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Imagen del crítico Javier Firpo
Javier Firpo
  • Cantidad de críticas: 24
  • Promedio: 68%
  • Críticas favorables: 23/24 (96%)
  • Críticas desfavorables: 1/24 (4%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • Somewhere - En un lugar del corazón
    Sofia, perdida en su laberinto

    La directora, que pegó el gran salto con “Perdidos en Tokio”, retrocede con esta historia, por momentos insulsa, y en otros vacua, cuyo tema roza aspectos de su vida. Pero el film ganó el último Festival de Venecia.

    Una brújula para Sofia Coppola. Urgente. ¿Hacia dónde va, o desea ir, la cineasta? Potenciar lo instrascendente, como en “Perdidos en Tokio”, no siempre logra resultados. Por momentos, “Somewhere”, que se estrena hoy, parece querer deshacerse del espectador, lo invita a irse.

    ¿De qué se está hablando?, dirá algún lector disgustado y con justa razón. Claro, “Somewhere” ganó el León de Oro en el último Festival de Venecia, presidido por Quentin Tarantino. ¿Entonces? Silenzio stampa. No hay explicación.

    “A mi padre le mostré la película cuando estaba terminada, porque yo ya tenía una idea muy clara de cómo quería hacer el film y no necesitaba demasiadas opiniones”. Sofia Coppola, algo omnipotente, se refiere a su cuarto film, “Somewhere”. Quizás la mirada y el consejo de Francis Ford hubiese sido de utilidad, sobre todo tratándose de un avezado cineasta con un pasado tan respetable. Pasado, se enfatiza, porque su presente es “Tetro”, que hizo en Argentina y, al parecer nunca se verá por... ¿impresentable? Pero Sofia no acudió a él más que para pedirle que fuera el productor ejecutivo y aporte unos cuantos miles de dólares.

    Como en “Perdidos en Tokio”, su mejor trabajo, otra vez posa su cámara en ese tipo de personajes, devenidas celebridades en pleno tobogán, que arrastran su humanidad por hoteles glamorosos. El no muy reconocido Stephen Dorff encarna a Johnny Marco, un actor que trata de sobrellevar su tiempo entre mujerzuelas, alcohol, pastillas y alguna conferencia de prensa en la que nunca completa una frase y es incapaz de hilvanar una idea.

    A manera de crítica, Coppola radiografía el costado invisible -y oscuro- de una estrella, aunque también se encarga de dejar mal parado al periodismo, haciendo foco en inocuas y repetidas preguntas. Sí, a Sofia le disgustan las promociones y las entrevistas.

    “Somewhere” no tiene un actor de la versatilidad de Bill Murray, ni una actriz de la belleza de Scarlett Johansson. Dorff (“Enemigos públicos”, “El destino y la pasión”) no ofrece casi alternativas; lo más rescatable es Elle Fanning, la hermana de Dakota, quien a sus 12, se perfila como una grata promesa.

    ¿Cuál es el defecto del film? Que nunca termina de arrancar, que es abúlico y que enfatiza la “nada” como un valor agregado. Porque la cámara de Sofia “persigue” a un actor que no sabe qué hacer con su vida, medianía que parece interrumpir cuando aparece, de buenas a primeras, su hija, de la que tiene que hacerse cargo.

    Hay en la trama ciertos pasajes de la niñez de Coppola, cuando Francis Ford la llevaba de aquí para allá. Sin embargo, la hora y media se hace eterna.

    A veces, ser distinto, o pretender serlo, confunde, y por lo visto aquí, Sofia aparece extraviada, perdida, no en Tokio, sino en su propio laberinto.
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  • Surveillance
    Surveillance
    La Razón
    Carretera salvaje

    Mañana llega el premiado policial de Jennifer Lynch, la hija del gran David. El film mantiene en vilo y cuenta con un final logrado. Es protagonizado por Julia Ormond y Bill Pullman, quien había protagonizado "Carretera perdida" en 1997.

    Desde el primer fotograma, se intuye la presencia de una, por lo menos, inteligente historia.

    Un policial de esos inquietantes, que gustan, que rápidamente invitan a la pregunta "¿cómo terminará?", que promueven -en forma prematura- a elucubrar la serie de interrogantes que propone "Surveillance" (traducción: "Vigilancia"), que se estrena mañana y es dirigida por Jennifer Lynch, la hija de David, afamado realizador conocido por "Terciopelo azul", "El hombre elefante", "Carretera perdida", "Mullholand Drive", por mencionar un puñado a la pasada.

    Jennifer Lynch, que tiene 39 años y es madre soltera, vuelve a la actividad detrás de cámara luego de la recordada -y vapuleada- "Boxing Helena", ese obsesivo y sensual dramón con Julian Sandsy Sheryl Fenn que data de 1993.

    Desde entonces, el vacío gobernó en la sufrida vida de Jennifer: alcohol, drogas, vida licenciosa, un accidente grave y una delicada operación que la fueron alejando de la actividad cinematográfica, que abandonó y recién retomó el año pasado.

    Con apenas dos películas, se nota que la señora Lynch tiene pasta, que heredó los genes correctos y que entiende cómo es "esto de concebir una historia".

    El gran logro de "Surveillance" recae en su estructura: Lynch construye y deconstruye, avanza y retrocede en el espacio, estirando y acortando la línea temporal a su antojo, consiguiendo mantener así el suspenso hasta llegar a su punto culminante en el desenlace.

    La película cuenta la investigación que dos agentes del FBI, interpretados por Bill Pulman y Julia Ormond (viejos conocidos de papá David), realizan sobre el asesinato de un hombre y la desaparición de su pareja, en un pueblo perdido, de esos que abundan en la geografía norteamericana. Como en las películas de su progenitor, Lynch hija aporta oscuridad, sordidez e imprevisibilidad, con una fuerte dosis de grotesco y alienación.

    Las actuaciones de Ormond y Pullman son logradas y sus presencias omnipresentes enaltecen la calidad de un film que, gracias a ellos, va ganando en tensión. Si bien tuvo actividad en los últimos tiempos ("Che, el argentino" y "El extraño caso de Benjamin Button"), hace mucho que no se la veía a la bella británica Julia (45) protagonizando. Y sí, se la extrañaba.

    Premiada en el Festival de Sitges, "Surveillance" fue asociada, por las diferentes versiones en torno a un mismo drama, con "Rashomon" (1950), de Akira Kurosawa. "Con ese galardón recuperé la confianza como persona y como cineasta. Me siento con fuerzas para superar las adicciones", sorprendió Lynch.

    Finalmente, otro aspecto que distingue a la película es que, en una historia donde los personajes se matan los unos a los otros, la directora puso el ojo en sacarle el jugo a las razones de sus actos, más que mostrar los actos en sí. Y subraya un aspecto que abruma: cómo una sola mala decisión puede poner en riesgo toda nuestra vida.

    Como padre preocupado, David previno a Jennifer sobre la manera en que encararía el final. "Me llamó una madrugada para decirme que no podía hacerlo de esa manera. Pero claro que podía. Era la mejor manera de terminarla. Al final, todo gira en torno a la pregunta: ¿Decir la verdad puede salvar la vida?", piensa la resucitada Jennifer.
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  • Boca de fresa
    Boca de fresa
    La Razón
    La crítica no puede ser copiada ni reproducida, ya que está publicada en un medio gráfico o digital al cual sólo se puede acceder mediante suscripción paga. TodasLasCríticas releva el nombre del crítico y la puntuación otorgada al film sólo para fines estadísticos.
  • Franzie
    Franzie
    La Razón
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  • Una pareja despareja
    El beso de la censura

    Después de postergaciones porteñas y la cancelación en EE.UU., llega esta comedia negra protagonizada por Jim Carrey y Ewan McGregor. La historia, basada en hechos reales, se focaliza en un amor carcelario entre dos homosexuales.

    Señores, se estrena hoy “Una pareja despareja”. Está confirmado. Basta de postergarla y patearla para adelante. Basta de reflejar lo que sucedió en EE.UU., donde, eufemismo mediante, se canceló su estreno.

    ¿Demasiado gay para Hollywood? ¿Acaso no es una historia real? ¿Homofobia? “Algo de eso hay”, comentan los directores Glenn Ficarra y John Requa -guionistas de “Un santa no tan santo”-, que tomaron la posta del sorpresivamente renunciante Gus Van Sant.

    El no arribo a los cines norteamericanos luego de una batalla campal entre distribuidores y productores, no hizo más que acrecentar la promoción y el deseo de adquirir un film que ya es casi de culto.

    El director de fotografía de la película, el mexicano Xavier Pérez Grobet, sin tanto prurito, se descargó: “No se dicen las cosas como son. Desde mi punto de vista, no se ha estrenado por el tema gay. Está clarísimo. Hay más miedo de los distribuidores que de la gente en general”. Lo insólito es que el film se puede ver en las aerolíneas que viajan a EE.UU.

    Políticamente, ¿demasiado incorrecta? Su contenido es más fuerte, más explícito que la premiadísima “Secreto en la montana”, que gozó de la venia de la gran industria. ¿Y “Milk”, sobre aquel activista que peleó por los derechos gay y fue asesinado en 1978? Aquel film con Sean Penn deja escapar una escena álgida entre el protagonista y el mexicano Diego Luna. Tampoco tuvo mayores inconvenientes. Y aquí ninguna imagen obligará a desviar la vista. No es para tanto.

    Hace más de un año que “Una pareja despareja” (título que maquilla el original, “I love you Philip Morris) está en gateras. Esta comedia negra, osada y audaz, fue ovacionada en Cannes (2009), y en varios países europeos. No obstante, la Meca del Cine, purista y conservadora, optó por hacer la vista gorda e ignorar a dos colosos que aquí ratificaron sus atributos interpretativos: el canadiense Jim Carrey, especialmente, y el escocés Ewan McGregor.

    “Una pareja...” tuvo una sola proyección oficial en EE.UU. y fue durante el Festival de Sundance, cuando la influyente revista Variety casi que signó su destino con este parte de defunción: “Con una espectacular escena de sexo, que involucra a Carrey montando como un cowboy, la película provocará un ataque cardíaco a algunos fans de Ace Ventura”. Es obvio que a Hollywood le molesta y mucho que uno de sus actores preferidos, alguna vez llamado “el ideal para la familia”, esté revolcándose con otro hombre.

    “Esto es una historia verdadera. De verdad”, susurra a modo de advertencia Steven Russell, el personaje de Carrey, que otra vez, sale favorecido en historias dramáticas (“The Truman Show” y “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”), más que cuando desfigura su rostro con las mil y una morisquetas de varias de sus conocidas comedias.

    Aquella frase del primer minuto del film aumentará las ganas de sumergirse en esta impensada aventura de un organista de iglesia -aparentemente feliz, casado y con una hija-, que descubre su verdadera realización...en la cárcel y en compañía de otro hombre.

    Otro aspecto que vale la pena saber es quién fue, quiés es Steven Russell, que hoy purga una pena de 144 años (hasta ahora sólo cumplió doce) en una cárcel de Texas. Su rutina asfixia: durante 23 horas está solo en una celda rodeado de custodia, de la que sale una hora para asearse. Russell tiene el récord de fugas, aunque en ninguna usó la violencia. ¿De qué se lo acusa? Es uno de los más extraordinarios estafadores del sistema financiero.

    Aunque parezca extraño, hay que aplaudir el arribo de “Una pareja despareja”, estreno que, de alguna manera, celebra el recientemente aprobado matrimonio igualitario.
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  • El Rati Horror Show
    No resulta antojadizo asociar a Enrique Piñeyro con el polémico cineasta Michael Moore. Luego de las punzantes “Whisky, Romeo, Zulu” y “Fuerza Aérea S.A.”, Piñeyro pega la vuelta con un caso que estremeció y que repercutió en los medios nacionales, conocido como la Masacre de Pompeya. Con un notable uso de la tecnología audiovisual, el cineasta repasa aquel hecho, suscitado en 2005, cuando tras una persecución por Avenida Sáenz, Fernando Carrera atropella a inocentes, causando la muerte de tres peatones. Carrera, comerciante y padre de tres hijos, fue condenado a 30 años de prisión. A medida que transcurre “El Rati...”, Piñeyro desmenuzará la causa con pericia y habilidad, mostrando la aparente inocencia del imputado. Con gran didactismo y un matiz cinematográfico que aporta dinamismo, se advertirá cómo la causa fue manipulada por la policía (la Comisaría 34 en el ojo de la tormenta) y los jueces.
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  • Mis días con Gloria
    Coquita sigue mis pasos

    Crítica del film, ficha y entrevista a Sarli.

    La eterna Coca, “mito del cine argentino”, dice que su hija “tiene pasta” para heredarla. Ambas forman parte del film “Mis días con Gloria”, estreno del jueves, que también marca el debut de Nicolás Repetto.
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  • Los Indestructibles
    Un corazón casi tan grande como sus músculos

    Sylvester Stallone pone todo de sí y disfruta de lo que mejor sabe: el cine de acción, lleno de tiros y persecuciones. Y qué mejor que dirigir, guionar y elegir en el elenco a sus viejos amigos: Bruce Willis, Mickey Rourke y Schwarzenegger.

    Aplausos para Sylvester Stallone.

    Sí, por qué no. Aplausos para el hombre que tiene más músculos ahora, a los sesenta y pico, que en el apogeo de "Rocky", su ópera magna. Aplausos para Sly, que no le importa ser un mal actor, tener una voz lúgubre, que promueve risas y una cara que se acalambra de tanto colágeno y botox en mejilla, labios y mentón.

    Siguen las palmas para este actor y también director, que se hizo millonario gracias a verdaderos hitos -de taquilla- cinematográficos, porque además de la saga del boxeador adorado hasta en Moscú, en plena Guerra Fría, fue el responsable de otro monstruo sagrado como "Rambo". Y ahora se permite dirigir y protagonizar "Los indestructibles", una divertida y explosiva película que rodó con gente de "su palo", con añejos compinches de correrías, como Arnold Schwarzenegger y Bruce Willis, que aparecen en dosis homeopáticas, pero que gustosos se plegaron al juego de compartir un rato con la vieja guardia. También están Mickey Rourke, infaltable en estas lides; Dolph Lundgren, el sueco que encarnó a Ivan Drago en "Rocky IV" (1985), además de Eric Roberts, JetLi y Jason Statham.

    "Toda mi vida hice películas de acción, qué me voy a poner a pensar en hacer dramas. Yo estoy para ésto". Claridad absoluta la de Stallone, que no pretende ir más allá de sus posibilidades ni sorprender con un giro de 180 grados. Está tan entusiasmado con "Los indestructibles" -film que se estrena hoy en Buenos Aires y que viene precedido de grandes recaudaciones en los EE.UU.-, que ya se habla de su secuela para 2011.

    En el fondo, tiene corazón este fornido empapelado de músculos (naturales y no tanto)... Es un romántico, "un tipo amiguero", como lo definen en su entorno. Es que él decidió homenajear a sus amigos y a él, obvio, con esta película que, más allá de hombres fibrosos, tatuajes, tiros, bombas, motos, vuelos rasantes y patadas de sipalki, cuenta con divertidos giros, diálogos irónicos y otros elípticos que se asocian a la realidad del personaje de turno.

    Aunque no todos comulgaron con la premisa de "Los indestructibles". Es que cuando Míster Músculo estaba armando el elenco, pensó en otros históricos del cine de artes marciales como Steven Seagal, Chuck Norris y Jean Claude Van Damme.

    Todos generacionales, que fueron creciendo -en arrugas y divisas- con Sly.

    No obstante, la devolución no fue la esperada. Seagal adujo tener problemas con el productor Kevin King, Van Damme resulta que exigía un papel "más profundo", mientras que Norris zafó diciendo tener "otros proyectos". "Muchachos -azuzó el ex semental italiano-, ¡vamos a divertirnos, a hacer una de acción y a llenarnos de plata", fue el mensaje del realizador.

    ACASO, ¿PENSO EN CHAVEZ?
    Durante 2009 Stallone y su troupe viajaron a Brasil, donde rodaron buena parte de las acciones de "Los indestructibles", que tiene un argumento... básico. El espectador que decida ver el film -serán decenas de miles, seguro- sabrá de antemano con qué contenido se encontrará.

    Barney Ross (Stallone) comanda un equipo de mercenarios que debe infiltrarse en un país sudamericano, dominado por un inescrupuloso dictador, que tiene sometido a su pueblo. Ese equipo de elite se encarga, secretamente, de los conflictos del Tercer Mundo, y resuelve -o no- lo que otras Fuerzas no pueden.

    Si falla, nadie se entera de su existencia. La prensa norteamericana fue impiadosa al acusar a Stallone de pretender hacer una referencia directa con el líder venezolano Hugo Chávez, cuestión que el protagonista no rectificó.

    Será una hora y media que no quedará en el podio del cine, aunque sí se recordará como la película en la que Stallone y sus amigos decidieron agradecerle al género que los depositó en la cumbre de sus carreras y que hoy los encuentra en la lógica curva descendente. Aplausos para Stallone, el último mohicano, el hacedor de un género que defiende a rajatablas, evitando -inclusivedobles en las escenas de riesgo, lo que le costó una doble fractura en el brazo. Aplausos, de pie.
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  • El hombre solitario
    La premonición

    El film es una suerte de biografía de Michael Douglas, que encarna a un personaje que fue exitoso en los negocios, mujeriego e infiel y padece una enfermedad. Todo parecido con la realidad, ¿es casual?

    Honestidad brutal. Frase que podría resumir, claramente, el presente de Michael Douglas, uno de los actores más populares de los Estados Unidos, que hace pocos días, con una entereza y audacia ajenas a las celebridades, admitió que padece cáncer en la garganta. “Espero salir adelante, soy optimista”, dijo suelto de cuerpo cuando los médicos le aconsejaron un rápido tratamiento que incluye radioterapia.

    Serán ocho semanas difíciles para un hombre exitoso y millonario, aunque curtido y acostumbrado a los golpes de la vida. En abril último su hijo Cameron fue condenado a diez años de cárcel por tráfico de drogas. Una carta de puño y letra del famoso actor dirigida al juez, imploraba clemencia: “Conozco muy bien el dilema de no saber cómo hallar la identidad propia cuando se tiene un padre famoso”, era uno de los fragmentos de la misiva. Tuvo relativos buenos resultados: la pena bajó a 5 años.

    ¡Qué añito Michael! No obstante, su mujer, la bella escocesa Katherine Zeta Jones sigue a su lado, más cerca que nunca, y en materia laboral, el veterano, con 65 años, sigue haciendo de las suyas, para mantenerse como una pieza de interés en una industria que desecha cuando peinan canas. El jueves se estrena “El hombre solitario” y el 23 de septiembre “Wall Street 2”, para la cual los productores piensan -rebosantes de optimismo- contar con el hijo de Kirk para las promociones.

    Siguiendo con esto de honestidad brutal del comienzo, se imagina la propuesta del director Brian Koppelman pensando en “El hombre solitario”: “Mike, me interesaría llevar tu vida al cine, no de manera rotunda pero sí con rasgos identificables”.

    Es que Ben Kalmen, su personaje, parece radiografiar al actor de profusa trayectoria. Kalmen es un promiscuo de vocación. No tiene frenos ni límites, ni temor al ridículo. Está separado porque engañó decenas de veces a su mujer (Susan Sarandon), tiene una hija con la que se habla poco, ya que ella no le perdona que se haya acostado con sus mejores amigas. Sale con una empresaria por interés, ya que es hija de un peso pesado de la industria automotriz (el rubro de Kalmen), pero echa todo por la borda cuando se acuesta con la hija de esa empresaria... No tiene amigos, está sin empleo por engañar y estafar, apareció esposado en tevé, las deudas lo acorralan, no se deja querer por el único que lo puede ayudar, Jimmy (en la piel de Danny DeVito), a quien le susurra: “En los momentos más altos y más bajos de la vida, estás solo. No creo en eso de la amistad, no existe”. Y tiene serios problemas de salud. Debe cuidarse aunque hace la vista gorda y elige darle rienda suelta a su máxima: “Prefiero hacer lo que me gusta hasta que mi corazón estalle”.

    ¿Algún parecido con la vida de Douglas? Cómo no recordar cuando en los noventa, luego de filmar “Bajos instintos” (1992), tuvo que internarse en una clínica por su desenfreno sexual. Y un par de años más tarde, otra internación, está vez para lograr un imposible: evitar el tabaco y el alcohol, dos talones de Aquiles del intérprete, que hoy está pagando caro aquellos vicios.

    “El hombre solitario” agrada y entretiene, también emociona. Mérito de Douglas y del dueto que lo secunda (Sarandon-DeVito). Por momentos, la historia recuerda pasajes de “El luchador”, con Mickey Rourke, por la catarata de negativas que acosan al personaje.

    Kalmen es su último gran personaje, bien creíble -y miserable-, en caída libre: “Yo era un león, pero con los años, me convertí en un tipo invisible”. Por eso cambió el chip de su cerebro: “Dejé de ser honesto, de ser fiel. ¿Por qué no?”. Mientras suena esa increíble canción “Solitary Man”, con la cadenciosa voz de Johnny Cash.
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  • Chloe
    Chloe
    La Razón
    Un drama de alto voltaje erótico

    Llega una historia que combina sensualidad y perversión, con las explosivas Julianne Moore y Amanda Seyfried, y Liam Neeson. ¿El foco? Una mujer contrata a una joven prostituta para seducir a su marido.

    Todos necesitamos escuchar alguna mentira. Todos le tememos a la soledad. Y todos intentamos maquillar esas falencias.

    Seguramente, a partir de “Chloe”, que se estrena mañana, el realizador canadiense Atom Egoyan empezará a ser más conocido, su nombre estará más cercano a Hollywood. Es que agregó pinceladas psicológicas y sexuales a su film, una remake del francés “Nathalie X”, de Anne Fontaine.

    Egoyan (“El dulce porvenir”, “El viaje de Felicia”) ofrece una historia que atrapa y seduce a partir de un triángulo amoroso, aunque no deslumbra con nada nuevo. Eso sí: se las ingenia para mantener la atención del espectador, un voyeur de lujo.

    De arranque, la presentación es más o menos así: primer plano a Catherine, una mujer de cincuenta, bella y sensual, profesional y exitosa, casada y con un hijo. Tiene todo. Se siente segura hasta que empieza a evidenciar síntomas de fragilidad, temores, sospechas. Y en esa barranca, entra en crisis cuando percibe que no puede ser más objeto de deseo de su marido (un profesor que suele estar rodeado de jovencitas). La monotonía y cierta indiferencia alarman a alguien como ella, acostumbrada a tener todo en sus manos.

    Inmersa en esa inseguridad, decide (¿jugar sucio?) contratar a una bella y lujosa “escort” (la Chloe del título), para seducir -y poner a prueba- a su esposo. Claro, no sospecha qué brotará desde su desconocido interior.

    “Chloe” cuenta con un elenco confiable, partiendo de la siempre cumplidora Julianne Moore (cuanto más grande, más sensual y convincente), la ascendente e infartante Amanda Seyfried (“Mamma Mia”, “Cartas a Julieta” y “Diabólica tentación”) y Liam Neeson, sobrio y creíble, en un personaje incómodo.

    Un párrafo aparte para Liam, que debió interrumpir la filmación en Toronto por un accidente de su mujer Natasha Richardson (esquiaba en Quebec), que finalmente perdió la vida. “Pensábamos que no regresaría, pero tras el funeral, nos sorprendió. En situaciones límite, demostró ser un gran profesional”, afirmó Egoyan.

    A propósito del director, se luce y va contra la lógica, porque desde el momento en que Catherine contrata a Chloe para saber si su marido se resiste -o no- a las tentaciones, el ojo de la cámara no es el sexo en cuestión, sino esa suerte de urgencia que tiene la aparente víctima para escuchar los detalles que le cuenta la joven profesional.
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  • Vincere
    Vincere
    La Razón
    La pasión desenfrenada por Mussolini

    Luego de "El último beso", la bella italiana está considerada entre las mejores actrices de su país. En "Vincere", que llega hoy, encarna su papel más dramático: Ida Dalser, la mujer que mezcló amor y fanatismo hacia el Duce.

    "Tienes un hijo del hombre al que todas las mujeres del país quieren como marido o amante. Sé feliz con tu recuerdo". Es lo que le dice una monja a Ida Dalser, internada en un manicomio, según un pasaje del oscuro, dramático e intenso film "Vincere", que se estrena hoy en la cartelera de cine.

    La película de Marco Bellocchio hace foco en el ascenso vertiginoso del Duce Benito Mussolini y, también, en Ida Dalser, la mujer que vivió una pasión desenfrenada, que mezcló amor y fanatismo hacia la figura del hombre fuerte de la Italia fascista.

    Dalser le dio todo y mucho más, Mussolini se aprovechó, la utilizó y después la despreció y tildó de loca, siempre según la versión cinematográfica, la cual deja en claro que Ida tuvo un hijo con el Duce, llamado Benito Albino.

    Consagratorio es el papel de Giovanna Mezzogiorno, a quien los argentinos ubican por la recorada "El último beso" ("Le debo todo a esa película, gracias a ella, hoy soy quien soy", reconoce), "La ventana de enfrente" y la más reciente "El amor en los tiempos del cólera", con Javier Bardem.

    Romana, de 36 años, Giovanna, poseedora de un físico bien tano (por su sinuoso contorno) con ojos de color avellana que subyugan, suele caracterizarse por la intensidad de sus trabajos y por cierta osadía al entregarse en escenas de alta sensualidad, como ocurre en "Vincere".

    "Está perfecta, es generosa en su performance y logra transformarse en alguien que todo el tiempo nos hace llorar y enojar", elogia el propio Bellocchio, quien no dudó un instante a la hora de la elección.

    "Giovanna está entre las mejores actrices del momento", dijo sobre la jurado del último Festival de Cannes. "Haber vivido la experiencia de juzgar fue inolvidable, y también fue inolvidable que en 2009, aquí en Cannes, no nos lleváramos ningún premio por `Vincere’", afirmó, por entonces y con sabor agridulce, Mezzogiorno.

    TERMOMETRO DEL FILM
    La historia de Bellocchio -considerado entre los realizadores más importantes de la última década en Italia- va de menor a mayor, tironeando al espectador a no abandonar la trama, sino, más bien, a mantenerse allí, en vilo, cada vez más interesado.

    Y mucho tiene que ver el afán que vuelca Mezzogiorno en el rol más desgastante de su carrera.

    Reconoce Giovanna que leyó e investigó todo documento, informe y libros ("La esposa de Mussolini" y "El hijo secreto del Duce") vinculados con la malograda Dalser, quien, luego de estar encerrada una década en un psiquiátrico, murió en 1937, a los 57 años.

    A través del film, basado en hechos reales, se advirtió cómo la admiración y enamoramiento de Ida hacia Benito, muta en fanatismo y obsesión, pero también en la impotencia de no ser reconocida y querida.

    Ella se sintió hipnotizada por él cuando lo vio por primera vez, en Roma, a mediados de la segunda década del siglo XX. La escena seduce por su silencio inquietante: en un duelo verbal -y público- entre un joven y sindicalista Mussolini con un sacerdote, Benito pide un reloj y desafía al religioso: "Si dentro de cinco minutos no caigo fulminado, entonces Dios no existe". Ese desenfado sedujo a Dalser, una chica rica de Trento, que vendió propiedades y comercios para financiar "Popolo de Italia", un periódico fundado por el incipiente Partido Nacional Fascista, órgano de propaganda que respaldó el surgimiento del Duce.

    Pero su tórrido amor ponía en peligro la relación de Mussolini con la Iglesia: el Duce estaba casado con otra mujer y tenía cuatro hijos. Por ende, su affaire con Dalser molestaba, manchaba su "reputación". Tildada de loca, paranoica y obsesiva, el progresivo ascenso de Mussolini resultó proporcional al castigo que recibió el personaje de Giovanna.

    Llega "Vincere", que revela un secreto en la vida del Duce: una mujer y un hijo, reconocido al nacer y repudiado después, que ninguna biografía oficial admitió.

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  • Encuentro explosivo
    Se burlan de ellos mismos

    Las estrellas de Hollywood protagonizan “Encuentro explosivo”, que se estrena el jueves. Se nota que los actores disfrutaron el rodaje y se rieron al realizar las escenas más audaces e increíbles, siempre sin despeinarse.

    El humor y la ironía, en dosis justas e inteligentes, hacen la diferencia y aportan lo novedoso y virtuoso a “Encuentro explosivo”, una película entretenida por el plus actoral, más allá de la habitual acción sin límites de este tipo de largometrajes El film, que se estrenará el jueves en la cartelera porteña, cuenta con dos actores que se encuentran en su punto justo de maduración: Tom Cruise y Cameron Diaz, quienes tradujeron en la pantalla la buena relación que concibieron durante el intenso rodaje y que nació hace una década cuando ambos llevaron adelante el thriller “Vanilla Sky”.

    Tanto Cruise como Diaz supieron aportar la cuota de diversión y burla, guiños mediante, que involucrarán al espectador, sumándole puntos a una historia de asfixiantes persecuciones (por Boston, Sevilla, Viena), traiciones, escapes de último momento e identidades falsas. Claro que también hay gags y besos para gusto del público.

    En las escenas de mayor adrenalina (dentro de una sátira de acción, entiéndase), como aquella balacera que los tiene a los protagonistas al borde del abismo, June (Cameron), casi jadeante, le hace saber a Milner (Cruise) que está excitada, y que desea hacer el amor... en ese momento. Quizás, así explicado no tenga el efecto de la imagen, en la que ambos plasman sus años en pantalla.

    La fórmula es la típica de estas películas de acción: un espía + un preciado tesoro + la inocente de vida rutinaria + los villanos que quieren apoderarse del trofeo. Con el aditamento de la dirección del interesante James Mangold (“Johnny and June”, “Inocencia interrumpida” y “Copland”), quien además de las perfectas tomas, supo extraer lo mejor de estas celebrities, dos de los máximos referentes de la gran industria. Vale decir que Mangold tomó como referencia un film de Alfred Hitchcock de 1959: “North by Northwest”.

    Por momentos, “Encuentro explosivo” tiene lo mejor de “Mentiras verdaderas” (aquella comedia de acción con Arnold Schwarzenegger y Jamie Lee Curtis) y supera con holgura a la chata “Sr. y Sra. Smith” (con Brad Pitt y Angelina Jolie).

    Como dijo el propio Cruise en la avant premiere, uno de los ganchos es cómo ellos van mostrando su inseguridad y vulnerabilidad, y van logrando la esperada atracción sentimental. Exponer sus defectos como hombre es lo más jugoso de esa máquina de matar que interpreta Cruise.

    También fue una pegada del director el haber convocado a Cameron Diaz. Es que los productores, que veían desproporcionada a la dupla, le sugerían a una figura de moda y físicamente más potente (como Eva Mendes), pero Mangold insistió por la rubia, quien a los 38 sigue siendo una bella mujer. Además, ella, con su abanico de recursos gestuales en primer plano, contribuye al lucimiento del todavía galán. “La amo, es talentosa, divertida y encantadora”, le agradeció Tom.

    Cuenta regresiva para este “reencuentro” que no defraudará a los seguidores de un género que, esta vez, abre el espectro con un aporte más: y a esta altura, no es poca cosa.
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  • Veronika decide morir
    Cuando la vida vale la pena, según Paulo Coelho

    "Veronika decide morir", la exitosa y cruda novela del escritor carioca, tiene su versión en la pantalla, con una destacada labor de Sarah Michelle Gellar, que encara con creces su primera labor dramática tras una carrera irregular.

    "Veronika decide morir" es un título audaz, contundente y disuasivo. Además de ser conocido por los lectores y seguidores de las novelas del brasileño Paulo Coelho.

    Mañana llega a la pantalla grande esta adaptación que tiene todos los condimentos para atraer al público, pero también para frenarlo en el umbral, y que en la boletería lo piense dos veces... Porque cuánta gente hay que sólo va al cine en busca de una mera distracción, una historia light, sin compromisos, mensajes subliminales ni golpes al hígado.

    Casi doscientos mil ejemplares vendió sólo en Argentina este libro (de 1998) del escritor carioca, que tiene 18 publicados y casi 100 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Guste o no, Coelho es un referente, por lo tanto, se estima que el film de la joven Emily Young concentrará miles de adeptos.

    Como bien dice el título, el film arranca con una muerte, o más bien un serio intento por dejar este cruel mundo. A la veinteañera Veronika, bella, con casa propia y un sueldo anual de 75 mil dólares, vivir la vida le resulta un puñal en el estómago. Su infelicidad la arrincona contra las cuerdas. Esta realidad que sólo admite exitosos la abruma, la excluye, por lo que elige la salida más sencilla para su vacío existencial: un cóctel de pastillas... y listo. Pero no: tras un coma farmacológico de dos semanas, despierta en una clínica psiquiátrica.


    SALTO DE CALIDAD
    "¡Me encantó la película, superó mis expectativas! Qué bien está esa chica... Sarah". Las palabras corresponden al propio Coelho.

    Y Sarah es la cazavampiros más famosa, Sarah Michelle Gellar, la norteamericana de 33 años, conocida por trabajos más bien de poca monta: la serie televisiva "Buffy", las películas pochocleras "Scream", "Juegos sexuales", "Sé lo que hicieron el verano pasado" y una para chicos, "Scooby Doo". Ojo, no le fue mal; de hecho, cosechó innumerables fans, pero la rubia, cansada de cierta chatura profesional, necesitaba un cambio de rumbo, un volantazo, como señaló. Y cayó del cielo la propuesta para "Veronika decide morir", a partir de la renuncia a último momento de la colega Kate Bosworth.

    Es justo decir que Gellar nunca tuvo la chance de cumplir como "actriz seria", dado que quedó encasillada en series y películas de terror.

    Por lo que la jugada de los productores fue arriesgada y como toda impensada apuesta, los resultados fueron satisfactorios.

    Sarah logra con la bipolar Veronika el papel más importante de su trayectoria, plasmando una ductilidad convincente. Y doble mérito para la actriz neoyorkina, recientemente madre primeriza, que fue señalada por un portal de internet como una de las cinco peores intérpretes de la década, junto a Paris Hilton, Miley Cyrus, Jennifer Love Hewitt y Renée Zellweger.

    Un verdadero desafío representó "su" Veronika: mente, corazón y espíritu se alteran ante cada vivencia dentro del psiquiátrico, donde, contra todos los pronósticos, se enamora mientras espera el desenlace. Porque los médicos no son optimistas.

    Si bien es una película, y hay cosas que podrían haberse depurado, la directora logra una interesante metamorfosis en su personaje central. Del desprecio hacia la vida y hacia sus perplejos padres, a las inesperadas ganas de disfrutar las últimas horas...

    No faltan frases de diván y efectivas, como "No vale la pena dejar esta vida sin saber cuán lejos se puede llegar", o "Hemos reemplazado las emociones por el temor que nos gobierna".

    "Veronika decide morir" -que debería ser restringida no para menores de edad, sino para frágiles estados de ánimos- es una reflexión sobre el sentido de la vida y, también, sobre las segundas oportunidades. "El único remedio para un suicida es tener conciencia de la vida". Créditos, se encienden las luces.
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  • Iron Man 2
    Iron Man 2
    La Razón
    ¡Viven!

    El jueves llega la secuela del héroe, otra vez con Robert Downey Jr. como pilar. Se le suma Mickey Rourke, "el malo de la película". Ambos parecen haber resucitado luego de sus reiterados pesares personales.

    Maduros muchachos lindos y talentosos que destruyeron parcialmente su carrera. Esta podría ser una arquetípica -pero real- frase que circunscribe a Robert Downey Jr. y a Mickey Rourke. Ambos retomaron sus carreras y desde hace un año aparecen más en las páginas de espectáculos que en las de policiales, como paradójicamente solía ocurrir.

    Ellos están de regreso -no de vuelta, ojo-, saludables y aparentemente reconciliados con sus vidas fuera del set. Después de ver "Iron Man 2", que se estrena mañana, lo primero que pasa por la cabeza es cuánto se han divertido en el rodaje. De hecho, son lo mejor de un film cuyo género no suele deparar grandes chances actorales por el tsunami de efectos especiales.

    Downey Jr., protagonista, saca ventaja en un hipotético duelo, y es quien provee la media docena de efectivos gags con los que cuenta la película, que en EE.UU. se estrena el 7 de mayo.

    Ya con su elogiado trabajo en la piel de Sherlock Holmes, Downey Jr. lució compenetrado, y algo más alejado del infierno de las drogas en el que estuvo inmerso. Cayó en largos viajes lisérgicos generados por narcóticos, producto quizá de una fama que lo desbordó, luego de su consagratoria actuación en "Chaplin". Boby estuvo detenido, fue multado infinidad de veces y hasta pasó 180 días en prisión.

    "Fue como tener un arma cargada en la boca", comparó un Downey, hoy por hoy, entre los diez mejores actores del momento.

    En la otra esquina del round se encuentra "el luchador" Rourke, otro peso pesado que no se bancó un megaéxito como "Nueve semanas y media". Se tiró contra la industria, despotricó contra cientos de actores, cayó en la bebida y, como le hicieron un vacío dentro del cine, terco y orgulloso, les hizo un corte de mangas a todos y volvió a un viejo amor, el boxeo. "Me harté de Hollywood", había comentado en los tempranos noventa.

    En el cuadrilátero no le fue demasiado bien y se exilió en el ostracismo, hasta que Darren Aronofsky lo sacó del placard para ofrecerle -con toda la industria en contra- el papel de su vida: "El luchador". Algo estropeado por fuera, Rourke dice que interiormente está "como nunca, con más entusiasmo" que antes de "Nueve semanas...". Admite que cambió, que debió hacerlo para volver a pertenecer. Desde comienzos del año pasado no para de filmar, como queriendo recuperar el tiempo perdido. Y en "Iron Man" no desentona para nada encarnando al grotesco Ivan Vanko, el villano ruso que maneja como castañuelas unos poderosos látigos eléctricos. Es imperdible escucharlo hablar con acento. "Tuve que practicar tres horas por día", señaló.

    Llega "Iron Man 2", cuya antecesora resultó furor y recaudó casi U$S 600 millones. Dicen que ésta la superará porque se reforzó cual plantel galáctico Notas, semblanzas y críticas ya comenzaron a "presionar" al futuro espectador. Quien esté en la disyuntiva, quien no sea un seguidor ferviente de este género, sepa que disfrutará de dos actores que resurgieron y que, sobre todo, ¡viven!
  • Hombres de mentes
    Parapsicólogos en las trincheras

    El elenco es lo que más atrae de esta sátira sobre la guerra. Clooney, Bridges, Spacey y McGregor conforman una verdadera selección en esta historia acerca del primer batallón con poderes mentales.

    Será una de las grandes beneficiadas de la taquilla del fin de semana. Por temática, por su título original y, sobre todo, por el mayúsculo elenco. ¡Ah!, también porque es una historia basada en hechos reales, con agregados absurdos y surrealistas.

    Hoy se estrena "Hombres de mentes", cuyo título original -más "ganchero"- es "Los hombres que miraban fijo a las cabras". Trata sobre el primer batallón de soldados norteamericanos con poderes mentales capaces de rarezas como matar cabras con tan sólo mirarlas o de manipular las mentes del enemigo. Si a esta locura bélica se le suman intérpretes de la talla de George Clooney, Ewan McGregor, Kevin Spacey y Jeff Bridges, entonces, el cóctel, a priori, resulta inmejorable.

    El film está inspirado en hechos que tomaron lugar en la época de la Guerra Fría. El escritor británico Jon Ronson publicó "Men who Stared Goats", que se convirtió en best-seller, luego en documental televisivo (que alcanzó enorme popularidad e igual cantidad de comentarios burlones) y, finalmente, en una ocurrencia de Clooney hacia su amigo, el ignoto realizador Grant Heslov: "¿Y por qué no hacemos una película con ésto?".

    "Esto" es la investigación que hizo Ronson sobre los avatares de una unidad ultrasecreta del ejército estadounidense dedicada a experimentar con acciones parapsicológicas, intentando desarrollar el poder de la mente humana.

    Evidentemente Clooney, artífice del proyecto, disfruta tener a los 49 años la libertad de hacer lo que se le antoje y, así, evitar caer en las garras lacerantes de Hollywood, que sólo piensa en él para otra secuela de "La gran estafa". Así como gozó con hacer ¿de sí mismo? en "Amor sin escalas", George la pasó bomba en la piel de su "fumado" agente especial de las Fuerzas Armadas.

    Pero el film dirigido por Heslov no termina de convencer, aunque se mira con comodidad y cierto agrado. Por momentos, recuerda a esa otra parodia bélica, dirigida por Ben Stiller, llamada "Una guerra de película".

    "Hombres..." podría circunscribirse en el género comedia satírica, pero queda a mitad de camino: como comedia es algo inocua y como sátira antibelicista no es del todo crítica. Aunque tiene interesantes aciertos a partir del sarcasmo de sus diálogos y del oficio de sus actores.

    Jeff Bridges sobresale en la piel de Bill Django, una suerte de hippie y fundador del Ejército de la Tierra, escuadrón que está cambiando la forma en que se pelean las guerras. Pero Django está refugiado en un campo de entrenamiento clandestino comandado por el psíquico renegado Larry Hooper (Kevin Spacey). McGregor f luctúa con su Bob Wilton, ese reportero a la deriva que decide ser corresponsal de guerra para olvidar su malogrado matrimonio. Y sus nulas expectativas se ven superadas al encontrarse con Lyn Cassady (Clooney), que va tras los pasos del peculiar Django.
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  • Recuérdame
    Recuérdame
    La Razón
    Un galán con traumas

    Robert Pattinson, el actor de "Crepúsculo", está al frente de este denso drama romántico en el que encarna a un joven problematizado, dueño de relaciones tormentosas, que se enamora de una chica similar a él.

    Si las chicas enloquecieron de amor por Robert Pattinson en "Crepúsculo", qué esperar, entonces, en "Recuérdame", drama romántico que se estrena este jueves. Ahora, el londinense de 23 años contará con virtudes y defectos que, para un galán en ascenso como él, resultarán infalibles para asegurarse una nutrida concurrencia femenina aquí y en todo el mundo.

    "Recuérdame" es una de esas historias que funcionará porque es efectista, que a veces cae en esos lugares comunes que gustan, cuenta con el galán del momento (Pattinson), además de otras caras conocidas y apela al amor como una suerte de jarabe sanador, y su director, Allen Coulter, el de "Hollywoodland", se permite alguna sorpresa y vuelta de tuerca.

    El actor pudo rodar "Recuérdame" en el breve espacio que le quedó entre "Crepúsculo" y sus secuela s "Luna nueva" y "Eclipse". Y cuando todavía no se había despertado el furor que por estos tiempos genera su presencia y la de su novia, Kristen Stewart (coprotagonista de la saga adolescente).

    Pattinson es Tyler, un neoyorquino, rebelde con causa, de aspecto desaliñado, que huele a tabaco y alcohol, de mirada entre filosa, cínica y tierna, con un padre distante y un hermano que se suicidó. Golpeado por la vida, no hay posibilidades de pensar en enamorarse, ni siquiera en perder tiempo en mirar a una chica. Hasta que uno de esos amigos pegajosos le insiste, apuesta mediante, en ganarse a la más difícil de la universidad.

    Lo que a priori resultaba un desafío al orgullo, se transforma en una paulatina historia de amor. Tyler se aferra a Ally (Emi lie de R av in, conocida por su personaje de Claire, en "Lost"), porque ella también es poseedora de una historia trágica. "¿Por qué me gusta lo complejo, lo oscuro?", se filtra en un segmento.

    No hay explicación en ninguna latitud, menos en una película cuyo fuerte es ése, el amor conflictivo.

    Tyler y Ally se atraen por las dificultades y los dolores compartidos. Por sus crecimientos rengos y llenos de vacío. Se identifican y se retroalimentan con sus desgracias.

    Tyler, además, tiene una hermana menor (gran actuación de la niña Ruby Jerins), ignorada por su padre desamorado. Convincente la interpretación del irlandés Pierce Brosnan haciendo a ese hombre marchito, que sólo tiene tiempo para sus negocios.

    El padre de Ally es un policía circunspecto, de pocas palabras y ceño fruncido, que personifica con solidez Chris Cooper, el recordado ganador del Oscar por su rol en "El ladrón de orquídeas", junto a Meryl Streep.

    Habrá que mencionar que "Recuérdame" comienza en 1991 con un suceso que involucrará a la por entonces pequeña Ally, testigo de un hecho también traumático, y luego salta a 2001, un año fatídico y determinante para la historia.

    Se mencionaba párrafos arriba que las chicas enloquecerán con el personaje de Tyler... Claro, es que Pattinson aquí personifica a un hombre alejado de la fantasía de "Crepúsculo", que sufre, que se enamora, que a veces mira con timidez. Según Pattinson, ésta es su mejor actuación.

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  • Dos hermanos
    Dos hermanos
    La Razón
    Basada en la novela "Villa Laura", de Sergio Dubcovsky, Daniel Burman concibió su mejor film junto a "El abrazo partido". Se cuenta la historia de dos hermanos tan diferentes como patéticos. Marcos -orfebre y actor vocacional- vivió bajo el ala de su madre hasta que muere. Sometido y perdido, se reencuentra con Susana, diez años menor, avasallante y delirante. Los dos están solos, su relación es oscilante y no tardará en aflorar "los pases de facturas".
  • Un sueño posible
    La actriz que gusta más por su querible sencillez

    A los 46, vive el tramo más importante de su vida y de su extensa carrera: ganó el Globo de Oro y el Oscar por "Un sueño posible", que llega el jueves. Una mujer que atrae por su humor, calidez y cero divismo.

    Cae bien Sandra Bullock. No despierta envidias, ni broncas, ni miradas con desdén... Quizás porque siempre tuvo que remarla con esas comedias algo inocuas, o aquellos films de acción que la tenían como extraña protagonista: "Máxima velocidad", por caso.

    Tal vez guste porque parece la típica 'piba' de barrio, sin ese glamour que distancia y poseedora de esa sonrisa natural y vendedora que le valió protagonizar "Miss Simpatía". Y, como casi ninguna de sus colegas, tiene una gran virtud: saber reírse de sí misma, como cuando hace diez días pasó a retirar el premio a la peor actriz de 2009 por "Alocada obsesión", film que fue sin escalas al DVD. Sandra, sin vacilar, dio la cara -como casi nadie- y se divirtió con ese premio-castigo, sin sospechar que veinticuatro horas más tarde levantaría la estatuilla que todos ansían. Y Bullock, a los 46, tuvo al fin su bautismo con "Un sueño posible", que se estrena el jueves en la cartelera porteña.

    La historia, basada en hechos reales, es un cuentito navideño, políticamente correcto. La aquí rubia Bullock es madre -aún atractiva- de una conservadora, católica y pudiente familia perfecta. Y así, de un día para el otro, adopta a un adolescente gigantón, negro, que se encuentra a la deriva, sin estímulos pero con un rostro angelical y un par de ojos de esos que Hollywood "compra" sin vacilar.

    De menor a mayor, la historia irá tomando calor a partir de la inserción a la familia de Big Mike, como le dicen al muchachote. Y como es de esperar, las miradas de asco en el pituco vecindario y en la escuela de hijos bienudos, mutará por abrazos amigos y fraternales.

    En el rubro Mejor Actriz, francamente, Sandra tenía una empresa complicadísima, con la siempre amenazante Meryl Streep, la prestigiosa Helen Mirren y las quizás merecedoras de la estatuilla Gabourey Sidibe ("Precious") o Carey Mulligan ("Enseñanza de vida"). Pero Bullock se quedó con el Oscar por acumulación de méritos -si se quiere-; el norteamericano promedio se inclinaba por Sandra, por eso apoyó tanto al film, que en EE.UU. tuvo gran audiencia. Además, habrá que agregar que en enero la protagonista de "La propuesta" y "Vidas cruzadas" se llevó un Globo de Oro, advirtiendo a propios y extraños que sería algo más que una convidada de piedra en la velada del Kodak Theater.

    Sin ninguna duda será una vuelta de página, un punto de inflexión este personaje, esta película con la que Bullock parece despedirse del género comedia que le dio tanto de comer, aunque también le restó cierta estrella y fue catalogada de "actriz del montón". De la generación de Julia Roberts, Sandra no alcanzó el estrellato de la "mujer bonita" y no por ser menos actriz, sí quizás por la dirección que tomó su fluctuante carrera, que contó con prestigio a cuentagotas, pero con una popularidad garantizada. "Dejé de hacer comedias románticas. Son terribles, son malas. No son divertidas", dijo en la entrega de los Golden Globe, anunciando que se termina un ciclo de polleritas cortas y jeans ajustados para postularse a ese otro cine, el dramático, el de historias reales, que cala más hondo y que suele ser el trampolín para los grandes pergaminos.
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  • Preciosa
    Preciosa
    La Razón
    Los contrastes de la vida

    Nominada a seis premios Oscar, el jueves se estrena una historia tan demoledora como veraz, sobre una adolescente obesa, analfabeta, ultrajada por su padre y por su madre, pero dueña de una enorme fortaleza interior.

    La mamá le pega con furia, la insulta hasta reducirla a escombros; tiene un hijo down cuyo padre es su propio padre, que la volvió a embarazar; además es analfabeta, pesa 130 kilos, devora comida chatarra que roba porque vive entre la mugre y la pobreza. ¿Algo más? Sí, se llama Preciosa, aunque cueste creerlo.

    El jueves se estrena este film titulado "Preciosa", que es de esas historias sin anestesia, que cachetea al espectador una y otra vez. No es apta para públicos sensibles, ya que dejará sin aliento a unos cuantos debido a la aspereza de un relato que describe el calvario de una chica de 16 años, víctima de un ensañamiento emocional y psicológico no muchas veces visto en cine comercial. Amada y odiada por igual, la expresión "es demasiado" será más que repetida. Activistas de la comunidad negra alzaron su voz en contra del film, porque el rol del hombre queda defenestrado.

    Con realismo y crudeza, "Preciosa" obligará a comprender que lo que le sucede a esa chica es una radiografía de la realidad, aquí, en el Bronx, en Angola o en la India.

    Actuando por un sueño

    Dirigida por Lee Daniels, que estuvo detrás de impresionantes films dramáticos como "El hombre del bosque" (Kevin Bacon) o "Cambio de vida" (Halle Berry), "Preciosa", nominada a seis premios Oscar, es una cinta intimista que retrata la bestialidad y la irracionalidad de la naturaleza humana, las cuales impactan de lleno en esta chica que desde la entrega de los Globos de Oro, el mes pasado, resulta una cara cada vez más conocida.

    Pensar que hasta hace un par de años, Gabourey Sidibe, afroamericana, de 26 años, era telemarketer, pero un impensado casting, al que concurrió por insistencia de terceros y sin tener ningún tipo de preparación actoral, giró su vida 180 grados.

    Y hoy, esta muchacha de tamaño king-size está cerquísima de encaminarse al escenario para retirar la estatuilla más preciada, y desbancar a pesos pesado como Meryl Streep, Sandra Bullock y Helen Mirren en el rubro Mejor actriz. Algo similar podría suceder en el rubro Mejor actriz de reparto, donde, entre la glamorosa Penélope Cruz y las consistentes Vera Fármiga y Maggie Gyllenhaal, irrumpe, como una piedra en el zapato, Mo'Nique, quien encarna con fascinante perversión a la demoníaca madre de Precious. Mo'Nique viene de quedarse con el Golden Globe.

    Como se analiza en la columna de la página 2, "Preciosa" es la convidada de piedra, la Cenicienta de los Oscar, la película políticamente correcta que tiene detrás, en la producción, a la popular Oprah Winfrey, y cuya trama -deliberadamente o no, vaya uno a saber- calará hondo. Todo esto la hace favorita y un dolor de cabeza para otros films y actores candidatos.

    Sin llegar a los momentos de mayor zozobra del film, en muchos aspectos, la vida de Preciosa y de la actriz Gabourey Sidibe tienen algunos paralelos. En la reciente entrega de los Golden Globe, Sidibe reconoció que nunca imaginó que pudiera ser actriz, porque, señaló, las chicas como ella (léase negra, gorda, pobre y habitante del Harlem neoyorkino) que lograron el éxito se pueden contar con los dedos de una mano.

    "Me acuerdo de toda la gente que me decía que no lograría nada en la vida hasta que perdiera peso, y de todas esas chicas que se ven feas y se avergüenzan de sí mismas", afirmó la flamante actriz, que estudió psicología, faceta que le ayudó y mucho para entender la filosofía del personaje que encarna y su tenebroso entorno.

    Y con una sonrisa tierna, esta hija de padre taxista y madre cantante dejó en claro que ella y Preciosa son diferentes. "Yo me dejo ver, y ella quiere esconderse, ser invisible". De todas formas, admitió cuán difícil le resultó luchar contra su aspecto, eje de numerosas cargadas en la escuela, discriminación en la vida cotidiana y pérdidas de trabajo.

    Entre tanto bajón, el logrado film ofrece dos gratas sorpresas entre los integrantes de su elenco: las actuaciones de Mariah Carey y Lenny Kravitz, quienes componen -a cara lavada y sin el brillo que suele rodearlos como cantantes- de manera sobria y realista a una asistente social y a un enfermero que resultarán pilares indispensables para que Preciosa, con una férrea voluntad mediante, salga adelante.

    Vale la pena una frase de la propia Sidibe para entender este milagro impensado: "Espero seguir actuando. Le demostré a Hollywood que, aunque no soy rubia ni visto talla menuda, puedo protagonizar una película. Ojalá tenga la chance de hacer comedia o una historia de amor''.
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  • Vivir al límite
    Guerrera de profesión

    Kathryn Bigelow es una cineasta con testosterona, habitué a temas crudos en su filmografía. Su película está nominada a 9 Oscar. Y se batirá a duelo con su ex marido James Cameron, director de la ¿favorita? "Avatar".

    Es una de esas películas de las que, seguramente, se hablará durante buena parte del año. Hoy se estrena "Vivir al límite", título pueril y olvidable que define una contundente y demoledora historia: la de un grupo de soldados que cuentan con el trabajo más peligroso del mundo, que consiste en desactivar bombas en... Bagdad.

    A vuelo de pájaro, "Vivir al límite" parece ser el -¿único?- palo en la rueda para que la colosal "Avatar" trastabille en su recta final, cuya meta es el 7 de marzo, día en que en el Kodak Theater se entregarán los Oscar.

    Por obra del destino, el poderoso James Cameron ("Titanic" antes; "Avatar" ahora) debe, al menos, haber sufrido cierto hormigueo estomacal al enterarse que competirá en los rubros Mejor película y Mejor director con Kathryn Bigelow, la realizadora de "Vivir al límite" y... ¡ex esposa!

    Bigelow, estadounidense de 58 años, y que vino a respaldar a "The Hurt Locker" (título original) al Festival de Mar del Plata, debe ser una de las poquísimas directoras que aborda temáticas bélicas o de acción por doquier. ¿Quién podría imaginar que una trama como "Vivir..." podría tener a una dama de aspecto refinado detrás de cámara? Nadie. Y cuánto bien le hace esa mirada con rímel para una historia tétrica, tensionante -gracias a una cámara nerviosa, que mantendrá al espectador acurrucado al borde de la butaca y, por momentos, con las manos tapando su rostro. "Este es el momento más increíble de mi vida", dijo cuando se enteró de sus nominaciones. El protagonista, Jeremy Renner, "candidatazo" a Mejor actor, definió con criterio a la cineasta: "Es una guerrera".

    La trama de "Vivir al límite" gira en torno de una brigada estadounidense, destinada en Irak durante 2004, especializada en el desarme de explosivos. Bigelow, sin bajar línea ideológica, tampoco falso patriotismo ni moralinas, logró uno de sus principales cometidos: humanizar a esos soldados pertrechados con alta tecnología y dueños de una vida que puede despedazarse en cualquier momento. Otro de los grandes méritos del film, por su autenticidad y realismo, es su guión original, que pertenece a Mark Boal, nada menos que el corresponsal de guerra en Irak para la Rolling Stone, y testigo preferencial y kamikaze de las locuras de un soldado excedido de pasión por su enajenante labor de desactivar bombas.

    El mencionado Jeremy Renner, sin demasiados pergaminos hasta aquí, personifica a ese atractivo demente que sólo parece concebir su vida en el desierto iraquí, rodeado de cables y explosivos, y no junto a su esposa e hijo, con quienes vive una suerte de parálisis general. Como aquella lograda escena en un supermercado -ya en su hogar, lejos de la guerra- en la que sufre de vértigo al tener que elegir una caja de cereales entre una centena de opciones.

    Si bien tiene un bajo presupuesto, "Vivir al límite" despliega una imagen de poderosa calidad, haciendo foco en detalles mínimos que agigantan la escena. Se respira la opresión, el miedo y la paranoia que destilan las calles de Bagdad a partir de un gran relato, que no se engolosina de efectos especiales.

    "Vivir al límite" debe ser uno de los más destacados films bélicos de los últimos años, con el sello de una cineasta con testosterona, que además pretende darle un dolor de cabeza a su ex marido.
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  • Invictus
    Invictus
    La Razón
    Amo de su destino, capitán de su alma

    "El factor humano", de John Carlin, despertó la curiosidad de Clint Eastwood, que construyó una gran película sobre cómo Mandela utilizó el rugby para terminar con el Apartheid. Morgan Freeman, impecable.

    Estuvo muy acertado el inglés John Carlin cuando en una entrevista le dijo a este diario, un mes atrás, que "Invictus" dejará al espectador "pegado" a la butaca, "porque es un muy buen cuento, conmovedor y dramático a la vez".

    Moviliza, emociona e invita a sonreír este film que desembarca hoy en la cartelera porteña, y que cuenta cómo Nelson Mandela, en su incipiente función presidencial, en 1995, utilizó el mundial de rugby para terminar con el Apartheid, esa segregación racial que durante décadas castigó salvajemente a la mayoría negra de Sudáfrica.

    "Una estrategia humana", afirma seco Mandela -en la piel de un genial Morgan Freeman- al rebatirle a su secretaria, que no entendía por qué su jefe prestaba tanta atención al rugby. "¿Se trata de una táctica política?", había preguntado ingenua.

    Por empezar, vale explicar el porqué del título "Invictus", basado en el más cautivante del libro "El factor humano". Entonces habrá que decir que se trata de un poema del inglés William Henley (siglo XIX), que finalizaba con los versos "Soy el amo del universo, soy el capitán de mi alma", y que sirvió de apoyo espiritual durante los 27 años de encierro que el gran líder -también llamado Madiba-, debió soportar en la isla de Rhoden Island.

    La historia atrapa desde el minuto uno, cuando, a partir de una vista panorámica se ve una calle que divide dos campos perimetrales: uno, lleno de blancos jugando al rugby en un terreno bien cuidado; en el otro, decenas de jóvenes negros pateando una pelota de fútbol en lo más parecido a un potrero de tierra y piedra. Y enseguida, una caravana de autos que pasa por esa calle anunciando la liberación de Mandela. Corría febrero de 1990 y los chicos de color festejaban alborotados, mientras que los blancos, perplejos, se preguntaban anonadados: "¿Liberaron a ese terrorista?".

    A una historia tan rica como la que cuenta Carlin en su libro, Clint Eastwood le imprime toda la sapiencia que le dan los 79 años. El director, que es verdad que ha hecho algunos bodrios, reconoce que los mejores guiones ("Río Místico", "Los puentes de Madison", "Million Dollar Baby", "Cartas desde Iwo Jima", "El sustituto") le llegaron a partir de los setenta, lo que dilató por tiempo indeterminado su retiro. Y aceptó hacer esta película a partir de un pedido personal de su amigazo Morgan Freeman, que le dijo: "Te estoy enviando por correo el guión de tu próxima película, que la voy a protagonizar yo. No te vas a arrepentir".

    Y así fue nomás... Eastwood encaró un film sentido, cuidadoso, nada sencillo en su traslado del libro a la pantalla grande, destino éste en el que hay que priorizar cuestiones efectistas -si se quiere-, pensando en un negocio que no dé pérdidas.

    La trama empieza a cobrar fuerza cuando falta un año para el mundial de rugby, cuya sede será Sudáfrica. Este dato no es menor y el film se encarga de subrayar la sorpresa que le despierta a Mandela conocer la popularidad que arrastraba ese deporte en el mundo. El país contaba con Los Springboks, el equipo nacional que representaba a los blancos y que recordaba permanentemente la existente segregación racial. Entonces el gran líder, que hoy tiene 91 años, puso en marcha el operativo "factor humano" para lograr la nación del arco iris, de la reconciliación: ¿cómo hacer para unificar a negros y blancos, y alcanzar la paz interior?, craneaba el líder, que se respondió: con el leit-motiv "un equipo, un país".

    De esta manera, empezó a mover hilos para buscar un contacto directo: el capitán del seleccionado, Francoise Pienaar, pilar indispensable para rumbear hacia el objetivo principal, que consistía en lograr que los Springboks -históricamente un equipo del montón- contagiaran pasión y unificación desde el campo de juego hacia las tribunas. El rol de Pienaar lo llevó a cabo el rendidor Matt Damon, que entrenó con fruición para lograr el aspecto fornido.

    Además de la maestría para filmar los partidos y hacer foco en gestos necesarios para emocionar, el ojo clínico de Eastwood logra rescatar aspectos esenciales de un político de raza como es Mandela, cuya primera medida, cuando su país hervía, fue ordenar una custodia mixta. "Perdonar alivia el alma", le explicaba a su atónito empleado.

    "Invictus", además de ser un gran entretenimiento, merece ser vista para entender la dimensión de un político cuya estirpe está en extinción.
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  • Nine
    Nine
    La Razón
    La película de las estrellas

    El musical de Rob Marshall cuenta con un elenco súper: Daniel Day Lewis, Nicole Kidman, Penélope Cruz, Sophia Loren, Kate Hudson y más. El film desborda en glamour, pero no tiene nada que ver con "8 y 1/2", de Federico Fellini.

    Por nombres propios, por despliegue visual y por inversión, "Nine" llega a la cartelera porteña con mucha pompa y hasta se la mencionó como una de las películas del año. De lo primero no hay duda; de lo otro, tampoco. Es que el film satisface más por los ojos que por la cabeza y los oídos. El avezado Rob Marshall, conocido por "Cabaret" y "Chicago", decidió tirar la casa por la ventana y armó un elenco galáctico para este film musical inspirado en "8 y 1/2", el recordado clásico de la dupla Fellini-Mastroianni, de 1963. Aunque recaer en una comparasión sería un craso error.

    Aquí, aquel papel del gran Marcello lo encarna el indiscutible Daniel Day Lewis, rodeado de un séquito de beldades: Penélope Cruz, Nicole Kidman, Sophia Loren, Kate Hudson, Judi Dench, Marion Cotillard y la cantante Fergie.

    Con un marco ambicioso, "reloaded", y un argumento sencillito, la trama gira en torno a Guido Contini (Daniel Day Lewis), un cineasta petulante, mujeriego, quien, luego de arrastrar dos fracasos tiene la obligación de reivindicarse. Pero lo acecha un insistente bloqueo creativo que lo paraliza, lo transforma en un ser paranoico y huidizo. Encima, presionado por los tiempos y por un productor insistente, sufre (y disfruta) del múltiple acoso de las mujeres de su fluctuante vida.

    En ese peregrinaje, aparecen su amante, en la piel de una Penélope Cruz fatal, que alterna buenas y malas a la hora de cantar; luego una periodista de revista de glamour, que interpreta Kate Hudson, que sorprende -por lo flojo- de su segmento musical "Cinema italiano". La veterana Judi Dench vuelca su sabiduría en el set como la confidente vestuarista de Contini. Nicole Kidman personifica a la musa del director: tiene nombre escandinavo, lo que podría resultar un homenaje a Anita Ekberg. Da la sensación que Nicole, en su breve participación, está desperdiciada. Fergie, integrante del grupo Black Eyed Peas, desparrama toda su sensualidad en esa prostituta que sale bien parada, sobre todo en la faceta musical. No pasa desapercibida Sophia Loren, que personifica a la dominante "mamma" de Contini, aunque lo más importante es su sola presencia. Marion Cotillard, conocida por su soberbia y recordada labor en Piaf. La francesa, por sobriedad, caudal vocal y justeza, es la que redondea una sólida labor.

    Finalmente, a Daniel Day Lewis le basta con su carisma y presencia escénica para no defraudar, aunque dio la sensación que podía haber dejado algo más sustancioso en materia musical. Llamativamente, el británico Day Lewis fue la segunda opción, ya que Marshall le había ofrecido el papel a Javier Bardem, quien se bajó sin dar muchas explicaciones (ya había dejado colgado a Francis Coppola para "Tetro").

    "Nine" es de esas películas que llaman la atención y despiertan la curiosidad más por su cáscara que por su contenido. En tiempos en que los musicales no abundan, bienvenido éste, que tuvo su premiada versión teatral con Antonio Banderas como protagonista.

    Además de insistirse en la subyugante puesta, amerita pagar la entrada la amplia gama de diosas, mientras que "ellas" disfrutarán del galán maduro Daniel Day Lewis.
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  • Amor sin escalas
    George Clooney realiza un muy buen trabajo, en el que personifica a un "reducidor" de personal de empresas. Si bien el actor no obtuvo el Globo de Oro al que estaba nominado, el Oscar le depararía otra suerte.

    "¿Hace de sí mismo?". "Pero sí, es él, ¡qué duda cabe...!". Son algunos de los comentarios que se filtraron luego de la proyección de "Amor sin escalas", el film que protagoniza George Clooney y que se estrena mañana.

    Las libres asociaciones surgieron a partir del personaje que Clooney encarna en esta comedia: es Ryan Bingham, un tipo solitario, soltero, que no cree en el matrimonio, en el amor ni en los hijos. "No me interesa el matrimonio, no le veo motivos. El amor es estúpido... ¿cuántas parejas estables conocés?", dice en un pasaje la película. Si bien el actor de 48 años nunca se expresó de tal manera, alguna vez sugirió que disfruta de esa libertad.

    Durante "Up in the Air", título orginal del film de Jason Reitman (que ya sorprendió con la atrapante "Juno"), Clooney hace un trabajo muy bueno, con naturalidad, casi sin esfuerzos... Como si le bastara con su presencia, encanto y sonrisa ganadora. Puede discutirse respecto de que maneja una limitada cantidad de gestos, pero aquí, en la piel de un caníbal del personal de las empresas, George sale más que airoso, mucho más que en los últimos films en los que se lo vio: "Syriana", "Michael Clayton" o esa aburrida serie de "La gran estafa".

    Aquí Clooney interpreta a un reducidor de cabezas, un consultor de empresas que viaja de un lugar a otro de EE.UU. ganándose la vida despidiendo gente...sin temblarle el pulso. "Pero con amabilidad y dignidad", defiende su personaje. "Soy un aliviador de almas rotas, hago tolerable una mala noticia. Soy quien suministra un bote para escapar del naufragio", dice en sus esporádicas charlas motivadoras que ofrece y en las que aconseja a sus oyentes a "liberarse del fardo de la responsabilidad".

    Cuando su familia le reclama presencia o intenta agredirlo vociferando que es "un auténtico desconocido" o un "básicamente no existís" o un "vives de una manera muy aislada", el Ryan de la ficción se parece mucho al George de este lado del mostrador.

    Este solterón empedernido (el del film) disfruta de hábitats naturales: el aeropuerto y el avión. Se siente incómodo en su casa, o visitando familiares. "El año pasado pasé 322 días viajando y 43 miserables jornadas en casa", rezonga.

    Es un viajero experto, que va con su maleta de mano, llevando lo justo y necesario para recorrer el país, pregonando su filosofía que es no ceñirse a compromiso alguno, sentimentalmente hablando, aunque le fascina disfrutar de las bellas chicas que se acercan a él. Se define como un "amante del aire", con un amor en cada ciudad, y cuando ve peligrar su independencia emprende la huida graciosa. Le encanta la comida envasada, ese aire viciado, los dispenser...". Raras veces, cuando está presionado por su familia, como el casamiento de una hermana, le surge un sentimiento de culpa. "¿Quién mierda soy, qué quiero?".

    Boomerang

    Un día las cosas cambian drásticamente y es cuando su compañía, ante la crisis económica reinante, toma la decisión de mantener al personal fijo en la oficina, en lugar de ir de ciudad en ciudad para cumplir el propósito de "preparar a futuros desempleados ante crisis existenciales". Pero la noticia deja al encumbrado Ryan impávido. Sobre todo porque la reestructuración que ahora padece la fogoneó una recién egresada de negocios, especializada en psicología, a quien el jefe ve con buenos ojos.

    ¡Cómo una inexperta veinteañera puede marginar al "capo" de la reingeniería!, masculló. Renuente a aceptar las condiciones, Binghman termina saliéndose con la suya y capacita él a la sabihonda pero inexperta chica, para enseñarle su técnica y los secretos de su aplicación.

    Algo vulnerado, con más tiempo para pensar, Ryan Bingham se cruza una noche -en un hotel, claro- con Alex (la bella Vera Farmiga; vista en "Los infiltrados"), quien, para suerte de él, resulta tener su estilo y filosofía de vida. Y conectan, iniciando así una relación peligrosa.

    Vale la pena este film, ya que obligará a pensar más allá del ombligo propio; y también disfrutar del mejor papel de George Clooney del último tiempo.
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  • Sherlock Holmes
    Detective de armas tomar

    Prototipo del investigador analítico, llega al cine una versión que muestra a un Holmes más violento que cerebral, según el director -y ex de Madonna- Guy Ritchie. Destacada labor de Robert Downey Jr. y también de Jude Law, como Watson.
    Gran personaje Sherlock Holmes, al punto de haber estado en boca de nuestro ilustre Jorge Luis Borges: "Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una de las buenas costumbres que nos quedan. La muerte y la siesta son otras...".
    Guy Ritchie, ex marido de Madonna e interesante director británico, le imprimió una ¿inesperada? vuelta de tuerca a Sherlock Holmes, el célebre personaje creado por el escritor Arthur Conan Doyle en 1887.
    Famoso por sus deducciones, investigaciones y elucubraciones, Sherlock era todo cerebro, ¡qué eso de los roces físicos! Sin embargo, Ritchie, responsable de las vertiginosas "Snatch, cerdos y diamantes" y "Rock’nRolla", se arriesgó con un experimento que le salió bien, en términos de calidad y cantidad (entiéndase aquí el factor recaudatorio). Es que este moderno Sherlock Holmes, alejado del talante inglés, es un hombre torpe, sucio, inteligente -claro-, pero excesivamente rudo para quienes tenían otra concepción del héroe.
    Los entrecanos recuerdan los "modelos" de Peter Cushing, Christopher Lee o Basil Rathbone -para muchos el mejor de todos-, que reflejaban a un dandy a quien jamás se le arrugaba la chaqueta ni se le movía el sombrero de cazador.
    Interpretaban a detectives hábiles, de aguda observación e impecable razonamiento.
    En la película que se estrena hoy, las peleas, piruetas y saltos ornamentales están a la orden del día, y el protagonista, llamativo por cierto, es Robert Downey Jr., quien resulta uno de los puntos altos de la tra ma , bien acompañado por el inglés Jude Law y la canadiense Rachel McAdams.
    Segundo detrás de "Avatar" en los EE.UU., la modernosa versión fílmica aporta un golpe de energía a una trama ya cargada de acción y efectos especiales, a partir de las peleas que el trío central (Holmes, Watson e Irene Alder) mantiene con el villano de turno, Lord Blackwood -un cumplidor Mark Strong-, quien aporta algo del misterio "exigido". En medio del enigma hay sociedades secretas, magia negra y la presión de Scotland Yard.

    "Holmes era un caballero, pero podía atrapar a alguien del pescuezo. Pensé que la historia había perdido esencia, por eso la cambié", explicó Guy Ritchie. Se podrá estar de acuerdo o no con el realizador, aunque difícilmente pierda esencia el personaje que más veces fue llevado a la pantalla grande: 75, según el libro de los Guinness.
    Entre los riesgos que decidió correr el cineasta, está el de la audaz elección del indócil Downey Jr., quien por empezar es estadounidense -para un emblema inglés-, más bien petisón y no se parece nada a la descripción que Conan Doyle llevó a sus memorables páginas. Sin embargo, el actor que descolló en "Chaplin" demostró que con disciplina, trabajo y carisma se puede sacar adelante semejante cruzada, sin la necesidad de impostar un acento británico... que no le sale. Y en el rol del Dr. Watson, Ritchie no eligió al típico ladero regordete y despistado que a priori podría deducirse. Optó por el galán Jude Law, que compone a un pulcro, puntilloso y espigado doctor y mano derecha.

    De manera subyacente, Ritchie plantea una serie de sutilezas que Conan Doyle también sugirió sobre la intimidad de su personaje: la misoginia y cierta marginalidad, su adicción a la cocaína y, de manera colateral, una apegada amistad con Watson. Además de dejar entreabierta la chance de una segunda parte.
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