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Imagen del crítico Hernán Panessi
Hernán Panessi
  • Cantidad de críticas: 31
  • Promedio: 63%
  • Críticas favorables: 23/31 (74%)
  • Críticas desfavorables: 8/31 (26%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • Email de contacto: No disponible
  • Twitter: @hernanpanessi
  • Medios donde critica: A Sala Llena, EscribiendoCine, HaciendoCine, Revista Debate
  • Los vengadores
    Los vengadores
    HaciendoCine
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • El precio de la codicia
    Éxito a cualquier precio

    Hay una serie de despidos. Alguien alerta que algo anda mal. Un joven ejecutivo descubre una falla fundamental. Sus jefes quedan anonadados por la nueva situación: incertidumbre. De aquí en más, “crisis” será la palabra clave de El Precio de la Codicia (Margin Call, 2011), película que deambula entre el drama y el thriller teniendo a las personas como foco de atención.

    24 horas de trabajo ante una crisis financiera de dimensiones inimaginables. La agonía allende a una derrota. Cae Wall Street en el 2008 y algunos tienen que vender aquello que los hizo ricos para, sí, aunque suene imposible, sobrevivir. La bolsa de valores es un lugar donde lo sucio y lo legal comparten espacio, se intersecan y hacen uno. Así, se descubre que una de las principales casas de bolsa cae en picada después de un seguimiento interno que salta a la luz. Cientos de empleados se ven afectados y los altos directivos, más dos jóvenes pujantes, deberán corregir el escenario en pocas horas, bajo el stress de hacer o no lo correcto.

    El Precio de la Codiciarecuerda, bajo alguna forma, a guiones como el de David Mamet y aquella gloriosa película de James Foley llamada El Precio de la Ambición (1992), o al de Wall Street (1997), bajo dirección de Oliver Stone, ya que ocupa su intensidad en mostrar, casi en tiempo real, conflictos laborales sujetos en contextos poco favorables.

    Sin pecar de catequista ni cayendo en moralinas que podrían resultar fáciles de emplear, El Precio de la Codicia, que nunca toca el tema desde el señalamiento netamente capitalista, se sostiene en intervenir la realidad, demostrando que, en ciertos casos, no hay buenos ni malos sino distintas posiciones ante los mismos hechos. Su principal propósito es elaborar un “espíritu empresarial” y despertar, pese a que el cuento entromete al nunca bien ponderado “Capital”, una cierta nobleza, esa humanidad presente delante –o detrás, o de costado- del vil metal.

    Cierto es que El Precio de la Codicia tiene un elenco de lujo –están los experimentados: Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Demi Moore y Stanley Tucci; más los jóvenes: Zachary Quinto y Penn Badgley-, cierto es, también, que Kevin Spacey se está convirtiendo en uno de los productores a tener en cuenta –en su currículum oficial ya figuran unas 22 intervenciones como tal, entre las que se destacan 21 Blackjack (2008), Fanboys (2008) y Red Social (Network, 2010)-. De esta forma, al tratarse de un equipo con nivel superlativo, el debutante en dirección y otrora sonidista J.C. Chandor la tiene cómoda. Tan cómoda que termina resultando, ésta, una película de personajes, de hombres y mujeres luchando en un mundo atípico, donde cualquier dejo de normalidad es segregada, allá lejos de toda la acción.

    Sin demasiadas explicaciones técnicas, en una decisión tan positiva como facilitadora de entendimiento, el film dará lugar a cuestiones bien inherentes al humano, como la codicia, la especulación, el egoísmo y la ignorancia, resultando los principales factores de bretes. Más, mucho más que aquel que parecía ser el principal enemigo o preponderante elemento de riesgo: los números en sí. En rigor, El Precio de la Codicia, nominada a los Premios Óscar de la Academia en la categoría “Mejor guión original”, puede desprenderse de la media como una de las películas más correctas que nos dará el 2012.
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  • La chica del dragón tatuado
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • Mía
    Mía
    HaciendoCine
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • La patria equivocada
    Más allá del bien y del mal

    “¿Cómo que Galettini es indefendible?”, pegó el grito en el cielo una de nuestras plumas más persistentes. De ese pequeño momento se desprende este texto, una encendida revalorarización de quien ha sabido forjar un amplio legado cinematográfico – popular, chatarra, controversial o propagandista, pero siempre particular- y que, luego de una década de parate, vuelve al ruedo con La Patria Equivocada.

    Concibiendo al cine como un arte que entretiene (vieja vacilación: ¿El arte es entretenimiento? ¿El arte también puede entretener? ¿La tercera posición resulta que el cine es arte y entretenimiento?), podemos decir lo siguiente: hay películas buenas, hay películas malas y están las películas de Carlos Galettini. Director de, lean bien, las cuatro de Los Exterminators, tres de Los Superagentes, dos de Los Bañeros –la tercera no es tal, simplemente es basura-, la de Los pilotos más locos del mundo, Los matamonstruos en la mansión del terror, etc… Galettini, o más bien su obra, y no es capricho sino realidad fáctica, pese a que alguna rúbrica se piante, está más allá del bien y el mal, exenta de cualquier juicio crítico e intelectual –y mucho más del cahierismo o el snobismo pecho frío- porque representa, sin ir más lejos, lo que la mayoría del público desea: fruición, goce y efectividad. La discusión acerca de qué comen las moscas es harina de otro costal, claro. A propósito, si el título Se acabó el curro (Compre antes que se acabe) no es uno de los mejores de la historia, ¿cuál lo es?

    Ha hecho escuela, sí, en la llamada “argentina bizarra” siendo el mayor –y mejor- referente de esa entelequia (la recomendación es conseguirse Cine Bizarro: 100 años de películas de terror, sexo y violencia, del maestro y mentor Diego Curubeto). Cuenta la leyenda, recuperada por Alexis Puig en Pantalla Freak, entre muchas que hay en torno a sus películas, que su primer telefilm y decimosexto largometraje, Charly, días de sangre, un slasher criollo protagonizado por –nuevamente, lean bien- Fabián Gianola y Adrián Suar, es una película negada por los propios implicados, resultando incunable por mucho tiempo. Y acá aparece la fantasía o realidad, donde el mismísimo Adrián Suar habría comprado todas sus copias para destruirlas y hacerlas desaparecer. Tranquilos: quien no la vio, podrá encontrarla colgada en YouTube por algún preservador cinematográfico posmoderno. Agradecidos por la magia.

    Volviendo al punto, quien reniegue de sus filmes históricos no tiene sangre, ni corazón y mucho menos perdón de Dios. Galettini no sólo merece el respeto per se (oh, San Galettini) sino que también le cabe por ciertas perlitas de su filmografía que han salido del canon preestablecido. Por ejemplo, Convivencia, inspirada en la obra teatral homónima de Oscar Viale donde se florean Luis Brandoni, José Sacristán y una jovencísima Cecilia Dopazo, es un filme tan fantástico como subvalorado. Asimismo, siguiendo con su rol de cineasta abocado a propuestas más serias o convencionales a las que inicialmente acostumbraba, están Ciudad del Sol, una ficción donde todavía resuenan los ecos de la dictadura militar, y más acá, ahora sí, La Patria Equivocada.

    En consecuencia, todas las películas de Galettini, desde la primera, allá Las Sorpresas, hasta esta última, ganadora del Concurso Argentina Bicentenaria, acá La Patria Equivocada, merecen respeto y admiración –tal vez la que menos lo merezca sea Dibu 2, la venganza de Nasty; tal vez la que más Las locuras del extraterrestre- por significar y dignificar, en su conjunto, al creador como un autor. Es innegable: en todas está su marca, su energía única e irrepetible (no sólo en los bizarrismos de época sino también en las de corte industrial o Serie A, también, así, en La Patria Equivoada). La pacatería, siempre minoría, de seguro dirá que es un director muy comercial (Michael Bay tiene de Galettini lo que este escriba de Christian Metz). De cualquier manera, a nosotros, los cinéfilos de entre 1 y 99 años, eso nos importa muy poco. Sólo hay para con él palabras de reconocimiento y purísima devoción. Bienvenido otra vez al trote después de 10 años, maestro. Pase por acá, la puerta grande. Entreténganos. Lo extrañábamos.
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  • El agua del fin del mundo
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • Güelcom
    Güelcom
    HaciendoCine
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • La reencarnación de los muertos
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • Las aventuras de Nahuel
    Las leyendas continúan

    Autoproclamada como "el primer largometraje en la Argentina donde se conjugan los títeres y los dibujos animados", llega la película Las aventuras de Nahuel, dirigida por Alejandro Malowicki.

    Un niño llamado Nahuel huye de su hogar creyendo que su mamá lo ha abandonado, recorre la ciudad buscándola e ignorando que ella está empeñada en encontrarlo. Una noche, junto con su nuevo amigo, un gato murguero llamado Busca, revolviendo la basura, encuentran un libro que emite destellos y parece tener vida propia. La imaginación de Nahuel los transportará a ambos hasta un mágico mundo de leyendas -la novedad es que pertenecen al imaginario latinoamericano- y a partir de ahí vivirán aventuras emocionantes. La historia de la madre quedará desdibujada en pos de estos destellos de leyendas nuestras.
    Su realizador, que ya dirigió la versión de Pinocho de 1986, protagonizada por Soledad Silveyra y Gianni Lunadei, y supo ser presidente de la Asociación de Productores de Cine para la Infancia, resulta un pionero del cine de animación nacional cuyo trabajo antecede a las escuetas producciones que ha tenido el género en estas pampas, desde la gloriosa Mercano, el marciano, de Juan Antín, la sobrevalorada Manuelita, de Manuel García Ferré, o la más actual y desigual Cuentos de la selva, de Norman Ruiz y Liliana Romero.
    Los veteranos acólitos de Caloi en su Tinta se sentirán cómodos en su regazo, mas no tanto así los espectadores muy jóvenes acostumbrados a la espectacularidad de la tríada norteamericana de Disney, Pixar y DreamWorks o a las ocurrencias orientales de Hayao Miyazaki, Isao Takahata y su Studio Ghibli. No es que la parte técnica esté por debajo de las expectativas, en absoluto. Es que la mixtura de leyendas de pueblos originarios -guaraníes, onas, mapuches y collas-, con animación de muñequitos -que desde el corto El retrato de la peste, de Lucila Las Heras, o el mediometraje Plata segura, de Néstor Frenkel, hasta acá no ha habido nada interesante en el plano criollo- y una oferta narrativa pretendidamente curricular -“¿no sabías vos que los libros no muerden”, “¿qué es una leyenda?, nunca oí esa palabra”, se escucha decir por allí- hacen, de verdad, lamentablemente, dificultosa su decodificación. Es comercialmente sabido que los espectadores más noveles prefieren la espectacularidad -acá entraría Pixar con Toy Story 3, sí, pero además Disney con El Rey León o Cenicienta-, cual consecuencia de su formación hipodérmica y verticalista. “El cine para chicos es y ha sido siempre norteamericano en casi su totalidad. Ese chico, en la etapa más crucial de su formación, suele no conocer otro modelo, otro formato. Por los dibujos animados, le resultan más familiares Oklahoma o Texas que Jujuy o Corrientes”, ha reconocido el mismo Alejandro Malowicki alguna vez.
    Tanto la animación a pincel -bellísimo estilo tipo ilustración de splash page de cuentos infantiles o novelitas cortas e integradoras con la intención de Jim Henson de animación 2D y stop motion por recortes- como la referida a marionetas con hilos -aun a sabiendas de la diferenciación entre “cine infantil” y “cine de animación”, entelequias que a veces suelen confundirse- funcionan óptimamente pero, de momentos, pese a este aspecto positivo y fundamental para el cine de entretenimiento, lo que falla en Las aventuras de Nahuel es su guión. Endeble y abarrotado guión. Apuntando a un público que tiene entre 3 y 9 años, se torna un tanto confuso, saltando desde un trampolín entre leyenda y leyenda. A su modo, Malowicki intenta afablemente introducir demasiadas problemáticas a resolver en “sólo” una hora y dieciocho minutos. Si una película de animación para niños necesita apoyarse en constantes e improductivas intromisiones a submundos, eso puede ser señal de que no está funcionando como debería. Entonces, el espectador, a la hora de ir a ver esta película, tendrá que tener bien en cuenta que sus ritmos -por añadidura: los tiempos internos, sus transiciones entre aventura y aventura- son un tanto dispersos y que, con el correr de los minutos, olvidará realmente cuál era su premisa inicial, perdiendo el hilo, el intríngulis de la ficción. Tambalea, acá, el hecho de que Nahuel, su protagonista, esté desesperado buscando a su madre -hete aquí el plot iniciático- o, simplemente, parecería que la cosa virara por los viajes que mantendrá con sus amigos imaginarios -por los que finalmente se desplazará todo el relato; embrollando, así, el motivo primario de la acción-. Las aventuras..., entonces, funcionaría mejor no como película destinada a los cines sino como, por ejemplo, una miniserie para televisión dividiendo la cuestión en cada aventura mayéutica devenida didáctica -y así en episodios- en las que se entrometa el protagonista. O, tal vez, y es que así parecería haber sido craneada, como para utilizarse en proyecciones lúdicas escolares.
    En consecuencia, si bien signado por algunos clichés del género, es positivo el intento y de por sí siempre bienvenido, más cuando estamos hablando de realizaciones de animación infantil en 35mm, misteriosamente faltantes en la palestra.
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  • Medianoche en París
    Medianoche en París
    Revista Debate
    Una vez por año, el inmenso Woody Allen nos regala una aventura de fuerte arraigo urbano. Esta vez, siguiendo con sus afinidades citadinas, retrata como ninguno a la ciudad de París.

    Hay algo especial a la hora de la medianoche, en aquel instante arbitrariamente señalado para determinar el fin de un día y el comienzo de otro; en ese detalle sobradamente indescriptible que contiene tanto mística como magia. Tal vez por ello, Medianoche en París, flamante película de Woody Allen, siga a un joven escritor, Gil (Owen Wilson), y a su novia, Inez (Rachel Mc Adams), en una visita a la bellísima capital francesa, cuyo contexto horario sea el ligado al advenimiento de criaturas sobrenaturales: el apogeo de la oscuridad. Allí, el protagonista viajará todas las noches años atrás en el tiempo para obtener asesoramiento y la amistad de los genios literarios de la época. Esta muestra cinematográfica de Allen, cada vez más cerca de su propia redefinición como artista, sigue en su inagotable factoría del continuum, ofreciéndole al mundo la notable producción de una película por año.
    Después de Vicky Cristina Barcelona, los colores de este filme están ligados en forma directa con los efectivamente utilizados en territorio catalán. Esa paleta de color beige y marrón logra una belleza en su interpretación de una París notable, prosiguiendo, además, con su trip internacional luego de, también, la Londres retratada con Match Point o la mencionada Barcelona de Scarlett Johansson, Penélope Cruz y Javier Bardem. A su modo, el de Medianoche en París es el guión más original que ha escrito desde entonces. Se ve, por momentos, y ahí radica la dialéctica de su obra, como uno de sus cuentos clásicos –mezcla de las The funny ones, caso La Mirada de los Otros, Ladrones de Medio Pelo o, mismo, el episodio de Historia de Nueva York, Oedipus Wreck, con el exquisitismo estético de las últimas-, sostenido en esa falta de lógica formal que lo caracteriza, llena de enrosques absurdos y chistes afines.
    Las actuaciones, en su mayoría, son correctas, sin embargo hay alguien que sobresale notoriamente, y ese es Adrien Brody, en su magnífico papel como Salvador Dalí. Por su parte, Owen Wilson cumple pero intenta, aquí, parecerse demasiado y actuar como el mismísimo Woody Allen. Como punto alto, vale mencionar que las imitaciones de todas las grandes figuras históricas –Ernest Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, Henri Matisse, entre muchos otros- se ven exactamente igual que en la vida real.
    Esta es una película que, de seguro, no defraudará a cualquier espectador o aficionado al gran Allen. Es cierto que no se aproxima explícitamente hacia alguno de sus largometrajes en particular, pero está, sí, un paso adelante de, por ejemplo, El sueño de Cassandra, Conocerás al hombre de tus sueños e incluso a Scoop y a la muy recomendable, hace poco estrenada en territorio argentino, con el protagónico de otra bestia del stand-up comedy: Larry David, Que la cosa funcione. Sin embargo, si el deseo es el de disfrutar al Woody Allen crítico del psicoanálisis y la psiquiatría, al superador nato de Ingmar Bergman, al destructor de ciertas muecas sociológicas, habrá que recurrir a Annie Hall, Hannah y sus hermanas, Crímenes y Pecados, etc.
    Desde el exuberante montaje de las escenas de apertura se destaca una Francia intensamente pintoresca, funcionando como una suerte de carta de amor a la Ciudad de las Luces. Medianoche en París es, entonces, una comedia romántica de marcados tintes surrealistas con ingeniosos gags cómicos, determinando, en consecuencia, una historia creativa con una hermosa imagen de la urbe. La pregunta que surge, después de contrastar a su creador con el resto de sus contemporáneos, y es que siempre hacen falta popes para marcar el pulso de las cosas, es si quedan cómicos geniales en el cine actual. Pues, quizá, resulte que Woody Allen sea el último. En efecto, hay que disfrutarlo bajo cualquier circunstancia, hasta que por fin acabe de una vez por todas con la cultura, terminando, con ello, inclusive, con uno de sus máximos creadores y desconstructores: él mismo. Y es que, por más descabellado que aparente, Woody puede hacer y deshacer lo que quiera en París, Nueva York, Barcelona, Londres o Buenos Aires, porque lo sabe absolutamente todo, a la misma altura que las figuras míticas que recupera y hace alusión en Medianoche en París.
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  • Blue Valentine
    Blue Valentine
    Revista Debate
    Triste San Valentín

    Esta pintura huele familiar. Una bella mujer se encuentra con un excéntrico muchacho y ambos caen inmediatamente en estado de enamoramiento. No es un dato menor que los dos sean jóvenes de clase media trabajadora. Al momento de los hechos, todo es prosperidad o al menos así se imagina la cuestión. Cinco años después, ya con una niña entre ambos y un considerable tiempo como pareja, sus nociones románticas no son tan encantadoras y su añorada felicidad tampoco es tan efectiva ni mucho menos poética. La falta de fundamentos que en su momento los unió, ahora los condena sin titubear siquiera un instante. Su vida cambió, la visión idealizada se desvaneció y la cuestión novelesca se desploma barranca abajo. Es claro, todo se ha debilitado.
    Blue Valentine, una historia de amor no es sólo el complejo retrato de sus dos personajes principales, sino que es, además, una honesta representación de intimidad sobre los altibajos del amor visto desde todos los ángulos posibles. Para esta historia, su director, Derek Cianfrance, ha trabajado unos doce años logrando un guión sólido, cuestión distinguible a la sazón de buenos detalles, encontrando el punto justo de “argumentos para esta pequeña muerte”. Pese al logro de bucear en océanos populares consiguiendo nuevos paisajes, es bien conocido este tipo de dramas como lugar común de la vida adulta. Resultando ello, por lo demás, un tópico harto transitado vía el imaginario cinematográfico y explotado notablemente mediante, yendo a ejemplos concretos, James Grey y Sam Mendes o, mismo, a través de los eternos John Cassavetes y Richard Linklater, tal vez, los dos máximos ejemplos de tal devenir.
    Emocional y físicamente sensiblera, la historia de Dean (Ryan Gosling) y Cindy (Michelle Williams), ambos muy bien predispuestos para los sufridos papeles, parpadea hacia atrás mostrando el primer florecer del afecto y la reacción final ante la frustración del desamor, procurando que ninguna decisión posible lastime a la pequeña Frankie (Faith Wladyka). Su visión común de las cosas hace que los agujeros intencionales de su propia experiencia pasen cual comodato al espectador de turno. Con esto, evitando los clichés de fácil acceso y saliendo airoso de un momento complejo para representar en cámara, Cianfrance demuestra un mérito notorio: atravesando el relato, obliga a tomar partido hacia alguno de los protagonistas e invita, también, a identificarse bajo ciertos matices sensitivamente expuestos.
    Sostenida bajo una notable labor de fotografía, más -sobre todo- un excepcional trabajo de dirección de arte, Blue Valentine, una historia de amor contiene en la brutalidad su plusvalía. Luchas violentas, consumo de alcohol y tabaco, menciones directas al aborto, desnudos gráficos y un erotismo explícito evocan una vida cotidiana, nunca tan oscura. Así, dadas las circunstancias, el filme termina funcionando tanto como un retrato actual y contemporáneo como histórico del matrimonio norteamericano, extensivamente occidental. Experiencia triste, sí, pero en algún punto enriquecedora.
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  • ¿Qué pasó ayer? Parte 2
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • Torrente 4
    Torrente 4
    HaciendoCine
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • Sudor frío
    Sudor frío
    HaciendoCine
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • Amor en tránsito
    Amor en tránsito
    HaciendoCine
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • La cantante de tango
    Publicada en la edición impresa de la revista.
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  • Los Indestructibles
    ¡Dios santo y la Virgen María! La expresión “testicular masterpiece” acuñada por el crítico norteamericano Harry Knowles le queda absolutamente pequeña a Los Indestructibles, tan pequeña como el tamaño natura de Jet Li al lado de esos mastodontes anabólicos. ¿Esperan reflexiones freudianas? ¿Aspiraciones a galardones en la Academia? ¿Diálogos profundos e intensos? ¡Lejos está de esa porquería! Esta película, por suerte, no merece ningún tipo de intelectualización absurda. Es cine de entretenimiento puro y duro, sanseacabó.

    Después de generar infinita expectativa en los cinéfilos falocéntricos, no decepciona en lo más mínimo. Resulta encantadora, pero encantadora en el sentido más nostálgico de la expresión. Volvieron los 80s a morir de pie y eso, señores, es una reivindicación absoluta de los intentos absurdos y mancomunados (¡e individuales!) por lograr, cada uno, su propio ostracismo al good life. Este film es, realmente, un cementerio de elefantes. Los grandes, a partir de ahora, pueden dedicarse a morir. O a seguir gastando sus millones, da igual.

    Me atrevería a decir que en la historia del cine no hubo ni habrá un dream team semejante para una película de acción. Están todos (o casi): Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundren, Randy Couture, Terry Crews, Steve Austin... hasta Mickey Rourke, Bruce Willis y ¡Arnold Schwarzenegger! Es cierto, en este all-star action film falta Jean-Claude Van Damme, pero Dolph “I must break you” Lundgren (sí, el mismísimo Iván Drago) también tiene la posta. De hecho, la mole de hielo, es uno de los más destacados en este asunto, quien goza de, hasta, un propio sub-plot.

    Con un guión que remite absolutamente todo el tiempo a los 80s, okay, no es el mejor, pero tampoco se necesita más, donde un grupo de súper soldados rescatan, disparándole a todo lo que se mueve, a un país latinoamericano de las “garras” de un dictador y de capitalistas norteamericanos, Los Indestructibles es la genialidad Clase A de un emblema en esto del shoot ‘em up: Sylvestre Stallone. Patriarca de la testosterona mundial, el bueno de Sly se despachó con lo que mejor sabe hacer: fajar a todos a troche y moche, en un capricho de tipos con plata que lo único que quieren, thanks God is bloody, es divertirse.

    Sostenido en los mejores lugares comunes de los últimos años (los malos son latinos y no escatiman en esto de ser malísimamente malos; el villano máximo es explotador al 100%; hay héroes contratados por alguna agencia de inteligencia para el cumplimiento de objetivos; los buenos no sufren rasguños; la protagonista femenina es hija del dictador majareta; y dale que va...), esta película tiene todo lo que un alfa desea para su fruición. Armas, disparos, cuchillos, tatuajes, mujeres cual objeto sexual, vehículos y chistes machistas por doquier. Una genialidad que no acaricia, en ningún momento, lo ‘grasa’. Goza, muy bien ganada, de una impunidad total a la hora de caer en clichés. A nadie le importan. Por el contrario, se festejan y de a montón.

    La única falencia que, quizás, podría mencionársele es la poca resolución de los CG gore (lucen demasiado digitales) durante algunas escenas de peleas. Nada más. Ah, y dicho sea de paso, ya que estamos en la antítesis heterosexual al momento de una crítica a lo incriticable, los afiches parecen hechos con el Paint sin ganas. Sin embargo, dejemos de ser exquisitos: ¡nos importa muy poco cuando hay tanto terrorismo injustificado por disfrutar!

    Todo lo que usted vivió hace dos décadas de la mano de los videoclubs, ahora en pantalla grande y en king size. Gracias, Sly por esta obra maestra de violencia. ¡Vivan las old-school kick ass movies!
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  • ¡Está vivo!
    ¡Está vivo!
    EscribiendoCine
    La salud de nuestros hijos

    Con llegada tardía a las carteleras argentinas, ¡Esta Vivo! (It’s Alive, 2008) es la remake modernosa de aquella bizarra película de terror de los setenta donde un bebé asesinaba a todo el que se le interponía en su camino.

    A punto de terminar la universidad, Lenore Harker (Bijou Phillips), joven y aplicada estudiante, queda embarazada de su novio arquitecto Frank Davis (James Murray). Ella sabe bien que su bebé no es como cualquier otro. Al momento de parir, cesárea mediante, algo horrible sucede en la sala de parto: el doctor y todas las enfermeras son asesinadas, quedando con vida nada más que la madre y el recién nacido. Así comienza la seguidilla de asesinatos perpetuados por el siniestro infante y serial killer del film.

    Junto con los sospechosos acontecimientos (médicos, amigos de la pareja y policías varios son liquidados con el correr de las escenas) irá develándose la verdadera naturaleza del bebé, por lo que su madre tendrá que escoger entre el amor por su recién nacido y su familia. Una elección para nada fácil.

    La película está basada en la historia que Larry Cohen (otrora guionista de hits Clase B como la saga de Maniac Cop) hiciera con cierto éxito allá por el año 1974. De hecho, cuatro años más tarde se jugó con una secuela sin demasiada relevancia y, en 1987, la convirtió en trilogía con una leve aceptación en el público “de culto”. Sin embargo, a pesar de esa experiencia, y como era de suponerse, esta remake es bastante más pobre -en sustancia- que la trilogía original. Parece que el correr de los años no le hizo bien al guión de Cohen. Intento fallido (e innecesario) de revivir cintas abandonadas.

    Con muchas falencias narrativas (y eso que la previsibilidad hace al género), ¡Esta Vivo! es un claro ejemplo de que el volver a las raíces para ganar dinero no es lo más conveniente del mundo. ¡Basta de revivir horror films clásicos! ¡Queremos historias nuevas!

    Detalle para quisquillosos: En un momento culminante, la luz se corta en todo el lugar. La policía llega, toca el timbre (eléctrico) y suena. Fabuloso.
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  • Como entrenar a tu dragón
    Vikingo part-time

    Film sin mucho anclaje en la cultura popular moderna (como así lo fuera la graciosa saga de Shrek), Cómo entrenar a tu dragón (How to train your dragon, 2010) es el nuevo caballito de batalla del estudio DreamWorks en un presente colmado de mega producciones animadas.

    El desarrollo de la historia es un tanto predecible: Un joven adolescente llamado Hiccup vive en una violenta realidad de voluminosos vikingos que matan dragones para demostrar valentía. Su estilo de vida, sus creencias y opiniones no concuerdan con los de su nativa Isla de Berk. Entonces, el jefe del lugar –para colmo padre del muchachito- reniega de sus condiciones de vikingo. Pese a ello, cuando a Hiccup le toca entrenar, quiere demostrar a toda costa que puede ser un gran guerrero. Poco a poco éste irá cambiando su sentir dándose cuenta que matar dragones no es lo suyo, hasta finalmente conocer a un dragón herido que le replanteará por completo su ‘perspectiva guerrera’. La típica historia del ‘buenazo’ insertado en un contexto adverso y que, gracias a su condición de hidalguía, le cambia la vida a todos.

    Cuando en el mundo adulto oímos “DreamWorks”, muchos paramos la oreja. Es que, con productos cinematográficos como Kung Fu Panda (2008) o la citada Shrek, es casi per se la existencia de guiños made for adults. Sin embargo, a diferencia de esos ‘tanques’, esta obra es exclusivamente para niños (aunque, claro, los grandes –si se prestan- también la pasarán bien). Un evidente aspecto que, probablemente, el espectador entrenado notará sin mucho esfuerzo. Una decisión atrevida de la productora norteamericana teniendo en cuenta la respuesta de los mayores ante las películas-para-nenes-que-gustan-también-a-sus-papás.

    Basada en una serie de populares libros de Cressida Cowell (una escritora británica que ha perpetuado una buena suma de 10 libros en torno a Hiccup), Cómo entrenar a tu dragón tiene el interesante y nunca despreciable aditamento de las voces famosas: así, Jay Baruchel, uno de los simpáticos jóvenes de Nick & Norah: Una Noche de Música y Amor (Nick and Norah’s Infinite Playlist, 2008) será Hiccup Horrendus Haddock III, protagonista de la historia; el escocés Gerard Butler hará de Stoick, el Vasto, jefe de los vikingos; y la dupla adolescente de Super Cool (Super Bad, 2007) Christopher Mintz-Plasse (sí, el mismísimo McLovin) hará de Fishlegs y Jonah Hill de Snoutface Fishlegs, primo de Hiccup; en una selección de casting notable y actual, cuyo resultado es... cuanto menos, divertido.

    Utilizando al máximo los recursos en 3D, la película no defrauda en todos sus aspectos técnicos: especial atención a los vuelos donde los dragones se elevan por sobre el mar. De tal forma, este largometraje de civilizaciones primitivas se pone en la lista de aquellas atrevidas animated films post-Avatar que arremeterán en la taquilla posmoderna. Si bien está dirigida a la platea más joven -muy joven- Cómo entrenar a tu dragón posee la dosis justa de efectos visuales frescos que logran un buen producto de entretenimiento.
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  • Número 9
    Número 9
    EscribiendoCine
    Un buen día, nuestra creación, logrará despertar

    Es sabido que a Hollywood le gusta (y sobre todo le es rentable) filmar una y otra vez el fin de los tiempos. Sucede que cuando ya vimos entera la saga de Terminator (James Cameron), Avatar (Cameron otra vez) y hasta, por qué no, Wall-E (2008), lo que viene después debe ser –cuanto mínimo- audaz como para captar la atención de los espectadores. Así, con semejantes antecedentes, Número 9 (9, 2009) desliza su dinámica perspectiva sobre un tema por demás explorado: el hombre contra la máquina.

    En un futuro próximo (¡ejem!) un invento conocido como La Gran Máquina activa energías y da vida a un grupo de robots que se revelarán contra los humanos (¡ejem! ¡ejem!) aniquilándolos con un gas letal. No tardarán en destruir todo, pero –pese a ello- un pequeño montón de títeres de trapo intentará revivir a la humanidad. Relea: títeres de trapo con alma humana salvan a la Tierra de la destrucción. Aquí puede andar lo interesante.

    El John Connor, por llamarlo de una manera ‘familiar’, es Número 9 (Elijah Wood). Un stitch-punk (googlee y deléitese) con ínfulas de líder, el más listo y habilidoso de los ‘sobrevivientes’, quien deberá buscar al grupo que lo secunde (así, irán apareciendo paulatinamente: Número 1, Christopher Plummer; Número 2, Martin Landau; Número 3 y 4, dos mudos en ahorro financiero; Número 5, John C. Reilly; Número 6, Crispin Glover; Número 7, Jennifer Connelly y Número 8, Fred Tatasciore) para hacerle frente a los malvados aparatejos. La esperanza de supervivencia en manos de 9 muñecos de estética steampunk (visualmente de la época victoriana pero desde el llano futurista sci-fi). Distinto.

    Con una gran cantidad de escenas de acción (tengan en cuenta que es una película PG-13), la ópera prima de Shane Acker continúa la idea del cortometraje 9 (2005), dirigido en conjunto con Pamela Pettler (guionista, entre otras, de Monster House: la casa de los sustos y de El Cadáver de la Novia), donde una muñeca de trapo se enfrenta a un monstruo que ha robado el alma de su pueblo. Además, como gran aditamento, podemos señalar que el largometraje de Acker cuenta con música del gigante Danny Elfman. Buen cast de voces, buena música incidental y una entretenida nueva (¿nueva?) forma de ver el futuro.

    Tal y como fuera retratado en Inteligencia Artificial (Artificial Intelligence, 2001), lo desangelado del robot (llámese: máquina, autómata, aparato o iPod) se contrapone a los sentimientos humanos (claro, de vez en cuando se lobotomizan pero sentir, sienten). De esa forma, esta cinta de animación post-apocalíptica, producida por el gran Tim Burton (obviamente le perdonamos Alicia en el país de las maravillas) y llena de influencias notables (habría que ver cuándo y cómo es choreo), se defiende como una interesante posibilidad de ver al mundo –repetidamente- en CGI. Otra más.
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  • Un sueño posible
    Un sueño posible
    EscribiendoCine
    Ojo con la moral, negrito

    Dirigida por John Lee Hancock, creador de El Novato (The Rookie, 2002), película de Disney sobre baseboll con Dennis Quaid, quien también escribió el guión basándose en el libro “The Blind Side: Evolution of a Game”, de Michael Lewis, Un sueño posible (The Blind Side, 2009) tiene una sub-lectura peligrosa: los blancos salvan a los negros.

    Un sueño posible es la historia de Michael Oher (Quinton Aaron), un marginal afroamericano que será rescatado de la calle por una familia acomodada encabezada por Leigh Anne Tuohy (Sandra Bullock). Viviendo en un entorno que le es ajeno, Michael irá desarrollando habilidades como jugador de fútbol americano convirtiéndose en un héroe popular entre los jóvenes y en un producto codiciado por los seleccionadores universitarios.

    Los vínculos genéticos de Michael son sumamente disfuncionales: una docena de hermanos repartidos por el país, descentralizados por una madre adicta al crack. Al intentar sobrevivir tibiamente en la calle como un sufriente nómade, los Tuohy –una influyente y adinerada familia que decide adoptarlo- determinarán un nuevo presente al conflictuado adolescente presentándole la posibilidad de estudiar, desarrollarse intelectualmente y, sobre todo, insistirle en el deporte (motivo aparente que será el plot point de una trama liviana y sin demasiadas complicaciones vagantes entre reconocimientos excesivos y depresiones sin desenvolver).

    ¿Por qué los estereotipos siguen funcionando en la estructura comercial hollywoodense? ¿Por qué los afroamericanos son mostrados como gangstas y los blancos como civilizados pudientes? Esta “problemática continua” resta puntos en la credibilidad retratista (una historia que se comercializa como real, termina por ser vendida, pese a ser una “comedia familiar”, como un todos-hagamos-feliz-al-negrito de forma estrictamente superficial).

    Hay un personaje que es realmente simpático, un niño capaz de darle la cuota de onda a un elenco convencional, donde todo funciona en plan del éxito deportivo, entre emociones tibias, del muchacho protagonista, y es S.J. Tuohy (Jae Haed). Este pequeñito entrometido le pone la simpatía justa a un relato con la oportunidad de explotar pero que termina en las medias tintas de lo complaciente. Una perla a rescatar.

    Por otro lado, Sandra Bullock como la tutora de Michael Oher, Miss Sue, la señorita Tuohy, está tan regular que dan ganas de avisarle que está protagonizando una película con contenido social, demostrando con ello la pifia del cast. Sin embargo, pese a las oscuridades de la simplicidad (la linealidad del guión), la película se sostiene por lo entretenido de lo cotidiano y lo superlativo del desenlace: que Michael Oher esté en la universidad o jugando en la NFL poco le importa a todos (protagonistas y espectadores), lo que de alguna manera libera ciertas tensiones.

    Si bien la taquilla respondió positivamente en los Estados Unidos Un sueño posible, este film no comparte la coyuntura de la idiosincrasia nacional, por lo que puede costarle su aceptación en nuestro mercado. Conste: si va a ver una comedia de deportes, está bien.
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  • Preciosa
    Preciosa
    EscribiendoCine
    Ser madre en la periferia

    Las familias disfuncionales son un lugar cada vez más común en nuestra realidad cotidiana. Preciosa viene a mostrar (en lugar de sugerir, lo hace de forma cruda y certera) cómo se vive en los barrios satélites a la Gran Manzana (Nueva York es un estado muy poderoso de los Estados Unidos, pero también tiene un altísimo número de población carenciada, sobre todo afroamericana y latina).

    En Harlem, 1987, una joven obesa e iletrada llamada Claireece Precious Jones vive en un vecindario marginal soportando un duro presente: su madre se aprovecha de su nobleza, su padre la violó en continuas ocasiones y tiene hijos pese a sus decisiones. De cualquier manera, soportando el hastío constante de una vida en problemas, Precious intentará salir adelante aprendiendo a leer y buscando contención en una escuela alternativa.

    Atravesado por distintas problemáticas (pobreza, analfabetismo, incesto y maternidad bastarda) la película sostiene un ritmo trepidante que lleva a sufrir en carne los pormenores de la protagonista. Las escenas violentas son tan logradas y están tan bien ambientadas (un trabajo con los oscuros excelente) que hacen del largometraje un instintivo y visceral documental de contexto encubierto en brillante ficción.

    Nominada a 6 premios Oscar, el film Preciosa (Precious: Based on the Novel Push by Sapphire, 2009) posee un interesante nivel de poesía a la hora de evadir con imaginación problemas severos de la cotidianeidad. Cuando la protagonista está en momentos embarazosos, siempre imagina una existencia paralela junto con un buen hombre que la proteja. Un escape que la mantiene viva hasta las últimas consecuencias.

    Con un elenco repleto de mujeres influyentes y talentosas (la debutante Gabourey Sidibe como la adolescente que da nombre al título; Mo’Nique como una madre totalmente sacada; la bella Paula Patton como Miss Rain, personaje que intentará darle educación a la protagonista; Mariah Carey como Mrs. Weiss en un papel sobrio y destacado), Preciosa es la segunda película de Lee Daniels quien, además de contar con un destacado grupo de actores, tuvo la suerte de tener a, por ejemplo, Oprah Winfrey (la Susana Giménez norteamericana) como una de las principales productoras ejecutivas. Deambula también por el cast: Lenny Kravitz como un simpático enfermero.

    De carácter e intenciones “indie”, este drama del universo femenino encuentra su lugar en el mundo al anclarse en un espacio lamentablemente cotidiano: ser madre sin los recursos para serlo. Por otra parte, la calidad del film (en su todo gestáltico: guión, historia, interpretaciones, montaje y experiencias cinematográficas realistas) es directamente proporcional a la gente que está entrometida en el proyecto. Grandes talentos, algunos nuevos, otros consagrados, en el filme que va a arrasar en taquilla (si la conciencia acompaña). Enorme película.
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  • Tierra de zombies
    Tierra de zombies
    EscribiendoCine
    ¡Vienen zombies!

    Zombieland (2009) es una comedia moderna que posee los habituales conflictos adolescentes bajo la excusa liviana de un ataque de muertos vivientes en un mundo desfavorable y moribundo.

    Dos hombres sobreviven a un ataque de zombies. Uno, Columbus (Jesse Eisenberg), es frágil, metódico y obsesivo. El otro, Tallahassee (Woody Harrelson), es rudo, seguro de sí mismo y, como suele pasar, un tanto hueco. Ambos intentarán mantenerse con vida enfrentando a una Norteamérica apestada de zombies.

    En el medio, conocerán a dos mujerzuelas (Wichita, Emma Stone; Little Rock, Abigail “Pequeña Miss Sunshine” Breslin), unas hermanas astutas que se las arreglarán para pasarla lo-mejor-que-puedan en un presente adverso. Todos serán parte de este disfuncional convoy de sobrevivientes, quienes descubrirán, con el devenir de los acontecimientos, que un amigo fiel también es familia (aunque cueste fricciones revelarlo).

    Ruben Fleischer es el director de esta entretenida aventura, en la que el protagonista de Adventureland: Un verano memorable (Adventureland, 2009), Eissenberg, persiste en su registro actoral tontuelo (no menos naif, y siempre divertido) similar al de, por ejemplo, Michael Cera en casi todas sus intervenciones cinematográficas.

    El motivo de los zombies no se explica y poco importa. Éstos son sólo una excusa que sobrevuela en el ambiente. No es criticable, sino todo lo contrario: ¡Una comedia con zombies era necesaria! También, es inevitable la mención al genio absoluto de Bill Murray. Con un cameo divertidísimo, el astro de Los Cazafantasmas (Ghostbusters, 1984) hace de sí mismo en medio de la toma de su propio hogar mechando crossover con la vida real (“Acabo de ver a Eddie Van Halen en Hollywood convertido en zombie”.).

    Con una gran banda sonora (destacable: Band of Horses – No One’s Gonna Love You), Zombieland es el reflejo de que la comedia para adolescentes funciona y mucho, más allá de los gags localistas (el constante cacheteo a los “rednecks”, adjetivo despectivo que hace alusión al sureño norteamericano), en (casi) todo el mundo, con un lenguaje universal: el del absurdo.

    Una película con final feliz y sonrisa constante. Recomendada, sobre todo, para la pendejada.
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  • Vampiros del día
    Vampiros del día
    EscribiendoCine
    Ésta sí es una película de vampiros

    Es casi un hecho que una vez por semana tenemos en cartelera una película de vampiros. Lo bueno es que Daybreakers: Vampiros del día (Daybreakers, 2009) no repite esquemas sino que da vuelta la ecuación tradicional de marginalidad: aquí los vampiros son mayoría. Este híbrido terror-acción-aventura, escrito por los hermanos Michael Spierig y Peter Spierig, demuestra ser una alternativa válida al romanticismo naif de los chupasangres posmodernos.

    En el año 2019, una extraña plaga ha transformado a la mayoría de los humanos en vampiros. Su alimento es, por supuesto, la sangre humana, que escasea cada vez más ante el creciente número de vampiros. Mientras tanto, un investigador trabaja “de encubierto” en una banda de vampiros para salvar a la humanidad.

    Los pocos humanos que quedan son perseguidos como vacuno en extinción. Esta nueva realidad muestra a los vampiros dominantes en una inquietante similitud con la vida actual. La mayoría de las malarias y enfermedades han sido erradicadas, pero hay algo que sigue siendo letal: la luz del día. Ante este intento de civilización, también acontecen problemáticas actuales. Por ejemplo, existen vampiros outsiders (sí, ¡indigentes!) que no pueden sobrevivir y por eso se convierten en criaturas violentas y hostiles. ¿Qué diría un sociólogo al ver este retrato época?

    El apetito insaciable de los vampiros ha llevado a la población humana hacia el límite de la desaparición absoluta. Así, Edward Dalton (Ethan Hawke), un científico que presta servicios a un poderoso conglomerado farmacéutico, deberá encontrar una vía variante al consumo de sangre (algún alimento sintético) para la supervivencia del mundo. Sin embargo, después de conectarse afectivamente con algunos humanos, esa búsqueda no será –por si fuera poco- del todo fácil.

    El guión está cargado de vueltas de tuerca inesperadas, obra y gracias de los alemanes Spierig, que arremeterán con unas criaturas asquerosas que sorprenden hasta al más precavido. Éstos han trabajado fuertemente en un oscuro mundo identificable (pero a la vez lejano), algo posible pero disímil, un universo arriesgado y actual. O todo lo que no nos pudieron dar Crepúsculo (Twilight, 2008) y la serie de HBO True Blood.

    Con giros interesantes y aspectos metafóricos trillados, Daybreakers: Vampiros del día es un distinguido combo de acción y efectos especiales, cuyo elenco sostiene una trama ingeniosa (mención especial al siempre rendidor Willem Dafoe y al maloso de Sam Neill). Vale la pena gastarse unos pesos en verla.

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  • Halloween 2
    Halloween 2
    EscribiendoCine
    La excusa del asesino serial

    Michael Myers continúa con vida a pesar de creérselo muerto. En una cacería letal en busca de terminar con algunos asuntos familiares, Myers se carga a todo lo que tiene delante. Así, Halloween seguirá causando terror cada 31 de octubre.

    Por momentos, el film posa su mirada ante Laurie Strode (Scout Taylor-Compton), una joven de vida caótica y disfuncional, que hará las veces de protagonista incluso opacando –en minutos de pantalla, no en destreza visual- al mismísimo Michael Myers (Tyler Mane). Demasiado tiempo se pierde ahondando en psicológicas problemáticas de la fémina que poco hacen a la historia cuando lo que importan, en este tipo de películas, son las desventuras de los serial killers.

    Secuela de la remake de Rob Zombie acerca de uno de los personajes más terroríficos del slasher universal, esta película corresponde, en orden cronológico, pese a recordar bastante a la de 1981, a la continuación de la historia de Halloween (2007), también dirigida por el músico metalero y ocasional director. Además, según parece, será su última intervención dentro de la historia del asesino en serie ya que Patrick Lussier (el de la versión Hollywood de Sangriento San Valentín) será el encargado de hacer Halloween III para el 2011.

    Con un injustificado Malcolm Mc Dowell (dueño de una de las mejores interpretaciones en cine de la historia con su Alex de Large en La Naranja Mecánica), arrastrando un papel de Halloween (2007) que parece forzar el final de la secuela, y sin mucho que agregarle a la paradigmática saga de John Carpenter, Halloween II (2009) planea ser una vía alternativa de un personaje icono de los 80s pero cuyos mejores recuerdos han quedado en la memoria del nostálgico.

    El presente del film del director de La Casa de los 1000 Cuerpos (House of 1000 Corpses, 2003) plantea una acción cinematográfica carente de peso argumental (más allá del disfrute del “terror ochentoso not dead”) que poco tiene que ver con el Myers de los años ’78 al ’86 y mucho con el de Halloween H20: Veinte años después (Halloween H20: 20 Years Later, 1998) para acá.

    Algunos de los personajes del largometraje (Sheri Moon Zombie, esposa de Rob, como Deborah Myers; Chase Wright Vanek como el joven Michael y Brad Dourif como el Sheriff Lee Brackett) mantienen el matiz oscuro, entre melancólico y diabólico, que plantea Rob Zombie en sus intervenciones. No es mucho, pero vale la pena mencionarlo.

    Pese a “mantener vivo” el espíritu de una leyenda, la película tiene un curioso criterio de vagabundeo y reiteración constante que no la hace más que apenas entretenida. Una lástima. ¡Párenla con los curros!
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  • Avatar
    Avatar
    EscribiendoCine
    El ayer, fue hoy... mañana es ahora

    Avatar es un espectáculo, y hay que tomarlo como tal. Visualmente propone ser el futuro del 3D (y, si nos ponemos en vanguardistas, el futuro del cine), en tanto presenta novedades desconocidas para la platea mundial: un tipo de animación de avanzada nunca antes vista. Su carácter innovador aporta prodigiosas dosis de realismo, manteniendo a la audiencia excitada hasta el final (experiencia exacerbada por la calidad de las tres dimensiones y el sonido envolvente).

    Jake Sully (Sam Worthington) es un marine parapléjico que reemplazará a su hermano en una misión secreta como infiltrado de los Na’vi, una colonia de extraterrestres que ocupan el planeta Pandora, para obtener un preciado oro valuado en millones de dólares. Cuando Jake comienza a aprender el puro sentido de vida de los Na’vi, sus pensamientos y sentimientos virarán contra los de los terrícolas y sus intereses capitalistas.

    Poco y mucho podemos saber acerca del futuro. La paradoja supone un destino para todos compartido, el del caos en los tiempos que vendrán. La culpa no es otra que la del hombre y su codicia. El precio a pagar puede ser altísimo pero, parece, poco importa con tal de tener y conservar un estilo de vida perecedero y derrochero para con la naturaleza. Así, Avatar atraviesa la crítica de una sociedad impulsada por un macguffin estúpido e ineficiente: el poder del dinero.

    Narrativamente la película funciona perfecto en un nivel cinematográfico (actual). La primera hora muestra la destreza visual alcanzada por el moderno CGI (computer generated-imagery), sosteniéndose en el devenir natural de los hechos. En el segundo acto, la película alcanza el summum llegando a mostrar una de las mejores escenas de acción jamás filmadas (una sangrienta guerra entre los humanos y la civilización Na’vi). Para los amantes de la ciencia ficción, todo lo contiene: pensamientos filosóficos (dicen que la filosofía es, un poco, sci-fi), altas dosis de fantasía y exploración del espacio sideral. Cameron vuelve al mainstream de Hollywood, a lo grande.

    Las performances de los actores son correctas (se lucen Worthington y la morena Zoe Saldana como Neytiri, la heroína de la historia). Queda desaprovechada una Sigourney Weaver deambulando por la pantalla como un insert fashion en revista de fútbol. Su actuación no brilla como sí lo hace la del resto del cast. Por ahí, una lástima. La chica de Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979) cumple con su patrón pero sin onda.

    De seguro, la película le encantará al público “de acción”. Ese regodeo de los marines en decir frases carentes de contextualización pero fuertes en sátira (“Matémoslos a todos antes de la cena”) promete hacer delirar a quien se preste al juego. Para esta tarea, el largometraje cuenta con el notorio aval de Sthepen Lang (un actor duro de roer que siempre oficia como tal, ejemplos sobran: Jack Bennet en D-Tox (2002), con Sylvester Stallone; Charles Winstead en Enemigos Públicos (Public Enemies, 2009); mismo su Coronel Miles Quaritch en la última de Cameron) quien fomentará el espíritu enaltecedor de los soldados –como de costumbre, carente de neuronas y excedidos en esteroides- bajo el afán de destruir lo-que-venga.

    La nueva obra del director de Titanic (1997) y de Terminator 1 y 2 (The Terminator, 1984; Terminator 2: Judgement Day, 1991) posee con una importante (y poderosa) campaña mundial de marketing que ayudará a convertirla en uno de los blockbusters más grandes de la década (colaboran la fórmula ganadora y el hecho de que es una idea grandilocuente para el presente). Marche otro Óscar para James “soy el rey del mundo” Cameron, ¿apostamos?...

    Un entretenimiento asegurado. Una larga y absoluta demostración del poderío tecnológico de la raza humana. La oportunidad para ver el futuro, ahora.
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  • Actividad paranormal
    Actividad paranormal
    EscribiendoCine
    Casa embrujada, espíritu chocarrero y el devir del miedo

    Abocado hacia el miedo más primario, respondiendo al hechizo-encanto de la proyección cinematográfica moderna, Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007) refleja los percances de un matrimonio que, al mudarse a un nuevo barrio, sufre el acontecer diario de extraños fenómenos paranormales.

    Una joven pareja se muda a los suburbios de San Diego. Allí comenzarán a recibir las indeseadas visitas de fantasmas. Katie (Katie Featherstone) asegura que esa entidad paranormal la persigue desde pequeña. Para comprobar empíricamente lo que creen ilusión, Micah (Micah Sloat) compra una cámara de video para registrar todo lo que suceda en su hogar. Cada noche serán huéspedes de entidades fantasmales y su vida –nunca mejor dicho- cambiará para siempre.

    Las manifestaciones se presentan de formas variadas. Su representación más clásica es la del fantasma sin aparente forma física. Ruidos leves que progresivamente se convierten en agresivos, pisadas, objetos en movimiento –terrorífica escena la de la lámpara de techo-, entre otras intervenciones serán de la partida. Tan inexplicable como curioso, el morbo hará que cada vez más queramos ver aquel “fantasma” en acción, muy a pesar del padecimiento de los protagonistas.

    Oren Peli, novel director israelí, confió en una historia llena de improvisaciones que cuanto más naturales, más humanas. De ahí nace la identificación con el espectador, el hecho de que “esto podría estar pasándome a mí”. El recurso cámara en mano, la herramienta de la charla cotidiana, responden a un tipo de cine directo y sin rodeos, donde la autosugestión alimenta el devenir progresivo de la historia. La reciprocidad con el cine (en tanto arte audiovisual contemporáneo, cada vez más profesional incluso en el amateurismo) como hace tiempo no ocurría.

    Obviando intenciones netamente comerciales como lo fuera el mito del “video-tape entregado en manos de la policía”, símil historia real, la película resuelve su problemática en la entretenida hora y media de duración. El padecimiento (etimológicamente emparentado con el sufrimiento y el horror) vuela hasta la espina dorsal y se eleva hasta la nuca; ahí, donde los miedos son universales. El desafío es verla por la noche, ¿te animás?

    Este film, rodado como un pseudo-documental y con un bajísimo presupuesto -$15.000 dólares fueron suficientes-, tiene su estreno comercial en el año 2009, pese a ser una película del 2007, porque en el medio hubo ciertas tramoyas estratégicas que fueron posicionando a Actividad Paranormal desde el ignoto Screamfest Film Festival hasta las manos de Steven Spielberg y su posterior consecuencia de boom.

    Un dato fundamental: en los Estados Unidos, y sólo en el país del norte, la película recaudó más de 85 millones de dólares, superando ampliamente a su inmediato perseguidor, El juego del miedo 6 (Saw VI, 2009). Y no es poco para una película bajo presupuesto.

    Con un guión en apariencia simple, actuaciones realistas (cada personaje hizo de sí mismo, incluso respetando su nombre y apellido) y una representación del terror fantasmal harto completa, Actividad Paranormal va camino a convertirse en la nueva El Proyecto Blair Witch (The Blair Witch Project, 1999). Hará helar la sangre del espectador, de eso no caben dudas.
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  • 2012
    2012
    EscribiendoCine
    Sin final no hay paraíso

    La Tierra es destruida en el año 2012, tal como lo predecía el Calendario Maya. En 2009, unos científicos descubren severas anomalías en el Sol con consecuencias en el núcleo de la Tierra. De inmediato, los gobiernos mundiales se ponen en marcha para generar unas naves que sean las salvadoras en un “nuevo amanecer”.

    En el medio del Apocalipsis, una familia. Siempre hay una familia con pequeños rollos que intentan volverse tan importantes como la trama misma: una separación, un nuevo marido, lazos padre-hijo debilitados, un excesivo interés por el trabajo, serán pequeños indicios de humanidad en un cine catástrofe que todo lo tapa.

    El planeta se agrieta, los polos se magnetizan, el centro de la Tierra aflora creando súper volcanes, los mares sucumben ante la ferocidad de la naturaleza... pero siempre está el hombre. El animal con raciocinio que rompe y arregla. La parca y esperanza de la humanidad. El ser destructivo que siempre le encuentra la vuelta para sobrevivir. Sí, sólo en cines.

    Protagonizada por John Cusack como Jack Curtis, ese buenazo que cuida de sus hijos y salva al mundo, Amanda Peet como Kate, su ex mujer, esa que encontró nuevo novio y piensa que su primer marido está loco, y Chiwetel Ejiofor, un científico copado de esos que dan ganas de tener como amigo, 2012 se la juega para ser la gran novedad de esta época del año. En el cast, también figura Danny Glover como el presidente de los Estados Unidos (siempre manufacturado como más bueno que el pan, dando simbólicamente su vida por los demás). Buen elenco para una historia sostenida exclusivamente por lo sensual de la imagen.

    El cine de Roland Emmerich es espectacular. Siempre espectacular. El predominio absoluto de la imagen por sobre la historia supone una nueva filosofía del entretenimiento posmoderno. El director de 10.000 A.C. (10.000 B.C., 2008), El Día Después de Mañana (The Day After Tomorrow, 2004) y Día de la Independencia (Independence Day, 1996) sigue en su plan de ser el realizador de calamidades por excelencia.

    Aquí la trama poco importa. El espectador debe regalarle dos horas y media a la pantalla y de esa forma, sólo de esa forma, obtendrá el beneficio lúdico. Si alguien busca complejidades, que lo haga en otro estilo de cine. Esto es espectáculo, señores.

    Desde un sentido visual, nada puede reclamársele a Roland Emmerich, siempre cumple. Ahora bien, el guión es una fórmula matemática, es uno más uno igual a dos. Básico. Ante la amenaza de destrucción siempre están los norteamericanos que salvan al mundo, la familia tipo que sobrevive, una leve crítica al modo de vida destructivo; esto sostenido por groseros efectos especiales... y todos contentos.

    Pochoclos al por mayor con una leve intención de toma de conciencia.
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  • Aparecidos
    Aparecidos
    EscribiendoCine
    La maldición de la última dictadura

    Aparecidos (2007) es la historia de dos hermanos, Malena (Ruth Díaz) y Pablo (Javier Pereira), que viajan a la Argentina para filmar un papeleo de la casa de su padre y allí, una vez que vean a su progenitor a punto de morir, se dispararán una serie de crímenes ocurridos en el pasado que retocarán la realidad.

    Una familia es torturada y perseguida ante la mirada de los dos hermanos que intentarán salvarlos, sin aparente éxito, en diversas oportunidades. Los hechos se prestarán a confusión y, a partir de ese instante, el viaje será una pesadilla donde el presente y el pasado se confundirán violentamente.

    Para disfrutar el cine hay que prestarse. Bajar la guardia ante las historias, los guiones, las actuaciones y lo que propone cada película en particular. En el caso de Aparecidos, pasa lo siguiente: uno se relaja (o no) para disfrutar una película de “terror en carreteras” y de pronto se encuentra con una vuelta de tuerca que atraviesa a la dictadura militar en medio de apariciones fantasmagóricas.

    Siguiendo huellas cinéfilas infaltables e inevitables en una road movie de terror: es menester observar la escena de la persecución que desemboca en una cantina de pueblo para advertir su ligazón estrecha con films como Reto a la Muerte (Duel, 1977) o Carretera al Infierno (The Hitcher, 1986) y notar así que las referencias cinematográficas están bien utilizadas, no plagiadas. Es por ello que se siente el sello de autor no obstante se disfruta como cuando uno ve por segunda vez esas grandes películas; resultan positivos homenajes para la platea memoriosa.

    Ruth Díaz y (Javier Pereira, jóvenes actores de la madre patria, son una pareja con química. La hermandad de ficción los une, también su correcta actuación. Ambos generan la credibilidad necesaria que deben montar. Aparecidos es una película con dos protagonistas que, en repartija casi exacta de minutos en escena, logra llegar a una calma dentro del caos mismo. Es decir, el rol playing infiere en las situaciones y en su devenir (culposamente desordenado) gestando un buen concepto del miedo en la era del gran “cine de terror español”. Dos promesas a tener en cuenta.

    Es harto confuso el hecho de estar viendo una película de horror que vira hacia la denuncia, casi, sin proponérselo. Y eso es lo bueno de Aparecidos. La dictadura militar es un tema excusa, un alma matter mas no el principal protagonista. Los hechos sangrientos del film, situaciones de tortura fantasmal, son el contexto y no el fundamento. Entonces, la justificación del vínculo pasa por el espacio-tiempo; todo sucede en la actualidad conteniendo un anclaje directo en la década del ’70. Esa es la cuestión. Es una película total y absolutamente actual (el hecho de que sea una co-producción con España y Suecia bloquea cualquier otra lectura de fehaciente modernidad), y sus consecuencias también lo son...

    El lenguaje castizo de la dupla protagónica neutraliza los paisajes 'autóctonos' e incluso distancia de lo que podría ser una película de teror "made in Argentina", pasando a ser una película de terror "en Argentina", muy a pesar de que Paco Cabezas -debutante en su rol como director- sea español. Cine de España que toma idiosincrasia y situaciones argentas.

    El largometraje tiene, quizás, algunos minutitos de sobra que pueden confundirse con hachazo demagogo pero que se toleran con total normalidad. Es seguro: no faltará aquel que piense que "usan a la dictadura para hacer dinero", sin embargo la película se encargará solita de demostrar lo contrario.

    Si buscás algo diferente dentro del género de terror, ésta es tu película.
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  • El último verano de la boyita
    Inconfortablemente Mujer

    Casi como una nueva XXY (Lucía Puenzo, 2007), El último verano de la Boyita, retrata la intersexualidad trabajada de una manera intimista y cuidada en función de los personajes.

    La quietud marca su impronta. El verde da color. Allí, en el jardín de una casa de pueblo, una niña llamada Jorgelina intenta refugiarse, fisgoneo mediante, del “paso a la vida adulta”. Su hermana mayor, Luciana, será la barrera vincular hacia lo desconocido y el joven Mario, hijo de gente de campo, su compañero de lances.

    El mundo es complejo y obtuso según la panóptica de la protagonista. Duda, curiosea con libros y siente rechazo por su hermana mayor cuando se percibe excluida bajo la premisa desconocida de “querer privacidad”. La película en sí es un mundo privado, retratado desde la visión de Jorgelina, la niña, quien intenta penetrar en el sub-mundo de los “secretos” sexuales. Tal curiosidad sobre lo propio-ajeno la lleva a apegarse a Mario, quien bajo desconocimiento ignora realmente cuál es su identidad. Transitar el fin de la infancia no es justamente un trámite y de eso dan fe los chicos del film.

    El tema de la película plantea un debate sobre género, sin embargo, no se lanza de lleno subrayando algo amenazante, sino que lo trabaja desde una visión progresiva que avanza sutilmente con el correr de la historia llegando al límite cumbre sobre la hora del film (momento donde se conoce realmente cuál es el “problema”).

    Un dato no menor es el hecho de que los co-productores de El último verano de la Boyita son los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar (y su productora El Deseo), cuestión que habla positivamente del cine nacional validando y apoyando este tipo de proyectos; apostando por un cine diferente y humano.

    La directora Julia Solomonoff , cuya opera prima ha sido la internacionalmente reconocida Hermanas (2005), trata la filosa temática desdramatizada (lejos) de cualquier tragedia absoluta. Gracias a todo esto, El último verano de la Boyita es una opción a considerar en esta indecisión generada por una liosa catarata de estrenos.
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  • El juego del miedo 6
    El juego del miedo 6
    EscribiendoCine
    Otra vez sopa...

    El juego del miedo 6 (Saw VI, 2009) es la, se supone, anteúltima entrega de la saga gore más espectacular de los últimos años. Siguen los juegos macabros, los flashbacks confusos y el asedio asfixiante de un asesino serial peligroso aún muerto.

    Ante el fallecimiento del agente Strahm (Scott Patterson) y la emergente figura del detective Hoffman (Costas Mandylor) como sucesor natural de Jigsaw (Tobin Bell), todos los acertijos mortales tendrán un poco más de sentido. Sin embargo, ante la persecución de la Brigada de Investigación Criminal se obligará a Hoffman a poner en marcha un rebuscado juego que dará soluciones ideológicas a los problemas de la carne.

    El ser humano pensante tiene la capacidad de cansarse ante la repetición. Comidas, colores, olores, relaciones, rutinas y, por supuesto, imágenes son algunos de los responsables del exhaustivo deterioro del factor sorpresa. En este caso, El juego del miedo 6 evapora cualquier rastro de novedad apostando a lo seguro: masacramiento humano y enigmas sin resolver.

    Por si fuera poco, en enero comienza la filmación de la séptima (sí, leyeron bien ¡7!) que vendrá en 3D (definitivamente se va hacia la resonancia visual y la perdida de la forma). Las voces populares se dividen entre el abuso y la rentabilidad en el entretenimiento. Considerando que Viernes 13 tiene 16 versiones (contando todos sus spin-off) y Halloween 9, creemos que El Juego del Miedo va en ese plan y éste es, con la salvedad aclarada de que cada vez es más para fanáticos del género y no una película popular, ir hacia una eternidad legitimada por el villano y su quehaceres. Jigsaw es el mayor responsable de la perpetuación de una serie que podría haberse acabado en una secuela (o a lo sumo, en una trilogía).

    En esta entrega se responden algunos interrogantes que han quedado flotando en películas anteriores. El juego del miedo 6 propone cerrar problemáticas tangenciales que venían sosteniéndose en litros de linfa y gratuidad sádica.

    La película en sí no da respiro hasta la última escena. El director Kevin Greutert (antiguo editor de toda la saga de Saw) nos da un espectáculo visual superior a la 5 (esa nebulosa donde todo se parece y poco aclara) y un ritmo trepidante en los 90 minutos del film. Eso no puede negarse, obviando el mencionado factor sorpresa, la película responde a las expectativas del amante del cine de terror.
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