Felipe Quiroga
  • Cantidad de críticas: 23
  • Promedio: 65%
  • Críticas favorables: 18/23 (78%)
  • Críticas desfavorables: 5/23 (22%)
  • Diferencia absoluta: 10%
  • Email de contacto: No disponible
  • Twitter: @DoctorFeta
  • Medios donde critica: CiNerd, La Gaceta
  • Essential Killing
    UNA HISTORIA SOBRE LA VIOLENCIA

    Breve y silenciosa, por momentos intencionadamente abstracta, y también dura. Así es ESSENTIAL KILLING, la película dirigida por el polaco Jerzy Skolimowski y protagonizada por Vincent Gallo. El film, que tiene más de drama que de película de acción, cuenta la historia de Mohammed, un talibán que es capturado por el ejército de Estados Unidos en Afganistán y después torturado en una prisión. Durante un traslado, el vehículo en el que es llevado el cautivo sufre un accidente: el protagonista queda libre y debe huir por bosques nevados. Allí, mientras es perseguido por los militares, descubrirá de todo lo que es capaz con tal de sobrevivir. Esta no es sólo una historia violenta, también es una historia sobre la violencia.
    Además de la obvia crítica política, ESSENTIAL KILLING trata otros temas, como la invasión como concepto, es decir, la existencia de un elemento en un medio que le es extraño y el resultado que esto tiene desde dos puntos de vista diferentes: por un lado, el ejército de Estados Unidos como una fuerza invasora y avasalladora en Afganistán; por el otro, el personaje principal, obligado a sobrevivir en medio de la crudeza de lo salvaje, rodeado por un ambiente totalmente desconocido para él. Así, el talibán se verá forzado por sus perseguidores a degradarse, a bajar escalones evolutivos y a actuar sin tener en cuenta las consecuencias morales de lo que hace.
    Otro gran protagonista del film es el escenario donde se desarrolla la historia: nieve, viento, frío, montañas, ríos de agua helada, árboles y más árboles. La naturaleza simplemente está allí, sosegada, no expulsa a Mohammed ni busca dañarlo, algo que se evidencia con las muchas escenas en las que vemos a diferentes animales contemplando pasivamente al protagonista. La naturaleza no responde a las agresiones (por ejemplo, se ve cómo los leñadores cortan árboles): los únicos que atacan son los seres humanos. También hay una escena con una trampa para animales que muestra cómo la humanidad daña incluso sin estar presente. La raza humana es presentada como una entidad agresiva, que penetra con violencia, que interviene, que modifica: que haya ciertos gobiernos que actúan de esa misma manera no es pura coincidencia.
    Si bien la película plantea ideas interesantes, la forma de presentarlas no es demasiado atractiva. Aunque es bastante corta (no llega a la hora y media), ESSENTIAL KILLING puede resultar algo lenta y su estructura es bastante lineal (aunque hay algunos flashbacks y también atractivas secuencias de alucinaciones): se muestran sucesivamente los momentos en los que Mohammed va perdiendo su humanidad, cada vez con mayor intensidad, como si el personaje fuera un palo que se va afilando hasta convertirse en una lanza. Algunos puntos a favor del film son una bella fotografía, la actuación de Gallo (que logra transmitir la desesperación de su personaje a base de silencios y miradas) y un final desolador. Pero nada de esto alcanza para redondear la película.
    Lo que ESSENTIAL KILLING busca es mostrar que la violencia sin sentido es un producto exclusivo del género humano. El hombre tiene en su esencia algo que lo diferencia del resto de los animales: sólo nosotros somos capaces de responder a la violencia con más violencia, en un espiral infinito y absurdo. La naturaleza (inmóvil, inmutable, majestuosa) contempla, sin entender, cómo la raza humana se sigue desangrando a sí misma.
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  • Comando especial
    REBELDE WAY

    En un momento de COMANDO ESPECIAL (21 JUMP STREET), el capitán de la Policía dice en referencia al regreso de un programa de operaciones encubiertas: "Los tipos a cargo de esto carecen de creatividad y están completamente sin ideas, así que todo lo que hacen ahora es reciclar mierda del pasado y esperar que nosotros no lo notemos". Esta frase, un clarísimo palo a la fiebre de remakes y adaptaciones que padece Hollywood, es clave para entender el espíritu festivo y autoconsciente de esta película. Los directores Phil Lord y Christopher Miller, inteligentemente, eligieron encarar esta adaptación de una serie de TV de los años 80’ sin tomársela muy en serio.
    En la secundaria, Schmidt (Jonah Hill) era el clásico loser y Jenko (Channing Tatum), el popular y abusador. Pero el tiempo pasa, se hacen amigos y entran juntos a la Policía. Durante su primer patrullaje, intentan arrestar a una banda de motoqueros y todo sale mal. A modo de castigo son enviados a participar de una operación encubierta para detener el tráfico de una nueva droga en una escuela secundaria. Los policías deberán hacerse pasar por adolescentes para tratar de resolver el caso desde adentro.
    Lo destacable es la manera en la que el film juega con los lugares comunes: no cae en los estereotipos, sino que los subraya para eludirlos y también para burlarse de ellos. COMANDO ESPECIAL se ríe de los clichés de las películas de acción y del sub-género de las buddy-movies, aunque cede ante el esperable cambio de roles -el loser se vuelve popular-, algo ya visto en JAMÁS BESADA (NEVER BEEN KISSED, 1999), en la que una periodista era la infiltrada.
    La presencia de un genial Jonah Hill y el estilo del humor (zarpado y en ocasiones hasta escatológico), sumado a los temas tratados (principalmente la amistad entre varones y las consecuencias de crecer), inscriben a COMANDO ESPECIAL dentro de la nueva comedia americana, corriente que cuenta entre sus principales exponentes a Judd Apatow y a Todd Phillips (¿QUÉ PASÓ AYER?). Si les gusta algo de ese humor, COMANDO ESPECIAL resultará tan entretenida como una buena fiesta entre amigos.
    COMANDO ESPECIAL tiene una pareja de protagonistas con buena química, varios chistes que funcionan, divertidos momentos de humor físico y muy absurdo (como cuando los policías infiltrados sufren los efectos de la droga que investigan), y algunas sorpresas destinadas a los seguidores de la serie de TV. El film entretiene con buen ritmo, aunque las mejores ideas están en la primera mitad: en la segunda, y sobre todo en el desenlace, cae en fórmulas ya conocidas. Sin embargo, nunca pierde el tono burlón: hay algo de despreocupación y desenfado adolescente en esta película, que se ríe de todos e incluso de sí misma. Así, nadie puede quedarse afuera de las carcajadas.
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  • Los vengadores
    SUPERPODEROSA

    Y llegó el día. Un día como ningún otro, en el que Marvel logró el objetivo que se había planteado hace más de cuatro años: llevar esa sensación de universo compartido que hay en sus historietas a la pantalla grande, todo un hito en el cine de superhéroes. “La Casa de las Ideas”, como se conoce a la compañía, había iniciado el ambicioso plan con las adaptaciones cinematográficas de sus cómics: IRON MAN: EL HOMBRE DE HIERRO (2008), HULK: EL HOMBRE INCREÍBLE (2008), IRON MAN 2 (2010), THOR (2011) y CAPITÁN AMÉRICA: EL PRIMER VENGADOR (2011). El resultado es muy satisfactorio: LOS VENGADORES (THE AVENGERS) es una película divertidísima, intensa, graciosa y con buenos momentos nerd. El director y guionista, Joss Whedon, pudo canalizar poderes y egos en una simpática superproducción (nunca mejor dicho), con efectos especiales sorprendentes.
    Para que fuera necesario convocar a los héroes más poderosos de la Tierra, la amenaza tenía que ser lo bastante grave. Y lo fue: luego de haber sido derrotado en THOR, el villano Loki aparece en las instalaciones de SHIELD y “hechiza” a Hawkeye (Jeremy Renner) para que lo ayude a robar el Tesseract (el poderoso cubo mágico visto en CAPITÁN AMÉRICA: EL PRIMER VENGADOR). Con este artefacto, el asgardiano tratará de abrir un portal dimensional que permita la entrada a nuestro mundo de una raza extraterrestre. Ante semejante quilombo, Nick Fury (Samuel Jackson) y Black Widow (Scarlett Johansson) reclutarán a los héroes para salvar el planeta: Iron Man (Robert Downey Jr), el Capitán América (Chris Evans) y Bruce Banner/Hulk (Mark Ruffalo). Después se unirá a ellos el dios del Trueno, Thor (Chris Hemsworth).
    El argumento del film es simpático, aunque simple. Algunas cosas se resuelven de manera demasiado fácil, como la vuelta de Thor a nuestro mundo: recordemos que el puente que unía Asgard con la Tierra se había destruido, algo que parecía muy grave, oh, cómo volveré a ver a mi Thor, se preguntaba Natalie Portman, buh, buh, y todo eso. Resulta que ahora es suficiente con una línea de diálogo para explicar el regreso del rubio. También es demasiado sencilla la forma en que se soluciona (¡SPOILERS!) el hechizo de Loki sobre Hawkeye: alcanza con un golpe en la cabeza (FIN SPOILERS). Sin embargo, se destacan los geniales diálogos, algunos a modo de homenaje al cómic o auto-referenciales. Además, es interesante que el relato trate sobre un supergrupo que no quiere serlo, una clara referencia a la historieta de Los Vengadores, donde nunca faltan los roces entre los miembros del equipo. Esto de que al comienzo no se banquen mucho entre ellos da lugar a divertidas escenas de discusiones y, obviamente, a impresionantes luchas cuerpo a cuerpo, nérdicamente disfrutables.
    Si bien la película está plagada de buenos momentos, hay para destacar dos grandes secuencias por su intensidad y por el asombro que generan: la que sucede a bordo del Hellicarrier, el portaaviones volador de SHIELD, y la alucinante batalla final, donde los efectos especiales y la buena dirección de Whedon logran introducir al espectador en el centro del caos. Lo mejor es la manera en la que el film alterna entre la acción y el humor, dos características siempre presentes en las películas de Marvel. Además, no faltan escenas para que se luzcan todos los personajes, incluidos los sin poderes (¡pobres!), pero es Hulk quien, sin dudas, se roba la película.
    Actoralmente, el excéntrico Tony Stark, del siempre efectivo Robert Downey Jr., es el personaje representado con más soltura. Pero también resulta acertada la conmovedora interpretación de Chris Evans como ese Steve Rogers totalmente fuera de su tiempo, si bien su voz de mando se hace escuchar de forma creíble cuando los Vengadores requieren un líder. El malvado Loki cobra vida gracias a un Tom Hiddleston de gestos despreciativos y soberbia divina en la mirada: el rol le sienta bien al actor, como ya lo demostró en THOR. Sorpresivamente, Samuel Jackson no aparece en su mejor forma como Nick Fury: el personaje es muy bad-ass, sí, pero en ocasiones expresa sus líneas de diálogo sin mucha convicción, como si no entendiera lo que dice (por ejemplo, cuando se refiere al Tesseract). Habría sido mejor verlo más suelto, como en IRON MAN 2, y no tan encorsetado por el guión.
    La película vuelta tan alto como Iron Man o Thor, impacta tanto como Hulk y nos inspira a creer en los héroes tanto como una arenga del Capitán América: LOS VENGADORES está totalmente a la altura de las expectativas. Se le podría criticar la ya mencionada simpleza del guión y que el formato 3D sólo se aprovecha en las escenas de vuelo de Iron Man o en el ataque de las naves extraterrestres (tranquilamente uno la puede ver en 2D sin perderse nada). Pero es un film con el superpoder de maravillar: Marvel replica en los cines lo que se lee en las viñetas y, de una historieta, hace historia.
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  • Diario de un seductor
    RON DEMASIADO DILUIDO

    El ron se puede tomar con agua, pero si se le agrega demasiada, la bebida no queda muy bien: algo así sucede con DIARIO DE UN SEDUCTOR (THE RUM DIARY), una adaptación diluida de la novela en la que se basa. Johnny Depp vuelve a ponerse (en) la piel de uno de los álter-egos del periodista y escritor Hunter S. Thompson (como ya lo hizo en PÁNICO Y LOCURA EN LAS VEGAS) en esta película deslucida, en la que sólo se destacan la belleza de los paisajes, algunas actuaciones y un puñado de escenas (como el escape de los anti-gringos, el desafío de la sexy Chenault en el auto o la secuencia en que el protagonista prueba una droga). Hay que reconocer que la novela original, “Días de ron” (o “El diario del ron” según la traducción), no es ninguna obra maestra e incluso muchos de los problemas del guión ya estaban presentes en el libro (como una historia demasiado errática y vacilante). Sin embargo, algunos de los elementos más interesantes del texto de Thompson son desaprovechados y la película termina siendo una versión insulsa, como ron con demasiada agua.
    Paul Kemp (Depp) es un joven periodista yanqui que, durante los años 60, se va a vivir a Puerto Rico y entra a trabajar a un diario en decadencia. Allí irá conociendo a sus compañeros de trabajo, el fotógrafo Sala (Michael Rispoli) y el pirado Moberg (Giovanni Ribisi), con quienes compartirá varias copas. La película muestra la desastrosa vida que lleva Kemp y la relación que irá naciendo con el empresario Sanderson (Aaron Eckhart), quien le ofrece un trabajo demasiado bien pagado a cambio de unos favores que comprometen la integridad profesional del periodista. Kemp también empezará a sentirse atraído por Chenault (Amber Heard), la sensual novia de Sanderson, y las cosas se pondrán peligrosas. Bueno, no tanto.
    Depp muta nuevamente en Thompson en una brillante actuación. No era para menos: ambos eran amigos cuando Hunter estaba vivo y Depp ya había demostrado qué bien que le salía el papel del creador del periodismo gonzo (en el que cual el narrador es protagonista y hasta catalizador de los hechos) en PÁNICO Y LOCURA EN LAS VEGAS (FEAR AND LOATHING IN LAS VEGAS, 1998), de Terry Gilliam. Y si pueden, busquen en YouTube algún video de Thompson hablando y verán que Depp imita su forma de hablar y gestualizar a la perfección. En cuanto al resto de las actuaciones, sobresalen Richard Jenkins como Lotterman (editor del periódico), Rispoli como el muy compinche Sala (que contribuye con algunos de los momentos más graciosos) y especialmente Eckhart como el oscuro Sanderson. Pero la (sobre)actuación de Ribisi como Moberg es para el olvido: sus gestos exagerados convierten al personaje en una caricatura que no encaja con el resto de las interpretaciones.
    Lo que sigue es un fragmento de una reseña (que escribí hace un tiempo) sobre la novela en que se basa la película: “El libro es el diario de un desamparado, que transpira alcohol y una anormalidad casi heroica. Un periodista que se escapa de sí mismo, que se pierde en borracheras de ron para no encontrarse, para evitar responderse. La historia es lo de menos: las vivencias y las palabras esconden a un hombre torturado por sí mismo y por su entorno, del que no puede -o no quiere- salir. A Kemp no le importa nada. Escribe las noticias en un diario que está a punto de fundirse, gasta sus sueldos en fiestas y alcohol, y cuando se da cuenta de que comienza a instalarse, a detenerse (se compra un auto, un departamento), prefiere seguir corriendo y escapar a quién sabe dónde. Porque siempre está con un pie afuera, aunque sin un destino fijo. Kemp se rodea de personajes tan tristes como él, y vive el ‘ahora’, quizás, por miedo a no saber qué vendrá después”. Ese texto no parece algo que pueda aplicarse a DIARIO DE UN SEDUCTOR: el director y guionista del film, Bruce Robinson, no logra transmitir las mismas sensaciones que la novela. Por el contrario, añade elementos que diluyen la atroz melancolía del relato y cambian su sentido: la prueba máxima es el estúpido e innecesario mensaje sobreimpreso que aparece al final, antes de los créditos, casi un “vivieron felices para siempre” con el que Hunter S. Thompson probablemente no hubiera estado de acuerdo.
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  • El líder
    El líder
    CiNerd
    ES UNA LUCHA

    EL LÍDER (THE GREY) es un film sobre la lucha: los personajes, acechados por una manada de lobos en la desolada Alaska, se debaten entre pelear por su vida o rendirse y morir. Pero también hay otras batallas: la de un Liam Neeson peso pesado contra un guión que es como una capa de hielo quebradizo; la de la película contra sí misma, en una lucha por definir su propia esencia; la del director Joe Carnahan contra los clichés y las truchadas del cine clase B, un combate en el que por momentos vence, en otros pierde y en otros, directamente, se deja ganar.

    Los sobrevivientes de un accidente aéreo, todos compañeros de trabajo de una refinería de petróleo, despiertan en medio de la nada blanca que es Alaska. Liderados por el duro Ottway (Liam Neeson) deberán sobrevivir al acecho de una manda de feroces lobos, al clima atroz y a ellos mismos. Pero la lucha más importante que propone la película es aquella contra el miedo, contra todo lo que nos paraliza. Así, el lobo es un terror real, pero también metafórico: este miedo encarnado hace, entonces, una curiosa parábola que parte de los cuentos infantiles (y, porque no, de los temores de los primeros seres humanos) hasta llegar a este relato cruel y espeluznante sobre un grupo de hombres en una situación límite: la civilización ya no existe para ellos, están desnudos ante lo salvaje ¿Cómo sobrevivir a algo así? Tienen que volverse tan animales como los lobos que los persiguen, despojarse de toda su humanidad hasta que sólo quede ese impulso primitivo de seguir luchando. Pero no es algo fácil de lograr: hay consecuencias de llevar a cabo esa transformación y no todos lo lograrán.

    La película en sí misma también sigue una curiosa trayectoria: hay un comienzo existencialista y conmovedor en el que Liam Neeson se luce como el sufrido Ottway, no sólo con su actuación, sino también con la voz en off. Después sigue un accidente aéreo poco aprovechado (que en cuanto a intensidad sale perdiendo si lo comparamos con escenas similares en el film ¡VIVEN! o en la serie “Lost”) y el comienzo de la lucha por sobrevivir: el caos post-choque, los clásicos roces entre el autoproclamado líder y aquellos que no están de acuerdo con él, los lobos, las persecuciones y algunas escenas que pretenden ser emotivas pero no lo logran (como la muerte de algunos personajes). Recién al final nos encontramos con esa otra película que estábamos viendo al principio, con un Neeson grandiso, totalmente protagonista de fuertes momentos emocionales (y hasta me atrevería a decir poéticos), magistralmente subrayados con una banda sonora que conmueve. El problema de EL LÍDER es todo lo que hay entre el inicio y ese final.

    Los lobos, los otros grandes protagonistas del film, no funcionan. Se nota demasiado su artificialidad: los movimientos de las bestias no están bien logrados ni cuando son animatronics (marionetas mecánicas) ni cuando están hechos en computadora. Al comienzo, Carnahan, sábiamente, no deja que veamos a los lobos, que acechan desde la oscuridad. Un buen ejemplo es la escalofriante escena en la que Ottway levanta una antorcha y el brillo del fuego se refleja en los ojos de los animales, cuyas siluetas apenas se visulmbran en la negrura. Pero Carnahan, también co-guionista del film, decide que los lobos se dejen ver más adelante y ya no dan tanto miedo: se mueven de forma poco natural y, en algunos momentos, llegan a ser ridículos. Una pena.

    Es para destacar el buen uso del sonido que hace la película. Por ejemplo: el miedo y la tensión se logran sólo con los aullidos y gruñidos, mientras la cámara filma el bosque; no hace falta nada más. También está bien conseguida la sensación de desamparo ante el fuerte e inclemente viento de Alaska, tanto que casi parece traspasar la pantalla.

    EL LÍDER da un par de buenos golpes: contrapone las pulsiones de vida y de muerte, se atreve a lanzar una feroz reflexión sobre la fe, se cubre inteligentemente de las probables comparaciones (como cuando los sobrevivientes del accidente hablan de la posibilidad de comerse a los muertos como en ¡VIVEN!) y hay momentos en los que genera buenos climas de suspenso y terror con casi nada. Pero todos esos componentes a favor quedan diluidos entre los repetitivos ataques de los lobos, un guión con algunos fallos y estupideces (como el momento en que tienen que cruzar un precipicio) y personajes secundarios bastante apagados que se limitan a morir de a uno por vez. EL LÍDER no ganó, pero dio pelea. Joe Carnahan, el director, seguro volverá a intentarlo: la lucha sigue, siempre.
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  • El príncipe del desierto
    EN BUSCA DEL OASIS

    A veces les pasa a los que caminan con sed por el desierto: ven, a lo lejos, un oasis, con palmeras que prometen una necesaria sombra y un manantial de agua dulce y refrescante para saciarse. Corren con sus últimas fuerzas, caen de rodillas y beben frenéticamente: a veces, se trata de vistosos -pero decepcionantes- espejismos; a veces no. En EL PRÍNCIPE DEL DESIERTO (BLACK GOLD), hay una muy buena ambientación, una espléndida fotografía y un imponente despliegue de producción que apunta a emular la épica de grandes clásicos “desérticos” anteriores, como LAWRENCE DE ARABIA (LAWRENCE OF ARABIA, 1962). Sin embargo, una historia algo pesada y ciertos fallos que afectan la verosimilitud hacen que la película tenga más de desierto que de oasis.
    El film cuenta la historia de dos líderes árabes que se enfrentan por un territorio conocido como “la Franja Amarilla”. Para llegar a una tregua, el Sultán Amar (Mark Strong) entrega a sus dos hijos a su rival, Nesib (Antonio Banderas), para que los críe, pero también para que los mantenga como rehenes y así asegurar la paz. La otra parte del trato prohíbe a ambos todo intento de apropiarse de la Franja Amarilla. Años después, los representantes de una compañía estadounidense le ofrecen a Nesib extraer el petróleo que hay bajo la tierra de la zona que había estado en disputa. El soberano, seducido por las futuras riquezas, acepta: su decisión detonará una serie de conflictos que afectarán la vida de todos los personajes, especialmente la del joven Auda (Tahar Rahim), el debilucho y nerd hijo de Amar.
    No hay nada para criticarle a la película en cuanto a ambientación, locaciones y vestuario, todos muy bien logrados. Los problemas del film vienen por otro lado: la historia, adaptación de una novela de 1957, se vuelve algo pesada y la duración del film se siente excesiva. También hay otras cuestiones que afectan la verosimilitud. Aunque no nos vamos a quejar porque todos los personajes árabes hablan en inglés (eso lo hace Hollywood desde hace años y ya está totalmente aceptado), la elección de actores de diferentes nacionalidades (Banderas es español, Strong es inglés, Frieda Pinto es hindú y la mayoría de los secundarios son verdaderos árabes) lleva a un caos de acentos bastante berreta. Por otra parte, a veces los personajes se refieren a su dios como “Alá” (lo cual sería lo correcto) y, en otras ocasiones, directamente dicen “Dios” (God, en inglés). Sí, quizás podrían significar nimiedades para algunos, pero estos aspectos dañan la bien lograda ambientación y no permiten que uno como espectador se compenetre totalmente con la historia.
    Las actuaciones de Banderas y Strong son acertadas: Banderas compone, con gestos de desprecio, a un Nesib que conoce los manejos políticos y que se muestra superior a los demás. Pero el actor también es capaz de plasmar las otras caras de su personaje (por ejemplo, al final), no sin caer, a veces, en ciertas exageraciones actorales que le restan credibilidad a su papel. Strong, quizás un escalón más arriba que Banderas, interpreta con oportunos silencios y miradas cargadas de intensidad al profundo y derrotado Amar, pero algunas líneas de diálogo resultan demasiado presuntuosas para este tipo de película. Tahar Rahim como el protagonista, el príncipe Auda, es más sólido como la versión nerd/débil/inocente del personaje que en su modalidad “héroe de guerra”, pero hay que decir que el recorrido de Auda tampoco es demasiado creíble (aunque esto está vinculado al pretendido estilo de película épica y de aventuras). Lo de Frieda Pinto es lamentable y lo más preocupante es que se viene haciendo costumbre: como en INMORTALES (2011) y en EL PLANETA DE LOS SIMIOS: (R)EVOLUCIÓN (2011) su rol es meramente ornamental y la relación amorosa entre su personaje y Auda sólo se podría describir como insustancial.
    EL PRÍNCIPE DEL DESIERTO, dirigida por el francés Jean-Jacques Annaud (EL NOMBRE DE LA ROSA; SIETE AÑOS EN EL TIBET), es una película que habla sobre la lealtad, las relaciones entre padres e hijos y lo difícil que son los cambios. También pretende dejar un mensaje –algo superficial- en contra del capitalismo y confronta dos formas de ver el mundo. Quizás lo más valioso sea esto último: poder conocer en una superproducción una forma de pensar diferente. La escena en la que Auda debate con líderes ancianos qué hacer con el petróleo, con citas al Corán incluidas, es un buen ejemplo de cómo el film lleva a la reflexión. En conclusión, EL PRÍNCIPE DEL DESIERTO logra saciar sin dejar satisfecho al espectador, que, como un caminante del desierto, tendrá que seguir buscando un oasis.
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  • Furia de titanes 2
    ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

    FURIA DE TITANES 2 (WRATH OF THE TITANS, 2012) redime algunos de los pecados de la floja primera parte y sale del Infierno de los bodrios, pero no le alcanza para ganarse un lugar en el Cielo de los buenos films. Así, aunque por momentos entretiene, FURIA DE TITANES 2 sólo consigue meterse, medio a los empujones, en el purgatorio cinéfilo.

    Han pasado diez años de la aventura de la primera parte y el semi-dios Perseo (un pétreo Sam Worthington del que ya no esperamos nada) ha decidido llevar una vida tranquila, alejado de los quilombos mitológicos. Ahora se dedica a pescar junto a su hijo y no va nunca al peluquero, como lo demuestran sus rulos rebeldes. Pero cuando su papá Zeus (Liam Neeson) es secuestrado por Hades (Ralph Fiennes) y Ares (Edgar Ramírez), Perseo deberá desempolvar su espada y volver a ponerse la armadura: tendrá que viajar hasta el Inframundo y evitar que el titán Cronos sea liberado. En su misión, lo ayudarán el semi-dios Agénor (Toby Kebbell), la reina Andrómeda (Rosamund Pike) y el dios caído Hefesto (Bill Nighy).

    Con buen despliegue de efectos especiales y asombrosos set-pieces (el Inframundo, el laberinto, el campo de batalla al final), FURIA DE TITANES 2 es visualmente impactante, pero no aporta nada desde el guión: la historia es chata, previsible, sin sorpresas. ¿Algo a favor? En comparación con la primera parte, hay menos seriedad y más humor, por obra y gracia casi exclusiva del personaje “chistoso” (el comic relief, si quieren algo más técnico): Agénor, una especie de Jack Sparrow griego medio gonca, que es en realidad hijo de Poseidón y cuyo rol se reduce a tirar unos cuantos chistes, aunque sin carisma. El intento es válido porque, cuando FURIA DE TITANES 2 se pone solemne y/o sentimental, con historias de padres e hijos o de hermanos, sencillamente apesta a rayos. Y ni hablar de la absurda ¿historia de amor?, con beso y todo, entre (SPOILERS) Perseo y Andrómeda, como si fuera obligatorio recrear el romance de la CLASH OF THE TITANS de 1981 (FIN DE SPOILERS).


    Volvamos a las actuaciones: Neeson y Fiennes (este último, lamentablemente con menos tiempo en pantalla) le ponen el pecho a la fantasía e interpretan sus papeles con seriedad, inmunes al ridículo a pesar de las barbas, las capas y los rayos. Nighy brilla apenas unos minutos como el loco Hefesto: cuando empieza a convertirse en lo mejorcito del film, es retirado de la aventura por decisión de esos dioses autoritarios que son los guionistas.


    El director, Jonathan Liebesman (LA MASACRE DE TEXAS: EL INICIO; INVASIÓN DEL MUNDO – BATALLA: LOS ÁNGELES), también merece un lugar en el purgatorio: si bien demuestra su pericia para algunas escenas de batalla (como al final del film o en el laberinto), hay secuencias en las que marea (como la confusa batalla contra el monstruo Quimera, al inicio). Liebesman lleva adelante la película con algunos tropezones y apurones (por ejemplo, se podría haber aprovechado más el suspenso del laberinto), pero finalmente logra el objetivo: divertir.


    El efecto 3D está bien aprovechado en ciertos momentos: monstruos, escombros y cadáveres vuelan hacia los espectadores y le dan un valor agregado a la experiencia. También es para destacar el momento en que la cámara viaja hacia las profundidades del Inframundo y nos lleva en un muy bien logrado tour por las cavernas, como si fuéramos en caída libre.


    FURIA DE TITANES 2 brinda buenos momentos de entretenimiento; alegra la vista, pero sin maravillar: un film aceptable que no merece la inmortalidad. Esta secuela -que nadie esperaba- supera al film original, algo que no era muy difícil de lograr. Lo importante es que, por lo menos, no te dan ganas de ponerte a rezar para que termine de una buena vez.
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  • El precio de la codicia
    LA CONSPIRACIÓN DE LOS IDIOTAS

    ¿Para qué sirven los mercados financieros? ¿De verdad son tan importantes para nuestra vida cosas como la bolsa de valores o la compra y venta de acciones? ¿De qué manera impacta lo intangible en el mundo real? ¿Es uno más importante que el otro? EL PRECIO DE LA CODICIA (MARGIN CALL) nos invita a que nos hagamos ese tipo de preguntas, al mismo tiempo que muestra las fisuras del sistema capitalista y retrata con crudeza el trato deshumanizado y abusivo que tienen las empresas hacia sus empleados. Lo más destacable de este film son las reflexiones que dispara y las actuaciones de un elenco de buenos intérpretes, algunos reconocidos (como Kevin Spacey, Demi Moore, Stanley Tucci, Paul Bettany y Jeremy Irons) y otros no tanto, pero no por eso menos sólidos (como Zachary Quinto y Simon Baker).

    En una compañía financiera, se lleva a cabo un recorte de personal. Uno de los despedidos es Eric Dale (Stanley Tucci, en una de las mejores actuaciones del film, aunque no tiene demasiado tiempo en pantalla), a pesar de sus muchos años de trabajo. Antes de irse, casi corrido a los empujones, logra pasarle a uno de sus subordinados una investigación en la que estaba trabajando pero que no pudo completar. El joven empleado, interpretado por un correcto Zachary Quinto, profundiza los cálculos y llega a la conclusión de que se viene el estallido. Entonces, comunica la proyección del desastre financiero a sus superiores. Aquí resulta muy curioso ver como los datos, debido a su gravedad, van pasando de jefe en jefe hasta llegar al punto de convocar a una reunión de urgencia con el capo máximo de la compañía para tomar las decisiones con las cuales resolver un caos que parece inevitable.

    El director y guionista J.C. Chandor construye un buen relato de suspenso creciente, pero falla en los momentos en que busca hacer comprensible el mundo de las finanzas: hasta la mitad de la película cuesta entender la gravedad de lo que está sucediendo. Lo gracioso es que son los mismos jefes los que les dicen a los empleados más jóvenes que no entienden los gráficos de datos y les piden que les expliquen las proyecciones financieras de forma simplificada: esto genera, por otra parte, una reflexión interesante: ¿Quiénes son estos tipos y cómo llegaron a estar tan arriba en la jerarquía de la compañía? El jefe de jefes (un Jeremy Irons avasallador, al que sólo le basta un par de escenas para demostrar su solidez actoral) explica en un momento que hay tres formas de triunfar: ser inteligente, engañar o ser el primero en hacer algo. Estos tipos demuestran que no son inteligentes, y son ellos, con sus decisiones estúpidas, sus trajes caros, encerrados en sus oficinas elegantes en edificios altísimos, los que impactan gravemente en el resto de la sociedad: al final parece que nada tiene sentido, que todo es una broma, un juego, una conspiración de idiotas que se hunden y nos llevan a todos hacia el fondo. Y lo peor es que nadie es culpable porque la orden vino de arriba.

    Otro aspecto sobre el que reflexiona la película es la manera en que las empresas tratan a sus empleados, que muchas veces dan años de servicio y a cambio sólo reciben la frialdad de un gigante silencioso que descarta a los que no le sirven. Un claro ejemplo de esto es Eric (Stanley Tucci), quien luego de haber sido despedido es obligado a regresar cuando se lo necesita. Algo similar pasa con Sam Rogers, rol interpretado por Kevin Spacey (quien logra darle consistencia necesaria a uno de los personajes más interesantes del film): se trata de un hombre que ha trabajado durante casi 40 años en la compañía y no tiene nada más que su trabajo, aunque ni siquiera se le respeta su punto de vista. Incluso cuando manifiesta su deseo de renunciar, su jefe le pide (sin darle mucho margen para negarse) que se quede dos años más: es prácticamente un prisionero.

    La película tiene diálogos ingeniosos, buenos personajes -pero mejores actuaciones- y plantea interesantes ideas. Otro punto a favor es que está basada en los hechos que llevaron a la crisis financiera de 2008 en Estados Unidos, con lo cual, por medio de un enfoque realista, intenta ser un llamado de atención sobre los manejos de un sistema agrietado, aunque sin emitir un juicio. Sin embargo, en el balance general de EL PRECIO DE LA CODICIA, aprecen algúnos números en rojo: los conceptos financieros (que son cruciales en la trama) se vuelven, por momentos, demasiado técnicos, algo que no deja que el espectador pueda entregarse completamente al disfrute del film.
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  • Drive
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    CiNerd
    A CONTRAMANO

    El “Señor que traduce los nombres de las películas” se equivocó de nuevo. ¿Qué necesidad había de agregarle a DRIVE ese estúpido subtítulo de “ACCIÓN A MÁXIMA VELOCIDAD”? ¿Por qué ese “Señor” quiere vendernos algo que no es necesariamente lo que el film ofrece? ¿Acaso este “Señor” piensa que si una película no tiene “acción” ni “máxima velocidad” nadie la va a querer ir a ver? ¿Es tonto ese “Señor”? DRIVE no es ACCIÓN A MÁXIMA VELOCIDAD: el subtítulo va totalmente en contra de la esencia de la película. DRIVE no es tiros y persecuciones. Hay algo de eso, sí, pero en menor medida de lo que uno podría esperar. DRIVE es otra cosa. DRIVE es más: es una película brillante e hipnótica. Es cine noir con brillo de neón. Es un cuento de hadas melancólico y urbano. Es un homenaje al cine de otra época. Es una triste historia de amor. Es energía controlada, como una bomba nuclear con acelerador, freno y embrague. Es una banda sonora de otro planeta. Es poesía que muerde. Es un escorpión dorado. Es Ryan Gosling afilado como una bala, contundente como un martillo.


    DRIVE relata la historia de un solitario y silencioso hombre sin nombre que se dedica a manejar. De día, conduce autos para las escenas de riesgo de las películas; de noche, es contratado por delincuentes para escapar de la Policía. Su vida es eso, estar detrás del volante: lo que hace lo define y es tremendamente hábil en lo que hace. Todo cambia a partir de la llegada a su vida de Irene (Carrey Mulligan), una vecina que lo enamora. Pero ella está casada: su marido sale de la cárcel y le debe dinero a gente peligrosa. El Conductor, por ella, decide ayudar al ex-convicto en un último golpe, pero las cosas no saldrán como estaban planeadas.


    Al igual que su personaje, Ryan Gosling lleva la película sujetando firmemente el volante. Ryan maneja. En la que es una de sus mejores actuaciones, compone estupendamente a un personaje difícil de olvidar. Cautiva con sus gestos, con sus silencios que dicen tanto, con sus miradas melancólicas e incluso con su vestimenta (la campera con el escorpión). Como si fuera poco, a Ryan lo acompañan secundarios de lujo: Mulligan, Bryan Cranston, Ron Perlman y Albert Brooks (injustamente olvidado en la última entrega de los Oscars). Todos empujan desde atrás el auto que Ryan maneja a 120 kilómetros por hora: no hace falta, el auto no está roto; el auto anda más que bien, pero ellos empujan con toda su fuerza.


    Para adaptar la novela de James Sallis, el director Nicolas Winding Refn (BRONSON; VALHALLA RISING) eligió utilizar un estilo de cine noir, un género en el que, por definición, el protagonista es un antihéroe que se desenvuelve en un entorno de desesperanza, un contexto violento y fatalista en el que no parece no haber salida: el conductor de DRIVE parece estar así, atascado, envuelto en una tragedia inevitable, perdido en un laberinto del que debe tratar de salir aunque eso implique su destrucción. Pero ya dijimos que DRIVE, siempre, es más. Como el director reconoció, su película es también una especie de cuento de hadas agridulce y melancólico: el Conductor es el noble caballero, un personaje casi arquetípico, que ayuda a la princesa inocente (Irene). Así, se puede seguir hurgando debajo del capó y se van a encontrar más cosas. Son pocas las películas que permiten sumergirse tanto en su complejidad. Y eso ya dice mucho.


    En DRIVE todo suma, pero nada sobra: el guión esta ajustado a la perfección, no hay desviaciones. Además, es una película con el tanque lleno de detalles de altísimo octanaje: son esos momentos (el martillo y la bala, el poético beso en el ascensor, la escena a orillas del mar) los que convierten a DRIVE en una de esas películas que dejan las marcas de las llantas en las retinas. Para siempre.


    Para mencionar otras marcas de estilo que hacen a DRIVE única, también hay algo de espíritu retro ochentoso: las letras de los títulos con ese rosa chillón-neón a lo NEGOCIOS RIESGOSOS (RISKY BUSINESS, 1983) o la hipnótica banda sonora, cargada de tonos electrónicos, a veces también hiper-moderna, lo que genera una sensación de exceso casi kitsch en cuanto a lo musical. Estas melodías se conjugan magistralmente con imágenes de una potencia poética avasallante.


    DRIVE, su director, su actor protagonista, todos para uno y uno para todos, perfectamente acompasados, cambian de velocidad con total destreza, como si echaran mano a la palanca de cambios en el momento justo para pegar el volantazo. DRIVE tiene una facilidad que sorprende para ir de momentos de lirismo puro a otros de una violencia brutal en un instante, como una explosión fugaz, y de nuevo bajar uno, dos, tres cambios. La butaca del cine se convierte, así, en el asiento del acompañante. Nosotros, como espectadores, lo mejor que podemos hacer es subirnos, sentarnos, callarnos y agarrarnos. Será un viaje diferente a lo que estamos acostumbrados: habrá momentos intensos, sí, pero no habrá “acción a máxima velocidad”. Este será un viaje a contramano.
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  • Poder sin límites
    CRÓNICA DE UNA SÚPER-ADOLESCENCIA COMPLICADA

    Súper poderes y filmaciones que simulan ser caseras: valiéndose de estas dos tendencias tan de moda en el cine actual, el director Josh Trank y el guionista Max Landis cuentan en PODER SIN LIMITES (CHRONICLE, 2012) una historia que, más allá de las habilidades sobrehumanas y los efectos especiales, trata sobre lo difícil que es ser adolescente en épocas de cámaras de bolsillo HD, Movie Maker (¿?) y YouTube.

    En PODER SIN LIMITES, uno de los protagonistas es Andrew, quien tiene muchos problemas en su casa: su papá lo maltrata y su mamá está muy enferma. A causa de esto es un “forever alone” total y su personalidad retraida lo lleva a sufrir más ataques violentos en su escuela y en su barrio por parte de los típicos abusadores. Un día decide “filmarlo todo” para dejar registro de su sufrimiento pero también por una extraña necesidad derivada de su bajo autoestima. Junto a su primo Matt y al simpático y popular Steve (auto declarado futuro candidato político) hacen un descubrimiento que cambiará sus vidas: en una caverna encuentran un gigantesco cristal brillante y, al tocarlo, adquieren la habilidad de mover objetos con la mente. Con el paso del tiempo irán desarrollando sus poderes, pero llegará un punto en el que las cosas se saldrán de control.


    El trío de protagonistas cumple actoralmente: salen bien parados del desafío de estar todo el tiempo frente a cámara y más si tenemos en cuenta lo difícil que es creerse y hacer creer al espectador que lo que está sucediendo es verosímil. En cuanto a las interpretaciones, se destaca Dane DeHaan como el conflicutado Andrew, quien transmite bien todo el sufrimiento por el que atraviesa su personaje a lo largo de la película.


    Algunos de los problemas de usar el recurso de la cámara en mano son solucionados por el director y guionista de forma interesante aunque polémica. Uno de estos inconvenientes es la necesidad de que la cámara esté encendida todo el tiempo, algo que pierde verosimilitud cuando lo que le sucede a los personajes es demasiado intenso o peligroso (por ejemplo en CLOVERFIELD: ¿quién va a seguir filmando cuando un monstruo gigante hace bosta la ciudad?): en PODER SIN LÍMITES, esto se soluciona con las habilidades de los personajes, que pueden hacer flotar las cámaras alrededor suyo, algo que para algunos espectadores puede ser tramposo pero no por eso deja de ser válido. Además, esto permite que el personaje “camarógrafo” (que en PODER SIN LÍMITES es justamente el más complejo e interesante de los tres) no esté siempre fuera de cuadro. De todos modos, la cámara no siempre la sostiene Andrew y a veces la usan Matt o Steve.


    La idea de filmar con cámara en mano apunta a mostrar desde adentro el mundo de los adolescentes yanquis, y el resultado tiene algo de genuino en ciertas escenas. Por ejemplo: cuando Andrew, Matt y Steve utilizan sus poderes para bromear y “molestar” a la gente está bien conseguido esa sensación de humor pavote presente en los cientos de miles de videos que hay en YouTube sobre amigos que les hacen bromas a otros a lo “Jackass”. Pero ojo, a no confundirse, PODER SIN LÍMITES logra equilibrar esas escenas de humor tontolón con momentos dramáticos durísimos, como los maltratos que sufre Andrew.


    En PODER SIN LÍMITES, el relato se construye también con las imágenes tomadas por otras cámaras, sobre todo al final, cuando se desata el caos: filmaciones de seguridad, grabaciones desde helicópteros o autos policiales e imágenes tomadas de teléfonos celulares de testigos curiosos. También se eligió incluir a otro irritante personaje, la insípida Cassey, una rubia que se la pasa filmando todo para su blog (¿?) y que permite que en algunas escenas pueda darse el plano y contraplano (que, aunque “descomprime” o alivia la saturación causada por el relato en primera persona, resulta incoherente ante la forma elegida de contar la historia): esto facilita el hecho de relatar escenas que, por cuestiones del guión, necesitaban mostrarse desde su punto de vista. El recurso de usar a Cassey se siente muy forzado y parece ser una solución fácil que emplearon un guionista y un director demasiado vagos para pensar en otra cosa.


    Los efectos especiales están bien dosificados: la computadora se usa poco y en los momentos adecuados, lo que permite disimular la artificialidad de algunas escenas (y seguramente tapar la falta de presupuesto). Incluso las escenas en las que los personajes vuelan quedaron bien, algo que no siempre es fácil de lograr.


    PODER SIN LÍMITES es una película que, pese a algunas irregularidades (que tampoco se notan tanto por la corta duración de la película), entretiene con buenas ideas. Es un film que sabe usar lo que tiene a su favor y, al mismo tiempo, disimular sus debilidades (por ejemplo, con la utilización de la elipsis en varios momentos del relato). En PODER SIN LIMITES hay acción, risas, momentos trágicos y un final intenso en el que no faltan referencias al cine comiquero superheróico y a animés como AKIRA (1988). Pero, en definitiva, es un relato sobre la difícil etapa de la adolescencia, en la que para muchos la imposibilidad de lograr la aceptación por parte de los otros puede ser peor que cualquier kryptonita.
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  • Sherlock Holmes: Juego de sombras
    JUEGOS DE AJEDREZ, TRAMPAS Y ARMAS HUMEANTES

    La primera pelea de Holmes (Robert Downey Jr.) parece resumir la esencia de esta secuela. Hay varios enemigos que rodean al protagonista. El detective usa su capacidad para prever los movimientos de sus rivales en cámara lenta y después les da una paliza antes de que una manzana caiga al piso. O algo así. La escena es caótica, confusa. SHERLOCK HOLMES: JUEGO DE SOMBRAS no es mejor que la primera parte y se nota que se han perdido cosas en el camino: es menos graciosa, menos ingeniosa y menos sorprendente, pero casi casi igual de divertida.


    Esta vez, el excéntrico Sherlock Holmes deberá enfrentarse a una amenaza diferente: una mente criminal que está a su nivel, el profesor James Moriarty (Jared Harris), quien sería el responsable de una conspiración en Europa. El detective le pedirá a su fiel ayudante Watson (Jude Law) que participe en una última aventura antes de que el doctor comience su vida de casado. Sus investigaciones los llevarán a conocer a una gitana (Noomi Rapace), quien parece ser una pieza clave en el juego entre Holmes y Moriarty.


    El guión avanza a los tropezones y confunde (en el mal sentido de la palabra) al espectador para después resolver el misterio de una manera menos complicada de lo que parecía. Y ni siquiera hay tanto misterio ni tampoco tanto duelo de inteligencias entre el detective y su archienemigo. Es más el trabajo físico que tiene que hacer Holmes que el cerebral: hay más piñas que deducción, algo que estaba más equilibrado en la primera parte.


    En esta secuela, el director Guy Ritchie (JUEGOS, TRAMPAS Y DOS ARMAS HUMEANTES; SNATCH; ROCKANROLLA) abusa de ciertos recursos, como el “súper poder” de Holmes de ver todo antes de que pase, el uso del plano detalle y la cámara lenta. También se usa mal aquello que hacía el detective en las novelas y relatos: en varias ocasiones Sherlock se guardaba un as bajo la manga, algo que dejaba afuera a Watson -y al lector-. El detective desaparecía por un tiempo y Watson no sabía en dónde estaba o qué hacía. Después, Holmes revelaba su truco y sorprendía a todos. En la película, eso se utiliza mal y lleva a que muchas de las escenas clave sucedan en flashbacks, lo que genera una sensación de trampa.


    Hay varios momentos en los que Guy Ritchie busca sorprender desde lo visual, pero quizás solamente en uno lo logra: Sherlock y Watson huyen por un bosque, escapando de ráfagas de balas y cañonazos en cámara lentísima. Sin embargo, en el resto de la película, la pirotecnia visual agota y apabulla en vez de maravillar. Lo que era novedad en la primera parte, por el hecho de usar un estilo cool y moderno para retratar a un personaje del siglo XIX, aquí empieza a cansar. Teléfono para Ritchie.


    El carisma de Robert Downey Jr. se sigue llevando todo por delante, como un ariete, y los demás van por atrás. Las incorporaciones al reparto no aportan demasiado: Stephen Fry como Mycroft (hermano de Sherlock) tiene tres o cuatro escenas y aporta un poco de humor, nada más. Noomi Rapace se convierte en la necesaria presencia femenina y cumple desde lo actoral, pero sin destacarse. Jared Harris compone a un villano más sólido que el de la primera parte pero el guión le presta menos atención de lo que uno podría esperar para seguir mimando a Holmes.


    SHERLOCK HOLMES: JUEGO DE SOMBRAS es inferior a la primera parte, pero no deja de ser una aventura entretenida, con mucha acción y algo de humor. Y como fanático de Guy Ritchie, no puedo dejar de destacar el momento en el que Holmes y Watson visitan el campamento gitano: ¿alguien más se acordó de SNATCH?
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  • El gato con botas
    ESOS OJOS

    ¿Podría el gato bancarse una película él solito? Prácticamente se había robado toda la atención en SHREK 2 (2004), cuando lo vimos por primera vez. Ahora el Gato con Botas demuestra que está listo para ser el protagonista, sin burros parlanchines ni ogros verdes dando vueltas por ahí. ¿Será que nos convenció con su famosa mirada?

    En GATO CON BOTAS, el gato aventurero (con la voz de Antonio Banderas, en el doblaje también) emprende una aventura junto a Humpty Dumpty (Zach Galifianakis) y Kitty Patitas Suaves (Salma Hayek) para conseguir la Gansa que pone huevos de oro, que vive en un castillo en las nubes. Para eso, primero tendrán que robarle las Habichuelas Mágicas a los peligrosos Jack (Billy Bob Thornton) y Jill (Amy Sedaris), dos bestiales villanos que se la pasan discutiendo sobre la paternidad.


    La película mezcla elementos de diferentes cuentos infantiles pero dándoles una vuelta y agregando mucho humor (para chicos y también con chistes para los grandes), de la misma manera en que lo hizo la primera SHREK (2001). Curiosamente, el film no usa nada del cuento original del Gato con Botas, recopilado por Charles Perrault en el libro “Cuentos de mamá ganso” de 1697, a excepción del personaje, claro, y su personalidad embustera. Aquí, Gato es un héroe con todas las letras, protagonista de una aventura con algo de western que deja un sencillo mensaje sobre la importancia de la amistad.


    En GATO CON BOTAS no se menciona a Shrek ni a Burro ni hay referencias de ningún tipo a la saga del Ogro, y está bien. Así queda claro que este es el show unipersonal (o "unianimal") del Gato, ahora acompañado por nuevos personajes: la gatita Kitty es una ladrona que perdió sus garras y que, obviamente, no puede evitar sentirse atraída por Gato con Botas, que seduce con esa voz de macho español de Antonio Banderas (gran trabajo y con doble mérito, por haber interpretado al personaje en dos idiomas). Humpty, el huevo, es el protagonista de los momentos humorísticos más bizarros, y apenas puede brillar cuando Gato no se está llevando toda la atención.


    La calidad de la animación es muy buena (no podía esperarse menos de Dreamworks) y hay varios momentos geniales, por originalidad, humor e impacto visual, todos bien llevados gracias al director Chris Miller (el mismo de SHREK TERCERO): desde el duelo de baile, en que el Gato con Botas compite en una contienda de flamenco, hasta el ataque de la Gansa Gigante como si fuera Godzilla, pasando por la sorprendente entrada de Jack y Jill (en una carreta tirada por cerdos que parecen salidos del mismísimo Infierno) y sin olvidar el momento en el que crece el gigantesco tallo luego de plantar las Habichuelas Mágicas.


    Aunque la película es entretenida, el guión es su aspecto más débil: hay aventura, sí, pero las situaciones se suceden velozmente y aunque parece que pasa mucho, en realidad no pasa demasiado. Tampoco se percibe un sentimiento de “amenaza real”: practicamente no hay un conflicto serio en el que se sienta que los personajes están en verdadero peligro. El giro argumental (a pesar de constituir en sí una parodia a las películas con finales sorpresivos, con “flashbacks” incluidos y todo) no alcanza para sostener una historia a la que, a pesar de sus imaginativos momentos, le faltó algo de desarrollo. Sucede que la trama se sostiene demasiado en los gags y en la fasinación que genera su protagonista, una fascinación que multiplica por mil cuando pone los ojitos en modalidad tierna.
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  • Capitán América - El primer vengador
    INOCENCIA ININTERRUMPIDA

    Marvel coloca la última pieza del rompecabezas. El súper equipo está listo para salir a la cancha, lo que sucederá el año que viene. Y la más reciente incorporación es CAPITÁN AMÉRICA: EL PRIMER VENGADOR (CAPTAIN AMERICA: THE FIRST AVENGER; 2011). El director Joe Johnston (THE ROCKETEER, JUMANJI, JURASSIC PARK 3, THE WOLFMAN) traslada satisfactoriamente a la pantalla grande al personaje creado en 1941, con espíritu retro e incluyendo buenas dosis de humor y acción. Ahora sí está todo listo para la llegada de LOS VENGADORES (THE AVENGERS, 2012).


    El film toma elementos del cómic original y de la más reciente saga “The Ultimates” para construir una entretenida aventura con estilo de serial que pega bastante bien con la época en la que se desarrolla la historia, los años 40’, en plena Segunda Guerra Mundial. El flacucho Steve Rogers (Chris Evans) es rechazado para ingresar al ejército, pero se le presenta una nueva oportunidad para proteger a los débiles. El Dr. Erskine (Stanley Tucci) le ofrece la posibilidad de ser parte de un proyecto secreto y es así como Rogers se convierte en un Súper-soldado. Ya con la identidad de Capitán América es usado como un instrumento de propaganda por el gobierno de Estados Unidos, pero al poco tiempo tendrá la oportunidad de demostrar sus habilidades en el campo de batalla y de enfrentarse a Red Skull (Hugo Weaving) y a los soldados nazis de Hydra.


    Evans nos hace olvidar ese enojo nerd que nos había causado por ya haber interpretado a otro personaje del universo Marvel, la Anotrcha Humana en LOS CUATRO FANTÁSTICOS (FANTASTIC FOUR, 2005) y su secuela, y cumple construyendo un personaje muy querible, con la misma mezcla de inocencia y valentía que tiene el Capi en los cómics. Mucho tiene que ver el guión y la manera en la que se va construyendo el personaje: durante la primera parte de la película Steve da más pena que otra cosa, algo muy diferente a lo que pasa, por ejemplo, con Thor en el anterior film de Marvel. El resto del elenco también se la banca y a pesar de lo que uno podría esperar, Tomy Lee Jones no es desperdiciado en su papel del Coronel Phillips e incluso participa en una de las secuencias de acción. Algo desdibujado aparece Red Skull, aunque no por culpa de Hugo, si no de un personaje escrito para ser un malo sin matices. Eso sí, hay una muy interesante frase del villano, quien –con una reflexión que parece de otra película– le critica al Capi el hecho de pelear en nombre de todo el mundo pero llevar los colores de una sola bandera.


    El tema con CAPITÁN AMÉRICA: EL PRIMER VENGADOR es que, como ya se dijo, se eligió acertadamente hacer un film con esa onda retro, con buenos muy buenos y malos muy malos. El film reconstruye una época y también un tipo de narrativa. Es un producto con autoconciencia, ingenuo porque debe serlo, porque así eran (y esa es la palabra clave: “eran”) los cómics y los héroes de esos años. No es pro-yanqui. Es pro-nostalgia. Es homenaje. Vean si no los maravillosos créditos finales armados con los afiches de propaganda de la Segunda Guerra Mundial; o la escena en la que el Capi avanza en moto perseguido por nazis a los que lanza todo tipo de trampas: eso es pura ingenuidad vintage. Gana por simpatía.


    Quizás podría criticarse el hecho de que no hay ninguna novedad en lo narrativo ni en lo visual, algo que puede adjudicarse (para hacerle gancho) a la elección de cómo se cuenta la historia, aunque eso no lo hace perdonable. La cuestión es: ¿se puede sentir nostalgia por algo que no se vivió? La película obviamente apunta a un público masivo y hay mucho riesgo de que no sea comprendida como lo que es. El final también se siente algo acelerado, pero la emoción de saber que Los Vengadores ya son una realidad es algo indescriptible, sobre todo después de ver el avance post créditos.
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  • Rango
    Rango
    La Gaceta
    Un delirante western animado

    Lo primero que llama la atención de esta producción animada es el aspecto visual. Es destacable el trabajo en el diseño de las muchas criaturas que habitan el mundo de "Rango", algunas más grotescas que otras, pero todas con detalles llamativos y originales. Están satisfactoriamente logradas las texturas de la piel de los animales y el ambiente en el que se desarrolla la historia transmite de forma magistral la sensación de sequía y calor agobiante. Además de eso, la historia del camaleón con dudas existenciales es un divertido y delirante western animado que no está dirigido sólo a los chicos. Si bien durante todo el filme hay mucho humor físico y disparatadas secuencias que mantendrán entretenido al público infantil, hay algunos chistes destinados a un espectador maduro. Incluso pueden encontrarse momentos de surrealismo puro, como al inicio y cerca del final, cuando el protagonista sufre una revelación relacionada con su problema de identidad. La trama arranca despacio, al principio regodeándose demasiado en las desgracias de un lagarto inútil que se hace pasar por héroe. Después, la historia deriva en un relato con elementos del western (género al que se homenajea desde lo narrativo y lo musical), humor absurdo y un mensaje que intenta llamar la atención sobre el cuidado del agua. La aventura está presente gracias al director Gore Verbinski, quien demostró ser un especialista en el género con la saga "Piratas del Caribe". Antes del desenlace, el relato baja el ritmo considerablemente por una necesidad de la historia y el conflicto se resuelve sin sorpresas. Así, el filme no logra ser tan innovador desde lo narrativo como sí lo es desde lo visual. Lo importante de "Rango" es que demuestra que hay vida después de Pixar, el estudio responsable de "Toy Story", con un estilo que recuerda a lo hecho por DreamWorks con la primera "Shrek": un filme que no necesita permisos, que a veces se pasa de vueltas pero que, más allá de todo, divierte y deja esa linda sensación de haber visto algo diferente.
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  • Piraña
    Piraña
    CiNerd
    A COMERLAAAAA

    Tetas y muerte. Culos y sangre. En el menú no hay mucho más y la mesa está servida para los fans del gore, que –hay que decirlo- a veces nos conformamos con poco. La muchachada está invitada a morfar y a ponerse en pedo con esta sangrienta boludez simpaticona denostada por algunos críticos de paladar refinado. El anfitrión de este festín diabólico es el director Alexandre Aja (ALTA TENSIÓN, ESPEJOS SINIESTROS), quien hizo aún más pelotuda una película de 1978 que no era ninguna obra de arte. Pero también le puso algo de picante a esta nueva versión: las pirañas (cuyo origen es distinto en este remake: ahora son criaturas prehistóricas liberadas de una caverna subterránea por un movimiento sísmico y no animales modificados genéticamente por un experimento) atacan una ciudad turística en plenas vacaciones de primavera, época en la que los universitarios yanquis la pasan bomba: alcohol, música electrónica, bikinis en primer plano. Esa es la entrada.

    Plato principal: pirañosaurus. Salen con fritas. Todos sabemos que un buen plato entra primero por los ojos: los chobis están hechos en la computadora y a veces se nota demasiado (¿a esta altura?), algo que no cierra si se tiene a los expertos Greg Nicotero y Howard Berger como responsables de FX y maquillaje, todo old school, sangre y tripas falsas pero que manchan de verdad. Tampoco nos pongamos quisquillosos, pero sí, la larga escena del ataque de las pirañas aguafiestas es lo mejor de la película y es lo mejor por las sangrientas muertes y los desmembramientos. Punto.

    El postre es algo decepcionante: (SPOILERS) una mujer sheriff se convierte en la mamá heroína, un nabo inexperto salva a la mina que le gusta (con beso incluido, escape a último momento con explosión y toda la boludez) (FIN DE SPOILERS). Por unos minutos, Aja no parece estar tomándose esto tan en joda como los desquiciados momentos anteriores (“¡Se comieron mi pene!”): es como si después de habernos servido salmón nos trajeran para el postre un poco de dulce de batata con queso cuartirolo (¿??) y nos dijeran que es lo único que quedaba. Todos los que estaban de partuza terminan mal: ¿Y que tal, señor Aja, si las pirañas devoraban a uno de los infumables pendejos? ¿Una mordidita al menos? Mmm, y eso que en la película original sí había víctimas infantiles. ¿Dónde quedó la canchereada? Por lo menos, justo antes de los créditos, hay un firulete más (que no sorprende tanto, ojo) y música al palo, para abrir la puerta a una segunda parte pero, sobre todo, para dejar en claro que nada importa demasiado.


    Ya en la sobremesa, medio mareaditos por la cerveza, nos aflojamos el cinturón y charlamos del uso tontolón del 3D (el único que vale la pena. Que se metan Pandora en el cul… perdón, es el alcohol hablando que nos pone barderitos) en el que todo vuela hacia el espectador. Con un palillo nos sacamos de entre los dientes el divertidísimo cameo de Eli Roth (director de HOSTEL), un eructito nos hace repetir la delirante (sobre)actuación de un inimputable Christopher Loyd y con un café bajamos el estúpidamente heroico sacrificio del personaje de Ving Rhames. El sabor en la boca es bueno, pero nada del otro mundo. De todos modos, estamos satisfechos. Comimos como animales.
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  • Machete
    Machete
    CiNerd
    BUENO, MALO Y FEO

    Machete el bueno, Machete el malo y Machete el feo: 3 en 1. Cambia de color según la ocasión. Es heroicamente bueno con los buenos (los inmigrantes mexicanos rechazados), es malo con los que son malos (los políticos corruptos, los agentes anti-inmigración que cazan a quienes se atreven a cruzar la frontera) pero es siempre feo, feísimo (peleando cabeza a cabeza el título del más feo de Hollywood con Ron Perlman). Machete, interpretado por Danny Trejo, es el protagonista de la nueva y bizarra película de Robert Rodríguez, director de locuras como LA BALADA DEL PISTOLERO (DESPERADO), ERASE UNA VEZ EN MEXICO (ONCE UPON A TIME IN MEXICO), PLANET TERROR y la saga SPY KIDS, entre otras. Y como en toda su filmografía, el multi-talentoso Rodríguez (es guionista, director, productor, editor, supervisor de efectos especiales y hasta compositor de la música en casi todas sus películas), filma para demostrar cuanto ama el cine y vuelve a entregar un producto sumamente divertido, lleno de excesos visuales y narrativos, y plagado de guiños cinéfilos.

    Ya desde su origen, el trailer falso visto en GRINDHOUSE, MACHETE era todo un homenaje al cine berreta. Y, como debe ser, la película respeta el espíritu de ese avance y por momentos profundiza el estilo delirante que caracteriza a Robertito. Lo interesante es que nunca deja de ser un film que homenajea al cine en complicidad con el espectador y sin creérsela nunca, incluso cuando trata temas jodidos y actuales, como la inmigración mexicana en EEUU, el rol de los latinos dentro del sistema yanqui, la xenofobia o la corrupción en la política. La película no busca bajar línea a lo bruto ni expresar discursos solemnes/moralistas: y si en algún momento lo hace, es como parte del “juego” paródico y de exageración. Aquí se cuenta una historia, y al mismo tiempo se habla de algo más.


    Y esa historia que se cuenta es la historia de Machete, un heroico ex agente federal mexicano que es dado por muerto. Tiempo después, y ya en EEUU, es contratado para asesinar a un político yanqui (un supremo Robert de Niro sin temor al ridículo), cuya principal promesa de campaña es acabar con la inmigración ilegal y construir un cerco electrificado en la frontera con México. Pero Machete es traicionado y tendrá que escapar. Su única oportunidad de sobrevivir es con la ayuda de una red de inmigrantes mexicanos que funciona en la clandestinidad.


    Este es el primer papel protagónico de Danny Trejo, a quien siempre vimos como actor secundario. Y Trejo demuestra que ese papel protagónico tendría que haber llegado mucho antes: Danny llena la pantalla con su presencia y esa reconocible cara hecha garompa, esa cara llena de cicatrices de la vida (aquí no hace falta maquillaje), esa cara de la que Rodríguez parece estar enamorado (en sentido artístico, claro). Y es que Rodríguez sabe que Trejo es un rudo de verdad, un tipo jodido 100 por ciento real, un bad-ass como ya casi no quedan en Hollywood. Y si no, miren esta foto:


    A Trejo lo acompaña un curioso y espectacular elenco: el ya mencionado De Niro, un divertidísimo de ver Steven Seagal (resucitado del mercado del directo a DVD) como un narco mexicano (¡!), Jessica Alba como una policía encargada de investigar los asuntos de inmigración, Don Johnson (¡sí, el de la serie “Miami Vice”!) como un siniestro agente fronterizo, Lindsay Lohan como una niña rica drogadicta y malcriada que filma videos porno caseros (o sea, prácticamente hace de ella misma), Michelle Rodríguez como una vendedora de tacos que en realidad maneja la red clandestina de inmigrantes y Jeff Fahey (Lapidus en “Lost”) como un asesor político de oscuros planes. No hay que olvidarse de otros actores (que ya trabajaron con Rodríguez) que hacen papeles un poco más pequeños pero muy divertidos, como Cheech Marin como un sacerdote, Daryl Sabara (el ex Mini-espía) como un chico adoptado por mexicanos, las hermanas Avellán (las Crazy Babysitter Twins en PLANET TERROR) como enfermeras sexys, la re-aparición de Cristos (pobre, nunca puede ganar una pelea), y Tom Savini (experto en maquillaje y efectos especiales y actor en DEL CREPUSCULO AL AMANECER y PLANET TERROR, entre muchas otras) como un asesino a sueldo.


    Como aspecto negativo del film puede mencionarse el hecho de que en varias ocasiones los malos explican demasiado sus planes, y aunque esto puede ser tomado como parte del homenaje cinéfilo, estas escenas estancan un poco el film, que en general tiene muy buen ritmo. También hay un llamativa ¿timidez? a la hora de mostrar escenas de sexo (sí, aunque hay algunos desnudos). Por otra parte, hay puntos en común con las películas anteriores de Rodríguez: Machete recuerda en ciertos aspectos al protagonista de la saga del Mariachi (ambos son personajes que sufrieron mucho en el pasado, convertidos en leyenda en el presente) e incluso hay escenas puntuales que se reiteran, como conversaciones en el confesionario (algo ya visto en DESPERADO, ERASE UNA VEZ EN MEXICO y hasta en SIN CITY), tiroteos en iglesias o personajes que están en una cama y son atacados. Sin embargo, estos pequeños auto-choreos se contrarrestan con la inclusión de detalles que los hacen diferentes y validan el reciclaje.


    ¿Más puntos a favor del film? Ok, ahí van: las escenas de acción (llenas de amputaciones, cabezas que explotan y armas re-locas), los diálogos (“Machete don´t text”… jajaja, es brillante, quiero una remera con esa frase ya mismo), la excelente banda sonora y las apariciones en bolas de Lindsay Lohan y Jessica Alba (que curiosamente no había querido mostrar las gomas en SIN CITY… vaya uno a saber cómo la habrá convencido Robertito ahora… a ver, esperen que googleo porque el tema es interesante… ah, acá está: parece que fue un desnudo “digital”, miren ... mmm, me siento estafado). Además, Rodriguez no tiene miedo de meterse con nadie, incluidos los símbolos religiosos y los estereotipos, a los que usa pero para atacarlos a machetazos. Como ya se dijo, la película critica un sistema, critica una sociedad, critica unas leyes, y todo como parte de una historia hiperviolenta y bizarra, con mucho humor. Así, como el buen cine debe hacerlo: decir algo pero para hablar de otra cosa en el fondo.
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  • Resident Evil 4: La resurrección
    PRISON BREAK RELOADED CON ZOMBIES EN 3D

    En el mundo del cine hay varios casos en los que la segunda parte de una saga supera a la primera. Sin embargo, la tercera casi nunca es mejor que las dos anteriores. ¿Y la cuarta? Nadie habla nunca de las cuartas partes, quizás porque no son muchas las franquicias que llegan a sumar tantas continuaciones. En el caso de RESIDENT EVIL, la saga de films basados en videojuegos más longeva (y posiblemente la única exitosa), la cuarta parte es la mejor de todas. ¿Por qué? Veamos…

    A RESIDENT EVIL: LA RESURRECCIÓN (o AFTERLIFE para los loquitos que detestan los títulos traducidos… como nosotros) el 3D le sienta bastante bien. Esta fue la segunda película en usar las cámaras creadas por James Cameron para filmar AVATAR. Pero el uso que el director (y guionista) Paul W.S. Anderson le dio a esta tecnología fue totalmente diferente. En RESIDENT EVIL todo vuela hacia el espectador: las balas, las estrellas ninjas, un hacha gigante, los cuchillos, los aviones, los anteojos, las gotas de sangre… Vamos, seamos sinceros, el uso de la “profundidad” en películas como UP y AVATAR es muy lindo y todo lo que quieran, pero lo que verdaderamente hace que valga la pena esta huevada del 3D es sentir que no están apuntando con una pistola directamente a la cara o que Milla Jovovich vuela hacia nosotros como si saliera de la pantalla.

    La película arranca tratando de solucionar el quilombo que Anderson armó solito en el film anterior al escribir el guión, con Alice (Jovovich) despertando a sus clones y preparándose para ir a destruir a la compañía Umbrella (responsable del T-Virus, que convierte a la gente en zombies) en Japón. Sí, Anderson se había hecho el canchero y ahora tenía que enmendar algo que se le había ido de las manos, principalmente los poderes psíquicos de Alice, que al final de la tercera parte parecía invencible. En una secuencia que roba a lo loco de MATRIX pero llevando todo a un nivel de bizarrez impresionante (que roza peligrosamente la truchada), Alice y sus clones (que podrían interpretarse como las vidas o continues en un video-juego, ¿no?) se meten en el cuartel central de la compañía Umbrella. Vencen a los soldados y la Alice original llega a enfrentarse cara a cara con Wesker, el capo máximo de la empresa, que es tan grosso que puede manejar un helicóptero de noche con anteojos de sol puestos. El malo malísimo le clava una jeringa y listo, problema resuelto, muajajajá, explicación científica sin sentido, bla bla bla, Alice ya no tiene más poderes así que podemos seguir más tranquilos. Ah, y todos los clones mueren en una explosión nuclear que arrasa con Tokio. Bien.

    Después Alice viaja en avión hasta Alaska, donde supuestamente habían ido los sobrevivientes de la película anterior porque allí no había infección. Ahí se encuentra con Claire (Ali Larter), que ahora perdió la memoria (¿?) por una especie de bicho mecánico (¿???) que tiene el pecho y que parece algo salido de la pedorra película G.I. JOE. Juntas llegan a Hollywood y ahí conocen a los nuevos personajes, que están aguantando en una prisión rodeada por millones y millones de zombies (se fueron al carajo con el “Copiar-Pegar”), pero la situación no da para más y deciden que deben escapar hasta un barco que ofrece refugio. En la cárcel hay un negro basquetbolista (Boris Kodjoe), un productor de cine mala onda (el típico personaje malo que merece morir) y otros más que mucho no importan.

    Bah, hay uno más que sí importa. Encerrado en una celda igual que Hannibal caníbal en EL SILENCIO DELOS INOCENTES, está Chris Redfield (Wentworth Miller, protagonista de la serie “Prison Break”), de quien los demás sobrevivientes desconfían. Ver a Wentworth de nuevo tratando de escapar de una prisión es algo que seguramente no fue hecho sin querer y traerá buenos recuerdos a los fans de Michael Scofield, porque hasta conserva el mismo corte de pelo y la actuación le “sale” prácticamente igual. Pero del personaje del videogame hay poco y nada: podría haber tenido cualquier otro nombre y daba lo mismo.

    Aquí en la prisión, llama la atención como la onda de la película cambia bastante en el aspecto visual con respecto al principio y al final: la historia se desarrolla en ambientes más “sucios” que los futurísticos y artificiales entornos de las instalaciones de Umbrella, con lo que el nivel de “truchada” baja un poco. Aunque en la cárcel hay algunas escenas que se destacan (como la pelea contra el Executioner), lamentablemente se desaprovechan otras, como la parte en que tienen que bajar por el hueco de un ascensor inundado. En vez de hacer algo con la onda de ALIEN: LA RESURRECCIÓN, donde a los sobrevivientes tenían que nadar perseguidos por los bichos, en una secuencia de muchísima tensión, aquí Alice y sus amigos se sumergen un poco y listo. Tampoco se aprovecha el escape por los túneles debajo de la prisión, donde el 3D es ideal para hacer sentir a los espectadores la claustrofobia (como pasaba en la mina de SANGRIENTO SAN VALENTÍN).

    Hay que decirlo: con cada nueva entrega, la saga se aleja cada vez más de los videojuegos en que se basa, de los que ya sólo conserva el título, los nombres de algunos personajes y alguna que otra minúscula referencia de vez en cuando. La acción y sobre todo la ciencia ficción reemplazan al terror. Los muertos vivos van siendo sustituidos por nuevos modelos de monstruos deformes. Y aunque el 3D sume bastante, ahí están para restarle algunos puntos los lugares comunes en el guión y un estilo visual que “homenajea” demasiado a otros productos ya vistos. Pero tampoco hay que enojarse por esto: los juegos de RESIDENT EVIL son bastante cinematográficos. Fans, pónganse a pensar, y se darán cuenta que los homenajes a Hollywood ya estaban en el material original. La saga de juegos no existiría sin el cine de zombies: es un círculo, el círculo de la (no) vida.

    RESIDENT EVIL: AFTERLIFE es una pelotudez, pero está buena. Es simpática y es la mejor de la saga porque es la que más conciencia tiene del tipo de producto que es: una gansada en 3D creada para entretener, con lo cual deja de lado cualquier resto de pretendida seriedad, algo que la saga (por suerte) fue perdiendo progresivamente, como los zombies van perdiendo pedazos cuando caminan. Y como si fuera poco, Anderson termina la película con otra guapeada (y otra vez se zarpa con el “Copiar-Pegar”, esta vez de helicópteros) y la promesa segura de una nueva continuación.
    Si es en 3D, ahí estaremos. Y si no, bueno, seguro que también.
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  • Depredadores
    DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS

    Para olvidar a las dos mediocres entregas de ALIEN VS PREDATOR, había que volver al principio, a los orígenes, a todo lo que había hecho funcionar al film que inició la saga. El cerebro detrás de este proyecto, Robert Rodriguez (que aquí es productor), apadrinó al director Nimrod Antal y juntos hicieron PREDATORS (DEPREDADORES), una película entretenida que homenajea a la inolvidable primera parte y que está muy influenciada por la serie “Lost” (aunque aquí no hay limbos pelotudos).

    En PREDATORS, un grupo de humanos despiertan en caída libre. Abren sus paracaídas y descienden en medio de una selva misteriosa. No se conocen entre ellos y casi todos son militares. Aparece un tipo de traje en medio de la selva (no, no es el papá de Jack Shephard, sino un mafioso ponja). Empiezan a preguntarse donde están (algunos dicen que es “el infierno”… sí, una de las teorías que tenían los sobrevivientes del vuelo Oceanic 815). Se llevan mal entre ellos (la mina del grupo da a entender que o permanecen todos juntos o van a terminar muertos… ¿no les recuerda al “live togheter, die alone” del Doc Jack?). Encuentran cosas raras (pero no, ni monstruos de humo vende humo ni escotillas). Y así… hasta que notan que algo raro pasa: el sol se mueve muy despacio, en el cielo se ven otros planetas… en fin, se dan cuenta de que no están más en la Tierra. Después comprenderán que aunque en su mundo son los mejores asesinos, aquí sólo son presas. Y la cacería empezará.

    Un problema que había con esta película era encontrar un buen protagonista: igualar al supremo Arnold Schwarzenegger, protagonista del primer film de la saga, parecía un trabajo imposible. No por calidad actoral (obviamente), sino por la presencia, el físico(culturista) y el carisma: Arnold es y será siempre Arnold, for ever and ever ¿Qué hacer entonces? Se eligió ir hacia el lado opuesto y, en lo que fue una decisión polémica, trajeron a un flaco narigón con cara triste: Adrien Brody. Pero, oh sorpresa, resulta que el tipo se la banca: nos hace creer que es un mercenario, va por ahí siempre serio, con voz ronca y susurrante (a lo Batman de THE DARK KNIGHT) y, para sorpresa de todos, en un momento pela y demuestra que había ido al gimnasio a trabajar un poco. Raspando, pero aprueba en “bad-ass”.

    Con los demás personajes (y/o actores) pasa algo especial: Los que podrían haber funcionado no son bien aprovechados. Así (GUARDA CON EL SPOILER) el mexicano Cuchillo, interpretado por el capo Danny Trejo, es uno de los primeros en morir. Otro caso similar es el de Noland (Laurence Fishburne), un tipo que había logrado sobrevivir en el hostil planeta alienígena y que es algo así como una mezcla de dos personajes de “Lost”: Rousseau (por lo loco… y lo sucio tal vez), y Hurley (por lo dogor, a pesar de llevar un buen tiempo en la selva y sin ningún Mac Donalds cerca). Noland también es asesinado a los pocos minutos de aparecer y nos deja con ganas de ver más de su locura, su “amigo invisible” y sus supuestas habilidades, pero más que nada porque Fishburne le pone una onda impresionante al bizarro personaje que le toca interpretar y hasta parece que se estaba divirtiendo de lo lindo. En fin… (FIN DEL SPOILER)

    Para la muchachada que disfrutó con PREDATOR (la primera, de 1987) hay muchas referencias: una ametralladora disparando a la selva a lo loco, las trampas con troncos, el barro sobre el cuerpo para anular la visión infrarroja de los mostros e incluso uno de los personajes cita un informe de un militar que había vencido a un Depredador (se refiere a Dutch, el soldado que interpretó Arnold, aunque no lo nombra). En ese sentido, la película logra su cometido. Quisieron homenajear y lo hicieron bien. OK. Pero la película no va mucho más allá: sí, hay unos perros deformes; sí, hay una nueva variedad de Depredador; sí, hay una grosa escena de un ponja peleando con una katana contra uno de los bichos… y eso es todo.

    A pesar de que entretiene, se siente como si a la película le faltara algo: quizá el problema esté en el poco desarrollo de los personajes o en la falta de originalidad de algunos. Ni siquiera las muertes son muy interesantes e incluso hay menos sangre y desmembramientos de lo que uno espera. Tal vez faltó trabajar el guión, introducir alguna secuencia más interesante, algo que nos sorprenda, algo que no hayamos visto. Pero bueno, tampoco es que se trate de un producto con grandes aspiraciones. Es para sentarse y disfrutar de esa cacería, que sucede ahí, donde viven los monstruos.
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  • Kick-Ass
    Kick-Ass
    CiNerd
    LA VENGANZA DE LOS NERDS

    Antes de morir, el tío Ben le enseñó a Peter Parker, alter ego de Spiderman, una lección que lo marcaría de por vida: un gran poder conlleva una gran responsabilidad. ¿Pero que pasa cuando no se tiene un gran poder? Aunque la idea de responder a esa pregunta no es nueva (ya la desarrollaron filmes como MISTERY MEN en 1999 y otros no tan conocidos, como SPECIAL en 2006 y BLANKMAN en 1994), la actual sobreabundancia de películas de superhéroes al parecer obligaba a darle un giro novedoso al subgénero y ofrecer algo diferente a los espectadores. Así llega KICK-ASS.

    El film está basado en un violento cómic que relata como un nerd fanático de las historietas decide emular a sus héroes y, luego de fabricarse un traje casero, sale a las calles a luchar contra el crimen bajo el nombre de Kick-ass (algo así como “Patea-traseros”). Gana algo de fama luego de que un video suyo sea subido a Youtube y conoce a otros locos con capa y máscara, como Hit Girl y Big Daddy: juntos intentarán detener a un jefe mafioso interpretado por Mark Strong.

    La película es entretenida y delirante, bizarra y simpática. Está repleta de humor negro, ultra-violencia y numerosas guiños hacia la cultura popular (hay referencias a My Space, You Tube, los juegos en primera persona tipo Counter Strike, el final de la serie “Lost” y, obviamente, los superhéroes de cómics), algo que la hace muy cómplice: KICK ASS se ríe junto con el espectador. Y esto la hace mucho más disfrutable.

    El protagonista de KICK-ASS es un loser estudiante de secundaria (sí, con todo lo que eso implica en cuanto a lo ya visto en películas y series yanquis, como los populares molestando a los nerds, los bravucones robando el dinero del almuerzo, etc), lo que hace que la película tenga por momentos ese aire a SUPERBAD, con chistes sobre la locura hormonal adolescente y hay también por ahí algún porrito. Además actúa Christopher Mintz-Plasse (Mc Lovin en SUPERBAD) que interpreta a Chris, el hijo del mafioso.

    KICK-ASS tiene la capacidad de generar diferentes sensaciones de modo vertiginoso: va de la risa al momento emotivo. También, de la parodia a la seriedad. Es que, a pesar del delirio total y de lo gracioso que pueden resultar varias situaciones, las historias de los personajes son bastante jodidas y hasta tristes en el fondo.

    El director Matthew Vaughn filma satisfactoriamente las violentas e intensas secuencias de acción (muy bien acompañadas por la banda sonora), algo fundamental en este tipo de películas, sumado a algún que otro toque de los estilos de Guy Ritchie (ambos laburaron juntos en el pasado, aunque Vaughn en el rol de productor) y Tarantino. Más allá de todo eso, la esencia del cómic se respeta y los cambios que hubo fueron para mejor. Si hay algo que se le puede criticar negativamente al film es el hecho de que a pesar de ser una sátira (muy loca, pero con un pretendido realismo al fin) y de jugar con los lugares comunes del cine de acción y de superhéroes, finalmente no termina apartándose mucho de estos tópicos SPOILER, es decir, el nerd se queda con la chica linda, los malos malísimos reciben su merecido, etc FIN DE SPOILER

    En cuanto a las actuaciones, la pequeña Chloe Moretz se roba la película como Hit Girl, una mini Beatrix Kiddo, mal hablada y mortífera, pero con cierta inocencia. Strong demuestra porque es el actor de moda para interpretar villanos y se hace temer. Nicholas Cage también se luce como el melancólico ex-policía que decide enmascararse para combatir la delincuencia, una mezcla entre The Punisher y Batman, badass y desequilibrado. Aaron Johnson, el protagonista, cumple con la difícil tarea de ponerse la película al hombro.

    Para ir cerrando, podría decirse que KICK-ASS es el hermano adolescente, jeropa, borracho y fiestero de los maduros y serios THE DARK KNIGHT y WATCHMEN; es un homenaje a los cómics y, sobre todo, a los fans de los cómics. Recomendable a full… y si no la vas a ver merecés que te pateemos el orto. Nuff said!
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  • El libro de los secretos
    EPÍLOGO

    ¿Puede haber esperanza en un mundo devastado, en el que la civilización parece haber llegado a su epílogo? Eli (Denzel Washington) cree que sí: tiene fe y camina hacia el oeste llevando un libro en soledad, en un paisaje con mucho gris-ceniza-tristona y mucho marrón-descolorido-melancólico. Ese es el punto de partida de la nueva película de los hermanos Hughes (FROM HELL), un film por momentos entrentenido, pero con pocas escenas memorables.

    Como el título indica (THE BOOK OF ELI, en inglés) aquí hay un libro que funciona como elemento central, impulsando a los personajes a realizar acciones y tomar decisiones. Mientras Eli lo protege, Carnegie (Gary Oldman) es el capo de un pequeño pueblo que quiere tenerlo por su contenido: quiere usar el mensaje que hay entre sus páginas para ganar poder, y hará todo lo posible para ser su dueño.

    El viaje de Eli es una historia con elementos de western y de otros filmes post-apocalípticos (como MAD MAX), con escenas de acción breves y escasas, a excepción de un largo tiroteo cerca del final filmado en un ingenioso plano secuencia circular. A pesar del giro argumental, EL LIBRO DE LOS SECRETOS es una película con un guión simple y que mezcla confusamente el misticismo religioso con lo badass. Además, el film no pasará a la historia por introducir elementos nuevos en este sub-género de películas post-apocalípticas. A ver, hay pocos detalles originales o interesantes en este “nuevo mundo” de sobrevivientes del desastre que acabó con la civilización humana: hay bandidos caníbales como los de LA CARRETERA (aún no estrenada aquí) y vehículos que recuerdan a los de la saga MAD MAX, por citar algunos ejemplos.

    Washington y Oldman, dos grossos de la actuación, cumplen con sus papeles sin sorprender a nadie. El grone, con mucha presencia y seriedad; Gary, con locura, soberbia y maldad (recuerda a su personaje de EL QUINTO ELEMENTO). Algo desdibujado y poco interesante es el personaje de Solara, interpretada por Mila Kunis, que acompaña a Eli sin aportar mucho más y, para peor, al final... bueno, veanlo ustedes pero ¡es cualquiera!

    EL LIBRO DE LOS SECRETOS es buena cuando es una película de acción (o sea, casi nunca): las coreografías de las luchas están bien hechas (y filmadas de modo que se las pueda apreciar) y no se abusa de los efectos CGI en las peleas (se los usa para sobrias decapitaciones y mutilaciones, y por suerte no hay nada de esa sangre digital tan de moda ahora). Sin embargo, cuando se tratan temas como la fe y el poder de la religión (que, justamente, terminan siendo los temas centrales)... bueno, digamos que es algo ridícula. Para decirlo en una palabra: decepción.
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  • Sherlock Holmes
    EL CASO DEL DETECTIVE AVENTURERO

    El caso es el siguiente: Sherlock Holmes es un detective, creado por Arthur Conan Doyle, que fue llevado a la pantalla grande en numerosas oportunidades. Esta vez, la película resulta ser diferente a todo lo visto anteriormente: Holmes es ahora un tipo pendenciero, desastroso, desarreglado y con mucha picardía, aunque sigue siendo un sagaz observador de esos mínimos detalles que, a pura deducción, lo llevan a encontrar la verdad, y siempre un paso más adelante que los demás. En el momento en que se desarrolla la película, la vida de Holmes es sacudida por algunos cambios: deberá resolver un caso que desafía a la razón y que, además, puede significar el final de su sociedad con Watson (Jude Law), ya que el doctor piensa en casarse y mudarse del edificio de calle Baker.

    El nuevo acercamiento al personaje en esta película, que podría definirse como una modernización, rompe con el modelo del detective de policial clásico o de enigma, del que Sherlock supo ser uno de los principales exponentes. Este nuevo Holmes no se queda en casa a pensar cómo solucionar los enigmas, sino que sale a la calle a golpear y ensuciarse (algo más característico de los detectives protagonistas del policial negro). Si bien en los relatos y novelas Holmes lo hacía de vez en cuando, el aspecto aventurero y picaresco del personaje es llevado a un extremo en este nuevo film, algo que puede llegar a ser visto por algún fanático muy nerd como una falta de respeto hacia la creación de Doyle o a las anteriores versiones cinematográficas. Para ellos, que se conformen con algunos guiños, como la mención de Mycroft (el hermano de Holmes) o las sutiles referencias a la adicción de Holmes por la cocaína.

    Veamos que pistas tenemos: SHERLOCK HOLMES es un film entretenido, con mucho humor y buenas escenas de acción, además de un excelente trabajo del elenco. Robert Downey Jr. se luce en su interpretación y compone a un Holmes carismático y muy divertido de ver en pantalla (aunque sí, hay que reconocer que a veces recuerda mucho al Tony Stark de IRON MAN), sobre todo cuando comparte escenas con Jude Law, debido a la buena química entre ambos. El villano lord Blackwood podría haber sido más desarrollado o haber contado con algo que lo haga más original, pero es correctamente interpretado por un sombrío Mark Strong. Rachel Mc Adams, por su parte, enamora como Irene Adler, una atractiva ladrona por la que Holmes siente algo y que esconde algunas sorpresas.

    Más pistas: la película tiene un buen ritmo, una onda muy cool, escenas en cámara lenta y otras filmadas de manera bastante original (como la que empieza con la caja que dice “This way up”). También hay un buen trabajo de ambientación (hay partes donde se les va la mano con los escenarios hechos en la compu, pero bueno, era dificil hacerlos de otra manera) y es para destacar la excelente banda sonora compuesta por Hans Zimmer (inolvidable la canción de los créditos finales).

    Y el culpable es… ¡Guy Ritchie! Felicitaciones al director inglés por una película muy recomendable que, por suerte, deja abierta la posibilidad para una secuela (cuya realización ya ha sido confirmada). Caso resuelto.
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  • Asesino Ninja
    MATAR O MORIR… DE AMOR? (ANDA A CAGAR)

    La nueva película de James McTiegue, producida por los hermanos Wachowski, es un festival de luchas, armas ninjas, escenas violentas y… no mucho más. ¿Alcanza? Mmmm… nop. La historia de Raizo (interpretado por el coreano Rain) y su enfrentamiento contra los ninjas del clan Ozunu (del que él formó parte en el pasado, hasta el asesinato de su amigovia) está llena de lugares comunes y personajes estereotipados (curioso que esta frase en si misma ya sea un lugar común cuando se opina de cine). Además, una serie de (por momentos aburridos) flashbacks (que muestra la niñez –o, mejor dicho, ñoñez- del personaje principal y su entrenamiento) logran que el filme termine haciéndose pesado: apenas pueden destacarse algunas escenas de combates (sí, hay cámara lenta, no os preocupéis) y otras inesperadamente gore (y eso siempre se agradece).

    Sucede que ASESINO NINJA está planteada prácticamente como una producción para hacer quedar a Rain como un grosso y, seguramente, conseguirle más papeles en Hollywood: lamentablemente, el coreanito, a pesar de la caripela de serio y los músculos que anda mostrando durante casi toda la película, tiene menos onda que… un coreanito. En otras palabras: el filme falla al tratar de sostenerse sobre los hombros de Rain. En otras palabras: se nota que a Rain le falta bastante para ganarse el título de “héroe de acción”. En otras palabras: a Rain la peli le queda grande. En otras palabras: volvé a Corea, Rain.

    Otra deficiencia de la película es que por momentos se toma muy en serio, algo totalmente ridículo cuando hay ninjas saltando por ahí y -literalmente- despareciendo entre las sombras. Es que, tampoco se tiene de base, por ejemplo, la simbólica historia de V DE VENGANZA, el anterior trabajo de McTiegue. Además, ASESINO NINJA no logra definirse: pasa de mostrar un ninja que mata a otro metiéndolo en un lavarropas (bien ahí) a incluir un mensaje sobre el amor, lo bello que es vivir y gansadas del estilo (mal ahí): ¿en que quedamos, muchachos? ¿Nos vamos al carajo o no? Obviamente, el público al que está dirigida la película (nosotros, ustedes, en fin, los cinerds de este mundo) seguramente preferirá que se vayan al carajo, que se zarpen. Lo que menos queremos en una historia de ninjas es ver a un emo rebanando gente porque le mataron la noviecita... sí, queremos ver gente rebanada, pero… ¿por un pibe depresivo con el corazón con “aujeritos”? ¡Por favor! Y para colmo, la co-protagonista, Naomi Harris, es bastante inservible e insufrible… y ni siquiera muestra las gomas para la muchachada! Pfff…

    ASESINO NINJA es como ver (sí, “ver”, no jugar) un videogame: Raizo, con cadena y cuchilla (su arma favorita) mata muchos ninjas y va subiendo en la cadena alimenticia hasta su lucha contra el “jefe final” en su búsqueda de venganza. Y aunque, como ya se dijo, hay unas cuantas buenas muertes, la matanza no alcanza (me salió una rima). También hay un abuso de la sangre creada por computadora (che, la sangre nunca queda bien en la compu, a esto hay que hacerlo sí o sí “old school”) Como si esto fuera poco, encima roba algunas cosas de la grossa peli 300 (sí, la de los espartanos, dirigida por Zack Snyder), ya se darán cuenta ustedes (porque yo me cansé de tipear). En conclusión: ASESINO NINJA es una película repetitiva, sosa (siempre quise usar esta palabra) y muy probablemente destinada al olvido o, como mucho, a ser emitida por, digamos, Film-Zone un sábado a la siesta.
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  • 2012
    2012
    CiNerd
    COSAS DE LA CIVILIZACION

    “Hay algo que está sonando, seguro que ya lo oías: la Tierra está sonando con distinta melodía. Ni dioses locos de furia, ni demonios vengativos, ni naves extraterrestres, ni algún cometa perdido. La historia es mucho más clara y tiene también sentido: la Tierra se está quitando de encima al peor enemigo.”
    Así empieza “Civilización”, una canción de Los Piojos que puede relacionarse con el nuevo film del director Roland Emmerich, especialista en cine catástrofe y fanático de la destrucción masiva, como lo demostró con EL DIA DESPUES DE MAÑANA, DIA DE LA INDEPENDENCIA y GODZILLA.

    En su nuevo film, utiliza el calendario maya (que llega hasta 2012) como una predicción del fin del mundo: radiación solar, placas tectónicas que chocan y se resquebrajan, tsunamis monumentales… en definitiva, el planeta se va a la mierda y la civilización humana se derrumba (literalmente). En el medio de todo, una familia tratando de sobrevivir. Hay que reconocer que el despliegue visual y los efectos especiales están muy logrados: lo mejor de la película es ver como se desploman los edificios y también como caen los autos y los seres humanos por profundas grietas en el suelo. El nivel de detalle asombra, lo que convierte a 2012 en una película que sólo puede disfrutarse en pantalla grande.

    Más allá de eso, la película es bastante floja. Tiene una historia simple, con escenas forzadamente emotivas y varios lugares comunes (OJO, SPOILER como el padre divorciado y medio fracasado que después de toda la aventura se convierte en héroe y vuelve a unir a la familia FIN SPOILER). También hay metáforas demasiado elementales (SPOILER como el portaviones destruyendo Washington, en una especie de símbolo antibélico tan evidente que da risa, o la fisura en el techo de la Capilla Sixtina, “separando” a Dios del hombre... puffff FIN SPOILER), personajes muy estereotipados, penosos diálogos efectistas “hechos para el tráiler” (como el “Vamos a necesitar un avión más grande”) y actuaciones tan berretas que parecen salidas de una parodia, como la de Woody Harrelson en su papel de loco/hippie fanático de las conspiraciones. Si a eso le sumamos algunas escenas bastante ridículas (SPOILER como los helicópteros transportando animales hacia las Arcas o la limusina saltando el precipicio FIN SPOILER), bajadas de línea muy explicitas y empalagosos mensajes de esperanza, nos quedamos con una peli pochoclera mediocre, a pesar de tener algunos momentos entretenidos o de tensión. ¿Por qué le siguen dando plata a Emerich para que haga lo mismo? ¿Por qué una película llena de fórmulas ya probadas funciona en la taquilla? ¿Por qué nos gusta pagar para ver como todo lo que conocemos se destruye? Y bue… cosas de la civilización.
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