rol central lo ocupa el jefe de cada escalafón. Si Zachary Quinto y Paul Bettany nadan a sus anchas en el comienzo, es porque la bola de nieve no ha rodado lo suficiente como para que los peces gordos, como Kevin Spacey, Demi Moore, Simon Baker y ni hablar del tiburón que es Jeremy Irons, tengan que meterse al agua.

    Este logrado thriller se enfoca entonces en personas y en decisiones, en los empresarios que buscaron sobrevivir antes que en el documento sobre cómo hirieron de muerte a la Bolsa para lograrlo. Si bien no es fácil de comprender el lenguaje técnico, más allá de que se lo busque dar a entender en una versión básica como para un niño o un cachorro, el conflicto y el film en general se siguen sin dificultades. Sucede que, si bien se trata de una película sobre la crisis reciente, persiste la idea de que esta no es diferente a ninguna otra. Así acaba siendo un detonante para sus personajes, que descargan reproches y broncas pasadas, concentrados en un futuro que se ve negro para la mayoría. Cuando John Tuld enumera 16 catástrofes económicas desde 1637 hasta la fecha, se entienden una a una todas las ramificaciones de su estrategia, como a quién mantener, a quién sacrificar y el por qué de su reflexión "no podemos detenernos". No habría entonces que preguntarse el por qué de esta tormenta, sino cuándo será la siguiente.
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  • Ghost Rider: Espíritu de venganza
    El diablo tiene cara de Jerry Springer

    Siendo una película pobre, Ghost Rider: Spirit of Vengeance es superior a su antecesora del 2007 por un simple motivo, durante una buena parte no se toma en serio. Para esto, mucho tendrá que ver la dupla que conforman Mark Neveldine y Brian Taylor, directores de ese sorpresivo shock de adrenalina que supuso Crank tiempo atrás. Dado que la seriedad del antihéroe torturado no funcionó la otra vez, se hace un viraje parcial respecto a las formas y se ofrece un resultado algo diferente con más espacio para la parodia. Voz en off, referencias de actualidad, punchlines, cualquier recurso es válido para este Nicolas Cage de los últimos años que, sin alcanzar los altos picos de Bad Lieutenant o Kick-Ass, se beneficia del tono hiperbolizado de su desquiciado personaje.

    El problema con esta secuela es que no termina de decidirse entre repetir la fallida ruta de la original o tomar el camino lúdico de su ejemplo más concreto, Drive Angry. Esta incertidumbre dará como fruto un film predecible en el que se sigue al personaje central una vez más en el sendero de la redención, con un guión cuyos únicos riesgos o sorpresas recaen en la comicidad de su protagonista. Destruido poco a poco desde su interior, Roarke (Ciarán Hinds) se define como "un lanzallamas de papel maché", un ente poderoso que inevitablemente consume la carne débil de su vasija humana. Por otro lado Johnny Blaze se contiene y en ese sentido lo hace también toda la película. El vengador pide salir a gritos y rompe las costuras del hombre enloquecido, pero este una y otra vez logra controlarlo. Ese demonio, que explota y entrega a un Nicolas Cage over the top, exige a los realizadores que vayan por el todo y aprieten el nitro, y si bien por momentos esta idea aparece, se la prefiere mantener encadenada y ofrecer un enlatado común.

    Ese quedarse a mitad de camino (lo mismo con los efectos especiales de calidad dispar) compromete la totalidad de la producción, sin ser ni lo uno ni lo otro acaba como una mezcla de elementos que fallan en conjunto. Ni Idris Elba, un "negro, francés, sacerdote borracho, algo imbécil" a quien el rol le sienta muy bien, puede intervenir lo suficiente como para cambiar el panorama. La elección de los directores, quizás influenciados por tratarse de su salto a los grandes presupuestos, es la de asomar para luego quedar en el molde, logrando en el proceso que lo histriónico acabe en cierto ridículo y la trama con un tono religioso de excesiva seriedad que busca pasar una leve sombrita como oscuridad. Si en la primera se recuperó a Peter Fonda, aquí se demostró que Christopher Lambert todavía está vivo. Por lo demás, esta saga ya está agotada.
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  • Enter the Void
    Enter the Void
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    De muchas películas se puede decir que les sobra metraje, que se prolongan por 15 o 20 minutos, pero pocas pueden preciarse de tener una hora de más. No recuerdo otro caso similar al de Enter the Void, un film para el que sus 160 minutos resultan un exceso. No es una cuestión de incapacidad para el corte o de mal manejo de los tiempos, el resultado es precisamente al que Gaspar Noé apunta. El argentino radicado en Francia busca incomodar al espectador, y uno de sus recursos para hacerlo recae en secuencias de extensa duración. La escena más recordada en la filmografía del director, la violenta violación de 10 minutos al personaje de Monica Bellucci en Irreversible, ejemplifica las pretensiones del realizador en este caso, así como el fantasma del film del 2002 le señala el camino y le pide que lo repita.

    Las similitudes entre ambos trabajos son marcadas, desde los tres personajes centrales hasta su estructura narrativa, no yendo desde el fin hacia el principio, pero con flashbacks de la infancia o flashforwards del futuro. Del mismo modo es que construye sus planos, aquí sumergiendo su cámara en forma recurrente hacia alguna ventana o una lámpara que le permitan entrar al vacío (sutil, ¿no?). A esto se suman los padecimientos que Noé les hace atravesar a sus personajes, a quienes eventualmente rescata del lodo solo para volver a hundirlos con más fuerza. Así es que convierte a su gesto de amor, un espíritu que se niega a dejar la Tierra para no abandonar a su hermana, en la oportunidad de mostrar nuevos sufrimientos y miseria. Un alma que flota por calles cargadas de neón en Tokio es la herramienta perfecta para que, sin paredes como obstáculos, se pueda asistir al espectáculo de un aborto, de una familia que se desangra, de un hijo que se degrada y más.

    El objetivo de Enter the Void es difuso y por tanto la provocación de su director se consume en sí misma. Zambullir la cámara en un feto abandonado o en una concepción que ni la pornografía más explícita es capaz de mostrar, no constituyen medios para un fin, sino transgresiones que comienzan y terminan en ellas. Hay de todos modos elementos para valorar, partiendo desde sus salvajes créditos iniciales, en otro evidente gesto del director, hasta el alucinógeno estilo visual y el sentido de homenaje a 2001: A Space Odyssey. Sin más que esto, el último film de Gaspar Noé es solo una provocación vacía.
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  • Un dios salvaje
    Un dios salvaje
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    Desde su presentación en el 2006, la aclamada obra teatral de Yasmina Reza, Le Dieu Du Carnage, ha tenido múltiples adaptaciones a lo largo del mundo, desde Londres y Broadway hasta España y Argentina, pasando en medio por países como Rumania o Puerto Rico. Con su paso al cine se puede decir que esta exitosa comedia corre sus primeros riesgos, aquellos que cualquier transposición acarrea. Roman Polanski lleva así a la gran pantalla un film respetuoso del original, pero sin causar el impacto que uno podría esperar.

    Dos matrimonios buscan un enfoque civilizado para abordar un problema desatado entre sus hijos. Con prácticamente toda la acción transcurriendo en la misma casa, esta rápidamente se muestra como lo que es, una prisión de barrotes invisibles en el que las más bajas pasiones se intensifican y los conflictos se hacen carne. Una característica fundamental que tendrá esta versión será su evidente artificialidad, aspecto seguramente realzado desde el lado de las actuaciones. Con una escalada de desvaríos y argumentos irracionales endilgados mutuamente, este estudio de la condición humana expone un acelerado, y por tanto poco creíble, cambio de actitudes disfrazado de un progresivo descenso hacia el barro.

    Con una enorme economía de recursos, que no solo se limita a la cantidad de personajes, el peso entero de la obra recae sobre las interpretaciones. Más allá de que no tuve la oportunidad de presenciarla en el teatro, se siente que mucha de la frescura y espontaneidad que los actores deben aportar a sus papeles se pierde. Así es que, como si se tratase de mecanismos de relojería, sus conflictos se dispararán a intervalos determinados, por ejemplo accionados en más de una oportunidad por un agente externo al teléfono.

    La dirección de Polanski favorece a esta adaptación, manejando los ritmos del desarrollo y logrando que tanto Kate Winslet como Jodie Foster exploten su potencial con escenas muy intensas, por oposición a un Christoph Waltz y a un John C. Reilly incapaces de alejarse de lo caricaturesco. Sin causar el efecto esperado y con una dinámica teatral, el realizador expone al monstruo que todos llevamos dentro y, de un mismo zarpazo, embiste contra la hipocresía del mundo en general.
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  • John Carter: entre dos mundos
    Disney y el Planeta rojo no se llevan bien, ya se lo había comprobado hace casi un año con el estreno de Mars needs moms, aquel fracaso de dimensiones épicas que supuso cuantiosas pérdidas para el estudio. No es que John Carter corra de forma obligada su misma suerte, pero no es difícil tomar consciencia de que hay preocupación en torno a sus resultados en la taquilla. Al ser un lanzamiento mundial en simultáneo, su presentación llega despojada de cifras previas que anticipen su fortuna, no obstante la gran campaña de difusión montada a su alrededor dice más de lo que a la compañía le gustaría admitir. Que la película "está condenada", que necesita recaudar 400 millones de dólares solo para quedar a mano, que será la Waterworld de la década, mucho se ha volcado en torno a esta super-producción, menos por lo que respecta a sus méritos que al morbo masivo por ver a los gigantes tropezar.

    "¿Tu eres John Carter de la Tierra?". Basada en la primera de las novelas de Edgar Rice Burroughs dentro de la serie marciana, la historia cuenta la llegada del personaje del título a Marte, en donde se convierte en la única posibilidad de salvación de sus habitantes gracias a su fuerza sobrehumana y su capacidad de saltar grandes distancias. Dos notorias falencias se imponen por sobre cualquier aspecto destacable del proyecto y lo ponen de rodillas. La primera corresponde a un Taylor Kitsch todavía algo verde como para hacerse cargo de semejante rol protagónico, algo que se ve irremediablemente vinculado al segundo problema, el del guión. Cuesta entender como del trabajo conjunto entre el director ganador de dos Oscar Andrew Stanton, guionista de Toy Story y su secuela, y Michael Chabon, acreedor de un Premio Pulitzer, pueda resultar un producto tan limitado. Un eterno retorno sobre los mismos temas, una tendencia a la sobreexplicación y, por encima de todo, diálogos completamente mecanizados, la trillada frase que da comienzo al párrafo es solo un ejemplo, se combinan para ofrecer un somnífero fruto difícil de digerir.

    Por supuesto que es necesario resaltar el espectáculo visual que el film propone, en un adecuado uso de los exagerados 250 millones a disposición. En los saltos de su protagonista o en sus numerosos combates se da cuenta de una importante labor en materia de efectos, con secuencias que, de tan logradas, parecen naturales. Por otro lado el gran elenco de secundarios, muchos de ellos enmascarados con el digital aunque realzando a un Mark Strong cuya enigmática figura se vuelve una presencia cada vez más grande en el cine, es un elemento que sin duda favorece a una película que combina ciencia ficción, western y comedia, no siempre de la mejor forma.

    El cuidado con que se transpone la obra original, con especial atención en la creación de otro mundo, a los personajes y sus detalles, vuelve evidente la influencia que la obra del escritor tuvo en el futuro del género, desde muchos superhéroes hasta la saga Star Wars creada por George Lucas. La pobreza de su guión puede llevar a pensar lo contrario, pero lo cierto es que las aventuras del héroe espacial han sido fundamentales para el desarrollo de figuras hoy ampliamente reconocidas. Los logros de esta demorada adaptación contrastan duramente con el sabor agridulce de su resultado. Mejor suerte con La Luna…
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  • Drive
    Drive
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    "Yo solía producir películas, en los ’80… con algo de acción y sensualidad. Un crítico las calificó como 'europeas'. Yo creía que eran una mierda".
    (Bernie Rose, Drive, 2011)


    La filmografía de Nicolas Winding Refn abre y cierra con una cabeza hecha pedazos. Parábola del cine violento, uno es Tonny de Pusher, golpeado con una fuerza tal que es enviado directamente ocho años adelante, hasta Pusher II. El otro un mafioso con intenciones asesinas, en un ascensor que Drive irreversiblemente convierte en féretro, en lo que marca una de las mejores escenas del 2011 y de lo que va del corriente año. Esa naturaleza rabiosa que el danés maneja tan bien en sus protagonistas, aflora en una secuencia con reminiscencias de Bronson (la violencia como una obra puramente estética) emergiendo otra de aquellas bestias que solo el director o un fuerte amor parecen mantener encadenadas.

    Un conductor anónimo y taciturno con un dejo de melancolía, que solo abre su boca cuando hay algo importante que decir (no llega al extremo del guerrero mudo de Valhalla Rising pero está en esa misma carretera), marca el camino de este thriller embriagador, heredero de clásicos como The Driver de Walter Hill o el Bullitt del gigante Steve McQueen. Un tour de force cinematográfico que sigue las claras líneas estéticas que Winding Refn viene señalando desde mediados de los '90 en lo que a fotografía, sonido y música respecta. En este último punto es necesario destacar la labor de Cliff Martinez (ex baterista de los Red Hot Chili Peppers) y su banda sonora retro de pop eléctrico, que no acompaña las escenas sino que se apodera de ellas, alcanzando el punto de lo sublime en más de una oportunidad.

    El realizador, quien ha tomado parte siempre en la escritura de sus guiones, da un paso al costado para que el iraní Hossein Amini (Killshot) tome las riendas de la que será, junto a Bronson, una de sus mejores películas hasta la fecha. Un sólido relato que combina el mundo de los autos con un esquema piramidal cuya cúspide es la mafia, y a un doble de riesgo que los atraviesa y destruye a máxima velocidad. Con esta historia, a la que le cuesta un poco de trabajo mantener el suspenso en torno a quiénes están detrás de todo, el director se dedica a trabajar su pantalla como si se tratara de un lienzo experimental. La mezcla de estilos y géneros, tocando el film noir, el cine clase B y el romance, resulta en una pieza única de innegable calidad.

    Winding Refn se toma revancha de aquel frustrado salto hacia Hollywood con Fear X en el 2003, con una apuesta más seria y con menos librado al azar, asegurando antes que nada un elenco inmejorable. Se destacan así Ryan Gosling y Carey Mulligan, con dos papeles que confirman que están atravesando el mejor momento de sus carreras, al igual que un lastimero Bryan Cranston y un Albert Brooks que regresa al foco con un villano que no teme ensuciarse las manos. Drive corona una carrera caracterizada por personajes que, sean anónimos o ampliamente reconocidos, son capaces de una enorme potencia cinematográfica. Sujetos que aceptan su destino, abrazan su naturaleza y se ven arrastrados hacia una espiral de violencia que no llegan a controlar, pero en la que dejarán la vida para proteger a los suyos.
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  • Sólo por dinero
    Sólo por dinero
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    El salto de la televisión al cine no es para todos el siguiente paso lógico. Si bien son muchos quienes nunca ven esa oportunidad concretarse, hay otros tantos cuyas carreras, más allá de incluir papeles en la gran pantalla, se ven frustradas por la falta de éxito. Será recordado así el caso de David Caruso, hoy un rostro reconocido en el mundo de las series, a las que tuvo que volver tras un trunco pasar por los cines de mediados de los '90.

    Entre las mujeres hay que prestar particular atención al caso de Katherine Heigl, quien parece seguir los dudosos pasos de Jennifer Aniston. Desde el final de Friends hasta la actualidad, la segunda ha tenido su importante cuota de títulos menores, sin lograr traducir el carisma de la pantalla chica en resultados para la grande. Heigl, quien se ha visto encasillada con mucha celeridad, viene siguiendo el mismo derrotero al menos desde hace tres años, llegando al extremo de repetirlo con One for the Money, un producto que recuerda fácilmente a The Bounty Hunter.

    Basada en la novela homónima de 1994, dentro de la franquicia que ya lleva 18 títulos, la historia sigue a Stephanie Plum, una joven desocupada que, para hacer algo de dinero, se mete en el negocio de los cazarrecompensas. Este giro de timón en la vida de la protagonista abre el camino a una serie de chistes simplistas cuyo único recurso es, básicamente, encontrarla armada y fabulosa ante peligros que están muy por encima de sus capacidades. En ese costado policial, obvio misterio que se adivina sin esfuerzo, recae lo más logrado de la película. Es que más allá de lo evidente de la resolución, cuando el caso se pone pesado, los cuerpos realmente empiezan a apilarse. El verosímil falla cuando una vendedora de ropa inexperta supera con creces el trabajo de la Policía o de otros cazadores, pero no en el hecho de que unos delincuentes harán lo posible para seguir fuera de la cárcel, aún cuando en el marco de una comedia ligera tengan que dejar una decena de cadáveres.

    Al humor simple y a los fallos de la trama, debe sumarse el trazo grueso con que Julie Anne Robinson delinea a sus personajes centrales, cargados con el estereotipo de italoamericanos en Nueva Jersey. La simpatía y frescura que Heigl aporta a la pantalla, lo ha hecho antes y después de ese pilar fundamental que le supuso Grey's Anatomy, no alcanzan por sí solas para sostener una película de 90 minutos. A esta altura ya debería saberlo.
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  • Centro
    Centro
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    En Centro, el realizador Sebastián Martínez (París Marsella) retoma el género documental, no para seguir los pasos de alguien, como hiciera con Cortázar y su mujer Carol Dunlop, sino la vida de un lugar, o de varios. Precisamente se concentra en las calles Lavalle y Florida, uno de los emblemas más importantes del centro de Buenos Aires. Sus negocios, su gente, todo eso se refleja en pantalla durante estos 90 minutos.

    Se trata de una película nostálgica. Hay mucha participación de gente mayor, recordando tiempos pasados que, por supuesto, para estas calles fueron mejores. Los ejemplos pasan desde la tienda Harrod's, rememorada a través de fotos en sus épocas de gloria, pasando luego a un presente testigo de su estado derruido, hasta una clásica barbería por la que en su momento pasaron grandes del espectáculo pero que hoy solo vive de recuerdos. El costado de crítica social también tiene su espacio, negar a los niños que día a día revisan la basura es esconder aquella realidad contrastante de ese cruce, en el que el hambre de los más pobres convive con los momentos más felices, como el de la pareja grande y humilde que se casa en el Registro Civil.

    Ocupa un lugar muy importante el cine en esta sinfonía. Los únicos datos que permiten situarnos temporalmente, en un principio, son los afiches de las películas. Si los primeros minutos hacen pensar que se trata de "un día en el centro de Buenos Aires", son los pósters de diversos meses los que evidencian que no es así. Para cerrar, hay un último punto a destacar de esta recomendable película y es una crítica al cine comercial y al estado actual de nuestra industria. Dos señores recuerdan viejos tiempos de Lavalle a partir de la cantidad de cines que había. Nombrando uno atrás de otro llegan a veinte, solo en una calle, y se lamentan al pensar que hoy hay tan solo 17 salas repartidas en solo dos complejos. Como si fuese en nombre de Sebastián Martínez y de todos los que participan de festivales como el Bafici o de circuitos de distribución alternativos, uno de ellos dice: "los americanos tendrían que haber enseñado algo más que vender pochoclo". Nosotros pensamos lo mismo.
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  • El topo
    El topo
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    Las intrincadas tramas de espionaje internacional, propias de grandes autores de novelas de suspenso como Frederich Forsyth o John le Carré, hoy se ven alejadas de las pantallas. Cada tanto las del primero encuentran su camino en malogradas películas para televisión, mientras que las del segundo, si bien continúan llegando, lo hacen en períodos cada vez más espaciados. La industria ha elegido a un solo tipo de espía como carismático protagonista, relegando a los anónimos especializados en la inteligencia y contra-inteligencia hacia un rincón oscuro, lúgubre y frío, como la guerra. Un director acostumbrado al clima gélido, como Tomas Alfredson, es quien recupera la atrapante historia de Tinker, Tailor, Soldier, Spy, conduciendo con gran pulso un film de agentes como los que ya no se hacen, de aquellos en los que los disparos se cuentan con los dedos de una mano.

    El sueco, realizador de la muy recomendable Låt den rätte komma in (la película de amor vampiro por excelencia), maneja con notable cuidado los hilos planteados por le Carré, controlando el tiempo narrativo y sin apresurar resultados. Con un ritmo pausado, ya lo había hecho en su anterior película, ahonda en una compleja red de engaños en la que, como bien sabe todo amante de la intriga, nada es lo que parece. Es que los guionistas Bridget O'Connor y Peter Straughan (The Debt) se resguardan de mantener el preciado equilibrio al que debería aspirar cualquier adaptación literaria: un fiel respeto al original sin abrumar al espectador con las consecuencias del obligado recorte. Así es que se manifiesta la capacidad narrativa de Alfredson, tensando el misterio por unos prolongados 127 minutos que resultan en su mayoría llevaderos, gracias al flujo constante de información.

    Un Gary Oldman en muy buena forma lidera un ensamble de destacables actores. Desde los jóvenes ascendentes Benedict Cumberbatch y Tom Hardy, cuya historia de los Scalphunters (literalmente Cazadores de Cueros Cabelludos) necesitaría una película aparte, hasta los integrantes del dudoso Servicio de Inteligencia, con quienes el protagonista juega al de tin marín de do pingüe, todas las interpretaciones están a la altura de las expectativas. A la ambientación de época, logrado retrato de la Guerra Fría de notable fotografía, debe sumarse una soberbia banda sonora del español Alberto Iglesias, que alcanza su punto más alto con una improbable, y sin embargo perfecta, versión de La Mer por Julio Iglesias. El cierre, coherente con toda la producción, en principio deja un sabor a poco que pronto se muestra como la conclusión ideal. La toma de posta, las miradas cómplices, el mandato asumido, pero el enemigo aún en la vereda de enfrente. Una victoria anotada, otro día más en la oficina.
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  • Tan fuerte y tan cerca
    "Tan solo otra terriblemente aburrida dramatización del colapso de las Torres Gemelas". Con cierto profesionalismo, un espectador norteamericano poco feliz con el resultado de Extremely Loud and Incredibly Close modificó un póster de la película para que se leyera la frase que inaugura esta crítica, en vez del título de la misma. Su comportamiento puede ser tildado de vandalismo, es no obstante una toma de postura válida a la que se le da la bienvenida: en Estados Unidos están superando los atentados del 11/9. Debió pasar una década entonces para que una producción como la de Stephen Daldry sea considerada como lo que es, un film falto de ritmo y emoción, cargado de golpes bajos con los que una y otra vez se busca retorcer una herida.

    El realizador británico de Billy Elliot repite los pasos que hiciera en el 2008 con The Reader, es decir un producto lacrimógeno, sencillo y con un elenco de figuras, opción ideal a la hora de los premios de la Academia. Cuando en repetidas ocasiones la película parece encauzar su ruta y dirigirse hacia un mejor puerto, especialmente desde la primera aparición del enorme Max von Sydow, hay un empolvado as bajo la manga que recuerda el espíritu de solemne in memoriam al que apunta. Así pondrá en boca de un niño de once años el recuerdo del temor al transporte público y a los paquetes olvidados, igual que las dudas por el significado de los atentados. Del mismo modo lo hará desenterrar las fotos de aquellos que saltaron hacia el vacío, en lo que supone el intento más bajo de rasgar la cuerda sensible.

    Son el veterano actor sueco y el debutante Thomas Horn quienes brindan las mejores interpretaciones, aportando lo mejor de lo suyo a cada papel, a diferencia de un Tom Hanks y una Sandra Bullock que solo cumplen. De la relación entre el anciano y el chico, cuya naturaleza se adivina bastante antes de lo previsto, y del encuentro con los diferentes Black, incluso aquellos forzados como con Viola Davis y Jeffrey Wright, nacen los puntos más destacados de la producción, más allá de que cada contacto derive en un monólogo sentimentaloide del niño.

    El 29 de septiembre del 2001, en la apertura de temporada de Saturday Night Live, Lorne Michaels preguntó al por entonces intendente de Nueva York, Rudy Giuliani, si se podía volver a reír. La frase y la respuesta de ambos pasaron a la historia: diez años antes y por televisión, un político en la mira de todo el mundo dio el "OK" para que el humor volviera, tan solo 18 días después de la tragedia. Para otros, como Daldry, su guionista Eric Roth y el novelista Jonathan Safran Foer (autor de Everything is illuminated), una década todavía no es suficiente.
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  • Con el diablo adentro
    El found footage (metraje encontrado) ha hallado en los últimos años la forma de volverse norma en lo que a cine de terror respecta. Si bien hay incursiones en comedia y acción, sin ir más lejos próximamente se estrenará Project X y hoy lo hace Chronicle, es ese género el que lo ha visto crecer, impulsado básicamente por producciones carentes de ideas, que ofrecen cuantiosas ganancias gracias a sus bajos presupuestos. En ese sentido The Devil Inside tiene, como la tuvo algunos meses atrás Apollo 18, una premisa que puede considerarse llamativa, la cual pronto se disipa ante la pobreza de su realización.

    Esta nueva colaboración entre el director William Brent Bell y su guionista Matthew Peterman puede ser considerada como el exponente más perezoso en el marco de los falsos documentales y el material recuperado. A la falta de originalidad y ausencia total de ritmo, hay que sumarle la desidia con que se maneja su final, algo similar a la ya mencionada Paranormal Activity de la Luna, así como la elección de actores. Desde The Blair Witch Project en adelante, una de las fórmulas para generar realismo ha sido la utilización de intérpretes con una experiencia mínima o directamente debutantes. No puede decirse lo mismo de una película cuyos protagonistas, si bien poco familiares, tienen una carrera a cuestas fácilmente rastreable.

    Más allá de las filmaciones con un público que se sobresalta en cada escena, The Devil Inside hace gala de una notable falta de recursos, siendo lo más rescatable el video y la posterior visita a Rosa, una joven poseída. Es necesario resaltar que el logro recae en la famosa contorsionista que toma parte en aquellas escenas, que ya se han visto una y otra vez en The Exorcism of Emily Rose o The Last Exorcism, películas que le han marcado el rumbo a esta. Nadie puede esperar que se supere al clásico de William Friedkin, lo cual no implica que se tenga que llenar las pantallas con productos inferiores cuyo único efecto es el tronido de huesos durante la expulsión de los demonios.

    Considerando que al momento de su lanzamiento en los Estados Unidos, este film de ínfimo presupuesto fue un éxito de taquilla, es de esperar que Paramount ya tenga secuelas en mente. Lo más lamentable es que su distribuidora, al menos en lo que a Argentina respecta, haya elegido estrenar esta película pero no a Young Adult.
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  • La carrera del animal
    Inquietante en su manera elíptica de informar, con una fotografía en blanco y negro determinante, esta ópera prima registra “el otro lado” del cierre de una fábrica: la crisis en su compleja familia de propietarios.

    La película ganadora de la Selección Oficial Argentina de este 13º BAFICI fue La Carrera del Animal, ópera prima de Nicolás Grosso (asistente de dirección en la gran Excursiones). Gira en torno a dos hermanos que, a pedido de un padre ausente, deben hacerse cargo de la fábrica familiar, a pesar de las presiones de los trabajadores para lograr una conducción obrera. Tiene una importante dosis de misterio, el cual se mantiene hasta el final (digamos que incluso lo excede), construyendo una historia de suspenso que plantea incertidumbre en todos los aspectos. Desde la época en la que está ambientada (ciertos indicios de computadoras, patentes y autos la sitúan en la segunda mitad de los ‘90), hasta el trabajo del protagonista Valentín, pasando por las intenciones de los empleados, todo entra en el ámbito de lo incierto.

    La presentación de personajes extraños y sombríos, que hablan en forma críptica, eventualmente deja de parecer interesante, en especial cuando comienza a ser evidente que no se llegará a ningún puerto. La lista de interrogantes acaba por ser enorme, como si los 73 minutos no hubieran sido suficientes como para hacer un acercamiento menos superficial, algo grave teniendo en cuenta lo atrapante que resulta el planteo. Este tipo de problema no es aislado, suele suceder que hay un cuidado importante de las formas a costa de la propia historia, algo que a esta altura del partido no se entiende. Queda gusto a poco tras ver la película, especialmente si se lo hace sabiendo que fue la ganadora de la competencia, lo que confirma que este año la Selección Oficial Argentina no se caracterizó por tener grandes propuestas.
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  • El Artista
    El Artista
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    Desde su presentación en el Festival de Cannes, en mayo del año pasado, The Artist ha sido objeto de mucha atención, algo que se acrecentó en las últimas semanas con las entregas de los Golden Globes y los BAFTA, además de las múltiples nominaciones que recibió para los Oscar, convirtiéndose así en la gran favorita. El nombre de Harvey Weinstein, su distribuidor norteamericano, y su enorme poder de lobby también han recibido su cuota de interés en el asunto, algo que equipara al film francés con el absoluto ganador del año pasado, The King’s Speech, un producto correcto pero menor, cuyos enormes elogios fueron en buena parte injustificados.

    Hay que partir de la base de que la nueva película de Michel Hazanavicius es merecedora de la aprobación de la crítica y el público. Se trata de un bello homenaje al cine mudo de fines de los años '20, fiel al estilo de aquellas realizaciones en blanco y negro, con una musicalización para el recuerdo (gran trabajo de Ludovic Bource). Hoy en día se trata de un proyecto arriesgado y, por paradójico que parezca, se percibe como una brisa de aire fresco, una verdadera novedad. Si funciona es porque hay un conocimiento de los códigos que permite explotar de la mejor forma los recursos disponibles, logrando así una de esas películas que aspiran a ser como las de Charles Chaplin, aquellas que hacen reír y llorar por igual.

    Aquí debe considerarse la notable labor de Jean Dujardin, un actor versátil que despliega su talento, incluso para el baile, en un papel que rebosa de expresividad sin recurrir a una sola palabra. Si bien él es el protagonista, cabe destacar que todos los personajes están muy bien interpretados (una lástima que un Malcolm McDowell solo reciba diez segundos), logrando así que el film fluya, recurriendo pocas veces al uso de intertítulos.

    Si, The Artist es una realización digna que queda grande para compararla con The King’s Speech, aunque querer convertirla en la película del año sea ciertamente exagerado. Una vez que se haga a un lado la estética o la música, es decir, el sentido de homenaje al cine, se encontrará un film con una historia conservadora, que deja los riesgos para el estilo y juega muy a lo seguro en lo que se cuenta: una sencilla y optimista parábola sobre el éxito en la industria contada a la perfección, casi como se lo hubiera hecho hace 80 años.
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  • La invención de Hugo Cabret
    Es factible que más de uno haya sentido desconcierto ante los ahora lejanos adelantos que Hugo ofrecía, ya que más allá de ser un film en 3D basado en una novela infantil, es una película de Martin Scorsese, y como tal supone un marcado volantazo en su filmografía. Cuando las primeras imágenes nos adentren al maravilloso mundo de Hugo Cabret, esa incertidumbre inicial hará paso al más puro asombro, al de los ojos frescos, al de los niños ante la magia, al de los espectadores de fines del siglo XIX ante otros magos, los Lumière y Méliès. El buen Marty propone así dos viajes, uno para su joven protagonista, una expedición de reconocimiento (hay cierto parecido con Extremely Loud & Incredibly Close) cuya principal intención es la del añorado contacto paterno, el otro, el más memorable, para toda la audiencia.

    Scorsese pilotea el cohete cinematográfico que transporta al público 110 años atrás en un viaje hacia la cara más conocida de la Luna, aquella que papa Georges marcó a fuego en la historia del séptimo arte. Ilusionista como aquel que homenajea, disfraza con un sencillo (enfatizando lo de sencillo) cuento de niños, una de las mayores reverencias al cine. Méliès toma el control de la película como lo hubiera hecho un siglo atrás, y así decorados, disfraces y máquinas son desplegados delante de cámara, reviviendo aquella magia hoy centenaria. El deleite visual que Scorsese propone, un 3D utilizado con maestría (los grandes, como él y Herzog saben aprovecharlo) y una estética steampunk muy lograda, es solo superado por su sentido respeto al trabajo del francés, ante el cual no duda en hacerse a un costado a la hora de recuperar sus obras.

    Como esas partículas de polvo o copos de nieve que bañan la estación de trenes, la magia del cine acaba por imbuir la totalidad del film. Barrer la superficie para hallar el simple relato infantil que Hugo cuenta, es ignorar que esta se hace presente en cada fotograma de esta maravillosa obra. Si la duda original era el por qué Scorsese llevó adelante una realización así, la respuesta es de una claridad absoluta al finalizar su metraje: porque solo un verdadero conocedor, un apasionado por el arte y un amante del cine podía hacerlo así.
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  • Los descendientes
    Los descendientes
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    The Descendants es una película coherente con la trayectoria del realizador Alexander Payne, uno de los mayores exponentes del cine tragicómico actual. Sin estar a la altura de dos grandes películas de este director, a las cuales tengo mucho aprecio, como son Election y Sideways, logra resultar en una correcta mezcla de drama y humor como las que él acostumbra. George Clooney lidera en gran forma un elenco de actuaciones notables, destacándose también los ignotos Shailene Woodley, como su hija mayor, y Nick Krause, como el amigo de esta, con quienes formará un trío sostenido en la pena y en la búsqueda de un futuro mejor a un presente doloroso.

    Payne sitúa su infierno familiar en el paraíso terrenal por excelencia, Hawai. Matt King lo sabe y reflexiona sobre ello con su voz en off, asegurando que sus amigos creen que porque vive allí es inmune a la angustia, del mismo modo que todos lo hacemos. El sitio que es sinónimo de vacaciones ideales, relajamiento, paz y armonía, es aquí desacralizado hasta el sentido más primigenio de sus habitantes, el hogar. Allí se habla, como en cualquier lugar, de infidelidades, matrimonios en conflicto, rehabilitación y estados comatosos, aunque se lo haga en bermudas, ojotas y camisas floreadas.

    The Descendants se dirime entre las dos grandes obligaciones del personaje de Clooney, la recomposición de su golpeada familia y, el aspecto más fallido de la producción, la decisión de vender o no las últimas parcelas de tierra virgen heredadas por su familia tiempo atrás. Si, esto segundo hará posible la participación de Beau Bridges, a quien siempre es bueno ver, pero también dará vía libre para que el film de algunas vueltas sobre sí mismo, demorando la llegada a conclusiones y restando fuerza a la búsqueda de un cierre para con su quebrado matrimonio.
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  • J. Edgar
    J. Edgar
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    J. Edgar es una exhaustiva revisión de la vida de uno de los personajes más poderosos, controvertidos y enigmáticos de la historia norteamericana. De igual modo que lo hizo The Iron Lady (se estrenaron con solo semanas de diferencia), supone un repaso por los aspectos más destacados de su carrera política y su historia personal, contados en primera persona por un Hoover ya mayor que busca limpiar su nombre con una autobiografía completa. Un muy logrado clima de época, notables actuaciones de intérpretes como Leonardo Di Caprio y Judi Dench, así como una narrativa que excede (a diferencia del otro arriba mencionado) lo anecdotario o las simples viñetas, señalan la importancia de un realizador como Clint Eastwood en la silla de director a la hora de conducir un biopic.

    El film no obstante sufre de una serie de cuestiones que lo ubican muy por debajo de la obra que pudo haber sido. Sin una verdadera toma de postura, si bien hay críticas, estas no son duras y pervive la noción de que se hizo lo necesario, la aproximación a la vida de Hoover es ciertamente ambigua. Este aspecto, algo útil dentro de lo político, hace agua en el marco de su privacidad, resultando en una trunca historia de amor con Clyde Tolson (Armie Hammer), una relación carente de naturalidad que en todo momento se ve forzada.

    A esto debe sumarse el maquillaje pobre que despliega la producción, seguramente lo más criticable del film de Eastwood, dado que constituye uno de sus caballos de batalla y, como tal, es fallido. Hacer que sus jóvenes protagonistas interpreten sus papeles de viejos es un grave error del experimentado realizador, las máscaras no están a la altura de las circunstancias y en ningún momento se las logra pasar por alto. De esta forma, la relación entre Di Caprio y Hammer, que ya se aplicaba con mucha presión, adquiere un tono que bordea el ridículo cuando estos están caracterizados en sus 70 años. Así, el importante departamento encargado de maquillar los rostros de los actores, no logra enmascarar la real carencia de J. Edgar, la falta de drama.
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  • Inmortales
    Inmortales
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    Con solo dos películas en su haber, Tarsem Singh se ha hecho acreedor de un estilo propio que impregna cada uno de sus trabajos, algo que ya evidencian los adelantos de su próximo film, Mirror, Mirror. Es esta marca registrada lo que pondrá la diferencia en Immortals un producto que le debe mucho a su antecedente más directo, 300.

    En ese sentido, el alto impacto visual de The Fall se hará presente en todo momento en esta nueva mirada sobre la mitología griega. Sin embargo, para ser un director que toma sus riesgos a la hora de filmar, en más de una oportunidad abandona sus ideas en pos de un proyecto dentro de los cánones de la industria, haciéndole el juego desde el título con el 3D y entregando secuencias similares a las de Zack Snyder, eso si, sin abusar del slow motion, dotando de buen ritmo cada combate de Teseo.

    Con esto quedará claro que, si bien el realizador indio siempre aporta lo suyo, el resultado final tiene muchas deudas para con el de los espartanos. Más allá de todo, cabe resaltar el buen trabajo del ahora muy vigente Mickey Rourke. Mientras todavía sigan existiendo villanos con deformidades, que justifiquen cicatrices o una espesa barba, allí estará él, uno de los mayores guerreros que el cine tiene para ofrecernos.
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  • Secretos de estado
    Secretos de estado
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    Ambientada durante las primarias de Iowa en la carrera presidencial, sigue a un joven vocero que cae presa de las maniobras políticas, las manipulaciones de los agentes veteranos y de la seducción de una joven interna.

    The Ides of March es la cuarta película de George Clooney, oportunidad del actor de volver a presentarse ante la industria como un muy buen director tras haberse auto-tacleado con la olvidable Leatherheads. La historia, que tiende a repetirse, lo encuentra seis años después en una situación similar a la del 2005 con el tándem Good Night, Good Luck / Syriana por un lado, mientras que esta y The Descendants por el otro. Salvando las distancias con su excelente segundo film, con quien comparte guionista, en esta oportunidad entrega nuevamente un trabajo que se mueve entre las filas de la prensa y la política, con la mirada puesta no en el Hombre que es portada de la revista Time, sino en aquellos que le preparan la campaña que lo llevan donde está.

    Durante buena parte de su desarrollo, el film fluye con total naturalidad, con muy buen manejo de los climas electorales y, especialmente, con notables actuaciones de sus protagonistas. Clooney sabe elegir a aquellos que lo rodean y erige tres pilares de su historia en figuras que sabe tienen qué aportar a la película, como Ryan Gosling (cuya carrera a esta altura parece no tener techo), Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti.

    "¡Cuídate de los idus de marzo!". En el momento en que The Ides of March plantea su conflicto esta empieza a perder la fuerza inicial, especialmente cuando se pinta de colores primarios. Así, la mirada alentadora que el realizador y sus personajes tienen de la política se vuelve, en un exceso de velocidad, cínica y desencantada. Estas resoluciones apresuradas contrastan con el cuidado desarrollo, en el que se ponen de manifiesto valores como la integridad y la lealtad, eligiendo destacar una verdad de Perogrullo, que "todos los políticos son iguales".
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  • Robo en las alturas
    Un grupo de jóvenes trabajadores descubre que ha caído en las redes de un empresario muy poderoso que elaboró un plan para estafarlos. Para vengarse, planean saquear su lujosa residencia.

    La crisis económica, que atraviesa la vida de millones a lo largo de todo el mundo, abre una serie de posibilidades para la comedia que en cine aún están por florecer. Si bien títulos como Larry Crowne, y en bastante menor medida Bridesmaids o Horrible Bosses, tocan este tema evidentemente delicado, todo indica que en verdad se prefiere mirar hacia otro lado y pretender que la realidad no es tal. En El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Marx sostiene que la historia se vive dos veces: una vez como tragedia y la otra como farsa. Tower Heist recupera así la figura del infame Bernie Madoff, aquí Arthur Shaw, y le brinda a un grupo de empleados estafados la posibilidad de recuperar aquello que les pertenece, con una comedia similar a las de los '80, pero inscripta en la época actual de los Ocean's de Soderbergh o de las Rush Hour del propio Brett Ratner.

    El principal logro de la propuesta reside no solo en el importante grupo de nombres que logra ensamblar, sino en hacer que funcionen como conjunto. Seguramente Robo en las alturas quedará en el recuerdo como una película digna de Eddie Murphy tras una década para el olvido. La verdad es que otros como Matthew Broderick y Téa Leoni, con films cada vez más espaciados y de menor calidad, también se ven beneficiados con una exposición de mayores luces.

    Para tratarse de una apuesta que no teme hiperbolizarse hasta el absurdo a la hora de llevar a cabo el ya mencionado asalto, es bastante moderada en lo que a sus dosis de humor respecta. Del mismo modo se puede hablar del ritmo a la hora de la esperada venganza de los trabajadores, secuencias que no brillan por su originalidad y en las que se manifiesta el trabajo relajado con que Ratner acaba conduciendo sus proyectos. Más allá de que recupere a glorias pasadas y las ponga palmo a palmo con uno de los grandes de la actualidad como es Ben Stiller (quien a excepción de Greenberg tampoco viene ocupándose de buenas comedias), la sensación que persiste es la de que se pudo haber explotado más el potencial de algunos actores hambrientos de éxitos ochenteros.
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  • La chica del dragón tatuado
    The Girl with the Dragon Tattoo no es una remake, es una adaptación de la novela sueca de Stieg Larsson, independiente de la versión de Niels Arden Oplev. Desde luego hay voces en contra, hoy en día palabras como reboot o remake llevan a fruncir el entrecejo, no obstante si había un libro que necesitaba una segunda revisión, ese era este. El poder de una gran historia ha generado a nivel mundial la errada impresión de que Män som hatar kvinnor (Los hombres que no amaban a las mujeres) es una excelente película, cuando en realidad es una producción mediocre cargada de desaciertos. Las pasiones que despierta son entendibles, sin embargo estas corresponden más bien al testamento literario del autor de Millenium que al valor fílmico de aquella realización. En ese sentido la versión norteamericana es válida, especialmente cuando un director de la talla de David Fincher se encarga del proyecto. Así, el resultado que se entrega es una notable adaptación que, mal que les pese, es más fiel a la novela que la versión sueca (sin contar el dudoso cambio de final con el que se despacha, en parte, este argumento) y es portadora de un valor cinematográfico más importante que el que la trilogía europea jamás podrá conseguir.

    "¿Diferente en qué sentido?" "En todo sentido". El mismo film que nos ocupa plantea en dos líneas la relación con su antecesora del 2009. Esa es la clave para entender lo que un director sólido y de trayectoria coherente, como es Fincher, puede aportar a la mezcla. Mismos personajes, misma historia, pero un resultado completamente distinto. Desde los impactantes créditos iniciales, gran introducción a la trilogía a cargo de Tim Miller, se percibe un trabajo cuidado, realizado con un conocimiento notable del tema que se trata, pero sin traicionar ni un poco el estilo de un realizador hecho a la medida.

    El prejuicio del origen (una película hecha en Hollywood) no tiene cabida en un trabajo completamente apartado del canon de la industria. Los esperables pruritos a la hora de encarar esta novela no están presentes, y a Fincher no le tiembla el pulso a la hora de filmar violación, tortura, desnudos y sexo, aquello que sonroja a los estudios y explica el éxito de la sueca. Con excelente fotografía, bellos oscuros y sepias, el director de Se7en se carga una tarea tan difícil como improbable: ser respetuoso y exhaustivo con el papel, sin perder de vista el ritmo que una película debe tener. Aquí se rastrea el gran guión de Steven Zaillian, quien ofrece ese dinamismo que Aaron Sorkin supo entregar en The Social Network y que tanta falta hacía en la soporífera versión europea. A esto se deben sumar las buenas actuaciones del elenco en general, elecciones apropiadas para lo que el libro exige, destacando a una jugada Rooney Mara, quien no hace agua a la hora de la comparación con Noomi Rapace.

    En lo que es una arriesgada jugada, sobre todo por la fidelidad con que se lleva a cabo esta adaptación, Zaillian y Fincher operan un cambio importante sobre el final de la novela. Habrá aquellos que sientan indignación ante tal atrevimiento, una adaptación no es una reescritura, que evidentemente es en favor del valor cinematográfico de la obra, aspecto que los realizadores en ningún momento descuidan. Las calles de Hedestad pueden estar repletas de personajes que hablan en inglés con acento sueco, digamos que otros ni se esforzarían en el detalle, puede ser que la conclusión no provenga de la pluma de Stieg Larsson. Lo que es indudable es que The Girl with the Dragon Tattoo le hace honor a estos grandes personajes y a esta gran historia de la mejor forma en que Fincher lo sabe hacer: con una gran película.
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  • Los Muppets
    Los Muppets
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    Ninguna crítica estaría completa sin volver a destacar la originalidad de la campaña de marketing de Los Muppets, primer caballo de batalla que daba cuenta que el regreso de las creaciones de Jim Henson era en serio. Cuando la mayoría solo busca cumplir, los realizadores estiraron ambas manos para abrazar el mundo de posibilidades que estos personajes son capaces de ofrecer. Así, la movida publicitaria más inteligente, divertida y creativa del año ubicó la barra demasiado alto como para que el resultado pudiera cumplir las expectativas. Por supuesto el trabajo no termina ahí, si así lo fuera, y parafraseando a Amy Adams, sería una película muy corta. Y como este no es el caso, hay 103 minutos de pura fiesta por delante, un film colorido y refrescante en el que todos se lucen, hombre o muppet.

    Los Muppets son música y, como no podría ser de otra forma, esta ocupa un lugar de predominio en este proyecto. Las canciones, no obstante, no son las típicas agradables y descartables que acompañan a una película infantil, son verdaderas composiciones totalmente integradas al desarrollo, cargadas de contenido y, sobre todo, disfrutables por fuera de las imágenes. Life's a happy song, Man or Muppet, grandes creaciones de Bret McKenzie cuyo involucramiento es fundamental, al igual que Pictures in my head son claros ejemplos de esta intención de trascender. Y de esta forma, en caso de que efectivamente esto sea todo para dar un último show, todos se aseguran de que este sea inolvidable.

    En este punto es necesario destacar a la dupla que hizo todo posible, Nicolas Stoller y el genial Jason Segel. Tras haber trabajado juntos en la muy buena Forgetting Sarah Marshall, ambos acercaron a Disney la idea de una última película sobre estos personajes, la anterior es del '99, planteo que elaboraron desde el inicio. Desde algún tiempo atrás la industria viene reconociendo, en forma tardía como siempre, la capacidad de Segel para el humor, algo que queda de manifiesto por su participación, con la excepción de Gulliver’s travels, en los mejores exponentes de la comedia en los últimos años.

    The Muppets es un film que atraviesa a todas las generaciones por igual, a los niños que se ríen de una marioneta que habla, a los adultos que entienden lo que esta está diciendo, a aquellos que crecieron junto a ellos, a los que disfrutaron de los Muppet Babies o a los que nunca los vieron. Es también una cadena interminable de aciertos que van desde el enorme papel de Chris Cooper con sus maniacal laughs para la historia (¡es genial ser él!) hasta la involuntaria dupla cómica en la que Jack Black se ve envuelto, pasando por más de una hora y media del mejor humor, que si bien está actualizado no pierde ni la magia ni las raíces de estos encantadores personajes. Es que a decir verdad, la vida es una canción feliz, pero lo es más aún si son los Muppets los que la cantan.
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  • Sherlock Holmes: Juego de sombras
    The League of Extraordinary Gentlemen no será recordada como una gran película, de hecho más de uno ya la debe haber olvidado junto con su guionista y su realizador, quienes no volvieron a trabajar desde su estreno en el 2003. Ese film no obstante es el antecedente más claro del Sherlock Holmes de Guy Ritchie que, más allá de emplear a personajes literarios y compartir al villano, también es cultor de una estética steampunk similar que inunda la pantalla y se ha convertido en marca registrada. Máquinas a vapor, engranajes metálicos, vestuarios y armamentos de época, todo como parte de un estilo victoriano único que se presentaba en la primera parte pero que explota en Sherlock Holmes: A Game of Shadows.

    Esta secuela padece de una suerte de efecto hangover, es decir, si la cosa funciona, para qué cambiarla. Si bien no se llega al extremo de calcar la anterior, son muchos los latiguillos y secuencias que tienden a repetirse. Por otro lado, aquello que fue válido una vez, no es garantía de efectividad en un segundo intento. Con esto trato de señalar que el "combate inteligente" del que hace gala el detective más famoso, anticipando cada movimiento y ganando antes de lanzar el primer puñetazo, ya no es una novedad y solo resta dinamismo a una película que de por sí es demasiado dialogada y sobreexplicada.

    Jared Harris, en el rol de Moriarty, llena a la perfección el obligado vacío dejado por Lord Blackwood. El ajedrez mental que juega junto a Holmes se toma, sin embargo, bastante tiempo más del necesario para alcanzar las proporciones que uno esperaría conociendo el historial de ambos personajes. Es promediando el final que esto mejora notablemente, cuando la película asume una identidad propia. Allí el ajedrez se torna literal y, antes de ir a lo físico, se da paso al primer duelo intelectual que tiene real sentido dentro de la saga.

    A la falta de riesgo en torno a la realización se suman nuevamente esas resoluciones que no convencen, esta vez gracias a los guionistas Kieran y Michele Mulroney, que parecen más bien favorables a la confusión. Con sus fallas técnicas, el film sigue funcionando porque comparte los mecanismos del anterior, con una gran dupla como es la de Robert Downey Jr. y Jude Law, acompañados de logados roles secundarios, como el ya mencionado némesis y el genial Stephen Fry.
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  • La última noche de la humanidad
    Si, The Darkest Hour no es una buena película. Sus enormes falencias la han convertido en el blanco unánime de críticas muy duras en los Estados Unidos, algo que se puede cuestionar considerando la calidad de ciertos productos que llegan a la gran pantalla y vuelan debajo del radar. Cabría preguntarse cuánto de las malas reseñas corresponden al film en sí y cuánto al hecho de que no se hicieron funciones privadas para los críticos norteamericanos, pero eso es tema para otra nota. Seguramente el ensañamiento no esté del todo justificado aunque, a decir verdad, el trabajo de Chris Gorak es merecedor de muchas valoraciones negativas.

    "Oh, shit!". El guión de Jon Spaiths brilla por su ausencia, algo que, por ejemplo, evidencia la innumerable cantidad de veces que los protagonistas emplean la interjección que inaugura este párrafo. El film, cuyo mayor esfuerzo de originalidad reside solo en situarse en Moscú, sufre mucho de aquello que afectaba a otra película de temática similar, y también de resultado inferior, Vanishing on 7th Street. Esto es: personajes totalmente prescindibles, incapaces de generar empatía alguna, envueltos en un ataque hacia la humanidad cuyas reglas se cambian a gusto. Aquí las buenas intenciones de actores como Emile Hirsch, Max Minghella y Olivia Thirlby, quienes suelen desempeñarse en forma correcta aún cuando el proyecto sea pobre, no alcanzan.

    Mientras que el planteo trata de mostrar cierta frialdad, esa apreciable idea de "cualquiera puede morir en cualquier momento", el desarrollo en general y los diálogos en particular, rebosantes de patriotismo y solemnidad, tienden a nivelar hacia abajo. Y hasta allí llega otro film más en el que un improbable grupo de supervivientes se convierte en la única esperanza de salvar a un planeta al borde de la extinción. Y si bien el chivo reza ???????? ????, la estructura delata un Starbucks ruso, y no importa como quieran disfrazarlo, el producto prefabricado sabe igual en todos lados.
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  • Historias cruzadas
    Historias cruzadas
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    The Help llega a nuestro país luego de haberse convertido en un inesperado éxito en las boleterías norteamericanas, recaudando una cifra ocho veces superior a la de su presupuesto y convirtiéndose en el film que más tiempo lideró la taquilla desde Sexto Sentido en 1999. El film de Tate Taylor, quien no tiene una reconocida trayectoria, es extenso, por momentos demasiado rosa y por otros carece de profundidad. Con esto trato de señalar que las razones por las que esta película ha cobrado tal notoriedad no son tantas, sin embargo, más lo pienso, más me convenzo, hay una que vale por todas: las actuaciones.

    En las calles muy bien representadas de Jackson, Mississippi, se respira un aire de odio racial e intolerancia, el cual se sostiene en el gran conjunto de mujeres que el director supo conseguir. En papeles centrales, tanto Emma Stone como Viola Davis logran destacadas y conmovedoras interpretaciones, no obstante se podrá encontrar en algunos secundarios, especialmente en Bryce Dallas Howard, la perra del año, y Jessica Chastain, de un 2011 impecable, lo mejor de la película. Hay además de esto un apreciable trabajo de guión, en el cual se evitan muchos golpes bajos que otro film no dudaría en dar, a la vez que se toma cierta distancia del discurso aleccionador.

    Como señala el título con el que se la conoce en Argentina, hay muchas historias que se cruzan en estos 146 minutos, un punto que perjudica al relato por llevar a que muchas de ellas sean tratadas con mayor ligereza de la que merecen. Tal y como el libro que Skeeter escribe, que busca reflejar cómo viven las criadas a principios de los '60 aunque solo parece ser una recopilación de testimonios, de a ratos The Help parece un mero anecdotario.
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  • Intercambio de almas
    El malgasto de la vida es el tema que Antón Chéjov aborda en su drama Tío Vania, en el que el personaje del título se encuentra con que ha desperdiciado sus mejores años al servicio de una concepción errada. Un despertar similar tendrá Paul Giamatti, el actor elegido para una nueva puesta en escena de esta obra, afligido por la presión del estreno e incapacitado para desarrollar su papel. El inmediato alivio llega en forma de una nueva tecnología capaz de quitar un gran peso de encima, esos livianos 21 gramos capaces de cargar grandes cantidades de culpas, remordimientos y problemas diarios. Una decisión, un riesgo, una carrera y una vida posiblemente tiradas por la borda, ese es el conflicto con que se halla el Tío Paul, en una película que no puede dejar de recordar a Being John Malkovich.

    Es la presencia de Giamatti como el personaje a deconstruir lo que hace de Cold Souls un film de interés, a pesar de la semblanza respecto al de Spike Jonze, con una actuación notable de aquellas que suele ofrecer en grandes películas. Si bien la de Sophie Barthes no es una idea que pueda considerarse original, su puesta en práctica podría haber resultado en un mejor trabajo. Toda la emotividad y gracia que el actor es capaz de aportar, lo mismo corre para una Emily Watson con poca pantalla, acaba algo desaprovechada frente a una historia que no termina de convencer, más allá de lo ficticio de la premisa.

    La debutante realizadora ofrece un proyecto con altibajos, con pasajes muy logrados en los que el humor funciona, pero con otros que, de tan sintéticos, parecen mecánicos. Esas falencias, sumadas a la falta de emoción, es lo que hacen tropezar al gran final que la directora tiene entre manos. Una perfecta vuelta chejoviana sobre el personaje de Dina Korzun que, a raíz del desarrollo general, parece equivocadamente inconclusa.
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  • 50/50
    50/50
    Cinescondite
    How I learned nothing from cancer (De cómo no aprendí nada del cáncer) fue el título que Will Reiser eligió para coronar el primer borrador de esta película. Unas pocas palabras condensan toda la frustración, el enojo y el alivio de superar una enfermedad terrible, a la vez que dan cuenta de una mirada egoísta sobre la historia, un punto de vista situado en forma exclusiva en su protagonista. Es precisamente el abandono de este único enfoque lo que hace de 50/50 un muy buen film. No solo debe destacarse el hecho de despertar algunas risas a partir de lo que es una de las situaciones más difíciles que se puede atravesar, sino también el hecho de no hacerlo solo.

    Si hay algo que la Nueva Comedia Americana ha hecho pisar fuerte en los últimos años, con o sin bromance, es el valor de la amistad. En las buenas, siempre, pero más que nunca en las malas, allí están los amigos de todas las producciones de la escudería Apatow (quien no intervino en esta), así como este Kyle de Seth Rogen. Puede pasar como colgado y ventajero, pero en realidad es un tipo que no sabe lidiar con lo que ocurre con su compañero, pero sabe que dará todo por él. El universo de relaciones de Adam cambia radicalmente a partir de su diagnóstico, con su madre (gran pequeño papel interpretado muy bien por Anjelica Huston), con su novia (Bryce Dallas Howard es la bitch del año, por esta y por The Help), en terapia, en el trabajo y con sus nuevos compañeros de tratamiento. Solo hay una constante, Kyle.

    Es probable que Will Reiser no haya sacado nada de su enfermedad y, en caliente, haya escrito un guión que mostraba ese sentir. Ahí está la mano de Rogen y Evan Goldberg, para hacerle notar lo cerca que estaba de su experiencia como para notar que hubo un aprendizaje real, tanto de él como de aquellos que lo rodeaban. Y con ellos, nosotros, más allá de que no haya rastros de solemnidad o discurso en el desarrollo.

    Joseph Gordon-Levitt, quien sigue disfrutando de su mejor momento, lleva adelante una muy lograda interpretación, pasando con fluidez por el manual de texto que supone este camino de la aceptación. En él habrá momentos para reír y llorar en justa medida, todos como parte de un relato sincero que, si bien toca las cuerdas sensibles, no cae en el golpe bajo. Y así concluye este muy buen trabajo de Jonathan Levine que es 50/50, una comedia dramática con todos los números.
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  • Misión Imposible 4: Protocolo Fantasma
    Habrá defensores y detractores en torno a su figura, pero es innegable que el ingreso de J.J. Abrams a la franquicia Mission: Impossible ha supuesto una revitalización de la misma. Años han pasado desde el estreno de la segunda parte, a cargo de John Woo, secuela inferior a la original en la que no se caía una idea. Pero luego de la tercera, memorable película de acción con un enorme Philip Seymour Hoffman, digamos que solo queda apuntar hacia la excelencia. Y ese es el nivel de calidad de Mission: Impossible – Ghost Protocol, un film realmente emocionante, de aquellos pocos en los que no se puede hablar de "dosis de acción" sino de escasos, y obligados, pinchazos de tranquilidad en lo que de otra forma serían dos horas de acción en su mayor grado de pureza.

    Brad Bird dirige su primer proyecto no animado y pasa la prueba con honores con un trabajo completo en el que, como piezas de relojería, nada falla. De igual forma es el sólido guión de los debutantes Josh Appelbaum y André Nemec, viejos conocidos de Abrams por sus trabajos en Alias, pero sin experiencia previa en la gran pantalla. Quien no deja de sorprender es, por otro lado, Tom Cruise, quien a punto de cumplir 50 años se encuentra en excelente forma. Y es ese óptimo estado el que le permite imponerse sin esfuerzo sobre Jeremy Renner, quien tiene, no obstante, muchas secuencias para brillar, más de las que podía enorgullecerse Jonathan Rhys Meyers allá por el 2006.

    En la serie de largos aciertos que esta presenta cabe resaltar a Simon Pegg, quien aporta esos necesarios y efectivos toques de humor que han caracterizado a la franquicia, y que pedía más pista en la producción anterior. Por otro lado las decisiones en torno a la secreta figura de Michael Nyqvist, quien parece perfilarse como comodín de villano europeo, no parecen las mejores. Una saga que ha contado con enemigos carismáticos presenta al sueco como un hombre sin voz, con un coeficiente intelectual de 190 que no alcanza para convertirlo en némesis, sino en un sujeto con un plan.

    Generalmente se puede destacar una sola escena y ejemplificar con ello lo que mejor se ha hecho en la película, es decir enfatizar un punto. Elegir la mejor secuencia de esta es la verdadera misión imposible, la cárcel en Rusia, la persecución por las calles de Dubai, todo lo que ocurre dentro del Burj Khalifa, son momentos de tan alto voltaje que quedarse con uno sabría a poco. Esta entrega sin duda ofrece una buena pelea por ubicarse entre lo mejor de las cuatro, un film en el que su realizador tensa las cuerdas desde el comienzo y las hace vibrar a gusto, sosteniendo con pulso de hierro una historia que no da respiro.
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  • Norberto apenas tarde
    Norberto apenas tarde es la ópera prima del actor Daniel Hendler, que forma parte de la categoría Competencia Internacional en la 13º edición del Festival Internacional de Cine Independiente en Buenos Aires (BAFICI). Está centrada en el personaje que da título a la película, con una muy buena interpretación de Fernando Amaral, un hombre de mediana edad que descubre ciertos aspectos de sí mismo, como el amor por la actuación, cuando empieza a ver que su vida se desmorona. Se trata de un personaje similar a los que el mismo Hendler suele interpretar en la gran pantalla, con rasgos de antihéroe y la incertidumbre a flor de piel. Toda la historia pareciera tener algo de autobiográfico, quizás no lo sean los problemas financieros, laborales, de pareja o con amistades que aquejan a Norberto, pero sí la pasión por el arte dramático y el sueño de vivir dedicado a ello.

    En todos los ámbitos de su vida parece no tener respuestas, fracasa rotundamente y debe mentir, disfrazar sus verdades para no quedar en evidencia. Por el contrario, cuando su talento sobre las tablas se hace notar, descubre la posibilidad de poder ser respetado por otros y considerado uno más haciendo algo que le gusta. Se construye entonces la historia de una vida sencilla a base de situaciones simples, no por eso poco efectivas. Con un toque de categoría, sutil, Hendler construye escenas de la vida diaria cargadas de humor, pero no aquel de la ocasional risa estridente, sino el de la sonrisa constante, el que celebra la cotidianeidad y las historias mínimas. Entrada en su segunda mitad la película se estaciona lentamente, demorando en la llegada a conclusiones y perdiendo un poco las risas que generaba. No obstante se trata de un promisorio debut del actor uruguayo detrás de cámaras, algo que se refuerza por un gran manejo de los actores. Entretenida, simpática, con un personaje principal que transmite todo tipo de sensaciones y una galería de papeles secundarios que destilan simpatía, Norberto apenas tarde es una película que merece ser vista y augura un buen futuro como realizador para el conocido debutante.
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  • La cueva de los sueños olvidados
    Estos fueron días de mucha reflexión acerca de la figura de Werner Herzog y su cine más grande que la vida. Días en que descubro que me apasionan sus trabajos, sus ganas de mostrar algo nuevo, algo diferente, controlando las herramientas que el arte le provee, doblando las reglas cinematográficas a su antojo. Los años le dieron prestigio, el prestigio le dio capacidad financiera, y esta capacidad financiera le brindó la cintura para embarcarse en todo tipo de realizaciones. Proyectos enormes, de gran originalidad, que le permiten circular con fluidez entre el registro documental o la ficción. En los últimos años se ha convertido en uno de los directores más prolíficos, dejando a su paso un legado de grandes obras. Entre estas puede ser incluida Cave of Forgotten Dreams, película que llama la atención desde la premisa, ya que si el director de clásicos de todos los tiempos como Aguirre o Fitzcarraldo decidió hacer una película en 3D, eso es algo digno de ver.

    En la cueva Chauvet-Pont-d’Arc no puede entrar nadie ajeno al equipo de investigadores, historiadores o paleontólogos que la estudian desde que fuera descubierta en 1994. Proponiendo que la película fuera propiedad de Francia y cobrando sólo un euro de honorarios, el Estado francés le otorgó al alemán el permiso para documentar su interior. Esta oportunidad de ingresar en terrenos prehistóricos supuso una serie de restricciones. Sólo se le permitieron cinco jornadas de rodaje de cinco horas cada una, luces portátiles de baja intensidad para no calentar el entorno, no tocar nada ni salir del camino señalado, y sólo pudo entrar un equipo de cuatro, por lo que cada uno tuvo tareas específicas. Conociendo las limitaciones técnicas, Herzog supo aprovechar al máximo lo que tenía al alcance de la mano y eligió un formato tan ajeno como el 3D como medio capaz de transmitir con fidelidad el interior de la cueva, debido a los relieves y texturas de la roca.

    Una vez más el director se embarca en una de sus aventuras hacia terrenos desconocidos, sobre los que arroja luz por medio de entrevistas a los principales involucrados en la investigación así como también por sus propios registros fílmicos. Son algunos de estos testimonios los que terminan causando algunas molestias, introduciendo valoraciones subjetivas y conjeturas que no terminan cerrando del todo. Respecto a lo que se ve, es algo único el sentirse parte de una experiencia colectiva de descubrimiento, sabiendo que alrededor nuestro hay más de 300 personas que con ojos de niño vislumbran por primera vez esas imágenes hermosas. Es que más allá de su valor histórico estas tienen un valor artístico, lejos de tratarse de las conocidas pinturas rupestres de hombres hechos con líneas rectas, los animales que se avistan, especialmente la pared dedicada a los caballos, son representaciones perfectas.

    Herzog asombra, maravilla, conmueve y hacia el final advierte y preocupa. Una central nuclear opera a unos pocos kilómetros de distancia de este patrimonio del hombre, causando trastornos tanto en la flora como en la fauna. Los cocodrilos que a causa de una mutación genética son albinos, hace algún tiempo atrás se hubieran presentado como un desvío por parte del director hacia otros tópicos por los que ya ha demostrado interés. Hoy no obstante, a un mes de la tragedia de Japón y los peligros de un desastre nuclear aún latentes, adquieren un valor casi premonitorio y se convierten en un llamado de atención para toda la humanidad.
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  • Terror en lo profundo 3D
    Shark Night 3D es una heredera pobre de la Piranha de Alexandre Aja, a la que parecería rendir homenaje. Un film que, exceptuando el rubro actores, está dotado de recursos similares, malogrados en lo que parece un estreno directo a DVD con un alto presupuesto. Un lago de un pueblo alejado, un grupo de jóvenes alzados y una gran cantidad de especies de tiburones para aguarles la fiesta, una premisa poco original que podría llegar a funcionar con un cambio de tono, algo que nunca termina de concretarse. Una película en la que persiste levemente la idea de parodiar al género terror, pero cuya incapacidad para dejar de tomarse en serio la convierte en un exponente fallido del mismo.

    David R. Ellis, director de Destino Final 2 y 4, conduce este producto sin arriesgar nada, con tanto temor al exceso que acaba con las manos vacías. Es que ese tono paródico que debería inundar sus 91 minutos demora más de una hora en aparecer, generando en el proceso que escenas como la de Malik, con un brazo menos y armado con una lanza esperando a uno de los peces gigantes, solo sean ridículas. Cabe resaltar también que los efectos dejan bastante que desear, con tiburones más falsos que los de películas con más de 20 años y un 3D que nada aporta, sobre todo por su escaso uso.

    Promediando el final habrá un muy buen monólogo de Donal Logue, sobresaliendo como lo mejor del metraje. Con referencias a Morgan Freeman, Guns N’ Roses o La marcha de los pingüinos, se encontrará el primer atisbo real de humor, proveniente de la boca cervecera del sheriff, una suerte de Sean Finnerty (su personaje de Grounded for Life) con un giro oscuro. Tras esto, la película continuará con su predecible derrotero, carente de humor o sorpresas. Al finalizar los créditos será el turno de Shark Bite, video de un rap dirigido por el protagonista Dustin Milligan e interpretado por todos los actores, quienes reviven escenas de la película. Divertido, si, pero desubicado en una película que se acuerda demasiado tarde que debía entretener.
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  • Cuatro muertos y ningún entierro
    Mark no está teniendo un mal día, él tiene una mala vida. En pantalla veremos esa franja de 24 horas en las que parece que no va a sacar la cabeza del pozo, no obstante es fácil darse cuenta de que, para él, es un día como cualquier otro. Una nueva frustración tras un casting, más reclamos de una pareja que exige lo mínimo, un casero que demanda tres meses de alquiler, lo usual para un hombre demasiado abatido por sus años como para cambiar su presente. Allí, en los suburbios de Dublin, vive junto a su furiosa mujer, su hermano cuadripléjico y su mejor amigo, Pierce, un egoísta alcohólico en recuperación que comparte sus miserias y algún euro ganado con los caballos. En esa sombría casona que todos comparten, en la que todo es una posible trampa mortal (¿se acuerdan de La Herencia de Tía Agata?) se desarrolla esta comedia negra, accidentada y autorreferencial, cuya inverosimilitud funciona bien, aunque acabe jugando para el otro lado.

    El absurdo es el elemento fundamental de esta película de Ian Fitzgibbon, cuyo tan demorado estreno en Argentina encuentra al realizador con otros dos trabajos en su filmografía desde entonces. Es difícil querer hacer referencia al resto del film sin contar detalles relevantes de la trama, al menos más de los que la injustificada traducción del título adelanta. Una serie de desgracias se desatarán en los innumerables cuartos que esas cuatro paredes esconden, hechos fortuitos cuya explicación verdadera parece la más disparatada de las mentiras. ¿Cómo dilucidar algo que no se entiende? O mejor aún, ¿cómo se demuestra ser inocente cuando todo apunta a que uno es culpable?. Para los personajes de Mark Doherty (también guionista) y Dylan Moran es fácil: un conjunto de delitos para probar que no hicieron nada. Para más claridad, echar cloro.

    Así, tomándose un poco más de tiempo del necesario en arrancar, se desarrollará un film entretenido cuya acción debería ser más sorpresiva, aunque los trailers mismos o algo ajeno a la realización, como es una traducción de un título, le resten mucho de la misma. A medida que esta se desarrolle, tomará por pasajes un sentido oscuro que no le sienta, desvíos que concluirán en un final apresurado e inconcluso. Cierra de todas formas de una manera divertida, con una buena intervención de Jonathan Rhys Meyers, bien cerca del eterno loser Mark, con la posibilidad de interpretar el papel de su vida.
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  • El juego de la fortuna
    Pocos aspectos establecen tan marcadas diferencias entre los estadounidenses y el resto del mundo como en el caso del deporte. Hockey sobre hielo, fútbol americano, baseball, los elegidos por sus fanáticos gozan de una notable falta de popularidad en los demás países, exceptuando levemente al básquet. Pero aunque el fútbol sea soccer y el béisbol sea baseball, el deporte, no importa cual, es igual en todos lados. Y el deporte, la mayoría de las veces, no es justo. No siempre gana el que más se esfuerza o el que más lo merece, muchas veces la suerte acompaña o no. Pero hay otros casos en los que las cartas ya se conocen, manos en las que juega el dinero sobre todo y que permiten que, en "igualdad de condiciones", se enfrenten entre sí equipos con diferencias abismales de presupuesto.

    Es ahí donde se juega El Juego de la Fortuna, que si bien su título parece remitir a un juego de mesa o a uno de azar, hace referencia a un deporte que mueve millones de dólares y a jugadores con una ligereza que asusta. Y en el medio de eso está Brad Pitt o Billy Beane, manager de uno de esos equipos que están "15 pies de basura" por debajo de los considerados pobres. El hombre que entiende que no se le puede ganar a los grandes imitándolos, sino con ideas, astucia y una mentalidad por fuera de la norma. El perfil bajo, el amor por la pelota, la constancia, la convicción y, sobre todo, la capacidad para encontrar diamantes donde los demás vieron carbón, son las claves del Moneyball, un sistema que reinventa el juego, un huracán que revoluciona la forma de jugar. Un Huracán de Cappa.

    Ahí reside el conflicto del film de Bennett Miller, un hombre con fe en algo más enfrentando a empresarios, cazatalentos e incluso al propio entrenador, ejemplos varios de una extendida mirada tradicional que le dice qué es lo que tiene que creer. Y con esto se logra una muy buena película, de esas que pudiendo hacerlo no se encorsetan en aleccionar al espectador, de esas que van a más y dejan todo en la cancha y, a pesar de que no lo logren, van a caer intentando. Las buenas actuaciones de Pitt y Jonah Hill, bien podrían tener más tiempo en pantalla Chris Pratt, Robin Wright o Phillip Seymour Hoffman, acompañan un guión más que correcto de Aaron Sorkin y Steven Zaillian que, a la hora de elegir, prioriza con buen criterio el desarrollo del sistema, y el film en su totalidad, sobre el propio Beane, antes que la ejecución del mismo en los diferentes partidos. Un trabajo que supera las expectativas y que, si bien en muchos fragmentos se queda en tecnicismos y demás aspectos que exigen una familiaridad que no se tiene para con el juego, logra franquear airoso la barrera que implica un tema cuasi autóctono para desarrollar una película universal.
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  • La última noche
    La última noche
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    En inglés Last Night tiene dos interpretaciones, algo que Massy Tadjedin sabe y utiliza para desarrollar el aspecto más original de su debut como directora. Por un lado es "anoche", en el sentido de que la acción del film transcurrirá durante algunas horas, en lo que para nosotros ya es ayer. Por el otro es "la última noche", que puede ser tanto la última noche sobre la Tierra como el tiempo de descuento para un matrimonio de años. Así, las cámaras de la iraní seguirán en forma neutral a las dos mitades de una pareja que comparte poco en pantalla. Primero Michael, luego Joanna, la realizadora disecará cual cirujana la última noche de ambos, con el alto precio que supone tener una buena historia, con ritmo y sustancia de un lado, y una relación lenta y fría por el otro.

    "Hay problemas de conexión", le dice Sam Worthington a Keira Knightley, cuando la señal de su celular falla desde el baño de un bar. Esa frase parecería explicar el estado de su relación con Joanna y justificar esa atracción que siente con su compañera de trabajo. No obstante, las escenas del actor australiano con Eva Mendes son asépticas, más allá de que están bien filmadas, como el resto de la película, denotan cierta incomodidad en los diálogos, pronunciada por una falta de química que se hace más evidente, y en comparación, a medida que el film avanza.

    Es que el encuentro de Knightley con el personaje de Guillaume Canet revuelve el pasado compartido y pone en el horizonte el futuro que pudo ser. La noche de ellos es movimiento, comparten una cena con una pareja de conocidos, pasean un perro, van a una fiesta. Se mueven, y con ellos la historia. El trabajo de ambos actores es muy bueno, por eso es que, aprovechando que las piezas más jugosas del guión de Tadjedin fueron para ellos, logran transmitir muchas más emociones con una caricia o una mirada que los otros dos con varios minutos de diálogo. Es en definitiva un interesante debut para la realizadora, un trabajo original que lamentablemente peca demasiado de irregular.
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  • A quién llamarías
    En la pregunta que da título al debut cinematográfico de Martin Viaggio hay una idea llamativa que no se va a concretar y un signo de interrogación que, sin quererlo, deriva a otra cuestión. Su sinopsis bien se encarga de destacar que puede haber una interpretación sentimental respecto de aquello que el paramédico estará obligado a preguntar, y sin embargo, durante un breve lapso, el accidente se espera. Esas largas caminatas nocturnas, las miradas furtivas desde la vereda hacia su pareja, los cigarrillos que no cesan de prenderse y fumarse, uno cree que el personaje de Roberto Birindelli puede ser víctima de un infortunio, lo que abriría una película diferente en la que el título no sería solo una metáfora. Pero eso significaría que se tendría que hacer frente a algo, y para eso ni el personaje ni el realizador parecen preparados.

    El sueño recurrente del cigarro eterno o el sentirse atormentado por una pregunta para la que conoce la respuesta, son los rasgos de este hombre de 40 años que se sabe solo. No por una cuestión de falta, su familia, amigos y su hijo así lo demuestran, sino una melancolía perpetua cuyas razones nunca quedarán del todo claras. Su problema es interior, la huída a la hora de confrontar a su pareja o el intento de conexión sexual con su ex mujer a través de la cámara web, lo pintan como un sujeto que rehúye al conflicto. Y de igual forma se conducirá la historia, preocupada por preguntar a quién llamar antes de saber incluso si hay algo por lo que vale la pena levantar el teléfono.

    La película solo servirá como un marco, una gran ciudad para que el hombre deambule listo para disparar su interrogante en los momentos menos oportunos. Y así es que se la notará desprolija durante sus ’84 minutos, descuidada tanto delante como detrás de cámaras. Malas actuaciones, diálogos inverosímiles, escenas forzadas y un final confuso están al servicio de una sola pregunta, cuando en verdad debieron hacerse otra: ¿qué queríamos hacer?.
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  • El gato con botas
    El gato con botas
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    La irrupción en pantalla de Shrek, allá por el 2001, mostraba a las claras que era un personaje que venía para quedarse. El éxito obtenido en su primera película supuso una gran cantidad de secuelas y cortos de temporada que, por su significativa baja de calidad, hoy parecen un exceso del mercado. Pero de entre esta marea de films consecutivos emergió un gato, con aires de héroe de fábulas y ojos tiernos, siempre relegado a ser un segundo del héroe verde y su fiel burro. Puss in Boots es la primera aventura que tiene al intrépido felino como protagonista, fiel aprendiz del estilo y los modos que se emplearon alguna vez en Muy Muy Lejano.

    Antes de conocer al famoso ogro, El Gato, quien debió ganarse sus botas, vivía en el orfanato de un pueblo junto a su amigo Humpty Dumpty. De leyenda a forajido, ese es el camino que recorre el pequeño espadachín, arrastrado por el huevo de las canciones infantiles que, parábola del destino, se veía a la sombra de otra figura. Y es Chris Miller, director de Shrek the Third, quien se encarga de llevar adelante la película que se sabía el personaje podía encabezar, firme heredera que combina en forma efectiva fragmentos de cuentos infantiles con buenas dosis de humor.

    La película entretiene y resulta cómica en dos niveles marcados, que son aquellos que se vislumbran en el nombre del carismático personaje. Las botas, aunque su atuendo se complete con capa, espada y sombrero, son su característica distintiva, símbolo de humanidad que resalta valores como el coraje y la astucia. Animal de aventuras, puede disponer de sus destrezas cuando la ocasión así lo requiera. Pero en su condición de felino se ponen en evidencia aspectos que, de tan lógicos, resultan tiernos y encantadores. De un zarpazo es capaz de cortar las ropas y barbas de sus enemigos, para luego volver a sentarse y tomar su medida de leche o perseguir en vano una luz brillante. A esa inolvidable mirada gatuna en Shrek 2, que escondía un feroz ataque traicionero, se la extrapola para convertirla en película, explotando el potencial de esa gran escena a lo largo de 90 minutos.

    El Gato flaquea a la hora del cierre, perdiendo el ritmo ágil de sus comienzos, la frescura de los diálogos, las risas de los remates. Se contenta con poner moño a la historia, aunque eso implique infantilizarla de más, descuidando mucho de lo conseguido en el desarrollo. Así lo que tiempo atrás nació como parodia de los cuentos para niños, acaba por aleccionarlos de la misma forma, manteniendo las parábolas que aquellos enseñaban. Es destacable no obstante la gran mayoría de la película, digno spin-off que supera las expectativas y se hace un lugar junto a las primeras del ogro verde, muy por encima de algunas olvidables que vinieron después.
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  • El precio del mañana
    "No tengo tiempo de preguntarme cómo pasó. Es lo que es". Dos líneas le bastan a Andrew Niccol para explicar que no explicará nada. Will Salas inaugura la película "reflexionando" sobre un presente cuyo futuro solo tiene un día, y como debe vivir con los ojos puestos en el ahora, de nada sirve explicar lo que ocurrió en el pasado. Esto no necesariamente significa un problema ya que constituye un punto de partida, la cuestión es que los interrogantes que abra la historia seguirán siendo interrogantes al terminarla. El padre de Will, el funcionamiento del sistema, los señores de arriba, todo parece ser válido para un film que, tan interesado por ganar tiempo, no se da cuenta de que lo está malgastando.

    El director de Gattaca o Lord of War ha demostrado en su carrera ser un hombre de grandes y originales ideas. In Time no es la excepción, su planteo es sin duda interesante. Parece ser además la única forma de juntar a un elenco de jóvenes estrellas en la misma pantalla, más allá de que el atractivo que puedan tener esté totalmente pasteurizado. Pero aquello que convoca en su premisa de a poco se diluye al encontrarnos frente a una película que flaquea a la hora de la ejecución.

    El tiempo lo es todo, no solo para los personajes, sino también para su realizador. Y con el tiempo tiene grandes problemas. En un film tan preocupado por el paso de los minutos es paradójicamente ello lo que falla. La obsesión sobre el mismo es constante, las decenas de planos a los relojes así lo atestiguan, lo que provoca una rigidez tal que le quita cualquier dejo de naturalidad. Las acartonadas actuaciones de Justin Timberlake, Amanda Seyfried o Alex Pettyfer no contribuyen a mejorar ese aspecto.

    In Time es la prueba de que una buena idea no siempre alcanza. Con irregulares actuaciones de sus jóvenes actores, bastantes escalones más arriba que el resto están Cillian Murphy y Vincent Kartheiser, escenas forzadas, numerosos baches en el guión y diálogos solemnes, se acaba por construir dos nociones simplificadas al extremo: que el tiempo es tirano y que el pobre es bueno y el rico es-- 00:00:00.
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  • Operación regalo
    Operación regalo
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    Allá por el 2007 Sony Pictures Animation y la compañía Aardman sellaron un acuerdo de financiamiento, co-producción y distribución de films que recién ahora, cuatro años más tarde, recoge su primer fruto. Y lo hace con Operación Regalo, una película de animación digital que, manteniendo una gran calidad visual, se aleja de la arcilla y el stop motion con que el estudio se ha hecho mundialmente reconocido de la mano de Wallace & Gromit o Pollitos en Fuga.

    Justin Bieber inaugura la proyección con el innecesario estreno del video musical de Santa Claus Is Comin' To Town, algo que para quien no aprecia la música de la joven estrella no solo no prepara el ambiente sino que incluso puede generar mala predisposición. La palabra "marketing" pisa mal y fuerte mientras se presta atención a una producción que nada tiene que hacer delante de una película, que luego se comprobará tiene lo suficiente como para mantenerse sola, y se agradece que solo dure poco más de tres minutos.

    Pronto arrancará un film que desde su comienzo se destaca por un muy buen guión, dotado de altas dosis de un humor que, si bien tiene una orientación que por lógica es infantil, es efectivo para todo público. Aquí se percibe, más que la mano de la debutante Sarah Smith, el aporte del escritor Peter Baynham, curiosa elección para una película destinada a los chicos y que sin embargo acaba por ser más que adecuada. Guionista de trayectoria en la televisión británica junto al humorista Steve Coogan, entre sus últimos trabajos se cuentan Borat y Bruno, producciones políticamente incorrectas con el sello Sacha Baron Cohen que lo hacen, antes que nada, un hombre probado en la comedia.

    En el marco de la Nochebuena, una operación encubierta a escala mundial se pone en marcha para que todos los niños reciban sus regalos. Así se podrán ver logradas secuencias en las que elfos entrenados despliegan tácticas propias de Misión Imposible para que las entregas se hagan en tiempo y forma. Cuando el procedimiento concluya y la base de datos reporte que hay una niña en el mundo que no ha obtenido su presente, el Arthur Christmas del título ejecutará otro plan, uno que lo lleve por todo el mundo con una bicicleta en las manos, comprometiendo el secreto de la maniobra navideña.

    De esta forma se desarrolla una historia divertida y disfrutable en todo momento, un pase de antorcha generacional dentro de la dinastía Claus de lo viejo a lo nuevo que se traduce en pantalla como un film ágil que recupera la tradición para un relato moderno. Es también una película que pierde mucho de la originalidad de esa operación secreta en la clásica idea de reencontrar el verdadero significado de la Navidad, lo que implica que desde el primer minuto se conozca su final y el destino de cada uno de sus animados protagonistas. Fuera de esto es una realización muy lograda, cuyo principal premio es el de romper con la idea de producto navideño y convertirse en un film para cualquier ocasión.
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  • La hora del crimen
    La hora del crimen
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    La traducción de títulos es por lo general motivo de polémica, especialmente cuando hay un sentido que se pierde. La Doppia Ora significa en verdad "la hora doble", término doblemente preciso para el film debut del italiano Giuseppe Capotondi, tanto por las referencias directas que se hacen al tema como por los hechos que se repiten en la historia. El crimen que adelanta la distribuidora en Argentina es el disparador de un thriller psicológico de buen desarrollo que acaba por conformarse a la hora del cierre.

    En su primera parte el film se construye con escenas fuertes que preparan a Sonia, un buen trabajo de Ksenia Rappoport, para lo que vivirá a continuación. El suicidio de una joven a la que le limpia la habitación, el contacto con un sospechoso huésped y un fugaz encuentro con la Policía, conducen a un personaje ya dañado a ser víctima de un crimen y luego vivir con las consecuencias. Con pericia se narra un buen relato de suspenso que juega entre dos realidades, una exterior, con los conflictos en el hotel y los interrogatorios de la policía para saber qué tanto estuvo involucrada, y en un plano interior, sin saber qué es producto de su imaginación y qué no.

    Si bien La Doppia Ora cautiva al espectador y su desarrollo genera intriga, es cultora de una suerte de "falso suspenso". El conflicto mantiene el interés y a medida que los eventos se desenvuelven estos profundizan un misterio que, no obstante, acarrea con él una resolución esperada. Cada fragmento del rompecabezas ayuda a la buena confusión que el planteo genera, pero por otro lado acerca también a la idea de que hay un giro "inesperado" a pocos minutos de distancia. Y si bien la vuelta de tuerca permite que la película cierre, aunque se la pueda encontrar en la página 1 del manual de la intriga, la sorpresa pierde su efecto a raíz de la anticipación, dejando así la sensación de que el desenlace no estuvo a la altura de su desarrollo.
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  • Amanecer - Parte 1
    Amanecer - Parte 1
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    Breaking Dawn es el comienzo del fin de esta saga reciente que se ha valido del género "fantástico" para vender suspiros adolescentes con diferente envoltorio. Es también, al igual que Harry Potter and the Deathly Hallows - Part 1, la toma de conciencia por parte de los estudios de que pronto el producto va a escasear y, como supuestamente el último libro en el que se basa es muy complejo, eligen así racionarlo para dos tandas. En esta cuarta película de la saga Crepúsculo si hay algo que prima es la sencillez de su historia. Como si se tratase de colmillos falsos y disfraces de lobo, el gran conflicto que la conduce tiene poco y nada de fantasía y mucho más de drama familiar de telenovela. Y no es casual la cercanía con este género televisivo, al que se asemeja mucho a partir de situaciones hiperbolizadas, actuaciones impostadas, un guión pobre cargado de discursos solemnes, la condensación de múltiples problemas en pocos capítulos (aquí son días) y un final de estilo "continuará".

    El comienzo de esta primera parte es una quita de máscara y, a pesar de mucho, es de lo mejor que la saga tuvo para ofrecer. Este sinceramiento es hacia su público, no hay vampiros, no hay lobos, solo una chick flick de una chica que se casa con un chico y todos sus conocidos que celebran esta unión. Esta exaltación de la normalidad de las criaturas, algo para lo que se vienen esforzando desde la original, conduce desde el principio al fin al que apunta toda película romántica, el casamiento y la fiesta. Allí incluso se permite, a pesar del drama y los clichés, tener algunos pases de comedia y evadir un poco el tedio en el que suelen sumergirse las adaptaciones de esta serie.

    Pero el film no termina a la media hora y una luna de miel en Rio de Janeiro (donde todo el mundo baila) emprende el camino cuesta abajo que seguirá hasta el final. Es risible la celeridad con que se precipitan los conflictos, hasta convertir a una pareja con apenas días de casados en un matrimonio de años. Luego de su primera noche de amor, Edward decide no volver a tocar a Bella, entonces ella tratará sin éxito de seducirlo, hasta descubrir que está embarazada y, más adelante, que esto puede matarla. A esto se suma que, atrapados en Rio, la pareja se divierte jugando al ajedrez, por si alguien no había entendido que no estaban teniendo sexo. Este dramatismo exagerado juega en contra de la primera parte, más simple y efectiva, y lo seguirá haciendo con nada más que esto (entiéndase Bella puede morir) hasta el final.

    Esta historia sobre humanos, hombres lobo y vampiros buenos, que solo matan al que es malo o solo convierten al que está a punto de morir, se desarrolla a la inversa que la séptima del mago más famoso. En la primera parte de Harry Potter no pasa absolutamente nada y en la segunda pasa todo, a diferencia de esta en la que al final se resuelve el conflicto base que guía todas las películas. La elección de Bill Condon y equipo, siguiendo el libro de Stephanie Meyer, es la de resolver el aspecto romántico, el de mayor importancia para su público, y reservar los problemas entre las criaturas para el año que viene, algo claro ya que solo hay una secuencia de acción, a oscuras y tan mal ejecutada que es poco y nada lo que se entiende. ¿Qué queda entonces por resolver si se trata de una película romántica? La excusa.
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  • La piel que habito
    La piel que habito
    Cinescondite
    La piel que habito es un film que se reconoce almodovariano, la mano de su director se distingue en cada fotograma. La temática, la estética, los personajes, incluso la forma de desarrollar la historia, son propias de su filmografía. En ella, el realizador español vuelve al cine noir, aquel presente en La mala educación y en Los abrazos rotos (película que en muchos aspectos es similar a esta), y lo hace desarrollando una historia de obsesión cargada de suspenso. Para aquel que vio los adelantos, es un placer ver cómo aquellos fragmentos, en apariencia aleatorios, se convierten en piezas de relojería que funcionan a la perfección en un film de gran ritmo que, no obstante, se toma su tiempo para desarrollar cada aspecto sin dejar cabos sueltos.

    Con buenas actuaciones de Antonio Banderas y Elena Anaya, la última creación de Pedro Almodóvar se destaca por sostener un clima tenso que se mantiene hasta la última escena, capaz de erizar la piel. Atrapante y perturbadora, bien musicalizada y excelentemente narrada, la nueva película del realizador manchego se perfila para ser una de las mejores del año.
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  • Johnny English Recargado
    Hay que reconocer un mérito que Johnny English Reborn tiene sobre su antecesora, y es la capacidad para que la acción se desarrolle sin necesidad de largas y tediosas explicaciones. La primera carecía de fluidez natural, cada misión, cada asalto, cada plan del villano, todo estaba previamente interpretado por algún personaje que decidía repasar en voz alta lo que estaban a punto de ejecutar. En esta segunda oportunidad aquello está más disimulado y la historia se desenvuelve mejor, no obstante se trata de una copia fiel a la original, con personajes diferentes pero con situaciones calcadas.

    El cambio más evidente es en torno a la figura del protagonista. Johnny English es un hombre perseguido por una misión fallida que le costó la vida a un hombre y en la que él fue el culpable, por más vueltas ilógicas que se le de al guión para demostrar que después de todo era inocente. Además dejó de ser aquel torpe agente carente de habilidades que debía mucho de su éxito a la suerte. Ahora, si bien es víctima de sus propias equivocaciones y malos entendidos, se encuentra altamente capacitado y en más de una ocasión supera obstáculos por su talento como espía. De esta forma, lo que nació como una parodia de James Bond pierde en parte su sentido original, quedándose a medio camino entre lo uno y lo otro, entre la acción, que no es mucha, y la comedia, fallida por ser una mera repetición.

    Rowan Atkinson cosechó una larga carrera como el alter ego de Mr. Bean, rol que emerge de forma innata en cada una de sus interpretaciones. El humor físico, las expresiones faciales, la torpeza acompañada de la suerte, el buen corazón, cada uno de los elementos de su gran personaje forma parte de aquellos papeles menores como el de Johnny English. Si a esto se suma una historia ya contada, se siente como ver la misma película ocho años más tarde.

    Que el jefe desconfíe, que el bueno en verdad sea malo, que se pueda contar con la bella ayuda femenina y el compañero inseparable, son elementos repetidos que se pueden llegar a tolerar para una comedia de espías. Pero que la historia y las "escenas cómicas" sean las mismas da cuenta de una falta de originalidad que señala a las claras que este es el límite para la saga.
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  • El jefe
    El jefe
    Cinescondite
    Osorio es una mala persona. Desde un primer momento queda en evidencia que no es un personaje de moral dudosa, sino que disfruta de hacer sufrir a los otros. El hogar lo padece, con un bebé recién nacido y su mujer que no se calla por un segundo, pero en el trabajo es rey. En el medio tiene un amorío con la mejor amiga de su esposa, con la que planea fugarse hacia otra vida. Esto, que es muy poco, le basta a Jaime Escallón Buraglia para hacer su primera película, la cual trata de rendir culto al absurdo pero parece que solo alcanza al ridículo.

    Lo breve de una sinopsis en cuatro líneas plantea una idea de consistencia que en realidad El Jefe nunca tiene. Ya en la primera escena queda claro la ética del protagonista pero, en favor de unas risas que no llegan, se repiten situaciones que tienden a reforzar lo ya sabido. A raíz de esto es que el conflicto, la intención de huir junto a su amante, demora demasiado en presentarse. Esto permite que en tanto se desarrolle una inentendible trama de intriga, tan descuidada en su trato y rebuscada (que no es lo mismo que compleja) que es de esperar que, como efectivamente ocurre, no llegue a nada.

    A esto se suma una gama de personajes que entran y salen de escena colaborando al desconcierto general. Mirta Busnelli, es uno de ellos, en un papel con dos inexplicables vueltas de tuerca amorosas con las que se la acaba por vincular al "Quemado", el gran enigma de la película, no por el misterio de su identidad sino por saber qué tiene que ver en la historia. El Jefe completa así un intento de grotesco muy fallido en el que lo más entretenido será ver las inserciones de estereotipos argentinos que justifiquen el apoyo del INCAA.
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  • Violeta se fue a los cielos
    Violeta se fue a los cielos no es una simple película biográfica, sería injusto con la obra limitar su alto vuelo con una categoría que no le hace del todo justicia. Lejos está de una entrada audiovisual de Wikipedia o de un mero recorrido lineal por los pasajes más destacados de su vida. En todo caso es una caminata por un terreno rocoso, como el que atraviesa Violeta junto a su hijo, y como tal en ocasiones hace falta retroceder, avanzar a pasos más largos o rodear un obstáculo. Porque así es el tiempo en que Violeta se va a los cielos, un tiempo maleable en el que pasado, presente y futuro se encuentran, en que familiares fallecidos tiempo atrás comulgan con los amantes de hoy, en el que la niña pobre picada por la viruela convive con la más grande folclorista de la historia chilena.

    Aquello, que es un importante logro del director Andrés Wood, se complementa con otros dos factores que hacen de Violeta el film que es, la muy buena interpretación de Francisca Gavilán y el tratamiento honesto que se hace de su personaje. Si bien en muchas oportunidades se peca de consciente a la hora de construir los diálogos, la historia es franca al mostrar a la artista, algo alejada del busto y sin pulir los acontecimientos. La frialdad ante la muerte de su hija Rosita Clara mientras ella se encuentra en Europa o los malos modos hacia su gran amor Gilbert, evidencian un planteo que no busca endiosarla, el óleo que se pinta de ella es sincero. Hacia el final hay detalles de peso en la vida de Violeta que son obviados y, si bien va en favor de la fluidez, su desenlace parece algo repentino.
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  • Si fueras yo
    Si fueras yo
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    Mitch y Dave eran amigos inseparables de niños y adolescentes, pero con el paso de los años, se han alejado. Dave es ahora un abogado exitoso, casado y con hijos. Mientras que Mitch disfruta al máximo de su soltería. Después de compartir una tremenda borrachera, sus mundos se vuelven del revés cuando se despiertan en el cuerpo del otro.

    Solo basta una escena, la primera para ser más específicos, para ver qué clase de película será The Change-Up. Es de madrugada y un Dave dormido trata de limpiar y alimentar a los gemelos. Antes de que él pueda atinar a algo, veremos a uno de los niños cual poseso apaleándose la cabeza contra la cuna y, unos segundos después, el cruce de frontera de lo escatológico: un disparo de diarrea hacia la boca abierta de Jason Bateman. Pero la secuencia no concluye y el padre sigue su recorrida por la casa, dando cuenta de que lo anterior fue un traspié y él sabe exactamente lo que hace, hasta quedar sentado en un sillón con ambos bebés enganchados a sendas mamaderas. Y así se conducirá el film, que hace unos años se llamaba Freaky Friday, sabiendo que la posibilidad de algo mejor está a unos escasos metros de sus protagonistas, pero siempre dándole prioridad al chiste burdo, fácil y efectista.

    Hay en el film de David Dobkin (Wedding Crashers) ciertas líneas que habilitan algunas risas, muchas de las cuales provienen de las posibilidades que ofrece la presencia de Leslie Mann, el personaje con el conflicto más grande, el que atraviesa la mayor cantidad de estados emocionales y al que se descuida un poco al momento de la resolución. Ryan Reynolds por otro lado tiende a repetirse y, si bien es simpático, funciona mejor cerca de Bateman, un gran actor al que la comedia, aún en sus formas más pobres, le sienta muy bien.

    Jon Lucas y Scott Moore, guionistas de The Hangover, son los autores de esta, una película que en cierto sentido se parece a la otra. Dave es un hombre maduro con una vida armada pero que se arroja de cabeza ante la oportunidad de tener unos días de libertad. En la primera, no obstante, no hay reproches ni culpas por aquella vuelta a la juventud, cosa que sí hay a montones en esta, que todo el tiempo insinúa pero jamás concreta. Pocas veces un título en español es tan apropiado, porque Si fueras yo nunca pasa del “y si”, y cuando asoma un poco la cabeza, los mismos personajes se encargan de contenerse.
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  • Asesinos de Elite
    Asesinos de Elite
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    Hay algo engañoso en la campaña de marketing de Killer Elite, porque el film que uno encuentra en la pantalla no es el que uno esperaba ver. En los trailers que se difundieron hubo un gran empeño, algo que sólo se puede apreciar una vez vista la película, en pintar una suerte de duelo entre tres agentes de operaciones especiales y nada más. Los eventos, como bien señala la placa inaugural, transcurren en 1980, algo que no se manifestaba de ninguna forma en la previa. Por otro lado Robert De Niro tiene un rol sustancialmente menor al que aparentaba y, para crear una sensación de gran protagonismo que no es tal, básicamente se utilizaron todas sus escenas en los avances, avances que no contenían un solo fotograma de Dominic Purcell quien, a decir verdad, es uno de los tres personajes con mayor cantidad de líneas y tiempo en pantalla. Es que, a pesar de que la década del 2000 ha sido olvidable por sus papeles, el actor sigue siendo garantía de "prestigio" para una realización.

    La Asesinos de Elite que se promete se toma un largo tiempo en hacerse presente. Jason Statham, el último gran héroe de acción, es Danny, un mercenario que se retira en la primera escena y vuelve al ruedo en la segunda para rescatar a su mentor. Para salvarlo tiene que matar a quienes asesinaron a los hijos del jeque árabe que secuestró a su amigo, con la modalidad del Arthur Bishop de The Mechanic: que parezca un accidente. Planificar, poner en marcha, ejecutar, el film de Gary McKendry, quizás por respetar el "basado en una historia real" se pasa de lineal y repetitivo. Killer Elite produce la sensación de un videojuego en ese sentido, con misiones que se deben sortear en la mejor forma posible y, sólo si la anterior es superada de manera adecuada, se puede pasar a la siguiente.

    Es, a pesar de lo arriba mencionado, una película disfrutable dentro del género, sostenida con buenas dosis de acción, logradas interpretaciones de sus protagonistas (incluyendo a Dominic Purcell, que se roba cada una de sus escenas con sus espesos mostachos) y una producción que sigue al equipo por todo el mundo (con el apreciable tipeo de la ciudad y el país). Tiene además ese encanto que comparte con todas las películas que muestran las calles inglesas de los '80, con construcciones bajas, mucho ladrillo y algunos skinheads al estilo This is England.

    Killer Elite no es una película original ni un hallazgo, de hecho muchos elementos pueden ser rastreados en otras producciones. Hay incluso ciertas escenas manejadas con torpeza (lo del neumático desinflado de la novia de la primera víctima, por ejemplo) y otras, como los flashbacks recurrentes de Danny, que parecen de manual. Es, no obstante, un buen entretenimiento que no se hace pesado, a pesar de que en ciertos pasajes de sus casi dos horas de duración gira mucho en círculos. Por último es otra oportunidad de ver a Clive Owen como un agente internacional, un tipo de papel que le sienta bien, y a Robert De Niro con un mejor rostro, como ocurría con Limitless, lejos de las erecciones de Los Pequeños Fockers.
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  • Medianeras
    Medianeras
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    Hace poco más de un año la revista Variety votó a Buenos Aires como una de las mejores locaciones del mundo para rodar una película, gracias a que se la puede hacer pasar como doble de cualquier otra ciudad. Al convivir distintos tipos de arquitectura, se dijo que la capital argentina fácilmente podía recrear a Roma, París o hasta Bombay. Respecto a esto Gustavo Taretto tiene una opinión formada. "Buenos aires crece descontrolada e imperfecta, es una ciudad superpoblada en un país desierto, una ciudad en la que se yerguen miles y miles y miles y miles de edificios sin ningún criterio". De esta forma abre Medianeras, con un gran monólogo para cada protagonista, en los cuales se tiende a equiparar la falta de unidad estética de la ciudad con las fallas personales de cada individuo.

    El film tiene su origen en el 2004, con el multipremiado corto homónimo del director que por sus 28 minutos casi es un mediometraje. El debut cinematográfico de este consistió entonces en extender esta historia, que comenzó algunos años atrás y aún exigía mayor tiempo de pantalla. Al igual que la producción inicial, se trata de un trabajo original, divertido y ocurrente, que explora las fobias y las formas del amor en tiempos de actualizar estados online. Javier Drolas y la española Pilar López de Ayala ponen muy bien el cuerpo a Martín y Mariana, dos jóvenes que son ideales el uno para el otro, pero que lo desconocen ya que la enorme Buenos Aires conspira en su contra.

    La película de Taretto funciona muy bien porque ya se partía de la base de un gran trabajo que había dejado muchas puertas abiertas sobre las cuales extender la historia. Sin que resulte repetitivo o molesto, el realizador permite que sus protagonistas entablen relaciones con otros que no existían en el corto. Con ello logra un mayor desarrollo y profundidad sobre sus personajes, especialmente en Mariana, generando así una mayor fluidez y un final menos arrebatado. Estos encuentros no obstante, tienden a resolverse en forma demasiado abrupta, contribuyendo a producir, para aquel que haya visto la versión original, una sensación de relleno que no se da en el resto del film.

    Medianeras es una gran comedia disfrutable por cualquiera, escrita con inteligencia y llevada adelante con oficio. Es recomendable dejar que Martín y Mariana se busquen por primera vez ahora y no tratar de revisar el archivo para ver si se encontraron en el 2004. El viaje será más lindo si no se conoce el destino.
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  • Gigantes de acero
    Gigantes de acero
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    Antes de asistir a la proyección de Real Steel suponía que se trataría de una película descarada. Imaginaba que habría tomado lo peor de Transformers, le había agregado algunos escenarios white trash y se la habría arrojado así al ring, como un pedazo de carne metálica dispuesta a saciar el hambre del que busca una de robots peleando. Es que, hay que entender, la primera impresión es que se arrojó la toalla y ya no se buscó una excusa argumental para que los autómatas peleen, sino que sólo se hizo sonar una campana. Gigantes de Acero es, por el contrario, un film que encierra la violencia de un cross a la mandíbula, en forma más precisa, a la de Michael Bay y sus personajes. A la inversa de aquella, que oculta su objetivo principal con un argumento a medias, esta no esconde en ningún momento que quiere mostrar a los robots asi, y con menos culpa puede desarrollar una muy buena historia de redención y segundas oportunidades.

    Charlie Kenton trata de salir adelante como puede en un mundo que lo dejó afuera muy joven. Tiene todas las cualidades de un timador, agradable, simpático y hasta querible, con nadie dispuesto a poner dos pesos a su nombre. El hijo con quien prácticamente no tuvo contacto en su vida llega a su puerta para pasar una temporada a su lado y encuentra en el boxeo una vía de formar un vínculo con un padre ausente que, sin que el niño lo sepa, lo vendió por unos miles de dólares. Tras una mala racha encuentran a Atom, un robot con un dispositivo de mímesis que tiene chapa de campeón.

    Los combates que se desarrollan son de una pasión que hace largo tiempo no se ve en cine, de esos que se palpitan al borde de la butaca. A decir verdad, los gigantes de acero del título parecen tener venas en vez de cables y sangre corriendo por sus circuitos. Real Steel es un film cargado de emoción, el del retador menor que tiene un vistazo hacia la gloria, en una revisión moderna de lo que fue Rocky.

    Baseball, básquet, carreras de caballos, John Gatins ha escrito guiones sólo de deportes, por lo cual parecía una elección lógica para tachar boxeo de la lista. Si bien el film tiene mucho servido por las excelentes secuencias de pelea, por momentos recurre a frases hechas y declaraciones solemnes ("¡Quiero que pelees por mi!"), que le restan fuerza y originalidad.

    Shawn Levy logra sortear la previsibilidad y el piloto automático con que se hacen estas películas, el no recurrir al falso 3D o al slow motion constante para estilizar secuencias de acción da la pauta, y acaba por ofrecer su mejor trabajo hasta la fecha. Son los ojos esperanzados de Dakota Goyo, el salto para lanzar un golpe de Charlie (en un slowmo bien usado), los movimientos humanos de Atom y sus bailes, como un Naseem Hamed robótico, los que hacen de Real Steel una película gigante que debe atesorarse, como una pieza útil en un mar de chatarra.
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  • El árbol de la vida
    Mucho se ha volcado sobre este film antes de su estreno en nuestras pantallas. De amar u odiar dicen, como es el cine de Terrence Malick, aquel texano hermitaño con ahora cinco películas en una carrera de cuatro décadas. La Palma de Oro en Cannes 2011 y el Gran Premio Fipresci a la Mejor Película del año, por un lado, excentricidades a la hora de proyección en ciertos cines (cambio de entradas en caso de no entenderla a los 30 minutos o rollos invertidos que nadie nota) por el otro.

    "¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la Tierra?". The Tree of Life sentencia su significado desde el comienzo con una cita bíblica del Libro de Job. Malick dijo "Presente" cuando Dios pasó lista, y para probar que no mentía llevó su cámara a la mismísima creación. Allí, a las raíces, cuando los dinosaurios andaban la Tierra (en una escena tanto hermosa como emotiva), cuando el mínimo acontecimiento cimentaba la posteridad. No se puede hacer más que deshacerse en elogios hacia la belleza natural en las imágenes del film, en ese viaje espiritual de perfecta música e inmensa fotografía(gran trabajo de Emmanuel Lubezki) con un terror claustrofóbico al más mínimo espacio cerrado.

    Ese viaje tiene un destino en la triste madurez de Jack. Malick seguirá, no obstante, un trayecto alterno, el que se disfruta más, desde el origen de los tiempos hasta el presente, deteniéndose antes en la infancia de este adulto en los años '50. Si bien mantiene esa devoción encantadora hacia la naturaleza y los planos abiertos, es allí cuando el film pierde su potencia creadora e impacto visual, a manos de un relato cada vez más clásico en lo narrativo como inocente en su tratamiento. Aquel placer estético se encuentra así a un fiero oponente en el tedio histórico de una familia del Medio Oeste norteamericano, demasiado menor para ese fresco universal que Terrence Malick empezó a pintar hace 30 años.


    Nota al pie: Malick, quien se toma lustros o décadas entre película y película, está trabajando actualmente en tres proyectos que podrían ver la luz en los próximos dos años. Como pasa con Werner Herzog y su incontinencia creativa, es bueno que este director norteamericano atraviese un proceso similar, el de dejar un legado, el del cine más grande que la vida.
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  • El guardián del zoológico
    El guardián del zoológico es una típica película de la factoría Happy Madison, productora de Adam Sandler especializada en llevar adelante proyectos que, a algunos años del estreno, alimentan la grilla matutina de los canales de cable. La compañía empezó a funcionar a fines de los noventa, tiempo después que las recordadas comedias del actor, y no tuvo participación en los mejores trabajos del humorista en la década siguiente, como Funny People o Punch Drunk Love. Es una empresa que parece más orientada a dar trabajo a los amigos, generalmente repite actores y directores, a raíz de lo cual todas las realizaciones acaban por verse similares.

    Dr. Dolittle ya hizo su parte hace 13 años con el tema de los hombres que hablan con los animales. De hecho el éxito de la original justificó que se hicieran otras cuatro iguales. Nick Nolte, Sylvester Stallone, Cher, son algunos de los que prestan sus voces para los “divertidos” animales, algo que se hacía en su momento y actualmente se hace en todas las películas animadas. La voz del elefante precisamente es de Judd Apatow y eso es lo único que acerca a Zookeeper a una de las películas de este.

    Y es que, como una clásica película de la productora arriba mencionada, es igual a las demás. Kevin James es simpático, pero en todas hace el mismo papel, sea secundario o protagonista es el gordo buenazo, al que le sigue faltando esa pizca de intento de viveza que tenía su Doug Hefferman de The King of Queens y que lo hacía tan desastrosamente divertido. Sin embargo, como es tan parecida al resto, bien podría haber estado protagonizada por Adam Sandler, David Spade o Rob Schneider, o dirigida por Dennis Dugan en vez de Frank Coraci y el resultado hubiera sido el mismo. Es entonces un producto poco original, repetitivo, predecible, sin gracia, que todo lo resuelve con un golpe a la cabeza o una caída y en ningún momento busca apartarse del molde con el que parecen hacer comedia. Si bien está Ken Jeong, un actor que en cualquier papel la rompe y a todo le suma uno o dos puntos, es un film demasiado infantil, pensado exclusivamente para los chicos.
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  • Damas en guerra
    Damas en guerra
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    Hacía falta una película como esta para que Kristen Wiig tuviera su reconocimiento por fuera de la pantalla chica. Hace años que es parte de Saturday Night Live, aunque el éxito lejos del selecto grupo cómico nunca ha estado garantizado. Por más mínimo que sean sus papeles, Adventureland, Walk Hard: The Dewey Cox Story o Knocked Up para nombrar algunas de las películas en las que participó, siempre cumple aportando su cuota de talento, como una versión femenina de Bill Hader, a quien bien le vendría un protagónico. De a poco ha ido ganando más tiempo en cámara, Paul por ejemplo, pero Bridesmaids es la oportunidad que estaba esperando, por un lado para mostrarse como una guionista muy capaz, pero también como una gran comediante con posibilidades de encabezar un proyecto por su cuenta.

    Y el film con el que lo hace es un clásico Apatow que, por primera vez, está protagonizado por mujeres. El abanderado de la bromantic comedy, a base de divertidas historias sobre la amistad entre hombres, abre las puertas para que surja un cine femenino diferente, disfrutable por cualquiera, sin caer en la previsibilidad de una chick flick.

    Annie está en un mal momento de su vida. Su panadería fue a la quiebra gracias a la situación económica del país, no tiene novio, el hombre que frecuenta la hace sentir miserable y, por sobre todo, Lillian está a punto de casarse. Ella puede soportar esto en forma estoica, pero no tolera que la perfecta Helen trate de arrebatarle a su mejor amiga. En un sentido tiene eso que volaba por encima de Superbad, ese saber que la vida sigue y que el momento en que se encuentran no es el mismo de antes. Esa escalera mecánica que distanciaba a Seth y Evan para transportarlos a otra etapa en la que su amistad atravesaría su prueba más difícil, es lo que ve Annie en cada propuesta de la otra, un obstáculo más en una relación de años, una brecha que se agranda en forma inevitable.

    Con esto pensado la película se desenvuelve sola. El único problema del film de Paul Feig es el mismo que afectó a otra gran película como es Funny People, una extensa duración que magnifica los tiempos muertos y resalta la falta de gracia de ciertos fragmentos. No obstante, con un buen grupo de actrices para acompañar, notable Melissa McCarthy, diálogos originales, situaciones desopilantes y una carga emocional que en más de una ocasión estalla, Bridesmaids se presenta como una de las mejores comedias de la temporada.
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  • La vida nueva
    La vida nueva
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    Hay muchas vidas a punto de comenzar en La Vida Nueva. Laura está embarazada de un hijo que no quiere tener, Juan, futuro padre, es testigo de una pelea entre jóvenes del pueblo y se ve obligado a tomar una difícil decisión. Además de la pareja está Sol, la estudiante de piano, quien puede obtener una beca que la saque del pueblo; Benetti, con la oportunidad de recuperar a su novia de la adolescencia y, atravesando a todos ellos, César, el joven herido que trata de arrebatarle a la muerte un tiempo más de vida. Para bien o para mal todos ellos están al borde de aquello que cambiará sus existencias y, a excepción del moribundo, está en sus manos que eso suceda. En cierto sentido el nuevo film de Santiago Palavecino llega a ese instante, pero allí se queda.

    El trío de guionistas compuesto por Santiago Mitre, Alejandro Fadel y Martín Mauregui suman sus plumas a la del director para llevar adelante una película de muy buen desarrollo que, a la hora de la verdad, no termina de concretar. Conducen con pulso un film cargado de múltiples conflictos de peso, capaces por sí solos de sostener su propia historia. El amor, la ausencia del mismo, la culpa, el deseo, la música (muy buena, por cierto), son algunos de los temas que abordarán, con especial atención sobre el poder, aquel que seducía al Roque del antecedente más cercano de los escritores, la gran El Estudiante. Y aquí es el dinero el que otorga ese poder, aquel que permite tener en el bolsillo a todo un pueblo, aquel que lleva a un simple veterinario a olvidarse de sus principios y convertirse en cómplice en contra de aquello a lo que se oponía.

    Alan Pauls, Martina Gusman y Germán Palacios son las caras de un juego de tres que no llega a constituirse como tal en forma plena. Ella como expresión de la crisis con una pareja que está a medias, porque Juan padece el distanciamiento de su mujer, pero a la vez hace lo propio alejándose emocionalmente luego de haberse traicionado. Y allí va y viene Benetti, el tercero en discordia, el músico exitoso, el que no quiere que la gente se harte de él y por eso desaparece tan rápido como llegó.

    Sus historias son fuertes y así se las sigue, a la espera de algo que no ocurre. Todos al borde de esa vida nueva y ninguno capaz de tomarla. Juan víctima de una caída libre que le impide hablar aún si eso significa que todo lo que conoce se desmorone, Laura que posterga una decisión por décadas y sólo actúa cuando su presente se vuelve insostenible, y Benetti, que nunca fue capaz de llamar a su antigua novia y sólo vuelve cuando su sobrino está a las puertas de la muerte. Y allí está el film de Santiago Palavecino, a un paso de ser una gran película, pero sin decidirse a saltar.
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  • Identidad secreta
    Identidad secreta
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    A los actores de sagas como las de Crepúsculo o Harry Potter les cuesta salir del encasillamiento en el rol que los lleva a la fama mundial. Tanto Kristen Stewart como Robert Pattinson ya han intentado, con mayor o menor éxito, romper el cerco vampiro encabezando otras realizaciones que no requerían que se alejaran demasiado de sus papeles conocidos. El que faltaba era Taylor Lautner, quien busca pegar un salto a medias con Abduction, una película de acción muy light que trata de mantenerse cercana al público adolescente que sigue a su protagonista.

    La joven estrella transpira Twilight por los poros, como si fuera una exigencia del contrato hacer nuevamente de Jacob. Un juego interesante que se puede poner en práctica en la previa a la proyección es tratar de medir el tiempo que tardará el joven actor en aparecer sin remera. La velocidad con que lo hace sorprende, de la misma forma que el notar que todavía gruñe como si el lobo estuviera a punto de aflorar. La identificación con un sector específico de la audiencia no se limita sólo a su personaje central, de hecho la amenaza del gran villano es eliminar uno a uno a todos los contactos que el otro tiene en Facebook.

    Tras una década y media de mantener un promedio de una película cada dos años el director John Singleton se tomó una larga pausa. Four Brothers (2005) había sido su último trabajo, una buena película de acción centrada en la búsqueda de venganza de cuatro hombres criados como hermanos por una madre adoptiva recientemente asesinada. Si Abduction es una peor película en todo sentido es porque parece más ocupada en instalar una nueva franquicia joven a la que explotar. El guión del debutante Shawn Christensen toma ciertos elementos de Wanted y Bourne a los que agrega muchas hormonas, dando como resultado un film azucarado y carente de originalidad.

    Hay no obstante ciertos elementos rescatables, sobre todo durante la primera parte. Fundamentalmente se dan con las intervenciones de Maria Bello y Jason Isaacs, este último boxeando a Lautner, al igual que Sigourney Weaver, Alfred Molina y Michael Nyqvist, todos como parte de una gran trama de secretos y mentiras que llama algo la atención hasta que se revela como un Wanted sin disparos curvos. Así la elección del joven Taylor como héroe de acción queda justificada, ya que se trata, sin llegar a los extremos de I Am Number Four, de otra película pensada para aprovechar la mina de oro que resultó ser el público adolescente.
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  • Invasión a la privacidad
    Hilary Swank está en una etapa de cambio como en la que se encuentra Adrien Brody, tomando cierta distancia de los papeles dramáticos que la llevaron a la fama y pasando a géneros en los que no pisa del todo firme. Pareciera estar buscando desesperadamente demostrar que es una mujer, tomando roles más femeninos y apartándose de los papeles varoniles que ya le reportaron dos premios de la Academia.

    En esta oportunidad se vuelca al “suspenso” en la ópera prima del finlandés Antti Jokinen. Y hablar de suspenso en este caso le queda grande a una película incapaz de manejar lo que genera. Hay unos buenos 30 minutos iniciales en los que se plantea el conflicto, sostenido por la actriz acompañada del carismático Jeffrey Dean Morgan y de un Christopher Lee que colabora en construir una atmósfera sombría. Súbitamente el director muestra sus cartas antes de la mitad del juego. Durante unos largos minutos sobreexplica la vuelta de tuerca, reviviendo cada una de las escenas desde la mirada del malo. A partir de ese punto el final no tiene propósito, y el film encuentra su lugar como un thriller predecible y repetitivo.
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  • Sin escape
    Sin escape
    Cinescondite
    Johann corre en círculos en el patio de la prisión a la que está confinado por robo de bancos. Su recreo termina e, increíblemente, sigue corriendo en su celda, en una cinta andadora ubicada delante de sus múltiples pares de zapatillas deportivas. La de Johann es una historia real, la de un maratonista austríaco que por hobby asaltaba bancos. Y en silencio, corre. Como en la cárcel, una vez que empieza no se detiene y así da comienzo a un ejercicio fílmico (¿o físico?) en que la cámara sigue a la par sus interminables pasos.

    Der Räuber es un thriller filmado con mucho pulso por su director Benjamin Heisenberg. Se trata de un film ágil en perpetuo movimiento, ligado a la suerte de un protagonista que no puede dejar de acelerar. No es convencional, Johann es un hombre silencioso, impasible, al parecer distanciado emocionalmente de todo. Pero corre, y en eso es el mejor. Y el director lo hace junto a él, no lo sigue desde atrás, corre a su lado. Esta velocidad constante da como resultado algunas secuencias sorprendentes, como los dos robos en un día, seguido de una larga persecución que se extiende hasta el final o el montaje de autos y música que indican que sigue en los asaltos. Todas tienen el punto en común del protagonista corriendo. Y este vínculo irrompible hombre/cámara falla entonces cuando se detiene, cuando lo relaciona con una mujer, cuando sus largos silencios apoltronan una historia que no dejaba de moverse.
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  • Paul
    Paul
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    Con precisión de relojero cada dos años Greg Mottola entrega una nueva gran película. No repite fórmulas, cambia, busca nuevos guionistas, da oportunidades a jóvenes actores y siempre cumple. En el 2007 buscó y logró risas con Superbad, film que potenció a un adolescente grupo de actores y a sus principiantes escritores Evan Goldberg y Seth Rogen. En el 2009 volvieron los ’80 con Adventureland, su mejor trabajo hasta el momento y lamentablemente el menos conocido. Con Paul juega a la ciencia ficción. Como niños en una dulcería, lleva al paraíso geek a sus siempre presentes nerds y los deja tocar todo. El resultado es una divertida y emotiva comedia cargada de personajes entrañables, como aquellas que suelen caer de otro cielo que es el de Apatow.

    Y para el combinado sci-fi humorístico, nada mejor que aquellos que durante algunos años han mezclado sabores del otro lado del charco. Simon Pegg y Nick Frost han probado como dupla actoral, y como guionista el primero, la comedia de terror (Shaun of the dead), le han sumado acción (Hot Fuzz) y, en su primer guión co-escrito, juegan con Mottola a la ciencia ficción. Y como él, cambian. Pero al igual que el director mantienen un punto fundamental: el corazón. Sus personajes pueden insultar cada dos palabras, pueden hacer cosas ilegales, los puede perseguir la policía, pero nunca pierden sus valores, y en estas películas lo principal es la amistad. Paul es cómica, ocurrente, franca, emotiva. Puede que el género sea otro, pero en la práctica es lo mismo. El mismo cine de Mottola, el mismo ejemplo de felicidad.
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  • Juan y Eva
    Juan y Eva
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    Juan y Eva es la historia del origen y la consolidación del romance entre dos de las figuras políticas más importantes del siglo XX argentino. El título es claro, el enfoque está puesto en el hombre y la mujer detrás del mito, y el amor que se profesaron antes de convertirse en Perón y Evita. También es una película que se estrena a poco más de un mes de las elecciones presidenciales por lo que es, en ese sentido, susceptible a que se la mire de reojo como una realización de fines propagandísticos. Cabe aclarar que esa idea previa se desvanece de a poco mientras la proyección avanza y, si bien no es "apolítica" como definió su directora, sería injusto tildarla de electoralista.

    El film se destaca por una gran representación de época que no necesita apelar al ornamento. Austero pero preciso, es evidente el fuerte trabajo de producción en el cuidado de los detalles. Son notables también las interpretaciones de sus protagonistas, en ambos roles de peso sobre los que se sostiene la historia. Sin importar el parecido físico, tanto Osmar Núñez como Julieta Díaz acaban identificados con dos papeles difíciles, de los que mucho se sabe y se ha visto, pero poco en el período representado.

    Respecto al tema político, parece temeroso el calificar a la película de apartidaria por el hecho de transcurrir en una etapa que antecede a la antinomia peronismo-antiperonismo. Si bien desde un principio se tiene la pauta de que el costado que se muestra es el humano (la relación de Perón con María Cecilia, por ejemplo), se puede dudar de si verdaderamente está tan disociada de la actualidad. Hay respecto a esto una escena en particular (se puede ver un vistazo en el trailer que está más abajo), en que el embajador Spruille Braden (Alfredo Casero) encabeza la Marcha de la Constitución y la Libertad. Allí circula la multitud con los puños en alto, banderines norteamericanos y carteles en los que se lee "Unión Cívica Radical" y "Sociedad Rural Argentina", todo esto acompañado por una tétrica música de película de terror de fondo. Ejemplos como este desdibujan lo que es, en esencia, un film "apartidario".

    Respecto a la historia de Juan y Eva, hay en el guión un trabajo opuesto al que se condujo respecto a la puesta en escena. De aquella se resaltaba la austeridad como punto a favor, algo que falta en el relato escrito por su directora Paula de Luque, sobre la novela homónima de su marido y actual Secretario de Cultura, Jorge Coscia, el cual se mantiene muy apegado a las citas. Meticulosa y respetuosa, el buen desarrollo de la historia de amor pierde fluidez a manos de la solemnidad y el discurso.
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  • Amigos con beneficios
    Por la cercanía en el tiempo de un estreno con el otro, es imposible no ver Friends with Benefits (Amigos con beneficios) y establecer comparaciones con No Strings Attached (Amigos con derechos), dado que como sus títulos demuestran prácticamente comparten argumento. Teniendo en cuenta que la segunda contaba con una dupla protagonista de mucho mayor peso y que su resultado aún así había sido malo, poco se podía esperar de esta nueva película. Un punto de partida para mirarla con otros ojos era la presencia de Will Gluck en la silla de director, sabiendo que su último trabajo, Easy A, resultó en una comedia muy lograda. Es en parte gracias a él y a sus guionistas que este segundo acercamiento del año al tema de los fuck buddies sea notablemente superior al primero.

    No hay que menospreciar a este estreno aseverando que sólo es una buena comedia por comparación con una mala. Es una buena comedia porque funciona como tal. Los diálogos son ágiles, la pareja del título tiene mucha química y, como últimamente necesita cualquier film de este género, hay un buen grupo de personajes secundarios. La frescura de Mila Kunis es una constante en un papel bastante similar al de Forgetting Sarah Marshall, mientras que Justin Timberlake lo hace dentro de todo bien, salvando los momentos en que los realizadores buscan que sea Justin Timberlake y lo hacen volver a la época de 'N Sync. Por otro lado tanto los experimentados, como la desatada Patricia Clarkson, el avejentado Richard Jenkins y la loca de Woody Harrelson, hasta los novatos, el pequeño Nolan Gould (Luke de Modern Family), todos acompañan a un dúo que no sufre la necesidad de compañía dado que se sacan chispas frente a la cámara. Para cerrar con el tema actores hay que mencionar las simpáticas participaciones menores de Emma Stone, Jason Segel y Rashida Jones, estos últimos dos en el marco de una falsa comedia romántica que dan en televisión.

    Tanto lo ya mencionado como ciertos detalles, como la relación de Dylan con su padre enfermo (lo cual en un primer momento parece descolgado pero con buenas actuaciones y guión se ajusta perfecto) o los momentos cómicos durante el sexo PG-13 made in Hollywood, son puntos favorables para una película que no arriesga demasiado e igual gana. Son aspectos que mejoran mucho una película que por lo general sigue un rumbo fijo hacia la habitual previsibilidad de género.
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  • Sin límites
    Sin límites
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    "Para ser un tipo con un coeficiente intelectual de cuatro dígitos, debo haber errado en algo", piensa Eddie Morra desde la cornisa de un rascacielos, al borde del suicidio. Desaliñado, con el pelo desprolijo y lejos del traje de la escena anterior es la siguiente imagen que ofrece, en la cresta de un bloqueo de escritor que lo ha vuelto un ser completamente improductivo. Su voz en off da a entender a las claras que él será quien tome la responsabilidad de la historia, con lo cual, más allá de que Robert De Niro esté presente en una de sus mejores películas de un tiempo a esta parte, es entera responsabilidad de Bradley Cooper llevarla adelante.

    En los últimos años este actor norteamericano ha logrado dar el salto que implica pasar de secundario a estrella y, si bien ha encabezado proyectos, este es el primero que lo encuentra como absoluto protagonista. Ha formado parte de grandes ensambles románticos, de un equipo de acción (The A-Team) y en dos oportunidades de uno de los mejores tríos cómicos de la década (The Hangover), pero esta es su primera oportunidad de cargar con todo el peso de la producción en sus hombros.

    Lo hace en un film que recuerda a John Doe, aquella serie del 2002 con Dominic Purcell cancelada luego del espectacular episodio final de la primera temporada. Si allí el personaje que parecía saber todo menos su nombre utilizaba sus dotes para ayudar a resolver crímenes, aquí Eddie Morra tiene un objetivo más humano: poder y dinero. Es que, partiendo de la base ficticia de una droga que permite utilizar el cerebro al 100%, la película envuelve a sus involucrados en una trama con los pies sobre la tierra. Y esto lleva a que sea mayor la carga sobre su protagonista, dado que no hay una contraparte definida, sino varias. Es la sencillez del razonamiento lo que conduce a que el film abra múltiples variantes fáciles de controlar, al girar todas en torno a la codicia. Todo aquel que toque la fuente de la sabiduría va a quererla, de forma tal que cualquiera es un potencial enemigo.

    El guión de Leslie Dixon (The Thomas Crown Affair, Pay it forward), adaptación de The Dark Fields de Alan Glynn, es ágil y entretenido, cambiando rápidamente a la versión loser de su personaje central por uno cargado de confianza y carisma, con un brillo propio que se refleja en cámara. Su mayor inconveniente es que, de a ratos, deschava sus cartas permitiendo que el público tome conocimiento de sus intenciones, anticipándose a un sujeto que usa el máximo de sus capacidades cerebrales. Más allá de esto el director Neil Burger, al igual que en El Ilusionista, juega bien una mano ganadora y, aunque algo se pueda percibir, se guarda algún as bajo la manga hasta el final.
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  • Apollo 18
    Apollo 18
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    Los descendientes de la bruja Blair cobraron fuerza en los últimos años luego de que la fórmula del material recuperado y el registro "verídico" con cámaras testigo volviera a resurgir con la saga Paranormal Activity. A esta nueva película incluso se la ha definido con entusiasmo como Actividad Paranormal en el espacio, lo que puede interpretarse entonces como una idea repetida pero con cambio de locación. A esto apunta Apollo 18, en el marco de una fallida misión espacial dotada de una decena de dispositivos para filmar los acontecimientos.

    La propuesta tiene como plato fuerte la premisa de dar cuentas de la "verdadera" razón por la que el hombre no volvió a la Luna. Cuenta para ello con actores desconocidos que por asociación se convierten en los rostros de los astronautas "reales". Pero es el factor que idealmente la hace diferente, el espacio, lo que finalmente acaba por perjudicarla. Que sean dos sujetos aislados en la superficie lunar, sin comunicaciones y con salidas reducidas, lo que limita la película a unas pocas posibilidades que se agotan rápido y se repiten mucho. Esto produce así un ida y vuelta permamente sobre lo mismo: escuchar ruidos, ver indicios de que pasa algo raro, explorar la región, intentar comunicarse con Houston. Esto parece así un cronograma dispuesto por el realizador, quien no tiene reparos en repetir situaciones con algún mínimo cambio en pos de la "verdad". Hay respecto a esta construcción ciertos planos, acercamientos y enfoques en cámara lenta sobre algunos sucesos con los que se traiciona incluso aquella idea fundante.

    En definitiva se trata de una propuesta que poco aporta a esta técnica del found-footage. Tampoco tiene qué ofrecer tanto al género de terror, ya que difícilmente se la pueda encuadrar en él (si lo máximo que se puede lograr es un ¡Bu! de frente a la cámara, hay síntomas de que algo está mal) como a la ciencia ficción. Lo que más se destaca es sin dudas la lograda puesta en escena, algo que condujo a que en los últimos días la propia NASA prefiriera prevenir que curar y asegurar que este film no es un documental. Que la agencia se preocupara al punto de tener que desmentirla, es un premio demasiado grande para esta película de Gonzalo López-Gallego.
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  • Destino final 5
    Destino final 5
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    En 2009 se estrenó The Final Destination y con una visión más a largo plazo que los propios realizadores, los distribuidores la nombraron en español Destino Final 4. La correcta traducción hubiera sido El Destino Final pero, quizás gracias a una premonición, se pensó que sería mejor hacer a un lado aquel pronombre personal que da una sensación de cierre definitivo y poner un número, de forma tal que la saga pudiera seguir sumando. Uno podría llegar a pensar que es la explosión del 3D, sangrienta en este caso, lo que justifica una quinta parte, pero ya en la cuarta se había empleado esta técnica. Entonces ¿cine para fanáticos? Voy a dejarlo así para no seguir dando vueltas a la cuestión, más de uno debe saber cuánto es que importan los seguidores, decenas de series canceladas hablan por sí solas.

    La saga de Destino Final es exactamente igual a la del Juego del miedo, esta última sin el componente sobrenatural y con algo más de "realismo". Si bien la primera tiene más años, su origen es del 2000, la segunda se adueñó rápidamente del género de la porno-tortura por cantidad en desmedro de la calidad, a un ritmo de una película por año. Y en los dos casos, cada vez que se suma una nueva realización, la saga se berretiza un poco más.

    Es que ni la primera, la de James Wong, era una gran película como para justificar cuatro partes más. Sí tenía cierta originalidad, además del gancho de las intrincadas muertes inesperadas, y con eso solo, dicho así parece poco, hacían las secuelas. Esta quinta parte da cuenta ya de falta de esfuerzo hasta en aquello que es su razón de ser. Se sabe desde el comienzo que uno tras otro van a caer como moscas, la gracia es ver el cómo. En la primera uno moría ahorcado en el baño, en la segunda uno descuartizado por el alambre de púas, en esta se deja una llave de tuercas sobre una máquina que escupe cosas con violencia y detiene a uno de los personajes adelante.

    De todos modos esta tiene ciertas cuestiones rescatables, como la lograda escena del derrumbe del puente en la premonición o la de la muerte de la gimnasta, en la que sí funciona la idea de matar en forma complicada. Hay también una vuelta de tuerca sobre el personaje de Miles Fischer, bien llevada por los realizadores no por el actor, con la que se baja un poco los decibeles y la película levanta algo de vuelo. Para el final se guardan una última carta, un giro que tiene algo de sorpresa y algo de obviedad (muchos planos detalle lo anuncian a lo largo de sus 92 minutos), con el cual traicionan su propia idea de que la muerte sigue una lógica pero con el que abren una nueva posibilidad, más lucrativa: la de un destino infinito.
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  • Rita y Li
    Rita y Li
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    Rita y Li abre con su cámara posada sobre un negocio que exhibe en su vidriera una cantidad improbable de baldes de pintura de una misma marca. El impacto de esta imagen, que sea o no de un auspiciante parece un chivo televisivo, rápidamente se disipa con la aparición de una Julieta Ortega de impostado acento paraguayo que busca trabajo en la lavandería que maneja su dueña oriental. El cómo dos personas con un fuerte bagaje emocional logran sobrellevar su vida en un entorno ajeno es el buen punto de partida del director Francisco D'Intino. Sin embargo, su ligero enfoque sobre las barreras culturales y lingüísticas en orden de hacer una comedia liviana con tintes dramáticos, da como resultado una lavada versión femenina de Un cuento chino.

    De igual forma que ocurría con el film de Borensztein, este visita un importante número de lugares comunes con especial enfoque sobre gruesos estereotipos (la china quiere un wok, la paraguaya come chipá) con el fin de resaltar esta añoranza de la patria abandonada. De la misma forma que el personaje de Ricardo Darín, Li sufre las secuelas de un acontecimiento de la historia argentina que la marca a fuego. La diferencia fundamental es que aquí la comedia no es cómica, pero además a las situaciones de pretendido impacto emocional les sobra intención pero les falta contenido.

    Rita y Li sufre del mismo problema que Familia para Armar, realizaciones demasiado tradicionales que juegan a un humor familiero que quizás se ve bien en papel, pero a la hora de las actuaciones pierden por mucho. Las actrices fuerzan sus interpretaciones, les falla el timing y se quedan en chistes infantiles de poca gracia. Antonio Birabent por otro lado tiene el rol irrelevante de un escritor padre de un chico pequeño cuya esposa se ausenta frecuentemente y que, cuando parece asomar algún acercamiento a Rita que justifique su presencia, desaparece sin más. Son las intervenciones de otros como Juan Manuel Tenuta, Juan Palomino, en un papel que hace de memoria, o Enrique Dumont, como el querible cafetero que quiere ganarse a Rita, los que terminan oxigenando un poco una historia que se asfixia pronto.
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  • Mi primera boda
    Mi primera boda
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    Mi primera boda tiene mucho de la Nueva Comedia Americana que lleva a Judd Apatow a la cabeza. Hay también un parecido a Death at a funeral, ya la secuencia animada de apertura a cargo de Liniers lo recuerda, con toda la acción transcurriendo en un mismo lugar que le da a todos los personajes la posibilidad de hacer sus intervenciones. Desde el 2006 hasta la fecha este género se convirtió en una suerte de norma y punto de llegada al que muchos aspiran. Este 2011 está más fogueado entonces para recibir con los brazos abiertos la nueva película de Ariel Winograd, como no se hizo hace 5 años con la genial Cara de Queso.

    De igual forma que aquella se trata de una historia personal, su diferencia reside en que el director ha madurado al igual que su protagonista. Ariel/Adrián ya no es un adolescente con problemas de chicos, es un adulto que se autoconvoca la desgracia, y a esta anécdota le da un principio, un desarrollo y un final. Y por eso es doblemente gracioso cuando uno de sus amigos le comenta a una estudiante de cine su idea para un guión sobre unos chicos en un country judío, y que ante la pregunta: "¿Y qué pasa?", la respuesta sea nada. Chiste autoreferencial que a la vez funciona como crítica. A quienes no entendieron sus inquietudes en el 2006, Winograd devuelve la gentileza con una película de estructura convencional pero a su manera. Y lo hace bárbaro.

    Este joven director logra aquí algo que parece una quimera en el cine nacional y que sólo pocos pueden preciarse de hacerlo: una película realmente cómica orientada a un público masivo sin caer en el simple humor televisivo o en el grosero. Si bien la idea original es de Nathalie Cabiron y del mismo Winograd, mucho de esto se debe a la reescritura del guión a cargo de Patricio Vega, quien ya le había dado a Natalia Oreiro la posibilidad de entretener fuera de sus recurrentes roles en la pantalla chica con Música en espera.

    Mi primera boda divierte y lo hace bien, porque conoce sus recursos y sabe cómo explotarlos. Juega con la imaginación de sus personajes, con sus protagonistas rompiendo la cuarta pared o con el explosivo final, porque entiende el género y sabe utilizar aquello de lo que dispone. Su elenco cargado de nombres provenientes de distintos ámbitos funciona en su conjunto y, si llega a existir un momento en que la gracia puede perderse, la unidad hace la fuerza y hay otro personaje a la vuelta de la esquina para volver a recuperarla. A Winograd no le tiembla el pulso al buscar algo más masivo y logra con Mi primera boda dar la vuelta de tuerca que faltaba en Cara de Queso: Mi primer ghetto. Espero ansioso la próxima primera experiencia que tenga para ofrecer en cine.
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  • El estudiante
    El estudiante
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    Una de las dos películas argentinas que formaron parte de la Competencia Internacional del BAFICI fue El Estudiante, primera en solitario de Santiago Mitre, uno de los cuatro directores de El Amor (Primera Parte) y guionista junto a Pablo Trapero de Carancho y Leonera. Hay cierto contacto con el cine de este realizador, en la construcción de un relato con algo de suspenso centrado en un hombre común que debe hacer frente a situaciones que lo superan y para las que no está preparado. Un intensivo trabajo de guión, junto a otro pilar del Nuevo Cine Argentino como es Mariano Llinás, se traduce en una película capaz de articular un profundo contenido político para generar una historia vibrante. Si hay algo evidente al finalizar la proyección es que sus 124 minutos de duración no suponen una carga, al no disminuir su intensidad en ningún momento, no solo no decae sino que logra mantenerse apasionante a lo largo de dos horas.

    Es interesante el punto de vista que ofrece sobre la militancia estudiantil, dirigencias harto conocidas por todo aquel que alguna vez pisó una Facultad o escuchó las noticias. A la cara visible del folleto y el pasillo, el director pone el foco en el lado oculto, en el de los entramados políticos, negociados y acuerdos de los que el 95% del estudiantado no se entera. En ese sentido puede ser vinculada con El Bonaerense, película de Trapero del 2002, en la que un hombre del Interior llega a Buenos Aires para desempeñarse como Policía y libera al monstruo que lleva dentro cuando empieza a desenvolverse en el mundo de la corrupción. Sólida desde cualquier punto de vista, hay un gran trabajo de actores, dirección, guión, música, fotografía y demás aspectos técnicos. Sin duda es una de esas escasas realizaciones argentinas que por año logran, en forma equitativa, el visto bueno del público y la crítica. Este gran trabajo de Santiago Mitre fue, en lo que a mí respecta, la mejor película que ofreció el festival.
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  • Balada triste de trompeta
    Como si se tratase de una larga nota en trompeta, la última película de Álex de la Iglesia tiene un comienzo potente. Un circo intervenido en la búsqueda de milicianos, un payaso armado con un machete y cientos de soldados de un bando y el otro que caen abatidos por las heridas frescas de la Guerra Civil española. El sonido de aquella nota podría acabar extinguiéndose y provocar la sensación de que esta fue perfecta, pero el trompetista, ansioso por demostrar la resistencia de sus pulmones, trata de estirarla al punto del agotamiento. El músico acaba por ofrecer un resultado altamente irregular, con un gran arranque que recupera su fuerza de a ratos, pero que cada vez con más frecuencia demuestra la falta de aire. Así es esta Balada triste de trompeta.

    Pienso que se trata del primer filme del director español que se adentra en forma tan directa y franca en cuestiones políticas. Y es probablemente este objetivo de abarcar todo el espectro de posibilidades lo que acaba perjudicando lo que son grandes partes que fallan como un todo. Un niño que sólo ve en la venganza la posibilidad de ser feliz otra vez, un payaso asesino que queda involucrado en distintos acontecimientos de la historia política española y dos payasos de circo en un duelo a muerte por el amor de una misma mujer. Es difícil de explicar que estas tres líneas argumentales sean para un mismo personaje, pero esto sucede con Javier, condenado desde pequeño a una vida de infelicidad. El contenido histórico político y el romántico trágico no mantienen un equilibrio, es lo uno o lo otro, y esta unión a presión acaba restando potencia a una película que de a ratos ofrece secuencias de antología.

    De la Iglesia otorga un proyecto estéticamente impecable que da lugar a aquellas genialidades, Santiago Segura disfrazado de payaso mujer matando enemigos de otros con un machete es una de las tantas, que habitan su filmografía desde sus inicios. El primer guión en solitario del director es ambicioso, demasiado cabe destacar, pero a fin de cuentas original y arriesgado. Por momentos da placer, de a ratos produce hastío, tal y como una larga nota de trompeta que elige su destino sobre la marcha.
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  • Quiero matar a mi jefe
    Para Nick, Kurt y Dale lo único que haría su rutina diaria más tolerable, sería poner a sus jefes bajo tierra. Renunciar no es una opción, por eso ingenian un complicado pero al parecer infalible plan para deshacerse de ellos en forma permanente.

    El gran atractivo de Horrible Bosses, más allá de ser una idea algo original, se sitúa sin duda en el enorme grupo de actores que la componen. Descontando a los tres principales, que fuera de Jason Bateman no tienen muchos kilómetros hechos en cine, hay un reparto de secundarios capaces de encabezar por separado proyectos que los tengan en roles protagónicos. Es sin dudas poco común que un ensamble así se conforme para una comedia y se trata, en ese sentido, de uno de los motivos principales para verla.

    Nick, Kurt y Dale, cansados de los jefes que los hacen miserables, idean y ejecutan un plan para matarlos y así lograr que sus vidas sean un poco más sencillas. Un trío al mejor estilo The Hangover, entiéndase "El galán, el coherente y el loco", pone en marcha un pacto homicida del tipo Strangers in a train para liberarse de sus superiores, un psicópata, un imbécil cocainómano y una maniática sexual. Los protagonistas, si bien no salen de su zona de confort (Bateman repite su papel de Arrested Development, Charlie Day su genialidad de It’s always sunny in Philadelphia) se entienden y soportan el peso de la película. La base está, el equipo también, ¿entonces por qué Horrible Bosses no es un mejor trabajo?

    No es que sea una mala comedia, sino que sólo cumple. Todas las expectativas que se pudieron haber generado en torno a la propuesta se encuentran con un problema estructural que es el del guión. De por sí el hecho de tener que hacer malabares con tantos personajes que piden pista se resuelve fallando a favor de uno, el de Kevin Spacey, mientras que el resto sólo vive para algún gag aislado. Estas caricaturas buscan más el chiste que se abre y cierra en el momento en lugar de apuntar a un plano más amplio, restringiendo por ejemplo a Jamie Foxx y Colin Farrell, quien trabaja mejor cuando no se queda en el carilindo (recuerden In Bruges) a un limitado número de recursos.

    Por otro lado no abundan las carcajadas y el desarrollo es más pausado de lo que se esperaría, lo cual no implica que no sea divertida. Entretiene y genera risas, el equipo de actores funciona tanto desde lo grupal como en lo individual, sin embargo no hay escenas que se destaquen o que hagan de Horrible Bosses una película inolvidable. En definitiva se trata de una buena idea, pero sus dificultades en el guión acaban por dejarla como una oportunidad malograda.
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  • Cowboys y Aliens
    Cowboys y Aliens
    Cinescondite
    Cowboys & Aliens. Este título de por sí merece un análisis aparte. Es simple y preciso, sin embargo extraña y descoloca. ¿Por qué estas dos partes nos parecen incongruentes? A esto juega el nombre, enmarcado en el subgénero del weird west, en el cual la fantasía tiene lugar en las calles del Lejano Oeste. La sorpresa de este título es que al pensarlo, lo que parece fuera de lugar es la primera parte, la de los humanos. Una invasión extraterrestre es válida, siempre y cuando ocurra en nuestros tiempos o haya medios capaces de documentarla. Esa sería su justificación. ¿Pero por qué no? se preguntó Scott Mitchell Rosenberg en 1997 y de esa idea creó una novela gráfica.

    Jon Favreau, quien ha pasado de ser un actor con demasiados roles secundarios a director de tanques de taquilla, cosecha los frutos de sus trabajos en los dos filmes de Iron Man y se puede dar el lujo de elegir. Pero no salta al vacío sin algo que lo contenga. Un importante equipo de probados guionistas lo acompañan, así como también un elenco con varios nombres destacados que funcionan bien como conjunto. Daniel Craig y Harrison Ford dan vida a una rendidora dupla, efectiva tanto a la hora de la acción como del humor, acompañados de un medido Sam Rockwell y de la linda Olivia Wilde, cuyo rostro últimamente parece presente en todas las películas.

    Verdaderamente entretenida, con escenas de acción bien logradas, ligeros diálogos y una ambientación ideal, además de buenos efectos sin recurrir al 3D, acaba por entregarse en forma desprolija a un Deus Ex Machina, algo que les cae como anillo al dedo a Damon Lindelof y a los guionistas cercanos a J.J. Abrams que lo acompañan, el cual le quita mucho de lo conseguido por cuenta propia. De esta forma, gran parte de la originalidad de la propuesta se pierde e incluso se traiciona a sí misma. Básicamente es necesaria una vuelta de tuerca algo torpe para que la batalla sea justa. Después de todo en una esquina hay vaqueros y en la otra extraterrestres.
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  • En un mundo mejor
    En un mundo mejor
    Cinescondite
    La violencia genera violencia, piensa Susanne Bier mientras la sangre brota de la nariz recién golpeada de su protagonista. Clara y para que todos entiendan, no oculta esa máxima en ningún momento, y se hace carne en el personaje de Mikael Persbrandt para que su mensaje sea más explicito. Esta sería no obstante una visión en extremo sencilla y así la película sería solo una lección simple de moral. Pero eso no es lo que ocurre, al menos en gran parte.

    Bier da una vuelta de tuerca a su principio fundante, y así toda acción genera una reacción, pero si esta es lo suficientemente fuerte, el acto que la origina se clausura. Esta idea del agresivo regreso ad infinitum se termina si uno responde con suficiente fuerza. Un inflador de bicicletas, un cuchillo, una bomba o una horda de africanos, cualquier herramienta es buena a la hora de aplacar al violento.

    Pero Bier, en su rol aleccionador, toma conciencia de que su contrapropuesta no es la que se enseña en el colegio, y recurre a un imposible para encauzarla. El mensaje termina y la directora logró ofrecer en ese tiempo un relato potente de un conjunto de hermosas imágenes (muy buena fotografía) de una Dinamarca violenta que ya se veía en DeUsynlige (Aguas Turbulentas). Es una pérdida que, a fin de cuentas, su conclusión moralizante la acerque tanto a las producciones norteamericanas.
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  • La oscuridad
    La oscuridad
    Cinescondite
    En un instante, la humanidad desaparece, y en cuestión de horas cuatro sobrevivientes logran agruparse para tratar de resolver una forma de mantenerse vivos en este aparente Apocalipsis que acontece alrededor de ellos.


    Si no se supiera de antemano quienes están detrás de esta película, Vanishing on 7th Street podría ser atribuible al peor M. Night Shyamalan, aquel que, antes de cambiar de género y fracasar con The Last Airbender, llevaba adelante el fallido proyecto The Happening. Si se las piensa juntas, tienen mucho en común: una idea base original que pronto se muestra sin sustancia, un actor protagonista que no es capaz de llevar bien su papel y un guión abandonado que se deja a medio terminar. Digamos que hasta incluso comparten la presencia de John Leguizamo, de quien no es difícil predecir su final.

    Brad Anderson, quien ha estado detrás de buenos proyectos como The Machinist o Transsiberian, logra sostener el interrogante de por qué la gente se evapora y con eso mantener cierto interés, no obstante las múltiples fallas de la propuesta acaban por desandar este camino. Su guionista, Anthony Jaswinski, quien hace nacer a su historia inmersa en el conflicto, rápidamente permite que esta se torne pesada y circular. Repetitiva hasta el hartazgo, sus personajes una y otra vez verán y oirán cosas que realmente no existen o se dirigirán en forma continua hacia pasajes oscuros en soledad. El abandono definitivo del guión tiene lugar al pretender que una palabra aislada escrita en una pared, la cual remite a una leyenda norteamericana del 1500, sea suficiente como para explicar todo lo sucedido.

    Flexible y selectiva, la historia se acomoda a las necesidades de sus personajes y a la comodidad de su autor. De esta forma permite que, por ejemplo, haya desapariciones con pleno sol (avión que cae incluido) pero que en la noche más negra sus protagonistas se salven portando los colgantes luminosos que se usan en los boliches. Anderson conduce así esta fallida propuesta que a pesar de toda la luz artificial que emplea, no logra arrojar algo de claridad a todos los puntos oscuros de su guión.
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  • Linterna Verde
    Linterna Verde
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    En tiempos en que las ideas escasean y las transposiciones florecen, sobre todo las de superhéroes, es raro encontrar una película que la tuviera tan junada como Green Lantern. Adaptaciones hay de todo tipo y para todos los gustos, pero es habitual que las que se basan en los grandes héroes de la historieta sean esperadas con grandes expectativas. En este caso la previa no fue buena, los efectos especiales que se mostraron inicialmente eran insuficientes, lo que deparó una inversión extra por parte del estudio, dando cuenta de inconvenientes ya desde la largada y de cierta debilidad del producto original. Fuera de este aspecto importante, el resto de las críticas de las que era blanco, orientadas hacia el traje, la máscara y demás aspectos superfluos, no eran base suficiente como para juzgar una producción. Detalles que no deberían comprometer a una realización que se compone de un cúmulo de elementos más importantes. El ejemplo que marca el camino es Watchmen, un monumento a lo minucioso que de tan fiel al original se pierde como película.

    Se puede decir de Linterna Verde que es una película que está un paso atrás. Algo atrasada en materia de efectos es una certeza, más allá de que estos hayan mejorado al punto tal de ser lo más destacable en ciertas escenas, pero principalmente se trata de un atraso a nivel historia. En una etapa en la que se busca humanizar a estos personajes, dar cuenta de sus debilidades, sus miedos, su pasado (el héroe torturado), aquí a esto se lo muestra en un breve pantallazo, luego se lo oculta y silencia. Para que un enmascarado exista, antes debió existir el hombre detrás de la máscara, y Hal Jordan es aquí solo un envase con poco contenido, incapaz de definirse por sí solo sino a través del ojo del otro. Él es un irresponsable y nada más.

    Que no se busque indagar con profundidad en los orígenes del personaje, puede corresponderse a una intención específica, pasar rápido a la acción, y sin embargo eso no ocurre, dado que esta se toma su tiempo en hacerse presente y cuando lo hace es en dosis medidas. De igual forma que sucedió con el Thor de Kenneth Branagh, Martin Campbell no supo llevar la estadía de su héroe en la Tierra. Tras un ínfimo entrenamiento en el Planeta Oa, Hal regresa a su hogar decidido a dejar la linterna verde atrás, hasta que comprende que su destino es en la lucha. Fuera de una lograda escena que transcurre en una fiesta, con un buen uso de la imaginación y de los 9 millones de dólares extra para los efectos, es poco lo que se puede apreciar dado que no hace más que girar en círculos. Nuevas demostraciones del poder del villano Parallax, el romance de los protagonistas que sigue sin concretarse, Hector Hammond sufriendo otra vez su transformación, son los tópicos sobre los que vuelve Green Lantern una y otra vez.

    Cuenta no obstante con un buen elenco, con nombres destacados que cumplen como el caso de Tim Robbins o Peter Sarsgaard, de quienes se conoce que pueden llevar bien sus papeles, aunque también hay buenos trabajos de Blake Lively, si bien roles menos rígidos le sientan mejor, y de Ryan Reynolds, cuya faceta cómica podría aprovecharse mejor siendo que el personaje le sienta como anillo al dedo. Los efectos por otro lado son algo irregulares, con fragmentos en los que su atraso es muy evidente, como en la presentación, u otros como las creaciones de las Linternas que están muy bien hechas. El 3D brinda además una experiencia interesante, dándole a todo un hermoso brillo esmeralda que se fija en la retina.

    Se trata de un producto que a fin de cuentas entretiene, aunque no deja de ser un trabajo estándar sumamente predecible, tanto que la escena tras los créditos es esperable, con tan buenas intenciones que peca de inocente. No es un dato menor que ya se piense en una secuela más oscura pero con otro director. Ocurre que en tiempos en que lo oscuro está bien visto, luces tan brillantes como la de esta linterna verde se pasan de infantiles.
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  • El mundo según Barney
    La cándida confesión de Barney recorre cuatro décadas y dos continentes, e incluye tres esposas, un padre impresentable y un amigo encantador y totalmente licencioso.

    El mundo según Barney no es otra cosa más que la vida de Barney, si bien quien da título a la película tiene fuertes convicciones y opiniones sobre ciertos temas como el amor o la familia, la historia se dedica a seguir a lo largo de cuatro décadas a un personaje de moral cambiante. Sin otra continuidad más que el paso de los años, la versión de Barney discurrirá a lo largo de más de dos horas sobre los aspectos más relevantes en la vida de su protagonista. Y al tratarse de esto, el guión amaga y retrocede, cuando perfila hacia un punto, toma un desvío. Por momentos el tema es el matrimonio, tres esposas diferentes dan cuenta de esto, por otros una subtrama policial es la que se apropia del relato en diferentes etapas, para que finalmente sea una enfermedad la que lleve la historia a un puerto, bueno o malo queda a criterio del espectador.

    Richard J. Lewis, quien durante más de dos décadas ha trabajado en la pantalla chica, hace su debut en cine con un filme que tiene mucho de televisivo. Como si se tratase de una serie, incapaz de sostenerse a lo largo de los episodios con sólo un conflicto, el guión de Michael Konyves abre las puertas a todo aquello que Mordechai Richler incluye en su novela. Son tantas las ramificaciones de la historia, que solo a base de estirar a 134 minutos su duración es que se puede llegar a desarrollarlas. A pesar de esto, el argumento central, el camino del cual no se debería haber apartado, está muy bien llevado, con fragmentos realmente divertidos y emotivos. Mucho de esto corre por cuenta de las figuras principales, Paul Giamatti en un muy buen papel sobre el que recae la totalidad de la película, y un Dustin Hoffman con una pizca de Focker que interactúa en forma correcta con quien interpreta a su hijo.

    El costado más atractivo de la película se muestra en el revelador adelanto que se exhibe en los cines. Dos matrimonios fallidos conducen a que Barney encuentre al amor de su vida, Miriam, con quien comparte 25 años hasta que el desgaste y una crisis los lleva a la separación. Esta versión alcanza y sobra, un hombre a quien la vida encuentra en Roma en los '70 con un grupo de artistas y acaba como un productor de televisión de larga trayectoria con tres esposas a cuestas. Los conflictos laborales, policiales, neurológicos, no hacen más que rellenar en exceso las breves rendijas que la vida de Barney deja entre pareja y pareja. Una comedia dramática con vuelo propio no necesita de agregados que busquen hacerla extraordinaria, menos a un equipo pendiente del rating.
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  • Los Pitufos
    Los Pitufos
    Cinescondite
    Cuando el malvado hechicero Gargamel persigue a los Pitufos, estos se ven obligados a saltar fuera de su aldea mágica hacia nuestro mundo. Allí vivirán con una joven pareja de Nueva York, mientras buscan la forma de poder regresar a su tierra.

    Un aspecto al que siempre se puede recurrir a propósito del estreno de alguna película infantil, tiene que ver con el público al que está orientada o el público que la puede ver y disfrutar. Los Pitufos es una de esas realizaciones férreamente acotadas a una audiencia determinada, tanto que acaban por impedir que una persona que supere esa edad, aunque sea por algunos años, sea capaz de encontrarla disfrutable.

    Las culpas respecto a esta cuestión estarán repartidas. Probablemente mucho se deba a su director, Raja Gosnell, que con esta acumula 8 películas en su haber pero ninguna que se destaque. Un realizador acostumbrado al público más bajito, al que seguramente se le asignó este proyecto porque en los últimos años llevó a la gran pantalla otro dibujo animado, Scooby-Doo, en dos trabajos pobres aunque exitosos en lo que a taquilla se refiere. No era mucho tampoco lo que podía hacer, si se parte de la base de un guión demasiado infantil y predecible, solemne en sus diálogos sin chispa y con guiños poco efectivos a un público adulto (la presencia de Tim Gunn, Joan Rivers o Tom Colicchio entre otros no creo que tenga mucha relevancia por estos lados).

    Si todo lo demás falla, los actores deberían poder hacer algo para que la película no se hunda, pero el mal manejo por parte de un director que no supo aprovechar los recursos a su disposición acaban por disolver esta posibilidad. Por un lado se busca repetir un efecto ya gastado con Jaima Mays y Sofia Vergara, las dos protagonistas femeninas, quienes parecen en continuidad con todos los roles que interpretaron en su carrera. Por el otro se malgasta totalmente la participación masculina de dos grandes actores como son Hank Azaria y Neil Patrick Harris. El primero limitado a una postura maniquea de supervillano torpe que no entiende los códigos de convivencia del mundo desconocido. El segundo amordazado en un papel totalmente pasivo, por motivos obvios sin el desenfreno de NPH de Harold y Kumar o del legendario Barney Stinson de How I met your mother, pero ni siquiera con el toque humorístico de su Doogie Howser de 16 años.

    Algunas secuencias, la de la juguetería principalmente, son manejadas con cierta gracia y ofrecen algo que valorar de una película que no pone mucho empeño en dar algo de entretenimiento a los padres que llevan a sus hijos al cine. De Los Pitufos se desprenden así dos conclusiones: la primera es que aún frente a todo lo señalado cabía la posibilidad de obtener un producto peor, lo cual no significa que esta haya sido buena. La segunda es la mala coordinación, teniendo dos semanas de vacaciones de invierno la estrenaron cuando los chicos volvieron a clase.
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  • Un mundo misterioso
    En el marco de la Competencia Argentina de esta 13º Edición del BAFICI se presentó Un mundo misterioso, la segunda película en solitario del director Rodrigo Moreno. Esta se inicia con una bella secuencia en la que Ana, con un logrado manejo de luz y sombra sobre su cuerpo desnudo, le pide a Boris un tiempo de distancia. Él, todavía sorprendido por lo repentino del pedido, pregunta la duración de ese lapso tratando de encontrar alguna explicación.

    Este nuevo filme de Moreno se centra en la figura del abandonado Boris y de cómo sobrelleva ese tiempo que su pareja le exige. Clásico desde donde se lo enfoque, toma soda de sifón, escucha vinilos en su tocadiscos, visita cuanto bar histórico puede y su tarde soñada es pasarse las horas en una librería recorriendo páginas de libros antiguos. Afectado por la separación, compra un extraño auto rumano, que todos confunden con un Renault 6, y deambula por una ciudad grande en busca de alguien con quien relacionarse. De este planteo se desprenden gran cantidad de situaciones cómicas, algo que se ve reforzado tras la aparición de un viejo amigo que lo lleva a una fiesta, en la que de a poco empieza a reaccionar.

    Un mundo misterioso se encuentra con algunos problemas, a los cuales tuvo que responder el propio Moreno en la función a la que asistí. Si bien las respuestas acabaron por ser satisfactorias, el director no va a estar presente en cada exhibición para explicar qué quiso hacer, y entonces las dificultades persisten. El literalmente quiere reflejar las sensaciones del protagonista con el manejo de su cámara, entonces por ejemplo cuando Boris deambule, su cámara deambulará y seguirá a otros transeúntes. La molestia principal en ese sentido es la excesiva duración del filme, la cual se debe a una intención por reflejar la larga espera del protagonista. Para estirar la película lo que hace es incluir muchos tiempos muertos que le hacen perder no solo gracia sino también el ritmo.

    Este problema de la duración acarrea otro más importante que abarca toda la película y es una cuestión de concepto. El director sostuvo que Un mundo misterioso trata sobre el tiempo, sin embargo esto no es algo que se perciba, sino que lo que vemos son sus efectos sobre Boris. Esta "falta" de tiempo se refuerza con la ausencia de toda referencia temporal hasta casi el final, lo que implica que para centrarse en el tiempo, Moreno hizo un excelente trabajo para mantenerlo oculto.

    Uno creería entonces que lo que se está viendo es una historia sobre un joven despechado y sus intentos por superar esa situación de soledad, pero en realidad lo que Moreno buscaba era retratar el transcurso de un período. Sólo de esta forma se puede entender entonces ese final tan cobarde que demuestra que el crecimiento del personaje era nulo, algo que no se hubiera sentido tanto si el presentador no advertía al público que esta era una película "de hombres".

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  • Loco y estúpido amor
    Cal tiene un buen trabajo, una linda casa, unos hijos encantadores y está casado con su amor de la secundaria. Cuando Emily le pida el divorcio, se sentirá perdido en el mundo de los solteros. Allí entrará en su vida Jacob, un donjuán treintañero que lo tomará como su aprendiz en el arte de la conquista.

    Crazy, stupid, love es una comedia romántica, pero diferente. Glenn Ficarra y John Requa, sus directores, suelen hacerlo en sus trabajos. Ya lo habían hecho como guionistas con la genial Bad Santa en el 2003, en esa historia de extraña amistad entre un gordito inocente y adorable con el ser más despreciable con quien uno pudiera cruzarse. Lo volvieron a lograr hace dos años, en su primer trabajo como realizadores, con una divertida y tierna historia de amor entre dos hombres titulada I love you, Philip Morris. En esta oportunidad, con un guión que no solo no escribieron sino que además es de Dan Fogelman, hombre de Disney-Pixar, nuevamente alcanzan su objetivo. Y si bien la previsibilidad que marca a fuego la pertenencia de género hace que se trate de la menos lograda entre las tres mencionadas, es igual una muy buena película, y como ya dije, diferente.

    Cal es un hombre de mediana edad que ve su perfecta vida derrumbarse ante el pedido de divorcio de su mujer. Lo hicieron cornudo, como él se encarga de señalar numerosas veces y, si bien enfoca su enojo a Emily por su debilidad, mucha de la culpa es para sí mismo por haber permitido que la rutina y el asentamiento desgastaran un matrimonio de 25 años. Abandonado por su esposa y amigos, aceptará los consejos de Jacob, un mujeriego y talentoso conquistador que le enseñará a sobrellevar la soltería a base de noche, tragos y mujeres.

    La historia, que podría ser una más del montón, no sólo se diferencia por quienes están detrás de cámara, sino también por quienes están frente a ella. Steve Carell hace un buen trabajo como suele ocurrir cuando no sobredimensiona los rasgos de sus personajes. Julianne Moore, Jonah Bobo y algunos secundarios como Kevin Bacon y Marisa Tomei, llevan bien sus papeles y hacen que la historia fluya. Sin embargo hay dos presencias que de un tiempo a esta parte parece que convierten en oro todo lo que tocan. Se destacan entonces, por un lado Ryan Gosling, que se desenvuelve con total fluidez entre el drama y el humor, pasando por la acción (Drive parece muy buena) y el romance, y por el otro Emma Stone, uno de los rostros más frescos que la comedia dio en los últimos tiempos, y que una y otra vez da cuenta de una gran capacidad para elegir proyectos.

    Pero si bien hay un intento constante por reírse del cliché y el género, en ciertos puntos se lo hace en forma literal, la historia nace envuelta en ellos y falla en su intento de ruptura. Es no obstante un filme distinto, un compendio de buenos realizadores y actores conducen a que una historia sencilla sea algo más que una más. Ellos hacen que el humor rinda, que el chiste funcione, que el timing sea el preciso y que una comedia romántica de casi dos horas sea efectiva y entretenga en su totalidad. Porque si bien el género marca el destino de obviedad, son Requa y Ficarra los que marcan el camino para llegar.
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  • Capitán América - El primer vengador
    Steve Rogers, un joven frágil y enfermo, desea enlistarse en el Ejército para combatir a los nazis. Rechazado una y otra vez a causa de sus problemas físicos, será aceptado como sujeto de prueba en un experimento especial para crear un súper soldado: el Capitán América.

    El ensamble está completo, el primer Vengador fue el último en llegar, y el megaproyecto previsto para mayo del 2012 ya no tiene nada que se interponga en su camino hacia el éxito de taquilla. El patriota más grande que el mismísimo Tío Sam irrumpe en las pantallas de todo el mundo ondeando su bandera azul, roja y blanca junto a su americanismo exacerbado y, para gusto de fanáticos y espectadores en general, no lo hace nada mal. O, para decirlo en forma más precisa, durante una buena parte logra presentarse como una muy buena película.

    El largo camino del héroe se divide, como es habitual, en dos tiempos. Por un lado está Steve Rogers, flaco, débil y enfermo, pero con agallas y ganas de unirse a un Ejército que lo rechaza constantemente a causa de sus problemas físicos. Por el otro, el Capitán América, alto, fuerte y musculoso, pero con el mismo corazón y espíritu que su yo pasado. Una de estas partes está bien llevada, con trabajo sobre los personajes y el guión, un logrado retrato de época que permite introducir el mundo del superhéroe de Marvel a todo aquel que no haya leído nunca un comic. La otra, por el contrario, tiene efectos. Y es este sometimiento a la forma estándar de hacer este tipo de filmes lo que termina descuidando todo lo hecho hasta el momento.

    Christopher Markus y Stephen McFeely, quienes a pesar de venir imbuidos de Narnia no hicieron una adaptación infantil, dan un paso al costado en el guión y permiten que los efectos especiales se hagan cargo de la historia. Que la sucesión constante de escenas de acción y el ralenti Zack Snyder conduzcan en piloto automático algo que estaba bien manejado. Se podría decir que a medida que gana en Capitán América, pierde como película.

    Pero antes que el músculo le ganara la batalla a la emoción y al argumento, una buena historia de superhéroes era desarrollada. Joe Johnston, director de trayectoria oscilante, aprovecha los recursos a disposición para llevar su adaptación en un bello tono ocre, con tres pesos pesados como Hugo Weaving, Stanley Tucci y Tommy Lee Jones, acompañando a un elenco joven que funciona. Este efecto incluso se mantiene durante buena parte tras la transformación de Steve Rogers, antes que el cambio al Capitán América sea total.

    Entretenida, con buenas dosis de acción y efectos aunque no bien repartidas, supera la categoría de mera presentación que tenía su predecesora Thor. La diferencia de 70 años con el presente ayuda a que no sea una referencia constante al The Avengers por venir y que se haga un desarrollo por separado antes de la conocida unificación. Captain America: The First Avenger no es the best avenger, pero se acerca bastante.
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  • Copia certificada
    Copia certificada
    Cinescondite
    Kiarostami transforma la campiña toscana en otra de esas rutas fluctuantes de su Irán natal para contar la historia de un hombre y una mujer (Juliette Binoche) que apenas se conocen, o que tal vez simulan no conocerse.

    Copie Conforme (Copia Certificada) es la última película de Abbas Kiarostami, uno de los cineastas más influyentes del cine iraní, así como también uno de los directores más prestigiosos del cine mundial. Se centra en la relación que se desarrolla entre James Miller (William Shimell), un escritor inglés, y una galerista francesa interpretada por Juliette Binoche. El filme más comercial del director, el primero que rueda fuera de Irán, vuelve al cine narrativo que le hizo ganar el reconocimiento de la crítica y el público, luego de algunos trabajos experimentales. Desde el primer momento Kiarostami dejará en claro que el rumbo de su realización es el que se plantea desde el título. En la presentación de su nuevo libro, Miller diserta sobre el tópico que guía su obra, un análisis sobre la relación entre copias y originales. El viaje que emprenden los protagonistas está teñido por teorías y planteos acerca del valor de una buena copia certificada por encima de un mal original. Este camino se seguirá hasta que ellos, quienes actúan como si no se conocieran, desayunen en una cantina de la Toscana ante la mirada de la dueña italiana, mujer que dará comienzo a una nueva película.

    Ocurre que la señora concluye que ambos son pareja y la galerista sigue ese juego, contando detalles maritales que no se sabe si son reales o inventados. A partir de entonces la historia toma otro rumbo mejor, centrándose en la desgastada relación de la pareja y los intentos de la mujer por reanimarla. Ambos protagonistas conducen sus papeles con soltura, brindando muy buenas interpretaciones entre las que se destaca gratamente la de Juliette Binoche, que con toda naturalidad emociona o divierte, tan sólo con alguna inflexión en la voz o sus miradas. En los dos recae la totalidad de un filme íntimo y en ellos, por supuesto también en el director, está el logro de mantener el misterio acerca de la realidad de la pareja hasta el final. En suma se trata de un buen trabajo por parte del iraní, con dos mitades bien definidas sobre las cuales podrán emitirse distintas opiniones. Habrá quienes la amen en su totalidad u otros que elijan una sobre la otra, por mi parte valoro la segunda, cuando el pasado de amor queda al descubierto frente a un presente distante, pero sobre todo cuando se deja de aleccionar al espectador acerca de las copias y sus originales.
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  • Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 2
    El épico final de la saga se produce cuando la batalla entre las fuerzas del mal y el bien en el mundo de la magia deriven en una guerra sin proporciones. Las apuestas nunca estuvieron tan altas y nadie está a salvo.

    Es imposible obviar la importancia que la saga de Harry Potter ha tenido, y tiene, a nivel mundial. La historia del joven mago y su lucha contra Lord Voldemort se inauguró en papel catorce años atrás, lo que la convirtió en el mayor exponente del conjunto de frases hechas sobre el crecimiento. Crecer con una canción, con un artista infantil, con un dibujito animado, son cosas que se suelen decir, aunque generalmente sólo acompañen alguna etapa. La continuidad que la sucesión de libros ofrece, permitió vislumbrar esta idea de maduración en simultáneo, sin embargo fue el paso al cine lo que realmente provocó el efecto. La ficción se volvió real, los jóvenes magos finalmente tenían rostro y, al ser debutantes, el vínculo que los unió con los personajes se hizo irrompible. Uno no puede más que sentirse identificado entonces con esta noción de “se creció junto a Harry Potter”, si año tras año se vio a Daniel Radcliffe crecer a la par. Pero “todo termina”.

    Y si la saga tuvo una doble apertura, en libro y en cine, el cierre para ser definitivo tuvo que hacerse en ambos medios. No importa que la literatura haya visto el fin de la historia en el 2007, para que el fin sea tal, la película debió ser completada. No hay que perder de vista que Harry Potter es la franquicia cinematográfica más exitosa de la historia, pero que sin embargo los siete huevos de la gallina de oro no fueron suficientes y se exigió un octavo. Si había algo que criticarle a la primera parte de Harry Potter and the Deathly Hallows era que básicamente no ocurría nada. Si hay algo que criticarle a la segunda, es que pasa todo, y todo es mucho.

    En las primeras películas se buscaba sintetizar, y así se podía seguir la historia aún cuando no se hubieran leído los libros. En esta adaptación por partida doble no se lo quiso hacer, y el resultado es un compendio de escenas de acción y de situaciones clave tratadas tan a la ligera que cuesta seguirle el ritmo aun habiendo leído el libro al momento de su salida. La séptima publicación está bien lograda, con la acción dosificada a lo largo de sus numerosas páginas, constituyendo un final digno para la saga. Distribuir los acontecimientos entre las dos partes hubiera resultado en mejores películas, al no hacerlo así, todo pierde sustancia, incluso el ansiado combate final carece de la espectacularidad que uno aguardaría tras una década de espera.

    Si bien se destaca en las muy buenas escenas de acción, los efectos visuales, un buen uso del 3D y buenas dosis de sentido del humor, aunque un tanto inocentes y esperables, los puntos más logrados son los dos en los que por primera vez se pisa la pelota y se detiene el juego. Dos momentos determinantes del libro y de toda la historia que merecían un cuidado manejo y así lo recibieron. Por un lado el encuentro en el cuarto blanco con Albus Dumbledore, y por el otro la mirada al pensadero de Snape, este último llevando el nivel de emotividad a uno de los puntos más altos de las ocho películas y autorizando a Alan Rickman a demostrar una versatilidad actoral que la franquicia, hasta ahora, no le había permitido. Por el contrario son muchos los personajes que sufren el recorte, a excepción de Neville Longbotton, quien en la primera parte tuvo sólo una línea y en la segunda goza de una notoria sobreexposición. La carencia de dramatismo con la que se trata la muerte de compañeros y familiares con destacados roles en los filmes anteriores, la fría ausencia de diálogos de aquellos que acompañaron la historia desde sus comienzos, son el alto precio a pagar por no haber hecho lo que correspondía desde la Parte 1. Porque como bien señala la premisa todo terminó… pero a las apuradas.
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  • Hoy no tuve miedo
    Hoy no tuve miedo
    Cinescondite
    Hoy no tuve miedo es la nueva realización de Iván Fund, acerca de las amistades, familias y vínculos. El bello título de la ambiciosa y a la vez cálida película tiene que ver con la compañía, con ese pertenecer a un entramado de seres cercanos.

    En Competencia Argentina se exhibió Hoy no tuve miedo, la nueva película en solitario de Iván Fund, director de la recientemente estrenada La Risa (2009) y de la premiada Los Labios, realizada en compañía de Santiago Loza, la cual representó a la Argentina en el Festival de Cannes y tendrá su estreno “comercial” en mayo. Este proyecto experimental supuso, dentro de la categoría correspondiente, lo más ambicioso y arriesgado que pudo encontrarse. Se trata de dos películas en una pero en forma literal, separada en dos partes de casi idéntica duración y cada una con sus correspondientes créditos iniciales. La primera, una aparente ficción, se centra en las hermanas Ara y Marian, los simpáticos nenes que una de ellas cuida, la amiga Belén y su perra Lulú. Con protagonistas definidas, una musicalización hermosa y un conflicto paterno que se va decantando a medida que avanza, se presenta como un buen relato, interesante, costumbrista, un buen reflejo de la ciudad entrerriana en la que tiene lugar.

    Llegada al punto de clímax, cuando el conflicto es abordado, empieza Hoy no tuve miedo - Parte 2, una nueva película bien diferente de la anterior. Lo primero que será evidente es el cambio de cámaras empleadas (cuatro distintas), así como también un abandono de las tres protagonistas para hacer foco en otros personajes. Ciertos elementos hacen suponer que esta segunda parte se deriva de la primera, no obstante por momentos pareciera no estar unida. El riesgo de Fund es aún mayor cuando cambia por completo el género, ya que si antes se trataba de una ficción, ahora es un registro documental, con eventos sociales, una visita a un pastor que lee el futuro, apariciones del equipo técnico y cortes bruscos del sonido. Si acaba por dejar un sabor algo agridulce se debe a que al parecer mitades desconectadas, no se entiende bien el motivo por el que no se hizo en dos películas separadas. Este prolífico director logra, no obstante, un trabajo interesante cuya experimentación en la búsqueda de un nuevo lenguaje fusionado debe valorarse, a la vez que se reafirma como uno de los jóvenes a seguir de cerca dentro del cine argentino.
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  • Medianoche en París
    Gil, su prometida y los padres de ella se encuentran de viaje en París. El es un guionista de éxito que lleva un tiempo intentando escribir una novela. Fascinado por la ciudad, Gil realiza largos paseos por sus calles y una de las noches es recogido por un coche que le transporta atrás en el tiempo, a la época dorada parisina.

    Por esas cosas que tiene la distribución, Midnight in Paris es la tercera película de Woody Allen que se estrena en lo que va del año. Pocos directores son tan prolíficos como él, y son pocos también los que sufren tanto de las comparaciones consigo mismos como en su caso. En los últimos años ha salido de su amado Nueva York para pintar hermosos retratos de ciudades europeas, ya fue el turno de Londres y Barcelona, será Roma en su próximo trabajo, y en esta oportunidad se ocupó de la bella capital francesa. Su cámara recorre París y la captura en forma esplendorosa, logrando que esa fascinación que siente Gil al caminar sus calles sea la misma que uno experimente al redescubrir una ciudad tan delicada como esta.

    Gil, el rendidor Owen Wilson, descansa una noche de la pedantería de los amigos de su futura esposa, cuando es recogido por un auto antiguo que lo conduce a una fiesta. Desde ese momento, y todos los días a la medianoche, será transportado hasta los años ’20, a la época dorada parisina, en donde conocerá a Hemingway, Picasso o Buñuel, y dejará que Gertrude Stein evalúe su boceto. Woody Allen demuestra así una vez más que sus dotes como guionista siguen vigentes, esa capacidad de pensar historias originales y entretenidas e imprimirles siempre su toque personal, permitiendo que la "cosa" funcione sin importar lo difícil que la idea pueda resultar. Ese toque personal lo dan sus ingeniosos diálogos y su punzante sentido del humor, los cuales lamentablemente no están del todo presentes en este recorrido por París, así como esos tópicos recurrentes que son pilares fundamentales en su obra, como la literatura, la música, el sexo, la psicología, la política y tantos otros. Y uno de estos temas es la columna vertebral de su nueva realización, del cual se permite la burla y su desmitificación: la nostalgia.

    Fuera de lugar en su presente del 2010, Gil añora con todo su ser el vivir en la década del '20, y cuando finalmente lo logre, descubrirá que hay quienes vivieron en ese período pero que querían estar en tiempos de la Belle Époque. Y a su vez, los que vivían esa época, añoraban ser parte del Renacimiento. Allen se ríe de la nostalgia y a su vez contesta a todos los que establecen comparaciones, los que miden su obra actual con los lejanos '70 y '80 y sólo encuentran negativas diferencias. Woody todavía sorprende, divierte y emociona. Y a los 75 años sigue dando batalla a los defensores de que todo tiempo pasado siempre fue mejor.
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  • Transformers 3: El lado oscuro de la luna
    En esta nueva película, los Autobots y los Decepticons se involucran en una peligrosa carrera espacial entre los EE.UU. y Rusia, y una vez más Sam Witwicky tiene que acudir en ayuda de sus amigos.

    Uno se pregunta, ¿no hay secuelas en las que pase algo más simple?. Me explico mejor, digamos que tenemos una película exitosa en la que se juega el destino de la Tierra… para hacer una segunda parte, ¿tiene que estar en riesgo el destino de dos planetas?. Bueno, Michael Bay nos enseña que sí, y siguiendo con su teoría, en una tercera realización la apuesta tiene que ser aún más alta todavía, si usted pensó que el peligro estaba en Transformers del 2007, espere a conocer el que le depara el 2011.

    Para ser justos con el escritor Ehren Kruger, hay un poco más de esfuerzo en la construcción de la historia, con un guión más trabajado sobre todo en la primera parte, mezclando dosis de realismo de la carrera espacial de los ’60 con la ficción propia de los robots de Hasbro. En esa idea que se construye a partir de algunas obviedades, con todos los clichés del alunizaje posibles (técnicos de la NASA aplaudiendo, "un pequeño paso para el hombre…", incluidos), se encontrará lo mejor de la película. Esto alcanza incluso para ser superior que Transformers: Revenge of the Fallen, si es que eso significa algo teniendo en cuenta que aquella es realmente muy mala. Si a eso se suma la presencia, algo desaprovechada, de John Malkovich y del genial Ken Jeong, en dos roles desopilantes, esta tercera parte parecía que estaba para más, sin embargo finalmente se acordaron que había que vender.

    Ahí aparece la mano de Bay, el mercader del digital, para ofrecerle al público lo que quiere, robots peleándose entre sí. Las explosiones, los gritos, los diálogos solemnes, las malas actuaciones, la madre insoportable, que si alguno esperaba que se fuera con Megan Fox lamentablemente no lo hizo, la excesiva e injustificada duración, la disparatada vuelta de tuerca al personaje de Patrick Dempsey, las escenas como videos musicales para MTV, la estafa del 3D y demás no importan, porque lo que uno va a buscar son robots peleándose entre sí. Es penosa la forma en que se abandona así una idea y se toma el camino de la flojera respecto al guión.

    Hace algunas semanas atrás se estrenó Fast Five y siendo una quinta parte resultó ser la mejor película de la saga Rápido y Furioso. Se podría haber hecho lo fácil y dejar que los autos corran para escudarse en "es una película de autos rápidos", pero no lo hicieron, ¿por qué hay que dejar que Michael Bay lo haga?.
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  • No me quites a mi novio
    Rachel es una prestigiosa abogada de una importante firma de Nueva York, que pasados los años, todavía permanece soltera. Todo se complica cuando al celebrar su treinta cumpleaños, termina la fiesta acostándose con el prometido de su mejor amiga.

    Hay dos amigas, una rubia, la otra morocha, una narcisista y egocéntrica, la otra sumisa y complaciente, una a punto de casarse, la otra como siempre obligada a ver desde afuera. Esto se revierte la noche de su cumpleaños, cuando Rachel (Ginnifer Goodwin) se acuesta con Dex, el prometido de la otra. Por supuesto que una industria tan moralizante como esta condena los cuernos, a menos que estos estén justificados. La otra es una arpía, hace años que la maltrata, ella le robó al novio en primer lugar, el cual está secretamente enamorado de la chica buena y ella siempre lo amo. Por supuesto que el engaño tiene sus motivos, nadie podría dudar de semejante lista.

    La película empieza entonces un ida y vuelta que se extiende a lo largo de unos pesados 107 minutos, enredándose una y otra vez en una idea simple a la que se le buscó dar un grado de complejidad que nunca tuvo. Hay aspectos que incluso se pasan de ridículos, como que en pleno 2011 un joven quiera casarse con una chica fiestera, sin plata ni familia de renombre porque el padre lo obliga, o que el personaje de John Krasinski, el cual sobró durante hora y media, se declare a la protagonista en una de las formas más forzadas que el cine jamás conocerá. Lo que realmente se padece de esta historia es que aproximadamente al minuto 40 los amantes se declaran su amor y sus deseos de estar juntos, pero como queda más de una hora por delante empieza a girar en círculos como si quisiera llegar a una duración preestablecida.

    Respecto a las actuaciones, a Krasinski le habrán pedido que haga su papel de Jim Halpert en The Office y a Kate Hudson que repita las escenas más insoportables de How to lose a guy in ten days, porque realmente es insufrible. El resto debe lidiar con unos personajes tan trillados que se puede hasta adivinar literalmente lo que dirán a continuación.

    El toque de la guionista Jennie Snyder, que viene del ámbito de la televisión, está muy presente en una película en la que los problemas aparentan ser más serios de lo que son y en la que nadie trabaja y se pasa la mitad del tiempo en la playa (debe ser porque lo último que escribió es la nueva generación de 90210). Por otro lado está Luke Greenfeld, quien no tiene una extensa carrera como director, con solo dos comedias previas, una muy mala como Animal y otra bastante entretenida titulada The girl next door. A pesar de que en una tuviera más mérito que en la otra, por lo menos en ambas buscaba entretener. Ciertamente no había realizado una "comedia romántica" que de comedia no tiene nada, pero que es repetitiva hasta el hartazgo, que falla en numerosos aspectos y que parece invitarlo a que vuelva a hacer filmes sólo para televisión.
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  • 8 minutos antes de morir
    El capitán Colter Stevens se despierta en el cuerpo de un hombre desconocido y toma conocimiento de que está en plena misión de encontrar una bomba en un tren. Allí descubrirá que es parte de un experimento del gobierno, un programa que permite que adopte la identidad de otra persona en los ocho últimos minutos de su vida.

    Source Code parte de una idea que no es original y que debe ser algo recurrente entre los cultores de la ciencia ficción. No obstante tiene el mérito de ser desarrollada en forma hábil, sin dejar cabos sueltos y con el equilibrio justo entre complejidad y sencillez, evitando en su mayoría ser confusa sin caer en un tratamiento en exceso simplista. La historia no se da muchas vueltas, explica el conflicto en forma rápida y no se pierde en giros innecesarios. El piloto al que Jake Gyllenhaal interpreta debe encontrar a quien plantó la bomba en el tren, no para salvar a quienes ya murieron, sino para proteger a las víctimas de un futuro atentado que este terrorista llevará adelante en otro lugar. Eso es todo y game over.

    Este aspecto se destaca aún más en comparación con otro filme de ciencia ficción que en este momento se encuentra en cartelera, The Adjustment Bureau. Aquella se trata de una película romántica inserta dentro de un relato fantástico, mientras que en este filme el romance es algo circunstancial, lo importante es la misión y después habrá tiempo para lo demás.

    Una historia potente que se lleva adelante en forma ágil y sin distracciones, avanza con soltura hasta que tropieza en el final, enredándose en forma complaciente pero innecesaria con un confuso mensaje que genera más preguntas que respuestas. Fuera de este obstáculo, se trata de un filme fresco, entretenido y que no se extiende, que cuenta con un buen guión, con sólidas actuaciones, especialmente la de su actor protagonista, y que supone otro paso más en el camino hacia la gloria de su director.

    Duncan Jones, con sólo una película en su haber, la muy lograda Moon, da cuenta una vez más de su capacidad detrás de cámara y se presenta como un realizador al que, si sigue encarando proyectos de esta naturaleza, habrá que seguir de cerca.
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  • El laberinto
    El laberinto
    Cinescondite
    Es la última película de John Cameron Mitchell, basada en la obra teatral ganadora del Premio Pulitzer escrita por David Lindsay-Abaire, quien fue encargado de realizar el guión. Protagonizada por Nicole Kidman y Aaron Eckhart, este drama cuenta la historia de un matrimonio joven que tiene que lidiar con la reciente pérdida de su hijo de cuatro años tras un accidente de tránsito.

    El título de la película proviene de una expresión que tiene su origen en la obra de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas, y su uso actual tiene correlación con las vivencias del personaje literario que al pasar dentro de la madriguera ("down the rabbit hole") se encuentra en un mundo alternativo, bizarro y surrealista. Rabbit Hole es la historia de Becca y Howie, un matrimonio que atraviesa esa situación dado que a ocho meses del fallecimiento de su único hijo están tratando de sobrellevar la pérdida, cada uno a su manera. Él busca consuelo, frecuenta un grupo de padres que han pasado por lo mismo, se aferra a los recuerdos de Danny que aún tiene, ella adopta una postura fría, no busca ayuda y sufre en soledad, trata de desprenderse de todo lo que la haga pensar en su hijo ya que es muy difícil recordarlo en todo momento. Un conflicto más grave para Becca es que su hermana Izzy (Tammy Blanchard) una joven inmadura y problemática ha quedado embarazada de un hombre al que poco conoce, con lo que la sensación de que la otra ha sido premiada con algo que no merece se hace palpable.

    La estructura narrativa elegida para realizar esta película dificulta que se haga referencia a otras situaciones sin dejar en evidencia aspectos importantes de la trama. El autor elige presentar temas, un nombre, un rostro o una conversación para retomarlos y desarrollarlos conforme avanza la película. Si hay un aspecto fundamental que hace que esta funcione son las actuaciones. Siempre importa que el trabajo de un actor sea creíble, pero hay historias que pueden ser contadas a pesar de sus actores. Rabbit Hole sólo puede ser una gran película si sus protagonistas brindan grandes actuaciones, porque el enfoque está puesto pura y exclusivamente en ellos y en cómo hacen para superar la terrible situación en la que se encuentran. Nicole Kidman, por momentos irreconocible, y Aaron Eckhart, sin duda en uno de sus puntos más altos de su carrera, se entienden muy bien en pantalla y eso se refleja en sus trabajos, brindando dos actuaciones desgarradoras que merecen su apropiado reconocimiento.

    John Cameron Mitchell, lejos de sus controversiales films anteriores -Hedwig and the Angry Inch y Shortbus- lleva adelante una historia compleja, cargada de emotividad. Su mayor logro es trabajar en torno a la situación más difícil que una pareja puede llegar a afrontar, sin caer en golpes bajos e involucrando al espectador en la narración, sufriendo junto a los protagonistas por su tragedia. El buen trabajo con los actores entre los que se destaca también Dianne Wiest como la madre de Becca, es uno de los logros significativos de un director que, como en el caso de Hedwig, no suele delegar los aspectos importantes de sus realizaciones. Otro punto alto de la producción es la música original, a cargo de Antón Sanko, que logra crear unos climas melancólicos o reconfortantes con base puramente instrumental.

    Rabbit Hole es así un gran paso para Mitchell, que demuestra que puede hacerse cargo de un proyecto de importancia para un público masivo y a la vez no perder su toque personal e íntimo, logrando así uno de los mejores dramas en lo que va de este 2011.
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  • Los agentes del destino
    David Norris, un carismático congresista destinado a ser toda una eminencia dentro de la política nacional, conoce a una hermosa mujer llamada Elise, para la cual siente estar destinado, sin embargo descubrirá que hay fuerzas superiores que intentan mantenerles separados.

    La ciencia ficción debe mucho al escritor Phillip K. Dick, cuyas novelas y cuentos influenciaron al género a lo largo de décadas. El cine no fue ajeno a su prolífica obra, de la que derivaron películas importantes como Blade Runner, Total Recall, Minority Report o A Scanner Darkly así como también realizaciones bastante menores como Next. El guionista George Nolfi, detrás de The Bourne Ultimatum entre otras, debuta como director llevando a la gran pantalla Adjustment Team, uno de los cuentos cortos que este referente concibió en 1954. Más allá de los antecedentes del director, esta historia atrapante, original y bien llevada en la complejidad como en la sencillez, se ve convertida en una película romántica que más de una vez cae en la obviedad.

    Recuerdo estar viéndola pensando en lo ridículo de ciertos aspectos de la trama y no entender cómo es que este famoso escritor fuera tan inocente a la hora de escribir este cuento. Unos días más tarde pude leer este breve relato de unas pocas páginas y comprender que en realidad, todos los agregados perezosos que molestan en el filme, corresponden exclusivamente a George Nolfi. Él es el causante de que el guión parezca que se va escribiendo sobre la marcha, quien decide por ejemplo, que para caminar libremente por otra dimensión hace falta un sombrero o que el agua sea lo que impida a los agentes escuchar conversaciones. Él es sobre todas las cosas quien convierte la crisis mental de un hombre que se encuentra con algo que no debería haber visto en una película romántica con buenas interpretaciones pero cargada de clichés. Para ser justo con George Nolfi, él es quien logra llevar adelante un thriller de acción con ciertas dosis de emoción sin disparar una sola pistola o quien pinta un retrato de una New York hermosa, como el descubrir de un mundo nuevo con cada picaporte que se gira.
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  • Priest: El Vengador
    Un cura guerrero desobedece a la Iglesia y se une a la aventura de un joven sheriff y a una bella sacerdotisa en busca de un peligroso grupo de vampiros, quienes han secuestrado a su sobrina con la intención de convertirla en uno de ellos.

    Suena la campana y Scott Charles Stewart sube nuevamente al ring dispuesto a llevarse al público por delante. Lo que ofreció en la primera parte no alcanzó para ganar. Legion, película en la que Paul Bettany interpretó al arcángel Miguel defendiendo a la humanidad de una horda de ángeles dispuestos a exterminarla, no tuvo una gran recepción de la crítica ni la rompió en la taquilla. Pero ahora en este segundo round hay una idea revolucionaria que cambiará la forma en que todos la vean: los ángeles ahora son vampiros y el héroe es un cura. Para completar semejante concepción, al proyecto se suma el mismo actor protagonista y ocurre en gran parte en un desierto de Estados Unidos. ¿Quién dice que en Hollywood no hay ideas?

    Priest es un filme con algunas logradas secuencias de acción, pero con un guión que daba para una mayor profundidad, pero que se ve cargado de clichés ya desde su secuencia inicial, en la que se delimita la figura del renegado y el compañero que se convierte en el enemigo mortal. Siguiendo la tendencia del ralenti al que Zack Snyder rinde culto, cada escena de acción tiene por lo menos cinco cámaras lentas, algo que queda lindo estéticamente pero que aburre rápido. Debería probarse cuánto tiempo de película ganan con este efecto, dado que al durar esta tan solo una hora y cuarto, podría pensarse que antes era un corto de 30 minutos. Si el filme se salva es por una buena idea contextual, con el autoritarismo de la institución eclesiástica presente en cada rincón de las vidas. Fuera de esto no hay otros aspectos que destacar, es probable que en unos años, cuando pase el furor vampírico de la actualidad, Scott Charles Stewart al fin consiga que su idea triunfe. Quizás con hombres lobo, no lo sé.
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  • Carlos
    Carlos
    Cinescondite
    Es la historia de Ilich Ramírez Sánchez, quien durante dos décadas fue uno de los terroristas más buscados. Entre 1974, en Londres, donde intentó asesinar a un hombre de negocios británico, y 1994, en que fue arrestado en Jartum, vivió varias vidas bajo varios seudónimos siguiendo su camino a través de las complejidades de la política internacional de la época.

    Luego de aceptar una oferta del canal Plus de Francia, Olivier Assayas se puso al frente de un proyecto cinematográfico que resultó en una realización de cinco horas y media de duración. Sabiendo las dificultades que una película así tendría para venderse, esto se convirtió en una miniserie de tres episodios, a lo que se sumó que el mismo director se encargó personalmente de reeditar y controlar el desarrollo de una segunda versión de una extensión reducida de 165 minutos para estrenar en las salas. Los cortes o los saltos temporales no son bruscos, está todo tan bien realizado que el francés fue capaz de eliminar la mitad de su trabajo con una pericia tal, que esto no se nota, cada pieza encaja a la perfección en una gran obra que una vez más demuestra su gran capacidad como artista.

    Carlos tiene tantos elementos a favor que es fácil que alguno de ellos quede afuera a la hora de enumerarlos. No sólo se trata de una historia atrapante con un excelente guión, hay también actuaciones logradas, una ambientación de época perfecta y una notable banda sonora. Las situaciones límite son llevadas adelante con un magnífico pulso, como la de la toma de rehenes en la OPEP, una secuencia que tiene una extensión de más de 40 minutos y que en otra película se habría visto resumida a diez. Seguramente el único inconveniente de tan magnífico trabajo se limita a una cuestión de tiempos. Si bien la mitad de la historia quedó afuera, se trata de una película larga que hacia el ocaso de la carrera del terrorista encuentra su único punto de descanso, recuperándose con un cierre notable que deja ganas de más. "El arma es una extensión de mi mano", sostiene Ilich Ramírez Sánchez, un Édgar Ramírez en el mejor rol que le he visto, acerca de sus dotes como tirador. Esa frase bien podría decirla el genial Assayas, sin pistola, pero con una cámara.
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  • Aguas turbulentas
    Aguas turbulentas
    Cinescondite
    Tras cumplir su condena por haber matado a un niño un joven comienza una nueva vida como organista de iglesia, no obstante la madre de su víctima lo encuentra y comienza a perseguirlo en un esfuerzo fatídico por conocer la verdad.

    Jan Thomas sale de prisión luego de cumplir su condena por homicidio. Aunque en ningún momento queda del todo claro qué intentó hacer, hubo un secuestro de un nene que se vio frustrado por un accidente, el cual supuso la muerte del pequeño. Su capacidad para la música le permite conseguir trabajo como el organista de una Iglesia, desde donde intenta, sin éxito, expiar sus culpas y dejar atrás su pasado.

    DeUsynlige (Aguas turbulentas) es una oportunidad para acercarse al cine noruego, el cual no tiene mucha repercusión en nuestro país. Las posibilidades de verlo tampoco abundan, si bien hubo en la Argentina un ciclo dedicado a la filmografía de la nación a mediados de febrero con una buena concurrencia, es difícil que esas películas logren hacerse un lugar en la ajustada cartelera de estrenos comerciales. En su tercera realización, Erik Poppe desarrolla una lograda historia de redención, capaz de esquivar la mayoría de los lugares comunes a su alcance. Además de un muy buen montaje y musicalización, el filme cuenta con acertadas interpretaciones, especialmente en la que mayor profundización necesitaba, la de Pål Sverre Valheim Hagen, su torturado protagonista.

    Al llegar al punto climático del desarrollo, exactamente a la mitad, el filme cambia su perspectiva y encara la historia desde el punto de vista de la madre del niño fallecido. Lo que en un primer momento parece ser un novedoso y momentáneo cambio de enfoque, eventualmente termina convirtiéndose en un exceso de explicaciones que alargan la historia más de la cuenta y retrasan la resolución del conflicto. El tratamiento de dos personas opuestas, unidas por un hecho terrible del pasado que buscan dejar atrás, parece demasiado si para esto es necesario dedicar igual cantidad de tiempo a cada historia. Esto supone además que ciertos elementos sean subrayados y que se llenen espacios en blanco que no necesariamente necesitaban ser llenados, ya que se entendían con los datos que el espectador poseía.

    Es más allá de esto una buena película que trata un tema delicado como la muerte de un niño sin recurrir a golpes bajos, pero que, a diferencia de otro filme de temática similar como Rabbit Hole (El laberinto), pierde fuerza por querer abarcar más de la cuenta.
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  • X-men: Primera Generación
    Antes de que Charles Xavier y Erik Lensherr se convirtieran en Profesor X y Magneto eran simplemente dos jóvenes descubriendo sus poderes. Antes de que fueran enemigos acérrimos, eran amigos cercanos.

    Una saga en franco declive como la de X-Men necesitaba de un cambio favorable para demostrar que aún seguía con vida. Los antecedentes más cercanos no eran los mejores, The Last Stand (2006) fue la peor película de la trilogía original, y Origins: Wolverine (2009) sólo será recordada por el escándalo de la filtración de una copia sin terminar en Internet. Centrarse en el pasado no era suficiente, lo que hacía falta era acertar con un director capaz de llenar el puesto que Bryan Singer había dejado en el 2003 y que tanto a Brett Ratner como a Gavin Hood les quedó enorme. El elegido entonces fue Matthew Vaughn, quien sorprendió en el 2010 con Kick-Ass, un filme capaz de combinar muy buenos niveles de humor con algunas de las escenas de mayor brutalidad vistas en una película de superhéroes. Y el resultado, sin duda superó las expectativas.

    En los orígenes de la historia, Charles y Erik fueron amigos, dos aliados que decidieron crear una institución capaz de ayudar a otros mutantes como ellos. Décadas antes del enfrentamiento que refleja la trilogía previa, ellos trabajaron juntos contra un enemigo común y buscaron evitar el comienzo de una tercera guerra mundial. Este es el punto de partida para una película con suficientes puntos a favor como para ser considerada de lo mejor que la saga ofreció. No sólo la silla de director está ocupada por alguien que tuvo un paso, reciente pero paso al fin, por el cine de superhéroes, sino que en esta oportunidad hay algo que contar. Hay un grupo de guionistas detrás del proyecto con una historia lo suficientemente amplia como para llenar 132 minutos de película sin necesidad de recurrir a largas y repetitivas batallas que oculten la falta de sustancia. A esto se debe sumar las buenas actuaciones en los roles centrales de Kevin Bacon, James McAvoy y principalmente Michael Fassbender, este último con un meteórico ascenso hacia el estrellato desde hace algunos meses, así como también las escenas de combate, en una dosis justa y con efectos notables, aumentando la eficacia del film en general.

    El problema de X-Men First Class es inversamente opuesto al que castigaba a la tercera película de la saga. En aquella, el despliegue de efectos, la inclusión de un sinnúmero de personajes y una lucha constante entre mutantes, resaltaba una carencia de argumento y la falta de elaboración del guión. En esta, por el contrario, es tan rica la historia, es tanto lo que se tiene para decir que se tiene que optar por qué temas tratar en profundidad y cuáles no. La infancia de sus protagonistas, la búsqueda de los otros miembros del equipo y su entrenamiento se muestran así como apuntes, un collage en clave humorística, fragmentos que si bien son importantes deben ser resumidos para priorizar otros.

    Este nuevo producto de la Marvel sorprende y se posiciona como una de las mejores de la franquicia hasta el momento. Si bien X2 aún es la más lograda, con esas inolvidables escenas de Nightcrawler (aquí se recupera ese espíritu con Azazel), esta Primera Generación supera con comodidad a las últimas dos e incluso a la X-Men original, película que no ha envejecido bien. La Fox deberá estar agradecida a Matthew Vaughn… con las buenas críticas que viene cosechando y el éxito asegurado de público, es cantado que habrá mutantes para rato.
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  • ¿Qué culpa tiene el tomate?
    Qué culpa tiene el tomate, película iberoamericana ganadora de la Selección Oficial del MOMA, se trata de un documental realizado por siete directores de diferentes nacionalidades, que abordan de manera conjunta el proceso que atraviesa la comida cuando no pasa por el supermercado. A través de un recorrido por los distintos mercados populares, se logra un acercamiento a las distintas culturas y formas de vida propias de cada región. Pequeños productores, feriantes y consumidores dan cuenta de un estilo comercial antiguo que mantiene las tradiciones por fuera del circuito de las grandes cadenas y distribuidoras. Si bien el planteo es interesante, como suele suceder en cualquier proyecto colectivo los resultados de cada segmento son dispares, por lo que en consecuencia a nivel general este queda a mitad de camino.

    Uno de los grandes atractivos de la propuesta es la participación tanto de directores de trayectoria y reconocimiento en festivales a de todo el mundo, como de realizadores jóvenes con menor experiencia y miradas frescas. El argentino Alejo Hoijman, quien estuvo detrás del multipremiado documental Unidad 25 (2008), es quien inaugura el filme con un trabajo que es en muchos aspectos diferente al de los otros seis, lo que no necesariamente implica algo positivo. Su cámara documenta el proceso productivo de una pareja mayor en las tierras de Misiones, antes incluso de que el alimento llegue al puesto de venta. Su postura es de testigo, captura la jornada de trabajo sin interactuar con sus personajes, quienes no hablan ni siquiera entre ellos. Con su planteo, no obstante, pareciera que busca reflejar con fidelidad la monótona vida de ciertos hombres de campo. Un cautivador despliegue visual de la región mesopotámica se ve acompañado de un interminable silencio y un crudo costumbrismo que suponen que la película sea algo pesada y monótona desde el comienzo.

    Esto cambia rápidamente a partir del segundo segmento, a cargo del boliviano Marcos Loayza, el cual demuestra que se puede mantener el interés y a la vez lograr un desarrollo ágil y colorido. Esta tendencia se irá profundizando en algunos de los países, con música y testimonios a la cámara, que permiten que se imprima a lo documentado un sentir nacional que no aparece durante la primera parte. Encarar por separado cada fragmento conduce a que ciertos planteos se vuelvan repetitivos en el tratamiento y que, al fin y al cabo, no sean del todo distinguibles entre sí. Más allá de que apunten a reflejar cosas diferentes, tanto el de Colombia como el de Bolivia y Perú, son ciertamente parecidos, y si se reconoce su procedencia se debe a alguna locación o vestimenta determinada. Para tal caso se podría hacer mención al realizado por Alejandra Szeplaki de Venezuela, que tiene muchas similitudes con el resto aunque acaba por diferenciarse al centrarse en un restaurante que sirve comidas típicas.

    Al fin y al cabo son las miradas de Brasil, a cargo de Paola Vieira, y España, por Jorge Coira, las que se reconocen con mayor facilidad (sin contar a la Argentina que abarca otro proceso), así como las que otorgan un mayor disfrute. Ambos realizadores ofrecen el mismo enfoque sobre los mercados populares aunque lo hacen a partir de sujetos carismáticos que aportan su cuota de humor a la vez que se regocijan por su momento delante de las cámaras. De esta manera, con personajes extravagantes, cortes rápidos y buena música, se regala un poco de entretenimiento sin perder de vista la idea central del proyecto.

    "Qué culpa tiene el tomate" se preguntaba Víctor Jara en La hierba de los caminos y siete directores de nacionalidades diferentes van en busca de su respuesta. El proyecto es interesante y sin dudas es una apuesta diferente, su resultado en líneas generales es bueno aunque se trate en definitiva de un abordaje demostrativo antes que crítico. A pesar de que no hay reproches en forma directa a la comercialización masiva de las grandes cadenas de supermercados, hay un objetivo claro que se cumple, el de demostrar que aún existen otras vías de consumo, sanas y tradicionales, sin aquel intermediario que agarra al tomate y "lo mete en una lata".
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  • Lo que más quiero
    Lo que más quiero
    Cinescondite
    Es la historia de dos duelos: uno amoroso, de inmediata repercusión y dilución más sencilla; otro más duro, de procesos más lentos y luctuosos. Es también la historia de una amistad entre dos chicas, sostenida a la distancia y puesta a prueba en la convivencia.

    Lo que más quiero abre con un plano de dos amigas sentadas una al lado de la otra. Delante de ellas las montañas, un paisaje hermoso que en este país solo puede dar el Sur. Toman mate, se cuentan algún chisme, dan paso al primer "duelo" que se menciona arriba. El personaje que interpreta María Villar se está tomando un tiempo de su novio de hace cuatro años y aprovecha esa semana con su amiga (Pilar Gamboa) para reflexionar. Esta apertura, que dura unos cuantos minutos, permite evidenciar dos cosas: primero la química de las protagonistas, una constante sobre la que se apoya la película. En segundo lugar, se tendrá conocimiento del recurso a los planos secuencia por Delfina Castagnino para contar su historia. Ambos aspectos están íntimamente ligados, las notables interpretaciones necesitan este uso de cámara para poder mostrarse como tales, a la vez que la lente necesita ese nivel de actuaciones para que su uso se justifique.

    En un principio se podría pensar que el problema importante es el amoroso de la recién llegada, no obstante quedará comprobado que el conflicto de Pilar es el más grave, y el que va a mover gran parte del relato. Este es el generador de algunas de las escenas más logradas, entre ellas la más impactante, cuando en un mismo plano la joven debe comunicar a los empleados el futuro de la empresa. No creo que hubiese forma de hacer una escena mejor que esa, con una clase magistral de actuación de su protagonista, llegando a niveles de un intenso realismo.

    Sin música o agregados de edición, Lo que más quiero sigue una tendencia de hacer cine bastante recurrente en las producciones nacionales. Si bien hay un buen trabajo en la dirección y un guión capaz de pasar de situaciones dramáticas a cómicas con facilidad, la razón por la que se destaca es por la dupla de actrices que la conducen. Hoy una de ellas goza de reconocimiento masivo por su participación en dos exitosas series de televisión, algo de demorada justicia en la industria nacional, que también tendría que recompensar a su compañera de fórmula y a Esteban Lamothe, quien ya demostró lo suyo protagonizando la gran El Estudiante.
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  • Blue Valentine
    Blue Valentine
    Cinescondite
    La historia gira en torno a Dean y Cindy, marido y mujer, y su relación a través de los años, moviéndose en diferentes períodos de tiempo. Los conflictos que enfrenta la pareja encuentran su raíz en la ambición de ella, yuxtapuesto a la satisfacción que percibe el marido, quién centra su vida alrededor de su mujer e hija.

    La descripción que los autores emplean para referirse a Blue Valentine desde el póster es que se trata de "una historia de amor". Si bien esto es en parte cierto, no se podría decir que es una definición adecuada. Como la canción homónima de Tom Waits, esta es una doble historia, presente y pasado, lo que es y lo que fue. A la primera que se accede es a la de la pareja en la actualidad, con una hija pequeña, una casa, un perro, pero muchas frustraciones que desembocan en los problemas matrimoniales. A lo que se puede denominar una segunda es a los comienzos de la relación, la verdadera "love story", cuando el amor del uno por el otro los hace superar uno de los mayores desafíos que una pareja puede atravesar.

    Los autores han adoptado posturas definidas sobre dos tópicos intocables propios del cine romántico, ya que si bien permiten el amor a primera vista, van a puntualizar que el amor no es para siempre. Construyen un gran romance entre dos jóvenes que son el uno para el otro y luego recogen los pedazos. Así la originalidad del filme recae en la forma en que está construido el relato, se hace parte al espectador tanto del principio como del final pero, elipsis mediante, se lo excluye del desarrollo, es decir de toda su vida de casados. De esta forma no se explica qué es lo que pasó con esta joven pareja que, según la historia del cine, tendría que haber vivido feliz para siempre. Los sueños de juventud de ella se vieron frustrados y se encuentra con un marido que, desperdiciando su potencial, se conforma con una vida libre de pretensiones pero también carente de logros. Es una pareja real con problemas reales, no hay factores externos que hayan generado el cortocircuito, es el paso del tiempo el que los lleva a ese quiebre.

    Al ser una película sobre la evolución de los protagonistas las actuaciones son un elemento fundamental y ambos actores están a la altura de la situación. Tanto Michelle Williams como Ryan Gosling brindan performances impecables en ambos extremos de la historia. La química entre los dos es evidente, ya sea en los momentos de romance, escena jugada de sexo incluida, así como en las situaciones de hastío. Uno de los puntos más importantes, que tiene lugar en un albergue transitorio, se produce cuando Dean trata de reavivar su matrimonio, no desde un punto puramente sexual sino buscando reconectar con su mujer, mientras que Cindy lo rechaza poniéndole obstáculos, pidiéndole incluso que la golpee para que esa falta de amor sea justificada. Se trata de una escena angular, es un punto de declive del que parece que ya no hay retorno, y fue desarrollado con la pericia que requería. Si bien sólo ella fue reconocida en la carrera por el Oscar, tanto uno como el otro ofrecen una actuación cruda, sentida y realista por la que deberían haber recibido sendas nominaciones.

    Es un muy buen trabajo por parte del debutante Derek Cianfrance que sin caer en golpes bajos u obviedades logra que se refleje en pantalla un estado de crisis palpable con el que se es capaz de identificarse. Acompañado de dos actuaciones excelentes así como por una gran banda sonora, en su mayoría a cargo de Grizzly Bear pero con una canción que se destaca por el resto como es la gema oculta You and me de Penny and the Quarters, se ha logrado una película original digna de reconocimiento.
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  • ¿Qué pasó ayer? Parte 2
    Dos años pasaron desde que Todd Phillips tomara por sorpresa al público y la crítica mundial con aquella divertida comedia que le devolvía el status ganado dentro del género, luego de la fallida Starsky & Hutch y la olvidable School for Scoundrels (Escuela de tontos). Una historia de hombres maduros que necesitaban un tiempo fuera de la rutina y llegaban hasta los límites del descontrol. Un trío fiestero como el de Old School (Aquellos viejos tiempos) probaba hasta qué punto se podían volver a ser jóvenes, regalando así una de las joyas del humor de los últimos tiempos. En el camino quedó otra gran lección sobre la amistad de la mano de Due Date (Todo un parto), repitiendo sólo uno de los ingredientes de la fórmula pero logrando que nuevamente la química fuera perfecta.

    En esta oportunidad el wolfpack viaja hasta Tailandia para el casamiento de Stu, quien toma todos los recaudos posibles para que lo que pasó en Las Vegas sólo sea un oscuro recuerdo de su pasado. Este olvido intencional incluye a Alan, uno de los personajes cómicos de la década, quien vive atrapado en ese momento y muere por recuperar a sus amigos. Cuando el plan del novio se desmorone y la resaca de Bangkok se sienta peor que la anterior, los tres protagonistas darán pie a situaciones desopilantes que, lamentablemente, sólo repiten a la original.

    La mejor forma de describir a The Hangover Part II (¿Qué pasó ayer 2? Parte II) es la que se ha utilizado mucho en los últimos días, una para ver con amigos. Esa valoración no la siento como algo positivo, limitar el disfrute de una película a una determinada situación no parecería ser lo correcto, y sin embargo es lo que pasa. El motivo de la demora de esta crítica es que, en vez de acceder a una función temprana, la cita fue a las 23 del día del estreno con diez amigos. Las risas acompañaron el desarrollo desde el principio hasta el fin, dado que no hay una escena que no sea divertida. Y sin embargo no es una gran película como la original y ni siquiera una buena segunda parte, ya que sólo se trata de una fiel imitación.

    Como uno de esos juegos de niños en los que se cuenta una historia con espacios en blanco y uno puede completarlos con lo que se le ocurra para luego leer el resultado final, esta segunda parte toma una matriz ya hecha y añade algunos detalles mínimos. Si lo novedoso de la primera era el buen guión, con una búsqueda detectivesca de la noche anterior, en esta parece escrito en piloto automático y en forma apurada. La capacidad para el humor se da cuenta en forma constante, los chistes son buenos, los diálogos graciosos, la mayor participación de Mr. Chow (el genial Ken Jeong) es un acierto y las actuaciones de su trío central efectivas, y sin embargo la sensación es que se está viendo la misma película. Como si fuera una necesidad de complacer a los seguidores, los personajes utilizan iguales expresiones y repiten gestos, con lo que el efecto se refuerza.

    The Hangover Part II no resiste una mirada muy crítica por todas estas cuestiones arriba mencionadas, pero estas no ocultan el hecho de que se trata de una comedia muy divertida que cumple sobradamente su objetivo de hacer reír. Tener una nueva oportunidad de ver en acción a Zach Galifianakis y Ed Helms es algo para celebrar, más allá de que se necesiten amigos para hacerlo.
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  • El dedo
    El dedo
    Cinescondite
    Un pequeño pueblo se ve revolucionado ante el asesinato del candidato a intendente. Su dedo, tras un juramento de venganza, reposará en un frasco de un almacén y será la excusa para desentrañar el asesinato, dar vuelta una elección a intendente, refrescar historias de amor y avivar al tranquilo pueblo.

    En su primera película, el director Sergio Teubal incursiona en la comedia y rebautiza al género como "absurdo latino". Es grande la sorpresa cuando uno se encuentra con que El Dedo, si bien tiene un importante componente humorístico, prioriza durante toda una primera parte una suerte de western. En el año 1983, año que pasa a la historia argentina como el de la vuelta de la democracia, un pequeño pueblo del Interior del país no se quiere quedar fuera del cambio. Con el nacimiento del habitante 501, se puede llamar a elecciones para tener un intendente, y el adinerado juez de paz (Gabriel Goity) es el más interesado en hacerse con el cargo. Su principal contendiente es Baldomero (Martín Seefeld) un hombre que a diferencia suya, es querido y respetado. No obstante, este es asesinado y su crimen se vuelve un misterio, y con la policía de un solo hombre abocada a la búsqueda de un perro Gran Danés, quedará en manos de Florencio (Fabián Vena), su hermano, vengar su muerte.

    No es fácil hacer buenas comedias en el país, sacando algunos pocos casos todos los años el humor tiende a la repetición y a la simpleza del chiste fácil. Por eso es que películas como Excursiones, El hombre de al lado, la reciente Amateur o esta misma, se reciben con los brazos abiertos. Filmes que parten de una buena idea y la profundizan con un cuidado trabajo de guión, en este caso de Carina Catelli, y un importante manejo de actores, no por nada las interpretaciones en todos estos casos son bien logradas.

    Un dedo y una promesa flotan en un frasco de vidrio, y en una revelación rápida, sin vueltas ni segundas opciones, el western se termina junto al misterio, y sin embargo queda un largo tramo de película por recorrer y el recuerdo de Baldomero todavía nada en formol. Y como dice la madre del juez "el pueblo está huérfano de candidatos", pero creen en el dedo, como creemos nosotros. Ahí empieza el absurdo, del bueno, al que Teubal hacía referencia, y la película alcanza sus puntos más cómicos. Entretenida, bien captada la imagen de época y del pueblo, con muy buenas actuaciones y musicalización, con una lograda labor de su director y su guionista, aunque me pareció algo precipitada la resolución del crimen, El Dedo es una recomendable propuesta que genera expectativas para el futuro de sus realizadores.
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  • La noche del Demonio
    Josh, su esposa Reani y sus tres hijos acaban de mudarse a una vieja casa. Cuando el pequeño Dalton sufra un accidente y caiga en coma, empezarán a producirse extraños fenómenos y la familia se verá acosada por algo que no parece de este mundo.

    Insidious (La noche del demonio) remite en muchos aspectos a la última película de Sam Raimi, Drag me to hell (Arrástrame al infierno). No es una cuestión que se limite sólo a la historia, aunque hay puntos importantes en común a pesar de que el argumento sea diferente, sino que hay similitudes en la forma de desarrollarla, en su filmación, en el uso de efectos, incluso hay un parecido en la secuencia de títulos iniciales. En una época en que el terror vive una nueva etapa, el director de The Evil Dead recuperó ciertos elementos del cine clase B de los '80 y su apuesta fue bien recibida. Es curioso que sea James Wan, director de la Saw (El juego del miedo) original y productor de las seis siguientes, quien busque desarrollar una película no convencional para la actualidad, tratando de romper los códigos que él mismo ayudó a instalar.

    En la historia, Josh y Reani se mudan con sus tres hijos a una nueva casa y pronto empiezan a notar que algunas cosas no están bien. Cuando el menor de los chicos, Dalton, entra en un inexplicable coma profundo, los problemas se profundizan y la evidencia de que hay una fuerza maligna en el hogar se hace cada vez más contundente. Para ser una película que busca ser "diferente", James Wan se toma mucho trabajo para lograr que sea parecida a otras. Aún con argumentos distintos es muy similar al ya mencionado filme del 2009, dado que se respeta a rajatabla lo hecho por los otros. Las diferencias entre los que creen y los que no, las presencias que deambulan por la casa, el eventual llamado a la especialista y su equipo de expertos, el segundo final, el director pareciera buscar un Poltergeist moderno que tiene sus logros a pesar de sus dificultades.

    Un aspecto importante es el hecho de causar impresión con economía de recursos. Como sucediera algunas semanas atrás con Scream 4, más allá de ser un producto algo gastado se recibe como un soplo de aire fresco que de Estados Unidos provenga una película de terror sin torturas o en la que se busque la forma más novedosa de matar. En los planos detalles a la hora del ritual, en la sobriedad de los efectos y sus espectros en trajes de época, en las caras de sonrisas espeluznantes y las imágenes estáticas de las apariciones, se encuentra el elemento fuerte de Insidious. Que muchas veces menos es más, Wan lo sabe desde El juego del miedo y de esta forma es que se anota unos puntos; fuera de esto la película no es original, se vuelve repetitiva y el misterio que busca crear es bastante predecible.
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  • Incendies
    Incendies
    Cinescondite
    Cuando el notario Lebel les explica a Jeanne y Simon Marwan la última voluntad de su fallecida madre, los gemelos se sorprenden al recibir un par de sobres - uno para el padre que creían muerto y otro para un hermano que no sabían que existía. En esta herencia enigmática, Jeanne ve la clave de la retirada emocional de su madre durante las últimas semanas de vida y emprenderá un viaje a Medio Oriente buscando desentrañar su historia familiar.

    Nominada en la última edición de los premios Oscar en la categoría Mejor película extranjera, que finalmente se llevó la danesa In a better world de Susanne Bier, Incendies es la nueva realización del canadiense Denis Villeneuve. Separada en capítulos que dan cuenta de las distintas etapas del camino, la historia sigue dos viajes, el de Nawal Marwan, el cual comienza cuatro décadas atrás, y el de su hija Jeanne en el presente, tratando de cumplir con el deseo póstumo de su madre. Tras un impactante comienzo, con un chico devorado por la guerra mientras el "You and whose army?" (¿Tú y qué ejército?) de Radiohead inunda la pantalla, se abre una historia familiar teñida de oscuros secretos que ya no pueden ser ocultados.

    Una madre distante, que para completar su desapego emocional tras un determinado acontecimiento permanece en un estado catatónico hasta su muerte, reparte sus bienes entre sus dos gemelos y deja instrucciones precisas sobre cómo dar entierro a su cuerpo. El baldazo de agua fría que los hermanos reciben al escuchar el testamento de boca del notario tiene su réplica en el espectador, son tan contundentes las palabras de la mujer que el conflicto se dispara ni bien comienza la película. Un padre que se creía muerto y un hermano cuya existencia desconocían es el panorama que se les presenta a los jóvenes, y es Jeanne quien emprenderá un viaje en busca del pasado familiar, revelando facetas de las que nada sabía.

    Una historia que empieza con amor y rápidamente se tiñe con el odio y la segregación, una mujer que forja su vida al calor de la guerra civil entre cristianos y musulmanes. Villeneuve adapta la obra teatral Scorched, del libanés Wajdi Mouawad, y desarrolla una película fuerte de alto contenido emocional. Sus más de dos horas de duración no pesan en ningún momento, se trata de un filme que no encuentra escollos en el camino y que logra ser más interesante a medida que transcurre, tarea que era difícil considerando su gran apertura. El detalle que no cierra del todo tiene que ver con los años de los personajes, fundamental para que el desenlace tenga su coherencia, los cuales no terminan de cuadrar y si lo hacen es en una forma algo forzada. Fuera de esto, que no deja de ser un detalle, se trata de una muy buena película: una tragedia griega en el Medio Oriente.
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  • Piratas del caribe: Navegando aguas misteriosas
    El Capitán Jack Sparrow se cruza con Angélica, una mujer de su pasado, y no sabe si nuevamente hay amor o si ella lo está usando para hallar la famosa Fuente de la Juventud. Cuando ella lo obligue a abordar el barco del temible pirata Barba Negra, el héroe se encontrará en una inesperada aventura de grandes peligros.

    Reflejo exacto de la realidad, Jack Sparrow emprende su viaje sólo, sin barco ni tripulación, de la misma forma que Johnny Depp se aventura a una cuarta parte sin sus dos compañeros centrales de elenco o Gore Verbinski detrás de cámaras. La única cara conocida para el Capitán es su contramaestre Gibbs, a quien luego de rescatar en distintas oportunidades mantendrá alejado de la acción una y otra vez, como si se tomara en serio lo de encarar el filme solo. Es uno de esos casos en que el protagonista es una presencia tan poderosa, después de todo él es la película, que un cambio radical de actores no termina de afectar al resultado, siempre y cuando él siga firme allí. A falta de un mejor ejemplo, en televisión pasó eso mismo en la cuarta temporada de House M.D., mientras el rol central fuera ocupado por la misma persona de la misma forma, el hospital podía caerse a pedazos que poco iba a perjudicar al producto.

    Con el equipo al hombro, Depp encara un partido complicado. Una saga que fue hundiéndose más con cada secuela, ahora sin salvavidas en los que confiar y con un Rob Marshall como comandante, cuyas grandes producciones generalmente decepcionan, parecía una empresa destinada al fracaso. Y sin embargo sale a flote. No es que sea un clásico moderno pero entretiene, hay una extensa duración que no se padece como en la anterior, y logra desarrollar una trama clara y definida. Para que se entienda bien mi punto, no está ni cerca de la película original, pero sí es superior a la tercera y por lo menos pasa algo, a diferencia de la segunda.

    Por supuesto tiene sus problemas, la idea general ya está bastante gastada, y si bien este hace un trabajo formidable, no se puede depender de un solo actor. Aquellos experimentados que lo secundan, Geoffrey Rush e Ian McShane, llevan sus papeles con soltura y su participación es celebrada, pero algunas de las incorporaciones teclean y sus apariciones molestan. Sorprende que Penélope Cruz todavía no pueda actuar y hablar inglés al mismo tiempo, creo que demostró en los últimos años que tiene la capacidad para llevar bien un rol, pero no el de hot latina que Hollywood le asigna una y otra vez. Lo mismo sucede con Sam Claflin, el carilindo intento de reemplazo de Orlando Bloom, en quien se trata de apoyar una historia romántica que poco importa.

    Muy bien musicalizada por el inagotable Hans Zimmer, con mucha guitarra flamenca lo cual supone un plus, la película se destaca en los aspectos técnicos, haciendo un uso adecuado de todo lo que Disney pone al alcance de la mano. Es criticable por supuesto el uso con fines exclusivamente recaudatorios del 3D, lo cual parece una burla dado que las veces que se lo utiliza se cuentan con los dedos de una mano y sin embargo los lentes hay que tenerlos puestos más de dos horas. Para cerrar, la introducción del filme es impagable, con el sello de la industria por todos lados… españoles que hablan entre sí en inglés, pero con acento español, es algo que como diría la tarjeta de crédito, no tiene precio.
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  • Que 'la cosa' funcione
    Un hombre maduro y excéntrico de Nueva York decide abandonar su acomodada vida para llevar una existencia más bohemia. Su relación con una bella joven sureña desembocará en una serie de enredos familiares y sentimentales.

    Siempre es agradable toparse con una nueva película del prolífico Woody Allen, no importa si es inferior a los clásicos que regaló a lo largo de su carrera o si se trata de un trabajo digno. En los últimos años parece ser que el ejercicio de ver un filme de este director se convirtió en un juego de las siete diferencias entre el Allen del presente y el de su lejano pasado. Más allá del resultado final que cada realización tenga, Whatever works en particular no es una obra maestra pero sí superior a muchos de sus títulos de la última década, es refrescante encontrar esa pluma irónica siempre afilada. Los diálogos y monólogos del protagonista, sobre todo en la primera mitad, demuestran el por qué de su grandeza.

    Esta película tiene una importante diferencia con aquella que el director hizo después pero que en Argentina se estrenó antes, You will meet a tall dark stranger, y es que el personaje neurótico típico del mundo Allen está bien llevado y funciona. Es que el protagonista no es cualquier intérprete, sino que es Larry David, el co-creador y guionista detrás de Seinfeld, la mejor serie cómica de todos los tiempos. Sólo comediantes de su talla, familiarizados con el cinismo y la neurosis por haberlas plasmado en sus creaciones, pueden ponerse los amplios zapatos de Woody Allen y hacer que su ausencia no se lamente. Su Boris, que no es Grushenko sino Yellnikoff, es un físico genio que tuvo épocas de mayor gloria y vive protestando por la estupidez que lo rodea. Desde un primer momento romperá la cuarta pared y hablará directamente hacia una audiencia que él percibe pero el resto de los personajes no. El director nuevamente hace gala de su talento para los diálogos ágiles e inteligentes acerca de sus tópicos predilectos, moviéndose con soltura entre la existencia y el amor pasando por la muerte o la música, así como de su capacidad para encontrar la gracia en cualquier línea del guión.

    El aspecto negativo más importante que presenta este filme es la dependencia total que se genera con el personaje de Larry David. Con todas sus excentricidades, la presencia de Boris es tan necesaria en la pantalla, que su sola ausencia por algunos minutos genera que inevitablemente la historia pierda fuerza. La aparición de Patricia Clarkson, más allá de que ella esté muy bien y sea un punto a favor en la construcción del relato, conduce a que su hija (Evan Rachel Wood) tome distancia del protagonista para acercarse a un hombre joven. Este aspecto conduce a una reducción notable en la comicidad de la propuesta, recuperándose recién hacia el final cuando la vuelta del personaje central es imprescindible. Todo el arco de romances que el director abarca hacia el cierre demuestra que la "cosa" podía funcionar para muchos, cuando en realidad la película se construye en su totalidad para que nos importe sólo si funciona para uno. Más allá de esto, que resulte hilarante la crueldad de un sujeto capaz de insultar a los más chicos porque no saben jugar al ajedrez o maltratar a una veinteañera dulce e inocente, es algo que pocos pueden lograr. Que sus sentencias, maldiciones y el uso constante de una palabra tan poco utilizada en cine como "imbécil" se vuelvan una necesidad imperiosa para el espectador, es algo que sólo Woody Allen puede hacer.
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  • Poder que mata
    Poder que mata
    Cinescondite
    Narra la historia real de Valerie Plame, una agente de la CIA cuya identidad fue desvelada por miembros de la Casa Blanca para desacreditar a su marido, quien en el año 2003 escribió un polémico artículo criticando el inicio de los ataques norteamericanos en contra de Irak.

    Segundos antes de apretar el botón de play para reproducir el DVD de Fair Game, los portales de Internet de todo el mundo difundían la muerte de Osama Bin Laden y la memoria colectiva se retrotraía al 11 de septiembre del 2001. Minutos después de una breve introducción, los créditos al ritmo de Gorillaz daban cuenta del punto de partida de la historia, el ataque terrorista a las Torres Gemelas y el interrogante acerca de qué seguiría, pregunta que hoy, diez años más tarde, vuelve a tener vigencia.

    El filme de Doug Liman (The Bourne Identity) encara uno de los temas más oscuros y polémicos de los últimos años, la invasión que Estados Unidos encabezó en contra de Irak con el pretexto de desabastecer al país de sus armas de destrucción masiva, armas que se probó más adelante nunca existieron. Como en el caso de Green Zone de Paul Greengrass, se trata de una crítica al Gobierno norteamericano y su fachada protectora con la que ocultaron otro tipo de intereses, aunque en esta ocasión la mirada se sitúe en los agentes que producen la inteligencia y no en los soldados que la reciben y ejecutan. Hay en esta también otro tipo de reproches hacia el prejuicio y al miedo injustificado, incluyendo así tanto a la sociedad civil como a los medios de comunicación que no solo avalaron sino también alentaron el avance militar.

    Siendo este un tema tan vasto y poco explorado, parece demasiado el tinte de drama familiar que atraviesa a la historia. La relación de un matrimonio que se desgasta y los problemas laborales, en este caso particular, de alcance internacional, son muy amplios como para intentar abordarlos en forma conjunta. Así se percibirá que durante una extensa porción de la película las dificultades maritales no serán mencionadas, sólo para retomarlas más adelante en la forma de un conflicto importante que necesita una separación temporal. Este aspecto no sólo no tiene el desarrollo suficiente sino que termina por teñir de melodramático a uno de los cuestionamientos políticos más graves de la historia reciente.

    La tercera colaboración de Sean Penn y Naomi Watts, luego de The Assassination of Richard Nixon y 21 grams, los encuentra inmersos en una intriga de gran interés a la que ellos aportan su cuota de solidez en la construcción de los personajes. A diferencia de todos los filmes de acción que el director realizó en la última década, Fair Game es un interesante thriller político en el que sus protagonistas no lanzan golpes ni usan sus pistolas, sabiendo que en muchas oportunidades la (des)información puede ser la mejor arma.
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  • Culpable o inocente
    Mickey Haller es un abogado criminalista que dirige su negocio desde el asiento trasero de su coche Lincoln, con el que recorre las calles de Los Ángeles. Entre su clientela figura gente de todo tipo, pero todo se complica cuando es contratado por un hombre adinerado de Beverly Hills arrestado por atacar a una joven.

    Basada en la novela homónima de Michael Conelly del 2005, The Lincoln Lawyer es la primera que introduce al personaje Mickey Haller. No es costumbre que en las películas de temática legal la cámara se cierna sobre la figura del abogado defensor, algo que sí ocurre en series de televisión. A estos habitualmente se los ve con ojos críticos, juzgando su elección como protectores de los acusados. Un punto a favor que tiene esta adaptación de Brad Furman es la de mostrar ese lado que suele no tener espacio fuera de la pantalla chica, el costado simpático y humano del abogado del diablo.

    Y para esto hace falta un actor como Matthew McConaughey, que con su carisma, su acento sureño y su hablar como metralleta puede comprar a quien quiera. No es un hombre comprometido con su causa como el abogado de la defensa que interpretó en A time to kill, sabe que representa a gente de lo peor y esto no le quita el sueño. Esto no significa que no tenga algo de conciencia, su elección profesional no sólo le acarrea las críticas de todo aquel que lo conoce, sino que hay un temor legado por su padre. El defiende a cualquier tipo de criminal, pero vive preocupado por la posibilidad de que alguna vez el condenado sea un inocente, que estar tan acostumbrado a la culpabilidad de sus clientes le impida ver cuando uno esté realmente limpio.

    En lo que es un interesante giro en la trama causado por un momento de revelación, el relato pasa a enfocarse más en el aspecto thriller de la película. Este cambio, que se basa en la introducción de un personaje fundamental al que jamás se había hecho algún tipo de referencia, rápidamente deja de hacer ruido para ensamblarse en forma correcta con lo desarrollado. Mientras que en general este tipo de cartas se guarda hasta el final, aquí no hay inconvenientes en mostrar que tienen la mano ganadora, contestando el interrogante del título en castellano a mitad de la película.

    Hay algunas muy buenas interpretaciones que acompañan al protagonista, tanto de los principales como William H. Macy junto a Marisa Tomei y Ryan Phillippe, estos dos últimos efectivos en roles recurrentes, así como también de otros con papeles con menor protagonismo como Josh Lucas o Bryan Cranston, a quien finalmente le llega algo de reconocimiento.

    El problema que se puede encontrar en The Lincoln Lawyer es que se termina imponiendo una mirada algo condescendiente para con su protagonista. Más allá de que se busque resaltar en el desenlace que él vivió todos estos acontecimientos sin obtener ningún tipo de aprendizaje, la realidad es que en el desarrollo en más de una oportunidad se perciben rasgos de crecimiento. A pesar de las buenas intenciones del comienzo, el ojo crítico acaba colándose en la consideración de un personaje de moral dudosa, al que se termina revalorizando como padre, colega y defensor de la Justicia.
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  • Rápidos y furiosos 5
    Tras abandonar el cuerpo de policía, Brian O'Conner se asocia con el fugitivo Dom Toretto. Perseguidos por la Justicia, son acorralados en Río de Janeiro. Su única opción de conseguir la liberad será acabar con una banda de crimen organizado que tiene asolada la ciudad.

    Que la quinta parte de The Fast and the Furious haya resultado ser la mejor de la saga es algo que debe haber tomado a muchos por sorpresa. La ruta hacia Fast Five empezó a trazarse en el 2009, cuando se estrenó la cuarta parte, y el director Justin Lin dio muestras de ser capaz de reinventar la franquicia. Básicamente lo que se hizo fue ignorar que hubo una segunda parte, y situar la historia en un tiempo previo a la de Tokio, es decir la tercera. Los resultados fueron evidentes y los motores que parecían apagarse tras dos secuelas fallidas, rugieron con una furia similar a la original.

    El regreso de sus dos protagonistas es un pilar fundamental para que estas películas funcionen. Paul Walker demostró en 2 Fast 2 Furious que sin su musculosa pareja la propuesta no iba a funcionar. Es que a Vin Diesel se le puede criticar mucho sus actuaciones y su inexpresividad, pero él es Dom Toretto y no alcanzó reemplazarlo con Tyrese Gibson. Él debería estar agradecido de que el director le brindó la oportunidad de redimir su carrera, luego de cometer tres graves errores de juicio. Servidas en bandeja la secuela de los autos veloces y la de xXx, él optó por reponer su rol de Riddick para una segunda parte que no vieron ni sus amigos, y desde entonces se condenó a siete años de películas inferiores a la espera de una nueva oportunidad. El punto a favor en materia de actores, no se limita a los que figuran en el póster, también el armado de un equipo complementario para no delegar el peso de la historia en sólo dos personajes y la integración de una contrafigura decente como Dwayne Johnson constituyen sendos aciertos.

    Fast Five retoma exactamente en donde finaliza su antecesora, con la fuga de Toretto del micro que lo lleva a prisión. Lin sabe lo que hace y si en aquella dejó un final de sobreentendidos y miradas cómplices a modo de remate, en esta oportunidad vuelve a filmar esa secuencia y la lleva adelante hasta su conclusión, logrando así una apertura ágil, rabiosa y completamente justificada. Lo que hace que esta sea la mejor, es lo que la hace tan diferente a las anteriores. Los ajustes de guión, las prioridades, todo se puso al servicio de una película que necesitaba luz propia y no luces de neón. Con muy pocas referencias a otros autos y menos exclamaciones al ver el armado debajo del capó, con poco digital y más acción pura y dura, el guionista Chris Morgan y su realizador se concentraron en la importancia de desarrollar una buena historia antes que todo.

    El punto fundamental que permite comprender que realmente se trate del filme más logrado se produce cuando la dupla central necesita conseguir un auto veloz, de esos que sólo se ven por esta pantalla. El desafío es el mismo de siempre, el ganador de la carrera se queda con el coche del otro, pero en vez de elegir mostrar ese duelo, directamente se lo pasa por alto. Ignorar aquello que definió a las otras películas es una toma de postura sorpresiva y ciertamente tiene su efecto. Convertir a los autos en herramientas con las que lograr objetivos y no hacerlos fines en sí mismos es un paso adelante de los realizadores. Pocas son las sagas que pueden preciarse de lograr un buen resultado en su quinto intento. Salvando las distancias y parafraseando a la mejor quinta parte de la historia, con Fast Five Justin Lin logró su Episodio V.
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  • Secuestro y muerte
    Secuestro y muerte
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    El general es secuestrado y trasladado a una casa de campo, donde sus captores lo encierran en un cuarto y llevan adelante un juicio, en el que deberá explicarles decisiones políticas que tomó años atrás.

    La película que abrió la edición 2010 del Bafici, la que en su momento agotó las entradas anticipadas, la que dio mucho que hablar, finalmente tiene su estreno en el circuito comercial. Por distintos motivos fue demorada y, tras dejar muy atrás aquel lanzamiento previsto para el 28 de octubre pasado, Secuestro y Muerte encontró pantalla.

    Aun sin nombres y sin datos concretos, es fácil darse cuenta de qué trata. El general secuestrado es Pedro Eugenio Aramburu y los cuatro jóvenes que ejecutan la acción están perpetrando el acto fundacional de la agrupación Montoneros. Una cosa es sabida, se lo va a enjuiciar en nombre del pueblo y se lo va a encontrar culpable. Centrada en la etapa de cautiverio, Rafael Filippelli sigue de cerca los preparativos y la puesta en marcha de la captura del militar, al que mantienen recluido durante tres días en una casa de campo. Que casi en su totalidad transcurra dentro de un mismo espacio no pesa, no ralentiza la historia, la cual prueba ser lo suficientemente interesante como para mantener a uno expectante aun conociendo el destino final de cada personaje. No se trata de la primera película de temática política que el director lleva adelante, quizás podría considerarse la que pueda levantar mayor polémica por su enfoque.

    En su momento se plantearon interrogantes acerca de la toma de postura, probablemente ahora en su flamante llegada al cine Cosmos/UBA sean más las voces que se sumen al debate. El guión estuvo a cargo de la esposa del director, Beatriz Sarlo junto a Mariano Llinás, y luego llegó a manos del crítico de cine David Oubiña que le hizo sus agregados. Se la calificó de película "gorila" (término despectivo para denominar a los opositores al Peronismo), algo que se deriva en el modo en que están retratados los eventos. Sin hablar de santificación de Aramburu, lo que se ve es a unos jóvenes que secuestraron, juzgaron y mataron a un hombre agotado de 67 años. No se le permite un confesor ni despedirse de su esposa, y si bien es conocedor de los crímenes que se le imputan, sostiene que los llevó adelante con "motivos justificados". La tendencia hacia esta visión, diferente a la contada por quien estuvo presente en esa casa, se ve reforzada además desde las actuaciones, ya que la rigidez de los jóvenes conduce inevitablemente a una cercanía al General, interpretado por el director Enrique Piñeyro.

    El mayor inconveniente de la película se encuentra en los diálogos y monólogos solemnes de los involucrados, perjudicando a una propuesta de la que se esperaba un poco más. Lejos de las libertades que se hayan podido tomar a la hora de construir el relato, no deja de constituir una propuesta digna de ver, especialmente como una alternativa para completar una historia de la que se sabe el principio y el fin, pero de cuyo desarrollo hay sólo una versión que se consideró oficial.
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  • Gnomeo y Julieta
    Gnomeo y Julieta
    Cinescondite
    Los dos enanos de jardín, Gnomeo y Julieta, intentan que su destino fatal no se cumpla. Luchan para que su historia de amor tenga un final feliz a pesar de verse envueltos en una disputa entre vecinos.

    Es curioso que de la factoría Disney surja una película de las características de Gnomeo y Julieta, tanto que a lo largo de sus 75 minutos de duración en más de una ocasión me pregunté si no se trataría de una película inglesa. Más allá del acento (la gran mayoría de actores que dieron sus voces provienen de Gran Bretaña), su tipo de humor suele no encontrarse en filmes infantiles, basándose por ejemplo en muchos juegos de palabras. El clásico de William Shakespeare, una de las más grandes historias de amor, es adaptado con los pequeños habitantes de dos jardines contrapuestos. Si bien se le puede criticar algunos puntos, es una simpática apuesta que deja un poco de lado la tragedia para hacer más foco en la comedia.

    El cine de animación trajo algunas semanas atrás su primer gran fracaso a cargo de Marte necesita mamás. La falta de humor, de emoción y la consideración de que por ser infantil la película podía ser tonta fue un combo imposible de digerir para una gran mayoría. A diferencia de ella, la nueva película de Kelly Asbury (Shrek 2), con bajo presupuesto y todo, logró unas enormes ganancias y liderar la taquilla por algunas semanas. Este mercado no se encuentra saturado como se llegó a decir, las propuestas tienen que ser logradas, dado que ya no es suficiente que los protagonistas sean digitales.

    Más allá de su apreciable sentido del humor, con secuencias muy logradas, la adaptación tiene ciertos inconvenientes que provienen de tomarse enormes libertades en algunos aspectos pero tratar de respetar a rajatabla otros que no la benefician. La mano de Elton John, productor con su compañía Rocket Pictures, se nota a lo largo de la película y, si bien en un principio se toma a bien, hacia el final puede considerarse un exceso. Como ocurriera en Enredados, la corta duración de la película debería ser suficiente como para justificar que no haya tantos musicales. La escena en la que los personajes del título se conocen, acompañada por su correspondiente canción, es de lo más destacable, algo que no se podría decir del resto de los "videos" que se decidieron a incluir. Fuera de estos aspectos, la película funciona y sorprende. El cuidado de los detalles (en cada movimiento de los personajes hay ruido de cerámica) o algunos personajes secundarios, como el flamenco de plástico y su triste historia, acaban por inclinar la balanza a su favor, superando las expectativas que la premisa podría haber generado.
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  • Amateur
    Amateur
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    Para algunos, el Super 8 fue la posibilidad de hacer cine familiar. Para Jorge Mario, dentista de profesión y hombre orquesta por vocación, fue la de hacer cine a secas.

    Cuando el Super 8 alcanzó su auge en la década del ’70, los cineastas de entrecasa se multiplicaron. Las ventajas que ofrecía para el uso doméstico eran muchas e hizo furor entre quienes tenían el poder adquisitivo y, sobre todo, el interés en la materia. Con la llegada del video en los ’80, estas cámaras quedaron en desuso y fueron olvidadas. Si bien desde algunos años atrás ha vuelto a experimentar un crecimiento, el Bafici 2011 incluso ha creado una sección enteramente dedicada al formato, esa época parece dorada e irrecuperable. Con una gama variada de recursos, ni hablar de la facilidad que ofrece el digital, el cine parece al alcance de la mano, y este soporte fílmico un romance de nostálgicos. Néstor Frenkel, al igual que su estrella, busca rescatar a esas cámaras de ese destino de cajón, las pone en pantalla y las reivindica, las celebra.

    Jorge Mario es un amante del cine, un hombre que vive por y para el séptimo arte. Su diploma reza 'Odontólogo', pero debería decir 'Cinéfilo'. Inquieto, apasionado, pocos deben mantenerse tan activos como él, sean jóvenes o viejos. A sus 70 años conduce un programa de radio, practica tiro, es el fundador de un grupo de boy scouts, subasta estampitas, colecciona lo que puede. Fue también un cineasta amateur en la época de gloria del Super 8 y aún conserva todo el equipo, incluso fue comprando más con el paso de los años. Cuarenta años antes filmó Winchester Martín, su obra cumbre, un western hecho con los vecinos emulando las películas que llegaban de Estados Unidos. Su filmografía se detuvo cuando el formato dejó de importar, cuando el VHS ganó la pulseada y relegó al otro al olvido. Hoy ve la oportunidad de recuperar ese pasado de realizador llevando adelante una segunda remake de esa película.

    A modo de documental didáctico, Frenkel introduce al Super 8 de una forma original y divertida, siguiendo su historia y desarrollo a través de los años, toda una cadena de acontecimientos que llevan a conocer a Jorge Mario y sus películas hechas en casa. Desde el primer momento se reconoce que su estrella puede ser un personaje antológico, y a medida que avanza la historia se comprueba que efectivamente lo es. Jorge Mario es un hombre tan apasionado por su vida, tan convencido de lo que hace, que el espectador se entrega a lo que tiene para decir, esperando ver y oír cada vez más. Amateur es entretenida, efectiva, por momentos desopilante, aunque esto se termine haciendo en muchas oportunidades a costa del propio protagonista. Mientras veía la película no podía dejar de pensar en él y en qué pensaría de las risas que sus pasiones despiertan en el público. Es que uno se termina encariñando, y respeta su entrega total en todo lo que hace, por lo que reírse parece algo equivocado, algo involuntario. Quizás haya un poco de ficción en la realidad de Jorge Mario, no se puede saber, pero en ese desconocimiento hay un gran logro del director. Quizás Jorge Mario no sea un hombre que hace castings mientras juega al paddle o que honestamente piense en Pablo Rago o en Echarri para que protagonicen su remake, pero me gusta pensar que sí.
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  • Thor 3D
    Thor 3D
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    El poderoso pero arrogante guerrero nórdico Thor a causa de sus imprudentes acciones revive una guerra antigua. Desterrado a la Tierra por su padre Odin, aprenderá lo que se necesita para ser un héroe verdadero.

    Finalmente llegó el estreno de una de las películas más esperadas o que al menos tuvo una mayor campaña de difusión detrás. Trailers, spots, avances e imágenes de Thor inundaron las pantallas, revelándose incluso algunas escenas hasta el día de hoy. También llegó el momento de la puesta a prueba de Kenneth Branagh, director de un cine más clásico, con mucho Shakespeare a cuestas, y ver si daba como resultado un nuevo Christopher Nolan con sus Batman. Se trata, no obstante, de un filme poco logrado que no alcanza a cumplir las expectativas y que tan sólo de compararse con las dos Iron Man pierde por goleada. Parafraseando uno de los títulos del propio Branagh pero de 1993, hubo mucho ruido y pocas nueces.

    A diferencia de las películas sobre el hombre de acero, que no es Superman sino Tony Stark, o incluso The Incredible Hulk, Thor ya se hizo sabiendo que el filme que reúna a todo el equipo de héroes de Marvel, es decir The Avengers, es una realidad. Tan conscientes están de este proyecto que el anuncio de que el guerrero nórdico regresará a las pantallas en el 2012 toma forma de pantalla negra en el cierre de la película. Esto es un dato no menor, dado que acaba por parecer una larga introducción para la siguiente. Las otras eran proyectos en sí mismos, con sus personajes, sus conflictos, y se unían entre sí en alguna escena en particular, principalmente al final de los créditos. En esta oportunidad todo parece puesto al servicio de un proyecto masivo, haciendo referencias a los demás héroes, pero sin desarrollar un argumento propio.

    El conflicto shakespeariano que Branagh introduce en Thor es una pelea entre hermanos, situación que el espectador conoce por tener acceso a ciertas escenas particulares de Loki (Tom Hiddleston), pero que el guerrero que da título a la historia no. El personaje al que da vida Chris Hemsworth, sin la gracia, el timing o la capacidad actoral que tiene un Robert Downey Jr., se entera que pasa algo recién en los últimos 20 minutos de película, lo cual es demasiado tarde como para compensar todo el tiempo en que no sucede nada.

    Dotada de un humor escaso y bastante payasesco, acaba por generar indiferencia. El gran obstáculo que Branagh no logra sortear es el de lograr entretener y mantener al público atento aún cuando su personaje no está enfundado en su traje. Esto es algo que sí pudo hacer Jon Favreau al llevar adelante las dos Iron Man, contando también con un protagonista con el carisma suficiente como para cargarse la película al hombro. Este nuevo producto de Marvel tiene un buen comienzo, con la guerra de los dos mundos, y un buen final, ninguno de los cuales tiene lugar en la Tierra. En este planeta el Dios nórdico es un simple mortal, y en esa forma es un ser poco interesante. Sacando alguna secuencia de combate, aquí es donde tiene lugar un largo desarrollo en el que la historia se ameseta, y deja la molesta sensación de que en verdad no ha pasado nada y que, para eso, habrá que esperar al próximo año.
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  • Scream 4
    Scream 4
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    Pasaron 10 años desde los terribles asesinatos en Woodsboro, y Sidney Prescott lleva su vida en relativo silencio. Con el descubrimiento de unas estudiantes asesinadas, su mundo volverá a desmoronarse a partir de la reaparición de Ghostface.

    En los múltiples comienzos de Scream 4 se ponen de manifiesto algunas cuestiones centrales para Wes Craven. Además del planteo autorreferencial presente en las anteriores películas, hay una toma de postura respecto al cine actual, algo que hace más de una década no se había hecho. La saga se caracterizó por constituirse de filmes de terror que a su vez hacían múltiples homenajes y análisis sobre sus predecesores. Sus personajes eran conocedores en la materia y ofrecían su sabiduría al respecto en distintas escenas, se reverenciaba al horror y no se lo criticaba. En la década que siguió a la filmación de la tercera, el género experimentó altibajos, se ha visto revitalizado por alguna realización para luego volver a caer a fuerza de innumerables continuaciones. Evidentemente el director no tiene un problema con la cantidad de secuelas que se puedan hacer, pero sí con el rumbo que estas han tomado. Su voz toma cuerpo de adolescente y se queja del nuevo cine de porno-tortura, cuya única finalidad parece ser encontrar la forma más ingeniosa y complicada de matar.

    Scream logró a mediados de los noventa revitalizar el género slasher, el cual tras su época dorada se había desprestigiado en los ’80. A quince años de este suceso, esta cuarta parte funciona como un recordatorio: que la saga estaba al alcance de la mano. Ocurre que más allá de una lógica adaptación a los tiempos que corren, la película busca recuperar tanto el espíritu de la original que básicamente acaba por convertirse en ella. El mismo humor, los remates, las muertes, el final, el tiro de gracia, las referencias al cine de terror, es revivir la del ’96 pero con sus protagonistas como adultos y una nueva camada de jóvenes para acompañarlos.

    "Don’t fuck with the original" ("No jodas con la original") grita Sidney Prescott en otro claro ejemplo del autorreferencial, aunque más que una advertencia al asesino suena como un alerta que el propio guionista Kevin Williamson (autor de las dos primeras) se hace a él y al director. Ya habían planteado en Scream 2 que las segundas partes siempre eran inferiores, quizás en ese sentido es que no hay un riesgo asumido y se opta por jugar sobre seguro. Como en las anteriores, se sigue manteniendo la capacidad de sostener el suspenso acerca de la identidad de Ghostface hasta el final, aunque quizás uno se enfrente con el desenlace más inverosímil de la saga. Si bien Kristen Bell plantea en el comienzo que “Hay algo de real en un hombre que mata con un cuchillo”, el final se revela menos realista que lo que la frase supone. Más allá de estas críticas, la película logra entretener y tiene sus momentos destacados, aunque algunos de ellos sean originales de las previas. En definitiva Wes Craven cumple su limitado cometido, el de recordar que entre tantos juegos del miedo y sangrientos hosteles con sus destinos finales, hay un enmascarado con un cuchillo de caza que puede ser más efectivo.
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  • El hombre que podía recordar sus vidas pasadas
    El Tío Boonmee sufre una insuficiencia renal aguda y decide acabar sus días entre los suyos en el campo. Los fantasmas de su mujer fallecida y de su hijo perdido se le aparecen y lo acompañan en su viaje.

    Ver El hombre que podía recordar sus vidas pasadas supone un viaje mágico. Un viaje en el que quizás no se comprende a ciencia cierta aquello que se ve, pero que no por eso deja de maravillar. Sentados a la mesa, la mujer de Boonmee, fallecida 19 años atrás, aparece para acompañar a su marido en la transición. Al mismo tiempo, el hijo desaparecido de ambos se presenta en una forma no humana, como un "Mono Fantasma", criatura del bosque de la que adaptó su cuerpo tras aparearse con la especie.

    Acostumbrados a que las películas tengan un desarrollo lineal, un experimento cinematográfico así sorprende. El filme de Apichatpong Weerasethakul es la conclusión de Primitive, un proyecto con múltiples plataformas para la exploración visual de la memoria colectiva de un pueblo. La exhibición estaba integrada por siete videoinstalaciones, un video, una serie de fotografías y un libro, y buscaba introducir la historia de la región de Nabua, atravesada por la Guerra Fría en los '60. La vida y la muerte, pasado, presente y futuro, la extinción, la evolución, la memoria, la guerra, la culpa, son algunos de los temas que el director tailandés abarca en esta obra, por la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes. La naturaleza es otro de los tópicos que se toma en serio, y el contacto que entre esta y el hombre se produce. Más allá del mencionado hijo de Boonmee, otra escena refleja el apareamiento entre especies diferentes, cuando una princesa afectada por su rostro, luego de hablar con un pez, tenga sexo con él dentro del lago.

    El hombre… fascina, no sólo por lo que se cuenta sino también por las imágenes que se ven, combinando con soltura y sin necesidad de explicar, la realidad del presente con la que está por venir. La historia de Boonmee, un hombre que por medio de la meditación podía recordar sus vidas pasadas, es reencauzada con una visión más personal hacia este ejercicio artístico, que combina diferentes estilos cinematográficos para tratar innumerables temas. Para lograr el disfrute, hay que dejarse llevar, y así se percibirá cómo la pericia de Weerasethakul hace, de quien está a punto de morir, un hombre que viva por siempre.
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  • La chica de la capa roja
    Valerie es una hermosa joven enamorada de Peter, un leñador, pero sus padres arreglaron su matrimonio con el adinerado Henry. No dispuestos a separarse, Valerie y Peter planean huir juntos cuando se enteran que la hermana mayor de ella fue asesinada por el Hombre Lobo que merodea por los bosques oscuros de la aldea.

    Con la firma de Catherine Hardwicke, pensar a Red Riding Hood (La chica de la capa roja) como un nuevo intento de Crepúsculo no es equivocado. El enfoque "siniestro" sobre la historia de Caperucita, no es más que una excusa para desarrollar lo que es el verdadero interés de la directora así como del estudio detrás, una historia de amor. Sean vampiros, como en la saga ya mencionada, extraterrestres, como en el caso de I Am Number Four, u hombres lobo como en esta, la realidad es que hay un jugoso mercado al que hincar los dientes, y no importa a qué criatura corresponda esa dentadura.

    En este caso se trata de una adaptación libre del famoso cuento infantil, mezclando algo de la versión de los hermanos Grimm (el leñador como el héroe) con la original de Charles Perrault (la ingesta de carne humana por parte de la protagonista, por ejemplo). No obstante la historia está tan sazonada con el condimento romántico, no por nada uno de los agregados es un tercero en discordia, que no se termina valorando los aspectos propios de la película porque en todo momento se la ve como una imitación de las otras. En esta se podrá reconocer la fórmula de héroes torturados interpretados por jóvenes lindos (por suerte en esta no hay un contrato que les pide sacarse la camisa cada 10 minutos), así como también se podrán encontrar diálogos inverosímiles, actuaciones masculinas muy flojas y a Billy Burke como el padre de la protagonista.

    La película cuenta con algún punto a su favor, principalmente la figura del cazador, interpretado por Gary Oldman, el cual lleva adelante no sólo la mejor actuación sino que carga además con el personaje más interesante y complejo. Sombrío, cínico, violento, es el que más facetas presenta, y si bien es raro que un actor con su carrera se sume a una apuesta así para el púbilco adolescente, su Padre Solomon parece justificarlo. Por otro lado el final es otra sorpresa, algo que sin duda escapa a la obviedad. David Johnson, el guionista que llamó la atención con su primer trabajo en Orphan, parece acordarse de su realización previa y sostiene el misterio acerca de la verdadera identidad del lobo hasta el final. Esto que en un primer momento parece un logro, se va perdiendo a medida que se necesita explicar literalmente todo lo ocurrido en la película para que ese desenlace tenga sentido.

    La película no termina exactamente ahí, como hubiera correspondido, sino que hay algo más, una despedida "emotiva" y un sueño romántico de la protagonista, lo que lleva de vuelta al principio de esta crítica. Puede ser que por momentos veamos alguna cosa diferente, un Oldman desquiciado y a un lobo asesino, pero en realidad no hay un desvío del camino prefabricado. Hardwicke intenta repetir lo que hizo en el 2008, un nuevo Crepúsculo pero con hombres lobo. Habrá que ver si esta historia tiene éxito para que en un futuro aparezcan otras pero con ángeles, demonios, elfos y demás criaturas mágicas.
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  • Cruzadas
    Cruzadas
    Cinescondite
    Camila y Juana son hijas de un magnate de los medios de comunicación. Juana es la reconocida, la heredera del imperio. Camila por otro lado es una reina de la bailanta que no lleva el apellido. Cuando el padre muera, ambas hermanas se disputaran la herencia.

    Cruzadas arroja una incógnita importante que muchos se deben haber planteado a la salida del cine o incluso durante la misma película: ¿por qué personajes reconocidos como Enrique Pinti, Nacha Guevara o Moria Casán hicieron esto? Es decir, cuál es el motivo por el que personas que tienen una importante carrera a cuestas tienen que exponerse así al ridículo. Diego Rafecas demostró tener una cualidad no menor, que es la de convocar a elencos importantes capaces de sumarse a realizaciones bastante inferiores, como ya sucediera con Paco.

    El bizarro no es algo que todo el mundo pueda manejar, la línea que lo separa de la ridiculez es muy fina. Querer emular a John Waters supone un viaje de ida, emplear el género es algo que se tiene que hacer hasta el final. Rafecas parece decir "miren lo que le hago hacer a esta gente", en tanto desarrolla una historia que busca ser emotiva pero es tan simple, tan limitada, tan hecha a las apuradas, que lo que genera es bastante vergüenza ajena. El humor (inexistente) de Cruzadas es pobre, con diálogos obvios, ejecutados con torpeza y recurriendo a los niveles más bajos de la comedia. Supuestamente es divertida porque muestra un consolador debajo de una almohada o porque un viejo de 96 años fuma marihuana.

    Digamos que ni siquiera es una idea original. En el 2004 se emitía Los Roldán, serie que tuvo un éxito considerable y en consecuencia sus adaptaciones en Latinoamérica, que básicamente planteaba lo mismo que esta. A la obviedad del rico es malo, el "grasa" tiene buen corazón y triunfa (por supuesto que hay una reconciliación final), se le agrega otro largo etcétera, como que el hijo cuadripléjico de la multimillonaria, que vive encerrado en una bóveda, es el que mejor entiende todo, o que la hija de la otra, rápida y vulgar, en verdad tiene una gran voz para el canto.

    Hay quienes hacen mucho con poco, Diego Rafecas demostró nuevamente ser capaz de hacer lo opuesto. No aprovechar ninguno de los excesivos recursos que tiene a disposición es algo que hace desde Un buda, su ópera prima, y no lo cambió en sus trabajos siguientes. Son pocos los que pueden llamarse directores y que todas sus realizaciones sean muy menores o directamente malas. Lo que es triste, lo que duele más o que causa indignación, es que el estreno se haga a cuatro días de finalizado el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, con decenas de películas argentinas que probablemente no lleguen a las salas o si lo hacen, será en una pantalla sola por algunas semanas. Una mirada rápida me revela que en 38 cines del país se exhibe Cruzadas, y ese es el mejor chiste de la película.
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  • Una esposa de mentira
    Danny es un cirujano plástico en pleno romance con una mujer mucho más joven, y recluta a su fiel ayudante para simular ser la esposa de la cual supuestamente se estaría divorciando, con el fin de encubrir una descuidada mentira.

    Just go with it no tiene siquiera un buen comienzo. El personaje que interpreta Adam Sandler fue humillado en su propia boda años atrás, y descubre que con la alianza en su dedo puede conquistar a cualquier mujer a base de lástima. Por si acaso no llegara a ser graciosa por sí sola esa primera escena, a este se le hace una nariz desproporcionada igual que a su hermana, que por cierto no vuelve a aparecer, y a todas las mujeres se las hace hablar como si fueran Fran Drescher en La niñera. El chiste fácil, simple, no va a dejar de aparecer en ningún momento, con pacientes que van a hacerse una consulta y tienen un pecho de un tamaño desproporcionado o una ceja que se eleva hasta el pelo. No son medios que sirven para construir una película cómica sino que son fines en sí mismos, buscan generar alguna escena divertida, sin importar lo desconectada que pueda estar del resto del filme.

    Hay dos grandes tipos de comedias que parecen llegar desde Hollywood, a cargo de dos estudios creados exactamente el mismo año. Por un lado hay que hablar de Apatow Productions, productora de Judd Apatow que dio títulos como Virgen a los 40, Ligeramente embarazada o Supercool, películas que no sólo son realmente cómicas sino que abarcan también distintos tópicos, buscando (y logrando) hablar de la familia, amistades y del crecimiento de cada uno. Cuando esta se juntó con Adam Sandler, fundador de Happy Madison, hicieron Funny People, la cual debe ser una de las mejores del actor. Por separado hacen, entre muchas otras cosas, filmes que él mismo protagoniza, en los que sus amigos tienen algún papel secundario y que Dennis Dugan se encarga de dirigir. Todas estas realizaciones acaban por parecerse, con algunos cambios en los personajes o en las historias, a los que hoy podrían ser considerados algunos de sus trabajos más “clásicos” como Billy Madison o Happy Gilmore.

    Que el rol femenino sea ocupado por Jennifer Aniston hoy dejó de ser una garantía. Ella sigue sacando provecho a su papel de Rachel en Friends, y si le rinde se debe a que todavía tiene la simpatía suficiente como para hacerlo. Su problema parece encontrarse en los guiones, no por nada su mejor película en los últimos cinco años es una sobre un perro (Marley y yo), porque ya hizo pareja con Vince Vaughn, Aaron Eckhart, Jason Bateman y Gerard Butler sin lograr que ninguno de sus trabajos sea digno de mención. Siguiendo el tema de los actores, una mención aparte merece la poco feliz intervención de Nicole Kidman, quien tiene una carrera mucho más interesante que el resto de los involucrados. Una cosa son los cameos a estrellas, otra es que ella acepte tener un rol secundario como pareja de Dave Matthews y contracara de Jennifer Aniston en una película muy menor.

    Sacando un gran chiste de Adam Sandler, en el que hace referencia a los osos panda, el cual vuelve a usar más tarde y se da cuenta que lo está repitiendo, así como buena parte de la banda de sonido de The Police, es poco lo que se puede rescatar. Sin logros en el guión, sin personajes secundarios que se destaquen como suele ocurrir en las comedias y con una historia trillada y predecible hasta la médula, uno al menos esperaría chistes buenos que logren compensar semejante paliza a la comedia, pero hasta eso nos niega.
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  • Torrente 4
    Torrente 4
    Cinescondite
    Torrente sufre la crisis que asola al país y vive en condiciones miserables, por lo que cuando se le ofrece matar a alguien por encargo se ve obligado a aceptar. Finalmente es utilizado como chivo expiatorio, siendo encarcelado por un crimen que no cometió. En prisión, toda su obsesión será escaparse para limpiar su nombre.

    Pienso que cuando Torrente, el brazo tonto de la ley tuvo su estreno allá en el lejano 1998 pocos pensaron que 13 años después se estrenaría una cuarta parte, menos que esta fuera en 3D. Que se convirtiera en un fenómeno social, en un clásico instantáneo, era algo innegable teniendo en cuenta que el éxito de público y taquilla sólo fue superado por su secuela, llegando a competir palmo a palmo con grandes tanques de la época. Hoy el espectador sigue firme junto a Santiago Segura, a quien la crítica especializada ha abandonado desde la segunda parte. Pareciera que para él sólo hay dos formas incompatibles de filmar a este ser miserable, una es jugar, valga la redundancia, sobre seguro, películas para fanáticos se podría decir, y otra es la innovación, el riesgo, para agradar al que escribe en los diarios. Entre una y otra nuevamente elige la primera, como ya hiciera en Misión en Marbella y El Protector, priorizando el chiste repetido, humor escatológico, desnudos por doquier y a un Torrente más racista, nacionalista y despreciable que nunca. Una película que no suma nada nuevo a la saga pero, como ocurrió siempre con cada estreno, es sumamente divertida.

    En el marco del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) se presentó Torrente IV: Lethal Crisis y el mismo Segura vino a promocionarla. Apunta como sus predecesoras al lado más bajo de cada uno, muestra las mayores miserias de un hombre horrible y el mundo decadente que transita cada día, y nos hace reír. No importa el color, religión, partido político o preferencias sexuales, todos son potenciales víctimas del maltrato de este personaje políticamente incorrecto, que nos permite la risa porque sabemos que se trata de una parodia. Si se la considera desde lo que aporta a la saga, esto es poco y nada, vuelve una y otra vez sobre chistes usados en las anteriores. Las vigilancias nocturnas y el '¿nos hacemos unas pajillas?', las participaciones especiales del Kun Agüero o David Bisbal (quien fue lo peor que tuvo la película porque se lo dejó intervenir más de la cuenta) emulando lo que se hizo con Carlos Moyá en la segunda, las escenas de sexo del propio Torrente y más, son elementos reciclados y allí reside su gracia, porque es lo que el fan espera. Uno se sienta con sus anteojos 3D sabiendo que de un momento a otro una de esas frases va a aparecer, porque de no hacerlo sería una desilusión.

    Un aspecto que realmente no suma nada es el uso del 3D que, a pesar de las reuniones con James Cameron y su equipo, es una herramienta que no está aprovechada. Una lástima teniendo en cuenta el crecimiento en los costos de producción que esto debe haber supuesto. Otro que ya es algo recurrente es el de las apariciones de ‘celebridades’, que sacando a los futbolistas del Real Madrid y al ya mencionado delantero de la rojiblanca, un espectador no español puede no conocer a nadie y en ese sentido perderse de muchos chistes, por así decirlo, internos.

    Con referencias a otras películas, principalmente las de James Bond y Victory (Escape a la Victoria), Torrente IV: Lethal Crisis está lejos en calidad de la original, pero no defrauda, manteniéndose a la par de las otras dos, siendo incluso superior a la tercera. El enorme éxito de taquilla que tuvo a lo largo de toda España hace suponer que en breve se hará realidad esa placa que promete Torrente 5: Episodio Final para el 2017.
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  • Pase libre
    Pase libre
    Cinescondite
    Rick y Fred han estado casados durante muchos años, pero cuando empiezan a mostrar signos de inquietud en el hogar, sus esposas adoptan un enfoque audaz para revitalizar su matrimonio: concederles un "pase libre", una semana de libertad para hacer lo que quieran.

    Me gustan las películas de los hermanos Farrelly porque son comedias en serio, de esas que realmente divierten, que se recuerdan, de las que se puede revisitar una y otra vez en el tiempo y encontrar nuevas cosas de que reírse. Me gustan sus personajes, el manejo que hacen de ellos, que siendo desagradables, pervertidos o trastornados, no dejen de ser queribles y simpáticos. Habiendo dicho eso, no me gustó Hall Pass, así como tampoco me gustó su último trabajo The Heartbreak Kid. Son películas que, sacando algún detalle particular, no parecen hechas por ellos, porque el humor al que recurren es simplista, burdo y por momentos escatológico, de esas que pueden salir directo en DVD de no tener grandes nombres en pantalla. Para demostrarlo, cuando en Dumb and Dumber (Tonto y Retonto) Jeff Daniels tenía su memorable escena en el baño, no hacía falta mostrar qué había hecho, los ruidos y gestos eran más que suficiente. A más de 15 años ese detalle se olvida, no en uno sino en muchos momentos, y entonces se recurre al excremento en el piso o la pared, a los protagonistas drogados, los primeros planos de desnudos masculinos y demás.

    Ambos protagonistas llevan bien sus papeles, no es que haya problemas de actuaciones sino más bien de ideas. Jason Sudeikis, el menos conocido de los dos, termina opacando en parte a Owen Wilson dado que se lleva las mejores líneas y escenas. El otro por el contrario tiene que lidiar con un personaje recurrente en este tipo de películas, el buen tipo pero que es un poco lento y pasado de moda, menos espontáneo que su compañero y por lo tanto más obvio. Dividida en una introducción y siete días, la historia recién empieza a tomar forma durante el sexto, cuando mucho de lo que se promete desde el tráiler aparece en pantalla. Es que como reclaman los amigos del grupo, hasta el cuarto o quinto día no han hecho nada, algo que se traduce en dos tercios de la película con poco y nada para festejar.

    Si el filme acaba salvándose es por la aparición de Coakley, uno de esos grandes personajes que los hermanos Farrelly pueden crear y que vale la pena destacar. Un muy buen actor como es Richard Jenkins, quien generalmente hace papeles de hombres distinguidos y respetables, se muestra cómodo como una suerte de Hugh Heffner, cool, millonario, rodeado de mujeres y dispuesto a compartir su sabiduría en esa materia con sus dos amigos. Como ocurriera en el caso de Philip Seymour Hoffman y su Sandy Lyle en Along Came Polly, se trata de un rol secundario que no sólo se adueña de la pantalla aún por encima de los protagonistas, sino que supone una importante mejora a una película que no tiene otra cosa para ser recordada. Si este personaje hubiera surgido en los primeros minutos, la película habría mejorado notablemente, pero la espera es larga y las promesas no se cumplen. Para hombres maduros divirtiéndose lejos de sus familias ya está The Hangover, que con sólo un día de fiesta supera ampliamente los siete de Hall Pass, que busca parecerse, aunque la realidad la muestra con menos gracia pero más culpa y lecciones de moral.
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  • Cacería de brujas
    Cacería de brujas
    Cinescondite
    Tras desertar en plenas cruzadas, dos guerreros regresan a sus hogares luego de una década, para encontrar que el mundo que conocían fue diezmado por la peste. Los religiosos de mayor rango, convencidos de que una joven acusada de ser una bruja es responsable de la devastación, encargan a los dos la misión de llevarla a un monasterio remoto donde los monjes realizarán un antiguo ritual para liberar a la tierra de su maldición.

    Suena redundante referirnos una vez más a los tropiezos en la carrera de Nicolas Cage teniendo en cuenta que hace tan solo unas semanas se estrenó Drive Angry. Para ponerlo de la mejor forma posible, fue el encargado de abrir y cerrar el mes en lo que a cine respecta. Marzo comenzó con una película suya bastante regular y ahora se cierra de peor forma, teniendo en cuenta que lo destacable de aquella está ausente en esta. Es que en definitiva Season of the witch es similar a la otra, pero sin el 3D o la intención de hacer algo bizarro, pretendiendo ser una película para tomar en serio.

    Luego de diez años, un montaje de distintas batallas así lo demuestra, Behmen y su compañero Felson (Ron Perlman) se dan cuenta que en nombre de Dios se les ha ordenado matar aldeanos, por lo que deciden abandonar la lucha. Un mes más tarde, aclaración temporal ridícula tras mostrar que pasó una década, cuando llegan a un pueblo azotado por la peste serán descubiertos y encarcelados, con la posibilidad de evitar una condena si conducen, nuevamente en nombre del Señor, a una joven acusada de bruja a un monasterio lejano. Una partida de guerreros emprende entonces la peligrosa travesía de llevar a la muchacha, quien una y otra vez da pruebas de tener poderes sobrenaturales, pero a la que intentarán dar un juicio justo. Esta es la premisa a partir de la que se desarrolla el filme de Dominic Sena, director de la muy buena Swordfish pero que mordió la banquina con Whiteout (Terror en la Antártida) y terminó de derrapar con esta.

    Se lleva adelante entonces un producto pobre e incoherente, con un guión a cargo de Bragi F. Schut (creador de la serie Threshold) cargado de diálogos modernos y de comentarios ocurrentes, sin importar que se ambiente en el siglo XIV, así como una importante cuota de previsibilidad. Los logros con los hermosos paisajes o con el interesante comienzo no alcanzan para mejorar una película que va en picada y que llegando al final empeora notablemente, sumando una dosis de pocos logrados efectos especiales así como una vuelta de tuerca ilógica que deja sin sentido a la totalidad de la historia. Se trata también de una de las pocas películas que hace quedar bien a la Inquisición, dado que si bien tiene una apertura crítica a la Fe ciega y el mandato divino, resulta que la Iglesia tenía toda la razón y, gracias a un ritual, el mundo se salvó de la oscuridad. Como se señaló en ocasión de su último estreno, Nicolas Cage aún mantiene algún destello de que su carrera importa y cada tanto surge una película que lo encuentra bien. Este no es el caso porque a todas las fallas hay que sumar que su actuación no es de lo mejor y por momentos es risible, su escena en el bar festejando las victorias del principio así lo prueba. Habrá que esperar un tiempo hasta que aparezca en el horizonte un buen papel pero, considerando que Un maldito policía en Nueva Orleans y Kick-Ass las hizo al hilo, pueden pasar años. En tanto sigue sumando ceros a su cuenta y, lamentablemente, a su filmografía.
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  • Nunca me abandones
    Nunca me abandones
    Cinescondite
    Basada en la novela homónima de Kazuo Ishiguro, narra la historia de Ruth, Kathy y Tommy, quienes siendo niños pasaron sus días en un internado sin ningún contacto con el exterior, y ahora como adultos descubren que la fuerza del amor que sienten entre ellos y los mantiene unidos será puesta a prueba.

    Never let me go remite en parte al utópico poblado creado por M. Night Shyamalan en The Village (La Aldea). Si bien en aquella no había tecnología, existía un férreo control sobre las voluntades de los niños basada en un código de convivencia y en historias ficticias sobre los peligros de abandonar al grupo. La historia no obstante tiene una vuelta de tuerca, una tutora que no soporta ese régimen estructurado les explica a los jóvenes que su destino ya está arreglado, su existencia responde a una única función que es la de ser donantes vivos en el futuro. Idealmente, la diferencia del planteo de la película de Mark Romanek con el cine de ciencia ficción es que la donación de órganos no funciona como un fin en sí misma, sino como circunstancia para desarrollar una historia de amor entre los jóvenes protagonistas.

    Se trata entonces de un filme de crecimiento en el marco de un contexto futurista, en el que se establece un triángulo amoroso presente desde la infancia. En el nivel de las actuaciones Carey Mulligan y Andrew Garfield, ambos revelaciones en el último par de años por sus trabajos en An Education y The Social Network respectivamente, llevan adelante muy buenas interpretaciones como la pareja que no pudo ser. En tanto, la más reconocida y experimentada del trío, Keira Knightley, se presenta como el personaje menos atractivo y entonces menos logrado. Sucede que las constantes idas y vueltas del papel, fluctuando entre mejor amiga, tercera en discordia o villana de turno, parece demasiado para una sola actriz que siendo primera figura solamente se limita a acompañar a los otros dos.

    El problema que se le encuentra a la película reside en la gran cantidad de conflictos que se abren al mismo tiempo, cada uno con la intención de ser más importante que el anterior. Si bien hay un rumbo definido desde el primer momento que es la relación entre los jóvenes, la película no cierra del todo sus opciones e incluye entonces, por ejemplo, la búsqueda de los sujetos originales algo que prueba ser totalmente accesorio y superfluo dado que no se lo retoma ni se le da una resolución. La vía para tratar este y demás conflictos, como las ganas de vivir de los protagonistas o el planteo ético de la clonación, es incluir prolongados pasos de tiempo que, si bien permiten retomar a los protagonistas a través de los años, restan fuerza a una historia que estaba bien desarrollada.

    Más allá de que se trate de una buena película, el planteo ambicioso de la historia no termina de cerrar su cometido. El objetivo era realizar en primera instancia un drama dentro de la ciencia ficción, sin embargo la clonación y donación de órganos acaban por imponerse, dejando de ser un contexto para acabar mezclando la figura con el fondo.
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  • El mal ajeno
    El mal ajeno
    Cinescondite
    Diego es un médico tan acostumbrado a manejar situaciones límite que se ha inmunizado ante el dolor de los demás. Tras un inquietante encuentro en el que le apuntan con una pistola, sólo recuerda el sonido de una detonación y la extraña sensación de haber recibido algo más que un disparo.

    La primera impresión que se tiene frente a El Mal Ajeno es que se trata de un episodio largo de Grey’s Anatomy o ER Emergencias. Más allá de la comparación obvia al tratarse de una película sobre un doctor la cual transcurre en su mayoría dentro de un hospital, es la historia la que se va vinculando con el argumento de las series. Hay pasantes a los que se les permite participar de operaciones para que aprendan, hay relaciones entre médicos y también otras que involucran los pacientes, hay poco tiempo para la familia, y conflictos que se desatan cuando los internados estallan, afectando a todos los que los envuelven. En ese contexto es en el que transcurre esta película, abriendo el juego con muchas líneas argumentales que no terminan de desarrollarse.

    Tras recibir un disparo por parte de la pareja de una paciente, Diego (Eduardo Noriega) notará que algo en él está cambiando y afecta a los que lo rodean. El, un hombre que ha tenido que volverse inmune al sufrimiento de los otros, luego de esa traumática experiencia encuentra que tiene el poder de sanar a los enfermos. Como una suerte de John Coffey de The Green Mile (Milagros inesperados) absorbe los males de los demás, pero en vez de expulsarlos termina pasándolos a sus familiares. Se busca establecer entonces un dilema moral, ya que se debate entre elegir si salva a millones o si mantiene a su familia con vida, planteo que pierde todo tipo de sentido hacia el final cuando resulta que existía una tercera opción con la que todos ganaban.

    Desde el comienzo son muchas las puntas que abre, familiares, laborales, sobrenaturales, tanto del protagonista como de muchos otros personajes. Esto no puede ser considerado como un problema siempre y cuando se logre mantenerlas en marcha, no obstante cuando Oskar Santos se decide a privilegiar uno de los aspectos deja al resto de lado en el olvido. Sucede que en el transcurso de la película el director se decide a armar y desarmar parejas las cuales quedan en la nada porque lo único que acaba importando es el don/maldición que Diego posee. Es por esto también que la película se vuelve densa y repetitiva; hasta que Angie Cepeda literalmente le plantee al protagonista que está en una encrucijada y se desate el conflicto, algo que sucede a la hora y cuarto de película, esta se resumía a Diego comprobando que tiene poderes curativos con distintos pacientes, cada uno con su historia de vida. Esta constante vuelta sobre lo mismo acaba restándole eficacia a un relato que se fundamenta en una improbable disyuntiva ética, a lo que hay que sumar la resolución tímida y simplista por la que se opta, con tanto miedo de elegir una de las ficticias alternativas que se debe inventar otra aún más fantasiosa para quedar satisfechos.
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  • El mecánico
    El mecánico
    Cinescondite
    Arthur Bishop es el Mecánico, un asesino a sueldo especializado en eliminar a sus objetivos limpiamente. Siempre ha trabajado solo, pero luego de que se le ordena eliminar a su amigo y mentor, unirá fuerzas con el impulsivo hijo de este, formando un dúo imparable.

    The Mechanic es una remake de un film homónimo de 1972 dirigido por Michael Winner y protagonizado por Charles Bronson. A diferencia de lo que suele ocurrir con las nuevas versiones, en las que a grandes rasgos se mantiene el mismo molde mientras que algunos detalles son modificados, esta película es fiel a los aspectos menores y cambia los importantes, como si el filme original sólo hubiera sido una inspiración. Dos son los elementos centrales que esta varía con objetivos claros orientados al público. El primero es el final, pareciera seguir una nueva Biblia de Hollywood que prohíbe darle un cierre definitivo a las historias dado que de encontrarse con una gallina que de huevos de oro, por qué dejar que de uno solo. Por otro lado el Arthur Bishop de Jason Statham es diferente al de la década de los setenta, ya que mezcla dosis de asesino a sueldo con justiciero. Sucede que en la original Bronson mata por encargo desconociendo si la víctima lo merece y no le tiembla el pulso a la hora de hacerlo, pero en la actual se le debe señalar al espectador que los objetivos son homicidas, violadores o hasta jefes de un cartel colombiano, como si un asesino frío y amoral fuera a espantar al público.

    En lo que se refiere específicamente a la realización del 2011, esta cumple su cometido que es el de entretener. Tiene buen ritmo, escenas de acción bien logradas y una pareja central de actores que funcionan bien juntos. Por un lado Statham, quien en unos años se las arregló para convertirse en el gran referente del cine de acción actual, al que se suma Ben Foster, quien domina su papel a causa de que en el último lustro ha interpretado a jóvenes algo trastornados como por deporte. Tal y como ocurría en la primera, esta versión se construye en base a una sumatoria de trabajos de “limpieza” que permiten que avance. Esto tenía su motivo en la original, dado que el meollo de la cuestión se derivaba de la relación entre ambos personajes, sin embargo no opera de la misma forma en la nueva. Sucede que Bishop es el asesino del padre de Steven, y por un extraño sentimiento de culpa lo adopta como aprendiz. Esta tensión, imperceptible en la primera, es el fundamento del trabajo del director Simon West que sin embargo acaba por hacerla a un lado, para sumar otro conflicto recién a la hora de película, y luego retomarla para darle un cierre. Los guionistas Richard Wenk (16 calles) y Lewis John Carlino, autor del original, terminan introduciendo el tópico de la venganza volviéndola obvia y predecible, algo que se lamenta considerando que a raíz de la dudosa moral de sus personajes centrales se trataba de una película atípica.

    Luego de haber realizado algunas películas poco logradas como Tomb Raider o Cuando un extraño llama, del director Simon West finalmente puede decirse que se anotó un punto a su favor. The Mechanic acaba por ser una buena película de acción que sale bien parada del cruce entre el enfoque clásico con una mirada actual. Si bien demora bastante su desarrollo a raíz de todas las escenas inconexas que la componen, estas no dejan de estar bien llevadas resultando atractivas y, sobre todo, entretenidas.
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  • Un cuento chino
    Un cuento chino
    Cinescondite
    El siempre rendidor Ricardo Darín encarna a Roberto, un hombre solitario enojado con su vida. No es que viva mal o que pase apuros financieros, sino que es de aquellas personas resentidas, rencorosas, que se hacen problemas aún por las cosas más insignificantes. Sujeto de la rutina, vive suspendido en un instante, haciendo las mismas cosas una y otra vez, apagando la luz a la misma hora, pasando los días exactamente iguales como los clavos que cuenta para ver si otra vez lo han timado. Colecciona noticias tragicómicas de todo el mundo y le gusta sentarse en el aeroparque a ver las llegadas y partidas de los aviones. Es así que conoce a Jun, quien poco tiempo atrás perdió a su pareja cuando una vaca cayó del cielo, un chino que no habla una sola palabra de español y con el que inicia una relación que le cambiará la vida.

    Es la barrera del idioma lo que dispara el conflicto e impone un ritmo centrado principalmente en el desarrollo de Roberto, un Darín que siempre brilla, quien deberá socializar a la fuerza con el exterior. Es que más allá de que su interlocutor sea un oriental que no lo entiende, él tampoco tiene amistades ni familia, por lo que se sentiría incómodo aún hablando con alguien en su mismo idioma, a quien por cierto no habría tenido la amabilidad de invitar a su hogar en caso de encontrarlo. La relación entre uno y otro estará muy bien manejada por ambos actores, que cuentan con el timing preciso para llevar adelante una entretenida película con algunas escenas bien logradas, como las recreaciones mentales de las muertes de las noticias que son de lo mejor. Más allá de lo efectivas que puedan ser estas situaciones, la película adolece de una constante vuelta sobre lo mismo, recurriendo más de la cuenta a malentendidos o insultos al aire de Roberto por ejemplo, los cuales si bien pueden resultar graciosos pecan de repetitivos.

    Un problema que no se desprende directamente de la película en sí, pero que puede llegar a afectar al espectador que ha atravesado la misma situación, tiene que ver con la difusión que se hizo de la misma. Quien haya escuchado o leído alguna entrevista a quienes participaron de la realización o alguna sinopsis de poco más de dos renglones se va a encontrar con que se explica la motivación de Roberto para ser tal cual es. Uno podría pensar entonces que se trata de un detalle, algo de lo que se puede dar cuenta en el comienzo, pero nunca se puede suponer que lo que se revela como adelanto tenga su explicación en el clímax de la película. Básicamente uno conoce la respuesta aún antes que se formule la pregunta. Más allá de este grueso error de promoción Sebastián Borensztein, guionista y director, logra llevar adelante una divertida propuesta con la que supera en calidad a su primera obra, La suerte está echada, y mantiene la promesa que en un futuro su carrera cinematográfica se equiparará con la televisiva.
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  • Sucker Punch: Mundo Surreal
    Ambientada en los años ’50, esta película se adentra en la imaginación de una joven prisionera en una institución mental, donde los sueños le permiten escapar de una realidad opresiva y le ofrecen la posibilidad de llevar adelante una aventura épica con peligros insospechados.

    Sólo bastó un trabajo para que Zack Snyder sacara una injustificada chapa de gran realizador. La adaptación cinematográfica de la novela gráfica 300, la cual en lo particular me pareció impactante desde lo visual pero no como película, le brindó la posibilidad de jugar con proyectos cada vez más ambiciosos y con presupuestos más altos. Llegó así a realizar Watchmen, de nuevo lograda en los aspectos técnicos como vestuarios y escenografía, pero traspuesta con tanta fidelidad que el resultado acabó siendo desastroso. En Sucker Punch se notan muchas de las falencias presentes en sus trabajos anteriores, a lo que hay que sumar problemas serios a nivel del guión y de los personajes. Es que en este caso no hay un soporte previo en papel sobre el cual echar culpas, la historia es creación del director, por lo que todos los problemas que se puedan encontrar recaerán inevitablemente sobre él.

    Fanático de la pantalla verde y el ralentí, Snyder construye su película de estética emo como si se tratara de un video musical. En vez de articular la música en la historia, parece querer utilizar imágenes que ilustren la banda sonora elegida. El director desarrolla con esto un film que por momentos se vuelve confuso porque no logra manejar con tino el tópico del sueño dentro del sueño. Repetitiva hasta el aburrimiento vuelve una y otra vez sobre sí misma. Mientras se imagina en combates extraordinarios, Babydoll baila frente a una audiencia obnubilada, ventaja que aprovechan las otras jóvenes para hacerse con los elementos necesarios para el escape. Esto está bien una primera vez, sin embargo se hace uso de tal recurso al menos en otras tres oportunidades, volviéndose así sorpresivamente lenta y falta de ritmo.

    Los personajes son otra falla importante dado que si la promoción se basa en cinco protagonistas inmersas en un contexto opresivo y demás padecimientos, al menos necesitan algo de desarrollo. Pareciera como si el director hubiera interpretado erróneamente los problemas de Watchmen. Las malas críticas no eran a causa de la excelente historia o de los personajes complejos de dudosa moral, sino que esa película falló al momento de ser traspuesta al cine porque se lo hizo con tal fanatismo que por querer abarcarlo todo se quedó en la nada. Lo que hace entonces en Sucker Punch además de acortar una hora la duración, algo que se agradece en serio, es abordar muy superficialmente a las jóvenes y no ahondar en el relato, mostrando únicamente secuencias de combate cual si fuera un videojuego. Un mapa, fuego, un cuchillo, una llave son los elementos necesarios para emprender el escape, y un quinto, que supone un sacrificio, es una incógnita. Si la intención de Snyder era generar misterio en torno a ello, es algo en lo que tampoco sale bien parado, dado que lo que efectivamente sucede en el final es lo primero que se cruza por la mente a los 10 minutos de película. Deja sabor a poco, en un film que tenía mayores pretensiones, poder rescatar sólo los efectos especiales y algunas secuencias de acción, especialmente cuando deja a un lado la cámara lenta, la cual paradójicamente aburre rápido. En definitiva no es más que otra experiencia fallida en la corta filmografía de un director que se ha puesto de moda y recibe proyectos cada vez más importantes pero devuelve trabajos poco logrados. A esta altura serán muchos los escépticos que bajarán sus expectativas respecto a su siguiente realización, nada menos que una nueva versión de Superman.
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  • El mundo es grande y la salvación está a la vuelta de la esquina
    Tras un accidente automovilístico, Alexander no puede recordar nada, y en un intento por curar su amnesia, su abuelo irá a Alemania a buscarlo y organizará un viaje espiritual que lo llevará hacia su pasado, al país del que viene, Bulgaria.

    El mundo es grande y la salvación está a la vuelta de la esquina es una película búlgara del 2008 dirigida por Stephan Komandarev. Fue una de las preseleccionadas para el Oscar a mejor película extranjera en 2010, premio que se llevó El secreto de sus ojos, y llegó a estar en la lista de las 9 finalistas, aunque no acabó entre las cinco definitivas. Es la historia de Alexander, un joven búlgaro que vive junto a sus padres en Alemania hasta que en un accidente automovilístico, en el que ellos fallecen, el pierde la memoria. Su abuelo, un experto jugador de backgammon, irá en su búsqueda para ayudarlo a recordar quien es y de donde viene. Se desarrolla así una road movie balcánica que circula entre el pasado, por medio de flashbacks que dan cuenta de los orígenes de la familia, y un presente de incertidumbre a causa de la amnesia.

    La relación entra abuelo y nieto está mediada por el backgammon, del que uno es un maestro y el otro ha olvidado como serlo. El juego de mesa cumple un rol sumamente importante en la historia, ya que es lo que le da la vida a los personajes. Es este el medio de sustento del mayor, Bai Dan, cuyo trabajo artesanal es hacer tableros, así como también es el juego lo que permite a la familia conseguir el dinero suficiente para atravesar la frontera hacia la libertad y es además lo que otorga al joven la posibilidad de recordar su vida pasada para empezar una nueva. Tratándose del juego de mesa más antiguo del que se tenga registro, es esta según mi parecer la primera película que lo aborda como tema. No es un pasatiempo o una distracción, tampoco funciona como contexto al igual que sucede con el deporte en muchos films, No sólo el backgammon metaforiza la historia, sino que también es por donde ella circula y le permite el progreso.

    Komandarev construye un relato sobre la familia que emociona sin recurrir a golpes bajos. Quienes no están acostumbrados a ver cine balcánico, como quien escribe, se encontrarán ante una sorpresa. Se trata de una hermosa historia muy bien llevada que logra articular un pasado opresivo en tiempos de gobiernos comunistas en Europa del Este, con una realidad incierta pero que se muestra esperanzadora. A esto hay que agregar dos muy buenas actuaciones, en especial Miki Manojlovic, el abuelo, quien participó en varios films de Kusturica, que sumando una lograda banda sonora y unos paisajes espectaculares permiten que esta sea una película muy entretenida que en ningún momento pierde el interés. La familia, el pasado, el exilio, son tópicos que el director aborda con éxito en un cine poco conocido y distribuido como es el búlgaro, cine que hoy peligra a causa de los recortes gubernamentales por la grave crisis financiera.
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  • Marte necesita mamás
    Milo es un chico desobediente que ignora los cuidados de su madre hasta que una noche esta es secuestrada por extraterrestres que la llevan a Marte. El niño tendrá que embarcarse entonces en una aventura por el planeta rojo y atravesar grandes peligros para rescatarla.

    Es difícil no comenzar una reseña acerca de Mars needs moms sin hacer una obligada referencia a su escasa recaudación en la taquilla. Con un presupuesto estimado en 150 millones de dólares en su semana de apertura arañó los 7 millones y ahora, a 12 días de su estreno en Estados Unidos, apenas supera los 15. Esto no sólo la convierte casi oficialmente en el peor fracaso de Disney sino que además le permite formar parte de la exclusiva lista de las peores catástrofes de la historia del cine. Las especulaciones en torno a las causas de esto son muchas y acerca de diversos aspectos. Se culpa al productor Robert Zemeckis y su obsesión por la animación en motion capture la cual ha demostrado no ser efectiva a la hora de contar billetes como lo prueban sus producciones previas Polar Express, Beowulf o A Christmas Carol. Se sostiene además que el planteo no es bueno, también que no es atractiva porque los niños no quieren ver cómo secuestran a sus madres o incluso que hay un mercado, el animado, que se encuentra saturado, afirmación de la que Rango puede reírse en la cara. Puede ser una o la otra o incluso todas juntas, por tratarse de una crítica mi enfoque será en los aspectos propios de la historia, por lo que de develar el misterio se encargarán los ejecutivos que acusaron el golpe.

    Una madre dedicada intenta impartir disciplina a su hijo desobediente y contestatario que hace lo imposible para no cumplir con sus mandados. Recurriendo a una idea ya gastada, el chico terminará una discusión deseando no tener mamá para, acto seguido, encontrarse que ella está siendo abducida por los marcianos, iniciando así una aventura infantil que mantiene su cuota de previsibilidad hasta el final. Si bien idealmente es para chicos, el cine animado en los últimos años ha probado ser también para adultos, algo que no se puede afirmar de una película que no logra acertar el ritmo con un guión cargado de intenciones moralizantes y sobre todo demasiadas obviedades en el desarrollo. Habrá así mucho diálogo meloso con la pretensión de tocar las cuerdas sensibles, quedándose a medio camino porque si hay algo que el film no tiene es emoción. Sean muñecos, monstruos, peces o robots, los personajes de estas películas que tienen a Pixar a la cabeza, transmiten emociones, hacen reír, llorar e incluso reflexionar, en cambio los de Mars needs moms no, porque carecen de expresividad.

    En definitiva si hay algo que esta realización de Simon Wells prueba es que el cine de animación no es una garantía absoluta de éxito. El primer gran fracaso que hace uso de esta técnica es una advertencia, no sólo no hay que perder de vista la calidad y la originalidad, sino que también fundamentalmente hay que prestar atención a los guiones, que porque estén orientados a menores no significa que se deba tratar a todos los espectadores como si tuvieran cinco años, explicándo por ejemplo que el amor de una madre es llevar al hijo a Disney World. Por supuesto este tropezón irá acompañado de muchas caídas, no de otras películas sino más bien de realizadores, sería inocente pensar que los productores aceptarán un fracaso de tal magnitud sin hacer que muchas cabezas rueden. Es que después de todo, Marte necesita mamás, pero Disney necesita que le devuelvan los 150 millones.
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  • Amor sin límites
    Amor sin límites
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    Syracuse es un pescador irlandés que atrapa con sus redes a Ondine, una misteriosa criatura mitológica con cuerpo de mujer que va a cambiar su vida y la de quienes lo rodean.

    Syracuse, un Colin Farrell más cómodo que de costumbre, pesca con su red a una misteriosa mujer que se hace llamar Ondine (Alicja Bachleda), y relata este acontecimiento en forma de cuento de hadas a su hija Annie (Alison Barry). Sumando las numerosas referencias a otros relatos como Alicia en el país de las maravillas o Blancanieves, Amor sin límites funciona así como un cuento dentro de un cuento. Padre e hija llegan a la conclusión de que la joven es una mitológica criatura del mar, una selkie. La leyenda cuenta que hay focas que pueden abandonar su piel animal y convertirse en humanos por un corto período de tiempo, a menos que encuentren el amor de un hombre de tierra, lo cual les permitiría permanecer fuera del agua durante siete años. El pescador irlandés por primera vez se encuentra afortunado en el trabajo y el amor, su enamoramiento de la joven se profundiza a la vez que los cantos de esta permiten que atrape con sus redes incontables cantidades de peces y langostas. Es en el cruce entre la realidad y la fantasía donde la historia se desarrolla hasta el final, en el que una de las facetas es abandonada y Neil Jordan decide borrar con el codo lo escrito con la mano.

    Si hay un aspecto en el que Ondine se “destaca” es la gran cantidad de golpes bajos a los que se recurre durante el transcurso de la historia, básicamente enfocados en Annie, la hija que sufre de fallas renales y se ve obligada a movilizarse en silla de ruedas. Si lo que se busca es empatía, esta surge desde el primer contacto, después de todo se trata de un personaje carismático y dulce, demasiado joven para sufrir así. Entonces que un grupo de chicos le tire la silla al agua, que se la haga reflexionar durante las sesiones de diálisis, que le pida a la selkie que por favor la cure, parecen un abuso, pero que la madre borracha de vueltas con la silla alrededor de un bar, ya es tortura.

    La película plantea el valor de las segundas oportunidades y de lo que se cree por encima de lo que se ve, no obstante a pesar de las buenas intenciones se ve afectada por una serie de elementos que le juegan en contra. En primera instancia el mito de estas criaturas marinas es flexible, parece irse acomodando según las necesidades de la trama. En segundo lugar el director parece no saber qué faceta del relato privilegiar, si la historia fantástica o la realidad de enfermedades, adicciones y muerte en la que esta se inserta. Hacia el final Neil Jordan decide por un realismo crudo que no hace más que ocultar un inocente optimismo, introduciendo una explicación vinculada al mundo de las drogas a la que se le da una rápida resolución, bastante simplista como para ser tomada en serio. Si bien los personajes cuentan con un grado de realismo y complejidad mayores, la estructura corresponde a la de un cuento típico, con el padre bueno redimido, el padrastro malo y un hada que trae sanación. Todo su planteo tiende a reforzar la fantasía en cuanta oportunidad tiene, la pesca abundante, la mujer emergiendo del agua, el hombre de negro que busca a Ondine comiendo sardinas (para entender la referencia, son peces menores), pero cuando el director decide dejar todo eso atrás en busca de un nuevo rumbo, la historia se ve perjudicada porque no se puede liberar totalmente del componente fantástico. De esa forma concluye Ondine, dejando la sensación de que se debería haber continuado en las vías de la fantasía pura para hacer un film más digno, en vez de optar por una conclusión fantasiosa disfrazada de realista.
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  • Familia para armar
    Familia para armar
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    Familia para armar cuenta la historia del emotivo reencuentro entre un padre y su hija adolescente luego de una separación larga y traumática. Ernesto es un hombre ofuscado y distante, y Julia una hija empecinada en ser amada y recomponer esta relación.

    La segunda película de Edgardo González Amer se centra en una familia desarticulada que vive de la atención de un hotel en Valeria del Mar. Ernesto, un hombre de mediana edad al que se lo ve enojado en todo momento, parece no tener una buena relación con su madre ni con su hermana, por lo que cuando su hija Julia, a quien no ve desde hace ocho años, toque a su puerta forzando un reencuentro, los problemas se harán mayores para quien olvidó cómo ser padre. El director buscará entonces desarrollar un enfoque humorístico de la historia, quedándose en el intento a causa de los numerosos fallidos que tiene en su realización.

    Madre e hijo tanto dentro como fuera de la pantalla, Norma Aleando y Oscar Ferrigno se encuentran en niveles completamente diferentes a la hora de la actuación. A ella, una actriz consagrada que garantiza la efectividad de su papel, se le tira un ladrillo y es capaz de devolver la pared, mientras que él no es capaz de lo mismo con su protagónico, al que lleva adelante sin soltura ni gracia. Enojado, fastidioso, molesto, repetirá hasta el hartazgo frases como “¿Qué querés?” o “No me rompas las pelotas”, logrando por momentos ser una verdadera molestia para el espectador. Al igual que sucede con la debutante Malena Sánchez, las dificultades en el momento de la interpretación se ven resaltadas a causa de la cantidad excesiva de diálogo con más pretensiones que méritos. La idea parecería ser la de dotar a estas líneas de ingenio, algo que se hace insertando algunos chistes sin humor y pasando por alto preguntas para responderlas más adelante, revelando monotonía y falta de fluidez, algo que se acentúa con la ausencia de música o ritmo.

    Del tronco de la historia, la relación padre-hija, se van a desprender una serie de ramas planteando conflictos paralelos que quedan truncos porque no se les da una resolución. De Betina, la hermana con alguna discapacidad mental de Ernesto muy bien interpretada por Valeria Lorca, se dirá al pasar y sin ninguna justificación que su hijo falleció tiempo atrás. Este chico al que no se hace referencia en ningún momento anterior y al que tampoco se referirán después, parece haber nacido y muerto en lo que a Ferrigno le toma decir esa frase. El romance entre Julia y el chico de la ferretería es otra línea que quedará inconclusa, así como el acercamiento entre Aleandro y el huésped del hotel, revelando que a la hora de la verdad lo único que importaba era el conflicto central y lo demás eran meros accesorios.

    A todo esto se suma la imposibilidad de generar el pretendido misterio de la aparición de Julia en la puerta del hotel. No hay dudas de la razón por la que la chica está ahí, nadie puede tenerlas excepto Ernesto, a quien saber la verdad le llevará 40 largos minutos de preguntas y llamados sin respuestas. Paradójicamente, a diferencia de lo que ocurrió con su destacada ópera prima El infinito sin estrellas, que no tuvo su justo reconocimiento, al contar con un nombre como el de Norma Aleandro en el elenco y una mayor distribución, este fallido trabajo llegará a un mayor número de personas. Serán varios entonces los que verán cómo Edgardo González Amer se concentró en armar a una familia, olvidándose de cómo construir una película.
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  • Sanctum
    Sanctum
    Cinescondite
    Un equipo de submarinistas se dirige en una peligrosa expedición a la cueva menos accesible de la Tierra. Cuando una tormenta los obligue a sumergirse en las profundidades deberán sobreponerse al pánico y luchar por sus vidas contra la furia del agua, en la búsqueda de una ruta de escape al mar.

    Que el productor ejecutivo de Sanctum sea el mago de la taquilla James Cameron no es poca cosa. Con el recuerdo de Avatar todavía fresco y los recientes anuncios de una segunda y tercera parte de la saga, una de las cuales tendría lugar bajo el agua, las expectativas para la segunda película de Alister Grierson eran elevadas. Es difícil no sentirse decepcionado ante lo flojo de la propuesta del australiano, que más allá de un nombre en los créditos y del formato 3D no tiene parámetro de comparación con la otra. A diferencia de lo que ocurría con la primera, en la que por las maravillas de lo que se veía se impedía una consideración crítica de los aspectos tradicionales, en Sanctum el guión y las actuaciones son tan pobres que no hay forma de pasarlos por alto.

    Como si se tratase de reflejar con fidelidad una cueva inexplorada, durante los primeros 25 minutos la película se muestra completamente vacía. Sin una gota de acción, lo que se hace es rellenar las situaciones con diálogos plagados de guiños poco efectivos que lejos de ser simpáticos sólo fastidian porque demuestran la falta de contenido. El hecho de que cada miembro dentro de la expedición pueda hacer un chiste en el momento justo hace pensar que se está viendo una comedia, cuando en realidad se trata de guión que se pretende ingenioso por darle una línea punzante a cada personaje, logrando sólo evidenciar lo coreografiado del desarrollo. De contar con un elenco adecuado capaz de brindar actuaciones correctas esto podría ser pasado por alto, sin embargo las interpretaciones denotan muy poca capacidad, algo que es más notorio en el papel protagónico de Rhys Wakefield aunque también en gran parte del equipo que lo acompaña.

    El hecho de que haya algunas secuencias interesantes o buenos planos debajo del agua no logran ocultar las falencias ya mencionadas así como tampoco lo trillado de ciertas escenas. Prácticamente se puede adivinar el destino de cada uno de los personajes y esto se debe a que se lo ha incorporado a fuerza de ver películas similares. Una de estas será Vertical Limit / Límite Vertical, película de Martin Campbell en la que pareciera haberse inspirado, porque más allá del hecho de que se trate de la misma historia en las montañas o en las cuevas, hay situaciones repetidas como la del magnate interpretado por Ioan Gruffudd que enloquece y se vuelve contra los otros como ocurriera con Bill Paxton en la otra. Mención aparte merece este reconocido actor galés, quien interpretó al Hombre Elástico en Fantastic Four y a Lancelot en King Arthur, al cual no se lo ve cómodo en un papel que parece tomarse a broma. En definitiva Sanctum busca ser innovadora como Avatar, pero comete el grave error de demorar demasiado la acción, permitiendo que el mal guión junto a las actuaciones se hagan notorias a lo largo de toda la película, ahogándose tan sólo a la media hora de haber empezado.
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  • Un despertar glorioso
    Luego de haber perdido su trabajo como productora en un magazine nocturno Becky asiste a una entrevista para hacer lo mismo pero en una cadena de televisión. Habla demasiado, gesticula todo el tiempo y, como suele sucederle en su vida privada, arruina el encuentro y debe irse derrotada una vez más. La cámara acompaña de frente a la joven abatida mientras un piano musicaliza la triste situación. Esta estructura de cuento infantil, a saber: la protagonista es la mejor en lo suyo pero sólo ella y los espectadores lo sabemos, mientras que jefes y su propia madre la llaman patética, es algo que se va a mantener a lo largo de toda la película, que será reforzada con personajes muy lineales y con todos los elementos puestos a la orden del siguiente gag.

    Como si se tratase de uno de los programas matutinos que ella produce, con bajo presupuesto y utilizando tarde lo que otros ya hicieron, Morning Glory se construye en base a retazos de otras películas. Aline Brosh McKeena saca mucho de su guión de uno muy bueno que escribió años atrás, The Devil Wears Prada / El diablo viste a la moda, calcando el papel de Rachel McAdams del que interpretara Anne Hathaway y privilegiando nuevamente el ámbito laboral al romántico en la construcción de la historia. Por otro lado el juego entre Diane Keaton y Harrison Ford parece repetir Something’s gotta give / Alguien tiene que ceder, con la “gran” diferencia de que en esta oportunidad es el hombre el amargado y no la mujer.

    Da la sensación que si se la dejaba fluir con mayor naturalidad se podría haber obtenido un resultado más simpático, sin embargo se necesita sobreexplicar tanto que los personajes terminan pareciendo maniquís. Esto se vislumbra en forma más evidente con Becky y Mike Pomeroy (Ford), en quienes la película se termina centrando haciendo literalmente a un lado a Keaton. Que McAdams constantemente agite sus brazos, se atropelle al hablar y se golpee con cada elemento del decorado parece tan actuado que llega el punto en que termina por molestar, en especial porque en algunas escenas se la verá dialogando sin mayores inconvenientes y se extrañará esa soltura. En el caso de él la faceta de hombre duro y enojado está demasiado exagerada, lo peor serán las caras en que mezcle firmeza y estupor, incluso soltando gruñidos como si se tratase de Clint Eastwood en Gran Torino, sin embargo el mejor Harrison que se vea será aquel que se mantiene rígido pero no en forma tan evidente. Son estos detalles puestos tan en la superficie los que acaban por construir una historia a fuerza de gags ya mostrados y personajes trillados.

    El director de Nothing Hill, Roger Michell, es el encargado de llevar adelante una historia poco original que desperdicia los recursos que tiene a su favor, y que sólo logra ser divertida por escasos minutos cuando en el programa se pierde cualquier temor al ridículo y se hace lo necesario para levantar el rating. En las películas citadas anteriormente son paradójicamente los roles de los mayores los que las revitalizan, con una Meryl Streep en uno de sus mejores papeles en los últimos años, o con una Diane Keaton y Jack Nicholson ofreciendo un duelo cómico actoral sumamente atractivo. Quizás se podría haber intentado esta fórmula en Morning Glory en lugar de dejar que Ford opaque a su compañera de equipo. Habría sido más interesante ver cómo se sacan chispas entre ellos en lugar de reducir el triángulo que la historia propone a una figura con sólo dos lados.
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  • Los ojos de Julia
    Los ojos de Julia
    Cinescondite
    Mientras pierde progresivamente la vista, Julia investigará el misterioso suicidio de su gemela ciega. Rápidamente descubrirá que hay algo oscuro detrás de su muerte y deberá enfrentarse a los mismos terrores que la acechaban.

    Desde hace ya algunos años el cine de terror español experimenta un auge en el cual Guillermo Del Toro tiene mucho que ver. Su nombre no obstante no es garantía de confianza, si bien lo ha impreso en El Orfanato con éxito hay otros trabajos poco logrados de los que era mejor mantener distancia. Los ojos de Julia, que lo tiene como productor, es una película entretenida que parte de un planteo interesante, no obstante los clichés, las constantes vueltas sobre sí misma, y una resolución que termina tomando el camino flojo y sencillo, la perjudican notablemente.

    Julia, una buena actuación de Belén Rueda, investiga el presunto suicidio de su hermana ciega Sara mientras pierde progresivamente la vista, algo que se subrayará una y otra vez con subjetivas de un mundo que se va apagando. Tanto su marido Isaac como los oficiales de Policía no le creerán cuando plantee que hay un trasfondo detrás de esta muerte, por lo que la búsqueda de un posible asesino deberá llevarla adelante en soledad. Recorrerá uno a uno los lugares en los que ella estuvo y descubrirá que había un hombre en su vida, a quien nadie recuerda por tratarse de alguien sin luz, un sujeto que pasa desapercibido como si viviera sumido en las sombras. Se producirá así un juego de escondidas que se extenderá a lo largo de sus 112 minutos, repitiendo una y otra vez escenas en las que el asesino está a punto de atraparla y ella a último momento logra escapar sin siquiera darse cuenta, o persecuciones en las que Julia llegará a callejones sin salida por los que él pudo desvanecerse.

    Al revelarse la identidad de este misterioso sujeto se termina asestando el golpe definitivo por tratarse de alguien que no aparece en toda la historia y al que se lo inserta recién al final como para que la explicación tenga su lógica. Como si su papel se hubiera escrito siguiendo el manual del villano de cine terror, tiene su pared llena de fotos de sus víctimas, su dosis de locura y motivaciones que no terminan de cerrar. El director Guillem Morales vuelve a poner el eje en la paranoia como hiciera con su primer largometraje, El Habitante Incierto, aunque lo hace con menos sorpresas y más obviedades. Lo que desde un primer momento se revela como interesante se agota a fuerza de repetición, permitiendo que la película se extienda más de la cuenta y se resuelva en forma injustificada.
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  • Sólo tres días
    Sólo tres días
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    The Next three days, la nueva película del guionista y director ganador del Oscar Paul Haggis, es una remake del film francés Pour Elle, de Fred Cavayé. Si bien se trata de una adaptación fiel, como suele ocurrir con las nuevas versiones, es inferior a la original en muchos aspectos. En ciertas oportunidades cuando se toma una realización proveniente de Europa u otras regiones se lo hace bajo pretexto de dotarla de más agilidad, lo que básicamente significa hacerla a la manera de los Estados Unidos. El hecho de que la norteamericana tenga una extensión 30 minutos mayor que la francesa es un elemento que llama la atención, dado que se termina alargando de forma innecesaria una historia que ya venía con el ritmo preciso marcado.

    Tres años atrás John y Lara cenaban con el hermano de él y su pareja en un restaurant. Las mujeres pelean principalmente por culpa de Lara, quien se encuentra alterada por una fuerte discusión mantenida con su jefa horas atrás. Mientras desayunan en armonía al día siguiente la Policía irrumpe en el hogar y arresta a la mujer acusándola de asesinato. La primera de estas dos escenas no forma parte del relato original, comparando una y otra se podrá entender que el sentido de esta inserción es el de plantar una duda. En los primeros 15 minutos de la francesa se sabe perfectamente que fue lo que sucedió esa noche, mientras que en esta, más allá de lo que uno pueda pensar, no se tiene certeza de la inocencia o culpabilidad hasta el final. De esta repentina detención transcurren dos años, el salto temporal encuentra a un John desesperado enfrentando una nueva realidad, tras agotar todas las instancias de juicios definitivamente la madre de su hijo pasará el resto de su vida en prisión.

    Sin otra opción más que la fuga el personaje que Russell Crowe interpreta pondrá en marcha su plan. Siendo un profesor universitario sus conocimientos en la materia son nulos, por lo que buscará la información que esté al alcance de su mano, como algunos libros o, créase o no, videos de Youtube con instrucciones. Su maestro será el experto en huidas Damon Pennington, un Liam Neeson que supone el punto más destacado de toda la primera parte, quien explicará paso a paso el manual para el prófugo exitoso. Este realismo propio de quien no tiene idea de lo que está haciendo y el progresivo desarrollo de John hasta convertirse en un criminal no sólo favorecen a la película en general, sino que también le otorgan un nivel de credibilidad que también estaba presente en la versión anterior.

    Considerando esto como uno de los mayores logros, hay que señalar el hecho de que se desperdicia parte de lo obtenido cuando hacia el final se decide soltar la mano del planteo original para hacer una serie de agregados que le restan fluidez y veracidad. Que el tiempo deje de ser un factor apremiante, que inexplicablemente Lara intente quitarse la vida o que John se convierta en un calculador escapista capaz de desconcertar a todos los agentes que lo persiguen suena poco plausible para una película cuya fuerza reside en llevar a un hombre normal a situaciones extraordinarias y no viceversa.

    Estos detalles terminan afectándola a un nivel comparativo con su antecesora, lo cual no implica que se trate de una mala película. Haggis parte de un trabajo muy bien realizado y, si bien no aporta nada respecto a la anterior, construye un buen thriller capaz de mantener el interés a pesar de su extensa duración. No se trata tampoco de hacer como Michael Haneke con su Funny Games U.S., que con un cambio de actores y locación fue suficiente, pero tampoco se puede modificar radicalmente los tiempos y el ritmo, menos si esto supone agregar una excesiva media hora.
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  • Líbano
    Líbano
    Cinescondite
    En junio de 1982, durante la Primera Guerra del Líbano, un tanque de guerra israelí es despachado en búsqueda de una aldea hostil arrasada por la Fuerza Aérea. Lo que parece ser una simple misión gradualmente se va descontrolando, convirtiéndose en una verdadera trampa mortal.

    Líbano es una mirada crítica de la crudeza de la guerra que se basa en las experiencias de su guionista y director, Samuel Maoz, reclutado a sus 20 años como artillero de un tanque en ese mismo período. Sólo dos planos son los que se hacen desde fuera de la máquina, el primero y el último, por lo que literalmente se verá el conflicto bélico desde adentro, estableciendo un contacto con el exterior por medio de la radio o del uso constante del periscopio. “La misión es simple” se le dirá a los cuatro veinteañeros inexpertos y asustados, lo que tendrán que hacer es conducir el tanque a través de una aldea que ya fue destruida por los propios aviones para ver si quedó algún hostil. Pronto la situación se revelará más peligrosa de lo que se pensaba y la máquina de matar, lejos de ser una protección, se convertirá en una trampa mortal a merced de los ataques enemigos.

    Son las primeras 24 horas de una batalla que esos jóvenes no quieren combatir, soldados que no aceptan el privilegio de decidir quien vive y quien muere, por lo que se paralizan a la hora de efectuar un disparo. No están dispuestos a sacrificarse por su bandera, sino que quieren volver a sus hogares junto a sus familias. Pecan incluso de demasiada inocencia confiando ciegamente en las órdenes de sus jefes, cuando la realidad revela que lo único que a estos importa es que el tanque no caiga en otras manos. En una escena clave el comandante Gamil (Zohar Shtrauss), típico líder de ejército de cualquier película sin importar su nacionalidad, es espiado por los soldados mientras habla con un superior por medio de la radio. Este hombre que se muestra entero y confiado a la hora de dar órdenes a sus subordinados deja ver que se encuentra igual o más desesperado que ellos ante su situación. El instinto de supervivencia emergerá entonces al encontrarse presas del enemigo, haciendo lo impensado para escapar con vida.

    Es un mérito del guionista y director el enfocar el conflicto desde el interior de la máquina y mantener ese punto de vista a lo largo de toda la historia. No obstante durante la primera etapa habrá mucho contacto con el exterior, por medio de la mira, tratando de mostrar lo que serían las caras del horror. Un anciano, un niño, una mujer, gente que lo perdió todo mira directo hacia el tanque desde afuera, invirtiendo momentáneamente el punto de vista y pasándose un poco a la zona de los golpes bajos, algo que se completa con el plano de un burro que llora herido desde el suelo. Una vez que se abandone esto en pos de aferrarse a las sensaciones de los soldados, la película mejorará notablemente como un reflejo crítico de una dura realidad en la que ninguno quiere ser un héroe.
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  • Un feriado particular
    Gianni vive en la casa familiar con su madre viuda. El día antes de la celebración de Ferragosto, el administrador del consorcio lo sorprende con una propuesta muy poco habitual: que acoja a su madre en su casa durante los dos días festivos.

    Gianni es un hombre maduro de alrededor de 60 años que nunca se casó ni tiene familia, y por lo que se puede ver también está desocupado. Su día se define por atender a su demandante anciana madre y por darse algún gusto barato, fumando tranquilo en su balcón o tomando su copa de vino blanco en cada oportunidad que tiene. El fiado no deja de crecer y las deudas con el consorcio tampoco, por lo que cuando el administrador le pide que cuide a su mamá sólo por el feriado de Ferragosto, no tendrá más alternativa que aceptar. Él sabe las dificultades que supone cuidar a un mayor, despertarse de noche si es que lo requiere, cocinar, atender su salud, por ese motivo no quiere que su tarea se duplique. El verdadero problema se producirá cuando el supervisor del edificio lleve de sorpresa también a su tía, y Marcelo, su médico de cabecera, le pida el favor de cuidar a su madre mientras él hace su guardia nocturna.

    Cuatro mujeres de avanzada edad en la casa de Gianni abren el juego para una película sumamente entretenida con situaciones muy cómicas. Es un humor costumbrista basado más en diálogos a partir del conocimiento de los mayores que en situaciones a las que se considera de comedia en el cine actual, principalmente el norteamericano. Se trata también de una historia sobre una linda amistad que nace, no para el protagonista quien básicamente tiene intereses económicos en el acuerdo, sino entre ellas. El estar alejadas de sus hijos va a potenciarlas y va a permitir que se produzca una suerte de retroceso, dado que van a hacer reclamos, comer lo que no deban y hasta se escaparán de la casa, convirtiendo rápidamente al lugar en una suerte de guardería pero para mayores. Los caprichos iniciales pronto irán decantando en un acercamiento honesto por el almuerzo del feriado, creando un vínculo por el resto de sus vidas.

    Gianni Di Gregorio, quien hasta el momento se había desempeñado como guionista en diferentes realizaciones como Gomorrah, de Matteo Garrone, no sólo es el escritor, sino también el director y protagonista de esta divertida comedia italiana. Es en él en quien se sostiene en gran parte la película, transmitiendo su aire cansino y picaresco al espectador. Prácticamente en todos los cuadros brinda una actuación espléndida, la cual se ve favorecida con las intervenciones de las cuatro ancianas debutantes. Sólo basta ver las caras del final, mezcla de inocencia y esperanza, para entender que Grazia, Valeria, Marina y la tía María lograron complementarse a la perfección. Otro toque de distinción lo aportará el acompañamiento musical a cargo de Stefano Ractchev y Carratello Mattia, una suerte de Bajofondo mezclando música tradicional de Italia con electrónica. Sus escasos 75 minutos impiden que el humor decaiga y la convierten en una película digna de ver, ojalá sea así con la nueva realización de Di Gregorio, Gianni e le donne (Gianni y las mujeres), la cual tuvo su reciente estreno en su país de origen, aunque cabría la posibilidad de que, como en el caso de Pranzo di Ferragosto, haya que esperar tres años para que se estrene en Argentina.
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  • El concierto
    El concierto
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    En la época de Brézhnev, Andrei Filipov era el mejor director de orquesta de la Unión Soviética, pero fue proscripto por no querer separarse de los artistas judíos. Treinta años después le llegará la ansiada oportunidad de volver al escenario, sólo que lo hará fingiendo que él y sus músicos son del famoso Bolshoi.

    Las historias de segundas oportunidades siempre son efectivas, la posibilidad de que una acción permita cambiar la vida entera es un sueño para cualquier espectador. Estas películas protagonizadas por mayores muchas veces pecan de inverosímiles, como ocurre en las de deportes o, para citar un ejemplo puntual más improbable, con Jinetes del espacio, sin embargo este no es el caso de El concierto, ya que la música ofrece una chance concreta de que eso se haga realidad. Si bien son muy diferentes, puede reconocerse algo de Still Crazy, comedia sobre la ficticia banda de rock Strange Fruit, la cual encuentra a sus integrantes entrados en años tras dos décadas alejados de los escenarios dispuestos a hacer un regreso con gloria. En la película franco rusa un director de orquesta que se desempeña como bedel en el Teatro Bolshoi, encuentra por casualidad un fax que le ofrece lo que desde hace años estaba esperando, una nueva oportunidad de triunfar. Haciéndose pasar como miembro de la aclamada orquesta, uno a uno reunirá a los antiguos miembros de la suya, quienes han abandonado la música y se dedican a manejar taxis, realizar mudanzas o a la venta ambulante, y los preparará para el espectáculo de sus vidas.

    Encabezados por Alexei Guskov, Dmitri Nazarov y Mélanie Laurent, a quien recientemente se la pudo ver en Bastardos sin gloria, se construye a partir del engaño una historia plagada de situaciones cómicas que, si bien no son efectivas en todo momento, tienen su cuota de originalidad y suavizan la trama que con su contenido histórico y político podría haber tenido un resultado tedioso. La constante referencia al pasado termina perjudicando en parte a la película, dado que el espectador queda descolocado ante muchas cosas que no se entienden y que recién pueden encontrar su explicación en los últimos minutos. Todos los personajes hablan de Tchaikovsky una y otra vez, y si bien uno sabe quien fue este compositor ruso, no queda claro el motivo por el que se lo menciona tanto, hasta que esto sea explicado recién hacia el final luego de casi dos horas.

    Hay que destacar el cierre a toda orquesta, cuando el evento en el teatro Châtelet en Francia finalmente se lleve a cabo, dado que es eso lo que se espera desde el comienzo y el motivo por el que en definitiva se la ve. Son 12 minutos en los que el concierto para violín de Tchaikovsky, se apodera de la pantalla, imponiendo un ritmo in crescendo que cala hondo y eleva el nivel de la película. No hay dudas de que el espectáculo se va a dar y que el resultado será sublime, pero es necesario que el director sea capaz de reflejar su importancia y eso es lo que se hizo. Si bien el montaje con tapas de diarios que dan cuenta del evento se pasa de inocente, no afecta el gran trabajo de toda la secuencia. Mezclando así algo de drama histórico con comedia actual, y fundamentalmente acompañado por bellísima música clásica es que se desarrolla el nuevo film de Radu Mihaileanu, que suma otro más a la lista de títulos provenientes de Rumania, país que desde hace algunos años se ha mostrado como la revelación del cine europeo.
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  • Mi abuela es un peligro 3
    Luego de que su hijastro Trent sea testigo de un asesinato, el agente Malcolm Turner deberá asumir nuevamente el rol de Big Momma, acompañado por su sobrina Charmaine, para desenmascarar a un peligroso delincuente.

    Tal y como se ha hecho evidente en los últimos años, Martin Lawrence no se encuentra en el mejor momento de su carrera. Sus películas son cada vez menos relevantes y espaciadas en el tiempo, algo que no suele suceder con los comediantes, que en un año pueden llegar a ser parte de cuatro producciones o más, cuando él sólo participa de una o dos que podrían pasar directo a la televisión por cable. En este sentido se entiende el motivo por el que una vez más reflota a su alter ego Hattie Mae Pierce o por qué se rumorea que va a reponer a su personaje de Bad Boys en una tercera parte. No es que se crea que recurriendo a una fórmula probada se logre una buena película, sino que con el recuerdo reciente del debut de Big Momma's House 2 encabezando la taquilla en el 2006, hay una posibilidad doble de recaudar y a la vez devolver a su protagonista a la pantalla grande.

    En esta oportunidad el agente Malcolm Turner debe infiltrarse en una escuela de arte, donde un informante escondió un pendrive con información suficiente como para encerrar a un peligroso mafioso. Por supuesto cabría la pregunta de por qué este “soplón” se reunió con los delincuentes, o por qué no entregó directamente la memoria al FBI y así conservaría la vida, pero es una licencia gruesa que los autores se permiten para lograr que Lawrence se calce nuevamente el vestido, sin importar lo ridículo que eso parezca. Hay que destacar que el comienzo promete, la aparición del genial Ken Jeong, Mr. Chow en ¿Qué pasó ayer? o Señor Chang en la serie Community, habilita la posibilidad de que se trate de una de esas películas en las que diferentes estrellas tienen desopilantes participaciones cortas, idea que se desvanece con el transcurso de los minutos. Se da paso entonces a una serie de chistes gastados incapaces de sacar una sonrisa al espectador más dispuesto, porque si había algo de original en Mi abuela es un peligro eso se perdió luego de haberlos usado también para una segunda parte.

    Un aspecto que dotaba a la primera de un plus adicional, algo que a la distancia se extraña mucho, es el de los roles secundarios interpretados por actores familiares como Anthony Anderson, Terrence Howard o Paul Giamatti, que cada uno a su manera aportaban para que la película funcionara. En esta tercera parte, además de un Martin Lawrence devaluado hay un elenco sin nombres encabezado por Brandon T. Jackson, quien demostró ser divertido como Alpa Chino en Tropic Thunder, pero sin figuras que lo sostengan esa gracia parece no fluir. John Whitesell, director acostumbrado a realizar películas en las que la risa debe ser buscada con lupa, se encuentra otra vez detrás de este proyecto como hiciera con la secuela. Nuevamente ofrece un producto gastado y descolorido que ni siquiera puede recibir el adjetivo de simpático. Hay quienes dirán que por lo menos es mejor que la segunda, otros nos preguntamos si eso puede considerarse un logro.
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  • Somos nosotros
    Somos nosotros
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    "Todo comienza con el atardecer de una Mar del Plata fuera de la temporada de verano, sin turistas ni luces de neón, opaca, casi despoblada salvo por un grupo de amigos de no más de veinte años que tratan de que el tiempo pase, mientras andan en skate, están con sus novias o intentan conseguirlas. El título afirma una voluntad generacional: somos nosotros".

    Varios son los aspectos destacables en Somos nosotros, los cuales no tienen mucho que ver con la construcción tradicional del cine. Uno de ellos responde al excelente uso del lugar, se nota mucho esmero en la cuestión espacial que supo ser bien aprovechada. La ciudad en la que transcurre es Mar del Plata, la feliz, la que muchos conocemos atestada de gente en temporada alta, pero son pocos los que la ven realmente "vacía". En lo que otros verían como un problema, es decir la ciudad veraniega por excelencia pero sin gente, el director se encuentra con lo que le es conocido y se siente cómodo. Es un mérito del debutante Mariano Blanco, de apenas 20 años cuando rodó la película, mostrarla como tal, con su interminable cámara en mano. Los chicos se mueven de un lado a otro, ya sea a otra casa, a los videojuegos o a una fiesta. Se juntan a andar en skate, se trasladan buscando a alguna mujer, y todo esto por una ciudada reconocida, aunque de forma distinta.

    La película se trata de un día en la vida de tres amigos, que empieza a las diez de la mañana con Mariano, que le pasa la posta a Lorenzo a la tarde y cierra durante la noche con el Koala. Cada uno se traslada de una forma diferente pero con un objetivo en común, terminar el día con los pibes.

    Los personajes no tienen desarrollo, ni profundidad, las historias tampoco, la musicalización brilla por su ausencia y hace pensar mucho en Kids (1995, de Larry Clark), aunque sin el SIDA o las drogas, o en Paranoid Park de Gus Van Sant. Estos aspectos más la ausencia de trama harían de esta una película que no se podría ver, y sin embargo no es así, porque el objetivo no es el convencional. El director refleja ese espíritu adolescente en una ciudad vacía no porque sea una elección estética, sino porque es así. No hay otra intención más que la de mostrarse como tales, será voluntad generacional o carta de presentación, pero al final uno sabe que ante la pregunta por ¿quiénes son?, no hay duda de que son ellos.
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  • Invasion del mundo. Batalla - Los Ángeles
    En los últimos años algunos estrenos buscaron dar vida a un género como el de la ciencia ficción con invasiones extraterrestres que ya estaba agotado. Películas como Cloverfield y District 9 trataron de recuperar aquello que se había perdido a fuerza de repetición. El caso de Battle: Los Angeles lejos está de ser revolucionario, más allá de tener algún toque de distinción en las secuencias de acción o en la narrativa, no deja de ser una historia más que se suma a una larga lista de relatos parecidos.

    Esta se enfoca en un grupo de marines, liderados por un Aaron Eckhart que ya es actor suficiente como para rodearse de desconocidos en un papel así, los cuales van en misión de apoyo y quedan atrapados en medio de la zona caliente del conflicto momentos antes de que esta sea arrasada por bombas propias. La pelea entre humanidad y extraterrestres se ve reducida entonces a sólo una faceta, la lucha de los soldados para salir con vida de esa situación, aspecto que tendrá un giro y otra resolución hacia el final. Es que si hay un componente extra que ofrece la película es el de transpirar patriotismo estadounidense por cada uno de sus poros. Lo sabemos, en la última década se produjo el golpe más duro, una invasión externa sobre suelo norteamericano que más allá de las bajas los mostró vulnerables, entonces qué mejor metáfora que un ataque extraterrestre para que el espíritu de los Estados Unidos surja en el interior de cada marine, incluso del más insignificante, dispuesto a entregar todo por su país. Este aspecto quedará en evidencia con una larga introducción a cada personaje, que tienen sus vidas, esposas o hijos en camino, pero que llegado el momento del combate ninguno pensará en ellos y se ofrecerá en bandeja a la causa nacional, incluso un civil llegará a hacerlo, regalando un desenlace como en The Hurt Locker / Vivir al límite sólo porque sí.

    Jonathan Liebesman sigue su propio ritmo a la hora de construir Invasión del mundo, mezclando buenas secuencias de acción a toda marcha con escenas del peor sentimentalismo militar. No se trata de una película especialmente lograda, pero teniendo en cuenta que el guión de Christopher Bertolini es inexistente, mucho debe apoyarse en los combates y estos están bien realizados. El cine de ciencia ficción ha demostrado que puede ser mejor y, especialmente en los últimos años, que aún puede ser original. Para esto hace falta una buena idea que se aleje del clásico tradicionalismo y que deje de incluir banderas rojas, blancas y azules en cada cuadro, volviendo cada pieza musical un himno nacional.
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  • Rango
    Rango
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    Rango sólo es un camaleón torpe, feo y asustadizo, sin embargo en su interior habita un héroe que lucha por salir a la superficie y acabar con las injusticias del mundo. Cuando se quede abandonado en Dirt, un pueblo plagado de forajidos y asesinos, tendrá la ocasión de demostrarlo.

    Uno podía pensar que a Gore Verbinski se le había acabado la chispa. Desde el estreno de Piratas del Caribe en el 2003, desatando un enorme furor de taquilla, el director no pudo volver a hacer una buena película que repitiera ese éxito. Si bien las secuelas que se hicieron sobre el capitán Jack Sparrow fueron aún más recaudadoras que su predecesora, no por nada la cuarta parte está por estrenarse, no se puede decir que sean productos logrados. Con Rango recupera ese espíritu del 2003, dado que no sólo va a llevar al público en masa al cine sino que además lo va a hacer con un trabajo excelente que es hasta el momento de lo mejor del año.

    El protagonista es sólo un camaleón doméstico que accidentalmente cae de la comodidad de su terrario en un pueblo sin ley como en el Lejano Oeste. Un animal cuyo sentido en la vida es el de mezclarse y perderse en su entorno encuentra que allí se destaca, convirtiéndose rápidamente en el sheriff de Dirt. De esta forma, el comienzo en clave cómica deriva en un western con todas las letras, en un lugar donde todos son marginales sin futuro, Rango es quien puede traer esperanza a quienes necesitan creer. En el Desierto de Mojave el problema es la escasez de agua, sequía que logra que hasta los cactus mueran, y es el héroe quien se encarga de buscar la solución, luchando contra un alcalde corrupto y sus secuaces. Así, una vez que queda delimitada la estructura del far west, la película se deleita con una serie de pasos de comedia muy efectivos, permitiendo que cada personaje pueda aportar algún chiste igual o más divertido que el anterior, circulando por ambos géneros, obteniendo lo mejor de cada uno de ellos.

    El único problema que tiene en Argentina, algo ajeno a la película, es que los distribuidores eligieron lanzarla sólo traducida al castellano, a excepción de alguna sala, lo cual es una pérdida importante teniendo en cuenta la calidad de actores que prestaron sus voces. Verbinski se arriesgó, se alejó de la cuarta parte de Piratas… para hacer un western animado con animales, y sin duda salió ganando. Además de los intérpretes que se sumaron al elenco, la realización contó con la presencia de viejos conocidos del director, con un gran guión de John Logan, escritor de Gladiador y Sweeney Todd entre otros, una animación realmente impresionante de la compañía Industrial Light and Magic y la banda sonora a cargo de Hans Zimmer, quien deja su marca en cuanto éxito puede.

    Como hiciera Temple de Acero hace tan sólo unos días, Rango revitaliza un género dejado de lado con resultados sorprendentes. Regalando algunas secuencias impactantes, homenajeando a todos los partícipes de los westerns de la década del ’60, el film es un placer tanto narrativo como estético desde el principio hasta el fin.
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  • Infierno al volante
    Firme junto al pueblo Nicolas Cage regresa para confirmar su compromiso con el mal cine en Infierno al volante, una más que viene a sumarse a la larga lista de títulos pobres en los que participó en los últimos años, alrededor de 15 en las que sólo se salvan Kick-Ass y Un maldito policía en Nueva Orleans. En esta oportunidad encarna a un criminal que se logra escapar del infierno para poder rescatar a su nieta, la cual fue secuestrada por una secta satánica que planea sacrificarla. Esto se va a complicar con la aparición del “contador”, un William Fichtner que es lo mejor de la película, el guardián del averno que va a tratar de regresarlo a las tinieblas. Con estos elementos y la suma de Amber Heard el combo tiros, autos rápidos y chicas lindas queda completo, y por 4 pesos más te lo agrandan con 3D.

    En el último tiempo si hay algo que se está poniendo de moda es lo “bizarro”. Escudándose en esa palabra se puede hacer cualquier cosa, sin ningún tipo de pretensión, y después justificarlo diciendo que no se debe tomar tan en serio, que es un homenaje al cine clase B. En cartelera ya está Piraña 3D que es mejor, no hace falta un Nicolas Cage con peluca rubia matando a todo el mundo y querer que uno se prenda al chiste. Se hace entonces una película obvia y llena de clichés, algo que se ve desde los primeros cinco minutos cuando Milton se aleja caminando y en cámara lenta de un auto que explota. Si hay algo rescatable, además de la mencionada actuación, son algunas escenas de acción bien logradas o algún diálogo divertido como los que ofrecen los policías en sus diferentes apariciones.

    Los efectos especiales también son correctos, aspecto que se cae hacia el final en la última batalla, cuando se hace gala de un trabajo digital de por lo menos veinte años atrás, algo que el 3D tampoco favorece, especialmente porque no aporta nada a una película que tiene menos adrenalina de la que promete. El director Patrick Lussier no conforme con ya haber dejado su huella con Sangriento San Valentin 3D, quiere mantenerse en las líneas del formato y parece aferrado sin ganas de soltarse (Condition Dead 3D ya está prevista para el 2012). Tampoco el guión se puede decir que sea bueno, si bien siendo una película de acción no es algo tan importante lo único que se necesita es que se mantenga sencillo o que si se vuelve complicado que tenga lógica, algo que no sucede dado que al final se torna confuso por el sólo hecho de dejar las puertas abiertas para una secuela. Sólo resta esperar que Cage no acepte hacer una segunda parte, como sí accedió con El vengador fantasma, y que sus problemas financieros queden en el pasado como sus protagónicos del presente.
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  • Fase 7
    Fase 7
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    Coco (Daniel Hendler) y su mujer embarazada Pipi (Jazmín Stuart) hacen tranquilos una compra grande en el supermercado, mientras detrás de ellos pasan hordas de personas enloquecidas tratando de comprar lo que pueden. Ajenos en su mundo de confort miran sin ver como la gente corre con lo que puede cargar por la calle, distantes de todo aún antes de que empiece la cuarentena. Es curiosamente el aislamiento forzado lo que permitirá la integración, cuando Coco deje de preocuparse por el servidor caído de Internet para pensar en su bienestar y el de los que lo rodean. Por medio de Horacio (Yayo), un paranoico que toda la vida se preparó para la guerra mundial, él irá interiorizando una situación que no se toma en serio, hasta que la peligrosa realidad le haga tomar conciencia.

    Fase 7 es una película única en el país, mezcla de humor y género fantástico con mucho de western, un relato de supervivencia del héroe colectivo ante un mal mayor, aunque ese mal pueda vivir en el décimo piso. Comparte con El Eternauta, la gran historieta argentina de ciencia ficción creada por Oesterheld, mucho más que los trajes aislantes. El héroe no es el habitual, es un hombre común presa de la sociedad de consumo que por circunstancias que no entiende se ve arrojado a una situación desconocida y obligado a actuar en forma heroica. El villano, antes de que aparezcan los extraterrestres en la historieta, es gente como él, hombres corrientes que necesitan sobrevivir, reduciendo la civilización a la ley de la jungla. Finalmente el espacio es un componente importante, al desarrollarse la acción en lugares conocidos o familiares, ambos relatos se encuentran en el mundo de lo posible, se vuelven más realistas.

    A la pareja que protagonizó Los Paranoicos y demostró tener buena química, se suman un Yayo Guridi diferente y efectivo, así como un gran Federico Luppi y su peligroso Zanutto, creando un muy buen ensamble en pantalla. La ópera prima de Nicolás Goldbart es una película ideal con dosis justas de comedia y acción. Partiendo de la Gripe A que afectó a la Argentina en 2009 y la paranoia que esta despertó, el director escribió en quince días algo completamente ajeno a la filmografía nacional y lo pudo llevar adelante, ganando en el camino el premio al mejor guión en el Festival Internacional de Cine Fantástico en Sitges. Si bien falta un poco del vértigo que el tráiler impone, ese ritmo menor permite un mejor desarrollo de los personajes y la construcción de algunas escenas verdaderamente geniales, sin dejar que decaiga en ningún momento. Se desarrolla así una historia apocalíptica prácticamente sin recurrir a efectos especiales, logrando un trabajo impactante sin necesidad de grandes presupuestos. El cine de género tiene lugar en el país y Fase 7 es la prueba de ello, esperemos que de ahora en adelante sean más los dispuestos a asumir el riesgo.
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  • La revelación
    La revelación
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    El comienzo de esta película es fuerte. La esposa enfrenta a un joven Jack Mabry que descansa frente a un televisor para avisarle que lo abandonará. Él, que está relajado mirando un juego de golf, corre frenéticamente hasta el cuarto donde duerme su hija pequeña, la levanta y amenaza con arrojarla por la ventana en caso de que ella se marche. El tono ocre y la apacibilidad del hogar contrastan con esta inusitada violencia, tanto a nivel físico como psíquico, y se anticipa la posibilidad de estar en presencia de un buen film, duro y brutal. Lamentablemente, al igual que la mujer que anuncia su partida para luego quedarse, Stone plantea una propuesta interesante que se desarma rápidamente, y se pierde en un confuso desarrollo argumental con delirios místicos.

    Creeson ingresa al despacho de Mabry, con su pelo trenzado y sus insultos, sabiendo que su destino es volver tras las rejas y que debe hacer algo rápido para inclinar la balanza a su favor. Es interesante el duelo que se produce entonces entre ambos actores. Por un lado Robert De Niro, un hombre experimentado que ha escuchado las historias de los presos cientos de veces por lo que no cede con facilidad, y por otro un Edward Norton frío y calculador, un lobo vestido de cordero. A 10 años del estreno de The Score / La cuenta final, film que protagonizaron juntos, los roles que interpretaron parecen repetirse pero con un agregado que en esta oportunidad le da ventaja al más joven. Lucetta (Milla Jovovich) es la novia dispuesta a hacer todo para lograr la libertad de su pareja, lo que incluye seducir al oficial para que este le tenga mayor consideración. Este detalle le permite al convicto ir un paso por delante de quien lo evalúa, y se valdrá de ello para forzar su salida.

    El film comienza a tomar un rumbo inexplicable en el momento en que los autores se obsesionan con la religión y permiten que esta se apodere por completo de la historia. Como si la enorme cantidad de viajes en auto que realiza Mabry al ritmo del mensaje de las Sagradas Escrituras no fuese suficiente, se suma Zukangor, un método espiritual para acercarse a Dios mediante el sonido inventado por el guionista Angus MacLachlan. Si esto ya parece exagerado, el punto más alto del ridículo se alcanza cuando los protagonistas tienen, en momentos paralelos, una epifanía. Hay vida y muerte, ambos alcanzan un instante de iluminación, uno mientras tiene sexo, otro cuando ve como un compañero muere acuchillado.

    Los elementos con los que se contaba para hacer un buen thriller se ven desaprovechados, la película se pierde, la historia se vuelve confusa. Se demuestra que lo que en un principio tenía de interesante no eran más que medios con fines puramente ilustrativos. Que Norton llevara el pelo trenzado y hablara mal era sólo una excusa para poder mostrarlo más tarde, Zukangor mediante, como un hombre totalmente transformado, es decir con el cabello suelto y sin insultos. Así la escena inicial, probablemente lo mejor de la película, no es más que un agregado cuyo objetivo es demostrar que, después de todo, oficial y convicto no son tan diferentes.

    Con un guión pobre y una dirección fallida por parte de John Curran, que sólo logra hacer más notorias las fallas del primero, lo que se tendría que haber destacado son las actuaciones, y sin embargo no logran ser creíbles por los grandes problemas de la película. Así se permite que Creeson se vuelva “fuerte de espíritu”, dejando a un lado todo el interés que podía crear su presencia en pantalla, o se deja sin justificación la violencia doméstica de Mabry. El film llega entonces a los golpes hasta un final a la vez confuso y trillado, y deja abierta una pregunta que quizás no tenga respuesta: ¿en qué estaban pensando Edward Norton y Robert De Niro cuando decidieron hacer Stone?
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  • 127 horas
    127 horas
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    Este drama basado en hechos reales cuenta la historia de Aron Ralston, un escalador de montañas que tras caer en una grieta permanece atrapado bajo una roca sin que nadie sepa de su paradero.

    Como hiciera años atrás con Slumdog Millonaire, Danny Boyle decide narrar nuevamente una historia de aquellas en las que el espíritu triunfa sobre la adversidad. Desde un primer momento se sabe que Aron Ralston emergerá victorioso de la lucha entre la vida y la muerte, y esto es porque el autor decide poner en los créditos que su guión se basó en el libro autobiográfico del escalador. De esta manera el director hace saber a la audiencia lo que a él le importa, que no es el suspenso de muerte sino el de supervivencia, cómo es que hizo el protagonista para salir con vida de esa situación límite.

    ¿Debe un director dejar a un lado aquello que lo hace único para hacer films más convencionales? Yo soy de la idea que no, hay quienes filman en forma indistinguible y hay otros que hacen un cine con marca personal, ese cine que se destaca de la media y su realizador puede ser reconocido en cada fotograma. Herzog, Fincher o los hermanos Coen lo hacen, Danny Boyle también, y si bien es algo bueno, en esta película en particular supone un problema. Utilizando uno de los ejemplos arriba mencionados, los Coen tienen un estilo propio que se identifica siempre, hagan un drama o una comedia negra, sin embargo son capaces de despegarse de él en beneficio de la historia, tal es el caso de Temple de Acero, llamada con justeza la menos coeniana de sus películas. La marca Boyle se encuentra en diferentes pasajes de 127 horas, no siempre favoreciendo a un film que podría haber logrado mayor provecho del enfoque minimalista. De esta forma el director no se conforma con crear una atmósfera sofocante con pocos recursos y se pasa de efectista, insertando un contador de temperatura o publicidades de gaseosas para subrayar el sufrimiento del protagonista, cuando alcanza y sobra con la excelente actuación de James Franco.

    Hace tiempo que ha quedado demostrado que este joven actor no sólo es bueno sino también versátil, destacándose en roles dramáticos o cómicos (ver la subvalorada Pinneaple Express para que quede claro). Sin embargo un papel que debe fluctuar entre tantos estados de ánimo en un espacio confinado y ser creíble en el intento es todo un reto actoral, el cual Franco supo sobrellevar con destreza, otorgando uno de los mejores trabajos de su carrera.

    Más allá de lo mencionado respecto al director, 127 hours es una muy buena película, que cuenta con buenos trabajos tanto detrás como delante de cámara. De por sí se parte de una historia verídica sumamente poderosa, y es un logro de todos el poder transmitir un estado de aislamiento y desesperación total, causando una identificación inmediata con la remota situación. Nuevamente la fortaleza del hombre es el tópico de este director que seguirá afianzándose como uno de los favoritos dentro de la industria (algo que no es necesariamente bueno). Siempre que se mantenga a raya con realizaciones que no sólo sean éxitos de público y crítica, sino que también tengan un bajo presupuesto para Hollywood, Danny Boyle tendrá un cómodo asiento asegurado.
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  • Piraña
    Piraña
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    Piraña 3D no es sólo una película de terror, es antes que nada una parodia del género y particularmente de Tiburón, la gran obra de Steven Spielberg que supuso un quiebre en la historia del cine. No es casualidad entonces que sea Richard Dreyfuss, protagonista de la otra, quien fatalmente descubra a estos peces asesinos. La tranquila ciudad de Lago Victoria se ve convulsionada en la época del spring break (descanso de primavera) cuando la población se multiplica por 10 y se convierte en un lugar exclusivamente para jóvenes excitados y borrachos. Para el desarrollo de la trama esto ocurre por dos motivos, en primer lugar para no incluir escenas de sexo innecesarias y así mostrar algo de piel, como suele ocurrir en estas películas, porque básicamente desnudos hay por todos lados, y en segundo lugar para que la masacre de las pirañas no se limite a unos pocos y la carnicería incluya a miles.

    A partir de Grindhouse se ha logrado imponer esta recuperación del cine clase B con un estudio y buen presupuesto detrás, convocando a algunas estrellas que sin duda vivieron épocas mejores. Elisabeth Shue, Jerry O’Connell, Ving Rhames y Christopher Lloyd forman parte de un elenco que se embarca en un proyecto que ofrece lo que promete. Cuerpos de adolescentes calientes y mucha sangre es básicamente la propuesta de Alexandre Aja, alejándose de sus películas anteriores que buscaron mantenerse en los parámetros del género. Sin embargo esta película no es comparable con lo realizado por Tarantino o Robert Rodríguez, ya que estos partieron de un estilo en desuso para construir sus proyectos y no al revés. Gracias a que otros allanaron el camino, Piraña puede partir de un planteo simple que aprovecha que no está mal visto el uso de pobrísimos efectos especiales o de mutilaciones varias si no hay mayores pretensiones. Funciona así como entretenimiento que no se toma en serio y que exige al espectador que haga lo mismo, porque al aplicar un ojo crítico se la puede encontrar pésima.

    Cabe la pregunta por el uso del 3D, herramienta que tuvo su explosión en el 2010 acompañando en forma exagerada a una gran cantidad de títulos. Se dio por un lado el uso meramente comercial, con aportes absolutamente nulos, y por otro la utilización justificada del recurso como en Avatar o, más cercana a esta, Jackass 3D. A diferencia de lo ocurrido en el país de origen, en Argentina Piraña tuvo su estreno mucho tiempo después que la de los chicos de Johnny Knoxville, que fueron capaces de sacar gran provecho al 3D generando algunas secuencias geniales. Así el pene flotante que dos de los hambrientos peces se disputan o el vomito directo al espectador divierten, pero al mismo tiempo dejan la sensación de que se podría haber logrado un poco más. Fuera de esto Piraña 3D entretiene e invita al público a sumarse a la diversión, algo que se logra con anteojos puestos y prejuicios de lado.
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  • Soy el número cuatro
    El hecho de que en las principales salas sólo se exhibiera I Am Number Four en castellano me hizo suponer que sin dudas se trataría de una película para niños. Cuando finalmente pude conseguir un cine que la proyectara en idioma original, sólo bastaron algunos minutos para percibir no sólo la forma en que se articula sino también hacia qué público apunta. Un joven, el tercero de nueve que lograron escapar, evade como puede a quienes lo están cazando sin respiro hasta que finalmente es atrapado y asesinado. Acto seguido, a la oscuridad del bosque donde este se ocultaba se contrapone una soleada playa en donde el protagonista (Alex Pettyfer) tiene la oportunidad de mostrar su cuerpo trabajado mientras hace piruetas con una moto de agua. Es que la película juega en un espacio doble cada vez más recurrente, entre los suspiros de adolescentes y una historia de fantasía que los encuadra. A Harry Potter le queda sólo una película, a la saga Crepúsculo también, es entonces la oportunidad de instalar una nueva franquicia que permita seguir explotando esa mina de oro. Esto que desde un principio se presenta como una posibilidad se irá confirmando a medida que transcurra el tiempo y, siempre y cuando funcione en la taquilla, habrá más números que se sumen a la saga.

    El director D.J.Caruso comete el error de desaprovechar a su equipo de guionistas que bien saben de géneros para permitir que Dreamworks pueda introducirse en el mercado juvenil, sector para el que también compró los derechos de Fallen, historia de amor entre ángeles caídos y chicas inmortales. Así Marti Noxon quien escribía sobre vampiros en Buffy y Angel antes de que Stephenie Meyer hiciera lo suyo en Crepúsculo, junto a la dupla de escritores detrás de Smalville, Alfred Gough y Miles Millar, se limitan a desarrollar una historia simple con personajes calcados de cualquier historia para adolescentes cuyo único objetivo parece la recaudación.

    El problema de este tipo de películas es que llegado el momento de privilegiar una de sus partes, terminan optando por el amor adolescente. De esta forma termina convirtiéndose en una película romántica y lo fantástico sólo un fondo para desarrollarla, cuando el planteo original, la sinopsis, pósters, trailers y demás construyen otra idea. La noción que se promueve es que se trata de cine de ciencia ficción en el que, como en muchas historias del género, se puede formar una pareja, aunque lo que importa es el conflicto y el amor es secundario. Así, esta película oscila entre un género y el otro hasta que John confiesa a su protector Henri (Timothy Oliphant) que no puede olvidar a Sarah (Dianna Agron), a lo que este contesta que ellos no aman como los humanos, ya que cuando eligen a alguien este amor es eterno. Y así con una sola frase la historia deja todo tipo de pretensión de lado y se demuestra como lo que es, otra película de amor vampiro, pero con extraterrestres.

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  • Desconocido
    Desconocido
    Cinescondite
    Debo reconocer que no soy un fanático del rumbo que ha tomando en los últimos años la carrera de Liam Neeson, quien devino en héroe apto para cualquier película de acción. Cuando se estrenó Búsqueda Implacable mi razonamiento fue que de haber sido protagonizada por alguna musculosa estrella del cine de los ’80 y principios de los ’90, habría sido lanzada directo en DVD, pero como el papel principal lo obtuvo un actor “serio”, se la consideró equivocadamente de lo mejor del 2008. Con semejante mochila de prejuicios a cuestas es difícil ver una película como Desconocido sin tratar de encontrar el error que confirme que estamos ante una más del montón. Es grata la sorpresa al comprobar que uno se halla frente a un thriller entretenido y cautivador, que no sólo no fracasa como se esperaba sino que sale muy bien parado.

    Tras la llegada a Berlín, Martin Harris y su esposa (January Jones) toman un taxi hasta el hotel en donde él participará de una conferencia médica, sólo para notar que debe volver hasta el aeropuerto porque olvidó su portafolio. El auto que lo lleva de regreso sufre un accidente que lleva al protagonista a un profundo coma de cuatro días. Sin pasaporte o documentos que verifiquen su identidad, el doctor comprobará que ha sido sustituido por otro hombre que afirma ser el verdadero señor Harris. Lo destacable de esta realización es que el protagonista irá conociendo el estado de su situación al mismo tiempo que lo haga el espectador, generando así que los elementos flojos sean aquellas conclusiones sobre aspectos de los que no se había hecho mención alguna. Tanto Harris como quien mira desde afuera entienden que las alternativas son dos en igualdad de condiciones, locura o conspiración, optando por la segunda sólo cuando un intento de asesinato la vuelven evidente. Este tipo de sorpresas favorecen a una trama que se ve empañada cuando se hace referencias a agencias de espías o adelantos tecnológicos cuyas menciones buscan explicar lo sucedido a falta de imágenes que puedan hacerlo.

    En la medida en que la historia se vaya desarrollando será sencillo pensar en que se trata de demasiadas coincidencias, es decir la sustitución de identidad se produce recién a partir de un aleatorio choque automovilístico. Estas ideas quedan clausuradas cuando el detective Jürgen (Bruno Ganz) plantee lo mismo en forma explícita, abriendo la posibilidad de que haya otra explicación con mayor lógica. Así, con una inesperada vuelta de tuerca, la película encuentra su justificación, convirtiendo al accidente en causa y no efecto de lo que ocurre con el protagonista.

    Nuevamente Jaume Collet-Serra logra sorprender con una propuesta diferente, como hiciera en el 2009 con Orphan, redimiéndose por haber realizado House of wax años atrás. Con un buen elenco encabezado por Liam Neeson y Diane Kruger, el realizador se da el lujo de que dos roles secundarios como los de Frank Langella y Bruno Ganz puedan lucirse y tengan su propio duelo como veteranos de guerra, armados sólo con convicciones y palabras. Con algunos interesantes momentos de tensión e infaltables persecuciones a toda velocidad por calles desconocidas, el director toma los pedazos dejados por Búsqueda implacable dos años atrás y rearma una mejor película, con un protagonista que no es una máquina de matar y, principalmente, con un guión detrás.
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  • La casa muda
    La casa muda
    Cinescondite
    Dirigida por Gustavo Hernández, La Casa Muda es una película uruguaya de terror basada en una historia real ocurrida en los años ’40. Laura (Florencia Colucci) y su padre Wilson (Gustavo Alonso) deciden pasar la noche en una casa alejada con el objetivo de acondicionarla para que su dueño Víctor (Abel Tripaldi) la ponga a la venta. El relato se centrará en los últimos 78 minutos en los que Laura buscará salir con vida de aquel lugar que oculta un oscuro secreto.

    ¿Por qué referirnos hoy a una película que ya hace casi dos meses que fue estrenada por toda Latinoamérica? Quizás porque se trata de uno de los filmes más exitosos de la industria del cine de Uruguay, o quizás porque se estrenó por estos días en el Reino Unido y causa sensación como ya hiciera en Cannes. Un trabajo con sólo ambiciones locales se convirtió en la película uruguaya más vista en la Argentina y ya tiene su versión hecha en Hollywood.

    Si La Casa Muda ha despertado un gran interés a nivel mundial -su remake norteamericana ya fue estrenada en el American Film Market- se debe a la gran cantidad de riesgos que los realizadores han tomado. Además del hecho de pertenecer a un género que no tiene demasiado vuelo en la región, se trata de la segunda película del mundo realizada enteramente con una cámara fotográfica y la primera de terror narrada en un único plano secuencia. Con la premisa de generar miedo real en tiempo real, tras una breve introducción comienza esta exploración por el terror psicológico que logra destacarse dentro de un género abarrotado de propuestas sin ideas.

    Tanto Pedro Luque, quien hace un gran trabajo como director de fotografía, como Gustavo Hernández comprenden que la falta de recursos no implica necesariamente pobreza en el resultado. A base de espacios oscuros, musicalización minimalista y apropiados fuera de campo logran sacar el mayor provecho posible de cada elemento disponible y construyen un efectivo relato cargado de tensión, la cual logran mantener hasta el final. Es fundamental también el trabajo de Florencia Colucci, sobre la que básicamente se sostiene la historia, quien resulta convincente en un papel jugado cuyo principal desafío era el de sostener una actuación en forma continua durante 78 minutos.

    El principal problema que se presenta, el cual termina por perjudicar toda la realización, se encuentra en la necesidad de explicar lo ocurrido. En un punto de la secuencia Laura está frente a la cámara y a través del marco de la puerta se ve que al otro lado de la habitación hay un hombre inmóvil que la observa. Como en The Strangers (Los extraños), el espectador gracias a un plano abierto sabe de la presencia de alguien más, es una visión que la protagonista no tiene por estar de espaldas. Así como ocurre con esta, que el efecto está en no saber por qué se produce el ensañamiento con los dueños del hogar, La Casa Muda funciona perfectamente hasta que se decide a justificar los acontecimientos.

    La película se resuelve así mediante una vuelta de tuerca que conduce a un final inesperado, inentendible y mentiroso. Inesperado porque constituye toda una sorpresa, que en este caso no es buena; inentendible porque lejos de satisfacer sólo empaña lo desarrollado; y mentiroso porque no se trata de un giro probable, es decir de una posibilidad latente, sino de un engaño a lo largo de todo el filme el cual se espera que cuadre porque así lo dicen.

    En la ópera prima de Gustavo Hernández el innovador lenguaje narrativo termina por imponerse a lo estrictamente narrado, lo cual no implica que no se esté en presencia de un trabajo digno. Si bien el desenlace es crucial para cualquier historia y en este caso termina restando, la película no deja de ser un experimento interesante de ver, especialmente durante su primera mitad en la que sus puntos a favor están en su máxima expresión.
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  • Plan B
    Plan B
    Cinescondite
    Tras haberse estrenado en el Bafici 2009 y pasar por la programación del Malba en julio de 2010, llega a la cartelera argentina Plan B, la ópera prima de Marco Berger. La película, muy bien recibida en todas las instancias y festivales en que se presentó, cuenta un extraño triángulo amoroso que se produce cuando Bruno se entera que Laura, su ex, formó una nueva pareja con Pablo. Sabiendo que no va a volver a estar con ella de forma tradicional, Bruno ejecuta su venganza acercándose al novio para seducirlo y así poder recuperarla. El director encara con un enfoque íntimo y personal el tema de la homosexualidad, tópico al que vuelve en su nueva realización, Ausente, la cual recientemente se hizo con el Premio Teddy en la Berlinale, el galardón más importante para films de temática gay.

    A pesar de la falta de sinceridad de uno, el acercamiento entre ambos personajes, muy bien llevados por Manuel Vignau y Lucas Ferraro, es honesto y creíble, una amistad de preadolescentes que de a poco va creciendo. Ellos son la historia y es la química entre ambos la que permite que la película sea tal y pueda durar una hora y media. Es lo “limitado” de la propuesta lo que hace que por momentos se estacione, fundamentalmente hacia la mitad, y pierda un poco de la fuerza inicial. La gran cantidad de diálogos o planos de edificios para cortar de una escena a otra terminan por lentificar aquello que empieza con velocidad insertando el conflicto en sus primeros minutos. Más allá de este aspecto, las actuaciones junto a un buen trabajo de guión y dirección, así como el final perfecto, permiten que Marco Berger exponga un bromance en forma original, sin los clichés que suelen surgir al abordar la homosexualidad masculina, y que de a poco adquiera el componente sexual que disuelve esa amistad entre hombres para que de paso a algo más.
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