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Imagen del crítico Julieta Aiello
Julieta Aiello
  • Cantidad de críticas: 25
  • Promedio: 82%
  • Críticas favorables: 25/25 (100%)
  • Críticas desfavorables: 0/25 (0%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: Indie Hoy
  • Un dios salvaje
    El nuevo trabajo del enorme Roman Polanski nos acerca uno de los productos más notables del 2011. Un dios salvaje (Carnage, Roman Polanski, 2011), basada en la obra Le dieu du carnage de Yasmina Reza, deslumbra por su elocuencia, provoca con sus frases atrevidas y filosas y nos llega a poner tanto o más incómodos que los personajes en pantalla.

    El argumento se presenta (aparentemente) sencillo: dos matrimonios se juntan a conversar sobre un incidente ocurrido entre sus hijos: en una pelea entre compañeros, uno se violenta con el otro y el desfigura la cara. Lo que comienza siendo una reunión diplomática y amable, de a poco se va convirtiendo en una carnicería de palabras. Un disparador inocente y superfluo que llevará al extremo a estas dos parejas y a replantearse cuestiones centrales de su vida.

    Primero que nada podemos decir que se necesitan cuatro grandes actores para que lleven a cabo un film que ocurre prácticamente íntegro en una habitación y que se basa sobre todo en los diálogos. Los cuatro actores que integran esta película no suelen ser calificados como “de primera línea”, pero debo decir que en este film cuasi teatral se llevan todos los aplausos. John C. Reilly y Jodie Foster, interpretan a los padres del niño atacado y Kate Winslet junto a Christoph Waltz, los padres del atacante. Y realmente, el factor actoral es algo que no pasa desapercibido ni es una cuestión menor en este film: vemos cómo en el transcurso de los escasos 80 minutos de duración, los personajes van sufriendo transformaciones y van mostrando su parte más salvaje a medida que la tensión sube.

    En relación a esto, podemos decir que el film tiene un ritmo privilegiado, porque juega y se maneja a partir de las tensiones y de mostrar u ocultar los rasgos de los personajes. La estructura de obra teatral que tiene, hace que los diálogos se constituyan como el elemento de comunicación por excelencia; es a través de las palabras que se dice todo, el film no se vale de ningún artificio ni de un gran montaje. El conflicto inicial que los lleva a reunirse queda en un segundo plano, y cada personaje va sacando de a poco lo peor de sí: confiesan sus miserias, miedos e inseguridades, quedan expuestos ante todos. Lo interesante es que cada personaje tiene su momento, se va haciendo foco en cada uno de ellos para mostrar las facetas más desconcertantes. Esto hace que como espectadores vayamos tomando posiciones en cuanto a ellos; posiciones que fluctúan dependiendo de la faceta que se saque a relucir. Además de esto, entre ellos van armando bandos que también cambian a partir de los temas que se plantean. Pasan por la catarsis, la furia, la borrachera, la cordialidad. Y al espectador se le hace imposible desvincularse de esto, ya que mientras sube la incomodidad entre ellos lo mismo nos pasa a nosotros.

    La película parece una sola escena donde todas las caretas y los protocolos se derrumban. La situación se nos muestra un tanto insólita y todo lo que sucede es hasta surreal: de pronto dos parejas desconocidas ponen sobre el tapete sus valores (que empiezan a tambalear a partir de la relación con el otro), sus dudas existenciales y cada palabra puede llevar al extremo los temperamentos de cada uno. Un guión excelente que efectúa una crítica dura a la burguesía y a sus falsos mecanismos de cordialidad y simpatía.
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  • Drive
    Drive
    Indie Hoy
    Drive: De vuelta a los básicos

    Si nos ponemos a observar los estrenos del último tiempo en la rama del thriller, suspenso, thriller psicológico, realmente nos decepcionamos mucho. Siendo un género tan explotado por la industria hollywoodense podemos decir que hace ya algún tiempo viene en decadencia. Dentro de tanto film vacío y repleto de clichés que no aportan a la historia y que sólo nos marcan el camino hacia lo obvio, encontramos el nuevo trabajo actoral de Ryan Gosling, Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) que nos trae una visión retro y renovada a la vez de este género tan explotado.

    Un conductor (Ryan Gosling), que trabaja en cine haciendo doble de riesgo y en un taller, se ve involucrado en una misión de peligrosamente encubierta para ayudar a su vecina, Irene (Carey Mulligan).

    Apenas uno se enfrenta con Drive tiene la sensación de estar mirando una película “vieja”. Y es que estamos frente a un film que retoma de una forma muy acertada la estética y la lógica del thriller “ochentoso” y Noir, con una imagen vintage que nos remontan a los clásicos de suspense. Con claras reminiscencias de la clásica Taxi Driver, el personaje de Gosling transita por las calles de Los Ángeles con un aura totalmente misteriosa, siendo un delincuente encubierto del que esperamos cualquier reacción. Los demás delincuentes también tienen un aspecto y caracterización que nos recuerdan a los grandes magnates del crimen que con sólo mover un dedo nos dan pavor.

    Se puede decir que el personaje del conductor es uno de los mejores condimentos del film: totalmente ensimismado, no se permite ni una sonrisa, a punto siempre de cometer algo inesperado. El crimen y la violencia no lo deslumbran lo suficiente como para preocuparse.

    Drive termina siendo una historia de amor; todo lo que pasa en el film tiene como origen el enamoramiento del conductor hacia Irene. Pero esto no significa que no tengamos escenas de acción muy acertadas; de hecho, hay algo del film que me sorprendió gratamente: sin esperarlo tenemos varias escenas de acción/violencia al estilo “tarantinesco”; sangre de a montón torturas poco usuales pero bien explícitas. Y a pesar de esto también nos encontramos con pasajes sumamente románticos, de luz y música celestiales. La musicalización es también una muy buena elección dentro del film.

    También, como en Taxi Driver, la ciudad (en este caso Los Ángeles) cobra un protagonismo importantísimo. El vehículo, el conductor y la ciudad parecen fundirse y ser uno mismo, ser uno dependiente de los otros.

    Drive, es una película retro e innovadora, porque dentro del nuevo cauce del género viene a resaltar, pero nos lleva de vuelta a los básicos con los personajes, las locaciones, las escenas de persecución, la forma de tratar el suspenso y la acción, etc. Ryan Gosling deja el papel de sex symbol para convertirse en este habilidoso y misterioso criminal y lo hace de maravilla. Una nuevo thriller que vale la pena y le hace honor al género.
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  • La invención de Hugo Cabret
    Spoiler Alert! Si hay algo que podemos decir de la nueva película del gran Scorsese es que no ha pasado desapercibida: desde antes de su estreno el film causó curiosidad y posterior a éste arrasó con la premiación de los Oscars; ciertamente, podemos decir, de forma merecidísima. Hugo (Martin Scorsese, 2011), va un paso más allá y desafía al espectador de diversas maneras al tiempo que le ofrece un mundo al que resulta imposible resistirse.

    Hugo (Asa Butterfield) es un huérfano que vive en la estación de trenes de París y que, a partir de la muerte de su padre se ve envuelto en una aventura para descifrar el misterio del autómata que éste le dejó. En la aventura lo acompaña Isabel (Chlöe Grace Moretz), una niña que parece poseer la clave que lo lleve a descubrir el enigma.

    Podemos decir que Hugo se convierte en una excusa para realizar una biopic. Scorsese nos cuenta la vida y obra de Geroge Mélies (Ben Kingsley) de forma camuflada y desde la excusa del misterio del autómata. Si bien esto parece ser el punto central del film, en mi opinión, todo termina resumido en la vida del innovador cineasta y es ésta la que nos disipa todas las incógnitas. La obra de Mélies es la llave que desentraña el enigma. Esto hace que la historia tenga varias puntas y que por momentos no sepamos exactamente cuál es el tema central. Pero podemos decir que el film se resuelve de forma muy inteligente, conectando cada parte de la historia con el tópico de la magia. Toda la explicación necesaria (sobre el autómata, el cine, la vida de Mélies, etc.) reside en lo mágico.

    En un primer momento parece un poco desorientadora la historia, porque no sabemos exactamente a dónde nos llevan, pero al instante que aparece el personaje de Mélies y todos los signos alusivos a su obra cinematográfica, la película cobra forma y cierra de inmediato todos los cabos de una manera maravillosa. Es la vida y el trabajo de Mélies, sus aportes al cine lo que nos explica todos los interrogantes, es por eso que considero que es una biopic, sólo que contada de una forma muy poco tradicional, casi circunstancialmente.

    El film se presenta como un gran estímulo visual permanente: asistimos a un despliegue de técnicas que se orientan a perpetuar la magia que esconde el cine. Sólo por estar hecha en formato 3D ya nos sumergimos en una atmósfera onírica que se completa con los alucinantes vestuarios, la terminal de trenes de ensueños y ese fascinante París de los años ’30. Estéticamente estamos frente a una obra maestra y muy finamente cuidada.

    La estación de trenes es un espacio que se comporta como personaje indispensable en la película. Mientras Hugo observa todo desde un enorme reloj, vive las peripecias de la rutina que es lo que le agrega el tono cómico al film: el malhumorado inspector de la estación (Sacha Baron Cohen) que persigue a los huérfanos e intenta conquistar a la florista (Emily Mortimer), el enamorado de Madame Emilie (Frances De La Tour) con sus acompañante caninos, etc. La estación es el mundo al que Hugo está reducido hasta que aparece la aventura que lo lleva a viajar en el tiempo, conocer sobre los orígenes del cine (que son exhibidos de forma muy didáctica para el espectador), sobre literatura y sobre la magia detrás de todas las cosas.

    Dos niños buscando una aventura que los lleve a descubrir el misterio, hace ingresar al espectador en la ésta, vivirla desde la mirada infantil que se convierte en un espacio fundamental dentro del film. Martin Scorsese, cual mago, nos invita a explorar, desde los ojos de un niño, el maravilloso mundo del cine, los misterios que éste encierra y la magia que lo devela todo. La magia es el principio, el enigma y es también la solución. Encontramos la magia detrás de cada invención.
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  • Los descendientes
    Después de la última ceremonia de los Premio de la Academia, siempre nos quedan varios títulos anotados por ver; y la verdad es que, aunque para muchos de nosotros estos premios sean muy arbitrarios y poco confiables, siempre terminamos interesándonos en algunos de los films premiados. Entre ellos, me viene llamando la atención desde hace un tiempo, Los Descendientes (The Descendants, Alexander Payne, 2011). El nuevo trabajo de George Clooney que ha dejado a más de uno con la boca abierta por su actuación.

    Matt King (George Clooney) es un abogado que está atravesando un momento bastante difícil: su mujer yace en coma y ha quedado a cargo de sus dos hijas, Alex (Shailene Woodley) y Scottie (Amara Miller) de las cuales nunca se había encargado, tiene sobre sus espaldas la decisión de vender o no la tierras que heredó de sus antepasados y se entera que su mujer lo ha estado engañando desde hace tiempo. La historia está basada en la novela de Kaui Hart Hemmings.

    La película nos recibe con un paradisíaco escenario hawaiano y una voz en off dándonos las razones sobre por qué no debemos pensar a esta isla como un paraíso. A partir de aquí asistiremos al declive de un hombre que parecía tenerlo todo y que desde el accidente de su mujer se verá obligado a encontrarse con espacios de su vida que habían sido dejados de lado. Lo primero que podemos pensar de esta historia es que ingresaremos en un denso drama; pero no es así, porque si bien estamos envueltos por una historia súper dramática, un condimento esencial del film es el patetismo: Matt King se encuentra en un estado de patetismo y todo lo que lo rodea lleva una carga irónica que lo incrementa. Su hija mayor drogadicta acompañada de su estúpido novio, su hija menor que ataca a sus compañeras del colegio, el amante de su esposa, sus particulares parientes, etc. Esto lleva al film a distintos pasajes tragicómicos que permiten que se mantenga un ritmo interesante y llevadero.

    Y en este sentido es donde más advertimos el singular trabajo de Clooney; que deja de lado el legendario galancete, carga esta mochila de problemas y adopta un semblante que todo lo dice. Realmente todo su cuerpo se modifica y puede, con una expresión, transmitirnos esa desesperación interna que por fuera debe verse como serenidad y control de la situación. Entra en lo tragicómico, en el grotesco, porta la mueca que define todo.

    Resulta verdaderamente contrastante el espacio geográfico elegido con el ánimo de los personajes y la historia, ya que mientras observamos un paisaje privilegiado y de ensueño sabemos que asistimos al derrumbe de un hombre. Lo interesante es que el espectador transita junto a los personajes el “breakdown” y luego la salida a flote, con todos su altibajos, pasajes cómicos y sumamente bajos.

    Si bien el film se presenta bastante liviano, con una historia cotidiana y simple, creo que se disfruta minuto a minuto porque se logra una gran identificación con el público. Matt King es tan común que conmueve, hace que nos sensibilicemos y solidaricemos con el personaje. Creo que cumple su misión: no impresiona, sólo nos lleva a la interioridad de cada personaje y nos acerca de una forma genuina.
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  • 50/50
    50/50
    Indie Hoy
    Incontables son las veces que el cine se unió con la disciplina médica para llevar a la gran pantalla historias de enfermedades, de gente sufriendo, ambientadas la mayoría en hospitales (Inocencia interrumpida, Patch Adams, Despertares, por nombrar sólo algunas). Y podríamos decir que los films de este tipo han constituido hasta un subgénero que los une. 50/50 (Jonathan Levine, 2011) se suma a este género (o subgénero) pero de una forma bastante particular… Lo primero que pensé al leer el argumento fue: ¿Cómo una película con esta temática me va a hacer reír?

    Adam (Joseph Gordon-Levitt) es un chico de 27 años al que le diagnostican cáncer. De pronto su vida da un vuelco y junto a su mejor amigo, Kyle (Seth Rogen) lidiará con la enfermedad.

    Que tu mejor amigo utilice el hecho de que estés enfermo de cáncer para conseguir chicas, eso sí que es bizarro. Pues esa es la forma en la que Adam y Kyle eligen enfrentarse al cáncer de espalda que sufre Adam. Si bien hace terapia, va al médico y fuma marihuana “medicinal”, el comportamiento de la gente a su alrededor va a ser decisivo. El director, Jonathan Levine cuenta con ironía, sarcasmo y con un poco de resignación la historia de su vida a través de Adam.

    Adam transita todas las etapas del enfermo de cáncer de una forma muy predecible, lo cual hace del ritmo del film algo bastante dinámico: si bien nunca deja de haber pasajes cómicos, nos encontramos con altibajos emocionales, momentos duros, etc. Si hay una escena que nos da la pauta de que éste es un film que trata con el mayor optimismo posible una enfermedad tan dura es la siguiente: Adam está por pelarse porque comienza la quimioterapia (lo cual supondría un hecho traumático), Kyle por detrás le pide que no lo haga, que quedará horrible, hablando sólo de una cuestión estética. Escenas como ésta abundan en el film, y si bien presenta momentos tristes, podemos decir que estamos al frente de una gran comedia. Y gran parte de esto se lo debemos a la impecable actuación de Seth Rogen, quien también aportó experiencias personales, de un amigo con cáncer para formar la película y varias de las escenas más graciosas.

    La película se centra en mostrar la reacción de un enfermo de cáncer y de la gente a su alrededor, un relato de subjetividades donde todo tiene una previa pincelada de optimismo. Pero resulta un poco paradójico escuchar una canción de Radiohead (“High and Dry“) o canciones de corte indie mientras se supone completo optimismo; se produce un buen contraste.

    50/50 se convierte en una parodia de aquellas películas que mencionábamos al principio, que nos hacen llorar por horas, que usan los lugares más comunes para apuñalarnos en el corazón con historias de enfermedades. Ante la condición de enfermo de Adam, lo único que el film despierta son risas; nos compadecemos pero esto queda en un segundo plano. Con escenas maravillosas, gags entrañables, también vale destacar la actuación de la siempre genial Angelica Houston como madre de Adam, bellos ambientes creados y un Gordon-Levitt a la altura de las circunstancias, 50/50 se convierte en un film imprescindible del 2011.
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  • La piel que habito
    ¡Qué hermosa manera de empezar el 2012 cinematográfico con la nueva de Almodóvar! El director madrileño nos sorprende con un drama que cava bien hondo en los temas más citados por él en su carrera y los trabaja de forma más excesiva y dramática que nunca. La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011) desde antes de su estreno viene teniendo buenas señales.

    Desde que su mujer murió quemada en un accidente de coche, el doctor Ledgard (Antonio Banderas), eminente cirujano plástico, se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera podido salvarla. Doce años después consigue cultivarla en su laboratorio, aprovechando los avances de la terapia celular. Para ello no dudará en traspasar una puerta hasta ahora terminantemente vedada: la transgénesis con seres humanos. (Fuente: labutaca.net)

    La película es, ante todo una historia de amor y de venganza. De por medio, el director mecha bastantes temas interesante y controversiales que nos podría llevar horas de discusión, pero creo que la base es el amor, la venganza y la locura. Robert, con algunos condimentos, es en realidad el estereotipo del científico loco; un Frankestein al que se le agrega una buena dosis de amor y erotismo. Y, ¡cómo no hablar del erotismo!, factor infaltable en la estética almodovariana: esta vez, como tantas, Almodóvar lleva el deseo, lo erótico, lo sexual al límite de lo bizarro. Su obsesión con el travestismo, con las relaciones sexuales retorcidas son trabajadas de una manera muy nueva, llevadas a extremos maravillosos. Creo que La piel que habito es una de las obras más logradas del director, más madura y más sentida.

    Hay una temática que es bastante patente en la historia y es el tópico de la cárcel, del encierro. El estar encerrado en el cuerpo, en la sexualidad, en lo material del cuerpo. Vera está literalmente encerrada por Robert, pero además de estar encerrada en esta prisión sirviendo de conejito de indias, esta piel que habita también se presenta como cárcel. ¿Hasta qué punto la carne, la piel, condicionan nuestro ser? Invento, hombre, piel. Intervenir al hombre como a las cosas, como a lo natural. No existe lo natural. Todo es reversible. No sólo el sexo sino que la sexualidad. El personaje de Banderas en un momento dice algo así como: intervenimos la tierra, la comida, etc., ¿por qué no intervenir la piel?

    Sí podemos decir que, para los amantes del director, se nota bastante la ausencia de la cuota humorística, si bien tenemos dos o tres pasajes cómicos. Podríamos decir que es un film que más bien se acerca a los del estilo de Todo sobre mi madre o Hable con ella; donde el humor y los colores extravagantes, los decorados kitsch están ausentes. Pero, a cambio de esto, obtenemos un film sumamente profundo.

    Otra crítica que podríamos hacer es que durante la primera mitad de la película, la historia resulta un poco densa e inentendible. Y luego, en la segunda parte, se unen todos los retazos de historia que veníamos presenciando para lograr una exquisita obra. Todos los cabos se atan a la perfección y el factor sorpresa estalla de maravilla.

    Cabe destacar la actuación siempre impecable de “la chica almodóvar”, Marisa Paredes y la de Antonio Banderas, en uno de los papeles más comprometidos y profundos (a mi entender).

    Finalmente, sólo puedo decir que La piel que habito es de esas películas que te dejan pensando por días y días y que hacen que surjan millones de preguntas, así como hablábamos en el caso de Melancolía. Una trama perfectamente lograda que demuestra el profesionalismo superior del director, una historia impactante llevada a cabo por actores que deleitan.
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  • Melancholia
    Melancholia
    Indie Hoy
    El apocalipsis más hermoso

    Entre tanto cine que se copia de otros, tantas historias sin sentido que sólo buscan obnubilar con lo visual, historias ya contadas con una vuelta de tuerca poco convincente, aparece en el escenario cinematográfico el nuevo trabajo del aclamado realizador Lars Von Trier: Melancolía (Melancholia, Lars Von Trier, 2011). Nos encontramos ante un film provocador, innovador… brillante.

    Es ese tipo de películas que te descolocan de la rutina, que después de verlas tardás un rato en volver a la normalidad; tu cabeza da vueltas buscando explicaciones, recordando imágenes. Y creo que esto es una de las funciones más importantes del cine: moverlo del lugar del entretenimiento banal e involucrarlo en una práctica intelectual donde el espectador también forme parte del film. Melancolía lo logra de maravilla.

    La historia es bastante simple: Justine (Kirsten Dunst) y su hermana Claire (Charlotte Gainsbourg) tienen una relación bastante particular que va mutando mientras el planeta “Melancolía” se acerca a la Tierra y amenaza colisionar.

    Para hablar de una película con tantos condimentos se hace difícil saber por dónde empezar. Pero creo que lo mejor es hablar de la división cuasi literaria del film: al igual que Anticristo (el film previo del director), Melancolía comienza con un prólogo que consta de bellísimas imágenes acompañadas de una música celestial. Entre la calidad de las imágenes oníricas y la imponencia de la música, el comienzo de la película resulta fundamental en relación al final. Luego se divide en primera y segunda parte, las cuales corresponden a la mirada y a la percepción que tienen del fenómeno de “Melancolía” Justine y Claire, respectivamente. Entonces vemos cómo el film, en sí se concentra en las subjetividades de cada una de las hermanas, en los sentimientos que se despiertan en su interior a partir de la posible colisión. Y esto se vuelve más notable si pensamos en el hecho de que las únicas personas que parecen sufrir este “fin del mundo” son las dos hermanas y el esposo e hijo de Claire. Pareciera como si no estuviera situada en ninguna sociedad, como si no hubiera un afuera, un extra a ellos.

    En relación a lo anterior, podemos hablar de una atmósfera irreal que se mezcla todo el tiempo con la realidad. Las hermanas tienen una sensibilidad diferente, que las lleva a sentir la naturaleza y más específicamente “Melancolía” de otra manera.

    Uno de los elementos más llamativos del film, que salta a la vista ya desde el tráiler y el cartel es el gran cuidado y trabajo estético que se pone en escena. La película es todo el tiempo bella. Los interiores son sumamente imponentes y perfectos. Los espacios naturales parecen haber sido doblemente embellecidos. La iluminación y el trabajo de cámara están logrados a la perfección.

    Creo que sería pertinente no dejar de lado el título. A cualquiera le llama la atención un título como Melancolía; pero lo interesante del planteo del director es el hecho de retratar el apocalipsis como un choque y una explosión: la Tierra contra Melancolía, morir estrellado por la melancolía. Pero es una melancolía bella, la más bella. De hecho (sin ser spoiler) la secuencia final es uno de los momentos más hermosos y emotivos del film.

    Melancolía se presenta como una experiencia perfecta, un viaje a un mundo en el que la tristeza y la belleza son una sola. En tiempos donde el apocalipsis está tan en boga vale la pena imaginarlo tan hermoso.
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  • Medianoche en París
    El poder de la ilusión

    Ya hemos hablado alguna vez por acá de aquella “función” del cine para transportarnos a diferentes espacios, realidades, sentimientos, etc. Pero esta vez es necesario intercambiar la palabra cine por arte en general. Es muy común escuchar artistas que venderían su alma al diablo por estar (aunque sea por una noche) con sus ídolos, en épocas pasadas e idealizadas. Ese querer pertenecer, querer conocer lo que habrían pensado nuestros ídolos, lo que nos hubieran dicho, etc. que se materializa en una imaginación e ilusión de ensueño. La nueva película del (siempre) genial Woody Allen, Medianoche en París (Midnight in Paris, Woody Allen, 2011) nos muestra esta ilusión típica de artista en un relato de lo más logrado.

    Gil (Owen Wilson) está de viaje por París con su prometida Inez (Rachel McAdams) y la familia de ella. El es un escritor, que tiene en proceso de escritura una novela pero se encuentra bloqueado. Enamorado de la atmósfera parisina pero en total desconexión con sus compañeros de viajes, Gil, en una noche de borrachera cae en una fiesta bastante particular: ubicada en los años ’20, que tiene de invitados a sus mayores ídolos literarios. Pareciera que Allen se ha dado el gusto de hacer una película sobre sus propios deseos. Y, muy lejos de ser algo puramente personal, el film se vuelve el sueño hecho realidad de muchos. ¿Qué harías si te encontraras con tu mayor ídolo?

    Woody Allen pone en el tapete y trabaja un abanico de ideas interesantísimas. La disconformidad, propia del humano con respecto al presente, el hecho de estar añorando siempre el pasado (actitud sumamente romántica, que caracteriza al personaje de Gil) o de apuntar a un futuro poco cierto; la necesidad de que las obras de arte estén avaladas por una tradición (autores, movimientos, épocas, actitudes) y se inserten dentro de ciertos parámetros; la figura del escritor se pone un poco en ridículo, podría decirse, así como también el cliché del artista y su musa. Si bien pareciera ser una historia sólo apta para literatos, muy por el contrario, es una película sumamente cómica por donde se la mire y con millones de líneas que se desprenden y que no sólo apuntan a un espectador culto.

    midnight in paris poster Medianoche en París: El poder de la ilusión cine

    La ciudad de París viene a ser un personaje más que importante y fundamental, así como en la mayoría de sus obras, Allen se dedicó a retratar New York de una manera única y definitoria de su estética, en este film, París es el centro que une el amor (condimento infaltable de esta ciudad), la fantasía, la magia, el arte…Con una fotografía excepcional que inicia la historia con un muestreo de los lugares más bellos de la ciudad de la luces, nos sumergimos en una atmósfera de ensueño y salimos del cine pidiendo por favor un pasaje a Francia.

    Infaltable en las películas del director en cuestión es su propia presencia protagónica, o bien (y ahora que está veterano) un actor en su reemplazo que reproduce las forma estereotipadas tan típicas de su actuación (hipocondríaco, anti social, intelectual, problemático en sus relaciones con las mujeres, etc.) y esta vez fue a Owen Wilson a quien le tocó semejante desafío; y debo decir que realmente lo ha llevado a cabo con total naturalidad y acierto. Curioso es ver a quien años atrás pegaba patadas junto a Jackie Chan, ahora siendo dirigido por uno de los mejores directores de cine contemporáneos e interpretando la neurótica personalidad de este genio.

    En fin, sólo me queda recomendarles sin más esta bella película, no sólo para los amantes de Woody o para los literatos. Es un film que refleja el deseo de todos nosotros de vivir en otro lugar, otra época, de ser alguien más. Un pasaje cómico ineludible y una verdadera fantasía para vivir aunque sea por una horita y media.
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  • El laberinto
    El laberinto
    Indie Hoy
    La tristeza sin salida

    Cuando pensamos en el dolor más insuperable que padecen los seres humanos, sin vacilar hablamos de muerte. Nosotros, los mortales que parecemos tener todo bajo control, que creemos dominar incluso a la naturaleza, vivimos amenazados por esa enemiga imposible de enfrentar, la muerte. Y, por supuesto, no es una temática menor dentro del séptimo arte, que ha sido tratada desde montones de ángulos: tomándola con humor (valga como ejemplo el genial Woody Allen, o la obra magnífica de Frank Oz, Muerte en un funeral), ahondando en la gran cuota enigmática que siempre la rodeó (el último trabajo de Clint Eastwood, Más allá de la vida), como excusa y temática para muchísimos films de terror (sobre todo el terror oriental) o, lo más clásico, haciendo hincapié en el nivel de dramatismo que los occidentales nos ocupamos de asignarle a la muerte. Rabbit Hole (John Cameron Mitchell, 2010) trata justamente la temática de la muerte desde quienes han perdido a un ser querido y cómo deben convivir con esa pérdida.

    Rabbit Hole nos trae la historia de una pareja, Becca (Nicole Kidman) y Howie (Aaron Eckhart) que pierden a su único hijo, cuando accidentalmente un joven lo atropella en un auto. A partir de esto, la pareja se desestabiliza, mientras cada uno de ellos hace su propio proceso, al mismo tiempo que sus relaciones en general se vuelven conflictivas. Y dentro de las formas que Becca encuentra para ahogar el dolor es contactarse con Jason (Miles Teller) el chico que atropelló a su hijo.

    Pensando a la muerte como aquel túnel sin salida, que nos atrapa y asfixia, el film se desarrolla mostrándonos el pozo en el que cada personaje está viviendo a partir de la muerte. Nicole Kidman en una actuación ilustre, con las emociones todo el tiempo a flor de piel, va dibujando el carácter de una madre ya casi sin vida, totalmente opacada y que da la sensación de estar buscando siempre algo y al momento, caer en la cuenta de que no hay nada. Por su parte, Aaron Eckhart encarna a un padre que no sólo pelea por superar la enorme pérdida sino que intenta “rescatar” del pozo a su mujer que cada vez lo ignora más, mostrando también una actuación sumamente emocional y sincera. Entonces, podemos decir que es la figura de la muerte la que desestabiliza elementos que se mantienen equilibrados sólo por la vida, en este caso la familia, la integridad emocional. El hijo nunca aparece en la película, sino que ésta se inicia cuando la muerte ya se ha dado, incluso ya hace algunos meses. Es decir, se está reparando en aquello que el fallecimiento de un ser deja en quienes siguen viviendo, en cómo la vida se ve obstaculizada por la muerte; aquella fuerza mayor que termina por destruir no sólo lo que se lleva sino también lo que deja.

    Rabbit Hole Rabbit Hole: La tristeza sin salida cine

    Resulta interesante observar cómo Becca necesita distraerse de la situación que le ha tocado vivir y cómo establece relaciones críticas con todo lo que la rodea. Creo que la psicología de este personaje llega a estar perfectamente lograda y muy acertadamente interpretada por la bella actriz. Mientras pretende seguir el curso normal de su vida como careta ante el mundo, busca deshacerse de las pertenencias del difunto niño o eliminar todo objeto que lo represente, incluso su casa; intentado un despojo total de aquello que recuerde a su hijo. Pero dentro de estos mecanismos, Becca entabla una relación secreta con el joven que conducía el auto que mató a su hijo, y es con él y en el parque (su lugar de reunión) donde más tranquilidad y alivio logra encontrar.

    Por último puedo decir que Rabbit Hole, en mi opinión, cubre muchas expectativas, aunque no todas, sobre todo por su lentísimo ritmo narrativo. Con una estética bellísima, con actores fluidos, naturales y compenetrados en un papel, con una historia simple pero honda, la película me ha dejado pensando durante algunos días, con una sensación amarga y dulce a la vez. Temática ya vista, argumento casi aburrido, Rabbit Hole logra mantener emociones fuertísimas desde estos clichés, justamente porque no hay que exigirle una gran historia ya que lo que se pretende es el retrato de los sentimientos más hondos en dos vidas y se logra a la perfección. Una visión de la muerte muy realista que nos lleva a pensar qué lugar tan débil el nuestro, que nuestra estabilidad en vida depende en sí de la vida de los otros.
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  • La doble vida de Walter
    Cable a tierra

    Qué lindo es esperar con ansias una película y que sea lo que esperabas cuando la vas a ver. Justamente eso me pasó con La doble vida de Walter (The Beaver, Jodie Foster, 2011), que presenta un argumento bastante llamativo para mí y que parecía muy prometedor. Cuenta la historia de Walter (Mel Gibson), que sumido en una depresión intenta suicidarse cuando de repente un castor títere de peluche lo salva y de allí en más comienza a hablarle. A través del títere, manejado por el mismo Walter, el protagonista comenzará a recuperar todo lo que estaba perdiendo a causa de su enfermedad (su empresa, su familia, su matrimonio).

    Hay momentos en la vida de los seres humanos en los que parece que somos tan pero tan pequeños e inservibles que no podemos llevar a cabo nada, que todo se nos derrumba en nuestras narices y que nuestra debilidad nos lleva a no hacer nada. Es en esos momentos donde solemos buscar un cable a tierra; cuando ya no se puede ir más abajo intentamos subir, de la mano de algo externo, algo que nos exceda porque nos pensamos incapaces para todo. Solemos buscar en Dios, en el arte, en terapias, etc. El personaje de nuestra película en cuestión buscará algo tan simple como un peluche viejo y olvidado: le dará vida (la vida que él ha perdido) y lo dotará de todos los atributos del que él mismo había sido despojado. La vía por la cual podrá establecer relación con el mundo exterior será por este elemento que tomará fuerza a partir de la debilidad de Walter.

    The Beaver Poster La doble vida de Walter: Cable a tierra cine

    El film comienza con la imagen de un hombre y una voz en off diciendo: “este es el retrato de Walter Black”. Una imagen sórdida, abatida, de un hombre que parece estar muerto, absolutamente marchito. El castor, personaje más que principal tendrá una personalidad completamente opuesta a la de su “dueño”, siendo extrovertido, simpático, cariñoso, positivo, gracioso, etc. y tendrá una presentación muy diferente a la de Walter, siendo muy solemne y casi mítica, donde nos anuncia que las cosas tomarán otro curso. Walter, al adoptarlo como extensión de su brazo producirá un quiebre en su vida y en la relaciones que venía llevando lo que sería la “sombra” de Walter. Lo que era un hombre gris ahora es el poseedor de un peluche que conquista todo lo que toca. Entonces es posible ver cómo a partir de la apropiación de un elemento ajeno y externo el personaje puede sacar a la luz todas aquellas cosas que las tiene vedadas por su condición; le es necesario un vehículo que lleve a cabo todo lo que él no puede. Igualmente, la gente a su alrededor comenzará a “enamorarse” del representante de Walter, olvidando lo que hay detrás. Y resulta ser que él no puede desempeñarse en la vida cuando intenta despojarse de su amigo peludo. Si bien él es consciente de que quien maneja el muñeco es él mismo, se piensa incapaz para llevar a cabo las acciones que realiza cuando el El Castor está al mando. Ponerse o sacarse el títere implica un cambio de actitud ante la vida sumamente decisivo: la vida o la muerte. En su inestabilidad, Walter vacila y se siente desprotegido sin este personaje que él mismo ha creado, pero que en este momento es el único cable a tierra que lo mantiene vivo.

    Resulta interesante cómo las atmósferas creadas transmiten el estado de Walter permanentemente: primero sombrías, luego más brillantes e iluminadas y acompañando los altibajos, con una musicalización ideal donde “Exit Music (For a film)” de Radiohead resalta significativamente en uno de los momentos más críticos del film. Y no se puede dejar de destacar el papel de Jodie Foster, que no sólo se puso en el rol de directora sino que interpreta nada menos que a la esposa de Walter quien vive a cada segundo (algo desconcertada) la metamorfosis de su marido, con una actuación muy a medida y muy creíble. Gibson, por su lado, parece haberse tomado su papel muy a pecho, ya que se lo ve descarnado y sumamente inmerso, despojado de sus clichés de galán hollywoodense.

    El film se me presentó preciso, con algunos desvíos en la historia pero aún así compacto sin decaer en ningún momento; si bien el ritmo es lento, lo cual es entendible por la historia contada. Realmente disfruto las historias simples que delatan una complejidad psicológica y que llevan a sus personajes a límites insospechados. Y eso es La doble vida de Walter, un drama profundo y duro, una crítica, una mirada a la vida, adentrándose en la historia de un hombre corriente que simplemente pide ayuda.
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  • Hanna
    Hanna
    Indie Hoy
    Civilización o barbarie

    Cuando veo una película suelen pasarme tres cosas, hablando generalmente: me gusta, no me gusta o, el intermedio y poco definido “me gustaron algunas cosas pero algo le falta”. Bueno, esto me pasó con la tan esperada por mí, Hanna (Joe Wright, 2011). Anunciándose desde hacía un tiempo, con un tráiler prometedor y con la gran Cate Blanchett de por medio, parecía ser una obra prometedora. Y no sé si fue por lo poco que sabía del film antes de verlo, pero me desconcertó su género, su estética, su narrativa. Y todo me desconcertó para bien y para mal. Es difícil explicar qué me pasó con esta película.

    Hana (Saoirse Ronan) es una niña que ha vivido toda su vida con su padre (Eric Bana) en una región aislada del mundo “civilizado” y moderno. Se ha criado cazando y entrenándose cual soldado, para ser el asesino perfecto y ha conocido el mundo a través de enciclopedias. Hasta que llega el ansiado momento de largarse al mundo urbano para enfrentarse a su enemiga letal, Marissa (Cate Blanchett), para cumplir una misión.

    La narración podría decirse es inteligente: dejando varios blancos al principio, y durante buena parte del film, nos mantiene en la lógica del rompecabezas y atentos a cada detalle. Acompañado por el ritmo narrativo, la película experimenta una transición desde el mundo natural, salvaje y primitivo con el que comienza, que por un momento pensamos que nos encontramos en una era pasada (retratado con una fotografía deslumbrante) hacia un mundo moderno, civilizado, hasta futurista por momentos. Ese desplazamiento supone un giro en cuanto a estéticas, colores, ambientación, etc. que puede resultar chocante, pero que logra establecer el contraste pretendido para dividir aquellos dos universos tan distanciados. Y es en este punto donde el subtítulo del film viene a colocarse de maravilla: “Adapt or die” (Adaptarse o morir). Se plantea en la película un tránsito entre mundos que conviven paralelamente pero que se contradicen, que no llegan a una síntesis. Y tendremos que esperar al final para saber qué mundo se impone sobre el otro: si es el de la “barbarie” encarnado por Hanna, o el de la “civilización”, representado por el personaje Blanchett.

    Hanna poster Hanna: Civilización o barbarie cine

    En medio de todo este planteo, que resulta bastante interesante, se cuelan en la historia muchos datos que luego se sintetizan, pero que resulta un poco engorroso y artificial unirlos; parece que la narración no tuviera un curso fluido y que se encontrara como incomodada por acontecimientos colados. Con esto no me refiero a que no es una buena historia, sino que el orden no fue el más feliz.

    Un elemento llamativo que no se puede dejar de destacar es la musicalización de la película a cargo de The Chemical Brothers. Parece que el audio no se correspondiera con las imágenes. Pero creo que justamente es esto lo que en el film se busca: desconcertar. Ese mismo desconcierto que vive Hana, una niña que aparece como extraña y mítica todo el tiempo, es lo que se busca generar en el espectador; desde los cambios de patrones estéticos, hasta canciones que parecen desubicadas, secuencias desestructuradas, etc. Y al mismo tiempo, mientras transcurre un film que parece de vanguardia, saltan a la vista los elementos más hollywoodenses.

    En fin, disfruté de la película, aunque no todo el tiempo. Sí creo muy interesante y valioso el trabajo de contraposición entre dos realidades, retomando una antinomia básica de occidente como lo es pertenecer a la civilización o a la barbarie.
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  • Blue Valentine
    Una historia sencilla

    Ya desde el subtítulo de esta película, “Una historia de amor”, se nos anuncia que su naturaleza se reduce a ello; lo cual no tiene por qué ser desmerecedor como algunos piensan. Es que Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010) se propone contar una historia de amor entre dos mortales comunes y corrientes, sólo eso. A veces necesitamos que un film nos muestre una historia extraordinaria, que nos saque de nuestra vida ordinaria y nos haga creer los clásicos “amores de película”. Blue Valentine es totalmente lo contrario: justamente nos interpela, nos pone incómodos, toca los puntos más sensibles de cualquier historia de amor.

    Blue Valentine retrata la historia de Dean (Ryan Gosling) y Cindy (Michelle Williams), una pareja que se encuentra en crisis y que lucha por sacar a flote su relación. Para relatar este momento deberemos conocer el pasado de ambos solteros y como pareja. Así ingresamos en el film, repleto de flashbacks donde a cada momento es posible identificarse o “ponerse del lado” de alguno de los personajes.

    Realmente es deleitante encontrarse con películas que nos ofrecen una historia simple, que se encuentra a la vuelta de tu casa (o dentro de tu casa) y que sin una multiplicidad de hechos pueden mantener una narración interesante durante su extensión. Y digo esto por la cantidad de films que se esmeran en crear historias “complejas”, con recovecos, grandes giros, finales inesperados, etc. que de vez en cuando resulta hasta innovador descubrir argumentos sencillos. Y justamente lo destacable de esto es que detrás de eso que parece una historia simple y sosa se esconde una gran complejidad. Blue Valentine consigue no sólo todo lo anterior sino que en su entereza logra mantener la línea de lo cotidiano. Los personajes, las actuaciones, las locaciones, los sucesos y diálogos se presentan a la medida de cualquier mortal, lo cual abre la posibilidad de una fuerte identificación por parte del espectador.

    Blue Valentine poster Blue Valentine: Una historia sencilla cine

    Si bien pueden verse algunas similitudes con película como Diario de una pasión, Blue Valentine no cae en cursilerías, y sus hechos son tan crueles como reales. Y es el condimento de la realidad lo que hizo que esta historia me atrajera: y es que los pretendidos y clásicos “amores de película” parecen haber caducado; dejando de lado los estereotipos de amor feliz y para siempre, este film penetra tanto en las zonas más rosadas de una historia de amor como en las más cruentas. Y al mismo tiempo plantea una crítica a la institución del matrimonio, o tal vez una mirada pesimista en detrimento de esta idea de lo perpetuo de la unión conyugal. El amor puede morir y las situaciones pueden volverse insostenibles. Y a pesar de todo esto, como decíamos al principio, sigue siendo una historia de amor, sólo que anclada en la realidad, haciendo hincapié en todos los aspectos de una relación amorosa; sin pintarnos ese cuadro tan añorado que el séptimo arte desde siempre se asignó el papel de mostrar: parejas felices, parejas ideales. Pero creo que es interesante que el espectador pueda sentirse incomodado por la historia, y en vez de terminar abrazado con su pareja mientras miran el film, sintiéndose una reproducción de los actores, pueda verse reflejado.

    Resulta indispensable destacar las grandes interpretaciones de los actores principales (sobre todo Gosling) que parecen haber hecho carne la historia, y que generan esa sensación de realmente haber vivido las experiencias narradas dentro de esta línea de lo verosímil y cotidiano.

    Blue Valentine, es de esas películas que lo desencantan a uno, que en vez de permitirle imaginar y zambullirse en la pantalla cual amantes de Casablanca, nos invita a presenciar un quiebre, una fisura dentro de algo que alguna vez estuvo completo. Y creo que si bien una de las características más hermosas del cine es poder crear mundos paralelos que nos permitan escapar por un ratito, es también interesante que de vez en cuando esos mundos nos incomoden, nos hagan dudar, al fin y al cabo, pensar.
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  • Sucker Punch: Mundo Surreal
    Muñecas surrealistas

    Fui al cine con pocas expectativas sobre esta película; y, exceptuando por el ser que a mi lado masticaba fervorosamente pochoclo, me lleve una gratísima sorpresa. Mejor dicho, la pasé bomba. Sucker Punch, mundo surreal (Sucker Punch, Zack Snyder, 2011) principalmente es un despliegue: de imágenes, de sensualidad, de efectos especiales y visuales, de trabajo de edición. Se encuentra uno ante una pantalla que lo absorbe en imágenes surrealistas, con un estilo cómic. Y es por esto que disfruté tanto de la película: lo visual y lo auditivo son privilegiados, la historia queda en un segundo plano.

    Baby Doll (Emily Browning) es encerrada por su padrastro (Gerard Plunkett) en un hospital psiquiátrico. Apenas ingresa allí, en su imaginación, convierte al hospital en un burdel. Y para escapar de él debe encontrar cinco elementos. Para hacerlo se sumerge, también en su imaginación, en submundos surreales donde pelea contra soldados zombies, dragones, orcos, etc. Para esta tarea cuenta con sus ayudantes: Sweet Pea (Abbie Cornish), Rocket (Jena Malone), Blondie (Vanessa Hudgens) y Amber (Jamie Chung).

    El argumento se presenta simplísimo. Pero creo que Sucker Punch no es el tipo de película del cual se deba esperar un guión fabuloso o profundo, sino que es interesante apreciar el resto de las cosas que nos ofrece e ir al cine con una predisposición sobre lo que vamos a encontrar. Sobre la base de ese pensamiento, puedo decir que Zack Snyder hizo un trabajo maravilloso. Conservando esa estética tan particular usada en 300 y un poco de la de Watchmen, el tratamiento de la imagen en el film es sublime. Unido esto a los efectos visuales y especiales, la película logra trasportarnos hacia aquellos ambientes surrealistas que la revisten y que logran cubrir lo vacío de la historia. Otro agregado que hace de esta estética algo completamente disfrutable son las actrices que, sin tener actuaciones deslumbrantes (para nada) cumplen su verdadero rol: el film no les exige un gran despliegue de emociones, sino una exhibición de “poderes” y de su cuerpo. Las cinco amigas se pasean en paños menores toda la película, con un maquillaje de primera línea en medio de ambientes hostiles. Y creo que específicamente esta contradicción visual ayuda a crear lo surrealista: dentro de una cocina inmunda baila una muñeca rubia, con dos colitas y mini vestido de colegiala.

    Sucker Punch poster Sucker Punch: Muñecas surrealistas cine

    Otro aspecto que también se resalta es la musicalización, comenzando el film con una versión de la ya clásica “Sweet dreams (are made of this)” interpretada por la misma actriz Emily Browning. Durante la primera secuencia, los sucesos son relatados con esta bellísima versión de fondo y sin diálogos, sólo mediante contundentes imágenes que nos resumen, de una manera muy acertada, la historia previa de Baby Doll. Realmente muy buena elección de narración. Igualmente vemos cómo cada canción concuerda con la estética surrealista del film: “Sweet dreams…” nos remite a esta atmósfera de ensueño propia del surrealismo, “Army of me” de Björk se presenta como una elección perfecta, a mi juicio, desplegando la irrealidad que rodea a la cantante, “Tomorrow never knows” de The Beatles, en una versión a cargo de Carl Azar que respeta la naturaleza “lisérgica” de la canción.

    Al igual, que hablábamos en la en la reseña de Scott Pilgrim contra el mundo, en Sucker Punch también vemos la influencia del videojuego, del cómic y del videoclip: sobre todo videojuegos y videoclip, ya que el primero se refleja en las etapas que deben superar para llegar al objetivo y se presentan más dificultosas cada vez y en los diseños de ciertos personajes. Y podría decir que el film remite al videoclip por el hecho de estructurar cada “etapa” de lucha con una canción, que empieza y termina con el reto y que se corresponden.

    Finalmente puedo decir que, más allá de la poca solidez del argumento, Sucker punch se convierte en una deleitante experiencia audiovisual. Sí, podemos decir que presenta un gran vacío argumental, pero creo que no es el propósito del film ahondar en la historia, sino que ésta es una mera excusa para darle un poco de sustento al despliegue audiovisual. Esto se ve, sobre todo en el hecho de que la mayoría de las cosas se justifican o se resuelven desde lo imaginario o irreal (cómo consiguen las protagonistas sus armas de defensa, por ejemplo). Es decir, que lo visual nos contenta con algo extraordinario sin hacernos pensar en la lógica que debería tener una acción en la realidad. Y según mi experiencia con el film, lo logra de una manera exitosa.
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  • Un cuento chino
    La dolorosa tarea de estar acompañado.

    Una nueva película argentina con la cara de Ricardo Darín en el poster. ¿Qué no hay otros buenos actores en nuestro país? Tenemos que admitir, los argentinos, que un poquito de bronca hemos desarrollado hacia el rostro que aparece en una buena cantidad de los films de nuestra industria. En fin, siempre me canso de ver películas donde el afamado actor actúa de sí mismo: el típico “langa” porteño, pero esta vez me llevé una sorpresa. En Un cuento chino (Sebastián Borenztein, 2011), Darín se puso en los zapatos de un hombre más maduro y en un personaje profundo.

    La película tiene como excusa un hecho real: en China una vaca cae del cielo y mata a una joven mientras su novio le estaba por proponer matrimonio. Del otro lado del mundo, en Argentina, Roberto (Ricardo Darín) vive una vida monótona, rutinaria y sin muchas complicaciones; es dueño de una ferretería bastante anticuada y es lo suficientemente malhumorado como para estar bastante solo. Azarosamente, Roberto ayuda a Jun (Ignacio Huang), un chino que está perdido en Buenos Aires, y que terminará viviendo con él sin entenderse mutuamente ni una sola palabra. Tendrán que convivir dos seres opuestos, con culturas y costumbres también opuestas mientras la compañía se presenta particularmente tediosa y tortuosa para Roberto.

    Creo que uno de los puntos más interesante del film es el excelente tratamiento del personaje de Roberto. Básicamente su carácter es el sustento de la historia. Es decir, es pintándolo como solitario, gruñón y rutinario hasta la médula, que la figura del intruso viene a ser una gran complicación, una ruptura tan enorme que lo obligará a cuestionar y remover ciertos aspectos de su vida. Además, durante toda la película se hace hincapié en la relación que mantiene Roberto con los otros y con el mundo; Mari (Muriel Santa Ana), quien está enamorada de él, viene a ser fundamental en este punto, ya que es ella quien remarca explícitamente el especial carácter de Roberto. Otro aspecto que muestra estas relaciones es la extraña colección que lleva nuestro personaje: colecciona en un cuaderno, prolijamente pegadas, noticias de diarios insólitas. Es allí donde reside su diversión diaria, su escape imaginario hacia esos acontecimientos que escapan de lo común.

    Pero la relación construida con Jun no será un simple acto de solidaridad; sino que constituirá la llegada de la compañía y lo peor de todo, la alteración del orden. Este orden, este sistema que Roberto mantiene de una forma casi religiosa entra en peligro con la intromisión de otro. Y aunque aquel se manifieste perturbado, podría pensarse cómo, adrede llega a pedir la presencia de alguien que desbarajuste un poco la monotonía. Dejar por un momento aquel lugar tan cómodo para pasar al desequilibrio que puede llegar a convertirse en positivo.

    El personaje de Roberto viene a ser perfectamente construido: desde la fantástica escenografía que construye su casa anticuada y la ferretería de la que es dueño, hasta las reacciones dignas del estereotipo representado. Ahora, el film intenta explicarnos o justificar el carácter de Roberto; en su desarrollo se muestran pequeños indicios, como por ejemplo un apego importante a la figura materna. Pero la gran justificación llega justamente cuando nos enteramos que es un veterano de la Guerra de Malvinas. Instantáneamente la pantalla no lleva hacia aquella época, con un tono vintage y aviones y tanques de guerra. No pretendo juzgarlo innecesario, pero sí lo considero un tanto “traído de los pelos”. El ambiente del film se ve interrumpido por este episodio meramente justificativo como si estuviera inserto a la fuerza, lo cual provoca este cambio de atmósfera un poco brusco.

    Un cuento chino Un cuento chino: La dolorosa tarea de estar acompañado. cine

    No se puede dejar de resaltar que Un cuento chino le hace honor al género cómico: es una verdadera comedia, con guiños muy argentos y un agregado costumbrista fantásticamente realizado. Como es de esperar, no se podía dejar de lado la temática de la inmigración de personas orientales en nuestro país: muchas escenas suceden en el Barrio Chino, se hacen los típicos comentarios de confundir a japoneses y chinos (con ese dejo despectivo de los argentinos), incluso en una cena que mantiene Roberto con amigos, se deja transparentar, en una conversación, las concepciones del extranjero en relación al argentino y de la visión que se tiene de la cultura oriental en sí.

    Un cuento chino es una película realmente disfrutable, con personajes sumamente estereotipados que son el condimento perfecto para una historia que retrata una realidad propia de nuestro país. Sobre todo el personaje de Roberto que no impide que todos encontremos un poquito de uno mismo en él ni que no pensemos en la difícil tarea de convivir con el otro, con la diferencia.
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  • Déjame entrar
    Inocencia corrompida

    Al parecer, en estos últimos años nos han bombardeado con historias de vampiros, sobre todo adolescentes, valga como mayor exponente la Saga Crepúsculo, además de la serie de Warner Crónicas vampíricas. Y también parece que la temática del vampiro como ese ser nocturno capaz de producir terror se ha tornado a tomarlo como un integrante más de la sociedad que, por amor, hace lo posible por adaptarse a ella. Tomando a este mítico personaje como ser anacrónico, que vive todas las edades, que no puede enamorarse de un mortal sin lastimarlo, que contiene en sí una maldad congénita y que lidia con estar muerto en vida. Son estos son aspectos que también comparte Déjame entrar (Let me in, Matt Reeves, 2010), remake del film sueco Let the right one in (Tomas Alfredson, 2008). Pero el curioso desplazamiento que tiene esta película de la línea vampiro-adolescente-amor, es que se trata de niños; sí, tenemos una historia de amor entre un vampiro y un mortal, pero representados por niños. Así que ya nos salvamos del problema que reviste la famosa Twilight Saga: que Bella y Edward no pueden tener sexo porque a él le dan ganas de meterle un mordisco en el cogote. Bueno, por suerte todavía los niños de doce años no tienen esos problemas.

    Sólo me voy a limitar, hoy, a hablar de la remake hecho en USA. Historia bastante simple: Owen (Kodi Smit- McPhee) vive con su madre que prácticamente no le presta atención. En sus múltiples momentos de soledad, conoce a una extraña niña, Abby (Chloe Moretz), con quien entablará una relación. Pero ella esconde un secreto que no la deja seguir esta amistad: es un vampiro.

    Si se piensa que estamos ante una historia sosa, pues se está en una gran equivocación. Más allá de la sencillez del argumento el desarrollo del film se da una forma sumamente profunda: desde el comienzo las imágenes son poesía pura, la acertada iluminación acompañada de la nieve que dota de una atmósfera invernal y algo terrorífica a toda la película, cómo se construye la relación de ambos y el carácter de cada uno es particularmente interesante. Partiendo desde el planteo que los dos niños llevan vidas diametralmente opuestas pero que aún así quieren y creen que pueden vivir juntos, el film desarrolla esta problemática de una manera impecable con el plus (no menor) de las bellísimas actuaciones de los niños. Si bien, nos encontramos ante un amor infantil, los planteos, las discusiones y la problemática en general se presentan como sumamente complejas: es la condición de natural de uno, que no concuerda con la del otro lo que imposibilita la relación; y como tópico que sustenta la narración encontramos la puja entra la inocencia y la monstruosidad. Déjame entrar aborda una temática desconocida, por lo menos, para mí como central en un film sobre vampiros: la inocencia. En el cuerpo de una niña pero en edad avanzada, Abby lucha contra sí misma y contra su entorno. Ya el poster nos muestra un fondo rojo, homologando la sangre, por supuesto, una niña en posición fetal vistiendo un camisón blanco. ¿No se presenta acaso como contradictorio?: la sangre en relación con la muerte, lo macabro, el pecado, incluso y aquella niña de cabellos rubios, angelical que pelea con su naturaleza, en posición de un bebé en el vientre.

    Déjame entrar: Inocencia corrompida cine

    Como decía antes, la estética del film es casi perfecta, ambientes densos y oscuros que retratan lo turbio de las vidas que lideran la historia pero que permiten resaltar el brillo de esta verdadera historia de amor. Imágenes poéticas que hacen de lo monstruoso algo bello. Y con un agregado de imágenes verdaderamente terroríficas. Todo esto resumido en la noche, como una protagonista más de la historia, que encierra todos los secretos y los momentos más importantes… siendo el horario de encuentro de los pequeños amantes.

    En fin, considero a Déjame entrar una nueva forma de mirar los tan usados relatos de vampiros. Si bien sí se lo toma como ser mítico, pero se lo encuadra más en lo que es la realidad contemporánea, característica que comparte con Crepúsculo y Crónicas vampíricas, y que los aleja del legendario y fundante Conde Drácula. Es decir, se plantea que si los vampiros existen también viven en nuestra época y se adaptan a ella. Y creo que en este film y en los anteriormente nombrados, se focaliza más en el lado humano de este ser y se toma la parte monstruosa como aquel impedimento que lo diferencia del resto de la sociedad y que, en este caso lo obstruye en el amor.
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  • 127 horas
    127 horas
    Indie Hoy
    El tiempo que acecha

    Las historias sensacionales sobre momentos extremos en la vida de los seres humanos siempre le han llamado la atención al séptimo arte y le han dado sus frutos (basta sólo con pensar en Titanic). 127 horas (127 hours, Danny Boyle, 2010) cuenta una de esas historias increíbles con el agregado sensacionalista de ser una historia real. Pero a diferencia de la mayoría de este tipo de films, 127 horas se apoya en un hecho llamativo pero que podría no ser suficiente para el desarrollo de un film: basándose en el libro de Aron Ralston, Danny Boyle lleva al cine esta sorprendente historia donde el mismo Ralston (James Franco) se va de travesía a Utah, sin avisarle a nadie y, por el derrumbe de una roca, queda su brazo atrapado sin posibilidad de sacarlo. Llamativo, ¿no?

    Una de las primeras preguntas que me hice antes de ver el film fue: ¿Cómo se la va a ingeniar Boyle para sostener un film con sólo este hecho? Básicamente me planteé un problema narrativo-temporal. Parece ser que el director lo tenía muy bien pensado. Desde el título podemos ver con evidencia la importancia y el lugar privilegiado que tiene el tiempo en el film. Y no es simplemente el tiempo, sino una medida minuciosa de él; es decir, pudiendo fraccionar y reducir el conteo temporal en días, se recurre a una exactitud, 127 horas. Horas, aquella unidad de tiempo con la que solemos manejarnos todos y organizar nuestra vida alrededor de ella, pensando de alguna forma en llegar a controlarlas o pensarlas como indicadores supremos. Y es exactamente así como funciona el aspecto temporal en la película. Danny Boyle sí que se las ingenió para tomar una historia con poco desarrollo y convertirla en película. Es que justamente el espectador es parte de este conteo; ya que no sólo el director fue ingenioso a la hora de tratar una historia con poco desarrollo (algo a lo que no nos tienen acostumbrados las películas mainstream) sino que se jugó a que de antemano supiéramos de cuánto tiempo constaba la peripecia, y siendo una historia real a que muchos de nosotros también conociéramos el final. Entonces, el espectador tiene muy pocas cosas que “adivinar” o de las que se pueda sorprender. Y es aquí donde se propone un juego narrativo entre la temporalidad y la vida/muerte. El tiempo pasa inexorablemente mientras la vitalidad disminuye y los signos de la muerte se encuentran cada vez más cercanos. Las luchas por vivir son cada vez más tenaces, mientras las amenazas de la muerte se presentan implacables. Y el indicador más importante de la progresión hacia la muerte y el alejamiento de la vida es el tiempo.

    127 Horas poster 127 horas: El tiempo que acecha cine

    En conexión con esto, el otro elemento que se presenta fundamental en el film es la retrospección. Aron, al estar en esta situación extrema se retrotrae a momentos significativos de su vida y se le presentan en la mente personas con las que han quedado relaciones conflictivas o inconclusas. Y podríamos decir que ésta es una de las formas en las que el director le agrega algún condimento a la historia para darle un poco de movimiento. Sinceramente, lo creo innecesario, sobre todo por cómo se presenta en el film, como historia de culebrón donde nos enteramos de su ex novia, de sus conflictos infantiles, etc. Elemento que, a mi juicio, desentona con el ambiente creado.

    Por otro lado, no puede dejar de destacarse la natural actuación de Franco, quien sin ser un actor brillante, logra encarnar las verdaderas emociones, el espíritu aventurero y arriesgo característico de Ralston. Si bien su cara bonita es necesaria en un film donde la mayoría son primeros planos, creo que se desplaza del lugar de sex symbol y nos ofrece una actuación a medida.

    Realmente 127 horas me llevó al límite. Al estar tan despojada de artificios, presentando un incidente tan simple que se convierte en complejo, como espectadora pude sentirme cerca de la situación a cada segundo. Básicamente porque se resalta la condición humana del personaje; humanidad que muestra que bajo circunstancias extremas la supervivencia es el último fin. Y así también se resalta esta carrera contra el tiempo de la que hablábamos al principio, que nos recuerda a cada segundo la condición vulnerable que nos caracteriza, siendo este tiempo el que se vuelve poderoso.
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  • Biutiful
    Biutiful
    Indie Hoy
    El retrato descarnado de un hombre

    Iñárritu es uno de esos directores que cuando voy a ver alguna película de él sé que voy a sufrir. Pero la parte linda de esto es que sé que voy a sufrir pero con una extraña alegría por detrás. El director en cuestión se dedica en sus films a retratar, básicamente vidas, nada más complejo que la vida de un individuo. Y siempre suele presentar a sus personajes en situaciones límites, en relación con la muerte sobre todo, y no de la manera más optimista, todo lo contrario: enfrentarse a un film de Iñárritu es enfrentarse con muchas realidades que uno no siempre desea ver. Y ya nos tiene acostumbrados a estas historias entrecruzadas, algo muy distintivo del director. Su último film, nominado en los Premios de la Academia en la categoría de Mejor película de habla extranjera y por Mejor actor principal, es una patada al corazón y… sólo nos cuenta una historia, la película se centra enteramente en la vida de un hombre. Biutiful (Alejandro González Iñárritu, 2010) es el retrato descarnado de un hombre, con todas sus implicancias.

    Javier Bardem le da vida a Uxbal, un hombre de clase baja, padre de dos hijos, Ana y Mateo, que se entera que le queda muy poco tiempo de vida. En un entorno hostil lucha por criar a sus hijos, por restablecer la relación con su esposa (Maricel Álvarez), por sobrevivir.

    Después de ver el film, no sólo me sentí muy triste y hasta incluso con esa sensación de que la vida no vale nada, sino que también me quedé pensando en la diferencia entre vivir y sobrevivir. En el diccionario, vivir significa tener vida y sobrevivir aparece como: seguir vivo a pesar de las dificultades. Creo, que en el film esto se representa muy patente: Uxbal parece haber sido despojado de toda vida, sólo le queda sobrevivir. El hombre protagonista de esta historia se muestra sobreviviendo, en una situación en la que parece que todo posible placer o disfrute ha desaparecido, cada paso de su día es llegar a terminarlo para poder asegurarse que al día siguiente estará levantado. Y así hasta llegar a la muerte. Hasta el último aliento veremos a Uxbal en intentos de sobrevivir.

    Nos encontramos ante una historia simple con hechos complejos. Lo más bajo y sufriente, el contrabando y la inmigración en Barcelona es el escenario de Biutiful. La realidad se nos presenta cruda, sin preámbulos ni escrúpulos; como balde de agua fría presenciamos durante dos horas y veinte minutos un fragmento de una vida sufriente. El director ha elegido, esta vez (como en otros casos) mostrarnos la parte más cruda del ser humano, nos permite ingresar en las tinieblas de un hombre atormentado por su propia vida; no sólo eso sino que el espectador presencia la degradación progresiva del personaje, asiste a sus altibajos, a sus caídas y se adentra en ese laberinto tenebroso de sobrevivir. Todo esto sostenido por una atmósfera muy acertadamente creada: el film está revestido de un color grisáceo permanente, los ambientes son en su mayoría oscuros acompañados de una música acorde.

    Biutiful Poster Biutiful: El retrato descarnado de un hombre cine

    Y hablando un poco del no inocente título del film, es llamativo, cómo Ana pregunta a su padre cómo se escribe “Biutiful”. La palabra inglesa, que significa “hermoso”, dentro de este ambiente marcadamente hostil, es la referencia a un término que desentona tanto con la realidad circundante; logrando así un contraste profundo y sumamente apabullante. Esto evidencia, por supuesto la intención de escribir de forma incorrecta la palabra. Es que todo resto de belleza ha desaparecido, la hermosa y pintoresca Barcelona que vemos en folletos o en películas, en este film se asemeja a una pocilga, a un infierno sin salida, un retrato de miserias, donde todo lo que queda es sobrevivir.

    Finalmente, puedo decir que la nueva película de Iñárritu se me presentó como una obra profunda, cruda pero sumamente real, con la brillante actuación de Javier Bardem, en un personaje introspectivo y trabajado al máximo (lo cual le valió salir triunfador en las premiaciones del Festival de Cannes 2010 como mejor actor). Uno llega a extrañar las historias cruzadas tan propias de este realizador, pero la historia de Uxbal, es realmente un deleite y a la vez un duro enfrentamiento con lo más bajo de nuestro ser.
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  • El cisne negro
    La metamorfosis

    Podría decirse que El cisne negro (Black Swan, Darren Aronofsky, 2010) intenta abordar varias temáticas; pero considero que la más llamativa e interesante es la transformación que se opera en la protagonista del film. La historia se nos presenta simple: Nina (Natalie Portman) es una bailarina de ballet de unos veinticuatro años, vive con su madre (Barbara Hershey), quien la trata como si tuviera diez y su vida se desarrolla dentro de los límites de su hogar y la academia de danza de la cual forma parte. En vísperas del armado de la nueva versión de El lago de los cisnes, el director de la academia (Vincent Cassel) elige a Nina para interpretar al cisne blanco y a su antítesis, el cisne negro. A partir de esto, comienza a desarrollarse un verdadero thriller. La protagonista se presenta como una perfeccionista obsesiva, que no se permite experimentar los placeres más sencillos de la vida (comida, sexo, amistad, salidas, etc.) y el papel del cisne negro exige justamente todo lo contrario a su virginal carácter. Este desafío es lo que hará que Nina comience a descubrir los espacios más oscuros de su ser; y la presión del director, la competencia de las otras bailarinas y la mirada materna siempre presente serán los disparadores para este despertar y el camino a la locura.

    Bien, desde el argumento podemos percibir que estamos frente un film llamativo. A esto contribuyen la adecuada elección del tráiler y el cártel, que ya vienen circulando en cines, canales de tv, internet, desde hace varios meses y que son realmente atractivos. Y, ciertamente creo que una de las principales características de El cisne negro es ser llamativa, atractiva desde todos sus aspectos: principalmente porque el mundo retratado en el film, el del ballet clásico, se presenta como sumamente hostil y tenebroso, mostrándonos un “detrás de escenas” de lo que parece ser un universo de delicadeza y ensueño.

    Pero, como decía al principio, creo que la característica más interesante de este film es que, conjugando todos sus elementos nos lleva a la gran metamorfosis del cisne blanco al cisne negro. Nina, al verse obligada a crear un personaje para la ficción debe explorar aspectos de su vida que siempre habían estado bajo la alfombra: el descubrimiento de su cuerpo y como consecuencia de femineidad, la importancia de cargar a la técnica dancística del sentimiento que supone ya que la perfección técnica deja de ser suficiente, la dura realidad de ser reemplazada por otras bailarinas, etc. Todas estas cosas irán cargando de un carácter especial a la dulce bailarina, que poco a poco perderá la postura de muñeca de porcelana; mientras sus ojos enrojecen, su cuerpo se llena de cicatrices insólitas y los deseos homosexuales la persiguen, algo dentro de Nina está por explotar. El desarrollo de la historia se lleva a cabo sobre un cambio de esencia a punto de ocurrir. A partir de la necesidad de triunfar en el papel del cisne negro, Nina ennegrecerá de a poco: para poder representar la verdadera esencia del cisne negro debe experimentarla.

    En este proceso, Lily (Mila Kunis), una bailarina de la academia, sexi, arriesgada y trasgresora, tiene un papel fundamental. Este personaje se convertirá en la obsesión de Nina, la acechará esa imaginen que le atrae pero la aterra. Podría decirse que esta misma dualidad de atracción y terror es lo que reviste todo el film: la misma imagen del cisne es dual, el blanco y el negro. Así mismo, Lily se presenta como la antítesis de Nina, como aquella mitad que se necesita para completar la dualidad.

    Cisne Negro Poster El Cisne Negro: La metamorfosis cine

    Pero si hay una única crítica negativa que puedo hacer es a la historia de la niña que crece (retratado en imágenes demasiado explícitas como tirar a la basura los osos de peluche) y se rebela con drogas, sexo y alcohol. Creo que ahí el guión cae en un cliché no muy interesante; pero se puede entender como un retrato necesario en el marco de la historia. Sólo que, a mi gusto, hubiera sido más dramático representarlo más sutilmente y no tan estereotipado.

    Realmente puedo decir que nuevo film de Aronofsky no me ha defraudado en absoluto, sino que ha sido una experiencia realmente disfrutable y arrolladora, porque inevitablemente la historia me arrastró hacia los lugares más hondos. La estética y la puesta en escena son impecables, acompañado de actuaciones sumamente pasionales que crean este ambiente que tanto atrapa. El proceso de cambio de esta frágil bailarina se sustenta en una narración muy acertada que realmente nos tiene expectantes hasta el momento de la presentación del nuevo Lago de los Cisnes, que en su momento cumbre estalla de la forma más poética posible.
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  • El discurso del rey
    Un monarca poco usual

    Hoy voy a hablar de la película ganadora del premio de la Academia: El discurso del rey (The king’s speech, Tom Hooper, 2010). En la ceremonia de los Oscars 2011, este film, nominado en doce categorías se encontró triunfador en cuatro de ellas: Mejor Película, Mejor Actor Principal, Mejor Director y Mejor Guión Original. Además de los galardones que recibió en otras premiaciones.

    El discurso del rey cuenta la historia del rey George VI, Bertie (Colin Firth) que lucha contra su tartamudez, la cual se presenta como obstáculo insuperable sobre todo en los discursos públicos. Para sobrellevar este impedimento, el monarca recurre, por recomendación de su esposa (Helena Bonhan Carter) a Lionel (Geoffrey Rush, en un papel increíble), un “médico” poco ortodoxo que asegura poder curar la incapacidad de su especial paciente. A partir de aquí se creará entre ellos una suerte de amistad que será una de las formas en las que Bertie irá perdiendo su miedo a tantas cosas.

    Más allá de la historia y de la densidad del contexto retratado (monarquía del Reino Unido de mitad de siglo XX, con su ineludible articulación con la iglesia católica), sabemos desde el principio cual será el tema principal: el habla. El cartel nos ofrece una boca orientada hacia un micrófono, las primeras imágenes del film corresponden a micrófonos que están siendo preparados para algún discurso público o radial, y sus respectivos locutores entrenando la voz. Vamos a conocer un aspecto muy íntimo de una figura histórica; si estamos acostumbrados a que las películas sobre monarcas nos cuenten de sus amores, de sus tácticas políticas o de su vida entera, pues éste no es el caso: la película se reduce a resaltar la discapacidad de un rey; poco usual, ¿no? Y creo que es justamente este punto lo interesante del film de Hooper; poder sostener todo el relato desde la tartamudez, jugando con sus causas y consecuencias. Incluso se plantea que el primer amigo de verdad que tendrá Bertie será a causa de su condición.

    Creo que sería interesante poder pensar cómo el habla viene a ser un aspecto decisivo en la definición de una figura como la de un rey: el hecho de no poder comunicarse mediante el discurso con el pueblo lo hace débil. Por otro lado también resulta curioso observar que en palabras como rey, padre, hermano, Bertie encuentra una dificultad aún mayor para pronunciarlas, lo cual introduce la temática de lo más personal y hondo de la vida del rey; forma en la que el film nos muestra muy por arriba las posibles causas de la condición de nuestro personaje y de paso un poco de lección de historia. También vemos que dentro de las extrañas prácticas que aplica Lionel a su paciente, tales como cantar lo que no puede hablar, éste empieza sentirse cada vez más cómodo y seguro de sí mismo. Todas estas son características que van construyendo una imagen inusual de un monarca, y el film se ocupa de hacer hincapié en esto y no tanto en la figura pública.

    Igualmente, vale decir que la construcción de la historia supone retratar el contexto histórico, la familia real, el lugar de la iglesia, intensificando, sobre todo la inminente Segunda Guerra Mundial. En este punto no es menor mencionar la impecable actuación de Helena Bonhan Carter, en un papel no menor, ya que es quien más se ocupa de resolver el problema de su marido y quien más lo acompaña.

    the kings speech poster 2 El discurso del rey: Un monarca poco usual cine

    En fin, tengo que ser sincera y decir la película me dejó con un poco de ganas de más…Si bien está impecablemente realizada, con actuaciones deleitantes, sobre todo la de Geoffrey Rush, y con una fotografía privilegiada, en lo personal no fue un film que hiciera mella en mí. Vuelvo a decir, creo que sí es muy interesante el aspecto que se toma en cuenta del personaje, cómo se concibe al habla, como instrumento que posibilita la construcción de la imagen de una figura política frente a su pueblo, como uno de los requisitos más importantes: el habla como aquel nexo que conecta al rey con sus súbditos, el nexo que comunica al público lo privado. Y será justamente un integrante del pueblo quien logre la comunicación definitiva entre estos dos espacios.
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  • Lazos de sangre
    La crudeza hecha belleza

    Si alguien me preguntara cuáles son las cosas que más amo del cine, sin duda estaría en los primeros puestos esa capacidad que tiene el séptimo arte de crear realidades, ambientes a los que uno quisiera transportarse. Cuando en un film el espacio cobra un lugar privilegiado y su representación es homogénea creo que el espectador puede involucrarse de manera más rotunda con la historia. Winter’s bone (Debra Granik, 2010) es una conjunción de todo esto con el plus de que cuenta una gran historia, basada en la novela de Daniel Woodrell que lleva el mismo nombre.

    Ree (Jennifer Lawrence), es una chica de diecisiete años que tiene a cargo a sus dos hermanos menores y a su madre enferma. Recibe un aviso que debe encontrar a su padre, un ex convicto que se encuentra prófugo, para que se presente ante la justicia, de lo contrario perderá su casa que es lo único que tiene. A partir de esto, Ree se inicia en una búsqueda sin respiro en un ambiente hostil, de drogas, alianzas y rudeza.

    El film, nominado a los Premios de la Academia en cuatro categorías, entre ellas Mejor Película, nos muestra con una bella crudeza la desesperante situación que esta adolescente con vida de adulto debe atravesar. Teniendo como escenario la vida aislada en el “campo”, retrata su búsqueda desesperada por mantener con vida su hogar. Winter’s bone es, en resumidas cuentas, la historia de una familia, y la lucha por mantenerla unida. Las imágenes y escenas descarnadas encuentran un cómodo lugar en este relato, mientras la protagonista y los demás personajes las asumen con completa naturalidad y quizás con un dejo de resignación.

    Una línea base del film podría decirse es la permanente crudeza: comenzando por la vida que debe llevar Ree, por cómo educa a sus hermanos dentro de esta lógica del más fuerte, con el agregado de imágenes realmente impactantes, y sobre todo, se destaca la inclemencia del medio en el que se desarrolla el film; el cual se presenta contradictorio: se muestra un paisaje de belleza privilegiada (en lo cual se hace mucho hincapié) pero con un clima marcadamente hostil (el inclemente invierno) y acciones y personajes de una destacada dureza. La protagonista es presentada con un personalidad endurecida e incluso ruda, que arriesga todo por sobrevivir y asegurar la vida de sus hermanos, pero a la vez como una víctima de su entorno; los personajes que la rodean y que forman parte de entre quienes buscará a su padre, representan más bien al victimario; todos parecen sospechosos y en sus miradas se vislumbra un cierto rencor y amenaza.

    wintersboneposter 691x1024 Winter’s bone: La crudeza hecha belleza cine

    Y en medio de este clima de hostilidad vemos cómo no hay más leyes que las del propio pueblo y comunidad, que se presentan implícitas pero tajantes. El pueblo se ubica aislado de todo tipo de sociedad moderna y por lo tanto se maneja dentro de sus propias reglas y lo actos tienen claras e implacables consecuencias. La búsqueda de Ree nos mostrará de a poco cómo funciona este esquema que se presenta inamovible.

    Todos estos elementos, trabajados muy acertada y armoniosamente, van construyendo la historia que va en un in crescendo muy interesante y que se podría calificar de un policial. Lo cual no instala la esperanza de un ritmo acelerado, más bien lo contrario. Incluso, creo que la sencillez es uno de los condimentos esenciales de esta película: sin grandes despliegues visuales o narrativos se completa una obra redonda y sincera.

    Se puede decir que Granik ha logrado un producto realmente bello. Con una fotografía privilegiada, una bella y acorde musicalización (hermosas canciones country) y una historia magnífica, nos regala esta obra llena de sentimiento, con imágenes y actuaciones intensas que llegan a su esplendor al final. Pero creo que lo más destacable es cómo llega a explotar esta cualidad del cine de la que hablábamos al principio, creando espacios nítidos que cumplen un papel fundamental en la historia y que logran trasportar al espectador.
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  • Somewhere - En un lugar del corazón
    El lado oscuro de la soledad

    Hemos hablado últimamente de algunos films cuya temática ronda en percibir al otro diferente a nosotros como una carga, una compañía insoportable; que parecen expresar (en algunos momentos) a la soledad como el objeto más preciado. Pero también nos encontramos con toneladas de relatos en la historia del cine que pintan a la soledad de una forma un poco más dura; como aquel pozo del que no hay escape y suelen mostrar al otro como una necesidad indispensable para seguir viviendo. Y justamente, Sofia Coppola es una especialista en este tipo de historias. Ya hemos visto en la fabulosa Perdidos en Tokio, cómo la presencia del otro viene a ser la salvación dentro de la vorágine de sentirse ajeno. Somewhere ( Sofia Coppola, 2010) no sale del canon: nos trae un recorte de la historia de una estrella de Hollywood, Johnny (Stephen Dorff) que experimenta un momento de soledad extrema, de depresión y sinsentido hasta que empieza a relacionarse más cercanamente con su hija, Cleo (Elle Fanning), quien lo acompaña en todos los momentos que antes eran vacíos. Suena muy tierno, ¿no? Pero la hija del gran Francis no cae en cursilerías, nos trae una historia sincera, despojada de artificios y sumamente honda. Una visión más opacada de la vida de aquellos que parecen siempre brillar.

    A pesar de las fuertes críticas que Sofia Coppola ha recibido y recibe y los amores-odios que despierta, en lo personal, me siento muy conmovida por todos sus films, siempre logra darle en la tecla y someterme a ver un espejo en la pantalla. Y creo que si prestáramos atención y observáramos su trabajo sin prejuicios a todos nos pasaría. ¡Es que es tan difícil no sentirse identificado cuando se habla de soledad! Desde Las vírgenes suicidas hasta su último estreno, Coppola ha ahondado en esta temática pero siempre desde casos y ángulos diferentes. En “Somewhere” nos encontramos con un protagonista masculino (cosa extraña en la directora) que básicamente vive una vida sin sentido y que no encuentra emoción en nada. Y en este punto creo que el film se destaca en su homogeneidad: con un ritmo lento que roza lo aburrido, imágenes inmóviles y acciones que se repiten, silencios prolongados y la interpretación a medida del actor hacen que el espectador ingrese en la atmósfera y que pueda experimentar, con el efecto del film, el mismo vacío que el protagonista. Y algo que no se puede dejar de destacar en relación a esto es la acertada elección del soundtrack al que nos tienen acostumbrados las películas de la directora; no sólo que las canciones son deleitantes sino que se ajustan de una manera natural y hasta necesaria a los ambientes creados.

    Somewhere poster Somewhere: El lado oscuro de la soledad cine

    Por otra parte, una vez que Cleo ingresa en la historia y cobra protagonismo en la vida de Johnny el ritmo del film cambia: nos encontramos con más movimiento en las imágenes, las actividades que se realizan son diversas, el personaje principal deja de lado los hábitos que más caracterizaban su hundimiento; de alguna forma todo se vuelve un poco más brillante.

    Podríamos decir que esta vez Coppola cayó en un cliché al retratar algo tan contado como la historia de un padre desastre que con la llegada de su hijo/a se le ilumina el camino. Pero considero que esta resolución simplista no es aplicable a Somewhere. Recorriendo las relaciones humanas con la línea de la soledad como tópico, la directora se centra en diferentes sexos, edades, situaciones. Esta vez nos ofrece la relación de un padre y una hija, nada más sincero y complejo a la vez; relación que parece llenar millones de huecos pero al mismo tiempo genera otros tantos interrogantes. Sí puedo decir que, a mi juicio no fue la mejor elección mostrar una estrella de Hollywood y lo vacía que es su vida detrás de cámara…son historias que nos cansamos de escuchar: Britney Spears borracha, Charlie Sheen con quinientas mujeres, Robert Downey Jr. colocado. La historia de la estrella caída o de sonrisas en la alfombra roja y whisky a montón en la habitación del hotel se encarga de contarla E! Entertainment. En ese punto sí lo consideré un cliché aunque es innegable que la banalidad del medio encaja muy bien con la historia.

    Puedo decir que lo nuevo de Sofia Coppola me gustó mucho y que me ha dejado con esa sensación de vacío pero de alegría inentendible al mismo tiempo. Otra vez lo logra “la hija de Coppola”, con una estética bellísima, tan característica de todo su trabajo y con una historia conmovedora.
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  • Más allá de la vida
    La invitación a alejarse un rato del escepticismo

    Cuando un film me hace emocionar hasta las lágrimas repetidas veces durante su transcurso, cuando salgo de la sala sin querer pronunciar una palabra porque todavía una parte de mí quedó en esa pantalla (y en esa historia, por ende), cuando una historia me mantiene por días pensando y formulando preguntas acerca de ella, etc. realmente puedo decir que me encuentro ante un película que se destaca; sin meternos en buenos o malos, simplemente (lo que no es cosa menor) se destaca entre lo demás. Ya a esta altura, podrán interpretar que la última película del gran Eastwood (Hereafter, Clint Eastwood, 2010) me ha gustado. Pero debo admitir, que aunque objetivamente me parece un film de gran calidad, el mismo me ha tocado hondamente, por lo cual considero que hay una buena parte de mi apreciación que depende de una gran emoción despertada en mí por esta historia (lo cual es sumamente subjetivo). Con este aviso hecho puedo continuar con mi opinión.

    Los cuestionamientos en relación a la muerte, dios, la trascendencia y todas las cuestiones “espiritistas” (digamos así) están muy presentes en la cultura occidental, y muchos de nosotros terminamos por agotarnos de tanta vuelta metafísica y nos nombramos como totales escépticos o incluso ateos. El nuevo film de Clint Eastwood ronda justamente alrededor de estos tópicos; enfocados desde tres vidas que tocan tres partes diferentes de esta amplia temática: Quien puede comunicarse con el más allá, quien necesita hacer ese contacto y quien lo ha vivido. Más allá de la posición que uno pueda tener ante estas cosas el film obliga a dedicarles un tiempo de análisis de nuestro día… nos invita a pensar que además del frío escepticismo hay una posible trascendencia.

    Hereafter Poster Más Allá de la Vida: La invitación a alejarse un rato del escepticismo cine

    Comenzando la película, una de sus primeras imágenes ya deslumbra: un Tsunami arrasando con una ciudad y sus habitantes. A partir de esto comenzamos a conocer a los integrantes de esta fascinante historia: Cécile de France encarna a una periodista francesa que sufre una experiencia paranormal luego de (casi) morir ahogada en el Tsunami; Matt Damon le da vida a George, quien tiene el poder de comunicarse con quienes han muerto; y el último eslabón de la cadena lo representa un niño londinense (interpretando por el joven Frankie McLaren, en una actuación deslumbrante) que ha perdido en un accidente a su hermano gemelo y quiere comunicarse con él.

    Desde su planteo, considero que el film se presenta interesante y logra generar ese misterio y curiosidad que nos suelen dar este tipo de cosas a nosotros los occidentales sensacionalistas. Pero creo que un punto interesante es que en la progresión de la historia se logran mostrar la gran mayoría de las facetas que abre la temática del más allá: el científico, el incrédulo, el embustero, el crédulo hasta la ceguera, quien lo hace por vocación y el que lo hace por dinero, el que lo necesita, el curioso, etc. Lo cual es una muestra que no se ha intentado postular como creíble el relato contado; creo que simplemente la película pretende mostrar una pequeña parte de este tema tan misterioso, y cómo para ciertas personas se convierte en algo muy importante, tanto que condiciona el curso de su vida.

    Desde la parte técnica y desde el guión, Más allá de la vida, no deja nada que desear, como es de esperar del impecable Clint Eastwood. Las actuaciones se presentan satisfactorias y se podría decir que cada carácter experimenta un crescendo bastante interesante que arrastra al espectador inevitablemente. Encontrarnos un Matt Damon bastante maduro y sensible que transmite una soledad, desamparo y un encierro muy reales, logrados magníficamente. En este sentido se puede decir que todas las actuaciones logran transmitir una gran cuota de emotividad que, se hace muy difícil no sentirse tocado.

    Realmente recomiendo Más allá de la vida, no sólo porque la disfruté muchísimo, sino porque considero interesante ahondar un poquito, aunque sea, en un tema que está tan ridiculizado y que ya se he convertido en tabú en nuestra cultura que de todo descree.
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  • Scott Pilgrim vs. los siete ex de la chica de sus sueños
    Tragicomedia de losers

    Parece estar de moda, hace unos años en el cine, literatura y comics que los “perdedores” tomen el lugar del héroe. Sobre la base de la figura del antihéroe se estructuran relatos sobre el triunfo de alguien que ha sido marginado por la sociedad por su incapacidad de ser popular, inteligente, sexy, y esas yerbas. (Ejemplo brillante de esto es la serie de HBO Bored to Death.)

    Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim vs. the world, Edgar Wright, 2010), basada en la novela gráfica de Brian Lee O’Malley (Scott Pilgrim) no deja de adherir a esta línea; todo lo contrario, alcanza a resumir lo que las mayoría de las comedias románticas de losers intentan hacer pero con mucho éxito. Resumimos un poquito la idea: Scott (Michael Cera) es un chico no muy popular, con un especial gusto por los videojuegos que consigue empezar una relación con Ramona (Mary Elizabeth Winstead), una chica bella y enigmática. Pero no faltará mucho para que descifre el enigma y para que Scott descubra que si quiere conservar a su chica deberá luchar contra el pasado de ella: una lista de siete ex novios lo esperan “a la salida” para hacerlo pedazos. Entre estos encontramos la estelar actuación del siempre cómico Jason Schwartzman interpretando a un pedante productor de música con superpoderes.

    Con una historia simple pero ingeniosa, el film se desarrolla muy entretenido, sobre todo por la permanente inclusión de trabajos de edición: agregados que dotan a la película de elementos propios de un cómic o un videojuego, dependiendo del momento. Esta “sobre edición” agrega un dinamismo importante que distrae un poco de los baches narrativos y que se podría decir, intenta respetar los recursos de la fuente creadora de la historia, un cómic.

    Como decíamos al principio, la historia está liderada por Scott que se presenta como un antihéroe de la vida real; pero podríamos decir que dentro de la lógica de los videojuegos es un ganador, que obtiene moneditas, vidas y bonus. Y ya que la lógica del film sigue la de un video juego, en nuestra película Scott es un héroe. Justamente, la narración del film se homologa a la trayectoria de un personaje en un videogame: sortear obstáculos (con ayudantes y oponentes de por medio) cada vez más difíciles para llegar al desafío final. A lo cual se suman los guiños de cultura gamer: sonidos, elementos, golpes que son propios de videojuegos específicos como Mario Bros, Final Fantasy, Zelda, etc.

    Pero ¿por qué nos referimos a esta película como una tragicomedia de losers? Básicamente todo personaje que aparece en la película está caracterizado dentro de los parámetros de lo ridículo y lo patético. Los siete ex novios, que podríamos suponer serían superiores a Scott, sólo lo son en poderes o en físico… Son tanto o más ridículos que nuestro pequeño héroe. Las apariciones de estos son cortas pero se logra representar el carácter de cada uno muy delicada y acertadamente, al igual que la fantástica y equilibrada construcción del personaje de Scott que Michael Cera se encarga de darle vida de una manera sumamente coherente. Aunque el personaje de Ramona llega a ser hasta soso. Pero lo que realmente hace de este film una tragicomedia de losers es todo lo que le sucede a Scott, todos los obstáculos que debe sortear, las batallas a las que se enfrenta son resueltos de la manera más ridícula y menos heroica esperable. Él siempre sale airoso y sin un solo rasguño; la forma de vencer a cada contrincante es resultado del ingenio, nunca del uso de armas, fuerza bruta o grandes planes estratégicos, en lo cual podríamos decir que se diferencia de los videojuegos y se acerca más a cómics.

    Scott Pilgrim contra el mundo Scott Pilgrim contra el mundo: tragicomedia de losers cine

    En sí, considero que Scott Pilgrim contra el mundo es muy entretenida y disfrutable, vale la pena verla. Pero no hay que exigirle profundidad ni nada por el estilo. La considero una película con una realización impecable y con ritmo narrativo muy bien logrado, pero en el espectador consigue la diversión, la dispersión (que no son cosas menores). Y sí, como es de esperarse se cae en miles de clichés, pero que al estar incluidos con el propósito de responder a un estereotipo cobran sentido y no resultan tediosos.

    Scott Pilgrim…es uno de esos ejemplos que muestran cómo el cine se alimenta de tantas otras artes y cómo hace que convivan y confluyan géneros aparentemente dispares. Pero creo que la mayor referencia es a la tan hablada y polémica mixtura entre cine y videojuego, discusión bastante interesante; pero ya nos quedará para otro momento hablar de esto.
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  • Todo un parto
    Todo un parto
    Indie Hoy
    El viaje a la adultez

    Todo un parto (Due Date, Todd Phillips, 2010) tiene como excusa justamente un parto para ofrecernos el desarrollo de una relación de amistad entre dos hombres dispares y sus procesos a partir de esto.

    Puedo decir, para comenzar, que la nueva comedia dramática de Todd Phillips ha sido un deleite. Habiendo escuchado y leído buenos comentarios, aún así entré a la sala con poca fe, con la (casi) certeza de encontrarme con un film cómico pero un tanto decadente. Y es exactamente la decadencia el ingrediente que hace de esta película una obra profunda. No creo realmente exagerar al decir esto ya que esta vez Phillips ha elegido mostrarnos un camino personal, un tránsito de la adolescencia hacia la adultez. Pero, ¡qué tedioso es hablar siempre de la madurez, adultez, niñez, etc. etc. cuando muchas veces estos términos no determinan nada! Por eso, podríamos hablar con otra perspectiva y ver a Todo un parto como un viaje introspectivo, a partir y desde el otro hacia algún lugar no descubierto de nuestro ser, suena mejor, ¿no? Entonces, partiendo de nuestra propuesta vemos en Todo un parto un fantástico camino que transita todas las etapas, un camino que se bifurca y se hace uno a la vez: dos personas desconocidas y opuestas son las puertas del descubrimiento de cada uno; conocerme a partir del otro, moneda corriente y práctica diaria. Y con un plus (no menor) que otorga un gran equilibrio al film: el humor.

    La historia rapidito: Peter (Downey Jr.), arquitecto, high society, canchero se encuentra en un avión fortuitamente con Ethan (Galifianakis) un aspirante actor, excéntrico y algo (bastante) pesado. Por razones también fortuitas (o no tanto) los bajan del avión y Peter, al perder sus valijas queda a merced de Ethan, a quien considera un completo idiota e insoportable y dependerá de él para que lo lleve Los Ángeles para poder asistir al nacimiento de su primer hijo.

    Bien, el viaje se presenta un tanto complejo, alocado y con peripecias inolvidables, mechadas con gags de primera línea (pero accesibles para prácticamente cualquier público) y con intervenciones fugaces pero valorables de Juliette Lewis y Jamie Foxx, sobre todo ella. Ethan se presenta como el aspirante a ganador del sueño americano, buscando ir a Hollywood a triunfar, mostrando su talento con imitaciones bajísimas de Don Corleone y siendo un fiel admirador de Two and a half man. Él parece vivir permanentemente en un mundo adolescente e irreal: trata a su perro como humano, tiene a la masturbación como ritual, no toma dimensión de ninguna situación extrema, etc. Y es este punto donde más se opone a Peter, quien se presenta a sí mismo como un adulto con su vida resuelta, como un superado total, diríamos. Claro, imagen que se la puede creer él y su mujer, y será por la intervención en su vida de Ethan que empezará a dudar de todo el circo armado en su vida. A la vez, para Ethan comienzan a caerse algunos de telones que rodean su vida un tanto ilusoria, desde su contacto con la personalidad fáctica y práctica de su compañero de viaje, que siendo frío y duro a veces hace caer (aunque sea por unos minutos) en la realidad a tal personaje.

    Todo un parto1 Todo un parto: o el viaje a la adultez cine

    Pero, además de todos estos contactos entre sí que transforman hay un vínculo afectivo que se forja y que también habla de la atracción de los opuestos, de cómo una amistad se alimenta de la diversidad, encontrar en el otro lo que no encuentro en mí mismo.

    El ritmo que toma la historia es impecable. Sí podría decirse que la inclusión de momentos de alto riesgo (como choques automovilísticos) o la sesión escapista no fueron de lo más agradable, porque rozó lo fantástico, dejando atrás el ridículo que tal vez se intentó mostrar.

    Lo cierto es que podemos ver a este viaje como aquel viaje hacia uno mismo, como el descubrimiento de esas zonas oscuras que intentamos con tanto fervor ocultar; y que de repente aparece algo o alguien que desbarajusta nuestro mundo de cristal, lo que creíamos ser, y que pensábamos que era inmutable. Y precisamente eso es Todo un parto, la intromisión de un ser opuesto a uno en la propia vida. Y Todd Phillips ha sabido perfectamente cómo representar esto con un guión impecable, con un humor escatológico que hace reír a carcajadas. Y, por supuesto, es obra de los dos increíbles intérpretes llevar al extremo las dos personalidades tan bien creadas.
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  • El hombre de al lado
    ¿Qué pasa cuando hay que enfrentarse a uno mismo? ¿Qué pasa cuando se ha vivido siempre con la “ventana cerrada” ¿ Y, ¿qué pasa cuando el otro nos hace tomar conciencia de nosotros mismos? Estas son las principales preguntas que se plantean en El hombre de al lado (Mariano Cohn y Gastón Duprat, 2009). A partir de la apertura de una ventana al frente de su casa, Leonardo comienza a sentir la invasión de su vecino opuesto a él, Víctor y la intromisión en su intimidad a través de la mirada que atraviesa la ventana. Desde aquí las dos vidas comienzan a fusionarse y a tocarse cada vez más de cerca; mientras uno de ellos se abre a mostrarse y el otro teme ser visto en su realidad interior.

    Básicamente, la historia no presenta muchos hechos en sí, sino que se limita a guión impecable que refuerza los estereotipos creados por los actores, que hacen un trabajo fantástico, sobre todo los principales. Leonardo (Rafael Spregelburd) representa al aristócrata snob, que vive encerrado en una irrealidad vana, y se encuentra aislado del resto de la sociedad que no comparte su esnobismo vacío. Por su parte, Víctor, interpretado por el cordobés Daniel Araoz, desconcierta a Leonardo con su actitud de camaradería y familiaridad, y con un estereotipo vulgar que más tarde lo calificará de “grasa convencido”.

    Estos ingredientes son los que hacen de este film una verdadera comedia. Por supuesto, como es de esperar, también tiene una buena dosis dramática. Pero se puede decir que lo privilegiado es el guión, con gags y conversaciones sumamente acertados.

    El Hombre de al lado 2 El Hombre de al Lado cine

    Creo que sería atinado decir que algo muy interesante de “El hombre de al lado” es el planteo propuesto: el descubrimiento de uno, donde se sacan las propias miserias y las del otro, se sacan los “trapitos al sol”, diríamos. Enfrentarse a la parte más bestial de uno mismo y quedar expuesto ante otro, que observa nuestra vida por una ventana puede llevarnos hasta límites insospechados. Encontrar que uno mismo es tan igual como su opuesto. Y eso asusta, desestabiliza.

    El retrato de los personajes es muy bueno y la progresión de cada uno de ellos a lo largo del film cobra un sentido importantísimo si lo observamos desde la óptica de la fusión con el otro, a partir del encuentro.

    Poster El Hombre de al Lado cine

    Finalmente puedo decir, sin exagerar que es una de las mejores películas argentinas de los últimos años. El film estuvo nominado en la última entrega de los Premios Goya por mejor película hispanoamericana, aunque no consiguió llevarse el galardón.
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CONCURSO: LOS PADRINOS DE LA BODA