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Imagen del crítico Emiliano Román
Emiliano Román
  • Cantidad de críticas: 48
  • Promedio: 65%
  • Críticas favorables: 36/48 (75%)
  • Críticas desfavorables: 12/48 (25%)
  • Diferencia absoluta: 11%
  • Email de contacto: No disponible
  • Medio donde critica: A Sala Llena
  • El chico de la bicicleta
    En el marco de la semana del cine europeo, se proyecta con la presencia de sus directores, el maravilloso film El Niño de la Bicicleta. La sala estaba repleta, se respiraba gran ansiedad por todos los espectadores, de ver este último trabajo de los creadores de Rosetta.

    La velada cinéfila estuvo a la altura de las expectativas, los hermanitos Dardenne demuestran una vez más porque son unos de los realizadores actuales más prestigiosos del viejo continente. El fuerte aplauso y ovación final, dio prueba de ello...
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  • Secretos de pasión
    Perdona Nuestros Pecados

    El último trabajo del veterano cineasta estadounidense Roland Joffé, creador de importantes títulos en los ochenta como los Gritos del Silencio y La Misión, promete ser muy polémico por las diferentes lecturas que se pueden hacer de él. Una historia de dioses y demonios que convoca a realizar dos líneas de análisis: por un lado la cinematográfica y, por el otro, la ideológica...
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  • El puerto
    El puerto
    A Sala Llena
    Con el último trabajo del cineasta finlandés Aki Kaurismaki, (Un Hombre sin Pasado, Luces al Atradecer), se abrió en Buenos Aires la tercera edición de la semana del cine europeo. Esta vez con cinco films presentados en prestigioso Festival de Cannes.

    Le Havre, es un exquisito relato que denuncia la problemática de la inmigración clandestina en Europa, y la puerta abierta que esto deja, para que la discriminación y el rechazo sean naturalizados por la sociedad. Aspectos que no son solamente avalados por el estado, sino que son alimentados por un sistema que procura por todos los medios excluir y expulsar al “peligroso”...
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  • La separación
    La separación
    A Sala Llena
    Hasta que la vida nos separe

    Un hombre y una mujer discuten las razones de su divorcio durante una audiencia judicial; la cámara se ubica en la mirada subjetiva del Juez y así el plano nos permite ver a los protagonistas de la historia como si fuesen nuestros interlocutores. Simin y Nader no pueden ponerse de acuerdo. Ella quiere irse del país porque tiene una visa por cuarenta días y apuesta a un futuro mejor para su hija en otras tierras; él se resiste, no quiere abandonar a su padre que padece Alzheimer. Ese es el motivo de la separación. El punto de conflicto se centra en quién tendrá la tenencia de la hija púber Termeh. Al no haber motivos de infidelidad o violencia, el magistrado no quiere otorgar el divorcio a esta pareja tan desencontrada...
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  • Tenemos que hablar de Kevin
    Tenemos que Hablar de lo Siniestro.
    Una mujer que responsabiliza a la maternidad de su no felicidad presente; un niño que crece sin uno de los alimentos más necesarios para vivir: el deseo maternal; un padre que hace la vista gorda frente al monstruo que se está engendrando; una sociedad reaccionaria que busca justicia basada en sensaciones pasionales.
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  • Enter the Void
    Enter the Void
    A Sala Llena
    Un viaje de ida.

    El que vaya a ver este último film de Gaspar Noé y conozca su obra medianamente ya sabe a que abstenerse, los fuera de plano en escenas cuasi traumáticas, prácticamente para él no existen. Se trata de uno de esos realizadores que con cada nuevo trabajo provoca los interminables debates acerca de lo que es moral y no en el cine.
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  • Drive
    Drive
    A Sala Llena
    Me verás volar por la ciudad de la furia

    La galardonada en la última edición del Festival Cannes a Mejor Dirección es mucho más que una mera y adrenalínica película de acción. Se trata de un drama urbano, que aborda la soledad y los obstáculos subjetivos que padecen algunos habitantes de las grandes ciudades a la hora de vincularse afectivamente con el otro...
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  • Amor por siempre
    Amor por siempre
    A Sala Llena
    Hablar mucho y decir poco.
    Lo peor que le pudo haber pasado a este film, es estrenarse a pocas semanas de la encantadora 50/50. La temática es muy parecida, una persona joven que se enfrenta ante un cáncer terminal y esto produce no solo una revolución en ella misma, sino en todo su entorno...
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  • Chacú
    Chacú
    A Sala Llena
    Quien quiera oír que oiga.

    Chacú es un documental didáctico, dirigido por el famoso historiador Felipe Pigna y trata de reconstruir la historia de esa provincia cuna de los wichís y tobas y sede del emblemático bosque El Impenetrable. El objetivo del largometraje es la divulgación histórica de la provincia del Chaco, a pedido del ministerio de Educación provincial...
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  • La dama de hierro
    La dama de hierro
    A Sala Llena
    Lady Gagá
    Finalmente llega a las salas porteñas la esperadísima biopic de la polémica, incómoda y temperamental ex primer ministra británica Margaret Thatcher, interpretada nada más y nada menos que por una de las mejores actrices de todos los tiempos, Meryl Streep. La directora inglesa Phyllida Lloyd desperdicia la oportunidad de relatar la vida de un personaje histórico absolutamente rico, reduciéndolo a su actual etapa senil con agotadores y disruptivos flashbacks que retratarían la memoria de la “dama de hierro”...
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  • El amor de Tony
    El amor de Tony
    A Sala Llena
    Dardenne light

    El primer largometraje de la directora francesa Alix Delaporte es una historia tan agradable como simple. Se trata de un film minimalista, pequeño, de corta duración, pero lo suficientemente interesante como para producir un alto nivel de empatía con sus personajes por el realismo y la cotidianeidad que sus conflictos propios representan...
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  • Historias cruzadas
    Historias cruzadas
    A Sala Llena
    El Discurso del Amo

    The Help, que acá la hacen llamar no muy felizmente Historias Cruzadas, es un film que puede provocar muchos amores y algunos rechazos. De hecho, es una de las candidatas a obtener varias nominaciones a los próximos premios Oscar y seguramente veremos a varias de sus estrellas desfilar por la alfombra roja esa noche...
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  • Intercambio de almas
    Desalmada

    ¿Qué es el alma? A lo largo de la historia, pensamientos religiosos y filosóficos intentaron dar respuesta a este interrogante. El conocimiento humano ha alcanzado grandes logros en las dolencias físicas pero, en lo que respecta a los dolores del alma, sigue sin encontrar aquel tratamiento que anestesie por completo la desazón emocional...
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  • Canciones de amor
    Canciones de amor
    A Sala Llena
    Siempre nos quedará París.

    Con cuatro años de atraso, se estrena en los cines porteños este peculiar drama musical francés, dirigido por Christophe Honoré, un cineasta no muy conocido por estas latitudes, pero que ya tiene varios títulos en su filmografía (En París; Relaciones Peligrosas), cuyo denominador común en su obra son las conflictivas y diversas relaciones vinculares que se establecen en la gente joven parisina...
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  • La mujer sin piano
    La mujer sin piano
    A Sala Llena
    Sola en los Bares
    Gracias a éste, su segundo largometraje, Javier Rebollo se hizo acreedor de la Concha de Plata al Mejor Director en el Festival de Cine de San Sebastián, edición 2009. Un drama intimista, bastante minimalista, que por momento esboza ser comedia, pero no lo logra...
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  • D-Humanos
    D-Humanos
    A Sala Llena
    Deudas Humanas

    Al cumplirse 63 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se originó este proyecto colectivo que abarca nueve miradas distintas, a modo documental, sobre como se encuentra vigente y el cumplimiento de aquel emblemático documento firmado en París, allá por 1948, por la Organización de las Naciones Unidas.

    Y el resultado es absolutamente deudor, la situación en la que viven algunas personas en nuestro país pone sobre el tapete que todavía falta mucho, y lamentablemente esta Declaración sigue siendo tan utópica como aquel entonces.

    Este proyecto coral abarca nueve cortos documentales, de los cuales Objetos Humanos de Javier De Silvio funciona como separador entre uno y otro. Con distintas modalidades cinematográficas, presenciamos nueve realidades inquietantes, algunas llamativas y otras aberrantes. Aborda distintas problemáticas, que van desde el seguimiento con cámara en mano a unos niños de la villa 31; hasta entrevistas, algunas muy simpáticas, en un puente que cruza la frontera de Argentina y Paraguay.

    El más destacable es el corto que abre el film: Informe sobre la Inequidad de Pablo Nisenson, una mirada introspectiva, a modo de investigación científica, entre dos muchachas adolescentes de la misma edad, pero venidas de cunas opuestas en la escala social. Podemos ver lo fenómenos biológicos, psicológicos y sociales que se entrecruzan y determinan prácticamente el destino de un sujeto, dependiendo de su entorno, prehistoria y condiciones de vida.

    La Formación de Andrea Schellemberg muestra la interesantísima experiencia que es dictar clases de Derechos Humanos en el Colegio Militar. Dos mundos, miradas e ideologías opuestas se encuentran en la formación de los futuros militares argentinos. Un documento rico en relatos que incluye escenas reales en situaciones de examen.

    Baldosas en Buenos Aires de Carmen Guarini (Gorri), es el más conmovedor. Cuenta un intento de recuperar la memoria, en las baldosas de alguna esquina porteña, con el nombre y el recuerdo de aquellos desaparecidos en la última dictadura.

    El resto de los cortos apunta a escenarios de pobreza, la necesidad de alimentarse y sobrevivir, situaciones de torturas que sufren algunos presos en cárceles de la Pcia. de Buenos Aires o la monstruosa vivencia de tener plomo en la sangre producto de la contaminación fabril.

    Algunos impactarán bastante, otros no presentarán mayor novedad en su estilo, pero D-Humanos es un proyecto que vale la pena ser visto, inquietarse, reflexionar y preguntarse cuál es el rol que tenemos como sociedad para que todos hagamos que esa Declaración no sólo quede en lindas palabras y pueda ser una realidad algún día.
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  • El estudiante
    El estudiante
    A Sala Llena
    Ideología Líquida

    Santiago Mitre da cuenta de cómo hacer que una película pequeña, independiente y supuestamente modesta se transforme en un enorme y épico largometraje. Aclamada en la última edición del BAFICI, tanto por el público como por la crítica; ganadora del premio especial del jurado en el Festival de cine de Locarno, Suiza; el coguionista de Trapero en Leonera y Carancho, y también codirector de la muy interesante El Amor (Primera Parte), demuestra su inmenso talento narrativo en un thriller político, tan ágil y vertiginoso que mantiene la atención expectante de principio a fin.

    Doble es el mérito cuando sabemos que se trata de un trabajo hecho a pulmón, con un muy recortado presupuesto, detalle que no se nota en el producto final, que ni siquiera gozó de los subsidios del INCAA. También porque da por tierra aquel prejuicio que rotula al cine argentino independiente como lento, costumbrista y minimalista; todo lo contrario: estamos frente a una película grande y absolutamente dinámica.

    No se trata de un filme político que deja un mensaje ideologizado, se trata de una obra que pone la política en el tapete, desde su versión más micro como podría ser la militancia universitaria, y que sirve como metáfora de la más macro, aquello que nos termina definiendo e influenciando como sociedad.

    Roque (Esteban Lamothe) es un joven del interior que viene a probar suerte a la gran Universidad de Buenos Aires, como modo de socializar y seducir a chicas, ingresa en grupos militantes. Así, de a poco, va a ir ganando popularidad y poder dentro del sistema académico, para terminar de ocupar un rol de puntero político, donde manipula y es manipulado. Todos los que alguna vez circulamos por los pasillos de la UBA experimentaremos vivencias conocidas donde la política no queda afuera de nuestra formación.

    La ideología es sólo el escalón que visibiliza a través de un discurso, muchas veces romántico y hasta utópico, cierto lugar de poder. Es así como los ideales suelen ser olvidados a la hora de manipular, cosificar y ganar posiciones dentro de la carrera política.

    Con un enfoque realista, Mitre se vale del seguimiento de cámaras que nos posibilita mirar con los ojos del protagonista; un narrador omnisciente que nos introduce en el relato, imágenes de archivo donde se muestran verdaderas marchas universitarias, y una impecable puesta en escena que retrata con gran ductilidad de planos el interior de la vida en la universidad pública. Las actuaciones son notables; Lamothe se destaca en su primer protagónico y Romina Paula está impecable en el rol de esa joven docente apasionada pero a la vez insegura.

    La historia de amor que se desarrolla en el medio no desvía la trama sino que la intensifica aun más. El relato da cuenta de cómo se desarrolla la dinámica en un grupo humano donde no faltan los líderes y chivos expiatorios. Un filme que posibilita un sinfín de análisis sociológicos y psicológicos de cómo actúa el hombre y la cultura frente a la necesidad de imponerse sobre el otro.

    Varios aspectos interesantes. La historia en ningún momento explicita algún partido o agrupación política en particular, sólo se centra en desarrollar cómo son los mecanismos y las relaciones que se tejen en la ambiciosa competencia política. Tampoco nos dice de qué carrera universitaria se trata; por las locaciones podemos inferir que es dentro de la Facultad de Sociales, pero no es necesario aclarar porque estas luchas se pueden aplicar a cualquier espacio de la militancia universitaria.

    Otro dato es que mientras fue rodada el año pasado hubo dos acontecimientos que marcaron claramente la vida política y social de nuestro país: uno fue el asesinato del militante Mariano Ferreyra y el otro la muerte del ex presidente Néstor Kirchner. Tampoco se los menciona en el film pero están presentes a través de cameos que muestran afiches y panfletos que apelan directamente a nuestro inconsciente colectivo.

    El Estudiante, va en camino a hacer historia en nuestro cine; nuevamente se demuestra que para hacer una obra de alta calidad artística no se necesita ni mucho dinero ni una gran campaña de marketing, solo la mirada talentosa y la narración notable de un cineasta que promete. Podría decirse que es un filme casi de visión obligatoria para todo aquel que le interese la realidad política que lo rodea. Nos despierta de cierta ingenuidad y fanatismo, aunque lamentablemente no llegue a exhibirse en las salas comerciales, quizá no sea muy conveniente para aquellos a los que el mismo filme denuncia.
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  • En un mundo mejor
    En un mundo mejor
    A Sala Llena
    El Amor en Tiempos Violentos

    La sucesora en los Oscar de El Secreto de sus Ojos es, sin dudas, unos de los estrenos más prestigiosos del año, no sólo por los pergaminos que trae (además del premio de la Academia, se llevó también el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa), o por la impecable trayectoria fílmica de su directora (Después de la Boda; Hermanos; Corazones Abiertos), sino porque también se trata de una obra cinematográfica con alto nivel narrativo y visual, que se sumerge en la problemática de la violencia desde un lugar original, abordándola como algo casi innato en la cultura humana.

    Estamos ante un film que, en sus casi dos horas de duración, transmite una infinidad de temas que afectan las relaciones humanas hoy en día. Cada espectador se quedará con lo que más ruido le haga de eso, pero la película permite desprender varias interpretaciones psicológicas y sociológicas de los conflictos que relata.

    Las relaciones humanas son difíciles, sobre todo en tiempos globalizados como estos, donde la supervivencia del más fuerte está al pie del cañón. Por más que algunos padres intenten transmitir con las mejores intenciones valores éticos, morales y pacifistas a sus hijos, muchas veces pueden dejarlos expuestos a ser presas de un mundo depredador, o a que generen defensas tan rígidas que la única salida sea responder con más violencia al ataque externo.

    Estas son las personalidades que desarrollan los niños protagonistas del film. Por un lado tenemos a Elías (Markus Rygaard), hijo de padres médicos en pleno divorcio, que termina identificado a lo que él llama cobardía del padre. Antón (Mikael Persbrandt), es un buen hombre, inmigrante sueco, que trabaja en un campo de refugiados en África, donde la ley está ausente y da lugar a los más aberrantes hechos y crímenes violentos. En su afán de generar ejemplos de conductas que harían un mundo mejor, descuida un poco la comunicación familiar, el matrimonio está en riesgo y no puede leer que su hijo se somete a ser tan cacheteado como él por sus pares.

    Por el otro lado, está Christian (William JØhnk Nielsen), otro niño preadolescente, que ha quedado recientemente huérfano de madre, no tolera el tremendo dolor que le ocasiona tal pérdida y necesita encontrar un culpable de semejante injusticia. El primer acusado es su padre; luego esto lo desplaza hacia el afuera y se encarna él mismo como la justicia que quiere aleccionar al mundo que lo rodea. Nuevamente hay un Padre que ama a su hijo pero no puede ponerse los pantalones cuando las situaciones lo requieren.

    Los púberes arman una alianza de amistad típica de esas edades pero se van metiendo en un lío tras otro. Un personaje muy interesante es la madre de Elías (Trine Dyrholm), una mujer afectada por el dolor que le causa la inminente separación de su marido, pero que sí salta como una fiera cuando tiene que proteger a su cría. En la escena en la que ambos padres son citados por las autoridades del colegio, que niegan los acosos a los cuales está siendo sometido el niño, se observa muy claramente las distintas posiciones que ocupan ambos padres frente al sufrimiento de su hijo.

    La habilidad narrativa de Susanne Bier permite ir desarrollando, en un intenso clima, las distintas personalidades y conflictos de los protagonistas, las diferencias y analogías de un mundo desarrollado como Dinamarca y una tierra tan desamparada como lo es gran parte del continente africano, las relaciones de los niños con sus padres y con los distintos actores de la sociedad, llevándonos paulatinamente a un relato con un gran monto de ímpetu dramático.

    Lo único que se le puede reprochar a Bier es que, en algún momento, la trama se torna bastante previsible, pero esta debilidad no afecta el resultado final de la obra. El trabajo de fotografía es excepcional, abundan hermosos planos de geografías naturales; la iluminación es bien soleada en casi todo el metraje; la dirección de actores es magnífica, en especial la tarea que se desarrolla con los niños protagonistas, quienes brindan una notable labor interpretativa.

    En un Mundo Mejor es una bella obra reflexiva e intensa sobre la condición humana, no nos da ningún tipo de respuesta clara, sólo nos plantea la inquietud de lo difícil que es la reacción frente a la agresión ajena, donde ideal y realidad suelen entrar en conflicto muy a menudo. Seguramente aquellos que son padres podrán verse reflejados en lo paradójico y contradictorio que puede ser a veces transmitir valores a sus hijos para que estos puedan vivir y crecer en un mundo mucho mejor que el nuestro.
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  • Super 8
    Super 8
    A Sala Llena
    Super Valorada.

    Se podría decir que Super 8 es una buena película, eso no es discutible. El problema está cuando se la considera como la mejor película del año, no sólo porque es una calificación que le queda demasiado grande, sino que también, este postulado implicaría aceptar con resignación el hecho de que al cine se le han acabado las nuevas ideas. Hubo otras producciones cinematogáficas en el año, menos rimbombantes, y sin tanto presupuesto que aportaron novedades en su relato, absolutamente impredecibles y originales.

    Técnicamente es una maravilla, los efectos visuales y sonoros gozan de la mayor calidad fílmica. La escena del accidente del tren es definitivamente abrumadora, esta sí podría ser considerada una de las secuencias del año. El comienzo también anuncia la posibilidad de estar ante una gran obra, ver como un obrero va cuantificando los días sin accidentes y debe volver a foja cero, es particularmente estremecedor.

    El punto es que esa intensidad inicial va decayendo a medida que transcurren los minutos, con algún que otro momento en donde repunta y vuelve a estar en lo más alto, pero en la última media hora, donde el desenlace requiere un mayor impacto narrativo, desbarranca.

    El relato se vuelve absolutamente predecible, da la sensación de haber estado allí en más de una vez, pero no lo es porque uno experimente una especie de deja vu, sino de lo que se trata es de haber presenciado escenas y secuencias similares en innumerables películas de este tipo de género. Dicen que el creador de la archipopular serie Lost, J.J. Abrams, quiso hacer un homenaje al gran maestro del género en los años ochenta, Steven Spielberg, también productor de este film. Ahora bien, una cosa es un tributo y otra muy distinta es hacer un popurrí de grandes hits efectistas que manipulan a la masa consumista, dando como resultado un producto cinematográfico entretenido pero plagado de lugares comunes.

    La ya clara reminiscencia a ET, está más que nombrada en varias críticas, pero agregaría que aquel maravilloso film de Spielberg se merecía un tributo no tan caricaturesco y menos obvio. Después, tenemos momentos de locura colectiva que remiten sin escalas a películas como Distrito 9, La Guerra de los Mundos, o el espectacular film coreano The Host. Sólo faltaba que el bicho se enamore de la chica rubia y teníamos a King Kong diciendo presente.

    Luego, abundan situaciones clisés que apuntan a dar cierto dramatismo al relato reduciéndose en muchos momentos en pura sensibilería barata. El chico huérfano de madre, que se enamora de la hija del enemigo de su padre. Padres que portan rasgos totalmente opuestos, uno es justo, trabajador e incorruptible, el otro es un borracho perdido con pinta de sucio, pero por esas cosas de Hollywood, terminan dejando las diferencias de lado en pos del amor parental.

    La escena final es lamentable, tan trillada, moralista y emotiva que empalaga, da por tierra lo que fue un gran comienzo, sobre todo por el grupo de preadolescentes que querían filmar con el entusiasmo a flor de piel y absolutamente apasionados su película de zombies. Esto, fue lejos, lo más logrado y original de Super 8. Todo ese detrás de escena que se construye en el armado de una película de unos jóvenes inexpertos donde el mayor capital es el deseo de llevar adelante su proyecto.

    Interpretativamente, los niños se destacan de sobremanera a los adultos, que en general aparecen sobreactuados. Nuevos talentos que se dieron a conocer gracias a un gran trabajo de casting y que seguramente a partir de ahora, a más de uno lo vamos a ver hasta en la sopa.

    Luego de un final fallido, vienen los títulos, los cuales no hay que perdérselos porque son lo mejor de los 112 minutos de metraje y es el resultado y consecuencia de lo más rico y original de lo que gozó Super 8, que es la espontaneidad de estos niños. Con un “My Sharona” de fondo que es otro golpe de efecto pero permite salir de la sala con una sonrisa, la cual durará un par de cuadras, hasta que te asalte el pensamiento de dónde se puede ir a comer, y la película quedará en el olvido.
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  • Yo maté a mi madre
    Una auténtica sorpresa, más si se tiene en cuenta que al momento de escribir, dirigir y protagonizar la obra, su realizador contaba con menos de 20 años de edad. Esta edición del Festival de Cine de Mar del Plata nos permitió descubrir a unos de los talentos con más futuro en el cine mundial, no sólo con este film que fue su ópera prima sino también se proyectó el siguiente: Les Amours Imaginaries.

    Un drama lo suficientemente cercano a cualquiera de nosotros para que logre perturbarnos y conmovernos por momentos. El enfrentamiento casi bélico que existe entre una madre y su hijo adolescente, cuando no se cuenta con un padre que funcione como corte a esta relación tan conflictiva.

    Hubert termina detestando tanto a su madre que el deseo de parricidio se impone cada vez más. La mujer tiene tantas dificultades para escuchar y ver las demandas de su hijo que por momentos dan ganas de matarla. La ambivalencia de los sentimientos de ambos, transforma esta historia en un drama edípico, donde los enfrentamientos, el odio y el rechazo maquillan el inmenso amor que sienten el uno por el otro.

    Lo interesante es que ninguno de los protagonistas tiene fuertes rasgos perversos o personalidades siniestras que justifiquen estos afectos tan hostiles. La empatía del espectador va fluctuando entre los dos personajes principales. Los gritos, caprichos, ironías y la contienda tan cotidiana provocan risas en más de una ocasión, aunque también impotencia al ver como estas dos personas van destruyendo el vínculo.

    Con un montaje que apuesta a una fuerte estética pop, no faltan el buen soundtrack y las escenas a modo de video clip. Por momentos pierde algo de originalidad, Los 400 Golpes de Truffaut se hace demasiado presente en la historia y es notable la influencia de cineastas como Gust Van Sant y Francois Ozon. De todos modos no deja de ser una dosis de frescura porque a pesar de tener un contenido claramente autobiográfico, este joven canadiense supo hacer de su film, una historia universal, encantadora pero también incómoda.
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  • Mundialito
    Mundialito
    A Sala Llena
    Crónica de un Circo Olvidado

    A comienzos de la década de los ochenta, casi toda Sudamérica estaba monopolizada por gobiernos dictatoriales de lo más siniestros que recuerda su historia. El mundial jugado en Argentina en 1978, fue un circo que no sólo reforzó al gobierno militar, sino que funcionó como una gran fiesta para exhibir ciertas “virtudes” del régimen.

    El Mundialito fue un torneo organizado por la FIFA en 1980, donde congregaba a todos los campeones mundiales hasta ese momento, en el país que había sido la primer sede del mundial allá por 1930, Uruguay. Nuestra nación vecina estaba bajo el mando de una nefasta dictadura militar desde 1973. Un mes antes que se realice la competencia, el gobierno de facto había llamado a un plebiscito al pueblo uruguayo, para que le autoricen a reformar la constitución y así legitimarse aun más en el poder.

    Estos acontecimientos son los que construye este interesante documental charrúa, que da cuenta del vínculo no casual que hay entre las grandes fiestas deportivas y los intereses políticos para maniobrar a las masas. Se vale de los recursos clásicos en este tipo de metrajes: entrevistas y piezas de archivos, muchas de ellas inéditas.

    Las entrevistas cuentan con valiosos e interesantísimos testimonios de gente muy diversa, y hasta con argumentos muchas veces contradictorios. Observamos a un molesto Joao Havelange, cuando le hacen una pregunta política; a dos ex presidentes uruguayos y al actual mandatario, algunos de los jugadores de la selección celeste, campeona de ese mundialito, periodistas deportivos, ex presos políticos, la estrella de fútbol brasilera Sócrates, conductores de televisión, etc.

    El montaje del material de archivo, nos permite acceder a planos donde vemos imágenes de los noticieros de la época, fotografías, segmentos de la publicidad, la portada de los diarios, y los grandes momentos futbolísticos del torneo, relatados por Víctor Hugo Morales. Disfrutamos de golazos hechos por Ramón Díaz y Maradona, y también unas declaraciones de un jovencísimo Diego, con un discurso tan polémico como en la actualidad.

    Lo más rico, son las hipótesis que se van tejiendo con el panorama político imperante. Al comienzo del documental, declara el ex presidente Julio María Sanguinetti: “siempre los gobiernos han tratado de usar el deporte como un modo de asociarse al éxito o a la inversa, y los gobiernos autoritarios mucho más”. Así, vemos como se despliegan las dudas iniciales de los militares si organizaban el torneo o no; o la manipulación que hicieron del mismo con el plebiscito propuesto; la canción oficial que intentaron imponer pero la que finalmente se impuso fue otra, algo más disimuladamente contestataria. Como la oposición, silenciada y a escondidas, también usó el campeonato, para hacer campaña por el No al referéndum; el intento para alcanzar la señal de televisión a color.

    El plebiscito para el gobierno militar era un partido ganado, no había antecedentes que un régimen autoritario haya perdido una elección de este estilo, y con el mundialito casi pegado, era un golazo. Afortunadamente les salió el tiro por la culata y el pueblo que disfrutó, cantó y festejo la victoria uruguaya, también le dijo NO a la dictadura. Algo muy palpitante es que mientras la hinchada festejaba la Copa de Oro que había obtenido la celeste, cantaba en las calles “se va a acabar, se va acabar, la dictadura militar”.

    Un documental que recupera una página borrada de la historia uruguaya, rescata un torneo que permitió el abrazo conjunto entre presos políticos y guardias carceleros; un pueblo que no se dejó enceguecer por el circo romano armado por la dictadura, pero que eso tampoco le impidió disfrutar de la gloria deportiva; una copa ganada, que quedó en el olvido, ni siquiera aparece entre los laureles de la Asociación Uruguaya de Futbol. Mundialito es una apuesta a la reflexión y a recuperar la memoria pérdida del inconsciente colectivo, desde las más diversas voces y posiciones ideológicas.
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  • El laberinto
    El laberinto
    A Sala Llena
    El duelo que más duele.

    El duelo por la muerte de un hijo, es uno de los procesos más dolorosos que puede experimentar un humano, a lo largo de su vida. De hecho, es el temor más grande de aquellos que son padres. No hay nada que pueda cicatrizar tremenda herida, la tramitación de esa pérdida muchas veces queda inconclusa y sólo resta refugiarse en algún tipo de paliativo que consuele y teja frágilmente ese agujero en la psiquis humana.

    Este miedo universal, ya ha sido abordado en varias películas, las cuales nos intentaron mostrar como se las arregla un padre-madre, durante la tramitación de ese dolor, donde todo aparece como desesperanzador. Podemos citar, entre algunos, al maravilloso film italiano de Nanni Moretti La Habitación del Hijo, el drama norteamericano En el Dormitorio, la impactante cinta canadiense de Atom Egoyan El Dulce Porvenir, o la francesa, estrenada hace un par de años, Hace Mucho que te Quiero, con una memorable actuación de Kristtin Scott Thomas.

    Un largometraje que aborda esta temática dirigida por John Cameron Mitchell (Hedwing and the Angry Inch y Shortbus), hacía pensar que podíamos estar en frente de un film absolutamente cuidado estéticamente, como lo fueron sus sobrevalorados trabajos anteriores, pero lleno de exhibicionismo, moralejas y sentimentalismo, del que también abundaron en los mismos. La primera premisa se cumplió, la segunda, afortunadamente no.

    El Laberinto relata la historia de cómo se las debe arreglar una joven pareja, cuando le ocurre lo peor, la muerte accidental, y hasta tonta de su único hijito de cuatro años de edad. Se podría caer en el golpe bajo fácilmente, pero sobresale una narración que evita los lugares comunes y rescata la subjetividad e individualidad humana frente a un transe como este.

    Becca (Nicole Kidman), intenta renegar del dolor queriendo deshacerse de todo aquello que la sumerja en el recuerdo del niño. Howie (Aaron Eckhart), al contrario, necesita conservar aunque sea en objetos e imágenes, la presencia de su hijo. En esta diferencia, se rearma el lazo de esta pareja, que parecen estar condenados al puro desencuentro.

    De este dolor compartido trata este film, basado del guión original (Rabbit Hole) de David Lindsay-Abaire, ganador del premio Pulitzer en 2007. Una narración que retrata con altura, acidez, tensión, melancolía y mucha reflexión, lo que puede llegar a impactar un hecho como este en una pareja y su entorno.

    Cameron Mitchel se vale de su talento, para transmitir con impecables imágenes, gran ductilidad de planos y un preciso acompañamiento musical, los vaivenes y ambivalencias de los protagonistas. El trabajo interpretativo es notable, con gran altura Aaron Eckhart encarna a este padre puramente desanimado, pero con ganas de tramitar la situación como pueda. Nicole Kidman, hace un trabajo de gran nivel, que sería de lo más brillante, si no fuese que su metamorfosis facial le paraliza algunos gestos de su ex hermoso rostro. Maravilloso lo hecho por Dianne Wiest, como la madre de Becca, quien intenta aconsejar a su hija, para rescatarla del dolor, pero cuanto más hace, más la embarra.

    El Laberinto, es un interesante estreno de esta semana, que a pesar de lo mortífero que aparenta ser su argumento, de lo melancólica que puede llegar a ser su historia y de la dolorosa trama que relata, no deja de ser una oportunidad para reflexionar sobre la vida misma y como esta sigue aunque lo peor nos haya ocurrido.
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  • Aballay
    Aballay
    A Sala Llena
    Violencia a la Criolla

    Asistir a una sala de cine donde se proyecte un western gauchesco es todo un acontecimiento para estas épocas. Si hay un mérito de Fernando Spiner es rescatar un género olvidado por estas latitudes y arriesgarse a filmar otra cosa que no sean los clásicos relatos costumbristas, a los que tan frecuentemente nos tiene acostumbrado nuestro cine nacional.

    Basada en la novela original de Antonio Di Benedetto, Aballay, El Hombre sin Miedo es una historia de venganzas, culpas, redenciones, amores heroicos y, sobre todo, una historia de violencia, donde, por momentos, parece que estos gauchos son sacados de una película de Takeshi Kitano o Chan-Woo Park. No tienen el menor escrúpulo en hacer sufrir a sus víctimas las peores dolencias físicas.

    Un joven necesita vengar la muerte de su padre; un asesino necesita redimirse aislándose del mundo en la cima de una montaña. La falta de legalidad y territorialidad que imperaba en esa época (interior de la Argentina, a principios del siglo pasado) daba lugar a dejar impune los más aberrantes crímenes, en mano de mafiosos y perversos.

    El mayor mérito del film es la estética y la dirección de arte. La dirección de fotografía, a cargo de Claudio Beiza, es magistral, logra retratar, a través de imponentes planos panorámicos, los míticos y bellísimos paisajes de los Valles Calchaquíes en la Provincia de Tucumán, donde se deja ver en más de una ocasión la encantadora lunita tucumana. La música es otro de los golazos del film; de manera diegética, suenan varios ritmos folklóricos, hasta se escuchan singulares versiones de La Marcha de San Lorenzo. Pero lo notable es el talento de Gustavo Pomeranec, quien hace que acompañen el relato sinfonías en las que se mezclan varios tipos de estilos, aportando notable intensidad a la trama.

    De todos modos, a pesar de esta calidad visual, se utilizaron recursos cinematográficos más que usados en este tipo de género. Exceso de ralentí, muchos planos fijos que resaltan la naturaleza y el paso del tiempo y, en varias ocasiones, escenas donde la voz se adelanta a la acción. Si no fuera que se trata de un western criollo, con lo novedoso que eso es hoy en día, ya lo habían hecho hace tiempo Lucas Demare y Leonardo Favio, podría decirse que estamos frente a un film bastante cliché.

    Narrativamente, contiene todos los elementos que requiere un western: alguien necesita vengarse por manos propias, en el medio se enamora de quien ya tendría dueño y las cosas se complican a la hora de encontrar el objeto de venganza y ejecutar el plan deseado. La narración comienza con un alto nivel, luego entra en una meseta -donde, si bien pasan cosas, estas no terminan de atrapar y algunas son previsibles- y repunta bastante en los minutos finales.

    Sobresalen los trabajos interpretativos de Pablo Cedrón (Aballay) y, en especial, el de Claudio Rissi como un villanísimo “El Muerto”, que encarna a ese personaje absolutamente perverso y desagradable que se gana el odio de todos los espectadores. Nazareno Casero no está del todo convincente en su papel del joven vengador y Mariana Anghileri cumple, aunque no brilla, en su rol de esa chica tan deseada como inocente.

    Spiner utiliza como excusa este arriesgado género no solo para ofrecernos hermosas imágenes sino también para poner sobre el tapete el rasgo universal y atemporal que posee la violencia humana, y cómo se le da rienda suelta cuando no hay una cultura que intervenga y regule las relaciones y acciones entre los hombres.
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  • Desbordar
    Desbordar
    A Sala Llena
    Entre los Muros

    Ver esta película en estos tiempos es bastante movilizante. No sólo porque hace pocos meses se aprobó la nueva Ley de Salud Mental, la cual impulsaría un proceso de desmanicomialización, conforme a los derechos de las personas que padecen perturbaciones psiquiátricas, sino también porque en la institución, en la cual se desarrolla el film, viene sufriendo un abandono sistemático de parte de las autoridades responsables. Hace 40 días que el Hospital Borda está sin gas y esta semana hubo incendio en el predio anexo, donde funciona la unidad penintenciaria del mismo, causando hasta ahora, al menos dos muertos. Es decir, desmanicomializar, no es lo mismo que abandonar.

    Con el apoyo de varios organismos públicos, se estrena este film dirigido por el cineasta y también psicólogo Alex Tossenberger (Gigantes de Valdés), aborda un hecho real, que fue todo lo que rodeó a la gestación, lanzamiento y distribución de la revista Desbordar, que se publicó a finales de los años ochenta, en cuyo contenido central participaban los pacientes internados en el Borda y produjo, en aquella época, toda una revolución en el campo de la salud mental, con lo incómodo que eso implicaba para algunos sectores más conservadores,

    Iván (Julián Doregger), Darío (Nacho Ciatti) y Marcos (Carlos Echevarria), son tres jóvenes psicólogos que organizan un taller literario con algunos pacientes crónicos del hospital José Tiburcio Borda, que si bien nunca se lo nombra, se da por hecho que esa es la institución, aunque podría ser en cualquier otra que aloje tremenda cantidad de pacientes. El tema es que la posibilidad de hacer oír voces que hasta el momento estaban acalladas, genera resistencia en la comunidad “científica” imperante.

    Lo más disfrutable del film, es la primera parte, donde se desarrolla todo el proceso de la creación de la revista, a partir del deseo que moviliza a estos seres estigmatizados como locos. Permite observar el trabajo terapeútico que se hace vía la palabra y la escritura y la función curativa de las mismas. La puesta en escena es soberbia, la fotografía también goza de notable calidad. Rodada en el mismo hospital, se recorren los distintos espacios del mismo y deja ver algo de su cotidianeidad.

    La película decae, cuando intenta desplegar la intimidad de los protagonistas, se intoxica de situaciones trilladas, diálogos clishés, por momentos la dirección de actores no logra ser del todo creíble, y se inunda de muchos personajes estereotipados.

    Narrativamente, el guión va perdiendo espontaneidad, se convierte en una especie de trhiller donde se denuncian violaciones sexuales, sobremedicación, terapias prohibidas de electroshock, y hasta la mafia de tráfico de órganos que circula dentro del hospital para estos pacientes que no tienen ningún tipo de lazo social en el afuera, y por ende nadie los reclama. Este giro narrativo, en pos de incrementar la tensión, se estanca en escenas nada originales.

    Pero lo más llamativo es que se la promociona con el protagonismo de Fernán Mirás y Manuel Callau, estos dos actores, sólo aparecen en los últimos quince minutos del metraje. Tampoco se entiende bien su inclusión en la historia, hacen de Marcos e Iván en la actualidad y se produce una distorsión bastante importante con el resto del reparto que permanece casi intacto en sus rasgos físicos.

    De todos modos, no deja de ser una obra que cuestiona los usos y abusos que se hacen en la mega instituciones que abordan la salud mental, pero también rescata el valor humano de muchos trabajadores y profesionales dentro de esos muros, que a pulmón ponen su cuerpo en pos de aliviar el malestar subjetivo y la exclusión social que sufren las personas con padecimientos mentales.

    Desbordar como su nombre lo indica, intenta ser una apuesta a la desmanicomialización, aunque no todo lo que pasa allí adentro es reprochable, la revista es un claro ejemplo de ello, y la ya clásica radio La Colifata, también. La película justifica la necesidad imperiosa de aplicar una nueva ley que respete y proteja los derechos humanos de aquellos que sufren trastornos psiquiátricos, pero también sería bueno que se brinden los medios y recursos necesarios para que la implementación de la misma sea posible y no sólo quede en buenas intenciones.
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  • Incendies
    Incendies
    A Sala Llena
    Todo sobre mi madre

    El notable último largometraje del cineasta canadiense Denis Villenueve (Polytechnique; Maelstrom), bastante desconocido por estas tierras, promete ser unos de los estrenos dramáticos más impactantes de esta temporada. Nominada al Oscar como mejor película en lengua extranjera, aborda la problemática de las guerras religiosas en Oriente Medio y los estragos que estas producen en las individualidades. Tiene una riqueza narrativa tal que, a medida que transcurren los minutos, se va transformando en un film demoledor que culmina dejándonos sin aliento y con pocos recursos para elaborar livianamente lo visto por más de dos horas.

    El conflicto central parece sencillo, y hasta poco novedoso, pero el producto final está muy lejos de eso. Los gemelos Marwan, Jeanne (Mélissa Désormeaux-Polin) y Simon (Maxim Gaudette), presencian la lectura del testamento de su madre (Lubna Azabal) y ahí se enteran de que tienen un padre y un hermano, a quienes deben buscar en el lejano oriente para entregarles dos sobres y recién ahí poder sepultar el cuerpo de su madre para que ella pueda descansar en paz.

    La historia es una impecable adaptación de la pieza teatral de Wajdi Mouawad. Los diferentes momentos del relato están separados en capítulos, que se titulan en rojo y están tan perfectamente concatenados que no implican, para nada, un quiebre en lo que se viene narrando. Rodada en Québec y Jordania, goza de un esplendida fotografía que retrata los escenarios naturales, a través de imponentes planos, donde estos hermanos, primero ella y luego él, van en busca de sus orígenes, no sólo para cumplir con el deseo materno, sino también para reconstruir su identidad y entender un poco más a esta madre fría que muere en la mudez absoluta.

    Los primeros minutos son de altísimo nivel cinematográfico; imágenes de un orfanato de niños militarizados, y de fondo la oscura pero preciosa canción de Radiohead “You and Whose Army”. La melancólica voz de Tom Yorke nos anuncia que vamos a presenciar un film absolutamente emocional, donde nos sumergiremos en alguna dolorosa experiencia humana.

    Ambientada en dos tiempos, presente y pasado, a través de los distintos flashbacks, vamos a recorrer el camino inverso del tiempo, que estos gemelos hacen hacia su propia prehistoria, y a ser testigos de aquellos acontecimientos que los antecedieron. En ningún momento se aclara en qué país del Oriente Medio estamos, solo sabemos que es una guerra feroz, entre cristianos y musulmanes, en los años setenta, colmada de ideales, fanatismos, pero también de traiciones y venganzas.

    El trabajo interpretativo de Lubna Azabal (la madre) es simplemente brillante, ya que se pone en la piel de esta revolucionaria, en sus años jóvenes, y logra trasmitir con notable fidelidad la desesperación en la que termina envuelta. El papel de la hija también está muy logrado, a cargo de Mélissa Désormeaux-Polin, muchacha que nos conmueve ante cada revelación que va hallando. El personaje de Simon es el más flojo de los protagonistas; no está a la altura de su madre y hermana y su aparente frialdad y negación no terminan de convencer demasiado.

    En algún que otro momento, el film nos remite a la maravillosa película francesa Ser Digno de Ser, en especial en una escena bastante impactante, que es el núcleo del conflicto en el largometraje galo. De todos modos, no hay que negar que, a veces, este rico guión se detiene, queda un poco estancado, y en la primera mitad se torna algo lento, no se sabe bien hacia dónde apunta el relato; pero en la segunda parte las piezas del rompecabezas comienzan a encajar, el enigma se empieza a develar y el asombro es tal que el cuerpo nos empieza a doler. El desenlace es abrumador, nos roba las palabras como si fuese el efecto de algo traumático, que no deja resto al lenguaje para tramitar ese real vivido y nos identifica, irremediablemente, con el mutismo de la protagonista.

    Incendies es una obra intensa, inquietante, profunda, que aborda las vivencias más dolorosas de las que se puede llegar a tener conciencia, sin obscenidad, ni exhibicionismo, lejos de todo tipo de sensacionalismo y melodrama, pero generando una empatía emocional donde el espectador reconstruye la historia como si se tratase de un gran thriller de suspenso.
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  • Revolución. El cruce de Los Andes
    El Gen Argentino

    Un film que retrate una de las mayores epopeyas militares de la historia latinoamericana es un hecho cinematográfico que rebalsa lo cultural. Se trata de un acontecimiento histórico, político, social y educativo, aunque no pretenda ser didáctico. Revolución, El Cruce de los Andes lo logra. Rescata con la mayor humanidad posible el espíritu de nuestro prócer más grande, muchas veces un tanto olvidado o reducido a la imagen del cuadro en la escuela primaria.

    El debutante cineasta, Leandro Ipiña, recrea esos acontecimientos cruciales que fueron la tremenda hazaña de cruzar, hace casi dos siglos, la riesgosa y elevada Cordillera de los Andes, para liberar a un país vecino y luego a un continente. Los que alguna vez estuvimos por esas geografías nos preguntamos cómo habrá hecho este tipo para internarse en esas prominentes pero heladas y peligrosas montañas, con tan solo algunos caballos y rifles, desprovisto de los medios y equipos con los que contamos hoy para hacer un pequeño trecking por ellas.

    La película comienza con un maravilloso plano que sobrevuela la imponente cadena montañosa andina (“espina dorsal del planeta”, diría la canción de Calle 13), plagada de glaciares eternos y encumbrados precipicios. Ya ahí, da escalofríos pensar en la proeza realizada por el general correntino y sus valientes soldados.

    Narrada a modo de flashback, por Manuel de Corvalán (León Dogony), un hombre anciano, sumido en la miseria y el olvido, pero que en su adolescencia (Juan Ciancio) fue el secretario del General San Martín durante la epopeya libertadora.

    Es así como se refleja el vínculo que entabló este joven con el General gruñón, mezcla de acento europeizado y criollo, encarnado magistralmente por Rodrigo de la Serna, quien ya ha interpretado notables actuaciones de personajes biográficos en Crónica de una Fuga y Diarios de Motocicleta. Aquí nos ofrece a un San Martín estratega, ideológico, visceral, carismático, obsesivo hasta la médula con su objetivo final, irritable, con miedos persecutorios que lo hacían absolutamente desconfiado y con algunos problemas de salud que ponían en peligro la realización de la utopía.

    Sí, él fue un revolucionario, arremetió contra los ideales conservadores de la clase dominante porteña. De hecho, recibió muy poco apoyo de Buenos Aires y eso incrementaba sus rasgos paranoicos, temía que se mezcle dentro de sus hombres algún “escorpión” que traicionara la causa. El film nos muestra la cocina de la hazaña y cómo se realizó todo a pulmón, gracias a la mentalidad y obstinación de este hombre; si uno no supiera el final de la historia, dudaría si se trataba de una gran estrategia militar o de ideas delirantes megalómanas.

    Técnicamente la película es impecable. Rodada en su mayoría en escenarios naturales, en el hermosísimo pueblo sanjuanino Barreal (lugar que si no se lo conoce, vale la pena hacerlo), por donde pasaron unas de las seis columnas sanmartinianas. Goza de una estupenda fotografía que logra captar con gran calidad impactantes imágenes panorámicas o detalladas del paisaje cordillerano.

    Entre estrategias, traiciones, controversias y sueños, presenciamos una serie de diálogos y debates atractivos que reflejan los ideales que imperaban en aquella época, tanto de un lado como del otro. El discurso final, que el General ofrece al batallón, es realmente estremecedor.

    La debilidad del film es justamente también su fortaleza; entre tanta planificación y cotidianeidad, se pierde cierta tensión narrativa, por momentos se vuelve fría, lenta y hasta puede llegar a aburrir. La histórica batalla de Chacabuco se torna bastante intimista, lo que la hace muy interesante, pero le resta en su puesta en escena potencia épica y carece de la emoción y exaltación que se merece tremenda página gloriosa de la historia argentina.

    También el guión da a entender ciertos aspectos y hechos históricos que no logra desarrollar del todo, dejando algo incompleta la trama que seguramente hubiese enriquecido el relato, como lo es la posición que adoptó Buenos Aires, el apoyo de Cuyo, la supuesta gastritis de San Martín o la rivalidad entre O´Higgins y Soler.

    De todos modos, no deja de ser una oportunidad para encontrarse con un film que apuesta al revisionismo histórico, rescata figuras y hechos trascendentes de nuestro pasado, reniega contra el olvido de los verdaderos héroes que apostaron a una América libre (el paralelo que hace con la vejez solitaria y pobre de Don Manuel de Corvalán denuncia lo injusta que suele ser a veces nuestra memoria), y nos interroga como pueblo y ciudadanos si es que optamos por el legado y compromiso liberador del “padre de la patria” o preferimos el conservadurismo de ciertos sectores sociales que solo cuidan sus propios intereses.
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  • Nunca me abandones
    Nunca me abandones
    A Sala Llena
    Una Pena Capital.

    Casi sin querer, Nunca me Abandones, el tercer largometraje del Mark Romanek, termina siendo funcional a lo que supuestamente cuestiona en su hilo narrativo. La sensación es que se trata de una apuesta cinematográfica que busca focalizarse en condicionar respuestas sensibles en los espectadores, dejando de lado cierta profundidad narrativa que relata la manipulación que se puede llegar a hacer, en el nombre de la ciencia, sobre lo más espontáneo y humano del sujeto.

    La idea es que la gente, se conmueva, llore por una historia de amor pero que tiene un trasfondo siniestro, como lo es, utilizar a los más débiles en pos de salvar y proteger a los más fuertes.

    El film cuenta con unos cuantos aciertos. El primero y principal, es la obra original de la cual se hizo la adaptación, se trata de la novela del británico-japonés Kazuo Ishiguro. La historia es terriblemente perturbadora. Un grupo de huérfanos son utilizados para donar sus órganos y así permitir, entre otras cosas, la cura de males como el cáncer.

    Al terminar el film, dan deseos de leer el libro, pero no precisamente por la buena adaptación cinematográfica, sino en lo contrario, quedan muchos cabos sueltos y una historia que podría ser absolutamente inquietante, queda reducida a un triángulo amoroso de almas en pena que van derechito al matadero.

    El guión tiene serias debilidades. No se entiende como estos jóvenes, se someten a ser presos de este destino, sin la posibilidad subjetiva de fugarse, rebelarse o liberarse de tal condena, ya que en la realidad que se muestra, podrían hacerlo tranquilamente. Funcionan como una especie de naranjitas mecánicas, pero no sabemos nada de la manipulación psicológica que se ejerció sobre ellos, para producir sujetos tan pasivos, inhibidos y obedientes. A lo único que se apuesta es a cierta creatividad artística que pueden sacar a la luz.

    La mayoría del film, se centra en un extenso flashback, según las memorias de la protagonista. Durante los primeros veinticinco minutos, presenciamos la vida de unos niños en un orfanato, cual producto de Cris Morena, versión británica, pero es en ese instante donde se devela la función de estos huérfanos para la sociedad y el giro narrativo anuncia un relato que promete ser bastante estremecedor, sensación que se diluye en la insistencia de la situación amorosa de estos tres jóvenes.

    Otros de los aciertos tienen que ver con los trabajos interpretativos. Los tres protagonistas principales, son jóvenes actores que vienen haciendo ruido en la industria del cine: Carey Mulligan (Enseñanza de Vida), Andrew Grafield (Red Social), y Keira Knightley (Orgullo y Prejuicio; Expiación, Deseo y Pecado). En especial, Carey Mulligan, en su papel de Kathy, está impecable; brinda una actuación de gran nivel, los primeros planos que retratan sus expresiones faciales y miradas son absolutamente disfrutables.

    Lo visual y estético, también es destacable. Romanek logra una gran ductilidad de planos que transmiten de maravillas el aire melancólico que se vive durante todo el metraje. Del mismo modo, el trabajo fotográfico y la banda sonora le aportan, notable belleza a la obra.

    No obstante, se trata de una película que cuenta una historia que podría llegar a ser rica en sentido y en profundidad narrativa, pero pierde calidad al elegir tratar de impactar con bastante sensibilería a un público ávido de lágrimas y de amores adversos.
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  • Morir como un hombre
    Tacones Cercanos.

    El tercer largometraje del portugués Joao Rodrigues (O Fantasma y Odette), es una de esas películas que requieren de varias horas para procesar y digerir lo visto. La multiplicidad de estímulos y climas que se viven durante esos 130 minutos hacen que uno salga de la sala de cine un tanto shokeado y extraviado por lo presenciado.

    Estamos frente a una obra que nos remite a la crudeza casi abyecta de Iñárritú, lo absurdo y tragicómico de Almodóvar y el fuerte componente melodramático de Fassbinder. Durante la mayor parte del tiempo somos testigos del típico realismo europeo pero con altos momentos de un maravilloso onirismo oriental. Esta ensalada de estímulos, es la esencia misma de un film que transmite lo más singular e incierto de la existencia humana, plagada de dualidades y multiplicidades que se confrontan. Vida y muerte, hombre y mujer, padre y madre, hijo y amante, homo y heterosexualidad. Con todos estos modelos convivimos internamente y por más que intentemos reprimir alguno de ellos, siempre salen a la luz sin darnos cuenta.

    Tonia es una travesti que resiste a realizarse la intervención quirúrgica de cambio de sexo. A pesar que su amado Rosario se lo pida, con el cual ella se somete a las más aberrantes humillaciones, hay un punto donde pone un límite y es ese mismo, el de transformarse biológicamente en una mujer y ceder el único rasgo de virilidad que supuestamente le quedaba (el órgano genital). El hijo de Tonia, Zé Maria es un joven con conflictos importantes en su identidad sexual, reniega de ella, así como reniega de su padre travesti. Zé Maria demanda un padre pero Tonia quiere ser una madre.

    La solución para Tonia en este conflicto, la encuentra con su enamorado Rosario. Adopta una posición maternal en este vínculo amoroso con un joven adicto a la heroína, que le hace las mil y una, pero ella se banca todo heroicamente, cual madre abnegada e incondicional.

    Durante el extenso primer tramo del film, nos adentramos en la dolorosa vida de Tonia, desde un realismo por momentos abrumador que no es fácil de sobrellevar para el espectador. Primerísimos planos detalles, encuadres fijos, varias lindas canciones y en general melancólicas que suenan diegéticamente. Rodrígues apela a muchos recursos clisés: personajes marginales, la travesti rubia, cual diva, con su caniche amado, las drag queens competitivas y maliciosas, cierta promiscuidad sexual y teniendo en cuenta que es un film portugués destinado a festivales internacionales, varios cameos de imágenes de Cristiano Ronaldo.

    Lo interesante, viene pasada la hora del relato, hay un cambio estético y narrativo que no sólo es un alivio ante tanta crudeza que se venía tornando insoportable, sino también resignifica esa supuesta obviedad estereotipada del comienzo. El viraje de la historia nos sorprende con una maravillosa fotografía de escenarios naturales, el encuentro con dos nuevos personajes riquísimos, quienes nos hacen reír y mucho, después de tantos minutos de tensión. El realismo inquietante inicial le va dando espacio de a poco a mayor simbolismo, culminando con una de las escenas más bellas y adorables que se han visto en la pantalla grande: un plano fijo de varios minutos de duración donde todos se quedan estáticos, la iluminación adquiere una tonalidad rojiza, mientras se escucha una muy pero muy hermosa melodía de Baby Dee.

    Los personajes ya no serán los mismos, la historia tampoco, el dolor existencial irá tomando otro rumbo y habrá lugar para nuevas emociones y estados, a pesar de la tragedia inminente. Hasta los trabajos actorales toman otra fuerza, en un primer momento no eran convincentes, cierta dureza de la trama parecía que alienaba a los protagonistas, los cuales se mostraban corporalmente rígidos, pero afortunadamente la cosa cambia y el registro interpretativo transmite verdaderas y nuevas emociones.

    Morir como un Hombre, no es una película concorde, tampoco es contradictora, es un reflejo de la vida, donde coexisten un sin fin comportamientos aparentemente opuestos en la superficie pero complementarios en lo más profundo. Un hombre tiene que ser bien macho para calzar esos tacos ¿o no?.
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  • Amor de madres
    Amor de madres
    A Sala Llena
    Si querés llorar, llorá.

    Evidentemente la feminidad y el supuesto “instinto maternal” es algo que convoca, atrae o quizás perturbe al hijo de Gabriel García Márquez, el director colombiano Rodrigo García. Esta temática es un denominador común en todos sus largometrajes. Aún recuerdo su ópera prima, Con Sólo Mirarte y la intensidad dramática que se vive en la escena en la cual Holly Hunter descarga llantos en la calle cuando sale de realizarse un aborto y se encuentra que está irremediablemente sola.

    En Amor de Madres se mete de lleno en el asunto. Nuevamente apuesta a un film de estructura coral, tres historias van entretejiendo la trama donde el mundo femenino y lo maternal aparecen indisociables. El deseo de ser madre pero con la imposibilidad biológica de concretarlo o en su opuesto, la irrupción de la maternidad cuando se carecen de recursos psicológicos para hacerse cargo de dicha función.

    Para ello selecciona un gran elenco compuesto por la flamante ganadora del Globo de Oro por Mi Familia, la excepcional Annette Bening; una siempre hermosa e impecable Naomi Watts; y quien fuera esposa de Ray Charles en Ray, Kerry Washington. Las tres actrices protagonizan cada una de las historias y sus respectivos trabajos interpretativos son lo más logrado del film.

    Karen (Bening), es una cincuentona que tuvo que dar en adopción a su hija en la adolescencia, quien ya es adulta, Elizabeth (Watts). No saben nada una de la otra pero se buscan sin buscarse. Lucy (Washington), es una mujer que no puede quedar embarazada y quiere desesperadamente cumplir el sueño de “Susanita”.

    La química interpretativa que logran Bening y Watts, aunque sin cruzarse, es formidable. Ambas actrices encarnan personajes que son un deleite para la platea. Karen es una mujer ya grande, claramente antisocial, su único vínculo es el cuidado de su madre vieja y enferma, con los mecanismos de defensa a flor de piel en el contacto con el otro, donde muchas veces logra ser dolorosamente sádica. Su hija, sin conocerla, redobla la apuesta: ambiciosa, escrupulosa y con marcados rasgos perversos. La escena donde Elizabeth realiza una “travesura” en la casa de los vecinos, es maliciosamente adorable.

    El armado de este rompecabezas, podría dividirse en dos partes. La primera donde se van presentando a los personajes principales y el conflicto de cada uno. Son historias atrapantes, ricas en cuanto al relato, en especial la de esta madre e hija desencontradas. A partir de la segunda hora aproximadamente, un par de sucesos producen un cambio en la subjetividad de estas mujeres, que le resta credibilidad a la narración.

    Se pierde la riqueza inicial, se busca una causalidad para generar encuentros que terminan convirtiéndose en casualidad forzada. Lo humano, con las miserias que tiene cualquier persona, se transforma en bondad absoluta. Nadie pasa de ser ásperamente amargo a de repente, empalagosamente dulce. Una película que en un primer tramo era incómoda, cuestionadora, filosa y hasta por momentos cómica, pasa a ser políticamente correcta con un dramatismo cargado de tanto sentimentalismo y moraleja cliché, que obliga a emocionar hasta a el más duro.

    La historia de Lucy queda desdibujada, por momentos innecesaria, recién toma impulso hacia el final. Hubiese sido más enriquecedor un film que desarrolle con mayor profundidad las vidas de esta madre e hija, encarnadas por dos personajes tan exquisitos e intensos, quienes nunca se han visto la cara, más allá del parto, pero le hacen honor al dicho: “de tal palo, tal astilla”.

    Con unos cuantos giros en la trama (algunos predecibles), lo cual la hace ágil; un montaje prolijo que sabe conectar las distintas historias; interesantes primeros planos que retratan muy bien el interior de estas mujeres y a pesar de lo sentimental que por momentos resulta, carece de golpes bajos. El resultado: una obra ambivalente, que tiene grandes momentos pero pierde fuerza en su intento de emocionar. Destinada a aquel que tenga ganas de llorar un rato, al cual se le aconseja proveerse de unos cuantos pañuelos descartables, que seguramente van a hacer falta.
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  • Somewhere - En un lugar del corazón
    La insoportable levedad del ser.

    Nuevamente Sofia Coppola aborda en un film suyo el nihilismo de algunas vidas humanas. En Perdidos en Tokio, encontrábamos a Scartlett Johansson y a Bill Murray atrapados por la abulia que les generaba una realidad sin casi ningún tipo de deseo.

    Somewhere tiene mucho de aquella aclamada película. Nuevamente tenemos a un protagonista, Johnny Marco (Stephen Dorff), estrella de cine, con una existencia absolutamente vacía. Perdido entre descargas pulsionales y la excentricidad que le da la fama. No hay compromiso, no hay falta, todo está al alcance de su mano. El punto de inflexión se centra cuando vuelve a sostener el vínculo con su hija pre-adolescente (Elle Fanning), el cual no hace más que denunciar la vida líquida que viene llevando hasta entonces.

    Para ello, la joven directora se vale de su talentosa mirada quien transmite con un enfoque claramente situacional, lo banal, solitaria y hasta melancólica que es la subjetividad de Johnny. El punto más logrado es la estética del film, contiene una cantidad de bellos planos fijos y hermosas secuencias que recrean una atmósfera auténtica, en la cual se refleja lo que vive, siente y padece cada uno de sus protagonistas.

    Apoyado por una interesante banda de sonido, en su mayor parte diegética, y un exquisito trabajo de fotografía que le aportan la merecida cuota de realismo a esta obra con alta calidad visual y artística, hasta casi minimalista en algunos momentos. Ejemplo: la escena donde él queda debajo de la máscara de maquillaje, un encuadre curiosamente largo e inquietante.

    Otro acierto es el trabajo actoral, sobre todo el de Elle Fanning en el rol de la hija. La niña brinda con tanta credibilidad y naturalismo esa dosis de espontaneidad carente en su padre, haciendo de su interpretación un verdadero hallazgo y seguramente una promesa para la industria del cine.

    La debilidad viene del guión, también a cargo de Sofia Coppola. Si Somewhere tiene mucho en común a Perdidos en Tokio, le falta lo que a esta película le sobraba: la intensidad narrativa (que también gozaba su ópera prima: Las Vírgenes Suicidas). Se detiene en lo situacional y no logra profundizar en los conflictos relacionales entre ambos protagonistas, por momentos es una mera repetición, a través de bellas imágenes, de lo que ya sabemos. No hay tensión y carece de emoción argumentativa, la abulia de Johnny ya se torna tediosa.

    Esta disparidad del film, no excluye la posibilidad de un mensaje bien claro que quizás su directora y guionista quiso transmitir esta vez: no hace falta irse a Tokio para perderse en los laberintos de nuestra existencia.
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  • Más allá de la vida
    Víctor Sueiro tenía razón.

    La muerte intriga, asusta, apasiona, perturba, atrae y aterra. Será por eso que a través de la historia de la humanidad, a falta de un saber científico, el hombre no ha podido más que buscar todo tipo de respuestas espirituales en el asunto. Sigmund Freud decía que lo único en lo que no hay inscripción en el inconsciente es en la diferencia de los sexos y en la muerte, y es esto lo que le da el carácter traumático a dichas cuestiones.

    El cine no ha sido la excepción, hay numerosos ejemplos fílmicos donde se aborda la temática (After Life, Sexto Sentido, Ghost, El Orfanato). Clint Eastwood, que a pesar de sus ochenta años, está más cerca de acá que de allá, decide tomar cartas en el asunto y hacer una película totalmente distinta a toda su filmografía. A partir del guión de Peter Morgan (El Último Rey de Escocia, Frost / Nixon), realiza una obra que incursiona en algunas de estas respuestas sobre lo que ocurre cuando pasamos a “mejor vida”.

    He leído por ahí que muchos críticos al salir de la proyección privada, se encontraban desconcertados al tratarse de una película dirigida por el viejo Clint, con cierto dejo de decepción y subestimación hacía la obra. Y sí, no parece una película de “Harry el sucio”, y ese es el gran mérito, que un octogenario, el cual podría apostar a fórmulas seguras, decida arriesgarse con un tema tan metafísico como lo es el más allá.

    Pero así y todo, el film aborda lo sobrenatural sin ser esotérico, termina siendo más clásico que fantasioso. La delicadeza y sutileza con la que Eastwood narra la cuestión, es sólo una excusa para hablar de la vida y de lo difícil e insoportable que suele ser a veces la existencia humana.

    Con un esquema coral, se relatan tres historias de manera simultánea en la que cada uno de los protagonistas tiene una vivencia distinta y traumática a la vez con la muerte. Marie (Cecile de France), es una mujer francesa, periodista, sobreviviente del catastrófico Tsunami pero que experimentó el estado letal por algunos minutos. George (Matt Damon), es un psíquico que se comunica con los muertos, “profesión” que quiere dejar atrás, siente que ese don es en realidad una maldición. Y la historia más desgarradora y lograda quizás, es la de un niño inglés (Frankie McLaren), hijo de una madre adicta que pierde fatalmente a su hermano gemelo, compañero de vida y hace lo que puede, con los pocos recursos que tiene para elaborar tremendo duelo.

    Los tres protagonistas experimentan lo más profundos conflictos humanos que devienen de la soledad y problemáticas afectivas importantes. Viven en tres grandes urbes: París, San Francisco, Londres y están expuestos frágilmente a una sociedad devoradora de deseos subjetivos, pero en algún punto y paradójicamente, la muerte los rescata a la vida, aunque en maneras muy distintas.

    Luego de un comienzo arrollador situado en el Tsunami del sur asiático, el guión pierde fortalezas en algunos relatos más que en otros. Sin dudas dan más deseo de ver la historia del niño inglés que el de la mujer francesa, la cual por momentos queda media desdibujada, excepto cuando estamos entrando en los fragmentos definitorios del metraje donde su personaje va adquiriendo más ímpetu. Las tomas de las ciudades no son de lo mejorcito, imágenes harto repetidas y obvias, no hace falta estar en una oficina en París con la Torre Eiffel prácticamente en la nuca.

    A veces peca de un sensibilismo, más cercano a El Sustituto que a la profundidad narrativa de El Gran Torino, pero en su mayoría la intensidad dramática es tal que logra escenas absolutamente conmovedoras.

    Afectos que se van adquiriendo gracias a la genialidad de un director, que puede hacer que un espectador tan escéptico y prejuicioso con estas cuestiones, como lo es quien escribe, se termine creyendo, por lo menos por 126 minutos, algo que en su racionalidad conciente rechazaría a priori.
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  • La hora de la religión
    En el nombre de la madre.

    Un gran año para Marco Bellocchio en las carteleras porteñas, al suceso de crítica y público que fue la gran obra cinematográfica Vincere, se estrenó esta semana La Hora de la Religión, un film que data del año 2002 y parece que nuevamente los críticos vuelven a deslumbrarse ante el imponente cine del director italiano.

    Se trata de un film soberbio, reflexivo, inteligente y provocador, donde Bellocchio arremete y pone en tela juicio, no tanto a la Iglesia como institución, sino al corazón mismo que le da vida y la sostiene: la fe dogmática de sus creyentes, dejando entrever que detrás de cada discurso religioso no hay más que un vil interés narcisista muy lejano de las supuestas enseñanzas religiosas.

    Ninguna realidad de los personajes en la película es tal como ellos intentan demostrarla o venderla, excepto en dos casos: el niño quien aporta toda su inocencia y el “loco” manicomializado. Ni siquiera su protagonista, Ernesto Picciafuocco (notable interpretación de Sergio Castellitto), quien es un ferviente ateo, pero este absoluto y obsesivo rechazo al discurso religioso, lo hace practicante y dependiente de ese Dios que para él no existe, aunque sea desde la rebeldía y a pesar de la renegación de su difunta y asesinada madre, la sonrisa de mamá se le encarna en el rostro.

    El dilema aparece cuando se entera que van a canonizar a su madre, mujer que más que santa él la consideraba una “estúpida”; y cuando su hijo comienza con sus clases de religión, quien desde la curiosidad, espontaneidad y brillantez infantil le hace toda una serie de preguntas y planteos teológicos a su padre.

    Con una puesta en escena ominosa, por momentos operística y con rasgos surrealistas, Bellocchio logra un relato donde insinúa más de lo que dice, se burla de los dogmas, oscila entre lo poético, bizarro y hasta lo melodramático. Cada personaje despliega lo ambiguo y enigmático de sus motivaciones, no hay lugar para conclusiones cerradas, todo lo que acontece se termina transformando en una gran incertidumbre.

    Es en ese punto es donde lo atractivo de la película se vuelve paradójico, nos deja con deseos de interiorizarnos más en algunos personajes secundarios, quienes merecían un mayor desarrollo por la riqueza subjetiva que esbozaban. Así desfilan, entre otros, la ex mujer de Ernesto, la cual aparece con una llamativa y desconcertante rigidez pero queda sólo en eso y el hermano psicótico, asesino de la madre devota, producto de un delirio organizado aunque poco profundizado, tampoco deja muy en claro que lugar tuvo el padre en esta familia tan disfuncional.

    Una pena que la proyección sea en DVD y no en fílmico, la obra pierde notoriamente la calidad visual y escenográfica que tiene, pero bueno “es lo que hay” y no deja de ser una oportunidad para ver uno de los mayores exponentes del cine italiano actual.

    Por suerte a la locura, ni Dios puede curarla.
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  • Enterrado
    Enterrado
    A Sala Llena
    Agarrate Catalina!!!

    La idea de ver un film, que dure 90 minutos en tiempo real, donde sólo se tiene a un tipo encerrado en un ataúd desesperado por salir, puede parecer un auténtico aburrimiento. Pero no, al contrario, Enterrado es una experiencia que captura al espectador de principio a fin, casi sin pestañear.

    Será porque se trata de una obra que toma como base uno de los sueños de angustia más recurrentes entre los mortales: estar enclaustrado en algún espacio reducido, sin la mínima posibilidad de salir de allí. Para ello, se unieron el director español Rodrigo Cortés (Concursante), y el guionista Chris Sparling, quienes crearon esta ficción absolutamente original y osada, cuyo resultado final es una película que va a dar que hablar y mucho.

    La tensión y el espasmo se viven durante todo el metraje, es imposible no identificarse con el personaje y pensar que haría uno en un momento como ese. La composición de Ryan Reynolds (La Propuesta y Adventureland), es un verdadero hallazgo. Hasta aquí el mayor mérito que contaba el actor es haber enamorado y llevado al altar, en su vida real, a la increíble Scarlett Johansson, pero en este film brinda una actuación memorable, digna de un oscar.

    Además de la notable labor interpretativa del protagonista, la tarea de las cámaras, la fotografía y la música colaboran para que la atención expectante no se diluya ni un solo segundo. La riqueza de tomas, que van desde los planos generales o giros de 360 grados, donde observamos este limitado escenario en su totalidad pero con una profundidad inquietante, hasta los primerísimos planos capaces de capturar la respuesta del cuerpo humano ante una situación de extrema tensión.

    El trabajo de fotografía de Eduardo Grau lograr retratar detalles como la maciza y temible madera del ataúd o la sudoración y lágrimas del encerrado con una sólida nitidez a pesar de la oscura iluminación. El impecable sonido nos conduce a estar dentro de ese cajón y la música permite acompañar y realzar lo agobiante que es esa situación.

    La temporalidad narrativa permite generar una historia ágil y atrapante, una idea arriesgada sin ningún otro recurso que no sea el aquí y ahora en bruto, excepto por algunas pequeñas elipsis temporales. Nuestro protagonista va a experimentar los más variados afectos allí adentro, no faltan alguna que otra humorada, ni la apelación al sentimentalismo frente a lo que está viviendo.

    La estructura de la historia, narrativamente así como está planteada se va sosteniendo sola, no es necesario agregar algún elemento más que genere un plus de tensión y pánico. Es allí donde se encuentra una falla en la dirección, se introduce una secuencia en el argumento, (que prefiero no revelar aquí), por demás inverosímil, se asemeja más a una película de aventuras que a esta obra. Ya se está viendo reflejada en la pantalla una de las fantasías humanas más temidas, no hace falta hacer retorcer al público en la butaca con algún elemento que represente ciertos terrores universales. Con escenas así se manipulan los reflejos y las emociones fácilmente, pero se le resta originalidad y creatividad al relato.

    Excepto ese momento, el resto del film funciona de maravillas, una historia que no se reduce ubicar al pobrecito americano víctima de los insurgentes terroristas islámicos, sino que cuestiona la absurda invasión a Irak, en manos de un estado preocupado más por matar que por salvar y del perverso sistema económico a cargo de empresas privadas que sólo les importa preservar su acaudalado capital.

    Enterrado, es una verdadera vivencia tanática, coquetea con la pulsión de muerte, produce una empatía claustrofóbica escalofriante, nos aliena en la pantalla por noventa minutos apropiándose de nuestra realidad. El alivio nos llega al salir de la sala, cuando vemos el cielo y respiramos nuevamente.
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  • Yuki y Nina
    Yuki y Nina
    A Sala Llena
    Oda a la Amistad.

    El cineasta japonés Nobuhiro Suwa (Una Pareja Perfecta; H Story) y el actor Hippolyte Girardot trabajaron juntos, en un impecable corto que integró el film colectivo Paris Je T´aime. Ahora se vuelven a unir, pero para dirigir ambos un enternecedor y versátil largometraje, protagonizado por dos niñas, quienes brindan unos personajes encantadores.

    Yuki (Noe Sampy), y Nina (Arielle Moutel), son dos amigas inseparables de 9 años, ambas comparten la vida real y el mundo lúdico característico de la infancia. Pero la amistad y la unión se ven amenazadas cuando los padres de Yuki deciden separarse (él francés, ella japonesa), con lo cual su madre está dispuesta a volver a Japón y llevar obviamente a su hija consigo.

    El impacto que provoca la noticia de la ruptura y desamor de los padres, es de por sí doloroso para cualquier niño, pero Yuki sufre el plus que esta decisión de la pareja parental acarrea el exilio a un país lejano con el correspondiente desarraigo de su mundo y la separación de su amiga del alma.

    A partir de allí, estas dos compinches armarán una serie de estrategias para que los padres de Yuki recuperen su amor y por lo tanto, sigan viviendo en Francia, culminando como último recurso la fuga al bosque de ambas niñas.

    Lo interesante, es que en vez de apostar a que la madre decida separarse pero quedándose en París, ellas intentan recuperar el amor perdido de la pareja, como una manera de negar la idea que un lazo pueda deshacerse porque ya no es lo que alguna vez fue.

    Podemos inferir que el verdadero dolor de Yuki, no es el exilio, sino el divorcio de los padres y la fragilidad de los vínculos. De esta manera, la historia podría dividirse en dos: Una primera parte, con una tonalidad un poco más intimista, filmada mayormente en los interiores de las casas de Yuki y de Nina. Un relato con muchos diálogos brillantes, planos fijos que plasman la cotidianeidad y la intimidad misma de un ambiente de divorcio, a través de la mirada y sensaciones de Yuki. Un par de escenas en las cuales la niña escucha las charlas de sus padres, donde ellos aparecen fuera de campo o en un margen del plano, transmitiendo con mucha genialidad, la impotencia de la pequeña al confirmar la irreversibilidad de la situación.

    La segunda parte, es otra cosa, rodada prácticamente en exteriores, refleja la experiencia de las niñas cuando deciden abstraerse de las vulnerables influencias adultas y huyen al bosque. Es más ágil, hay más movilidad en los planos, travellings que van siguiendo a las protagonistas, la iluminación empieza a resaltar la vegetación, tampoco falta el contenido onírico y una fotografía que retrata los escenarios naturales de maravillas; como lo es ese encuadre impecable cuando Yuki sale del bosque, y se la ve detenida a los lejos, en medio de la inmensa naturaleza.

    Ambos momentos del film están muy bien logrados, pero un viraje tan importante en la estética y estructura del mismo, hace que se torne algo confuso, aunque eso sí, se vuelve más mágico, ya que lo poético y metafórico cobra protagonismo. Se salta de un realista drama adulto que genera consecuencias en las niñas, a una lógica infantil donde predomina lo lúdico y la fantasía, la cual por instantes nos remite a una obra de Miyazaki, pero sin animación.

    Yuki & Nina no es solamente una película que habla de la amistad y del valor de defender los vínculos afectivos, nos interroga y cuestiona como adultos, cuán complicados e ilógicos que podemos ser a veces, frente a la honestidad, pureza y pragmatismo del razonamiento infantil.
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  • Ni dios, ni patrón, ni marido
    Muñecas Bravas

    Ni Dios, ni patrón, ni marido fue la frase emblemática que caracterizó al primer movimiento feminista-anarquista, allá por finales del siglo XIX. En una Buenos Aires donde el contexto estaba definido por la olas inmigratorias de Europa, la inminente guerra con Chile y la falta de legislación que preserve los derechos de los trabajadores. Las mujeres eran las principales afectadas, con una mano de obra mucho más barata y devaluada que la del hombre.

    En medio de esta situación, un grupo de mujeres decide publicar lo que luego sería el primer periódico feminista del mundo “La Voz de la Mujer”, el cual incluía declaraciones tan interesantes pero altamente explosivas para la época como: “Hastiadas de ser el juguete, el objeto de placer de nuestros explotadores y ¡aún nuestros esposos! Hemos decidido levantar nuestra voz y exigir nuestra parte de placer en el banquete de la vida.”

    El film aborda esta interesante parte nuestra historia, dónde nos lleva a la raíces de la problemática de género, cuando el rol social de las mujeres de clases bajas, era puramente objetivado y degradado, en una nación que estaba formando sus cimientos, muchas veces a costa de una grave injusticia social.

    Si ser mujer y pobre hoy es difícil, en esos tiempos era sacrificial, debía sufrir la explotación laboral por esta doble condición, además de no descuidar las obligaciones hogareñas y maternales.

    Virginia Bolten (Eugenia Tobal), una reconocida, tenaz y fichada anarquista, viene a Buenos Aires, porque en Rosario su vida corre riesgos. Aquí se encuentra con su amiga Matilde (Laura Novoa), obrera de una fábrica, mal paga y en condiciones degradantes para cualquier trabajador humano. Cuando una compañera de Matilde es despedida porque tiene que atender a su hijo enfermo, las mujeres deciden agruparse y pedir su pronta reincorporación, asesoradas por la visión luchadora y perseverante de Virginia.

    Lucía Boldoni (Esther Goris), estrella de la lírica local y en una relación amorosa con un senador bastante mafioso (Daniel Fanego), se entera de este movimiento y decide apoyarlas pero con un alto riesgo tanto profesional como afectivo.

    El argumento es más que convocante. La directora, Laura Mañá (Palabras Encadenadas; Morir en San Hilario), a veces lo aprovecha pero en otras ocasiones se le escurre de las manos. Lo mejor es la dirección de arte, la verdad que se luce el vestuario, la escenografía de Buenos Aires en 1896, y un muy buen acompañamiento de la música. Todos estos factores le dan por momentos mucha intensidad al relato. Hay una escena muy alta, donde ellas se manifiestan en huelga, frente a las narices de su patrón, pero con un desencadenante que logra transmitir al espectador la misma sensación de impotencia que viven estas mujeres.

    Lo narrativo queda en medio camino, hay muchos momentos del relato que valía la pena, adentrarse un poco más, como es la relación con los anarquistas hombres, que trastoca los ideales de liberación y justicia social de estos, si bien la aborda quizás requería un mayor desarrollo. Se dedica mucho espacio a una historia paralela, como lo es el triángulo amoroso entre Lucía, el senador y Federico (Joaquín Furriel), y no se profundiza del todo un personaje tan rico, como el Virginia Bolten, la principal líder e impulsora de este movimiento tan revolucionario en su momento, no sólo en Argentina sino en el mundo. También queda sobre el tintero el tipo de vínculo establecen las dos trabajadoras más jóvenes de la fábrica, no se termina de desarrollar lo que por momentos se esboza.

    Algunas actuaciones son aceptables, otras no se lucen demasiado o como uno mínimamente lo espera de figuras tan conocidas, a excepción del gran Jorge Marrale, encarnando con gran oficio el papel de Genaro Volpone, ese odioso tirano, dueño de la fábrica, quien basa su fortuna a costa de la explotación de mujeres obreras, llevándolas a una situación que coquetea con la esclavitud, pero que también en su magnífica interpretación puede sacar a la luz las debilidades, temores e impotencias de este mal hombre.

    Lamentablemente el film no saca del todo el jugo que tiene está página histórica, pieza clave para los avances posteriores en las problemáticas de género y lo que podría haber sido una gran película histórica, se termina diluyendo en algunos enredos amorosos que en vez de aportar intensidad a la trama, le restan riqueza narrativa a la obra.
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  • Flores de septiembre
    "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera."

    En el día que se conmemoró un nuevo aniversario de la fatídica noche de los lápices; en la temporada que se proyectó la ficción La Mirada Invisible de Diego Lermán, la cual intenta recrear los pasillos del Nacional de Buenos Aires en vísperas de Malvinas; en épocas donde la escuela media y pública volvió a expresar su voz, luego de un tiempo de aparente silencio. Se estrenó, por fin, después de siete años, el documental Flores de Septiembre, que aborda la historia del otro emblemático colegio porteño, el Carlos Pellegrini, durante la feroz represión ocurrida en los años setenta.

    Será cuestión del azar o no, pero la espera valió la pena, y el largometraje recién hoy está disponible para el público en general, en un contexto que conlleva un plus de reflexiones individuales, sociales y culturales, que quizás en otros tiempos se hubieran esfumado de nuestra conciencia.

    Dirigido por Pablo Osores, Roberto Testa y Nicolás Wainszelbaum, el film comienza su relato a principios de los años 70, en la última etapa de la dictadura de Lanusse, para luego desarrollar lo ocurrido en la primavera democrática peronista, con el triunfo de Cámpora, el regreso de Perón, su muerte, la triple A y todo lo que se fue gestando para los terroríficos años venideros.

    Todo este documento histórico es narrado desde la mirada y vivencia de esta prestigiosa institución educativa, y da cuenta a la vez como el contexto se hace texto en las aulas, pasillos, patios y el diseño curricular del Pellegrini, culminando con la desaparición, asesinato y secuestro de varios de sus alumnos.

    Para ello se vale de una multiplicidad de voces heterogéneas por parte de los protagonistas de la historia. Desfilan alumnos de las distintas camadas (algunos militantes y otros nada que ver), profesores, autoridades, familiares, quienes van relatando y reconstruyendo aquellos años desde las más subjetivas visiones. Pero se focaliza en el grupito de amigos integrado por Rubén Benchoam, Mauricio Weinstein y Juan Carlos Mártire (el primero asesinado, los otros dos desaparecidos), junto a Alejandra Naftal y Gustavo Frojan, quienes brindaron valiosos testimonios en la película. También desarrolla las historias de Laura Feldman (cuyo cuerpo fue identificado en el 2009), y Claudio Braverman, aún desaparecido.

    Todos ellos eran menores, llenos de sueños, ilusiones e ingenuidades porque no. Adolescentes como cualquier otro que se apasionaban no sólo con sus ideales, también con la música, el cine, la literatura, se enamoraban, hacían travesuras, estudiaban y algunos también trabajaban. Ese es el espíritu que reconstruye el documental, carece de golpes bajos y de exceso panfletario, más bien apunta a rescatar el aspecto vital de estos jóvenes en tiempos de violencia extrema, tanto física como psíquica.

    El film es sencillo, se centra más en los testimonios que en las imágenes. No esperar un documental con un extraordinario montaje, sólo se intercalan material de archivo periodístico, fotografías de los protagonistas, imágenes en Súper 8 brindada por unos de los compañeros de curso y la canción Crisantemo, interpretada por el flaco Spinetta, no mucho más que eso. Pero lo importante acá son los relatos; ninguna frase tiene desperdicio, todas las historias merecen ser escuchadas.

    En especial las declaraciones del rector y vice-rector de esa época, revelando, justificando y reafirmando la importancia de una pedagogía disciplinaria, en pos del orden y la moral. Por momentos irrita, otras incomoda, para terminar causando gracia a los espectadores.

    Flores de Septiembre es un documento histórico, imprescindible y necesario para las generaciones más jóvenes, que al estar en pleno florecimiento de su formación ciudadana, les rescata la importancia y el valor de crecer en libertad.

    Una reflexión final: hace tiempo no escuchaba en una función común (no privada), un aplauso tan emotivo en la sala al terminar la película, eso da cuenta que aún, más de tres décadas después, los lápices siguen escribiendo.
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  • Un día en familia
    Un día en familia
    A Sala Llena
    Belleza Japonesa.

    Finalmente llega a nuestras carteleras la película ganadora de la competencia internacional del Festival de Mar del Plata, edición 2008. Un film dirigido y escrito por el japonés Hirokazu Kore-eda, uno de los más aclamados cineastas orientales de los últimos tiempos. El mismo que hace unos años nos hizo entristecer y mucho con aquellos niños abandonados por su madre en el excelente drama Nadie Sabe, y en los noventa realizó el audaz y experimental film After Life, donde aborda la temática de la vida después de la muerte.

    Ahora, con Un Día en Familia, incursiona en los lazos familiares y en ciertos modos de relaciones universales, tal como lo son los conflictos generacionales y las pérdidas a medida que transcurre el tiempo, más allá de la cultura que los atraviese.

    Una familia que en las formas parece unida, aunque en sus raíces más profundas es altamente disfuncional. Ambientada en las afueras de Tokio, pero que tranquilamente se podrían trasladar estos conflictos y configuraciones vinculares, a una parentela porteña, lo que varían son los rituales culturales, en vez de juntarse a comer asado o pastas, lo hacen con sushi.

    Los sujetos que la integran están formados por: un padre autoritario, aunque en decadencia, con lo cual su palabra ya perdió mucho poder; una madre adorable, ocurrente y lúcida pero con un cinismo tal que es mejor tenerla lejos; un segundo hijo que se aleja del estereotipo familiar, se dedica al arte, armó pareja con una mujer viuda y mamá de un niño, además tiene bastantes conflictos sentimentales; una hija, la menor, que intenta por todos los medios unir de alguna manera esta familia disfuncional; un hijo, el primogénito, que cumplía los ideales paternos, pero que falleció trágicamente, hace quince años; y los nietos, como esa tercera generación que le dan frescura y aire a tanta historia personal asfixiante de los adultos.

    El plan es el siguiente: juntarse un día, todos en familia, en la residencia de los padres, para conmemorar un nuevo aniversario del fallecimiento del hijo mayor. Y es ahí dentro de un ambiente cálido y cotidiano que van a ir fluyendo rencores, reproches, frustraciones y desilusiones de uno y otro lado.

    Esto se logra hacer debido a la habilidad narrativa que posee Kore-eda, quién bajo la modalidad de comedia, esconde un impactante drama que nos hace reír, para no llorar. Los diálogos son imperdibles, la ironía más inteligente aparece de la manera más elegante y nadie queda a salvo. Todos los integrantes están con los mecanismos de defensa a flor de piel, para no quedar arrasados por los ideales y mandatos familiares y sociales.

    Para ello el cineasta nipón, se vale de planos y secuencias que transmiten muy bien el espacio familiar desde un tono intimista, la cotidianeidad es una gran protagonista; la puesta en escena refleja situaciones que van desde el cepillado de dientes hasta el cargar la heladera, sin embargo en esos matices se reflejan los diferentes conflictos individuales y vinculares de los miembros de este clan. Se le da especial preponderancia a los trenes que atraviesan durante todo el metraje y a las caminatas por las escalinatas, donde se metaforiza en estos planos, ese contacto con el mundo exterior, esa salida a una realidad distinta.

    Cotidianeidad agobiante, que es trasladada al espectador, gracias a un muy buen reparto, el cual brinda unas sólidas actuaciones, todas muy realistas y creíbles. Hay que destacar el trabajo de Kirin Kiki, en el papel de esta abuelita simpática y madre abnegada, pero que entre recetas y lengua filosa, no deja títere con cabeza; de hecho ganó el premio a la mejor actriz de reparto en los Asian Film Awards, edición 2009.

    Otro acierto es el trabajo del niño, quien al no ser aún parte de la familia, la mira y curiosea desde afuera con una enternecedora espontaneidad. Kore-eda ya ha demostrado en Nadie Sabe, su gran habilidad para dirigir actores infantiles y hacer que estos logren trabajos interpretativos notables, aquí es gracias a los primeros planos que captan muy bien, las expresiones que el pequeño va manifestando, mientras observa a esta “nueva” familia.

    Caminando sería la traducción del título original, mucho más apropiado con lo que transmite el film, que una denominación tan básica como lo es Un Día en Familia. Nos habla del paso, pero también del estancamiento del tiempo, y del peligro del eterno retorno. Oscila entre la comedia y la melancolía, no hay situaciones urgentes a resolver, todo va fluyendo de manera espontánea, con lo cual corre el riesgo de aburrir a un público ávido de conflictos puntuales más determinantes.

    Ninguno de sus personajes, es idealizado o defenestrado, cada cual hace lo posible para sobrevivir y relacionarse con el otro, de la manera que mejor o peor le sale, como la vida misma, como nosotros mismos. Por eso la frase célebre de Jorge Luis Borges viene reflejar de manera brillante a esta simpática, pero también perturbadora familia: “No nos une el amor sino el espanto, será por eso que la quiero tanto”.
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  • La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina
    Pero termina haciendo agua.

    La trilogía Millenium, escrita por el difunto periodista Stieg Larsson, sigue siendo un suceso literario en todo el mundo. La adaptación del primer libro a la pantalla grande, Los Hombres que NO Amaban a las Mujeres gozó de varios aciertos y algunos fallidos. En esta segunda entrega, los resultados se invierten proporcionalmente, se terminan multiplicando las limitaciones del film que inauguró la saga, mermando los logros del primer intento tan arriesgado.

    Para empezar no es el mismo director, tampoco el guionista que realiza la adaptación de un escrito tan complicado. La película de este segundo libro la dirige Daniel Alfredson con amplia trayectoria televisiva y hermano mayor de Tomás Alfredson, el responsable de la excelentísima Criatura de la Noche. Evidentemente se nota el cambio de equipo, los momentos intensos y de extrema tensión que logró su antecesora, en esta versión no logran sostenerse en el mismo nivel.

    Luego de la experiencia vivida juntos, Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander se pierden el rastro, mientras él prosigue con sus investigaciones periodísticas en el grupo Millenium, ella viajó por el mundo hasta que decide regresar a Suecia, para rehacer su vida y arreglar cuentas pendientes con su tutor, quien había abusado de ella, en la anterior parte. Pero hay una serie de asesinatos relacionados con el comercio sexual ilegal, y por algunos avatares del destino, Lisebth es la principal sospechosa.

    Al no poder ser encontrada, Mikael intenta buscarla, no porque sospecha, al contrario, el desarrolla una investigación paralela a la justicia, y sabe que es inocente, pero teme por su vida, ya que los mafiosos encargados de los asesinatos son pesos pesados. A su vez Lisebth también realiza un rastreo para saber quienes son los verdaderos criminales y en ese rodeo se chocará con un pasado bastante doloroso.

    Adaptar al cine una obra literaria tan extensa, es una tarea complicada, de hecho, en el poco más de dos horas que dura el film, la ficción termina siendo muy desordenada. Aparecen cataratas de nombres, datos y pruebas que hacen que el espectador pierda un poco el hilo de la trama. Comienza a desarrollar todo el circuito oscuro que hay detrás de la prostitución, donde las víctimas son mujeres traídas de Europa Oriental, pero queda a mitad de camino, el conflicto inicial culmina siendo un decorado. Se infiere corrupción policial, pero no se despliega.

    Aparentemente se da por sentado, que los espectadores han leído el libro, y varios hechos ocurridos terminan siendo muy inverosímiles, faltan fundamentos que permitan una mayor comprensión de lo que va ocurriendo. Mikael esta vez aparece muy apagado, aquel personaje intenso de la primera parte, queda rebajado a la fascinación y deuda que siente por Lisbeth.

    Hay un personaje antagonista que podría ser muy rico. Es un hombre grande y morrudo, sufre de una enfermedad que lo hace anestésico al dolor, esto lo transforma en prácticamente indestructible. No se logra profundizar mucho en las características de este villano tan particular y en el vínculo que lo une a la protagonista.

    Pero no todo es malo. Tiene el estilo de un policial americano, y esto hace que a pesar del caos, por momentos se genere cierta expectativa. La música es apropiada, logra transmitir una tensión anunciante. Goza de buena fotografía y algunos planos de la pintoresca ciudad de Estocolmo, le dan cierta belleza estética.

    Nuevamente lo mejor del thriller es Noomi Rapace, en la piel de Lisbeth, esta chica parece haber nacido para este papel. Cuando ella aparece el filme se torna más cautivante y a pesar de ser un personaje tan border y oscuro, es lo más brillante de la película y consigue que uno pueda identificarse con ella. Lamentablemente el rasgo piromaníaco que se esboza en el título y que dejaba en suspenso en la historia anterior, en esta segunda parte hace agua y queda inconcluso.

    En fin, con Los Hombres que NO Aman a las Mujeres, había dicho que es una buena opción para ver por DVD alguna tarde o noche. Esta segunda parte se reduce a esperar que la den por cable, si no hay otra mejor opción, excepto a los fanáticos de Millenium, quienes si toleran las desprolijidades de la adaptación, no se pueden perder una muy buena interpretación actoral de su heroína sueca.
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  • Pájaros volando
    Pájaros volando
    A Sala Llena
    Fabio Zerpa tenía razón… Resulta muy atractivo la idea de ver una película que tenga como disparador esos mitos y leyendas que giran en torno al enigmático Valle de Punilla. Generador de varios relatos y anécdotas que han sido motivo de interesantes charlas, y hacen que cada año lleguen más visitantes curiosos por descubrir experiencias esotéricas. El encargado de plasmar estas vivencias a través de una disparatada y atrevida comedia fue Néstor Montalbano, quien integró la camada que renovó la manera de hacer humor en Argentina. Tuvo a su cargo la dirección de clásicos éxitos televisivos que forman parte de una memoria colectiva de culto: De La Cabeza, Cha Cha Cha y Todo por Dos Pesos. En cine se destacó en filmes como Cómplices y el divertido Soy Tu Aventura, cuya pareja protagonista fue Luis Luque y Diego Capusotto. Ahora con Pájaros Volando se vuelve a repetir la dupla, y la fórmula sigue dando buenos frutos, aunque desparejos. Se intenta aprovechar el suceso Capusotto, quien ya desde hace varios años viene brillando con su programa Peter Capusotto y sus Videos, cuyos personajes parodian a estrellas del rock y a la idiosincrasia argentina. De todos modos, no es lo mismo mantener el humor en la televisión con varios segmentos cortos que en un film de casi dos horas de duración. La idea es muy buena, el guión original estuvo a cargo de Damián Dreizik, quien también actúa. Es la historia de un músico de rock (José), exitoso en los 80s, pero venido a menos en la actualidad; trabaja en una remiseria; vive con un padre bastante siniestro, y sigue anclado a un pasado que ya no volverá, aquel que le dio cierta notoriedad, en la banda que conformaba junto a su primo Miguel (Luis Luque). Es así como decide aceptar la propuesta de su primo, e irse a un pueblo ubicado en plenas sierras de Córdoba: Las Pircas. Allí se vive una vida bohemia en contacto con la naturaleza y con fuerzas sobrenaturales que vienen desde alguna otra parte del Universo. Estos extraterrestres convocan a un grupo de personas para llevarlos al más allá, pero necesitan un músico que les transmita el arte de combinar sonidos. Rodada en su mayor parte en escenarios naturales del Valle de Punilla, aquellos que algunas vez estuvimos por esas bellas geografías, nos re encontraremos con el encantador pueblo San Marcos Sierras y el magnético Cerro Uritorco. Durante todo el film, desfilan personajes muy pintorescos y algunos realmente adorables, quienes parodian diferentes roles sociales. Desde la mujer policía obsesionada por descubrir una red de narcotráfico, hasta el hippie místico adorador del cannabis; desde el adolescente replegado en la web, hasta el macrobiótico obsesivo y fanático. Para ello, Montalbano, se vale de un estelar reparto, algunos realizan muy logradas interpretaciones, de otros se esperaba más. Capusotto y Luque vuelven a tener química como dupla actoral y Verónica Llinás demuestra una vez más su gran oficio de actriz; pero también apela, como es su estilo, a participaciones especiales con personajes de distintos estratos de la cultura vernácula, que no tienen que ver con el mundo de la actuación y el cine, siendo esto el mayor acierto del la obra. Es así como vemos y nos deleitamos con periodistas como Víctor Hugo Morales y el “Ruso” Verea, conocidos músicos de Rock tales como Miguel Cantilo, Miguel Zavaleta y Claudia Puyó y la bizarra pero acertadísima participación del legendario y popular político justicialista, Antonio Cafiero, quién brinda un momento altísimo, en la piel de ese vendedor de pasajes que intenta ayudar a José apelando a frases célebres del movimiento peronista. ¡Para aplaudir de pie! Pero el largometraje decae un poco, a pesar de lo descabellado de ciertas escenas, se complica sostener los gags y las ocurrencias durante 110 minutos, se torna monótono y la historia se hace larga. Aunque claro, por momentos salen de la galera algunas situaciones o diálogos muy desopilantes y la película vuelve a repuntar. Un punto interesante son los efectos especiales, están muy bien logrados para lo desfachatado que intenta ser el film Se nota que hubo mucho trabajo de pre y post producción y le aporta cierta calidad técnica a la obra.

    Personajes, diálogos y situaciones que están adornados por el hippismo; rock & roll; misticismo; cannabis, y lo absurdo, le hacen gala a esta comedia, que sufre de algunos altibajos pero no deja de ser inteligente, bizarra y novedosa. Eso sí, puede llegar a limitarse a un público seguidor de cierto humor de culto, no obstante el resultado final es satisfactorio y bastante entretenido.
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  • Miss Tacuarembó
    Miss Tacuarembó
    A Sala Llena
    Alocada celebración de los 80s.

    Escuchar a Natalia Oreiro cantar el mega-clásico de Irene Cara, o verla emular la inolvidable coreografía que Jennifer Beals realiza en la mítica Flashdance, puede parecer muy atrevido o demasiado grotesco, pero todo es posible en esta divertida e inusual comedia musical que realiza el artista uruguayo Martín Sastre en su ópera prima. La misma está basada en la novela homónima de Dani Umpi.

    Somos testigos de un interesante homenaje a los años ochenta, y en especial a aquellos que crecimos en esa década tan colorida. La película toma elementos de esa época para armar una trama en donde relata con bastante originalidad y frescura la infancia de nuestra protagonista (Natalia), que van desde la archifamosa telenovela venezolana Cristal, hasta los cotizadísimos walkie talkies; pasando por las coreografías de Los Parchís y el nombre de la mascota de los niños: un cabrito llamado Madonna.

    Natalia, de adulta, se hace llamar Cristal, en honor a su heroína, aquel personaje que interpretaba Jeannette Rodríguez en la clásica telenovela. Ella tiene un sueño: ser cantante. Se presenta a varios casting de distintos reality shows (parodiando a American Idol), en donde continuamente es rechazada. Esa fantasía viene desde niña, cuando ella vivía en un pueblo chico e infierno grande, del interior del Uruguay, cercano al límite con Brasil, donde nunca pasaba nada. La “chiquilina” espera ansiosamente que transcurran diez años para cumplir la mayoría de edad y presentarse al concurso de Miss Tacuarembó, cuyo preciado premio consiste en ganarse dos pasajes para ir a Buenos Aires.

    Cristal se destaca por ser muy soñadora, por momentos este exceso de fantasía roza con el delirio místico, ya en la infancia se sentía una elegida por Cristo. Claro que su espontaneidad y sus inclinaciones artísticas generaban mucho ruido en un pueblo donde las creencias religiosas se encargaban de borrar cualquier tipo de singularidad para lograr súbditos homogéneos. Para colmo su inseparable amigo, tenía la misma fascinación que ella, con lo cual representaba una amenaza para su virilidad y el orden sagrado del pueblo.

    El film contiene varios números musicales, algunos muy bien logrados, otros no tanto, cuya composición estuvo a cargo de Ale Sergi (el líder de Miranda). Básicamente se basa en tres tiempos: la infancia, adultez y la adolescencia de este par de amigos inseparables, que luchan o intentan concretar sus sueños, pero sus realidades, muchas veces se asemejan más a una pesadilla de la cual no pueden escapar.

    Hay varias nombres estelares: Graciela Borges encarna a la multimillonaria del pueblo bastante excéntrica y ostentosa; Mike Amingorena en su papel de este Cristo poco común, original y tal vez polémico; y la ex chica Almodóvar Rossy De Palma que caricaturiza a una conductora de TV. sin escrúpulos. Diego Reinhold hace el papel de Carlos, el eterno compañero de Cristal, lo hace muy bien, aunque ya lo hemos visto innumerables veces en interpretaciones parecidas, a través de tiras televisivas.

    Evidentemente a Natalia Oreiro le sienta mucho mejor un personaje como este que el dramático que interpretó recientemente en Francia de Caetano, acá sin dudas se perfila como buena comediante, además puede explorar sus vetas de cantante y bailarina, y no defrauda. Es muy interesante Sofía Silvera que interpreta a Natalia niña, asombrando su gran parecido con Oreiro.

    En sus intentos de ser un film arriesgado y de apuesta a la creatividad, cae en algunos fallidos. Hay ciertas escenas que remiten más a un producto adolescente de Cris Morena que a una obra artística. El casting también ha fallado en determinados casos, hay algunas interpretaciones muy mediocres y rígidas y otras que por querer explotar lo grotesco terminan transformándose en sobreactuaciones poco creíbles.

    De todos modos el producto final resulta altamente grato, no es sólo una comedia musical light que aborda los aires de fama de una chica de pueblo, también cuestiona la influencia alienante que tiene cierto discurso religioso sobre la subjetividad de sus creyentes; y viene como anillo al dedo en estos tiempos de debates morales, éticos e ideológicos. Además se burla, desde una mirada crítica, de la función de algunos medios de comunicación, quienes actúan como aves de rapiña, ante la desesperación de los más indefensos.

    Se trata de un largometraje con una bella estética pop, por momentos disparatado y hasta un tanto bizarro, aunque eso no quita que pueda ser disfrutado por una amplia franja etaria, ya que mientras va entreteniendo entre bonitas canciones, recuerdos colectivos, risas y situaciones absurdas deja el claro mensaje de respeto y aceptación ante las elecciones y deseos del semejante.
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  • Amores de diván
    Amores de diván
    A Sala Llena
    Desde la República Checa nos llega esta comedia dramática, que intenta abordar los vínculos humanos más allá de la superficie y los continuos desencuentros y frustraciones que se producen en la vida amorosa. Para eso, el debutante director y guionista Jan Prusinovsky se vale de una historia que indaga las relaciones entre hombres y mujeres, apelando algunas veces al humor y la acidez con bastante espontaneidad pero en otras no puede evitar caer en unos cuantos lugares comunes y la obviedad.

    El psiquiatra Frantisek Soukenický lleva una vida ordenada hasta que una ex amante decide vengarse, sepultando su carrera profesional y destruyendo su matrimonio, esto hace que nuestro defectuoso protagonista se quede sin trabajo y sin hogar, debiendo soportar ir a vivir con su particular madre, buscar empleos de otras labores alejadas de su profesión, y ser testigo de la nueva vida que inicia su esposa al lado de otro hombre.

    El personaje principal es totalmente responsable de lo que le está sucediendo, su mujer ya se cansó de sus tantas aventuras, no puede poner límites a una madre demandante y controladora y queda sometido a ser empleado de un hermano mucho más limitado que él, como instructor en una escuela de manejo.

    A partir de ahí presenciamos todos los intentos que hace Frantisek para recuperar lo perdido, sobre todo a su ex mujer, pero en vez de reparar su imagen en cada intento la deteriora aún más, no es un personaje que resulte querible para el público, por momentos suele irritar bastante (sobretodo estimo a la platea femenina), se lo muestra bien neurótico con numerosos defectos, pero a pesar que sólo parezca que quiera curar una herida narcisista y la haga padecer bastante a su esposa, el tipo realmente la ama.

    La idea es buena, hay momentos interesantes, la escena en la cual el abogado les lee la declaración de divorcio, toma unos primeros planos de la pareja al escuchar el escrito, que adquiere una notable intensidad y expresa de maravillas el estado de ánimo de los involucrados. Otro aspecto atractivo del film, es como ahonda en el vínculo que tiene Frantisek con su madre, la cual aparece muy manipuladora pero con aspecto de señora agradable. La impotencia de nuestro protagonista para acotar ese vínculo, podría ser la génesis principal de su donjuanismo con la correspondiente imposibilidad de comprometerse seriamente con alguna otra mujer.

    El resto de la película son algunos gags graciosos, agradable música de la Europa oriental como soundtrack, correctas actuaciones, pero unas cuantas situaciones previsibles, ya archiconocidas en este tipo de enredos amorosos, como la clásica escapada por la ventana y posterior salto, cuando aparece por sorpresa la pareja de la mujer en cuestión, obviamente dejando visible alguna prueba del delito. El guión por momentos hace agua y algunas historias quedan sin poder desarrollarse mejor, las cuales seguramente le darían mucha más riqueza al conjunto final de la obra.

    No esperar en Amores de Diván un film que tenga al psicoanálisis como eje en su historia, tal como lo hace entrever el título, sí hay cuestiones del mismo, que se desprenden de la lectura que se haga de los conflictos principales; pero el séptimo arte ya nos ha dado muchas mejores muestras de cómo articular las vicisitudes psíquicas de la vida amorosa dentro de un metraje. Eso sí, no deja de ser una interesante propuesta para descubrir el cine que se hace en la tierra de Kafka, tan poco difundido en las carteleras locales, aunque en este caso, infiero pasará sin pena ni gloria.
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  • New York, I love you
    Paris Je T’aime, nació de la idea de un joven productor, quien aspiraba con plasmar en la pantalla grande varias escenas de las vida amorosa en su ciudad natal. El resultado fue un recorrido de 18 historias que se desarrollan en los distintos barrios de la capital francesa, cada una filmada por la peculiar mirada de un director diferente y reconocido, en las cuales se obtienen historias que se versan en los encuentros y desencuentros amorosos y en sus más variadas manifestaciones.

    Fuimos muchos los amantes del cine, que quedamos deseantes de volver a encontrarnos con otro hallazgo similar. Es así que tres años después se vuelve a repetir el proyecto, pero esta vez cruzando el Atlántico para instalarse en la gran urbe cosmopolita por excelencia, y abordando una vez más el amor en sus múltiples variables. Van desde el encuentro efímero que termina en desencuentro hasta el duradero que se extiende durante toda la vida; desde el que se preserva en la memoria hasta aquel que se busca en una constante apuesta para lograr hallarlo; desde el amor que se descubre y disfruta, hasta aquel que se pierde y sufre.

    Son once historias de un heterogéneo grupo de realizadores cinematográficos provenientes de todas partes del mundo, quienes aportan su característica y subjetiva visión del amor en una gran ciudad representada por cortos de aproximadamente diez minutos de duración, entre ellos se incluyen Fatih Akin; Shungi Iwai; Brett Ranner; Shekhar Kapur y la debutante Natalie Portman, entre otros.

    New York es la gran megalópolis mundial, allí conviven las más diversas culturas provenientes de los lugares más lejanos del hemisferio, compuesta por sujetos que alguna vez decidieron apostar al gran sueño americano. La diversidad cultural y étnica que transita en sus calles conviven con los imponentes rascacielos, la más desarrollada tecnología y el culto al consumo que caracteriza a esta gran capital del sistema capitalista. Julie Cristie en uno de los más bellos cortos que integran la película la define muy bien: “Es una de las cosas que más amo de New York, todos vinieron de algún otro lugar”.

    Lo interesante de la propuesta, aunque no es de tan alta calidad como su antecesora, es que intenta rescatar la subjetividad humana a partir de los distintos vínculos amorosos que trascienden cualquier geografía, cultura, y época pero que tampoco se construyen sin estos factores.

    Los cuentos están rodados en los distintos barrios de la gran ciudad, algunos son realmente muy interesantes y conmovedores, otros aceptables y unos pocos suelen aburrir un tanto y ser trillados.

    Jian Weng nos relata la historia de un experto en robar billeteras que se enfrenta con otro, un tanto más talentoso que él en dichas habilidades, pero ahora de lo que se trata de hurtar el objeto más preciado: una hermosa chica.

    El corto dirigido por Mira Nair, es una “perlita”, en el cual un “joyero” indio negocia el precio de una mercadería con una joven judía a punto de casarse, encarnada por una bellísima Natalie Portman. En plena tasación se escucha un diálogo muy interesante de intercambio cultural entre esas dos colectividades. El punto de giro se instala cuándo entran en el ámbito de las confesiones. Las miradas cambian, los dos aparecen turbados ante tal hallazgo, se encuentran ante un dilema, algún enigma del deseo comienza a circular.

    Los estelares Orlando Bloom y Cristina Ricci, protagonizan la historia contada por Shungi Iwai. El debe terminar su creación musical, ella le exige que esto no puede ser logrado sin antes haber leído a Dostoievski. Todas las formas de comunicación de esta era posmoderna y tecnológica entran en juego, pero se deja afuera la dimensión del cuerpo.

    Yvan Attal nos presenta a un Ethan Hawke, que nos recuerda a aquel muchacho inteligente de Antes del Amanecer y Antes del Atardecer. Este le pide fuego a una mujer que conoce azarosamente en la calle, apela a toda una serie de recursos discursivos para atraerla. Es un verdadero juego de seducción, hasta que ella…

    Brett Ranner nos brinda el relato más cómico y encantador del film, cuando un joven acude a la farmacia desahuciado porque su chica lo había dejado plantado en su baile de graduación. El comerciante tiene la solución para la “tragedia” que vive este muchacho, claro pero con grandes sorpresas por momentos disparatadas, aunque a veces, un tanto previsibles.

    La historia más sexual, está a cargo de Allen Hughes. Un hombre y una mujer van camino a una segunda cita, cada cuál por su lado, luego de un primer encuentro fugaz pero pasional. Ambos se van preguntando qué es aquello que los lleva a re-encontrarse. Aparecen toda una serie de resistencias concientes, autoreproches y parapetos mentales que los deja inciertos porque no pueden dar cuenta de aquella fuerza pulsional, de ese rasgo en el otro que lo transforma tan deseable, aunque ellos se opongan.

    El relato más logrado de toda la película, lo realiza Shekhar Kapur, con un alto grado de intensidad, una edición maravillosa y unas imágenes más que cautivantes, teñidas de rasgos oníricos y adornadas con diálogos estremecedores. Julie Christie, que cuanto más grande más bella, llega a un hotel y entabla una charla con el joven empleado del mismo que se transforma en un surrealismo conmovedor. Es para destacar que el guión de este corto estuvo a cargo del gran Anthony Minghella, a quien se le dedico el film, en honor a su memoria.

    Natalie Portman, ahora como directora, desarrolla otro aspecto lazo amoroso, que es el amor filial, una historia emotiva que se desarrolla entre el niñero y la niña, aborda la temática de los vínculos interraciales y nos enfrenta a los prejuicios que cada uno de nosotros lleva adentro. Un relato que intenta impactar pero por momentos peca de sentimentalista.

    Vuelve Yvan Attal, con el mismo fetiche. Una atractiva rubia sale de un restaurante a fumar un cigarrillo. Le pide fuego a un señor que se encuentra hablando por celular asuntos profesionales. Luego entabla una charla con él desde una posición claramente seductora, la confianza va tomando forma, hasta que ella le confiesa sus fantasías sexuales. La historia toma un giro inesperado y sobre el final suena de fondo “No Suprises” de Radiohead, para alquilar balcones!

    El cineasta alemán Fatih Akin, se vuelve sumergir en los intercambios culturales, como lo es en la mayor parte de su obra. Nos relata como a partir de la mirada se depierta en ese pintor extranjero, la musa que necesitaba para realizar su última obra cuando se encuentra en el barrio chino con aquella empleada de ojos rasgados y mirada entristecida.

    Finalmente cuando uno ya esta cansado de ver gente atractiva y en general joven, los no tan agraciados también se enamoran; llega Joshua Martston con una historia que resume la travesía del amor en la vida. Una pareja que atraviesa la vejez, caminan por la ciudad, con las dificultades físicas propias de la edad, ella le reprocha a él su modo lento de desplazarse en la calle, él la desmiente todo el tiempo, intercambian opiniones desencontradas. A pesar de estas pequeñas y grandes diferencias, se observa la tolerancia que se tienen ambos, producto del amor, que no es ni más ni menos que la experiencia de compartir la vida con alguien, cuando ese otro, dejo ser aquel objeto idealizado de la etapa del enamoramiento.

    A diferencia de Paris Je T´aime, aquí a medida que avanzan los relatos hay personajes de los mismos que se van entrecruzando, y así se entrelazan las historias en pequeñas escenas. Si bien al parecer el objetivo fue lograr un mayor dinamismo ante tanta percepción de imágenes y narraciones distintas, intentando así poder darle alguna que otra vuelta a los cortos, decae en cierta desprolijidad mermando en la calidad global de la obra.

    De todos modos, tanto el film hecho en la “Ciudad de la Luz” como este en la “Gran Manzana”, nos lleva a reencontrarnos con el desencuentro mismo de la vida amorosa y como a pesar de esto, el humano sigue en la búsqueda de ello que hace que la incomoda existencia se haga más soportable. Ya lo decía el poeta Pablo Neruda: “Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida”.
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  • Mongol
    Mongol
    A Sala Llena
    Mongol es una ambiciosa película épica rusa, que no tiene nada que envidiarle a muchas producciones estadounidenses del mismo género. Relata la vida de los primeros años de Temudgin, ese hombre que la historia mundial recuerda como Genghis Khan, fundador del gran imperio Mongol, que dominó el mundo durante gran parte del siglo XIII.

    El relato abarca desde su primera infancia hasta que se establece como el líder carismático, que luego buscará la unificación de los mongoles y así extender el imperio más extenso geográficamente que ha conocido la humanidad. Temudgin es hijo de Yesugei, jefe de un poderoso clan, quien tenía bastantes enemigos, de hecho lo terminan envenenando, dejando a su familia diezmada, a la intemperie y sin ningún tipo de protección, excepto cierta ley que prohibía matar a los niños, aunque el pequeño, ya tenía el juramento que cuando crezca iba a ser asesinado por el máximo enemigo de su padre.

    A partir de allí se ve como este niño, luego hombre, adquiere el más poderoso instinto de supervivencia, no sólo por las condiciones climáticas adversas y geografías extremadamente peligrosas, sino también por los distintos clanes que buscan aniquilar la herencia de Yesugei. Durante la infancia Temudgin establecerá dos vínculos que marcarán su destino para siempre, uno es Borte, su esposa elegida cuando él aún tenía corta edad y no sólo fue la principal motivación para sobrevivir, sino también una gran consejera, reforzando aquel famoso dicho: “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”; y el otro fue Jamukha, un niño que le salva la vida, forjando una amistad en la cual hacen un pacto de hermandad que luego sería su principal aliado pero también su más poderoso y respetado enemigo.

    Confieso que siempre me atrajeron las películas biográficas, porque además de asistir al verdadero placer de ver cine, el plus viene con una cátedra de historia, que en lo personal me convoca a seguir investigando la cuestión, pero a menudo este tipo de personajes devoran por completo la objetividad del cineasta, lo mismo le suele pasar a los historiadores, y se termina reduciendo una figura tan polémica a un imaginario sobreidealizado de la persona o a su polo contrario con una devastadora crítica del sujeto abordado. Por eso rescato lo hecho por Oliver Hirschbiegel en La Caída, quien supo retratar de manera brillante, el costado humano de ese monstruo que encarnó lo más monstruoso de lo humano (Hitler).

    Genghis Khan se caracteriza por ser una de las personalidades más polémicas y enigmáticas de la historia mundial. En Mongol, vemos a un gran estratega pero que aparece como una especie de Mesías, quien está lleno de valores, respeta los códigos y la legalidad de la palabra, con una ética intachable y sobretodo un hombre enamorado de su causa y de su mujer, no hay ambiciones de poder más allá de unir y preservar a los mongoles de enemigos externos. Pero se sabe que una vez instalado el imperio Mongol, una de sus estrategias para avanzar sobre sus rivales fue usar el terror psicológico, realizando masacres masivas en poblaciones para luego exhibirlas y generar el espanto generalizado.

    En este punto de fascinación del director por el conquistador es donde la película decae, la estructura narrativa se centra en la historia de amor y en todas las habilidades de este buen hombre para librarse del mal, así la trama por momentos se hace interminable y hasta casi predecible, hay un circuito de atraparlo, escaparse y redimirse que se repite unas cuantas veces.

    La dirección artística, merece un párrafo aparte, es lo mejor del film, las escenas de las batallas son coreográficas, con una tonalidad de color que impregnan a la obra de una belleza singular, la fotografía, los planos de los escenarios naturales y los distintos climas que tiene que atravesar Temudgin para sobrevivir le brindan al relato los momentos de mayor calidad. Los trabajos interpretativos son buenos, en especial la dupla que hacen Tadanobu Asano (Zatoichi) y Honglei Sun (El Camino a Casa) como esos hermanos y rivales.

    Asistimos a una muestra de una buena película épica, proveniente de un país como Rusia, Sergei Bodrov utiliza su mirada de artista para brindarnos lindas imágenes, cuya estética nos podría remitir, por momentos, al mejor del cine oriental, aunque su admiración total por el personaje nos prive de encontrarnos con la otra faceta de un conquistador histórico, que es su ambición desmedida de poder y las contradicciones internas que tiene cualquier existencia humana.
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  • Los hombres que no amaban a las mujeres
    La trilogía literaria Millennium ha vendido millones y millones de ejemplares en todo el mundo, su autor Stieg Larsson, periodista devenido en escritor, murió antes de ver como su obra se convertía en auténtico best seller. Soren Staermose, un productor, que imagino, ávido de aumentar su cuenta bancaria, contrata al director Niels Arden Polev para que lleve a la pantalla grande, la primera parte de estos tres libros que han cosechado tanto fanáticos alrededor del planeta.

    Los Hombres que NO Amaban a las Mujeres es el producto cinematográfico que inaugura la mega-exitosa trilogía sueca, se trata de un thriller psicológico con altos contenidos dramáticos, policiales y muchos giros en la historia que por momentos se transforma en un perturbador rompecabezas. Debo ser sincero y admito que no he leído el libro, con lo cual es una ventaja, porque me encuentro con ante una narrativa nueva, libre de prejuicios, pero una desventaja a la hora de analizar la calidad de la adaptación respecto a la obra original.

    Mikael Blomkvist es un periodista que ha denunciado a una multinacional por sus negociados ilegales, pero el poder económico se encargó de borrar cualquier tipo de prueba y es condenado a prisión por investigación falsa. Todos los pasos de Blomkvist, son seguidos por Lisbeth, experta hacker informática, un tanto border, con rasgos antisociales y un pasado que la condena, por lo cual está a su cargo un tutor, ya que ella se encuentra inhabilitada para administrar de sus propios bienes.

    Un integrante del clan Vanger, contrata a Blomkvist para que investigue la desaparición de su sobrina, hace ya 40 años, debido a que la justicia no ha hecho nada, confía en las habilidades de este incorruptible periodista investigador. Mientras Mikael avanza en la enredada investigación, Lisbeth no lo pierde de vista y comienza una averiguación paralela, hasta que inevitablemente se crucen en la reconstrucción del entramado siniestro que oculta esta familia.

    Lo más interesante del film es la primera hora, cuando se van presentando los personajes, donde adquiere un alto monto de intensidad e incertidumbre, en especial, el modo en que se va relatando la vida de Lisbeth, joven oscura y enigmática, aunque un tanto estereotipada, interpretada de manera muy lograda por Noomi Rapace. Las escenas en la cual es violada por su tutor y la posterior revancha son los puntos más elevados del metraje, su magnitud es tal que uno no deja de sentirse incómodo pero atraído a la vez por lo que está presenciando.

    Luego decae un poco, se hace largo, dura casi dos horas y media, aunque hay que tener en cuenta que el libro consta de unas 600 páginas. Aparecen innumerables pistas que sólo pueden resolverse en una ficción en la que el azar tiene que estar del lado de los heroicos protagonistas. Los malos terminan siendo muy malos y a los buenos no les queda otra que enfrentarse a la “Legión del Mal”, compuesta por una variada constelación de personajes perversos, donde desfilan violaciones, incesto, sadomasoquismo, misoginia y antisemitismo.

    La estética del film, no parece ser una película oriunda de la tierra de Bergman, excepto por los paisajes geográficos con su eterna nieve escandinava y el idioma. Se resaltan mucho los primeros planos y abundan las imágenes de escenarios naturales. Tanto la edición, como la fotografía y la música por momentos resultan muy televisivas, también hay un par de actuaciones un tanto obvias y mediocres.

    En síntesis, un film por momentos entretenido pero que puede acotarse a los amantes del género; a los fanáticos de la novela que quieran conocerles las caras a esos personajes que imaginaron, con lo decepcionante que esto pueda llegar a ser; o para ver en dvd, algún domingo a la tarde, ese tipo de películas donde hay que encontrar al asesino y todos son sospechosos, incluida la víctima.
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  • Enseñanza de vida
    Enseñanza de vida
    A Sala Llena
    La buena enseñanza es un concepto muy discutido dentro de las ciencias didácticas, de hecho hay varias corrientes que plantean postulaciones muy opuestas acerca del proceso de enseñar y aprender que ocurre en la transmisión de saberes, valores y destrezas. Van desde el educador que ve en el alumno una tabula rasa a la cual hay que llenar de conocimiento, a aquellas teorías que plantean que el acto educativo depende sólo de la espontaneidad y del deseo del aprendiz siendo el enseñante sólo un acompañante que funciona como guía al sostener esta práctica.

    La película se monta sobre estas cuestiones, para desarrollar una comedia dramática por momentos muy romántica, que aborda el alcance que tiene en el sujeto el sistema educativo formal, y la enseñanza no formal, como aquellas experiencias de vida que modifican nuestra existencia. De todos modos la cineasta Lone Scherfig no puede evitar caer en las mismas contradicciones que tienen los montones de escritos que estudian a la educación en sí misma.

    Jenny es una adolescente de la rígida Londres allá por comienzos de los años 60, que se destaca por ser la más brillante de su clase, responde puntillosamente a la demanda paterna, de ingresar el próximo año en la prestigiosa Universidad de Oxford, amante de las artes y el conocimiento. Afortunadamente el azar la sorprende y se cruza con David un hombre bastante mayor, de muy buen pasar y conocedor de los grandes placeres de la vida, así esta chica ejemplar queda cautivada con su príncipe azul.

    A partir de ahí, Jenny puede olvidarse un poco de los libros, baja su rendimiento académico, enfrenta al padre y a sus superiores y se entrega a su amado, que es él quien ocupa ahora el rol de principal educador, enseñándole otros aspectos de la existencia, dentro de un exclusivo circulo social y codeándola con gente que al parecer la tiene más clara, en cuanto al deseo se refiere, que lo rígidos e impecables modelos que ella tenía hasta el momento.

    Claro que no todo es como parece y cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía, este nuevo abrir de ojos de Jenny viene acompañado de un enceguecimiento en otros terrenos.

    La película funciona muy bien como entretenimiento, no aburre en ningún momento, se disfruta, conmueve y fascina, las situaciones cómicas son muy efectistas y hacen reír realmente, el punto más alto, son los personajes que desfilan en todo film, cada uno con los mecanismos de defensas a flor de piel, presentan una imagen y posición en el mundo firme pero que esconden muchísimas dicotomías e inseguridades en sus vidas.

    Esto se logra, gracias a la dirección de excelentes trabajos interpretativos que realizan todos los actores. Se destacan Carey Mulligan en su papel de Jenny siendo una verdadera revelación; lo de Alfred Molina, como ese padre que encarna al Super Yo (los mandatos y el ideal) pero que luego flaquea ante el deseo de su hija es brillante, y Emma Thompson con cortas apariciones pero contundentes.

    Sin embargo queda ahí, en el pasatiempo, por momentos está plagada de recursos clichés: Jenny es estereotipadamente la típica chica hermosa e inteligente, admirada por pares y superiores, con dos amigas, no tan agraciadas, que no tienen vida propia, sólo les queda el ser espectadoras de las hazañas de su bella compañera; unas cuantas escenas archivistas en películas románticas o telenovelas, como lo es, a modo de ejemplo, la noche en la que él le pide casamiento.

    El film hace agua cuando intenta alejarse del mero esparcimiento y quiere dar un mensaje, se contradice, pierde lógica, eso que cuestiona tan vehementemente como mandatos sociales al principio, luego no puede sostenerlo, da un giro de 360 grados y se vuelve a foja cero, queda atrapado en el conflicto amoroso y el relato se reduce a una dicotomía entre el ideal de Oxford vs. la vida frívola de la alta sociedad.

    En este punto, me alivia que después hallan llegado Los Béatles, Los Stones, Pink Floyd o La Naranja Mecánica que hicieron un poco de ruido en una sociedad tan conservadora como lo era la inglesa.
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  • 5 días sin Nora
    5 días sin Nora
    A Sala Llena
    5 Días sin Nora, llega desde México a las carteleras locales con varios pergaminos encima, entre ellos el premio mayor de la última edición del Festival Internacional de cine de Mar Del Plata, y en verdad cumple con las expectativas. Mariana Chenillo, directora y guionista, narra una comedía sentimental basada en un episodio tan trágico como lo es el suicidio. Sin grandes pretensiones técnicas relata a la perfección aquellas vicisitudes que atraviesan los humanos insertos en nuestra cultura, cuando se encuentran ante tan dramático acontecimiento.

    Nora es una mujer que después de 14 intentos lo logra, pero este acto no fue producto de un impulso melancólico, sino que lo ha diagramado a la perfección para que todo su entorno se vea afectado de manera particular ante tan terrible decisión. El que se encuentra con el cuerpo es su ex marido, José, a quién ella seguía amando casi obsesivamente y él irritándose con ella debido a sus manipulaciones. El hijo de la pareja, se encontraba de vacaciones y la muerte se produce en plena festividades judías, con lo cual el entierro, no se podrá realizar hasta dentro de cinco días.

    El punto crítico es: el que se tiene que hacer cargo de toda la cuestión, es su ex-marido, a quién Nora le resultaba insoportable, de origen judío pero ateo confeso y renegador de toda tradición religiosa, José no tiene muchos pelos en la lengua y por momentos se muestra muy provocador. Lo que quiere es sacarse todo este asunto de encima lo antes posible, no obstante a este negador nato, durante estos cinco días, no le va a quedar otra que reencontrarse con su pasado y abrir los ojos.

    A medida que transcurre el film, uno no sólo se va encontrar con las repeticiones suicidas de Nora, sino se irán desplegando las Neurosis de cada uno de los sobrevivientes, mientras que a su vez se denuncian los rituales religiosos de la cultura judeo-cristiana en una sociedad como la mexicana, que juega con la muerte y el dolor, para hacer valer intereses personales, de poder, y también el negocio que de ello deviene.

    Chenillo se vale de diálogos brillantes, excelentes representaciones de los rasgos que caracterizan a los personajes principales, planos que enfatizan gestos, miradas y también el mobiliario, aquellos objetos que en la cotidianeidad de la vida pasan desapercibido pero que ante una situación de duelo, cobran alto valor ya que representan la presencia de la persona ausente.

    Otros detalles interesantes son los continuos flashbacks, que funcionan como un relato no sólo de la historia en común que tuvieron Nora y José, sino también es una crónica muy interesante de la vida amorosa en sí misma, cómo aquello que en un primer momento enamora luego termina siendo lo más odiado.

    Se trata de una comedia negra muy inteligente que desdramatiza eso que nos perturba tanto como lo es la muerte, pero también interroga los rituales que hacemos para elaborar dicha cuestión, tal como lo hicieron nuestra Esperando la Carroza y la inglesa Muerte en un Funeral, entre otras.
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  • Sarajevo, mi amor
    Sarajevo, mi amor
    A Sala Llena
    Sarajevo, Mi Amor es una muy buena historia que a partir de los conflictos principales de los personajes centrales, aborda las consecuencias subjetivas que deja una violenta guerra en sus sobrevivientes. Son las secuelas más invisibles, más ocultas que hereda una sociedad, con un alto grado traumático y sus efectos no son inmediatos, cada quién se las tiene que arreglar como puede ante un pasado tan doloroso que transforma la realidad presente.

    Grbavica es un barrio de la Sarajevo de post-guerra, durante el conflicto bélico de Bosnia en los 90s, este vecindario fue tomado por el ejército serbio como un campamento que se convirtió en un centro de torturas y de violaciones a los derechos humanos.

    Hoy Sarajevo es una ciudad que intenta reconstruirse y ser económicamente productiva, allí en Grbavica vive Esma, una madre de una chica adolescente que lucha por llevar adelante su hogar para que ella y su hija puedan vivir lo más dignamente posible en una sociedad consumista, por tal motivo buscará otro empleo por las noches, para poder pagarle a la joven el viaje de fin de curso.

    Sara, la hija, por su parte es una muchacha orgullosa de ser heredera de un mártir de la guerra, y lo expresa a través de identificarse por unos cuantos rasgos masculinos que la ubican como la “machona” del curso. Los hijos de aquellos padres que murieron en batalla no necesitan abonar el viaje, Sara desea viajar bajo este estatuto pero Esma se resiste, quiere pagarlo, parece un capricho pero no lo es, algo oculto subyace bajo este conflicto entre la madre y la hija.

    Mediante una modalidad realista, donde el relato se va desplegando en la vida cotidiana de sus personajes, la directora se vale de estos recursos para armar una narrativa atrapante. Tanto Esma como Sara van a ir experimentando distintas vivencias paralelas al conflicto central, ambas se cruzaran con el amor, con los miedos, con sus contradicciones, con las vicisitudes de una vida en sociedad y con los conflictos típicos que tienen una madre y una hija adolescente.

    Los primeros planos, algunos silencios y los detalles cotidianos de la existencia permiten retratar a través de muy buenas actuaciones, personajes ricos que transmiten una compleja subjetividad y resulta imposible no encariñarse con ellos. A pesar de ser un relato crudo que da cuenta de una realidad difícil de asimilar, no faltan buenos momentos de humor que alivian cierta tensión que se viene asomando.

    Jasmila Zbanic, una mujer, que cuando comenzó la guerra era una chica que se alegró porque le suspendieron un examen de matemáticas, aunque después le tocó ser una fiel testigo de tremenda brutalidad, nos trae en su primer largometraje, está película que nos habla básicamente acerca del amor y como este puede aliviar un dolor insoportable, pero lejos de ser un discurso romántico es un mensaje crudo, real y ambivalente como la vida misma y quizás también, una redención de aquella alegría inicial.
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  • Camino a la redención
    Guillermo Arriaga ya demostró ser un gran narrador de historias, guionista y co-equiper de Alejandro González Iñárritu, y con tres mega-títulos como Amores Perros, 21 Gramos y Babel, los mexicanos han logrado conformarse en una de las duplas cinematográficas más destacadas de la última década. Ahora con esta película, emprende su primer trabajo como director de un largometraje basado en un guión propio.

    El film mantiene la estructura narrativa y visual de los tres mencionados, cuatro historias bien dramáticas, en distintos tiempos, que se van entrelazando y armando las piezas de un rompe cabezas, que en este caso nos permitirá construir el conflictivo y melancólico personaje central que es Sylvia, una bella y exitosa mujer en el plano laboral, pero que está huyendo permanentemente de un pasado que la atormenta y al intentar fugarse del mismo, termina repitiendo en actos aquello tan doloroso; los comportamientos autopunitivos y la impulsiva sexualidad la detienen en un eterno ayer del cuál se quiere librar pero que no puede elaborar.

    El encuentro con Carlos (José María Yazpik) la enfrenta con aquella realidad y es ahí donde entran en juego las otras historias que van conformando la trama, ficciones de amores que desembocan tragedias y de tragedias que originan amores, dándole esa tonalidad intensa y desgarradora que han caracterizado la narraciones de Arriaga.

    Uno de los enganches a los cuales apostó el director, es la elección de dos atractivas rubias y estelares actrices, como lo son Charlize Theron y Kim Basinger y que además ambas han sido ganadoras del Oscar. Therón encarna una gran interpretación de un personaje tan emocionalmente complejo como lo es Sylvie; Basinger protagoniza una de las historias paralelas que entrecruzan diacrónica y sincrónicamente a la protagonista. Un hallazgo me pareció la actuación de Jennifer Lawrence en su papel de Mariana, como aquella adolescente que debe enfrentarse al deseo de su madre y a lo insoportable que este le resulta, logra construir junto a Charlize Therón una combinación actoral que es de lo mejor del film.

    Arriaga se ocupó de elegir escenarios naturales para escoltar el estado de ánimo de los personajes y darle un plus de intensidad a los relatos, la música a cargo de Hans Zimmer y Omar Rodríguez López acompaña de manera precisa aquellos momentos en que la agudeza de los conflictos toma mayor envergadura.

    El film mantiene la misma estética que los dirigidos por Iñárritu pero con algunas fallas, hay momentos donde se hace demasiado previsible, uno termina adelantándose a la trama y el factor sorpresa, muy importante en cualquier ficción, se va diluyendo entre tantas señales obvias que deberían haberse evitado.

    Cuatro historias que atrapan en su magnitud dramática conforman este primer largometraje del mexicano, pero quizás habrá que esperar futuros trabajos para ver si logra emanciparse de su ex socio o sigue aplicando fórmulas que si bien ya no sorprenden, continúan dando buenos resultados.
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