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Imagen del crítico Jorge Bernárdez
Jorge Bernárdez
  • Cantidad de críticas: 34
  • Promedio: 61%
  • Críticas favorables: 22/34 (65%)
  • Críticas desfavorables: 12/34 (35%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • El último maestro del aire
    El último chiste de Shyamalan

    Dijo en estos días el colega Gustavo Noriega, que uno nunca termina de entender si Shyamalan no nos está tomando el pelo con sus películas. La frase no es aplicable a todas, pero es cierto que para sobrellevar alguna de los últimos títulos del director norteamericano de origen indio se necesita suspender la incredulidad hasta límites imposibles.

    Pero en este caso Shyamalan no es del todo el responsable del gigantesco chiste, porque la historia de El último maestro del aire no es de él sino que proviene de un popular dibujo animado para niños.

    No tiene mucho sentido tratar de explicar la base del relato porque es un galimatías que oscila entre lo obvio y lo ridículo. La película, que es grandota y se hace pesada aunque no es tan larga, no se sostiene ni siquiera por los espectaculares efectos especiales en 3D.

    Diálogos forzados y ampulosos, gravedad, trascendencia de pacotilla y todo lo que una película de aventuras no debe tener, se acumula en El último… Da pena ver mezclados en este sin sentido a Kathleen Kennedy y Frank Marshall, que supieron ser productores de grandes películas del género. El final amenaza con una segunda parte, que si Dios existe, no se filmará.
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  • Fútbol violencia S.A.
    Asomándose al infierno

    Puerta 12 fue el primer filme de Pablo Tesoriere y en él el director miraba hacia el pasado tratando de desentrañar las razones de la tragedia ocurrida hace años en la cancha de River. El paso inmediato debía ser si ó sí este estudio de la violencia en el fútbol.

    Futbol violencia S.A. es un descenso a los infiernos del negocio del deporte, ese espectáculo cada vez más caro, que obliga al hincha a vivir incómodo los partidos, a ser esquilmado por los trapitos que rodean las calles aledañas de los estadios, a los vendedores de los patys y los panchos más caros del mundo, de los policías malhumoradas que palpan de armas pero que además los carajean, les tiran los caballos encima, y que en suma, maltratan a todo el mundo.

    Las entrevistan del film cubren todo el espectro de los involucrados en el tema, desde periodistas a funcionarios y ex funcionarios, directivos, pero sobre todo los familiares de las víctimas de la violencia en las canchas. Esos familiares son junto a los dirigentes de Newells Old Boys, un caso que el director tuvo la suerte de poder seguir paso a paso, el centro de este documental que se abre a un tema que uno sabe que es más amplío, incluso de lo que aparece en pantalla.

    El fútbol es un gran tema ausente en la historia del cine argentino y de alguna manera, los documentales de Tesoriere empiezan a subsanar ese vacío.
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  • Pájaros volando
    Comedia fumeta

    El cine marihuano no tiene mucha historia en nuestro país y acaso Pájaros volando sea una película destinada a abrir ese camino.

    José (Diego Capusoto) y Miguel (Luis Luque) son primos y fueron estrellas de rock, bueno en realidad pegaron con un hit en los ochenta y eso no les alcanzó ni para ser Miguel Mateos. Hoy, José atiende el teléfono en una remisería, vive con el padre que es tanguero y sale con chicas que tienen menos edad que José. Miguel está en Córdoba en un poblado entre hippie y esotérico, vendiendo muñequitos de extraterrestres y esperando que los extraterrestres se lo lleven de viaje.

    En el comienzo se ve la miserable vida de José que sigue con una banda de rock tocando en boliches de mala muerte por lo que cuando es convocado por su primo para que vaya a Córdoba con él, luego de una noche particularmente desastrosa, José acepta el convite y se va en busca de los extraterrestres.

    Las películas de culto se toman o se dejan, no hay nada que uno pueda decir que penetre la caparazón del fanático que es incapaz de encontrar una falla en el objeto a adorar. Pájaros volando es para fanáticos del ¿género? marihuano, y de Capusotto. Los fanáticos de ambas cosas estarán de parabienes.

    Los cameos que se han contado ya por todos lados, la participación de Victor Hugo Morales, los efectos digitales berretas, las citas a distintas películas de culto, que a veces funcionan y a veces no, son un regalo para los espectadores. No hay mucho más para decir, solo resta tomar el morral y entrar en el juego.
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  • Policía, adjetivo
    Autoridad y moral

    Nada peor que perder la fe y el sentido de lo que uno hace en la vida. Ese es el problema de Cristi, un joven policía que en el medio de una misión pierde el norte, se empieza a preguntar que está haciendo y siente que su misión está mal y que carece de sentido.

    La misión de Cristi es seguir a un adolescente que supuestamente fuma marihuana algo que según la ley rumana se castiga con una cantidad de años de cárcel que a Cristi le parecen demasiados. Los días van pasando y Cristi va plasmando en el informe que debe escribir para su jefe las impresiones que le causa el seguimiento del adolescente. Pero poner en duda esa parte de su vida afecta el resto de la vida de Cristi. Todo se va desarrollando hasta llegar a un increíble debate dialéctico con su jefe que le hace traer un diccionario a su secretaria para discutir con Cristi aspectos morales, legales y linguísticos que se disparan a partir de las dudas que lo asaltan al policía. Dudas que introducen el germen del caos en la sociedad rumana. Hay que ver la película para enterarse que decisión toma Cristi.

    El cine rumano hoy es toda una garantía de novedad y de rigor y el director de esta notable historia es Corneliu Porumboiu, el mismo que hace un par de año nos deslumbró con Bucarest 12:08 y este año se llevó todos los elogios posible en el Bafici por ésta películas.
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  • Encuentro explosivo
    Disparate entretenido

    Los primeros cuarenta minutos de Encuentro explosivo son realmente entretenidos. La historia de la chica que se topa en su camino a una especie de James Bond y se ve envuelta en una serie de asesinatos y persecuciones es llevadera y el dúo Cameron Díaz/Tom Cruise funciona bastante bien. El problema de la película es que cuando el ritmo se hace más lento y el espectador se pone a pensar lo que está viendo, la trama se vuelve medio insostenible. Ahí quedan dos caminos: uno es el de entender que el film es un disparate y bajarse, como quien se baja de un tren; el otro es entender que el relato es lo que es y lo que queda es dejarse llevar por su ritmo, sus persecuciones, sus diálogos y olvidarse de la verosimilitud.

    Encuentro explosivo es la historia de un agente secreto que usa a una chica para que haga de mula en un aeropuerto y así pasar, sin que ella lo sepa, un artilugio de alta importancia para las potencias del mundo. La pila que el agente que interpreta Tom Cruise es al macguffin que utiliza la película para meternos en su historia de amor y de acción.

    El agente y la chica común recorren el mundo, tratando de probar la inocencia del agente, protegiendo la pila y a su creador y tratando de descubrir a los traidores internos de la organización, mientras escapan de un traficante de armas. No es una genialidad, pero la sola presencia de Tom Cruise le da sentido y vitalidad suficientes como para sentarse en la butaca y zamparse un combo de gaseosa y pochochos (¿si, y qué?) con absoluta felicidad. ¡Berp!
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  • La Pivellina
    La Pivellina
    Subjetiva
    La señora del pelo rojo

    La pivellina es una muestra de gran cine. No se dejen amedrentar porque la publicidad habla del “Nuevo cine italiano” o que la cantidad de premios que cosechó los haga sospechar que es una de esas películas que en un festival funciona pero que afuera apesta.

    En el comienzo Patty, una señora mayor de pelo rojo busca a un perro, Hércules, pero en su búsqueda da con una nena que está en una hamaca. Patty se lleva a la nena con ella porque está por llover y ya en su casa descubre una nota en la ropa de la nena. No va a la policía como aconsejaría la lógica, sino que la deja en su casa.

    Patty vive en un asentamiento de casas rodantes, gente lumpen, artistas; no es gente a la que le sobre nada lo que no impide que integren a la nena, que se irá haciendo un miembro más del grupo con el que vive la señora de pelo rojo.

    Una historia simple en los suburbios de Roma, ni más ni menos. No son los feos sucios y malos de Ettore Scola, son gente precarizada que vive apenas al margen del sistema y que no le entrega la nena a la policía porque confía en que la madre vendrá a buscarla en algún momento y sienten una especie de obligación por esa mujer que se vio obligada a dejar a su hija.

    De cierta manera los directores Tizza Covi y Rainer Frimmel reactualizan con una inusitada potencia el neorrealismo, lo que convierte a La pivellina en una película que no hay que dejar pasar.
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  • Brigada A
    Brigada A
    Subjetiva
    Digna pero...

    No había muchas razones para ver Brigada A en los ochenta, vamos era ni más ni menos que el brazo televisivo de la política de la era de Reagan, que incluía vía Rambo, la reivindicación del ex combatiente de Vietnam.

    Los miembros de esa brigada eran prófugos del gobierno norteamericano de un crimen que no habían cometido y para uno, que por esos días escuchaba Silvio Rodríguez y leía “Para entender al pato Donald”, el crimen no podía ser otra cosa que haberse freído a unos cuantos civiles vietnamitas. Como mínimo.

    Pasó el tiempo y todo llega, la serie tiene su versión en pantalla grande y esta vez deciden contarnos la historia desde sus comienzos, es decir, cuando arranca la película son apenas un grupo de elite que hace operaciones en Medio Oriente; para cuando termine y por culpa de una maniobra oscura de gente de la inteligencia, quedarán fuera de la ley y se escuchara el audio con el que empezaba la serie y los presentaba como mercenarios que habían ido a parar a ese trabajo por culpa del sistema.

    Salvadas, más o menos las cuestiones ideológicas, Brigada A presenta unos primeros veinte minutos deslumbrantes, con un elenco encabezado por Liam Neeson poniéndose en la piel de George Peppard (más que correcto) y el resto de la historia no está mal, salvo por algunos momentos de acción que como ya empieza a ser costumbre en el cine de Hollywood, no se entienden demasiado.

    Brigada A es pochoclera ciento por ciento y con guiños a quienes seguían la versión televisiva que se babean y se ríen casi con cualquier pavada. Cumple pero no dignifica.
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  • Cómplices del silencio
    Con las mejores intenciones

    Cómplices del silencio es una película a favor de los derechos humanos, a favor de la memoria, a favor de que los represores de la etapa más oscura de nuestra historia sean juzgados, y además, apuesta al futuro. Estos conceptos los dijo uno de los responsables de la producción de esta película de origen ítalo- Argentino. Pero tener buenas intenciones no es suficiente para hacer una película y Cómplices del silencio es un buen ejemplo de esto.

    Un periodista italiano viaja a la Argentina para cubrir el Mundial de fútbol de 1978, visitar a un tío que pertenece a la masa de italianos que llegó a estas tierras a mediados del siglo XX y además trae un encargo, que es entregar una suma de dinero de parte de un su ex a una mujer llamada Ana (Florencia Raggi).

    Ana es militante política en un grupo armado y la entrega del paquete mete al periodista en un problema importante, a partir de que el periodista se va introduciendo más y más en los problemas internos del país, además de involucrarse sentimentalmente con la militante revolucionaria.

    No vamos a contar mucho más porque la verdad es que la trama empieza a girar sobre si misma, por un lado, y por otro apela a una serie de lugares comunes más o menos reconocibles. En sus mejores momentos, Cómplices... recuerda a La noche de los lápices, y en los peores, es una película irresponsable en el manejo de esas historias que nos pertenecen a todos.

    Las actuaciones son correctas y Florencia Raggi se maneja bien en el registro que la película le pide. De buenas intenciones está asfaltado el camino del infierno y Cómplices del silencio es un adoquín más.
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  • El refugio
    El refugio
    Subjetiva
    ¿Una de Ozon?

    François Ozon debe ser en la actualidad uno de los directores más abiertos y menos previsibles. Nada parece vincular a Ricky, el extraño relato sobre un niño con alas de ángel que se estrenó hace unos meses, con esta historia que empieza como un duro drama social y termina de manera luminosa aunque en algunos sentidos, inquietante.

    Una pareja de adictos con dinero suficiente para gastar en una importante cantidad de heroína recibe en su casa al dealer que les lleva la mercadería. A partir de ahí, Ozon describe de manera minuciosa las múltiples dosis que la pareja se inyecta en distintas partes del cuerpo. El resultado de esa maratón drogona es que ella entra en coma y él muere de sobredosis.

    Pero en el hospital los médicos descubren que Mousse está esperando un bebé. Meses después y con un embarazo a punto de terminar, la película la encuentra a Mousse recluida en un pequeño pueblo a orillas del mar. Dispuesta a tener al bebé para entregarlo a padres más responsables y recibiendo se visita al hermano del hombre que es padre de ese bebé y que murió de sobredosis.

    El refugio es una película reflexiva que habla de la existencia o no del instinto materno, del sexo, de que se necesita para ser padres y todo con una carga importante de sensualidad. Todo en la película es sorpresivo y los personajes nunca son juzgados ni castigados ni aleccionados de ninguna manera. Quizás sea demasiado cuidadoso todo y haya alguna vuelta de guión un poco tramposa, pero no llega a indignar ni mucha menos. Es decir, se puede ver.
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  • Por tu culpa
    Por tu culpa
    Subjetiva
    Un día cualquiera

    Una noche común de una típica pareja de clase media en la Argentina. Julieta (Erica Rivas) está con sus hijos en su casa, los chicos gritan, ven tele, juegan con todo lo que tienen a mano, saltan se pelan, se gritan, comen yogurt, lo vuelcan en el piso, y así. El marido de Julieta está de viaje. A partir de esta situación tan común, Anahí Berneri desarrolla un relato que por momentos estremece. No hay acá grandes golpes de música, ni se plantean las grandes cuestiones de la vida, lo que sí hay es una directora con un guión preciso y una actriz que se encarga de que la película no le de respiro al espectador.

    Uno de los chicos se cae y se rompe un brazo, la madre y los hijos van a la clínica y empieza entonces un relato sobre el poder de las instituciones, el sentido de la maternidad, las relaciones de pareja y la violencia familiar en institucional. Los médicos examinan al chico accidentado, encuentran otras lesiones, le preguntan a la madre cómo se lastimó el hijo y ella dice que fue un accidente, que los chicos se caen.

    La cámara sigue a Erica Rivas que se queda con los chicos mientras en otros ámbitos empieza a moverse una maquinaria que no entiende, que no le pide explicaciones. Nadie la atiende a Julieta, nadie de la familia está a mano y los médicos sospechan que ha golpeado a los chicos y que lo hace habitualmente, aunque de esto no se hablará hasta la llegada del marido de Julieta.

    Un relato preciso, seco, angustiante y una actriz enorme le alcanzan a Anahí Berneri para hacer de su tercera película uno de los estrenos más importantes del año.
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  • El príncipe de Persia
    Todo es historia

    Juro que me senté en la butaca deseando que el Príncipe de Persia me gustara, que la aventura me sacara de las butaca y me lanzara junto a los protagonistas a una aventura en el legendario imperio Persa que se extendía desde las estepas rusas hasta el mediterráneo.

    Pero nada de eso pasó. El príncipe de Persia es otro fiasco más, otra muestra alarmante de que Hollywwod ya casi no sabe filmar aventuras y de que el crecimiento técnico vino acompañado de una pérdida del sentido del espectáculo y de lo cinematográfico.

    No es sólo que los momentos de CGI aplasten a los atores y transforme todo en excesivamente virtual al punto de que al espectador deja de importarle lo que les pasa a los personajes. El déficit está en la falta de ritmo entre momentos espectaculares y no solo eso, las peleas está mal filmadas y llenas de planos detalle que sólo quitan continuidad y hace que el espectador se pierda. En fin, El príncipe de Persia no pasará a la historia, peor aún, ya es historia en cuanto termina su proyección y el público abandona la sala.
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  • Robin Hood
    Robin Hood
    Subjetiva
    ¿Y dónde está Robin?

    ¿Se puede hacer una película aburrida, con un personaje que es un canto a la anarquía y al instinto libertario? ¡Si! Ridley Scott y Rusell Crowe pueden volver aburrido, solemne y careta cualquier cosa que toquen.

    No es que el director británico filme mal, es que es irremediablemente conservador no sólo en sus ideas políticas -que sería lo de menos al fin y al cabo el mismísimo John Ford era bastante facho-, Scott es conservador desde sus planteos estéticos que aparecen una y otra vez en sus películas, ya sea que traten del imperio Romano, las cruzadas o como en este caso, las aventuras de Robin Hood.

    El planteo es siempre el mismo, “contar la verdad” y olvidarse de la leyenda. En ese plan, Robin Hood deja de ser un héroe de los humildes para pasar a ser un mercenario de los señores feudales hartos de pagarles impuestos al rey. Marin deja de ser una chica virginal, hija de uno de esos caballeros feudales para pasar a ser una heroína de armas tomar. Donde había espíritu libertario y ansias de libertad, Scott pone ideas librecambistas y enojo por la opresión estatal. ¿Los pobres? Están para hacer número pero no para mucho más.

    Con esta nueva visión, el personaje deja de ser simpático, la historia de amor deja de emocionar y nada termina por importarle demasiado al espectador. El Robin Hood de Scott-Crowe es un fiasco más de Hollywood.
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  • Diletante
    Diletante
    Subjetiva
    Vida feliz

    - ¿Qué es eso?, le pregunte y mi padre me dijo: un diletante es una persona que sabe muchas cosas pero ninguna en profundidad y que sabe divertir.

    Bela Jordán, de ochenta años, cuenta esta anécdota de cuando era chica y se quedaba en las mesas familiares sin hablar para que no la mandaran a jugar. Esa vez habló y se llevó la definición de esa palabra que según ella, suena bien y se ve que dedicó sus esfuerzos a ser una diletante. Y lo logró.

    La hija de Bela se llama Kris Niklison, tiene cuarenta años y si bien su mundo es el del teatro en varias facetas (actriz, dramaturga y puestista), demuestra con este homenaje a su madre que el cine también es lo suyo.

    Diletante muestra una de las facetas e que el mundo de los documentales presenta hoy en día, los documentales personales, en primera persona, es que los que el género más se ha desarrollado.

    Acercarse a la vida de Bella Jordán, a sus diálogos con Cata, y a su manera de encarar la vida en esa casa de campo adonde se retiró para poder leer tranquila y dedicarse a los enormes puzzles que despliega y arma con paciencia infinita, provoca un enorme placer estético. Niklison hace que su cámara filme a Bella de manera plácida mientras la mujer de ochenta años recuerda sin ira, navega por Internet y cuenta alguno de sus pensamientos sin intentar bajar líneas ni aleccionar acerca de nada, incluso se permite una marca de incorrección al decir que al final de sus días no se arrepiente de las cosas buenas que hizo porque las malas se hacen pensando más. Esperemos que Bella se equivoque porque sino, su hija Kris terminará arrepintiéndose de haber filmado Diletante y eso no sería justo.
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  • Hombres de mentes
    La sátira que no funcionó

    Una vez que pasa el momento en el que el militar de inteligencia que interpreta George Clooney le explica al periodista que encarna Ewan MacGregor, que existe un grupo de choque secreto que opera bajo el nombre de “Operación Jedi” en Irak se termina lo mejor de Hombres de mente. Y es que para los que no lo recuerdan, el actor inglés es nada más y nada menos que dio vida al joven Obi Wan Kanobi de la saga La guerra de las galaxias, lo que convierte en un buen chiste cinéfilo en un momento que se agota en el mismo momento en que se dice.

    Hombres de mentes es una comedia menor en la que un grupo de estrellas de Hollywood decide burlarse del ejército, de la guerra y de los servicios secretos. Es una lástima pero se ve que hacer MASH no es para cualquiera.
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  • La caja mortal
    La sorpresa de la semana

    El producto ideal para los que quieren creer que el hombre nunca pisó la Luna sino que todo fue un armado Hollywoodense para engañar al mundo y humillar a la que era la Unión Soviética. También puede pensarse que la nueva película del director de Danny Darko como un subproducto de la serie Lost. Toda esto no la hace mejor o peor, sino que sirve para darle al film un marco adecuado dentro del universo cinematográfico.

    Un matrimonio se ve envuelto en una trama más que intrincada que termina poniendo en peligro la vida del hijo y llevando a la pareja a una opción de vida o muerte. Todo en la película es oscuro y escurridizo, nada es lo que parece y cuando La caja mortal termina, el espectador no termina de relajarse en la butaca hasta que dejan de pasar los títulos de cierre.

    Hay una precisa ambientación de época, que se desarrolla todo en medio de los festejos del bicentenario de la independencia de los Estados Unidos, y todo remite a clásicos de aquellos años como Los tres días del cóndor.

    Es decir, en un panorama de cine insulso y de poca monta The Vox es una película inquietante y eso, para estos tiempos lavados, no es poco.
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  • Una noche fuera de serie
    Puede fallar

    ¡Steve Carrel y Tina Fey juntos! ¡Una screwball comedy (es decir, una comedia loca) al viejo estilo! ¿Qué puede fallar? se puede preguntar el potencial espectador cuando se entera del estreno de Una noche fuera de serie.

    Y la respuesta de un crítico, harto de comedietas de segunda que no cubren las expectativas mínimas es: “Todo”. Lo único bueno de esta película es cómo está retratada la ciudad de Nueva York y aunque no se puede decir que se la vea poco en la pantalla grande, son pocas las oportunidades en que no es destruida por alguna calamidad natural, un científico loco o alienígenas que buscan su lugar en el espacio.

    Steve y Tina hacen de un matrimonio aburrido de Nueva Jersey que tratan de revitalizar la pareja con una salida loca a la Gran Manzana. De este punto de partida anodino arranca esta comedia menos que mediocre, donde ni siquiera Ray Liotta se salva del papelón. Esperen a que la den en cable y cuando vean que está programada, sintonicen los canales de aire.
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  • Dos hermanos
    Dos hermanos
    Subjetiva
    Si Hawking fuera al cine

    Villa Laura fue una novela corta que se publicó hace unos años y que si bien no fue un best seller, fue un éxito entre sus lectores que disfrutaron con esa novela que mostraba una relación patética entre dos hermanos mayores(un hombre y una mujer), que una vez muerta su anciana madre se ven obligados a convivir de cierta manera. La novela de Sergio Ducovsky es una demostración de gran manejo de climas tensos y de como una historia chica puede sostener un relato.

    Daniel Burman tomó esa novela y convocó para encarnar a los hermanos a dos figuras de indudable carisma: Graciela Borges y Antonio Gasalla. Dos hermanos es la transcripción fílmica de esa novela.

    Marcos (Antonio Gasalla) vive con Meneca (Elena Lucena) su nonagenaria madre y Susana (Graciela Borges) es la encargada de llevar adelante los negocios inmobiliarios de la familia. Cuando la historia empieza, la madre de ambos hermanos muere y Susana se encuentra obligada por sus extraños manejos inmobiliarios a comprar una casa en Villa Laura, un pueblo costero en Uruguay.

    Los dos hermanos viajan a conocer la casa y Marcos se instala en Villa Laura, donde se empieza a conectar con la gente del lugar y a inaugurar nuevas rutinas que reemplazan a las que tenía mientas vivía con la madre.

    Alejados entre sí los dos hermanos que hasta ese momento habían llevado adelante una relación simbiótica con roles bien repartidos, se ven lanzados a pensar existencias propias e independientes. Cada vez que uno visita al otro viven juntos pero la tensión aumenta en cada visita.

    Marcos, juega al ajedrez con un carpintero del lugar y se hace habitué de un grupo de teatro manejado por un director de fama internacional que busca pasar sus últimos años en ese pueblo donde su madre había nacido, pero nunca regresado, y decide montar una versión de Edipo, nada menos. No revelo mucho del argumento si digo que Marcos y ese director de teatro estaban destinados a entenderse.

    Susana sigue su vida un poco fuera de foco, en la Capital, es una señora paqueta bastante alcohólica que roba la correspondencia del vecino, que se pelea con el resto de la familia, que no da pie con bola en sus manejos económicos.

    La película esta armada alrededor de la gran Graciela Borges y del muy eficiente Antonio Gasalla: ese es su mérito y a la vez su lado flaco. El patetismo original de la novela se suaviza bastante, a la película le falta dramatismo y también le falta comedia, lo que la transforma en un poco anodina, más allá de las presencias magnéticas de los dos protagonistas, tan magnéticas que funcionan como dos agujeros negros que absorben todo lo que los rodea y se transforman de tal manera, que dejan de ser personajes de una historia para pasar a ser la razón de ser de la película.
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  • Hermanos
    Hermanos
    Subjetiva
    Sufro

    Sam Cahill (Tobey Maguire) es marine, su hermano Tommy (Jake Gylenhall) es un delincuente, el padre de ambos es un militar retirado, alcohólico y golpeador. En el comienzo de la película se ve a la familia de Sam horas antes de que él vuelva al frente. La última cena de la familia se completa con los padres de ambos y la llegada de Tommy, que acaba de cumplir una condena en prisión. Las relaciones familiares son, por decirlo suavemente, tensas y la comida no es precisamente como un encuentro de los Campanelli.

    Con el marine ya en el frente, su hermano se va acercando a Grace (Natalie Portman), la mujer de su hermano, y en ese plano se maneja todo hasta que desde Afganistán llega la noticia de que el helicóptero de Sam se cayó y el ejército lo declaró muerto. Pero en realidad el marine está en manos del enemigo, en cautiverio y sometido a distintas torturas físicas y psicológicas.

    Mientras tanto en Estados Unidos los vínculos familiares se van acomodando a la realidad del integrante muerto y entre Grace y Tommy la relación se va haciendo más estrecha y las hijas del marine aprenden a querer al tío.

    Después de pasar cosas horribles Sam es rescatado de las garras del enemigo y vuelve a su país, pero las huellas de las atrocidades que vivió como prisionero empiezan a incidir en la vida familiar. Y si la relación entre los miembros nunca fue una fiesta, a partir de ahí son directamente un infierno.

    Hermanos es una película solemne pero no profunda, grave pero no seria, y tensa aunque no por eso interesante. Da un poco de tristeza asistir al trabajo de un grupo de actores a los que hemos visto en situaciones más agradables, entregados a una especie de festival de venas hinchadas y gestos dramáticos, metidos en una trama que no termina de convencer nunca.
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  • Un sueño posible
    Seamos buenos

    Un sueño posible es un pésimo título, pero teniendo en cuenta que el original hace alusión a una jugada de fútbol americano, se puede entender que los distribuidores buscaran algo más universal. La historia de la que habla la película no es apta para cínicos o para aquellos que no estén dispuestos a entregarse a un relato sobre la bondad y sobre las posibilidades de sobreponerse a lo que el destino nos ha puesto en el camino.

    Big Mike es un negro enorme cuyo origen es un ghetto negro, el destino de este adolescente enorme es seguramente el de la mayoría de sus amigos del barrio: la droga, la violencia, la cárcel y seguramente una muerte acorde a ese derrotero. Pero Big es rescatado de la calle, primero por un entrenador de fútbol americano de colegio privado que le ve físico para su equipo y presiona a la junta de admisión. El problema es que los resultados académicos del adolescente son desastrosos. Algunos profesores tratan de ayudarlo, otros dudan acerca de si ese es el lugar adecuado para tener a ese habitante de los barrios bajos sin padre y con una madre adicta al crack. En ese punto de la relación entre el colegio y Big Mike aparece en escena la familia Touhy.

    Leigh Anne Touhy se sorprende un día vendo a su hijo menor hablar con una verdadera montaña humana, de color negro que deambula por el colegio y le pregunta quien es el nuevo amigo y el hijo le dice que es Big Mike. Pocos días después la familia en pleno, mamá, papá, nene y nena se cruzan bajo la lluvia con el enorme adolescente que no tiene donde parar y se lo llevan a dormir a su lujosa casa. Anne Leigh es diseñadora de interiores y decoradora, el padre de la familia es una ex estrella del basket que tiene una cadena de restaurantes. A partir de allí comienza el cuentito de una improbable relación entre esa familia blanca, cristiana y republicana y el adolescente negro.

    La historia es real y efectivamente el adolescente, negro y gordo llegó a ser una estrella del fútbol americano y esa familia de WASP junto con una tutora demócrata que interpreta Kathy Bates cambió la vida de ese chico, claro, con el esfuerzo del protagonista de la historia. Sandra Bullock encarna a esa rubia de clase alta que se involucra en la vida del desclasado y lo hace con sensibilidad y gracia; no sé si eso merece un Oscar pero lo bueno es que al menos no lo ganó por hacer un personaje con capacidades especiales.

    Un sueño posible es la película ideal para sacar a pasear al cínico que anida en el argentino medio que mira de costado estas historias y prefiere sospechar antes que creer. Viendo la edición de This is it (sobre los conciertos que iba a dar Michael Jackson cunado murió), me encontré en los extras con dos historias que me sorprendieron una es la de uno de los bailarines que iba a participar del show, un muchacho holandés que enterado de las adiciones se tomó un avión y cinco días después estaba elegido para participar de ese show que prometía ser grandioso. Por otro lado una guitarrista que parece en la banda de Jackson cuenta que llegó ahí a través de My Space. El american way of life, la idea de que si uno vale puede llegar, el you can do it que tanto detestamos, en ocasiones funciona. El espectador que se siente en la butaca para ver esta película tiene que estar abierto a creer, que la gente puede ser buena a pesar de ser republicana, que no todo es un infierno y que aunque uno piense que el origen lo predestina, si pone esfuerzo y se deja ayudar puede burlar al destino. A veces resulta bien.
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  • Loco corazón
    Loco corazón
    Subjetiva
    Se hizo justicia

    Bad Blake (Jeff Bridges) es un cantante folk que se derrumba lentamente; lleva años tocando en bares de mala muerte, pistas de bowling y repitiendo eternamente las mismas canciones de perdedores y amores fallidos. Blake deja correr su vida entre whisky barato y groupies mayorcitas. Cuando empieza la película el agente de Blake le recrimina por no tener temas nuevos y por negarse a cantar con su ex protegido convertido en estrella.

    A la vida del protagonista llega una periodista de un diario de pueblo que es sobrina del pianista de ocasión que esa noche le toca como compañero. Bad se enamora una vez más, vuelve a componer se reencuentra con su ex aprendiz, en fin todo parece encaminarse de manera notable, salvo que no puede dejar la bebida y su salud parece derrumbarse al mismo ritmo que su carrera.

    Esta historia que en manos indolentes pudo haber sido una insoportable película de la semana, gracias a Dios o a quien sea, es otra cosa porque el protagonista es Jeff Bridges y lo rodea un elenco notable encabezado por Maggie Gyllenhall, Collin Farrell y Robert Duval, que además es el productor.

    Bridges se merece este Oscar tanto como en otras oportunidades, solo hay que recordar El gran Lebowski, por ejemplo. Lo cierto es que lo ganó por esta película que es muy divertida, le permite lucirse y que como bonus, tiene música original de T Bone Burnet. Simplemente imperdible.
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  • Un maldito policía en Nueva Orleans
    La leyenda del indomable

    Para ver Un maldito policía en Nueva York de Werner Herzog hay que dejar atrás todo lo que uno supone: que es una remake, que el alemán se vendió a Hollywood y que Nicolas Cage en manos de un director de prestigio va a sacar el pie del acelerador.

    Y hay que olvidarse de todo eso porque:

    1- Aunque tome en parte el título de la película de Ferrara (Bad Lieutenant, 1992) no sigue en nada los lineamientos de la “original”; para ser claros, acá no hay ninguna monja violada ni un policía carcomido por la culpa que debe litigar con su conciencia a cada violación de las normas éticas o policiales que comete.

    2- Herzog en Hollywood sigue filmando lo que se le canta y mejor aún, les hace creer a sus nuevos patrones que filma lo que ellos esperan para después, subvertirlo desde adentro.

    3- Nicolas Cage, lejos de poner un pie en el freno, es empujado por el ritmo de la película a una aceleración del personaje y sus conductas que se adaptan perfectamente al ímpetu que el director alemán le impone al relato.

    El primer cambio de la trama es que, como ya dijimos, no hay ninguna violación contra una monja sino que es una masacre la que dispara la investigación que arrastrará a Terence McDonagh (el maldito policía en cuestión) a una vorágine de conductas inapropiadas de las que el espectador será testigo, no sin asombro.

    Hay una dolencia que empuja a McDonagh a consumir Vicodin, un calmante poderoso. Y de ahí a la cocaína hay un paso que el protagonista no tarda en dar. Y hay un elenco sin fisuras en el que sobresalen Val Kilmer y la impactante Eva Mendes en el papel de una prostituta a la que el protagonista explota y comparte con ciertos personajes de la noche, más la música de Mark Ishan, diseñada como un personaje más de una película que vale la pena ver y con la que Herzog parece acatar las convenciones, pero solo para burlarse de ellas.
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  • El imaginario mundo del Doctor Parnassus
    El artista

    Terry Gilliam es seguramente el director más personal y barroco de los que están en actividad. Desde los días en que formaba parte de Monty Python le gusta forzar los límites de la representación y el artificio. Liberado del peso que le imponía la obligación de hacer películas en cierta forma episódicas para el lucimiento de todo el grupo, Gilliam dejó volar su imaginación y ya fuera para contar las aventuras del Barón de Münchhausen o para contar una ucronía deprimente como Brasil, Gillian apelaba a distintos lenguajes o texturas y si era necesario dejaba ver los hilos del artificio.

    El imaginario mundo del Dr. Parnassus vuelve a mostrar a un Gilliam convencido de contar historias mas grandes que la vida, historias aleccionadoras, historias en las que el realismo puede virar al mas extremo non sense, típico de los ingleses (aunque en verdad él sea estadounidense).

    Un actor que está cumpliendo mil años, Parnasus (Christopher Plummer) esconde un secreto que lo oprime y lo hace sufrir. Lo une un pacto con el demonio según el cual debe entregarle a Belcebú su hija cuando ella cumpla los quince años cosa que cuando empieza la película está a punto de suceder.

    El asunto es que ese barroquismo y ese jugarse a fondo de Gilliam más de una vez le ha hecho pasar apuros cómo cuando filmando una versión de El quijote de la Mancha todos los dioses se pusieron en su contra y nunca logró terminar esa filmación, pero en cambio de allí salió un excelente documental sobre lo que un artista es capaz de poner en juego en función de terminar su obra y lo que tarde en rendirse.

    El imaginario… sufrió también problemas en el momento de la filmación. La muerte de uno de sus actores principales, Heath Ledger. Con buena parte de la historia ya filmada, Gilliam suspendió para re escribir el guión y con la ayuda de Colin Farrell, fearrel, Johnny Depp y Jude Law, tomando la responsabilidad de encarar distintas alucinaciones del papel de Ledger, fue que la película llegó a su fin.

    La película es entonces una ficción alucinada de un director habituado a los desbordes pero también es el documental de cómo Gilliam se la ingenio para burlar a la muerte. En ese punto hay que decir que el film es una proeza artística, una aventura, una quijotada a contramano de lo que el mercado dice que debe hacerse y por eso hay que verla, porque es una causa pérdida y esas son las únicas causas que vale la pena defender.
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  • Los hombres que no amaban a las mujeres
    Anodino pasaje al cine

    Transcribir una novela a la pantalla grande no es fácil, y es mucho más complicado cuando se trata de textos populares y de alto impacto como las tres novelas de la Trilogía Millennium del sueco Stieg Larsson: La reina en el palacio de las corrientes de aire (2007), La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (2006), y Los hombres que no amaban a las mujeres (2005). Es cierto que al terminar el tercero al lector le queda la sensación de que al bueno de Larsson le quedaba hilo en el carretel y que en la cuarta novela seguramente hubiéramos terminado de conocer todo lo que necesitábamos conocer de Lisbeth Salander, la detective, punk y bisexual de áspero pasado. Pero Larsson se murió por un infarto y su obra quedó en tres libros de alto impacto y muy gancheros.

    Con el éxito de librería que resultó ser la trilogía era obvio que debían pasar al cine y los suecos lo hicieron. Los hombres que no amaban a las mujeres - Millennium 1 es una película correcta que trata de ser fiel a la novela y esa es la peor decisión que podían tomar. Porque lo que en el libro son momentos de suspenso insoportable, en el film resultan pueriles y la profundidad de los caracteres de los protagonistas no llega a reflejarse.

    Un periodista de investigación famoso pierde un juicio por calumnias e injurias, el periodista se come el garrón de una sentencia en contra por culpa de una trampa tendida por un magnate. Mientras se apresta a cumplir la sentencia otro grupo poderoso contrata al investigador por una cuestión personal. El periodista se ve envuelto en una trama familiar de corrupción, racismo, incesto y durante la pesquisa aparece en el camino Lisbeth Salander, que es una hacker punk, con problemas de conducta, bisexual y con un pasado que en esta primera parte apenas se vislumbra.

    Repito, la primera parte de la saga es correcta pero anodina y rutinaria para quienes leyeron la novela, mientras que para los que no tienen idea de la existencia de la trilogía, será apenas una rareza sueca.
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  • Nine
    Nine
    Subjetiva
    Sin alma

    No son buenos tiempos para el cine musical, que quedó atrapado en el pasaje a la pantalla de algunos éxitos de Broadway. Y si, a veces el truco funciona mejor y otras decididamente no funciona. Nine, una vida de pasión es la versión musical de 8 1/2 de Felllini. Transforma al director en un cliché, a su cine en un pavada, y a sus obsesiones en un chiste. Si ya la obra de teatro dejaba que desear, el paso a la pantalla grande con grandes figuras y con la matrona de matronas, Sophia Loren, en una reaparición triunfal cual Mirtha Legrand del primer mundo, es directamente una catástrofe.

    Nine, una vida de pasión tiene varios problemas, pero el principal es su falta de alma; después le siguen la pretensión y la falta de vuelo, en donde Daniel Day-Lewis debería ser la quintaesencia Mastroianni, o de Fellini, y termina siéndolo de la nada. Penélope Cruz baila insinuante y se toca un poco, Kate Hudson tiene a su cargo el mejor momento musical y Judi Dench hace un número sobre el Folies Bergère, en su rol de vieja francesa degenerada: lo de vieja le sale pero todo lo otro no aparece.

    En este punto es donde se tendría que haber parado todo y donde alguien tendría que haber dicho que algo está mal en una película en la que la Dench, que hace una excelente M en la serie Bond, tiene que hacer de madama franchuta. Alguien debería haber parado esa filmación y preguntarse y preguntarle a la producción en qué estaban pensando.

    El cuadro final donde posan todas las mujeres que rodean al personaje central me hizo acordar a otro dislate pero del cine vernáculo que se llamaba Frutilla y en el que Enrique Carreras se daba el gusto de homenajear a grandes figuras de la escena nacional, haciendo aparecer a Luis Sandrini al final, sin que tuviera nada que ver con la película, con Mercedes Carreras lo anunciara mirando a cámara mientras un teatro lo aplaudía. En ese nivel está Nine…
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  • Sherlock Holmes
    Guy que me hiciste mal…

    Sherlock Holmes no es un personaje popular, en el sentido en que se entiende la popularidad por estos días: alto impacto, conocido globalmente, explosivo. Hace años que no se filma ninguna película del personaje y sus libros no son tampoco de alto impacto, aunque algo flota en el imaginario popular y existe le museo y la Casa del Detective - si existe la casa en la que Romeo y Julieta se juraban amor en Verona, por qué no iba a existir luna para los detectives?

    Las películas originales del personaje protagonizadas por Basil Rathbone mostraban a un inglés reflexivo, reconcentrado, ejecutante de violín. El personaje literario sumaba a esas características la de ser un fumador consuetudinario de opio. Pues bien, el regreso de Sherlock Holmes encuentra al personaje renovado, libre de su flemático carácter british, claro, por obra y gracia de la interpretación de Robert Downey Jr, al igual de lo que pasa con el Dr. Watson, a cargo de Jude Law.

    Quizás uno, cualquiera, no hubiera elegido a Guy Ritchie para que dirigiera esta película, pero objetivamente, nadie podrá decir -a pesar de su edición pretendidamente ágil y de que pareciera sobrar-, que Ritchie filma mal.

    Pero si Downey, Law y la bella Rachel McAdams conforman un trío que logra lucirse. Quizás la película no conforme de todo por ese tono de estar de vuelta de todo y que finalmente termina dañándola. Holmes seguramente necesitaba un director más clásico y no tan preocupado en lucirse en cada plano.
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  • Enamorándome de mi ex
    Guiones vs. Actores

    La poco inspirada música que acompaña los títulos de la apertura de esta nueva película de Nancy Meyers es un anuncio de la sensación que le quedará al espectador cuando el film termine.

    Jane (Meryl Streep) está llegando a un momento de su vida bastante complicado, sus hijos ya están todos independizados y empiezan a dejar la casa familiar, hogar que ha sido manejada siempre por ella, ya que su ex marido, Jake (Alec Baldwin), siempre fue un padre más que ausente que se ha vuelto a casar con una chica más joven que tiene un hijo de cinco años pero quiera un hijo de Jake.

    Uno de los hijos de ambos se gradúa en Nueva York y Jane y Jake se re descubrirán, tanto que comienzan un amorío. Jake necesita olvidarse el infierno de su nuevo hogar, Jane necesita una alegría. En el medio de esta historia aparece Adam (Steve Martin), el arquitecto encargado de trabajar en la remodelación de la casa de Jane.

    Lo cierto es que al menos durante la primera hora el trío protagónico se saca chispas y empujan la película, pero entre el guión y la dirección logran doblegar a los actores y aburrir al público. Una pena porque la película se disfruta hasta que una serie de vueltas innecesarias de la historia y el carácter conservador de la resolución borra la buena impresión que deja esa buena primera hora del relato.
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  • Avatar
    Avatar
    Subjetiva
    Grande a veces significa bueno

    Cada tanto aparece un director visionario que cambia los parámetros conocidos, que crea una película de esas que algún gran productor del Hollywood clásico calificaba de más grandes que la vida. Avatar tiene ese sino porque James Cameron es uno de esos directores que buscan ser inspiradores y clásicos, pero a la vez intentan correr las fronteras de lo tecnológico. Las imágenes de Avatar son bellas, el relato es fluido, la historia es clásica, lo que se ve en pantalla es por un lado clásico pero por otro novedoso y deja al espectador con la boca abierta.

    Es cierto que por momento es un patchwork que une Nacido el 4 de julio con Forrest Gump y La guerra de las galaxias, pero la innovación tecnológica, y los FX de última generación elevan la película a otro nivel.

    Jack Sully es un marine entrenado para actuar y no para pensar, que sufre una lesión en combate y es puesto en suspensión criogénica; pero la muerte de su hermano gemelo, un científico brillante, le da una nueva posibilidad al marine cuya lesión es curable si se tiene dinero pero eso es casi imposible para un cabo. El asunto es que el hermano de Jack estaba trabajando sobre un proyecto de un contratista del ejército para explorar el planeta Pandora. En el lugar hay un grupo de humanoides llamados Na´vi que tienen su hábitat justo encima de la mayor cantera de un mineral que en la Tierra es carísima. El proyecto Avatar implica la creación de humanoides manejados por humanos, igualitos a los Ná´vi, con la idea de meterlos entre los originales. Jack entra al proyecto sin el entrenamiento necesario y choca con la directora científica del proyecto, nuestra vieja amiga Sigourney Weaver (Ripley en la saga Alien cuya segunda parte y acaso la mejor, fue dirigida por Cameron), el marine y la científica no empiezan con el pie derecho mientras que el jefe militar de la operación conecta con Jack y le propone que sea su espía a cambio de conseguirla en la Tierra piernas reales.

    Por supuesto, el infiltrado ignorante de todo, se infiltra y parece ser un elegido. Se enamora de una nativa, conoce la cultura Na´vi y graba en una especie de confesionario de Gran Hermano sus impresiones. Todo marcha tranquilo hasta que la empresa contratista decide que ya es tiempo de ir por el mineral y decide arrasar el bosque en el que viven y tirar abajo el gran árbol de la vida en el que viven los nativos. Jack, que en su vida como Avatar es casi un Na´vi más, tiene que darse a conocer para decirles a los humanoides que los van a arrasar. La empresa decide atacar por uno de sus informes que había dejado grabado Sully, que además de ser un topo tampoco es un tonto y se da cuenta que no hay nada que los humanos tengan para darles a los Na´vi, que viven conectados al bosque en el que viven de manera muy concreta a través de terminales que los hace ser un parte de una especie de red de redes natural: ¿van a cambiar eso por una gaseosa ligth? se pregunta retóricamente el marine convertido ya en un miembro más de los Na´vi.

    La lucha de los nativos contra el imperio es contada con ampulosidad, lujo y nervio narrativo, no importa demasiado que las cosas no cierren, que Cameron de repente parezca más cándido que el Spielberg más naïf o que realmente funcione cuando el CEO de la empresa contratista los escucha a Jack y a la científica explicar lo de la conexión con la naturaleza se ríe y les pregunta: ¿que estuvieron fumando allá afuera?

    Es que más allá de la cuestión hippie del asunto, Avatar no es ni más ni menos que la vieja historia del mal contra el bien narrada con maestría por ese clasicista que es Cameron, que una vez más corre el límite de la técnica para contarnos una historia más grande que la vida y de paso echar una mirada sobre los efectos de la esencia imperial de los Estado Unidos. Como lo hicieron Star Wars, Apocalipsis Now y El Padrino, a través de una mirada supuestamente inocente e infantil al estilo Forrest Gump, que por momentos y por más sorprendente que sea lo que muestra la pantalla se pone un poco melosa y acaso intragable cuando la luz sobre la pantalla desaparece y el espectador vuelve al mundo real.
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  • Juventud sin juventud
    Años

    Hace unos días Quintín, ex director de la revista El Amante y del BAFICI, blogger anti kirchnerista y comentarista de Fútbol para todos del canal estatal, refiriéndose al desempeño de Boca en este campeonato escribió lo siguiente:

    Boca jugó mal de local y de visitante, en defensa y en ataque, de arriba y de abajo, ganando y perdiendo. Era como si los jugadores hubieran perdido las cualidades que los llevaron a ese plantel. Abbondanzieri se hizo varios goles (parecía que nunca lograría atajar un tiro libre), Palermo no los metió durante el lapso más prolongado en su paso por Boca, los veteranos lucían desmoralizados, los jóvenes atemorizados, los defensores se pateaban entre ellos, los volantes se aturdían y los delanteros chocaban. Para colmo, cuando Boca jugaba bien, perdía igual, como ocurrió contra Independiente.

    Recordé este párrafo mientras veía Juventud sin juventud, imagínense el interés que despierta la película en el espectador que se sienta a ver la última película de Francis Ford Coppola. El director italo americano es cómo este equipo de Boca, un grande que perdió la brújula. Coppola tiene todos los elementos y sabe cómo usarlos pero evidentemente no le sale, la magia no funciona y ya no está para jugar campeonatos.

    Juventud sin juventud arranca de manera espectacular, Estamos en Rumania, en los años previos a la Segunda Guerra mundial, un lingüista anciano está investigando el origen de los idiomas pero sabe que aún le falta mucho para cerrar su obra. En eso está cuando lo parte un rayo, esto no es una metáfora, le cae un rayo y lo fulmina en plena calle. Lo quema todo y lo deja hecho un carbón ardiente. De ahí va al hospital y a medida que avanza su curación los médicos lo comienzan a interrogar y a pesar de lo que el paciente les informa, que es un anciano de mas de setenta años, el equipo médico se encuentra con que los datos le indican que el hombre que están atendiendo no tiene mas de cuarenta años. El caso atraviesa las paredes del hospital y gana interés en la prensa que empieza a ocuparse del extraño caso, a la par del avance incontenible del ejército Alemán sobre Europa.

    Uno de los médicos que lo atiende y lo ayuda a tratar de entender que está pasando le pasa el santo y seña de que los nazis lo están buscando y lo quieren estudiar. Dominic se escapa, y en su huida comienza a entender que además de volverse joven, adquirió poderes que no vienen mucho al caso, pero digamos que este es el momento en que la película va ganando interés. El profesor trata de usar sus poderes para completar aquel trabajo sobre el origen de las lenguas y es aquí también donde se empantana el relato. Cuando aparece en su vida una mujer joven igual a un amor al que Dominic en su momento dejó atrás en pos de su investigación. Ahí surgen otras ideas, la transmigración de las almas, la India y el sánscrito. La mujer es además la encarnación de una adolescente india que murió encerrada en una cueva mientras meditaba. A esta altura, el que está a punto de morir de aburrimiento es el espectador. Coppola maneja a sus actores aunque hay un punto en que uno supone que el guión se les hace incomprensible, por más Tim Roth que uno sea.

    Después de este desquicio, el viejo Francis vino a la Argentina y filmó un desastre llamado Tetro. Uno sabe que es difícil llegar y que es más difícil mantenerse, pero ahora estamos aprendiendo a través de la experiencia del director de El padrino y otras joyas lo duro que es no estar a la altura de lo que se llegó a ser.
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  • Sarajevo, mi amor
    Después de las bombas

    Sarajevo fue el escenario hace algunos años de una guerra civil salvaje que provocó situaciones dramáticas que conmovieron al resto del mundo. Los efectos de esas situaciones se mantienen en el tiempo, son pequeñas bombas de tiempo que de alguna manera u otra detonan hoy. Sarajevo mi amor es una pintura descarnada pero a la vez esperanzada de una sociedad atravesada por el odio del pasado.

    Una madre y su hija adolescente viven en Sarajevo a salto de mata, la chica asegura ser hija de un héroe de guerra y una excursión con el colegio le da la posibilidad de presentar los papeles que la acreditan como tal.

    Sustentada en las grandes actuaciones de un elenco sin fisuras la película avanza en la pintura de un mundo devastado y gris en el que malviven sus habitantes recibiendo ayuda internacional, pensiones de guerra y en el caso de los ex combatientes, actuando como sicarios en un mundo al borde de la legalidad todo el tiempo. La falta de cierta fuerza en el relato conspira para que Sarajevo… sea una gran película, pero ya se sabe que los grandes relatos escasean.
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  • Gallero
    Gallero
    Subjetiva
    Otros cines

    Quien crea que sólo Hollywood se maneja con fórmulas se equivoca; hay otros cines, lo que no significa que esos otros cines no tengan sus fórmulas. Las fórmulas del cine que no son Hollywood son bastante previsibles: ellos hacen cine de edición rápida, los otros lo lentifican, apelan a la belleza y a la juventud mientras que los otros se las arreglan con gente fea y si es vieja mejor, y más, si además podemos hacer que tengan sexo mejor y no digamos si es una relación shockeante. Con un burro por ejemplo.

    Gallero pertenece a ese otro cine que digamos, filma a contracorriente. Ese otro cine que circula por los festivales entra en éxtasis si un país como el nuestro manda una película con pobres que viven mal en pasajes desolados. Gallero cumple bastante con la fórmula que el otro cine debe seguir, pero no del todo y entonces es donde falla.

    Porque al narrar la historia de un encargado de entrenar y cuidar gallos de riña la película opta por un paisajismo pasado de moda, un estilo grandilocuente y populista que no ayuda mucho a meterse en la historia, que por otra parte, es de un minimalismo extremo. Por supuesto no es un cine de salas comerciales ni que busque el éxito inmediato, pero a veces esto sólo, definirse por lo que no se es, no alcanza para hacer algo original, con personalidad y que tenga una entidad superior a tantas películas que buscan su lugar en el mundo dentro del circuito de cine artie o de festivales. En ese mundo es en el que donde Gallero y otras películas por el estilo encuentran el público adecuado par su exhibición y distribución.
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  • Fantasma de Buenos Aires
    Gira mágica y misteriosa

    Las reglas hay que cumplirlas: si uno compra un Gremlin mejor no darle de comer después de las doce de la noche y alejarlo del agua, si hay un tiburón blanco cerca de un pueblo en los primeros días del verano mejor cerrar las playas, o si viene una niebla tenebrosa mejor quedarse encerrado en casa. Tomás y sus amigos rompen varias reglas en el comienzo de Fantasma de Buenos aires, una de ellas es no romper la copa con la que se intenta hacer contacto con un espíritu, porque de esa manera el espíritu quedará encerrado en la habitación.

    El guapo Canaveri era el más taita entre los taitas de Palermo, bocón, canchero, peleador, su china lo quería y su grupo de amigos lo seguía, buscando su respeto, sobre todo uno, bajito, embrollón y medio gil que pedía que lo llamen Ventarrón pero al que su Canaveri llamaba Ventolina. Canevari es el fantasma que invocan sin querer el grupo de jóvenes que juegan a la copa y es quien le va a pedir a Tomás meterse en su cuerpo. De ahí en más, el guapo y Tomás empezarán una travesía por Buenos Aires: uno en busca de su pasado el otro, aunque no lo sepa de entrada, en busca del amor.

    El guapo Canevari no ha pasado a la historia más allá de la foto en una vieja enciclopedia donde aparece junto a Ventarrón y sus amigos. Canevari se entera de que Gardel, ese gordito que cantaba folklore, triunfó y que aquel amigo que trataba con sorna tiene un tango dedicado a su memoria: Ventarrón.

    Con buen ritmo, gags bien aplicados y convicciones acerca de cómo contar una historia fantástica, Fantasma… es una más que interesante opera prima de Guillermo Grillo, que además logra desmarcarse de lo que suele ser la marca en el orillo de las películas que salen de los directores que han pasado por la Universidad del Cine, institución que se jugó a producir esta comedia fantástica que esperamos que abra un nuevo camino.

    En el comienzo Grillo le agradece a Manuel por haber querido ver esta película hecha y está bien, no está de mas agradecerle a Manuel Antín que se ve que hizo todo lo que estuvo a su alcance para que Fantasma de Buenos Aires llegue a la pantalla. Vale la pena salir de gira con Tomás y el guapo Canevari y ver como uno cierra el circulo de su historia y el otro encuentra valor para iniciar la suya.
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  • 500 días con ella
    Un puñado de razones para ver 500 días con ella

    - Porque ninguna película con Zooey Deschanel puede ser mala.

    - Porque apoyándose en una fórmula conocida, logra dar un paso más

    - Porque es una comedia romántica que simula contar una historia de amor, pero como demuestra el relato, no es una película de amor

    - Porque un film que incluya a The Smiths en su banda de sonido, no puede ser mala.

    - Porque mete en el medio de la nada un número musical coreografiado en la calle, con dibujitos animados y todo.

    - Porque logra hacer de la demoníaca Los Ángeles, una ciudad lugar amable.

    - Porque una película que mete historias de edificios y logra hacerlas interesantes, merece verse.

    - Porque la vieja historia de chico encuentra chica nunca falla

    - Porque logra ser melancólica sin deprimir al espectador para toda la semana.

    - Porque los personajes secundarios son queribles y tienen tanta entidad como los protagónicos.

    - Porque es romántica y oscura al mismo tiempo.

    - Porque es graciosa pero no estúpida.

    - Porque muestra que esas cosas que hacen que uno se enamore de otra persona, cuando se acaba la magia se vuelven irritantes.

    - ¿Ya lo dije? Una película con Zooey Deschanel no puede ser mala.
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  • Mr 73: La última misión
    Noir de estos tiempos

    ¡Como sufre Louie Schneider (Daniel Auteuil)! ¡Como llueve en Marsellla! ¡Que oscuros que podemos llegar a ser! No tengo nada en contra del policial negro, mas bien todo lo contrario, pero cuando toma el camino de la estilización, de la impostación, es sencillamente insoportable.

    Mr. 73, la última misión cuenta la historia de un policía en baja, que a partir de un hecho trágico que dejó a su esposa en coma, se lanzó a la bebida y la autodestrucción, de investigador estrella pasa a ser una bomba de tiempo para la sociedad y para la “institución”. Hay una línea del pasado que lo persigue con un asesino serial al estilo Hannibal Lecter y otro asesino serial pero actual, que parece imposible de apresar.



    Lo malo de la película de Marchal es su pretensión que está más allá de las posibilidades de un director, cuyo único registro es el de una especie de dramatismo exasperante y por ejemplo, en su máximo nivel de incapacidad, plantea una secuencia final con un baño de sangre en paralelo con un nacimiento. Con esa torpe alegoría se llega al final de una película cuyo único efecto sobre el espectador es el de sumirlo en un profundo sopor.
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  • La canción de París
    La fiesta parisina

    Paris era una fiesta en 1936. El Frente Popular ganaba las elecciones y el presidente Léon Blu le daba vía libre a una serie de exigencias de los movimientos obreros. En el medio de ese clima, el de music hall, el “Chansonia” está pasando por una época pésima y su dueño no tiene más remedio que vender.

    El administrador descubre que su mujer, que es la atracción principal del lugar, lo engaña a la vista de la compañía. La noche de último día del año, se suicida el dueño (antes firma el documento de venta) y el administrador descubre las infidelidades de su mujer. Lo que sigue es la crónica de la caída del teatro y de Pigoil (Gérard Jugnot), su administrador.

    Una vez cerrado el lugar, llega la autogestión y un grupo de trabajadores en el paro reabre el teatro. al comienzo todo anda bien pero lentamente el fervor del público cae y lo que es peor la estrella que surge del show una cantante llamado Douce es contratada por un productor importante y los abandona.

    Con un tono que no se decide entre el melodrama y la comedia, La canción de París es una película menor pero simpática, que trae el regreso de Pierre Richard, aquel de las grandes comedias de los ´70, y un elenco sin fisuras.
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Ahorr con Hoyts
CONCURSO: LOS PADRINOS DE LA BODA