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Imagen del crítico Julieta Paladino
Julieta Paladino
  • Cantidad de críticas: 25
  • Promedio: 68%
  • Críticas favorables: 20/25 (80%)
  • Críticas desfavorables: 5/25 (20%)
  • Diferencia absoluta: 9%
  • Email de contacto: No disponible
  • Twitter: @mirellablu
  • Medio donde critica: Fancinema
  • Shame: sin reservas
    Sexópata americano

    La soledad, la incomunicación, la rutina, el éxito económico, el vacío espiritual, la vergüenza o la carencia de esta. Todo esto nos muestra Shame: sin reservas, la última película del joven guionista y director Steve McQueen, que no debe ser confundido con el famoso actor del mismo nombre. Dicho realizador, nos trae una obra muy crítica con respecto a la sociedad actual y a la supuesta búsqueda de éxito personal profesional, que no es nada menos que un camino mecánico de días de trabajo y soledad espiritual.

    Desde un comienzo, el film parece remitirnos a la famosa Psicópata americano, en la cual se nos mostraba un paisaje parecido: el microcosmos perfecto de un hombre de negocios con extremos cuidados hacia su propio aspecto exterior y adicto al sexo. La diferencia la hallamos en el tono más realista y dramático del film de McQueen: el protagonista no aparece estereotipado, es un ser real que trata de omitir su emocionalidad. Pero, al igual que el otro personaje, tiene un problema de índole sexual, aunque en este caso no se trata de un psicópata asesino.

    Brandon, nuestro protagonista interpretado por Michael Fassbender, es un gran consumidor de pornografía y de sexo pago, de hecho prácticamente no puede relacionarse sexualmente con una persona con la que pueda haber sentimientos implicados. Toda mujer entra a su mundo como una mercancía o una mera conquista casual que no volverá a ver.

    Su rutina laboral y sexual se verá trastornada por la aparición de su hermana Sissy (interpretada por Carey Mulligan), una muchacha que posee también un conflicto de índole sexual, pero prácticamente opuesto al del hermano: se enamora perdidamente del primer hombre que se cruza por su camino. Este personaje será el detonante de la historia y ambos hermanos aparecerán contrapuestos: una con sus emociones constantemente a flor de piel y el otro silenciando todos sus sentimientos.

    Se trata de una película muy dramática, que no se ahorra detalles que hagan al realismo de los hechos retratados. Desde su comienzo nos introduce en el clima de una New York casi solitaria, vacía, al compás de diversas piezas de Bach. Estos tonos grises, los silencios, intercalados con los hechos relatados, las salidas nocturnas del protagonista, sus revolcones, mantendrán la atención del espectador a lo largo de film. Este mundo de apariencias no dejará de mostrar a cada paso de Brandon una búsqueda de satisfacer cierta angustia, que es quizás consecuencia de años de omisión de los propios sentimientos.
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  • La sal de la vida
    Rendido ante las mujeres

    Gianni e le donne no es nada más ni nada menos que lo que su propio título indica, cuya traducción literal sería “Gianni y sus mujeres”. Veremos, en dicha película, la historia de Gianni, un jubilado que supera los 60 años, en plena crisis por el paso de los años, que vive rodeado de mujeres con quienes no logra comunicarse y ya casi ni siquiera vincularse: la anciana madre absorbente que está derrochando cada centavo que le queda, la joven y moderna hija que vive de fiesta en fiesta y siempre discutiendo con su novio, la esposa ausente que sostiene económicamente la familia, las mujeres de su pasado y las potenciales jóvenes amantes que ve cada día en las calles de Roma.

    Gianni es un espectador del mundo femenino que existe fuera de su vida, un mundo al que, desde ya hace mucho tiempo, no logra acceder. Es un personaje por momentos extremadamente pasivo, sin carácter, que obedece a toda orden femenina reprimiendo en su interior no tanto el deseo de rebelarse, sino poder recuperar el tiempo perdido, hacer uso de la poca “hombría” que el paso de los años le dejó, conseguir una amante y sentirse nuevamente joven.

    Gianni di Gregorio se ha popularizado por sus trabajos como guionista, particularmente por el film Gomorra, célebre a nivel internacional por denunciar la corrupción de la mafia italiana. Pero las dos películas dirigidas escritas y protagonizadas por él tienen temáticas muy diferentes a sus trabajos anteriores: ambas son autobiográficas y hablan de sus conflictos familiares y personales.

    En esta última producción del director italiano, el guión no posee gran vuelo y el desarrollo mismo de la historia está caracterizado por una inercia símil a la actitud que tiene el protagonista frente al mundo circunstante. De hecho, en ningún momento llegará a tener conflictos directos con las mujeres de su vida, sino con el lugar que el transcurso del tiempo lo llevó a ocupar frente a ellas: de protagonista de una vida propia pasó a ser espectador de las existencias ajenas.

    Se trataría, en fin de cuentas, de una comedia dramática sobre la crisis del hombre de una cierta edad. Pero esta problemática aparece abordada desde un punto de vista demasiado simplista, sin profundizar demasiado la reflexión sobre el tema. Esta liviandad en el abordaje de la crisis tampoco es suficiente como para convertirla en una buena comedia. Si, según lo qué indicaría el nombre latinoamericano del film (La sal de la vida), las mujeres serían dicha sal, uno podría preguntarse cuál es la sal de esta película, porque llegado el final terminamos con sabor a nada en la boca.
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  • La dama de negro
    El pueblito de los fantasmas

    Nuestro archiconocido Daniel Radcliffe, quien llegó a la fama gracias a la saga Harry Potter, vuelve a la pantalla grande para interpretar un papel protagónico más adulto dentro de un film de suspenso y terror de producción inglesa e íntegramente rodado en dicho país.

    Se trata de la segunda película dirigida por James Watkins, remake de una película de 1989, basada en el éxito homónimo de la escritora inglesa de best sellers Susan Hills. La dama de negro es una historia ambientada en la Inglaterra rural de principios de 1900, en un pequeño pueblito donde ocurren muertes misteriosas rodeadas de eventos sobrenaturales. Se destaca justamente la ambientación en estilo victoriano, además de la presencia de vestuario y juguetes a cuerda de la época que colaboran en crear atmósferas tétricas ideales para un mayor suspenso en la audiencia.

    La actuación del joven Radcliffe está bastante bien, aunque a lo largo del guión no lo vemos envuelto en momentos de gran dramatismo que requieran mucho despliegue actoral. De hecho, por momentos su personaje hace un poquito de ruido, al aceptar las muertes y los fenómenos que lo rodean de una manera bastante natural. En pocos momentos podemos verlo consternado o asustado y, durante la mayor parte del film, lo vemos casi corriendo detrás del peligro y de las apariciones fantasmales.

    Las demás actuaciones, en particular las de los pueblerinos, por momentos se ven un poco forzadas y sobreactuadas. Efectivamente, el desarrollo de todo el guión es bastante obvio, sin grandes sorpresas a lo largo de la historia y, por momentos, nos van quedando cabos sueltos e incongruencias, como que un cuerpo de alguien fallecido en un pantano hace años haya permanecido prácticamente intacto.

    Habría que ver si en la novela original había tantos elementos fuera de lugar. En este caso el guión fue adaptado por la pelirroja Jane Goldman, popular en nuestro continente por una serie de documentales sobre fenómenos ocultos y misteriosos, que fue emitida hace unos años por el canal Infinito.

    Sin embargo, parece que lo que no invirtieron en guión y actuaciones secundarias sí lo invirtieron en arte, efectos visuales (muy del estilo de La llamada) y la banda sonora, que estuvo a cargo del famoso compositor Marco Beltrami, quien cuenta en su haber con las músicas originales de 77 películas, todas de acción, suspenso y terror, entre las que se destacan la secuela de Scream, Terminator 3, Blade, Resident Evil y muchas otras.

    En pocas palabras, se trata de una película más que no pasará a la historia del séptimo arte ni por éxito comercial ni por mérito cinematográfico, pero que logrará mantener alerta, y por momentos alterados a los espectadores.
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  • Selkirk, el verdadero Robinson Crusoe
    ¡Una de piratas!

    Basada en la verdadera historia de Alexander Selkirk, un marinero escocés que fue abandonado por más de 4 años en una isla desierta y logró sobrevivir e inspirar a Daniel Defoe para su Robinson Crusoe, llega esta hermosa película para pequeños y grandes, de la mano del experto en stop-motion Walter Tournier. Utilizando la misma técnica de animación que ya hemos visto en el clásico Wallace y Gromit o en las populares El extraño mundo de Jack y El cadáver de la novia, y con la inclusión de fondos y efectos especiales en 3D, realizados en Santiago de Chile por la productora Cineanimadores. En cambio, toda la construcción y el rodaje con los “muñecos” fue llevada a cabo en los estudios Tournier Animation de Montevideo, mientras que las voces y la música original fueron realizadas en la Argentina por Maíz Producciones. El resultado es una maravillosa coproducción sudamericana muy bien lograda tanto visual como argumentalmente.

    A su vez, los personajes poseen también gran atractivo y, con sus constantes torpezas y chistes inocentes, logran mantener atentos los espectadores de todas las edades. Lo interesante de la historia es que no tiene la típica resolución esperada, donde el protagonista es también un héroe intachable. Por el contrario, Selkirk es alguien cuyos defectos lo llevarán por el mal camino y a quedar aislado del mundo y su evolución como personaje se dará en un cambio de percepción frente a la vida y a la importancia de la amistad frente a los bienes materiales. Además, su abandono en la isla lo obligará a tratar de sobrevivir con los pocos medios que tiene a disposición, dando una idea bastante realista de lo difícil que es estar en un lugar inhóspito, alejado de las comodidades de la civilización: un panorama bastante distante de los bienestares contemporáneas e interesante de ver.

    Como toda película de animación, es el resultado de un gran esfuerzo, aunque en este caso quizás mayor, tanto por la técnica usada (que llevó dos años de rodaje) como por la dificultad para conseguir fondos para realizarla, fue necesaria una fina red de financiadores y de colaboración entre países para poder llevarla a cabo y esto fue posible gracias al trabajo de producción ejecutiva de Esteban Schroeder, quien trabaja desde hace años con Tournier.

    Es realmente emocionante poder ver un trabajo tan bueno en animación realizado en estos pagos del sur y en conjunto entre varios países. Y no hay mejor forma de evaluar los resultados de dicha película que presenciando la salida del cine luego de la función: ¡los niños cantaban las canciones de los piratas y hablaban con sus padres de escenas preferidas!
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  • La chica del dragón tatuado
    La vengadora tatuada

    Con un título que deja mucho que desear, llega, de la mano de David Fincher, una nueva adaptación del primer tomo de la trilogía Millenium del escritor y periodista sueco Stieg Larsson. Dicho autor, fallecido en 2004, no tuvo la suerte de ver publicadas sus obras y mucho menos de imaginar que llegarían a la pantalla grande, primero en su versión sueca y ahora en la remake norteamericana.

    En esta primera parte de este policial negro, se nos presentan de manera paralela las historias de los dos protagonistas de toda la saga: el periodista e investigador Mikael Blomkvist (interpretado por Daniel Craig), y la andrógina, gótica y dark investigadora y hacker Lisbeth Salander (Rooney Mara). Dichos personajes se mueven en una Suecia perturbada, donde la corrupción y la violencia están a la orden del día.

    En sus 158 minutos de duración, La chica del dragón tatuado no le dará un respiro al espectador, tanto por la complejidad del caso policial a resolver y por la cantidad de detalles y nombres, como por situaciones inesperadas que irrumpen en la historia, por momentos de gran violencia, en varios casos de tipo sexual, no aptos para personas impresionables. Dichos efectos en el espectador son directa consecuencia del gran realismo con el cual Fincher envuelve toda la película. A esto se le suma la presencia constante de escenarios lúgubres, espacios oscuros, paisajes gélidos de Suecia, casas abandonadas: fórmula perfecta para ambientar un policial, como ya había hecho en sus anteriores obras maestras El club de la pelea y Pecados capitales.

    Las actuaciones también merecen una mención especial, particularmente la de Rooney Mara, quien nos tenía acostumbrados a personajes de poca complejidad y con características no tan fuertes como el de Lisbeth. El trabajo de esta muchacha es realmente excelente. A eso se le suma la dificultad del papel, al tener que interpretar escenas de violencia tan explícita, inclusive una violación. Es también muy buena la actuación de Daniel Craig aunque, inevitablemente, el foco de atención recae sobre esta heroína postmoderna, víctima directa de la sociedad enferma en la cual le tocó nacer: un mundo lleno de “hombres que odian a las mujeres” (título original de la novela sueca), asesinos seriales, violadores, estafadores.

    En fin, se trata de una buena película que despierta el interés del público tanto para salir corriendo a la librería a comprar el libro, como para esperar con ansiedad un siguiente capítulo de dicha historia.
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  • Los Muppets
    Los Muppets
    Fancinema
    Muñecos para todos, chistes para entendidos

    Han transcurrido ya 33 años desde que el mundo conoció en el cine por primera vez a los maravillosos personajes del titiritero Jim Henson, enamorando generaciones de niños y adultos. Por lo cual, son grandes tanto las expectativas como el temor de no ver nada nuevo bajo el sol en la última película de los queridos Muppets, cuyos derechos fueron adquiridos por Disney en el 2004.

    Una vez más, solitaria en mi butaca, rodeada de niños, adolescentes, algún padre y abuelos, me preparo para el show preguntándome si lo que estoy a punto de presenciar será fiel al nivel de comicidad de las pelis anteriores, si estos nuevos chistes irán dirigidos a la generación que me rodea o a un público ahora adulto y si ellos lograrán “enamorarse” de estos muñecos como tantos otros niños en el pasado.

    Pero antes de comenzar a contestar a estas preguntas, llegarán para deleitarnos los personajes de Toy Story en un pequeño cortometraje ambientado en un local de comida rápida que, por sí solo, vale el precio de la entrada al cine. Prefiero no adelantar nada más para que lo disfruten en plenitud. Ahora sí, con la estética del súper 8, comienza una introducción a los nuevos personajes de este nuevo episodio de la secuela. Se trata de la síntesis de vida de dos hermanos Gary (Jason Segel) y Walter, humano y muñeco respectivamente, ambos fanáticos de los Muppets y que viven en un pueblito casi perfecto a lo Truman show.

    La historia en sí será muy simple, estos personajes junto a Mary (Amy Adams), la novia de Gary, decidirán reunir una vez más al elenco de muñecos para salvar el viejo teatro, que está a punto de caer en las manos de un villano multimillonario. Pero, en esta trama sencilla, se irán intercalando anécdotas de los antiguos personajes, actores famosos cubriendo los roles más inverosímiles, reinterpretaciones de canciones o situaciones de películas anteriores y demás chistes que sólo pueden ser entendidos por los antiguos espectadores de los Muppets, todo esto acompañado por una banda sonora que incluye varios clásicos memorables del rock y pop de los 80’. Este combo vendrá acompañado también de los clásicos chistes inocentes, de las canciones y coreografías de los musicales de Disney, así como también a constantes alusiones al cine dentro del cine mismo en tono irónico.

    En resumidas cuentas, se trata de un divertido nuevo film de nuestros queridos muñecos, que logra ciertamente superar la mediocre película anterior The Muppets’ Wizard of Oz, pero que ciertamente le debe muchos de sus chistes a las múltiples referencias a los éxitos anteriores. De todos modos vale la pena verla, porque les sacará más de una sonrisa.
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  • Canciones de amor
    Cantando las emociones

    Canciones de amor, como su nombre nos anticipa, es una película musical del director y guionista francés Christophe Honoré que llega a nuestro país cuatro años después de su estreno mundial. Pero, contra toda expectativa, no se trata del típico musical con cantantes y bailarines profesionales, sino de una película en la cual los actores en determinados momentos se ponen a cantar sus emociones, obviamente con un fondo instrumental acompañando, y lo hacen de una manera casi natural: con voces simples y sin demasiada técnica vocal, sumándoles coreografías que casi cualquier mortal sin estudios de danza podría hacer. Para darle aún mayor cotidianeidad a dichas secuencias, las canciones se entremezclan con los ruidos de los autos y de la ciudad circunstante.

    Este último será un elemento significativo a lo largo de la historia, ya que se sitúa en una París que difiere de la visión del turista a la que nos tienen acostumbrados muchas películas, con recorridos por lugares famosos y monumentos. En este caso, llega a nuestros ojos su vida urbana en uno de sus barrios, las personas que lo habitan y trabajan allí.

    Como hemos anticipado, la historia que se cuenta contiene una cierta cotidianeidad, dada por el modo en que es narrada, a pesar de centrarse en una relación poco habitual entre dos mujeres y un hombre, que comparten techo y cama. Los vínculos son mostrados con una gran apertura, sin emitir demasiados juicios sobre estos, evitando estereotipar tanto personajes como situaciones. Hasta el día a día contiene elementos insólitos que irrumpen en las rutinas, como las imitaciones de estados de ánimo que hace Ismaël (Louis Garrel) durante un almuerzo con la familia de su novia Julie (Ludivine Sagnier).

    Cabe mencionar además que el film rinde homenaje al movimiento cinematográfico francés Nouvelle Vague mediante la utilización de carteles que interactúan con los pensamientos de los personajes y, además, con la inclusión de imágenes de algunas de estas películas, como los famosos Champs Elysee de París en la cual la actriz Jean Seberg vendía el diario New York Herald Tribune en la película de Jean Luc Godard Sin aliento.

    En fin, con Canciones de amor estamos ante una película romántica pero que se sale de lo habitual, a partir de más de una vuelta de tuerca inesperada en el desarrollo de la historia. Las actuaciones son también muy buenas y no debe dejarse de lado la presencia de la cantante y actriz Chiara Mastroianni, hija de los grandes Marcello Mastroianni y Catherine Deneuve. Realmente valió la pena esperar unos años para poder verla estrenada en los cines argentinos, aunque esperamos que las próximas películas de Honoré tarden menos.
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  • Pina
    Pina
    Fancinema
    La danza de la vida

    Desde hace años se ha vuelto algo habitual la rutina de ir al cine para simplemente pasar el rato y, en tiempos donde cada día la tecnología hogareña está barriendo el público de las grandes salas, uno ya no espera salir del cine sorprendido por haber visto algo nuevo o innovador. Lejos quedaron aquellos años en los que la gente se alejaba de la pantalla por películas como la Llegada del tren a la ciudad de los hermanos Lumière. En poco más de un siglo la percepción visual humana se ha visto modificada a pasos agigantados a medida que evolucionaba la industria cinematográfica, y hoy prácticamente nos hallamos en una sociedad netamente visual y mediatizada. En un contexto donde ya nadie se sorprende por nada, parece casi imposible poder afirmar, contrariamente a lo que dice el proverbio, que sí hay algo nuevo bajo el sol y este es el caso de la última película del reconocido director alemán Win Wenders.

    El primer elemento innovador en Pina, al que también nos estamos acostumbrando en los últimos tiempos, es la utilización del cine 3D. Pero en este caso lo sorprendente es su aplicación al documental, un género en el cual, hasta dónde tengo entendido, nadie había incursionado en esta técnica. Gracias a esta elección estética nos hallamos con la segunda gran sorpresa: que una obra de tal belleza estética, simbólica y artística llegue a las salas comerciales. Pareciera que la premisa hubiera sido “si quierés llevarle el arte a las masas, hazlo en 3D”. Y realmente funcionó.

    A pesar de todas estas novedades, realmente el mayor atractivo de esta película de casi dos horas es brindarle al espectador la posibilidad única de sumergirse totalmente en múltiples estímulos visuales y musicales: las texturas, los cuerpos, sus respiraciones, cada mínimo gesto se siente vivo. Además de un trabajo de fotografía increíble y unas locaciones que parecen casi surreales y que, con los contrastes en el ritmo del montaje, logran mantener alta la atención del público.

    De hecho, al final del documental, cuando ya estaban pasando los títulos y el personal de la sala a la que concurrí había prendido la luz, la gente seguía petrificada en sus asientos, leyendo los títulos y tratando de asimilar la magnitud de lo que acababan de ver. Es que son tantos los estímulos que brinda: por un lado la belleza de la composición artística del propio Wenders y, por otro, el maravilloso legado de la bailarina y coreógrafa Pina Bausch, seguramente una de las personas que en este mundo fue capaz de expresar más con el cuerpo que cualquier otra.

    No hay palabras que alcancen para expresar lo que el lenguaje del cuerpo y el de la imagen logran en esta película. La mezcla de emociones y sensaciones es realmente grande y uno puede quizás salir del cine sintiendo que acaba de ver un nuevo comienzo dentro de la expresión artística, y quizás hasta un film que marcará un hito en la historia del cine.
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  • No le temas a la oscuridad
    El cuco aparece cuando todo está oscuro

    Nos encontramos nuevamente frente a una readaptación de un clásico del cine de terror esta vez de la mano del mexicano Guillermo del Toro, quien se encargó de su producción y de su guión junto a Matthew Robbins y a Nigel McKeand, guionista de la película original. Efectivamente, se trata de una historia basada en el film televisivo homónimo del año 1973 que, en su momento, fue un éxito que impresionó a tantos espectadores.

    En esta oportunidad, la historia es narrada desde la perspectiva de la pequeña Sally (Bailee Madison) quien es enviada por su madre a vivir con el padre de la pequeña (Guy Pearce) a otra ciudad. Este es un arquitecto y decorador de interiores que junto a su joven novia (interpretada por Katie Holmes) está llevando a cabo las tareas de reciclado de una enorme mansión que habría pertenecido a un artista muy famoso en el 1800 desaparecido junto a su hijo de manera misteriosa. Será en este escenario lúgubre y gótico, con un jardín intrincado, esculturas talladas en madera y lugares oscuros, que se desarrollará la historia de Sally, quien comenzará a oír voces y recibir visitas nocturnas de extraños seres que habitan en el sótano de la casa.

    Se hará evidente, tanto en la historia narrada desde lo que le acontece a la niña como en los escenarios misteriosos muy bien ambientados, la mano de Guillermo del Toro que, a pesar de no haberse encargado de la dirección de la misma (ya que estuvo a cargo del casi desconocido Troy Nixey) dejó su fuerte huella en el filme.

    Antes de dar comienzo a la historia de Sally, la película se abre con una escena ambientada en el 1800 en la cual ya se nos presenta un hombre asesinando y entregando cuerpos por la chimenea del sótano a unos seres que aún no logramos ver. Por culpa de dicha escena el resto de la película será totalmente predecible, ya podremos presuponer el resto de los acontecimientos que llevarán a la pequeña a acercarse a esos seres del sótano. No obstante, la música y la ambientación lograrán sumergir el espectador en una constante atmósfera de tensión y suspenso que se mantendrá a lo largo de la cinta. Es que el elemento terrorífico que se pone en juego en No le temas a la oscuridad está relacionado con miedos universales, propios de la infancia de cada individuo: el peligro no viene desde afuera, sino desde el interior de la casa, de lo familiar, de ese lugar que debería ser un refugio y no un potencial peligro. Efectivamente, son varios los elementos que hasta podrían recordarnos los cuentos de hadas: la presencia de un lugar dentro de la casa (en este caso el sótano) en el cual es mejor no entrar como la habitación prohibida en el cuento de Barba azul, o la popular historia de los dientes debajo de la almohada que al día siguiente serán reemplazados por monedas.

    Probablemente sean los dientes y la pérdida forzada lo que colabora en impresionar al espectador desde el comienzo de la película.

    Gracias a los mencionados elementos el filme logrará mantener atento el espectador, pero la historia no poseerá ningún giro inesperado y hasta los monstruos serán mostrados cerca de la mitad de la película,
    eliminando toda posible sorpresa en el resto de la cinta, que se mantendrá en pie sólo gracias a situaciones de suspenso creadas casi de manera forzada, ya que el accionar de los personajes será totalmente predecible y estos cometerán errores esperables como si buscaran los problemas en vez de huir de estos. Me llama la atención que del Toro en una entrevista manifestó haber tardado 16 años en readaptar este guión, probablemente se deba a sus tantos proyectos durante estos años y no ciertamente a la complejidad del mismo.
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  • Agua para elefantes
    Elefante de pantalla chica

    La última película de Francis Lawrence es uno de esos filmes de los que no hay demasiado para decir, por los cuales uno debe exprimir sus propias ideas para evitar reiterar una y otra vez esa serie de frases ya casi esquemáticas que se esgrimen frente a guiones tan predecibles como éste.

    La historia se abre con un comienzo muy parecido al de Titanic de James Cameron: su anciano protagonista, al mirar una foto antigua, comienza a relatar su pasado en un larguísimo flashback. Nos presentará así lo que le sucedió en su juventud, cuando, instantes antes de rendir su último examen de la carrera de veterinario, le avisaron que sus padres habían muerto y que lo había perdido todo. Sin casa, trabajo, familia ni título, no encontrará mejor opción que subirse como polizón a un tren que resultará ser de un circo. En pocos días terminará trabajando al cuidado de los animales de dicho circo, a la vez que se despertará su amor por Marlena (Reese Whitherspoon), la esposa del cruel director (Christoph Waltz). El romance se verá acrecentado con la llegada de la elefante Rosie, nexo entre estos dos personajes, y por los ataques de ira de August hacia los animales. Sin embargo, la puesta en pantalla de este amor no alcanzará demasiado vuelo, y daría la impresión de que entre la pareja protagónica no existe una química digna de fuegos artificiales.

    La historia está situada en los Estados Unidos de la época de la Gran Depresión, bajo las consecuencias de las prohibiciones de la Ley Seca. Pero el brillo y los lujos de August, el director del circo, contrastarán de manera significativa con la real pobreza que existía en esos años y que su circo estaba sufriendo, sobre todo considerando que casi todos los días tiraba empleados del tren en movimiento por problemas económicos. Es evidente que se priorizó una estética excesivamente minuciosa y sobrecargada que impacte en el espectador, en lugar de buscar mayor verosimilitud. Pero esto no es suficiente porque, a pesar de tanto desfile de atracciones, brillos y colores, la historia no llegará a causar demasiado impacto. Probablemente no hayan sido trabajados de la mejor manera los momentos emotivos de la película: el romance o la muerte de personajes de cierta relevancia pasan casi desapercibidos, sin mucha emoción.

    Por otra parte, uno de los elementos más significativos a lo largo del film es el amor hacia los animales por parte de los protagonistas y la crítica al maltrato que sufrían en los circos tradicionales. Cabe destacar que la película es la fiel adaptación de la exitosa novela homónima de la escritora canadiense Sara Gruen, una amante de los animales a los que da, en todas sus obras, roles muy significativos en sus relaciones con los personajes. De hecho, participa con frecuencia de campañas de apoyo a asociaciones de defensa y ayuda a los animales maltratados.

    A pesar del mensaje animalista, de contar con un destacado elenco y una buena producción, la película de Lawrence, director de Constantine y Soy leyenda, resulta algo decepcionante considerando el gran éxito de la novela de Gruen. De hecho, es un film digno de ser estrenado en televisión pero no en la pantalla grande, para ser vista una aburrida tarde de domingo y no ser recordada por mucho tiempo.
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  • La chica de la capa roja
    Chau caperucita!

    ¿Qué tipo de expectativas podemos tener al ir al cine a ver una película dirigida por Catherine Hardwicke, ya casi una experta en cine adolescente fantástico?

    Ahí vamos: sala llena de niños (a pesar de ser una versión subtitulada) con sus respectivos baldes de pochochos y gaseosas, acompañados por sus padres, todos atacando el maíz inflado como si no comieran desde hace días. La mitad de la sala obviamente no supera los 16 años. Comienza la peli con unos paisajes maravillosos, bosques dignos de cualquier caperucita roja europea, a pesar de haber sido rodados en Canadá. Y luego la historia, tan antigua y familiar para todos: una joven y hermosa muchacha tentada por los encantos de un joven apuesto y todos los peligros que él encarna, la presencia de un hombre lobo que acecha el pueblo y la sospecha de que el joven apuesto sea en realidad el lobo a quien temer.

    Entramos al cine y ya sabemos qué es lo que vamos a ver, que no nos vamos a asustar (de lo contrario no habría sido protagonizada por la inocente Amanda Seyfried y no hubiera sido publicitada hasta en los juegos más infantiles del facebook) y que la historia podrá tener un final relativamente feliz y esperado. El guión, por supuesto, es bastante monótono y lineal, las actuaciones no son demasiado brillantes y el elenco fue evidentemente elegido para el deleite adolescente femenino que amará sentirse identificado con la protagonista y su amor en pugna entre dos muchachos apuestos: el pobre, a quien ama, y el rico, que es tan lindo y caballero que daría lástima que se quede solo.

    Quienes recuerden y hayan amado versiones más crudas y de suspenso de esta fábula saldrán bastante indignados y algo empalagados. Lo que ciertamente queda claro en esta película es la habilidad de su directora para convertir seres temibles y oscuros de la tradición popular europea en versiones deseables y edulcoradas sin siquiera una gota de suspenso, y con unos efectos que ni siquiera se ven demasiado creíbles. Lo peor es que sus hijas saldrán del cine buscando lobos urbanos dispuestos a conquistarlas y que sean tan perfectos como Max Irons o Shiloh Fernandez. ¡Nuestras abuelas y tantos años de esfuerzo, para prevenir a las muchachas, tirados a la basura por una película!

    Dejando de lado los chistes, veamos si logramos ser un poquitos generosos con La chica de la capa roja y señalemos algunas buenas cualidades que pueda poseer: buenos paisajes, obviamente un buen trabajo de arte (salvo por los efectos y hombres lobos que se veían un poquito artificiales), un par de caras bonitas y no mucho más. Algo que realmente me indigna es que porque se trate de una película dirigida a un público juvenil, sea tan insulsa y poco innovadora. Parece que Hardwicke se está dedicando a destruir monstruos tradicionales ¿qué sigue ahora? ¿La versión naif de Frankenstein? ¿O un grupo de zombies apuestos intentando conquistar a otra Amanda Seyfried?
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  • Biutiful
    Biutiful
    Fancinema
    Mirando más allá la realidad no será tan hermosa como parece:

    Ya estamos acostumbrados a que los Films del director Alejandro González Iñárritu no puedan ser vistos sin dejarnos una sensación de amargura y de angustia en la boca, con sus fuertes críticas sociales y sus reflexiones sobre la existencia. Su última película no podía ser menos. Biutiful, nominada a dos premios Oscar como mejor película extranjera y mejor actor masculino (por Javier Bardem), nos presenta una historia en la que abundan estos elementos.

    Varios ejes e historias la componen y encuentran un nexo común en Uxbal, el protagonista interpretado por Javier Bardem. Éste será la conexión entre diferentes etnias presentes en la Barcelona de hoy: los chinos que elaboran la materia prima, los africanos que venden esos productos ilegalmente en las calles y la policía española que acepta coimas para mirar hacia otro lado y permitir que todo este circuito funcione. Se trata de un sistema de coexistencia que ya es habitual en todas las ciudades de Europa, dónde muchos inmigrantes no hallan manera de sobrevivir sin ser explotados por el país que los aloja o por sus compatriotas. Y si siguen permaneciendo en ese círculo vicioso es porque se trata de la única posibilidad de trabajo que el mundo les dio. Es una dramática realidad que inunda las calles del viejo continente y que la podemos encontrar de manera similar en nuestro país, dónde los pueblos originarios o los inmigrantes de países limítrofes son explotados laboralmente y obligados a vivir en condiciones terribles. La segunda gran conexión que establecerá Uxbal en Biutiful será entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Esto se debe a su capacidad de ver las almas en pena y de ayudarlas a partir hacia el más allá.

    Además de cumplir estas funciones, el protagonista será antes que nada un padre dedicado, preocupado de sobremanera por sus dos niños ante la ausencia de una madre alcohólica y adicta, cuya función materna deberá ser también desempeñada por él.

    Lo que potenciará la tensión de este contexto dramático que se nos presenta, será la noticia de una enfermedad terminal padecida por Uxbal. A partir de este momento, deberá convivir con la conciencia de una muerte inminente y su imposibilidad de seguir cumpliendo con su paternidad. Este gran conflicto existencial será encarnado de manera increíble por Bardem. En una entrevista en el Festival Internacional de Cine de Morelia, manifestó lo siguiente con respecto a su trabajo para el rol de Uxbal: “Creo que me fui hacia la médula de alguien que no puede escapar a enfrentarse a sí mismo; la muerte lo pone ahí. Los personajes que enfrentan la muerte tienen otro tipo de contradicciones mucho más importantes que los que simplemente van por ahí en la vida, porque hay que rebobinar y ponen a pensar cuál es el legado que dejan. Mi viaje, como el de todo el equipo, fue mantenernos fidedignos a la idea del legado de la película, que es, a mi juicio, la compasión”.

    Biutiful es un film duro de crítica social pero sobre todo una gran reflexión sobre el amor, la vida, la muerte y si existe una mejor manera de partir de éste mundo, sin dejar cosas pendientes. Con un destacado trabajo de fotografía, por momentos nos asfixia con planos cerrados y cámara en mano en algunos momentos angustiantes o de relativa acción, para luego darnos algunos instantes de alivio con planos abiertos de cielos y aves volando o del atardecer en Barcelona. Todo esto acompañado por un meticuloso trabajo de sonido, donde predomina la utilización de una música que establece cierto contraste con las situaciones que estamos viendo, probablemente para incrementar la sensación de incomodidad del espectador frente a la pantalla. Los efectos sonoros irán de la mano con la música original compuesta por músico argentino Gustavo Santaolalla.

    En fin, por todo lo anterior, se trata de una película que no hay que dejar de ver. Quizás la siguiente afirmación del propio Iñárritu sea algo presuntuosa pero sintetiza el fin que se propuso a través de esta historia de denuncia: “Hace 60 años Buñuel rodó Los olvidados; ahora me tocó a mi ir a Barcelona a filmar a los olvidados: los indocumentados e inmigrantes”.
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  • Somewhere - En un lugar del corazón
    Aprendiendo a ser padre

    Todas las películas de Sofia Coppola tienen una impronta propia, con temáticas recurrentes: la belleza, la angustia, el aburrimiento, la frivolidad, protagonistas femeninas, mujeres aburridas frente al mundo que las rodea y que les es ajeno, dejando entrever aspectos de la personalidad y la vida de su misma creadora.

    Sin dudas con su última película, Somewhere, en un lugar del corazón, se hace más evidente que nunca la referencia a su intimidad, al vínculo con su padre y a lo difícil que es ser “hija de” alguien de la talla de Francis Ford Coppola, con fama y reconocimiento en el mundo del espectáculo. Aquí por primera vez nos encontramos con un protagonista masculino que representa una suerte de alter ego de su padre. De este modo, nos presentará la cotidianeidad de un tal Johnny Marco (Stephen Dorff), un joven actor exitoso tanto en sus films como con las mujeres que lo siguen a todos lados y que se le “regalan” vaya a donde vaya, sin importar que esté con su joven hija.

    La película comenzará con un ritmo lento en el que asistiremos a los largos planos fijos de sus vueltas en auto de carrera, a la interminable coreografía erótica de las mellizas rubias que siguen sus rutinas a pesar del sueño de su cliente. Esta fría monotonía de relaciones superfluas, sexo con desconocidas y fiestas insomnes se verá interrumpida luego de muchos minutos por el primer diálogo del film, cuando se dará finalmente la aparición de la hija del protagonista, interpretada por Elle Fanning. A partir de este momento, irá creciendo paulatinamente la velocidad de la acción, los planos serán cada vez más abiertos y, al mismo tiempo, se irá afianzando el vínculo paterno-filial. Se nos hará evidente que el guión y el ritmo de los acontecimientos serán un reflejo del estado psicológico del protagonista.

    Somewhere se muestra desde un primer momento totalmente distinta a las anteriores películas de su directora, quien en esta oportunidad decidió ubicarse en otro lugar, usar un lenguaje despojado de la riqueza visual y musical a la cual nos tenía acostumbrados y contarnos fragmentos de una historia simple y claramente autobiográfica. Seguramente no debe ser fácil la vida de Sofia, con un padre con una profesión tan demandante como la de cineasta. Tampoco fueron simples para ella sus comienzos en el mundo del espectáculo: su carrera como actriz no se vio favorecida en nada por su apellido y las duras críticas que recibió la obligaron a abandonarla tempranamente. Se le ha cuestionado además su frivolidad por ser diseñadora de una marca de ropa y por el punto de vista adoptado en el film Maria Antonieta, en el cual la historia pasa a tercer plano y se prioriza la soledad y el aburrimiento de esta joven reina que vivirá en el lujo desmedido rodeada de desfiles de vestidos, zapatos y objetos rococó.

    Se podrán decir muchas cosas en contra de la joven Coppola, pero lo cierto es que sus films son composiciones excelentes que tienen una impronta muy personal, con una fotografía y una selección musical exquisitas, y que no dejan de renovarse en cada nueva producción.
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  • El día del juicio final
    Una tortura

    Me vi obligada a tomarme mi tiempo al escribir esta crítica para que las ideas decantaran. Decidí alejarme del monitor y redactar esto con tinta y celulosa.

    Admito que fui inconscientemente al cine, sin siquiera haber leído una sinopsis y comencé a ver eso que parecía ser una película de acción: un equipo de policías intentando demostrar su eficiencia para descubrir dónde un terrorista había escondido 3 bombas nucleares. Hasta acá nada raro, hasta que nos enteramos de que el “criminal en cuestión” es un ciudadano norteamericano nativo y, para colmo, miembro altamente calificado del ejército de dicho país que se convirtió al islamismo. Podríamos suponer que se está tratando de demostrar que los islámicos pueden lavarle el cerebro a cualquiera pero ¡no señores! En pocos instantes nuestro terrorista se convertirá en una víctima aferrada a sus ideales (y los mismos policías en algún momento admitirán que se trata de un reclamo valido) que será torturado brutalmente para confesar la ubicación de las bombas. El director no se ahorrará ningún detalle, y nos involucrará tanto en la vida íntima y familiar de este personaje como en la de su verdugo (Samuel L. Jackson). Mostrándonos un claro paralelismo entre ambos, percibiremos que en esta historia así como en la realidad no hay malos ni buenos, sino seres humanos que se vuelven simples piezas que obedecen ordenes. Veremos las contradicciones existentes entre todos los personajes pertenecientes a las diversas fuerzas del orden (militar y policial), oiremos las palabras de la agente Helen Brody (Carrie-Anne Moss) “no podemos tolerar que se lleve a cabo la tortura de un civil en territorio norteamericano, la ley no lo permite” pero la tortura igual se llevará a cabo. Las críticas planteadas por la película son varias: por un lado, si no la vemos y si no se lleva a cabo en Estados Unidos, podemos tolerar la tortura; por otro lado se cuestiona el límite de lo que somos capaces de hacer para “salvar vidas”, de lo simple que resulta dejar de lado la ética y los derechos civiles cuando la vida de algunas personas pasan a valer menos que las de otros.

    La película lanza una bomba: la crítica a una sociedad que ha tratado de mostrarse como ejemplo para el resto del mundo (a pesar de estar resquebrajándose) y que niega las masacres en los países islámicos o las justifica con la escusa de intentar erradicar células terroristas. La tensión se mantendrá constante y al final nos dejará un revuelo de sensaciones.

    En lo que a mi respecta la experiencia fue doblemente inquietante al percibir que la reacciones en otras personas era tan diferente, algunos probablemente quedaron tan consternados como yo, pero no logro entender cómo otras personas hayan podido besarse tranquilamente frente a semejantes escenas o que pudieran reírse continuamente como si existiera algo mínimamente cómico. Supongo que cuando la gente va a ver una película en la que trabaja Samuel L. Jackson espera sólo acción y pasar un rato de entretenimiento, aún así no logro concebir tanta indiferencia. En cierto punto consideré que podría quizás ser excesiva tanta violencia en un film que critica justamente la violencia. Pero entiendo que el objetivo de Gregon Jordan era shockear al espectador y realmente me asusta que en algunas personas ni siquiera esto surta efecto. Probablemente las pantallas nos tienen tan acostumbrados a la violencia que esta se ha vuelto tan cotidiana que podrá pasarnos desapercibida. Quizás nos estemos convirtiendo en espectadores pasivos de nuestras propias vidas, viendo a través de cámaras, hablándonos a través de teléfonos, expresando nuestros sentimientos con emoticones, construyendo muros virtuales y otros reales para no ver lo que no queremos ver y no mostrar de nosotros al resto toda esa mugre que tenemos debajo de esa fina capa de superficialidad.

    En El día del juicio final se hablaba de Estados Unidos y de los crímenes producidos por este estado en los países islámicos, pero no debemos alejarnos mucho para encontrar la misma hipocresía en nuestra sociedad.
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  • Cazador de demonios: Solomon Kane
    Redención de un antihéroe

    Basada en un libro de Robert E. Howard, conocido por ser el creador de Conan el bárbaro o de Kull de Atlantis, Cazador de demonios cuenta la historia de Salomon Kane, un hombre despiadado en su pasado que debe debatirse interiormente entre el bien y el mal para evitar perder su alma, precio a pagar por tantos pecados cometidos. Se trata de una historia ambientada en el siglo XVI pero con el agregado de monstruos y elementos fantásticos que servirán de catalizadores para que nuestro “héroe”, quien en un comienzo es una suerte de villano malvado, pueda redimirse y pagar por sus pecados. Desfilarán ante nuestros ojos imágenes seguramente inspiradas en los cuadros de Pieter Brueghel el viejo: cadáveres ahorcados, cuervos comiendo carroñas, muertos tirados en las calles, poblados destruidos, personajes con deformidades y mutilaciones, muchedumbres sobresaltadas, paisajes nevados y grises. Cabe destacar el excelente trabajo artístico de David Baxa, quien ha trabajado en películas como Calabozos y dragones, Desde el infierno, La liga extrordinaria, Wanted, Las crónicas de Narnia, Hostel, La pantera rosa, entre otros títulos.

    Esta coproducción entre Inglaterra, Francia y República Checa cuenta con las excelentes actuaciones de James Purefoy (en el rol protagónico), Pete Postlethwaite, Rachel Hurd-Wood, Alice Krige, Max Von Sydow, entre otros. Los personajes están muy bien construidos, aunque todo se centra obviamente en su protagonista y en sus conflictos de fe y en su evolución que se volverá bastante predecible. La historia transcurrirá lentamente en comparación a lo que el género de acción nos tiene acostumbrados en los últimos tiempos, y la música anacrónica de las grandes producciones de Hollywood será reemplazada por una música empática con la época que se quiere representar, como de “film de época”.

    Cazador de demonios aspiraba a ser la primera entrega de una trilogía, pero no sabemos si tendremos la suerte de ver realizadas las restantes partes que debían estar ambientadas la primera en Africa y la otra en Estados Unidos en la época de las colonias. Lo que nos queda claro en esta película es que Michael J. Bassett ha querido condensar una novela extensa en una hora y media, dejándonos la sensación de que detalles de la historia han sido omitidos y que el pasado de Salomon Kane ha sido resumido. El efecto positivo será probablemente que los amantes del género de aventuras irán a rescatar la obra de Howard para reconstruir esos detalles y continuar leyendo las secuelas u otras de las tantas obras que creó este fugaz escritor.
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  • Cosa voglio di più
    Cuanto me cuesta amarte

    Anna está casada, tiene un trabajo estable de contadora con ingresos medios, su marido Alessio trabaja en un negocio de valijas, son una pareja de clase media sin nada extraordinario: compran, pagan, trabajan, pagan. Los fines de semana visitan la familia, recorren los centros comerciales buscando un nuevo accesorio para agregar a su casa y a sus vidas, para sentirse más “cómodos”, los siguientes 20 años seguirán pagando la hipoteca del departamento pero tienen una vida estable, una rutina fija y monótona. Domenico tiene mujer y dos hijos, un trabajo precario, no es profesional, no sabe como llegar a fin de mes sin tener un ataque de nervios por stress familiar, para pagar sus deudas, cumplir con su rol paterno y pagar las clases de ballet de su niña.

    En una gran ciudad italiana en la cual la crisis económica es evidente, Anna y Domenico se conocen de casualidad, se enredan casi a la fuerza para escapar de la rutina y ahí quedan atrapados entre y el ideal de familia y matrimonio que están destruyendo y sus verdaderos deseos. Íntima y despojada, la película muestra las dificultades de sus protagonistas para concretar sus encuentros, las confusiones entre los dos amantes, los engaños a sus respectivas parejas y la tácita aceptación de la traición por parte de estos.

    Su director, Silvio Soldini, fue conocido por películas como Giorni e nuvole, Agata e la tempesta, Brucio nel vento, o Pane e tulipani. Esta última, al igual que su última película, fue otra coproducción Italia-Suiza que contó con la actuación de Bruno Ganz y que también tenía como argumento principal las relaciones de pareja y el amor fuera del matrimonio, temáticas recurrentes en su filmografía.

    En Cosa voglio di più, la fuente de inspiración para Soldini surgió del relato de una amiga que estaba viviendo una relación extramatrimonial y del deseo del director de retratar la simple cotidianeidad de las personas. Esto aflorará en la cantidad de detalles a simple vista triviales como la rutina de desmaquillarse de Anna, los precios de los productos, las ofertas, el costo del albergue transitorio y la dificultad para afrontar este gasto. La realización del amor o al menos de los encuentros pasionales de ambos se verán limitados por un mundo en el cual para ser libre hay que tener dinero y los pobres o la gente de clase media no puede ni siquiera permitirse el divorcio.
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  • Sin retorno
    Sin retorno
    Fancinema
    Nada puede volver a ser igual

    Al ritmo eléctrico de Post crucifixión de Pescado rabioso comienza y termina la primera película dirigida por Martín Cohan, un drama que preanuncia el destino inevitable de sus protagonistas tanto en su título como en las palabras de Spinetta que la enmarcan: “y en esta quietud que ronda a mi muerte siento presagios de lo que vendrá”.

    Sin retorno surge a partir de uno de los tantos hechos al cual la televisión nos tiene acostumbrados en nuestra cotidianeidad: una persona atropellada y abandonada en el medio de la calle por un automovilista. El hombre muere luego de algunos días y su padre (Federico Luppi) comienza la búsqueda desesperada de un culpable. Una vez más el caso se vuelve mediático y, ante la necesidad de la Justicia de resguardar la imagen pública, queda implicado en esta historia un tercero en discordia (Leonardo Sbaraglia) y es acusado del asesinato.

    La película, que comienza siendo una historia coral y termina unificándose, se propone, a partir de estos hechos dramáticos, mostrar las subjetividades de sus tres protagonistas: el padre, el acusado y el verdadero culpable (interpretado por Martín Slipak). Este último se mostrará de modo muy diferente al que nos sugieren los medios de comunicación ante hechos similares: vemos que la culpa trastorna sus días y sus estudios, conserva las apariencias de su vida pero nada dentro de él volverá a ser como era antes, el miedo lo volverá casi un autómata dispuesto a responder toda orden de sus padres. No hay retorno para la muerte, para el delito no admitido, para la culpa, para las falsas acusaciones y condenas ajenas, los hechos de una noche destruyen todo lo que estos personajes y sus familias habían construido. Es una inevitabilidad que recuerda quizás a Irreversible de Gaspar Noé, ya que en ambas películas es imposible borrar los hechos pasados, retroceder para enmendar los errores, “el tiempo lo destruye todo”.

    A lo largo de la película persiste un buen ritmo narrativo que, gracias al suspenso provocado por la presencia de muchos elementos del thriller psicológico, logra mantener el público atento y expectante. Se destaca, como de costumbre, la actuación de Sbaraglia y es bastante buena también la interpretación de Slipak. Vemos como, a partir del paso del tiempo, ambos personajes evolucionan de forma muy notoria deviniendo en seres casi ajenos a los que eran antes. El resto del elenco también es notable y acompaña con gran dramatismo la evolución de los hechos.

    Se trata de un film interesante que invita a hundirse en la butaca ante la expectativa de los posibles finales de los protagonistas, aunque nos deje bien en claro desde el comienzo que la guadaña pende sobre sus cabezas y que hay hechos que son imborrables.
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  • Una pareja despareja
    Ve donde te lleva tu corazón

    La dupla de guionistas John Requa y Glenn Ficarra, que ya han trabajados juntos en comedias como Cats and dogs, Bad Santa o Bad news bears, nos presentan en esta oportunidad la primera película dirigida por ambos. I love you Philip Morris está basada en la novela homónima de Steve McVicker y ha sido distribuida en nuestro país con el nombre de Una pareja despareja que, además de ser un título poco atractivo comercialmente, poco tiene que ver con la historia y denota cierta intolerancia con respecto a las parejas homosexuales. Quizás esta elección esté relacionada con los escándalos que la película suscitó en los Estados Unidos donde, en un primer momento, fue prohibido su estreno pero finalmente fue confirmada su llegada a las salas para el mes de diciembre.

    Esta coproducción Franco-Estadounidense protagonizada por Jim Carrey, en un personaje algo diferente a los que estamos acostumbrados, trata de un hombre (Steven Russell) que ante un accidente automovilístico decide blanquear sus preferencias sexuales ante el mundo pero, para llevar adelante un nuevo estilo de vida lleno de gastos, salidas y lujos, se convierte en un gran estafador. Por culpa de todos sus delitos, pronto caerá en prisión donde conocerá el gran amor de su vida: Philip Morris, interpretado por Ewan McGregor. De este modo, comenzará a vivir un romance casi idílico dentro de la prisión, valiéndose siempre de sus engaños para cumplir cada deseo de su amado. Al llegar la libertad, sus engaños le traerán constantemente nuevos problemas y deberá luchar una y otra vez por estar cerca de su amado.

    En estas constantes escapatorias de Steven Russell se sucederán ante nosotros diferentes géneros cinematográficos: será ante todo una película romántica y en muchos momentos una comedia, aunque en cierto punto la historia asumirá un tono dramático que nos recordará el film Philadelphia de Jonathan Demme. Estas diversas intensidades le darán cierto dinamismo que lograrán sorprender el espectador impidiendo que el desenlace final se vuelva predecible.

    Se destacan dentro de la película varios elementos: la utilización de una estética muy colorida y alegre, en la que no faltan elementos sexuales (como las nubes con forma de falo) y algunos estereotipos de la cultura gay pero sin caer en la burla; la elección musical impecable de Nick Urata, en especial en la maravillosa escena del baile dentro de la celda; las actuaciones de los protagonistas son muy buenas y el romance entre ambos es interpretado de un modo muy intenso y creíble. Pero quizás lo más sorprendente dentro del film sea el punto de vista adoptado ya que, quizás por primera vez en Hollywood, la homosexualidad no es mostrada como un tema en sí mismo base de un conflicto, sino como un condimento más dentro de una historia de amor que podría haber sido protagonizada por dos personajes de cualquier género o edad, que trasciende toda categorización y se centra en el romance y los sentimientos profundos de sus personajes
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  • London river
    London river
    Fancinema
    Del otro lado

    En el contexto de los atentados ocurridos en Londres el 7 de julio del 2005, dos vidas que, a simple vista pueden tener muy poco en común entrarán en contacto para la búsqueda de sus respectivos hijos. Se trata de Elizabeth (Brenda Blethyn), una mujer inglesa y bastante conservadora de una zona rural y Ousmane (Sotigui Kouyaté), un hombre africano que desde hace años trabaja en un parque nacional de Francia y no ha vuelto a ver a su hijo desde que era pequeño.

    Rachid Bouchareb nos trae en esta oportunidad otra película que muestra las heterogeneidades que existen hoy en la ciudad de Londres (y en gran parte de las grandes ciudades europeas) con una mirada simple, despojada, en escenarios reales, barrios de clase media en los que se entrecruzan personas de múltiples culturas y proveniencias, en particular la población islámica. Elizabeth recorrerá estas calles totalmente desamparada en su búsqueda, viendo los carteles de las tantas personas que desaparecieron, asustada ante los extranjeros, estos “otros” que ella presume tan diferentes a ella. El miedo, la desconfianza ante lo desconocido y el estado anímico de la protagonista se harán presentes en los movimientos de cámara, que por momentos estará voluntariamente en mano, o al acercarnos su rostro con el uso del zoom, como ahogando la imagen en esos primeros planos casi desenfocados.

    El desenlace de la historia será previsible desde un primer momento, inevitablemente los dos mundos de los dos protagonistas deberán encontrarse. Lo interesante de la historia surgirá justamente de este contacto y en la crítica subyacente a una realidad social que genera conflictos y debates en la actualidad: ese lugar temible que el pueblo islámico ha pasado a ocupar a partir del 2001 en el imaginario colectivo de los Estados Unidos, Europa y el mundo.

    La película derribará varios de estos demonios mostrándonos que un padre es tal más allá de cual sea su propia cultura, que la religión y la fe son una misma cosa en las diferentes religiones y lo único que al fin de cuentas cambia son los hábitos o el nombre del dios en el cual se cree.

    Se destaca la actuación del recientemente fallecido Kouyaté que por su simpleza y por la profundidad de su mirada recibió el premio a mejor actor en el Festival de Berlín del 2009. Otro elemento interesante lo hallamos en el punto de vista que toma esta historia del director franco-argelino, la cual invitará a su audiencia a salir de la sala mirando quienes nos rodean, quienes consideramos diferentes y alejados de nosotros, como pares humanos con existencias paralelas a las nuestras. Una película para el debate y quizás para el análisis de las diferencias y de los conflictos existentes también en nuestra propia cultura.
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  • Vincere
    Vincere
    Fancinema
    La voz que Mussolini no pudo silenciar

    “Queremos glorificar la guerra – única higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las bellas ideas para las cuales se muere y el desprecio de la mujer.” Estos y los demás principios del Manifiesto Futurista redactado por Filippo Tommaso Marinetti en 1909, resuenan a los largo de Vincere, la última película del director italiano Marco Bellocchio. La velocidad, el progreso, la industrialización, la guerra, las armas y el cine mudo irrumpen en el relato sobre la vida de Ida Dalser, esposa no reconocida de Mussolini, con quien tuvo un hijo al que dio el nombre del padre. Esta historia, silenciada durante décadas, fue revelada hace unos años por el periodista italiano Marco Zeni quien, luego de una extensa investigación, la plasmó en el libro “La moglie di Mussolini”. Nueve años después de la salida de este libro, esta historia es llevada a la pantalla grande y revelada ante el mundo.

    La película, que cuenta con las excelentes actuaciones de Giovanna Mezzogiorno (interpretando a Ida Dalser, la mujer que lo dio todo por el amor de su vida) y de Filippo Timi (en el doble papel de Benito Mussolini padre e hijo), a lo largo de dos horas, mantiene atentos los espectadores intercalando al relato de Ida las imágenes reales en blanco y negro de la guerra, la industrialización, los discursos de Mussolini, el culto a la velocidad; tratando de reproducir la misma visión estética del mundo que reinaba en la época y en el movimiento futurista que surgió de la mano del fascismo, en cuyas ideas se fundaron las revueltas sociales que se produjeron en Europa y en Italia en las primeras décadas del siglo XX (durante la Primera Guerra Mundial y en el período de entreguerras), que darían lugar a la Segunda Guerra Mundial.

    La historia no nos da un respiro, es un drama histórico angustiante que combina constantemente el relato de sus protagonistas, cuyas existencias se intentó borrar, con imágenes de archivo al compás de ópera y de música frenética, todas composiciones originales de Carlo Crivelli. Predominan la oscuridad, los espacios angustiantes, los manicomios, por momentos paisajes casi oníricos de chimeneas de fábricas humeantes, hospitales de guerra en los que se proyectan películas para los enfermos al compás del acordeón a piano. La locura, la distancia, la injusticia de un hombre que, para su perfecto reinado de apariencias, trató de borrar de la faz de la tierra su pasado oculto. Una nación adorando el mito que el propio Mussolini construyó, indiscutido a pesar de ser tan terrible e insensato en sus discursos como en sus decisiones familiares, capaz de destruir todo a su alrededor.

    Todos estos elementos históricos y estéticos, combinados de manera perfecta por Bellocchio, hacen de Vincere, un interesantísimo trabajo visual, oscuro e inquietante que da cuenta de la locura generalizada de la Europa de comienzos del siglo XX y del grito de una mujer cuya historia intentaron callar, pero que ni la muerte ni la omnipotencia de un gobierno totalitario como el de Mussolini lograron borrar de la faz de la tierra.
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  • Pájaros volando
    Tramitando la licencia de vuelo

    Naves espaciales, marcianos verdes, gallinas abducidas, ex estrellas de rock, drogones y el movimiento new age se mezclan en Pájaros Volando, la nueva obra de Néstor Montalbano que, con una combinación excéntrica de elementos, nos trae una nueva comedia llena de referencias nacionales que inicia y concluye con Víctor Hugo Morales en el papel de narrador-presentador y cuenta, además, con la actuación de personajes célebres de nuestro país como Antonio Cafiero (en el rol del dueño de una empresa de autobuses) o Miguel Cantilo (interpretando a un artesano hippie).

    Los elementos fantásticos se nos muestran desde el primer momento con una estética muy kitsch, con colores saturados y con algunos efectos especiales en 3D que resultarán un poco chocantes para el espectador acostumbrado a las producciones de Hollywood, pero que serán totalmente aceptados por los fanáticos de Todo x 2 pesos y de las obras de Montalbano.

    La historia, tiene como protagonista, una vez más, a Diego Capusotto quien, en esta oportunidad, encarna un cantante de rock de un sólo éxito que alcanzó su estrellato dos décadas antes con un hit que da el nombre a la película y, actualmente, se encuentra en total decadencia: vive en la casa de su padre, está soltero, su nueva banda es un fracaso y trabaja como telefonista en una remisería de barrio. Por una “llamada del destino” se reencontrará con su ex baterista y desquiciado primo (Luis Luque) y comenzará a vivir una aventura extraterrestre en un pueblito pequeñísimo de las Sierras de Córdoba plagado de personajes desopilantes, como los extraños vendedores de la feria, el ermitaño que vive con su perro “culo”, la masajista que interpreta los mensajes extraterrestres o el productor de vegetales orgánicos vegetariano que detesta todo elemento capitalista y obliga a su hijo a comer extrañas viandas naturales (interpretado por el guionista de la película, Damian Dreizik).

    Aunque esta combinación de elementos bizarros presagie el desarrollo de una comedia en la cual uno debería descostillarse literalmente de risa, los momentos de mayor comicidad tardarán en llegar y no serán muchos. La historia se desarrolla por medio de situaciones absurdas que contrastan con algunos momentos de realismo en los cuales los chistes parecen bastante forzados y no muy originales. Todos estos gags parecen casi agregados a la fuerza para dar una mayor extensión a la película que, por momentos, se nos hace demasiado larga y solo alcanza cierta intensidad con el desenlace final.

    El film se salva gracias a las buenas actuaciones, en particular las de Verónica Llinás y Luis Luque, y por algunos buenos momentos con invitados de lujo, como en la canción inicial, compuesta e interpretada por Capusotto y David Lebon. Termina siendo una película medianamente entretenida, con una fauna muy pintoresca, estereotipos y elementos muy nacionales, que hubiera necesitado quizás un desarrollo más uniforme para lograr articular sus buenos momentos de comicidad.
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  • New York, I love you
    Quien mucho abarca, poco aprieta

    New York, I love you forma parte de un proyecto cinematográfico llamado “Cities of love” (ciudades de amor), cuyo objetivo es realizar películas compuestas por una serie de cortometrajes relacionados con el amor, mediante el trabajo conjunto de un gran número de directores, guionistas y actores procedentes de diversos lugares del mundo. Hasta ahora llevan rodadas dos de estas películas. La primera, Paris, je t’aime, está ambientada obviamente en la capital mundial del amor y la segunda, que se acaba de estrenar, se desarrolla en New York. Próximamente tendremos noticias de este proyecto desde Shangay, Rio de Janeiro y Jerusalem.

    Pero, ¿acaso un grupo de actores talentosos, excelentes directores y guionistas son la fórmula perfecta para una buena película? Y, además, ¿es realmente posible integrar estéticas y puntos de vistas diferentes de un gran número de colaboradores sin crear incongruencias?

    Varios elementos fueron utilizados desde el comienzo para darle cierta cohesión: una banda sonora compuesta por diversos músicos que fusionan instrumentos y ritmos de diferentes lugares del mundo; una muchacha francesa paseando por New York con su filmadora que se cruza por el camino a varios de los actores de las pequeñas historias; y personajes con diferencias étnicas muy notorias que dan cuenta de la diversidad cultural que existe en dicha ciudad y que, al mismo tiempo, justifican la heterogeneidad de las historias y la evidente falta de relación entre estas.

    Sin embargo, a pesar de este esfuerzo, es evidente al observar la película que el proyecto fue de trabajo conjunto pero no existió una clara intención de que tuviera cierta unidad como film o de que una historia principal unificara todo.

    En varios momentos percibimos incongruencia entre los lenguajes utilizados, en particular hacia mitad de la película, con la microhistoria de la mujer anciana que se hospeda en el viejo hotel. Funciona casi como un paréntesis dentro del film: la música étnica, los colores brillantes, y todos los elementos de una ciudad cosmopolita y acelerada son reemplazados por una historia con un tiempo mucho más lento, música clásica y opera, colores blancos, decoraciones lujosas y una protagonista que parece pertenecer a la nobleza europea. El contraste es evidente cuando las demás historias continúan.

    Quizás uno de los intentos más interesantes, pero que no logra grandes frutos, sea el de presentar algunas de las diversidades culturales presentes en la “gran manzana”. Es el caso del episodio en el cual Natalie Portman encarna a una compradora de diamantes hebrea ortodoxa que está a punto de casarse o de la historia de la vendedora de hierbas del barrio chino y el pintor. Aún así, se muestran sólo pequeños fragmentos, un poco estereotipados, de una realidad mucho más compleja que abarca también diversidades de clase y sexuales, que prácticamente no son contempladas en el film.

    El amor, temática común entre los cortometrajes, se presentará de maneras diferentes: será paterno, platónico, prohibido, intercultural, fugaz, imprevisible, mortal, eterno. Pero aún así, casi en ninguna ocasión será tratado con profundidad, se nos presentarán fragmentos de historias, algunos más interesantes que otros pero ninguno logrará “levantar vuelo”. Al finalizar la película, no nos quedará mucho entre manos: probablemente ya estaremos un poco aburridos y, a su vez, tendremos la sensación de que la verdadera historia aún está por comenzar.
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  • Kick-Ass
    Kick-Ass
    Fancinema
    ¿Quién quiere ser superhéroe?

    Toma una historieta, busca un elenco de actores famosos (o sólo un par), agrégales escenas de acción, efectos especiales y chistes sobre otras películas, mezcla todo esto con una estética muy juvenil y algunos hits musicales del momento: ¡tendrás así tu propia película de superhéroes!

    Las remakes y las películas de superhéroes parecen no pasar aún de moda, quizás porque siguen tratando de reinventar el género (¡en algunos casos lo logran extraordinariamente bien! como en Batman: the dark knight) pero, salvo excepciones, el modelo parece ser siempre el mismo y logran ser films a veces entretenidos pero sin nada nuevo que contar. El caso de Kick-Ass es algo particular. Cuenta la historia de Dave Lizewsky, el típico adolescente virgen al que las mujeres ignoran y los chicos toman el pelo, que un día decide convertirse en un superhéroe (Kick-Ass) usando un ridículo traje verde que manda a pedir por Internet. Sin poderes especiales, fuerza o armas recibirá más de una paliza hasta que su historia se complicará (o se volverá quizás más interesante) mezclándose con los planes de un villano mafioso de su ciudad (Frank D’Amico) y de otros superhéroes: Hitgirl (una enfant terrible entrenada para matar despiadadamente) y su padre.

    Esta adaptación cinematográfica de la historieta homónima de Mark Millar posee además una estética muy cuidada, sobre todo en lo que respecta a la simetría y a la decoración “setentosa” (saturada de color naranja y blanco) de la casa del villano que, junto a la utilización de música clásica a todo volumen en momentos de gran violencia, recuerdan a La naranja mecánica de Stanley Kubrick. Esta y muchas otras referencias cinematográficas son explícitas: vemos desfilar ante nuestros ojos escenas de Tomb rider, de Wanted (también basada en una historieta de Millar), de Scarface, del videojuego Doom, del comic y la película Watchmen (sobre todo en el diseño de los trajes cuadrados y poco estilizados de los superhéroes) o del western For a few dollars more con música de Ennio Morricone. Internet y las telefonías celulares estarán también presentes y ni hablar de las redes sociales y de YouTube que adquieren protagonismo en el desenlace de la historia. Todos estos elementos combinados con una banda sonora muy buena la vuelven una película entretenida, muy juvenil y moderna, con buenas dosis de violencia, aunque con personajes un poco trillados y una historia bastante predecible. Es perfecta para una fría noche de domingo, para simplemente pasar un rato de diversión.
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  • El príncipe de Persia
    El príncipe de los pochoclos

    Asistir a funciones de películas como El príncipe de Persia implica obligatoriamente que la sala esté llena de un público de todas las edades, cada cual con su respectivo recipiente de pochoclos o nachos. Y es que no puede pasar desapercibida una película que contó con un presupuesto de 150 millones de dólares y cuyo guión está basado en uno de los tantos exitosos videojuegos sobre El príncipe de Persia, en este caso la primera parte de la tetralogía de Las arenas del tiempo.

    Para dejar bien en claro que el presupuesto fue usado bien, ya en sus primeros cinco minutos se encargará de desplegar toda una “artillería” de efectos, planos cortos y acelerados, golpes, acrobacias y saltos con una estética que recuerda el videojuego en 3D. Obviamente el espectador no tendrá descanso entre una pelea y otra, entre las huidas de los protagonistas y la aparición de nuevos enemigos y esto se verá potenciado por la ambientación de escenarios esplendorosos, palacios del mundo persa llenos de lujos y riquezas, ciudades laberínticas rodeadas por el desierto, pasadizos secretos y trampas. De no ser por todo esto, se trataría simplemente de la historia del príncipe Dastan (Jake Gyllenhaal) y de la misteriosa princesa Tamina (Gemma Arterton) que escapan juntos de las fuerzas del mal para proteger un puñal que permite viajar en el tiempo y tener poderes ilimitados.

    Como podrán percibir los fanáticos del videojuego, el guión original ha sufrido algunas modificaciones, sobre todo en lo que respecta a la historia entre los dos protagonistas. Siendo Walt Disney Pictures una de sus dos productoras el romance con final feliz y el contenido moral sobre la hermandad y el enfrentamiento contra las fuerzas del mal eran inevitables.

    Para personificar a los más malvados fueron utilizados los hashashin, una secta religiosa de asesinos que existió entre los siglos VIII y XIII en Medio Oriente. Una vez más Hollywood tratando de mostrar la supuesta heroicidad americana en oposición a la supuesta maldad de los islámicos. Y como si no fuera demasiado, la película muestra a los hashashin bailando de la misma forma que lo hacen los derviches, una equiparación que es literalmente un insulto para estos religiosos cuyos principios son, entre otros, la solidaridad, la compañía espiritual y la enseñanza de los principios de la religión. Pero no debe sorprender que, una vez más, una película supuestamente inocente esté plagada de contenido político a favor de Estados Unidos.

    Sorprende que Mike Newell, director de películas taquilleras e inolvidables como La sonrisa de la Mona Lisa, Harry Potter y el cáliz de fuego o Cuatro bodas y un funeral, nos traiga en esta oportunidad una película llena de efectos llamativos que intenta mantenernos alerta pero que, cuando concluye, nos deja en la boca solo el sabor de los pochoclos y no mucho más que eso.
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  • Los mejores de Brooklyn
    Las marionetas de Brooklyn

    Qué bueno es salir del cine comprobando que a uno no le acaban de contar una vez más el cuento del “héroe americano”. Los mejores policías que muestra esta película no son héroes, quizás tengan apenas algunas actitudes heroicas, pero dejan en evidencia todo el tiempo que son seres imperfectos, capaces de vender sus almas por el dinero o traicionar a un amigo, son víctimas de un sistema policial que es tan corrupto como todos los crímenes que ocurren en las calles, un sistema que hará cualquier cosa para mantener una imagen pública de orden y respeto.

    Los mejores de Brooklyn fue rodada en escenarios reales de ese barrio para lograr un mayor realismo y para que los actores, según comentó el director, pudieran compenetrarse mejor con sus personajes y con el dramatismo de sus realidades. Alterna momentos de gran tensión con escenas de calma aparente en las cuales se puede sentir que ese frágil equilibrio está a punto de quebrarse, que los hilos que mantienen las cosas en su lugar ya están a punto de cortarse. La composición del guión es muy buena y se trata de la opera prima del guionista Michael C. Martin quien, para conseguir dinero para cambiar su auto, decidió participar de un concurso de guiones cuyo primer premio era de 10.000 dólares. Efectivamente su guión ganó y Antoine Fuqua se encargó de rodarlo.

    Eddie (Richard Gere), Tango (Don Cheadle) y Sal (Ethan Hawke) encarnan a tres policías cuyas vidas apenas se rozarán durante la película, por la distancia de algunos metros. Eddie está solo desde hace mucho pero sigue usando su alianza, está a punto de retirarse de la Policía, en la cual ya no cree, y busca refugio en el alcohol y en una prostituta. Tango, para recibir un ascenso y estabilidad laboral, tuvo que sacrificar su matrimonio y delatar a sus amigos de la infancia que son narcotraficantes. Sal, en cambio, está desesperado porque su sueldo no alcanza para tener una casa en la que pueda vivir con todos sus hijos y se ve obligado constantemente por su trabajo a decepcionar a sus seres queridos. A pesar de vivir situaciones distintas y problemas particulares, los tres se asemejan por ser simples marionetas del sistema policial, cuyas reglas atentan incesantemente contra ellos y sus familias. Por medio del montaje paralelo de las tres historias, sabemos que los protagonistas están cerca, oímos pasar el mismo tren de una escena a la otra pero los separa la distancia de sus propias existencias y decisiones.

    Antoine Fuqua nos trae una película cruda, llena de escenas de acción de gran realismo, que muestra situaciones que en el cine norteamericano no estamos acostumbrados a ver, que tiene muchas características del policial negro Americano, en el cual predominará la inseguridad social y los cuestionamientos no surgirán a partir de los casos policiales para resolver, sino sobre qué tan delgada es la línea que separa el bien del mal o si en realidad esta línea existe. Si hubiera que categorizarla probablemente entraría tanto en el genero dramático como en el policial; no se trata obviamente de ese tipo de drama lacrimógeno que se ve con una caja de pañuelitos en la mano, sino un drama duro que busca denunciar un sistema corrupto y apelar a la reflexión del espectador y no ciertamente a la lágrima fácil.

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