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Imagen del crítico Ignacio Moretti
Ignacio Moretti
  • Cantidad de críticas: 8
  • Promedio: 55%
  • Críticas favorables: 3/8 (38%)
  • Críticas desfavorables: 5/8 (63%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • Email de contacto: No disponible
  • Twitter: @IgnacioMoretti
  • Medio donde critica: Función Agotada
  • Balada triste de trompeta
    Mucha tristeza y pocas trompetas

    Santiago Segura disfrazado de payaso corriendo en el medio de una batalla y matando fascistas en la España franquista. Imagen cargada de significado político que ilustra al payaso, en su tristeza y en su felicidad, que ilustra también un país y su ambigüedad. Difícil no llorar con una imagen así, difícil no reir con una imagen así. Con esa imagen sería bueno quedarse, solo con esa imagen podría valorar una obra que en su totalidad se cae a pedazos. Con esa sola imagen nos promete mucho, nos impone un tono. Y esa promesa que no logra cumplir es lo que termina de desbarrancar una película que no sabe reírse de sí misma.

    El payaso triste la protagoniza (Carlos Areces). Un payaso triste es un payaso lisa y llanamente. El payaso es triste por definición, pero transmite alegría por payaso. En la última película de Álex de la Iglesia la ambigüedad payasesca pasa desapercibida, dándole lugar a una amargura que ni el sinsentido puede apaciguar. Trata de juntar humor con violencia, risas con sangre, tristeza con alegría, en lo que parece querer ser su marca registrada (no me animo a decir su marca de autor). Pero en este caso los ingredientes se distribuyen mal. Es que la película por momentos se toma demasiado en serio. Lo que debería ser una fiesta de sangre y venganza se convierte en un drama que pretende tener significado.

    A Carlos Areces como el payaso triste lo acompaña Antonio de la Torre (el gemelo malvado de Juan Antonio Pizzi) como el payaso tonto, y cierra el trio actoral y amoroso Carolina Bang. Un trio que tiene a su chica linda, tiene al chico malo, pero carece de chico bueno. Y las analogías se multiplican y parecen querer hablar de un país y su historia. Pero lo literal parece no tener historia, parece sostenerse sobre bases endebles, o directamente sobre la nada.
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  • ¿Qué pasó ayer? Parte 2
    Deja vu

    Atención: se revela el final de la película... Who cares?

    "Remake, imitación, repetición, falta de originalidad, falta de sorpresa...", palabras y más palabras ¿Desde cuándo la sorpresa es un valor en sí mismo? ¿Acaso las comedias se pueden ver solo una vez? Entendería que sí, porque en la segunda visión pierden el "factor sorpresa" ¿Qué sería del Chavo sin la repetición? ¿Qué sería de Benny Hill sin la repetición?

    Todd Phillips vuelve con lo mismo pero esta vez en Bangkok y con varios penes en pantalla. Pero esta insistencia con el esquema de la primera parte no es pereza del realizador, muy por el contrario, hay un regodeo evidente en la repetición, y esa repetición sería obscena solo si no fuera intencional. Los personajes no escapan a esta consciencia, ellos saben que están viviendo un deja vu. A fin de cuentas esta secuela es eso: un deja vu de la primera. Lo primero que hacen los tres protagonistas cuando se dan cuenta que perdieron a un amigo otra vez es revisar en el techo, para ver si la historia, que ya se estaba repitiendo, lo hacía al pie de la letra; pero si bien no estaba ahí, estaba nuevamente en el mismo edificio del que partieron, y el culpable de todo esto sigue siendo el mismo, y aparece un mono en lugar de un tigre, y aparece un viejo minusválido en lugar de un bebé, y aparece Tyson en lugar de Tyson, sin sorpresas y repitiendo la secuencia de fotos finales. El fuerte de la película no es sorprender, desde el principio somos conscientes de lo que sucede y lo que va a suceder pero disfrutamos el cómo. Hay un guiño al espectador, una búsqueda de que este anticipe los momentos y se ría de lo que ve y de lo que recuerda.

    Con la frase que abre la película: "volvió a suceder" nos cuenta todo, se nos abre la puerta a la dimensión conocida. Se podría marcar un paralelismo con esa frase y "¡Kevin!" de Mi pobre angelito 2, otro gran deja vu. Cuando Catherine O´Hara (personificando a Kate McCallister) pega el grito sabemos que empieza la película y que la historia se repite. Ese paralelismo caprichoso las equipara en más de un punto, son secuelas que repiten personajes y esquema, pero principalmente son películas que no descubren nada nuevo porque no tienen que hacerlo, porque hasta el momento de filmarlas no estaban agotadas. Lejos quedaron las películas de Macaulay Culkin, pero todavía están muy frescas las de Zack Galifianakis y compañía, todavía funcionan y parecen no tener fin ¿Quién sabe hasta dónde puedan llegar? Quizá tengamos que asistir al casamiento de Alan, y quizás ese casamiento sea en 3D. No lo sabemos, lo único que podemos afirmar es que la idea hoy sigue funcionando, y hoy quisiera que nunca se agote. Todd, lo has hecho de nuevo.
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  • Una esposa de mentira
    Una esposa de mentira
    Función Agotada
    Una película de mentira

    Una comedia romántica de enredos más (Cary Grant se revuelca en su tumba). Básicamente la historia es sobre un tipo (Adam Sandler) que quiere conquistar a una mina (Brooklin Decker) y le pide a su amiga y asistente (Jennifer Aniston), con anteojos y sin ropa sexy, que lo ayude a tejer una red de mentiras para conquistarla; pero cuando su amiga se saca los anteojos y se pone en bolas él se da cuenta que siempre estuvo enamorado de ella. Perdón por contarles esa improbable vuelta de tuerca del final. El tema es que ya no importa si la película es predecible o no, no importa si es igual a todas o no, no importa si repite incansablemente todos y cada uno de los lugares comunes y no aporta nada nuevo, todo eso es un detalle menor teniendo en cuenta que hasta las grandes películas de este género lo hacen; el principal problema es que esa historia, repetida hasta el hartazgo, parece contada sin ganas, sin una preocupación muy grande por generar enredos, por pasar de una situación a otra, todo se va dando sin sorpresas, sin conflicto, sin humor. Tampoco se puede hablar mucho de la química entre los personajes, que brilla por su ausencia, porque queda la sensación de que los errores vienen desde el guión. Quizá alguna escena genere una risa apagada, quizá la trama, puesta en piloto automático, nos retenga en la butaca (siempre y cuando nuestro cerebro esté también en piloto automático), quizá incluso no la odiemos al salir de la sala, pero lo que es seguro es que no nos va a dejar nada.

    Una película menos de Adam Sandler. Se suma a las tantas películas fallidas de uno de los mejores comediantes (sino el mejor) de la nueva comedia americana, que debería dejarle este tipo de comedias románticas a Ben Stiller. Una película menos de Dennis Dugan, su director, que luego de la gran Happy Gilmore tuvo varios traspiés (aunque a esta altura una buena película sería un traspié en su carrera).

    La nueva comedia americana es una usina de grandes películas y de grandes comediantes que año a año demuestran que la comedia tiene mucho camino por recorrer. Como toda gran industria a gran escala tiene productos geniales, algunos buenos, algunos mediocres y muchos malos. El gran problema es lo que llega a los cines de Argentina. Las distribuidoras utilizan una (i)lógica para elegir qué estrenar que solo ellos entienden. Estrenan películas como Una esposa de mentira y dejan afuera películas enormes como The Other Guys (Adam McKay, 2010) o Funny People (Judd Appatow, 2009). En el primer caso ya estamos acostumbrados a que nos nieguen películas del gran Will Ferrell, comediante no muy popular por estos pagos. Pero en el segundo caso el protagonista es también Adam Sandler, que hace muchas malas películas, y lamentablemente son esas películas las que se estrenan en nuestro país.
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  • El mecánico
    El mecánico
    Función Agotada
    El Mecánico (The Mecanic) es la remake de la película del mismo nombre protagonizada por Charles Bronson allá por 1972 y dirigida por Michael Winner. Aunque más que remake es una interpretación libre de aquella película, en este caso el director Simon West hace unas reformas en el guión para terminar de desbarrancar una historia que parecía comenzar con el pie derecho (algo que no sorprende, teniendo en cuenta que este director también hizo Tomb Rider). La película empieza con Arthur Bishop, encarnado por el enorme Jason Statham, asesinando a un narco colombiano con mucho sigilo y haciéndolo parecer un accidente. Hasta ahí estamos bien, acción y Statham es una combinación que casi siempre cumple. Después encuentra en los clasificados (no es chiste) el pedido de un mecánico, que es un eufemismo de sicario, que a su vez es un eufemismo de asesino, para matar a su mentor (Donald Sutherland). Acepta el trabajo porque parece que su mentor es un traidor y lo mata. Empieza a caer el tema. Se encuentra con el hijo de su mentor (Ben Foster) recientemente asesinado por él, y lo empieza a entrenar para hacerlo un asesino. A partir de este momento la acción y la violencia se empiezan a multiplicar como un amontonamiento desesperado por llegar a algún lado. Este amontonamiento de violencia debería ser, por lo menos, divertido, y mucho más si esa violencia es llevada a cabo por Statham, pero no es el caso; todo esto está filmado como un videoclip, con escenas tan cortas, tan vaciadas de dramatismo y resueltas con tanta velocidad que parecen un tráiler. No todo es negativo de todas formas, pero queda la sensación de que con muy poco se podría haber mejorado mucho este producto. En los últimos minutos un par de vueltas de tuerca predecibles, incluso una inevitable (es el hijo del tipo que mataste ¿qué esperabas?) terminan haciendo medio mala una película que podía ser aceptable.
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  • Sucker Punch: Mundo Surreal
    ¿Por qué Zack?

    ¿Por qué Zack? ¿Por qué? Yo te bancaba. Yo festejé cuando salió Dawn of the Dead y la declaré una de las mejores películas de zombies contemporáneas. Yo defendí 300, y la consideré estéticamente hermosa. Yo aplaudí Watchmen, pensando que lo tuyo no era solo estético, sino que podías contar una historia con eso. Incluso te dejé pasar la de las lechuzas ¿Por qué nos hiciste esto Zack? ¿Por qué?

    Hoy nos entregás, con Sucker Punch, tu primer guión original, la primera historia creada íntegramente por vos. El resultado es una película que se queda corta en lo estético y sobre todo en lo argumental. En lo estético hacés agua en varias oportunidades, con efectos sin sentido, con ralentis que no llevan a ningún lado, con algunas imitaciones mal logradas de Matrix, incluso con malas imitaciones de tus anteriores películas ¿Por qué Zack? No lo necesitabas. En lo argumental es donde más pifias; hacés un comienzo imitando al de Watchmen, tratando de explicar a través de imágenes montadas y música apropiada el contexto de la historia que vas a contar. Pero lo que era pericia en Watchmen ahora se vuelve torpeza, y contás una historia que se distancia del resto de la película, un comienzo gratuito, un recurso repetido que funcionó en el pasado. En ningún momento los personajes generan un mínimo de empatía, pueden ir muriendo poco a poco que no despiertan siquiera un escalofrío. El esquema de la historia es el de un videojuego, con niveles marcados, con objetivos que, de tan claros, se vuelven tontos. El mismo esquema que se toma con humor en Scott Pilgrim vs The World está tomado demasiado en serio en Sucker Punch. Nunca pensé que la idea de zombies nazis, anacronismos y guerreras violentas podía fallar, pero falló. Las imágenes derivadas de la imaginación de la protagonista son demasiado caprichosas, demasiado inexplicables. No te pido lógica, no me gusta la lógica, desprecio la lógica; te pido coherencia, que las imágenes tengan sentido con el todo, o simplemente que haya un sentido detrás de las imágenes. Para colmo de males terminás la película, no solo con una enseñanza berreta, sino con una enseñanza berreta en voz alta, que es la más berreta de las enseñanzas berreta.


    De todas formas todavía no me voy a pasar de bando, todavía creo que Dawn of the Dead es una excelente película, todavía creo que los diez primeros minutos de Watchmen no son casualidad, todavía creo que tu tratamiento de la imagen tiene un significado y que te queda mucho por darle al cine.
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  • Un despertar glorioso
    Un despertar glorioso
    Función Agotada
    La película empieza mostrando a Becky Fuller (Rachel McAdams), una joven productora de televisión, obsesionada con su trabajo, que no puede ni siquiera entablar una relación amorosa. Cuando cree que esto le va a generar un ascenso la echan, y repentinamente se convierte en una niña, que a sus 28 años parece de 18, que busca su primer trabajo, que no sabe cómo buscarlo, que no sabe cómo desempeñarse en una entrevista, que se humilla y se muestra desesperada. Apenas consigue trabajo y cuando creemos que esa niña sin experiencia va a fracasar, vuelve a ser la del principio, una mujer obsesionada por su trabajo que, nueva información, es muy buena en lo que hace. Hasta este momento la película construye mal a su personaje principal. Y después va a seguir igual con el resto, pero hago un parate porque en este momento entran en escena Diane Keaton como Colleen Peck, una suerte de Anabela Ascar del primer mundo; y Harrison Ford como Mike Pomeroy, haciendo el papel de Meryl Streep en El Diablo Viste a la Moda pero menos creíble... mucho menos creíble. Dentro de la línea principal de la película, una productora intentando salvar a un programa de televisión y a su carrera mientras lucha con un presentador intratable, se teje muy gruesamente y con un hilo muy fino una comedia romántica que pasa desapercibida. Más allá de esto la película entretiene y carga con algunos buenos momentos (pobre consuelo).

    No solo los personajes de Harrison Ford y Meryl Streep tienen en común esta película con El Diablo... (uno bien logrado y el otro no), sino que comparten a Aline McKenna como guionista (que realizó un guión bien logrado y el otro no). Aunque hay que ser justos, este es un guión original... no, no se confundan con esa palabra, mejor digamos que, a diferencia de El Diablo..., este es un guión que no fue adaptado de un libro. El director Roger Michell (Notting Hill) hace lo que puede y nos trae una película que parece decirnos: basta de televisión seria, un poco de televisión basura y popular también es bueno... Déjenme decirles que este humilde servidor no está de acuerdo en lo más mínimo. Ahora los dejo porque empezó Gran Hermano.
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  • Fase 7
    Fase 7
    Función Agotada
    La gente en la Avant Premiere es más pelotuda que en las funciones comunes y corrientes –y eso es mucho decir–. Si estamos acostumbrados a los que se ríen desmedidamente en el cine, la premiere de Fase 7 fue el colmo; primero porque yo era mal visto por no reírme desmedidamente –cientos de espectadores con palos y antorchas pidieron mi cabeza al tiempo que gemían y luchaban entre ellos por una bolsa de pochoclos–; segundo porque ni siquiera tenían la delicadeza de reírse en el momento adecuado, o sea después del remate, sino que comenzaban a reír a carcajadas en la mitad del chiste –o con la sola aparición de Yayo en escena– y no se escuchaba el final (malditas películas de habla hispana que no tienen subtítulos para leer).

    Fase 7 es básicamente una película pos-apocalíptica. Y si, tiene todos los condimentos que deben incluirse en una pos-apocalíptica, es decir planos de las calles sucias, destruidas y desoladas, violencia entre sobrevivientes, racionamiento y búsqueda de alimento, escenas gore (no excluyente pero deseable), etc. Una posible ecuación sería algo así como REC + Zombieland – Zombies = Fase 7. De la primera podemos tomar el lugar físico, vecinos de un departamento en cuarentena luchando por sobrevivir. De la segunda podemos tomar el tono, algo así como una comedia hecha y derecha dentro de un ecosistema atroz (¿Yayo sería Woody Harrelson?), una de terror/comedia si es que ese género existe. En este caso sin zombies en escena, pero esto no le impide a Nicolás Goldbart, su director, agregar algo de gore y sangre. No necesita valerse del zombie para justificar la violencia desmedida (total ya estaba muerto) sino que lo hace entre vecinos vivos que reaccionan ante el miedo ¿Miedo a qué? Miedo a una enfermedad que se expande, miedo ante un televisor que repite incansablemente, como si fuera una música de fondo en loop, las medidas de seguridad para no contagiarse, y que incluso limita las normas mínimas de cortesía, como puede ser el saludo (¿Alguien dijo Gripe A? Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia), miedo al otro; ese otro que en situaciones de riesgo, cuando el individualismo se acentúa y solo importa la supervivencia, se convierte en bestia. Pero la palabra "otro", en realidad, es un grupo muy grande, engloba a demasiadas personas; dentro de ese enorme grupo se encuentran no solo las bestias, sino los que nos van a ayudar a sobrevivir, solo hay que saber reconocerlos. Coco (Daniel Hendler) encuentra en Horacio (Yayo) ese otro que lo va a salvar. Parece que no todo está perdido finalmente.

    El género vuelve al cine argentino, ese género que no es muy común en estas pampas. Bienvenido sea entonces, esperemos que esta sea la primera de muchas más, tanto para el cine argentino como para la carrera de Nicolás Goldbart.
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  • Plan B
    Plan B
    Función Agotada
    Plan A: recuperar a su ex. Falló. Plan B: enamorar al actual novio de su ex para que la deje a ella y así allanar el camino...

    Así, sin mucho más barullo comienza Plan B. Con simpleza y yendo directamente al grano. Quizá con demasiada simpleza, simpleza que por momentos se vuelve torpeza y tosquedad en las actuaciones y en los diálogos, pero con simpleza al fin. Y así comienza la historia de Bruno (Manuel Vignau), un pibe de barrio, pero no de cualquier barrio, de ese barrio de PH, de pasillos largos, de paredes sin pintar, de puertas de doble hoja, de terrazas grises, de terrenos baldíos, de dormitorios comunitarios, ese barrio donde la palabra "puto" es el peor insulto; un pibe que usa más camisetas de fútbol que remeras, cuya mayor reflexividad radica en descubrir que Neverland no existe. Laura (Mercedes Quinteros) es simplemente una excusa, la excusa de Bruno para comenzar con esta historia. Plan B es, en principio, una comedia de amistad masculina (¿Existe otro tipo de amistad?), de fraternidad, de camaradería, de las que nos tiene acostumbrados el cine. Pero toda amistad implica una atracción, y si nos ponemos Freudianos esa atracción siempre es sexual, al menos roza lo sexual. En este caso no solo lo roza sino que lo pasa por encima, esa historia de amistad se convierte en una historia romántica, en el descubrir de una sexualidad, hasta ese momento, reprimida, por parte de Bruno y de Pablo (Lucas Ferraro). Pero Marco Berger, el director, no recurre al cliché, no nos muestra una historia gastada, no adapta una historia de amor heterosexual a los nuevos tiempos; los pone cara a cara (y pito a pito) para que se descubran, no solo al otro, sino a ellos mismos.

    En realidad la película Plan B es de 2009, se estrenó en el BAFICI de ese año, luego pasó por Malba en 2010 y ahora se estrena en salas del circuito comercial (como si Malba fuera gratis). Incluso no es la última película del director, luego de Plan B, Marco Berger realizó un episodio dentro de la película Cinco, junto con otros cuatro directores salidos de la Universidad del Cine, y Ausente, su última película, que recientemente fue galardonada con el Teddy Awards del Festival de Berlín, que premia a las películas de temática gay, lésbica y transgénero. En el contexto en el que hoy vivimos, con el matrimonio igualitario recién aprobado en nuestro país y con el debate por la igualdad de derechos, la filmografía de Marco Berger se convierte en, por decirlo de alguna manera, necesaria.
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